Opinión

La violencia sexual es asunto de poder. Una forma criminal de humillar, de poseer un cuerpo que se desprecia y sobre el cual se quiere reafirmar la superioridad.

Es decir, los ataques sexuales no tienen que ver con los deseos sexuales, ni con una libido irrefrenable.  Se relaciona directamente con una conducta que refleja el odio y despojo de la humanidad de la otra persona, a quien solo se le considera como un objeto de abuso, desprovisto de derechos.

Es una cruel expresión del patriarcado feroz, que invade el cuerpo y lo subyuga, vulnerando un aspecto profundamente íntimo y privado como es la sexualidad. 

Las principales víctimas de violaciones sexuales son las mujeres, especialmente las niñas, niños y adolescentes. Cuyos cuerpos vulnerables y estigmatizados son abusados. Sin embargo, el abuso sexual es también una práctica utilizada entre varones en espacios en donde se requiere reafirmar una masculinidad hegemónica, patriarcal y abusiva. 

La violación sexual es utilizada como castigo patriarcal, como forma de reafirmar poder incluso entre hombres. El origen perverso es el mismo.

Así, hechos recientemente conocidos como la denunciada violación sexual múltiple contra un estudiante en la escuela de suboficiales de la Policía Nacional del Perú -que se ha hecho pública- es indignante y lamentablemente no es una práctica aislada. 

Según la víctima, este hecho quiso justificarse como “una tradición” de quienes conforman o pretenden conformar la institución pública. La víctima no recibió un apoyo inmediato y, por el contrario, superiores trataron de persuadirle apelando a que los agresores tenían una familia detrás que se vería perjudicada y que el caso no debería volverse un “escándalo”. Lo cual es cruel e inadmisible.

Infelizmente, aunque son pocos los hechos denunciados, sumando que para los hombres hay estigmatizaciones directamente relacionadas a la masculinidad hegemónica, se sabe que estás prácticas han existido (y al parecer persisten) como rituales de iniciación en las fuerzas armadas y la Policía Nacional del Perú. 

Estos hechos deshumanizantes vulneran derechos fundamentales, dejando graves secuelas en las víctimas que, de acuerdo a los estándares internacionales de derechos humanos, muchas veces pueden ser equiparables a la tortura.

Urge que estas denuncias se investiguen, se sancione a los responsables, se proteja a quien denuncia de manera inmediata y se implementen medidas para la no repetición de estos hechos, en los espacios de formación como las escuelas de oficiales y suboficiales. 

El Estado tiene que erradicar, efectivamente, estás prácticas en todas sus instituciones, incluyendo los espacios formativos de la Policía Nacional del Perú y de todas las escuelas vinculadas a las Fuerzas Armadas. Esta es una obligación ética y legal.  Al no hacerlo y mantenerse indiferente, las autoridades se convierten en cómplices de un crimen atroz.

La violencia sexual es un asunto que el Estado debe prevenir, centrando sus esfuerzos no solo en la sanción (que es sumamente relevante) sino además en la prevención. Esto último involucra un trabajo a nivel de todo el Estado y la transformación de aquellas masculinidades patriarcales hegemónicas, que tanto hace sufrir a las mujeres y también a los hombres. 

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NoMásAbusoSexual, NoMásViolencia

¿Cómo puede manipularse tanto la opinión publica pretendiendo bautizar como la ley del perro muerto” al proyecto de ley de viabilidad de los equipos profesionales de fútbol, si la norma precedente ha permitido que el club más popular del balompié nacional empiece a salir a flote, luego de años de malos manejos, y -lo que es más importante- empiece a pagar sus deudas?

Universitario de Deportes ha pagado 35 millones de soles de deuda corriente en tres años y está a la espera de que el Pleno del Congreso ratifique lo aprobado en la Comisión de Economía, para plantear un cronograma de pagos no solo del resto de la deuda corriente sino también de la deuda concursal.

Sorprende la alianza espúrea de Gremco y Alianza Lima para socavar este proyecto de ley, cuando uno ha sido el artífice principal del descalabro financiero y deportivo de la U y el otro, a pesar de manejarse a través del Fondo Blanquiazul hace cuatro años, no ha reducido su deuda prácticamente en nada, contrastando con lo hecho por la administración de Jean Ferrari.

Cabe preguntarse con propiedad si la intención del Fondo Blanquiazul no radicaría acaso en nunca pagar su deuda para seguir manejando el club a su antojo, a diferencia de la U que, en plazo determinado, si se aprueba, como se espera, esta ley, termine devolviéndole el club a sus verdaderos dueños, los socios.

El fútbol mueve pasiones y bien manejado constituye una amalgama social sin parangón en la realidad social peruana. El Congreso tiene la palabra en un momento clave para enrumbar el deporte estelar del país y empezar a dar los pasos para sanear lo que era, hasta no hace mucho, un dolor de cabeza que no hallaba visos de solución.

Alianza Lima deshonra su tradición deportiva, sumándose al cargamontón irracional contra un proyecto cuyo único nombre propio es el fútbol peruano en su conjunto. Su actual administración ya ha hecho gala en innumerables ocasiones de una mezquindad y de una conducta antideportiva que le hace daño al fútbol peruano. El Congreso no puede hacer eco de esa mala entraña de algunos malos dirigentes, llegados al control de un maravilloso club como el victoriano, por el azar del dinero.

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Alianza Lima, fondo blanquiazul, gremco

Es tan enrevesado el camino que les quedaría por delante a Keiko Fujimori y su padre Alberto, que se torna difícil imaginarlos de protagonistas de una campaña electoral normal. A ellos solo les convendría el escenario de una centroderecha hiperfragmentada y uno o dos candidatos radicales que metan miedo a la mitad del país.

Inclusive, podría uno pensar que la estrategia de Keiko es levantar la figura del padre para volver a cosechar del albertismo, como lo hizo el 2021, a sabiendas de que el panorama judicial de su progenitor es más complicado que el suyo (el caso cocteles se va a caer en primera instancia judicial, no tiene ni pies ni cabeza). En cambio, el de su padre, con el caso Pativilca y la reciente ampliación de la extradición, además de los problemas de salud propios de su edad, navega cuesta arriba.

El fujimorismo tiene un núcleo duro de 8 o 9%, que normalmente debiera colocarlo fuera de la carrera por la segunda vuelta, pero si ya el 2021, con cinco candidatos de centroderecha, le alcanzó para pasar a la jornada definitoria, en ésta, del 2026, con veinte, le sobraría para poder hacerlo.

Ello sería una desgracia política para el país. El fujimorismo es un monstruo del pasado que no dio el paso de convertirse en un movimiento liberal popular; Keiko Fujimori conservadurizó el movimiento y generó una antipatía mayor que la de su propio padre, que ya es y era bastante grande.

Lo más probable es que una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Antauro Humala o Guido Bellido, conduzca al triunfo de la opción radical. Con tamaño antivoto keikista, la lideresa de Fuerza Popular debería repensar su candidatura y optar, más bien, por sumarse a alguno de los esfuerzos de integración multipartidaria que se están cocinando (como parte de un frente, el antikeikismo se diluiría).

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elecciones 2026, Fujimori

[TIEMPO DE MILLENIALS] Las bolsas de plástico se han convertido en un producto habitual en nuestro día a día, pero su impacto en el medio ambiente es un problema a escala global. Esto ha llevado a que el 3 de julio de cada año se celebre el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, con el objetivo de reducir las bolsas de plástico de un solo uso y fomentar su consumo responsable por el daño que causan al medio ambiente. 

La información que se maneja señala que en el mundo se utilizan 5 billones de bolsas al año, casi 10 millones de bolsas por minuto y 8 millones de toneladas de plástico se vierten a los océanos afectando al 99% de aves.

El consumo excesivo de plástico y la mala gestión de estos residuos son una amenaza para nuestra naturaleza y sus ecosistemas. Los mares y océanos son el lugar donde acaban gran parte de estos contaminantes que afectan tanto a la calidad del agua como a la supervivencia de miles de especies que habitan en estos entornos.

El Día Internacional sin Bolsas de Plástico busca reflexionar e impulsar medidas que frenen la producción y consumo irresponsable de este material tan contaminante. A través de la celebración de este día, se pretende animar a la población a replantearse sus hábitos en torno al uso que le dan a las bolsas de plástico, a la vez que son conscientes de la importancia de caminar hacia el consumo responsable. 

Por lo anterior, Perú se sumó a la lucha contra la contaminación y el 20 de diciembre de 2018 entró en vigencia la Ley No. 30884,  Ley que regula el plástico de un solo uso y los recipientes o envases descartables que busca regular la fabricación, importación, distribución y consumo de plásticos de un solo uso (o descartables), como bolsas, cañitas, tecnopor, entre otros, con el fin de proteger el ambiente y la salud de la contaminación generada por los residuos que dejan estos productos.

 

[LA COLUMNA DECA(N)DENTE] En las democracias de hoy en día, la consulta a los ciudadanos y ciudadanas para destituir de sus cargos a una autoridad democráticamente elegida se presenta como una herramienta esencial. La revocatoria lejos de ser una mera formalidad tiene una relevancia crucial en la dinámica política y social de los sistemas democráticos.

En primer lugar, la revocatoria es un pilar fundamental para la responsabilidad y la rendición de cuentas. Las autoridades electas, como gobernadores, consejeros regionales, alcaldes y regidores, conscientes de que su permanencia en el cargo depende de la percepción ciudadana de su desempeño, están incentivadas a cumplir con sus promesas y a actuar para lograr el bienestar ciudadano. Esta constante vigilancia ciudadana garantiza que dichas autoridades no se desvinculen de las demandas y expectativas, no solo de quienes los eligieron, sino también de aquellos que no.

Además, este mecanismo promueve la participación ciudadana. En una democracia que se precia de ser representativa, la interacción de los ciudadanos con el proceso político no debe limitarse al acto de votar cada pocos años. La posibilidad de convocar una revocatoria anima a los ciudadanos a mantenerse informados y activos en la vida pública, reforzando su sentido de responsabilidad sobre las autoridades elegidas.

Otra ventaja significativa es la corrección de errores. En ocasiones, las elecciones pueden producir resultados insatisfactorios para la mayoría del electorado, ya sea porque el candidato electo no cumple con sus promesas o porque surgen situaciones imprevistas. La revocatoria ofrece una vía democrática para rectificar estos errores sin tener que esperar al final del mandato.

Asimismo, este mecanismo actúa como un freno contra el abuso de poder. Las autoridades electas, conscientes de la posibilidad de una revocatoria, están menos inclinadas a actuar de manera autoritaria o contraria a los intereses de la ciudadanía. La amenaza de una revocatoria sirve como un recordatorio constante de que su legitimidad y permanencia en el cargo dependen de su comportamiento y desempeño.

Aunque pueda parecer paradójico, la posibilidad de una revocatoria puede contribuir a la estabilidad social y política. Cuando los ciudadanos cuentan con un canal institucional para expresar y resolver su descontento, se reducen las probabilidades de que recurran a protestas violentas o a conflictos sociales prolongados. Este mecanismo ofrece una salida pacífica y democrática para el descontento ciudadano, facilitando una gobernanza más estable y ordenada.

Todo esto ha llevado a que los ciudadanos y ciudadanas de Lima y Miraflores, por ejemplo, se organicen y promuevan las revocatorias de los alcaldes Rafael López Aliaga y Carlos Canales, de Lima y Miraflores respectivamente. Con entusiasmo, alegría y la voluntad de cambiar las cosas en sus jurisdicciones, recogen las firmas necesarias para que las revocatorias sean posibles. Este proceso no solo refleja el descontento con las actuales administraciones municipales, sino también el compromiso de la ciudadanía con la democracia participativa. La recolección de firmas ha fomentado un mayor diálogo entre los vecinos y una conciencia ciudadana sobre la importancia de la participación activa en la política local.

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Alcaldes, Carlos Canales, Lima, Miraflores, Rafael Lopez Aliaga, Revocatoria

Lo sucedido recientemente en Bolivia debe ser una clarinada de alerta en la región respecto de los riesgos de un retorno del militarismo golpista. La insatisfacción con la democracia es tan alta, que una cúpula militar irresponsable puede pergeñar la idea de que una toma violenta del poder podría ser bien recibida por la ciudadanía.

En 1978 marcamos un récord, había catorce dictaduras simultáneas en la región. En Cuba (Fidel Castro), Nicaragua (Somoza), Paraguay (Stroessner), Guatemala (Lucas García), Argentina (Videla), Chile (Pinochet), Honduras (Junta Militar), Brasil (Junta Militar), Bolivia (Bánzer), Haití (Duvalier), Panamá (Torrijos), Uruguay (Aparicio Méndez), Ecuador (Junta Militar) y Perú (Morales Bermúdez). 

El siglo XXI nos agarró en medio de una primavera democrática, solo rota por Cuba y Nicaragua, pero las democracias le han fallado a las expectativas de la ciudadanía de una manera terrible. En el caso del Perú, cuando en 1980 salimos de la dictadura militar de Velasco y Morales Bermúdez, el país respiraba optimismo y se mostraba exultante respecto del futuro. Fue, sin embargo, esa década, la peor de la historia peruana reciente, en cuanto a crisis económica y desplome del Estado por la violencia terrorista.

En los 90, llega al poder Alberto Fujimori, como síntoma de la crisis y él mismo rompe la continuidad democrática al perpetrar el autogolpe de 1992, con una enorme cuota de popularidad. Hoy las encuestas ratifican que Alberto Fujimori sigue gozando de simpatías y que mucha gente vería con solaz que se produzca un golpe militar que ponga orden en la casa democrática alborotada, consecuencia de una transición fallida en reformas estructurales necesarias.

Abortó felizmente lo de Bolivia, pero ya la semilla está plantada y no faltará algún engalonado local que crea que es su momento de gloria y que puede imponer el peso de las armas sobre los votos y el sistema de contrapeso de poderes de la democracia, ya encima muy dañado por un Congreso abusivo y mediocre que está destruyendo la endeble institucionalidad democrática del país, reconstruida a trompicones desde principios de siglo.

Hay que estar alertas. Con todos sus inmensos defectos, la democracia representativa es la mejor compañera de un sistema capitalista competitivo. Su divorcio es siempre causa de males mayores que los que su difícil convivencia puede albergar.

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Una buena noticia es que la centroderecha se está moviendo. Fernando Cillóniz, Carlos Añaños (sorpresivas, en el buen sentido, sus últimas apariciones mediáticas), Keiko Fujimori, Roberto Chiabra, Rafael Belaunde, Hernando de Soto, etc., empiezan a calentar la campaña.

Falta aún mucho trecho por recorrer y se espera que se consoliden alianzas, pero ya de por sí es alentador que veamos un panorama preelectoral en el que no se le deja la iniciativa monopólica a la izquierda radical (ojo con Bellido, que no solo Antauro es el peligroso).

El Perú tiene que ir por la ruta de la derecha, por lo menos un par de gobiernos sucesivos para aspirar a que, si lo hacen bien, encontremos una salida definitiva a la crisis económica, volvamos a los niveles de crecimiento que permitieron la reducción de la pobreza, y que esta vez se haya aprendido de los errores de la transición post Fujimori, que dejó en el abandono reformas cruciales, como las de la seguridad ciudadana, la salud y la educación públicas, la regionalización , la reforma profunda del Estado.

Si eso se logra, el país será otro, seremos nuevamente un ejemplo mundial de crecimiento y fortaleza macroeconómica, pero le habremos agregado pasos para constituirnos en nación al borde de ser desarrollada. Con diez años de dos buenos gobiernos derechistas se habrá logrado asentar las bases para que nunca más el riesgo de un candidato antisistémico reaparezca.

Eso pudo haber ocurrido cuando ganó PPK, quien, si lo hacía bien, apoyado por el keikismo, habría provocado que Keiko Fujimori le hubiera sucedido el siguiente periodo y habíamos tenido esa década sostenida de políticas promercado. Pero la mezquindad de Keiko y la frivolidad de Kuczynski tiraron por la borda lo que hubiera sido un logro histórico.

Tenemos el 2026 una nueva oportunidad, esta vez apremiante, de que así ocurra. Apremiante porque los fracasos políticos de la transición han anidado un sentimiento antiestablishment poderoso, que llevó a Castillo al poder el 2021 y podría volver a llevar a otro semejante el 2026, si la derecha y el centro no logran sumar esfuerzos y evitar la corrosiva fragmentación que hasta hoy se aprecia, pero que, al parecer, empieza a dar paso a esfuerzos de conjunción.

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[EL DEDO EN LA LLAGA] Los abusos sexuales en perjuicio de niñas y adolescentes de las etnias awajún y wampi por parte de maestros de escuela, ¿se pueden considerar “prácticas culturales”, como han insinuado el Ministro de Educación Morgan Quero, la Ministra de la Mujer Ángela Hernández y el Presidente del Consejo de Ministros Gustavo Adrianzén? ¿Están tan deshumanizados que no han tomado conciencia de las trágicas consecuencias de por vida que puede tener un abuso sexual, sobre todo cuando se da en una relación asimétrica donde no puede haber un consentimiento plenamente libre de parte del menor frente a quien ostenta autoridad? ¿No será que señores y señoras como los mencionados han vivido rodeados de tantas otras “prácticas culturales” en torno al sexo, que ya no son capaces de distinguir entre la paja y el trigo, relativizando y banalizando el tema de la sexualidad humana, tema sobre el cual no se habla abiertamente con seriedad en un país donde anteriormente a 1996 apenas hubo educación sexual en los programas educativos del Estado peruano? Esa ignorancia parece ahora pasarles factura.

Sería bueno refrescarles la memoria sobre algunas “prácticas culturales” de la sociedad limeña en la cual crecí y que ahora serían consideradas abusos, e incluso hasta delitos. Una sociedad limeña conservadora que, en cuestiones de sexualidad, siempre ha estado muy lejos del ideal de decencia que ella misma proclamaba. Como decía una tía abuela mía refiriéndose a la Lima antigua, «la mujer tiene que estar contenta con ser la catedral, aunque el marido tenga muchas parroquias». O como alguna vez me dijo mi padre, no obstante un hombre bueno, la única vez en que mencionó algo sobre sexualidad: “Hay mujeres para casarse y mujeres para lo otro”.

¿Es una práctica cultural que un profesor peruano de geografía, contratado en el colegio alemán, se ponga al lado de la escalera para poder mirar debajo de las faldas de las alumnas cuando éstas sube corriendo a la planta alta una vez terminado el recreo? Se trata de una práctica que nunca tuvo consecuencias para este docente, por lo menos mientras yo estudié en ese colegio

El cineasta español Eloy de la Iglesia retrató en 1983 en su película “El pico” —término con el que se designa en España el pinchazo con una jeringa de heroína— el descenso del hijo de una familia católica conservadora de Bilbao en el infierno de las drogas. El padre, un comandante de la Guardia Civil, le hace un regalo insólito a su hijo por su cumpleaños: lo lleva a un burdel de lujo para que se inicie en el sexo con una prostituta refinada. Le dice a su hijo que su padre había hecho lo mismo con él. Práctica cultural que también se daba en algunos casos en la Lima que conocí de adolescente, lo cual aparece también escenificado en la película peruana “No se lo digas a nadie” (1998) de Francisco J. Lombardi. Sólo que esta vez la ocasión para esta recompensa es la graduación escolar del protagonista.

¿Es una práctica cultural lo que se escuchaba y se veía de los hombres maduros que rondaban en sus automóviles las inmediaciones del Parque Kennedy en Miraflores para recoger a algún muchacho con el cual tendrían una noche de placer? ¿Es una práctica cultural que un hombre mayor aborde a un muchacho de quince años de edad para invitarlo, en tiempos en los que no había Internet, a ver pornografía en su departamento? Cómo me ocurrió a mí en el año 1978 cuando salía un domingo del desaparecido Colegio Marcelino Champagnat, en cuya capilla el Sodalicio celebraba sus misas dominicales. El sudoroso cuarentón huyó cuando lo llamé “pervertido” a gritos. ¿O debí aceptar la invitación y ver lo que pasaba después, pues podría tratarse solamente de una inocente práctica cultural?

¿Es también una práctica cultural que las empleadas domésticas fueran utilizadas en ocasiones como conejillos de indias para la iniciación sexual de los hijos varones de la casa? ¿Han habido jamás denuncias por hechos como éstos?

¿Es una práctica cultural que la iniciación sexual se realice a través de relaciones incestuosas, mayormente entre primos? ¿O que la familia sea uno de los lugares más peligrosos para la integridad sexual de los menores, pues allí ocurren una gran parte de los abusos, donde el abusador puede ser el padre, el padrastro, el tío, el primo o inclusos familiares de sexo femenino?

El problema es similar en Alemania. Hay y han habido prácticas sexuales ocultas durante un tiempo en que no se hablaba abiertamente de de esos temas. Y eso se puede graficar a través del caso del pseudodocumental “Schulmädchen-Report” —en traducción literal “Reporte de colegialas”, aunque en español se conoce como “Las colegialas se confiesan”—, basado en un libro homónino de Günther Hunold, publicado ese mismo año, que presentaba entrevistas con doce chicas y mujeres jóvenes de entre 14 y 20 años sobre su sexualidad. “Schulmädchen-Report” tuvo más de 6 millones de espectadores en Alemania, y seguirían doce secuelas, mostrando el interés y la curiosidad que había sobre la sexualidad, una especie de “terra incognita” en esa época. Sin embargo, no sólo algunas escenas que involucraban a menores de edad o que relativizaban la violación y el incesto eran cuestionables —motivo por el cual las versiones completas de los filmes están actualmente censuradas en Alemania—, sino que el mismo reclutamiento de la jóvenes mujeres que aparecen en los filmes tienen apariencia de “prácticas culturales”. Las jóvenes actrices, generalmente desconocidas, que interpretaban a las “colegialas” del título, no eran las “niñas de escuelas secundarias y superiores, y sus amigos” que aparecían en los carteles de la película como “participantes”, sino principalmente vendedoras de tiendas por departamentos de entre 16 y 19 años, a quienes se les ofrecía una paga diaria de 500 marcos (en comparación con un salario mensual aproximado de 600 a 800 marcos en la tienda).

Regresando a Lima, también existe en muchos una visión ambigua de la violación y no hay plena conciencia de que se trate de una vulneración del derecho a la autodeterminación sexual y a la libertad de las personas involucradas. Como decía una padre de familia que tenía un hijo sodálite: «Cuando la violación es inminente, relájate y disfruta». El placer nunca justifica ni redime un acto que es manifestación de violencia, y que en el futuro puede traer consecuencias nefastas en la vida de una persona, incluyendo en algunos casos el suicidio.

Antes de llamar “prácticas culturales” a hechos de violencia sexual que han sido debidamente denunciados, los ministros de Estado deberían volver sus ojos hacia las “prácticas culturales” que todavía subsisten en una Lima que ellos consideran más desarrollada que las localidades de los pueblos amazónicos. Antes que mirar la paja en el ojo ajeno, hay que mirar la viga en el propio ojo y comenzar por casa. Sería un primer paso para combatir la plaga de los abusos sexuales sin minimizarlos ni relativizarlos.

Soñar con ser director de orquestas sinfónicas en este país de reggaetoneros que celebran sus cumpleaños y despiden a sus muertos a balazos debe generar una sensación de inmensa soledad y desubicación, como si de repente un joven amante de la literatura se viera a sí mismo sentado a la mesa con la Comisión Permanente del Congreso -con un par de Acuñas de invitados de honor- manejando con delicadeza sus tenedores mientras los demás gruñen y sacuden las cabezas dentro de sus platos con fragmentos y salsas de colores por toda la ropa y las manos. O como si, caminando por un basural uno se encontrara, de repente, un diamante.

Quizás fue por eso que Dayner Tafur Díaz tuvo que emigrar, huir de este país de miserias, siendo aun muy joven, para labrar a pulso su sueño de sostener con fuerza una batuta y guiar a sus músicos, ejecutando firmes movimientos corporales y mirándolos fijamente, para que esa máquina llamada orquesta, que puede llegar a tener 100 o 120 piezas -cada una con sus propias emociones, sus propias reacciones somáticas, sus propios buenos o malos días- suene como una sola cosa. Puede ser un plácido interludio de Mozart o una tormentosa pieza de Wagner. No importa. La conexión mística entre director e instrumentistas, si es la correcta, puede crear memorables interpretaciones que, en un solo recital, recorrerán con fluidez y naturalidad todo el espectro de los sentimientos humanos.

La mezquina y efectista cobertura que la prensa convencional le ha dado a Tafur Díaz, brevísima si la comparamos con las interminables páginas y minutos que le dedican a la vida y milagros de faranduleros y futbolistas que nada bueno hacen por la autoestima nacional, me hizo retroceder tres décadas para recordar a otro director de ensambles de música académica nacido en el Perú que, sin internet ni redes sociales, llegó a tener su entrevista en El Comercio y su reportaje en Somos para luego desaparecer del imaginario colectivo popular. Miguel Harth-Bedoya llegó al Perú luego de estudiar en las prestigiosas escuelas de música Curtis Institute de Philadelphia y Julliard de New York, Estados Unidos, para dar unos cuantos conciertos en el auditorio del antiguo Museo de la Nación y colaborar con la formación de la Orquesta Filarmónica de Lima. Precisamente, aquellas presentaciones motivaron que la prensa le dedicara algunos pequeños espacios a Harth-Bedoya, hijo de la maestra y directora de coros escolares y universitarios Luchy González, muy conocida en los elitistas cenáculos limeños dedicados a la música clásica (los más memoriosos la recordarán como la creadora del coro de la desaparecida línea aérea nacional Aeroperú). 

Hoy, salvo los conocedores y melómanos de siempre, algunos periodistas y los fieles oyentes de Radio Filarmonía, nadie sabe quién es Miguel Harth-Bedoya, a pesar de la brillante carrera que ha tenido, como pupilo del japonés Seiji Ozawa (fallecido en febrero de este año a los 88) y protegido del finés Esa-Pekka Salonen (65) -uno de los directores de la segunda mitad del siglo XX más reconocidos internacionalmente- quien lo promovió para que se haga conductor de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles, entre otros logros artísticos que aquí, por supuesto, pasaron desapercibidos para el gran público que vibra de emociones patrióticas cuando la selección de fútbol empata. Me temo que algo de eso le sucederá a Dayner Tafur Díaz quien tiene exactamente la misma edad que tenía Harth-Bedoya en aquel lejano 1994, 26 años.

Por supuesto, no sería racional esperar que los directores de orquesta tengan la misma popularidad masiva de la cual gozan, por ejemplo, los cantantes de cumbia, pop-rock, salsa o reggaetón. Nunca lo han sido. El asunto es que antes, por lo menos, existían dentro de un esquema de difusión en el que incluso los niños eran expuestos a diversas formas musicales. Por ejemplo, para quienes fuimos niños o adolescentes durante los años ochenta, antes de saber quiénes fueron Arturo Toscanini (Italia, 1867-1957), Herbert Von Karajan (Austria, 1908-1989), Leonard Bernstein (EE.UU., 1918-1990) o Daniel Barenboim (Argentina, 1942), la figura del director de orquesta quedó instalada en nuestros cerebros a través de dibujos animados. 

Podía ser de manera irreverente y lunática como en aquel clásico episodio de Bugs Bunny en que el conejo de la suerte, disfrazado de implacable director, lleva al extremo de sus capacidades humanas a un encopetado y obeso tenor; o misteriosa, como cuando Mickey Mouse puede controlar el mundo desde su podio, en la legendaria Fantasia (1940). Actualmente es muy poco probable que niños de 8 o 10 años entren en contacto con el fascinante mundo de lo orquestal, viendo maratones de Bob Esponja o Peppa The Pig. En la histórica película de los estudios Disney aparece también, en las sombras, otro extraordinario director de ensambles sinfónicos, Leopold Stokowski (1882-1977). Dicho sea de paso, en aquella parodia de 1949 titulada Long-haired hare, los ilustradores disfrazan a Bugs Bunny del recordado conductor británico de origen polaco.

Dayner Tafur Díaz es uno en un millón. En el 2013, cuando él tenía 15 años, las canciones que más sonaban en radios y canales populares de televisión eran las de Pitbull, Shakira, Katy Perry, El Grupo 5, Nene Malo y un largo etcétera de personajes similares que, con un cien por ciento de seguridad, mantenían cautivos a sus compañeros de colegio con sus melodías pegajosas, ritmos homogéneos y letras insulsas. Es fácil imaginar al adolescente Dayner totalmente ensimismado, escuchando con audífonos algún pasaje instrumental de Beethoven, Mozart o Bach -los tres primeros autores que aparecen cuando uno escribe “música clásica” en el buscador de YouTube- en el más absoluto aislamiento. Como es natural, también debe haber estado en contacto con la música popular de su generación. Después de todo, es una etapa difícil en la que hay que interactuar, no quedarse atrás- pero, definitivamente, no tendría con quien conversar de su secreto gusto por los violines y las óperas.

Dayner nació en 1998 en Chimbote, capital de Santa, una de las veinte provincias de la región Áncash, conocida como activo puerto pesquero y, hasta hace poco, centro de operaciones de una de las tantas organizaciones políticas-criminales que padecemos los peruanos, liderada por el tristemente célebre César Álvarez, alias “La Bestia”. Ser de una familia de provincias y vivir en una de las zonas más aquejadas por la corrupción son condiciones que no permiten hacer buenos pronósticos sobre el futuro de sus pobladores más jóvenes. A contracorriente, comenzó a tocar la trompeta, su primer instrumento, durante su etapa escolar. Luego se integró a la Orquesta Sinfónica Infantil Juvenil de Chimbote, creada en el 2010 por dos esforzados centros culturales de la zona, Centenario y Arpegio, con el apoyo económico de Siderperú para sacar adelante a jóvenes músicos diferentes al promedio.

Tafur Díaz, hijo de un conocido periodista chimbotano, Hugo Tafur Julca, acaba de ser admitido en la Orquesta Filarmónica de Berlín, una institución con más de 140 años de existencia y que ha tenido como directores principales, entre otros, a estrellas de la batuta y el podio como Sergiu Celibidache (Rumania, 1912-1996), Claudio Abbado (Italia, 1933-2014) o el mencionado Karajan, entre otros. Nuestro compatriota será nada menos que director asistente del ruso Kirill Petrenko, de 52 años, uno de los mejores de su generación, quien asumió el puesto de director principal en el 2019, en reemplazo de Sir Simon Rattle, reconocido conductor británico que estuvo dieciséis años al frente del ensamble alemán, del 2002 al 2018.

«El director de Perú impresionó con su comprensión musical y expresividad en su trabajo con la orquesta», declaró el panel de expertos que lo seleccionó entre 70 competidores de diversos países del mundo. Durante los siguientes dos años, trabajará junto a Petrenko en la preparación de repertorios, ensayos, pruebas acústicas y organización de conciertos. Asimismo, en su calidad de director asistente tendrá también oportunidad de dirigir a la orquesta misma, en las ocasiones que se lo pida el titular. Según comentó en una nota del medio digital Áncash Noticias, su rol es “similar al de un asistente de entrenador en un equipo de fútbol, encargado de detalles que el director principal no puede atender durante la dirección”.

La carrera de Dayner Tafur Díaz va en franco ascenso en el competitivo y exigente mundo de la música clásica. Desde que llegó a Alemania el año 2017, “como parte de un voluntariado” como dice escuetamente su página web, se dedicó a estudiar de forma perseverante y metódica. Como saben todos los que han tenido oportunidad de visitar ese país europeo, los conjuntos de cámara y las grabaciones de compositores legendarios son tan comunes en calles, centros comerciales, restaurantes y plazas públicas, como aquí las majaderías de los reggaetoneros. Definitivamente, el entorno determina que los potenciales talentos de una persona afloren o queden sepultados de por vida. En el caso de Dayren el ambiente contribuyó a que ese brillo que llevaba por dentro comenzara a salir hacia la superficie.

Ha sido primer lugar, en el año 2022, en el II Concurso Internacional de Dirección de la Ópera Royal de Wallonie (ORW) en la ciudad de Lieja (Bélgica). Y el año pasado ganó uno de los certámenes más importantes dedicado a promover a directores de orquesta menores de 33 años, el German Conducting Award (GCA) que entrega cada dos años el Consejo de la Música Alemana, una organización no gubernamental fundada en 1953 en Bonn, capital de la antigua República Federal de Alemania. Tras la fusión de 1990, incorporó a sus pares de la República Democrática de Alemania, instalándose definitivamente en la recuperada Berlín.

Originalmente, el Consejo de la Música Alemana -Deutscher Musikrat en alemán- comenzó a entregar este galardón desde 1995 pero solo a músicos locales. En el 2017, en alianza con diversas asociaciones privadas de la ciudad de Colonia, se abrió la participación a otros países. El peruano es el cuarto ganador de la versión internacional del GCA. Los anteriores fueron el iraní Hossein Pishkar (2017), el español Julio García Vico (2019) y el belga Martijn Dendievel (2021). 

Como suele pasar cada vez que los medios convencionales huelen una noticia que les permita fingir interés en cuestiones culturales, el caso de Dayner Tafur Díaz también fue usado durante una semana por aquí y por allá, con titulares que no dejaban de incluir la frase “orgullo peruano”. Hasta alguno se apuró en buscar las declaraciones de Juan Diego Flórez, felicitándolo, para llamar la atención y conectarlo con una personalidad vigente y muy mediática de la ópera mundial. También hubo medios serios como Filarmonía -en sus versiones radial y digital- que le dieron genuino realce a la persona misma, con entrevistas como esta en la que podemos ver y oír a Dayner, su evolución como persona y como músico. 

Estamos hablando de un individuo que hoy, después de cinco años de trabajo duro, estudio y talento, está construyendo su propio camino en un terreno donde la excelencia y la disciplina son indispensables para avanzar. La música clásica le ha permitido a este joven peruano no solo sobresalir sino insertarse en un medio en el que está en contacto con cuestiones que el Perú, su país, no puede ni podrá dar jamás a sus hijos. 

Como ha ocurrido con otros músicos peruanos que desarrollaron sus carreras al margen del Estado y sus paupérrimos sistemas educativos y de promoción cultural -Alex Acuña (jazz), Juan Diego Flórez (ópera), Ramón Stagnaro (pop-rock)-, el joven director de orquestas hoy es un artista cosmopolita, capaz de expresarse con solvencia en varios idiomas, que además de la trompeta ahora toca también piano. Y aun tiene un amplio margen de tiempo para seguir creciendo y aprendiendo. Esto para orgullo suyo y de su familia, no para un país que les niega oportunidades diariamente a millones de jóvenes que, como él, tienen que alejarse por completo para poder explotar sus potencialidades y destacar.

Un aspecto especial de Dayner Tafur Díaz es que, como buen centennial, nacido en la generación Z (entre 1995 y 2015 aproximadamente) es que, además de la dirección orquestal especializada en la ópera italiana -Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini- y en autores del periodo romántico como Felix Mendelssohn (Alemania, 1809-1847), Johannes Brahms (Alemania, 1833-1897), Georges Bizet (Francia, 1838-1875), Gustav Mahler (República Checa, 1860-1911)- pero que también puede interpretar obras contemporáneas como las de Alberto Ginastera (Argentina, 1916-1983), Aaron Copland (EE.UU., 1900-1990) o Arnold Schoenberg (Austria, 1874-1951), es muy activo en redes sociales, específicamente a través de su canal de YouTube, donde publica videos de divulgación musical como este, en el que explica una ópera de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), La flauta mágica. 

Su misión, dice, es “democratizar la música clásica, haciéndola accesible para todo tipo de audiencia, independientemente de su nivel de conocimientos musicales”. Un loable esfuerzo que no lo convertirá en el YouTuber más famoso pero que sí servirá de inspiración para otros que sueñan con alejarse de este país de sicarios, políticos corruptos y farándula de agresiva vulgaridad para convertirse en diamantes en medio del basural. 

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