Opinión

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS]  A propósito de un post en el que Pablo Iglesias compara a maría Corina Machado con Adolfo Hitler

María Corina Machado, flamante premio Nobel de la Paz, es una trumpista, qué duda cabe. Le acaba de agradecer al inefable mandamás norteamericano la condecoración. Es obvio que no me gustan ni Donald Trump ni sus aliados, como me resultó obvio, cuando lo de Venezuela, que el único líder izquierdista de América Latina que se atrevió a condenar abiertamente el descarado fraude, la brutal represión y la sistemática violación de los derechos humanos en el país de las arepas fue Gabriel Boric, el tenaz presidente de Chile

Sobre el fraude de Nicolás Maduro, Claudia Sheinbaum declaró: “sin comentarios, son temas internos de otro país”, y  ha dicho exactamente lo mismo, sobre el Nobel a Machado y utilizando las mismas palabras: “sin comentarios”. Ni que hablar de los dubitativos Gustavo Petro e Ignacio Lula da Silva.

Una sola pregunta para tanto súbito crítico a María Corina Machado ¿qué aliado tendría que buscar un disidente venezolano para devolverle la democracia a su país cuando a los gobernantes izquierdistas de la región, aunque democráticos, les tiemblan las piernas para condenar a Nicolás Maduro? ¿A Claudia Sheinbaum? ¿a Gustavo Petro? Luego, ¿por qué se quejan entonces si Machado acude al deplorable Donald Trump?

En cuanto a mí, pierdan cuidado. No soy un “facho”, con las comillas bien puestas pues no me gustan los epítetos. Yo siempre condené la obscena dictadura de Augusto Pinochet, a mí no me sedujeron los cantos de sirena de sus resultados económicos, siempre deploré a José Rafael Videla y compañía. Lloré con La Historia Oficial, pero más con Contar Hasta Diez, la mejor de todas las cintas sobre la represión argentina y que sin embargo pasó desapercibida, me conmovió la chilena Machuca, no pude soportar Missing con el gran Jack Lemmon y su papel de decepcionado «american citizen», quebrado en sus valores democráticos, vibré con Kamchatka de Ricardo Darín, me conmocioné con Romero y la actuación de Raúl Juliá, para el caso de El Salvador. 1

Yo me crié en la convicción de que los derechos humanos, que son y seguirán siendo universales, estaban por encima de todo, que eran lo primero a defender, que estaban por encima de las ideologías, que las dictaduras eran la perversión de la democracia y que por ello tampoco hacía falta mayor postura ideológica para defender a esta última como consenso general. Por eso también me enardecí cuando vi a Pablo Iglesias y su séquito cuasi religioso de seguidores  defender los atentados y la represión contra el derecho a la vida y la abyecta agresión de las libertades individuales y a los derechos humanos en Venezuela, tal y como lo hacen en Cuba.

En otras palabras. he defendido la democracia, las garantías constitucionales, los derechos universales, cuya universalidad preconizo de aquellos que pretenden pasarlos por una trituradora de papel, para convertirlos en una infinidad de pequeños derechos que separara a los seres humanos y que nunca permitirán que nos entendamos entre nosotros.

En fin mucha charla. Me queda claro, que de estar en mí la decisión, hubiese elegido a alguien más prístino para el premio Nobel de la paz, tanto como que, de ser María Corina Machado, no hubiese recurrido a Pablo Iglesias para proponerle unírseme a la lucha por la recuperación de la democracia en Venezuela.

1La noche de los lápices. Desgarradora. “Te encontraré una mañana, dentro de mi habitación, y prepararás la cama, para dos” Canción para mi muerte, Sui Generis

[Música Maestro] SOLIDARIDAD: Como asistente frecuente a conciertos, no alcanzo a imaginar el horror que deben haber sentido músicos y público la noche del ataque a Agua Marina. Mi solidaridad con todos los que estuvieron allí, especialmente con los directamente afectados. Además de heridos, son héroes. Porque ese espantoso atentado concretó POR FIN la vacancia de Dina Boluarte. En nombre de los 50 fallecidos de su pésimo gobierno – y sus familiares- y de todas las ridiculeces que hemos soportado, desde los discursos vacíos hasta las cirugías y viajecitos, un gran suspiro de alivio, tardío pero igual de justo y satisfactorio. Ahora, a evitar que se fugue o que busque asilo. Y a deshacernos de esos congresistas que la apoyaban y que hacen esto por lo insostenible de la situación que ellos negaron una y otra vez.

Escuchando rock en español

La importancia de entender lo que se escucha

Muchos aseguran que, en términos estrictos, no existe tal cosa como “rock en español” -o, para ser más precisos, en castellano. Aunque tal aseveración suene absurda, habida cuenta de que, si calculamos su existencia desde los arranques nuevaoleros mexicanos y españoles que comenzaron a traducir y grabar en nuestro idioma las canciones de Elvis Presley y Bill Haley a muy pocos años de su aparición original, la diferencia de edad entre el rock anglosajón y su versión hispanohablante es de solo dos o tres años, tiene un punto en su aspecto más elemental, su nacimiento y ubicación geográfica le dan una identidad propia e inconfundible.

Para hacer que la idea calce mejor en estándares actuales, podemos decir que en lugar de rock en castellano lo que existe es una fusión entre el rock auténtico, el norteamericano, y las múltiples sonoridades latinoamericanas que fueron enriqueciéndolo y generando estilos nuevos, aunque siempre enmarcados por el gran paraguas de lo que solemos identificar como rock and roll y sus derivados.

El latin-rock del guitarrista mexicano Carlos Santana en Woodstock 1969, por ejemplo, emparentado con el latin-jazz, la salsa afrocaribeña y la incorporación de otros exotismos -africanos, medio orientales- fue una de las primeras manifestaciones rockeras en las que se incluyeron frases en español pero no tiene absolutamente nada que ver con lo que ese mismo año se cocinaba en Buenos Aires, con los aires tangueros que Luis Alberto Spinetta le dio a algunas de las primeras canciones de su primera banda, Almendra, de notorios tintes beatlescos.

En ese sentido, cuando escuchamos rock en castellano estamos conscientes de que el rótulo sirve para condensar un concepto pero que no define necesariamente sus límites. Salvo en géneros en los que no se admitan muchas fusiones como, por ejemplo, tipos de música extrema como heavy metal, electrónica experimental o hardcore punk, siempre habrá elementos no asociados al rock, además del idioma mismo, que terminen integrándose al armazón convencional de cada banda, dependiendo del país de su procedencia: cumbia en Aterciopelados, rancheras en Café Tacuba, huayno en grupos peruanos.

Sin embargo, algo vital que hace del rock en castellano una categoría real, cimentada en décadas de diversidad y desarrollos musicales que fueron en paralelo al rock anglosajón, adaptándose y generando sus propias mitologías regionales, es que permite al público latinoamericano conectarse con la sensibilidad rebelde del rock a través de letras que somos todos capaces de entender, porque están en nuestro idioma. Aquí, algunos ejemplos.

Sui Generis – Pequeñas anécdotas de las Instituciones (Microfón Records/Sony Music Records, 1974)

En esta joya subestimada del rock argentino, Carlos Alberto García Moreno soltó guitarras acústicas y pianos para arremeter contra todo lo establecido, social, política y musicalmente, con un cargado arsenal de sintetizadores y teclados que trajo de Estados Unidos.

Aunque sus dos primeros discos -Vida (1972) y Confesiones de invierno (1973)-, ya contenían algunos cuestionamientos, en este tercero García puso la mira en las «instituciones»: matrimonio, gobierno, iglesia, ejército, productoras discográficas.

Esta movida fue desafiante y arriesgada. El productor del álbum, Jorge Álvarez, fue intermediario de serias amenazas que conminaron a Charly a cambiar la letra de varias canciones y hasta del título, que inicialmente era Instituciones, a secas.

Para transformar al dúo en un ensamble de rock sinfónico-progresivo capaz de interpretar sus nuevas ideas musicales, García y Mestre convocaron a los músicos David Lebón (guitarras), Rinaldo Rafanelli (bajo, guitarra) y Juan Rodríguez (batería).

Destacan Instituciones y sus profusos teclados, Música de fondo para cualquier fiesta animada y sus críticas al sistema judicial, o el instrumental Tema de Natalio, con la participación del violinista rosarino Jorge Pinchevsky, quien también participa en El tuerto y los ciegos.

En la línea acústica tenemos Para quién canto yo entonces, Juan Represión y Botas locas, estas dos últimas censuradas del vinilo original. Las denuncias siguen en El show de los muertos, Las increíbles aventuras del señor Tijeras y Tango en segunda, en que Charly García suena como Keith Emerson o Chick Corea.

Por otro lado, en Pequeñas delicias de la vida conyugal se siente la influencia que recibió de bandas italianas como Premiata Forneria Marconi o Banco del Mutuo Socorsso. Vocalmente, García y Mestre están sencillamente impecables.

Las ilustraciones de carátula pertenecen a Juan Gatti, colaborador de otros artistas como Manal, Pappo’s Blues y las bandas eternas de Spinetta (Almendra, Pescado Rabioso e Invisible).

Los Prisioneros – La voz de los 80 (EMI Music Records, 1984)

Las primeras canciones de este grupo tienen una gran virtud: son directas, crudas y puntiagudas, aplicables no solo a la realidad del Chile regentado por el dictador Augusto Pinochet, sino para otras sociedades latinoamericanas como la nuestra. Con este álbum debut, Los Prisioneros pusieron en el ojo público a la, hasta entonces, inexistente escena rockera de su país.

El trío, integrado por Jorge Gonzáles (voz, bajo), Claudio Narea (guitarra) y Miguel Tapia (voz, batería) marcó la historia del rock en español con sus canciones acerca de las juventudes estupidizadas (La voz de los 80, Brigada de negro), la hipocresía del comercio sexual (Sexo), y un par de reggaes de intención integradora pero no desde la óptica positiva e hipersensible de los trovadores folkloristas, sino poniendo los dedos combativos en aquellas llagas que (casi) nadie se atreve a tocar.

Latinoamérica es un pueblo al sur de los Estados Unidos se burla de los hispanohablantes que viven pendientes de culturas foráneas. Mientras tanto, No necesitamos banderas es un poco más oscura y rotunda, sobre la abolición de las fronteras que separan a nuestros países.

Hasta las canciones “de amor” como Eve-Evelyn y Paramar sorprenden con ese filo hosco y antisocial que declara no creer en ninguna convención, y menos en el amor, con sus mieles y sueños de opio que terminarán, inevitablemente, por hacer sufrir a los más sensibles.

Las rocanroleras ¿Quién mató a Marilyn? -cantada por el baterista- y Mentalidad televisiva son otros ataques a la cultura de masas. El disco comienza y termina con sus dos mejores canciones, La voz de los 80 y Nunca quedas mal con nadie, composiciones de Jorge Gonzáles que hoy suenan más apropiadas que nunca para describir el estado de cosas en nuestros entramados sociales. Lástima que, en el fondo, eso tampoco sirva de nada.

Mecano – Aidalai (BMG Records, 1991)

Hubo una época en que cada lanzamiento de Mecano era todo un acontecimiento en Hispanoamérica, Italia y Francia. Sin embargo, su última producción en estudio queda mal parada frente a las dos anteriores, Entre el cielo y el suelo (1986) y Descanso dominical (1988).

No están en cuestión las inteligentes letras de José María Cano –Naturaleza muerta, , Sentía– o los sofisticados quiebres de música electrónica de Ignacio Cano –El lago artificial, Dalai Lama, El uno, el dos y el tres– pero aun así, hay varias canciones que caen en una profunda cursilería como El fallo positivo -acerca del SIDA- o El 7 de septiembre -crónica de la separación de Nacho Cano y la escritora Coloma Fernández- de sonidos y versos demasiado melodramáticos.

Los hermanos Cano, en esencia muy buenos compositores, armaron en Aidalai un crisol de géneros diversos pero no en todos les queda bien el resultado. Por ejemplo, la rumba Una rosa es una rosa, intenta sonar desafiante y sensual pero no lo logra, a pesar de la cuidadosa producción y las excelentes guitarras flamencas del fondo, además de insistir en un recurso conocido: hacer cantar a Ana Torroja letras que han sido, evidentemente, escritas desde el punto de vista de un hombre.

O Bailando salsa que, aunque es creativa y hasta graciosa, no adapta aceptablemente del lenguaje salsero a su obvia vocación electrónica. Los vientos simulados por sintetizadores y los guapeos del final suenan bastante flojos, casi ridículos.

Los puntos más altos aparecen en cortes reflexivos como Naturaleza muerta y Tú o los buenos atisbos de pop orgánico de El peón del rey de negras y J.C. Escuchado en retrospectiva, este último álbum lanzado poco antes de anunciar su separación, una de las noticias más tristes para el tecnopop español, no fue una despedida del todo redonda.

El Tri – Simplemente (WEA International Records, 1984)

Después de quince vinilos como Three Souls In My Mind (1971-1983), el bajista y cantante Álex Lora decidió continuar con su rebelde rocanrol con algunos integrantes de la última etapa de aquel legendario combo mexicano.

Después de perder legalmente el nombre, Lora lo comprimió a El Tri, castellanización evidente de «Three». Y en 1984 apareció este disco, décimo sexto de su discografía completa y primero con la nueva denominación, bajo el título Simplemente. Álex Lora (voz y bajo), se juntó con los virtuosos Sergio Mancera (guitarras), Arturo Labastida (saxo), Rafael Salgado (armónica) y Mariano Soto (batería) y lanzó una poderosa declaración de principios rockeros.

Este disco, junto a Hecho en México (1985) y Niño sin amor (1986), conforman la trilogía seria de El Tri, antes de volverse una banda repetitiva con uno que otro chispazo de buen rocanrol. En esta formación El Tri convence con excelentes intermedios instrumentales que, aislados del vozarrón y lenguaje mexicano de Lora, podrían confundirse con los de cualquier banda de blues-rock norteamericano de los setenta.

Hay canciones como Vicioso, Metro Balderas o Triste canción que son ampliamente reconocidas, pero hay otras como Juanita o San Juanico que también merecen atención. Mientras que la primera es una alusión a las drogas, la segunda narra un hecho real: la tragedia de San Juan de Ixhuatepec (19 de noviembre de 1984).

El buen humor, constante en El Tri desde su prehistoria, se nota en «rolas» como Sópleme usted primero, Violencia, drogas y sexo o Agua mi niño (La Curva). La primera estrofa de Vicioso resume la filosofía de Álex Lora, cuyo poderoso aullido lo convierte en la versión latinoamericana de Brian Johnson (Ac/Dc) o Noddy Holder (Slade): «Quiero vivir entre notas musicales y quiero que me entierren a ritmo de rock». Muchos firmaríamos esa frase a ojos cerrados.

Héroes del Silencio – Senderos de Traición (EMI Records, 1990)

En toda la historia del rock de España no ha habido una banda capaz de ser tomada más en serio que este cuarteto de Zaragoza, por la potencia de sus canciones, su convincente presencia escénica y esa vocación de producir música influenciada por las ondas góticas ochenteras –The Cult, The Mission, The Cure- alejándose del lenguaje extremadamente localista de la movida madrileña o el punk vasco.

Aunque normalmente hablar de Héroes del Silencio es hablar del liderazgo de Enrique Bunbury, cuya poderosa voz aporta drama y personalidad a sus composiciones colectivas; es justo decir que el sonido del grupo tiene también relación con la particular habilidad del guitarrista Juan Valdivia para crear arpegios libres de influencia céltica y flamenca, con uso prominente de ecos y ligeras distorsiones sin afectar su técnica.

Mientras, Joaquín Cardiel (bajo) y Pedro Andreu (batería) hacen que las canciones sean cómodas para el oído común y corriente, algo que les permitió entrar a las radios a pesar de contar historias poco convencionales, surrealistas y algo oscuras. Títulos como Con nombre de guerra, Oración, Decadencia o El cuadro II, son claros ejemplos de ello.

El álbum fue producido por Phil Manzanera, famoso guitarrista ex integrante de Roxy Music, uno de los músicos británicos más interesados en el rock en español de esos años. El álbum, el segundo de larga duración de la banda, fue todo en éxito en España, Latinoamérica y algunos países no hispanohablantes como Portugal y Alemania.

Las canciones Entre dos tierras, Maldito duende y La carta son las más conocidas, con la primera de ellas convertida en el himno que definió su perfil y estética, siempre vestidos de negro y serios ante las cámaras, que resultó siendo uno de sus principales atractivos frente a un público ávido de expresiones realmente rockeras en nuestro idioma.

Sumo – Divididos por la felicidad (Sony Music Records, 1985)

El debut discográfico de Sumo fue una patada en la cara al carácter localista que siempre ha tenido la prolífica escena argentina, debido al perfil bizarro de su sonido -influenciado por el post-punk, el reggae y el dub británicos- y a que ocho de sus diez canciones están cantadas en inglés, aunque los títulos figuran en castellano en la edición original.

El nombre del grupo tiene dos lecturas: el adverbio sinónimo de «supremo», «superlativo» y el ancestral deporte japonés sugerido por la grafía que utilizan como logotipo. Divididos por la felicidad -título del álbum- es una mala traducción de “Joy Division”, nombre de una de las bandas favoritas del vocalista Luca Prodan, de quien se decía que era inglés, aunque en realidad había nacido en otro país europeo, Italia.

En general podríamos decir que es un disco de reggae, oscuro y saturado de ecos, atmósferas sórdidas y misteriosas, además de contener furibundos arrebatos de funk sucio y agresivo. Canciones como No acabes, Regtest, No duermas más, Reggae de paz y amor o Kaya se inscriben en el reggae-dub, con letras o más bien frases sueltas sobre amores truncos, vida nocturna, consumo de drogas y cosas así.

Mula plateada es un tema inclasificable, experimental, de ritmos africanizados y un solo de guitarra que recuerda a Adrian Belew. La voz de Luca, frontal y poco entrenada, parece estar siempre molesta con todo. Debede, Mejor no hablar de ciertas cosas y La rubia tarada son caóticas y notables. Divididos por la felicidad, el extraño tema-título, contiene incomprensibles letras en inglés y castellano en medio de una acompasada melodía de saxo, el instrumento dominante en casi todas las canciones.

Esta alineación de Sumo la formaron Luca Prodan (voz), Germán Daffunchio (guitarra, teclados), Roberto Pettinato (saxo), Alberto Troglio (batería), Diego Arnedo (bajo) y Ricardo Mollo (guitarra).

[OPINIÓN] Amar tu límite es una de las formas más acabadas de inteligencia emocional. Consiste en saber hasta dónde puedes llegar sin hacerte daño, sin dañar a otros y sin perder la noción de lo correcto. Quien conoce su capacidad —física, moral o emocional— y la respeta, vive en equilibrio. Pero hay un tipo de persona para quien esa frontera no existe: el psicópata.

El psicópata está convencido de que tiene la razón y de que los demás son simples obstáculos a su voluntad. No siente empatía, no reconoce el dolor ajeno y no entiende el valor de lo que no le pertenece. Para él, los demás son piezas desechables en su tablero. Actúa así con las personas, con el poder y con el dinero.

Un psicópata no necesariamente mata; a veces simplemente engaña o destruye, sin rastro de culpa. Padece un trastorno antisocial de la personalidad (TAP), caracterizado por su incapacidad para respetar normas sociales, su facilidad para mentir, manipular y su frialdad ante el necesidad ni el sufrimiento ajeno. Y aunque parezca una definición clínica, basta mirar alrededor para reconocerlos: los hay en la política, en los negocios, en las instituciones y hasta en los cargos públicos.

Y claro, el psicópata no solo manipula: también invierte —y bastante— en hacerlo. No le tiembla la mano para gastar dinero en convencer a la gente; para alquilar conciencias o adquirir líneas editoriales completas. Se rodea de operadores sumisos e “influencers”,  expertos en justificar lo injustificable. Es, al final, un negocio redondo: él compra la mentira y el público la aplaude.

Amar tu límite, en cambio, es una forma de salud mental. Es lo que impide que alguien se lance del quinto piso sabiendo que va a morir. Es lo que evita que un funcionario gaste dinero público en proyectos inútiles o que una autoridad inaugure una avenida a medio hacer solo para colgar su nombre en una placa. Pero el psicópata no ama su límite; lo desprecia. Porque cree que el límite es para los débiles, y que el poder lo justifica todo.

Hoy vemos en todas partes ejemplos vivos de esa psicopatía: tráfico infernal, vacunas inservibles, trenes fantasmas o calles que se desangran entre la inseguridad y el caos, mientras algún individuo- y los hay hasta prontuariados- manipula a los ingenuos para que lo vean como “la opción” en cualquier  próxima elección.

Y lo más triste no es el psicópata en sí, sino los incautos, ignorantes e idiotas que lo aplauden con los pies. Porque sin ellos, su poder no existiría.

Al final, gracias a Dios, nos queda la familia, los hijos y los nietos —que un psicópata, o no tiene, o no le importan— para recordarnos que todavía hay esperanza. Que se puede vivir amando el límite, respetando al prójimo y, sobre todo, evitando convertirse en eso: un idiota funcional al servicio del psicópata de turno.

[Música Maestro] Y entonces pasaron cincuenta años…

De todas las grandes bandas que brillaron en la escena rockera entre 1965 y 1975, Genesis debe ser una de las pocas en las cuales siguen vivos los integrantes de su formación clásica, aquella que definió no solo su perfil artístico sino la estética de todo un género, nuestro querido prog-rock o, como lo empezaron a rotular los críticos de la época a partir, precisamente, de álbumes como Nursery crime (1971), Foxtrot (1972) o Selling England by the pound (1973) y sus histriónicas presentaciones en vivo, “art-rock”.

Lamentablemente, el estado de salud de uno de ellos hace imposible pensar en algún concierto de reunión. Porque Phil Collins (74) quizás puede sentarse con Tony Banks, Mike Rutherford, Steve Hackett y Peter Gabriel (todos de 75) para tomarse un café o leer las noticias, pero de ninguna manera podría subir a un escenario y realizar las proezas de antaño. Como se aprecia en el documental Drummer first (Drumeo, 2024), el genial baterista apenas puede sostener las baquetas que manejó a la perfección hasta el 2022, año en que las colgó de forma definitiva.

Mientras las masas siguen celebrando, en las balbuceantes redes sociales, la odiosa presencia de Bad Bunny en el intermedio del Super Bowl -un hecho que, en palabras del disc-jockey Eddie Trunk, ha transformado esta tradición del entretenimiento deportivo gringo en una broma de mal gusto-, algunos millones de seguidores del rock clásico alrededor del mundo nos emocionamos al ver a los integrantes del primer Genesis -excepto Collins- supervisando el lanzamiento, el pasado 26 de septiembre, de la edición especial de aniversario de The lamb lies down on Broadway (cinco vinilos, cinco discos compactos Blue-Ray y un folleto de 60 páginas).

Han pasado cincuenta años desde que el quinteto británico concretó este intenso álbum doble que combina fantasías distópicas con simbologías de rebeldía, crónica social, despertares sexuales, conflictos psicológicos, críticas al consumismo, alienación y desolación frente a un mundo agresivo y confuso, a través de la historia pesadillesca de Rael, personaje inventado por Peter Gabriel en medio de una vorágine personal que terminó con su renuncia al grupo, en el momento más creativo de su trayectoria. Se trata de una obra maestra del rock conceptual cuyos misterios musicales y líricos aun hoy cautivan por su profundidad y dramatismo.

¿Rock conceptual? ¿Qué es eso?

En estos tiempos de Spotify, BandCamp y reproductores mp3, los consumidores convencionales de música popular ya no piensan en discos sino en canciones, por lo que el término “álbum de rock conceptual” probablemente solo será entendido en toda su extensión por aquellas personas que hayan desarrollado una relación especial con las formas de producción, distribución y comercialización musical que funcionaban en el pasado (vinilos, cassettes, discos compactos), sea porque vivieron en esas épocas o porque, perteneciendo a generaciones más modernas sepan, por cultura general y/o afición melómana, cómo era eso antes.

Normalmente, los grandes artistas de las décadas doradas del pop-rock componían sus canciones con temas independientes unos de otros para luego reunirlas en “álbumes”. En ese tiempo, los musicales de Broadway y las bandas sonoras del cine se diferenciaban del formato breve del pop-rock incorporando desarrollos argumentales más elaborados y continuos, a la manera de estilos de música académica y teatral como la ópera o la zarzuela.

Eso cambió con las primeras óperas-rock, como por ejemplo Jesus Christ Superstar (Inglaterra, 1970) o Tommy (The Who, 1969), en que las canciones estaban conectadas, pero funcionaban también por separado. Hubo álbumes conceptuales en casi todos los géneros derivados del pop-rock, pero las bandas de rock progresivo llevaron esa práctica a un nivel más complejo. Así, el “álbum conceptual”, se consolidó como una narración musical con enfoques que iban de lo esotérico y lo ficticio a lo psicológico y sociopolítico.

Ejemplos de álbumes conceptuales son Thick as a brick (Jethro Tull, 1972), Tales from topographic oceans (Yes, 1973), The snow goose (Camel, 1975) o Joe’s garage (Frank Zappa, 1979-1980). Hay otros famosos, como por ejemplo Dark side of the moon (1973) o The wall (1979) de Pink Floyd, Paradise Theater (Styx, 1980). Dos joyas del rock en español, La huerta atómica (Miguel Ríos, España, 1976), La Biblia (Vox Dei, Argentina, 1972), y hasta de salsa dura, Hommy: A latin opera (1973) -adaptación que hizo el pianista Larry Harlow de Tommy, donde el protagonista no es un prodigio del pinball sino de la percusión-; El baquiné de angelitos negros (Willie Colón, 1977) o Maestra vida (1980), de Rubén Blades. En esa categoría también está, desde luego, The lamb lies down on Broadway.

El final de una era para Genesis

El sexto disco de Genesis, con enigmática carátula que refleja algunas de sus escenas, diseñada por el equipo de Hipgnosis, responsable de importantes portadas del rock británico de los setenta- fue también el último con Peter Gabriel. La ambiciosa puesta en escena, que incluía montajes, proyecciones y vestuarios extremadamente llamativos generaron tensiones al interior de la banda por el protagonismo que cobró el vocalista. A ello se sumó el complicado proceso de nacimiento de Anne-Marie, su primera hija. Todo ello lo llevó a renunciar para estar más cerca de su familia. Fue el fin de una importante era del grupo.

Lamentablemente, no existe ningún registro audiovisual en vivo de calidad, algo inexplicable pues tocaron el álbum de principio a fin 102 veces por Europa y Estados Unidos. Desde el 2014 circulan videos de más de una hora con retazos borrosos de uno de esos conciertos, en Londres. Probablemente, esta ausencia en la memoria visual de las décadas siguientes es la razón por la cual, a pesar de ser considerada una de las giras más impresionantes y originales de su tiempo, no conservó el prestigio que sí ostentan actualmente Tommy (The Who) o The wall (Pink Floyd).

En la edición de lujo que acaba de publicarse, se incluye uno de esos recitales completos, en el auditorio Shrine de Los Angeles, el 24 de enero de 1975. Son tres vinilos con el audio mejorado a comparación de la versión que ya habíamos escuchado en 1998 como parte del boxset Archive 1967-1975. En el año 2020 se lanzó por YouTube un video con ilustraciones en estilo cómic de The lamb lies down on Broadway, una excelente interpretación hecha por el ilustrador norteamericano Nathaniel Barlam que tiene hasta el momento más de 950 mil reproducciones.

Una idea original de Peter Gabriel

El caso de The lamb lies down on Broadway, concebido y grabado entre junio y octubre de 1974, es probablemente lo más cercano a una conjunción entre música y literatura, en contextos rockeros. De hecho, en el encarte del LP original de Charisma Records -y en la primera remasterización para CD, lanzada en 1994- se incluyó una versión escrita del argumento, que ofrece contextos imposibles de incorporar en la narración musicalizada.

Desde el principio, Peter Gabriel fue quien trajo la idea de hacer un disco doble contando una única historia y propuso a sus compañeros que le permitieran encargarse de las letras de manera exclusiva, autoexcluyéndose por primera vez de la creación musical, una forma de trabajo nueva para Genesis. De esa forma, mientras el cuarteto de instrumentistas armaba las melodías, el vocalista se sumergía en su mundo interno para darle forma a la historia final.

La intención de esta movida era alcanzar la misma coherencia que tienen los cuentistas o novelistas en la creación de sus personajes, situaciones, enredos y resoluciones. De hecho, de las 24 canciones, solo una contiene letras no escritas por Gabriel –The light dies down on Broadway– quien prácticamente les dictó a Rutherford y Banks qué palabras poner en cada estrofa. Por cierto, el cuento corto también está firmado por Gabriel.

The lamb: Una obra maestra incomprendida

Aunque actualmente tiene estatus de álbum de culto, en su momento no le fue nada bien si lo comparamos a los discos anteriores de la banda. Los singles Counting out time y The carpet crawlers -que fue regrabada por la banda original en 1999 para la recopilación Turn it on again: The hits- no tuvieron presencia en las radios y muchos críticos especializados lo consideraron un disco pomposo y recargado.

Sin embargo, más allá de aquellas primeras reacciones, se trata de una verdadera obra maestra de arte sonoro, una entidad sólida capaz de activar emociones oscuras y profundas, poniendo marco musical perfecto a las bizarras correrías de Rael, un agresivo pandillero de casaca de cuero negro, jeans raídos y polo blanco -dos años antes de que el mundo conociera a Johnny Ramone- y de ascendencia portorriqueña que inicia su camino laberíntico hacia la desaparición con una visión alegórica que lo conmueve, un inocente cordero recostado sobre las pistas de Broadway, la concurrida zona de teatros y bohemia de Manhattan, New York.

Musicalmente, tiene todo lo que los fans del Genesis clásico necesitan para pasarla bien. El gran público reconoce a la banda como el trío conformado por Mike Rutherford (bajos, guitarras), Tony Banks (teclados) y Phil Collins (batería), con el último haciéndola también de cantante, en temas ochenteros como That’s all (1983) o Invisible touch (1986), éxitos radiales que podríamos calificar de pop progresivo influenciado por el R&B que Collins cultivó en su carrera solista. Por eso, pensar que ellos mismos construyen los vertiginosos segmentos instrumentales de canciones como In the cage, Riding the scree o el tema-título inicial, aporta una dimensión diferente a su apreciación.

Si bien el atractivo central está en los desesperantes problemas del protagonista, el disco incluye maravillosas piezas instrumentales como Hairless heart, The waiting room -una extraña improvisación que, por poco, ni siquiera entra en el disco- o la segunda parte de Fly on the windshield o The Lamia, están entre los mejores momentos de Genesis, al nivel de Firth of fifth (Selling England by the pound, 1973) o Apocalypse in 9/8, de la suite Supper’s ready (Foxtrot, 1972), con Steve Hackett y su atmosférica guitarra eléctrica muy inspirada.

Referencias culturales en The lamb…

A diferencia de otros discos de Genesis, que contienen alusiones a la historia de Gran Bretaña, personajes de la mitología grecorromana y relecturas del Nuevo Testamento, en esta ocasión el enfoque está en la cultura popular de los Estados Unidos y, particularmente, en New York, una inspiración surgida de las exitosas presentaciones de la banda en ese país. Esto, que queda claro desde el título y la ambientación de la historia, también aparece en diversos momentos del álbum, con frases, referencias culturales y sugerencias, algunas más evidentes que otras.

En Cuckoo cocoon, nuestro antihéroe se compara, hablando de su encierro, con el personaje bíblico/coránico Jonás, el que termina tragado por una ballena y con un prisionero de “alguna cárcel de Brooklyn”. En la canción Broadway melody of 1974, desfilan personajes como el comediante Lenny Bruce o el asesino en serie Caryl Chessman, condenado a la silla eléctrica en los años sesenta. También menciona a uno de los principales teóricos de la comunicación masiva, el canadiense Marshall McLuhan, el empresario y aviador Howard Hughes, el grupo racista Ku Klux Klan y al humorista Groucho Marx, recordado ícono del cine de la primera mitad del siglo XX.

También hay referencias musicales de distintas épocas. Por ejemplo, al final del tema-título juega con nombre de un clásico de los sesenta, On Broadway. En medio de In the cage, introducen la frase “my little runaway” del éxito de 1961 del guitarrista Del Shannon, Runaway. En esta misma canción puede escucharse a Rael/Peter repetir compulsivamente la frase “raindrops keep falling on my head…”, del éxito de B. J. Thomas de 1969. Y, al final de it. hace una variación al estribillo de It’s only rock and roll but I like it de los Rolling Stones. También hay menciones a Blue suede shoes o In the mood, de Elvis Presley y Glenn Miller, respectivamente.

Si pensamos que toda esta información provino de cinco muchachos de 25 años y la presentaban ante audiencias cautivas que tenían en promedio la misma edad, The lamb lies down on Broadway nos pone nuevamente delante de un tema que nadie menciona: la involución de los niveles de apreciación, curiosidad y comprensión del público y la degradación del mundo de la música popular. ¿Cómo es que hace 50 años, los jóvenes veinteañeros se sentaban y aplaudían contenidos de tremenda complejidad intelectual y hoy, con todo a la mano tecnológicamente, las grandes mayorías juveniles únicamente aceptan aquello que remueva sus pulsiones más primarias, tanto en ritmos como en desarrollos temáticos?

¿Y de qué trata exactamente The lamb lies down on Broadway?

Para no perdernos en los detalles de las surrealistas andanzas de Rael, podemos resumir que es un muchacho rebelde y cínico que va por la vida expresando sus opiniones a punta de grafitis -se hace llamar “Rael Imperial Aerosol Kid”- por las calles de Manhattan cuando, de repente, es absorbido por un remolino, una nube negra que lo envuelve y encierra en una jaula, desde donde ve a muchas otras personas padecer lo mismo, entre ellas su hermano John quien, por efectos de esa extraña abducción, parece no reconocerlo ni interesarse por su incierto destino.

De repente, después de estar atrapado “entre estalactitas y estalagmitas” que lo comprimen e impiden respirar, Rael cae de nuevo en la ciudad de New York y tiene, entre otras cosas, su primera experiencia sexual. Sin embargo, todo esto no es más que un recuerdo, mientras regresa a su estado actual de pesadilla, esta vez para encontrarse con un extraño pasaje y una cámara con treinta y dos puertas. Así termina la primera parte.

Para la segunda mitad, la cosa se pone aun más tétrica para Rael. Luego de superar a la muerte se encuentra con un trío de atractivas damiselas con forma de serpiente con quien tiene un apasionado encuentro amoroso tras el cual las “Lamia” -nombre de las raras criaturas- mueren después de beber su sangre, condenándolo a transformarse en un grotesco monstruo. Para destruir el hechizo y recuperar su aspecto humano, él y su hermano John deben ser castrados.

Finalmente, en medio de la pesadilla, una especie de salida aparece delante de sus ojos pero, al tratar de alcanzarla, caen en una corriente de agua que lo arrastra. A la distancia ve a John, lo rescata y, al mirarlo, descubre horrorizado en lugar del rostro de su hermano, el suyo. De repente, el aire se revuelve alrededor de los dos cuerpos, disolviéndolos y mezclándolos con todo alrededor. Una historia que combina elementos de ciencia ficción, juegos de personalidades desdobladas y un viaje de descubrimiento personal que terminan de golpe, como la vida misma. El año 2014, Jon Michaud, cronista de The New Yorker, describió a The lamb lies down on Broadway como “el Ulises de los álbumes conceptuales”.

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] Una victoria, una sola, logró la Flotilla Global Sumud: todo el mundo vio lo que pasó, todo el mundo siguió su travesía, tanto como siguió a la flota soviética dirigirse a Cuba cargada de misiles nucleares en 1962. Al igual que hace 63 años, la tensión aumentaba conforme los navíos se acercaban al cerco trazado por John F. Kennedy. Entonces, porque los esperaba un bloqueo militar norteamericano listo para disparar si los rusos intentaban sobrepasarlo, lo que hubiese iniciado la Tercera Guerra Mundial. Ahora, porque, buena parte del trayecto, la flotilla, cargada esta vez de víveres y ayuda humanitaria, estuvo acompañada por buques de guerra italianos, españoles y turcos, y se presumía un resultado similar: la escalada de una guerra internacional.

Lo último no sucedió, Trump, ofreció, a última hora, un plan de paz en algunos de sus pasajes bastante razonable pero con un problema fundamental: primero desaparece Hamas, primero Hamas se rinde y entrega sus armas, segundo una fuerza internacional, supervisada por Estados Unidos se encarga de la seguridad de la zona y tercero: solo si se dan las condiciones, podría hablarse de un Estado Palestino soberano.

El problema está en los tiempos, todo lo señalado debe producirse en simultaneo: me rindo, entrego mis armas y tú proclamas la soberanía de Palestina sobre Gaza y para el mundo. Después comenzamos el proceso de reconstrucción, finalmente lo prometiste de buena fe ¿verdad?

La cuestión parece simple pero la propuesta viene del enemigo. En todo caso, casi todo el mundo entiende que Benjamín Netanyahu persigue la desaparición completa de la franja. A decir por el 90% de la destrucción de su infraestructura de vivienda, salud y otras ¿Ud. le creería en la intención de reconstruirla por completo, como propone Trump, para entregarla limpiamente a los palestinos? ¿los palestinos lo creerán? Es un tema de confianza, pues bien, la confianza cumple un rol fundamental en las relaciones internacionales y en los acuerdos que llevan a la paz o en los desacuerdos que llevan a la guerra.

Lo demás que quiero decir podrían parecer perogrulladas, pero es importante recordarlas justo ahora, tenerlas claras para aquellos que no las tienen claras, los análisis más detallados se los dejo a los analistas, a los internacionalistas. El pueblo de Israel fue expulsado de su Tierra Santa tras sucesivas guerras contra el Imperio Romano en los siglos I y II d.C. La del siglo I concluyó con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.

Pero mi idea no es perderme en la historia. Si se tratase de eso, podría remontarme milenios atrás, cuando Moisés llevó a los judíos a su Tierra Santa librándolos de la esclavitud egipcia, o a cómo, por esos mismos tiempos, en las costas aledañas de esas tierras, se asentaban los llamados “pueblos del mar”, precisamente en las zonas de Gaza y Cisjordania, de donde provienen los palestinos.

Y si forzamos más las cosas, tendríamos que citar a quienes pretenden reducir la cuestión a la genética -me recuerda a ese hombre taimado y diminuto de los bigotitos- y buscan establecer cuánta relación existe en el ADN de aquellos antiguos pobladores con sus descendientes actuales. La verdad, me importa muy poco. Tal ha sido el movimiento de los pueblos en la humanidad, nuestra historia es la historia del mestizaje. Pretender similitudes biológicas con seres humanos de hace milenios es un camino tan peligroso que hace 80 años les costó la vida a 60 millones de seres humanos.

Lo que sí me queda claro es que dichos “pueblos del mar” también tuvieron sus enfrentamientos con los romanos, pero ya sea porque fueron sometidos más fácilmente o por la razón que se quiera lograron permanecer allí. Después, desde los siglos VII y VIII llegaron los musulmanes con las predicas de Mahoma con lo cual los palestinos se islamizaron y hasta el día de hoy, y ese ha sido su hogar.

Judíos quedaron muy pocos, la mayoría se desplazó a la Europa central y oriental, extramuros de lo que fueron los confines del viejo y ya fenecido Imperio Romano de Occidente. ¿Hubo judíos en Occidente a pesar de esto?, claro que los hubo: impedidos de poseer tierras por el emperador de Bizancio Justiniano (siglo VI), se dedicaron a diversas actividades, entre ellas el intercambio de monedas entre los señoríos feudales de Europa. Tan remoto como ese es el origen de la exitosa actividad que los judíos desempeñan hasta el día de hoy en las finanzas mundiales.

Vamos al punto

El siglo XIX fue el siglo del nacionalismo. Como nos lo señala Benedict Anderson, el nacionalismo no es natural. En el siglo XVI no se era francés, se era súbdito del rey de Francia, no es lo mismo. El amor por la tierra, la idea de dar la vida, dar la sangre, de “defender hasta el último centímetro del territorio” o de “quemar el último cartucho” es un producto ideológico del siglo XIX y es bien burgués. Porque las burguesías de entonces lo necesitaban para unificar a los masivos proletariados que sustentaban sus proyectos políticos y sus imponentes maquinarias económicas. El nacionalismo, en el nivel retórico, fue aggiornado con sublimes influencias como la del romanticismo literario, dar la vida por la dama amada, por el honor mancillado, o por la patria asediada, terminó formando parte del mismo repertorio poético.

Los judíos no estuvieron al margen de esta corriente ideológica y se formó el movimiento sionista, denominación que hoy se utiliza peyorativamente para designar a aquellos israelís que defienden posturas expansionistas o represivas maximalistas contra el pueblo palestino. Pero en su origen se trató de la iniciativa de dotar a Israel de un hogar nacional y esa es la base de todo nacionalismo: poseer un Estado soberano en donde la nación y sus hijos  puedan convertir en realidad su propia utopía.

Por supuesto, no eligieron nada mejor que la Tierra Santa de Moisés de hace 5 mil años bajo argumentos religiosos solo válidos para ellos. El problema: allí estaban los palestinos, y no solo eso. Allí estaba, alrededor de los palestinos, todo el mundo árabe ya bastante indispuesto con Occidente por las constantes invasiones que se produjeron como parte del neocolonialismo del último cuatro del siglo XIX en adelante. Entre tanto despropósito,  Palestina fue convertida en protectorado británico.

Barco nombrado Éxodo 1947 tripulado con refugiados judíos de la Europa de la post 2da Guerra Mundial llega a Gaza. El cartel señala lo siguiente: “Los alemanes destruyeron nuestras casas y hogares: no destruyan nuestra esperanza”

Y entonces los judíos comenzaron a migrar a Palestina de manera paulatina. A veces fueron bien recibidos y otras veces hubo roces con la población local. Tras la Segunda Guerra Mundial llegaron masivamente, desplazados de Europa y rogando ser aceptados por la sociedad de acogida, es decir, los palestinos. Pero muy poquito después, y adelantándose a la decisión de la ONU, Israel, en 1948, fundó su Estado con apoyo de Estados Unidos e Inglaterra y a los palestinos, que entonces eran el 90% de la población, los dejaron absolutamente sin nada. Y de allí en adelante comenzaron a agredirlos y reducirlos con la finalidad de que ese fuese exclusivamente un Estado judío y nunca han estado más cerca de concluir con tan poco edificante trabajo. Luego, es positivamente cierto que, desde entonces, los palestinos se han defendido y, a veces, con los peores de los métodos imaginables.

Estados Unidos, Inglaterra e Israel se mueven en función de intereses, la política es -también y principalmente- intereses. Eso puedo entenderlo porque no soy ingenuo. Resulta que leí Maquiavelo y, tras él, a muchos otros más. Pero Europa sí que me genera indignación, ver a los barcos italianos, españoles y turcos dar media vuelta y dejar desprotegida a una flota de civiles que portaba ayuda humanitaria a otros civiles que, al ver distraída a la armada Israelí, se dieron maña para pescar unos cuantos peces del mar y llevarse algo qué comer a la boca, eso sí que me conmocionó en medio de tanto sufrimiento humano.

Où es-tu, Europe ? Où es-tu, vieille France des droits de l’homme ?

Este relato parece incompleto. Está incompleto, lo que más me aterra son los finales que me imagino.

[INFORME] El Tribunal de Contrataciones Públicas expone las graves irregularidades de Industrias Argüelles en su intento de conseguir un contrato de casi cincuenta millones de soles pese a tener a un sentenciado en sus filas.

A inicios del presente año, un empresario recibió una condena de más de cuatro años de prisión suspendida luego de reconocer que había intentado sobornar a una magistrada con el objetivo de torcer su decisión y obtener una victoria en un caso de disputa por tierras comunales en las que estaba involucrado.

Esta condena podría haber significado un impedimento para que sus empresas puedan participar de concursos públicos y, por lo tanto, acceder a millonarios contratos con el sector público. Sin embargo, valiéndose de numerosos aunque burdos movimientos para despistar a quien investigue a su empresa, logró colarse en un proceso de selección en el cual estaba en juego más de cincuenta millones de soles.

Sudaca pudo acceder a la resolución que el Tribunal de Contrataciones Públicas ha emitido en los últimos días y pudo sacarle la máscara a estas maniobras con las que se pretendía que sumas millonarias del dinero público terminen premiando a una empresa cuya cabeza registra antecedentes más que cuestionables.

EL PLAN

Cuando el Juzgado Superior de Investigación Preparatoria de la Corte Superior de Justicia de Lima Norte dictó sentencia y condenó a Aniceto Elvis Argüelles Loayza a cuatro años y dos meses de prisión suspendida por haber intentado sobornar a una magistrada, las posibilidades de su empresa, INDUSTRIAS ARGUELLES Y SERVICIOS GENERALES S.A.C., en cualquier concurso público parecían desvanecerse.

En el mes de julio del 2024, la Fiscalía formalizó investigación preparatoria contra Argüelles y las pruebas, como los registros de llamadas telefónicas y material fotográfico, podían dar un indicio del final que tendría dicho caso. Sin embargo, para ese momento ya habría estado en marcha la estrategia para evitar estas consecuencias.

Casualmente, un mes después, en agosto del año pasado, Aniceto Argüelles renuncia a la presidencia del directorio de su empresa y entrega sus acciones, bajo la modalidad de donación, a su esposa  Elsa Milla Ortiz para que en junio del presente año estas acciones terminen en manos de su hijo Elvis Alexander Arguelles Milla.

A ello se le sumaría que, al mismo tiempo que se llevaban a cabo estos cambios, Aniceto Elvis Argüelles Loayza había tenía vigente un poder que le permitía desempeñar las mismas funciones que un gerente general. Si bien es cierto que este poder fue entregado en enero del 2020, su vigencia permanece hasta la fecha.

Con el poder vigente de Argüelles y los cambios en las acciones y conformación del directorio, Industrias Argüelles se presentó en el transcurso de este año a un concurso público convocado por la Municipalidad Distrital de San Isidro para un “servicio de alquiler de vehículos para la gestión del servicio de limpieza pública” y que tenía en juego más de cincuenta millones de soles.

ATRAPADOS

Pero el que pudo parecerles un plan perfecto para Industrias Argüelles ha terminado siendo descubierto por la Primera Sala del Tribunal de Contrataciones Públicas. En la resolución que se ha dado a conocer el pasado 30 de septiembre, este tribunal ha podido revisar cuidadosamente cada uno de los pasos seguidos por Industrias Argüelles que habrían tenido como objetivo conseguir contratos millonarios sin que la condena de su fundador sea un impedimento.

Uno de ellos ha sido el poder que había recibido Aniceto Argüelles y le permitía tener tanto poder como un gerente general. Tal como se puede observar en el siguiente documento que fue solicitado por el tribunal, pese a su renuncia al directorio y transferencia de acciones, Argüelles Loayza se encontraba habilitado para firmar contratos.

Aunque dicho documento data de los primeros meses del 2020, este permanecía vigente cuando fue revisada en agosto de este año. En el Registro de Personas Jurídicas de la Oficina Registral de Lima, el poder de Aniceto Elvis Argüelles Loayza para asumir las funciones de gerente general de Industrias Argüelles se mantiene vigente aunque desde su empresa dicen que fue revocado.

Entre los argumentos de Industrias Argüelles se había señalado que el pasado mes de junio se nombró a un nuevo gerente general. Sin embargo, la Primera Sala del Tribunal de Contrataciones Públicas señaló que esta designación no impedía que el poder recibido por Aniceto Argüelles siga vigente.

Ante estos hechos, el Tribunal de Contrataciones Públicas ha encontrado evidencia suficiente para señalar que, cuando Industrias Argüelles participó del proceso de selección, Aniceto Argüelles se encontraba con el poder vigente. Por lo tanto, esta empresa no estaba habilitada para participar debido a su innegable vinculación con una persona condenada por corrupción de funcionarios.

Este caso no sólo ha terminado con la revocación de la buena pro obtenida por Industrias Argüelles. Según decidió la Primera Sala del Tribunal de Contrataciones Públicas, a la empresa de Aniceto Argüelles también se le abrirá un expediente administrativo sancionador por la información inexacta presentada durante este proceso de selección.

[EL DEDO EN LA LLAGA] ¿Por qué muchos de los que han sido víctimas del Sodalicio terminan perdiendo la fe, mientras que otros la mantienen y la siguen cultivando? Es una paradoja que extraña a muchos de los que miran el fenómeno desde afuera. Y dar una respuesta general resulta prácticamente imposible, pues la fe y la pertenencia a la Iglesia católica son decisiones de conciencia enraizadas en la propia biografía, las circunstancias personales y las experiencias vividas. Así como el abandono de la fe y la deserción de la Iglesia católica también son decisiones de conciencia maduradas por razones personales perfectamente válidas.

Pero algo en que suelen coincidir los sobrevivientes del Sodalicio, tanto creyentes como no creyentes, es en el sentimiento de que la Iglesia católica ya no es un lugar seguro, donde se pueda reposar; una casa espiritual, donde todos sus integrantes se quieran y se aprecien como hermanos entrañables; un hogar donde encontrar refugio, protección y calor humano. Un hogar que alguna vez experimentamos, antes de ser secuestrados psicológicamente por el Sodalicio, quienes aún permanecemos católicos; un hogar que seguimos añorando y buscando entre los católicos de a pie, ya no entre las élites clericales, en una Iglesia entendida como Pueblo de Dios y no como estructura jerárquica clerical.

A conclusiones similares llegó en Alemania la estudiosa de las ciencias de la religión y filósofa Regina Laudage-Kleeber (1986- ) al publicar su libro “Católica sin hogar: De camino hacia una Iglesia que vuelva a ser un hogar” (“Obdachlos katholisch: Auf dem Weg zu einer Kirche, die wieder ein Zuhause ist”, Kösel-Verlag, München) en el año 2023, con reflexiones íntimas y personales sobre lo que significa existencialmente ser católico en las circunstancias actuales, cuando la Iglesia católica ha perdido mucho en credibilidad.

En las páginas iniciales de este honesto libro, confiesa lo siguiente:

«Ya no estoy dispuesta a aceptar los tres principales aspectos del desprecio hacia lo humano del catolicismo:

  • La violencia sexualizada, su facilitación, relativización y encubrimiento.
  • El sexismo estructural, es decir, la desigualdad de mujeres y personas no binarias en el acceso a cargos y a las responsabilidades de liderazgo asociadas.
  • La desvalorización sistemática de las personas queer, sus relaciones, su sexualidad.

¿Desertar de la Iglesia?

El ingenuo llamamiento de los católicos conservadores a que personas como yo simplemente deberían hacerse evangélicas o abandonar la iglesia si no nos gusta la doctrina, me deja fría como estudiosa de la religión.

La pertenencia a una religión no es algo que se pueda cambiar fácilmente: está vinculada a mucha biografía, a mucha historia personal. Todo eso no se borra simplemente con una deserción de la Iglesia o una conversión».

Katholisch.de, el portal oficial de noticias de la Iglesia católica en Alemania, publicó una entrevista a cargo de Angelika Prauss el 30 de marzo de 2023, donde Laudage-Kleeberg explica los motivos que la llevaron a poner por escrito su testimonio personal sobre haber perdido ese sentimiento de que la Iglesia católica era un hogar para ella y sobre la búsqueda espiritual que ello desencadenó.

A continuación, la traducción al español de esa entrevista.

Pregunta: Señora Laudage-Kleeberg, ¿cómo llegó a sentirse extraña en una Iglesia y una comunidad litúrgica que antes le eran tan familiares?

Laudage-Kleeberg: Fue un largo proceso, y aún sigo dentro de la Iglesia. La liturgia es para mí una gran fuente de fortaleza, y obtengo mucha energía positiva de los buenos servicios religiosos. Esa posibilidad desapareció durante la pandemia. A nivel profesional, he estudiado intensamente el tema de la deserción de la Iglesia, por lo que también puedo analizar este desarrollo desde una perspectiva académica. En mi libro relato la historia de este proceso de distanciamiento; la pandemia, sin duda, lo aceleró. Durante ese tiempo, noté cuánto extrañaba esos momentos litúrgicos reconfortantes; al mismo tiempo, se hicieron públicos más escándalos en la Iglesia. Cuanto más reflexionaba al respecto, más de cerca examinaba la Iglesia católica y me daba cuenta de cuántas cosas estaban andando mal. Y en algún momento, la balanza se inclinó…

Pregunta: ¿Qué la motivó a compartir su experiencia con otros a través de este libro?

Laudage-Kleeberg: En los últimos diez años se han escrito muchos libros inteligentes de debate sobre la Iglesia y sus problemas. A mí, personalmente, me faltaba una narrativa sobre ese sentimiento de no sentirse ya interpelado por la propia añoranza de recibir acogida. Por eso, muchos de nosotros estamos tan furiosos o amargados. Muchas personas de mi entorno fueron durante mucho tiempo católicos profundamente convencidos, algunos incluso muy comprometidos con la Iglesia. En algún momento, desertaron. Sin embargo, siguen ligados a la Iglesia católica de una manera intensa, aunque generalmente negativa, y continúan hablando de ello.

Pregunta: Usted escribe que uno no puede simplemente deshacerse de la fe como si fuera una prenda de vestir.

Laudage-Kleeberg: Exacto, al alejarse de la Iglesia, a menudo se genera un vacío. Las personas no saben qué hacer con sus añoranzas espirituales y su necesidad de encontrar refugio en un ritual. De esto se habla poco. Deseo que estas personas encuentren un lugar donde se sientan acogidas. También deseo un lugar así para mí.

Pregunta: Su libro probablemente refleja el sentir de muchos católicos decepcionados con la Iglesia. ¿Le consuela saber que no está sola en sus sentimientos?

Laudage-Kleeberg: Por supuesto, me alegra mucho la gran resonancia que hubo. Ya en las primeras semanas tras la publicación, un número increíble de personas se puso en contacto conmigo. Entre ellas, muchas personas desconocidas que se tomaron la molestia de buscar mis datos de contacto para escribirme. La mayoría dice: “Me siento tan impresionado, así me he sentido durante años. Solo que no tenía palabras para expresarlo…”

Pregunta: ¿Ha recibido alguna reacción de parte de la Iglesia?

Laudage-Kleeberg: No. Mi libro no pretende denunciar a las instancias oficiales, salvar o cambiar la Iglesia. Porque, en realidad, todo ya ha sido investigado y dicho, por ejemplo, en el proceso de reforma del Camino Sinodal. La Iglesia tendría que tomar decisiones, pero eso no está ocurriendo.

Pregunta: Usted escribe que no ha perdido su fe ni su identidad católica, pero sí su hogar religioso en la Iglesia, y por eso se considera “católica sin hogar”. ¿Cómo lo enfrenta personalmente?

Laudage-Kleeberg: Mi familia y yo celebramos servicios religiosos muy consciente y activamente con personas que valoramos. Durante la pandemia, comenzamos a hacer celebraciones litúrgicas con los vecinos en los rellanos de la escalera de nuestro edificio de apartamentos. Fue una apuesta arriesgada, ya que al principio no nos conocíamos tan bien. Me acerco de manera muy personal a las personas con las que me siento conectada religiosamente. Cuando siento que es apropiado, después de hacer las lecturas, ofrezco a la gente quedarse un momento en silencio juntos, cantar una canción o rezar una oración. A menudo, esto resulta una experiencia muy intensa.

Pregunta: Cada vez hay menos párrocos que puedan ofrecer misas. ¿No es necesario que las personas a las que todavía les importa la fe se vuelvan más activas y se organicen por su cuenta?

Laudage-Kleeberg: Mientras escribía el libro, me quedó claro: si quiero seguir viviendo mi catolicismo, debo ser mucho más activa y no puedo seguir en una actitud de consumo. En los últimos años y décadas, hemos confiado en que alguien esté al frente en el altar, actuando. Tenemos que salir de esa mentalidad consumista. Cada vez más creyentes reflexivos y maduros deciden no asistir a una mala celebración litúrgica. Al mismo tiempo, sienten una añoranza muy personal.

Pregunta: ¿Tiene algún consejo para estas personas?

Laudage-Kleeberg: Por supuesto, todavía hay buenas ofertas espirituales, pero hay que buscarlas bastante. Si no te lanzas solo, probablemente sea un poco más fácil. Deberíamos hablar mucho más en nuestro entorno sobre nuestras necesidades religiosas. Yo lo hago de manera consciente. A menudo me encuentro con otros católicos que se abren y cuentan su propia historia. A veces, primero sale la ira o la decepción con la Iglesia, pero luego, poco a poco, también los temas más profundos. ¿Por qué no concluir una conversación así con una oración espontánea en común, una canción o un momento de silencio? Por otro lado, vivir la espiritualidad con esta libertad no es, desde luego, para principiantes…

Pregunta: ¿Tiene alguna idea de dónde, además de en el ámbito privado, podría surgir un nuevo “hogar espiritual para los muchos con añoranzas”, como usted lo describe?

Laudage-Kleeberg: No tengo soluciones definitivas. Solo puedo sugerir que nos comuniquemos y nos acerquemos unos a otros. Porque mi experiencia actual me dice que somos bastantes. Como estudiosa de las ciencias de la religión, diría que la fe y el comportamiento religioso —al igual que el resto de la sociedad— se volverán cada vez más individuales. Por eso es importante hablar de ello y emprender la búsqueda juntos. Si encuentras aliados, agárrate fuerte a ellos. Nunca imaginé que algo litúrgico pudiera unirnos en nuestra comunidad de vecinos.

Pregunta: ¿Tiene alguna esperanza, de cualquier tipo, de que los católicos sin hogar puedan volver a encontrar un hogar en su Iglesia? ¿O ese tren ya se fue hace rato?

Laudage-Kleeberg: Mientras reflexionaba y escribía el libro, me di cuenta de que mi catolicismo no depende de si la Iglesia como institución hace bien su trabajo o no. Creo que ser católico —teológicamente y  desde la perspectiva de Dios— se concibe de una manera mucho más amplia. Este amor radical de Dios por los seres humanos es tan inmenso que podemos abandonarnos con tranquilidad.

[Música Maestro] Un clásico del rock en español que nadie conoce en Perú

Durante la última semana de agosto, comenzó a rondarme en YouTube un video de aproximadamente once minutos y medio titulado “Porsuigieco: histórico reencuentro a 50 años de su único disco” pero, por cuestiones diversas, no encontraba el tiempo para verlo con la atención que merecía tamaño acontecimiento. Y, como siempre ante esta clase de situaciones, me sentí integrante de una minoría cada vez más pequeña de personas capaces de reaccionar ante una noticia de este calibre.

Seguro muy poca gente, pensando en las inmensas muchedumbres que conforman esa abstracción llamada “público en general”, si acaso se lo encontraran por un accidente del algoritmo, podría reconocer la importancia de ese título, de presencia fija en las listas de reproducción de consumidores compulsivos de música como quien esto escribe. Pero, lamentablemente, a muchas personas de mi generación, incluso aquellas que se declaran fans del rock en español, la frase tampoco les dirá nada.

Ocurre que, para un sector muy extenso de público de este país, hombres y mujeres que tienen actualmente entre 40 y 60 años, el “rockas” -como algunos disc-jockeys de la época solían comprimir “rock en castellano”- comenzó recién en la década de 1980. La generación anterior, adolescentes durante el gobierno militar, poseedora de una vasta cultura musical que se cernía de contrabando en medio de las prohibiciones hacia todo aquello que fuera “extranjerizante”, fracasó en su intento de trasladar ese bagaje a los más jóvenes.

Por eso, una vez recuperada la democracia, solo comenzó a escucharse lo más notorio de aquel pasado oculto -los Beatles, los Stones, el pop-rock anglosajón- mientras que los grandes despliegues de talento que se vivieron en países como España, México y, especialmente, Argentina, se convirtieron en placer de minorías y, poco a poco, fueron desapareciendo de los radares del gran público y de las emisoras de música popular que se dieron a la tarea de segregar estilos hasta el punto de instalar la falsa creencia de que el rock era exclusivamente en inglés, mientras que el castellano era solo para baladas, boleros, salsas y sus correspondientes derivados.

PorSuiGieco reunió a cinco de los “padres fundadores” del rock argentino, acompañados por once inquietos y talentosos instrumentistas, todos entre los 16 y los 25 años. La aventura lanzada hace cinco décadas está siendo celebrada con una reedición de lujo y es titular de bandera en los medios argentinos más importantes. La noticia hincha el corazón de gusto, por la expectativa que produce escuchar este material remasterizado. Y también de sana envidia, tanto por el nivel artístico de Argentina en esos años como por la existencia de instituciones dispuestas a invertir tiempo, recursos tecnológicos y presupuesto para recuperar esas grabaciones aunque no tengan, parafraseando a Frank Zappa, ningún potencial comercial.

Buenos Aires, capital del rock en castellano

Desde los años sesenta, el pop-rock hecho en Argentina se perfilaba ya como el mejor de la región. Mientras los mexicanos se especializaban en traducir al castellano éxitos de Elvis Presley o Little Richard y los españoles producían toda una generación de brillantes baladistas -intérpretes y compositores- cuyo influjo se extendió a toda Hispanoamérica durante las tres décadas siguientes, en el país del tango fue creciendo una efervescente escena rockera sobre la base de artistas muy activos entre 1965 y 1968 como Sandro o el rosarino Litto Nebbia -al frente de su banda Los Gatos- que, para la segunda mitad de la década siguiente, era ya un universo profundo con una cofradía de creadores de alto nivel en todas las variantes derivadas del rocanrol.

Los desarrollos musicales de artistas como Luis Alberto Spinetta, primero con Almendra y, posteriormente, con Pescado Rabioso; y Charly García, al frente de Sui Generis, fueron la punta de un iceberg que guardaba muchas otras sorpresas: desde el blues guitarrero de Norberto “Pappo” Napolitano hasta el folk psicodélico de Pastoral, hubo una explosión de expresiones que se cruzaban unas con otras, un entramado artístico en constante competencia y colaboración, donde confluían folkloristas y experimentadores, trovadores y rocanroleros.

Nombres menos conocidos pero igual de importantes en esta evolución sonora fueron Manal, Billy Bond y La Pesada, Espíritu, Crucis, Alas, Arco Iris -de Gustavo Santaolalla-, Pedro y Pablo -los del imprescindible himno de protesta La marcha de la bronca (1970)-, Moris, Miguel Abuelo, entre muchos otros que compartían públicos con artistas menos ligados a la rebeldía rockera como La Joven Guardia, Palito Ortega, Leo Dan o exponentes de la canción social en clave de folklore como Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui o Facundo Cabral, extremadamente populares y que congregaban tanto a los jóvenes como a sus padres.

La gestación de PorSuiGieco

Para el bienio 1974-1975, esa luminosa escena gaucha estaba atravesando por una crisis, pero no por falta de creatividad sino por exceso de la misma. Mientras Luis Alberto “El Flaco” Spinetta reaparecía con dos sorprendentes álbumes de jazz-rock –Invisible (1974) y Durazno sangrando (1975)-, Charly García y Nito Mestre se despedían de su fervoroso público adolescente con dos conciertos a casa llena -30,000 espectadores por show- en el coliseo Luna Park, el 5 de septiembre de 1975, un hecho que quedó inmortalizado en dos discos y una película titulados Adiós Sui Generis.

Esa despedida había comenzado el año anterior, con su polémico tercer LP, Pequeñas anécdotas de las instituciones. La hiperactiva mente de Charly ya andaba pensando en volcar su obsesión con bandas como Genesis, Emerson Lake & Palmer y Yes en un grupo nuevo. Sin embargo, su alma de trovador lo llevó a reunir a su pareja y tres amigos para componer música que sintonizara con el sentimiento hippie y sirviera para crear momentos de intimidad acústica, pero con filo rockero.

En junio de 1974, el nuevo quinteto salió de gira por varios locales de Buenos Aires. El nombre original de este proyecto fue PorSuiGieco y su Banda de Avestruces Domadas, una combinación de elementos silábicos de los nombres de sus integrantes -Raúl (Por)chetto -en ese momento famoso por su álbum debut, Cristo Rock (1972), en el que había tocado piano García-, (Sui) Generis y León (Gieco)- y una parodia de La Banda de los Caballos Cansados, nombre del grupo que acompañaba a Gieco, quien ya tenía dos discos publicados. Cerraba la formación la cantante y pintora María Rosa Yorio, entonces pareja de Charly y madre de su primer hijo, Migue García.

La idea original consistía en hacer conciertos acústicos donde predominaran guitarras, pianos, flautas y armonías vocales. Sin embargo, el éxito de los recitales los convenció de grabar un álbum completo, con otros músicos de apoyo. Así, el sonido del grupo se amplió, mostrando tanto los aspectos suaves y pueriles del primer Sui Generis como sus últimas ideas progresivas, así como la onda esotérica de Porchetto y el estilo dylanesco de Gieco. Las doce canciones del álbum se grabaron entre mayo y junio de 1975 en los históricos Estudios Phonalex, con Jorge Álvarez en la producción. El LP, llamado simplemente PorSuiGieco, fue lanzado bajo el sello Music Hall en marzo de 1976, dos semanas antes de que la Junta Militar de Jorge Videla depusiera a la presidenta María Isabel “Isabelita” Martínez, tercera y última esposa de Juan Domingo Perón.

Todos los gritos fuertes nacen de la soledad…

Las canciones de PorSuiGieco poseen una atmósfera de espiritualidad y compromiso natural con la música, una actitud trovadoresca que venía inscrita en el ADN artístico de sus integrantes, que se refleja en letras surreales, románticas y de crítica social que aportan esencialmente Charly García y León Gieco, con cuatro firmadas por cada uno. Porchetto contribuye con dos temas mientras que Nito estrena su primera composición personal. En medio, una humorada tecnológica, Burbujas musicales, treinta segundos de una pastilla efervescentes mientras se disuelve en agua.

El álbum -cuya importancia inspiró en los noventa uno de los personajes del extravagante cómico Diego Capusotto, un hombre que vive estancado en la música antigua, “El Porsuigieco”- arranca con La mamá de Jimmy, blues-rock escrito por Gieco con la participación de dos futuros integrantes de La Máquina de Hacer Pájaros -el siguiente grupo de Charly-, José Luis Fernández (bajo) y Óscar Moro (batería) y el riff matador de Pino Marrone, entonces miembro de Crucis. Sigue la dulce Fusia, de Nito Mestre, donde un muchacho de 16 años llamado Leo Sujatovich que en los ochenta se haría integrante de Spinetta Jade, coloca finos arpegios de piano en este tema que podría haber entrado al primer disco de Sui Generis, Vida (1972).

Luego, León Gieco ataca de nuevo con Viejo, solo y borracho, una de sus composiciones más queridas, a la que pertenece la frase de este subtítulo. Posteriormente, el autor de Solo le pido a Dios nos vuelve a mostrar su estilo en otros dos clásicos de la música popular argentina, Todos los caballos blancos -que ya había presentado en su álbum debut, en 1973-, aquí en una versión más coral; y La colina de la vida, tema que muchos jóvenes noventeros descubrieron en la versión que hiciera el cuarteto punk Attaque 77 en su álbum de covers Otras canciones (1998).

Quiero saber dónde morir…

La voz lánguida y aguda de Raúl Porchetto, muy similar a la de Spinetta, destaca en los dos temas firmados por él, la acústica Mujer del bosque -con la armónica de Gieco en el medio- y la mini suite progresiva Las puertas de Acuario, de marchante intermedio, interesantes armonías vocales y afilados solos de Charly García en teclados -fuertemente influenciados por el estilo líquido de Don Preston en The Mothers Of Invention-, unidos a la virtuosa guitarra de Gustavo Bazterrica -después en La Máquina de Hacer Pájaros y, más adelante, miembro fundamental de Los Abuelos de la Nada. En ambas participan Frank Ojstersek (bajo) y Horacio Josebachvilli (batería), sección rítmica de Reino de Munt, banda que entonces lideraban Porchetto -recordado aquí por su éxito de 1986 Bailando en la vereda– y un joven tecladista, Alejandro Lerner.

Uno de los puntos más altos del disco es la canción Tu alma te mira hoy, letra del poeta Mario Piégari y música de Charly, cercana al soft-rock de bandas como Ambrosia, Seals & Crofts o Steely Dan con uso de frescas percusiones, además del sutil trabajo de guitarras acústicas y teclados. La voz suave y rotunda de María Rosa Yorio brilla en Quiero ver, quiero ser, quiero entrar. Charly y María Rosa eran pareja en ese tiempo, una química reflejada en el intenso diálogo de voz y piano de esta romántica y profunda melodía de nostalgia por un amor que termina.

Antes de gira es otra genial pieza de Charly García, de letra melancólica y sentimental. Musicalmente parece tres canciones en una, pues tiene una primera parte acústica que recuerda a otras canciones de su catálogo como Seminare (Serú Girán, 1978), Alto en la torre (single de Sui Generis de 1975) y Tribulaciones, lamento y ocaso de un tonto rey imaginario, o no (Confesiones de invierno, 1973). Sigue una breve sección coral para finalmente dar el salto hacia una coda instrumental en la que brillan con luz propia Charly en los teclados y el bajista Alfredo Toth, ex integrante de Los Gatos que, en los ochenta, se convirtió en la “T” de G.I.T.

La cereza del pastel en PorSuiGieco es El fantasma de Canterville, tema bluesero que, en la línea de las canciones escritas por Charly para Pequeñas anécdotas de las instituciones, contiene varios dardos hacia la situación política argentina, los convencionalismos sociales y la crisis que se estaba gestando durante los últimos meses del tercer peronismo.

Aunque García la había pensado para cedérsela a León Gieco, la estrenó en los conciertos finales del Luna Park, como quedó evidenciado en la película de 1976. Sin embargo, esa toma en vivo no fue incluida en los vinilos Adiós Sui Generis, por lo que la versión de PorSuiGieco fue la primera grabación oficial de esta canción, cuyo título es una referencia directa al cuento de Oscar Wilde publicado en 1887. Gieco volvió a grabarla en su quinto LP, lanzado dos meses después.

En 1996, en el CD Adiós Sui Generis III que recopila canciones nunca antes escuchadas de esos conciertos, todos escuchamos por primera vez aquella versión en vivo en que Charly la presenta como “una canción que habla de la pálida, loco…”, en alusión al personaje que ha muerto “muchas veces acribillado en la ciudad”. Un clásico de letra e intención plenamente vigentes en el mundo actual. En la edición original de PorSuiGieco, El fantasma de Canterville no fue mencionada en el listado de canciones para evitar la censura, por lo que se le considera el primer “hidden track” de la historia del rock en nuestro idioma.

El valioso trabajo del INAMU

El Instituto Nacional de la Música-INAMU es una entidad público-privada creada en Argentina en el año 2013 que recibe, al amparo de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), un porcentaje del impuesto que pagan todos los operadores de medios de comunicación y publicitarios para promover actividades de conservación, difusión y producción de artes televisivas, radiales, teatrales y musicales.

En el caso del INAMU, uno de sus logros más notables fue la recuperación del catálogo discográfico del sello Music Hall y sus filiales Sazam y TK, consistente en más de 2,500 grabaciones, que se encontraban almacenadas y sin poder usarse tras el cierre de estas compañías administradas por la sociedad anónima Sicamericana, en quiebra desde 1993. Desde la recuperación legal, el 2016, el INAMU ha promovido la reedición, remasterizada y mejorada, de discos clásicos del pop-rock argentino, como los dos primeros álbumes de Serú Girán -Serú Girán (1978) y La grasa de las capitales (1979)-, los siete álbumes de Pappo’s Blues, lanzados entre 1971 y 1978, entre otros.

En esa línea, el 28 de julio de este año, el INAMU convocó a Charly García (73), Nito Mestre (73), León Gieco (73), Raúl Porchetto (75) y María Rosa Yorio (70) para escuchar juntos la reedición de PorSuiGieco, en los estudios Crazy Diamond. Este relanzamiento es en vinilo y CD, incluye versiones remezcladas de El fantasma de Canterville y La mamá de Jimmy, un folleto especialmente diseñado para la ocasión, entrevistas y fotografías inéditas. El video de YouTube con imágenes del emotivo reencuentro fue publicado el 14 de agosto y tiene ya más de 230 mil reproducciones.

[ENTRE BRUJAS] La intervención de Dina Boluarte en la Asamblea General de las Naciones Unidas ha dejado más sombras que luces. Su discurso, presentado en la cuna de los derechos humanos, no solo los desconoce: los distorsiona y los ataca de manera burda.

Boluarte habló de discursos de odio, de totalitarismos y de falsos relatos que —según ella— destruyen la democracia. En otro contexto, podría sonar convincente. Pero escuchar estas palabras de una presidenta que ha pactado con sectores xenófobos, machistas y racistas, y que tolera la impunidad del crimen organizado, solo revela un cinismo difícil de digerir.

En su narrativa, las protestas ciudadanas no son expresiones legítimas de descontento: son obra de “terroristas” y “extremistas”. Con esa etiqueta, le resulta fácil criminalizar la protesta y acallar voces críticas, especialmente en las regiones históricamente marginadas.

La igualdad de género es otra piedra en su zapato. Por eso ha tejido alianzas con los sectores más fundamentalistas del país, buscando desmontar avances y desconocer la evidencia científica que cuestiona la exclusión estructural. Promueve enfoque únicamente “familista”,  en el que las mujeres dejan de ser sujetas de derechos para convertirse en meras piezas funcionales de un modelo conservador.

Aunque no lo dijo en voz alta, su concepto de “ideologías de odio” parece englobar a la propia igualdad de género. Y lo expresó nada menos que en la sede de la ONU, institución que ha puesto la igualdad como principio universal y que consagra, en el ODS 5, la meta de empoderar a mujeres y niñas. La paradoja raya en lo insultante.

El cinismo fue más allá cuando defendió la Ley de Amnistía. No se esperaba que la reconozca como lo que es: un atentado contra los derechos humanos y una afrenta a las víctimas; pero se atrevió legitimar a quienes cometieron crímenes de lesa humanidad y que nada tuvieron que ver con la lucha contra el terrorismo. Nadie niega que esta si fue una ideología de odio y violencia que arrasó el país, pero ampararse en esto para desplegar horror no puede ser justificado.

Boluarte así justificó lo injustificable.

Pero lo más sorprendente fue escucharla proclamarse defensora de la democracia, asegurando que en el Perú existe Estado de derecho y separación de poderes. La realidad desmiente sus palabras: un Tribunal Constitucional sin independencia, una Defensoría sin liderazgo autónomo, una Junta Nacional de Justicia intervenida, una Fiscalía bajo presión y un Congreso aliado incondicional del Ejecutivo. El colapso democrático comienza cuando los poderes del Estado dejan de ser contrapesos, y en el Perú eso ya es una realidad.

Boluarte también habló de la necesidad de reformar a la ONU para “adaptarla a los tiempos actuales”. ¿Se refiere a los tiempos de autoritarismo y discursos de odio? , ¿A los tiempos en que se criminaliza a migrantes, mujeres y defensores de derechos? Una verdadera reforma solo puede partir del respeto a los principios fundacionales de la organización, no de su claudicación frente a las fuerzas que buscan socavarlos.

En su discurso, dedicó apenas unas frases a las mujeres y niñas. Lo justo para la foto, para la ovación diplomática. Detrás de las palabras vacías se esconde una política concreta: retroceder en derechos, debilitar la igualdad y reducir la agenda de género a un eslogan sin contenido.

El discurso en la ONU fue una muestra clara de que el autoritarismo no siempre se presenta con gritos y uniformes; a veces llega disfrazado de “defensa de la democracia”.

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