Opinión

[La Tana Zurda] Barranco, el emblemático distrito limeño, en estos días celebra con fervor sus 150 años de fundación, consolidándose como un verdadero epicentro cultural y artístico de la capital peruana. Este entrañable rincón de la ciudad, conocido por su bohemia y su vibrante escena creativa, ha sido el hogar de artistas, poetas y músicos que han dejado una huella indeleble en su paisaje urbano. Con sus coloridas casas de estilo republicano, murales que narran historias de resistencia y tradición, y una oferta cultural que abarca desde galerías de arte contemporáneo hasta festivales de música, Barranco se erige como un faro de inspiración, reflejando la rica diversidad y el espíritu innovador de una comunidad que vive y respira arte.

Fundado un 26 de octubre de 1874, durante la presidencia de Manuel Pardo y Lavalle,
el primer presidente civil constitucional de nuestra historia republicana, Barranco celebra su aniversario con una serie de actividades, entre las que destaco la organizada por Barranco Open Studios, un verdadero foco cultural del distrito, y la de la galería de arte “José Antonio”, dirigida por el conocido promotor cultural José Alvarado Montoya. Me estoy refiriendo a eventos que no solo resaltan la riqueza artística de Barranco, sino que también fomentan un diálogo entre artistas y la comunidad, creando un espacio donde la creatividad se manifiesta y se comparte. Con talleres, exposiciones y presentaciones en vivo, la celebración se convierte en una vitrina del talento local y una invitación a redescubrir la esencia cultural del distrito. Veamos en detalle.

Este sábado 19 y domingo 20 de octubre, Barranco Open Studios buscará acercar una vez más (ya son siete las ocasiones prácticamente consecutivas que lo viene haciendo) a los vecinos y público en general a los talleres de los artistas residentes en el distrito tanto para observar sus obras como para tener una visión mucho más íntima y confidencial del proceso creativo de los creadores (artistas plásticos, artesanos, diseñadores, escénicos). Así se elabora una iniciativa que apoya, fomenta y difunde, en esencia, la labor creadora de quienes viven y trabajan en Barranco. Asimismo, el evento sienta un precedente para la regularización de los artistas visuales y apoya el crecimiento de las industrias culturales, alineándose con los esfuerzos de la Municipalidad de Barranco para establecer la cultura como un cuarto pilar del desarrollo sostenible.

Por su parte, la galería de arte “José Antonio” (jirón Junín 114) promueve a lo largo de este mes una serie de actividades bajo el nombre de Barranco Monumental. Lo hace en primer lugar con la Expo Tattu en colaboración con el estudio de arte Buda Blue Tatto. Asimismo, habrá un concurso de pintura para niños y adolescentes, desfile de moda y cortometraje, concurso de fotografía y murales, retrato en vivo, microteatro, cuentos cortos, exposición del perro peruano, performance, marionetas y mimos. El sábado 19 de octubre inaugurará la muestra colectiva “La expo 150 años” con reconocidos exponentes como Álvaro Suárez Vértiz, Miguel Ángel Velit, Sandra Moreti, David Rejas, Stefano Bermellón, Denny Rangel, Lili García Almeida o Borka Sattler, quien participa con retratos de dos entrañables poetas barranquinos: José María Eguren (1874-1942) y Catita Recabarren (1904-1992). Eguren, el autor de Simbólicas (1911), La canción de las figuras (1916), Sombra y Rondinelas (1929), fue a su vez pintor y fotógrafo. En la por entonces apacible villa-balneario de Barranco el poeta recibía a amigos y discípulos como Abraham Valdelomar, José Carlos Mariátegui, Martín Adán o Emilio Adolfo Westphalen. Y Recabarren forma parte de las autoras del periodo posmodernista junto con la argentina Alfonsina Storni y las uruguayas Delmira Agustini y Juana de Ibarbourou, las cuatro caracterizadas por posicionar a la mujer como sujeto del discurso poético. Fue una de las fundadoras de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas – ANEA y de la Asociación Cultural Ínsula, además de secretaria cultural en la Escuela Normal de Mujeres y compiladora en 1986 de una Antología de la mujer peruana.

En conclusión, el aniversario de Barranco no solo es una ocasión para celebrar su historia y legado, sino también una oportunidad para reflexionar sobre la vitalidad de su escena artística y cultural. A medida que el distrito se reinventa y se adapta a los tiempos modernos, es fundamental reconocer el papel de eventos como Barranco Open Studios o Barranco Monumental, que no solo destacan el talento local, sino que también fortalecen los lazos entre artistas y comunidad. En un mundo cada vez más globalizado, Barranco se mantiene firme en su identidad, recordándonos que la cultura es un motor esencial para el desarrollo sostenible y el bienestar social. Así, al mirar hacia el futuro, la continuidad de esta rica tradición cultural será clave para preservar la esencia única de este concurrido y turístico rincón limeño. Que viva Barranco.

La intención de voto por Keiko Fujimori no se debe a ella, se debe a su padre y la buena imagen mayoritaria que ha dejado en la población. Pero la lideresa de Fuerza Popular no ha hecho mérito alguno para encabezar las encuestas y, por el contrario, ya constituye causa nacional impedir que vuelva a pasar a la segunda vuelta.

Por lo pronto, si algo bueno ha tenido su complicidad gubernativa con el régimen de Dina Boluarte es que ya podemos anticipar cómo sería un gobierno del keikismo: una sumatoria de mercantilismo, autoritarismo y conservadurismo. Yendo a contrapelo de la herencia paterna, Keiko Fujimori ha destruido el fujimorismo original convirtiéndolo en un remedo pueril.

De liberal ni un pelo: lo suyo es mercantilismo puro, crudo, descarado. Normas y leyes hechas para favorecer a grupos de poder, como las AFP, a cambio del apoyo recibido en su financiamiento electoral. Y lo mismo sucedería con todos los que se acercaron a apoyarla económicamente en sus campañas.

Autoritarismo a carta cabal. Normas que pretenden socavar el Estado de Derecho y romper la separación de poderes, leyes para cooptar los organismos electorales, reformas que destruyen la vigencia de democráticos movimientos regionales. En este sentido, sí ha respetado la herencia de su progenitor.

Conservadora hasta la patología. Ha destruido la reforma universitaria y educativa, porque la considera liberal o caviar, entendiendo por ello, que se han admitido criterios básicos de actualidad como las políticas de género.

Un gobierno de Keiko Fujimori sería como el de Dina Boluarte, con alguna mejoría leve en cuadros tecnocráticos. Y, claro está, no es precisamente eso lo que el Perú necesita en estos momentos para salir de la profunda crisis en la que se halla.

 

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Fuerza Popular, Keiko

[La columna deca(n)dente] La relación entre el Congreso y la presidenta Dina Boluarte ha pasado de ser una interacción institucional a lo que podría considerarse una práctica extorsiva. Esta situación pone en evidencia cómo el Legislativo, dominado por Fuerza Popular (Keiko Fujimori), Alianza para el Progreso (César Acuña), Podemos (José Luna), y con la entusiasta colaboración de Perú Libre (Vladimir Cerrón), mantiene un férreo control sobre Dina Boluarte. La presidenta se encuentra atrapada en una posición que la coloca a merced de un Congreso cuyos intereses parecen estar más alineados con organizaciones criminales que con la búsqueda del bienestar público.

El Congreso cuenta con un despreciable 5% de aprobación, lo que refleja una profunda crisis de representatividad. Pese a ello, ha consolidado su control sobre Boluarte mediante prácticas que podrían calificarse como extorsión política. El hecho de que congresistas como Patricia Chirinos, quien sin ruborizarse admite la vigilancia y corrección constante que se le imponen a la presidenta, evidencia un desequilibrio de poder. Boluarte es mantenida en el poder bajo la condición de que no se desvíe de las necesidades e intereses de estos legisladores y sus aliados.

Este sometimiento encaja en la lógica de la extorsión: la presidenta debe cumplir con las expectativas impuestas por el Congreso, so pena de enfrentar una vacancia presidencial. La posibilidad de removerla del cargo es una amenaza latente, un recordatorio constante de que su permanencia depende de la voluntad de la coalición dominante del Legislativo.

La amenaza de la vacancia presidencial ha sido un recurso reiterado por el Congreso en los últimos años, convirtiéndose en una herramienta coercitiva para alinear al Ejecutivo con sus intereses. No es una simple cuestión de diferencias ideológicas, sino de control directo. Si bien Chirinos critica lo que percibe como una «vena izquierdista» en Boluarte, lo que realmente subyace en este conflicto es la necesidad de asegurar que la presidenta no se aparte de los lineamientos impuestos por la derecha política y económica del país. La vacancia actúa como el «arma nuclear» del Congreso, un mecanismo extremo pero efectivo para mantener la subordinación.

El Congreso ha logrado transformar la relación entre ambos poderes del Estado en una clara demostración de extorsión política. Esto no solo debilita la figura de Boluarte, sino que también pone en peligro el equilibrio democrático del país. La posibilidad de que un Congreso, con una aprobación tan baja y con intereses tan particulares, tenga la capacidad de manipular al Ejecutivo a su conveniencia es un síntoma alarmante de la degradación institucional.

La extorsión política a la presidenta Boluarte es solo uno de los múltiples síntomas de un sistema político que ha dejado de responder a las demandas ciudadanas. La subordinación del Ejecutivo al Congreso no es solo una lucha entre dos poderes del Estado, sino una batalla por el futuro de la democracia peruana. Si nuestra democracia tiene futuro, pasará inevitablemente por la recuperación de un equilibrio real entre los poderes del Estado y la erradicación de estas prácticas extorsivas que han deformado el sentido de la representación popular.

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Congreso, desaprobación, Dina Boluarte, Extorsión

El abogado César Nakazaki argumenta que, para que exista pertenencia a una organización criminal terrorista, esta debe estar activa en la actualidad y tener como objetivo usar la violencia para generar terror en la población o para tomar el poder político, como lo hizo Sendero Luminoso con sus atentados. “Movadef no ha realizado actos violentos ni ha planificado atentados; de hecho, intentaron inscribirse como partido político y fueron rechazados”, subraya.

Por otro lado, el periodista César Hildebrandt sostiene que Movadef ha sido un intento de crear una organización política electoral que ha renunciado a la lucha armada, en la que muchos de sus fundadores participaron en décadas pasadas. Apunta que Movadef «no tiene armas, no tiene vocación de actuar, no tiene un programa terrorista», por lo que no existe ninguna razón que justifique su encarcelamiento. Por el contrario, señala lo errado de cerrar el paso “a la conversión de una organización terrorista en un movimiento político avanzado”, brindándoles la condición de “terrorista perpetuo” a pesar de la ruta que elijan como organización. 

Años atrás, cuando se realizaron las primeras detenciones por Perseo, el periodista Gustavo Gorriti, tras revisar los fundamentos policiales, concluyó: “¿Existe alguna prueba, luego de todas las investigaciones, de que estos jóvenes desorientados estén siendo organizados hacia la violencia, de que se los esté preparando para la insurrección? Ninguna. No la hay en ninguno de los documentos que justifican esa operación”.

Desde distintos sectores políticos, tres personajes, cada uno reconocido en su medio, coinciden en un punto: condenar a los integrantes de Movadef en el juicio del caso Perseo sería un grave error del sistema judicial peruano, ya que no existen pruebas, razones ni sentido para hacerlo. 

Nosotros iniciamos este texto apoyándonos en sus dichos debido a que en los últimos tiempos se ha naturalizado invalidar a las personas que se animan a presentar argumentos que, de alguna manera, no favorezcan la quema en la hoguera de cada ex senderista que ha dejado las armas. La intención no es invalidarlos a ellos —aunque tal vez no sería posible hacerlo, sino destacar expresiones que han sido invisibilizadas, de personas que cuentan con cierto capital social para expresar sus ideas sin miedo a ser alcanzados por el “virus terrorista”. 

Si se ha logrado el cometido y estas líneas aun poseen validez para quien las esté leyendo, intentaremos desarrollar un tema sobre el que se ha impuesto una condena al silencio, a pesar de ser de gran relevancia.

El caso Perseo 

El caso Perseo, que intenta condenar a los miembros del Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), es crucial para el Estado de derecho y la calidad de la democracia en el Perú. En contraposición a la narrativa dominante, considero que una sentencia absolutoria sería un avance en el fortalecimiento de la democracia.

Es erróneo pensar que el juicio solo afecta a los procesados de Movadef. Más allá de que un Estado democrático no puede condenar sin pruebas, este caso tiene implicaciones más profundas. Validar los argumentos de la Policía y la Fiscalía implicaría aceptar que aún es posible el resurgimiento de la subversión y que existen grupos que la promueven, una lógica que sirve para criminalizar movimientos sociales que cuestionan el sistema vigente. Este mecanismo ha sido utilizado en diversos conflictos sociales, tanto por quienes defienden el medio ambiente como por aquellos que demandan una nueva constitución, acusándolos de estar vinculados a antiguos grupos subversivos. La estrategia en mención, conocida como «terruqueo», se basa en acusaciones sin pruebas. Una absolución en el caso Perseo desactivaría esa amenaza constante y permitiría abordar los conflictos sociales de manera distinta, debilitando la base del terruqueo.

Para dimensionar el riesgo que enfrenta la democracia, basta con revisar las declaraciones del exjefe de la Dircote, Max Anhuamán, quien sostiene que organizaciones populares como la CNUL y Conulp son “organismos de fachada”, en alusión a las estructuras de «organismos generados» de Sendero Luminoso. De igual manera, hace pocos días el presidente del Consejo de Ministros Gustavo Adrianzén sostuvo que Movadef estaría detrás del paro de transportistas. Se trata de la típica estrategia del terruqueo que busca invalidar cualquier demanda del grupo que es blanco de esta. Aquella estrategia hasta ahora no ha podido trascender, salvo casos muy específicos, a una abierta criminalización. Esto es así porque si bien en el imaginario colectivo se ha llegado a instaurar la idea de que hablar de “Movadef” es hablar de “Sendero Luminoso” y en consecuencia, de “actos de terrorismo” que deben ser detenidos por el Estado, aquella equivalencia aún no ha sido aceptada legalmente. Una sentencia que afirme que Movadef es una organización terrorista per sé significaría la criminalización de colectivos que suelen ser relacionados, o que efectivamente lo están, con esta agrupación, a pesar de no haber cometido ningún delito. 

El terrorismo y la condición perpetua 

El Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), a pesar de su conexión ideológica con Sendero Luminoso, a partir del Pensamiento Gonzalo, no ha incitado a la violencia ni a la insurgencia armada. Su objetivo principal es la participación política y la solicitud de amnistía para quienes han sido condenados por terrorismo. Aunque su discurso pueda ser polémico, y genere rechazo en una parte de la sociedad, no constituye un delito. Acusar a Movadef de ser una «fachada» del terrorismo sin pruebas de acciones delictivas específicas no justifica su criminalización.

En el caso de Perseo, no hay evidencia de que los miembros de Movadef hayan cometido actos terroristas; los cargos se basan en afinidades ideológicas y no en acciones violentas. No obstante, un punto controvertido es la mención del «Pensamiento Gonzalo» en sus documentos, que algunos consideran como un argumento fundamental para condenar a los procesados. Sin embargo, César Nakazaki aclara que “hablar del «pensamiento Gonzalo» no es un problema en sí mismo, a menos que se utilice para incitar a la violencia”.

Gustavo Gorriti, coincide en este punto: “El llamado “pensamiento Gonzalo” posterior a las negociaciones con Montesinos y sus asesores, no tiene nada que ver con lo que antes pasaba como tal. Abimael Guzmán consiguió parar intelectualmente de cabeza a su organización, persuadirla de la necesidad de creer en y defender posiciones que antes hubieran resultado anatema. El otrora ardiente enemigo del revisionismo terminó revisando todo”.

Otro aspecto controvertido es el de la pertenencia a una organización terrorista. La acusación establece una equivalencia simplista entre Movadef y Sendero Luminoso, asumiendo que todos los miembros de la primera son automáticamente terroristas. Sin embargo, esta afirmación ignora la complejidad del caso y la necesidad de pruebas concretas para vincular a un individuo con actos terroristas. Además, la definición de «pertenencia a una organización terrorista» es un tema jurídico complejo que requiere un análisis cuidadoso.

¿Qué significa pertenecer a una organización terrorista? César Nakazaki sostiene lo siguiente: » Lo que convierte al terrorismo en un crimen es la decisión de cometer delitos para generar terror, y para hablar de pertenencia a una organización terrorista, debe haber una organización actualmente cometiendo esos delitos”, lo cual obviamente no existe en la actualidad ni en perspectiva.

Acusar de terrorismo sin pruebas concretas viola el principio de presunción de inocencia, un pilar fundamental en cualquier sistema de justicia. Criminalizar ideas disidentes no solo instrumentaliza el sistema penal, sino que también contradice los principios de reintegración y justicia restaurativa. De acuerdo con el jurista italiano Luigi Ferrajoli, «el derecho penal no puede ser un derecho de enemigos, sino un derecho de ciudadanos».

Uno de los aspectos más graves en el caso Perseo es la idea del «terrorismo perpetuo», que sostiene que las personas que alguna vez formaron parte o simpatizaron con una organización subversiva lo serán de por vida. Este enfoque es jurídicamente insostenible y contradice los principios de reintegración del derecho penal.

El sistema jurídico peruano y el derecho internacional establecen que una persona que ha cumplido su condena o ha dejado de participar en actividades delictivas debe tener la oportunidad de reintegrarse a la sociedad. Catalogar a estas personas como «terroristas perpetuos» contradice los principios de justicia restaurativa y fomenta la radicalización al crear una dinámica de exclusión permanente.

En su obra “En busca de las penas perdidas”,  el jurista argentino Zaffaroni critica las penas que deshumanizan y excluyen a los individuos de la sociedad, argumentando que el objetivo del sistema penal debe ser la reintegración social y no la exclusión.

Condenar a los miembros de Movadef sin pruebas de actos violentos debilita la democracia peruana al mostrar intolerancia hacia ideas radicales, incluso dentro de la legalidad, erosionando el respeto por la diversidad ideológica. Castigar opiniones disidentes sin evidencia genera un clima de miedo y autocensura, lo que socava el pluralismo y la vitalidad democrática, como señala Ronald Dworkin al afirmar que la libertad de expresión protege, sobre todo, a las ideas minoritarias.

El caso Perseo es una prueba importante para la democracia peruana. Sentar un precedente de condena en este caso sería un retroceso. El verdadero triunfo sobre la subversión es la consolidación de una democracia fuerte que respete los derechos de todos, incluso de aquellos con los que no estamos de acuerdo.

Absolver en el caso Perseo simbolizaría la victoria definitiva del Estado sobre quienes fueron sus enemigos en décadas pasadas, porque estos, como tales, ya no existen.

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Caso Perseo, Democracia, drechos humanos, gorriti, Hildebrandt, Movadef, Nakazaki, subversion, Terrorismo, terruqueo

Ya nada que haga la presidenta Boluarte -considerando sus tremendas limitaciones- la hará remontar los altísimos índices de desaprobación que exhibe de modo creciente. Datum le otorga 92% de desaprobación y apenas 5% de aprobación (de 20 personas solo la aprueba una) e Ipsos le da 92% de desaprobación (igual que Datum), pero apenas 4% de aprobación (cae de 6 a 4%, un tercio menos en un mes).

La presidenta se desgañita diciendo que hay una suerte de terrorismo mediático que la golpea y que esa es la causa de sus cifras desaprobatorias. Es verdad que la mayoría de medios no le tiene simpatía alguna, pero está probado también que ya la prensa no influye en la sociedad como antes. Las causas de su situación son otras.

No hay una sola política pública que se precie de serlo a carta cabal, no hay una sola entidad estatalque haya mejorado desde que asumió el poder, no hay casi ministerio respetable, no hay obra pública relevante (se tiene que colgar de la inversión privada, como Chancay o el aeropuerto), no hay perdón sincero y reparación judicial por la enorme cantidad de muertos con laque estrenó su gobierno (al contrario, algunos ministros y el Premier siguen hablando de terrorismo subversivo detrás de la algarada).

A ello se suma la sumatoria de escándalos (Rólex, Cerrón, patinazos verbales recurrentes), que contribuyen a desdibujar la investidura presidencial, no haciéndola respetable.

Lo peor es que nada de eso va a cambiar, si no es para peor. Normalmente, en una situación de crisis semejante (agravada ahora con el resurgimiento de la protesta social en varios frentes), uno acude a cambios ministeriales radicales para refrescar el ambiente, pero ya se anticipa que -como ocurrió con el último- seríapara peor y no para mejorar.

Y que no se haga la desentendida de este desastre la izquierda, porque si tenemos a Dina Boluarte sentada en Palacio es porque ganó Pedro Castillo con el apoyo de toda la izquierda, inclusive la moderada. Lo único que cabe agradecer es que interrumpió el itinerario estatista y golpista de Castillo, pero fuera de ello Boluarte no tiene mérito que exhibir y las encuestas son el fiel reflejo de semejante estado de cosas.

La próxima semana, a partir del 21 de octubre, empieza la huelga general indefinida del Sutep, que, sin proponérselo, puede ser el catalizador que integre las protestas y paros que han empezado con los transportistas y que amenazan con escalar.

La protesta social alcanza niveles de intensidad política, es capaz de mover la aguja del tablero gubernativo, cuando abarca diversos sectores, es efectivamente nacional, y no tiene final previsto. Eso puede ocurrir a partir del 21 y harían bien los gremios sociales en buscar ponerse de acuerdo para ampliar las plataformas y no solo hablar de las extorsiones o del incumplimiento del régimen de ciertos acuerdos educativos.

Si a ello se le suman inteligentemente los actores principales de la clase política opositora, el resultado puede ser sísmico para el régimen, haciéndole sentir que su basamento en Fuerza Popular y Alianza para el Progreso solo le sirve para tener paz con el Congreso.

Aunque resulte sorprendente, la centroderecha debería sumarse a la protesta y apoyar el paro. Así sea por conveniencia política, este sector debiera tener claro ya hace rato que mientras más perdure Dina Boluarte mejor les va a ir a los candidatos radicales populistas, tanto de izquierda como de derecha, y ellos, por el contrario, serán subsumidos por la vorágine polarizante que el ahondamiento de la crisis va a generar.

No pinta bien la cosa para el 2026. No surge hasta ahora un líder convocante, que se encarame sobre el resto, convoque la unidad nacional y aglutine fuerzas dispares en favor de una refundación republicana y liberal. Quizás esta coyuntura de protesta social sirva para medir la talla de quienes aspiran a ocupar ese lugar, aunque hasta el momento el mutis es total (hasta la Confiep se ha pronunciado y no los partidos ni los líderes de la centroderecha).

Quien se ponga de perfil en esta coyuntura, en la que el pueblo se pronuncia en las calles, perderá toda capacidad de convocatoria futura. A ver si lo piensan un poco y se ponen las pilas.

La del estribo: una vez más gratitud a Alonso Cueto, quien en su club del libro nos manda a leer obras extraordinarias. Este mes tocó en suerte Eugenia Grandet, de Honoré de Balzac. Y en el teatro, vamos con expectativa a ver Brotherhood, obra argentina de la dramaturga y directora Anahí Ribeiro. Va en la Alianza Francesa desde el 15 de octubre hasta el 1 de noviembre. Entradas en Joinnus.

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huelga, paro nacional, Sutep

[Música Maestro] Hace años, cuando las únicas redes sociales eran Facebook, Twitter y YouTube -en tiempos sin Instagram, WhatsApp o IA- y que nadie escuchaba podcasts ni veía Netflix, creo que fue en el 2008 o 2009, apareció un comercial de radio -seguro algunos de ustedes lo recuerdan- en el que una chica «cantaba» en español algunas líneas de una cancioncita muy conocida y tontona, My humps, incluida en el CD Monkey business (2005), cuarta producción discográfica de ese insufrible pero megamillonario vendedor grupo mixto de pop y hip hop llamado Black Eyed Peas.

El tema central del comercial -aunque no logro recordar qué marca o producto anunciaba- era hacer notar, en tono de chacota, lo extraña que puede llegar a escucharse la letra en inglés de una canción muy conocida traducida a nuestro idioma. En el caso de My humps, mostraba lo ridícula que era, tan ridícula como las letras cantadas originalmente en español por personajes del reggaetón como Daddy Yankee, Karol G, Bad Bunny y ese larguísimo etcétera de clones que padecemos a diario. Paradójicamente, las mismas radios que propalaban el comercial repitieron y repitieron ese tema de Fergie, wii.i.am y compañía hasta convertirlo en superéxito, influidas desde luego por las coordenadas lanzadas desde los EE.UU. con esos artistasque venden montañas de discos cantando tonterías.

En esa línea, seguro también han jugado más de una vez a probar cómo suenan algunos nombres de bandas traducidas al español, como cuando Gerardo Manuel anunciaba a “la pequeña banda del río” (Little River Band, Australia), “la orquesta de la luz eléctrica” (Electric Light Orchestra, Inglaterra) o “tierra, viento y fuego” (Earth, Wind & Fire, Estados Unidos). O las clásicas malas traducciones, como ocurrió con la canción del recientemente la banda del fallecido Greg Kihn (1949-2024), The breakup song, incluida en su sexto LP, Rockihnroll (1981) que literalmente significa “La canción de la separación”) pero que era presentada por todos los disc-jockeys de la época como “la canción incompleta”.

Bueno, hago esta larga y tal vez innecesaria introducción porque, a pesar de haber escuchado el disco al cual me voy a referir cientos de veces y saber inconscientemente desde hace tiempo qué significa su título, no puedo ocultar que me sorprendió ponerme a pensar en su traducción literal: Madre de corazón atómico. Atom heart mother es el cuarto álbum del cuarteto británico Pink Floyd, lanzado en 1970 (inmediatamente después de ese experimento psicodélico titulado Ummagumma, de 1969, uno de los empaques más creativos de su tiempo y que supo adaptarse muy bien al formato CD) y el segundo de la banda sin el influjo lunático de Syd Barrett (1946-2006).

El título surgió a raíz de un artículo que la banda leyó en un periódico londinense acerca de una mujer embarazada a quien le habían colocado un marcapasos. Nada que ver… ¿no? La idea en sí misma no significa absolutamente nada, y no tiene ninguna relación ni con las canciones del disco ni con su carátula enigmáticamente sencilla: la foto de una vaca en medio de una pradera, en un día super claro. Ninguno de estos elementos tiene que ver entre sí ni con la banda en especial. Es más, como aseguró Storm Thorgerson (1944-2013), el diseñador oficial de las carátulas floydianas, esta desconexión es deliberada, hecha a propósito. Pero en la época calzó a la perfección con la onda psicodélica, esa onda de la cual Pink Floyd fue siempre uno de los más grandes representantes.

Este álbum, lanzado originalmente bajo el sello Harvest Records, divide a la fanaticada de Floyd entre los que lo consideran una de sus obras maestras y quienes piensan que es demasiado pomposo. El tema inicial, que tiene el mismo título, se denominó en un principio The amazing pudding (El postre sorprendente). O sea, nada que ver tampoco. Contiene algunas de las piezas fundamentales del sonido del grupo en esa época: If, Fat old sun, Summer 68 y Alan’s psychedelic breakfast -mini suite de trece minutos en tres partes- son canciones que uno espera escuchar de una banda como Pink Floyd en ese momento de su carrera, ni más ni menos.

Pero el tema central, que ocupa todo el Lado A de la versión original en vinilo y tiene una duración exacta de 23 minutos con 45 segundos, es simple y llanamente una de esas composiciones musicales que trascienden los límites de los territorios de rock and roll en los que fueron concebidas para convertirse en una entidad con vida propia, una cinemática obra musical con distintos niveles de emotividad, significado e interpretaciones múltiples capaz de colocar al oyente, tanto al iniciado como al experto, frente a un lienzo de distintas capas que merece más de una pasada para terminar de asimilarlo.

Años luz antes de que el término «fusión» se hiciera parte del vocabulario cotidiano de los cultores de ese nuevo rótulo llamado «Sonidos del Mundo» y que se pusieran de moda los acústicos-sinfónicos promocionados por la MTV hubo, en los años setenta del siglo pasado, gran cantidad de músicos aventureros y preocupados por llevar las cosas hacia adelante en cuanto a rock se refiere, gente como Deep Purple, The Mothers Of Invention, Procol Harum, los Beatles, entre otros, que comenzaron a incorporar en sus producciones discográficas el sonido de orquestas tradicionalmente asociadas a la música clásica para enriquecer sus composiciones básicamente rockeras, y así ampliar el panorama sonoro de un género que, posteriormente, demostró no tener fronteras al momento de la creación.

Pink Floyd, una de las bandas más arriesgadas y vanguardistas de su época, no se quedó atrás y lanzó, en esa línea, este Atom heart mother. Aunque sin muchas ideas conceptuales de por medio, las intenciones de Waters, Gilmour, Wright y Mason estaban dirigidas a conseguir un sonido épico y grandioso, sin alejarse del aura de misterio y psicodelia que ya habían exhibido en sus tres anteriores entregas. Sin embargo, posteriores análisis y apreciaciones acerca del álbum han deslizado conexiones con la mitología, vinculando a la «madre de corazón atómico» y la vaca de la carátula con la Vía Láctea, en su representación egipcia como un gran contenedor de leche nutricia como fuente de vida.

Conscientes de sus escasas posibilidades como orquestadores, convocaron a Ron Geesin, un pianista, arreglista y compositor que tenía una relación de amistad con Waters, a quien ayudó en la armazón del extraño collage de ruidos y efectos de sonido llamado Several species of small furry animals gathered together in a cave and grooving with a pict del LP anterior, y posteriormente trabajaría con él sampleando sonidos del cuerpo humano en la banda sonora de documental Music from the body, también de 1970. Esta colaboración entre Pink Floyd y Geesin fue perfecta para lograr los objetivos sonoros de la banda. Lo épico y grandioso, lo dramático y misterioso, lo psicodélico y espacial, todo confluye a lo largo de la suite, que en vivo fue pocas veces interpretada, algunas sobrepasando la media hora de duración.

De hecho, uno de los pocos registros en audio y video que existen de Atom heart mother en concierto están incluidos en un boxset de tres DVD titulado Pink Floyd: Video anthology 1966-1983, que no figura en la relación oficial de videos de la banda. En el disco 2 de esa colección, puede verse una presentación completa del tema en el Hakone Open Air Festival realizado en Japón, los días 6 y 7 de agosto de 1971. En esos quince minutos de metraje podemos ver también al grupo durante su llegada a la Tierra del Sol Naciente, en ela aeropuerto o recorriendo tiendas en la calle, como anónimos turistas.

El tema se grabó en los famosos estudios Abbey Road de Londres entre marzo y agosto de 1970 y para las partes orquestadas la banda contó con la Abbey Road Session Pops Orchestra, el Philip Jones Brass Ensemble y el Coro de John Aldiss. Además, a lo largo de la canción hay una serie de sonidos pregrabados, voces y diálogos que le dan esos matices de sonido que el grupo estableció como propio en aquella etapa auroral de su carrera.

Y aunque hoy en día los mismos miembros de la banda se dividen cuando opinan sobre qué significó este álbum para ellos -mientras Gilmour asegura que ni siquiera lo escucha y que le parece malísimo, Mason dice que sentó las bases para muchas de las cosas que hicieron después- no cabe duda que Atom heart mother es uno de los temas fundamentales para el desarrollo del rock progresivo, del rock sinfónico, del art-rock, de la fusión o de cualquier otro nombrecillo que se les ocurra. En suma, es una página importante dentro de la rica historia de la música contemporánea, una interesante y bien lograda combinación entre lo popular y lo académico. Pomposo para algunos, iconoclasta para otros, la verdad es que al escuchar Atom heart mother con audífonos y suma concentración, vuelo.

Las sensaciones producidas por los metales al principio de la suite, en la sección denominada Father’s shout (El grito del padre, para continuar con lo de la traducción de títulos) parecen sacadas de la Sinfonía fantástica (1830) del francés Hector Berlioz (1803-1869) y cuando el tema central, que hace recordar otros temas de ese periodo como Careful with that axe, Eugene o A saucerful of secrets, donde escuchamos la voz de Gilmour cumpliendo el mismo del que aquí cumple el coro polifónico, rompe con la presencia de la banda en pleno uno experimenta la fusión de estilos sin sentir que se estén forzando situaciones o calculando efectos. Es música hecha con el único propósito de estimular a los sentidos.

El teclado de Richard Wright (1943-2008) suena armoniosamente acompañado por unos cellos celestiales que van acercándose, junto a Mason y sus metronómicos tambores, a una brisa suave lanzada desde los amplificadores por un inspiradísimo Gilmour, mientras que Waters hace fondo con arpegios agudos y notas colocadas para marcar el ritmo del tema. Mientras tanto los sonidos se sobreponen unos a otros: pianos, violines, metales, baterías, bajos, todos creando el fondo ideal para que el maestro guitarrista se explaye.

Tras el solo se inicia la segunda parte: Breast milky (algo así como Senos lácteos) donde se empieza a oír al monumental coro por detrás de la artillería de teclados. Poco a poco, las voces se van sobreponiendo hasta alcanzar brillo propio y darle renovada energía a la melodía, que discurre entre calmada y tensa, creando una sensación de expectativa ante cada acorde. Ese remanso coral nos conecta con la parte bluesera del tema: Mother four/Funky dung (Madre cuatro/Basura funky… más títulos raros…) en donde la banda hace un jam en medio de algunos cánticos alocados del coro. Al final de esta sección, Gilmour cambia su amplificada guitarra eléctrica por sutiles toques acústicos.

La guitarra y el teclado son los grandes protagonistas de esta sección, siempre con ese apoyo alucinante de los metales y la orquesta en pleno, que entra con todo para retornar a la línea melódica principal y luego dar paso a una serie de sonidos raros y cacofonías orquestales, propias del estilo compositivo de músicos concretos, seriales, exponentes de la música instrumental contemporánea/moderna -que algunos insisten en denominar “música clásica contemporánea”, como Arnold Schoenberg (1874-1951), Édouard Lalo (1823-1892), entre otros. Uno tras otro, los elementos surgen y no atiborran al oído -al oído entrenado, quiero decir- y nos convencen de que es una buena mezcla, hecha por músicos que saben lo que están haciendo.

Finalmente, las dos últimas partes de la suite -Mind your throats please/Remergence (Mentalicen sus gargantas por favor/Resurgimiento)- cierran el tema con un violín que repite el primer solo de Gilmour, acompañado otra vez por los teclados de Wright y luego un nuevo ataque, esta vez con slide, del guitarrista en una serie de overdubs alucinantemente floydianos. Muchos opinan que este es el segmento que hace de Atom heart mother un clásico del grupo.

Para mí toda la composición merece estar considerada como una de las piedras angulares del catálogo Pink Floyd. Cada vez que escucho este disco siento inevitablemente que otras obras maestras de la banda como The dark side of the moon (1973), Wish you were here (1975) o The wall (1979) han opacado injustamente el valor de este disco, y en especial del tema, que resume en poco menos de media hora lo que significa una buena combinación de estilos musicales. Al final todo lo épico-dramático se condensa en la última nota del coro y la orquesta en unísono, como cuando el cielo se abre para dar paso a un nuevo día, luminoso, lleno de esperanza a pesar de las tensionesprevias, un abrazo de la vida ante la adversidad.

 

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Atom heart mother, Pink Floyd, Prog-Rock, rock clásico, Rock sinfónico

La pregunta que suelen hacerme en las charlas de análisis de coyuntura que brindo regularmente, sobre todo, a directorios empresariales o gremiales, es si Dina Boluarte dura o no hasta el 28 de julio del 2026.

Hasta hace una semana señalaba que por el lado del Congreso no veía ninguna posibilidad de vacancia por iniciativa propia (no sé qué tiene que ver julio del 2025 y que el Ejecutivo ya no los pueda disolver para que los congresistas recién se animen a evaluar esa posibilidad), y que la calle sí era una opción política potente, capaz de tumbársela, pero que inexplicablemente andaba silente y resignada, al parecer, al desastre gubernativo vigente.

Parecía como si la explosión violenta de finales del 2021 e inicios del 2022 hubiese generado una suerte de trauma colectivo, que inhibía toda protesta y cohibía a la población de reiniciar esa vía, dada la violencia que esa protesta expuso, tanto desde la población protestante como de las fuerzas represivas.

Inesperadamente, un hecho vinculado a la inseguridad ciudadana ha despertado al pueblo. Y sumado a la tozudez patológica del Congreso, se puede encender la chispa -si no lo ha hecho ya- de protestas mayores, ya no solo vinculadas a la derogatoria de determinada ley sino de rechazo al establishment conformado por el pacto lesivo del Ejecutivo y el Congreso.

Hay algunos analistas que señalan que la protesta se ha pervertido porque la izquierda se ha querido aupar. Por el contrario, la izquierda ha hecho lo que corresponde, encaramarse en el sentimiento popular y si lo logra habrá ganado una gran batalla política.

Lo que sorprende, más bien, es el silencio de los diversos líderes de la centroderecha liberal, a quienes la protesta y la plebe parecen repelerles y ni siquiera se han pronunciado en estos días sobre los hechos que ahora sí amenazan con escalar hasta un grado impensado.

La centroderecha le tiene fobia al desorden social (por eso muchos gremios empresariales toleraban a Dina Boluarte en la medida que había cierta paz social), pero si quiere hacer política va a tener que aprender que no se puede hacerla lejos de los sentimientos populares, callejeros, más aún si son espontáneos y sin agenda política ideológica. Es allí donde se debe estar.

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paro nacional

Esta Casita de Cartón abre sus puertas, pasado casi un mes desde que escribió su última columna en la cual dedicó al siempre y eterno periodista desde las sombras, Víctor Patiño, más conocido en la población como el ‘Búho’. Aún no asimilo su pérdida, probablemente nunca lo haga, sino que uno aprende o trata de aprender a sobrevivir con ese dolor y ausencia indescriptible. En la metáfora cotidiana de ‘la silla vacía en la mesa’. Y en mi caso, la persona que nos daba alegría a esta ‘tenebrosa tiendita’, como le llamaba, ‘la tiendita del horror’, se me fue. Con su imponente personalidad, carisma y locura que amenguaba las caras largas y taciturnas que parece velar siempre en esta familia, incluido en mí, por desgracia. Las calles donde ya no se recorren hablando sobre tantos aconteceres y acontecimientos de la historia y de la vida y las músicas que le daban las campanadas al viento, pasando por distintas décadas y géneros, el soundtrack del alma que uno siempre llevará ahora en silencio. 

Ahora estás solo, te das cuenta ante la orfandad de las almas que alrededor poco o nada entienden de compasión o empatía. Muchas veces pensé que lo más penoso de la ausencia de alguien es no volver a ver a la persona, pero no necesariamente es así, sino lo que muchas veces es superior a ese dolor, es tener a la persona al lado y brillar con tanto fulgor y esmero su ausencia hacia ti. Un muerto en vida, y qué penoso es serlo. Y lo digo yo, que también me estoy convirtiendo en eso. Una triste sombra que lo único que tiene es esto, su escritura, lastimosamente en tiempos de ágrafos y videntes, en tiempos de tik toks, que manejan y encauzan sus emociones y paradigmas desde sus vientres… Y dejando de lado el ideario romántico cristiano, no sé si estará en el cielo y me volveré a ver con él. Yo simplemente, siempre lo llevo en el presente y lo menciono cuando requieren saber quién soy, porque lo que soy es en gran parte por él, porque para mí fue la luna que siempre iluminó el camino del maestro y padre. Lo llevaré hasta el último día, hasta me toque llegar al silencio eterno.

Lo cierto que la columna tomará otro sendero. Por ejemplo, hasta en el común y cotidiano. Como un blog que sería en antaño, pero siempre añadiendo el arte y las vivencias reales. Muchas veces me han dicho que siempre tengo buena suerte con las mujeres en las victorias silenciosas que otorgan o que he tenido vivencias extraordinarias, como si fuera una película andante. Además de ideas que terminan en el ‘por qué’, dejando la del estribo. Y más allá del floro barato, que sería decir: es por mi labia o el hecho de comprar sentimientos efímeros con dinero, en realidad todo ha sido por la lectura, el acto descarriado de leer. Porque así como muchas veces vivo, otras veces la vida se me va entre libros o con lo que escribo. No soy un ratón de biblioteca, me gusta vivir hasta el último sudor, gramo o centímetro del límite y creo que muchos de ustedes lo saben, bueno, aquellos que han visto que no es mito sino realidad. Y es que creo más en las personas que mueren en su ley, en su leyenda, que en aquellos que crean su novela de vida, con el ‘éxito’ que la sociedad les vende como moneda corriente. Y todo esto lo he hecho para antes de irme a cantar las mañanitas con el de abajo decirle: ‘Confieso que he vivido’. Y tengo la seguridad que sí, con todo lo que he pasado y he vivido, tengo la plena certeza que es así. Y ahora solo dejo a los puntos suspensivos que se cansen y me den el último punto, el del final. Así que la columna toma una nota más personal, más íntima y sincera. Martín Adán, el poeta del cual me tomé la licencia en honor a su monumental obra, ‘La casa de Cartón’, para el título de esta columna, alguna vez escribió en una misiva que lo desnuda: ‘Si quieres saber de mi vida, vete a mirar al Mar’. 

Esta Casita de Cartón, cierra sus puertas en este caso diciendo que si quieren saber quién soy y quién fui, lean estas sinceras hojas que he decidido que solo salga una o dos veces al mes. Que la vida les sea grata y les acompañe amantes de la noche, el vino, el arte y las victorias silenciosas.

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el buho, La casa de cartón, Martín Adán, Víctor Patiño
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