Opinión

Ahora, en medio de la crisis de valores artísticos que atraviesa la música latina, el nombre de La Sonora Ponceña suena casi como de culto, conocido por una minoría de viejos nostálgicos y músicos activos -o frustrados, como quien esto escribe- incapaz de competir en popularidad y masificación con las babosadas reggaetoneras, el oligofrénico latin-pop, la escandalosa timba cubana y sus bailes grupales achorados. Pero hubo un tiempo en que sus canciones eran éxitos en las radios locales y fijas en las fiestas de Año Nuevo. 

La Sonora Ponceña y El Gran Combo, los Beatles y los Stones de la salsa portorriqueña, fueron el bastión que mantuvo vivo al género en una década, la de los ochenta, dominada por las primeras asonadas del cambio generacional que se trajo abajo el sonido clásico de la década anterior -la «salsa sensual» de Eddie Santiago e Hildemaro- y los estilos como el crossover de los Estefan y su Miami Sound Machine, el merengue hip-hop de Lisa M y el proto-reggaetón de El General que, casi sin quererlo, iniciaron el proceso de degradación del sonido latino que hoy muchos padecemos y lamentamos.

Con casi setenta años de trayectoria, La Sonora Ponceña -nombre que es un doble homenaje: a Ponce, su ciudad de origen, «La Perla del Sur» de los boricuas; y a La Sonora Matancera, madre nodriza de los ritmos afrocaribeños- sigue en pie. Pocos saben que este conjunto es, básicamente, un emprendimiento familiar, un trabajo de padre e hijo que, gracias al brillante talento de un niño prodigio, destacó de forma independiente en una escena controlada por un solo sello discográfico -Fania Records- que, después, y debido a ese fulgor propio, lo adoptó a su catálogo.

Enrique «Quique» Lucca fundó, en 1944, el Conjunto Internacional, inspirado en la Sonora Matancera y las orquestas de Arsenio Rodríguez, el ciego maravilloso de la música cubana pero, ante el reducido impacto, la desactivó poco después. Para su segundo debut, a mediados de los años cincuenta, ya como La Sonora Ponceña, don Enrique contó con un arma secreta, su pequeño hijo de 12 años, Enrique, un virtuoso del piano que sorprendía a las audiencias con su precisión y velocidad. Siempre de la mano de su padre, que dirigía la orquesta y tocaba la guitarra, el joven Enrique, a quien todos en casa llamaban «Papo», fue evolucionando hasta convertirse en un creativo arreglista y extraordinario multi-instrumentista.

Como pianista, Papo Lucca es un verdadero monstruo, al nivel de otros grandes del piano salsero como Richie Ray, Larry Harlow o los hermanos Eddie y Charlie Palmieri. Rubén Blades llegó a referirse a él como “el mejor pianista del mundo”. Su inventiva le dio sonido propio a La Sonora Ponceña que, bajo su dirección, ha producido un total de 34 álbumes, la mayoría de ellos grabados bajo el sello Inca Records, luego absorbido por la empresa discográfica de Jerry Masucci. Lucca incluso tocó con la Fania All-Stars, reemplazando a Larry Harlow cuando se concentró más en su rol de productor, en alucinantes álbumes como Fania All-Stars Live (1978), Habana Jam (1979), Lo que pide la gente (1984), entre otros.

Entre 1968 y 1983, La Sonora Ponceña impuso su estilo muscular e intenso con serias descargas de salsa y latin jazz de alto calibre, al estilo de otras orquestas de la época como La Selecta de Raphy Leavitt, los Hermanos Lebrón o el grupo de Willie Rosario, sin olvidar a los ya mencionados El Gran Combo, sus compadres y cómplices. Temas como Prende el fogón (Desde Puerto Rico a Nueva York, 1973), Bomba carambomba, El pío pío (Musical conquest, 1976), Boranda (El gigante del sur, 1977, escrita por el guitarrista brasileño Edu Lobo), Canto al amor (Explorando, 1978), Timbalero (New heights, 1980), Ramona (Night raider, 1981), Remembranza (Unchained force, 1981), Yambequé (Determination, 1982), son clásicos del cancionero salsero, marcados por la fuerte presencia de la sección metales, conformada por los trompetistas Delfín Pérez, Ramón “El Cordobés” Rodríguez, Ángel Vélez, Humberto Godineaux, entre otros. 

Pero de todos esos éxitos destaca, por supuesto, Fuego en el 23, composición original de Arsenio Rodríguez que se convirtió en su marca registrada, gracias a los poderosos arreglos de Papo Lucca. El tema, que da título al segundo LP de la Ponceña, publicado en 1969, fue grabado en aquella ocasión por los cantantes Luigi “El Negrito del Sabor” Texidor y el colombiano Tito Gómez (quien, años más tarde, sería vocalista principal del Grupo Niche). Años después, en el LP Jubilee (1985), hicieron una nueva versión que reactualizó su popularidad. También fueron vocalistas en aquella primera etapa Miguel Ortiz, Antonio «Toño» Ledee y Yolanda Rivera, una de las pocas cantantes femeninas de salsa de esa época, quien estuvo en la Ponceña entre 1977 y 1983, registrando éxitos como Ahora sí, Hasta que se rompa el cuero o Madrugando, con un timbre muy parecido al de Celia Cruz. De hecho, la recordada sonera cubana alternó también con la banda en el LP La ceiba (1979), que incluyó temas como Soy antillana, La ceiba y la siguaraya y una adaptación del vals Fina estampa, de Chabuca Granda.

Pero si en esos quince años La Sonora Ponceña se estableció como una fuerza vital de la música afro-latino-caribeño-americana (como seguro diría Luis Delgado Aparicio Porta, «Saravá»), a partir de la segunda mitad de los ochenta cosechó una imparable cadena de éxitos, siempre gracias al empuje de los Lucca, quienes recompusieron la orquesta y armaron un nuevo y carismático cuarteto de cantantes, integrado por Héctor «Pichie» Pérez, Manuel «Mannix» Martínez, Edwin Rosas y Danny Dávila, con álbumes como Jubilee (1985), Back to work (1987) y On the right track (1988). A esta época pertenecen temas como Te vas de mí, Sola vaya, Como amantes o Yaré, de amplia rotación en las programaciones radiales de esos años. 

La Sonora Ponceña desarrolló, además, una fórmula que le dio personalidad única a sus lanzamientos discográficos. Desde 1980 en adelante, todos sus discos llevaron títulos en inglés aun cuando su contenido estuviese cantado, al 100%, en español. Por otro lado, sus carátulas presentaban creativas ilustraciones de estética cómic, con personajes entre mitológicos y caballerescos -soldados medievales, con escudos, espadas y yelmos, dragones, caballos alados, guerreros tribales-, firmadas por el artista neoyorquino Ron Levine, que trabajó extensamente para Fania Records, particularmente en diseños de LPs de Willie Colón, Ismael Miranda y Héctor Lavoe.

Papo Lucca es, además de habilidoso pianista, muy eficiente con el tres y la trompeta. En las grabaciones ochenteras de la Ponceña, introdujo además los sintetizadores. Por otro lado, enriqueció el catálogo de su orquesta adaptando al lenguaje salsero composiciones del trovador cubano Pablo Milanés como Canción (más conocida como De qué callada manera, del álbum Back to work, 1987); Sigo pensando en ti (On the right track, 1988, que Milanés tituló simplemente Ya ves); o El tiempo, el implacable, el que pasó, del LP Into the 90’s (1990).

Canción para mi viejo (Birthday party, 1993), fue el primer homenaje que Papo Lucca hizo a su padre. Luego vendría el disco 10 para los 100 (Pianissimo Records, 2012), para celebrar el centenario de don Enrique “Quique” Lucca-Caraballo, fundador de La Sonora Ponceña (finalmente fallecería poco antes de cumplir 104 años, el 9 de octubre del 2016). También han fallecido el cantante Antonio “Toñito” Ledee (1986), el bajista y fundador Antonio “Tato” Santaella (1989), el timbalero Jessie Colón (2005), el sonero Tito Gómez (2007) y, recientemente, otros dos de sus ex integrantes: el bajista Luis “Papo Valentín” Martínez y el cantante Manuel “Mannix” Martínez, en julio y diciembre del 2021, respectivamente.

Aunque su discografía es esencialmente salsera, La Sonora Ponceña ha grabado también boleros, merengues y, sobre todo, piezas instrumentales de latin-jazz, como Nocturnal (1977), A night in Tunisia (1980, clásico de Dizzy Gillespie), Woody’s blue (1984), Capuccino (1988, original de Chick Corea) u Homenaje a tres grandes del teclado (1990). Como solista, Papo Lucca, el pequeño gigante del piano, ha lanzado dos discos de música instrumental, Latin Jazz (1993) y Papo Lucca and The Cuban Jazz All-Stars (1998, que incluye versión especial del clásico del pop ochentero Sweet dreams de Eurythmics), en los que demuestra su alto nivel de destreza, combinando ataques arrebatados y sutiles. Además, ha grabado con estrellas de la salsa como Ismael Quintana, Alfredo de la Fe, Pete “El Conde” Rodríguez y muchos otros (ver aquí al maestro Papo Lucca en acción junto a Larry Harlow y Eddie Palmieri).

El siglo 21 encontró a la orquesta con mucha actividad, en especial por sus conciertos de aniversario, los famosos «Jubileos», con la participación de ex integrantes de distintas etapas e invitados especiales como los cantantes Andy Montañez y Carlos “Cano” Estremera, los pianistas Danilo Pérez y Luisito Carrión o el mismísimo Johnny Pacheco. Discos como 45 Aniversario (en vivo, 2000), Back to the road (2003) o Trayectoria + Consistencia (2010) no hacen más que confirmar el estatus de leyenda que poseen, merecidamente, Papo Lucca, actualmente de 75 años, y su entrañable orquesta. 

El último año, ya con personal totalmente renovado, La Sonora Ponceña editó dos álbumes: Hegemonía musical y Christmas Star. En el primero, Papo Lucca añade títulos nuevos al catálogo ponceño con temas como Salsa que cura to’ (sobre la pandemia), Nadie toca como yo y el instrumental Caminando con mi padre; y el segundo es la cuarta producción navideña de este conjunto que ha hecho bailar a toda Latinoamérica por casi siete décadas y sigue produciendo salsa dura con clase, música latina de calidad. De esa que ya no hay.

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Tiene razón la expresidenta del Tribunal Constitucional, Marianella Ledesma, cuando señala que, de acuerdo a la Constitución, el presidente Castillo sí puede y debe ser investigado, no como ha interpretado facilistamente la Fiscal de la Nación, Zoraida Ávalos, al abrir y clausurar de inmediato la investigación al Primer Mandatario, señalando que así lo prescribe el artículo 117 de la Carta Magna.

Eso no dice el texto constitucional. Habla de la acusación, la que efectivamente no procede hasta que el gobernante culmine su mandato, pero sí se le puede investigar. Es un disparate, como bien ha subrayado Ledesma, iniciar un proceso de pesquisa al cabo de cuatro años, con pruebas perdidas, testigos olvidadizos, elementos de prueba dispersos.

Indicios hay más que suficientes para iniciar una investigación. Contratos públicos obtenidos luego de reuniones con el presidente Castillo, en los cuartos clandestinos, sin registro, del pasaje Sarratea, e injerencia indebida en los ascensos militares, son los dos temas gruesos denunciados que han merecido la intervención del Ministerio Público, pero debe corregirse los alcances truncos que la Fiscal de la Nación le ha dado al tema.

Por supuesto, el impacto de esta investigación va más allá de los temas estrictamente judiciales. Porque por más que se le investigue a Castillo no se le podrá acusar, pero si el proceso de pesquisas ajusta, como es usual, a algunos de los partícipes, como Bruno Pacheco, exsecretario personal del Presidente, o a la lobista Karelim López, y confirma una conducta impropia del Primer Mandatario, lo que caerá por su propio peso será el reinicio de un proceso de vacancia en el Congreso.

Y esta vez, de confirmarse las sospechas, sería muy difícil que Castillo salga bien librado. Ya el propio César Acuña, líder de Alianza para el Progreso, ha anunciado que, ante indicios de corrupción, su partido no extenderá manto de protección alguno al inquilino de Palacio. Y suponemos que lo mismo ocurrirá con Acción Popular, con lo cual, sumas hechas, bastará para sacar a Castillo de Palacio.

Por eso la importancia de que se le inicie una investigación al Presidente. No es admisible tolerar un segundo a un gobernante teñido de sombras de corrupción, como sucedió con PPK y Vizcarra, cuya renuncia y vacancia respectivas se debieron a ello. Zoraida Ávalos ha trabajado, en esta ocasión, a favor de la impunidad.

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Petite maman ha llegado a la cartelera local. Se trata de una cinta francesa, dirigida por Celine Sciamma. Una de las directoras más sobresalientes de la llamada generación X. 

Esta historia está narrada a través de los ojos de Nelly. Pequeña de 8 años que se ha trasladado con su familia a lo que fue la casa de la infancia de su madre, luego de la muerte de su abuela. Hogar que está rodeado por un bosque, en donde conoce a otra niña de su edad. 

A Celine Sciamma se le conoce por Retrato de una mujer en llamas. Película ganadora al mejor guión en el Festival de Cannes de 2019, entre otras 28 nominaciones en diversos festivales. Integra el puesto número 28 también, dentro de las mejores películas con temática LGTBI+ de todos los tiempos. 

Petite maman combina elementos ya antes vistos en la cinematografía de la realizadora, como el talento de construir escenarios reales que terminan convirtiéndose en personajes necesarios dentro de la narración. Traslada pequeñas situaciones narrativas hacia un hilo que tiene coherencia con sus desenlaces. Ningún detalle sobra, ninguna escena es inútil. 

Lo más importante sin embargo, es la manera de abordar universos completamente femeninos. No es solo el hecho de que se habla de mujeres desde la voz de una mujer o el guión y la cámara de una directora. Es que se aborda una serie de códigos gestuales y emocionales que conectan dentro y fuera de la pantalla. 

En este universo de género, de feminidad, de emociones compartidas, las generaciones parecen darse la mano y no se disputan el derecho de tener la razón. Un mensaje de profunda sororidad, entre la abuela, madre e hija. Acá las mujeres no intentan competir entre ellas, ni buscan reproducir estereotipos masculinos en versiones femeninas. Simplemente, demuestran una cadena de emociones, que desde la profundidad de sus afectos, experimentan también ansiedades, depresiones y alegrías.  

Para este film contó con la actuación de las mellizas Joséphine Sanz y Gabrielle Sanz, en los roles estelares. La directora dice, que para ella es lo mismo dirigir niñas que adultas. Los pequeños además, refiere, aprenden de actuación, mientras la hacen. La naturalidad es el resultado de este trabajo. Es, como dice ella además, una exploración al origen de la feminidad. 

Celine Sciamma es fundadora del Colectivo 50/50. Organización de profesionales de la industria cinematográfica y audiovisual, que buscan reflexionar sobre el sentido de la paridad, igualdad y diversidad en el cine. Ellos desarrollan estudios y también acciones que permitan revolucionar la mentalidad patriarcal en el séptimo arte. 

Hasta antes de la pandemia, la presencia femenina en la industria del cine no superaba el 10 %. Cifra a nivel mundial. Las cosas han empezado a cambiar, gracias al auge del feminismo. El año pasado por ejemplo, hemos visto realizadoras como Melina Leon, Rossana Díaz Costa, Marité Ugás, Mariana Rondon, Ani Alva Helfer, Andrea Hoyos, Delia Ackerman, Patricia Wiese presentar sus largometrajes con resonancia. 

El cine que presentan directoras como Celine, es el que a través de las emociones permiten tejer historias. Sin necesidad de grandes acciones, pero una profundidad que traspasa la pantalla hasta convertirse en una experiencia mágica. 

Petite maman está en la cartelera local, es una oportunidad para conocer la cinematografía de Celine, para quienes aún no la hayan tenido y también para explorar la mirada de una niña que no solo construye casas en los árboles sino una identidad desde el nacimiento de su feminidad. 

Película Celine

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Manuel Pantigoso tiene una larguísima trayectoria literaria. Poeta, periodista, docente, divulgador y gestor cultural, además de destacado académico. Por muchos años, Pantigoso ha dedicado un generoso esfuerzo a los estudios literarios de nuestra tradición. Lamentablemente, muchos de esos trabajos y conferencias, dispersos en publicaciones a veces inhallables o en emisiones radiales difícilmente escuchables nuevamente, dificultaban la valoración apropiada de una amplia obra crítica.

La Universidad Ricardo Palma ha editado, para alivio de quienes gustamos de fatigar archivos, tres volúmenes que contienen, si no toda, al menos la parte más importante de los escritos de Pantigoso sobre literatura peruana. La colección lleva como título En el nombre del Perú, el alma del Perú en la palabra y el volumen primero se dedica a examinar espacios, tendencias, y el advenimiento de la vanguardia en el Perú.

El paseo inaugural tiene un arco temporal ambicioso y se adentra en exploraciones históricas (un muy recomendable estudio sobre Jorge Basadre), en la discusión sobre la literatura inca, en el análisis de varios cronistas (la comparación entre Murúa y Guamán Poma no tiene pierde), en la literatura de la independencia y el proceso que nos conduce al modernismo (rescatar a Yerovi siempre será una buena idea) hasta el posmodernismo y el surgimiento de la vanguardia en el Perú.

El segundo volumen tiene como eje temático la vanguardia plena y la posvanguardia. Quisiera destacar el estudio minucioso de los “ismos” nacionales, en la medida en que aclara un universo temático mal leído y peor estudiado. Los textos sobre Vallejo, Mariátegui y Churata se cuentan entre lo más graneado de este volumen, al igual que sus aproximaciones a Oquendo de Amat, Moro o Westphalen.

Se ocupa también de la llamada Generación de la crisis del 30-36, donde destacan figuras como el educador Emilio Barrantes, un hermoso texto sobre la literatura infantil en el Perú, el examen de la obra de Diez Canseco. Del mismo modo, destaca aquí lo escrito sobre Ciro Alegría, Luis del Valle Goicochea (poeta que es urgente rescatar) y José María Arguedas, entre otros autores de esta época.

El volumen final somete a examen la poesía y la narrativa contemporáneas, partiendo de la Generación del 50 y culminando en la década de los noventa, añadiendo un capítulo final en el que echa una mirada sobre pintores, periodistas, pensadores, científicos y educadores, entre otros intelectuales, cuyo trabajo sobre el Perú viene marcado por la relevancia. 

El balance que practica Pantigoso sobre la poesía y la narrativa del cincuenta es irreprochable, pues se ocupa no solo de sus representantes más importantes, sino además lee con rigor las diversas características que adquirió la escritura en los miembros de esta importantísima y singular generación. Quisiera destacar dos trabajos en este apartado: las lecturas de Blanca Varela y de José Ruiz Rosas, respectivamente. 

Igualmente, en su lectura de la narrativa del período que va de 1960 a 1990, encuentro valiosos acercamientos a Miguel Gutiérrez, Augusto Higa, Antonio Gálvesz Ronceros, José Antonio Bravo, Carlos Calderón Fajardo o Roberto Reyes, pasando por Fernando Ampuero y Alonso Cueto. El paisaje es bastante ancho y permite una mirada de conjunto muy completa. En poesía cabría decir lo mismo: Heraud, Corcuera, Cisneros, Martos, Verástegui, Watanabe o Chirinos resultan nombres insustituibles en una lectura de la poesía peruana de dicho periodo. 

Al final de cada volumen, una magnífica iconografía sirve de remanso visual. La crítica es una forma de diálogo con la tradición y sus textos, no la entronización del gusto o el yo del crítico. Pantigoso cumple cabalmente con el primer presupuesto. Este tríptico constituye, desde ya, material de referencia para quien quiera aventurarse por el bosque literario nacional. 

Manuel Pantigoso. En el nombre de Perú, el alma del Perú en la palabra. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Ricardo Palma, 2021.

Libro de Manuel Pantigoso

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Solo un acto de malsana prestidigitación podría explicar el optimismo exultante del ministro de Economía, Pedro Francke, respecto de la realidad que afronta el país.

Enarbolar orgullosamente las cifras de crecimiento del PBI del 2021 respecto del 2020, en el cual la infame cuarentena dispuesta por el presidente Vizcarra destrozó la economía y produjo una caída de 11.12%, es una argucia demagógica. Estamos ante un simple rebote estadístico, no ante un crecimiento real de la economía.

Inclusive, el tan promocionado crecimiento de la inversión pública (22%), se acota a su justa medida si, como ha hecho Fabiola Alfaro, del SAE/Apoyo Consultoría, se saca de ella el incremento de precios (no el incremento “real” de la inversión): ello explica la mitad del presunto crecimiento; y si, luego, se extrae la inversión en el aeropuerto de Chinchero y la Reconstrucción con Cambios (hechos por convenios de gobierno a gobierno), resulta que la inversión pública real, sin esos factores distorsionantes, no creció respecto de la del 2019.

La verdadera consecuencia de la pérdida de la confianza empresarial, el caos político y la incertidumbre social provocada por este régimen se va a notar con mayor intensidad este año, cuando se avizora un desplome de la inversión privada (de 9% calcula el IPE), consecuentemente del empleo formal, y un crecimiento modestísimo del PBI de menos del 2%.

Con un gobierno proinversión, el boom de los precios de los metales nos podría llevar, como sucedió en el segundo gobierno de García, a tasas superiores al 6% anuales y a reducir la pobreza de manera considerable. Pero eso no va a ocurrir, a pesar de los vientos globales a favor, por obra y gracia de un régimen atrapado en la medianía más obscena en casi todos los sectores de la administración pública.

Es verdad que Castillo no ha provocado estatizaciones, expropiaciones, confiscación de ahorros privados, ataques a los grupos empresariales privados, ni ha impulsado, fuera de alguna letanía cada vez más aislada, la Asamblea Constituyente, como muchos temían, y eso hay que saludarlo, ya que pudo haber sido peor, pero nada de ello le extiende carta de gracia para adjuntarle alguna felicitación por la buena gestión que no está haciendo en materia económica. Por lo que se ve, no hay razón alguna para ver al ministro Francke tan campante y lenguaraz.

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El llamado al ataque lo había hecho Trump unas horas antes. Stop the Steal (Para el Robo) gritaba la turba de miles de neofascistas, como los Proud Boys (Chicos Orgullosos), cuando tomaron el Capitolio hace exactamente un año. Armados con martillos, picos y sprays con químicos, estaban decididos a cancelar la confirmación del triunfo de Joe Biden por el Congreso. 

Los pocos policías que resguardaban el Congreso fueron rápidamente superados. Por la noche la Guardia Nacional logró retomar el control. La violencia dejó cinco muertos y decenas de heridos, pero las secuelas psicológicas se expusieron a los días y meses, cuando cuatro de los policías que respondieron al ataque se suicidaron. Trump tuvo una derrota inicial, pero estuvo muy cerca de quebrar el orden constitucional. 

Los demócratas y progres liberales crearon la narrativa que Trump era un tonto, mentiroso y corrupto, pero no ha funcionado. El neofascismo esta imponiendo su relato al seguir generando dudas sobre el sistema electoral estadounidense. Hace unos días, el programa político Meet the Press de NBC reveló que hay un aumento de medios de comunicación de extrema derecha y que han conseguido que 4 de 5 republicanos crean que las elecciones de 2020 fueron fraudulentas. Otras encuestas revelan que el 64% de estadounidenses cree que el sistema democrático está en crisis.

A pesar de cancelar las acciones de conmemoración por la insurrección del 6 de enero y consciente de aún no contar con la correlación de fuerzas necesarias, Trump sigue apostando a una estrategia de mediano y largo plazo que apuntan a las elecciones del 2024. Una manera de validar las siguientes elecciones es teniendo a ultraconservadores como secretarios estatales, por lo que está movilizando a sus candidatos para esas posiciones en Georgia y Pennsylvania y otros estados donde lo resultados son ajustados. 

Hasta ahora la lucha política se está dando por el espacio electoral. Los conservadores se han ido aún más a la derecha y han ganado espacio en las ultimas elecciones regionales y locales. En Nueva York la extrema derecha ha logrado ganar más representantes, quitándoles espacio a algunos republicanos moderados y demócratas conservadores. Inermes, los demócratas se muestran más preocupados por salvar un sistema democrático obsoleto, corrupto y elitista, remendar el capitalismo y continuar con los gastos millonarios de la industria armamentista, encaprichados en su “guerra anti-rusa”. 

La narrativa anti-fascista de avergonzar a Trump por “haber introducido el fascismo en EEUU”, tampoco ha funcionado por completo. Invisibilizando el capitalismo racial, los demócratas pretenden ocultar la historia fascista de EEUU, una nación fundada como una democracia blanca supremacista e imperialista, despojando a los pueblos indígenas de sus tierras con políticas genocidas y estableciendo la esclavitud de negros africanos. En 1865, la esclavitud fue reemplazada por las leyes fascistas de Jim Crow, que legalizaron la segregación racial y que le dieron a Hitler la idea de institucionalizar el racismo y la persecución del pueblo judío en Alemania.

Mientras los demócratas esperan qué hacer, la comisión del Congreso, presidida por el demócrata Bennie Thompson, y conformada por siete demócratas y dos republicanos, está investigando los episodios del 6 de enero. Hace días se ha ido compartiendo información, mientras hacen un llamado para interrogar a congresistas republicanos sospechosos de apoyar la insurrección, como los miembros del ultraconservador Freedom Caucus.

Un punto importante es la confirmación de la oposición del Pentágono a Trump el 6 de enero, que, sumado a las acciones del FBI y la CIA durante su administración, demuestran que estas instituciones siguen siendo controladas por el sistema neoliberal imperialista, sostenido tanto por los demócratas neoliberales y republicanos “moderados”. El FBI, por ejemplo, ha jugado en paralelo con los demócratas, infiltrando la campaña de Trump para crear el sentimiento anti-ruso (Russiagate), así como la persecución de la CIA contra Assange, la cual empezó con Obama en el 2009. Esto significa que la incipiente democracia estadounidense le sigue siendo funcional a las clases dominantes. Con una izquierda debilitada, no parecen aún necesitar a un neofascista en el poder.  

La pregunta que se hacen los analistas es si Biden es lo suficientemente fuerte para tomar medidas contra los responsables de la insurrección del 6 de enero. Si lo hace justificará la narrativa neofascista de que el sistema es una tiranía corrupta. Si Biden y los liberales no toman ninguna acción ejemplificadora, Trump y las fuerzas neofascistas continuarán construyendo sus bases e imponiendo su narrativa en medio de la desilusión de un sistema político y económico que ya no da para más. 

No olvidemos que el gestionar el establishment como su único interés, llevó a la derrota demócrata, el triunfo de Trump y el avance neofascista en el 2015. La amenaza neofascista es global y responde a la crisis capitalista con un discurso abiertamente anti-inmigrante, racista y anti-derechos. Al igual que el avance del fascismo en el Perú, votar no es suficiente para enfrentar al fascismo. Necesitamos una estrategia de masas y con un proyecto más grande que el electoral.

 

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UNO

“Ponlo de una vez, quiero escucharlo completo” le dije. Fue mi primera vez con el Álbum Blanco. Corría el año 81 y estaba en la casa de mi causita Memo. En ese tiempo, vivía en Mangomarca, un barrio mesocrata, con hileras de casas blancas y patios delanteros.

Dos horas antes, en una tarde soleada, Guillermo tocó la puerta de casa.

  • “Oye tengo el Álbum Blanco
  • No jodas, contesté
  • ¿Quieres escucharlo conmigo?”
  • Seeeeeeeeeee

Mandé a la mierda la tarea de aritmética y fuimos a su casa que estaba a la vuelta. Puso cuidadosamente el disco y nos dispusimos a escucharlo sentados en el jardín de su casa. Colocó un parlante, en la ventana, para que todo el vecindario sepa que estábamos escuchando. Durante más de hora y media, quedamos inmóviles y sin aliento. Eran temas casi sin pausa. Uno mejor que otro. 

Iniciaba con un rocksurfer de los cincuenta “Back in the URSS” (homenaje a Chuck Berry y los Beach Boys); una pequeña muestra de reggae en “Obladi-oblada”; otra llena de galimatías “Glass Onion”; dos pastoriles “Mother Natures Son” y “Blackbird”; y otra descarnadamente sexual “Why dont we doing in the road”. El contraste era evidente. Luego se ahondaba con“Yer Blues”, “Helter Skelter” y “Everybody Hide Something Except me and my monkey” (el bajo de Paul es grandioso); una mística y religiosa “Long, long, long”; la intimista “While my guitar Wently weeps” que confirma el genio de George. Es una de las mejores del álbum. Ah, y el homenaje al music hall “Honey Pie”

La letra, de varias canciones, era de tal complejidad y una belleza poética que aún asombra. 

“La mitad de las cosas que digo no tienen sentido, 

solo las digo para alcanzarte”

o tomaba posiciones políticas:

“Me preguntas por mi contribución
Bien, tu sabes
Nosotros haremos lo que podamos

Pero si quieres dinero para gente cuya mente está llena de odio

Lo único que te puedo decir hermano, es que te esperes”

Y denostaba a los politicos (¿peruanos?)

“Con la vida asegurada en sus pocilgas

no les importa lo que pasa fuera

en sus miradas falta algo

y lo que necesitan es una buena paliza”

Pasaban de un género a otro sin pausas. Más country –¿o western? – “Rocky Raccoon” y “Dont Pass me by”; el rock festivo de “Bhirtday”; la acústica “I Will”; a la surrealista e iridiscente “Happines is a warm gun”. Para muchos, los mejores tracks del álbum son “Happines …” junto con “Im so tired”, donde se logra impregnar un ambiente cansino. Al final del disco, sucedía lo insólito: la antonimia perfecta, como dijo un crítico inglés: te generaban pesadillas y en el último track te mandan a dormir (“Good Night”). 

Memo y yo parecíamos hipnotizados, solo se movían nuestros rostros para asentir y afirmar, sin palabras, que era un álbum de la puta madre. 

DOS

Había escuchado mucho acerca de este álbum en los años anteriores. En 1978, encontré, en la casa de mi abuelo paterno, la revista Life en español. Justamente de diciembre del 68, en donde Los Beatles presentaban el álbum en mención. Junto al artículo venia las letras de varias de las canciones. Leí el artículo embelesado. Como no tenía el money (era misio) para comprarlo, entonces hacia lo más lógico en aquel tiempo: escuchaba la radio para cazar cuando una emisora trasmitía algún tema. Generalmente lo escuchaba en programas dedicados a los 4 de Liverpool (sábados de 11 am a 12 am en Radio El Sol). Pero nunca el álbum completo, hasta aquella tarde de 1981.

Lo regio de todo este asunto es que muchos de los temas eran simplemente para eso: escucharlos, como la música clásica. A tal grado de madurez había llegado el rock, en aquellos años, que había trocado en música culta

La portada es icónica. Minimalista, la antítesis del Sargento Pimienta. Adentro había un collage de fotos. En la versión americana, venía con fotos incluidas, de tamaño mediano, de los Fabfour. Mientras la versión latina (al menos la que vino al Perú) carecía de esas fotos; ergo, tampoco tenía impresa la letra de las canciones (una huevada).

Ahora la generación actual no compra discos. No lo necesita, todo lo tienen a un clic de distancia. Eso sí, los jóvenes de ahora, no han contado con la experiencia de tener un vinilo en sus manos, palparlo, olerlo y emocionarse por ser dueño de un elepé. Cancherear a tus amigos, en voz alta, en plena tertulia musical “Yo ese álbum lo tengo”. Eso es algo que nosotros los cincuentones hemos experimentado y nunca olvidado: amar a un vinilo y cuidarlo in extremis Llegué a forrar con papel contact las portadas, comprar papel forro para hacer lo mismo con los discos y limpiarlos cuidadosamente con alcohol.

TRES

Cuando vuelvo a escuchar el disco, en mención, concluyo que es atemporal. No ha envejecido un ápice. Logra conmoverme a pesar de mis 55 años. Eso sucede con la música, te brinda solaz, sosiego, trasladándote a tiempos pretéritos. Pero el disco de The Beatles hace algo más: escarba en tu vida y te deja expuesto. Te permite elucubrar, tonificándote para enfrentar la agitada vida cotidiana.

Algunos críticos indicaron que era un álbum desorganizado, que no era la suma de un trabajo grupal, sino todo lo contrario. Años después, nos enteramos que efectivamente fue así. Lo cual engrandece la obra. Aún peleados, Los Beatles eran capaces de dar un salto para atrás y luego atomizarse. Definiendo la música que vendría más adelante. Salió a la venta el 30 de noviembre del 68 en EE.UU. e Inglaterra. En América Latina llegó en marzo del año siguiente. Insólito.

Al terminar de escucharlos los 2 discos Memo y yo quedamos de una pieza y como nunca nos había sucedido: Sin habla. 

Luego, de tragar saliva, Memo me preguntó en voz bajita. 

¿“Lo escuchamos de nuevo”?  Asentí moviendo la cabeza. 

 

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Confiada, al parecer, en los resultados de la última elección en Lima, la derecha se apresta a ir dividida en los próximos comicios ediles en la capital de la República. Rafael López Aliaga por Renovación Popular, César Combina por Fuerza Popular y Luis Molina, actual alcalde miraflorino, por Avanza País, las tres principales fuerzas de la derecha peruana.

En las últimas elecciones, para la candidatura presidencial, la derecha encabezó la jornada: los resultados en Lima Metropolitana fueron Avanza País 17.036%, Renovación Popular, 16.808%, y Fuerza Popular 13.593%, dejando en cuarto lugar a la izquierda, de Juntos por el Perú, con 8.189%.

Los comicios parlamentarios, que tal vez pudieran ser mejores indicadores de la real representación ciudadana, reflejaron en Lima, resultados parecidos: los tres primeros puestos para la derecha, encabezando Renovación Popular con 13.561%, seguido de Fuerza Popular, con 11.756% y tercero Avanza País, con 10.789%.

Lima es, claramente, una plaza derechista y, en esa medida, se esperaría que las elecciones para alcalde de Lima, a realizarse el 2 de octubre de este año, confirmen esa predisposición y, aun cuando las elecciones ediles no suelen tener mayor connotación política, es claro que en las actuales circunstancias de un gobierno nacional de izquierda, sería un gran triunfo político para la derecha asegurarse Lima y ejercer así, desde el segundo cargo político más importante del país, un contrapeso a la figura presidencial.

Los astros, sin embargo, parecen estar alineándose en contra de esa expectativa. La derecha va dividida a las elecciones municipales de Lima y le deja así abierta la puerta a cualquier candidato sorpresa que aparezca en el firmamento (Urresti, Indira Huillca, Belmont, etc.), que con un 15% podría ganar las elecciones y arruinarle a la derecha lo que debería ser una jornada política triunfal.

Corresponde que se pongan de acuerdo los tres partidos de derecha y lancen un solo candidato. Eventualmente, podría ser una excelente ocasión para que efectúen primarias abiertas y así decidan quién sería el candidato de dicha coalición. La división puede ser fatal y preanuncia un fracaso estrepitoso.

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Derecha, ideología, política peruana

Empecé a identificarme con el feminismo hace casi dos décadas, era muy joven y había algo en mí que me hacía indignarme frente a aquello que – a los ojos de gran parte de la población – parecía natural, eso que justamente entraba en el orden de lo “normal” me sonaba muy extraño, pero también me hería de diferentes formas. 

Por indignación frente a las injusticias, por vivencias propias y ajenas me fui metiendo en un mundo de cuestionamientos, de críticas al statu quo, fui rompiendo la indiferencia frente a la desigualdad y la violencia, pero con lentes feministas. En ese camino encontré a otras “locas”, otras “brujas” como yo, con quienes me fui identificando, mujeres que veía luchar, reflexionar, debatir y cuestionar; siempre pensando en construir un sueño, una utopía. 

Se ha construido feminismo desde diferentes espacios, la reflexión colectiva e individual no se ha dado desde un solo lugar. Hemos sido y somos diversas.  Feministas en ONGs, en los centros de estudio, en las calles, activistas, mujeres con lógicas diferentes, jamás hemos sido homogéneas, pero siempre se ha tenido una construcción activa y constante de conocimiento y una gran capacidad para detonar la acción social.  

Si recorro los últimos 18 años, he observado encuentros, desencuentros, nudos, entrampamientos, duras discusiones, pero también diálogos, reflexión profunda, solidaridad, sororidad, empatía, construcción colectiva, movilización social y una fuerte visibillización de las sujetas políticas, lo que ha sido fundamental para exigir el reconocimiento de derechos.

Mi memoria vivencial solo recorre estas casi dos décadas, pero el feminismo en el Perú es mucho más antiguo y ha pasado por diferentes momentos; es un movimiento vivo, potente, en donde han existido y existirán diferencias profundas que detonarán debates, algunos nudos que habrá que ir desatando, reflejándose así nuestra fuerza y diversidad de pensamiento. 

A la par que el feminismo avanza, también lo hacen sus detractores, el patriarcado se defiende y reacciona con especial ferocidad y sanción contra quiénes se atreven a cuestionar sus mandatos; se fortalece de la mano de un modelo de desarrollo deshumanizante para mantener el orden de estatus diferenciado. En estos escenarios, de avance de los fundamentalismos y los sectores antiderechos el rol de los feminismos, de sus organizaciones, colectivas y activistas es crucial. La actitud de permanente critica contestaria, así como de análisis y reflexión interseccional es clave en tiempos donde lo que se encuentra en disputa es la idea de bienestar y de desarrollo. 

Pensar que el feminismo debe ser homogéneo es un error, creo que es clave reconocer las diferencias como parte de un todo y desde ahí construir las diversas memorias y los caminos hacia un futuro plagado de desafíos. No creo que sea imperativo ni saludable que todas estemos perfectamente coordinadas o articuladas, pero si se necesita reconocer el camino recorrido, comprender la historicidad de los procesos y sobre todo rechazar narrativas que, muchas veces, basadas en datos errados o inexactos, buscan estigmatizar o invalidar a las feministas que luchan desde uno u otro escenario.

Reconocer el aporte de todas, de las que construyen desde la teoría, desde las calles, desde las ONGs o cualquier otro espacio es clave. Recuperar las memorias, reconocer los aportes mutuos, enriquecernos con ellos, superar las divisiones es parte de lo que tiene pendiente el feminismo para seguir fortaleciéndose en su diversidad.

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feminismo, Feminismo en el Perú, mujeres
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