Opinión

[OPINIÓN] En los últimos días, algunos rincones del comentario político limeño han instalado la idea de una supuesta pelea entre el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, y su sobrino, el periodista Phillip Butters. Una suerte de “guerra familiar” de proporciones épicas… que en realidad solo existe en la cabeza del alcalde. Porque si esto es una pelea, hay un solo contendor: él mismo.

He seguido con atención las declaraciones de Butters buscando algún comentario que pueda leerse como agravio, crítica o maltrato a su tío. No hay ninguno. La más “filuda” fue, paradójicamente, afectuosa: “Es mi tío y yo lo quiero”. Lo demás han sido opiniones sobre su entorno —ese equipo técnico que nadie ve— o sobre sus grandilocuentes promesas que conforman la ya célebre potencia mundial. Pero jamás una palabra directa al alcalde. Ni con nombre, ni con adjetivo. Ni siquiera con el pétalo de una rosa.

Y sin embargo, ahí tenemos al alcalde: molesto, dolido, atrincherado, repitiendo discursos con el ceño fruncido y la mandíbula apretada.

Todo comenzó con una llamada telefónica en la que Rafael, con inusual sinceridad, lo llamó “mi presidente”, en tono evidentemente afectuoso. Quizá fue una broma, quizá una muestra de confianza. Fue en plena entrevista al aire, y —como se nota en la grabación— Butters le había informado previamente que lo pondría en vivo.

Pero luego vino el arrepentimiento. Y frente al espejo, Porky se indignó. Como suele pasarle cuando el reflejo no coopera.

La reacción fue desproporcionada. Y lo más curioso es ver cómo algunos periodistas —que uno creía más centrados— cayeron en la trampa, amplificando una narrativa nacida en el entorno mediático del alcalde o, peor aún, en esa necesidad compulsiva de encontrar siempre una pelea, un escándalo, un show que distraiga del fondo: la descomposición interna del proyecto de Renovación Popular.

Porque mientras se inventan riñas familiares, lo realmente grave está en el partido. Las inscripciones de sus juntas están en el limbo. La adecuación a la nueva ley electoral sigue inconclusa. Y con las elecciones a la vuelta de la esquina, el margen de error se agotó. A eso se suma un cóctel tóxico de intereses cruzados entre los precandidatos al Congreso, muchos de los cuales tendrían que renunciar a sus cargos públicos si quieren postular. To be or not to be…

En resumen: el buen Porky las está viendo negras. Y se le nota. Está desencajado, eruptivo y errático.

Mientras tanto, Phillip Butters —que de tonto no tiene un pelo— observa, sonríe y siembra en silencio. Porque a veces, no hay mejor forma de ganar una pelea… que no entrar en ella.

[PIE DERECHO] En la historia del Perú republicano, ha habido pocas injusticias tan notables como lo que le está sucediendo a Pedro Pablo Kuczynski. No se trata de beatificarlo o absolverlo de todos los pecados, ya que es perfectamente aceptable —e incluso necesario— enjuiciarlo por cargos de corrupción que supuestamente ocurrieron durante su mandato. Lo que es ilegítimo es aplastar el debido proceso, manipular la Fiscalía y convertir al Estado en una máquina de venganza.

Un expresidente, cercano a los noventa años, con problemas de salud, preparándose para abordar un avión hacia Estados Unidos, es interceptado por algunos agentes que blandían una alerta migratoria de dudosa procedencia legal. El pretexto: riesgo de fuga. La realidad: operación mediática ordenada desde las alturas del poder político para alimentar una opinión pública hambrienta de cabezas.

La orden era así de simple: deshonrar, humillar y exhibirlo como un trofeo. El juego no solo era sucio, el gobierno no era solamente un espectador sino un cómplice, como lo ha admitido, por propia confesión punible, el premier Eduardo Arana. Los poderes no estaban separados allí y el sistema judicial no era independiente, solo actuaba como el perrito faldero obediente del patrón político.

Y, por tanto, la democracia —esa frágil institución por la que tanto hemos trabajado para dar vida— volverá a mancharse, no por dictadores uniformados, sino por demócratas frágiles con togas y decretos como garrotes. En los últimos decenios, en nombre de la justicia, se han cometido abusos que solo pueden llamarse de una forma: arbitrariedad. Y cuando el Estado ya no es capaz de trazar una línea entre el castigo y la venganza, se han dado los primeros pasos por el camino del autoritarismo.

 

[El dedo en la llaga] La popularidad democrática de un partido antidemocrático

Según la prestigiosa publicación británica The Economist, Alemania es una “democracia plena”, ocupando el puesto número 8 en su Índice de Democracia 2024. Sólo 24 países de 167 alcanzan esta categoría. Entre ellos no está Estados Unidos, clasificado en el puesto 28 como una “democracia defectuosa”, ni tampoco el Perú, considerado un “régimen híbrido”, ocupando el puesto 81.

Sin embargo, también se ciernen negros nubarrones sobre la democracia alemana. En las elecciones federales del 23 de febrero de 2005, la AfD (Alternative für Deutschland = Alternativa para Alemania), un polémico partido de derecha, obtuvo 20.8% de los votos, que se tradujeron en 152 de los 630 escaños del Bundestag (parlamento alemán), convirtiéndose en la segunda fuerza política después de la alianza CDU/CSU (Christliche Democratische Unión = Unión Demócrata Cristiana / Christlich-Soziale Union = Unión Social Cristiana), liderada por Friedrich Merz.

El 2 de mayo de este año la agencia de inteligencia interna de Alemania, denominada oficialmente Bundesamt für Verfassungsschutz (Oficina Federal para la Protección de la Constitución), clasificó a la AfD como una organización de extrema derecha (“gesichert rechtsextremistisch”), basándose sobre una investigación y evaluación exhaustiva que duró tres años, y que se detalla en un informe de más de 1100 páginas.

Al Verfassungsschutz también se le conoce como el “sistema de alerta temprana de la democracia”. Su tarea a nivel federal y estatal es la recolección y evaluación de información, en particular datos relacionados con hechos y personas, noticias y documentos, a fin de detectar amenazas contra el orden democrático, la existencia y seguridad de la República Federal de Alemania o de alguno de sus estados. Pues una auténtica democracia no se limita al voto de sus ciudadanos, sino que tienen que estar garantizados los derechos humanos fundamentales establecidos en la Constitución. Y cuando esos derechos se ven amenazados, corre también peligro el orden democrático. En consecuencia, aunque la AfD no haya sido prohibida aún, es deber del Verfassungsschutz informar a la opinión pública sobre sus hallazgos.

El informe destaca que la AfD promueve una visión etnocéntrica del pueblo alemán, la cual excluye a personas con antecedentes migratorios, especialmente de países musulmanes, considerándolas como ciudadanos de segunda clase, postura incompatible con el principio de igualdad de la Constitución alemana. La AfD ha sido señalada por una retórica persistente que incluye declaraciones xenófobas, islamófobas y antiinmigrantes. Términos como “Messermigration” (migración con cuchillos, en referencia a unos cuantos atentados con cuchillo efectuados por fanáticos islamistas) o frases como “Abschieben schafft Wohnraum” (deportar crea espacio habitable) fomentan prejuicios y miedo hacia grupos específicos de la población, y se consideran contrarios a la dignidad humana. Asimismo, se documenta que la AfD adopta posturas que contradicen principios fundamentales de la democracia como la igualdad de derechos, el estado de derecho y el respeto por las instituciones democráticas. Esto incluye teorías de la conspiración, como la del “Bevölkerungsaustausch” (reemplazo poblacional) y ataques a la legitimidad de instituciones democráticas. Se mencionan también vínculos con organizaciones extremistas como Identitäre Bewegung (Movimiento Identitario), así como la participación de miembros en eventos con grupos radicales. Además, se documentaron casos de miembros de la AfD involucrados en actividades violentas o con conexiones a grupos como los Sächsische Separatisten (Separatistas Sajones), presunto grupo terrorista, o los Reichsbürger (Ciudadanos del Reich), 25 de cuyos miembros fueron arrestados el 7 de diciembre de 2022 por ser sospechosos de formar una organización terrorista y planear un golpe de estado.

El informe señala que las posiciones extremistas no son marginales —es decir, restringidas a unos cuantos miembros—, sino que están arraigadas en la cúpula del partido, incluyendo a figuras destacadas como sus líderes Alice Weidel y Tino Chrupalla, evidenciándose esto en discursos y publicaciones que promueven un nacionalismo étnico, muy similar a la superioridad de la raza aria que postulara el Partido Nazi en la época de Hitler.

El informe del Verfassungsschutz se basa sobre una amplia colección de declaraciones públicas de funcionarios de la AfD, publicaciones en redes sociales, discursos en el Bundestag y campañas electorales, especialmente durante la elección federal de 2025 y las elecciones estatales en el este de Alemania. Estas pruebas muestran una “práctica extremista que desestima la dignidad humana” en todas las instancias del partido.

La clasificación como “gesichert rechtsextremistisch” implica que el Verfassungsschutz considera que no hay dudas sobre las tendencias anticonstitucionales de la AfD, lo que permite una vigilancia más intensiva con métodos de inteligencia, como el uso de informantes o escuchas telefónicas. Sin embargo, tras una solicitud de amparo judicial en un procedimiento de urgencia por parte de la AfD, el Verfassungsschutz suspendió temporalmente el uso público de esta clasificación el 8 de mayo de 2025, mediante un acuerdo de espera(“Stillhaltezusage” ) hasta que un tribunal decida sobre la legalidad de la misma.

La AfD, por su parte, ha rechazado la clasificación, calificándola como un ataque motivado políticamente, y ha anunciado que continuará luchando legalmente. La decisión ha reavivado el debate sobre un posible procedimiento de prohibición del partido, aunque esto requeriría una solicitud del Bundestag, el Bundesrat (Consejo Federal, cámara de representantes de los estados federados) o el gobierno federal ante el Tribunal Constitucional Federal.

El nuevo canciller Friedrich Merz (CDU), investido en mayo de 2025, no apoya activamente la prohibición, argumentando que podría ser contraproducente y reforzaría la narrativa de victimización de la AfD. Aunque ha calificado a la AfD de “chusma”, prefiere combatirla políticamente. Con 10.3 millones de votos y 152 escaños en el Bundestag tras las elecciones de 2025, la AfD es la segunda fuerza parlamentaria y lidera la oposición. Una prohibición podría polarizar aún más a la sociedad, fortalecer el apoyo a la ultraderecha y darle a la AfD un “sello de victimización”. Una encuesta publicada en Bild am Sonntag (3 de mayo de 2025) realizada por INSA, un instituto de investigación social y de mercado, mostró que el 48% de los alemanes apoya la prohibición, pero el 37% se opone, y el 39% cree que perjudicaría a la democracia.

La AfD ha anunciado acciones legales contra la clasificación del Verfassungsschutz, calificándola de “golpe a la democracia”. Un fallo judicial favorable a la AfD podría dificultar aún más un procedimiento de prohibición.

La historia parece repetirse. En 1920, hace poco más de cien años, fue fundado el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), mas conocido como el Partido Nazi, considerado un partido extremista de derecha en la República de Weimar. Hubo prohibiciones parciales limitadas a lo regional, sobre todo después de que Adolf Hitler protagonizara del 8 al 9 de noviembre de 1925 un intento de golpe de estado en Múnich.

En septiembre de 1930 el Partido Nazi obtuvo un gran éxito en las elecciones, consiguiendo el 18.3% de los votos y 107 escaños en el Reichstag, convirtiéndose en la segunda fuerza tras el SPD (Sozialdemokratische Partei Deutschlands = Partido Socialdemócrata de Alemania). El gobierno socialdemócrata de Prusia, liderado por Otto Braun, propuso prohibir al Partido Nazi y a su ala paramilitar, las SA, debido a su creciente violencia callejera contra comunistas, socialistas y judíos. Sin embargo, el gobierno federal bajo el canciller Heinrich Brüning (Partido del Centro) rechazó esta idea, argumentando que una prohibición podría radicalizar aún más a los seguidores nazis y que era mejor combatirlos políticamente. Un informe confidencial de la policía prusiana recomendó la prohibición, citando su retórica antidemocrática y planes para subvertir la Constitución de Weimar. Sin embargo, la falta de unidad entre los partidos democráticos y el temor a represalias de las SA impidieron que se actuara. Como resultado, no se implementó una prohibición nacional. La violencia nazi continuó, y en las elecciones de julio de 1932 el Partido Nazi alcanzó el 37.3% de los votos, convirtiéndose en la primera fuerza política del Reichstag.

Lo demás es historia conocida.

Uno de los mayores peligros para la democracia es la tolerancia y condescendencia con los grupos y partidos que se sostienen sobre principios antidemocráticos y atentatorios contra los derechos humanos de todos los ciudadanos, sin importar su procedencia, etnia, género, pensamiento o religión. Si alguna vez llegaran al poder mediante mecanismos democráticos —como lo hizo el partido de Hitler en su momento—, asistiríamos al declive de la democracia. Pues ésta no consiste solamente en el ejercicio del voto popular, sino además en la garantía de derechos para todo el pueblo, para todo los ciudadanos sin excepción. Y un partido antidemocrático y antiderechos no se convierte en democrático por el solo hecho de haber sido elegido por el voto popular. Así como nunca una rana se ha convertido en un príncipe. Eso es puro cuento de hadas.

En tanto una reciente votación de la Comisión de Fiscalización del Congreso ha referido nuevamente el tema de la vacancia presidencial, es menester reiterar que ello no debe verse como un capricho político, sino como una urgencia moral y republicana. La primera mandataria es un obstáculo peligroso para la democracia peruana embarcada, como está, en un afán exclusivo de aferrarse al poder.

Su mandato no representa la moderación ni la estabilidad; es la voz de la abdicación de toda ética pública. Debido a su ascenso indebido, a través de una sucesión que fue formal pero no contó con reconocimiento popular, ha gobernado mostrando desprecio por el pueblo, con una dosis de cinismo e indiferencia que recuerda fuertemente a lo peor del autoritarismo latinoamericano.

Su endeble talante moral ha quedado al descubierto en escándalos como el de los relojes de lujo o, antes, con la militarización de protestas legítimas. Más dañino aún, su gobierno ha sido instrumental para el deterioro de las instituciones: ha coexistido con una clase política criminal y egoísta, reproduciendo una lógica de convivencia en lugar de transformación. No guía; se aferra.

Pero el problema más serio es lo que alimenta: el radicalismo. Mientras se atrinchera en Palacio, afuera crece el resentimiento, la desconexión con la democracia se agranda y los mesías del autoritarismo, tanto de izquierda como de derecha, se sienten más fuertes.

Ese extremista en el 2026 no será refundacional, sino, más bien, destructivo de la senda del capitalismo liberal que debemos retomar. Por ello, sacar a Boluarte del poder es una acción profiláctica: se trata de detener a otro Castillo o semejante, otro líder recubierto de la promesa de desmantelar todo el sistema y que luego termina siendo un fiasco mediocre y corrupto.

No se trata de entregar el país al Congreso, como algunos, temerosos, señalan; removerla es devolverle al menos un mínimo de dignidad al Perú. Debemos romper este ciclo de corrupción y oportunismo antes de que nos trague por completo. La democracia, como dijo Octavio Paz, no es un fin, sino un camino, y para recorrerlo, aquellos que la deshonran deben ser expulsados.

Dina Boluarte debe irse. Por el bien de todos.

[Música Maestro] Nicomedes Santa Cruz: Orgullo de la cultura afroperuana

El centenario de un maestro

En sus décimas, poesías y canciones se encuentran las costumbres y oficios, las penas y alegrías, los sueños y pesadillas de la comunidad negra peruana, descendiente de los esclavos africanos que llegaron a estas tierras en tiempos coloniales. También crean vasos comunicantes entre lo afroperuano y lo afrocubano, lo afrocaribeño, lo afrobrasileño y etcéteras, “en un abrazo latinoamericano” como dice en su poesía América Latina (1964). 

En su voz, profunda y grave, reside el alma de una cultura afroperuana que hoy, en el año del centenario de su nacimiento, es motivo de admiración y estudio en el mundo entero. Una oportunidad para recuperar del olvido la obra literaria, académica y musical de una de las personalidades que más hicieron para animar la escena artística peruana en tiempos en que nadie hablaba de integración y pluriculturalidad. La página web https://www.nicomedessantacruz.com/ acaba de ser lanzada, con información detallada sobre todo lo que hizo. Un aplauso para sus creadores.

“A cocachos aprendí / mi labor de colegial / en el colegio fiscal / del barrio donde nací…” Así comienza La escuelita, una de las creaciones más difundidas de Nicomedes Santa Cruz, publicada por primera vez en 1980 en su disco Décimas y poemas, una de sus últimas producciones discográficas oficiales, antes de emigrar a España, donde profundizaría aun más -si tal cosa era posible- sus estudios y labores de difusión de lo negro en el Perú. 

Para cuando apareció esta copla, que todos aprendimos siendo niños, don Nico era ya reconocido como el más importante artista afroperuano, cuyas preocupaciones por rescatar, difundir y reivindicar las expresiones del alma negra de nuestro país lo llevaron a recorrer el mundo entero, “de Cañete a Tombuctú, de Chancay a Mozambique”, recitando y ofreciendo conferencias que fueron aplaudidas en México, Cuba, España y hasta en países de habla no hispana como Senegal, en África o Francia, en Europa; con mucho mayor entusiasmo por parte del público que aquí en el Perú, su propia tierra.  

La importancia de Nicomedes Santa Cruz y sus aportes a la cultura negra del Perú se oficializó cuando el Congreso de la República aprobó, en el año 2006 -a finales del gobierno de Alejandro Toledo- la Ley No. 28761, a través de la cual se estableció cada 4 de junio, fecha de nacimiento del artista, como el Día de la Cultura Afroperuana, para rendir homenaje a la contribución de las poblaciones afroperuanas en diversos ámbitos de la vida y desarrollo de la identidad nacional, que fueron formándose desde tiempos ancestrales. Desde el 2014, la fecha se transformó en el Mes de la Cultura Afroperuana. 

Nicomedes Santa Cruz Gamarra

Proveniente de una familia numerosa –era el noveno de diez hermanos- Nicomedes, que había nacido en el populoso distrito limeño de La Victoria un 4 de junio de 1925, abandonó el oficio de herrero para dedicarse a escribir décimas, un arte poético popular que se cultivaba desde el siglo XVI en España con el nombre de “espinela”, en honor al poeta y sacerdote español Vicente Gómez Martínez Espinel (1550-1624), a quien se atribuye su creación.

Nicomedes ayudó a recuperar del olvido este estilo de poesía, gracias a su sociedad con otro clan afroperuano proveniente de Huaral, los Vásquez, quienes lo acompañaron a lo largo de su trayectoria en el Perú como cantantes, guitarristas, zapateadores y percusionistas, bajo el liderazgo de su patriarca, Porfirio Vásquez Aparicio (1902-1971). 

Ambos se definían a sí mismos como “decimistas”, un neologismo para designar al escritor/declamador de décimas que, actualmente, está completamente incorporado dentro del vocabulario artístico del Perú y de otros países de Centro y Sudamérica, en los que también se cultiva la décima, por influencia directa del investigador que creció odiando a su padre, un afroperuano que fue abandonado por su padre -el abuelo de Nicomedes- en los Estados Unidos cuando solo tenía 11 años. El artista, en entrevista con Caretas, recordó que lo odiaba porque “hasta resondraba en inglés”. Su madre, quien cantaba festejos “con una voz riquísima”, fue quien le inculcó el amor por el folklore nacional. Sin embargo, al morir, su papá le dejó una significativa herencia.

Nicomedes Santa Cruz dedicó toda su sapiencia y creatividad como músico, escritor y periodista –en diarios como La Crónica, Expreso y El Comercio-, al arte negro peruano, conectando los modismos lingüísticos propios de las poblaciones costeñas descendientes de esclavos africanos con sus raíces ancestrales en un trabajo que tiene tanto de orgullo natural como de sesudas investigaciones académicas. Un trabajo de pedagogía artística con el cual muchos de nosotros crecimos y nos identificamos.

Declamador y conferencista, cronista y conductor de televisión –su programa Danzas y canciones del Perú, transmitido durante el gobierno de Velasco, fue uno de los más sintonizados de su tiempo- Nicomedes Santa Cruz abandonó el Perú en los ochenta y se estableció en Madrid, junto con su esposa Mercedes Castillo y sus dos hijos, Pedro y Luis Enrique. Allá se reinventó como conductor de programas radiales en los que difundió su vasta cultura y conocimiento del folklore latinoamericano. Recientemente, en el 2024, la prestigiosa institución pública madrileña Casa de las Américas, ubicada en la plaza central de la capital española, develó una placa en su honor.

En ese país falleció, a los 66 años, de cáncer al pulmón. Con los principales integrantes de esta prolífica y talentosa familia ya fallecidos -Nicomedes en 1992, Victoria y Rafael, sobrino de ambos, en 2014- el significativo legado de los Santa Cruz lucha por no desaparecer del imaginario colectivo popular, convertido en patrimonio intelectual de una minoría cada vez más pequeña, que conserva y reconoce la valía de Nicomedes Santa Cruz, orgullo de la cultura afroperuana.

Características de las décimas

Sus famosas y entrañables décimas de pie forzado son construcciones poéticas de estructura fija y sofisticada: tomando como base una estrofa de cuatro versos (cuarteta), el poeta escribe cuatro estrofas de diez versos (décima), cada una de las cuales termina con uno de los versos de la cuarteta inicial, de allí lo de “pie forzado”. 

Ejemplos de décimas de pie forzado son la mencionada La escuelita o La pelona, estrenada en el año 1964 y cuya popularidad se actualizó por el uso que hicieron de ella Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori durante los debates electorales del 2016 (“Cómo has cambiado pelona…”). Otra de sus populares décimas, De ser como soy, me alegro, se popularizó en años recientes a través de una campaña televisiva en la que conocidos peruanos afrodescendientes -el futbolista Luis “Cuto” Guadalupe, la actriz Evelyn Ortiz- la leían, para concientizar sobre la lucha contra el racismo. 

A diferencia de tantas otras de sus obras más conocidas, esta nunca fue grabada por Nicomedes, sino que forma parte de uno de sus tantos libros, Décimas, de 1960, muchos de los cuales fueron editados en ese tiempo por Juan Mejía Baca y prologados por su gran amigo, también escritor, Sebastián Salazar Bondy. 

En sus versos, Nicomedes derrochaba ingenio, agudo sentido del humor y sensibilidad frente a los problemas esenciales de la población afroperuana: la esclavitud, el maltrato -las referencias a torturas como la carimba, esto es, el marcado a fuego que se practicó durante la Colonia y parte de la República- y la discriminación e idiosincrasia de la era moderna, desde los lamentos frente a un pequeño que muere enfermo y pobre (Meme neguito) hasta la crítica, irónica y socarrona, a aquellas personas que quieren aparentar lo que no son (La pelona), historias que aplican a realidades tan tristes como vigentes, por un lado la extrema pobreza y, por el otro, la desesperación por los maquillajes, los filtros y las operaciones quirúrgicas (¿alguien pensó en Dina?). 

Nicomedes Santa Cruz extendió su talento para ocuparse también de temas más globales: el box (Muerte en el ring), la integración regional (América Latina), el orgullo global de ser negro (El café) y la conexión con figuras del arte y la política negra de otros países como su camarada, el escritor cubano Nicolás Guillén o el político africano Patricio Lumumba (Johannesburgo, Congo libre).

Un legado artístico por descubrir

Nicomedes Santa Cruz tiene una discografía oficial de catorce LP, todos editados en el Perú con los más importantes sellos discográficos -El Virrey, Sono Radio, Odeón-, entre 1957 y 1980. A finales de los noventa, Iempsa editó los primeros materiales en CD, las recopilaciones Cumanana y Socabón. Para el disco compacto Cumanana, originalmente un LP doble, lanzado primero en 1960 y reeditado posteriormente en dos ocasiones, los años 1964 y 1970, usaron la ilustración y fondo azul de Socabón, cuya versión original en vinilo salió en 1975. Y la primera versión digital de Socabón apareció con ilustración y carátula amarilla, correspondientes a la tercera edición analógica del Cumanana.

Curiosidades aparte, ambos condensan lo básico de la propuesta musical y etnológica como estas recopilaciones de décimas, poemas y canciones escritas e interpretadas por Nicomedes Santa Cruz junto a un elenco de cantantes, guitarristas y percusionistas de primer nivel, icónicos exponentes del folklore negro peruano en estado puro.

Además de Nicomedes y sus hermanos y hermanas -Victoria, César y Consuelo y Octavio-, alternan con ellos, desde sus primeras grabaciones, los guitarristas Óscar Avilés, Alberto Urquizo y Víctor Reyes, las cantoras Mercedes y Tértula Traslaviña Ruíz, los cantores Augusto y Elías Ascuez. Asimismo, el contrabajista y guitarrista Carlos Hayre -uno de sus mejores amigos- y, en ocasiones, el percusionista Ronaldo Campos, futuro fundador de Perú Negro. Y, por supuesto, Porfirio Vásquez y toda su descendencia musical, los hermanos Abelardo (cantante, zapateador y percusionista), Daniel y Vicente (guitarristas). 

Otros discos importantes fueron Décimas y Poemas Afro-Peruanos (1960, que contiene la primera versión de ¡Negra!, una de sus décimas más potentes); Octubre, mes morado (1964, grabado junto con la Banda de la Guardia Republicana, en homenaje al Señor de los Milagros); Nicomedes Santa Cruz presenta: Los Reyes del Festejo (1971); América negra (1972, una antología de cantos negros de Cuba, Venezuela, Colombia, Brasil y Perú) y Ritmos negros del Perú (1979, donde destaca el conocido pregón libertario Que viva mi mamá).

Su primera producción discográfica se llamó Gente morena, que era además el nombre de la agrupación. Pero luego, Nicomedes y su hermana Victoria decidieron rebautizar al grupo con una palabra que, a partir de ese momento, los identificaría en cada una de sus grabaciones: Cumanana -a veces escrito con “K” inicial, en lugar de la “C”. Cumanana es un vocablo africano que significa “saber” o “sabiduría ancestral”, una descripción más exacta de lo que hacían. 

La diferencia entre la profunda calidad didáctica de las descripciones que hace en poemas musicalizados como Ritmos negros del Perú y Aquí está la marinera, con las versiones superficiales que hoy se presentan como “lo mejor de la música negra peruana”, es sobrecogedora e incomprensible. Es cierto que, de vez en cuando, elencos modernos intentan traer de vuelta una que otra de sus creaciones, pero lo hacen cayendo en un reduccionismo facilista. La obsesión que tienen, por ejemplo, con la declamación Me gritaron negra (Victoria Santa Cruz, 1978), como si fuera lo único que grabaron, es muestra de una búsqueda por el impacto inmediato y efectista, que no va más allá de lo obvio y que desaprovecha un cuerpo de trabajo más amplio, de calidad y exquisitez.

La lograda interpretación que hizo Nicomedes Santa Cruz del amplio rango de géneros musicales afroperuanos -panalivios, landós, festejos, pregones, lamentos, marineras limeñas, zamacuecas, entre otros- configuran un muestrario que es, actualmente, de utilidad para explicar a cualquier músico extranjero en qué consiste la cultura musical afroperuana. Populares canciones como Callejón de un solo caño (vals, incluido originalmente en el LP Nicomedes Santa Cruz y su Conjunto Kumanana de 1959), Samba malató (landó, del doble Cumanana, 1960) o Mándame quitar la vida (marinera limeña) fueron firmadas por Nicomedes y Victoria Santa Cruz y hasta hoy forman parte del repertorio de diversos artistas criollos.

Un caso especial es el festejo No me cumben, un festejo de 1959 que luego fuera regrabado para las tres ediciones posteriores del Cumanana. Este alegre y pícaro tema, uno de los más populares de su catálogo, fue escogido por el cantante y vocalista de Talking Heads, David Byrne, para su famosa selección de música negra del Perú, Afro-Peruvian Classics: The Soul of Black Peru, editada por el sello Luaka Bop del neoyorquino, en 1995. 

A pesar de este intenso y prolífico trabajo artístico, hoy la música negra peruana sigue siendo asociada a la jarana escapista, pretexto para la exacerbación sensorial que suele ser aprovechada por los “blancos” o mestizos amantes de la juerga en discotecas, sometiéndola a una ignominiosa estigmatización. A contramano, el patriarca del clan de los Santa Cruz elevó el nivel del arte negro y le dio elegancia, creatividad, claridad conceptual y vocación para demostrar que el negro peruano también puede ser letrado, culto, inteligente, líder de un proyecto latinoamericano de integración, sin dejar de lado la chispa, el ritmo y también sin olvidar el sufrimiento que la raza negra ha padecido, a nivel mundial, a través de los siglos.

Tengo una posición sobre el conflicto Israel-Palestina y es a favor de Palestina. A estas alturas de mi vida ya no voy a cambiar;  además, a partir de mis conocimientos acerca de dicho evento histórico, que no son pocos, he sacado mis propias conclusiones. Pero en historia la soberbia es mala consejera. 

Esto lo aprendí en el dictado de clases, más específicamente cuando enseñaba el periodo del Conflicto Armado Interno o la lucha contra el terrorismo (1980 – 1995). Sucedía que entre mis alumnos, siempre alguno provenía de la familia militar o policial y su narrativa, como puede comprenderse, era distinta a la que se difunde desde el conocimiento académico, que no por ser tal resulta poseedora de la verdad absoluta. Alguna vez,  uno de ellos me relató que, en aquellos tiempos, la preocupación en su hogar era que su padre volviese con vida a casa pues había sido destacado a la zona de emergencia.  

Situaciones como esta me plantearon un dilema más ético que epistemológico, máxime si mi postura frente al conocimiento histórico es narrativista: no se trata de la verdad, de la exactitud, se trata de interpretaciones con contenidos de verdad siempre discutibles. Y desde esa premisa me preocupé por conocer la otra mirada sobre este doloroso episodio y también por matizar más mis conclusiones al momento de enseñar la época del terror.

Por cierto, esto me ha sucedido también en relación con el tema central al que he dedicado mi carrera: las relaciones peruano-chilenas. Tuve que viajar a Chile en más de diez ocasiones y multiplicar mis amistades en el vecino país para comprender finalmente que ellas tienen su propia narrativa de nuestra historia en común, de los conflictos pasados que llevamos a cuestas, así como de las relaciones presentes y no solo tienen derecho a tenerla, lo lógico y natural es que la tengan.  

No se trata de someter la mirada propia a la del otro, pero sí de lograr la suficiente apertura de criterio y empatía como para conocer esa otra mirada. Y esto comienza por aceptar que esa mirada existe, no por negarla.

Hoy conversaba con un amigo historiador, es chileno y de origen judío.  El me replicó con mucha ponderación la última nota sobre el conflicto Israelí-Palestino que publiqué en mi block Palabras Esdrújulas. Le respondí algo que reafirmo, que no nos íbamos a poner de acuerdo. Pero entonces me confesó ser parte del problema porque perdió amistades muy valiosas en los atentados de Hamas del 7 de octubre de 2023. 

En dicho atentado, Hamas asesinó a casi 1200 personas, la mayoría jóvenes que disfrutaban de un concierto y tomó de rehenes a otras 251 que parecen importarle poco tanto al grupo terrorista como a la administración de Benjamín Netanyahu, cuyo sionismo radical denuncio aquí una vez más. El tema es que nosotros no le restemos importancia a esos crímenes.

Mi postura general sobre el asunto no cambia. Hablando en términos bíblicos, me parece evidente que  hay un Goliat expoliando a un David en ese territorio desde mediados del siglo pasado y que esa es la madre del cordero. Pero más allá de posturas políticas o históricas, nadie gana en un conflicto así, más bien todos sufren y sufren también los judíos quienes tienen derecho a narrar su historia desde sus propias coordenadas, igual que todos los demás.  

Link de mi artículo en Palabras Esdrújulas, referido en esta nota: 

http://blog.pucp.edu.pe/blog/daupare/2025/06/04/israel-ataca-de-nuevo-una-reflexion-a-base-de-historia-y-principios/

[Música Maestro] Luis Alva (1927-2025): Tenor peruano  

Una vida larga y exitosa

El tenor peruano Luis Eduardo Alva Talledo -algunos medios españoles e italianos especializados en ópera colocan una aristocrática e innecesaria preposición “y” entre sus dos apellidos- o Luigi Alva, como lo conocieron más en las escenas líricas de Estados Unidos y Europa, falleció el pasado 15 de mayo. Cosas, esa inútil revista limeña, en su versión online, malinforma que su deceso se produjo en Lima, “rodeado de sus seres queridos”. Es una paradoja que el medio favorito de las actuales clases altas que suel  en apoderarse de estos temas sea el que dé la peor muestra de ignorancia con respecto a la noticia final acerca de un artista que, prejuicios aparte, logró triunfar en su actividad como pocos.

Y sobre todo tomando en cuenta que había nacido en Piura, en un tiempo en que el centralismo era mucho más fuerte que ahora, si tal cosa es posible. Alva se codeó con los más grandes de su tiempo y, desde su rol como tenor ligero -un término que suele producir confusión entre los no iniciados en música académica, pero que en el contexto correcto sirve para describir voces especiales, de refinamiento técnico y registros altos- se posicionó como intérprete de papeles muy específicos que afianzaron su perfil en una época fundamental para el desarrollo de la ópera a mediados del siglo XX.

De actuaciones “expléndidas” -otra paparruchada del artículo post mortem firmado por un tal Alejandro Saldaña en Cosas- en los más prestigiosos teatros del circuito operístico, Luis Alva murió, en realidad, en su casa ubicada en Barlassina, en la región de Lombardía, al norte de Italia -casi a treinta kilómetros de Milán-, poco más de un mes después de haber alcanzado los 98 años. Una vida larga, plena y muy exitosa, dedicada al exigente y selecto mundo de las artes escénicas, lejos de su país, del que había salido en la década de los años cincuenta.

Su carrera, más allá de los obituarios inmediatos publicados en nuestros medios tradicionales, reduccionistas y motivados por la oportunidad -irrespetuosos, al final de las cuentas-, no despierta el más mínimo interés entre las masas actuales, más preocupadas de las últimas de Magaly, Bad Bunny o Christian Cueva. Ni siquiera les importó que Juan Diego Flórez, de quien seguramente creen que es el único tenor nacido en Perú, escribiera en su Instagram, al enterarse, lo siguiente: “Hoy el Perú y el mundo de la ópera despiden a una de sus más grandes voces”.

La música “clásica” y el Perú

Hace 35 años, las grandes mayorías no eran indiferentes a la música no popular. Mi padre, de familia humilde, nacido en La Victoria a inicios de los años treinta, sin instrucción universitaria ni cercanía con las élites limeñas durante sus años de juventud, sabía perfectamente quién era Luis Alva y cómo cantaba. Recuerdo a mi viejo, que en paz descanse, tan admirador del Conjunto Fiesta Criolla y Felipe Pinglo Alva como de Frank Sinatra y Mario Lanza, criticando la voz delgada de Luis Alva y, como buen criollo, riéndose socarronamente de que se hiciera llamar “Luigi”, un hecho que a él le sabía a disfuerzo, a huachafería. Dejando de lado sus sesgos, era evidente que, antes de llegar a los 30, ya tenía la capacidad de emitir un juicio apreciativo sobre un cantante de ópera, algo imposible para el veinteañero moderno.

Así como él, muchas personas de espectros socioeconómicos medios y bajos de Lima -y del Perú- tuvieron contacto con lo que pasaba en el mundo artístico de otros países, géneros y sensibilidades, más allá de aquellos intérpretes y canciones que escuchaban en casa o bailaban en fiestas. No era extraño que grupos de muchachos capitalinos, de distritos populosos, sin recursos económicos para recibir educación superior ni para pagar palcos pudieran, una vez colocados en el mercado laboral, cultivar gustos musicales sofisticados y construir colecciones de vinilos de sus artistas favoritos. Desde los boleros que se escuchaban en las películas del cine mexicano y el jazz del cine gringo hasta la música sinfónica en sus diversas variantes, las opciones eran innumerables.

Curiosamente, en la era de la mega información, los jóvenes de hoy, independientemente de su grado de instrucción o procedencia -lo mismo un barrista de San Juan de Lurigancho que se moviliza en micro que un magíster de la UPC con carro propio a los 22 años- ni siquiera son capaces de reconocer la diferencia entre tenor, barítono y bajo, los tres registros básicos de la voz masculina. Ni se imaginan qué es un contralto o un tenor ligero. Eso ha acrecentado la noción de que la música culta o académica solo es para las élites. Y esta problemática mundial es aun más grave en nuestro país. 

El conocimiento en general -y los gustos musicales, en particular- en lugar de democratizarse gracias a la tecnología, se han hecho más elitista que nunca. A pesar de que siempre, en el mundo contemporáneo, la música académica que muchos aun insisten en llamar en bloque “clásica” cuando esta palabra solo aplique para uno de sus periodos, ha sido consumida principalmente por las clases altas, hubo una época en que, por uno u otro camino, sus manifestaciones se permeaban hasta llegar a las bases de la población. Y si eran personas aficionadas al canto, como lo fue mi papá, con más razón.

En ese contexto, aunque Luis Alva desarrolló su vida y trayectoria musical en el extranjero, era un personaje conocido entre sus compatriotas, incluso entre quienes nada tendrían que ver, supuestamente, con la ópera. Tal y como ocurrió con la soprano Yma Súmac, Alva salió del Perú dejando atrás un medio poco estimulante para sus inquietudes musicales. A pesar de la popularidad que tuvieron, en las décadas de los cincuenta y sesenta, subgéneros sinfónico-teatrales como la zarzuela y la opereta, el Perú no ofrecía lo elemental para que su talento se desenvolviera. 

Mientras que la cajamarquina se dedicó al jazz y al mambo, haciéndose pionera de lo “exótico”, el piurano optó por rumbos menos masivos y más serios. Y lo hizo muy bien.

Estrella internacional del bel canto

Precisamente, Luis Alva hizo su debut como cantante lírico en el Perú cantando zarzuelas, específicamente la conocida Luisa Fernanda (Federico Moreno Torroba, 1932). Aunque inicialmente su intención fue hacer carrera en la Marina de Guerra del Perú, sus aptitudes musicales fueron descubiertas por la legendaria educadora y compositora limeña Rosa Mercedes Ayarza de Morales (1881-1969) quien lo animó a que dejara los uniformes blancos y se concentrara en entrenar su voz, pues allí estaba su futuro. 

Más que un consejo, lo de Ayarza de Morales -no “Ayarsa” como aparece en la web de Revista Cosas- fue una premonición. Luego de apuntarse en el Conservatorio Nacional de Música y ganar experiencia en la escena local en diversas producciones, la maestra vio a su pupilo partir, en 1953, hacia Italia y vivió lo suficiente como para ser testigo de su éxito. En 1956, apenas tres años después, ya estaba cantando en La Scala, la prestigiosa sala de conciertos de Milán, y su hermana menor La Piccola Scala, interpretando al personaje que marcaría su carrera desde entonces, El Conde de Almaviva en la ópera El barbero de Sevilla (Gioachino Rossini, 1816).

Entre 1956 y 1989, año en que se retiró oficialmente de los escenarios operísticos, Luis Alva consolidó su estatus como uno de los principales nombres en diversas temporadas de ópera, especializándose en papeles de corte humorístico, los cuales eran perfectos para su registro agudo. Fueron más de tres décadas en las que interactuó con personajes de la talla de Claudio Abbado (director), Tito Gobbi (barítono), Teresa Berganza (soprano), entre otros. Pero, sin duda alguna, el punto de su carrera del que más se habla es cuando compartió roles con la diva griega-norteamericana Maria Callas, durante la mencionada obra de Rossini, inmortalizada en grabaciones para el sello EMI Records, que fueron en su momento elogiadas por el afamado director Carlo Maria Giulini.

Alva fue reconocido por la crítica especializada como uno de los mejores intérpretes de las óperas de Rossini y Mozart, maestros de la llamada “ópera bufa” -entre otros ejemplos de este subgénero operístico podemos mencionar a Don Pasquale (Gaetano Donizetti, 1843) o Il matrimonio segreto (Domenico Cimarosa, 1792)- pero también alternó en obras más serias como Don Giovanni (Wolfgang Amadeus Mozart, 1787) o La traviata (Giuseppe Verdi, 1853), solo por mencionar dos de las tantas que fueron parte de su repertorio.  

A medida que su prestigio aumentaba, más se alejaba de los radares del Perú, su tierra natal, que prácticamente le perdió el rastro a sus mayores triunfos artísticos. Sin embargo, el cantante no abandonó sus vínculos con el país, pues iba y venía permanentemente, participando de vez en cuando en programas de televisión y dedicándose a apoyar a jóvenes valores de la lírica nacional, junto a su amigo y colega Ernesto Palacio (78), otro alumno de Ayarza de Morales que también logró forjar una carrera en el exterior. De manera transversal, Alva colaboró con Palacio en la educación musical y la formación artística internacional de Juan Diego Flórez (52), el belcantista nacional que superó largamente a sus dos antecesores y que es, actualmente, una de las figuras más importantes de la ópera y permanente difusor de la música nacional en el mundo.

Luis Alva en grabaciones

El nombre de Luis Alva aparece -como Luigi- en una innumerable cantidad de vinilos, recopilaciones y antologías de arias y óperas completas, publicadas en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta por importantes sellos discográficos especializados como London Records, Deutsche Grammophon, Philips o Columbia, muchas de las cuales dieron el salto a la era del disco compacto, en los años noventa y más allá. En esos álbumes podemos ver a nuestro compatriota al lado de las más grandes estrellas del canto y la dirección orquestal, un verdadero orgullo para la esmirriada escena musical peruana que, a su suerte, se mantiene a flote pero nunca como resultado de una política estatal ni mediática, sino por el empuje individual de artistas y sus leales públicos.

Además de esas selecciones, cuyo público objetivo es la comunidad de conocedores y entusiastas de la música clásica -por cuestiones de uso y practicidad yo también caigo en esa generalización conceptual, casi sin querer queriendo-, Alva grabó un par de LP orientados a un mercado más amplio y popular, algunos años antes de que tenores como Luciano Pavarotti o Plácido Domingo comenzaran su cruzada discográfica para acercarse a la gente no consumidora de música clásica y, en simultáneo, permitir que las grandes masas se conecten con la existencia del amplio mundo de lo sinfónico y lo académico a través de sus canciones -arias, romanzas, intermedios, dúos- más representativas.

El primero se titula Ay-ay-ay: Spanish and Latin American songs by Luigi Alva y lo grabó en 1964 con la Nueva Orquesta Sinfónica de Londres -el ensamble oficial de los conciertos que se hacían en el Royal Albert Hall en esos años, incluidas las tradicionales galas de los Proms que organiza anualmente la BBC- bajo la dirección del italiano Iller Pattacini, para los estudios Decca Records de Inglaterra. En ese LP, el peruano graba doce composiciones clásicas del repertorio latinoamericano y español, como por ejemplo Granada o Muñequita linda, de los mexicanos Agustín Lara y María Grever, respectivamente. También destacan algunas melodías muy conocidas como Princesita -romanza de la zarzuela La corte del amor, de José Padilla, 1916- o la popular Amapola, canción española escrita por José María Lacalle, en 1920. 

Un año antes, Alva había grabado el disco Songs of Tosti (Philips Records, 1963), acompañado por una orquesta bajo la dirección del pianista y arreglista italiano Benedetto Ghiglia. En este vinilo, relanzado en 1971 por Ricordi Discos, un antiguo sello italiano absorbido hace muchos años por Sony Classical, bajo el título Le romanze di Tosti, nuestro compatriota interpreta populares canciones napolitanas escritas por Francesco Paolo Tosti (1846-1916), como ‘A vuccella, Mattinata o Marechiare, habituales en el repertorio de todos los más famosos cantantes líricos anteriores y posteriores a Alva, desde Enrico Caruso y Tito Schippa hasta Luciano Pavarotti, Alfredo Kraus y, por supuesto, estrellas más contemporáneas del llamado “crossover” entre lo pop y lo clásico como Andrea Bocelli, Josh Groban o el mismo Juan Diego Flórez. 

Luis Alva Talledo recibió la Orden del Sol del Estado peruano en el año 2000 en el grado de Gran Oficial y, posteriormente, en el 2004, en el de Gran Cruz. Años más tarde, en el 2015, a los 88 años, fue reconocido con la Medalla de Honor de la Cultura Peruana, otorgada por el desaparecido Instituto Nacional de Cultura del Perú (hoy Ministerio de Cultura, también desaparecido, pero por otras razones). 

     

Una marca sin buses

FlixBus no opera buses. Su negocio es vender pasajes con su marca, delegando la operación de transporte a terceras empresas que afilia con condiciones contractuales también engañosas. El usuario cree que va a viajar con un empresa llamada FlixBus, que no existe como empresa de transporte, el consumidor aborda un bus de otra empresa que de otra forma no elegiría.

Este modelo comercial es engañoso porque genera una falsa percepción de garantía. Ante un accidente, quién debe asumir la responsabilidad es la empresa de transporte desconocida por el consumidor pues la multinacional para eso, solo «gestiona la plataforma».

Además, distorsiona también la competencia. Los operadores tradicionales que cumplen normativas, tienen infraestructura propia y tributan correctamente deben enfrentar una competencia desleal, porque FlixBus es una «startup» con gran capacidad económica que utiliza para desplazar a la competencia a través de precios predatorios imposibles de igualar,

 

Seguridad sacrificada por el precio bajo

Las carreteras peruanas son peligrosas, con escasa fiscalización y controles técnicos laxos, por ello predomina la informalidad. Ofrecer pasajes a precios extremadamente bajos plantea una pregunta obvia: ¿cómo se financia un viaje de 14 horas por menos de 30 soles? Cuando lo hace un informal, el público puede percibir que asume un riesgo por un precio barato; en este caso, piensa que es bueno y barato y no es así.

La consecuencia muy probable es alarmante: Se reducen mantenimientos, se contratan conductores con menores exigencias, se extienden jornadas laborales y se utilizan buses antiguos. En suma, se sacrifica la seguridad y aunque FlixBus no lo muestra, quien asume el riesgo es el pasajero.

 

Una coartada perfecta para el lavado de activos

El modelo FlixBus puede servir como vehículo para el lavado de dinero. El transporte terrestre —por su manejo de efectivo, facilidad para justificar ingresos y baja fiscalización— es un canal históricamente infiltrado por redes criminales para el lavado de activos.

El Perú enfrenta múltiples formas de crimen organizado que generan enormes volúmenes de dinero ilegal. Este modelo permitirá que pseudo empresarios operen flotas a pérdida bajo el aval de una marca internacional que solo actúa como intermediaria. Esto es muy funcional para ese tipo criminal. Mediante esta modalidad, se puede lavar dinero justificando pérdidas operativas, todo bajo la justificación de ser «socio operador» de FlixBus.

 

Conclusión: amenaza disfrazada de modernidad

La llegada de FlixBus al Perú representa una alerta sobre cómo un modelo aparentemente moderno puede ocultar riesgo para los pasajeros, el transporte formal y la seguridad nacional. No se trata de rechazar la innovación, sino de exigir transparencia y regulación clara para resguardar al público y la sociedad del perjuicio de un modelo depredador aplicado a un servicio público, que debe ser económico, pero también seguro y eficiente.

La verdadera pregunta no es si FlixBus es sostenible, sino cuánto daño causará antes de que las autoridades reaccionen.

La proliferación de partidos políticos en el Perú, lejos de reflejar signos de salud democrática, ha convertido al país en una patética sátira de la representación ciudadana. Un proceso que, en su forma ideal, es serio y selectivo, ha sido suprimido por el fraude y la falsificación. No estamos ante un caso aislado sino ante una práctica sistemática (Reniec calcula que hay por lo menos 300 mil firmas falsificadas). No es sinootro ejemplo de la decrepitud moral de nuestra clase política, de cuán descarada es en su disposición de socavar las reglas y cuán despreciable es en la forma abusiva en que se comporta.

No estamos solo ante una ofensa legal, sino frente a uno de los golpes más destructivos que el ya limitado nivel de confianza en la democracia ha recibido en mucho tiempo. Fruto de mentiras, estas creaciones no pueden ser actores de algo estable, y mucho menos de los ciudadanos cuyos intereses pretenden representar. Nacen comonegocios familiares, máquinas clientelistas o herramientas de poder circunstanciales, sin ideología, sin programa, sin escrúpulos.

El Jurado Nacional de Elecciones debe tener el coraje de dejar atrás las investigaciones pusilánimes, o sanciones referenciales solo para dramatizar, y hacer una limpieza radical en el registro de organizaciones políticas. No es solo justo, sino necesario borrar la inscripción de partidos que han mentido desde el principio. Es un paso higiénico, profiláctico, que traería un poco de dignidad al espacio político y también tendría el efecto saludable de disminuir la fragmentación caótica que ha que gobernar, legislar o incluso debatir de una manera coherenteen el futuro próximo sea casi imposible.

En una democracia saludable, los partidos existen para ser vehículos de ideas, no espacios para oportunistas o, peor aún, franquicias de unnegocio electoral. Estaremos atrapados en esta grotesca tragicomedia hasta que actuemos en consecuencia; no podemos permitir que aquellos con la menor fe política sean, paradójicamente, los que más se beneficien.

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