Opinión

Se analizaron 38,156 actas personales de sacerdotes y diáconos de los 27 obispados alemanes pertenecientes al período entre 1946 y 2014. Se halló 1,670 clérigos abusadores, lo que representa el 4.4% de todos los clérigos cuyas actas personales fueron examinadas. Se identificó 3,677 víctimas de abuso sexual infantil y juvenil. Se encontraron estructuras institucionales que permitían el abuso sexual, como relaciones asimétricas de poder y un sistema cerrado en sí mismo, característico de la Iglesia católica. Y esto sólo era la punta del iceberg debido a las limitaciones señaladas, pues los estudios independientes posteriores encargados por varias diócesis no han hecho más que aumentar el número de abusadores —no sólo clérigos, sino también religiosos y personal laico— y también el número de víctimas.

La Iglesia Evangélica en Alemania (Evangelische Kirche in Deutschland, conocida por sus siglas EKD), una federación de actualmente veinte iglesias protestantes regionales, creada en 1948 después de la Segunda Guerra Mundial, se enorgullecía en ese aspecto de ser mejor que la Iglesia católica. ¿Cómo iban a ocurrir abusos sexuales en las iglesias reformadas, que tenían como pilar principal la fidelidad a la Palabra de Dios expresada en la Biblia y cuyas autoridades eclesiásticas —obispos, pastores y vicarios de ambos sexos— no tenían la obligación de guardar el celibato, como sí ocurre en la Iglesia católica?

De otra opinión era Detlev Zander, quien en 2014 se convirtió en el primer denunciante de abusos sexuales contra menores en una institución asociada a la Iglesia evangélica. Zander fue víctima de abuso sexual, golpes y humillaciones por parte de varios agresores cuando era niño en un hogar infantil de la Comunidad de Hermanos en Korntal, cerca de Stuttgart. La Iglesia evangélica había ignorado su historia de sufrimiento y lo había difamado como mentiroso. Solo cuando decidió hacer público su testimonio, la Iglesia se preocupó en investigar. Actualmente, Zander es el portavoz del Foro de Participación Violencia Sexual de la Iglesia Evangélica, creado en 2022. El foro tiene poder de decisión en cuestiones relacionadas con la violencia sexual. Zander señaló que en los hogares y casas parroquiales evangélicas prácticamente no existen estructuras que permitan poner al descubierto o prevenir tales casos. En agosto de 2021 Zander había declarado en una entrevista: «Desde mi punto de vista no se puede decir que el contexto católico sea peor que el evangélico – en ambas iglesias no se hace nada. Ambas están igual de mal y son terribles». 

El tiempo le ha dado la razón. El 25 de enero de este año por fin fue publicado un informe multidisciplinario de más de 800 páginas sobre abusos sexuales en la Iglesia Evangélica en Alemania (EKD), realizado por el Consorcio de Investigación ForuM, con el título de “Investigación sobre el tratamiento de la violencia sexual y otras formas de abuso en la Iglesia Evangélica y la Diaconía en Alemania”, entendiéndose por “diaconía” el servicio social que prestan cada una de las iglesias protestantes regionales. En la elaboración del informe, encargado por la misma EKD, participaron ocho universidades e institutos alemanes, cubriendo las áreas de trabajo social, historia, ciencias de la educación o pedagogía, psicología, sociología, psiquiatría forense, sexología y criminología.

La EKD encargó el estudio hace más de tres años por un costo de alrededor de 3.6 millones de euros. También hubo participación de los afectados. Los investigadores analizaron alrededor de 4,300 actas disciplinarias, 780 actas personales y alrededor de 1,320 documentos adicionales. Haciendo una comparación, en el Estudio MHG de la Conferencia Episcopal Alemana de 2018 se examinaron más de 38,000 actas personales, como ya se ha indicado.

El estudio realizado demuestra que ha habido muchos más víctimas de abuso de lo esperado, habiendo identificado a 2,174 afectados y 1,259 perpetradores. Sin embargo, Harald Dressing, uno de los investigadores —quien también colaboró con el Estudio MHG de la Iglesia Católica en 2018— explicó que, no obstante haber una obligación contractual, solo una de las veinte iglesias evangélicas regionales proporcionó actas personales junto con las actas disciplinarias. Ello significó una seria limitación al estudio, pues el análisis adicional de las actas personales de la única pequeña iglesia regional que las puso a disposición de los investigadores mostró que en las actas disciplinarias no había registro de aproximadamente el 60% de los abusadores y del 70% de las víctimas. Basándose en estos datos y en la experiencia de estudios similares, se llega a cifras mucho más altas. Según cálculos estimados, desde 1946 al menos 9,355 niños y jóvenes habrían sufrido abuso sexual en la Iglesia evangélica y en la Diaconía. Además, habría 3,497 abusadores, de los cuales más de un tercio serían pastores o vicarios. Se presume con razón que hay una cifra oscura muy grande. Muy grande y aterradora.

Según el estudio, alrededor del 64.7% de las víctimas eran hombres y el 35.3% por ciento eran mujeres. Casi todos los perpetradores son hombres (99.6%). Alrededor de tres cuartas partes de ellos estaban casados en el momento del primer abuso. La mayoría de los delitos son de naturaleza hands on, es decir, con contacto físico, desde tocamientos corporales innecesarios en clases de educación física hasta la penetración.

Por supuesto, las reacciones de los eclesiásticos y eclesiásticas evangélicos han sido muy similares a las que encontramos entre las autoridades de la Iglesia católica, resaltando más el impacto emocional en la institución perpetradora y el daño a su imagen que las terribles experiencias de las víctimas, con biografías destrozadas preñadas de dolor. «Esperaba mucho de la investigación, pero el cuadro general me ha conmocionado», dijo Kirsten Fehrs, presidenta interina del consejo de la EKD, en la presentación del informe en Hannover. Con respecto a las víctimas, Fehrs dijo: «No las protegimos en el momento del delito, ni las tratamos adecuadamente cuando tuvieron el coraje de denunciarlo». Hubo una tendencia a mirar hacia otro lado en las comunidades eclesiásticas y en las instituciones de la Diaconía.

El director del estudio, Martin Wazlawik, señaló que los casos de abuso en la Iglesia evangélica hasta ahora no han sido adecuadamente registrados ni investigados. El mal manejo de los casos de los afectados muchas veces se hizo desde una actitud que consideraba a la Iglesia evangélica como superior a la católica.

Los representantes de los sobrevivientes de abuso exigieron estándares vinculantes para la investigación en todas las iglesias regionales, pues el federalismo inherente a la EKD —donde cada iglesia regional sigue sus propios procedimientos— obstaculizaban la elucidación de los casos de abuso. Aún hoy, dijo Detlev Zander, el trato hacia los afectados sigue causando retraumatización. 

El Ministro Federal de Justicia, Marco Buschmann, instó a ambas iglesias a comprometerse con el esclarecimiento de casos de abuso, la reparación y una mejor prevención. También dijo: «El esclarecimiento eclesiástico es importante, pero no puede sustituir al procesamiento penal estatal donde sea posible».

Internamente se habla en la Iglesia evangélica de una «debacle», aunque nadie quiera ser citado al respecto con nombre y apellido. Los investigadores independientes encargados denunciaron en la presentación del estudio y en entrevistas la «parsimoniosa colaboración de las iglesias regionales», y que sólo pudieran realizar un análisis de las actas personales en una de las veinte iglesias regionales. El hecho es que se había acordado contractualmente una inspección de las actas personales de forma aleatoria. Sin embargo, en algún momento los investigadores se encontraron ante la alternativa de interrumpir el estudio, o conformarse con las actas disciplinarias. Según ellos mismos, las iglesias regionales alegaron que no tenían suficiente personal para revisar las actas personales. Esto resultó en una disponibilidad «altamente selectiva» de fuentes, por lo cual los resultados sobre el número de abusadores —cuyos nombres aun no han sido revelados— y de víctimas sería sólo «la punta de la punta del iceberg».

El director del estudio, Martin Wazlawik, le comentó el 25 de enero al periódico semanal “Die Zeit” que los números aún no describen la magnitud total del abuso sexual:

«Lo que hemos hecho en el estudio ForuM es un comienzo, seguido de dos puntos [signo ortográfico]. Todavía hay mucho trabajo por hacer para que las iglesias regionales y la EKD rellenen el espacio después de estos dos puntos».

Todos estos resultados invitan a la reflexión. En las iglesias cristianas reformadas no existe la obligación del celibato para los clérigos, como en la Iglesia católica, y sin embargo los abusos sexuales son de igual o mayor magnitud que en la Iglesia católica. Incluso se aplican estrategias parecidas ante este problema: encubrimiento, protección de la imagen institucional, control de daños, maltrato de las víctimas —ya sea ignorándolas o desacreditándolas—, impunidad para los abusadores, omisión de denuncia ante la justicia civil.

El celibato no sería un factor determinante en el hecho de que haya abusos sexuales, pues los abusadores de la Iglesia evangélica no eran célibes. Incluso en la Iglesia católica un clérigo o religioso obligado al celibato puede transgredir esta obligación y llevar una doble vida, sin convertirse en abusador, ya sea teniendo un/a amante (en una relación hetero u homosexual), una relación estable —no oficial ni pública— con una mujer, o simplemente recurriendo al servicio de prostitutas. Ninguna de estas prácticas, si el sexo es consentido mutuamente, convierte a un clérigo en un abusador.

Aquí conviene citar a Alberto Moncada, exmiembro del Opus Dei:

«Yo no creo que el celibato eclesiástico sea la causa de la creciente inundación de pederastia sacerdotal. […] Los curas y monjas pederastas lo son no tanto por su eventual represión sexual cuanto por gozar de una situación de poder respecto de los menores que les están confiados. Es posible que si estuvieran emparejados hubieran sido menos pederastas pero también hay casados pederastas que tienen en común con los clérigos y monjas su fácil acceso a los menores y su situación de poder respecto a ellos».

Tanto en la Iglesia católica como en la Iglesia evangélica nos hallamos con estructuras similares de poder que propician la perpetración de abusos sexuales en perjuicio de menores y adultos vulnerables y donde en virtud de una autoproclamada misión religiosa se tiene acceso a la intimidad personal y a las conciencias de los creyentes en un supuesto ámbito de confianza. Y esto nos lleva a una tremenda paradoja: ser creyente no hace que uno esté más seguro y mejor protegido, sino que lo pone a uno en riesgo de sufrir abusos en las iglesias cristianas de las cuales se participa.

Después de muchos viajes y mi experiencia en mi propia ciudad puedo decir que el calor no es lo mío. Prefiero mil veces el frio, así sea intenso y tenga que abrigarme con lo que encuentre. Según mi memoria, no tengo recuerdo de sentir Lima así de caliente.

El calentamiento global es innegable y no entiendo cómo aún hay gente que defiende la postura de que no existe. El argumento que usan los que están en contra es que el planeta se está calentando hace tiempo, pero ese no es el problema. El problema es la rapidez con la que se calienta, eso es lo que ha aumentado significativamente debido al uso excesivo de combustibles fósiles. En julio del 2023, luego de que se registrase el mes más caliente en los últimos 120 mil años, el secretario de las Naciones Unidas anunció que la era del calentamiento global había acabado para dar inicio al Global Boiling. Mientras el primer término se refiere a la rapidez del calentamiento, el segundo se enfoca en la potencial aparición de olas de calor bruscas que ponen en peligro a las fuentes de agua, la biodiversidad y la salud de los humanos. Ya no es difícil imaginar ciudades enteras afectadas y gente muriendo por golpes de calor. 

Este calor es insoportable, no se puede comer ni dormir tranquilo debido a la temperatura. Cuando tenía 12 años viajamos a Roma con mi familia y se me quedó grabado en la memoria el calor calcinante, jamás imaginé que en Lima llegáramos a sentir algo parecido. Fuimos a una misa al aire libre en el Vaticano dada por el papa Juan Pablo II, que ya se encontraba en sus últimos años. La gente se echaba agua en la cabeza para poder soportar el calor, yo no entendía cómo el papa podía estar en ese calor y con toda esa ropa encima. Yo y mi hermano íbamos a hacer una cola para acercarnos y besar su anillo. Yo me negué porque pensé que me iban a hacer hablar frente a todos, no sé porque, pero pensaba eso. Mi abuela fue en mi lugar, en ese momento tenía casi 70 años, y bromeábamos con que iba a salir en las noticias que una señora peruana se desmayó en el regazo del papa. Nunca fui religioso extremo, nunca me aprendí ni el padre nuestro ni el ave maría, pero sí creía en Dios. Por esos años, aproximadamente, me arrimé más al pensamiento de mi padre y me volví ateo. Ahora mi abuela tiene 89 años y me da miedo cuando sale al sol porque a esa edad puede ser letal.

Lo peor es que las consecuencias que temíamos hace una década ya no son prevenibles, lo más probable es que ocurran. Las metas propuestas por las Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP, no se cumplieron y ahora vamos a ver las consecuencias. Es probable que dentro de 10 o 15 años el mundo sea totalmente distinto. Ciudades inundadas por el aumento del nivel del mar, escasez de agua potable, problemas alimenticios en todo el mundo por problemas de agricultura y más. Pero a las potencias parece no importarles y siguen con sus actividades inconsecuentes. De hecho, le agregan más riesgos a la humanidad, ya no sé qué va a ser primero: una guerra nuclear, la inteligencia artificial salida de control o el calentamiento global. Espero que ninguno, pero es el temor que se siente en las personas. 

Otro viaje donde el calor se quedó grabado en mi memoria fue en Egipto con mis tíos. En ese momento aún se podía ingresar adentro de las pirámides. Fue alucinante. Aunque entre el calor y el miedo a que nos dejen encerrados ahí no pude disfrutar mucho. Ya más grande, con mi hermano en Florencia, subiendo a la cúpula de la catedral habré bajado un par de kilos solo por sudar, estaba empapado. Mi hermano me sigue molestando con eso. En ambos viajes estamos hablando de temperaturas mayores a 40 grados. Y en ambos viajes el gusto por la historia hacía que el calor sea pasable. Este año, en Lima, se han registrado temperaturas de 36 grados en cuanto a la sensación térmica. 

Mi relación con el sol nunca fue muy buena debido a mi piel sensible. Nunca me bronceaba, bastaban unos minutos bajo el sol para que esté todo el fin de semana con erisipela y luego me pelaba todo el cuerpo. Mi rutina cuando voy a la playa va del mar a la sombra. Si me quedo en el sol siento que me estoy sancochando y sumado a la sal del mar me pueden llegar a salir hasta ronchas de alergia. Igual con este calor es mejor tener el mar al lado, en las ciudades sin mar la gente debe pasarla horrible. Todo esto hablando de Lima, en Piura y Tumbes se esperan temperaturas de hasta 40 grados, esperemos que no se salga de control. La última vez que viajé al norte en el 2020 ya se sentía el calor bastante intenso. 

Ya debería quedar claro para todos que no se trata de una broma y comenzar a ser más exigentes con las medidas para evitar mayores daños por el cambio climático. Aun se pueden prevenir peores cosas, pero si la humanidad sigue el rumbo que está tomando va a llegar un punto en el que ya no habrá nada que hacer. Por el bienestar de las siguientes generaciones y nuestra vejez es necesario hacer algo al respecto.

El fin de semana pasado se realizó la 66ta. entrega de Premios Grammy, en el teatro Crypto.com de Los Angeles, California (EE.UU.). Esta ceremonia fue y sigue siendo el mejor barómetro para medir el estado de la industria musical, a partir del monitoreo de ventas mundiales que hace, desde el país del Tío Sam, la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación (NARAS por sus siglas en inglés o simplemente “la Academia”), organizadora de la premiación desde 1959. 

Si en los sesenta, setenta, ochenta y noventa reflejó, desde el punto de vista de los artistas, el amplio abanico de creatividad, talento y trascendencia de contenidos -incluso en los extremos más accesibles del espectro estilístico- y, desde el punto de vista del público/medios de comunicación, la refinada capacidad apreciativa y los gustos que podían ser divergentes y a veces hasta opuestos, durante el siglo XXI ha sido un espejo magnificador que muestra con absoluta precisión la decadencia y la superficialidad, la distorsión de temas que son supuestamente banderas del adelanto social y cultural en Occidente -inclusión, tolerancia, reivindicaciones varias-, además de la monótona, repetitiva y disforzada paleta de géneros que hoy conquista los rankings y las preferencias de las masas.

Conscientes de eso, los organizadores del Grammy suelen hacer movidas en los guiones de sus ceremonias públicas para lavarse un poco la cara, introduciendo la participación de leyendas ajenas al actual submundo degradado o decididamente grotesco de “celebrities” que usan la vulgaridad simplona, la farandulización de la vida en redes sociales y el mal gusto para darle un poco de clase a esa gala cuya alfombra roja se caracteriza por ser muestrario de personajes contrahechos y agresivos con el público en sus formas de vestir y expresarse. 

En esta edición los escogidos fueron Stevie Wonder (73) -homenajeando al caído Tony Bennett (1926-2023)-; Billy Joel (74), presentando su primera canción nueva en casi tres décadas; Lionel Richie (74), quien al presentar el Disco del Año hizo un paralelo inaudito entre el ramillete de impresentables que compitieron este 2024 y la ganadora de 1986, We are the world; y Annie Lennox (69) quien al finalizar su tributo a Sinéad O’Connor (1966-2023), otra de las notables pérdidas del año pasado, lanzó una consigna por el cese al fuego en Gaza. Pero, de todas, la más sorprendente fue la de Joni Mitchell, la extraordinaria cantautora que nunca había sido invitada a tocar en los Grammy, a pesar de su influencia en la música popular. Y de haberlo ganado en diez oportunidades, dicho sea de paso.

Roberta Joan Anderson, que acaba de cumplir 80 años en noviembre, nació en las verdes praderas de Alberta (Canadá) pero hizo su carrera en la soleada California, adonde llegó en 1966-1967 con una guitarra acústica y un paquete de composiciones propias que se vio obligada a escribir porque los cantautores de los cafés de la región Saskatchewan, donde vivía, no le permitían hacer versiones de temas ajenos. Mitchell se convirtió en símbolo e inspiración de toda la generación del llamado “verano del amor” que vivió el movimiento hippie y su pináculo, el Festival de Woodstock (15-18 de agosto de 1969). 

Su presentación en los últimos Grammy fue un evento importante y emotivo, para quienes disfrutamos su obra y conocemos un poco su historia, pero solo en lo que respecta a sí misma, su notable recuperación tras el aneurisma que la puso al borde de la muerte en el 2015 y su estatus de leyenda viva. Sentada en una elegante silla y siguiendo el compás con un bastón de fina empuñadura, Mitchell entonó, con la voz grave y entrecortada, en tiempo y afinación correctas, una de sus composiciones fundamentales, Both sides, now, que grabara para su segundo disco, Clouds (1969). 

Esta aparición estuvo motivada por el premio a Mejor Álbum Folk que le acababan de dar por su disco Joni Mitchell at Newport (2023), lanzado por el sello independiente Rhino Records, que recoge su concierto en este prestigioso festival, el primero que ofreció desde aquel accidente cerebrovascular. Aquí podemos ver y escuchar la encantadora versión de Both sides, now que hiciera Joni Mitchell en el Festival de la Isla de Wight (Inglaterra, 1970), frente a un público hipnotizado por su luminosa voz de soprano y esa guitarra acústica de afinación abierta, creada especialmente para permitirle acordes más cómodos, debido a las secuelas que la poliomielitis había dejado en su mano izquierda. 

Mientras ella cantaba, en el cintillo de la transmisión televisiva del Grammy 2024 los millennials comentaban, con emoticones y signos de admiración, que la canción les recordaba una escena de Love actually (Richard Curtis, 2003), reduciendo tan brillante y extensa trayectoria a tres fugaces minutos de una prescindible película romántica. La versión usada en aquella banda sonora fue extraída de uno de sus últimos álbumes, Both sides now (2000), en que Joni interpreta diversas canciones de jazz y algunas propias, acompañada de una orquesta sinfónica. Both sides, now fue una de las primeras canciones escritas por Joni y la que más veces ha sido grabada por otros artistas. De hecho, no fue ella quien la estrenó sino Judy Collins, en su sexto álbum de 1967, Wildflowers, con arreglos más convencionales. 

Entre 1968 y 1972, publicó cinco extraordinarios discos, que la establecieron como una de las voces femeninas más interesantes en el panorama artístico de unos Estados Unidos marcados por la rebeldía, la búsqueda de libertad y una efervescente ola creativa manifestándose por varios frentes. El cuarto de ellos, Blue (1971), es una especie de catarsis introspectiva y emocional, construido sobre armonías complejas y una vocación poética muy profunda, que incluye también títulos icónicos del primer capítulo de su catálogo como Carey -dedicada al padre de su hija, Cary Raditz-, River -en que interpola melodías navideñas- California o A case of you. 

En los álbumes previos -cuyas carátulas eran reflejo de su otra pasión, la pintura- ya había dado muestras de ese estilo con composiciones como Cactus tree (Song to a seagull, 1968), Song to aging children come, Chelsea morning (Clouds, 1969), For free, The circle game o Big yellow taxi (Ladies of the canyon, 1970). Esta última se convirtió en otra de sus canciones-emblema, que llegó a los oídos de la generación del siglo XXI en la versión del septeto californiano Counting Crows (Hard candy, 2002). Entre el romántico lirismo y el ambiente bucólico de sus composiciones -a veces con guitarra, a veces con piano- Mitchell se daba tiempo para colocar melodías más desafiantes como The dawntreader (Song to a seagull, 1968) o el tema a capella The fiddle and the drum (Clouds, 1969), que influyó tanto en Tracy Chapman (Behind the wall, 1988) como en Björk (The anchor song, 1993).

Un caso especial fue el de su composición Woodstock, convertida en himno del festival por sus amigos cercanos Crosby Stills Nash & Young, quienes le dieron un arreglo totalmente distinto a su minimalista versión original, a solas con un piano eléctrico Wurlitzer. Aunque Joni, entonces de 26 años, no participó de aquel megaconcierto hippie, mientras miraba días después un reportaje de televisión con imágenes de las multitudes, las bandas y las carreteras congestionadas, escribió un poema que, en palabras de David Crosby, “capturó el sentimiento y la importancia de Woodstock mejor que cualquiera de los que estuvimos allí” (documental Joni Mitchell: A woman of heart and mind, PBS, 2013, con título inspirado en esta canción del disco For the roses). Las dos versiones aparecieron al mismo tiempo, en marzo de 1970 -siete meses después del festival- en el tercer disco de Mitchell, Ladies of the canyon y el segundo de Crosby Stills Nash & Young, el inolvidable Déjà Vu.

Si los norteamericanos Joan Baez y Bob Dylan simbolizaron la reacción de cantautores jóvenes ante los sucesos del exterior y buscaron cambiar su sociedad observándola con agudeza y sentido crítico, Joni Mitchell y Leonard Cohen, ambos canadienses, representaron esa misma búsqueda pero mirando hacia adentro, escarbando en sus propios sentimientos y experiencias aunque eso los colocara, sobre todo en el caso de Mitchell por ser mujer, en una posición vulnerable frente a los demás. La musa del hippismo asentado en las colinas de Laurel Canyon fue siempre muy valiente en ese sentido, ofreciendo su opinión y su sentir sobre todo aquello que le concernía directa o indirectamente.

Varias canciones de Joni Mitchell tienen referencias directas a su vida privada. Desde haber dejado a su única hija en adopción (Little green, 1971) -un hecho que no salió a la luz sino hasta 1993- hasta los finales de sus relaciones amorosas con connotados colegas como Graham Nash, en quien se inspiró para componer la mitad de las canciones del Blue (1971) -mientras que él le dedicó Our house, un dulce tema que grabó con CSN&Y en 1970-, That song about the midway -una poética despedida de David Crosby- o A case of you, dedicada a Leonard Cohen. Pero hay una diferencia abismal entre la altura con la que trató siempre estos temas y lo que asegura The New York Post, que es algo así como el Trome de la prensa gringa, cuando dice que Joni Mitchell fue la Taylor Swift de su tiempo, en referencia a las canciones que ha escrito sobre sus relaciones con el guitarrista John Mayer o el actor Jake Gyllenhaal.  

A lo largo de su juventud, Mitchell -que estuvo oficialmente casada dos veces, con Chuck Mitchell (1965-1967) y Larry Klein (1982-1994)- acumuló esporádicos amoríos con James Taylor, Glenn Frey (Eagles), Jackson Browne, el baterista John Guerin o Jaco Pastorius, sin romper después sus lazos de amistad y colaboración artística. Y también destacados pretendientes como los actores Jack Nicholson, Warren Beatty o el vocalista de Led Zeppelin, Robert Plant, quien por timidez jamás se atrevió a hablarle pero le escribió Going to California (Led Zeppelin IV, 1972), en respuesta a I had a king (Song for a seagull, 1968). 

Entre 1972 y 1975 se inicia su transición definitiva hacia la fusión y el jazz, con los álbumes For the roses (1972), Court and spark (1974) y The hissing of summer lawns (1975), en los que combina su tradicional estilo trovadoresco con composiciones más eclécticas, influenciadas por el soft-rock de Carole King, el walking jazz y el bebop, como en Twisted (1974). Con su bien ganado prestigio, Joni Mitchell comenzó a alternar con renombrados músicos de smooth-jazz y jazz-rock como Tom Scott, Joe Sample, Larry Carlton, Victor Feldman o la plana (casi) completa de Weather Report. En medio apareció el disco en concierto Miles of aisles (1974) con alucinantes versiones de su primera época.

Para su octavo disco, Hejira (1976), Joni Mitchell ya combinaba abiertamente las sofisticadas disonancias de su etapa florida de folk acústico con tratamientos polirrítmicos y menos predecibles. Hejira fue la primera de sus colaboraciones con el excepcional bajista Jaco Pastorius (1951-1987), una peregrinación sugerida en el título que contiene clásicos de este periodo como Coyote -dedicada al escritor Sam Shepard (1943-2017), otro de sus famosos romances-, Black crow o Refuge of the roads. Ese mismo año tuvo una participación estelar en el concierto de despedida de sus connacionales The Band, aunque en el álbum original lanzado en 1978 solo figuran dos canciones: Coyote y Helpless (junto a Neil Young).

En 1977 llegó Don Juan’s reckless daughter, disco doble en que llevó su gusto por la experimentación a otros niveles. Mientras que The tenth world es una poderosa descarga latina, con las percusiones del portorriqueño Manolo Badrena y nuestro compatriota Álex Acuña; Dreamland se interna en la música brasileña, gracias a la magia negra del percusionista Airto Moreira. Chaka Khan, la reina del funk y el R&B, pone sus poderosos mantras vocales en ambas. Y en medio, nuevas adiciones al catálogo de Joni como Jericho o el tema-título. Este periodo se cerró con la gira Shadow and light (1980), acompañada por Jaco (bajo), Pat Metheny (guitarra), Michael Brecker (saxos), Lyle Mays (teclados) y Don Alias (batería), su segunda producción en vivo, registrada en audio y video.

Pero si hubo un álbum que fue realmente revolucionario en su carrera fue Mingus (1979). El admirado contrabajista y director de orquestas Charles Mingus (1922-1979), aquejado por los primeros síntomas de la esclerosis amiotrófica lateral que acabó con su vida a los 56 años, la llamó para que pusiera letra a algunas de sus composiciones, después de escuchar Paprika plains (Don Juan’s reckless daughter, 1977), suite de más de quince minutos cargada de borrascosos arreglos orquestales. El álbum contiene seis canciones: cinco escritas especialmente para Joni más el estándar Goodbye pork pie hat (de su legendario LP Mingus Ah Um, 1959). Una colaboración que dejó huella entre los amantes del jazz.

Concebido en el departamento de Mingus en Manhattan y grabado durante 1978, con un elenco de lujo que incluyó a Jaco Pastorius, Wayne Shorter, Herbie Hancock, Peter Erskine, Emil Richards y Don Alias se lanzó seis meses después del fallecimiento del autor de joyas como Pithecanthropus Erectus (1954) o The Black Saint and the Sinner Lady (1963) y fue testimonio de la estrecha amistad entre Mingus y Joni, quien inclusive lo acompañó en su viaje a México para buscar a una supuesta curandera para aliviar su mal, historia contada en Reckless daughter: A portrait of Joni Mitchell (2017), la biografía escrita por el periodista y catedrático David Yaffe. 

Entre 1982 y 2007 Joni Mitchell grabó una decena de discos, con autorretratos en las carátulas, entre los que destacan Wild things run fast (1982), Turbulent Indigo (1994) o Travelogue (2002), álbum doble con nuevas grabaciones de sus temas clásicos. En cada uno de ellos -incluso en altibajos como Dog eat dog (1985) o Night ride home (1991)- podemos encontrar gemas del pop-rock, cuidadosa e impecablemente interpretadas, con letras inteligentes y una permanente preocupación estética, características inhallables en los ganadores del Grammy 2024, por lo menos en lo que respecta a las categorías más mediáticas. En 1990 fue invitada por Roger Waters para interpretar Goodbye blue sky, del álbum The Wall de Pink Floyd, en el histórico concierto que organizó en 1990, tras el derrumbe del Muro de Berlín.

Protagonista de múltiples homenajes y premios honoríficos, como el álbum de Herbie Hancock River: The Joni letters (2007), el concierto Joni 75: A birthday celebration, en Los Angeles (2018) o el premio del Kennedy Center Honors, que recibió el 2021, Joni Mitchell y sus canciones son testimonio un tiempo en el que la música popular contemporánea no necesitó estar peleada con el buen gusto para ser masivamente exitosa.

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Grammy, Joni Mitchell, Premios Grammy

Ha causado un terremoto el conocimiento de parte del testimonio de Jaime Villanueva, exasesor de Patricia Benavides, hoy aspirante a colaborador eficaz.

Lo dicho por Villanueva obliga a abrir varias líneas de investigación, algunas de las cuales ya tomó entre manos la Junta Nacional de Justicia, pero a la vez torna imperativo tomar con pinzas lo dicho por alguien que claramente habla en busca de librarse de una pena efectiva de prisión (sin que sorprenda, porque ya ha pasado antes, que actúe inducido por fiscales sin probidad). Todo lo que un aspirante a colaborador eficaz diga, para que adquiera valor penal, debe ser plenamente corroborado o al menos existir indicios razonables de veracidad.

La sociedad democrática debe reaccionar frente a los excesos fiscales, cometidos con fruición, dadas sus sobredimensionadas atribuciones. Allanamientos, prisiones preventivas y demás medidas, sin que haya una condena final o acreditación suficiente de pruebas (solo en base a dichos de aspirantes a colaboradores eficaces), no pueden ser tolerados en un sistema de justicia probo y, valga la redundancia, justo.

Quien escribe ha sido víctima de un claro abuso fiscal. Luego de una denuncia periodística cabalmente sustentada, se ordenó mi seguimiento y videovigilancia, con la complacencia de varios fiscales, y aún hoy está en proceso de apelación con la clara intención de perpetuar el despropósito. Y, claro está, ni los órganos de control internos ni la JNJ se han pronunciado al respecto.

Más allá de hechos puntuales como los relatados, resulta concluyente que se requiere una refundación del Ministerio Público que pase por un acotamiento de sus atribuciones. El esquema vigente ha fracasado, conduce a investigaciones interminables, decisiones abusivas, sentimientos de soberbia impunidad por parte de los fiscales, acusaciones fallidas, casos con tipos penales inventados y, lo que es más grave, politización de sus acciones. Y todo ello, en medio de una guerra civil infraterna, de dos bandos que se disputan el control de la institución. El Ministerio Público está profundamente deteriorado y su vigencia institucional no da para más.

-La del estribo: dos buenos libros sobre la mesa. Páginas del fin del mundo, del escritor limeño Johann Page, una sorpresa propicia, y La crisis del capitalismo democrático, de Martín Wolf, jefe de Economía del Financial Times, libro de tremenda vigencia global y local.

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Jaime Villanueva, Ministerio público

No es posible que estemos ad portas de ver en funciones el mejor aeropuerto de la región y que su puesta en marcha vaya mal acompañada de una empresa calamitosa como es Córpac.

No tiene siquiera capacidad de controlar un mafioso sindicato de controladores aéreos, que ya ocasionó una tragedia mortal y que, aprovechándose de su capacidad monopólica de presión (lo que no sucedería si la empresa fuera privatizada), se permite la osadía de retrasar centenares de vuelos a su antojo y capricho, porque exigía las gollerías de las horas extras que se les había retirado justamente por ser antitécnicas y propicias para la ocurrencia de desastres como el último, ocurrido el 18 de noviembre del 2022.

El gobierno debe entender que las concesiones privadas, cuando son bien reguladas y supervisadas, han probado inmensa mayor eficacia que los monopolios u oligopolios estatales. El Perú tiene sobrada experiencia en ello. Las empresas públicas siempre funcionan mal y cuando, eventualmente, aparentan arrojar utilidades, no lo hacen en la medida que podría hacerlo una empresa privada en cuanto a buena provisión de servicios de calidad.

A través del Centro de Instrucción de Aviación Civil, que administra Córpac, se restringe, con malabares y trucos sindicales, el ingreso de más controladores, y con ello se aseguran poner de rodillas a las autoridades en sus reclamos.

Corremos el riesgo de ser degradados a nivel internacional como país de destino y de partida de vuelos hacia los Estados Unidos, con lo cual de poco o nada habrá servido construir tremendo aeropuerto.

Hoy por hoy, la Dirección General de Aeronaútica Civil no controla nada. Córpac y el sindicato de controladores aéreos hacen lo que les viene en gana. Y todo ello, en abierto perjuicio de los usuarios de la aviación comercial en el país.

Es imperativo que se culmine con la privatización de empresas públicas como Petroperú, Sedapal, Córpac y algunas otras que constituyen lastres en sus respectivos mercados. Ninguna de esas empresas cumple siquiera con el criterio de ser “estratégicas”. Lo estratégico es que funcionen bien y eso pasa porque dejen de ser empresas públicas, onerosas, ineficientes y teñidas de corrupción.

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Corpac, Privatización

UNO

La sub 23 quedó en último lugar en su grupo. Fracasó rotundamente. No tuvo partidos de preparación suficientes. Increíblemente, los clubes no cedieron a sus jugadores. Por ende, el técnico convocó a los integrantes de la Sub 20. 

  • Ante tal situación, alguien puede culpar a Chemo Del Solar. 

Acá, el problema es dirigencial. Les importa un bledo los juveniles. No entienden que, si la selección hace un buen papel, los clubes se van a beneficiar.

  • ¿Entonces como pensamos progresar?

Cesar Vallejo acaba de contratar al crack de antaño, a punto del retiro; fue con bombos y platillos. Alianza Lima tiene a Barcos; en abril cumplirá las cuatro décadas. La temporada pasada eran 10 los jugadores que frisaban esa edad en la Liga 1. Ojo, la culpa no es de los veteranos. Incluso, las autoridades, piensan extender a seis, el cupo de extranjeros por equipo. Increíble.

  • ¿Dónde están las jóvenes promesas?

En cualquier país serio, los domingos juega la primera y de preliminar juega la reserva y juvenil. Así se acostumbran a jugar estadio lleno y, lo más importante, a competir. La mayoría de equipos, deberían tener jugadores sub 20, jugando de titulares. 

  • ¿En qué momento perdimos la perspectiva o es que alguna vez la tuvimos? 

Del Solar, ilustraba de la mejor manera, el problema del sistema de formativo de menores. 

  • Al comparar a los juveniles de la selección paraguaya con la nuestra. Los guaraníes tenían unos cuádriceps bien marcados. En tanto, que los nuestros eran flaquitos. No había manera de competir. El chico que tiene 13, 15 y 16 años si no se entrena bien y recién a los 17 se esfuerza por entrenar, en forma correcta, pues no va a llegar. Es imposible. Hay dos factores que debe tener un chico para desarrollar: El entrenamiento y la competencia. 

Ecuador es un paradigma para los demás países que desean progresar. Tanto la selección, como Liga e Independiente del Valle, pisan fuerte en las competencias internacionales. 

  • ¿Es tan difícil mirar el ejemplo del país norteño?

DOS

Había sido que Gareca debió pedir permiso a los peruanos para ir a entrenar a Chile. Un absurdo por donde se mire. Un profesional puede y debe entrenar en cualquier lugar, equipo o selección que le requiera y satisfaga sus pedidos. Hace poco, Ricardo declaró, en una entrevista, que la rivalidad que se tiene hacia todo lo chileno, es muchísimo más fuerte de parte de los peruanos, que de los vecinos del sur. Y es cierto. En muchos compatriotas, incluso, es patológico. 

En el caso de los periodistas deportivos es peor aún. Siempre se les ha considerado a ellos, como el hermano bobo del periodismo político. Y tienen razón. Una cosa muy distinta es ser hincha. No jodamos. Incluso en un programa deportivo, uno de los panelistas indicó que bajó el poster del entrenador. Enfatizando el deseo que le vaya lo mal posible. Mas demagogo imposible.

El Perú en estos momentos esta último en la tabla de clasificación. Con un juego paupérrimo y una exasperante falta de gol. Nuestros valores jóvenes como Piero Quispe y Joao Grimaldo no cuentan con el biotipo del atleta actual. Deben desarrollarlo. Ergo, ningún club de cierto nivel –ni hablar de la Premier– los ha querido contratar. Estamos supeditados a lo que harán los veteranos o si llamaremos, nuevamente, al último desperdicio del país:  Cristian Cueva. Lozano lo quiso así. Mejor dicho, los dirigentes, quienes eligen al Presidente de la Federación, quisieron esto. Agustín, con el apoyo de todos ellos, cortó con Ricardo y optó por Reynoso. No era mala idea, pero las formas no fueron las adecuadas. Los resultados son harto conocidos.

  • Entonces, me parece que eso no es culpa de Ricardo Gareca, ¿no?

Defender el proceso del técnico argentino es por demás ocioso. Hasta sus detractores le encuentran aciertos. Se la jugó por un grupo de jugadores, ante la ausencia de figuras. Los potenció. El azar también jugó a su favor, y clasificamos al Mundial. Si bien quedamos en primera ronda, debemos entender, que esa era nuestra realidad. Sin embargo, este hecho inédito, no sirvió en absoluto, para cambiar la mediocridad imperante del futbol peruano. Llegamos a ser subcampeones y terceros en dos de tres Copas Américas disputadas. Ahí no jugó la suerte. Lo más importante de todo, es que volvimos a ser una selección respetada y competitiva. Todo esto fue en gran medida por obra del técnico. Muchos se quedan con la eliminación a manos de Australia. 

  • ¿Fue el gran equivoco del argentino?

No lo creo, los socceroos nos eliminaron bien. Incluso no se debió llegar a los penales. Impusieron su físico, anulando a Yotún, Cueva y Carrillo. Ahí terminó un ciclo.

Por lo visto, hasta ahora, en las eliminatorias Argentina, Uruguay, Brasil, Ecuador y Colombia deben ser los cinco primeros. El sexto está reservado para una sorprendente –aunque no tanto- Venezuela. Entonces, el séptimo esta entre Chile, Paraguay, Bolivia y Perú.

  • ¿Realmente merecemos ir al Mundial?

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Gareca, seleccion de futbol

En el Perú, coexisten diversas maneras de entender, divulgar y enseñar su Historia. En las universidades, por ejemplo, prima una mirada crítica que estudia las tensas condiciones en las que se produjeron los acontecimientos que redefinieron nuestra sociedad, sus culturas, el devenir del país. En los colegios es distinta y diría casi opuesta la enseñanza de la Historia, porque uno de sus objetivos es sembrar en cada nueva generación cariño y admiración por un pasado común, así como el rechazo a ciertas malas decisiones (según los principios de su docente), lo cual nos habría de fusionar eficientemente en una comunidad nacional. Y en el mercado cultural, la apuesta es hacer de todo ello una atractiva producción de héroes y episodios históricos que entusiasme al público, que ofrezca patrióticas tendencias y que eluda, salvo que sea conveniente, el surgimiento de debates (cosa algo contradictoria con la democracia, que requiere de la convivencia de posturas opuestas para producir nuevas ideas, nuevos futuros). 

Hasta hoy en nuestro país sólo el 16% de peruanos ha tenido acceso a la educación superior; muchos de ellos en universidades que actualmente carecen de licencia para funcionar por no cumplir con los niveles mínimos de calidad en la formación que ofrecían. Con esta evidencia en mano, debemos tomar conciencia de que la manera como en Perú comprendemos la Historia queda en manos de nuestro sistema educativo escolar, que, como bien sabemos, envía a las zonas más empobrecidas a los docentes con menor calidad a enseñar en una lengua impuesta que sus estudiantes rara vez consiguen dominar. Espacios rurales donde la Historia ha persistido no como reflexión, sino como culto por las fiestas o como idealización de los (cada vez menos) personajes históricos, capaces de encender el patriotismo.

Si incluimos dentro de los temas de Historia, el nacimiento, la fragilidad y la protección de la Democracia y los derechos ciudadanos, nos encontraremos con que la mirada crítica universitaria es compartida por una pequeña élite de hablar cifrado y desafiante, una élite escindida del resto, de la enorme mayoría, que bajo la mirada escolar asume la democracia como el responsabilizar a un otro ante las necesidades patrias, un otro a quien espera elegir como heroico líder, un Milei que de sopetón acabe con todas las necesidades posibles. Hechos y no palabras. 

En todo el continente americano, la democracia demoró hasta avanzado el siglo XX en decidir quiénes debían participar o no, quiénes serían reconocidos como ciudadanos (como las mujeres), pues había población étnica sometida a trabajos forzados y mal remunerados. Uno de los recursos fue, y no casualmente, el ser analfabeto. Hasta avanzado el siglo XX, se utilizó el mantener fuera del sistema electoral a la población indígena o afrodescendiente restringiendo su acceso a la educación. En Estados Unidos hasta 1965, en Perú hasta 1979.

Actualmente, en los países donde el sistema democrático funciona a cabalidad, cerca de la mitad de la población tiene educación superior y en las comparaciones de rendimiento escolar, sus estudiantes sobresalen. En los países donde buscamos dirigentes extremistas, de recursos violentos que persiguen la reelección para imponer su patriótica ideología, como Bukele o Morales, menos de la cuarta parte ha tenido acceso a la educación superior y las pruebas de evaluación escolar dan resultados de estancamiento.

Hoy, cuando después de haber luchado por su reducción, veinte años después nuevamente el 22% de mujeres rurales son analfabetas en Perú, cuando la élite intelectual (esa que Wright Mills, en La élite del poder, creía heroicamente capaz de detener a los corruptos y salvar la democracia) ha constreñido a su lenguaje académico la enseñanza crítica de la democracia, ¿le importa a la población que tan sólo terminó primaria o con suerte hasta la secundaria, la lucha por sus derechos a una vida plena?, ¿se preocupará por la captura de los Poderes del Estado? ¿Cómo hará esa electora, la que se encuentra más lejos de cualquier aula universitaria del Perú, para saber por qué sus gobernantes la amenazan para que no proteste y tan sólo produzca? 

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Democracia, Educación, Historia, Historia del Perú

Ha hecho bien el gobierno en designar a Alfredo Ferrero como embajador en Washington. Es un profesional altamente preparado, que conoce los entresijos norteamericanos a cabalidad y que ha sido, además, agente operativo de la concreción de los tratados de libre comercio firmados con los Estados Unidos durante el gobierno de Toledo.

Su nombramiento es clave, además, en momentos en que los países de la región se hallan en medio de una guerra comercial entre los Estados Unidos y China, y al Perú le conviene mantener incólumes las buenas relaciones con la potencia norteamericana, que ya ha expresado su preocupación por la creciente presencia oriental en nuestro país.

Ni bien se hizo público su nombramiento saltó, para variar, la aplanadora de medios izquierdistas queriendo desmerecer su designación haciendo eco de una injusta investigación que sobrelleva por el caso Lava Jato, y que, analizada objetivamente, es un disparate mayúsculo.

A Ferrero se le investiga por haber sido parte del directorio de Proinversión, en su calidad de ministro de Industria y Comercio Exterior, cuando se produjo la concesión de la Interoceánica Norte, cuando el proceso administrativo es responsabilidad del comité de infraestructura, el mismo que, además, estuvo conformado por profesionales probos, como Alberto Pasco Font, también investigado.

El Consejo Directivo, como es usual en la administración pública, actúa bajo las consideraciones del principio de confianza, y en este caso, en particular, la corrupción ocurrida fue en la firma de las adendas, ya cuando Ferrero no era ni siquiera ministro.

Se ha destacado, con horror mediático, que el susodicho tiene propiedades embargadas por 27 millones de soles, cifra que, claro, llama la atención y genera inmediatas sospechas respecto de probable patrimonio mal habido. Es un horror contable el que le permite a la Fiscalía inflar hasta por ocho veces los montos de valores inmobiliarios de modo de “asegurar” el eventual monto de reparación que se le impondría de hallarlo culpable.

La realidad es que hablamos de 21 propiedades, pero de las cuales 10 son estacionamientos y depósitos, seis son terrenos y uno es un palco en el estadio Monumental. Pero eso no se tiene en cuenta, la prensa suelta, con escándalo, la cantidad de propiedades y alienta el ensuciamiento de la imagen pública del afectado.

Nos detenemos en el caso de Alfredo Ferrero, porque es de actualidad y ejemplifica el manejo torpe y abusivo con el que la Fiscalía maneja la mayoría de investigaciones del caso Lava Jato, disponiendo procesos de larguísima duración, ni siquiera en fase acusatoria, tiempo en el cual la honra y buena imagen de los imputados es afectada y que nadie les va a devolver una vez que salgan inocentes, como, estamos seguros, va a ocurrir en la mayoría de casos.

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alfredo ferrero, Lavajato

Chile se levantó como siempre para continuar con su vida rutinaria en una sociedad que ha tenido cambios rotundos en la vía política que rige actualmente. Un país cuya relación con su actual mandatario es inviable y agresiva, ya que su gestión se encuentra en declive por su falta de accionar en el incendio forestal en Valparaíso que ya viene cobrando 131 muertos; además, también se cuestiona su accionar en el manejo de la pandemia de la COVID-19. Además, cada error de Boric es recordar sus tantos tweets antes de aparecer en la palestra política.

Benjamín Zevallos - Sebastian Piñera

Uno de los tantos cuestionados tweets de Gabriel Boric

A pesar de los desafíos, Chile ha demostrado resiliencia y ha venido avanzando con determinación hacia un futuro de mayor estabilidad y prosperidad. Sin embargo, mientras la tarde del martes se deslizaba silenciosa sobre Santiago, un halo de tragedia envolvía los corazones de los seguidores de Sebastián Piñera Echenique, sumiendo a toda una nación en la consternación más profunda. El hombre que una vez ocupó el más alto cargo en la sociedad chilena, cuyas expectativas y esperanzas aún se aferraban a la posibilidad de un nuevo mandato presidencial, se extinguió en las aguas sombrías del lago Ranco, en la serena región de Los Ríos.

A medida que pasaban las horas, el país sureño se encontraba en la penumbra de una tarde inusualmente sombría, los noticieros nacionales se enfrentaban a un dilema ético. Desde el círculo cercano del ex mandatario se confirmaba lo evidente; sin embargo, una vez más la búsqueda de una narrativa equilibrada y veraz se contraponía al peso aplastante de la realidad, que emergía inexorablemente del círculo íntimo del exmandatario. Las noticias seguían sin confirmar lo que en redes era inevitable. 

La incertidumbre dio un giro trágico tras la confirmación de la muerte de Sebastián Piñera. Desde La Moneda, resonaba la confirmación de lo inevitable, marcando así el final de una era y el comienzo de un luto nacional. 

Benjamín Zevallos - Sebastian Piñera

 En este momento sombrío, quedan suspendidas en el aire las innumerables incógnitas que Piñera, ahora en un silencio eterno, ya no podrá responder. La memoria de un expresidente, sea bueno o malo, divide la opinión pública y se vuelve en el juego cotidiano de las fuerzas de poder por intentar tener la razón. En Perú, ocurre con el legado que nos dejó Alan García y las tantas preguntas que quedaron pendientes. Por su parte, las redes sociales han resonado entre críticas positivas y negativas de quien ocupó el sillón presidencial de Chile en dos periodos.

El conocido “Piñi” -como normalmente le decían al ex mandatario- impulsó   la Reforma Tributaria de 2014 que fue presentada como una respuesta crucial a la desigualdad económica persistente y la necesidad de financiar programas sociales vitales. Sin embargo, su impacto y eficacia siguen siendo objeto de intenso debate y análisis, ya que la reforma tenía como objetivo aumentar la recaudación fiscal, especialmente de las grandes empresas y personas con altos ingresos, para financiar programas sociales y reducir las disparidades económicas en el país. Sin embargo, las estimaciones iniciales que sugerían un aumento significativo en la recaudación, los resultados finales parecen haber quedado por debajo de las expectativas. Si bien la reforma pudo haber generado ingresos adicionales para el Estado, su capacidad para reducir efectivamente la desigualdad económica es cuestionable.

Aun así, las redes sociales no solo han recordado al expresidente por su intento de gestionar correctamente la estabilidad económica del país sureño. Se ha puesto en la palestra de la opinión pública el recuerdo del estallido social en Chile que puso en jaque al exmandatario. Por esta razón se culpó a Piñera por crímenes de lesa humanidad; además, según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) las cifras de las victimas por estos acontecimientos sociales aumentaban con lesiones oculares, además de querellas por violencia sexual, torturas, lesiones y homicidio.

Intentaron culpar por estos actos al exmandatario. La oposición intentó acusar constitucionalmente al Presidente Sebastián Piñera por su presunta responsabilidad en las violaciones a los derechos humanos durante las protestas, la Cámara de Diputados rechazó la acusación por una cuestión técnica.

Finalmente, Piñera fue partidario de votar “a favor” del Plebiscito por una Nueva Constitución en Chile y no dudó en criticar duramente al gobierno de Gabriel Boric en llevar a Chile a una gran incertidumbre. No cabe duda que los años de experiencia convirtieron al ex mandatario en una pieza importante en la política del país.

Con la muerte de Sebastián Piñera, un hombre que dejó una marca indeleble en la política y sociedad chilena, fue tanto admirado como controvertido durante su vida. Su liderazgo marcado por la búsqueda del crecimiento económico, la innovación y el desarrollo, así como sus esfuerzos por enfrentar los desafíos sociales y políticos del país, serán recordados por sus aciertos y desaciertos. Sin embargo, su partida repentina deja un vacío inmenso y suscita una reflexión sobre el legado político que deja detrás.

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