Opinión

Dos grandes desafíos tendrán al frente los movimientos moderados de la derecha y la izquierda. Por el lado derechista, la revitalización del fujimorismo, fruto del fallecimiento del líder histórico, Alberto Fujimori. La centroderecha liberal va a tener que aguzar el ingenio para lanzar propuestas divergentes que la diferencien del fujimorismo y le hagan entender a la población del desastre que supondría una elección de Keiko Fujimori.

El mercantilismo, autoritarismo y devaneos con la corrupción de Fuerza Popular lo tornan inaceptable como opción de desarrollo. Baste ver el mamarracho mercantilista que ha supuesto la reforma del sistema de pensiones que nos han endilgado y que solo beneficia a los grupos de poder que las manejan. Y si a ese combo le sumamos el conservadurismo que Keiko le ha agregado al movimiento, se entenderá que lo suyo no constituye una apuesta por la modernidad.

Por el lado de la izquierda, la centroizquierda democrática tiene frente a sí a propuestas radicales hasta el desquiciamiento, que se encaraman en la furia popular existente contra el statu quo y a la que será muy difícil combatir, si no se pliegan de alguna manera a lanzar propuestas disruptivas. Y claro que hay un arsenal ideológico capaz de movilizar los afectos negativos de la población sin caer en el delusivo plan de un Antauro, Bellido o Bermejo.

Una izquierda democrática, que entienda que la economía de mercado es el motor de la inversión, pero que debe ser ecualizada por un Estado presente, y que además haga de la democracia formal un valor supremo, inviolable, podría tener éxito si logra romper los parámetros de la “normalidad” discursiva o narrativa.

El desastre gubernativo de Dina Boluarte hace difícil que las propuestas moderadas se impongan sobre las que prometen patear el tablero, pero tendrán que hallar la forma de distinguirse del statu quo y a la vez marcar distancia de los radicalismos que de ambas orillas van a surgir.

De hecho, el fallecimiento del líder histórico del fujimorismo, Alberto Fujimori, con la imagen de unidad precedente que había logrado galvanizar con su familia, supondrá una inyección anímica política a favor del keikismo.

Si ya, según las encuestas, Keiko mostraba índices de potencial votación cercanos al 10%, seguramente aquellos subirán y la colocarán ya, casi segura, en la segunda vuelta del 2026.

De allí la urgencia de clamar por la unidad de la centroderecha liberal. Le haría daño al país que llegue al poder la opción populista, mercantilista, autoritaria y conservadora que representa Keiko Fujimori, que ha heredado lo peor del legado de su padre y le ha agregado un ingrediente conservador que su progenitor no tenía.

Debe evitarse a toda costa que el país se vea envuelto nuevamente en la tesitura de tener que votar por Keiko Fujimori como mal menor frente a un Antauro Humala o un Guido Bellido, como sucedió en el 2021 frente al nefasto Pedro Castillo.

El país merece una opción de derecha moderna, democrática e institucionalista, ya no el modelo ajado del keikismo, pero si no se produce una conjunción de esfuerzos políticos le estarán regalando el pase a la segunda vuelta a Fuerza Popular.

Y lo peor es que lo más probable es que pierda esa elección. En los predios naranjas confían en que esta vez sí la harán porque Antauro es un cuco mayor que Castillo. Se equivocan de cabo a rabo. Antauro es mejor candidato que Pedro Castillo y, además, postula encaramado sobre una mayor furia popular que la que existía el 2021.

Si queremos a un desquiciado proyecto político sentado en Palacio el 2026, asegurémonos de que Keiko Fujimori pase a la segunda vuelta. Para evitarlo, no nos cansaremos de reiterarlo, ello pasa por lograr un gran frente centroderechista, con equipos tecnocráticos y un buen programa de gobierno (además de, por supuesto, un buen candidato).

Alberto Fujimori y Abimael Guzmán nacieron en un Perú muy distinto, uno que pocas veces podemos imaginar. En la década de 1930, en Lima no había más de 300,000 personas en el área urbana, número cercano al de las personas que vivían en todo el departamento de Arequipa en esos mismos años. En Mollendo, donde nació Guzmán, apenas si había 15,000. El Perú se encontraba bajo el régimen de un presidente afín al nazismo, Oscar R. Benavides.  

La accidentada infancia de Abimael Guzmán, cambiando de ciudades y escuelas fue muy diferente que la de Alberto Fujimori, pero lo cierto es que ambos llegaron a cursar una carrera universitaria. Fujimori estudió Agronomía en la Universidad Agraria de la Molina, y Guzmán, Derecho y Filosofía en la Universidad San Agustín de Arequipa. Guzmán se graduó en filosofía y se entregó al comunismo. Apenas comenzada la década de 1960, mientras Abimael Guzmán fue contratado por la Universidad San Cristóbal de Huamanga para enseñar filosofía, Alberto Fujimori fue a realizar sus estudios de posgrado en Francia y en Estados Unidos. Cuando regresó a enseñar en la Agraria hizo también carrera política como decano, luego rector y presidente de la Asamblea Nacional de Rectores. La afiliación de la Universidad huamanguina con el comunismo, permitió a Guzmán crear los vínculos para dejar la universidad, viajar a China, Checoslovaquia y la Unión Soviética, y pasar a la clandestinidad. De tal forma que mientras Fujimori estaba liderando su universidad, Abimael iba creando por el país, comités de Sendero Luminoso en las aulas universitarias.

En 1980 comenzó el terror. Abimael Guzmán, convertido en el Presidente Gonzalo, decidió que debía combatir al Estado destruyendo a sus colaboradores. Los colaboradores éramos todos, pero comenzó con los campesinos y militantes de izquierda que traicionaban la causa al ejercer el recién universalizado derecho a votar. La vorágine ocasionó decenas de miles de muertes, con terribles atentados y con la estrategia de dejarnos sin luz y energía. El Estado reaccionó casi al mismo nivel, amenazando y asesinando ante la incapacidad de poder identificar a los verdaderos senderistas. Nuestro retorno a la democracia fue caótico. Sumidos en la pobreza, a la exorbitante deuda externa, se sumaron el impacto de fenómenos naturales y la crisis económica mundial que dio paso al neoliberalismo. En ese contexto, Alberto Fujimori se lanza a las elecciones presidenciales, sin imaginarse que la población, atemorizada por las radicales medidas económicas que Mario Vargas Llosa anunciaba, lo escogería como el candidato alternativo (costumbre de votar por oposición que ha mellado las prácticas democráticas peruanas).  

Ya elegido, a Fujimori no le quedó más que aplicar las duras medidas contra la inflación y de reducción del estado que promovía el Fondo Monetario Internacional, además de un nuevo plan para pagar la gran deuda. En ese contexto, la violencia de Sendero Luminoso se incrementó en Lima y en la Amazonía. Fujimori optó por crear un escuadrón paramilitar, el Grupo Colina. Meses después cerró el Congreso de la República. Guzmán fue capturado el 12 de septiembre de 1992 por el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la Dirección Nacional contra el Terrorismo (DIRCOTE) de la Policía Nacional peruana. Fujimori, que estaba en un viaje de descanso, regresó de inmediato para montar la parafernalia con la que fue mostrada su captura. Bajo la dictadura, Guzmán fuejuzgado por un tribunal militar sin rostro. Más de diez años después hubo que volverlo a sentenciar con el debido proceso y darle la cadena perpetua.

Fujimori cantó victoria y aparentó convertirse en un presidente que luchaba por los derechos humanos. Mientras tanto, sus vínculos con el narcotráfico, la compra de los medios de comunicación, la liberación de la informalidad y la corrupción empresarial, llegó a dimensiones insospechadas. Los videos grabados por su mano derecha, Vladimiro Montesinos, dejaron todo en evidencia. Él escapó a Japón y renunció por Fax. Fue detenido en Chile, cuando pensaba regresar desafiante al Perú, el año 2003.

Durante la guerra entre el Estado peruano y Sendero Luminoso, murieron cerca de 50,000 personas. Abimael Guzmán murió en la cárcel, el 11 de setiembre de 2020 a los 86 años. Alberto Fujimori, consiguió que la casta política que asentó en el congreso, le diera el indulto para salir de la cárcel de oro en la que estaba y querer seguir manipulando la política peruana, a pesar de la oposición de 24 millones de peruanos. Murió también a los 86 años, el 11 de setiembre de 2024.

Alberto Fujimori ha sido, sin duda, la figura central de la política peruana en el siglo XX. Con claroscuros inevitables de mencionar, pero su paso por el poder marcó un antes y un después que hasta hoy perdura.

En su haber figuran la gran transformación económica, que revirtió el régimen estatista instaurado por el otro gran reformista del siglo pasado, Juan Velasco Alvarado, la misma que les permitió a Toledo y García llevar el crecimiento económico y la reducción de la pobreza a niveles impensados.

Fue responsable político también del cambio de estrategia antisubversiva que arrinconó a Abimael Guzmán y a Sendero Luminoso, aunque en ese trance haya tolerado la existencia de grupos paramilitares como el grupo Colina y se haya hecho de la vista gorda con violaciones a los derechos humanos (no obstante lo cual, resulta arbitraria su sentencia como autor mediato de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta).

Revolucionó el interior del país con una política de infraestructura popular (luz, agua, desague, colegios, postas, caminos rurales), con instituciones superlativas como Foncodes, que nunca antes se habían plasmado en el Perú (quizá su antecedente más cercano sea Cooperación Popular de Fernando Belaunde).

Contra lo previsto, logró firmar con gran inteligencia estratégica de Torre Tagle la paz con el Ecuador, un logro que se subestima mucho en el Perú pero que ha tenido un impacto mayúsculo en nuestra colocación geopolítica en la región.

Pero Fujimori fue un dictador explícito entre 1992 y 1995 y encubierto entre el 95 el 2000, cuando permitió que Montesinos destruyera las instituciones democráticas y la corrupción haga metástasis de una manera como hasta entonces nunca se había visto.

La segunda reelección lo terminó de pervertir al punto de paralizar, inclusive, las reformas económicas que había emprendido en su primer lustro (fruto de ello, hoy tenemos a Petroperú y Sedapal y un Estado elefantiásico, como muestras de lo dicho).

Fujimori fue extraordinario en lo bueno y en lo malo. Su recuerdo seguirá albergando por ello amores y odios eternos que seguirán marcando la política los siguientes lustros. Lo cierto es que pesar sus pasivos, entregó un país bastante más viable que el que recibió, que estaba al borde del colapso. El balance final lo hará la historia larga.

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[EN EL PUNTO DE MIRA] En el bicentenario de nuestra independencia, convendría pensar el Perú —desde el pasado hasta hoy— para saber cómo está en términos políticos y sociales. En las ciencias sociales existe un debate sobre el proceso de las sociedades a través del tiempo.

Algunos autores sostienen (cuestionando al marxismo) que las sociedades no tienen procesos evolutivos, que en su seno se encuentran continuidades del pasado y cambios. Si partimos desde este punto, al cual me adhiero, podríamos sostener que el Perú tiene dentro de sí el país de cuando recién se independizó. Parece un país en el que el Estado no es más que un botín que quienes llegan al poder buscan repartirse: arrasan con todo lo que encuentren a su paso para saciar su ambición más vil, la de tener dinero mal habido.

En los primeros años de la República los militares que asumieron la presidencia no pensaron en construir Estado, legalidad y ciudadanía, sino que pensaron llenarse los bolsillos; salvo prácticas excepcionales, como la del gobierno de Ramón Castilla (1856), con el primer Presupuesto Público y la liberación de los esclavos negros. El resto del tiempo hemos visto el saqueo de las arcas públicas, una situación que coincide conlaactualidad.

Podemos comprobar —desde la transición a la democracia— como quienes han gobernado el Perú —desde Alejandro Toledo, Susana Villarán, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski— han sido implicados en casos de corrupción con sumas cuantiosas de dinero. Todos ellos vieron en el Estado no la oportunidad de construir grandes proyectos nacionales, sino su botín de la guerra electoral ganada.

Pero no todo está perdido. Producto del crecimiento económico sin precedentes en el país, en las últimas dos décadas y media nuestra sociedad ha incrementado su clase media. Precaria, pero clase mediaal fin y al cabo. El mito del progreso y la educación ha tenido asidero, aún con colegios y universidades de pésima calidad. El sociólogo Danilo Martuccelli sostiene que en este país caótico, de cambios y retrocesos, se están gestando las bases de una sociedad democrática a futuro.

El paso a seguir para ello es pensar nuestro país y reeducarlo en humanismo. El modelo productivo imperante en el sistema educativo es importante, pero el humanismo lo complementa para que no exista el llamado “cholo barato”. Y para que en reemplazo del arribismo y la argolla, el mérito sea el motor de nuestrasociedad.

Que el dinero no se superponga al hombre y la mujer. ¿De qué sirven los viajes al extranjero si el mundo no ha pasado por renovar nuestras viejas prácticas? En Europa, por ejemplo, a pesar de su crisis, producir es tan importante como reflexionar para generar espacio público. Producir es tan importante como respetar los derechos laborales. Producir es tan importante como respetar los derechos sociales obtenidos durante décadas de luchas ciudadanas. Y producir es tan importante como educar a la sociedad.

Esos son los tiempos modernos

Si los seres humanos fuésemos enteramente racionales, seríamos como los vulcanos de la profusa serie Star Trek. Pero eso significaría que no seríamos humanos. No solamente tenemos sentimientos, sino que disfrutamos de ellos. Los sentimientos son además difíciles de expresar verbalmente y por ello se canalizan de otras maneras, principalmente, mediante la violencia y el arte. Dado que la primera opción es antisocial, debemos preferir siempre la segunda. El arte tiene como fin entender qué es vivir como humanos, pero no mediante la razón sino a través de la expresión. Cuando se dice que “ser de la U es un sentimiento” se afirma un hecho correcto. No hay razones para ser hincha de la U, como tampoco del Alianza, del Boys o del Cristal. Tales afiliaciones no se tienen que explicar. Se sienten, solamente y con ello debería bastar. Nunca habrá buenos argumentos para justificar una identificación u otra. De hecho, en tales casos los razonamientos sobran.

Tanto la ausencia de sentimientos como su exceso nos causan problemas. Deberíamos reconocer que la dificultad para empatizar con lo que acaece a nuestros semejantes como el exceso de sentimentalismo nos pueden volver igualmente injustos y crueles. En los casos en los que debemos buscar la justicia y la verdad, los sentimientos o la ausencia de ellos pueden igualmente nublar el juicio.

El viernes 6 de setiembre la especialidad de Filosofía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos invitó al biólogo Luis Arbaiza a ofrecer una charla titulada “Feminismo y biología”. Conozco personalmente al ponente y por tanto puedo atestiguar de primera mano su ánimo polémico, como también pedagógico. En un par de ocasiones ha expresado opiniones que no me resultaron convincentes (específicamente, sobre educación y sobre los transgénicos). Pero de tales discrepancias no pude inferir que estaba conversando con un fanático o un desinformado. Arbaiza es un humanista tanto porque su conocimiento va más allá de la biología (se interesa también por las artes y especialmente por la literatura) como por su actitud abierta al conocimiento y al diálogo.

En su charla (a la que no asistí, de modo que mi comentario puede ser parcial) presentó datos que enlazó con argumentos en contra de la teoría feminista hegemónica y los estudios de género. Porque he conversado con él muchas veces, no se puede sostener que sea un misógino, un transfóbico ni mucho menos un homofóbico. Arbaiza es abiertamente gay y promueve una visión peculiar sobre dicho estilo de vida, con el que podemos estar de acuerdo o no.

Muchos asistentes a la charla expresaron su disgusto por las tesis propuestas por el ponente y generaron una ola de rechazo que llevó a la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad a comunicar que la responsabilidad de la invitación recaía exclusivamente sobre la especialidad de Filosofía, como dando excusas y expresando disculpas por haber traído al campus a Luis Arbaiza.

Pero los argumentos contra su ponencia no eran argumentativos sino únicamente sentimentales. Arbaiza estaba equivocado, según quienes protestaban, porque ofreció datos y argumentos que ofendían a una parte de la comunidad universitaria, a las mujeres y a los grupos LGTBI.

Es cierto que una ponencia académica, que se ubica en el espacio de la razón, no debe buscar jamás la ofensa porque ello implica necesariamente cruzar los límites de la argumentación razonada. Pero de ello no podemos inferir que un dato o un argumento están errados porque son ofensivos. Lo que me puede ofender es ilimitado: mis sentimientos pueden ser agredidos por el color de una corbata o un corte de cabello, por una preferencia musical o simplemente por el color de piel de una persona con la cual tengo que interactuar. Por eso una ofensa solo puede ser respondida con otra ofensa o bien, como resulta más aconsejable, con la absoluta indiferencia. En cambio, un argumento solo puede ser respondido con otro argumento, que consideremos mejor.

La ciencia ofende constantemente mi sentido común. Y no puede ser de otra manera. El sentido común me dice que hay un “castellano correcto” pero la ciencia me dice lo contrario y, de hecho, la ciencia lingüística me informa que ni siquiera se puede decir que exista el castellano sino como mero constructo social. El sentido común me dice que el Sol sale por el este y se pone por el oeste. Pero sabemos por conocimientos básicos de cosmología que eso es una mera ilusión. Ya hay muchos filósofos y científicos que han cuestionado el libre albedrío, lo que sin duda ofende dos corrientes de pensamiento que aprecio, como son el existencialismo y el liberalismo.  

Los motivos para ofenderse son ilimitados. Muchos todavía se sienten ofendidos por la evolución, otros se sienten ofendidos por la ley de la oferta y la demanda, otros tantos se pueden legítimamente ofender cuando la biología nos señala que la sexualidad no es binaria. Sentirse ofendidos por argumentos basados en evidencia nunca lleva a nada, salvo a la sinrazón y el ánimo de censura. Lo correcto frente a un argumento que nos parezca débil o falaz es desarrollar argumentos que consideremos sólidos y no falaces. Un argumento no es mejor ni peor, una teoría científica no es más ni menos certera por el solo hecho de que afecte los sentimientos de la mayoría.

Una Universidad debe ser el espacio de la razón, de la verdad, de la ciencia y de la justicia. En ella se puede y se debe discutir apasionadamente siempre y cuando dicha pasión esté impulsada por un interés sincero por llegar (o reconocer que no se puede llegar) a la verdad. Se dice que Karl Popper y Ludwig Wittgenstein, dos de los filósofos más influyentes del siglo XX, discutían de manera tan ardorosa que debían ser apaciguados por sus colegas. Ambos personajes son admirables porque siempre ponían su pasión al servicio de la verdad. Cuando se procede de esa manera, la competencia permite que las ideas en conflicto se afinen y mejoren. No será posible tomar provecho de una polémica si una de las posturas es cancelada.  

Así, quienes no estén de acuerdo con las ideas de Arbaiza deberían procurar rebatirlo dentro del plano científico, no del sentimental. De especial interés es observar que hay una crítica fundamental a la teoría de género y la teoría queer, a saber, que se niega a dialogar con la biología y, en especial, con la evolución. El presupuesto de que los seres humanos somos animales especiales, radicalmente distintos a las demás especies porque somos tábulas rasas definidas por cuestiones meramente sociales y nunca biológicas me resulta de una ingenuidad insondable y, sobre todo, de una ignorancia radical. Llamo “ignorancia radical” no al no saber sino a la persistencia en no querer saber. La ignorancia por sí sola es un rasgo común a todo miembro de nuestra especie. No lo es, en cambio, la indiferencia ante el conocimiento. En otras palabras, no saber no es un pecado, pero sí lo es no querer saber. El origen de la filosofía y de la ciencia se halla precisamente en la consciencia de la ignorancia, en darse cuenta de que el sentido común puede ser efectivo en cuestiones comunes, pero completamente errado en la aventura de conocer el mundo hasta donde nos sea posible.

Los datos se contrastan. Los argumentos se critican. La justicia solo puede fundarse en el discernimiento de la verdad. Es cierto que la Universidad no debe dar cabida a charlatanes que medran de la ignorancia de las masas. Pero esta regla no se puede confundir con la censura. La Universidad debe ser un espacio privilegiado en el que el debate debe estar siempre abierto para quienes tengan algo que aportar a él. Cuestionar la teoría feminista hegemónica o la teoría queer no significa sacrificar la dignidad de las mujeres, gays, lesbianas o trans.

Hemos llegado al consenso de que la vida humana es invaluable, que la dignidad de toda persona debe ser el centro de la moral universal, que ninguna orientación sexual, como ningún color de piel, disminuye el valor de una persona y que ser mujer no puede querer decir que ella deba estar sometida al varón. Hemos llegado al consenso de que todo ser humano, sin importar su origen étnico o social, tiene el mismo derecho a la búsqueda de la felicidad y la prosperidad.

Pero no es posible sostener este consenso huyendo del debate científico y de la razón. Marx sostuvo que los filósofos debían pasar de entender el mundo a transformarlo. Este dictum es provocador y persuasivo. Sin embargo, a él se le puede responder observando que no es posible transformar algo si no se lo entiende. Así, las raíces biológicas del ser humano no se pueden negar, a menos que adoptemos el dogma de que somos seres desprendidos de la naturaleza. Y ciertamente nuestra naturaleza puede contener maravillas, pero también abismos y vilezas de los cuales sobre los cuales es mucho mejor tener consciencia precisamente para domesticarlos utilizando la razón. Dedicarse a las letras, las artes y las humanidades insistiendo en ignorar la animalidad de la cual descendemos es persistir una ilusión.

La ponencia de Luis Arbaiza fue seguramente provocadora y por ello mismo resultó ofensiva para muchos. Pero la provocación (cuando es fundamentada, no cuando está inspirada en la charlatanería) es necesaria para cuestionar nuestras creencias. Temer a la polémica razonada es una actitud contraria al espíritu fundante de la Universidad. La Universidad no debe estar al servicio del cliente, ni del poder, no debe ser un espacio de confort ni un lugar en el que el estudiante esté protegido de las ideas que lo cuestionen sino todo lo contrario. Es un espacio, por definición, político, en el sentido en que es allí donde debemos gestionar el disenso, orientados por un solo fin, que es la búsqueda de la verdad.

Las ideas que nos cuestionan pueden doler. Pero también duelen los ejercicios en un gimnasio. Aceptamos ese dolor porque nos hace más fuertes. La conformidad, en cambio, nos debilita y nos convierte en sujetos fácilmente manipulables. Sin sentir desafíos, sin la capacidad de enfrentar la contrariedad, no se puede fortalecer el pensamiento.  

El crimen organizado ha dejado de ser una fuerza oculta que opera en las sombras. Hoy en día, en América Latina, y en el Perú en particular, las organizaciones criminales no solo influyen en la economía y la sociedad, sino que también han logrado infiltrarse en las instituciones del Estado. Este fenómeno, conocido como gobernanza criminal institucionalizada (GCI), representa una amenaza estructural para la democracia y el estado de derecho.

La GCI se caracteriza por la capacidad de las organizaciones criminales para infiltrarse en el Estado en todos sus niveles. Esto va más allá de la simple corrupción; implica la inserción estratégica de sus representantes en posiciones clave dentro del poder ejecutivo, legislativo, judicial y de las fuerzas del orden. Desde estas posiciones, las organizaciones criminales influyen directamente en la toma de decisiones, asegurando que las políticas públicas y leyes se adapten a sus intereses. Esta infiltración sistémica no solo facilita la operación del crimen organizado, sino que lo convierte en una fuerza que actúa desde dentro del aparato estatal, transformando al Estado en un cómplice activo de sus actividades ilegales.

El sociólogo italiano Diego Gambetta, en su obra «La mafia siciliana: El negocio de la protección privada», ofrece un marco teórico útil para analizar este fenómeno. Gambetta describe a la mafia como un «proveedor de protección privada» en contextos donde el Estado es débil o ineficaz. En lugar de operar exclusivamente al margen del Estado, la mafia asume roles que normalmente corresponderían al gobierno, brindando seguridad, arbitrando disputas y aplicando su propia forma de justicia en las comunidades que controla.

En el contexto de la GCI en Perú, el análisis de Gambetta sugiere que las organizaciones criminales no se limitan a buscar beneficios económicos. También llenan vacíos de poder dejados por un Estado debilitado o corrupto, convirtiéndose en una forma de gobernanza paralela. En regiones donde el Estado no tiene la capacidad o la voluntad de intervenir de manera efectiva, estos grupos criminales ofrecen «protección» y otros servicios. Sin embargo, este «servicio» tiene un costo elevado: la erosión de la legitimidad estatal y el fortalecimiento del poder criminal.

Además, Gambetta destaca el papel de la corrupción y la confianza como factores clave en la expansión del poder criminal. Las organizaciones criminales dependen de la corrupción para penetrar en las estructuras estatales y, una vez dentro, colaboran con actores estatales corruptos para mantener un status quo que beneficia a ambas partes. Este sistema de complicidad perpetúa la desconfianza en las instituciones públicas y debilita inexorablemente el estado de derecho. Las pasadas y recientes exposiciones de redes criminales que han cooptado fiscales, jueces y altos funcionarios ilustran cómo esta complicidad opera en la práctica, minando la capacidad del Estado para actuar en favor del bien común.

La infiltración de las organizaciones criminales en el Estado también permite que estas «legalicen» sus actividades ilícitas. Esto se manifiesta en la promulgación de leyes que favorecen a sectores controlados por el crimen organizado o en la promoción de funcionarios públicos y autoridades electas afines que protegen sus operaciones. Así, lo que en principio es ilegal se normaliza y se presenta como parte del funcionamiento regular de las instituciones estatales. Un claro ejemplo en el país es la influencia de estas organizaciones en la regulación de actividades económicas extractivas como la minería ilegal, donde el crimen organizado controla desde la extracción hasta la comercialización, con la protección de actores estatales.

Por último, la GCI no es solo un problema de corrupción o crimen organizado; es una amenaza estructural a la democracia y al estado de derecho. Las organizaciones criminales, al capturar las instituciones del Estado, se convierten en actores internos que controlan y manipulan el sistema desde dentro, subvirtiendo su propósito original. Este fenómeno erosiona la legitimidad del Estado, perpetúa la corrupción y socava la capacidad del Perú para gobernarse de manera efectiva y justa. En consecuencia, al próximo gobierno no solo le corresponderá enfrentar a las mafias enquistadas en las instituciones estatales, sino también impulsar una reforma profunda de las instituciones y revalorizar el estado de derecho, restaurando la confianza pública y fortaleciendo la democracia.

Hace unas pocas semanas, en Chicago, en la convención del Partido Demócrata que nominó a Kamala Harris como candidata a la presidencia de los Estados Unidos, un discurso llamó poderosamente mi atención: lo pronunció el ex – representante republicano Adam Kinzinger, quien renunció a su partido porque Donald Trump lo había alejado de principios irrenunciables ¿cuáles eran esos principios irrenunciables? La democracia, el respeto a la Constitución que Kinzinger, desde su visión conservadora, interpreta como un legado de sus antepasados, que hay que defender.

Se dolía Kinzinger, de que el 6 de enero de 2020, una turba enardecida, arengada por Trump, hubiese asaltado el Capitolio, allí donde sesiona el Congreso de Estados Unidos, debido a que se negó a aceptar el triunfo electoral del candidato demócrata Joe Biden, su actual presidente. Ese día, dijo Kinzinger, fui testigo de un profundo dolor, fui testigo de la profanación de nuestra sagrada tradición de transición pacífica del poder. ¿Cómo puede un partido afirmar ser patriótico si idolatra a un hombre que intentó derrocar unas elecciones libres y justas?

Por esos mismos días, en el extremo sur de nuestro continente, al izquierdista presidente chileno Gabriel Boric, opuesto ideológico a Kinzinger,  no le temblaba la voz para denunciar la perpetración del fraude electoral del dictador Nicolás Maduro en Venezuela. Además, el joven mandatario denunció que dicha dictadura estaba violando los derechos humanos y denunció: “se está reprimiendo a la gente que se está manifestando, se están realizando persecuciones judiciales que son irrisorias y que no serían aceptables en nuestro país ni en ningún otro país democrático».

¿Qué tienen en común los discursos de Kinzinger y de Boric? Un conservador de derecha y un progresista de izquierda, pues precisamente que pusieron por encima de sus ideologías, un principio común, un ideal común, unos derechos comunes, inalienables, que constituyen la base, las reglas del juego dentro de las cuales debe situarse necesariamente el debate ideológico: la democracia, la constitución, las leyes, los derechos humanos.

el Doctor Alfonso López Chau, Rector de la UNI, suele referir el preámbulo de la Constitución de 1979, la única auténticamente democrática de la historia del Perú, y nos la recuerda porque fue firmada Roberto Ramírez del Villar, del PPC, Andrés Townsend Escurra, del APRA, Héctor Cornejo Chávez la Democracia Cristiana, reciente aliada de Juan Velasco, y Jorge del Prado del satélite moscovita PCP. ¿Cómo pudieron ponerse de acuerdo si provenían de ideologías tan distintas y hasta opuestas? Porque existen principios básicos que preceden a las ideologías.

El académico Hugo Neira se lo lamentaba en su introducción a su estudio sobre la república y el republicanismo: “nos olvidamos de preguntarnos lo más simple; ¿para qué queremos vivir juntos?” No hacerlo nos complica y nos complica mucho. Nos complica tanto que, por analogía, a mí me recuerda el extraño caso de la casa Winchester, situada en California, Estados Unidos, llamada así por Sarah Winchester, mujer desafortunada que, perdió a su hija y a su esposo de manera dramática y consecutiva.

La mujer, en su desespero, creyó que la mansión donde vivía estaba embrujada por lo que hizo de esta un laberinto de habitaciones, pasillos y escaleras sin sentido. La casa tiene 161 habitaciones, 47 chimeneas y dos sótanos.

Así hemos construido al Perú en 200 años de vida independiente. Ojalá pudiésemos comenzar desde cero, el problema es que no existe un lugar para empezar desde cero, el problema es que tenemos que pensar qué hacer con el laberinto que hemos construido para convertirlo en un Estado funcional, en una democracia funcional en la que todas las ideas y las ideologías puedan confrontarse pero también consensuarse en busca del bien común.

¿Hubo proyectos nacionales en la historia del Perú republicano? ¿hubo intentos por hacer de la casa fantasma un estado-nación que funcione bien? Si los hubo, pocos, pero los hubo. Para situarnos solo en el siglo XX, tendría que citar el proyecto de Víctor Raúl Haya de la Torre, como un proyecto nacional, proyecto frustrado porque no lo dejaron ser.

Se interpuso la alianza oligárquico-militar y aquí otra advertencia: en el Perú no solo tenemos una casa fantasma, tenemos una casa fantasma que quiere seguir siendo tal, que está llena de corrupción, que está llena de autoritarismo, que no deja de construir, una y otra vez, habitaciones que no llevan a ninguna parte, ¡así se multiplican!, ¡así se reproducen!, ¡así proliferan!, ¡así nos niegan el desarrollo!, nuestro desarrollo, el desarrollo de toda la nación, el de los peruanos que llegan y los que vendrán.

Me quedo con una idea del proyecto de Haya de la Torre, una idea que suena a perogrullada pero que está más vigente que nunca: en lugar de expulsar al capitalismo, como decían los comunistas, tenemos que negociar de igual a igual con él para obtener así los capitales y la tecnología que nos permitan desarrollarnos a nosotros mismos. Los comunistas de hace 90 años no lo entendieron pero ¿no se trata de eso? ¿no se trata de la revolución capitalista que nunca hemos tenido?

Pero ¿qué es la revolución capitalista?: en las cumbres altoandinas existe una familia que posee una granja en la que cría camélidos y gallinas, cuenta con instalaciones adecuadas para su cuidado en la temporada de las heladas, produce lanas y huevos que comercializa en los mercados cercanos, lo que le permite una aceptable calidad de vida. Los padres conducen una camioneta cuatro por cuatro que pagan a plazos y son propietarios de una vivienda de mediano tamaño que cuenta con internet, calefacción, agua, desagüe y todos los servicios.

Durante las nevadas, los padres llevan a sus hijos al paradero más cercano, donde puntualmente el bus del transporte público, que también cuenta con calefacción, los llevará a la escuela del pueblo más cercano. Esta escuela es similar a cualquiera otra escuela pública de Lima y del país, su nivel es bueno, los profesores tienen exactamente la misma formación y más adelante, si el niño o niña, al hacerse joven, deciden ir a la universidad, pueden tomar un moderno ferrocarril hasta la ciudad más cercana donde una moderna y muy barata universidad estatal les brindará servicios educativos de primer nivel y no solo en el área de agronomía, podrían estudiar filosofía si quieren y tendrán salida laboral para su carrera.

Lo que acabo de hacer es transferir la situación de una familia rural europea -postrevolución capitalista- al Perú, para que se comprenda qué es lo que se busca, que es lo que se quiere. Una vez instaurado el Estado como debe ser, sus servicios como deben ser, la igualdad de oportunidades como debe ser, el civismo y la ciudadanía, como deben ser, entonces habremos sentado esa base de principios y derechos fundamentales a la que han apelado recientemente el ex – representante republicano Adam Kinzinger y el presidente chileno Gabriel Boric. Esa base coloca primero a la democracia y el respeto a la Constitución, que parte de un contrato social ya convertido en costumbre e implica, además, la previa revolución capitalista del Estado y de sus servicios.

Entonces discutiremos las ideologías, sabiendo que no cederemos a la tentación autoritaria, ni de la derecha, ni de la izquierda, ni, mucho menos, a la perversa tentación de la corrupción. Por eso yo creo que el primer debate es la democracia. No la demos por sentada, solo nos quedan sus ruinas y, con todo, hay sectores organizados que pugnan por acaban con cualquier atisbo de independencia de los poderes del Estado en su propio y pérfido beneficio.

Es que yo tengo la certeza, tengo el pleno convencimiento, tengo un sueño, como alguna vez dijese el reverendo Martín Luther King, de que la democracia, sus reglas de juego, los derechos irrenunciables que nos otorga, y la revolución capitalista, constituyen la base para forjar la nación que hace un Bicentenario nos está esperando. Con esta base, esta nación ya forjada dialogará, en democracia, republicanamente, los programas e ideales que mejor impulsen su desarrollo y que mejor interpreten los sentimientos más profundos del alma nacional. Construyamos el camino.

*Discurso pronunciado en la Universidad Nacional del Callao como parte del foro “5 Hélices para el Desarrollo” organizado por la Universidad Nacional de Ingeniería el pasado sábado 6 de septiembre de 2024.

[Música Maestro] El anuncio del retorno a los escenarios de Oasis, la banda británica que se convirtió en un fenómeno sociocultural entre 1994 y 1996, para luego establecerse como una de las agrupaciones más importantes del britpop con cuna en Manchester, alborotó para bien y para mal al cotarro rockero que ya comenzó a comer ansias sobre las fechas que vienen programándose para julio y agosto del 2025 en diversas ciudades del Reino Unido.

De inmediato circularon notas celebrando este regreso, denominándolo el acontecimiento musical más importante de los últimos tiempos. En redes sociales, en cambio, el ingenio de los cibernautas expertos en memes también se activó con páginas que daban recomendaciones sobre cómo recuperar el dinero pagado por las entradas cuando se cancelen los conciertos y una supuesta filtración de los primeros ensayos del grupo que mostraba a dos personas liándose a puñetazos en medio de la calle.

Ocurre que, en los predios de la crítica especializada y en círculos demelómanos empedernidos, para nadie es un secreto que la relación entre Noel (57) y Liam Gallagher (52) es de todo menos cordial. Sus mediáticas peleas y agresiones verbales, muchas veces delante del público, se hicieron incluso más legendarias que sus triunfos comerciales, una sucesión de exitosos álbumes que se convirtieron en clásicos de los años noventa, gracias a su imagen de juvenil rebeldíaoptimista aunque algo cínica- y un sonido accesible, aspectos ligados al rock clásico del que se nutrían -especialmente los Beatles y sus derivados-, opuestos a la desolación depresiva y las disonancias sónicas del grunge norteamericano.  

Con motivo de ello, y aprovechando que hace unos días, para ser precisos el pasado 5 de septiembre, se celebró en algunas ciudades el Día Mundial del Hermano (¿?), me animé a hacer un recuento de aquellas bandas con presencia de dos o más integrantes de la misma familia, en distintas épocas y géneros musicales.

NOTA: Si haces click en cada artista, verás una de sus canciones

El primer caso que viene a la mente es el de los hermanos Ray (80) y Dave Davies (77), líderes de The Kinks, una de las bandas más importantes de la Invasión Británica, detrás de los Beatles y los Rolling Stones. Conocidos por pasar largas temporadas sin hablarse, incluso estando en medio de grabaciones o giras, los Davies disolvieron oficialmente la banda en 1997. Desde entonces, los intentos por reunirse se han frustrado, tanto por temas de salud -Dave tuvo un infarto en el 2004- como por los problemas y discusiones entre ambos por diferencias musicales y artísticas.

Una historia aun más explosiva fue protagonizada por Don y Phil Everly, The Everly Brothers, de enorme influencia en los primeros años del rock and roll. Conocidos por su imagen amable, cándida y unida, sorprendieron a su público en 1973 con una intensa pelea sobre el escenario que terminó con Phil lanzando su guitarra acústica al piso mientras un alcoholizado Don trató de sobrellevar el concierto, cantando solo. Aquel pleito era, sin embargo, la punta del iceberg de una serie de problemas que persiguió a los hermanos -fallecidos en 2021 y 2014, respectivamente- y que marcó sus carreras antes y después de aquel incidente.

Un caso similar es el de Chris (57) y Rich Robinson (55), voz y guitarra de The Black Crowes. El notable grupo de blues-rock tuvo una serie de altibajos que los llevó a la separación en el 2015, año en que los Robinson dejaron de dirigirse la palabra, una situación que se corrigió en el 2019 con un anunciado retorno que generó muchísima expectativa entre sus seguidores. También en esa década vimos surgir a famosas bandas con dos hermanos en su formación como por ejemplo los ingleses RadioheadJonny y Colin Greenwood (guitarra, bajo)-, los australianos The CranberriesMike y Noel Hogan (bajo, guitarra), Collective SoulEd y Dean Roland (voz, guitarras)– y Stone Temple PilotsDean y Robert DeLeo (guitarra, bajo), ambos de Estados Unidos.

El rock clásico es pródigo en esta clase de grupos, la mayoría de los cuales llevaron la fiesta bastante en paz, sin que eso signifique que estuviesen exentos de problemas. Desde Canadá conocimos a los Bachman-Turner Overdrive, con Tim, Robbie y Randy Bachman, que surgieron en 1973 tras la salida del último de The Guess Who y se separaron por discusiones económicas e intereses musicales diferentes. The Allman Brothers Band por su parte, mantuvo su nombre aun cuando uno de sus miembros, el guitarrista Duane Allman(1946-1971), falleció cuatro años después de haber fundado la banda con su hermano, el cantante y tecladista Gregg (1947-2017). A través de los años, el grupo conservó esa aura de colectivo familiar, la misma que se ha extendido a la segunda generación de sus principales integrantes, en el proyecto The Allman Betts Band. Otro ejemplo, menos conocido, es el de Edgar y Steve Broughton, guitarra y batería de la setentera The Edgar Broughton Band.

Y si se trata de colectivos familiares, tenemos a instituciones de la música de todos los tiempos como el trío australiano de Barry (78), Robin (1949-2012) y Maurice Gibb (1949-2003), los eternos Bee Gees; el dúo Carpenters, Karen (1950-1983) y Richard (77); o los también norteamericanos The Beach Boys, quinteto en el que alternaron Brian (82), Carl (1946-1998) y Dennis Wilson (1944-1983). Cada una de estas entidades artístico-familiares dejaron imborrableshuellas en el panorama de la música popular. Y se llevaron casi siempre bien, aunque ninguna estuvo 100% libre de conflictosinternos debido a adicciones, enfermedades y malos tratos entre sus integrantes.

Otro caso de hermanos rivales se dio a finales de los ochenta, en una de las bandas pioneras de lo que hoy todos conocemos como indie-rock. Me refiero a los escoceses The Jesus & Mary Chain, quinteto liderado por Jim (62) y William Reid (65), quienes podrían haber terminado presos por las incontables veces que se pelearon a gritos y golpes frente a su enfervorizado público. A pesar de las tensiones permanentes entre ambos, el grupo mantuvo una carrera medianamente estable, gracias a esa impredecible y cambiante dinámica, hasta 1998.

En las arenas de lo independiente, podemos mencionar a grupos como CocoRosie, de Sierra y Bianca Casady, lideresas del indie-popfeminista; los estridentes suecos The Hives, con Per y Niklas Almqvistcomo cabezas de serie; el dúo canadiense de música electrónica Boards Of CanadaMichael y Marcus Sandison-; el trío judío-norteamericano de pop acústico Haim integrado por las hermanas Alana, Danielle y Este Haim; y los también canadienses Arcade Fire, que estuvo durante veinte años liderado por Win y Will Butler, con este último abriéndose en el 2021 para perseguir sus propios proyectos.

Si hablamos de hard-rock, no podemos hacerlo sin mencionar a Van Halen y Ac/Dc. Eddie (guitarra, 1955-2020) y Alex Van Halen(batería, 71), nacidos en Holanda, pero llegados a los Estados Unidos durante su adolescencia, marcaron época por su increíble destreza como instrumentistas y por llevar siempre con mano férrea todos los negocios y caminos artísticos de su grupo. En cuanto a la locomotora australiana de blues-rock, las electrizantes guitarras de Angus (69) y Malcolm Young (1953-2017) fueron ejemplo de unidad fraterna cuatro décadas. En ambos casos, tras los fallecimientos de Eddie y Malcolm, siguieron adelante con sus descendientes -Wolfgang Van Halen, hijo de Eddie; Stevie Yong, sobrino de Malcolm- recordando también el caso de los británicos Led Zeppelin, que regresaron en el 2007 con el hijo de John Bonham, Jason, como baterista.

El rock de los ochenta no puede entenderse sin pensar en los Porcaro -Jeff (1954-1992), Mike (1955-2015) y Steve (67)-, de Toto, eximios músicos que nos dejaron grabaciones orientadas al público convencional sin comprometer su elegante calidad y filo rockero/jazzero. En la otra orilla, la experimental y arriesgada -no menos importante, por cierto- tenemos a los extravagantes Devo, integrado por dos parejas de hermanos, Gerald y Bob Casale (bajo, guitarra, voces), y Bob y Mark Mothersbaugh (teclados, guitarras, voces). Entre los británicos ochenteros, recordamos también a The Psychedelic Furs (Tim y Richard Butler, bajo y voz), con su onda post-punk; y los sofisticados Spandau Ballet (Gary y Martin Kemp, teclados y bajo), Otros australianos, el sexteto INXS, tuvo como base a Andrew, Jon y Tim Farriss, cuya sana relación familiar mantuvo a flote al grupo incluso después del lamentable suicidio de Michael Hutchence (1960-1997), aunque con poca suerte en el intento de reemplazar a tan carismático vocalista.

El heavy metal también ha aportado lo suyo. Desde los alemanes Scorpions, de sonido vertiginoso y accesible, que tuvo en sus filas entre 1969 y 1979 a los guitarristas Rudolph (76) y Michael Schenker(69) –“mi hermano mayor es un “bully” (abusivo). Y yo no soporto a los bullies” llegó a declarar el genial guitarrista antes de retirarse a hacer su propio camino- hasta los brasileños Max (55) e Igor Cavalera(54) de la banda de thrash Sepultura -hoy reciclados en Cavalera Conspiracy-, que se separaron por agrios desencuentros sobrederechos de autor y regalías después del influyente álbum Roots (1996), hay varios casos de hermanos que prolongaron su vida casera en la ruta del rock duro.

Por ejemplo, podemos mencionar a los iconos del metal cristiano, Stryper -Michael (61, voz y guitarra) y Robert Sweet (64, batería)-; la banda de Dimebag Darrell (1966-2004) y Vinnie Paul (1964-2018), Pantera, amos del groove metal; o dos legendarias bandas de géneros extremos como los norteamericanos Deicide, con sus guitarristas fundadores Eric y Brian Hoffman; y los polacos Decapitated, liderados por Wacław y Witold Kiełtyka (guitarra y batería). O podemos citar el caso de otros Gallagher, John y Mark, de Raven, grupo británico de culto que viene rodando desde hace más de 45 años. O los franceses Gojira, recientemente célebres por su participación en la inauguración de los Juegos Olímpicos de París. El guitarrista/cantante Joe Duplantier y su hermano Mario, baterista, fundaron este quinteto de death metal melódico que publicó su álbum debut en el 2001.

Los gemelos Chuck (75) y John Panozzo (1948-1996), la sección rítmica de Styx, fueron fundamentales en el sonido de este quinteto de prog-rock en su época más exitosa, entre 1975 y 1984. No podemos pasar por alto, en este estilo, el trabajo de Gentle Giant, con los multi-instrumentistas y cantantes Derek, Phil y Ray Shulman organizando esas complejas composiciones que tenían de jazz, música barroca/celta y power-rock. Por su parte, los inclasificables Cardiacs tuvieron en los hermanos Jim y Tim Smith a los conductores de este combo londinense que pasó por todos los géneros posibles, desde el progresivo y la psicodelia hasta el post-punk, la electrónica y el jazz.

Heart, otra institución del rock clásico, con Ann (74) y Nancy Wilson (70) al frente, sigue rockeando con admirable vitalidad tras cincuenta años de trayectoria. Del mismo modo, aunque con menor difusión, las hermanas June y Jean Millington lideraron un cuarteto guitarrero femenino, Fanny, que inspiró a toda una comunidad de rockeras mujeres, desde The Runaways hasta The Bangles, banda de pop-rock revisionista de la onda Beatles/Byrds que tenía a Debbi y Vicky Peterson en guitarra y batería.

Y si seguimos explorando, encontraremos a Maggie, Terry y Suzzy Roche, de The Roches; Emily Strayer y Martie Maguire –ambas usando sus apellidos de casadas-, fundadoras de The Dixie Chicks(hoy simplemente The Chicks); o Andrea, Caroline, Sharon y JimCorr (The Corrs), agrupaciones que cultivan diferentes vertientes de la fusión del folk con el country y el pop. O a Kim y Kelley Deal, de The Breeders, interesante banda de rock alternativo, cuyas adicciones les ocasionaron más de una pelea, aunque siempre primó la química tan especial y característica que genera irrompibles conexiones, desde emocionales hasta psíquicas, cuando se trata de hermanos gemelos.

Earth Wind & Fire, reconocida agrupación de soul, R&B y funk, estuvo liderada por los medios hermanos Maurice (1941-2016) y Verdine White (73). En el mismo estilo, Sly & The Family Stone -Sylvester, Freddie y Rose Stewart-; Kool & The Gang -Ronald y Robert “Kool” Bell- y por supuesto no podemos olvidar a los colectivos de hermanos, como los Isley, los Neville, las Pointer o TheJackson 5, cantera de la que surgió un niño prodigio, Michael Jackson (1958-2009). Por su parte The Replacements -Bob y Tommy Stinson-, Bad Brains -Paul y Earl Hudson- y The Stooges -Scott y Ron Asheton- representan al punk en este listado. Y en el reggae, Ali y Robin Campbell dirigieron Ub40 hasta que las horribles tensiones entre ambos provocaron la salida del primero en el 2008 después de 30 años de exitosa carrera; mientras que Aston y Carlton Barrettfueron la sección rítmica de los Wailers de Bob Marley, inamovible entre 1970 y 1981.

La interacción entre hermanos suele dar una dinámica particular a todas estas bandas, a pesar de que en la mayoría de casos, los problemas hayan sido finalmente más fuertes que el intenso lazo sanguíneo que los une. Por ejemplo, Tom (1941-1990) y John Fogerty(79), de Creedence Clearwater Revival, terminaron enredados en fríostribunales y solo la enfermedad del primero logró acercarlos tras años de resentimiento. O como ocurre con Kings Of Leon, banda formada en 1999 por tres hermanos y un primo, Caleb, Jared, Nathan y Matthew Followill, que suelen pelearse constantemente entre ellos, en especial los dos primeros; todo lo opuesto a la armonía que reflejabanlos Osmonds, siete hermanos que surgieron como estrellas infantiles a fines de los sesenta y estuvieron vigentes hasta hace muy poco, con Donny (65) y Marie (64), haciendo largas temporadas de conciertos en Las Vegas.

Como vemos, por mucho que así lo crean sus fanáticos más fieles, los Oasis no fueron los únicos hermanos en el rock ni mucho menos. Y tampoco tienen exclusividad en aquello de llevarse pésimo. Y eso que no hemos cubierto los casos del jazz o la música en español, que darían para una columna entera. Porque, aunque también han sabido demostrarse profunda armonía, respeto y cariño fraterno, algunos hermanos realmente llegaron a extremos en eso de pelearse a cada rato, sin que les importe mucho poner en riesgo la estabilidad de susbandas.

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