Opinión

[ENTRE BRUJAS] La denuncia de violencia sexual contra un adolescente del Liceo Naval exige una investigación rigurosa, protección para la víctima y determinación de responsabilidades. También exige mirar lo que habría ocurrido antes: la familia ha señalado que el estudiante sufría acoso. La violencia escala. No deberíaesperarse a que una agresión alcance tal gravedad para tomar en serio las primeras señales.

Hace pocas semanas, otro adolescente de 13 años murió en Huancayo tras ser agredido por escolares. Su familia también denunció antecedentes de bullying. Son hechos distintos, cuyas circunstancias deben esclarecerse. Sin embargo, ambos nos obligan a preguntarnos cuántas advertencias fueron desestimadas y cuántas agresiones se consideraron demasiado pequeñas para intervenir.

Según la ENARES 2024, el 44 % de niñas y niños de 9 a 11 años reportó haber sufrido violencia por parte de otros estudiantes. Entre adolescentes de 12 a 17 años, la cifra se aproxima al 46 %. Esto incluye agresiones psicológicas, físicas y sexuales.

Ni el caso del Liceo, ni el del pequeño de Huancayo, son casos aislados. La violencia escolar esta presente en las escuelas de todo el país y exige una respuesta integral de toda la comunidad educativa y del gobierno.  Esto es prevención, atención ,protección, corrección a tiempo y ruptura de la impunidad.

El racismo, la violencia machista y otras formas de exclusión también están presentes en las escuelas, crea agresores e influyen en quiénes son agredidos y en la posibilidad de que sus denuncias sean escuchadas.

Cuando las personas adultas llamamos «broma» a la humillación, pedimos a quien la sufre que resista o dejamos pasar una agresión porque «son cosas de chicos», contribuimos a normalizarla. Niñas, niños y adolescentes pueden crecer incorporando el maltrato como una forma de relacionarse. Pero agredir no es un juego: supone ejercer poder, dolor y control sobre otra persona.

La prevención es clave:

Durante más de diez años, la campaña «Con mis hijos no te metas» alimentó el temor y la desinformación frente a la educación sexual integral y el enfoque de igualdad de género. Se presentó como una amenaza una educación que debía ayudar a reconocer y respetar el propio cuerpo, respetar los límites ajenos, identificar situaciones de violencia de manera tempranay dotar de mayores herramientas a las niñas/niños y adolescentes para desterrar el acoso. Las dificultades para avanzar en esta materia tienen consecuencias para la protección de la infancia. En 2026, la derogación de los lineamientos de educación sexual integral, han profundizado un problema anterior, dejando sin herramientas a las escuelas para tener un abordaje preventivo y transformador.

La prevención, sin embargo, no basta si las agresiones quedan sin respuesta:

La Ley N.º 29719 (Ley que promueve la convivencia sin violencia en las instituciones educativas) y su reglamento tiene un contenido importante en materia de protección y promoción de una convivencia libre de violencia. Sin embargo, la corrección a tiempo de conductas lesivas es un mecanismo de prevención y , al parecer, se da una interpretación restrictiva de la norma, al generarse un impedimento de sanción frente a la obligatoriedad de dar continuidad al servicio educativo, en aras de proteger el derecho a la educación.

Las exigencias de proporcionalidad y respeto del derecho a la educación no pueden interpretarse como una prohibición de adoptar medidas correctivas ni como una razón para mantener a la víctima expuesta. Proteger el derecho a la educación de todos los estudiantes exige proteger también su vida, salud e integridad. Ante indicios de violencia y particularmente desexual, corresponde activar los protocolos específicos y comunicar los hechos a las autoridades competentes; no reducirlos a un problema de convivencia. Como al parecer viene pasando en diversas instituciones educativas.

Una revisión clara de los reglamentos y ajustes a la  norma, en aras de proteger el interés superior de los niños y niñas, es una demanda que hoy cobra especial relevancia.

De otro lado, las familias también debemos asumir nuestra parte. Desautorizar a un docente que advierte una conducta violenta, presionar a la escuela para impedir cualquier consecuencia o desestimar la palabra de quien denuncia dificulta una intervención temprana. Atender y corregir esas conductas es una forma de cuidar tanto a quienes sufren la violencia como a quienes la ejercen.

Urge revisar cómo se aplican las normas y acompañar a los colegios en la actualización de sus reglamentos, con criterios claros de prevención, protección y actuación. El Estado debe supervisar el cumplimiento de los protocolos, especialmente ante hechos de violencia sexual, e identificar por qué algunas escuelas no denuncian o no intervienen oportunamente. Conocer esas razones es indispensable para cambiar las prácticas institucionales.

Ninguna niña ni ningún niño nace agresor. Como personas adultas y como Estado, tenemos la responsabilidad de enseñar formas de relación basadas en el respeto y de actuar ante las primeras señales de daño. El interés superior de la niñez exige más que discursos de «orden»: exige escuelas capaces de proteger, escuchar y responder a tiempo.

[El dedo en la llaga]  Una compleja batalla legal y de memoria histórica ha vuelto a encender los focos sobre los abusos sistémicos cometidos en el seno del Sodalicio de Vida Cristiana. El detonante de este nuevo capítulo es una carta notarial enviada por el sacerdote Jaime Baertl Gómez al exobispo católico alemán Reinaldo Nann, exigiéndole una rectificación pública inmediata bajo la amenaza de emprender acciones civiles y penales por los ilícitos contra el honor tipificados en el Código Penal peruano. El documento, lejos de operar como un blindaje efectivo, expone las grietas técnicas de la defensa institucional frente al testimonio de la víctima.

El detonante: el “mapa del abuso” y un libro bajo la lupa

Reinaldo Nann, quien se desempeñó como obispo de la Prelatura de Caravelí en Perú hasta su renuncia, publicó el libro investigativo “¿Cueva de abusadores o Iglesia segura? Los abusos sexuales contra menores en la Iglesia peruana y su futura prevención”. La información de este texto sirvió de base para que la plataforma independiente Red de Sobrevivientes (sobrevivientes.pe) diseñara y publicara un “Mapa de casos de violencia sexual en la Iglesia católica peruana”.

En la página 52 de dicha obra, Nann recoge textualmente el testimonio de Martin Scheuch, un exmiembro del Sodalicio:

«Jaime Baertl: sacerdote y tesorero del SCV. Acusado por Martin Scheuch de un abuso sexual en 1979 antes de ser ordenado sacerdote. Ni Baertl ni el Sodalicio reconocieron la existencia de este abuso y no hubo proceso alguno».

En su carta notarial, fechada el 11 de septiembre de 2026, Baertl sostiene que el exobispo lo “calumnia” al incluirlo en una lista de “abusadores”. Su línea de defensa argumenta que la difusión de estas imputaciones lesiona su derecho fundamental al honor, a la buena reputación y a la propia imagen, puesto que sobre él nunca ha pesado una sentencia condenatoria sea civil o canónica.

Las debilidades del escudo legal de Baertl: el análisis documental

La defensa de Baertl apela al formalismo legal, pero un análisis riguroso de los propios anexos de su carta revela profundas contradicciones y vacíos argumentativos que debilitan su postura:

  1. La falacia de la defensa procesal y las indagaciones secretas: Baertl acusa de faltar a la verdad cuando el libro señala que «no hubo proceso alguno» sobre el caso. Para defenderse, el sacerdote muestra una investigación interna previa realizada en el año 2016. Sin embargo, la carta que adjunta del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (Vaticano, 27 de mayo de 2025), firmada por el secretario de la Sección Disciplinar, el arzobispo John J. Kennedy, confirma que en Roma «al momento no resultan esserci procedimenti penali» («al momento no resultan existir procedimientos penales») por delitos reservados a ese Supremo Tribunal contra su persona. Con ello, Baertl pretende equiparar una indagación previa de su propia institución con un verdadero proceso judicial, generando un argumento circular que confirma indirectamente el corazón de la denuncia del libro: que el caso jamás fue derivado ni sometido a un tribunal independiente o a un juicio formal. Además, de acuerdo con los estándares del derecho canónico, el Superior General de la organización no posee facultades legales para absolver o condenar a nadie, ya que su competencia se limita estrictamente a conducir investigaciones previas y no procesos legales. Emitir un veredicto exculpatorio bajo este esquema constituye un exceso de funciones que obliga a tomar dicha indagación secreta institucional con la máxima reserva.
  2. Sesgo institucional (juez y parte): El “Decreto Prot. 893-CIP-SG-16”, fechado el 25 de agosto de 2016 y exhibido por Baertl como prueba de su absolución, fue emitido de forma interna por el Sodalitium Christianae Vitae y firmado por Alessandro Moroni Llabrés en calidad de Superior General. Desde una perspectiva metodológica y legal, una pesquisa conducida, evaluada y resuelta en secreto por la misma organización a la que pertenecía el acusado —y de la cual era el tesorero histórico— carece de la neutralidad, el peso probatorio y la validez técnica que ostenta un dictamen de la justicia civil ordinaria o un órgano judicial externo.
  3. La trampa de la prescripción frente a la inocencia: El argumento de defensa más endeble de Baertl yace en el propio decreto del Sodalicio que utiliza como descargo. En la sección de “Considerandos” del documento eclesiástico de 2016 se lee textualmente un detalle crítico:

«Sin perjuicio de la ausencia de pruebas incriminatorias, debe advertirse que, aún en el supuesto negado, que los hechos imputados al Rev. P. Jaime Baertl Gómez resultaren ciertos, los delitos o delito aplicable, la acción penal se encuentra prescrita».

En el derecho canónico y civil, la prescripción extingue la posibilidad de perseguir y sancionar un delito por el vencimiento del plazo legal. Bajo el principio del debido proceso, la prescripción no dictamina la falsedad de los hechos denunciados ni certifica la inocencia moral o fáctica del investigado, constituyendo un mero cierre técnico por el simple paso del tiempo.

Una investigación fantasma: La exclusión de la víctima

El cuestionamiento más severo a la validez de la exculpación corporativa de Baertl proviene de la completa exclusión de la víctima durante el procedimiento de recolección de pruebas de 2016. El decreto del Sodalicio asegura que el investigador «ha desarrollado su tarea de modo exhaustivo». No obstante, esa comisión investigadora nunca contactó a Martin Scheuch para preguntarle por más detalles, nunca se le comunicó quiénes eran los miembros de esa comisión y nunca se le dijo cuáles eran los argumentos para considerar inverosímil su relato.

En un e-mail enviado a Scheuch el 31 de enero de 2017, Alessandro Moroni le indicó vagamente que un «investigador profesional asignado para estos casos» concluyó en su informe que «no encontró evidencias para afirmar la verosimilitud de este caso». El propio Scheuch denunció públicamente en su blog la opacidad de este proceso fantasma:

«Pues resulta que este “investigador profesional” nunca se puso en contacto conmigo para averiguar más detalles sobre el incidente, los cuales se los hubiera dado con mucho gusto».

Incluso años después, esta opacidad institucional se mantuvo invariable en los pronunciamientos de la organización. El 13 de septiembre de 2024, el nuevo Superior General del Sodalicio, José David Correa González, envió otra carta a Scheuch en la que insistía en escudarse en el desacreditado procedimiento:

«Con respecto al incidente que refieres como ocurrido en el marco de una sesión de consejería espiritual, debo informarte que, según una investigación externa (sic) realizada en 2016, no pudo establecerse de manera inequívoca que la persona que señalas haya incurrido en una conducta como la descrita».

Para los analistas, resulta contradictorio que en la misma misiva del 13 de septiembre de 2024, el Superior General extienda un «sincero pedido de perdón por todos los sufrimientos» y ofrezca una propuesta de acuerdo extrajudicial con un gesto de reparación junto al pago de terapia psicológica, mientras simultáneamente la institución evita asumir una posición frontal e inequívoca sobre la responsabilidad directa de Baertl en el incidente de la consejería.

La contradicción frontal con las medidas punitivas del Vaticano

La postura de la defensa de Baertl colisiona de forma directa e insalvable con las resoluciones y los pronunciamientos oficiales de la Nunciatura Apostólica en el Perú. En un comunicado oficial, se informó que el Santo Padre Francisco, tras evaluar minuciosamente las denuncias y pruebas que emergieron durante la Misión Especial enviada a Lima, aprobó de forma específica la expulsión fulminante de Jaime Manuel Baertl Gómez de la sociedad de vida apostólica.

El decreto pontificio precisó explícitamente que para tomar tal decisión:

«Se ha considerado la gravedad del abuso sexual cometido por uno de los acusados, así como la responsabilidad personal de estos dos consagrados en numerosas irregularidades e ilícitos cometidos por empresas vinculadas al Sodalitium Christianae Vitae».

Este severo correctivo de la Santa Sede desmorona los intentos de Baertl por presentarse como un clérigo libre de cuestionamientos penales o canónicos. El proceso de fiscalización de Roma fue tan contundente que derivó en la decisión del Papa de disolver definitivamente al Sodalicio de Vida Cristiana, tras quedar plenamente acreditadas las graves irregularidades y la existencia de un patrón sistemático de abusos de diversa índole contra sus propios integrantes.

El amparo constitucional de las investigaciones

Desde una perspectiva jurídica, las menciones sobre Baertl en la literatura investigativa no constituyen un acto difamatorio, sino el ejercicio legítimo de los derechos constitucionales a la libertad de expresión, opinión e información. Dichas publicaciones se sustentan en hechos públicos de notorio interés para la sociedad y en fuentes de alta credibilidad, como el libro testimonial “Las Líneas Torcidas. 30 años en el Sodalicio de Vida Cristiana” de Martin Scheuch, publicado originalmente en Perú en 2025 por Laboratorio Editorial y posteriormente editado en España en 2026 bajo el sello de Universo de Letras.

De acuerdo con los estándares jurisprudenciales nacionales e internacionales, en los casos de agresiones sexuales que ocurren en entornos cerrados o bajo asimetrías de poder, el testimonio de la víctima es un elemento de información fundamental y sustancial debido a la naturaleza clandestina de los hechos, gozando de pleno respaldo legal frente a las amenazas de demandas y presiones legales.

La milimétrica verosimilitud del relato de Martin Scheuch

Frente a los desmentidos de la institución, el testimonio original de Martin Scheuch —reproducido y detallado en su libro testimonial— se sostiene sobre pilares de alta credibilidad jurídica e interna.

Según Scheuch, en 1979, cuando tenía apenas 16 años y Baertl operaba como su consejero espiritual, este le ordenó desnudarse por completo en la “salita de consejos” de la comunidad San Aelred en Magdalena del Mar. Posteriormente, empleando un lenguaje vulgar, le ordenó simular un coito con una silla grande. El relato describe una escena incómoda, torpe, desprovista de erotismo, donde el propio Baertl se tapaba la cara con la mano y miraba solo de reojo tras haber ido a “consultar” la acción con el superior Germán Doig.

El testimonio sobrevive a los intentos de demolición de Baertl debido a factores analíticos clave:

  • La coartada arquitectónica demolida: Ante la Fiscalía de la Nación (en su declaración del 8 de julio de 2016) y ante la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación —un primer grupo independiente y profesional creado para investigar los abusos dentro de la organización—, Baertl intentó defenderse argumentando que el abuso era imposible porque dicha salita tenía ventanas hacia la calle o un ventanillo en la puerta que dejaba todo a la vista de la comunidad. Scheuch desmontó esta versión reconstruyendo los planos arquitectónicos de las modificaciones del inmueble de la Av. Brasil 3029. Con estos planos demostró que la salita de consejos original se creó sin ventanas y funcionaba únicamente con luz artificial, refutando la tesis de la visibilidad pública planteada por la defensa, aunque posteriormente se le añadió un ventanillo a la puerta.
  • Un relato no estereotipado: Las denuncias falsas suelen construir relatos estándar de violación para asegurar su impacto. La naturaleza inusual y humillante del vejamen (forzar a un menor a simular sexo con un mueble, sin contacto físico directo del agresor) aleja la historia de una invención genérica. Scheuch enmarca correctamente la experiencia como un sádico abuso de poder y de conciencia con connotaciones sexuales, diseñado para quebrar las barreras psicológicas del menor bajo la dinámica de obediencia ciega del grupo.
  • Trazabilidad temporal y desinterés: Scheuch no adecuó su discurso a una ola mediática. Dejó constancia de este episodio por escrito desde el año 2008 en un texto de carácter personal y de uso privado. Posteriormente, en enero de 2009, remitió este testimonio por correo electrónico a Manuel Rodríguez, miembro de la institución con vocación al matrimonio. A fines de ese mismo año, el documento fue compartido con su hermano, Erwin Scheuch, quien también formó parte del Sodalicio antes de ser apartado de la organización. Su intención inicial fue puramente preventiva y de fiscalización interna, no de difusión pública masiva, lo que descarta una campaña de difamación premeditada o la búsqueda de una ganancia inmediata.

El colapso del entorno institucional

La estrategia de Baertl de tildar de “calumniosa” la mención de su nombre recurre a una interpretación victimista. Los textos investigativos no ejecutan una imputación penal directa, sino que ejercen el derecho constitucional a la libertad de expresión e información al consignar un hecho histórico, público y de notorio interés social. Pretender que la narrativa de una denuncia histórica equivale a una difamación automatizada constituye un recurso legal desproporcionado que busca silenciar la memoria de las víctimas bajo la apariencia de defender la propia reputación.

El intento de amedrentamiento notarial de Jaime Baertl choca directamente con el contexto histórico de la institución que representaba. La Misión Especial Scicluna-Bertomeu, enviada directamente por el papa Francisco en 2023, destapó un esquema transversal de abusos físicos, psicológicos, espirituales y financieros dentro del Sodalicio.

El epílogo de esta crisis institucional se dictó desde la Santa Sede. Tras confirmarse las prácticas delictivas y los patrones sistemáticos de encubrimiento, el papa Francisco decretó la expulsión fulminante del fundador Luis Fernando Figari y de la plana mayor de la organización, un grupo en el que se incluye explícitamente a Jaime Baertl. Los comunicados de la Nunciatura Apostólica de 2024 especifican el abuso de menores entre las causales de las expulsiones. Aunque Baertl intente defender un honor formal mediante cartas notariales amparadas en archivos por prescripción, el máximo tribunal de su propia Iglesia parece haber emitido un veredicto definitivo sobre el ecosistema de abusos que él ayudó a sostener durante décadas.

«A los lectores: Pueden acceder al video de cada canción o artista mencionados en los artículos para verlos en YouTube»

[Música Maestro] En estos días en que empresas estadounidenses desarrolladoras de IA, gerenciadas por dos tipos blancos quienes desde sus oficinas de lujo lideran una carrera codiciosa que amenazaría, según sus propios trabajadores, la existencia de la humanidad, vale la pena recordar que hace cien años nacieron, en ese mismo país, dos hombres negros que competían con el único propósito de ofrecer a esa misma humanidad lo mejor de sus talentos y creatividades.

En el año 1926 llegaron al mundo desde los estados de Illinois y Filadelfia, dos extraordinarios músicos que revolucionaron el jazz. Artistas atribulados, seres humanos imperfectos, conscientes de sus desventajas en un entorno hostil y racista, se convirtieron en sujetos de adoración durante sus prolíficas trayectorias, un culto que trascendió las fronteras de su género musical y de su existencia física, extendiendo el poder de su raza a través de continentes y eras.

No es casualidad que, en los Estados Unidos de hoy, el país de Trump, Rubio y Navarro, sus fabulosas estelas negras hayan pasado desapercibidas para el gran público. Esos tres chiflados y sus adláteres preferirían celebrar el onomástico de Charlton Heston, ese pistolero blanco, así no esté cumpliendo ninguna cantidad particular de años, que rendir homenaje a Miles Davis y John Coltrane, dos de los ciudadanos afroamericanos que más han contribuido a hacer que el jazz deje de ser solo una tradición norteamericana para convertirse en un género musical global. ¿Se imaginan cómo habría sido la celebración de los cien años de Miles y ‘Trane si la fecha hubiese caído durante el mandato de Barack Obama?

Miles: Conciertos, conferencias y relanzamientos

Pero si Donald Trump ha mantenido silencio respecto de tan importante fecha, no ha sido así desde las más importantes instituciones artísticas/culturales dentro y fuera de los Estados Unidos, con actividades celebratorias que se vienen desarrollando de manera intensiva. En el caso de Miles Davis, nacido el 26 de mayo de 1926, los preparativos se iniciaron con varias programaciones para conmemorar el nonagésimo aniversario del trompetista, el 2016.

Desde que falleció, su amplísima discografía -más de cien álbumes grabados entre 1951 y 1991, el año de su muerte a los 65- se convirtió en objeto de estudio y culto, tanto para aficionados como para especialistas en jazz. La tecnología del disco compacto generó el relanzamiento no solo de los LP originales sino de toda clase de recopilatorios, sesiones inéditas, álbumes en vivo y colecciones. Con la era de internet aparecieron decenas -si no fueron cientos- de páginas dedicadas a Miles Davis, tantas que sería larguísimo mencionarlas.

En paralelo, comenzaron a salir discos póstumos que, actualmente, también superan el centenar. Un ejemplo es la adaptación que preparó el bajista y productor Bill Laswell (71), en 1998, titulada Panthalassa: The music of Miles Davis 1969-1974. “Panthalassa” nos remite a conceptos geológicos sobre la formación de nuestro mundo, que Miles usó mucho en ese periodo, como los dobles en vivo Agharta (1975) y Pangaea (1976), también referidos al nacimiento del planeta.

Mayo fue el mes central con presentaciones de la música de Miles Davis en los principales festivales de jazz del mundo, innumerables simposios, documentales, republicación de libros y exhibiciones de sus instrumentos, pinturas y demás artefactos relacionados a su carrera artística. La fiesta de Miles continúa, desde luego, en las salas de audiófilos que dedican horas a escuchar las versiones remasterizadas de sus vinilos y comparan entre sus distintas configuraciones -quinteto, sexteto, ensamble, grupo eléctrico- y en cada reproductor -sala de audio, Spotify, YouTube- que se sumerja en su inagotable galería de sonidos.

Coltrane: De cumpleaños esta semana

Mañana, miércoles 23 de septiembre, es la fecha central del centenario del cósmico saxofonista cuya temprana muerte ocurrida poco antes de cumplir 41, en 1967, dejó al mundo preguntándose qué más habría surgido de esa mentalidad tan difícil de encapsular o resumir en un solo concepto. Como parte de las actividades conmemorativas, se anunció el lanzamiento de una edición de seis discos de vinilo de 180 gramos titulada John Coltrane 100: Selections from 1951-1967 (Rhino Records), el primer gran compendio oficial de todo lo que hizo Coltrane en década y media de trabajo musical.

La noche del 23, la prestigiosa orquesta del Jazz at the Lincoln Center, bajo la dirección del trompetista Wynton Marsalis (64), presentará un programa especial dedicado a Coltrane, junto a la saxofonista Lakecia Benjamin (38), una de las sesionistas más solicitadas de los últimos años en el pop y el R&B quien publicó el 2020 un disco titulado Pursuance: The Coltranes, con temas de John y su segunda esposa Alice McLeod (1937-2007), más conocida como Alice Coltrane, pianista y pionera del arpa en el jazz.

Este centenario también ha generado gran cantidad de publicaciones editoriales y discográficas, como la primera edición en LP de The Tiberi tapes: A preview of the mythical recordings. Frank Tiberi (97), es un saxofonista y profesor del Berklee College quien decidió seguir durante los años sesenta por todas partes a John Coltrane, con la finalidad de grabar y transcribir sus esotéricos solos para trazar una línea evolutiva de su estilo. Esas grabaciones aparecen en este LP especial, una verdadera joya para sus seguidores.

Miles y Coltrane: La combinación perfecta

Entre 1955 y 1961, ambos músicos se encontraron en una conjunción astral que constituye en sí misma uno de los capítulos más interesantes y exquisitos de la historia del jazz. Aunque en el medio hubo una que otra interrupción, ocasionada por las duras adicciones del saxofonista, fueron básicamente cinco años de oro puro jazzero, un quinquenio que tuvo como punto culminante los LP Milestones (1958) y Kind of blue (1959), un disco que deberían conocer incluso quienes no tienen mayor interés en el jazz, el álbum más vendido de la historia del género, aunque definitivamente no fue lo único que hicieron juntos.

Miles Davis formó, en septiembre de 1955, la primera configuración de The Miles Davis Quintet, acompañado por Red Garland (piano), Philly Joe Jones (batería), Paul Chambers (contrabajo) y Sonny Rollins (saxo). Coltrane entró a los pocos meses para reemplazar al “coloso” quien tuvo que retirarse por problemas de salud, asociadas a ya se imaginan ustedes qué. Cuando se integró como segundo saxofonista Julian “Cannonball” Adderley, el conjunto pasó a llamarse por un breve periodo The Miles Davis Sextet.

Como quinteto, la banda produjo cinco discos para el sello Prestige Records. Aunque fueron lanzados uno por año, los temas que componen estos álbumes –Miles (1956), Cookin’ (1957), Relaxin’ (1958), Workin’ (1960) y Steamin’ (1961)-, fueron grabados en menos de once meses, entre mayo y noviembre de 1956, en unos estudios ubicados en las colinas de New Jersey, toda una clase maestra de jazz clásico. En el año 2006 se lanzaron juntos como un boxset titulado The Legendary Prestige Quintet Sessions, aumentado con material en vivo.

Otras grabaciones de Coltrane y Davis se pueden hallar en el disco de Someday my prince will come (1961) -en cuya carátula aparece la primera esposa de Miles, Frances- precisamente en el tema-título, pieza de la banda sonora del clásico animado Blanca Nieves y los siete enanos de Walt Disney (1937); o en el álbum ‘Round about midnight (1957), su debut en Columbia Records. En el 2000, el sello publicó una caja de seis CD con todo lo que hicieron juntos estos fabulosos músicos, The complete Columbia recordings of Miles Davis with John Coltrane.

Dos genios de diferentes personalidades

Coltrane, ensimismado en sus exploraciones musicales, llegó dispuesto a superar todas las acrobacias del bebop de Sonny Rollins y Charlie Parker, con quien Davis había trabajado a fines de los años cuarenta. Por su lado, Davis estaba metido en explotar el valor de los silencios y las notas largas, en sentido contrario a lo que dictaban los maestros del bebop. Detrás de los escenarios, el saxofonista era callado e introvertido, mientras que el líder era fogoso y exigente. En una de esas, Miles le dijo a ‘Trane, que le preguntaba qué ruta seguir en un enredado esquema de acordes: “Podrías intentar sacándote el puto saxo de la boca un par de minutos…”

Cuando se encontraron, Davis ya era una figura establecida en el competitivo submundo del jazz y Coltrane buscaba hacerse notar tras un breve paso por el combo de otro grande, Dizzy Gillespie. Uno acababa de superar un periodo de adicción y el otro estaba a punto de ingresar. ‘Trane tuvo que trabajar desde muy joven y hasta se enroló en la marina donde terminó tocando como «invitado» en una big band de cadetes blancos, tarea que intercalaba con sus funciones en la cocina del comando. Miles fue enviado por su acomodada familia a estudiar música y arte en Julliard, prestigiosa escuela en New York. Aunque provenían de orígenes diferentes, compartían los mismos demonios y la misma obsesión por la excelencia musical.

Tuvieron una relación estrecha, de mutuo respeto. Hasta el fin de sus días, Coltrane se refirió a Davis como «The Teacher». Pero hubo también mucha tensión. Miles, más bajo de estatura, lo abofeteaba para hacerlo reaccionar. Ante el colapso, el saxofonista terminó yéndose por un tiempo junto al pianista Thelonious Monk, pero decidió recuperarse para ser reamitido. La ayuda que Miles le daba con sus primeros pasos como líder fue crucial para Coltrane.

Miles Davis: Siempre un paso adelante

Con cada decisión que tomó, Miles Davis cambió el rumbo evolutivo del jazz. Cuando la norma era tocar la mayor cantidad posible de notas -el bebop- él contradijo esa convención dando más espacios y combinando líneas melódicas, dando origen a un nuevo subgénero, el cool jazz. De hecho, el LP Birth of the cool (1957), en el que fueron fundamentales las contribuciones del saxo barítono de Gerry Mulligan y los arreglos de Gil Evans, es la partida de nacimiento de lo que, poco a poco, fue transformándose en otra de sus creaciones, el jazz modal.

Después, a partir del disco Sketches of Spain (1960) en que recrea composiciones de los españoles Manuel de Falla y Joaquín Rodrigo -el conocido Concierto de Aranjuez-, Miles Davis abrió las puertas de la fusión que, paso a paso, lo llevó a su periodo más alucinógeno, casi una década después con Miles in the sky (1968), motivado por una relación de amor-odio con el rock de la época, que lo llevaba a denostar a los músicos de rock “por no saber leer” pero, al mismo tiempo, trabó fuerte amistad con Jimi Hendrix en los sesenta y con Prince, en los ochenta, a quien consideraba un genio.

Ese álbum, el último con su segundo gran quinteto -Wayne Shorter (saxo), Herbie Hancock (piano, teclados), Ron Carter (Contrabajo, bajo eléctrico) y Tony Williams (batería)- fue el verdadero inicio del “Miles eléctrico”, quizás su imagen pública más conocida -los trajes coloridos, los lentes enormes- que produjo joyas atemporales como In a silent way (1969) o Bitches brew (1970), que aun hoy suenan frescas y revolucionarias. Otro aspecto que es poco mencionado es su capacidad para hacer escuela. Desde los años cincuenta, muchos de sus músicos construyeron sus propias carreras a partir de las enseñanzas sobre cómo dirigir y cómo protegerse de las manipulaciones de los ejecutivos discográficos.

Desde Gerry Mulligan y el mismo John Coltrane en los sesenta hasta toda la generación del jazz-rock de la década siguiente. Hablamos aquí de músicos de renombre como los pianistas Herbie Hancock, Chick Corea, Joe Zawinul, Keith Jarrett; los guitarristas John McLaughlin, Reggie Lucas, los bateristas Tony Williams, Jack de Johnette o los bajistas Dave Holland y Ron Carter, todos ellos y muchos otros nacieron artísticamente en la banda de Miles. Y en su última década (1981-1991), bajistas como Darryl Jones -desde 1993 junto a los Rolling Stones- y, especialmente, Marcus Miller, estuvieron entre sus principales colaboradores, así como el guitarrista Mike Stern y el baterista Omar Hakim, muy cotizados como músicos de sesión.

Sin embargo, cada vez que se menciona a Miles Davis, lo primero que sale a la luz es su personalidad irascible y violenta, su actitud negativa hacia la prensa y sus permanentes recaídas en la adicción a las drogas. La película Miles ahead -nombre de uno de sus álbumes-, dirigida y protagonizada por el conocido actor Don Cheadle (2015), da cuenta también de ese aspecto, durante el periodo en que intentaba recuperar su popularidad tras una etapa difícil.

John Coltrane: Pasos de gigante

En medio de su trabajo en el primer quinteto de Miles Davis, el estilo de John Coltrane en el saxo tenor -había comenzado con el saxo alto en sus primeros trabajos junto al pianista Jimmy Smith- fue robusteciéndose y ganando confianza. Esa nueva seguridad no fue regular, por cierto, y los serios problemas que tuvo con el consumo de drogas -causantes de la cirrosis que le quitó la vida en 1967- estuvieron cerca de dejarlo fuera del juego jazzístico.

Sin embargo, Coltrane había nacido para hacer música y esa convicción logró que retomara el trabajo con una dedicación alucinante, una persistencia que le permitió grabar tanto como Miles, a pesar de vivir veinte años menos. Sus primeros álbumes son considerados iconos del bebop y el hard bop, como Blue train (Prestige, 1958) o Giant steps (Atlantic, 1960) -que contiene una de sus piezas más celebradas, Naima, sobrenombre de su primera esposa, Juanita Grubbs- y lo convirtieron en un nombre destacado dentro de la escena jazzera. Miles, quien lo había visto desde sus inicios, llegó a considerarlo “el mejor después de Charlie Parker”.

En 1961, Coltrane grabó la que sería una de sus más reconocibles contribuciones al catálogo de standards del jazz sesentero. Al frente de su propio cuarteto -McCoy Tyner (piano), Steve Davis (contrabajo) y Elvin Jones (batería)- grabó una versión propia del tema central del famoso musical The sound of music -conocida entre nosotros como La novicia rebelde-, My favorite things, transformándola en un vuelo de improvisaciones que atravesaban la tierna melodía principal que, cuatro años después, fue popularizada por la actriz y cantante británica Julie Andrews (90) en la versión cinematográfica.

El saxofonista fue sumergiéndose en un universo influenciado por la espiritualidad, recobrada tras su difícil periodo de adicciones, que se inició con A love supreme (1965), una oda a la divinidad. Paralelamente, fue radicalizando su forma de componer y de tocar, influenciado por el free jazz del saxofonista Ornette Coleman (1930-2015) -que Miles criticaba- y por los estudios que comenzó a realizar de las progresiones armónicas de la India y del África.

Sus álbumes fueron cada vez más difíciles de aceptar por el público convencional, con títulos esotéricos como Impressions (1963), Om (1965), Ascension, Meditations (1966) o Kulu sé mama (1967), lanzado medio año antes de su muerte. En sus conciertos, solía incluir piezas de su repertorio más convencional, como In a sentimental mood, que grabó en un álbum a dúo con su autor, Duke Ellington; las del disco Ballads (1963) o su LP junto al crooner Johnny Hartman, pero con cada solo de sus músicos extendiéndose por encima de los diez minutos.

Un legado inagotable y vigente

Lamentablemente, el reduccionismo de estos tiempos ha convencido al público convencional de que el jazz es solo una música de fondo que siempre suena igual y lo más cercano que han tenido durante los últimos treinta años a este género son las dos o tres canciones que suenan en las películas románticas de Hollywood o, peor aun, los aburridos y homogéneos sonidos del reducido mundo de los amigos de Mabela Martínez. Adentrarse al universo de Miles Davis y John Coltrane no es tarea fácil, hace falta tiempo y perseverancia para conectarse con su real dimensión.

[OPINIÓN]  En esas ocasiones, la mirada que uno tenía sobre ese actor/actriz, músico, escritor(a) cambia, se hace multidimensional. Puede que no te guste, no te interese o no entiendas las razones de su éxito y popularidad cuando lo que hace -actuar, escribir, cantar-, según tus apreciaciones individuales, sea de baja o muy baja calidad pero, por lo menos, desde su condición humana -anterior a su condición de artista de moda-, comparte valores asociados a la empatía, a la solidaridad, a la corrección, tan escasos e inútiles como herramientas de ascenso social, económico y político en estos tiempos recios.

Benjamin Hammond Haggerty, natural de Washington, tiene 43 años. Se hace llamar Macklemore y es rapero. Es un rapero blanco, como Eminem o Vanilla Ice. O los Beastie Boys. Su nombre artístico, hasta hace unos días desconocido (para mí), es hoy tendencia mundial. El pasado 4 de septiembre, el rapero Macklemore, envuelto en una kufiya y de pie frente a las 90,000 personas que estaban viéndolo y escuchándolo en un conocido estadio de New Jersey, el MetLife Stadium, dijo dos palabras: “Free Palestine!” Macklemore estaba de telonero de un artista pop de alto perfil. Su proclama activó a la maquinaria lobista y, como consecuencia de ello, fue despedido del resto de la gira. Un contrato menos, millones de seguidores más.

Ed Sheeran es un cantautor británico de 35 años, uno de los artistas más conocidos y vendedores del siglo XXI. Nunca he escuchado un disco suyo completo -viene publicándolos desde el 2011 y tiene ya ocho- porque el pop moderno, ese que se concentra en temas personales y superficialidades, no me interesa en absoluto. Posee una fortuna valorizada, según la plataforma Spanish Revolution, en más de 400 millones de dólares. Es, para decirlo de una manera sencilla, el equivalente masculino de Taylor Swift. Macklemore era uno de sus teloneros ese 4 de septiembre.

Esas dos palabras -Free Palestine- no cayeron bien en las oficinas de un puñado de peces gordos. Robert Kraft (85), un anciano multimillonario que es dueño del estadio de la siguiente ciudad en que iban a actuar Ed Sheeran y su telonero Macklemore, llamó de inmediato al manager de Sheeran indicándole que si el rapero seguía en el cartel el concierto se cancelaba. Y el exitoso hacedor de éxitos en Spotify, en lugar de defender a su colega, lo despidió. Lo que pasó después es una muestra de que, a pesar de lo jodidamente mal que está el mundo y las preferencias de las masas, que privilegian todo lo que sea plata, éxito material y lujos, así su acceso a todo ello se limite a ver esas cosas a sus propietarios en una pantalla, todavía hay reductos de solidaridad y sentido de lo que significa ser seres humanos.

Otros tres artistas anunciaron sus renuncias a la gira en respaldo a Macklemore y como condena manifiesta a la decisión de Ed Sheeran, el ídolo juvenil del pop británico, que permitió la perpetración de un acto de abierta censura desde el poder, en este caso, económico. “Ningún artista debe ser silenciado” comentó Finneas O’Connell (29), hermano mayor de Billy Eilish (24), otra exitosísima cantante moderna. Siguieron el mismo camino Aaron Rowe, Lukas Graham y una banda de folk-pop irlandés llamada Beoga, todos ellos integrantes del listado de teloneros de Ed Sheeran en The Loop Tour.

Entre el público también se produjo una masiva reacción de apoyo a Macklemore. Salvo contadas excepciones, las muestras de aprobación y felicitaciones por su valiente declaración proliferaron en redes sociales, de manera proporcional al rechazo hacia Ed Sheeran, quien se atrevió a responder diciendo que “no usaba sus plataformas musicales para hablar de política”. De inmediato le recordaron sus dichos sobre el Brexit y su participación en un concierto benéfico en defensa de Ucrania. El doble rasero de Sheeran llegó al extremo de decir, para satisfacer a sus acaudalados contratistas y dueños de estadios que el genocidio en Gaza es “un conflicto que afecta a ambas partes”. En cuestión de días, perdió aproximadamente 200 mil seguidores en Instagram. A estas alturas, esa cantidad debe ser aun mayor.

La cantante Pink (47), perteneciente a la generación anterior a Sheeran, Swift y demás clones pop -la misma generación que produjo a Britney Spears, Christina Aguilera y Justin Timberlake- fue una de las primeras celebridades pop en reaccionar, pero defendiendo a Sheeran y poniéndose voluntariamente frente al escrutinio del público que de inmediato la incluyó en las olas de rechazo a aquellos artistas que, para no incomodar al poder, proponen la neutralidad en el caso de Gaza. Por su parte, Roger Waters (83), legendario rockero conocido por su irrestricto apoyo a la causa palestina, como desarrollé ampliamente en mi columna musical en este medio, publicó un breve mensaje de un minuto titulado “Ed who?”

Toda esta galería de nombres -Macklemore, Sheeran, Beoga, Aaron Rowe, Lukas Graham- son nuevos para mí, a pesar de moverse en la industria discográfica, un tema que me apasiona. Mis posibilidades de reconocer una canción de cualquiera de ellos son nulas, las mismas que deben tener muchos de sus fans para identificar una de Weather Report, Level 42 o Color Humano. El caso de Eilish y su hermano, de presencia permanente en los podios del Grammy, aunque tampoco logro escuchar sus canciones sin aburrirme, han estado más presentes para mí por sus constantes muestras de solidaridad con causas humanitarias, como su participación en el concierto Together For Palestine organizado por Brian Eno.

Es un asunto de gustos, subjetivo y arbitrario, desde luego. Pero lo real es que, gracias a sus declaraciones y acciones públicas, han aparecido en mi radar, lo que nunca ocurrió a través de sus grabaciones y las noticias de sus premios y ventas millonarias. En el caso de Sheeran, confirman todos mis prejuicios sobre su música. En el de Macklemore, estoy por animarme a escuchar sus temas que, según comentarios de internet, son muy potentes y enfocados.

Ante la ola de informaciones, el rapero respondió con un comunicado en redes sociales, dando más muestras de su claridad y coherencia: “No soy una víctima, Ed Sheeran no es una víctima, Pink no es una víctima. Tenemos carreras, dinero, oportunidades, seguridad y públicos en todo el mundo. Cualquier consecuencia que enfrentemos por lo que decimos, podemos volver a casa con nuestras familias. Las víctimas son el pueblo palestino. Los hombres, mujeres y niños que han sido asesinados, desplazados y obligados a vivir una violencia inimaginable”. Sin excesos ni disfuerzos, además, dijo que lo une a Sheeran el agradecimiento y la amistad que mantienen desde hace 13 años.

Por su parte, Ed Sheeran también se pronunció, aunque de una forma más fría y desconectada, diciendo que la decisión de despedir a su principal telonero fue de los promotores y no suya, agregando que “Macklemore me pidió participar en mi gira y acepté porque lo respeto como artista” sin mencionar que son amigos. Además, comentó que no podría permitir la cancelación de los conciertos -la amenaza que le lanzaron Kraft y sus amigotes- porque su equipo y sus músicos dependen de esos trabajos para ganarse la vida. Sin embargo, como apunta el portal Spanish Revolution, son esos mismos artistas quienes han puesto la solidaridad por encima del dinero al abandonar voluntariamente la gira.

Sheeran, en lugar de mantenerse firme y no ceder a las amenazas de cancelación sin razón -Macklemore no cometió ningún delito al decir lo que dijo- que, en sí mismas, podrían abrir un caso de incumplimiento de contratos contra Robert Kraft, un personaje con probados vínculos con el sionismo y hasta presente en los correos del monstruo Jeffrey Epstein -como lo ha mostrado el periodista Tucker Carlson- prefirió quedar bien con los promotores. Su gira ha ingresado a una crisis por la ola de cancelaciones de personas que están exigiendo la devolución de lo que pagaron por sus entradas.

Este caso de Macklemore y Ed Sheeran es una muestra contundente de cómo ponerse del lado correcto o incorrecto de la historia sí tiene un impacto que va de lo mediático y en cierta medida superficial -la guerra de opiniones en redes- a lo personal y económico, con amenazas de cancelación y veto por parte de quienes creen que con dinero pueden comprar el silencio del mundo ante situaciones extremas como la que se vive en Gaza.

 

​[OPINIÓN] QUIÉN MIRA AL PERÚ Y DESDE DÓNDE
Evan Ellis forma parte del cerebro estratégico del Ejército estadounidense y ha ocupado cargos en el Departamento de Estado. Sus análisis están respaldados por instituciones financiadas por el complejo militar-industrial y grandes corporaciones petroleras. Con un historial centrado en denunciar la influencia de Pekín en América Latina, sus escritos sobre el Perú no constituyen un ejercicio académico, sino la aplicación estricta de una doctrina de seguridad nacional que busca subordinar la región a los intereses de la Casa Blanca.

​EL ESPEJISMO DE LA GUERRA EN EL PACÍFICO SUDAMERICANO
La hipótesis de que Chancay se transformaría en una base logística para la marina china en una eventual guerra resulta desproporcionada. Con el estrecho de Taiwán a más de quince mil kilómetros, ningún mando naval serio planificaría líneas de suministro a semejante distancia. La alarma busca meter presión geopolítica para desalojar a la empresa COSCO y entregar el control del puerto a grupos afines a Washington. Romper contratos por estas presiones equivaldría a sabotear la integración logística sudamericana y asestar un golpe demoledor al comercio de cobre, hierro, oro, arándanos y palta con el mercado asiático.

​CUATRO CONCLUSIONES SOBRE LOS RIESGOS INVISIBLES
Frente al llamado a liderazgos drásticos del pasado, el Perú necesita un pacto de gobernabilidad que reúna al Ejecutivo, el Congreso, las regiones y los líderes sociales. Este consenso debe priorizar la lucha contra el crimen organizado y la prevención de El Niño, dejando de lado leyes controversiales y gabinetes sin representatividad. En segundo lugar, romper lazos con China por decreto desataría demandas internacionales y asfixiaría el campo peruano. En tercer lugar, someterse al guion estadounidense expondría a Lima a un esquema de dominación neocolonial similar al administrado en otros países. Finalmente, la verdadera invasión contra la soberanía no vendrá con tropas militares, sino a través de marines digitales y operadores que manipulan plataformas y algoritmos para alterar elecciones y fabricar consentimiento social.

​CONCLUSIÓN
El planteamiento de Ellis demuestra la falta de lectura estratégica de sectores conservadores que desconocen cómo dialogar con América Latina. Frente a esa geopolítica tóxica, la respuesta desde Lima debe ser la unidad, la diversificación comercial sin arrodillarse, la protección del ciberespacio y la firma de pactos reales por la paz y la prosperidad.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] La primera cuestión es historiográfica. Desde la renovación de la disciplina histórica, asociada a la superación de la historia positivista de Leopoldo Von Ranke, la historia dejó de entenderse como la reproducción transparente de «lo que realmente ocurrió». El historiador trabaja con fuentes, las contrasta, establece hechos y, finalmente, los interpreta. El pasado ocurrió una sola vez; las representaciones que construimos sobre él son múltiples. Por eso no existe una única «historia verdadera» que pueda trasladarse intacta a un museo, un libro o un manual escolar. Existen versiones del pasado, algunas mejor sustentadas que otras, y todas deben permanecer abiertas al análisis crítico.

El LUM representa, sin duda, una determinada narrativa sobre el Conflicto Armado Interno. Esa narrativa puede discutirse: podemos cuestionar la selección de acontecimientos, ampliar la presencia de determinados actores, incorporar nuevos testimonios y matizar interpretaciones. Pero no parece razonable descalificarla en su totalidad porque falte uno u otro acontecimiento que consideremos fundamental.

Toda construcción histórica selecciona. Un museo no puede contener la totalidad del pasado; tampoco un libro de historia ni un manual escolar. La selección no constituye, por sí misma, una falsificación. La discusión relevante es qué se selecciona, por qué se selecciona y si esa selección puede ser revisada y enriquecida. Precisamente por ello, podemos iniciar un diálogo fraterno que permita acercar las distintas memorias y, especialmente, a las Fuerzas Armadas con la sociedad civil, que tanto lo necesitan.

Lo mismo vale para los manuales escolares. No debería imponerse a nuestros niños y jóvenes una única versión oficial del pasado (desde ningún sector de influencia de la sociedad sin excepción). Pero tampoco sería razonable sustituir una narrativa por otra y esperar que esta última sea automáticamente aceptada por la sociedad. Una interpretación histórica necesita, además de sustento documental, verosimilitud social: debe poder dialogar con las experiencias y recuerdos que las comunidades poseen sobre su pasado.

Por eso, una narrativa que presente el CAI exclusivamente como una guerra entre las Fuerzas Armadas y los terroristas, colocando al pueblo peruano como a las víctimas entre ambos, resulta insuficiente. Pero tampoco es aceptable una versión que desconozca los abusos cometidos por agentes del Estado. Reconocerlos no significa negar el carácter terrorista de Sendero Luminoso y el MRTA, ni desconocer el sacrificio de las Fuerzas Armadas, la Policía y la sociedad peruana en la derrota de las organizaciones subversivas y la recuperación de la paz.

La tarea pendiente es construir una narrativa capaz de sostener simultáneamente esas verdades: reconocer el terrorismo y sus víctimas; el sacrificio de quienes defendieron al Estado y a la sociedad; la experiencia de las comunidades campesinas y de las poblaciones desplazadas; y las violaciones de derechos humanos cometidas durante la lucha contra la subversión.

Esto no exige borrar una narrativa para reemplazarla por otra. Puede significar revisarla, matizarla, ampliarla e incluso presentar distintas interpretaciones en los manuales, para que los estudiantes aprendan no solo qué ocurrió, sino también cómo y por qué los peruanos hemos interpretado de manera diferente aquello que ocurrió.

Hay, además, una enseñanza política contemporánea que puede resultar útil para esta discusión. En el debate reciente sobre las facultades legislativas se han escuchado, desde distintos espacios, llamados al diálogo y a la búsqueda de consensos. El presidente del Consejo de Ministros, Luis Galarreta, ha expresado públicamente la disposición del Ejecutivo a alcanzar el consenso con el Congreso sobre esta materia.

Este espíritu de diálogo puede ser también una nueva forma de pensar y de hacer política de aquí en adelante en el Perú. Acabamos de atravesar décadas de confrontación inútil. Esta vez, el país nos exige que dialoguemos y que conversemos para acallar aquellas voces adoloridas que se lamentan desde nuestro pasado, tanto para convertir en desarrollo y bienestar común a las falencias materiales y morales que enturbian nuestro presente.

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[CIUDADANO DE A PIE] En nuestra nota anterior desarrollamos la idea de un “cristianismo de pobres”, construido alrededor de la figura vulnerable del Jesús abatido y tembloroso de Getsemaní, tal como nos lo presenta el Evangelio de Marcos. Esta absoluta vulnerabilidad humana —remarcada por el estudioso norteamericano Louis A. Ruprecht— nos sirvió de apoyo para proponer una lectura eminentemente social de la fe cristiana. Recurriendo a textos muy explícitos del Nuevo Testamento, planteamos la existencia de un cristianismo que observa el mundo “desde abajo”, nada condescendiente con la acumulación indolente de riquezas. Pero, además, Ruprecht considera que el Evangelio de Juan, al mostrarnos un Jesús estrechamente asociado con imágenes de soberanía, triunfo y poder, corrompe el corazón mismo del mensaje cristiano original. Es justamente con ese polémico planteamiento que iniciamos nuestra reflexión.

El Jesús soberano de Juan

Según el relato del Evangelio de Juan, cuando quienes vienen a detener a Jesús llegan al huerto, es él mismo quien, “sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir”, sale al encuentro de sus captores y les pregunta a quién buscan. “A Jesús nazareno”, responden. A su breve respuesta “Yo soy” sucede algo extraordinario: los que habían venido armados para prenderlo retroceden y caen al suelo (Juan 18:4-6). Esta inversión narrativa, con respecto a Marcos, resulta impresionante. Jesús es igualmente arrestado, torturado y ejecutado, pero no aparece interiormente a merced de los acontecimientos. Conoce lo que va a ocurrir, toma la iniciativa y, durante un instante, son sus propios captores quienes parecen sometidos a su autoridad. Como reo ante Pilato no calla, sino que afirma solemnemente que este no tendría ningún poder sobre él “si no le fuera dado desde arriba” (Juan 19:11) y que su reino no pertenece a este mundo (Juan 18:36). Sus últimas palabras en la cruz no traducen sentimientos de derrota ni abandono como en Marcos, sino expresan la culminación consciente de una misión: “Todo está cumplido” (Juan 19:30).

El Jesús de este cuarto evangelio no aparece como una víctima abatida: es la encarnación del Logos preexistente, presente junto a Dios desde la Creación misma y que finalmente “se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:1-14). Y es aquí donde, para Ruprecht, ocurre una transformación fundamental del cristianismo. El Jesús que en Marcos comparte hasta el extremo nuestra vulnerabilidad aparece en Juan revestido de una soberanía que ni siquiera la cruz logra poner en cuestión. Su libro lleva esta interpretación hasta una conclusión deliberadamente provocadora: Juan habría “corrompido el corazón del cristianismo”, convirtiendo al profeta sufriente de un pueblo marginal en un Rey/Logos majestuoso, una imagen mucho más compatible con las estructuras de poder que con la perspectiva de los oprimidos.

La tesis de Ruprecht es ciertamente provocadora, pero también verosímil. Las diferencias entre Marcos y Juan son demasiado visibles como para ignorarlas. Es comprensible, entonces, que Ruprecht vea allí el tránsito desde un Jesús vulnerable hacia un Cristo soberano. El problema, a nuestro entender, es que su interpretación deja fuera un rasgo esencial del propio Juan, pues es precisamente en este evangelio donde se registra una de las escenas más subversivas frente a las jerarquías humanas: el Señor y Maestro se quita el manto, se ciñe una toalla y lava los pies de sus discípulos, para ordenarles después hacer lo mismo unos con otros (Juan 13:1-17). Y es igualmente en este evangelio donde la glorificación de Jesús alcanza su culminación cuando es levantado en la cruz (Juan 12:32-33), mostrando que su gloria no se modela sobre la gloria del dominio, sino que se revela precisamente en la humillación, el servicio y la entrega. Juan mantiene unidos al Señor y al siervo, la gloria y la cruz, la autoridad y la entrega. Esto demuestra una vez más algo tan antiguo como la propia escritura: un mismo texto puede ser interpretado de formas diferentes e incluso contradictorias.

Escándalo y locura

La cruz era uno de los instrumentos de ejecución más atroces e infamantes de Roma, utilizado contra esclavos, rebeldes y delincuentes considerados particularmente peligrosos. Sin embargo, a escasos años de la muerte de Jesús en el Gólgota, Pablo de Tarso ya predicaba a un Mesías crucificado, una muerte que, a la luz de la Ley judía, podía asociarse con la maldición divina del que cuelga de un madero (Deuteronomio 21:23). “Escándalo para los judíos y locura para los gentiles”, reconocía el propio tarsiota en su primera carta a la Iglesia de Corinto (1 Corintios 1:23). A los miembros de esta iglesia, fundada por él, les recordaba también que entre ellos no había muchos sabios, poderosos o nobles según los criterios del mundo, porque Dios había escogido “lo débil del mundo” para avergonzar a lo fuerte (1 Corintios 1:26-27).

Esa condición de marginalidad constituía la identidad misma del movimiento. Los “pobres” de la comunidad de los primeros seguidores de Jesús en Jerusalén (Romanos 15:26) no lo eran solamente en sentido material. Su condición enlazaba con la antigua espiritualidad judía de los anawim, los humildes y desposeídos que, carentes de riqueza y protección terrenal, depositaban su confianza en Dios. La pobreza adquiría así una dignidad religiosa y alimentaba la esperanza de que finalmente la justicia divina reivindicaría a los humillados y desposeídos. No puede sorprender que en el seno de las primeras comunidades cristianas se entonara el himno litúrgico que retrata a Jesús despojándose de todo rango para tomar forma de siervo y humillarse hasta el suplicio de la cruz (Filipenses 2:5-11).

Pero aquella pobreza dejó de caracterizar por sí sola la composición social del movimiento. Durante los tres siglos siguientes, el cristianismo creció extraordinariamente y penetró progresivamente en todos los estratos de la sociedad romana. A las comunidades se incorporaron personas acomodadas, funcionarios, propietarios e incluso miembros de las élites urbanas. La humilde comunidad jerosolimitana de los primeros tiempos pertenecía ya a un mundo muy distante de aquella Iglesia extendida por el Imperio.

Del Gólgota al trono imperial

Aunque el cristianismo incorporaba ya a sectores pudientes e influyentes de la sociedad romana, la Iglesia aún sufría persecuciones imperiales. La cruz seguía siendo el estigma de una fe proscrita y periódicamente perseguida, centrada en un pobre artesano galileo ajusticiado en una provincia remota, y no una enseña de prestigio ni un emblema de poder terrenal. Esa situación comenzaría a cambiar de forma abrupta y casi legendaria el 28 de octubre del año 312, el día en que el emperador Constantino se enfrentó a su rival Majencio por el control de la parte occidental del Imperio en lo que la historia conoce como la batalla del Puente Milvio.

Según Lactancio, escritor cristiano contemporáneo de los acontecimientos y cercano a la familia imperial, la noche anterior a la batalla, el emperador recibió en sueños la orden divina de marcar los escudos de sus soldados con el crismón, el signo compuesto por las dos primeras letras griegas del nombre de Cristo. Años después, el obispo Eusebio de Cesarea ofrecería una versión mucho más grandiosa del episodio: una visión, presenciada a pleno día por Constantino y todo su ejército, de una cruz luminosa sobre el sol con las palabras “Con este signo vencerás”. Más allá de cuánto haya de historia o elaboración en estos relatos, su significado resulta difícil de exagerar. Constantino venció, y desde ese momento el símbolo de un hombre ajusticiado por Roma comenzó a marchar delante de sus ejércitos como emblema de victoria.

La persecución dio paso, primero, a la tolerancia —consolidada por el llamado Edicto de Milán del año 313— y rápidamente al patrocinio. El propio Constantino intervino en los asuntos internos de la Iglesia, restituyó propiedades confiscadas y mandó construir basílicas monumentales a lo largo y ancho de su imperio. El cristianismo entraba de lleno en los espacios de poder y sus obispos adquirían una relevancia pública desconocida hasta entonces. La relación entre el poder imperial y la Iglesia resultaba mutuamente beneficiosa: el primero ofrecía protección, recursos, prestigio y capacidad de expansión; la Iglesia podía aportar cohesión y legitimidad. Y fue precisamente Eusebio quien proporcionó la justificación religiosa de esta simbiosis: el gobierno del emperador debía ser contemplado como el reflejo terrenal de un orden celestial presidido por Dios. Ya no se afirmaba, como antaño, que el emperador fuese divino. Ahora se proclamaba que su autoridad formaba parte de un orden establecido por Dios.

Soberanía divina y soberanía imperial comenzaban a hablar el mismo idioma y, con ello, ciertas imágenes cristianas pasaron a ocupar un primer plano por resultar más compatibles con las categorías humanas de majestad, jerarquía, soberanía y triunfo.

Con el tiempo, Cristo en su trono celestial como soberano del universo (Pantocrátor) resultaba mucho más reconocible desde palacios, cortes y jerarquías que el Maestro arrodillado con una toalla alrededor de la cintura lavando los pies de sus discípulos. La gloria del Evangelio de Juan permanecía intacta; lo que había cambiado era el lugar desde el que se la miraba.

El persistente llamado del Gólgota

Con el paso de los siglos, la convivencia entre la Cruz y el poder se volvió parte natural del paisaje cristiano: reyes coronados en ceremonias sagradas, obispos convertidos en grandes señores, extensas propiedades eclesiásticas, monasterios ricos y una Iglesia capaz de ejercer simultáneamente autoridad espiritual, económica y política. Cruz, corona, riqueza y poder convivían de una manera que habría resultado imposible de concebir para los primeros cristianos.

Pero dentro de aquella misma Iglesia, y a lo largo de los siglos hasta nuestros días, surgirían una y otra vez hombres y movimientos empeñados en recordar una verdad incómoda que muchos aún hoy prefieren soslayar: que el Jesús al que veneraban había nacido pobre, vivido entre los humildes, lavado los pies de sus discípulos y muerto desnudo en un patíbulo. Algunos renunciarían a toda propiedad; otros desafiarían a papas y obispos; otros volverían a proclamar que Dios debía buscarse precisamente en la debilidad del Crucificado.

A algunos de esos cristianos que nunca olvidaron el llamado del Gólgota dedicaremos nuestra próxima nota.

«A los lectores: Pueden acceder al video de cada canción o artista mencionados en los artículos para verlos en YouTube»

[Música Maestro] Roger Waters, el músico, el activista político, el cerebro detrás de los ásperos cuestionamientos socioemocionales de Pink Floyd, cumplió 83 años el pasado 6 de septiembre. Como es público y notorio, el compositor británico es, de lejos, la estrella de rock que critica con mayor dureza al capitalismo, a la derecha neoliberal generadora de abusos y defiende, a veces con sólidos argumentos y otras, con fuertes dosis de confusión -como ocurrió en el caso de Pedro Castillo-, las causas que su corazón y su intelecto identifican como justas.

Lejos de la diplomacia de Bono, la cortesía de Brian Eno o el nacionalismo de Bruce Springsteen, lo suyo es directo y sin filtros. El despliegue audiovisual de sus más recientes giras mundiales consolidó su perfil artístico orientado a criticar profundamente los sistemas políticos y sociales establecidos por el orden mundial de posguerra, usando agudas ironías o referencias literarias, psicológicas e históricas en los álbumes del grupo que lideró entre 1966 y 1983.

Con respecto al genocidio en Gaza, su postura ofrece respuestas viscerales que no dejan lugar a eufemismos. La rabia que exuda cuando habla de Benjamin Netanyahu, Donald Trump, Javier Milei y afines es, a estas alturas, legendaria -como la vez que publicó un video en que, después de pronunciar cada uno de esos apellidos, lanzaba un denso y sonoro escupitajo en señal de absoluto desprecio. Sin embargo, también hay espacio para la ternura en esa lucha feroz por defender los derechos humanos de las poblaciones palestinas arrasadas por la locura sionista, como demuestra su más reciente grabación.

La (no tan) nueva canción de Roger Waters

Comfortably numb re-imagined es, como dice su título, la reimaginación de uno de los temas centrales de The wall (1979), icónico álbum doble de Pink Floyd concebido desde la mente de Roger Waters para procesar sus traumas personales y convertirlos en un afilado análisis sobre la despersonalización y las oscuridades emocionales a las que el ser humano queda sometido por una mala educación -familiar, social, escolar- cargada de prejuicios e hipocresías. Con letra modificada, la canción se convierte en un sensible lamento de dolor frente al genocidio que padece Palestina. De dolor, pero también de esperanza.

Acompañado por la cantante palestina Mona Miari y un coro de once vocalistas (nueve mujeres, dos hombres), Roger Waters envía un mensaje que busca remover al público para sacarlo de esa apatía, esa deshumanizada indiferencia frente a uno de los hechos más violentos y crueles de la actualidad. Acompañan a los cantantes el percusionista palestino Alber Baseel y el flautista norteamericano Gideon Forbes, quien hace sonar el nay, un instrumento de viento ancestral muy usado en el folklore de Asia Menor y el norte del África.

En el 2022, Waters ya había actualizado Comfortably numb con un video que usaba al inicio de cada concierto de su más reciente gira, This is not a drill, una alegoría del ser humano moderno que vive anestesiado por la tecnología, incapaz de comunicarse con sus semejantes. Pero esta nueva relectura posee una carga simbólica aun mayor. Como dice la web https://www.comfortablynumbreimagined.com/ “los nuevos arreglos y melodías escritas por Waters y Miari evocan sentimientos de resistencia y solidaridad con el pueblo palestino”.

¿Quién es Mona Miari?

Mona Miari (32) nació en Chicago, pero lleva a Palestina en la sangre y en el corazón, pues su madre y padre nacieron en las ciudades de Akka y Al-Birwa -una villa destruida durante la ocupación de 1948-, cercanas al puerto de Haifa, en la costa norte de Israel. Como cantante, participó en la edición 2009 del festival Jesuralem: Capital of the Arabic Culture, cuando apenas tenía 15 años. Miari es además doctora en leyes por la Universidad de Tel-Aviv.

Identificada desde muy pequeña con sus raíces, Mona Miari comenzó a apoyar distintas actividades en defensa de sus compatriotas, como estudiante y como artista. De inmediato comenzó a sentir que sus canciones eran, de una u otra forma, puestas de lado. Por ello, decidió reubicarse en los Estados Unidos, primero en Los Angeles y luego en New York, donde tomó contacto con la comunidad palestina, convirtiéndose en una de sus principales voces.

No pasó mucho tiempo antes de que la censura apareciera también, como una ironía de mal gusto, en la “tierra de la libertad”. Varios conciertos cancelados, entre ellos uno en el prestigioso Museo de la Sociedad del Asia, fundada en 1956 por John D. Rockefeller, la enfrentaron a “una nueva forma de discriminación”. Los encargados del museo le indicaron, cinco días antes del concierto, “que no podían permitirlo porque, al ser palestina, no tenemos control sobre lo que diga en el escenario”.

En Comfortably numb re-imagined, Mona Miari no solo canta de forma exuberante y sensible sino que además dirige al coro e incluye su composición Hind’s lullaby, dedicada a Hind Rajab, la adorable niña palestina de cinco años asesinada a mansalva junto a su familia por la soldadesca israelí en enero del 2024. La cantautora se alista para lanzar este año su álbum debut de manera independiente, con la participación de músicos de primer nivel.

El video de Comfortably numb re-imagined

A través de un conmovedor video en blanco y negro dirigido por el británico David Barron y el palestino Suhail Nassar, podemos ver imágenes de pueblos devastados, inmensas e interminables diásporas, niñas y niños huérfanos que sonríen mientras juegan con casquillos de granadas usadas en calles destruidas, hombres y mujeres con las miradas desencajadas, que deciden tomarse un respiro y vivir -dialogar, leer, pensar- en medio de la desolación.

Es imposible, al entrar en contacto con esta realidad, negar la magnitud del desastre que, en estos precisos momentos, muchas personas están padeciendo en cada rincón de Gaza, salvo que se pertenezca al bando monstruoso de los Ben Gvir, los Smotrich y sus incondicionales en nuestra región, que prefieren dar la espalda a miles de desposeídos con tal de no perder sus nexos, privilegios y amistades con los poderosos.

El video de esta versión reimaginada de Comfortably numb se lanzó en simultáneo en los canales de YouTube de Waters, Miari y las instituciones involucradas en su difusión, el 17 de junio de este año. En tres meses, supera ya los dos millones de visualizaciones. Según datos oficiales, lo que se recaude de la venta del single y su monetización en redes va directo a la PCRF (Palestine Children’s Relief Fund), ONG existente desde 1991 que actualmente concentra todas sus actividades benéficas para llevar alimentos, ropa y medicinas a las zonas atacadas.

Una canción dedicada a Palestina

Si buscamos una traducción literal del título, la frase “comfortably numb” puede prestarse a varias interpretaciones. Sin embargo, en su contexto original describe el estado cómodamente adormecido del protagonista, ya sea por sus malestares o por las drogas que le inoculan para curarlo. Esta nueva versión dedicada a Palestina modifica de forma radical su sentido para sacudir al mundo que no quiere ver la barbarie desatada por los ejércitos sionistas en Gaza.

En el video aparecen los cantantes juntos en el estudio, intercalando sus líneas. Cuando Roger Waters lo hace en inglés, los subtítulos aparecen de derecha a izquierda en caligrafía árabe. Cuando es el turno de Mona Miari, ella canta versos en árabe escritos por ella, con subtítulos en inglés. De esa forma, todos podemos entender el sentimiento de angustia, la desesperación de las víctimas directas de la Nakba (“limpieza étnica”) que pretende aniquilarlos.

“Hola ¿hay alguien ahí dentro? Solo asiente si puedes oírme, ¿hay alguien en casa?” es la primera frase de Comfortably numb re-imagined, mientras vemos imágenes de la destrucción ocasionada por los bombardeos. La frase pertenece a la primera estrofa del tema, la única que usaron de la original escrita en 1979. Lo que sigue es Roger Waters hablándole al pueblo palestino desde el corazón, comprometiéndose a dar testimonio desde Occidente, rogando porque en un futuro no muy lejano las familias vuelvan a reunirse en paz a esas épocas “en que se adoraba y cuidaba a los árboles de olivo, antes de que los colonos robaran sus tierras”.

Comfortably numb en The wall

Comfortably numb pertenece a The wall, décimo primer y penúltimo álbum de la formación definitiva de Pink Floyd, lanzado en 1979, hace 47 años. En la versión en vinilo, cierra el lado A del segundo disco. Su preciosista y dramática melodía sirve para contarnos uno de los momentos más tensos de la saga de Pink, alter ego de Waters, antes de iniciar el tramo final de su azarosa historia cargada de traumas y un permanente desasosiego con la vida.

La alienación de Pink lo lleva al colapso y, tras un episodio de alucinaciones y remembranzas de su pasado, es hallado inconsciente en su habitación, poco antes de iniciar un concierto. En la primera parte, un doctor (Roger Waters) trata de reanimarlo. De hecho, durante la gira que hicieron entre febrero 1980 y junio 1981, Roger Waters canta usando una bata blanca. Tras ese contacto inicial, Pink (David Gilmour) describe su situación, una especie de letargo que arrastra desde su niñez combinado con su calamitoso estado actual.

Después regresa el doctor para inyectarle una droga que consigue sacarlo de ese marasmo cómodo en el que está, dejándolo listo para salir al escenario. En la película The wall (Alan Parker, 1980), la actuación de Bob Geldof y la simbología oscura permiten entender mejor el trance de transformación del antihéroe. Comfortably numb es una de las canciones más admiradas del grupo, especialmente por sus dos intensos solos de guitarra. En la mencionada gira, Gilmour aparecía tocándolos desde lo alto del muro de ladrillos blancos que cada noche volaba en pedazos ante los ojos del público. Según el guitarrista, esa fue la última vez que él y Roger lograron construir algo juntos de manera productiva.

Entre la luz y la oscuridad

Una de las cosas que hacen de Comfortably numb una de las canciones más hipnóticas y cautivadoras de Pink Floyd es que integra la oscuridad de Roger Waters y la luminosidad de David Gilmour en una yuxtaposición de exquisito resultado sonoro. El segmento del guitarrista nació como un demo que venía preparando para una producción solista que quedó encajonada. El productor Bob Ezrin animó a David a usarlo con la banda, decisión que todos agradeceremos eternamente. Los brillantes tonos mayores son la contraparte perfecta para la atmósfera sombría de la estrofa inicial, escrita por Roger.

A lo largo del tema escuchamos toda la parafernalia de efectos característicos en la banda: sobrecarga de ecos, capas múltiples de guitarras -acústicas, eléctricas, slides-, voces superpuestas. Pero también oímos finos arreglos para violines y metales, escritos por el norteamericano Michael Kamen (1943-2008) quien dirigió en esa ocasión a un conjunto de músicos de la orquesta filarmónica de New York. Esas sosegadas olas sinfónicas son rematadas en el último tramo con un poderoso solo detrás del cual resuena uno de los riffs más pesados de esta legendaria banda de rock progresivo de los años setenta.

En la grabación participaron Roger Waters (voz, bajo), David Gilmour (voz, guitarras), Richard Wright (teclados) y Nick Mason (batería). El músico de jazz Lee Ritenour colocó las guitarras acústicas que se escuchan al fondo. El single se lanzó en 1980, con Hey you como lado B.

Las otras versiones de Comfortably numb

Pink Floyd interpretó la canción en vivo 31 veces, en las ciudades de Los Angeles, New York (EE.UU.), Dortmund (Alemania) y Londres (Inglaterra), las únicas a las que llegó The Wall Tour. Andy Bown, miembro de otra legendaria banda de rock inglés, Status Quo, tocaba el bajo mientras Waters hacía del doctor. El último show de esa gira, cuya puesta en escena costó casi dos millones de dólares -uno de los presupuestos más altos de la historia del rock-, fue el 17 de junio de 1981 en el teatro Earls Court de la capital británica.

Desde el desbande de 1985 hasta hoy, tanto Roger Waters como David Gilmour incluyen la canción en sus repertorios. En los discos en vivo de Pink Floyd Delicate sound of thunder (1988) y Pulse (1995), Comfortably numb figura siempre casi al final, con Richard Wright, el bajista Guy Pratt y el tecladista Jon Carin creando una armonía vocal totalmente diferente al característico estilo susurrante, sarcástico y misterioso que grabó Waters en la versión original.

El 21 de julio de 1990, ocho meses después de la caída del Muro de Berlín, Roger Waters armó un elenco de estrellas para presentar The wall de principio a fin en la capital alemana, uno de los conciertos de rock con más significado cultural y sociopolítico del siglo XX. Para Comfortably numb, las partes de Gilmour fueron interpretadas por el irlandés Van Morrison y dos miembros de The Band, el canadiense Rick Danko y el norteamericano Levon Helm. En las guitarras estuvieron Snowy White y Rick Di Fionzo.

Fue la última canción que tocaron juntos

Pero quizás la versión en vivo más memorable sea la del 2 de julio del 2005, en que Waters y Gilmour hicieron a un lado sus diferencias para aparecer junto a Wright y Mason en Live 8, megaconcierto benéfico para llevar ayuda económica al tercer mundo. Aquella vez, el cuarteto se reunió después de 24 años para tocar cinco canciones: Speak to me, Breathe/Breathe (Reprise), Money, Wish you were here y, como apoteósico cierre, Comfortably numb.

Esa sería la última oportunidad para Pink Floyd, pues el fallecimiento de Richard Wright en el 2008 borró para siempre la posibilidad de una nueva reunión. Sin embargo, el 2011 Gilmour hizo una aparición sorpresiva en un concierto de Waters en el O2 de Londres, replicando la forma en que interpretaban la canción en The Wall Tour, con el guitarrista cantando y tocando sus icónicos solos desde arriba.

Cantantes como Don Henley (Eagles), Eddie Vedder (Pearl Jam) o David Bowie también la han cantado junto a Gilmour o Waters, en diferentes momentos. Ha habido covers desechables como el de Scissor Sisters o Miley Cyrus. Pero también de alto calibre, como el que grabó la banda de metal-rap Body Count, del conocido Ice-T, con el mismísimo David Gilmour en guitarra (álbum Merciless, 2024). O el supergrupo Sons Of Apollo -Mike Portnoy (voz, batería), Ron «Bumblefoot» Thal (guitarra), Billy Sheehan (bajo), Derek Sherinian (teclados) y Jeff Scott Soto (voz)- que hace una rendición espectacular del tema en su CD en vivo Live with the Plovdiv Psychotic Symphony (2019), grabado en un antiguo anfiteatro en Bulgaria.

Una canción urgente que todos debemos conocer

Parte de la letra escrita por Mona Miari para Comfortably numb re-imagined dice: “Sigue escribiendo… Cuéntales cómo el asedio nos arrebató el aliento de nuestras vidas, destruyó nuestros hogares. Algunos aun viven, pero muchos otros han muerto. La tierra espera, nuestro regreso es un derecho…” para finalmente unirse al legendario rockero en una frase que resume la intención de esta nueva versión: nunca estaremos cómodamente adormecidos (I will never become comfortably numb). Al final del video, una dulce niña palestina pregunta si el sol volverá a salir alguna vez en su tierra. Todos nos preguntamos eso.

[OPINIÓN] El pedido de facultades legislativas presentado por el Poder Ejecutivo al Congreso merece ser discutido con responsabilidad y sentido de realidad. Nadie puede negar que el Perú enfrenta urgencias que requieren respuestas rápidas, particularmente frente al avance de la delincuencia y la amenaza del Fenómeno El Niño. Sin embargo, el proyecto presentado por el Gobierno solicita facultades durante 120 días y comprende nada menos que 66 puntos, distribuidos en materias de lo más diversas que van mucho más allá de aquellas emergencias.

El problema no es solamente la cantidad, sino la dispersión del pedido y el grado de generalidad con que están formuladas algunas de las facultades solicitadas. Por ejemplo, cuando se propone “reformar, simplificar y optimizar” los regímenes tributarios y las obligaciones formales de las empresas, cabe preguntarse qué se quiere cambiar exactamente, en qué sentido y con qué límites. Una delegación legislativa no debería obligar al Congreso a adivinar qué pretende hacer el Ejecutivo. Al respecto, el artículo 104 de la Constitución exige que la facultad sea otorgada sobre materias específicas, y esa especificidad debe permitir conocer razonablemente cuál será el contenido de la legislación que se pretende aprobar.

Por eso, considero que debemos evitar dos posiciones que resultan igualmente equivocadas: negar al Ejecutivo toda posibilidad de legislar con rapidez o, al contrario, entregarle una autorización excesivamente amplia. Las facultades legislativas son una herramienta constitucional válida, pero, debido a que permiten que el Ejecutivo legisle temporalmente sobre materias que corresponden al Congreso, deben ser excepcionales, precisas y muy bien delimitadas.

En ese sentido, me parece razonable reformular y acotar el pedido de facultades a las cuestiones que hoy demandan una respuesta urgente y sobre las cuales existe un amplio consenso nacional: seguridad ciudadana, gestión de riesgos de desastres y atención frente al Fenómeno El Niño. En estos ámbitos sí resulta posible identificar problemas concretos que requieren decisiones oportunas y, al mismo tiempo, establecer límites claros para la actuación del Ejecutivo.

El Perú necesita que sus instituciones funcionen y que sus poderes del Estado colaboren entre sí, no que compitan y se enfrenten permanentemente. El Ejecutivo tiene la obligación de gobernar y responder ante las urgencias nacionales: el Congreso tiene el deber de legislar, representar y fiscalizar. No hay razón para que estas responsabilidades sean incompatibles. Debemos otorgar facultades pero hacerlo de manera precisa y acotada para responder a las necesidades más urgentes y dramáticas que hoy afectan a los peruanos, principalmente a los más vulnerables.

Imagen: Ica, durante el fenómeno El Niño de 1998. (Foto GEC Archivo Histórico)

 

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