Opinión

El triunfo abrumador de Donald Trump es una pésima noticia política y económica para los Estados Unidos y para el planeta entero. Populista, autoritario, nacionalista, proteccionista, antiderechos civiles, solo asegura un porvenir sombrío para la aún primera potencia mundial y, como efecto colateral, para el mundo.

La mediocre campaña de Kamala Harris, el papelón del retiro de Biden, y el alejamiento de los demócratas de los sectores populares norteamericanos, le abrieron la puerta a un personaje que hace pocos años nadie hubiera imaginado que iba a llegar dos veces a la Casa Blanca, más aún luego de una primera gestión gris y rupturista de la tradición democrática del país continente.

Como bien ha señalado el periodista Andrés Oppenheimer “en materia económica, la presidencia de Trump fue muy mala. Durante su mandato, la economía estadounidense creció menos que con Biden, y el déficit nacional alcanzó un máximo histórico. Trump dejó el cargo con tres millones de empleos menos que cuando lo tomó, mientras que el gobierno de Biden creó 16 millones de empleos, según cifras oficiales”.

Pero lo peor es el proteccionismo comercial que Trump pregona y que ahora podrá llevar a la práctica gracias a la mayoría obtenida en ambas cámaras. Si a ello le sumamos el control de la Corte Suprema, habrá también un retroceso en los derechos civiles que tan bien definían una democracia liberal como la norteamericana y que ahora sufrirá, sin duda, un retroceso radical.

Trump no es un representante de la derecha liberal. Es la versión gringa de la DBA. Su desempeño complicará al mundo y a la sostenibilidad -ya precaria- de las democracias liberales del orbe, que transitan por una severa crisis de legitimidad y representación.

Por lo pronto que Ucrania y Palestina se pongan a buen recaudo, dada la política exterior del rubicundo autócrata. Y que el Perú se prepare para ver sus exportaciones afectadas por el reaccionario proteccionismo trumpiano. Estados Unidos ha dado un salto para atrás y solo queda confiar en que la poderosa sociedad civil y política democráticas, que anida en su seno, sepa cómo contener los desmanes que, no cabe la menor sospecha, Trump pretenderá perpetrar desde el poder que se le ha conferido.

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DBA, Elecciones, Trump

[Agenda País] En 17 escasos meses, los peruanos iremos a las urnas para elegir, en primea vuelta, a los dos candidatos que se disputarán la presidencia en la segunda vuelta, y a los futuros diputados y senadores de la república.

Nuestro presente sistema electoral y procedimiento de votación es prácticamente el mismo desde hace décadas y no solamente es vulnerable a acciones fraudulentas, sino que también, impide una conexión más cercana entre el elector y su representante.

Actualmente, el mapa electoral peruano se divide en 27 circunscripciones donde cada partido lanza su oferta de candidatos a los electores. Debido a que estas circunscripciones son múltiples, tenemos, por ejemplo, que en el caso de Lima para diputados, cada partido debe presentar 33 candidatos, cifra igual a las curules asignadas a esta circunscripción. Imaginemos que tendremos 40 partidos políticos en el partidor del 2026, entonces los electores de Lima tendrán que elegir entre 1,320 candidatos para diputados.

Ardua tarea también para los miembros de mesa que tendrán que computar a mano la asignación de votos para cada uno de los 1,320 candidatos y plasmarlos en el planillón de control para luego transcribir el resumen en al acta electoral respectiva. A más alternativas, mayor es la probabilidad de error o fraude. 

Este sistema, además, aleja al congresista de sus votantes, nadie se siente representante ni representado.

Para evitar errores y/o fraudes, tanto en el acto de votación como en el escrutinio, así como para lograr un mayor acercamiento y compromiso entre congresista y votantes, es necesario que derivemos hacia distritos electorales uninominales. 

Con circunscripciones de unos 180,000 ciudadanos para diputados y 400,000 para senadores, el elector podrá decidir por un solo candidato que representa a un partido; así, se simplifica la votación y aunque nuestro candidato preferido no gane, sabremos quien es el diputado y senador que representa a nuestra circunscripción.

Pero otro cambio fundamental es incluir la tecnología en el acto de votación, en el escrutinio y que además otorgue la posibilidad de una auditoría en caso que se requiera.

Existen muchas posibilidades de incluir la tecnología en las elecciones, pero me voy a referir a la que se usa en el Estado de la Florida en los Estados de Unidos de Norteamérica, que me parece muy práctica y fácil de implementar. Claro que, previamente, debe realizarse la reforma hacia los distritos electorales uninominales, condición previa ineludible.

En Florida, una vez que el elector se identifica, se le imprime ahí mismo una cédula de sufragio que incluye un código en vez de nombre, para mantener su privacidad. Esa cédula es una tarjeta electrónica que al costado de cada candidato tiene un ovalito que el elector debe rellenar para mostrar su preferencia. No aspas, ni cruces, ni números.

Una vez que el elector termina de llenar todas sus opciones, digamos que, en el caso peruano, para escoger la plancha presidencial, el candidato a diputado y el candidato a senador ( recordemos que estamos en distritos uninominales ), esta cédula se introduce en un escáner que lee las opciones marcadas pero que además es almacenada en la misma máquina. 

Es decir, se simplifica el proceso tanto para el elector como para los miembros de mesa, la lectura electrónica de la cédula hace que el escrutinio sea inmediato y el almacenamiento de la misma permite una auditoría, si es el caso, manteniendo la anonimidad del elector.

De mantenerse el actual sistema, con distritos electorales múltiples, la proliferación de partidos y candidatos, y un acto de votación manual y tedioso, nos volveremos a enfrentar a las dudas sobre la transparencia de las elecciones y la legitimidad de sus resultados.

A ver si se hace una el congreso y nos regala distritos electorales uninominales e incluye la tecnología con auditoría en las trascendentales elecciones del 2026.

En la última década se avanzó considerablemente en la lucha contra la violencia hacia las mujeres y las niñas. Lamentablemente, el avance de sectores antiderechos y el rechazo que estos han promovido a enfoques claves como el de igualdad de género, ha impactado en la comprensión de lo que es la violencia sexual y sus causas. Esto se refleja en la normalización de conductas y narrativas abusivas y la sexualización de las niñas.

La reciente publicidad protagonizada por Mark Vito, quien se autodefine como influencer, es una grosera forma de promover la violencia sexual contra las niñas; así como una invitación a la pedofilia. 

Pero más allá de lo burdo de dicha publicidad y del lamentable rol de este personaje. El hecho en sí debe hacernos reflexionar sobre los altos niveles de tolerancia a la violencia que existe en nuestro entorno. Esto no solo se refleja en la publicidad, en los “chistes”, sino también en la impunidad y en la ausencia de políticas serias implementadas para la prevención de este flagelo social que se cobra la vida y sueños de miles de niñas todos los años. 

El mencionado video publicitario, muestra a un hombre mayor (Mark Vito, tiene 48 años), con una adolescente en edad escolar con quien mantiene una relación “amorosa” y de control. Durante el desarrollo de este spot se trasmite que la niña, inexperta en la vida, plantea un matrimonio temprano (cuando el matrimonio infantil está prohibido), mientras que él como su pareja busca un lugar a su conveniencia para que estudie. 

Esto en una lógica abusiva y de apropiación del cuerpo y decisiones de la adolescente.  Además, la trama busca hipersexualizar a la menor y normaliza el acoso de los diferentes hombres que intervienen en el video.

Solo en el 2024 se han denunciado en los Centros de Emergencia Mujer (CEM-MIMP), 15 028 casos de violencia sexual en menores de 17 años, es inadmisible que este tipo de publicidad se desarrolle con total impunidad y pretenda ser “graciosa”. ¿Es la violencia contra las niñas un chiste en nuestro país?, ¿Puede generar risa, la ridiculización de las agresiones y el ejercicio de poder contra una niña?

Aunque la publicidad ya ha sido retirada, el hecho es concreto y grave. Cuando una sociedad se burla de las agresiones a las niñas es un síntoma de que algo realmente se está pudriendo y debemos despertar.

Las niñas no se tocan y la violencia sexual es un delito.

No debiera tranquilizar a nadie que hayan sacado de la carrera electoral a Antauro Humala. Es verdad que su presencia protagónica -ya aparecía segundo en la reciente encuesta de Ipsos respecto de preferencias electorales- y sus desvaríos hacían temblar a cualquiera y en esa medida resulta saludable que la democracia se proteja (ojalá la Corte Suprema o el Tribunal Constitucional no reviertan la inicial decisión judicial), pero lo que la centroderecha debe entender es que los candidatos disruptivos radicales van a aparecer de todas maneras.

Si no es Antauro será otro y por ello nadie debería confiarse y cejar en el empeño de construir una candidatura sólida y potente en dicho sector del espectro ideológico. Hay que saber, además, si el Congreso amplía el plazo ya vencido para registrarse en un partido y postular. En ese escenario, Antauro podría hacerlo y moderar su discurso estratégicamente. Es un tema aún por definirse plenamente.

El grado de irritación popular, que se arrastra desde la pandemia y la escandalosa inacción gubernativa y estatal para atender las demandas de los más pobres, que se acentúa con la brutal represión tras la caída de Pedro Castillo -entre diciembre del 2022 y enero del 2023- y que ahora alcanza su cúspide por la mediocridad absoluta del gobierno de Dina Boluarte, producirá que la narrativa radical de algún candidato prenda rápidamente, peor aún cuando se asocia a la centroderecha con el régimen y solo unos pocos líderes de ella toman debida distancia del establishment.

Si Antauro finalmente no postula, hay dos candidatos que se asoman como receptores de la alta intención de voto que Antauro ya tenía (8% según Ipsos): Guido Bellido y Aníbal Torres, ambos tan o más radicales que el líder etnocacerista, y cuyo discurso fácilmente tendría empatía con la cólera ciudadana vigente, la misma que ya ha empezado a manifestarse con paros y protestas, como no ocurría hace meses.

Que el susto no se pase, pues lo peor que podría ocurrir es que lleguemos a abril del 2026 con más de treinta candidaturas de centroderecha (en general, ya hay 37 partidos inscritos y 31 en proceso). Le dejarían la mesa servida a los radicales antisistema, sean Antauro, los mencionados o cualquiera que surja en el horizonte final del proceso electoral (como sucedió con Pedro Castillo).

El domingo 27 de octubre a las 9:10 de la noche se presentó en el Estado Nacional del Perú Paul McCartney dentro de lo que haya sido, posiblemente debido a su edad, sido su última gira mundial.

Lo singular de la banda más famosa de la historia es que no podemos seriamente afirmar que alguno de sus cuatro integrantes haya sido prescindible. Es cierto que ya en 1968 Ringo Starr se alejó del estudio por unos días y McCartney tuvo que tomar su lugar en “Dear Prudence” y “Birthday”. Pero fue de la hábil mente del baterista que surgió la rarísima percusión de “Ticket to Ride” que, como saben los músicos, fue compuesta en un compás de 4/4 y, por tanto, podía ser acompañada de manera muy estándar. Ringo compuso para esa canción un acompañamiento de batería singular, que suena a tropiezos, a pasos que no avanzan y retroceden. Esto tiene mucho sentido porque la canción toca un tema muy popular y nada original: la tristeza del muchacho que pierde el amor de su chica. Ese tema tiene mil y una versiones, pero hay al menos una de The Beatles que quedará en la memoria de las generaciones. 

Ringo Starr no era ni es el más excepcional de los bateristas. George Harrison no era el mejor primer guitarrista, como tampoco John Lennon era la mejor segunda guitarra ni Paul McCartney el más virtuoso de los bajistas. Lo que los hacía excepcionales era que cada uno de ellos encajaba y entendía que su aporte debía estar al servicio de la canción y no a la exhibición de virtuosismo. Por ello mismo, Ringo Starr hizo una sola excepción al hacer un solo de batería al final de Abbey Road, el álbum de despedida, después de que cada uno de sus compañeros demostrara sus habilidades con la guitarra. Componer melodías memorables y ensamblarlas en una ejecución imperfecta pero llena de efectos como modulaciones e instrumentaciones audaces los convirtió en la banda más icónica, el modelo de casi todas las demás. 

Quienes tuvimos la suerte de escuchar a McCartney ese domingo 27 pudimos ser testigos de su proverbial ética del trabajo, una pasión tan intensa por buscar la perfección y la innovación que se convirtió en uno de los varios motivos por los que la banda se disolvió en 1969. “Let it be”, su penúltimo álbum en ser grabado pero el último en ser publicado, fue un gran fracaso que desgastó a la banda, pero fue un fracaso de gigantes que se propusieron volver al espíritu de su primer disco y grabar uno con temas nuevos y en directo. Resultó imposible y terminó con amargas discusiones.

Paul McCartney es conocido por una pasión por el trabajo duro que lo ha llevado a ser considerado como un insoportable tirano en el estudio, como el tipo de compañero que no te va a soltar y te va a obligar a repetir tomas hasta que se llegue al resultado que tiene en su mente. Es además el tipo de persona que no puede estar tranquilo. Siempre está haciendo algo. La inactividad, el retiro, no parecen ser tolerables para un ánimo tan enérgico. No es perfecto. Ha cometido muchas, innumerables fallas. Pero es perfeccionista. No conoce otro mundo que no sea el del arte y un poco el de las finanzas. 

La ética del trabajo de McCartney nos enseña que no basta ser creadores e innovadores. Además, hay que buscar la perfección, aunque nunca la alcancemos. En todo equipo de trabajo debe haber un perfeccionista, alguien que reclame repetir la toma hasta que suene como se ha proyectado que debe sonar, alguien que pida rehacer el proyecto hasta que sea plasmado como fue soñado.

Su concierto fue un viaje en el tiempo. Nos llevó desde los inicios de la historia hasta el final. Nos transportó con su música a distintas edades y emociones. Los motivos fueron los de siempre: el amor, el desamor, la lucha social, el asombro, la nostalgia, el auto cuestionamiento, la hermandad de toda la humanidad. Pero la experiencia fue particular, intensa e irrepetible. Estábamos escuchando a un gigante y veíamos el mundo desde sus hombros.

Paul McCartney plasma en su vida aquella idea de Albert Camus de que debemos imaginar a Sísifo feliz. Se llega a la cima para volver a caer y volver a subir y volver a caer. Sí, es una referencia a “Helter Skelter”, canción que inauguró el heavy metal y que el domingo 27 de octubre de 2024 resonó en el Estado Nacional

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ética, Got Back, Now and then, Paul McCartney, The Beatles

[La columna deca(n)dente] Otros son los traidores

La reciente declaración del vocero presidencial, calificando a quienes planean movilizarse durante la cumbre de la APEC como «traidores a la patria», ha sacudido, una vez más, la frágil relación entre el gobierno de Dina Boluarte y la ciudadanía. En un país donde la democracia y sus instituciones se encuentran bajo constante asedio tanto por el Congreso como por el Ejecutivo, estigmatizar las voces disidentes solo profundiza la desconfianza y refuerza la percepción de un régimen que ignora los sufrimientos diarios de la población.

La presidenta Boluarte, con un 95% de desaprobación, parece haber optado por convertir las críticas ciudadanas en actos de subversión. Esto ocurre en un contexto en el que la delincuencia y la inseguridad cobran vidas con una frecuencia alarmante, difícil de ocultar en las estadísticas oficiales. Cada cuatro horas, una persona es asesinada en nuestro país. En Lima, la violencia criminal ha incrementado tanto que la morgue se encuentra colapsada ante el número creciente de personas asesinadas.

El llamado de los ministros a no movilizarse, en nombre de proteger la «imagen internacional» del país, suena a hipocresía cuando se compara con el fracaso del Estado en garantizar lo más básico: la vida y la seguridad de su población. La retórica de “traición” hacia los manifestantes busca camuflar el temor de un gobierno frívolo, consciente de que su legitimidad se desmorona día tras día. Silenciar las voces discrepantes bajo el pretexto de un supuesto desarrollo económico que promete la APEC es un espejismo que no encuentra eco en los hogares cuyos integrantes son extorsionados o asesinados por resistirse al cobro de cupos.

¿Quién es, entonces, el verdadero traidor? En un sistema donde se legisla a favor de mafias y se protegen los intereses de grupos que lucran con la violencia, señalar a los ciudadanos que alzan la voz como enemigos de la patria es un acto de cinismo colosal. El verdadero patriotismo se encuentra en la defensa del derecho a protestar, en la denuncia de las tropelías de las organizaciones criminales y en la exigencia de justicia. La historia enseña que las sociedades que renuncian a la protesta se condenan a vivir bajo el yugo de quienes detentan el poder para fines ajenos al bien común.

El gobierno de Boluarte pide silencio, pero la ciudadanía comprende que en el silencio reside la aceptación de lo intolerable, de lo injustificable, de lo indignante. Movilizarse no es un acto de traición, sino de dignidad. La retórica oficial de “traidores a la patria” solo evidencia el miedo de un régimen incapaz de enfrentarse a la realidad: el verdadero peligro para el país no proviene de las calles que claman justicia y seguridad, sino del gobierno y del Congreso, que dictan políticas y emiten leyes que perpetúan la inseguridad, la corrupción y la impunidad.

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Congreso, Dina Boluarte, organizaciones criminales, traición a la patria

[Música Maestro] De jueves a viernes, esta semana, bares, oficinas y callejones seguramente fingieron querer al Perú, en el Día de la Canción Criolla (31 de octubre), cantando a grito borracho esa composición que el gobierno militar de los setenta le encargó a Augusto Polo Campos -me refiero, por supuesto, al vals Contigo Perú- y que cuatro décadas después se convirtió en superficial himno de banderazos para celebrar fracasos futbolísticos y coartadas de políticos de estercolero que buscan capitalizar la vacía e infértil emoción de quienes se ponen camiseta rojiblanca cuando juega la selección pero que, en paralelo, terruquean a quienes marchan o apoyan a las marchas, manifestaciones de un hartazgo que, siendo mayoritario, aun no es suficiente para sacarnos del agujero oscuro en el que nos encontramos como país.

Para mí, escuchar música criolla es otra cosa. No tiene que ver con engaños patrioteros de poca monta. Tiene que ver con el amor que me hizo sentir mi familia paterna por los sonidos propios, por la sana picardía y el calor de casa, el preludio nacional que me preparó para disfrutar hoy de todo lo que por naturaleza me es ajeno: un jazz o un death metal norteamericano, una rumba cubana o una tonada mediterránea en Estambul, una polka balcánica. Escuchar música criolla es, para mí, sinónimo de mi niñez y mi universidad, de mis anhelos socialdemocrátas y mis iras frente a la bazofia que carcome hoy nuestra sociedad y nuestra política. Es la base de mi liberalismo sonoro y mi humanismo radical. Es todo lo que los poderes Ejecutivo y Legislativo hoy pisotean con su ignorancia, su cinismo y su corrupción. Ellos no merecen escuchar estas canciones. No merecen ser considerados peruanos, como ellas. 

RAFAEL MATALLANA, VÍCTOR REYES Y ALBERTO URQUIZO – EL PRIMER RECITAL DE LA CANCIÓN CRIOLLA (Decibel Discos, 1968)

Apenas cinco meses antes de que el general Juan Velasco Alvarado tomara el poder a través de un golpe militar, derrocando al primer gobierno del arquitecto Fernando Belaúnde Terry, el 1 de mayo de 1968, se grabó este LP en la Sala Alzedo (así, con “z”) del Teatro Segura de Lima, en el que se reproduce este recital de música criolla, organizado por la Corporación Nacional de Turismo. 

El concierto no es una simple sucesión de valses conocidos, sino que incluye elegantes textos escritos por nuestro recordado poeta y compositor Juan Gonzalo Rose y leídos por Estenio Vargas, conocido periodista de la época, quien además fue el productor de este espectáculo en el que se cuenta la historia del vals peruano. Varias de las composiciones que forman parte del programa pertenecen a la llamada Guardia Vieja –como La palizada (“a la muchachada del Karamanduka”), La andarita o El plebeyo (de Felipe Pinglo)- pero también hay canciones de la segunda hornada de autores criollos que surgió a mediados de los años cincuenta, y algunos temas que para esa época eran relativamente nuevos. 

Muchos de estos, con los años, se convirtieron en títulos fundamentales del cancionero limeño, reproducidos hasta la saciedad e interpretados de mil maneras: desde La flor de la canela, de Chabuca Granda (grabada por primera vez en 1953); Madre, de Manuel Acosta Ojeda (escrita en 1951 y popularizada por el Trío Los Chamas); hasta Cuando llora mi guitarra (Augusto Polo Campos) o Yo la quería patita (Mario Cavagnaro); todas en versiones cortas, resumidas, para facilitar las descripciones con las que empezaba cada surco del LP. 

Las guitarras, tocadas con fineza y trinar criollo, son de Víctor Reyes y Alberto Urquizo, dos de los guitarristas más solicitados en los estudios de grabación y las radios de entonces, ambos miembros activos del Centro Musical Unión y provenientes de la escuela de Breña, expertos en bordones y solos agudos que caracterizan el toque criollo antiguo, genuino. Ambos de gran talento, eran conocidos por haber acompañado a diversas estrellas como Nicomedes Santa Cruz, Pedrito Otiniano, entre otros. 

Doce de los catorce temas incluidos en esta histórica grabación son cantados por el recordado Caballero de la Canción Criolla, don Rafael Matallana, en aquel entonces una de las voces más respetadas del criollismo, ese que para muchos ya murió y está sepultado bajo las peñas-discoteca en las que prima el estilo chacotero de Los Ardiles y el vals-balada al que nos han malacostumbrado cantantes como Bartola o Eva Ayllón (sobre todo en sus grabaciones más recientes, orientadas a un público más “internacional”). Los dos temas restantes, Remembranzas e Idolatría, son tocados solo por los guitarristas Reyes y Urquizo y constituyen una clase maestra de cómo debe tocarse el vals criollo. 

Este álbum, inexistente en formato digital, contiene además algunos títulos que se interpretan muy poco en la actualidad como Jesús (Pedro Bocanegra), Ídolo (Manuel Quintana/Braulio Sancho), Anita (Pablo Casas) y Mi primera elegía (Eduardo Márquez Talledo/Serafina Quinteras). Si quieres escuchar verdadera música criolla, en este disco descubrirás que no todo es Regresa, Mal paso o Mi propiedad privada. Esta es música criolla de la fina, de esa que cada vez se practica menos.

ARTURO «ZAMBO» CAVERO & ÓSCAR AVILÉS – LES TRAEMOS… EL CHACOMBO (Iempsa, 1979)

Nuestra música criolla costeña tiene una larga historia, cuyo comienzo formal data en las décadas finales del siglo XIX y primeras del XX. En esos casi 100 años de evolución, hay diversos momentos emblemáticos de desarrollo musical, con figuras que ayudaron a definir el sonido de nuestra patria. En 1979, dos titanes del vals criollo se juntaron para producir este álbum titulado Les traemos… el chacombo. 

«Chacombo» es el nombre de un instrumento de percusión proveniente del norte peruano -específicamente en Zaña, Lambayeque- usado por las poblaciones afroperuanas para tocar festejos y landós. En 1958, Manuel Quintana y José Durand, gestores culturales de la época, recuperaron letra y melodía de una canción dedicada a este peculiar instrumento, con ritmo frenético similar al popular festejo, y se la entregaron a Óscar Avilés y Arturo «Zambo» Cavero, quienes la arreglaron junto a don Augusto Ascuez, un legendario cantante criollo de callejón y solar. 

Avilés -para muchos, la primera guitarra del Perú- había paseado su talento en diversos conjuntos como Fiesta Criolla, Los Morochucos, entre otros. Y ya era conocido su estatus de leyenda por su revolucionaria forma de atacar los bordones y trinos típicos de nuestros valses «guardiaviejeros». Por su parte, «Zambo» Cavero se había hecho muy conocido como cantante y cajonero en interminables jaranas criollas de esa Lima que ya fue, que no existe más, y que jamás volverá. Esa Lima de los años cincuenta y sesenta, que algunos consideraban horrible en su tiempo, hoy es recordada con nostalgia por sus sobrevivientes. 

Avilés y Cavero se unieron por primera vez para este disco y dieron inicio a una colaboración musical que se convertiría en el emblema mayor de la música de la costa peruana durante décadas. Sobre la base de El chacombo -el tema que mencionamos al inicio- la dupla armó un listado con diez canciones ideales para musicalizar cualquier almuerzo familiar: valses de despecho (Mala mujer, Mi amiga la tristeza, Sigue mintiendo), de amor profundo (Sincera confesión, Rebeca, Nuestro secreto, La noche de tu ausencia), un cadencioso y jaranero festejo (Pancha Remolino) y hasta una polka que, a estas alturas, ya viene a ser un género oscuro, antediluviano, por lo poco cultivado que es en la actualidad (El picaflor). 

Los temas vienen firmados por dos compositores de fuste de nuestro cancionero criollo: Félix Pasache y Mario Cavagnaro, con tres y dos títulos cada uno, mientras que Eduardo Márquez Talledo, otro nombre principal entre los autores de valses contribuye, aunque ahora a través del festejo Pancha Remolino que cierra el LP. 

La guitarra de Avilés es brillante, con ese manejo único de silencios y profundos bordones característicos, que cruza con repentinos e inspirados solos y trinos colocados de manera inesperada, entre compás y compás; mientras guapea y llama y hace armonías vocales en su distintivo grito contra-alto. Por su parte, la voz de Cavero suena limpia y sin esos antipáticos gorjeos que incorporó a su desempeño vocal en sus últimos años, para ayudarse seguramente, debido a las dificultades que le ocasionaba el sobrepeso que padeció. Ahora que ambos ya no están entre nosotros, este disco reafirma su condición de clásico por el sonido fresco y, a la vez, tradicional, que ofrece, una propuesta que se echa de menos en la música criolla moderna, dada a las oportunistas, disforzadas y poco talentosas fusiones con la balada, el lounge y el jazz que suelen practicarse actualmente.

LOS TROVEROS CRIOLLOS – VUELVEN LOS TROVEROS CRIOLLOS (Sono Radio, 1954)

En los años cincuenta hubo diversos conjuntos que conformaron la segunda generación de artistas que cultivaban la música criolla -entendida como la expresión musical de la costa peruana- con un repertorio que combinaba valses y polkas de la Guardia Vieja (estas son canciones compuestas durante las tres primeras décadas de siglo XX, aunque algunos extienden el rango de este tipo de valses a los siguientes 20 años). 

Uno de los más populares es el dúo conformado por Lucho Garland (segunda voz, primera guitarra) y Jorge «El Carreta» Pérez (primera voz, segunda guitarra), Los Troveros Criollos. Su estilo festivo y tradicionalista los convirtió en favoritos en Lima, aquella Lima criolla y jaranista que ya no existe más, ni en los valses convertidos en balada de Bartola o Eva Ayllón ni en la chacota con sabor a farándula de Los Ardiles. La voz aguda, con tonalidades similares a las de un payaso -dicho esto sin ningún afán despectivo, por cierto- del «Carreta» se combina con el tono de barítono de Garland, que recuerda a Los Morochucos, creando una atmósfera cercana al público, simpática y de mucha chispa, particularmente porque Los Troveros Criollos impusieron los valses compuestos por Mario Cavagnaro, con letras que incluían múltiples giros idiomáticos y dichos que se usaban en los barrios de antaño, la replana, esta jerga de origen delincuencial hizo su paso al habla coloquial de las personas decentes y familias gracias al uso masivo en canciones como Yo la quería patita, Carretas aquí es el tono o Desembólate chontril, las tres firmadas por el genial arequipeño, uno de los mejores compositores de la era dorada de la música criolla. 

Las tres están incluidas en este segundo LP de Los Troveros Criollos, junto con otros clásicos de las jaranas limeñas como Ay Raquel (de Augusto Polo Campos), El parisién y La Reyna de España, que hasta hoy suelen escucharse en círculos que aun cultivan el buen y verdadero criollismo. 

La guitarra de Garland es inspirada y plagada de trinos, mientras que Pérez replica con un acompañamiento experto en secuencias de acordes, bordones precisos y golpes cerrados que bastan y sobran haciendo innecesaria la presencia del cajón. Este famoso instrumento de percusión, que hoy padece de sobre exposición mediática como símbolo de peruanidad y uso exagerado de propios y ajenos, recién pasó a ser estable en ensambles criollos a finales de la década de los cincuenta. 

El disco contiene además Parlamanías, un tema compuesto por Serafina Quinteras con la ayuda de Jorge Pérez en el que se hace creativa mofa de las promesas eternamente incumplidas de los congresistas. Este valsecito, escrito hace más de 80 años, es 100% aplicable a cualquier campaña electoral de nuestro país, sea esta local, regional, municipal o presidencial. Parlamanías debería ser tan conocida como La flor de la canela, Mal paso, Propiedad privada o Contigo Perú -solo por mencionar a algunos de los temas criollos que hoy cantan a voz en cuello los jóvenes cuando se las quieren dar de «criollazos» insertos, como están, en esa falsa tendencia patriotera que sale a relucir cada vez que juega la selección de fútbol o cada 31 de octubre.

Sin embargo, es evidente la sombra de oscuridad que se cierne sobre este ingenioso vals, que refleja la indignación y el sarcasmo ante las distintas generaciones de mentirosos y sinvergüenzas que nos vienen gobernando desde hace décadas, un fenómeno que hoy padecemos en su más alto grado de putrefacción y descaro. Si quiere escuchar un bonito disco de valses criollos antiguos, consígase este o cualquier otro título de Los Troveros Criollos. No hay pierde.

LUCHA REYES – UNA CARTA AL CIELO (FTA Producciones, 1971)

Cuando apareció este disco de Lucha Reyes, ella ya era una superestrella de la música criolla pues se había hecho conocida viajando por todo el Perú como parte del elenco de la Peña Ferrando, grupo itinerante de artistas organizado por el productor y conductor de radio y televisión, Augusto Ferrando. 

Una carta al cielo es el segundo LP oficial de Lucha Reyes, lanzado a través del sello Fabricantes Técnicos Asociados, subsidiario de RCA Victor. La «Morena de Oro del Perú» poseía un fuerte y claro timbre vocal, agudo y expresivo, y llamaba la atención por sus presentaciones en vivo en las que ponía profunda emoción en cada una de sus interpretaciones. 

Con el marco musical del conjunto liderado por los guitarristas trujillanos Rafael Amaranto y Álvaro Pérez (ambos del grupo Los Caciques), y la colaboración en algunos temas del saxofonista y director de orquesta argentino Freddy Roland, Reyes grabó estas doce canciones -diez valses y dos marineras/tonderos), que pertenecen al cancionero popular peruano y que han sido interpretados por una enorme cantidad de artistas. 

Sin embargo -y, en parte, por el estatus de leyenda que adquirió Lucha Reyes por su azarosa salud y su posterior muerte, dos años después- estas versiones son de las mejores de cada uno de estos temas, cargadas de una emotividad muy particular. A pesar de que en los últimos años solo se escuchan Regresa y Propiedad privada, la última de las cuales está contenida en este álbum, producido por Viñico Tafur, Lucha Reyes nos ofrece una bonita selección de valses románticos, firmados por algunos de los más connotados compositores de la segunda generación de autores criollos. 

Por ejemplo escuchamos Remembranzas (de Pedro Espinel), Jamás impedirás (de José Escajadillo) y Ya ves (de Augusto Polo Campos), tres de los valses más escuchados durante los años setenta y ochenta, en las voces de famosas intérpretes como Eva Ayllón, Cecilia Bracamonte, Cecilia Barraza, entre otras. 

El tema-título, Una carta al cielo, es una tierna historia en la que un niño huérfano es llevado a una estación de policía por haber robado cintas de una tienda. El chico, cuando el oficial le pregunta si ha robado, le dice que sí pero para ponerle las cintas a una cometa en la que ha amarrado una carta para su madre que está en el cielo. La canción fue compuesta por el trujillano Salvador Oda (autor de la también popular canción El árbol de mi casa, popularizada por Carmencita Lara). Una carta al cielo fue grabada por primera vez en 1945 por Los Trovadores del Perú y luego por Maritza Rodríguez, pero fue esta versión la que quedó como la mejor, por el talento interpretativo de Reyes, que la convirtió en un clásico del Día de la Madre, para todos aquellos que ya no la tenemos a nuestro lado. 

Propiedad privada es, de hecho, el tema que más se escucha de este LP, y fue escrito por el poeta y músico hispano-mexicano Modesto López; y, a partir de la fama que alcanzó en la voz de Lucha Reyes, fue grabada también en bolero, salsa y hasta en rock, además de ser un tema inevitable en cualquier recopilación de clásicos del criollismo, fiestas, peñas y karaokes. El verdadero nombre de Lucha Reyes fue Lucila Justina Sarcines Reyes.

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Lucha Reyes, Música criolla, Óscar Avilés, Perú

A lo largo de su historia, el Perú tuvo un Congreso con cámaras de senadores y diputados hasta que Alberto Fujimori y su Constituyente, propusieron un solo parlamento conformado por el mínimo posible de representantes para evitar desperdicio de dinero. Décadas después nos dimos cuenta de que habíamos creado un parlamento sin un filtro contra sus descabelladas propuestas, pero al Congreso ya poco le importó. Tomado por redes de corrupción y clientelaje, el año 2020 las protestas de diversos sectores de la población fueron escuchadas y se realizó un referéndum. A sabiendas que también queríamos impedir urgentemente que continuaran reeligiéndose los congresistas, tomaron como pretexto el poder postular a la futura cámara de senadores para poder continuar haciendo de las suyas con la legislación nacional. Fue por eso que en el referéndum nos opusimos a la creación de dos cámaras. Nos obligaron a distorsionar nuestro proyecto pero priorizamos detener a este clase política corrupta. 

A pesar de los resultados del referéndum, este Congreso se zurró en la decisión del pueblo peruano y emitió en marzo de este año la Ley 31988, que retoma las dos cámaras y que declara abiertamente la posibilidad de la reelección (artículo 90). La presidenta le dio luz verde sin ningún comentario. De esta manera, en el Perú se evidenció cómo el Poder Legislativo mantiene (bajo amenaza de destituir la Presidencia) el control de Ejecutivo para legislar y gobernar según los intereses de sus integrantes.

Si son 130 parlamentarios (que salvo muy raras excepciones) no nos representan, la crisis política en la que nos encontramos podríamos describirla como una carencia de representación que proteja los diversos derechos e intereses de la población en los poderes del estado. Que la decisión de amplios sectores de la población no sea tomada en cuenta, nos lleva a evidenciar que entonces en nuestro país la ciudadanía más básica ya no existe; que nuestra participación se reduce a las elecciones, reemplazando el aparato necesario para un diálogo fundamental de acuerdos públicos, por tendencias de aprobación y popularidad, más cerca de una rifa, de un ranking televisivo, que de la versión más simple de una asamblea popular. La crisis es sin duda, de la democracia.

Como cereza en la crema, El día de ayer se ha presentado a la Comisión de la Constitución, sin el sustento legislativo requerido, el proyecto de Ley que establece la reforma electoral para votar según la estructura del futuro Congreso. En él se modifica el número fijo que se aprobó en marzo (60 senadores y 130 diputados) porque añade una fórmula para determinar el número representativo de diputados y de senadores. Este requerimiento se encuentra en el artículo 21.4 del predictamen, precisando que se dispone un diputado por cada 150.000 electores y un senador por cada 300.000 electores. Dada esta fórmula, los senadores serían por lo menos 80 y los diputados al menos 170. 

Más allá de que esa fórmula debiera ser aprobada por todo la población, sometida a debate y quizá a referéndum, lo cierto es que añade al aumento del número de curules, el mantenimiento del voto preferencial, el principal recurso que encontraron las cabezas de organizaciones delictivas para controlar la legislación nacional. El voto preferencial provoca que se vote por los candidatos y no por los partidos políticos. Por esta razón, los candidatos solo invierten en sus campañas electorales, y no trabajan con propuestas legislativas diseñadas y defendidas por sus partidos políticos, acordes con sus principios y propuestas ideológicas. Los partidos sólo son medios alquilados temporalmente para ser elegido y conseguir manipular directamente la legislación como convenga. La mayor farsa política.

En estos días de paros y protestas, uno de nuestros primeros reclamos debiera ser ponerle fin al sistema de votación preferencial que tal como lo anuncia este gobierno, nos someterá a un mismo Congreso durante cinco años más, sólo que con un número mayor de parlamentarios listos para continuar desmontando los restos de un sistema justo y democrático de gobierno nacional.

Por : Andrés Echevarría

El mismo día en que la Iglesia católica celebra al Santo que sufrió en carne propia el comunismo y luego, como Papa lo venció, fallece el teólogo que intentó hacer una síntesis entre el Evangelio y el Marxismo.

Esta coincidencia entre San Juan Pablo II y Gustavo Gutierrez tiene, para mí, un mensaje de lo alto. Las cosas pasan por algo. Lógico que es una interpretación muy personal. Pero no podemos negar que el teólogo peruano y el Santo polaco son como antípodas en el pensamiento. Ahora sus vidas ( y sus muertes) están unidas en una fecha:  22 de octubre. 

Pienso que esta curiosidad trae un mensaje de unificación al interior de la Iglesia y en el mundo. Hoy necesitamos reconciliar posturas, reconocer la diversidad, respetar a quien piensa distinto, defender la libertad de conciencia (y la objeción de ésta), no atrincherarse en ideas ni en formas, etc. Conservadores, progresistas, de derecha o de izquierda…todos tienen cabida. La Iglesia es una familia y bajo la autoridad del Vicario de Cristo nos reconocemos hermanos en la misma fe.

¿Qué Juan Pablo defendió la doctrina y Gutierrez la cercenó? Creo que los juicios tan simples resultan injustos con la historia.

Recuerdo que escuché al Padre Gutierrez en una charla en la PUCP en el segundo semestre de 1984. El aula estaba repleta. Había gran expectativa. Después de su disertación, hubo intervenciones de alumnos. Recuerdo dos de ellas. En la primera, uno citó una frase de uno de sus libros, donde el teólogo propone que se le debe liberar al rico de su riqueza usando la violencia. El P. Gustavo respondió que no era esa una interpretación correcta y que no se le debe interpretar de manera literal. Después, otro, salivando por la emoción de tener a un ídolo enfrente, lo alabó diciéndole que él había conseguido la cuadratura del círculo…que había conseguido hacer compatible el marxismo con Jesús. El teólogo rechazó esa alabanza y dijo que no era así. Según él, los evangelios tienen la flexibilidad para estar siempre en actualidad. 

La teología de la liberación llevó a unos sacerdotes y agentes pastorales a entrar en la lucha armada contra las injusticias sociales. Su buena intención, junto con su escaso raciocinio, estuvo marcado por un emotivismo. No se dieron cuenta que la liberación de las injusticias pasaba por la liberación del corazón. Quisieron acortar camino y recurrir a la violencia. Por otro lado, nos ayudaron a preguntarnos por los necesitados. A poner la mirada en cómo llevar a Cristo al mundo de la pobreza extrema. Qué responder ante el cuestionamiento sobre las estructuras injustas. Cierto es que la Doctrina Social de la Iglesia tiene una respuesta. Sin embargo, no agotaba el tema. 

Entre los teólogos de la liberación, unos se apartaron de la Iglesia. Negaron la autoridad del Papa. Otros, como el teólogo peruano, aceptaron seguir fieles. 

El 22 de octubre será el día de la conciliación. Un Papa y un sacerdote se dan la mano. Ambos defendieron sus verdades con ardor y sabiduría. La doctrina es clara. Viene de lo alto. Pero las interpretaciones son humanas y más allá de lo que afirman, nuestros corazones deben tener la hidalguía de tender puentes. La Iglesia debería ser un buen ejemplo donde se pueda vivir en armonía y cordialidad, teniendo, cada uno, sus puntos de vista.

Creo que el mejor homenaje a ambos teólogos es que el mundo vea en nosotros, los católicos, que es posible vivir la unidad en la diversidad, la caridad en la pluralidad y la esperanza de un mundo más justo y solidario. Nuestro compromiso es con Dios y con nuestro prójimo. Trabajando para erradicar la pobreza con la mirada puesta en el cielo.

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Padre Gutierrez, Teología de la liberación
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