Opinión

Se suspendió la huelga nacional indefinida que desde hoy iba a realizar el Sutep, paralizando toda la actividad escolar del país y colocando al gobierno en un disparadero político de imprevisibles consecuencias.

Hay que felicitarse de lo ocurrido. La flexibilidad del gobierno y el lúcido pragmatismo de la dirigencia del Sutep, acordaron avalar los justos reclamos del magisterio en su inmensa mayoría, por lo cual se decidió la suspensión de la medida de lucha.

Lucio Castro, secretario general del Sutep, ha demostrado capacidad para reflotar un gremio sindical venido a menos, desbordado por los radicales del senderismo reciclado, y esta vez ha logrado un triunfo resonante que lo fortalecerá.

Castro es precandidato presidencial del partido de los trabajadores y emprendedores y esta victoria sindical, sin duda lo catapulta a niveles políticos de primer orden. La sapiencia con la que ha sabido manejar el conflicto y la mesura firme de sus decisiones ha llevado a buen puerto lo que amenazaba con convertirse en un parteaguas político para un régimen absolutamente débil como el de Dina Boluarte.

Es hora de que la izquierda renueve sus liderazgos y los reemplace por apuestas democráticas. La de Lucio Castro se inscribe en ese talante y lo ha demostrado con creces con la inteligente manera en que ha conducido las jornadas de protesta que galvanizaron al magisterio nacional de una manera que no se veía hace años.

Hay que estar vigilante, por supuesto, respecto de que el gobierno cumpla su palabra y no termine por tirar por la borda el feliz acuerdo. La dirigencia nacional del Sutep es la primera que debe exigirlo, a cuenta de una vuelta al conflicto que a nadie beneficia y que felizmente se ha interrumpido momentáneamente a la espera de que el régimen no incumpla lo acordado.

Al final del día, una buena noticia, pragmatismo puesto a prueba, flexibilidad de ambas partes y renovados liderazgos, es el balance de lo sucedido.

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[Música Maestro] Al momento de escuchar música, la diversidad no tiene límites. Dependiendo del estado de ánimo y de las cosas que uno puede estar pensando o atravesando -a veces muchas a la vez y diferentes entre sí-, la necesidad de descargar energía a través de géneros extremos es tan urgente que no queda más que entregarse, lanzarse de cabeza a un imaginario stage diving y perderse en las sensibilidades agresivas de artistas capaces de expresar esas emociones con autenticidad, sin temores. Después de ver cómo sicarios asesinan en mi país a profesores y a transportistas, y las Dinas y los Santivañez siguen impunes, ahí bien tranquilos, fantasear con lanzarlos en medio de un pogo salvaje, sin zapatos y con los ojos cubiertos, aparece en mis sueños como un acto de justicia divina.

Como dijo Flea, bajista de los Red Hot Chili Peppers, la noche que presentó la inducción de Metallica al Salón de la Fama del Rock and Roll, en el año 2009: “La música agresiva e intensa hace volar nuestras mentes y usar toda esa energía para algo positivo”. Digamos que no todos lo ven de esa manera pero es una buena forma de encaminar nuestros pasos para evitar prejuicios y, sobre todo, para reconocer la destreza de este tipo de músicos.

Las opciones para acceder a géneros extremos se cuentan, en la actualidad, por miles, literalmente hablando. Desde los clásicos, los pioneros, hasta las tendencias más recientes, todas tienen un subgénero, un rótulo. Y como ocurre con las baladas o con la salsa, más allá de preferencias u obsesiones 100% personales, hay tantas alternativas que cualquier recuento va a quedarse corto. Los tres discos aquí escogidos son solo un pequeñísimo botón de muestra de aquellas cosas que jamás tendrán el favor de los grandes públicos, pero que congregan en sus propios espacios a cientos de miles de personas que piensan y sienten lo mismo, en los cinco continentes. Y que emocionan más que las calculadas propuestas del degradado pop moderno. 

CARCASS – HEARTWORK (Earache Records/Columbia Records, 1993)

Los tres primeros álbumes de Carcass son sumamente repulsivos, en cuanto a sonido y letras, y dejaron en claro que no se iban con rodeos al momento de incomodar. Reek of putrefaction (1988), Symphonies of sickness (1989) y Necroticism–Descanting the insalubrious (1991) son los discos creadores del «goregrind», sub-sub-género que une elementos del death metal con el grindcore, ambos especializados en voces monstruosas, ritmos agresivos y letras escatológicas y viscerales. Ideales cánticos para darles los buenos días a los congresistas y ministros que legislan a favor de delincuentes y sicarios.

Pero, para su cuarta producción discográfica, este cuarteto británico dio un pequeño paso hacia un death metal más melódico, pero conservando la brutalidad musical y el ataque directo a las yugulares de sus seguidores, quienes no renegaron mucho por el cambio, casi imperceptible, como casi todas las diferencias entre los múltiples derivados de esta vertiente del rock duro, solo reconocibles para los más conocedores y amantes de las subdivisiones y taxonomías en un estilo que, para los no iniciados, no es más que nada una sola cosa, ruido.

Jeff Walker (voz, bajo), Billy Steer (guitarra), Michael Amott (guitarra) y Ken Owen (batería) exhiben una poderosa destreza en sus instrumentos, la cual es resaltada en este trabajo titulado Heartwork, gracias a una producción mucho más pulida que en sus anteriores lanzamientos. Al incluir solos elaborados y menos cacofónicos, con intermedios de medio tiempo cercanos al thrash y otras variantes anteriormente ajenas a su propuesta, Carcass logró meterse en el gusto de los públicos noventeros seguidores del ahora llamado «groove metal», que iniciaron clásicos como Sepultura y Pantera y siguieron, en una segunda etapa, Meshuggah y Machine Head, sobre todo en temas como This mortal coil (aquí en vivo en combo con Reek of putrefaction, clásico del debut epónimo) o la inicial Buried dreams; pero sigue siendo un reto incluso para quienes disfrutan del escándalo a niveles exasperantes. 

La batería de Ken Owen (55) es aplastante y, por momentos parece una ametralladora, sólida y profunda, dejando a los Cannibal Corpse barriendo el piso con su capacidad de devastación. Por su parte, las guitarras de Steer y Amott intercambian riffs y solos que van de lo pesado a lo decididamente death, combinando sus estilos y referencias de manera asombrosa. Billy Steer (54) es uno de los guitarristas más talentosos dentro del universo del metal extremo, no por nada ha sido miembro de Napalm Death y fundador de Carcass, dos de las bandas más importantes de este tipo de música, no apta para almas delicadas y oídos sensibles. 

Heartwork, el tema título, inicia con una tormenta provocada por bajo y batería para luego tornarse melódica y espacial, casi como un intermedio de Iron Maiden, y posteriormente disparar nuevamente ráfagas de un furibundo y demoledor death metal. La voz de Jeff Walker (55) se escucha aquí mejor que nunca, sin tonos graves guturales que permiten decodificar mejor las diatribas que lanza, ahora contra la sociedad y la política, la religión y las relaciones personales, aunque sin dejar de lado el uso de esa terminología típica en la banda, que incluye mención permanente de fluidos humanos, tecnicismos médicos relacionados a autopsias, disecciones y demás imaginería lírica que es gritada con furia y sin concesiones, aunque definitivamente están más moderados que en sus primeros álbumes. 

La combinación de death metal melódico con letras chocantes hacen de este disco un punto de inflexión en la corta pero notable discografía de Carcass. Los solos y riffs de Steer y Michael Amott (54, de nacionalidad sueca) en temas como Embodiment, Blind bleeding the blind, Carnal forge o No love lost, son excelentes invitaciones a la catarsis, terroríficas descargas eléctricas de una banda que no debes escuchar antes de irte a dormir. La carátula incluye una escultura del reconocido artista suizo H. R. Giger (1940-2014), el mismo que diseñó la portada del clásico álbum de rock progresivo Brain salad surgery (1972) de los también ingleses Emerson, Lake & Palmer. 

SODOM – PERSECUTION MANIA (Steamhammer Records, 1987)

Cuando se trata de excelencia en thrash metal, nada mejor que remontarse al período 1983-1989 para disfrutar del vértigo puro de riffs veloces, bombos dobles galopantes y versos de contenidos extremos, de enfrentamiento directo con lo establecido, las institucionales tutelares y descripciones de esa maldad inherente al ser humano que genera guerras, corrupción política y genocidios, al margen del escapismo positivo que estimulan quienes desean que todos sigamos pensando que todo va bien o las periodistas “lideresas de opinión” que cuestionan a dirigentes que requieren apoyo para sus acciones motivadas por la defensa de sus vidas, mientras las peores cosas e injusticias les siguen pasando en todos los distritos y regiones del país.

Y detrás de la línea de ataque norteamericana formada por los Big Four -Metallica, Megadeth, Slayer y Anthrax- seguía una segunda vanguardia que llegaba desde Alemania, conformada por un tridente de terror: Kreator, Destruction y Sodom. A estos últimos pertenece esta obra maestra del metal extremo, su segunda producción discográfica de larga duración, Persecution mania. 

Con letras que hablan de los horrores de la guerra, la violencia extrema, la injusticia social, la corrupción humana y la desolación frente a una religión dominada por el miedo y la represión, la formación clásica de este trío proveniente de la ciudad meridional de Gelsenkirchen , Tom «Angelripper» Such (61, voz, bajo), Frank «Blackfire» Gosdzik (58, guitarra) y Chris «Witchhunter» Dudek (1965-2008, batería) atropella a los oyentes con una potencia instrumental basada en el talento de Blackfire, que llegó para remozar el estilo de Sodom, más orientado al black metal en su primer disco Obssessed by cruelty (1984). 

La agresividad de la voz de Angelripper, oculta bajo los efectos de eco y cierta distorsión, no llega a ser 100% gutural, colocándose en un punto intermedio entre lo gritante de Tom Araya (Slayer) y lo discursivo, casi a media voz, entre dientes, de Dave Mustaine (Megadeth). De hecho, sorprende que las letras sean tan articuladas y densas, al no ser el inglés su lengua natural. 

La explosión de temas como Nuclear winter y Electrocution, que abren el disco, no dejan lugar a dudas: estamos frente a uno de los mejores álbumes de thrash en sus años dorados. El cover de Iron fist, clásico tema del quinto álbum de Motörhead (1982), es directo y contundente, un verdadero puñetazo de acero. En la sección intermedia instrumental de Electrocution hay una referencia directa a Seek and destroy de Metallica (Kill’em all, 1983), muy breve pero reconocible de inmediato. 

La carátula refleja con exactitud los dos temas centrales del disco: la guerra y la religión: además de las mencionadas, tenemos el tema-título, una canción extremadamente rápida y violenta, de mensajes paranoicos y ráfagas de riffs guitarreros y tarolazos que desafían el aguante de cualquier baterista. Por su parte, Bombenhagel finaliza el disco con una versión en guitarras del himno nacional teutón, ideal para darle carisma bélico a este poderoso bombazo. 

Sodom reta a los creyentes católicos con canciones como Enchanted land, Conjuration y Christ passion, expresando un desprecio hacia la religión que se basa en la naturaleza inicua de muchos de sus principales representantes, que han dejado clara su realidad en casos deplorables de abusos de toda índole. Esta última, cuya letra contiene el título de su recordado álbum doble en vivo Mortal way of life (Steamhammer Records, 1988), un clásico del thrash de todos los tiempos, viene precedida de un alucinante instrumental de dos minutos y medio, Procession to Golgatha, pesado y ominoso, que estremece por su sonido influenciado por Black Sabbath. 

En las versiones digitalizadas de Persecution mania se incluyen cuatro bonus tracks: una nueva versión de Outbreak of evil (incluido originalmente en el EP de 1984 In the sign of evil) y las tres canciones de otro EP, lanzado unos meses antes que este disco, titulado Expurse of sodomy: Sodomy & lust, The conqueror y My atonement, que inicia la pesadilla con suaves arpegios de guitarra y gongs al fondo. Para no escuchar con las luces apagadas. 

VENOM – BLACK METAL (Neat Records, 1982)

La carátula muestra una ilustración de trazo amateur, en blanco sobre fondo absolutamente negro, del macho cabrío, con pequeños ojos que infunden temor y una estrella de cinco puntas en medio de la frente –una de las tantas representaciones clásicas del demonio- y en la parte inferior, letras góticas, también blancas, con el título del álbum mientras que en la cabecera (sobre los cuernos del diabólico chivo) el logo clásico de la banda corona el segundo álbum de este trío británico, formado en Newcastle, que sentó las bases del thrash metal con su sonido agresivo, desprolijo y amenazante. 

Esta estética de fanzine, con tipografía y calidad de impresión casi facsimilar, domina también el crudo sonido del disco, que fue considerado casi desde su lanzamiento en 1982 como una de las obras fundacionales del género que, un par de años más tarde, sería dominado por bandas norteamericanas. Venom quizás es, junto a Mötorhead, una de las bandas que estableció la rudeza del heavy metal en una de sus vertientes extremas, y se declaró abiertamente satánica, en una época en que se suponía que los rockeros escondían sus mensajes oscuros detrás de sofisticadas técnicas de grabación que les permitían lanzar frases de subliminal contenido que solo se entendían escuchando el disco al revés. 

Acá no hay trucos. Canciones como To hell and back, Leave me in hell o Buried alive no necesitan esconder sus intenciones, mientras que otros temas como Black metal –la primera vez que se hace esta combinación de palabras, que dieron posteriormente el nombre a todo un subgénero de la música metálica, caracterizada por las voces guturales y las letras demoníacas y/o escatológicas; o Don’t burn the witch, prefieren temáticas ocultistas y misteriosas, siempre con una base musical más orientada al thrash en formación, otra de las características en las que coinciden con el grupo liderado por Lemmy (1945-2015). 

Esta es la formación clásica de Venom, con Conrad “Cronos” Lant (61, bajo, voz), Jeff “Mantas” Dunn (63, guitarra) y Anthony “Abbadon” Brain (67, batería). Cronos posee una de las presencias escénicas más atemorizantes de la historia del metal, con sus collares de cuero ceñidos al cuello, rodeados de púas, su bajo modelo Bulldozer, negro como su vestuario y esa voz potente, que por momentos parece estar reproduciendo los ladridos de un perro rabioso. 

Aun cuando el título del álbum remite al género subterráneo que surgió pocos años del después, la música de este disco está más asociada al thrash de Mötorhead, Diamond Head y los primeros álbumes de Metallica, con riffs veloces de guitarra, baterías con doble bombo y un nivel de producción de regular para abajo. Las letras abiertamente infernales y violentas generaron en torno a Venom mucha controversia, con su respectiva cuota de publicidad gratuita, aunque poco después esa influencia quedó rezagada por el surgimiento de toda una generación de nuevos músicos que, inspirados en ellos, hicieron cosas aun más fuertes. 

Sin embargo este disco, además de sus méritos intrínsecos en el universo metalero, posee un par de sorpresas: At war with Satan (preview), un adelanto de sus coqueteos con la composición más elaborada de su siguiente disco, titulado precisamente A war with Satan (1984); y la sección intermedia de Teacher’s pet, en que Mantas, Abbadon y Cronos se meten de cabeza en un alucinante e inesperado jam bluesero que contrasta con la furia desatada del resto de canciones.

Discos como estos pueden servir como vía de escape de una realidad atosigante como la que vivimos actualmente. Pero no solo eso. También ofrecen una oportunidad para colocar en palabras de otros todo aquello que no podemos gritarles a la cara a los políticos que se ríen a diario en nuestras caras de los dolores y temores de la ciudadanía. Ministros y periodistas, congresistas y autoridades a quienes (casi) nadie aprueba, son la representación de esa farandulería barata y ese reggaetón horroroso que tanto gusta a extorsionadores y ladrones. Venom, Carcass, Sodom y muchos otros son lo que viene a mi mente cuando pienso en ellos, en sus declaraciones absurdas, en sus pretextos, en sus cinismos.

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Black metal, Carcass, Death metal, Sodom, Thrash Metal, Venom

El Perú nunca fue un Estado laico. Ese tipo de Estado fue un modelo por el que diversos países optaron al convertirse en repúblicas, siguiendo la apuesta de la Revolución Francesa y la Independencia de Estados Unidos, a lo largo de los siglos XIX y XX. Eso implicaba que el país establecía la libertad de cultos, pero sin apoyo económico o político a favor de alguna religión en particular. Pero astutamente, después de haber formado parte de las coronas hasta ese momento, encontraron diversas formas de mantenerse en el poder. En Europa y América realizaron convenios para que a pesar de la libertad de cultos, prefirieran alguna a la que continuarían brindado aporte económico, manteniendo la celebración de fiestas y costumbres religiosas. Ese es el caso peruano, que en todas las constituciones siempre ha resaltado el acuerdo de colaboración con la Iglesia Católica. Difícil considerar que nuestro Estado es laico.

En Estados Unidos, el Estado laico sólo funciona para el gobierno nacional, no para los gobiernos de cada estado (valga la redundancia). Menos aún para regiones como el Cinturón del algodón, conocido como el Cínturón Bíblico, zona del cristianismo más ortodoxo, de la esclavitud y la pobreza, o el Corredor Mormón, dedicado por su ubicación al comercio con el otro extremo del país. 

Podríamos decir que el estado laico fue un anhelo del pensamiento moderno y una de las banderas del socialismo marxista. El Partido impuso a todos los países de la Unión Soviética un Estado ateo. Frente a ello, al comenzar la guerra fría, Estados Unidos tomó el lema de In God We Trust y lo puso en el sello oficial y en su moneda. 30 años después, al culminar su conflicto geopolítico y retirarse la Unión Soviética del Oriente próximo, el islamismo tomó el poder e introdujo estados teocráticos musulmanes en países tan importantes como Irán. En otros países, como en la India e Israel, el derecho civil hasta hoy se encuentra fundamentado en leyes y principios religiosos. La religión más que ser el opio que calma el sufrimiento del pobre, se acerca más a una institución que no está dispuesta a desentenderse del poder económico y político y del gran control de grandes sectores de la población, nacional e internacional. 

En Perú podemos observar cómo los diversos partidos afiliados a la familia Fujimori han asegurado un espacio en el congreso a pastores evangélicos. Su presencia también responde al aumento en los últimos años de peruanas, de peruanos que profesan esa religión de origen estadounidense. Según la encuesta de marzo de este año del IEP, su número ya supera la quinta parte de nuestra población. Su presencia en el Congreso de la República, desde la década de 1990 hasta hoy, se ha caracterizado por la propuesta de proyectos de ley directamente vinculados con sus intereses económicos e ideológicos que atentan contra los convenios de derechos humanos que el Perú ha suscrito. 

Dado que el actual parlamento ha establecido que las leyes se pueden emitir sin que los informes cuenten con el sustento de profesionales adecuados, congresistas como Milagros Jáuregui de Araujo han conseguido que eliminar todo lo avanzado respecto de los derechos de la mujer sobre su cuerpo, la educación sexual integral en las escuelas, y la intervención del material educativo. Respecto del interés económico, Jáuregui plantea que la gestión de escuelas públicas recaiga en manos de las iglesias cristianas evangélicas, las cuales podrán realizar inversiones económicas en los colegios. 

Ha llegado el momento de preguntarnos si queremos mantener un Estado así de colaborativo con instituciones religiosas y si queremos que nuestra juventud sea formada bajo creencias milenarias ya superadas que desdicen los avances contemporáneos en ética y ciencia. Son muchas cosas de nuestra política que hoy dependen de un tema del que evitamos hablar. 

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Estado laico

El mundo está dividido. La nueva Guerra Fría no es solo la que enfrenta a USA y la OTAN de un lado, y a Rusia y China del otro. Hay otra Guerra Fría más, o talvez muy caliente, que opone a conservadores y progresistas. La primera tiene que ver con el poder, con el dominio económico y geopolítico del planeta, la segunda es ideológica y ha abierto un escenario de intolerancia en el que las formas y fondos de la democracia a nadie le importan.

Cada 12 de octubre, se suscita una controversia entre España y los sectores o gobiernos progresistas de América acerca del descubrimiento del Nuevo Continente. Son los tiempos. La teoría poscolonial ha tomado sólidas posiciones, así como el pensamiento que desafía la universalidad de los derechos humanos y aboga por los derechos de las diferencias y las disidencias. Entre estas últimas se sitúan los pueblos originarios. ¿Se puede partir de un principio de igualdad cuando en América contamos con millones de afectados por estructuras de poder que hasta hoy los excluyen?

La exclusión de los descendientes de Los Vencidos, como diría Nathan Watchell, es poco discutible. El racismo estructural es real. Más discutible es la forma que han cobrado su denuncia y las formas de lucha; como lo es esa tendencia a separarnos por tribus, a generalizar étnicamente como en el pasado lo hicieron quienes pregonaban superioridades e inferioridades raciales. Dirán que no es lo mismo, pero tiene mucho de parecido afirmar que a una persona que nace con un fenotipo u otro le corresponden, sin más, una serie de atributos, los más de ellos peyorativos. 

Pero vayamos al tema. No dudo que habrá españoles, situados bien a la izquierda de su espectro político, sensibles a los reclamos de sus pares americanos. Pero lo cierto es que existe un gran sentido común español que todo lo que entiende del tema es que hace quinientos años los tercios de su poderoso ejército le regalaron su civilización a quienes carecían de una y se admiran de que los americanos de hoy no lo reconozcan y no lo celebren alborozados.  

Por otro lado, el progresismo poscolonial aterriza fácilmente en el odio y omite del análisis consideraciones relacionadas con lo que estaba y no estaba normalizado hace quinientos años por lo cual buscan sentar a España, y su actual Majestad, en el banquillo de los acusados. Pero algo nos enseña la historia: los imperios que han podido someter militarmente otros pueblos lo han hecho, Incas y Aztecas incluidos. 

La reconciliación internacional consiste en una negociación oficial que emprenden dos o más estados cuando perciben que los separa un pasado doloroso. El caso emblemático es el de Francia y Alemania que iniciaron los trabajos destinados a superar las heridas de la Segunda Guerra Mundial en 1963, apenas 18 años después de concluida la conflagración. Franceses y alemanes se dieron cuenta de que si querían jugar algún rol en el mundo de la Guerra Fría debía ir juntos. Por eso fundaron la Comunidad Económica Europea en 1957 y, tras la caída del muro de Berlín en 1989, cuando comenzaba a amanecer un planeta que se asomaba unipolar con USA como único y gran hegemón, fundaron la Unión Europea en 1993. La idea: seguir siendo protagonista en un mundo que se les iba de las manos. La premisa: el perdón alemán por las barbaridades de la Segunda Guerra Mundial. 

Luego, la conquista de América es un tema mucho más longevo pero las políticas dirigidas a los pueblos y lenguas originarios constituyen un asunto de muy corta data, no más de dos décadas y es evidente que queda muchísimo por hacer. Las diferencias, la separación, la asimetría están allí, en el Perú lo vemos a diario. Recién se supo que algunos profesores de una escuela amazónica violaban a los alumnos que debían permanecer internos en ella por vivir a días de distancia de su centro de educación básica. ¿Así incluimos?

Volvamos a hablar del perdón. López Obrador y Sheinbaum se lo han reclamado al Rey de España Felipe VI a nombre de los sectores que reivindican a los pueblos originarios. Reitero, la reconciliación es una negociación. Para que suceda, las partes deben estar de acuerdo en llevarla a cabo. Yo la creo imprescindible, España no. Entonces es labor de la diplomacia acercar al viejo reinado a la mesa de negociación. ¿Podría la OEA mediar sus buenos oficios?

En otras palabras, se requiere de gestiones del más alto nivel ante la Monarquía española para que esta comprenda que buena parte de la población y de los gobiernos de sus excolonias americanas están esperando un gesto de desagravio por los abusos cometidos durante la conquista y la colonización. El argumento de la época pasada, de la normalización pasada no parece suficiente como disculpa porque no se trata de eso.  La reconciliación tiene que ver más con gestos de empatía, con gestos de humildad, con el reconocimiento de violencias que ocasionaron sufrimiento a millones de personas y que se anidaron en la memoria colectiva de sus descendientes y se manifiesta, además, en la realidad material contemporánea. 

Al respecto, un ejemplo destacable de reconciliación lo protagonizó el Papa Francisco quien, en 2021, no tuvo reparos en disculparse ante México por los pecados de la Iglesia durante los tiempos de la colonización española. Preclaro ejemplo de humildad cristiana: les hizo bien a los millones de feligreses mexicanos y le hizo mucho mejor a la propia Iglesia Católica.

Por este último motivo, también el Estado mexicano se ha disculpado con sus pueblos originarios. No fue solo durante la colonización. En América Latina, el siglo XIX republicano fue abyecto en la explotación y el maltrato a la población oriunda, situación que penetró por largas décadas al siglo XX y que hoy se manifiesta en servicios estatales absolutamente deficientes que explican por qué hay quienes denuncian la permanencia de las estructuras socioeconómicas impuestas por el poder español hace 500 años. 

Por eso reitero, en el fondo se trata de la humildad y la empatía entre ambas partes. Salir a exigir perdones ante el mundo entero no es, desde luego, la mejor manera de iniciar un acercamiento para reconciliarse. Lo que se requiere es trabajo diplomático, silencioso, sutil, es preguntarle al que va a disculparse, o reconocer violencias del pasado, qué cosa quisiera que le reconozcan a él. Por lo pronto, somos cristianos e hispanohablantes. En un caso como este una reconciliación no puede entenderse como un acto unilateral. Verlo y plantearlo así es fracasar sin siquiera encontrar un principio: España seguirá respondiendo con la arrogancia de siempre y en América seguiremos vandalizando las estatuas de Cristóbal Colón. 

¿Y el Perú? ¿bien gracias? Durante el segundo gobierno de Alan García se le pidió perdón a la población afrodescendiente por la esclavitud que se prolongó hasta que Ramón Castilla la abolió en 1854, es decir 30 años después de la Independencia. Bien hecho,  sin embargo, la servidumbre campesina se extendió hasta la reforma agraria de Velasco -buena, mala o peor- ¿algún gobierno se ha disculpado por eso? ¿alguien ha pedido perdón por la esclavización de los grupos originarios amazónicos durante la fiebre del caucho? Reitero, el perdón debe comprenderse como un gesto de amistad, humildad y reconciliación, no como la humillación, ni el escarnio público de nadie.  

Pero debe producirse. En el Perú, hasta hace muy poco tiempo, se observaba en las casas de distritos medios o residenciales el siguiente anuncio: “se necesita muchacha, cama adentro”. De esta manera, la migración masiva producía el repentino (des) encuentro entre dos países y dos culturas, y se inventaba modernas formas de servidumbre casi al amanecer del siglo XXI. 

Tanto por hacer, qué banales me han sonado las voces del conservadurismo y del progresismo radicales, tan cargadas de odio, cuando escribía estas líneas. Las guerras colonizadoras terminaron, los españoles se fueron hace 200 años, se supone que somos libres hace dos siglos: se supone. Se trata de traer la igualdad, por fin la igualdad, los servicios, los eficientes servicios del Estado, se trata de curar heridas, de cerrarlas, de sanarlas con cuidado, se trata de amistarse, se trata de abrazarse, se trata de ser, en fin, una nación que es capaz de tratar y resolver su pasado con otras. La guerra, de ningún tipo, jamás ha solucionado nada. ¿No se nos hace evidente cuando vemos lo que pasa en Gaza y Ucrania? 

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[La Tana Zurda] Barranco, el emblemático distrito limeño, en estos días celebra con fervor sus 150 años de fundación, consolidándose como un verdadero epicentro cultural y artístico de la capital peruana. Este entrañable rincón de la ciudad, conocido por su bohemia y su vibrante escena creativa, ha sido el hogar de artistas, poetas y músicos que han dejado una huella indeleble en su paisaje urbano. Con sus coloridas casas de estilo republicano, murales que narran historias de resistencia y tradición, y una oferta cultural que abarca desde galerías de arte contemporáneo hasta festivales de música, Barranco se erige como un faro de inspiración, reflejando la rica diversidad y el espíritu innovador de una comunidad que vive y respira arte.

Fundado un 26 de octubre de 1874, durante la presidencia de Manuel Pardo y Lavalle,
el primer presidente civil constitucional de nuestra historia republicana, Barranco celebra su aniversario con una serie de actividades, entre las que destaco la organizada por Barranco Open Studios, un verdadero foco cultural del distrito, y la de la galería de arte “José Antonio”, dirigida por el conocido promotor cultural José Alvarado Montoya. Me estoy refiriendo a eventos que no solo resaltan la riqueza artística de Barranco, sino que también fomentan un diálogo entre artistas y la comunidad, creando un espacio donde la creatividad se manifiesta y se comparte. Con talleres, exposiciones y presentaciones en vivo, la celebración se convierte en una vitrina del talento local y una invitación a redescubrir la esencia cultural del distrito. Veamos en detalle.

Este sábado 19 y domingo 20 de octubre, Barranco Open Studios buscará acercar una vez más (ya son siete las ocasiones prácticamente consecutivas que lo viene haciendo) a los vecinos y público en general a los talleres de los artistas residentes en el distrito tanto para observar sus obras como para tener una visión mucho más íntima y confidencial del proceso creativo de los creadores (artistas plásticos, artesanos, diseñadores, escénicos). Así se elabora una iniciativa que apoya, fomenta y difunde, en esencia, la labor creadora de quienes viven y trabajan en Barranco. Asimismo, el evento sienta un precedente para la regularización de los artistas visuales y apoya el crecimiento de las industrias culturales, alineándose con los esfuerzos de la Municipalidad de Barranco para establecer la cultura como un cuarto pilar del desarrollo sostenible.

Por su parte, la galería de arte “José Antonio” (jirón Junín 114) promueve a lo largo de este mes una serie de actividades bajo el nombre de Barranco Monumental. Lo hace en primer lugar con la Expo Tattu en colaboración con el estudio de arte Buda Blue Tatto. Asimismo, habrá un concurso de pintura para niños y adolescentes, desfile de moda y cortometraje, concurso de fotografía y murales, retrato en vivo, microteatro, cuentos cortos, exposición del perro peruano, performance, marionetas y mimos. El sábado 19 de octubre inaugurará la muestra colectiva “La expo 150 años” con reconocidos exponentes como Álvaro Suárez Vértiz, Miguel Ángel Velit, Sandra Moreti, David Rejas, Stefano Bermellón, Denny Rangel, Lili García Almeida o Borka Sattler, quien participa con retratos de dos entrañables poetas barranquinos: José María Eguren (1874-1942) y Catita Recabarren (1904-1992). Eguren, el autor de Simbólicas (1911), La canción de las figuras (1916), Sombra y Rondinelas (1929), fue a su vez pintor y fotógrafo. En la por entonces apacible villa-balneario de Barranco el poeta recibía a amigos y discípulos como Abraham Valdelomar, José Carlos Mariátegui, Martín Adán o Emilio Adolfo Westphalen. Y Recabarren forma parte de las autoras del periodo posmodernista junto con la argentina Alfonsina Storni y las uruguayas Delmira Agustini y Juana de Ibarbourou, las cuatro caracterizadas por posicionar a la mujer como sujeto del discurso poético. Fue una de las fundadoras de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas – ANEA y de la Asociación Cultural Ínsula, además de secretaria cultural en la Escuela Normal de Mujeres y compiladora en 1986 de una Antología de la mujer peruana.

En conclusión, el aniversario de Barranco no solo es una ocasión para celebrar su historia y legado, sino también una oportunidad para reflexionar sobre la vitalidad de su escena artística y cultural. A medida que el distrito se reinventa y se adapta a los tiempos modernos, es fundamental reconocer el papel de eventos como Barranco Open Studios o Barranco Monumental, que no solo destacan el talento local, sino que también fortalecen los lazos entre artistas y comunidad. En un mundo cada vez más globalizado, Barranco se mantiene firme en su identidad, recordándonos que la cultura es un motor esencial para el desarrollo sostenible y el bienestar social. Así, al mirar hacia el futuro, la continuidad de esta rica tradición cultural será clave para preservar la esencia única de este concurrido y turístico rincón limeño. Que viva Barranco.

La intención de voto por Keiko Fujimori no se debe a ella, se debe a su padre y la buena imagen mayoritaria que ha dejado en la población. Pero la lideresa de Fuerza Popular no ha hecho mérito alguno para encabezar las encuestas y, por el contrario, ya constituye causa nacional impedir que vuelva a pasar a la segunda vuelta.

Por lo pronto, si algo bueno ha tenido su complicidad gubernativa con el régimen de Dina Boluarte es que ya podemos anticipar cómo sería un gobierno del keikismo: una sumatoria de mercantilismo, autoritarismo y conservadurismo. Yendo a contrapelo de la herencia paterna, Keiko Fujimori ha destruido el fujimorismo original convirtiéndolo en un remedo pueril.

De liberal ni un pelo: lo suyo es mercantilismo puro, crudo, descarado. Normas y leyes hechas para favorecer a grupos de poder, como las AFP, a cambio del apoyo recibido en su financiamiento electoral. Y lo mismo sucedería con todos los que se acercaron a apoyarla económicamente en sus campañas.

Autoritarismo a carta cabal. Normas que pretenden socavar el Estado de Derecho y romper la separación de poderes, leyes para cooptar los organismos electorales, reformas que destruyen la vigencia de democráticos movimientos regionales. En este sentido, sí ha respetado la herencia de su progenitor.

Conservadora hasta la patología. Ha destruido la reforma universitaria y educativa, porque la considera liberal o caviar, entendiendo por ello, que se han admitido criterios básicos de actualidad como las políticas de género.

Un gobierno de Keiko Fujimori sería como el de Dina Boluarte, con alguna mejoría leve en cuadros tecnocráticos. Y, claro está, no es precisamente eso lo que el Perú necesita en estos momentos para salir de la profunda crisis en la que se halla.

 

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Fuerza Popular, Keiko

[La columna deca(n)dente] La relación entre el Congreso y la presidenta Dina Boluarte ha pasado de ser una interacción institucional a lo que podría considerarse una práctica extorsiva. Esta situación pone en evidencia cómo el Legislativo, dominado por Fuerza Popular (Keiko Fujimori), Alianza para el Progreso (César Acuña), Podemos (José Luna), y con la entusiasta colaboración de Perú Libre (Vladimir Cerrón), mantiene un férreo control sobre Dina Boluarte. La presidenta se encuentra atrapada en una posición que la coloca a merced de un Congreso cuyos intereses parecen estar más alineados con organizaciones criminales que con la búsqueda del bienestar público.

El Congreso cuenta con un despreciable 5% de aprobación, lo que refleja una profunda crisis de representatividad. Pese a ello, ha consolidado su control sobre Boluarte mediante prácticas que podrían calificarse como extorsión política. El hecho de que congresistas como Patricia Chirinos, quien sin ruborizarse admite la vigilancia y corrección constante que se le imponen a la presidenta, evidencia un desequilibrio de poder. Boluarte es mantenida en el poder bajo la condición de que no se desvíe de las necesidades e intereses de estos legisladores y sus aliados.

Este sometimiento encaja en la lógica de la extorsión: la presidenta debe cumplir con las expectativas impuestas por el Congreso, so pena de enfrentar una vacancia presidencial. La posibilidad de removerla del cargo es una amenaza latente, un recordatorio constante de que su permanencia depende de la voluntad de la coalición dominante del Legislativo.

La amenaza de la vacancia presidencial ha sido un recurso reiterado por el Congreso en los últimos años, convirtiéndose en una herramienta coercitiva para alinear al Ejecutivo con sus intereses. No es una simple cuestión de diferencias ideológicas, sino de control directo. Si bien Chirinos critica lo que percibe como una «vena izquierdista» en Boluarte, lo que realmente subyace en este conflicto es la necesidad de asegurar que la presidenta no se aparte de los lineamientos impuestos por la derecha política y económica del país. La vacancia actúa como el «arma nuclear» del Congreso, un mecanismo extremo pero efectivo para mantener la subordinación.

El Congreso ha logrado transformar la relación entre ambos poderes del Estado en una clara demostración de extorsión política. Esto no solo debilita la figura de Boluarte, sino que también pone en peligro el equilibrio democrático del país. La posibilidad de que un Congreso, con una aprobación tan baja y con intereses tan particulares, tenga la capacidad de manipular al Ejecutivo a su conveniencia es un síntoma alarmante de la degradación institucional.

La extorsión política a la presidenta Boluarte es solo uno de los múltiples síntomas de un sistema político que ha dejado de responder a las demandas ciudadanas. La subordinación del Ejecutivo al Congreso no es solo una lucha entre dos poderes del Estado, sino una batalla por el futuro de la democracia peruana. Si nuestra democracia tiene futuro, pasará inevitablemente por la recuperación de un equilibrio real entre los poderes del Estado y la erradicación de estas prácticas extorsivas que han deformado el sentido de la representación popular.

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Congreso, desaprobación, Dina Boluarte, Extorsión

El abogado César Nakazaki argumenta que, para que exista pertenencia a una organización criminal terrorista, esta debe estar activa en la actualidad y tener como objetivo usar la violencia para generar terror en la población o para tomar el poder político, como lo hizo Sendero Luminoso con sus atentados. “Movadef no ha realizado actos violentos ni ha planificado atentados; de hecho, intentaron inscribirse como partido político y fueron rechazados”, subraya.

Por otro lado, el periodista César Hildebrandt sostiene que Movadef ha sido un intento de crear una organización política electoral que ha renunciado a la lucha armada, en la que muchos de sus fundadores participaron en décadas pasadas. Apunta que Movadef «no tiene armas, no tiene vocación de actuar, no tiene un programa terrorista», por lo que no existe ninguna razón que justifique su encarcelamiento. Por el contrario, señala lo errado de cerrar el paso “a la conversión de una organización terrorista en un movimiento político avanzado”, brindándoles la condición de “terrorista perpetuo” a pesar de la ruta que elijan como organización. 

Años atrás, cuando se realizaron las primeras detenciones por Perseo, el periodista Gustavo Gorriti, tras revisar los fundamentos policiales, concluyó: “¿Existe alguna prueba, luego de todas las investigaciones, de que estos jóvenes desorientados estén siendo organizados hacia la violencia, de que se los esté preparando para la insurrección? Ninguna. No la hay en ninguno de los documentos que justifican esa operación”.

Desde distintos sectores políticos, tres personajes, cada uno reconocido en su medio, coinciden en un punto: condenar a los integrantes de Movadef en el juicio del caso Perseo sería un grave error del sistema judicial peruano, ya que no existen pruebas, razones ni sentido para hacerlo. 

Nosotros iniciamos este texto apoyándonos en sus dichos debido a que en los últimos tiempos se ha naturalizado invalidar a las personas que se animan a presentar argumentos que, de alguna manera, no favorezcan la quema en la hoguera de cada ex senderista que ha dejado las armas. La intención no es invalidarlos a ellos —aunque tal vez no sería posible hacerlo, sino destacar expresiones que han sido invisibilizadas, de personas que cuentan con cierto capital social para expresar sus ideas sin miedo a ser alcanzados por el “virus terrorista”. 

Si se ha logrado el cometido y estas líneas aun poseen validez para quien las esté leyendo, intentaremos desarrollar un tema sobre el que se ha impuesto una condena al silencio, a pesar de ser de gran relevancia.

El caso Perseo 

El caso Perseo, que intenta condenar a los miembros del Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), es crucial para el Estado de derecho y la calidad de la democracia en el Perú. En contraposición a la narrativa dominante, considero que una sentencia absolutoria sería un avance en el fortalecimiento de la democracia.

Es erróneo pensar que el juicio solo afecta a los procesados de Movadef. Más allá de que un Estado democrático no puede condenar sin pruebas, este caso tiene implicaciones más profundas. Validar los argumentos de la Policía y la Fiscalía implicaría aceptar que aún es posible el resurgimiento de la subversión y que existen grupos que la promueven, una lógica que sirve para criminalizar movimientos sociales que cuestionan el sistema vigente. Este mecanismo ha sido utilizado en diversos conflictos sociales, tanto por quienes defienden el medio ambiente como por aquellos que demandan una nueva constitución, acusándolos de estar vinculados a antiguos grupos subversivos. La estrategia en mención, conocida como «terruqueo», se basa en acusaciones sin pruebas. Una absolución en el caso Perseo desactivaría esa amenaza constante y permitiría abordar los conflictos sociales de manera distinta, debilitando la base del terruqueo.

Para dimensionar el riesgo que enfrenta la democracia, basta con revisar las declaraciones del exjefe de la Dircote, Max Anhuamán, quien sostiene que organizaciones populares como la CNUL y Conulp son “organismos de fachada”, en alusión a las estructuras de «organismos generados» de Sendero Luminoso. De igual manera, hace pocos días el presidente del Consejo de Ministros Gustavo Adrianzén sostuvo que Movadef estaría detrás del paro de transportistas. Se trata de la típica estrategia del terruqueo que busca invalidar cualquier demanda del grupo que es blanco de esta. Aquella estrategia hasta ahora no ha podido trascender, salvo casos muy específicos, a una abierta criminalización. Esto es así porque si bien en el imaginario colectivo se ha llegado a instaurar la idea de que hablar de “Movadef” es hablar de “Sendero Luminoso” y en consecuencia, de “actos de terrorismo” que deben ser detenidos por el Estado, aquella equivalencia aún no ha sido aceptada legalmente. Una sentencia que afirme que Movadef es una organización terrorista per sé significaría la criminalización de colectivos que suelen ser relacionados, o que efectivamente lo están, con esta agrupación, a pesar de no haber cometido ningún delito. 

El terrorismo y la condición perpetua 

El Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), a pesar de su conexión ideológica con Sendero Luminoso, a partir del Pensamiento Gonzalo, no ha incitado a la violencia ni a la insurgencia armada. Su objetivo principal es la participación política y la solicitud de amnistía para quienes han sido condenados por terrorismo. Aunque su discurso pueda ser polémico, y genere rechazo en una parte de la sociedad, no constituye un delito. Acusar a Movadef de ser una «fachada» del terrorismo sin pruebas de acciones delictivas específicas no justifica su criminalización.

En el caso de Perseo, no hay evidencia de que los miembros de Movadef hayan cometido actos terroristas; los cargos se basan en afinidades ideológicas y no en acciones violentas. No obstante, un punto controvertido es la mención del «Pensamiento Gonzalo» en sus documentos, que algunos consideran como un argumento fundamental para condenar a los procesados. Sin embargo, César Nakazaki aclara que “hablar del «pensamiento Gonzalo» no es un problema en sí mismo, a menos que se utilice para incitar a la violencia”.

Gustavo Gorriti, coincide en este punto: “El llamado “pensamiento Gonzalo” posterior a las negociaciones con Montesinos y sus asesores, no tiene nada que ver con lo que antes pasaba como tal. Abimael Guzmán consiguió parar intelectualmente de cabeza a su organización, persuadirla de la necesidad de creer en y defender posiciones que antes hubieran resultado anatema. El otrora ardiente enemigo del revisionismo terminó revisando todo”.

Otro aspecto controvertido es el de la pertenencia a una organización terrorista. La acusación establece una equivalencia simplista entre Movadef y Sendero Luminoso, asumiendo que todos los miembros de la primera son automáticamente terroristas. Sin embargo, esta afirmación ignora la complejidad del caso y la necesidad de pruebas concretas para vincular a un individuo con actos terroristas. Además, la definición de «pertenencia a una organización terrorista» es un tema jurídico complejo que requiere un análisis cuidadoso.

¿Qué significa pertenecer a una organización terrorista? César Nakazaki sostiene lo siguiente: » Lo que convierte al terrorismo en un crimen es la decisión de cometer delitos para generar terror, y para hablar de pertenencia a una organización terrorista, debe haber una organización actualmente cometiendo esos delitos”, lo cual obviamente no existe en la actualidad ni en perspectiva.

Acusar de terrorismo sin pruebas concretas viola el principio de presunción de inocencia, un pilar fundamental en cualquier sistema de justicia. Criminalizar ideas disidentes no solo instrumentaliza el sistema penal, sino que también contradice los principios de reintegración y justicia restaurativa. De acuerdo con el jurista italiano Luigi Ferrajoli, «el derecho penal no puede ser un derecho de enemigos, sino un derecho de ciudadanos».

Uno de los aspectos más graves en el caso Perseo es la idea del «terrorismo perpetuo», que sostiene que las personas que alguna vez formaron parte o simpatizaron con una organización subversiva lo serán de por vida. Este enfoque es jurídicamente insostenible y contradice los principios de reintegración del derecho penal.

El sistema jurídico peruano y el derecho internacional establecen que una persona que ha cumplido su condena o ha dejado de participar en actividades delictivas debe tener la oportunidad de reintegrarse a la sociedad. Catalogar a estas personas como «terroristas perpetuos» contradice los principios de justicia restaurativa y fomenta la radicalización al crear una dinámica de exclusión permanente.

En su obra “En busca de las penas perdidas”,  el jurista argentino Zaffaroni critica las penas que deshumanizan y excluyen a los individuos de la sociedad, argumentando que el objetivo del sistema penal debe ser la reintegración social y no la exclusión.

Condenar a los miembros de Movadef sin pruebas de actos violentos debilita la democracia peruana al mostrar intolerancia hacia ideas radicales, incluso dentro de la legalidad, erosionando el respeto por la diversidad ideológica. Castigar opiniones disidentes sin evidencia genera un clima de miedo y autocensura, lo que socava el pluralismo y la vitalidad democrática, como señala Ronald Dworkin al afirmar que la libertad de expresión protege, sobre todo, a las ideas minoritarias.

El caso Perseo es una prueba importante para la democracia peruana. Sentar un precedente de condena en este caso sería un retroceso. El verdadero triunfo sobre la subversión es la consolidación de una democracia fuerte que respete los derechos de todos, incluso de aquellos con los que no estamos de acuerdo.

Absolver en el caso Perseo simbolizaría la victoria definitiva del Estado sobre quienes fueron sus enemigos en décadas pasadas, porque estos, como tales, ya no existen.

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Caso Perseo, Democracia, drechos humanos, gorriti, Hildebrandt, Movadef, Nakazaki, subversion, Terrorismo, terruqueo

Ya nada que haga la presidenta Boluarte -considerando sus tremendas limitaciones- la hará remontar los altísimos índices de desaprobación que exhibe de modo creciente. Datum le otorga 92% de desaprobación y apenas 5% de aprobación (de 20 personas solo la aprueba una) e Ipsos le da 92% de desaprobación (igual que Datum), pero apenas 4% de aprobación (cae de 6 a 4%, un tercio menos en un mes).

La presidenta se desgañita diciendo que hay una suerte de terrorismo mediático que la golpea y que esa es la causa de sus cifras desaprobatorias. Es verdad que la mayoría de medios no le tiene simpatía alguna, pero está probado también que ya la prensa no influye en la sociedad como antes. Las causas de su situación son otras.

No hay una sola política pública que se precie de serlo a carta cabal, no hay una sola entidad estatalque haya mejorado desde que asumió el poder, no hay casi ministerio respetable, no hay obra pública relevante (se tiene que colgar de la inversión privada, como Chancay o el aeropuerto), no hay perdón sincero y reparación judicial por la enorme cantidad de muertos con laque estrenó su gobierno (al contrario, algunos ministros y el Premier siguen hablando de terrorismo subversivo detrás de la algarada).

A ello se suma la sumatoria de escándalos (Rólex, Cerrón, patinazos verbales recurrentes), que contribuyen a desdibujar la investidura presidencial, no haciéndola respetable.

Lo peor es que nada de eso va a cambiar, si no es para peor. Normalmente, en una situación de crisis semejante (agravada ahora con el resurgimiento de la protesta social en varios frentes), uno acude a cambios ministeriales radicales para refrescar el ambiente, pero ya se anticipa que -como ocurrió con el último- seríapara peor y no para mejorar.

Y que no se haga la desentendida de este desastre la izquierda, porque si tenemos a Dina Boluarte sentada en Palacio es porque ganó Pedro Castillo con el apoyo de toda la izquierda, inclusive la moderada. Lo único que cabe agradecer es que interrumpió el itinerario estatista y golpista de Castillo, pero fuera de ello Boluarte no tiene mérito que exhibir y las encuestas son el fiel reflejo de semejante estado de cosas.

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