Opinión

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Ayer, en Barcelona, España, durante la IV reunión de Defensa de la Democracia, que reúne a los principales líderes progresistas del mundo, el mandatario brasilero, Ignacio Lula da Silva se ha preguntado ¿Yo quiero saber dónde hemos fallado como demócratas, cuándo las instituciones democráticas dejaron de funcionar?

Sin duda, esa es la pregunta de fondo, pero llega demasiado tarde y está mal planteada.  La verdadera pregunta hasta qué punto la izquierda contemporánea está dispuesta a ceder en sus pretensiones progresistas para recuperar sus banderas sociales y democráticas, y así recuperar a buena parte del público que ha perdido los últimos veinte años.

Todo comenzó en los años 70 y 80, no con protestas ruidosas, sino con teorías académicas. En los departamentos de humanidades  se introdujo la teoría crítica y se impuso la premisa de  que el conocimiento no es neutral, sino una herramienta de poder utilizada por los grupos dominantes para oprimir a todos los demás.

En la década del diez, la idea saltó de los libros a la vida diaria a través de las redes sociales y desde una nueva sensibilidad generacional. El concepto de interseccionalidad se convirtió en carta de navegación, Al mismo tiempo, se popularizó la idea de que una persona puede estar sujeta a múltiples capas de opresión (raza, género, orientación sexual).

Lo que antes era un debate intelectual se convirtió en imperativo moral. Las universidades dejaron de comprenderse como centros de investigación y productoras de conocimiento, y se vieron a sí mismas como instituciones cuya misión era reparar injusticias sociohistóricas.

Para materializar el cambio, se implementaron políticas que las transformaron: se fundaron departamentos y asignaron grandes presupuestos para que cada aspecto de la vida universitaria reflejara estas teorías. Inclusive, se intervino en el lenguaje y se creó  el concepto de microagresiones. Pronto se difundieron guías y catálogos de lenguaje inclusivo y microagresiones ¡cuidado con equivocarse! una microagresión es un comentario cotidiano que, sin mala fe, “agrede” a grupos marginados.

De la teoría se pasó a la lucha política. La manifestación más visible de este fenómeno fue la cultura de la cancelación: si un profesor expresaba ideas contrarias al dogma hegemónico (por ejemplo una crítica a la identidad de género), se organizaban boicots masivos para impedir su charla y forzar su despido. De hecho, las cancelaciones se extendieron a cualquier personaje público a través de las redes sociales ocasionando, en ciertos casos, su muerto social e, inclusive, su suicidio.

Un caso muy sonado fue el del actor Johnny Depp, acusado de violencia de género por su esposa Amber Heard. Durante el largo y penoso proceso, no solo el actor fue cancelado, sino una serie de colegas y amigos que se atrevieron a defenderlo en las redes, entre ellos su exesposa Lori Allison. Muchos fueron obligados a retractarse por la turba digital. Al final, Depp pasó al ataque, denunció a Heard y, en un procedimiento que todo el planeta presenció, demostró claramente que la víctima de violencia doméstica fue él: Heard resultó condenada.

En otro orden de cosas, para conseguir trabajo o mantener el que ya tenían, muchos académicos fueron obligados a escribir ensayos acerca de diversos aspectos de la teoría wokista, aplicado a diversas áreas del conocimiento. Al mismo tiempo,  fue obligatoria la matrícula a talleres donde se enseña a estudiantes y empleados que todos son intrínsecamente racistas debido a su crianza en una sociedad injusta. Desde José Stalin, no se conoció nada parecido.

Respecto del feminismo

Dentro de la cosmovisión woke, el feminismo ha mutado hacia posturas que van mucho más allá de la igualdad legal tan anhelada en las luchas que libraron durante  los años sesenta. En cambio, las corrientes actuales buscan desmantelar las estructuras de la civilización occidental, las que consideran intrínsecamente patriarcales.

Al respecto, proponen el fin del “binarismo de género” y el de la mujer como sujeto biológico. El concepto mujer pasaría a ser exclusivamente un constructo social elaborado para asegurar su opresión. De acuerdo con estas tesis, no existen ni hombres, ni mujeres, lo que existen son identidades líquidas, fluidas o flexibles, a veces pasajeras.

Por otro lado, la familia tradicional, papá, mamá e hijos, constituye la  unidad básica de reproducción del capitalismo patriarcal, así como una herramienta de dominio sobre el cuerpo de la mujer. Inclusive, la maternidad resulta objeto de  crítica pues supone la perpetuación de la dominación sobre las mujeres.

La crítica feminista ha llegado a la justicia, en universidades de todo el planeta es normal que se apliquen reglamentos de género en los cuáles a una supuesta víctima de violencia de género se le cree de antemano y se le provee de abogado y psicólogo, frente al procedimiento interno por iniciarse. Al contrario, el acusado es separado preventivamente de su cargo, estigmatizado, y encontrado responsable hasta que demuestre que no lo es. Luego, si lograse demostrarlo, igual el daño ocasionado en su contra es irreversible.

En algunos países estos procedimientos han alcanzado a la justicia. Es el caso de España y su ley en contra de la violencia de género, aprobada en 2004, en cuyos efectos funciona exactamente igual que los reglamentos universitarios que acabamos de referir: una mujer denuncia a su cónyuge por violencia, este es encarcelado tres días de manera preventiva, es expulsado de su domicilio preventivamente, como daño colateral -estigmatización- la más de las veces es despedido de su trabajo. En suma, su vida resulta arruinada, de nada le vale que dos años después un tribunal de género, que aplica justicia a base de todos los criterios que aquí hemos resumido, lo encuentre inocente. Su vida terminó desde el momento en el que fue denunciado. Alguien se olvidó, en el camino, que la presunción de la inocencia es un derecho fundamental.

Puesta en común

Podría decir muchas cosas más, podría hablar de la teoría poscolonial, del derribo de las estatuas de Cristobal Colón y un largo etc. pero es la hora de los matices. Sí creo que hay violencia contra la mujer, desde luego, y también creo que existe racismo y que, además, es sistémico. El error basal cometido por el  movimiento wokista, cuya ideología acabo de describir, es haberse planteado como meta socavar las bases mismas de la civilización occidental pues entre esas bases se encuentran, o se encontraban, la propia democracia y los derechos fundamentales.

No soy un conservador radical, no creo que la única familia deba ser la familia tradicional, pero los planteamientos de destruirla o de tomarla como el enemigo me resultan absolutamente aberrantes, tanto como el intento de descartar la biología de la ecuación para definir a un hombre, una mujer y a una persona LGTBI+, es que no se puede. Luego, también entran en juego los factores sociales y culturales, es obvio, y está bien, ya nos lo dijeron los primeros sociólogos y antropólogos hace poco más de un siglo, también nos lo dijo Freud, ciertamente.

La caída del muro de Berlín, en 1989, abrió para occidente la era de los derechos y sus vanguardias académicas y universitarias no hicieron otra cosa que convertirla  en su propio oxímoron: un jacobinismo de los derechos, principalmente, el de las minorías, un jacobinismo que olvidó que aquel varón al que le destrozaron la vida en redes sociales tenía finalmente derecho a defenderse, y también tenía derecho a ser hallado inocente mientras no se le demostrase lo contrario, y también tenía derecho a que se preserve su honor ante la sociedad, y que, ante la universalidad de los derechos humanos, sin la cual no puede haber democracia, no cabía decapitarlo en la Place de la Concorde virtual.

Ud. conoce la respuesta a su pregunta amigo Ignacio Lula da Silva, la conoce perfectamente bien, y, en todo caso, aquí se la he recordado. La pregunta ahora es otra: tiene Ud. razón, el wokismo fue tan radical que aterrorizó a la mayor parte del mundo occidental el que buscó cobijo en posiciones conservadoras que -como natural reacción- también se extremaron. Y resulta que ahora están prevaleciendo en el mundo.

Tal vez el progresismo debiera comenzar por esa enorme autocrítica que se debe a sí mismo y que nos debe a todos los que esperábamos de él un desempeño medianamente racional. Tras ello, es posible que puedan ver más claro el panorama y comenzar a ser más razonables. Occidente necesita un balance, necesita una izquierda pero democrática, y necesita una derecha democrática también, cómo no.

Foto, Ignacio Lula da Silva y Pedro Sánchez, mandatarios de Brasil y España respectivamente, en reciente cumbre de líderes progresistas realizada en Barcelona.

[OPINIÓN] Rafael López Aliaga ha decidido regalarnos una pequeña pieza de teatro electoral. Shakespeare, la habría titulado To be or not to be… según cómo vaya el conteo. Porque de eso se trata: atacar o callar, incendiar o susurrar, denunciar el apocalipsis o hacerse el místico, siempre dependiendo de una sola variable: si él entra o no a la segunda vuelta.

Apenas aparecieron los problemas logísticos del domingo, López Aliaga no habló de fallas ni de desorden. Habló de fraude. No de dudas, no de observaciones, no de prudencia. Fraude. Vinieron los insultos a la ONPE, a sus funcionarios, pedidos de prisión…  cifras lanzadas al aire como confeti y las acusaciones sin prueba, todo con esa delicadeza perturbada que lo caracteriza cuando se siente perjudicado. El problema es que ni la OEA, en su informe preliminar, habló de fraude: habló de retrasos logísticos, simulacros incompletos y en 13 locales de votación afectados en Lima. Desorden, sí. Conspiración, no. Pero para un hombre cuya relación con la evidencia es, digamos, libre, ese detalle es secundario.

Luego llegó la fase heroico-barrial. Amenazó con “insurgencia ciudadana”, pidió anular las elecciones y puso ultimátums, plazos perentorios al JNE como si la democracia fuera un trámite notarial que se corrige levantando la voz. Lo pintoresco vino después: el mismo hombre que denunció el fraude sin mostrar ninguna prueba terminó ofreciendo S/ 20.000 a quien pudiera alcanzarle alguna. Notable epistemología: primero acusar, luego salir a comprar la evidencia. Eso, en cualquier diagnóstico serio, no es método. Es un síntoma.

Porque ahí está el asunto que nadie quiere nombrar con todas sus letras: un candidato que no controla sus impulsos cuando pierde no va a controlarlos cuando gane. Un político que confunde su frustración con prueba jurídica no va a distinguir entre su voluntad y el interés público. Y un líder que mueve entre los exabruptos  y el silencio según dónde apunta el marcador no tiene convicciones: tiene estados de ánimo.

Con la ONPE al 93% de actas procesadas, López Aliaga iba tercero por un margen estrecho. Y, curiosamente, el incendiario de anteayer empezó a administrar sus decibeles. Cuando parecía fuera, fraude. Cuando todavía podría colarse, prudencia. La geometría variable en estado puro. Finalmente se trata de un ingeniero a carta cabal.

En castellano simple: no estamos ante un defensor de la transparencia. Estamos ante un hombre que juega a demócrata con fósforos en una mano y calculadora en la otra. Lo segundo preocupa. Lo primero, en alguien que pretende dirigir un país, debería asustarnos.

 

[Música Maestro] Desde hace varias semanas me venían apareciendo sus reels en Instagram y Facebook, pero no me animaba a subirles el volumen. La imagen era llamativa, algo absurda, con dos o tres elementos que coincidían con mis búsquedas habituales, entre el metal, el rock progresivo, el jazz y el funk: una guitarra double neck -o sea guitarra y bajo a la vez-, disfraces extravagantes y movimientos que me permitían intuir ritmos no convencionales. Solo dos músicos en un ambiente muy bien iluminado y una escenografía simple que coincidía con sus trajes, interpretando sabe Dios qué. “Otro día…”, pensaba, cada vez que el algoritmo me los sugería.

La semana pasada, navegando por YouTube, me conecté al siempre interesante canal de Rick Beato y, en una de sus últimas miniaturas, aparecía con rostro de desconcierto, flanqueado por las imágenes de aquellos dos extraños personajes y al centro, en grandes caracteres, la pregunta “What is this?” (“¿Qué es esto?”). Debajo de ese texto, una frase en francés que claramente era el nombre del dúo. Mientras, el título del video tenía otra oración sugerente: “Please STOP sending me this” (“Por favor, DEJEN de enviarme esto”). Era momento de darle play.

Beato, experto productor y talentoso músico, una autoridad en todo lo relacionado a la historia y actualidad de la industria discográfica anglosajona, a quien siempre recurro por sus didácticos enfoques y profundas entrevistas a figuras -músicos, compositores, productores- del pop-rock y jazz de distintas épocas, comentó en su video de nueve minutos de duración que sus redes sociales y canales de contacto estaban saturados de mensajes solicitándole -casi rogándole en realidad- su opinión acerca de este nuevo fenómeno que estaba viralizándose por todas partes. Correos electrónicos, superchats, WhatsApps desde diferentes lugares del mundo. Y, bueno, decidió ocuparse del tema. Y yo decidí revisar su video. Lo que vi y escuché me sorprendió tanto como a él.

Un viral diferente

Cuando escuchaba el relato del YouTuber acerca del por qué no atendía el pedido de sus miles de seguidores, me sentí plenamente identificado con esa actitud. Generalmente, no reacciono a los virales porque tengo claro que son golpes de efecto producidos por cuestiones pasajeras, alguna ocurrencia graciosa o extrema pero sin sustancia, un “reto” que nace en un garage o en un jardín y luego es replicado por influencers, estrellas de cine y farándula -local y/o extranjera-, o cualquier otra imagen que, por divertida, grotesca o ridícula, llama la atención de las masas cibernautas.

Sin embargo, esto resultó ser otra cosa. El video matriz, del cual se vienen desprendiendo todos esos reels desde febrero, es una presentación de casi media hora, parte de un festival organizado por la revista musical francesa Les Trans y la escuela de artes ESMA (École Supérieure des Métiers Artistiques), retransmitido por el sintonizado canal de la KEXP, emisora norteamericana asociada a la NPR, la de los Tiny Desk Concerts. La tocada se realizó en un estudio de la ciudad de Rennes, al norte de Francia, sede de uno de los enormes campus de esta institución educativa privada que ofrece programas de lo más atractivos, diversos y tecnológicamente actualizados.

Una digresión coyuntural: una ola de envidia sana recorrió mi organismo al ver esa imponente infraestructura -moderna, sofisticada, funcional- puesta al servicio de la educación creativa, audiovisual y artística de cientos de jóvenes franceses, después de escuchar las “propuestas” balbuceadas por diminutas candidaturas para una educación peruana sumida en el abandono, la mediocridad y la corrupción. El eslogan de ESMA lo dice todo: “El arte es serio”.

Un nuevo capítulo del “shock-rock”

En francés, “angine de poitrine” significa “angina de pecho”, una dolencia que puede ser prólogo de un infarto. Extraño nombre para un grupo musical, sobre todo si tomamos en cuenta que hay muy pocas bandas conocidas con nombres de enfermedades físicas.

Pienso, por ejemplo, en los vascos de Eskorbuto, los peruanos Leusemia -ambos representantes del punk en castellano-, los neoyorquinos indierockers The Strokes o los inclasificables británicos Cardiacs -curiosamente, ambos relacionados a males coronarios- mientras que, en géneros más extremos del metal abundan nombres inspirados en condiciones mentales, referencias bíblicas-satánicas o incluso agentes bacteriológicos y contaminantes.

Angine de Poitrine es el nombre de este dúo de músicos canadienses que, siguiendo una tradición iniciada hace más de cincuenta años por Kiss y Alice Cooper, se presentan al público ocultando sus identidades. Pero, si “la banda más caliente del mundo” o el rey del hard-rock teatral dejaban bastante claro que había seres humanos detrás de sus pinturas faciales, pelucas, disfraces y coreografías, esta pareja opta por crear la ilusión de que son extraterrestres de punta a cabo.

Pero no en el estilo de los norteamericanos Gwar y sus clones fineses Lordi, que representan a monstruos amenazantes y lascivos, sino más en la onda misteriosa y cínica de The Residents, llevando un nivel más allá lo que hemos visto en artistas como el guitarrista Buckethead, los numetal de Slipknot o Les Claypool, bajista y líder de Primus y otros proyectos musicales quien, a menudo, sale al escenario usando máscaras antropomórficas o sombreros extraños, una tradición que también tiene sus orígenes en el rock clásico, como son los casos de Genesis o The Crazy World of Arthur Brown. El “shock rock” es todo un subgénero del que Angine de Poitrine viene a conformar un capítulo nuevo y particularmente fascinante por sus intrincados detalles.

Angine de Poitrine: Generales de ley

Khn de Poitrine (guitarras, bajos, pedales secuenciadores) y Klek de Poitrine (batería) son los ¿nombres? de estos músicos que, según indica su web oficial, tocan juntos desde que son adolescentes. Se comunican a través de enigmáticas señas -un triángulo que arman con las manos, los brazos abiertos haciendo ondas- y un ¿idioma? propio basado en sonidos distorsionados y robóticos imposibles de reproducir con voces humanas. Salvo el nombre del grupo, nada de lo que ¿dicen? se entiende.

Esto tampoco es una novedad, estrictamente hablando, si recordamos el idioma “kobaïan”, creado por el baterista francés Christian Vander (78), factótum de Magma, una de las principales bandas de rock progresivo europeo no británico. O las palabras carentes de sentido que Charly García inventó para cifrar los mensajes antidictadura de varias canciones emblemáticas de Serú Girán (1978-1982), quizás inspiradas en el glíglico cortazariano.

Aunque parece claro que son dos hombres jóvenes -por complexión, por movimientos- nadie está en capacidad de saber las edades reales de Khn y Klek de Poitrine. Tampoco conocemos sus verdaderos nombres, por supuesto. El único dato concreto es que llegaron no desde alguna galaxia desconocida sino  de Quebec, la colorida región francófona que se extiende por todo el oriente canadiense, pegada al Atlántico.

Como dice la sumilla de la página web oficial del dúo: “Angine de Poitrine es un proyecto artístico anónimo. Cualquier especulación acerca de la identidad de sus integrantes no está verificada, no cuenta con el respaldo del grupo y podría constituir una invasión de la privacidad”. En tiempos en que el exhibicionismo descarnado es la norma, este único hecho ya constituye un acto contracultural que merece atención.

Rock progresivo y música microtonal

Las canciones de Angine de Poitrine son fundamentalmente instrumentales, con esporádicas exclamaciones ininteligibles de ambos músicos en distintos momentos de algunas de ellas. Para el oído experto, las influencias son muy claras. Sus riffs recuerdan principalmente a King Crimson -canciones como Frame by frame (1981) o Larks’ tongues in aspic (1973) me vienen a la mente de inmediato – y la dinámica de cada instrumentista tiene características muy marcadas.

La guitarra/bajo posee el vértigo de los mejores momentos de Rush y Primus, sazonado con disonancias y polirritmos muy complejos, “zappaescos” como declaró recientemente Khn en la revista especializada Noize Magazine. Por su parte, la batería muestra el pulso y la potencia de Neu! y Can, estrellas del krautrock alemán, con arranques de funk y jazz fusión.

En general, la música que hacen viene catalogándose como math-rock (rock matemático), rótulo que la crítica especializada atribuye a este estilo por la precisión que requiere su ejecución, cuyos orígenes podemos ubicar también en la década de los años setenta. Sin embargo, todo este bagaje extraído de otras épocas es enriquecido por la forma en que estos canadienses componen y tocan, haciendo de su interpretación una experiencia realmente innovadora y peculiar.

Khn usa un instrumento de doble diapasón, como en el pasado lo han hecho Mike Rutherford (Genesis), Geddy Lee (Rush) o Chris Squire (Yes), un motivo adicional para asociarlo al prog-rock más tradicional. El detalle está en su configuración microtonal, con mayor cantidad de trastes ubicados a muy corta distancia entre sí, diseñada especialmente para él por el luthier Raphaël Le Breton.

Este trasteado convierte las mínimas variaciones ubicadas en los intervalos que todos conocemos -los semitonos de la teoría musical de Occidente- en notas separadas unas de otras, lo cual permite crear líneas disonantes combinando tensión y fluidez. La música microtonal, por cierto, se practica desde hace siglos en civilizaciones del sudeste asiático como Indonesia y en la India. De hecho, Robert Fripp se inspiró en ese estilo para mucho de lo que compuso en King Crimson, durante el periodo 1981-1983 que analizamos en esta nota.

Adicionalmente, maneja con los pies una extensa pedalera de secuenciadores –loops– para generar capas y capas de riffs, melodías y solos que va superponiendo unos sobre otros, mientras que su ¿hermano? Klek le da fondo con una batería de golpes secos -la cubre con una tela para conseguir ese efecto- y de pocos elementos, si la comparamos con las de Neil Peart, Phil Collins o Bill Bruford -solo por mencionar a tres bateristas clásicos de prog-rock-, pero que sorprende por la facilidad con la que desarrolla patrones rítmicos irregulares sin perder el paso.

¿Y de qué están disfrazados?

Aunque es difícil de determinar, una cosa es segura. Es imposible que los Angine de Poitrine pasen desapercibidos. En los videos y reels que andan circulando por el ciberespacio, va descubriéndose que, además de verse extraordinariamente bizarros, tienen la intención de generar misterio respecto de sus costumbres, procedencias y personalidades, desarrollando una historia detrás de la música que tiene el potencial de acercarlos a públicos masivos incapaces de entender lo que tocan, más atraídos por el aspecto visual de su propuesta artística.

En líneas generales, sus atuendos poseen el mismo diseño, pero cada uno funciona como el negativo del otro, en modo que nos recuerda a la oposición gráfica y cromática del yin y el yang, principio fundamental del taoísmo chino. Mientras Khn, el guitarrista/bajista, usa máscara blanca con puntos negros -el yang, elemento masculino-; la del baterista Klek es negra con puntos blancos -el yin, elemento femenino.

Esta dicotomía complementaria, también influenciada por el cubismo y el dadaísmo de posguerra, se repite en todo lo que los rodea, desde las vestimentas hasta los instrumentos y las paredes. Otra característica común son las prominentes narices que parecen inspiradas en cierta especie de simio asiático, aunque también podríamos relacionarlas al dualismo taoísta. Mientras la nariz blanca -masculina- es firme y horizontal, la negra -femenina- es flácida y móvil.

Khn lleva sobre la cabeza un enorme ¿casco? blanco en forma de campana o pirámide trunca puesta al revés. En lugar de ojos definidos vemos signos de dólar. El pelo y la barba, de color naranja, son como sogas y su vestimenta negra lo cubre de cuello a tobillos. Las manos y pies, que necesita libres para tocar y manipular la pedalera, están también pintados de blanco.

En el caso de Klek, la cabeza negra es larga y tubular, con una pequeña ventana en la parte baja -una boca falsa- a través de la cual asoman los verdaderos ojos del baterista y termina en una diminuta pirámide dorada. Los falsos ojos, ubicados en la parte alta, también tienen esa forma piramidal. Su ropa es blanca y suelta, para permitir la movilidad de brazos y piernas, indispensables para tocar. Ambos llevan -Khn en el centro del casco, Klek en el centro del pecho- un triángulo dorado sobre el cual colocan sus manos, replicando esa figura geométrica, para saludarse entre sí y al público.

La música de Angine de Poitrine

“Cuando yo era niño pensaba que así iba a sonar la música en el 2026… ¡y aquí estamos!” escribió Mike Portnoy en sus redes sociales, luego de escucharlos. Rick Beato coincidió casi al milímetro con el baterista de Dream Theater, uno de los mejores músicos de su generación, al escribir que “así es como imagino que debe sonar la música en el futuro”. Como ellos, otras personalidades del rock mundial también han reaccionado con admiración ante este grupo cuya agenda de presentaciones en festivales no hace más que crecer.

En total han grabado doce canciones, distribuidas en dos discos de seis temas cada uno. Su primer álbum, Vol. I, apareció en junio del 2024 y el segundo, titulado simplemente Vol. II, acaba de lanzarse los primeros días de abril, con gran expectativa tras el impacto de su presentación en KEXP que, en solo un mes y medio, ya supera los siete millones de visualizaciones. Ambos están disponibles en formato digital y en vinilo a través de su cuenta en BandCamp.

Tienen fechas de conciertos en Estados Unidos, Canadá y Europa programadas hasta noviembre de este año y sus imágenes siguen llenando las redes sociales, captando cada vez más y más seguidores. Ya sea por curiosidad o por genuino apego a la música virtuosamente tocada y difícil de escuchar, el revuelo que ocasiona Angine de Poitrine a nivel mundial está lanzando un mensaje de resistencia contemporánea frente a la homogeneización de contenidos musicales que propone el pop-rock actual, desde Lady Gaga y Coldplay hasta Beyoncé y Shakira. ¿Se puede ser viral sonando como King Crimson y sin recurrir a la IA en el año 2026? Este dúo canadiense está demostrando que sí.

[OPINIÓN] Lo advertimos. No como profetas, sino como observadores con memoria. Hace unos meses escribimos sobre el libre tránsito de personajes sin historia, sin peso y sin vergüenza por los pasillos de un partido que alguna vez impuso respeto solo con su nombre. Lo que entonces era una advertencia, hoy es una triste realidad.

El APRA acaba de completar su peor actuación electoral en cien años de historia. No como víctima de una conspiración ni aplastada por una dictadura. Sino derrotada por la mezcla más peligrosa que puede existir en política: irresponsabilidad con ambición. Dos combustibles que, juntos, no generan energía. Generan un desastre.

Hubo quienes intentaron evitarlo. Luis González Posada, Jorge Del Castillo, Nidia Vílchez, Ricardo Pinedo y Javier Velázquez, los que aún conservaban la brújula, lo vieron venir. Hablaron. Advirtieron. No fueron escuchados. Y esa es, quizás, la parte más dolorosa: no es que nadie supiera lo que iba a pasar. Es que los que sabían fueron desplazados por los que no sabían nada, pero querían todo.

Porque eso también fue. Ambición sin sustento. La de quienes tomaron el partido por asalto creyendo que la militancia era un trampolín y no una responsabilidad. Y para justificar ese asalto, construyeron una comunicación que en los últimos meses alcanzó niveles de despropósito difíciles de documentar sin ruborizarse. Declaraciones sin sustento, performances sin dignidad, mensajes redactados con la gramática del oportunismo y la profundidad del absurdo. Todo ello en nombre de un partido que alguna vez produjo doctrina, pensamiento y liderazgo continental.

El contraste es brutal. Víctor Raúl Haya de la Torre fundó un movimiento que sobrevivió exilios y dictaduras. Alan García lo llevó dos veces al gobierno. Armando Villanueva, Luis Alberto Sánchez, Ramiro Prialé construyeron una estructura que fue, durante décadas, columna vertebral de la política peruana. Todo ese capital histórico no pudo resistir lo que sí logró destruirlo: la inocencia perversa de creer que el APRA era una plataforma disponible, una marca heredada que cualquiera podía usar para proyectarse sin haber construido nada.

El resultado está a la vista. El partido que “nunca moría” es hoy, en el mejor de los casos, una nota al pie. En el peor, la prueba de que cien años de historia no bastan si en el momento decisivo mandan los que menos merecen mandar.

Hace unos meses escribimos que si algunos seguían jugando al ridículo, y otros seguían permitiéndolo, quizá lograrían desahuciar al partido después de cien años.

No queríamos tener razón.

La tuvimos.​​​​​​​​​​​​​​​​

[OPINIÓN] Si algo podía salir mal, no solo salió mal: lo celebró con mítines de fin de campaña.

Murphy nunca conoció a Rafael López Aliaga, pero de haberlo conocido lo habría convertido en el ejemplo definitivo de su teoría. El hombre elevó la Ley de Murphy a categoría de doctrina de gobierno. Y hoy, mientras el Perú cuenta votos, la teoría se consagra.

Esto no es mala suerte. Esto es un estilo.

Un estilo donde gobernar se confunde con pelear, liderar con imponer, y hacer obra pública con reinaugurar la misma cosa cada seis meses como si fuera otra. La Ramiro Prialé lleva más reaperturas que la Virgen de Chapi en procesión. La Vía Expresa avanzó en el caos hacia ninguna parte. Mucho anuncio, mucha foto, poca ingeniería. Pero el problema de fondo nunca fue de asfalto ni de improvisación. Fue de carácter.

Desde el primer día, López Aliaga eligió la estrategia más eficiente para quedarse solito: pelearse con todo el mundo. Prensa, empresarios, autoridades, ministros, instituciones. Corruptos y gente de mierda le brotaban como saludo cordial, y ojo, soy muy millonario como advertencia. Puerta que se le abría, él la cerraba de un portazo. Alianza que se le ofrecía, él la convertía en guerra santa.

Resultado: aislamiento total. Sin aliados. Sin equipo técnico del que alguien pueda presumir algo.

Ahí están los trenes impuestos a la brava, que probablemente terminen decorando un estacionamiento como monumento a la improvisación populista. Ahí está el circo de Rutas de Lima: un conflicto manejado con la delicadeza de un rinoceronte en cristalería que terminó en tribunales internacionales. La cuenta no la paga el ex alcalde. La paga Lima. Miles de millones que saldrán del bolsillo de todos los que lo aplauden con los pies porque ahora no pagan peaje.

Y con ese currículum, quiso ser presidente.

Pasó meses liderando encuestas. Fue el favorito, el inevitable, el que iba a barrer. Y entonces empezó a hacer lo que mejor sabe hacer: destruirse solo, con una constancia que merece algún tipo de reconocimiento académico.

Los boca de urna de hoy lo ubican entre el 11% y el 12,8% — dependiendo de a quién le creas —, en empate técnico con Jorge Nieto y otros. Si los números de Ipsos se confirman, ni siquiera pasa a segunda vuelta. Si se confirman los de Datum, pasa con lo justo, sin mandato ni momentum. En cualquier caso: un hombre que lideró las encuestas durante meses termina el día de la elección mirando los resultados con lupa para saber si sobrevivió.

Nadar y nadar para morir en la orilla.

Porque esto no es tragedia griega ni épica de resistencia. Esto es consistencia en el desastre. Un hombre que convirtió el error en método, la confrontación en estrategia y la terquedad en religión. Se veía venir. Y ahora que la factura llegó — en forma de votos que no fueron — que no digan que en esta columna no los advertimos.

Murphy debe estar riéndose en su tumba. López Aliaga consagró su teoría sin querer queriendo.

[EL DEDO EN LA LLAGA] El 1° de abril de 2026, la Conferencia Episcopal Peruana dio a conocer un comunicado de monseñor Jordi Bertomeu Farnós, comisario apostólico a cargo del proceso de liquidación de las sociedades de vida apostólica Sodalitium Christianae Vitae y Fraternidad Mariana de la Reconciliación, y de las asociaciones de fieles Siervas del Plan de Dios y Movimiento de Vida Cristiana.

En él se señalan los objetivos que se pretende alcanzar:

  1. a) Asumir la representación legal de las mencionadas instituciones suprimidas o conferirla a personas de su confianza.
  2. b) Disponer los procedimientos para comprobar cualquier tipo de violencia y/o abuso sufrido por miembros o ex miembros de las instituciones suprimidas y atribuido con certeza al Sr. Luis Fernando Figari y/o a miembros o ex miembros de las instituciones fundadas por él.
  3. c) Definir y resarcir equitativamente los daños sufridos por las víctimas (conforme al canon 128 del Código de Derecho Canónico), teniendo en cuenta para esos efectos el valor consolidado de los bienes muebles y los ingresos obtenidos por la enajenación de los bienes inmuebles pertenecientes a las instituciones mencionadas.
  4. d) Regularizar (conforme al canon 265 del Código de Derecho Canónico) la situación jurídica de los clérigos que estuvieron incardinados en el Sodalitium Christianae Vitae.

A continuación se detallan en el escrito los pasos a dar para conseguir estos fines, entre los que destaca la apertura de un «canal de primera escucha» que funcionará del 4 al 22 de mayo de 2026 en la sede de la Nunciatura Apostólica en Lima.

Algunos aspectos de este protocolo ya han despertado recelos y críticas. La Asociación por la Verdad, Justicia y Reparaciones (que reúne a varias víctimas del Sodalicio y asociaciones vinculadas) ha expresado preocupación, mientras que la Red de Sobrevivientes Perú, dirigida por José Enrique Escardó, ha adoptado un tono más duro y confrontacional. Se trata de críticas que no necesariamente comparten todas las víctimas del Sodalicio.

Algunas de estas observaciones podrían tener fundamento. Por ejemplo, que el período para que las víctimas presenten sus casos sea muy acotado (solo del 4 al 22 de mayo) y que no se podrán presentar denuncias después de este lapso. O que la documentación a presentar sea exhaustiva, lo cual no significaría mayor esfuerzo para quienes ya han presentado sus casos ante la Misión Especial Scicluna-Bertomeu, pero podría constituir una barrera burocrática para quienes recién se atreven a contar por primera vez los abusos sufridos en alguna de las entidades de la Familia Sodálite. Asimismo, no queda suficientemente claro si la reparación se limitará a una compensación económica o incluirá también una reparación simbólica con pedido de disculpas, aunque en el mismo comunicado se incluye una petición de perdón del papa Francisco «por los ilícitos canónicos intolerables que, más allá del escándalo suscitado a nivel internacional, desfiguran la misión evangelizadora de la Iglesia y menoscaban severamente su credibilidad».

Otras críticas provienen de sectores defensores del Sodalicio. El Centro de Estudios Jurídicos Santo Tomás Moro, un nido de ultraconservadores críticos de varios aspectos de la enseñanza del papa Francisco, publicó una carta abierta al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, solicitando la destitución de monseñor Jordi Bertomeu por motivos carentes de solidez y objetividad. En el texto de la carta se dice expresamente:

«Debemos manifestarles que lo que sí nos ha causado mayor dolor y tristeza, razón por la cual nos manifestamos en esta carta abierta, es el manifiesto abandono de millares de familias, laicos y fieles católicos peruanos y extranjeros que pertenecieron y vivieron el evangelio en torno a la familia espiritual del Sodalicio de Vida Cristiana».

A lo cual añaden lo siguiente, exagerando dramáticamente las cifras sin vergüenza alguna:

«Centenares de miles de peruanos y extranjeros que recibieron la primera formación en la fe y en la moral católicas, que han sido abandonados sin mayor explicación y hasta ahora no se les explica que va a suceder con ellos, a dónde deben ir y cómo deben enfrentar cuestiones tan difíciles de comprender como es la manera como operan los carismas de Dios en las comunidades católicas y que es lo que deben hacer ahora frente a su comunidad disuelta, así haya tenido o no haya tenido carisma fundacional».

Resulta sintomático que en la extensa carta apenas se mencione a las víctimas.

En la misma línea, aunque con un estilo más agresivo y bilioso, el exsodálite y pseudoperiodista Alejandro Bermúdez publicó el 2 de abril en la red social X un artículo titulado «Guárdate tus amenazas Bertomeu, porque LAS VAS A PAGAR».

Respecto a las incardinaciones de sacerdotes, Bermúdez afirma, convirtiendo un chisme en un supuesto facto: «El objetivo de Bertomeu es claro: que ningún sacerdote sodálite pueda ser recibido en una diócesis». Ignora que, ante la escasez de vocaciones, la Iglesia difícilmente puede prescindir de sacerdotes formados, especialmente si son buenos. Remata su texto con la siguiente amenaza:

«Quiero que te quede claro, Bertomeu: estás en la mira ahora más que nunca, y lo seguirás estando; no por odio ni por venganza, sino por justicia. Porque un sujeto tan corrupto e inmoral como tú no solo no debería tener la responsabilidad que hoy ostenta, sino que ni siquiera debería haber accedido al sacramento del orden sacerdotal».

¿Qué más se puede decir sobre el proceso de reparaciones?

Existe una forma de razonar errada muy frecuente, denominada «falacia de la solución perfecta» (también conocida como «falacia de la perfección» o «falacia del nirvana»), muy contraproducente, pues impide que se hagan efectivas decisiones que hay que implementar. Consiste en rechazar una propuesta, solución o política simplemente porque no es perfecta, ignorando que puede representar una mejora significativa respecto a la situación previa o a las alternativas reales disponibles. Se compara la propuesta con un ideal utópico (“el nirvana”) y, al no alcanzarlo, se descarta por completo, aunque sea claramente mejor que lo que ha habido hasta entonces.

Y esta falacia es la que parecen estar cometiendo algunos de los que critican el actual proceso de reparaciones.

Ya anteriormente ha habido varios procesos similares de reparación a víctimas de abusos en la Iglesia católica. El caso del Sodalicio destaca por ser un proceso centralizado y final gestionado directamente por un comisario apostólico del Vaticano, que utiliza bienes incautados de la propia institución suprimida para indemnizar no solo abusos físicos y/o sexuales, sino también espirituales, de conciencia, de autoridad y económicos. Lo excepcional —que sienta un valioso precedente— es la supresión total de una sociedad de vida apostólica de derecho pontificio.

Este modelo combina investigación canónica, liquidación institucional y reparación económica de forma centralizada. Aunque reduce algunas garantías procesales para las víctimas (no queda claro si se admitirán apelaciones), agiliza las cosas y evita esperas indefinidas. Las reparaciones se financian exclusivamente con bienes del Sodalicio incautados, sin que la Santa Sede ponga dinero propio.

No obstante sus limitaciones, este proceso resulta necesario y es mejor que lo habido hasta ahora por varios motivos:

  • Independencia y autoridad externa: Los procesos anteriores fueron gestionados por el propio Sodalicio (Oficina de Escucha y Asistencia y acuerdos extrajudiciales). Las víctimas los criticaban por falta de imparcialidad. Ahora interviene directamente el Vaticano con poder de liquidación.
  • Reconocimiento más amplio de abusos: Incluye explícitamente no sólo abusos físicos y/o sexuales, sino también abusos espirituales, de conciencia, de autoridad y económicos.
  • Cierre institucional definitivo: Forma parte de la supresión total de la «familia espiritual sodálite», ofreciendo mayores garantías de no repetición.
  • Montos potencialmente mayores: Según información oficial del Sodalicio, hasta fines de 2024 se destinaron 5.348.000 dólares a la reparación de 83 víctimas (media aproximada de unos 64.000 dólares por persona, incluyendo terapias). Con la liquidación de bienes que realiza actualmente el comisario apostólico, el fondo disponible podría ser superior.

El proceso de reparaciones abierto por monseñor Jordi Bertomeu es imperfecto. Presenta deficiencias que merecen ser señaladas con claridad y, en la medida de lo posible, corregidas o complementadas. Sin embargo, también es necesario y constituye un avance real y significativo respecto a los mecanismos internos previos gestionados por el propio Sodalicio.

Para las víctimas que aún no han sido resarcidas adecuadamente, este «canal de primera escucha» puede ser la última oportunidad concreta de obtener un resarcimiento antes de que el caso se archive definitivamente. Apoyar el proceso —sin dejar de exigir mejoras en su ejecución— parece la actitud más razonable y constructiva en este momento.

La justicia perfecta no existe en este mundo. Pero la justicia posible, aunque imperfecta, es preferible a la perpetuación de la impunidad o la espera indefinida.

[ENTRE BRUJAS] A pocos días del 12 de abril, fecha de las elecciones generales, el Perú no se enfrenta a una jornada electoral ordinaria. Lo que está en juego es la posibilidad de iniciar un proceso de recuperación democrática tras años de deterioro institucional, debilitamiento del equilibrio de poderes y progresiva captura del Estado por sectores corruptos que se perpetúan en la política peruana.

En este contexto, durante los últimos meses ha cobrado visibilidad la campaña “Por estos no”, expresión de un legítimo hartazgo ciudadano frente a actores políticos vinculados a la corrupción, al oportunismo y a la falta de ética. Sin embargo, esta reacción, aunque necesaria, resulta insuficiente si no se acompaña de una mirada más amplia. Recuperar la democracia no pasa solo por excluir a determinados actores, sino por evitar que se reinstalen —con nuevos rostros o discursos— prácticas autoritarias, populistas o contrarias a los derechos humanos.

A estas alturas, no corresponde indicar por quién votar. Pero sí es imprescindible afirmar que el voto debe ser no solo estratégico, sino responsable. Responsable con un país que arrastra casi una década de inestabilidad política; con un Estado que enfrenta serias limitaciones frente al avance de economías ilegales y la criminalidad; y con una sociedad en la que las desigualdades estructurales —incluidas las de género— se han profundizado en un contexto de creciente vulnerabilidad.

Recuperar la democracia implica mucho más que sostener procesos electorales. Supone restituir el funcionamiento de las instituciones, garantizar un equilibrio real de poderes y reconstruir la legitimidad del Estado. Exige, además, políticas públicas inclusivas.

En los últimos años, junto con el deterioro institucional, se ha instalado un clima de desconfianza, miedo e individualismo. Los sectores que han contribuido a este escenario —debilitando la justicia, relativizando la corrupción o mostrando indiferencia frente a la vulneración de derechos— deben ser sancionados y una forma es no darles el voto. Esto incluye no solo a quienes forman parte de redes de poder más evidentes, sino también a quienes, desde discursos aparentemente renovados, reproducen prácticas autoritarias o desestiman principios básicos de derechos humanos. Pues son, más de lo mismo.

En ese sentido, los discursos racistas, clasistas o machistas, así como la descalificación sistemática de la disidencia, no son elementos menores. Son señales de proyectos políticos incompatibles con una democracia sustantiva. La recuperación democrática exige colocar en el centro la dignidad de las personas y la vigencia de sus derechos. La defensa de los derechos humanos, no es un tema menor, sino una condición esencial para reconstruir el país.

La seguridad se garantiza con políticas serias, inteligencia, con acceso a la justicia y erradicación de la impunidad. No con discursos populistas sin asidero real.

El proceso electoral del 12 de abril no resolverá por sí solo la crisis que atravesamos, pero sí puede marcar un punto de inflexión. Recuperar la democracia exige hoy algo más que participar: demanda un voto consciente, informado y ético, capaz de trazar límites claros frente al autoritarismo y la impunidad, y de abrir paso —aunque sea gradualmente— a una política basada en la responsabilidad pública, el respeto a los derechos y la posibilidad real de reconstruir lo común.

Tu voto por la presidencia, el senado y la diputación importa y de este depende recuperar el país de la garra de la corrupción, la demencia y el autoritarismo.

[Música Maestro] La semana pasada, el viernes 27 de marzo para ser exactos, fue el lanzamiento oficial de Honora, primer álbum como solista de Flea, reconocido integrante de los Red Hot Chili Peppers. El extraordinario músico sorprende al mundo con un disco de jazz, en el que además de su característico bajo toca la trompeta, su primer instrumento. Con Honora, Flea cierra un círculo que estaba abierto desde su más temprana infancia. El pretexto perfecto para hablar de su carrera, de su disco y de ese instrumento que domina como pocos.

Un instrumento de perfil… bajo

En setenta años de historia, el rock -como todo fenómeno sociocultural- ha generado sus propios códigos, lenguajes, símbolos y galería de personajes. De ellos, el más emblemático quizás sea el “héroe de la guitarra” o, como se dice en inglés, “guitar hero”, el guitarrista líder de aspecto poderoso y sobrenatural capaz de hacer que el mundo dé vueltas alrededor suyo con solo un movimiento de su brazo derecho (o izquierdo).

A través de las décadas han surgido incontables héroes de la guitarra -Hendrix, Page, Clapton, May, Van Halen, Satriani, Vai, Morello, White-, desde los fantasmagóricos y contemplativos hasta los extravagantes e innovadores. Hasta un videojuego se creó -Guitar Hero-, instalando el concepto en el siglo XXI como legado de la cultura popular del siglo anterior que se va transformando y adaptando a los tiempos modernos.

Y siempre, detrás de los dinámicos guitarristas que, con sus electrizantes solos y contundentes riffs acaparan los reflectores, están los bajistas. Aunque generalmente se les identifica con una actitud más conservadora, siempre detrás sosteniendo las armazones rítmicas de ensambles rockeros de todo tipo, la función que cumple el bajo es tan o más importante que la de las guitarras. Además, pueden llegar a ser tan extravagantes y hasta apropiarse del escenario, como los guitarristas.

Héroes del bajo

Las décadas doradas del rock clásico también produjeron una larga lista de nombres de ejecutantes de este instrumento que, a diferencia de la guitarra, no nació como evolución de instrumentos populares de civilizaciones europeas y orientales de la antigüedad -cítaras, vihuelas, laúdes- para posteriormente electrificarse, sino como adaptación directa del mundo clásico estrictamente europeo -el contrabajo del siglo XVI- para tener una versión portátil y amplificada.

Desde que la fábrica de Fender puso en circulación su modelo de bajo eléctrico Fender Precision Bass, a inicios de los años cincuenta, mucha agua ha corrido por los puentes de este popular instrumento, base rítmica para grupos de jazz, pop-rock, metal, punk, salsa, latin-jazz y todos los otros géneros que se puedan imaginar. Hoy existen muchas otras formas, efectos y marcas, con cuatro cuerdas -configuración original inspirada en el contrabajo- cinco y hasta seis.

Entre los héroes del bajo rockero, que son muchísimos, podemos mencionar por ejemplo a John Paul Jones (Led Zeppelin), moderado y virtuoso; Chris Squire (Yes), rotundo e inconfundible; Geddy Lee (Rush), dinámico y pesado. Si hablamos de jazz, la lista es tan grande que merecería un artículo aparte. Y en la salsa o el jazz latino, la próxima vez que escuchen temas de la Fania, o las grabaciones de Héctor Lavoe, Willie Colón y Rubén Blades, préstenles atención a las líneas de bajo de los portorriqueños Bobby Valentín y Salvador Cuevas, por un lado; y a las del cubano Carlos del Puerto (Irakere) o su hijo, Carlitos del Puerto Jr., uno de los mejores actualmente.

Los tumultuosos inicios de Flea

La primera vez que escuché a los Red Hot Chili Peppers fue en Disco Club, a través del videoclip de un cover de Higher ground, contenido en Mother’s milk (1989), su cuarto LP. Las imágenes mostraban a un cuarteto de jóvenes blancos que más parecían integrantes de una pandilla punk, tocando a velocidad y con distorsión típica del rock alternativo/grunge, el acompasado clásico de Stevie Wonder (LP Innervisions, 1973). Al inicio del video, un bajista de aspecto amenazante -torso desnudo, ceño fruncido, pelo amarillo, tatuajes, movimientos agresivos- replica con alucinante exactitud la línea introductoria que Wonder lanza desde su característico clavinet Hohner.

El artista conocido mundialmente como Flea –“Pulga” en inglés- construyó su carrera musical en la escena del punk y el metal de Los Angeles, ciudad a la que llegó a los 10 años con su madre Patricia, su hermana Karyn y su padrastro, un contrabajista de jazz. Su verdadero nombre es Michael Balzary y había nacido en Australia en 1962. Su padre, de nacionalidad húngara, se separó de la familia cuando él tenía solo 9 años. Walter Urban, su padrastro, solía organizar en casa tóxicas sesiones de jazz en las que caían los más grandes. El pequeño Michael vio en acción, a poquísima distancia, a Dizzy Gillespie, Coleman Hawkins, Miles Davis y muchos otros.

Sin embargo, su vida familiar no fue para nada sencilla ni perfecta. Urban padecía de un intenso alcoholismo que lo ponía violento, por lo que Flea, desde la adolescencia, se refugió en las calles y todos los peligros que ello traía. Así aparecieron las peleas, el consumo de marihuana y una conexión personal con la música fuerte que lo alejó de su primer amor, el jazz. Así conoció también a otro adolescente desadaptado, Anthony Kiedis, cantante en diversas bandas del barrio. Y al guitarrista Hillel Slovak, israelí de nacimiento pero afincado en Los Angeles con sus padres de origen eslavo. Los tres formaron en 1982, junto con el baterista Jack Irons, la primera alineación de The Red Hot Chili Peppers, a la postre una de las bandas más exitosas de los años noventa.

Red Hot Chili Peppers y la fama mundial

Entre 1982 y 1989, los Red Hot Chili Peppers atravesaron una serie de dificultades para encontrar su camino hacia el éxito. Sus cuatro primeros álbumes –The Red Hot Chili Peppers (1984), Freaky styley (1985), The uplift mofo party plan (1987) y Mother’s milk (1989)- pasaron bastante desapercibidos para la crítica especializada, a pesar de presentar una impresionante capacidad instrumental y una combinación auténtica de hip-hop, rock alternativo y funk.

Incluso el segundo álbum, Freaky styley, fue producido por el legendario George Clinton, líder de Parliament-Funkadelic. Salvo el mencionado cover de Higher ground y algunos otros temas –Get up and jump, Fight like a brave o Behind the sun– la onda de los RHCP no tuvo mayor impacto. La muerte por sobredosis de Slovak, en 1988, y los constantes cambios de baterista -Jack Irons, Cliff Martinez y hasta D.H. Peligro de los Dead Kennedys- hizo tambalear al proyecto de Kiedis y Flea. Sin embargo, la llegada de John Frusciante (guitarra, coros) y Chad Smith (batería) cambió todo.

Con esa formación -Kiedis, Flea, Frusciante y Smith- y un estratégico cambio de casa discográfica, de EMI Records a Warner Brothers, los Red Hot Chili Peppers levantaron vuelo. De ser una banda marginal en Los Angeles se convirtieron en un gigante que comenzó a llenar estadios y festivales en el mundo entero. Sus siguientes álbumes Blood sugar sex magik (1991), One hot minute (1995), en que Dave Navarro de Jane’s Addiction ocupó el lugar de John Frusciante quien se aisló de todo por problemas de salud mental y drogas -y donde Flea estrenó la primera canción que compuso a solas, la bizarra Pea– convirtieron al cuarteto en superestrellas, especialmente el primero, con canciones como Suck my kiss, Breaking the girl, Give it away o Under the bridge.

Para ese momento, estaba claro el estatus de Flea como el absoluto héroe del bajo de su generación. Junto con Les Claypool (Primus) y, en menor medida, Reginald “Fieldy” Arvizu (Korn) y Jeff Ament (Pearl Jam), el hiperactivo y dinámico fundador de Red Hot Chili Peppers se unió a esa lista de históricos y notables bajistas que lo precedieron. Influenciado por los máximos exponentes del funk y el jazz-fusión, pero con la energía desbordada de bajistas de punk, hard-rock y heavy metal, el estilo intenso y preciso de Flea se convirtió en marca registrada de su banda.

Californication y posterior desgaste del grupo

La idea de grabar un álbum como solista rondó la cabeza de Flea casi desde siempre. En la era del Blood sugar sex magik, Flea estuvo cerca de concretar ese anhelo, pero dio preferencia a invitaciones para colaborar con otros artistas. Por ejemplo, su bajo puede escucharse en Jagged little pill (1995), el tercer álbum de la canadiense Alanis Morrisette, así como en grabaciones de Tori Amos y Jane’s Addiction, con quienes incluso salió de gira.

Para fines de los noventa, el mundo de la música celebró el regreso de la formación más aclamada de los Red Hot Chili Peppers. Con John Frusciante de vuelta, el cuarteto tuvo un tremendo impacto global con Californication (1999), séptima producción en estudio que generó nuevos ingresos a su catálogo de éxitos como Around the world, el tema-título o Scar tissue, además de una paleta sonora más diversa con canciones como Parallel universe, densa y frenética; o Road trippin’, un tema acústico cercano al country.

El grupo siguió adelante con By the way (2002) y Stadium Arcadium (2006), extensos y algo repetitivos, aunque con ideas musicales interesantes siempre determinadas por el desempeño de Flea. Canciones como By the way o Hump de bump, son buenos ejemplos. Aunque en conciertos seguían siendo una gran atracción, sus producciones comenzaron a carecer del riesgo que sostuvieron hasta Californication. En sus últimos discos –I’m with you (2011), The getaway (2016), Unlimited love (2022) y Return of the dream canteen (2022)-, los Red Hot Chili Peppers mantienen su evolución musical con el peso y solvencia de los años, pero sin el filo de sus tiempos juveniles.

Flea y su pasión por la trompeta

“Recuerdo haber visto en casa a Dizzy Gillespie”, le contó hace la semana pasada al humorista Jimmy Fallon, conductor del sintonizado programa de la TV norteamericana The Tonight Show, como parte de la campaña promocional de Honora. “Me abrazó y hasta ahora recuerdo el aroma de su colonia, su amabilidad” dijo, además de contar que la trompeta fue su primer instrumento.

La trompeta es la principal protagonista de Honora, el sorprendente álbum de jazz con el que Flea cumple su propósito de grabar un disco en solitario. Previamente, en el 2012, había lanzado un EP con seis temas propios en clave de música experimental, electrónica y jazz, titulado Helen burns, donde despliega la pasión que le produce este instrumento de viento que aprendió a tocar escuchando a los mejores: Miles Davis, Chet Baker, Lee Morgan.

En varios conciertos de los Red Hot Chili Peppers se le puede ver tocándola, como en este segmento del DVD Live at Slane Castle (2003), en que sale enfundado en un traje negro con estampado de esqueleto, como lo hiciera antes uno de sus ídolos, John Entwistle, bajista de The Who. Incluso hay un video en YouTube de un concierto de Nirvana en Brasil, en 1993, en que Flea aparece como invitado durante Smells like teen spirit, haciendo líneas de delirante jazz con la trompeta en la parte final de este himno del grunge. Una rareza digna de ver y escuchar.

El momento actual de Flea

En una entrevista con el productor, músico y youtuber Rick Beato, también promocionando Honora, Flea reflexiona sobre vida, sus altibajos y su momento actual que incluye las celebraciones por el aniversario 25 del Conservatorio de Música de Silverlake, institución educativa sin fines de lucro que fundó en el 2001 en California para apoyar a niños de bajos recursos a encontrar su camino en la industria musical. Aquí podemos verlo tocando con sus alumnos.

Flea -apelativo que le pusieron desde pequeño porque no podía quedarse quieto ni un minuto-, es un bajista frenético, de una gestualidad agresiva e impredecible. Salta, se retuerce, sacude cabeza, brazos y piernas, todo mientras toca con sorprendente precisión intensos ritmos de funk-rock con recursos técnicamente refinados y complejos. Pero, cuando sopla la trompeta, su ser ingresa en una calma suave y acompasada, como en esta actuación junto a Patti Smith (ver aquí).

Tiene una condición física envidiable -llegó caminando de manos al programa de Jimmy Fallon la semana pasada, una verdadera proeza para un hombre de 63 años- y una impresionante rapidez mental. En sus respuestas, aflora esa espiritualidad que desde hace algunos años adoptó como tabla de salvación de una vida llena de exceso y peligro. Honora, su disco, le hace justicia a esta evolución artística y personal.

Las canciones de Honora

A diferencia de Helen burns, Honora es un disco de jazz orgánico, sin excesivas intromisiones de bases electrónicas. Solo tres de sus diez canciones se difundieron de manera oficial, antes del 27 de marzo. La primera de ellas, titulada A plea, es un ejercicio de acid jazz que, en un videoclip de siete minutos, muestra al siempre desenfadado y epiléptico Flea rodeado de niñas y niños mientras grita al mundo -a los políticos, a los empresarios, a los artistas- la necesidad de recuperar el amor en el mundo y evitar las guerras, un mensaje muy a tono con las dificultades que atraviesa actualmente Estados Unidos por los caprichos de su presidente.

La segunda, Traffic lights, presenta una colaboración vocal del líder de los ingleses Radiohead, Thom Yorke, con quien Flea coincidió algunos años atrás en un proyecto denominado Atoms For Peace. La canción posee un aura hipnótica que se nutre del smooth jazz y, nuevamente, el bajo y la trompeta de Flea serpentean sobre una melodía coescrita por él, Yorke y el tecladista Josh Johnson. La tercera, presentada en vivo en el programa de Fallon, es un cover del rapero Frank Ocean, un tema llamado Thinkin’ about you que Flea transforma en una sofisticada balada jazz, tocando bajo y trompeta a la vez, con inteligentes arreglos ejecutados por su solvente banda.

Honora contiene seis composiciones originales de Flea y cuatro de otros artistas. Además de la mencionada Thinkin’ about you, destacan Maggot brain, tema-título del tercer disco de Funkadelic, que la guitarra de Eddie Hazel convirtió en himno del rock psicodélico en 1971; el clásico del country Wichita lineman con participación vocal del australiano Nick Cave; y la balada jazz de 1932 Willow weep for me, escrita por Ann Ronell y grabada a través de los años por luminarias como Billie Holiday, Frank Sinatra, entre otros.

Este álbum es una de las mejores noticias en lo que va del año en términos de lanzamientos discográficos, un homenaje al jazz que llega gracias a uno de los músicos más irreverentes, auténticos y talentosos de los últimos 35 años que, de esta manera, agradece tanto su propia sobrevivencia a diversas dificultades -abuso y abandono juvenil, adicciones, diversas experiencias traumáticas- como la de aquel bagaje sonoro que nutrió su trayectoria. La carátula de Honora es una foto artística de una mujer con una paloma blanca sobre el hombro. La modelo es Shahin Badiyan, madre iraní de su actual esposa, Melody Ehsani.

[OPINIÓN] El impacto más crítico se observa en la soberanía nacional. La privatización de Petroperú y la cesión de yacimientos de gas y petroleo a corporaciones americanas, no son simples medidas de eficiencia, sino la renuncia a la seguridad energética del país. Al sumar a esto el alineamiento militar mediante la compra impuesta de armamento (cazas F16) y el establecimiento de bases extranjeras, el Perú pierde su autonomía de decisión en defensa, subordinando su territorio a intereses estratégicos foráneos.

​En el plano interno, el despido masivo de 800,000 trabajadores del estado y la reducción drástica de ministerios , apuntan a un «Estado mínimo» que abandona sus funciones sociales. Esto es Milei en versión Andina. Esta desarticulación administrativa garantizara que el Estado no tenga capacidad de regular ni de oponerse a las concesiones de recursos en los Andes, la Amazonía o el Mar de Grau.

​Finalmente, la ruptura de lazos comerciales con China, es el objetivo de este proyecto pro Trumpista, particularmente a través de cambios de contratos en el puerto de Chancay y la minería de litio, colocando al Perú en una posición de vulnerabilidad. Al bloquear la inversión china, se elimina la competencia y se fuerza al país a un régimen que algunos analistas describen como semi colonial, donde los activos críticos son entregados bajo condiciones de desventaja. Votar por este proyecto implica, por tanto, la claudicación de la soberanía popular frente a un pacto de élites y potencias externas. El Perú solo se salva con el voto estrategico en Primera y Segunda Vuelta. Y habrá que aliarse con todos los dispuestos a impedir la repeticion de una dictadura. Que puede derivar en una crisis y rebelión popular, similar a la de Chile 2019 o Colombia 2020.

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