Opinión

[OPINIÓN] Carlos Álvarez ha vivido —y bien— de mirar a los demás desde arriba del escenario. Durante más de treinta años convirtió la política en materia prima: imitó, ridiculizó, exageró y cobró por hacerlo. No es poca cosa. Tiene talento, tiene oficio, tiene timing. Y como suele ocurrir, más de un político lo usó con entusiasmo para golpear a otros. Un intercambio simple y conocido: tú haces reír, yo saco provecho.

Ese fue su terreno. La televisión.

El problema empieza cuando el personaje decide mudarse del sketch a la realidad. Cuando el payaso baja del escenario y pretende dirigir la función.

En lo que va de su aventura electoral, no hay mucho que rescatar. No hay propuesta seria, no hay estructura, no hay equipo visible. Solo frases de catálogo: seguridad, pena de muerte, niños con hambre. Lo básico, lo obvio, lo que cualquiera puede decir en cualquier rincón del tercer mundo sin haber pensado demasiado. Todo enmarcado en una puesta en escena doméstica y cargada, más cercana al set de Mirtha Legrand que al país real.

Y entonces aparece su último mensaje. Decide confrontar al amigo Aldo Mariátegui por una pequeña  columna en Perú21. Podía discrepar, en la misma medida, claro. Era lo razonable. Pero optó por lo otro: la furia, la mueca, la sobreactuación. Un tono entre resentido y grosero, lleno de referencias a “la gentita”, riquezas ajenas y nombres famosos en una especie de mensaje a la nación, que no aporta nada.

Más que una respuesta, fue un número.

Y ahí está el problema. No es que critique, es cómo lo hace. Porque en ese momento vuelve el oficio: el gesto exagerado, la caricatura, el golpe fácil. Solo que esta vez no hay libreto ni risas enlatadas. Hay una pretensión de poder.

Y eso cambia todo.

La política admite errores, admite incluso torpezas. Lo que no admite tan fácilmente es la superficialidad como método. Álvarez sigue siendo eficaz en lo suyo: provocar, imitar, burlarse. Pero gobernar es otra cosa.

El desgaste ya está ocurriendo. Después de jugar a ser candidato, no se puede volver al mismo lugar sin costo. El público cambia de mirada. El personaje pierde la magia.

Pobre payaso. Charlie Rivel escribió sus memorias con ese título porque entendía que serlo tiene un costo. Que detrás del número hay una vida entera de oficio, disciplina y algo parecido a la humildad. Álvarez tomó prestado el escenario, pero no esa parte.

Una última opinión, entonces. De un hombre de gracia que quiso ser otra cosa. Y que, al final, no dejó de serlo.

[EL DEDO EN LA LLAGA] El 19 de marzo de este año tuvo lugar la Catholic Prayer for America Gala 2026 (Gala de Oración Católica por América 2026 —entiéndase por América sólo Estados Unidos—) en el hotel Waldorf Astoria (antiguo Hotel Trump) en Washington, D.C., que se inició con un mensaje de vídeo enviado por el cardenal Gerhard Müller, exprefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Este evento fue organizado por Catholics for Catholics (Católicos por los Católicos), una organización estadounidense sin fines de lucro fundada en 2022. Se presenta como un movimiento católico conservador que busca restaurar la presencia pública de la fe católica en la esfera pública estadounidense, combinando devoción religiosa con un fuerte patriotismo. Su misión principal es inspirar una “nueva ola de catolicismo” y amor por Estados Unidos; educar sobre la doctrina católica y analizar las posiciones de líderes católicos en temas de política pública, legislación y bienestar social; elevar a Cristo a la vida pública estadounidense, sin ocultar la fe; apoyar a quienes defienden la fe católica y los valores tradicionales en la cultura y la política. Ni que decir, se trata de una organización que ha apoyado abiertamente —sin ningún atisbo de vergüenza— al presidente Donald Trump.

Y uno de sus aliados y embajadores, quien también participó con un breve discurso en esta gala ultraconservadora y fue galardonado con el Catholic Champion Award 2026 (Premio Campeón Católico 2026), está Eduardo Verástegui, un actor mexicano que se ha convertido en una figura emblemática para los católicos conservadores del ámbito latinoamericano. El premio se le otorgó por su compromiso en la protección de los niños y la lucha contra la trata de personas, y por su trabajo como productor de la película “Sound of Freedom”, que habría ayudado a visibilizar la crisis de la trata infantil a nivel nacional e internacional.

Sin embargo, aquí es donde comienza el doble rasero, pues el film sensacionaliza el tema al enfocarse en rescates dramáticos en selvas y “carteles extranjeros”, lo que podría dar la impresión errónea de que el tráfico sexual infantil es principalmente un problema que se origina fuera de las fronteras de Estados Unidos, aunque el destino final de consumo de esos niños “de afuera” sean los mismos Estados Unidos. En realidad, el tráfico y la explotación sexual de menores ocurre en todos los países, incluido en los 50 estados del país norteamericano. Dentro de Estados Unidos, la mayoría de los casos de explotación sexual infantil involucran a menores estadounidenses —muchas veces facilitados por conocidos, familiares o a través de Internet—, no sólo víctimas importadas.

Verástegui también ha omitido mencionar posteriormente las acusaciones contra Tim Ballard, fundador de Operation Underground Railroad (OUR) — la organización que inspiró la película—, interpretado por Jim Caviezel en el film. Ballard enfrentó desde finales de 2023 múltiples acusaciones de acoso sexual, agresión sexual y manipulación espiritual por parte de varias mujeres que trabajaron o colaboraron con él en operaciones encubiertas. Si bien estos hechos se conocieron después de realizada la película, Verástegui ha optado por guardar silencio al respecto. De este modo, por esos azares del destino, “Sound of Freedom” termina convirtiéndose en la exaltación heroica de un abusador sexual.

El mismo Eduardo Verástegui ha estado muy cerca de uno de los mayores pederastas de la historia de la Iglesia. A través del sacerdote Juan Gabriel Guerra, integrante de los Legionarios de Cristo, llegó a conocer personalmente al P. Marcial Maciel. el cuál habría facilitado un encuentro del papa Juan Pablo II con el actor mexicano en noviembre de 2004, de lo cual da testimonio una fotografía, donde también se ve al P. Maciel.

Recién el 31 de agosto de 2025, Verástegui haría declaraciones públicas sobre los abusos de Maciel —aun cuando esos abusos ya eran conocidos desde hace años y el actor mexicano habría preferido guardar silencio cómplice—:

«Acabo de ver el documental “El lobo de Dios”. Primero que nada, el título no me gustó. Creo que hubiera sido más honesto llamarlo “El lobo disfrazado de oveja” o, mejor aún, “El lobo del diablo”.

Más allá del título, el documental revela las perversidades de un hombre que hizo un enorme daño a la Iglesia y a muchas víctimas inocentes. Eso hay que decirlo con todas sus letras: fue un criminal y un traidor al Evangelio. El mal debe ser condenado, las víctimas escuchadas y recompensadas, y los culpables investigados, procesados, juzgados y encarcelados».

Verástegui también se ha pronunciado sobre el caso de Jeffrey Epstein, considerando que «es uno de los fracasos morales y criminales más graves de nuestro tiempo. Epstein dirigió una red de abuso sexual sistemático de menores». Ha preguntado públicamente: «¿Quién más de México aparece en la lista de Jeffrey Epstein? Si alguien abusó de un niño, sea quien sea, debe caer». Pero este rasero no aplica cuando quien aparece cientos de veces en la lista de Epstein es Donald Trump, a quien el actor considera su amigo y defiende apasionadamente. «El presidente Donald Trump es el mejor presidente que ha tenido México», publicó el 21 de enero en la red social X.

Verástegui se presenta como parte del movimiento conservador global alineado con Trump (estilo MAGA, Make America Great Again). Lo ve como un líder fuerte contra el “globalismo”, el comunismo, los cárteles y las agendas progresistas. Ha actuado como una especie de puente o “vocero” informal de Trump en círculos latinos y mexicanos conservadores. Sus elogios son abiertos y sin matices negativos hacia Trump; no se le conocen críticas públicas importantes al presidente estadounidense. Ni siquiera ha dicho nada contra las atroces políticas migratorias que atentan contra derechos humanos, sobre todo de los migrantes latinoamericanos, como sí lo han hecho en declaraciones públicas los obispos estadounidenses e incluso el papa León XIV. Verástegui parece seguir en este punto una agenda propia, que no es la de la Iglesia católica.

El día 21 de abril de 2025, cuando murió el papa Francisco, Verástegui publicó este texto. «Hoy despedimos al Papa Francisco. Oremos por el eterno descanso de su alma. Que el Señor lo reciba en su infinita misericordia». Son palabras respetuosas que, sin embargo, no muestran ningún entusiasmo por lo que significó el pontificado del papa argentino. Son palabras muy similares a las que publicó Alejandro Bermúdez, pseudo-periodista expulsado del Sodalicio y furioso detractor de Francisco, quien se considera a sí mismo “amigo” de Verástegui: «Concédele Señor el descanso eterno, y brille para el Papa Francisco la luz perpetua. Descanso eterno conceda a él el Señor, y brille para él la luz perpetua. Descanse en paz. Amén».

Contrastan estos mensajes con lo que Verástegui publicó el 9 de mayo de 2025: «Dios nos ha regalado un nuevo Pastor: el Papa León XIV. Un hombre de fe, de oración, de servicio, con un corazón profundamente hispano, mariano y profundamente enamorado de Jesucristo y de su Iglesia. La Iglesia vive un momento de gracia. ¡Que viva el Papa León XIV!» Nunca se expresó en términos parecidos del Papa Francisco. Saquen sus conclusiones.

También es conocida su admiración por Mel Gibson, católico ultraderechista que rechaza el Concilio Vaticano II y que ha puesto en duda la legitimidad de los papas posteriores a ese concilio. Verástegui suele mencionar con entusiasmo y gratitud la película de Gibson “The Passion of the Christ” (“La Pasión de Cristo”), la recomienda explícitamente y la usa como ejemplo de cine que defiende la fe sin concesiones. Sin embargo, no tiene en cuenta que esa película se basa mucho más sobre las visiones de la religiosa alemana Anna Katharina Emmerick y sobre leyendas cristianas, que sobre los Evangelios mismos. Si consideramos que esa visiones fueron descartadas en el Vaticano por la Congregación para las Causas de los Santos debido a que no podían considerarse auténticas (cardenal José Saraiva Martins: «las “visiones” […] fueron anotadas, reelaboradas con gran libertad y sin control alguno, por el escritor alemán Clemens Brentano»), y si a eso le sumamos los detalles que fueron inventados por el guionista para sustentar determinadas interpretaciones de la fe, podemos concluir que nos hallamos ante una obra de teología-ficción salpicada de sadismo y espectacularidad sangrienta, y no ante una narración sobria, fiel a la esencia de los Evangelios.

A eso le podemos añadir otras posiciones doctrinales personales muy cuestionables de Verástegui, quien se considera pro-vida por su rechazo al aborto, pero está a favor de la pena de muerte. En un post del 7 de febrero de 2026 en la red social X decía lo siguiente:

«Conclusión católica, clara y honesta

La pena de muerte no ha sido condenada dogmáticamente por la Iglesia.

Fue considerada lícita durante siglos por santos, doctores y el Magisterio. La modificación del Catecismo no es infalible.

Es legítimo afirmar, con respeto y fidelidad a la Tradición, que el Papa pudo haberse equivocado en este punto. Defender esta postura no es herejía, ni desobediencia, ni ruptura con la fe católica. Es, sencillamente, pensar como la Iglesia ha pensado durante dos mil años».

No resistí la tentación de responderle con un post del 9 de febrero de 2026:

«Dogmáticamente la Iglesia tampoco ha condenado la esclavitud, la tortura ni la guerra. Pero la primera fue declarada moralmente ilícita recién en el siglo XIX, y las demás en el siglo XX. ¿Un católico puede estar a favor de la esclavitud, la tortura y la guerra?

Evidentemente, no.

Y tampoco a favor de la pena de muerte, aunque la postura de la Iglesia recién haya cambiado en el siglo XXI.

La Iglesia tuvo esclavos, torturó a “herejes” e inició “guerras santas”.

¿A esos tiempos quieres regresar, Verástegui?»

Si eso le sumamos su evidente homofobia, sus críticas a las luchas legítimas de las mujeres por sus derechos, su oposición al multiculturalismo unida a la discriminación de ciertos grupos poblacionales y su admiración por la cristiandad medieval, parece que efectivamente quisiera regresarnos a épocas superadas del pasado. Y eso es lo que menos necesita una Iglesia católica que ha estado sumida en graves crisis en los últimos tiempos.

[OPINIÓN] El Jurado Nacional de Elecciones ha logrado, con meticulosa organización, recrear en versión electoral lo que la historia ya había advertido: la confusión total. Su propuesta: un debate presidencial con treinta y cinco candidatos, donde cada uno dispone de ocho minutos en total —repartidos entre exposición y réplica— sobre temas que no eligen ellos sino el propio Jurado. Todo ordenado. Todo incomprensible.

El problema no es solo la cantidad, sino el formato. Esos ocho minutos están partidos en dos jornadas separadas por una semana. Cuatro minutos un día, sobre un tema; cuatro la siguiente, sobre otro. Un discurso fragmentado que asegura levedad en lo expuesto y olvido garantizado en quien escucha.

¿Quién puede seguir ese hilo? Nadie. Se le pide al ciudadano retener 35 intervenciones por jornada y reconstruirlas días después, en otro contexto, con otros rivales. No es información, es desgaste.

Para completar el cuadro, el sorteo cambia los cruces cada día. Keiko Fujimori con López Aliaga hoy; Belmont con el Cómico Álvarez mañana. Sin comparación directa, sin contraste, sin debate real. Solo combinaciones aleatorias que convierten el evento en una sucesión de monólogos que, gracias a Dios, duran apenas dos minutos. Al final de cada uno, el infaltable ¡Viva el Perú, carajo! y a otra cosa.

El problema, siendo justos, no es de los candidatos. Es del sistema que permite 35 postulantes —y miles más en listas parlamentarias— y luego pretende ordenarlos con cronómetro, para darlos a conocer sabiendo que el 80% está condenado a la irrelevancia desde el inicio. Participan igual, porque quieren sus  8 minutos de gloria y lamentablemente para nosotros,  la ley los obliga.

La televisión abierta vislumbró antes que nadie la falta de interés: en la primera jornada, el lunes 23, pasó de largo sin remordimientos.

Lo que queda es un desfile que, con menos protocolo, sería un buen programa cómico de fin de semana. Y no se duerman: aún falta la cédula de votación —ya de por sí incomprensible— para confirmar que en este bulín electoral, entender es lo único que no estaba previsto.

Que Dios nos coja confesados.

[INFORME] Roberto Sánchez Palomino empieza a tomar protagonismo mostrándose como el elegido para reivindicar a Pedro Castillo y su proyecto político. Sin embargo, su historial no sólo refleja la imagen de un ministro que entregaba puestos a sus conocidos, sino que también traicionó a la propia izquierda.

Cuando Pedro Castillo Terrones abandonó Palacio de Gobierno en diciembre del 2022, tras un fallido intento de golpe de Estado, podía parecer que se había escrito el capítulo final de su historia política. Sin embargo, las desaciertos y provocaciones del Congreso, su principal opositor, sumado a que un considerable sector del interior del Perú interpretó la vacancia como la intolerancia de los políticos limeños ante un maestro rural llevaron a que, más de tres años después, el nombre de Pedro Castillo siga teniendo un impacto considerable.

De cara a las elecciones que se llevarán a cabo en algunas semanas, la pregunta que restaba por responderse era quién podría representar a ese sector castillista que todavía estaba a la espera de una reivindicación. Desde el espectro de la izquierda habían surgido diversos nombres como Alfonso López Chau, quien siendo rector de la UNI había acogido a quienes llegaron a Lima para manifestarse contra el gobierno de Dina Boluarte, el líder aymara Vicente Alanoca y hasta Ronald Atencio, exabogado de Castillo.

Pero quien finalmente parece haber sido el elegido de la mayoría de los seguidores de Pedro Castillo es Roberto Sánchez Palomino. El congresista y líder del partido Juntos por el Perú hoy hasta brinda mítines usando el sombrero que supo caracterizar al expresidente y su nombre ha tomado fuerza en las encuestas. No obstante, debajo del sombrero existe un historial reciente que muestra la cuestionable manera en que se ha desempeñado Sánchez Palomino cuando tuvo poder.

EL CASO CENFOTUR

Luego que Pedro Castillo pasó a segunda vuelta en abril del 2021 se encontró ante la necesidad de acercarse a otros sectores de izquierda y, cuando posteriormente se convirtió en presidente, buscó en estos grupos  a quienes serían sus ministros. Roberto Sánchez Palomino fue uno de ellos y entre los años 2021 y 2022 se desempeñó como titular del sector de Comercio Exterior y Turismo.

Su llegada a este ministerio no tardó en tener repercusión en las entidades adscritas al Mincetur. El Centro de Formación en Turismo (Cenfotur) fue uno de los lugares donde se empezaron a evidenciar, y padecer, los cambios que trajo consigo la gestión del ministro Sánchez Palomino.

El 31 de diciembre del 2021, el entonces ministro Roberto Sánchez designaría a Víctor Fernando Sotelo Canales como el nuevo director nacional del Centro de Formación en Turismo. Una decisión que tomó por sorpresa a más de uno debido a que Sotelo no sólo carecía de experiencia en el rubro, sino porque además acumulaba denuncias por violencia familiar.

Este personaje que gozaba de la confianza del líder del ahora candidato presidencial fue el líder de una gestión que parecía no tener reparos en perseguir a todo aquel trabajador que no estaba dispuesto a acatar órdenes por más irracionales e injustificadas que sean. En ese contexto, en agosto del año 2022, Sudaca pudo conocer el caso de Tania Mabel Zurita Sánchez, quien era jefa encargada de la Oficina de Planificación, Presupuesto y Desarrollo de Cenfotur.

Zurita venía trabajando en el Centro de Formación en Turismo desde el año 2018. Pero fue con esta nueva gestión que se encontró ante un inesperado proceso disciplinario que hasta llegó al punto en que se le prohibió el ingreso a su centro de labores. ¿Qué acto tan grave la llevó a encontrarse ante este escenario? El haber solicitado una justificación técnica para avalar el pedido de un aumento de presupuesto que hicieron las nuevas cabezas de esta entidad.

Sudaca pudo acceder a la defensa presentada por Zurita Sánchez donde directamente menciona actos de hostigamiento que hasta llegaron a descuentos de su salario sin justificación alguna. Aunque desde Cenfotur negaron estas acusaciones, tras la difusión del informe de Sudaca, sólo pasaron unos días para que  Víctor Fernando Sotelo Canales presente la renuncia al cargo de director.

Pero la salida de Sotelo estuvo lejos de representar un cambio de rumbo para Cenfotur y sin dudas tampoco fue un escarmiento para Sánchez Palomino, quien no buscó a su reemplazo en una lista de especialistas del sector turismo sino en la lista de su partido. Fue así como Giannina Iris Avendaño Vilca, excandidata al Congreso por Juntos por el Perú, terminó ocupando el puesto vacante.

No pasó mucho tiempo para que la nueva gestión ponga sobre la mesa sus prioridades. A tan sólo días de la designación de Avendaño en Cenfotur se publicó una resolución de gerencia en la cual se establecía una nueva escala salarial que oficializaba aumentos que iban de dos mil hasta cuatro mil soles. Según el Reglamento de Organización y Funciones (ROF), le correspondía al Consejo Directivo ser quien proponga una la escala remunerativa, pero la gerencia general optó por saltarse este paso.

TRAICIÓN

Pero así como parece tener especial consideración con algunos de sus aliados de izquierda a los que colocó en puestos importantes, Roberto Sánchez también ha defraudado a quienes en algún momento compartieron con él una campaña electoral. El siguiente antecedente sobre la trayectoria de Sánchez Palomino expone lo que se podría calificar como una traición.

Para las elecciones del año 2021, la agrupación política de Roberto Sánchez Palomino, Juntos por el Perú, formó una alianza con Nuevo Perú, el partido de Verónika Mendoza, en un intento de lograr la unidad de la izquierda. No obstante, la culminación del proceso electoral se convertiría en el inicio de un cambio radical del vínculo entre quienes supieron ser aliados.

Acorde al documento del acuerdo político, al que pudo acceder Sudaca y que fue firmado por Roberto Sánchez y Verónika Mendoza, uno de los puntos incluídos hacía mención al uso del financiamiento público que alcanza la cifra de S/ 6,873,214.75 y se entregarían durante cinco años. Según el acta que se puede ver en la siguiente imagen, el monto que les sería entregado “se distribuirá equitativamente de común acuerdo entre Juntos por el Perú y Movimiento Nuevo Perú”.

Fuentes confiables revelaron a Sudaca que apenas en el mes de julio del 2021 se produjo el quiebre total entre estas dos facciones de izquierda y que, pese a los intentos por parte del grupo liderado por Verónika Mendoza para continuar trabajando de forma conjunta, Sánchez Palomino había decidido ignorarlos y, por supuesto, incumplir con la distribución equitativa del monto que recibirían por el financiamiento público.

La siguiente imagen corresponde a un grupo de Whatsapp con los representantes del partido y en el cual incluso participa Raúl Del Castillo, quien era el encargado designado por el partido de Sánchez Palomino para implementar el acuerdo con Nuevo Perú. En esta conversación se expone que Juntos por el Perú no sólo había decidido ignorar a Nuevo Perú y el compromiso asumido, sino que hasta eran vistos como una especie de enemigos sobre los cuales decían “deben morder el polvo de la derrota”.

Con la inclusión de exministros y hasta familiares de Pedro Castillo como candidatos al Congreso, resulta innegable que Roberto Sánchez y Juntos por el Perú intentan convertirse en una alternativa potenciada que cumplirá las promesas que el gobierno de Castillo Terrones no pudo. Pero debajo del sombrero y los discursos combativos sigue estando el mismo personaje que como ministro designaba funcionarios sin preparación y como líder político traicionaba a la izquierda.

 

[Música Maestro] “Si Bad Bunny llenó tres River… vos venís acá a la Argentina y llenás seis…” dice, emocionado casi hasta el llanto, un tiktoker argentino enfundado en una casaquilla de Boca Juniors, mientras en la parte superior de su pantalla aparecen algunos segundos de la imitación del joven peruano Fernando Sosa (27), interpretando Prófugos, uno de los tantos clásicos de Soda Stereo, convertido en la reencarnación de Gustavo Cerati, en el programa Yo Soy de Frecuencia Latina.

La cantidad de reacciones de diversos medios digitales argentinos ha sido abrumadora. Dos conductoras de podcast lo invitaron para entrevistarlo, luego de que la noticia de su perfecta imitación llegara a las redes gauchas, y resaltaron además su absoluta humildad. “Nosotras estamos comenzando -dice una de ellas- y Fer(nando) no nos puso peros, no preguntó cuántas vistas tenemos, hizo todo lo posible para atendernos, como si le estuviéramos haciendo un favor”.

Sosa, que se perfila seriamente como el ganador de esta temporada del popular espacio, les dedica un par de versos de Crimen, tema de Cerati en solitario. Las entrevistadoras no lograban contener su emoción. “Sos un ángel, nos hiciste llorar…” le dijeron al peruano. Así como ellas, muchos otros influencers han quedado conmovidos al sentir en el talento de este joven imitador que Gustavo Cerati, uno de los ídolos máximos del pop-rock argentino, ha vuelto a sus vidas, doce años después de haber abandonado el mundo físico.

“En momentos tan difíciles de las sociedades -dice una de ellas- volver a encontrarnos con esa proximidad, esa calidez nos conmueve. Fernando, sos un grosso, sos un ganador…” antes de culminar su entrevista. La algarabía causada por Sosa en Argentina se resume con una frase cargada de agradecimiento: “Se trataba de imitarlo ché, no de revivirlo…” Buen motivo para recordar la trayectoria de Gustavo Cerati (1959-2014).

Un clásico del pop-rock en nuestro idioma

A mediados de los ochenta, una ola de nuevas bandas de pop-rock en español ingresó a las emisoras radiales con canciones frescas y accesibles a todo tipo de público. Países como México, España y, especialmente, Argentina, que ya tenían una fuerte tradición de artistas en este género, fueron los más pródigos, inundando las programaciones de radio y televisión con sus canciones. En 1984, desde Buenos Aires, un trío llegó y revolucionó el gusto popular con su estética influenciada en la new wave británica y una diversidad sonora que, sin dejar de ser argentina, se separaba por completo de la idiosincrasia del rock producido en ese país.

Gustavo Cerati (voz, guitarras), Héctor “Zeta” Bossio (bajo, coros) y Carlos “Charly Alberti” Ficicchia (batería) lanzaron tres álbumes que los convirtieron en la banda de rock en castellano más exitosa y popular de todos los tiempos. Las canciones Te hacen falta vitaminas, Tele-K, Sobredosis de TV (Soda Stereo, 1984), Cuando pase el temblor, Nada personal, Juegos de seducción (Nada personal, 1985), Persiana americana, Signos y Prófugos (Signos, 1986) se inocularon en las venas de toda una generación y hoy son innegables clásicos de una época que, gracias al poder de la nostalgia, lucha tenazmente para no desaparecer sumergida en la densa y sucia neblina del reggaetón y el latin-pop, por el peso y sustancia que le dieron a la música cantada en nuestro idioma.

La “Sodamanía”: Un fenómeno sudamericano

El impacto de la imitación ejecutada por Fernando Sosa, hijo de una estilista que trabaja hace años en la televisión nacional, es solo una muestra del fanatismo que despertó Soda Stereo no solo en el Perú, sino en toda la región. En esos años, aquí eran muy populares bandas como The Police, Duran Duran, Tears For Fears y The Cure, de sofisticado sonido y estética recargada, con peinados y maquillajes que resultaban fascinantes para el público en general.

Soda Stereo adoptó esas características, puliendo al máximo los aspectos instrumentales con cuidadosos acabados para sonar más cosmopolitas. Lejos de fusionar el rock con los ritmos folklóricos, como lo hicieron los padres fundadores del rock de su país -Charly, Spinetta, Páez-, la “trilogía del rock”, mote un tanto exagerado que le inventaron los disc-jockeys de la época, presentó una propuesta original que se nutría de toda la información del rock anglosajón, sin perder el idioma ni el acento.

Esos tres primeros discos son la base de la multitudinaria y leal comunidad de seguidores que Soda Stereo conservó toda la década siguiente y que, gracias a las giras de despedida y reunión que tuvieron en 1997 y 2007, respectivamente, no ha hecho más que crecer y multiplicarse. Con Cerati como principal compositor y extraordinaria primera (y única) guitarra, la banda conquistó todos los países que visitó en aquel primer periodo, generando euforias colectivas que dieron paso al fenómeno de la “Sodamanía”.

Cómo no recordar las triunfales presentaciones de Soda Stereo en el XXVIII Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar en Chile (febrero de 1987), con esas inolvidables versiones en vivo de Sobredosis de TV o Persiana americana. O las históricas actuaciones en el Coliseo Amauta de Lima, en noviembre de 1986 y junio del año siguiente de las cuales se extrajo el Vita-Set, unión de dos éxitos de su primer LP, Te hacen falta vitaminas y ¿Por qué no puedo ser del jet-set? para su primera producción en vivo, Ruido blanco (1987).

Soda Stereo en los 90: Consolidación

Luego del lanzamiento de Doble vida (1988), su cuarto larga duración que contiene la que para muchos es su mejor canción -En la ciudad de la furia-, Soda Stereo inició los noventa con un disco de poderoso rock dominado por guitarras distorsionadas y una vocación lírica más críptica. Si Doble vida es lo que, en términos de crítica musical, suele denominarse “disco de transición”, Canción animal (1990) es la consolidación, con canciones fuertes como En el séptimo día, Sueles dejarme solo u Hombre al agua. Aunque la efervescencia de la “Sodamanía” decayó ligeramente, este álbum pasó a la inmortalidad por De música ligera, a la postre su canción más popular.

Su fama, éxito comercial y prestigio en Argentina, el resto de Hispanoamérica y Estados Unidos eran incuestionables. El juvenil conjunto que había presentado, con músicos de apoyo y ambiciosa puesta en escena, su segundo LP Nada personal en el legendario teatro Obras Sanitarias de Buenos Aires ante 20 mil personas, ahora ofrecía conciertos gratuitos multitudinarios en el centro de Buenos Aires -reunieron a un cuarto de millón de personas en la Av. 9 de diciembre en 1991- y sus giras eran esperadas con impaciencia por todos lados. En ese tiempo, Cerati combinó su trabajo como líder y figura central de Soda Stereo con sus primeras inquietudes en solitario.

Inicios de Cerati, final de Soda

Así, tras el experimento electrónico Colores santos (1992), que Cerati concibió a dúo con su compatriota Daniel Melero, productor y multi-instrumentista de amplia trayectoria en la escena argentina, Soda Stereo sorprendió ese mismo año a propios y extraños con Dynamo, un álbum denso y experimental que dividió a su fanaticada. A renglón seguido, apareció el debut oficial de Gustavo Cerati como solista, Amor amarillo (1993), un disco en que el cantautor y guitarrista deja en claro sus principales influencias, desde el indie-rock, el pop alternativo y un tributo a Luis Alberto Spinetta, con una versión de Bajan, tema del álbum Artaud (Pescado Rabioso, 1972).

El último disco en estudio de Soda Stereo llegó tres años después, con una amplia publicidad para anticipar su gran retorno. Sueño Stereo (1995) produjo algunos clásicos nuevos como Zoom -con reminiscencias de la auroral Cuando pase el temblor-, Paseando por Roma o Ella usó mi cabeza como un revólver -más cercanas al sonido del Canción animal- y múltiples intervenciones electrónicas, rezagos de la era Dynamo y anticipo de sus propias experimentaciones futuras, no muy difundidas, como Plan V (1996) o los bonus track del “desenchufado” para la MTV, Comfort y música para volar, grabado en Miami ese mismo año.

En 1997, luego de varios rumores, Soda Stereo oficializó su despedida con una minigira de seis fechas titulada El último concierto, inmortalizada por aquellas dos palabras que el músico pronunció en la noche final, tras la fanfarria con la que cierran una catártica versión de De música ligera, coreada y saltada por más de 65 mil personas en el Estadio River Plate.

Después de dos horas tocando y tras dedicar unas emocionadas palabras a quienes los habían acompañado y a su público, un Cerati sobrepasado por la emoción solo atina a decir “totales” -para describir a la multitud- después de dar las gracias y quedarse un par de segundos en blanco, sin palabras. El “¡Gracias… totales!” de aquel 20 de septiembre de 1997 no fue una frase, sino dos exclamaciones desconectadas una de la otra.

Gustavo Cerati como solista: Otro rollo

Aunque nunca quiso desligarse de su imagen como voz y guitarra de Soda Stereo, Gustavo Cerati dejó evidente que sus intereses musicales iban algo más allá de las fronteras estilísticas de la entente que lideró entre 1983 y 1997. En su segunda producción como solista, Bocanada (1999), “El Gus”, como cariñosamente lo llaman sus fans más fieles, consiguió un logro artístico notable con su inteligente uso de samplers, densas capas de guitarras sobregrabadas y efectos electrónicos en la línea de géneros alternativos como el trip-hop o el dream pop de artistas como Massive Attack o Cocteau Twins, respectivamente, desde las coordenadas del pop-rock latino, naturalmente.

Sus exploraciones electrónicas se expandieron cuando comenzó a trabajar con el proyecto del fallecido Flavio Fernández Etcheto, Ocio, en melodías que formaron los álbumes Medida universal (1999) e Insular (2000), incorporando su apreciado trabajo como guitarrista en contextos menos asociados al rock. El retorno a estructuras más convencionales llegó con Siempre es hoy (2002), su tercera placa individual. Cosas imposibles, el tema central del disco, vino acompañado de un simpático video que puso a Cerati delante de un público nuevo.

El 2006 vio la llegada de Ahí vamos, que produjo singles como La excepción y la sensible balada Crimen, de texturas semi electrónicas combinadas con ataques decididamente rockeros. Al año siguiente, Soda Stereo se reunió para la gira Me verás volver, 22 conciertos entre octubre y diciembre del 2007.

Y, dos años después, lanzaría Fuerza natural (2009), su quinta y última producción en estudio, que ratificó la voluntad de Gustavo Cerati de regresar a formas más musicales más accesibles. Ese mismo año, participó en el megaconcierto Spinetta y Las Bandas Eternas, ante 45 mil espectadores en el Estadio Vélez Sarsfield, tocando junto a su admirado “Flaco” los clásicos Té para tres de Soda Stereo y Bajan de Pescado Rabioso.

La última vez de Soda Stereo en Lima

La enorme expectativa que despertó el anuncio de la visita de Soda Stereo, como parte de su gira Me verás volver, se vio plenamente superada la noche del sábado 8 de diciembre del 2007, frente a 50 mil personas en el Estadio Nacional.

A las 9 en punto, las luces se apagaron y las notas de Algún día, notable versión del tema Some day one day del segundo LP de Queen, que los Soda grabaran en 1997 para un álbum tributo a “la Reina”, anunciaron que el concierto iba a comenzar. La tocada fue una intensa sucesión de éxitos de todas etapas de Soda Stereo, así como segmentos dedicados a su época más experimental y arriesgada. Un placer para fanáticos.

Cerati, el indiscutible líder de Soda, salió a escena con su clásica guitarra Jackson color azul eléctrico y se entregó al público demostrando un potente filo rockero y una madurez musical que varios momentos climáticos, como cuando tocaron En la ciudad de la furia. Al final de Pic-Nic en el 4to. B, el cantante y guitarrista incluyó el coro del clásico And she was de Talking Heads (Little creatures, 1985), para sorpresa de quienes pudimos darnos cuenta.

Cerati, Zeta y Charly regresaron dos veces esa noche, ante los aplausos del público. Junto a sus músicos de apoyo, Fabián “Tweety” Gonzáles, Leandro Fresco (teclados) y Leo García (guitarra) y Leandro Fresco, Soda Stereo se despidió del público peruano que demostró, durante las 2 horas y 40 minutos que duró, ser uno de los más conectados con la carrera de la banda. Dos años después, Cerati pisaría Lima de nuevo, presentando su álbum Fuerza natural en el estadio de San Marcos.

Gustavo Cerati: Un artista de primera

Además de sus dotes como cantante, Gustavo Cerati fue un excelente guitarrista. Desde los solos de Te hacen falta vitaminas (1984) o el uso de efectos en Ecos (1985) -por poner dos ejemplos- el oyente atento entiende de inmediato que se trata de un músico de otro nivel.

En la versión alterada de En la ciudad de la furia, a dúo con la vocalista de Aterciopelados, la colombiana Andrea Echeverri; o el cover de un clásico del rock argentino, Génesis, original del álbum La Biblia (1972) del cuarteto Vox Dei, ambos en el disco en vivo Comfort y música para volar (1996), los solos de Cerati alcanzan niveles estratosféricos, de ligas mayores. Argentina siempre ha sido tierra de buenos guitarristas de rock -Spinetta, Pappo, Roth, Mollo, Lebón- y Cerati entra en ese club sin problemas ni cuestionamientos.

Como letrista, Cerati utilizó siempre un lenguaje entre lo poético y lo alegórico, con temas recurrentes como la sensualidad, el romance, las relaciones interpersonales, reflexiones atemporales sobre la vida, humor negro y críticas socioculturales pero desde mensajes etéreos, nunca directos, tanto en Soda Stereo como en solitario. Su voz abaritonada posee rasgos comunes con las de otros vocalistas argentinos, sobre todo en los tonos altos y en la forma pronunciada del acento particular de su país, pero con un tinte personal inconfundible.

Ese sello vocal es el que replica a la perfección nuestro compatriota Fernando Sosa. Como dicen los comentaristas argentinos, extasiados con este homenaje a una de las figuras que más ha influido a su escena nacional, el talentoso joven reproduce con sorprendente exactitud no solo la tonalidad e inflexiones vocales –“sacás perfecto el argento” le dicen en un podcast- sino también los movimientos y actitudes de Cerati sobre los escenarios. Su imitación está siendo reconocida como un homenaje a una de las figuras más importantes del rock en castellano. Felicidades por eso.

[OPINIÓN] Balcázar intentó presentar la compra de los F-16 como un «hecho consumado» heredado del gobierno de Jerí, buscando evitar el costo político de una inversión multimillonaria en medio de carencias sociales. Pero al ser desmentido por los hechos y por su propio entorno, ha quedado expuesto un manejo errático. No se puede jugar al «dije pero no dije» cuando se trata de la soberanía militar.

La soberanía no es solo tener aviones; es tener la capacidad de decidir con autonomía qué tecnología conviene más al interés nacional. El F-16 es una máquina formidable, pero su compra amarra al Perú a la logística y los permisos de uso de Estados Unidos. ¿Es esa la mejor ruta? Esa es una pregunta que debe responder un gobierno con mandato pleno, no uno que ya tiene las maletas hechas.

Faltan pocos meses para el 28 de julio de 2026. Forzar la firma de un contrato de 3,500 millones de dólares en el «minuto 90» del gobierno es éticamente cuestionable y técnicamente peligroso. Balcázar debe entender que su rol ahora es garantizar una transición ordenada, no comprometer la caja fiscal y la estrategia de defensa de la próxima década. El expediente debe quedar sobre el escritorio, listo para que el nuevo presidente, con la legitimidad de las urnas, decida el destino de nuestros cielos. Cualquier otra ruta solo alimentará sospechas y debilitará la institucionalidad de nuestras Fuerzas Armadas.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS]

  1. A pesar de que Chile tenga derecho de reforzar su frontera, ¿crees que este tipo de acciones resienten la relación entre Chile y Perú y reviven tensiones del pasado que nunca sanaron del todo?

Lo primero que quiero señalar es que no creo que José Antonio Kast haya adoptado estas medidas con la deliberada intención de agredir u ofender, de alguna manera, a las naciones peruana y boliviana. Su campaña electoral tuvo entre sus ejes centrales solucionar el tema de la migración venezolana que, con justicia o no, incomoda a la mayoría de chilenos. De hecho, este podría ser el gran diferencial que explica su victoria electoral del 14 de diciembre pasado.

Por otro lado, las políticas de los estados presentan consecuencias colaterales y la construcción de muros para, finalmente, separarse o alejarse del Perú y Bolivia no coadyuva a una política del acercamiento y la integración. La razón de un muro siempre ha sido separar algún compartimento de otro, y esta no es la excepción. Este es el mensaje que transmite Chile sea o no la intención de su flamante presidente José Antonio Kast.

  1. ¿La colocación de vallas puede generar problemas con respecto a la demarcación de límites en zonas como el denominado «triángulo terrestre»?

Podría, dependerá de la buena intención y el sentido común del gobierno chileno. Desde que quedó pendiente la cuestión del Triángulo Terrestre ambos gobiernos han optado por dejar el tema reposar. Estas políticas también constituyen parte de la diplomacia, se trata de un territorio menor pero que podría abrir un frente de confrontación bilateral entre dos países que todavía ponderan sus diferencias desde miradas muy nacionalistas y que, de hecho, remiten también a algunas voces que nos vienes del pasado como diría Philippe Joutard.

Si el gobierno chileno optase por cercar para sí dicho triángulo se abriría un frente de conflicto internacional entre los dos países. Sin embargo, existe una solución a la mano, pues tanto el  Perú como Chile pueden solicitar a la Corte Internacional de Justicia de la Haya que defina o explique ese aspecto de su fallo. De este modo cerraríamos el tema definitivamente. Es absurdo tener un pendiente territorial entre el Perú y Chile a estas alturas, estamos para mejores cosas.

  1. En varias ocasiones has dicho que Perú y Chile necesitan «una reconciliación». ¿Crees que eso aún está pendiente? ¿Estamos más lejos que en otras épocas de que esa reconciliación pueda hacerse efectiva?

Estamos lejísimos. Permíteme explicarte un poco las cosas. Los nacionalismos chileno y peruano son distintos. El chileno está muy bien articulado, responde al orden de su Estado y a la calidad de su clase política. El peruano es más espontáneo, pero también más primario y adjetivo. Desde esas premisas, esperar que las partes ingresen a un proceso de reconciliación binacional –que no implica que Chile le pida perdón al Perú y punto, como muchos creen- es casi imposible.

Luego, si gobiernos progresistas como el de Gabriel Boric no se lo han planteado, menos lo hará un gobierno conservador con toques nacionalistas como el de José Antonio Kast. Y el lado peruano no está mejor: su clase política no tiene la consistencia suficiente para siquiera plantearse el tema: gritarían “que devuelvan el Huáscar”, en el mejor o el peor de los casos.

Así que tras 20 años de trabajar la posibilidad de efectuar un proceso formal de reconciliación histórica entre el Perú y Chile, relativa a la Guerra del Pacífico (1879-188) debo confesar que solo me he llenado de escepticismo.

  1. El presidente de Perú, José María Balcázar, ha advertido que las vallas en la frontera no sean «un nuevo muro de Berlín». ¿Crees que este tipo de acciones pueden generar tensiones o divisiones entre la población de Tacna y Arica? ¿Sería mejor que ambas ciudades tuvieran alguna especie de régimen «binacional» como sucede en algunas otras fronteras del mundo?

En este caso suscribo al presidente José María Balcázar. Es curioso, cuando cayó el muro de Berlín en 1989 pensábamos que la época de los muros y de los telones de acero que separaban a los seres humanos había terminado. Sin embargo, tres décadas después Donald Trump inició la construcción de un muro al borde de río Grande para detener la migración mexicana y la idea de Kast me aterra porque podría implicar que cunda el ejemplo y volver a un mundo lleno de muros que nos separen.

En la Edad Media, eran los muros y torres de los castillos; durante la Guerra Fría, además del muro de Berlín, fueron las fronteras castrensemente custodiadas para evitar que personas que buscaban cambiar su situación, elijan donde vivir, creo que la idea de separarnos por muros la deberíamos superar definitivamente.

Cierro con esta idea, veo a José Antonio Kast más interesado en acercarse a Donald Trump y resolver sus temas migratorios que en indisponerse con el Perú y Chile. Pero entre países con tanta sensibilidad histórica vinculada al pasado común, lo segundo es casi inevitable. Queda por ver, sin embargo, con qué políticas Kast piensa acercarse a Perú y Bolivia por otras vías. Si queremos algo de reconciliación, no interrumpamos el diálogo, más de lo que podría interrumpirlo el susodicho muro.

El Link de la nota en Sputnik

https://noticiaslatam.lat/20260319/un-muro-de-chile-en-la-frontera-con-peru-podria-reabrir-viejas-disputas-advierten-analistas-1172625417.html

 

[OPINIÓN] En la taberna del Admiral Benbow, Billy Bones aporrea la mesa, levanta la jarra y entona a voz en cuello lo único que parece saber con certeza: ”🎶…¡y una botella de ron!” No importa el rumbo. No importa el naufragio. No importa nada que no sea el momento, el canto y el trago. Es pirata: vive del botín, celebra sin consecuencias y navega sin puerto fijo.

Uno lo mira y piensa: qué familiar.

Porque a pocas semanas de las Elecciones Generales del 2026, el Perú presenta cerca de diez mil candidatos; bucaneros disputando protagonismo y la mayoría con el mismo argumento. Diez mil voces ofreciendo lo mismo: seguridad, educación y lucha contra la corrupción. Un coro monocorde que, de tan repetido, ya ni molesta. La palabra “seguridad”, o “educación”, dejaron de ser promesas. Hoy son más bien un monumento al fracaso colectivo. Y ni qué decir de “lucha contra la corrupción”.

Desde hace ya buen tiempo los partidos dejaron de ser partidos. Ya no forman, no seleccionan, no representan. Son plataformas de ocasión: estructuras vacías donde el requisito no es la trayectoria ni las ideas sino la audacia —y, si alcanza, algo de dinero. Barcos Piratas. Eso es lo que son. Barcos sin bandera, con tripulación improvisada, que no navegan hacia ningún puerto sino que saquean lo que encuentran al paso. Y no es que hayan llegado los peores; es que el sistema dejó de distinguir entre mejor y peor.

De líderes con formación y peso político —Belaundes, Prialés, Bedoyas, Garcías o Barrantes— hemos pasado a Acuñas, Porkys, Forsyths, Álvarez o Vizcarras: una oferta donde abundan los audaces de caricatura, la improvisación, la mediocridad y el marketing. Y, como si fuera poco, la vara sigue bajando.

Llevamos más de quince años en una secuencia que, vista desde afuera, provoca esa sonrisa diplomática reservada para lo incomprensible: presidentes que entran y salen, partidos que nacen y mueren, candidatos que hoy prometen redención y mañana rinden cuentas —cuando pueden. Un carrusel sin aprendizaje, donde lo único estable es la falta de consecuencias. Y aun así, el país sigue en pie.

No por mérito de la política, sino a pesar de ella. La economía peruana ha funcionado como ese motor que sigue andando aunque nadie lo mire, sostenida por lo que se construyó entre los noventa y el 2011. Desde entonces, más que avanzar, hemos vivido del impulso acumulado. Gastando ahorros con una serenidad casi irresponsable. Como si el saldo fuera infinito. No lo es.

Pero aquí, lo  más inquietante no es el desorden. Es la reacción frente a él.

Hoy la campaña electoral no indigna. Aburre. Y ese aburrimiento es más peligroso que la indignación. Porque cuando la gente deja de molestarse, también deja de esperar. Se vota como quien cumple un trámite: sin real conocimiento, sin expectativa, sin convicción, sin ilusión. Una democracia ejercida por inercia, por resignación… o por temor.

El Perú ha logrado esa rareza: convivir con el exceso y el vacío al mismo tiempo en un sistema que produce más postulantes que soluciones. Millones de votantes, miles de candidatos y una oferta que, en términos reales, es escasa. Una democracia sobrepoblada de desconocidos y desierta de ideas.

Mientras tanto, en la cantina, la fiesta sigue. La jarra va y viene, la canción se repite, y nadie pregunta hacia dónde va el barco. Total, para eso están los votantes.

” 🎶… y una botella de ron”

[OPINIÓN] Para darle vuelta a esa tortilla, habría que argumentar que corresponde a la lógica de este país que en diez años ha tenido ocho presidentes y cuyos actuales representantes, desprestigiados por sus prontuarios, deciden aumentar la cantidad de congresistas a pesar de que sus habitantes, en pleno uso de sus facultades, manifestaron estar en contra de algo así. En ese panorama, lo que en cualquier otro país sería una locura, tener 34 aspirantes al sillón presidencial, en el Perú del 2026 es absolutamente coherente.

En estos últimos veinte días vamos a ver la desesperación de todos ellos por salir en las pantallas de la tele, en los canales de streaming, en internet, desde los que aparecen con nombre y apellido en los sondeos hasta el pelotón reunido bajo la etiqueta “otros”. Ya estamos padeciendo esas odiosas pautas que se cuelan, como los ladrones por las ventanas, en las reproducciones de YouTube.

¿Puede haber algo más irritante que ver la toma fingida de un candidato que se va corriendo de espaldas, como si trotara todas las madrugadas, al estilo de los comerciales de Nike, antes de que comience tu video favorito? Hay algo de agresivo, de prepotente, de invasivo, en esa manera de vender propaganda que tiene internet. Esa agresividad, esa prepotencia que asociamos a lo malcriado, a lo que no tiene educación.

La educación, precisamente, es la más ausente en esta coyuntura electoral. La educación política, por ejemplo, tan venida a menos en el Perú desde hace varias décadas, hoy se muestra en su máxima bajeza con la inexistencia de partidos reales. De los dos o tres tradicionales que quedan solo vemos las cenizas de lo que alguna vez fueron, una viruta sin sustancia y mucho discurso vacío. El resto, puras “alianzas” pasajeras para lograr los ansiados cupos de poder que luego serán usados para satisfacer sus propias agendas.

La falta de educación ciudadana de quienes pretenden auparse al aparato estatal, muchos de ellos reincidentes, también campea en esta “lid electoral” con esos cartelones espantosos que, ahora sí, ya están cubriendo todas las bermas, esquinas y parques, afeando la ciudad.

Y por supuesto la educación es la gran ausente en el debate público, esa absurda y repetitiva coreografía que vemos a diario en todos los programas. Nadie la menciona, nadie la toca, nadie la incluye en el paquete de frases hechas que todos sabemos son construidas únicamente para la campaña. Ya ni siquiera como gancho electoral la educación tiene alguna utilidad.

Algunos analistas dirían que es el trauma que nos dejó el proceso anterior, marcado por elementos asociables a la educación: un profesor rural, un lapicito, un bloque magisterial. Sin embargo, aquella vez tampoco se habló tanto de educación. Se habló de sindicatos, de supuestas filiaciones extremistas, de camarillas enquistadas en dirigencias por aquí y por allá. La educación no es eso.

Y es que la educación, como tema electoral, ha fracasado hace mucho tiempo, lo cual deja a la coyuntura que vivimos el 2020-2021 como un episodio bochornoso de la historia reciente, sin duda, pero irrelevante en términos de preocupación por el futuro. Porque eso es la educación, preocupación por el futuro.

Tenemos expertos en todos los extremos de la opinión pública, desde los directores de cadenas privadas de modernos colegios “de élite” hasta ideólogos nostálgicos de la reforma educativa de Velasco, desde los colegios Fe y Alegría -que este año cumplen 60 años de trabajo en el Perú- hasta tradicionales colegios parroquiales que se reúnen desde hace décadas -en Tarea, en Foro Educativo, en el CNE, en la Derrama-, para hablar de la educación para toda la vida, de los institutos técnicos, de la educación rural, de la EIB, la ESI, el enfoque STEAM. Y seguimos igual, con la educación mal y cada vez peor.

En estos tiempos en que la inteligencia artificial es la cereza del pastel de una revolución tecnológica que comenzó hace ya un cuarto de siglo, con internet y las TIC -una sigla que ya suena anticuada- poniéndose por delante del sistema educativo tradicional en el mundo entero, hablar de Pedagogía es cada vez más difícil, porque es una disciplina académica que se nutrió durante siglos de la filosofía, del buen vivir, de la cultura y hasta la espiritualidad.

Todas esas cosas hoy están sepultadas por el utilitarismo, la rentabilidad, la fama superficial de los likes, la dictadura del algoritmo. El homo videns de Sartori ha sido reemplazado por el homo digitalis hace más de una década y nadie se ha dado cuenta.

La pandemia hizo que las computadoras y los teléfonos hiperconectados, hasta ese momento solo herramientas tecnológicas, se convirtieran en la única manera de tener contacto con cualquier aprendizaje. Todos coinciden en que fueron dos años de pérdida por la ausencia de interacción directa, el empobrecimiento de la relación docente-estudiante, etc. pero, en nuestro país, ya traíamos unos déficits en cuestiones elementales tan amplios que aquella crisis sanitaria solo nos hundió más.

La educación nacional en todos sus niveles, desde la inicial hasta los más altos grados académicos superiores, está atravesada por los vicios sociopolíticos que afectan a las otras disciplinas profesionales y actividades productivas: corrupción, dejadez, predominancia de intereses -de poder y angurria por los presupuestos estatales en el sector público; de ganancia y ratificación de superestructuras discriminatorias en el sector privado- y un profundo estancamiento del que no somos capaces de salir porque, para hacerlo, tendríamos que nacer de nuevo como nación. Y eso es imposible.

Por ello ningún candidato toma la decisión de convertir la educación en el principal tema de su campaña. Porque hablar de cultura, de filosofía, de valores educativos, no tiene potencial electorero, es caduco, sin potencial para convertirse en trending topic. ¿La pedagogía de la ternura -Alejandro Cussiánovich, dixít- en esta jungla donde toda agresión vale para lograr tus objetivos? ¿El respeto, la tolerancia, el pudor, la dignidad, en medio de streamers lisurientos con efectos de sonido Magaly-style y exhibicionismo en redes sociales como trampolín a la fama, aspiración juvenil e independencia económica?

No se trata de ser ingenuos. El mundo cambió y no dará marcha atrás. Por eso muchos consideran que esas campañas con mensajes mesiánicos del tipo “yo vivo, como y duermo pensando en el bienestar de los peruanos” no funcionan porque las personas no votamos por planes -que nunca se cumplen- sino por simpatías, carismas, personajes -reales o ficticios-, afinidades.

Pero eso no debería alejarnos de una verdad tan grande como los data center de Silicon Valley que producen la distractiva IA: solo los fundamentos de la educación -aprender a leer y escribir, enriquecer la sensibilidad para desanimalizarnos, valorar el pasado, no pensar solo en dinero- actualizados con los valiosos aportes de la neurociencia y la tecnología para entender mejor el mundo en que vivimos, nuestra propia humanidad, es la única forma de evitar que las nuevas generaciones cambien de rumbo y dejen de admirar los delincuenciales modelos de comportamiento de políticos, deportistas, artistas y candidatos que hoy admiran.

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