Opinión

Un destacado siquiatra, Francisco Alarco Larrabure decide visitar al poeta Martín Adán entre 1984 y 1985, en la habitación que ocupaba en el asilo Canevaro. Después de cada visita, Alarco escribía el reporte del encuentro e incorporaba reconstrucciones de los diálogos y conversaciones que mantuvo con Adán durante esas visitas. 

Este material, valioso y singular, pues combina un acercamiento personal y admirado del siquiatra –quien no era ajeno a intereses literarios, entre ellos, la obra del propio Adán– con un registro que pone en acción un encuentro entre el diálogo, la memoria y la descripción del mal que aqueja al poeta –la depresión– ha sido editado y puesto en valor por Andrés Piñeiro. 

Andrés Piñeiro es un devoto estudioso de la obra de Martín Adán. A él debemos valiosos volúmenes que compilan las cartas y entrevistas del poeta, así como un estudio titulado La herética de Martín Adán (2017), donde examina las relaciones de la poesía de Adán con ciertos aspectos del universo ideológico cristiano. Incluyo en la nómina un trabajo aun por publicarse: Desventura en extramares. Conciencia desgarrada en la poética de Martín Adán. 

Sobre Martín Adán pesan varios mitos, entre ellos uno que le atribuye haber sido un hombre mentalmente perturbado, algo que se descarta fácilmente leyendo los fragmentos de las conversaciones con Alarco y las propias notas que dan contexto a estos encuentros. Lo cierto, en todo caso, fue un alcoholismo galopante, razón principal de sus muchos internamientos en hospitales y sanatorios.

Aunque los diálogos son reconstrucciones posteriores, basadas en las notas que iba tomando Alarco, en la voz de Adán, claramente diferenciada de la de su interlocutor, hay matices que delatan al poeta: la agudeza, la ironía, la observación socarrona sobre personas y cosas, además de un temperamento marcadamente conservador (rasgo muy suyo) en muchas de sus opiniones.

Por otro lado, a lo largo del volumen se detectan temas recurrentes, casi una obsesión, especialmente con algunos personajes: Luis Alberto Sánchez (a quien acusa constantemente de difundir con maledicencia su alcoholismo), Ventura García Calderón, José Carlos Mariátegui, a quienes vuelve reiteradamente. 

En conjunto, el volumen puede leerse como una entrevista siempre parcial y discontinua. Cada visita incluye algunas preguntas que pueden ir construyendo el fresco existencial de un poeta prácticamente aislado del mundo social, aunque con contactos muy rígidamente seleccionados. Aparte de Alarco, uno de sus visitantes a Canevaro era el librero Juan Mejía Baca, gran amigo de Adán y una suerte de albacea de su obra.

Las respuestas de Adán son, por decir lo menos, curiosas. Muestran a la vez lucidez y dispersión. A lo largo del libro el lector se encontrará con pasajes en los que una respuesta va matizada con interpolaciones de otros asuntos:

“—¿Por qué te atrajo tanto José Carlos Mariátegui?, le pregunto.

—Porque era de izquierda –me responde–. Los niños se masturban, es lo más natural debido a sus impulsos. Todos acuden a las putas, no por deseos sexuales sino por curiosidad. La relación humana es vil, como un pedo. Nunca me habló de Luis Alberto Sánchez, que es tan fácil de criticar. Mariátegui fue mejor periodista que Sánchez. Éste escribió veintitrés tomos de literatura peruana, periodísticamente. La historia del Perú es absurda. El Perú tiene territorios difíciles, tiene mestizos y hasta indios que no saben el castellano. Incalculablemente es diferente a lo que saben Luis Alberto Sánchez, Francisco García Calderón o José de la Riva Agüero. La clase media no sabe nada de nada” (p. 132).

Estas conversaciones constituyen, pues, el derrotero del último año de vida del poeta. Se muestra a un hombre lúcido, por momentos disperso y muy contradictorio. Humano, demasiado humano, es aquí el rostro de Adán. Un material de primera mano a la espera de quienes se aventuren en una futura y esperada biografía del poeta. 

Martín Adán. Conversaciones con Francisco Alarco Larrabure. Andrés Piñeiro (editor). Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2024.

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La casa de cartón, Mariátegui, Martín Adán, poesía peruana

[Agenda País] La semana pasada, la presidenta Dina Boluarte se vio obligada a dar un mensaje a la nación junto a sus uniformados ministros, para dar, finalmente, su versión de la ya famosa cirugía y del fin de semana en las playas de sur de Lima.

El incomprensible silencio presidencial en estos dos temas ha permitido que se tejan innumerables teorías, unas probablemente cercanas a la verdad, otros dignas de Agatha Christie, afamada escritora de novelas detectivescas que nos cautivaron en nuestra adolescencia.

Era más sencillo y transparente, informar a la población, de manera oportuna, que la presidenta se iba a someter a una operación ambulatoria de la nariz, algo muy común que se hace tanto por temas respiratorios como estéticos. Nada malo en ello.

Que, si fue Mykonos o Asia del Mar el condominio donde pernoctó en casa de una amiga es también un tema menor, pero yerra el equipo de comunicación presidencial en dilatar una respuesta de la mandataria azuzando el fuego mediático y dándole pie a la fiscalía de hacer lo que más le gusta, un show mediático con poco impacto investigativo.  

A todo este entrevero del cual Corin Tellado, de estar aún con nosotros, podría inspirarse para una novela pintoresca y con seguridad, de alto volumen de ventas, se suma la reciente encuesta que publicó el diario El Comercio el domingo pasado donde la mandataria obtiene un 95% de rechazo a su gestión y solamente un 3% de aprobación. Siendo el margen de error de esta encuesta un +- 2.8%, podemos inferir que Dina Boluarte no cuenta con ninguna confianza de la ciudadanía.

Ya no hay margen de error para la presidenta.

Es imprescindible que cuente con un mejor equipo de comunicación y de manejo de crisis, así como un media training constante a los ministros para que no se les escape respuestas inadecuadas o “malentendidas” que al final, debilitan a los propios ministros, pero más aún, al liderazgo de la mandataria.

Ese liderazgo que a veces ella misma vulnera al insistir en mantener al ministro Demartini en la cartera del Midis a pesar de los graves cuestionamientos al fenecido programa Qali Warma.

Demartini parece ser una buena persona y probablemente competente, pero ya tiene 2 años en el Midis y muchos más como funcionario en ese ministerio, por lo que su responsabilidad política es ineludible. La ausencia de congresistas en la votación que permitió que su censura no prosperara no es excusa para que la presidenta no tome la decisión de separarlo.

Ahora se suma en esta investigación el vocero presidencial Fredy Hinojosa, que fue también funcionario del Midis dirigiendo Qali Warma. Si bien su involucramiento en la carpeta fiscal es reciente, ha quedado fuera de juego para continuar en su función de vocero.

Pero si la presidenta insiste en rodearse de ministros y funcionarios cuestionados, sin estrategia de comunicación oportuna y sin tomar decisiones que afirmen su liderazgo, está cruzando el lindero del margen de error, y como escribió Carlos Meléndez en su columna en El Comercio, el “máximo nivel de inestabilidad en el próximo otoño, (será) un día entre abril y julio”.

De usted depende presidenta Boluarte.

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ausencia, cirugía, denuncia constitucional, Dina Boluarte, Encuestas, mensaje, mentira, Perú, Rolex, Vacancia

Constantino fue el emperador romano que cambió la historia del mundo al llevar al cristianismo al poder. Era el siglo IV y el territorio del imperio era tan vasto que abarcaba culturas y tradiciones de pensamiento muy diversas. Como consecuencia, apenas arribaron al poder, los cristianos se dividieron en dos grandes bandos: los romanos que creían en la Trinidad, es decir que Padre, Hijo y Espíritu Santo tenían la misma naturaleza, y los arrianos, los seguidores de Arrio, que consideraban que Jesús tenía una naturaleza distinta, de cierta forma menos que la del Padre. La fecha de nacimiento que proponía cada bando tenía por tanto un significado político.

Dado que Constantino se la tenía jurada al obispo de Roma, el papa Liberio, poco antes de ser desterrado, impuso la postura romana y decretó el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús. La fecha fue acatada por todo el imperio y un par de siglos más tarde, ya dividido el territorio romano, en la mitad ortodoxa de Oriente se empezó a celebrar el nacimiento con un banquete para los allegados. Primero en Constantinopla, luego en Antioquía, después en Egipto. La Navidad no era entonces una fiesta de regalo para niños o meramente familiar. Durante la Edad Media, se trataba eso sí de una fiesta de camaradería. Buen ejemplo de ello fue lo ocurrido con San Francisco (el joven rico que se desprendió de sus bienes para vivir en pobreza cristiana) en el siglo XIII. El fraile partió de Asís hacia el Oriente como parte de las Cruzadas, soñando convertir musulmanes. Al retornar con logros de otro tipo (digamos) se dio con que durante su ausencia, sus frailes se habían peleado entre sí y cundía la desorganización. Como parte de las estrategias para recomponer su Orden, montó el primer nacimiento, el pesebre, cosa que todos los frailes se acercarían a celebrar el nacimiento del Dios que los mantendría unidos en la pobreza. 

Cuando España impuso la celebración de la Navidad en el Perú, al banquete y al nacimiento, le habían agregado procesiones, bailes y obras de teatro al estilo aún medieval y popular. Luego fueron reapropiadas por nuestras poblaciones originarias. Como en España los regalos y el festejo llegaba a su momento más álgido en la Bajada de Reyes, por eso hay muchas comunidades y pueblos peruanos que hasta hoy celebran más el 6 de enero que la fiesta de diciembre. 

Históricamente, el protagonismo de los niños en la Navidad coincide con el uso del árbol. Sea o no una tradición precristiana, lo cierto es que recién cuando las ciudades empezaron a crecer y a crecer, llevar el árbol a la casa a fines del siglo XVIII se convirtió en Alemania una manera de celebrar la fiesta regalando a los niños. Conforme las modernas naciones empezaron a reconocer a la infancia como un momento de la vida que requería cuidado y atención, el árbol se fue expandiendo y popularizando, de forma que hoy es un ícono que para muchos ha reemplazado al nacimiento medieval. Cuando la tradición de Europa pasó a Estados Unidos, la cultura capitalista introdujo las compras navideñas mediante el personaje de Santa Claus sentado a conversar con niños en las grandes tiendas comerciales. Esa celebración, si bien está centrada en los niños, trae problemas y frustración para quienes viven en condiciones de pobreza. En nuestro país sabemos que la quinta parte de nuestros niños carecen de recursos básicos. En Navidad, instituciones y familias consiguen al menos un regalo para los niños más cercanos. Pero en muy pocas ocasiones conseguimos que el regalo sea un cambio de verdad: alimentación de calidad en sus casas y escuelas, ministros que los protegen, docentes que los respetan y fortalecen, entornos solidarios para que puedan dar rienda suelta a sus sueños, sus alegrías. Asegurar una buena Navidad, parece que tarde o temprano pasará por lo político.

Actualmente, la información circula demasiado rápido, lo que lleva a que temas de especial relevancia pasen desapercibidos o sean mal informados. A continuación, una opinión de la norma, recientemente aprobada por el Congreso de la República, sobre los permisos de viaje de niños y niñas cuyo contenido preocupa. 

Se trata de la Ley 32191 que modifica el Código de niños y adolescentes. Los medios de comunicación han difundido que, con esta norma, se ha aprobado que las personas menores de dieciocho años pueden viajar fuera del país tan solo con el permiso de uno de sus progenitores. ¿Qué tan cierto es esto? y ¿Qué tan positivo puede de resultar?

Hasta antes de la mencionada modificación legislativa, en todos los supuestos un niño/a o adolescente menor de dieciocho años necesitaba la autorización notarial del padre y de la madre. Si el menor viajaba solo con uno de sus progenitores, se requería el acuerdo notarial de la otra parte. 

He escuchado a varias madres y padres preocupados/as, por si esto significa que podrán llevarse a sus hijos/as al extranjero con mayor facilidad y sin el permiso de la otra parte. Esto no es así. Es importante aclarar esta dimensión, incluso en los titulares de los medios, ya que se puede estar generando angustias innecesarias en personas que tienen conflictos y en donde los niños/as quedan en medio de la disputa.

La mencionada norma señala que solo se requerirá la autorización de una de las partes en casos de defunción (dimensión obvia), cuando el menor haya sido reconocido solo por uno de los progenitores (dimensión justa) y cuando el viaje sea por una beca de estudios completa, intercambio estudiantil, tratamiento médico no disponible o haber sido seleccionado para representar al país en juegos olímpicos o campeonatos deportivos (dimensiones riesgosas). ¿Por qué?  

Si vamos al detalle, podemos concluir que la medida es positiva en los dos primeros supuestos, ya que se aceleran trámites absurdos y no se pone en riesgo la seguridad de los niños/as. Es decir: (1) cuando uno de los progenitores ha fallecido, el hecho puede ser verificado por la notaría mediante la partida de defunción y, (2) cuando solo una de las partes ha reconocido al menor, puede ser verificado mediante la partida de nacimiento y el registro pertinente. 

De más está decir, que muchas madres crían a sus hijos/as solas y que existen padres biológicos que no reconocen su paternidad. Brindar esta facilidad, en casos como este, es absolutamente justo. 

No obstante, ¿qué pasa en los otros supuestos? Voy a intentar reflexionar esta parte teniendo como horizonte un principio fundamental de los derechos humanos: el interés superior del niño y de la niña, según el cual cualquier medida normativa debe analizar el impacto diferenciado que puede tener en la seguridad, el ejercicio de derechos y la protección de la niñez. 

La Ley en cuestión habilita otros supuestos que vistos de forma general pueden sonar positivos, pero que analizados en el contexto del país son muy peligrosos. Esto, debido a que no se puede dejar en potestad de un notario el discernimiento sobre la veracidad de una beca de estudios, un tratamiento médico o una competencia deportiva, por más papeles que pueda presentarse. Si solo un padre/madre presenta la solicitud significa que de por si puede existir un conflicto o un desacuerdo que debe ser deliberado por un juez/a, teniendo diferentes elementos a disposición. 

Esta norma tal cual está dada, le quita al Poder Judicial la potestad protectora sobre los niñas y niñas, y, deposita esta enorme responsabilidad en las notarías. En un país corrupto como el nuestro, en donde existe un mercado de falsificaciones de documentos y firmas falsas de notarías, es un salto al vacío. 

La disposición, además señala que, de presentarse “disentimiento” ya sea del padre o de la madre, esto se verá conforme lo estipulado en el artículo 112 del Código de niños y adolescentes. En el cual se determina que, frente al desacuerdo, el juez decidirá considerando los documentos que justifiquen el viaje. 

Entonces, si de igual manera frente a un desacuerdo explícito deberá resolver un juez/a, ¿qué sentido tiene la norma, si esto ya se señala en las disposiciones actuales?, ¿si sólo se tiene que presentar una de las partes frente a la notaría con la documentación que justifique el viaje, ¿cómo el notario sabrá que la otra parte no está de acuerdo?, y, sin esta información ¿cómo lo va a derivar al juez pertinente? 

Así mismo, ¿sabiendo que en conflictos de pareja o ex pareja sobre tenencia y alimentos los niños/as quedan al medio, se puede aligerar las medidas para su protección?, ¿en un país con tanta violencia hacia las mujeres puede ser esto un riesgo para sacar a los niños/as del país sin el consentimiento de la madre y con la complicidad de otros? 

Estas son algunas de las preguntas que tenemos que hacernos, porque no se puede legislar con tanta ligereza, sobre todo si esto afecta la protección de los más vulnerables.

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PermisoDeViajeAMenores

El congresista Carlos Anderson se ha lanzado como precandidato presidencial del partido Perú Moderno -que en algún momento albergara a Carlos Añaños-. Es una buena noticia. Anderson es de lo mejor que ha tenido el Congreso actual -del cual se salvan muy pocos-, ha demostrado probidad y posee solvencia académica suficiente como para pasar una prueba de conocimientos mínimos para gobernar el país.

Su participación en el Parlamento atajando proyectos populistas ha sido, inclusive, más efectiva que la de un MEF alicaído, sin bríos, ni capacidad de contención de los desmanes fiscales que el Legislativo ha perpetrado ni de exabruptos irracionales como los de Petroperú, que el titular del MEF ha pasado por alto como si con él no fuera la cosa.

Anderson ha tenido, además, la perspicacia política de colocarse en un lugar frontalmente opositor al actual gobierno, tema en el que coincide con otros precandidatos, como Rafael Belaunde o Jorge Nieto, y que le servirá de mucho como credencial a la hora de enfrentar a los partidos cómplices del régimen, como Fuerza Popular, Alianza para el Progreso o Podemos (partidos que merecen un castigo popular significativo en las urnas y ojalá, por lo menos algunos de ellos, ni siquiera pase la valla electoral).

El problema político que el tipo de candidatura que representa Anderson -de centroderecha- es que va a tener que lidiar no solo con los partidos del statu quo mediocre que nos gobierna, sino con los polarizantes disruptivos que por la izquierda (Antauro, Bellido, Torres) o por la derecha (López Aliaga, Butters, Álvarez) se encaramarán sobre la profunda ola de malestar ciudadano existente, y que sobrepasará las identidades ideológicas de los votantes.

Y es en ese talante que más inconvenientes va a encontrar la pléyade de candidatos centristas o moderados. No basta con ser radical opositor a Boluarte -condición necesaria, pero no suficiente-, se necesita de mensajes díscolos del establishment, capaces de recoger el sentimiento contestatario que la población alberga y que se expresará en las urnas en abril del 2026. Allí estriba, quizás, el mayor desafío de la centroderecha, ad portas del crucial proceso electoral venidero, que contiene el riesgo de lanzar al país al aventurerismo autoritario.

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Carlos Anderson

En la última encuesta de Datum, el 95% desaprueba la gestión de Dina Boluarte. Eso ya no es novedad. Todas las encuestadoras coinciden con porcentajes similares de rechazo al gobierno.

Lo interesante de la encuesta referida es que pregunta a ese 95% las razones por las cuales desaprueba la gestión y las respuestas son reveladoras del estado de ánimo de la población. Son todas respuestas emotivas.

Un 33% señala que la decepciona cómo está manejando el país; a un 20% le enfurece su indiferencia hacia los problemas reales de la gente; 18% siente que su presencia es una burla para el país; 17% considera que cada decisión suya empeora la situación; y 9% siente una rabia profunda cada vez que la ve o escucha.

No aparecen discrepancias ideológicas, razones programáticas, divergencia del modelo que aplica, no, es un sentimiento general que aflora de diversos ángulos respecto de una gobernante absolutamente impopular.

Por eso es que se equivocan profundamente los candidatos de centroderecha cuando se amparan en las encuestas que señalan que la mayoría de la población se autodefine ideológicamente como de centro o de derecha, siendo la gente de izquierda minoritaria.

La ciudadanía no va a acudir a votar en abril del 2026 apertrechada de su andamiaje de ideas y a votar por aquel candidato que más se acerque a su propio perfil ideológico. No, la gente va a ir a las urnas de muy mal humor, irritada, con furia, inclusive.

No solo buscarán a alguien que se distinga del gobierno vigente sino de quien represente mejor que otro un voto antiestablishment. Claramente las encuestas así lo revelan. Ese factor va a primar por encima de las identidades ideológicas o políticas de los votantes. Recordemos que ya el 2021, más del 20% de los votantes de López Aliaga en la primera vuelta votó por Pedro Castillo en la segunda. Esta vez, ese fenómeno se va a apreciar desde la primera vuelta, a la que la gente va a acudir con ánimo tumultuoso.

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Datum, Encuesta

[La columna deca(n)dente] En un acto de flagrante desvergüenza, el ministro de Educación, Morgan Quero, pronunció una declaración que atenta contra los principios fundamentales de un Estado democrático y refleja la naturaleza autoritaria del gobierno de Dina Boluarte: “Los derechos humanos son para las personas, no para las ratas”. Con estas palabras, Quero intentó justificar la ejecución extrajudicial de 49 ciudadanos a manos de las fuerzas del orden, despojándolos de su dignidad y presentándolos como enemigos a eliminar.

Esta afirmación no solo refleja un profundo desprecio por la vida humana, sino que también busca legitimar el uso de la violencia por parte del Estado, un patrón característico de los regímenes autoritarios. En un país que aspira a respetar los derechos humanos, un alto funcionario público debería ser un defensor inquebrantable de la dignidad y el respeto hacia todos los ciudadanos sin distinción. Sin embargo, al recurrir a un lenguaje deshumanizador, Quero se posiciona como un apologista del abuso de poder, alimentando un discurso que justifica la impunidad y perpetúa la violencia institucionalizada.

La historia ha demostrado que las palabras tienen consecuencias, especialmente cuando provienen de quienes ejercen el poder. Al calificar de “ratas” a las víctimas de ejecuciones extrajudiciales, Quero recurre a una retórica que despoja a las personas de su humanidad, creando un contexto en el que la eliminación de “los otros” parece legítima. Este tipo de discurso desvía la atención de las responsabilidades legales y morales del Estado, presentando las víctimas como prescindibles y, por ende, justificando su exterminio. Esta estrategia de deshumanización tiene un paralelismo directo con la utilizada por regímenes totalitarios del siglo XX, como los de Pinochet y Videla, quienes emplearon discursos similares para trivializar masacres, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales.

Las palabras de Quero no deben quedar impunes. Es imperativo que la sociedad civil, los medios de comunicación, las instituciones y los partidos políticos democráticos condenen enérgicamente estas declaraciones. Asimismo, es necesario que los organismos internacionales de derechos humanos presten atención a este caso, el cual refleja una alarmante deriva autoritaria del gobierno de Boluarte. En este sentido, deben activarse mecanismos de rendición de cuentas, incluyendo la exigencia de disculpas públicas por parte de Quero y la implementación de sanciones por las instituciones correspondientes.

Los derechos humanos son universales, sin excepciones ni condicionamientos. Cuando un ministro de Educación justifica la exclusión de ciertos grupos de estos derechos, no solo atenta contra las víctimas de hoy, sino que pone en peligro los principios democráticos que deberían protegernos a todos en el futuro. Si dejamos que este tipo de discursos se normalicen, estaremos abriendo la puerta a un futuro en el que la violencia estatal sea vista como una herramienta legítima de control social.

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derechos humanos, Dina Boluarte, Ejecuciones Extrajudiciales, Morgan Quero

Resulta encomiable la labor que viene realizando el PPC de cara a las elecciones del 2026. No solo ha logrado un tándem de precandidatos de lujo (Carlos Neuhaus, Fernando Cillóniz, Javier Gonzáles Olaechea y Óscar Valdéz) sino que, además, ha formado un comando técnico de primer orden.

Se han conformado comisiones especializadas por temas de gobierno que visitan regularmente provincias y se reúnen con los actores regionales para registrar la problemática local y poder armar así un plan de gobierno detallado y aplicado a la realidad.

Están haciendo la tarea que corresponde a un partido político. Tienen, además, un membrete partidario conocido, no achicharrado como el de Acción Popular o puesto en salmuera como el APRA, los otros dos partidos “tradicionales”.

El PPC siempre ha sido un partido que ha merecido mejor suerte. Adelantado a su tiempo con la prédica promercado, no cosechó electoralmente lo que correspondía (otro hubiera sido el Perú si en 1980 ganaba Bedoya y no Belaunde las elecciones), pero hoy hay mayor receptividad a ese tipo de mensaje.

No se cierra a alianzas, pero -hay que decirlo con pena- nadie en la centroderecha está dispuesto a sumar esfuerzos y malcreen que ir por separado será mejor para todos (cuando haya dos candidatos de izquierda disputando la segunda vuelta o uno de ellos contra Keiko Fujimori, allí los quiero ver).

Si la labor que vienen desplegando el PPC da frutos, hasta les convendría ir solos. Han empezado con antelación, como corresponde, y la campaña electoral lo agarrará preparados y no improvisados, como otros partidos. Ya con que tengan un plan de gobierno detallado y sustentado ya es bastante en un país donde nadie prepara nada para llegar a gobernar desde el primer día y no esperar a ver qué pasa el 28 de julio cuando tienen que asumir las riendas del poder.

El PPC merece que la suerte le sonría. Un trabajo serio merece cosechar buenos resultados. Ojalá el tiempo político le sea favorable, si no para ganar las elecciones por lo menos para colocar una potente bancada congresal, que sea un pivote de buen gobierno para quien salga electo.

Al ausentarse vergonzosamente de la votación para impedir que sentenciados por crímenes graves puedan postular, Fuerza Popular ha mostrado claramente cuál es su carta jugadora para el 2026: una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Antauro Humala.

La apuesta del fujimorismo es que en ese escenario sí le sería posible a Keiko Fujimori ganar las elecciones dado que el antifujimorismo sería menor que el terror que despierta en gruesos sectores de la población el líder etnocacerista.

Es de una supina irresponsabilidad el juego de Keiko. Primero, porque nadie asegura ese triunfo. Si a Castillo, acusado por sus vinculaciones con el Movadef, no le pudo ganar, mucho menos lo podrá hacer con alguien infinitamente más articulado como Antauro Humala. Segundo, porque al dejar libres las fuerzas radicales de izquierda, hace que Antauro arrastre consigo a otros de su perfil, y dado el profundo malestar antiestablishment que existe, probablemente pasen a la segunda vuelta dos radicales y no solo Antauro. Tercero, si la gente busca a alguien que salve al Perú de estos radicales, es más probable que piense en un López Aliaga o en un Butters que en una perdedora como Keiko Fujimori.

Keiko Fujimori confía en el 10% que más o menos le dan todas las encuestas como intención de voto. Lo que no estima es que ese también es su techo, Su complicidad abierta con el desprestigiado gobierno de Dina Boluarte le va pasar factura sí o sí en las elecciones del 2026. Cualquiera que sea socio del régimen va a sufrir las consecuencias electorales ineludiblemente.

Keiko Fujimori y sus asesores demuestran una vez más su profunda desconexión del Perú político, que ya la llevaron a tres derrotas electorales que debió haber ganado (quizás con la de Ollanta Humala sí tenía menos posibilidades, pero con PPK y Castillo perdió por su propia culpa estratégica). Si logra pasar a la segunda vuelta -cosa que se hace dudosa- lo más probable es que también vuelva a perder.

-La del estribo: muy recomendable la película María Callas, con la que quizás sea la mejor actuación de Angelina Jolie. Dirigida por Pablo Larraín. Cónclave, dirigida por Edward Berger con Ralph Fiennes. Firebrand, la última reina, dirigida por Karim Ainouz, sobre la vida de Catalina Parr, la sexta y última esposa de Enrique VIII. Todas con su proveedor favorito.

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2da. vuelta 2026
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