Opinión

Cuando la historia se interna en el presente sin tomarse tan a pecho la saludable costumbre de la distancia crítica, es decir, cuando hay una proximidad entre la realidad y su representación escrita, la frontera con el periodismo se hace muy porosa. En ambos casos, la historia del presente y el registro informativo de lo inmediato, hay un sentido de la urgencia, una ansiedad por hacer constar y ver las cosas. Esta es la impresión que deja seguramente en los lectores el volumen Días contados. Lucha, derrota y resistencia del Perú en pandemia, crónica de muchas facetas escrita a dos manos por Rafaella León y Luis Jochamowitz. 

El título es bastante explícito y se suma ya a una serie de libros aparecidos durante los oscuros e impredecibles meses que empezamos a vivir en marzo del año pasado. Sin embargo, la intención que declaran los autores de hacer de esta escritura una crónica “sanitaria” y “política” ofrece, sin duda, un matiz que nos aleja de la perspectiva intimista y coloca el relato en un horizonte más amplio (Lima, por defecto), a modo de estrategia para entender, aun inicialmente, los múltiples sentidos que adquiere el Covid 19 en relación con la vida peruana. 

La pandemia ha sido (lo es todavía) un termómetro social, un medidor de presión, un muestrario de conductas y reacciones, una caja de sorpresas. Ha sido campo fértil para la posverdad, para la desinformación y pésimas prácticas mediáticas y, también, para desarrollar la conciencia de la carencia, para transparentar una serie de desigualdades ocultas bajo el canto de sirena de las cifras macroeconómicas, dudoso escudo protector contra la menor insinuación de cambio o reforma.

El libro se centra sobre todo en el año 2020 y es una sugerente exploración de entresijos y detalles observados con rigor y precisión y abarca una vasta serie de sucesos. El libro se inicia con las primeras noticias de la epidemia, en un lugar muy remoto, en teoría ajeno a nosotros hasta que llegó ese día de marzo en que se declaró la cuarentena general. Anotan los autores (y los sigo en eso): “Durante décadas se discutirá sobre la cuarentena general del 2020, su efectividad y sus costos. En ese momento, sin embargo, nada se sabía y todo era posible. Los responsables políticos tenían en sus manos decisiones de una magnitud difícil de comprender” (p.45). Queda para la postal que fuimos el primer país de la región en ordenar una cuarentena. 

Como en los buenos relatos periodísticos, los hechos no están solos. Vienen también acompañados de las impresiones de sus narradores. El inicio del capítulo 3 (“El presidente confinado”) es muy ilustrativo al respecto: “La nueva edad del mundo comenzó con una rara belleza. Grandes avenidas vacías, autopistas silenciosas, cielos despejados, fauna silvestre que reaparecía tímidamente, como si nos hubieran estado observando desde lejos y se atrevieran a volver ahora que habíamos desparecido, nosotros, la plaga” (p.55). 

Los episodios van sucediéndose. Aparece un perfil de Vizcarra, pieza infaltable del museo del vilipendio (del merecido en todo caso), se relata el desconcierto y el miedo producidos por el aislamiento social y se enfoca un punto que mucha prensa tocó en su momento pero luego prefirió silenciar: los retornantes (a la larga una cadena de contagio), aquellos caminantes que en su desesperación abandonaban Lima para volver a sus poblados, donde al menos podrían probar bocado.

El diseño narrativo parece corresponder a la lógica (no declarada) de un diario. En su linealidad, se dibuja el drama de la pandemia de una manera sobria y contenida, aun cuando muchos de los sucesos narrados podrían despertar enorme repudio en uno. Dos ejemplos: el tristemente recordado “vacunagate” (pp. 345-356) y el comercio del oxígeno medicinal, cuya subida de precio se encargó de mostrarnos el rostro más inhumano e indolente del mercado, para no olvidar el sistema de robo y pillaje de balones procedentes de los hospitales, así como los esfuerzos por solucionar esta enorme y aguda crisis respiratoria (pp.167-170 y 297-328).

Hay mucho más, por supuesto. Personajes de perfil heroico, otros aborrecibles; historias que indignan y conmueven, abundantísimos palos de ciego para darle cara a una situación desconocida y que sorprendió al país, literalmente, en ropa interior. Una crónica del desconcierto y la desesperación. Y al fondo, algo de luz. 

Días contados. Lucha, derrota y resistencia del Perú en pandemia. Lima: Planeta, 2021. 

Libro-Días contados

 

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Alonso Rabí Do Carmo es profesor ordinario de la Universidad de Lima, donde imparte cursos de Lengua, Literatura y Periodismo. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y obtuvo el Doctorado en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Colorado. Ejerce el periodismo desde 1989.

 

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Libro, Pandemia, Rafaella León y Luis Jochamowitz

Cada nuevo gobierno que llega al poder realiza cambios en todas las instituciones. Ello es totalmente válido. Nuevo gobernante, «nueva» administración. Todos los partidos lo hicieron, iniciando por el segundo gobierno de Alan García, quien no dudó en llenar de militantes apristas cada rincón de TV Perú. La gestión de Humala hizo lo suyo y no dudaron en sentirse poderosos, al punto de humillar a diversos reporteros del canal del Estado.

Efectivamente, los ministros de Ollanta Humala miraban por encima del hombro a los periodistas del canal de los peruanos: Pedro Cateriano.

¿Cómo olvidar –YouTube guarda el registro– cuando reporteros de TV Perú intentaron realizar preguntas al exministro Pedro Cateriano, en vivo, y el ex aliado de la campaña de la señora K lanzaba miradas de desprecio y actitudes de hombre con poder? Todo televidente del canal de todos los peruanos pudo verlo. Don Pedro Cateriano no supo disimular o el poder lo embriagó.

En los pasillos de Tv Perú siempre se supo que Nadine Heredia contaba con una cobertura especial por parte del canal. Eso no es periodismo gubernamental. ¡Ni de lejos!

Ahora bien. Lo que viene para Tv Perú en la era de Perú Libre en el poder. No es muy distinto, es peor. No sólo porque van a instalar a sus amigos en el canal del Estado, sino porque no tienen cuadros capaces para dichos puestos. Hasta el momento, no tenemos un presidente ejecutivo del IRTP y el ministro de Transportes y Comunicaciones, Juan Silva Villegas, tuvo la osadía de quejarse sobre la línea informativa de TV Perú.

Es evidente que, para Perú Libre y aliados más fanáticos, la información que proporciona el canal del Estado y la opinión de sus trabajadores debe ser monolítica y alineada a los intereses del partido y del gobierno. ¡No hay forma, señores, de ninguna manera!

¿Qué pretende el gobierno de Castillo con declaraciones y actitudes que sólo demuestran sus raíces autoritarias? ¿Qué concepto tiene el partido de gobierno sobre la libertad de expresión como derecho fundamental? Soslaya que todo medio de comunicación, con clara oposición a su gestión, tiene el derecho de expresar su posición en temas políticos, y que los ciudadanos tenemos el derecho a la información, algo que este gobierno no tiene claro, y lo demuestra con la relación agresiva que mantiene con los diversos medios, incluso contra el canal de Estado.

TV Perú necesita una reingeniería. No podemos permitir que los gerentes o directivos del canal controlen y manipulen el trabajo de reporteros que deciden realizar preguntas importantes e incómodas a ministros que creen que el canal de Estado es la caja de resonancia para sus pésimas gestiones: preguntas que generan indignación para ciertos ministros porque no saben qué, ni cómo responder. Cuando esto sucede, el reportero es llamado a gerencia y es «regañado» porque al ministro y a su equipo de prensa no les gustó sus preguntas. Lo digo por experiencia personal. El equipo de prensa de la exministra de Salud de Pedro Pablo Kucsynzki, Silvia Pesaj, puso mi nombre en gerencia de prensa porque no les gustó mi entrevista.

Seamos claros y directos. La línea editorial del Canal de los peruanos es definida por lo que decide el gobierno que ingresa. Ha sido así por muchos años. Pero es necesario que eso cambie. Sí. ¿Cómo hacerlo? El presidente ejecutivo no puede seguir siendo elegido a dedo por el Ministerio de Cultura. Dicho puesto debe dejar de ser un cargo de confianza, al igual que el gerente de prensa. ¿Tal vez es momento de dejar la creación de los contenidos a terceros? La elección de los altos cargos debería darse mediante un riguroso concurso público. La responsabilidad del canal del Estado es cubrir e informar las actividades del presidente y sus ministros, por supuesto.

Sin embargo, señores ministros, informar significa dar a conocer las distintas aristas de un tema. Lo malo, lo bueno y lo feo. Necesitan una aceptable percepción de imagen. Lo sabemos. Pero esa responsabilidad no es del canal de Estado. La responsabilidad es sólo suya.

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Gobierno peruano, línea editorial, Tv Perú

Un gobierno débil, torpe, ineficiente, mediocre y pertinaz en el error, como el que nos ha tocado en suerte, ha decidido, a pesar de que su tarea inmediata debiera ser resolver ese zafarrancho interno, ir a la confrontación política con el Congreso.

El premier Bellido ha anunciado que evalúan hacer cuestión de confianza por el eventual pedido de censura al ministro de Trabajo Iber Maraví. El propósito es claro: intimidar al Congreso, dado que si a pesar de la amenaza éste insiste en la censura gasta una bala de plata. Se tumba al gabinete Bellido, pero queda expuesto a que a la siguiente cuestión de confianza denegada que se dé, podrá ser disuelto.

Y si el gobierno ha decidido hacer cuestión de confianza para defender a un políticamente inefable como Maravi, pues hará lo propio cuando quiera expropiar Camisea u otros proyectos empresariales privados (que requiere ley del Congreso), cuando solicite formalmente las facultades delegadas o cuando quiera reformar el artículo 206 de la Constitución.

El régimen, por cierto, juega con fuego, porque ante el escenario factible de la disolución, lo “racional” para un congresista, será optar por la vacancia. “Si me van a disolver igual, pues prefiero irme vacando al gobierno matón”, puede ser tranquilamente la lógica que prime en parlamentarios que hasta ayer podían dudar de si llegar o no a la censura al titular de Trabajo.

Ante la matonesca advertencia de Bellido, lo digno y valiente es que el Congreso, con mayor razón, censure a Maravi y fuerce un cambio de gabinete. Y que se prepare para que el Ejecutivo trate de repetir la figura a la primera de bastos. Es el propio Ejecutivo el irresponsable que ha decidido desempolvar las armas nucleares que ambos poderes del Estado tienen en su arsenal político.

De no ser patético sería risible. O es ambas cosas a la vez. Y claramente refleja que lo que cunde en Palacio es un absoluto desgobierno, con un Presidente timorato y ausente, a quien su Premier se da el lujo de pechar públicamente. Resultado de ese caos interno es el exabrupto político que ayer ha anunciado el Premier con la aparente anuencia -ya ni eso se sabe a ciencia cierta- del holograma palaciego.

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Congreso de la República, Guido bellido, Iber Maraví

El principal problema del ministro Ciro Gálvez es que no conoce el fenómeno cultural, y en consecuencia no tiene un punto de vista sobre qué debe hacer el MINCUL. Podría asesorarse, aunque a estas alturas es obvio que no se lleva bien con buena parte del sector que encabeza, y que es un hombre impetuoso. Todavía puede buscar asesoría internacional, mejor si es algo diversa, para comparar. Hoy con el hábito del zoom, es cosa de días concretar el apoyo. Pero antes debe tomar plena conciencia de sus debilidades, y actuar considerándolas.

Creo que todas las políticas de Estado, a nivel ministerial, deben contribuir al proyecto nacional de escapar del subdesarrollo. No tengo dudas de que este último responde a una división internacional del trabajo que nos perjudica, y que persistimos en el modelo degenerativo porque un velo occidentalista y colonial que nos lleva a hacerlo. En este orden concentrador de riqueza, sólo un público reducido de la población – usualmente el de mayores ingresos – ejerce su derecho a la cultura, en parte porque en la lógica occidental ésta no es gratuita (sino más bien cara), y en parte porque la concepción de producto cultural que prima lo impide. Por ello, la función central del MINCUL debe ser la de empujar la universalización del acceso a la experiencia de producir y consumir cultura. Cuál otra podría ser, me pregunto. La institucionalización definitiva y la guardianía de la pluriculturalidad peruana, por ejemplo, debería estar en manos de la PCM, porque es una política pública interministerial y multinivel que demanda mucha experiencia de gobierno y poder político, y que a menudo colisiona con grandes intereses privados. Un ministerio nuevo, muy precario y con poco peso ante la opinión pública facilita la labor de los depredadores empresariales, y hasta hoy siempre ha sido rápidamente silenciado por el presidente de turno cuando ha habido conflictividad social de procedencia intercultural. 

La promoción de valores ciudadanos es otra tarea asumida como trabajo primordial del MINCUL, sobre todo entre nuestros gestores culturales. No tiene por qué ser una mala idea, pero está imposibilitada de ser función central del ministerio, porque no tenemos un consenso valorativo al respecto, y por tanto los contenidos del proyecto estarían siempre sujetos a cambios quinquenales, o a ser superficiales para poder sobrevivir. Tampoco la identidad nacional es misión del sector Cultura, como se ha pretendido algunas veces. En general, los contenidos  cohesivos de Estado son responsabilidad del presidente y todo el ejecutivo. El MINCUL puede ser muy estratégico en este cometido, pero no lo lidera. Su gran función pública está  vinculada a la universalización de la experiencia cultura, cuyo ejercicio libre – sea uno emisor o receptor – nos enriquece en la toma de conciencia frente a la realidad, y en muchos otros sentidos. Seríamos otro pueblo si todos estuviéramos más familiarizados con estas prácticas.

Pero delimitada la función, vayamos al dilema: cómo hacer accesible y masiva la experiencia cultural en el Perú. Es claro que aquí se está entendiendo cultura como el conjunto de eventos representativos de la realidad, que se diseñan y presentan – o registran y distribuyen – para el disfrute de otros, y no cultura en su concepción antropológica. Al punto: lo primero es mirar y entender nuestra oferta de cultura, pues sobre ella tiene gobierno y capacidad de fomento el MINCUL. Dicha oferta tiene dos grandes componentes: las bellas artes y sus géneros contemporáneos (por ejemplo la pintura, la danza o las expresiones conceptuales callejeras) y las industrias culturales, que demandan tecnología de producción masiva, y por tanto mucho más inversión en la producción (el ejemplo típico es el cine). De hecho, hay muchos productos que pertenecen a ambos dominios, como la música de estudio o la literatura impresa,  porque los límites conceptuales entre ambas categorías son difusos, pero de todas formas, son estos dos terrenos los que delimitan, hasta hoy, la oferta cultural peruana. El problema de este esquema es que está muy lejos de permitir el masificación de la experiencia cultural libre, pues su institucionalidad y sus fuentes de financiamiento se contraponen, tarde o temprano, a la universalización del acceso, a la libertad de contenidos o a ambos.

En el caso de las bellas artes y sus formatos contemporáneos, está en su génesis la tendencia a complejizar el disfrute y la producción del acto cultural, lo que trae como consecuencia la inevitable elitización del circuito. Son siempre ofertas y demandas muy pequeñas las del mercado de la “alta cultura”, y el esfuerzo de hacerlas masivas, de intentar acercarlas al gusto mayoritario, violenta lo que más valoran sus agentes creativos: la no interferencia de terceros en el contenido de la manifestación vivencial, explícita u oculta. De modo que, aunque se contara con los grandes montos públicos que requiere consolidar una oferta de bellas artes (y afines) competitiva en volumen y calidad, ésta nunca sería masiva, muchos menos en un país subdesarrollado donde las prioridades de gasto familiar siempre son otras. Suele haber libertad de contenidos en este componente de la oferta cultural, pues casi siempre sus productos están financiados por quien los inventa, pero esta independencia se restringe cuando – ocasionalmente – se ayuda con el apoyo material del Estado (premios o infraestructura de exhibición), pues en general los gobiernos valoran mucho más la estabilidad política que el derecho a la crítica revulsiva.

Las industrias culturales, por su parte, sí están vinculadas a los grandes públicos, pero no a partir de sus contenidos más progresistas – que suelen ser de culto – sino, en general, por medio de sus creaciones más banales y elusivas. Y dado que los soportes masivos tienden a ser caros, el empresario o dependencia pública que los financia no suele hacerlo “por amor al arte”, sino por objetivos concretos (no siempre visibles), que en el conflicto de intereses se impondrán a la libertad de contenidos. Obviamente, hay matices en toda realidad, pero es difícil discutir que la industria cultural está muy lejos de poder garantizarnos al acceso masivo a la experiencia cultural libre.

Nada de lo anterior significa que la acción cultural vigente no tenga relevancia política. Claro que la tiene, y por eso es necesaria. Además es una matriz instalada en la realidad social y en nuestras mentes, por tanto es legítima. Pero no está llamada protagonizar la universalización de la experiencia cultural en el Perú. La oferta cultural contemporánea, tal como está concebida, tiene muchísimo que aportarle a las élites informadas y activas del país. Es indiscutible que la creación y el consumo del arte amplía la inteligencia de las personas, y que hay obras geniales que provocan profundas movilizaciones internas. Vaya que les sería útil este hábito cultural a nuestros grandes tomadores de decisión en el país – públicos o privados – y a nuestros mejores especialistas. Asimismo, el prestigio internacional de una corriente creativa o de una sensibilidad nacional es fortaleza geopolítica – poder sutil -, como bien lo han sabido los países desarrollados del mundo, que han posicionado a su gremio artístico por medio de buenas y malas lides. El MINCUL debe manejar con equilibrios inteligentes las tensiones propias de nuestro mercado cultural y – aunque estemos a décadas de una situación mínimamente comparable a la que se busca – apuntar al crecimiento y la mejora sistemática de nuestra oferta creativa artística.

Pero el MINCUL también debe tener claro que, para optimizar su gran objetivo de universalizar el derecho a la cultura en el subdesarrollo peruano, debe abrirse a lógicas y contextos distintos a los que hasta hoy han ocupado su principal atención. Espacios donde el mercado, la vocación distintiva (humana, por cierto), y el Estado mismo, tengan mucha menos posibilidad de intervención. Hay que promover, revalorar y hacer costumbre la expresión cultural en la vida cotidiana de la gente, sobre todo en el mundo popular. Pablo Macera, preciso y sistémico como ninguno, decía en 1975 que todo hombre puede y debe hacer cine, pero que antes había que democratizar sus tecnologías, abaratarlas. Fue muy visionario: hoy cualquiera produce videos con su celular, y un poco que cada uno de nosotros va haciendo, en las redes, la película de su vida día tras día. Debemos divulgar la idea de que la expresión cultural representativa es un derecho y una necesidad de todos, y que debemos ejercerla – para beneficio propio – en nuestra vida familiar y nuestros entornos vecinales. Siempre habrá público dispuesto. Todos estamos formados y definidos, en gran parte, por experiencias culturales de representación, porque son propias de la condición humana. Sin esos recuerdos, usualmente familiares, escolares o de barrio, seríamos otros. 

Los peruanos somos, además y desde siempre, un pueblo de músicos y danzantes, porque nuestros antepasados pre-hispánicos, y luego la comunidad afro-peruana, vivían entre cantos y bailes. Esto, como muchas herencias profundas, sigue felizmente en nuestros genes. Miren el futbol y el vóley de nuestras selecciones en sus mejores momentos, con ánimo contemplativo. Seguramente encontrarán música y danza muy particulares, distintos a los que ofrece el rival. Son manifestaciones humanas (insisto en que muy culturales), donde se ve expresada nuestra sensibilidad colectiva, en este caso nacional. Cuando nos conectamos con estos eventos, nos hacemos mejores. Es interesante notar que, bajo esta mirada, el límite entre expresión cultural y deporte es casi inexistente, siempre que éste sea vivido con amplitud mental, orgullo local y ánimo amateur.

Sin duda la propuesta que describo está muy intersecada con los movimientos peruanos y latinoamericanos de cultura viva comunitaria, aunque se concentra más en la democratización de la acción cultural misma que en la divulgación de la filosofía del bien común. No dudo que al final, inevitablemente, se trata de la misma lucha. También es cierto que estamos hablando de un territorio donde lo oral, actoral y lo audiovisual son lo más propicio, pero eso no significa que lo escrito va a dejar de existir en este entorno. Es imposible, encontrará sus causes expresivos y formatos. Muchos dirán que la mayoría de productos culturales de este circuito no tendrán gran sofisticación técnica y acabado. Es cierto, pero eso no significa que estén impedidos de adquirir la pericia básica necesaria para transmitir vivencias y conmover, o que no puedan inventar formatos más manejables. Al final lo más importante es si se transmite – y cuánto – los sentimientos y estados de ánimo.  Piensen en la música, cuya práctica puede complejizarse mucho, pero que también puede ser ejercida por cualquiera. Cantar es memorizar una melodía y una letra, e interpretarla con nuestra experiencia y voz. Percutar está en nuestra naturaleza. Hacer seguido ambas cosas nos puede dar muchas satisfacciones, y si se nos dan algunos secretos basales del oficio, podemos pasar por la experiencia cultural libre en nuestros entornos cercanos, todas las veces que queramos. Tema tras tema hacen repertorio todos los músicos del mundo. Nadie niega que hay instrumentos complicados, pero hoy existen tecnologías que los reemplazan. El asunto es quitarle la alta exigencia técnica al acto cultural, y privilegiar su potencial expresivo y movilizador para poder masificarlo. 

Consolidar un nuevo sentido común cultural y su institucionalidad no es sencillo ni se hace de un día para otro, muchos menos en nuestros países. La primera, y quizá la única gestión de Estado que se ha tomado en serio esta posibilidad, es la de Susana Villarán, que formalizó la política publica de promoción de culturas vivas comunitarias por medio de una normativa consensuada con los interesados  y un presupuesto de volumen significativo. Hay que retomar y reforzar este esfuerzo. Se trata de construir una nueva red de prácticas sociales, lo que se hace con objetivos lógicos, contenidos claros y divulgables, capacidad de desconcentración administrativa, tecnologías e instalaciones adecuadas. Lo último es lo más carente, porque demanda espacios públicos en la ciudad y eso  depende más de la gestión urbana que de la cultural, pero de ningún modo  impide el proyecto. Las tecnologías de transmisión masiva hoy son mucho menos problemáticas, aunque es verdad que la posibilidad digital todavía está lejos de ser universal en el Perú. Pero está el espectro electromagnético de propiedad pública, de donde el MINCUL debería obtener una señal televisiva y radial – bajo un esquema de financiamiento adecuado – para fortalecer su trabajo de gestión de culturas vivas comunitarias, y todo su plan sectorial. 

Debe quedar claro que el MINCUL, y cualquier entidad pública, no tiene por sí sola los brazos necesarios para llegar a la vida cotidiana de la gente, a todos los espacios locales del país. Por eso, además de las direcciones regionales de cultura – que deben ser fortalecidas – sus socios naturales, para este esfuerzo, son los gobiernos locales y los colectivos culturales, porque conviven de la dinámica de los barrios distritales. Otro canal muy importante es la escuela. El MINCUL debe buscar que se modifiquen los contenidos de la actual currícula escolar, en el área denominada Arte y Cultura, cuyas competencias a desarrollar entre los estudiantes son “apreciar de manera crítica las manifestaciones artístico-culturales” y “crear proyectos desde los lenguajes artísticos”. Es obvio que esto está pensado bajo los parámetros de la oferta cultural vigente, para incentivar a eventuales críticos o profesionales del arte, o para asegurar que los futuros ciudadanos entiendan los códigos de la alta cultura y los aprovechen. El área debe llamarse Expresión Cultural o algo así, y su objetivo debe ser equipar a los alumnos, emotiva, racional y físicamente, para ejercer su derecho a la cultura expresando sus vivencias en sus entornos cercarnos. El espíritu de este espacio docente, incluso su metodología, deben ser definidos por el MINCUL, aunque debe quedar muy claro que cualquier profesor promedio, sin importar su especialidad, puede enseñar muy bien estas materias, si comprende su definición  de acto cultural y le entusiasma el nuevo camino.

Queda por verse nuestro territorio rural, pues es evidente que lo hasta aquí comentado es sólo urbano. En el mundo pre-hispánico, la producción cultural era generalmente funcional, y se daba durante el trabajo agrícola y en ceremonias espirituales, para fines energéticos y de comunicación con la naturaleza. También hubo una tradición de acción cultural cotidiana entre los antiguos peruanos. Según María Rostworowski, abundaban los músicos y los instrumentos de fabricación casera en el incanato, y se solían hacer reuniones en las plazas públicas – entre familias amigas – para rememorar los antepasados con música y chicha de jora. El MINCUL debe ser parte estratégica de una política nacional de regeneración del territorio andino – tema discutido aquí en anteriores columnas -, y debe ser el responsable de recuperar y fortalecer la manera cultural pre-hispánica. Es un objetivo que no sólo agradecerá la patria, sino la especie entera, que busca  urgida las respuestas que el orden capitalista occidental ya no le ofrece.

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Cultura, MINCUL

UNO

“La tolerancia con el fascismo, en cualquiera de sus versiones, socava los cimientos de la democracia y abre un futuro tenebroso para todos”- Pedro Luis Angosto

Sonriente con un saco gris, pañoleta multicolor y blusa nívea. Keiko aparece a la derecha del vicepresidente, del partido franquista Vox, y otros dirigentes de la mencionada agrupación. La “derecha achorada peruana” representada por “La Chica”, como suele llamarle Montesinos; se reúne con la muestra más fiel de intolerancia que tiene la Madre Patria. 

Pero ojo, no fue la única.

Sudaba frio, el abogado, con cara de intelectualoide ¿monse o cojudo? Ante las punzantes preguntas del periodista, tratando de justificar lo injustificable: La reunión, con los políticos españoles, para firmar el pacto de Madrid. ¿Y en qué consiste? Frenar el avance del comunismo. ¿O sea que el espíritu de Joseph Mc Carthy sigue vivo? 

Odría, en los años cincuenta, proscribió el comunismo y el aprismo. ¿Estamos tan mal que retrocedemos en el tiempo?

¿La derecha piensa que esa es la manera de frenar a la izquierda? O sea, ¿no aprendieron nada de las ultimas elecciones?

 ¿Y si viene a Lima Marie Le Pen? ¿También te reunirías con ella? Sin problemas, ¿no? Ellos son fascistas, racistas y misóginos, pero demócratas. 

Es así Cavero, ¿no?

 

DOS 

“¿Cómo estamos para que el PPC se convierta en un apéndice el fujimorismo?” Anuska Buenaluque retrucándole a Lourdes Flores Nano

El papel de la derecha como oposición es lamentable. Ellos perdieron las elecciones al no presentar un candidato único. Claro, que la egolatría y la insania de poder, entre los candidatos, sepultó esa posibilidad. Y ¿quién es el Líder de la oposición? o ¿la figura, respetada por todos, con apoyo ciudadano indiscutible? Indíquenme.

En los cincuenta, a Belaunde Terry se le vio como una opción, al conservador Prado. Incluso, se le acusó de comunista. Nunca perteneció a la Oligarquía. Por otro lado, la Democracia Cristiana, de donde emergió Luis Bedoya Reyes, tampoco era un partido de derechas, sino profundamente democrático y anticapitalista. Ambos fueron de clase media. Tuvieron logros y cometieron yerros cuando fueron gobierno, en los sesenta y ochenta. Es innegable. Pero jamás hubieran apoyado a Keiko Fujimori. Y menos, tratar de censurar a los comunistas. 

Y si Lourdes, el PPC ya es una anécdota.

 

TRES

“Convocamos a la empresa explotadora y comercializadora del gas de Camisea, para renegociar el reparto de utilidades a favor del Estado, caso contrario, optaremos por la recuperación o nacionalización de nuestro yacimiento” Premier Bellido

La izquierda está demostrando (lo que nosotros deducíamos) que no estaba preparada para el gobierno. Que les llegó de rebote. El silencio pertinaz de Pedro Castillo ante los dislates de Bellido y demás integrantes de Gobierno (exceptuó a Francke, Torres y otros más), no hacen sino confirmarlo.

El Premier respondón, ególatra y ahora mensajero, evidenció que el cargo de Premier le queda grande. En una actitud ramplona, tuiteó amenazadoramente con una posible nacionalización de Camisea. Cuando ese papel le corresponde al Congreso, no a él. Y que el Presidente de la Nación debe conversarlo con el Pleno del Gabinete y trazar la Política a seguir; llevando la propuesta al Congreso para su aprobación. No se puede ser tan improvisado. Estoy leyendo la carta y las faltas de sintaxis, son pues lastimeras. Me cuesta creer que este personaje (ese es el termino exacto) tenga una Maestría. Déjame de joder. 

Velasco expulsó del país al IPC (Internacional Petroleum Company) que en 1968 que explotaba La Brea y Fariña, entre otras refinerías. En 1974, el Perú fue obligado a pagar unos 76 millones de dólares (400 millones de dólares actuales) a las compañías norteamericanas (entre ellas el IPC) como indemnización. 

 

CUATRO

“La clase dominante en Chile construyó un país. La clase dominante de Perú saqueo el país”. Cesar Hildebrandt

Siento envidia sana por nuestro vecino del Sur. Aún tienen muchos problemas, pero están mucho mejor que el resto de países vecinos. Han modificado su Constitución, a exigencia del pueblo. Destinan un punto del Presupuesto y expiden un cheque para el 90% de la población. Piñeira adquirió las vacunas e inmunizó a su población, mucho más rápido que el resto de Latinoamérica. El Presidente, de Derecha (no se equivoquen), envió al Parlamento una ley para aprobar el matrimonio homosexual y la adopción por parte de ellos. Este mes se define. Increíble.

Mientras en el Perú, aún hay gente que apoya los despropósitos de la derecha recalcitrante, enarbolando la bandera de la Cruz de Borgoña. Repugnante por donde se mire. 

No tenemos un líder, sea de derecha o izquierda, que nos represente adecuadamente. Solo esperpentos, demagogos, ególatras y corruptos. 

Dícese que los políticos son productos de su sociedad.

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Derecha, Izquierda, políticos

Mañana se verá si estamos ante un Congreso con las agallas suficientes para contener los desmanes políticos que este gobierno ha perpetrado con fruición en estos sus primeros sesenta días de mandato.

Todo comenzó con la designación del gabinete Bellido, un conjunto de impresentables, ligados algunos de ellos al Movadef, radicales cerronistas, acusados de violencia de género o abiertamente incompetentes para el cargo. Salvo contadas excepciones, un desastre por donde se le mire.

Y allí, cuando ese gabinete fue a pedir la confianza del Legislativo, éste claudicó y se la otorgó. El peor gabinete ministerial de nuestra historia republicana salió triunfante gracias a la debilidad moral de los dos principales partidos de centro a la fecha: Acción Popular y Alianza para el Progreso.

Se espera que mañana, dadas las numerosas denuncias periodísticas que vinculan al ministro de Trabajo, Iber Maraví, no solo con Sendero Luminoso sino, inclusive, con atentados terroristas, el Congreso sepa proceder, luego de la interpelación, a un pedido de censura, y al cabo del plazo previsto, lograr los 66 votos que se requieren para censurarlo y sacarlo de un gabinete en el que nunca debió estar.

Si el presidente Castillo no tiene la capacidad de liderazgo suficiente para enmendar el menjunje indigesto que ha armado de gabinete (según encuesta de Ipsos de hoy, el 61% de la ciudadanía cree con razón que Castillo carece de condiciones de líder), pues que el Congreso empiece a desplegar una de sus responsabilidades, como es fiscalizar al Ejecutivo.

Grandísima responsabilidad a cuestas será la que tendrá el Congreso en los próximos meses y lo que dure este gobierno. Ya se avecina la tercera ola y pronto también los coletazos recesivos del desplome de la inversión privada, producto de la incertidumbre que el propio gobierno se encarga de sembrar. Vendrán o se acrecentarán los conflictos sociales y tendremos nuevamente una tormenta perfecta de crisis: sanitaria, política y económica.

Con un gobierno timorato y un Presidente ausente, es de temer lo que en tales circunstancias pueda pasar si el Congreso no toma las riendas del poder que le corresponden. Nuestros legisladores deben prepararse para afrontar responsabilidades políticas mayores. El pueblo no merece pagar las consecuencias de un régimen deleznable y mediocre.

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censura, Congreso de la República, Iber Maraví

El “Día por la despenalización del aborto en América Latina y el Caribe” o el “Día de Acción Global por el Aborto Legal y Seguro”; es una fecha emblemática en el calendario feminista que convoca a la movilización de millones de mujeres por el derecho a decidir. Es un día para hablar de libertades, así como de injusticias sociales, de barreras y de exclusiones en el ámbito de la salud sexual y reproductiva. 

Ayer #28S, diversas expresiones de los feminismos se volcaron a las calles y a las redes sociales para expresar su indignación frente a estados patriarcales que limitan el derecho a decidir de las mujeres; recordando que la lucha por la autonomía sexual y reproductiva ha sido y es una de las principales batallas que ha librado el movimiento feminista global en su diversidad.

Recordemos que en el Perú solo se encuentra despenalizado el aborto terapéutico, aunque acceder a este derecho no es una tarea fácil. Según un reciente Informe de la Defensoría del Pueblo¹ existen una serie de barreras como el exceso de burocratización, la estigmatización y la falta de información en el funcionariado que limitan una adecuada atención a las mujeres y niñas.

Así mismo, en nuestro país, el Estado obliga a las víctimas de violación sexual a continuar con embarazos forzados, ya que no se ha despenalizado el aborto en casos de violación o incesto. 

Según cifras del MINSA, entre el 2019 y el 2020, se registraron 2,482 niñas menores de 14 años que fueron obligadas a tener partos producto de una violación sexual. En lo que va del 2020 ya se han registrado 796 partos en niñas, de los cuales 10 fueron menores de 10 años. Es decir, el embarazo infantil forzado es uno de los principales dramas que tiene el país. 

En varias oportunidades, diversas instancias de las Naciones Unidas como el Comité de Derechos Humanos, el Comité contra la Discriminación hacia la Mujer y el Comité contra la tortura, han recomendado al Estado Peruano despenalizar el aborto por causal violación, como una medida para evitar la extensión del sufrimiento de las víctimas de crímenes sexuales. El Estado se ha mantenido indiferente frente a estas demandas. 

Desde las organizaciones y colectivas feministas se sigue trabajando por lograr la despenalización del aborto; en años anteriores se han promovido procesos ciudadanos y propuestas legislativas para – al menos- lograr la despenalización por causal violación; la respuesta ha sido siempre la indiferencia o el insulto. Es decir, se le sigue dando la espalda a las mujeres y a las niñas, se sigue perpetuando la discriminación, la injusticia social y la doble moral. 

Si bien hablar de la despenalización del aborto es un asunto de derechos humanos, también lo es de justicia social; son las mujeres y jóvenes en condiciones de pobreza las que se ven expuestas a espacios de clandestinidad que lucran con su dolor y desesperación.  La realidad es que las mujeres abortan, sólo que aquellas que tienen recursos lo pueden hacer salvaguardando su salud y las otras no. 

La siguiente consigna feminista, voceada en marchas y con mayor fuerza este 28S, clarifica las demandas pendientes que el Estado debe atender para construir una democracia real, la cual debe incluir a las mujeres y sus luchas históricas: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”.  Es tiempo de avanzar. 

¹Informe sobre la supervisión de la atención integral en niñas y adolescentes embarazadas producto de violación sexual en establecimientos de salud. Defensoría del Pueblo, 2021. Disponible en: https://www.defensoria.gob.pe/wp-content/uploads/2021/07/INFORME-DE-ATENCI%C3%93N-EMBARAZO-EN-NI%C3%91AS-Y-ADOLESCENTES-DP-UNFPA-PER%C3%9A.pdf

 

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28 de setiembre, Aborto, derecho a decidir, mujeres y niñas

¿Y qué más hay que hacer para serlo? En dónde más hay que estar. En qué otro torneo hay que jugar. A qué delanteros hay que marcar. Cuántos cortes hay que hacer en un partido de visita contra el Real Madrid. Con la banda de capitán en el brazo. Qué odisea más grande hay que presenciar, desde la cancha, para ser considerado el mejor central de un país tan escaso en opciones como el Perú. 

Aunque sea para ser convocado, ¿no?

Gustavo Dulanto es el mejor defensa central peruano del momento. Hoy. No hace diez años, ni hace cinco. No tiene una carrera vistosa, ni mucho menos. Pero hoy es titular de un equipo que ha ganado diez partidos internacionales, dos en fase de grupos de la Champions, y se ha puesto primero de un grupo que incluye al Real Madrid y al Inter de Milan. 

Ayer jugó de central por izquierda ante uno de ellos, el Madrid. La misión era dividirse la marca de Benzema (nada menos) con el otro central, Arboleda, y de tapar las arremetidas de Hazard (Dios mío) cuando el ataque madrileño vaya por su lado. El partido iba a tener la cancha inclinada hacia el arco del griego Athanasiadis. En total, al final del partido, fueron 31 disparos en más de 60 jugadas de ataque claro. 

Claro, como era obvio, el Real Madrid salió con todo, a golear. Los 15 primeros minutos del partido, el Madrid  intentó ocho jugadas de ataque, todas las cuales fueron bloqueadas por Dulanto. Cortes de cabeza, bloqueos de disparo, cierre de divididas, quitadas de pelota. Por quince minutos, Dulanto era una muralla, siendo el único jugador de su equipo en cortar ataques. 

El mediocampo del Sheriff demoró en activarse. De hecho, Addo y Thill, los volantes de marca, iban duro a pegar, faltos de otros recursos para recuperar la pelota. Parecía que el equipo de Moldavia podía irse con algún expulsado temprano. Recién a los 16 minutos del primer tiempo, un jugador que no fue Dulanto cortó una arremetida merengüe. Fue el arquero, sacando con mano cambiada el primer remate a puerta del Madrid. 

Hasta el sorpresivo primer gol del Sheriff a los 24 minutos, Dulanto había bloqueado doce de catorce ataques del Madrid, casi todos de jugadas entre Hazard y Benzema. Impecable, sin errores. A partir del primer gol en contra, el Madrid dio más peso defensivo al lado izquierdo con Vinicius. Ahí apareció Arboleda, el central, y empezaron a estar más participativos los laterales, Fernando y Cristiano. 

El Sheriff Tiraspol se fue al descanso con un triunfo parcial de locos. Madrid había sido más, pero con un solo contraataque claro el equipo de Moldavia había llegado la diferencia. Al segundo tiempo, el Real volvió a salir a toda marcha, pero ya toda la defensa del Sheriff estaba alineada. La línea de cuatro era impenetrable, y el arquero tuvo al menos cinco atajadas impactantes. 

La única forma para el Madrid era estirar la posibilidad de faltas y buscar la pelota parada. Fue un penal claro contra Vinicius, que ya había buscado caerse jugadas atrás al entrar gambeteando por la izquierda. Addo le hizo la falta, única forma de pararlo. Y así llegó el gol de Benzema, que el portero griego casi ataja. Aún con ello, el Sheriff no se amilanó. Y Dulanto empezó a guapear desde el fondo. 

Diez minutos después del empate, el Sheriff se había salvado de otras tantas arremetidas merengües. Tuvo el primer contraataque del segundo tiempo a los 70, y por un pie adelantado se anuló el gol. Era el susto total a un equipo madrileño desencajado. A los 82 minutos, el Sheriff a penas había disparado dos veces al arco de Courtois en todo el segundo tiempo. 

El Madrid no podía. Había llegado más de treinta veces al arco, pero entre bloqueos y tapadas del arquero, no habían podido hacer diferencia. Y sobre los agónicos noventa minutos, en lugar de llegar el gol de Benzema que podía haber hecho honor a las casas de apuestas (donde un triunfo del Sheriff pagaba 25), fue un jugador de Luxemburgo, aquel país inexistente para la FIFA, el que decretó con un gol de otro planeta el triunfo de todo Moldavia y Transnitria y qué se yo. 

Gloria eterna a un equipo que ha logrado por primera (y quizás única vez) la mayor gesta histórica de su trayectoria futbolística.

Y en ello, Dulanto tuvo en total 23 cortes defensivos de ataque. De cabeza, con los pies, interceptando o como fuera. Fue el jugador de su equipo con mayor cantidad de ataques frustrados del rival. Tras él, su pareja central Arboleda con menos de la mitad, y los laterales brasileños con nueve cada uno. Cometió ocho errores, tres de las cuales fueron en salida, uno fue una falta (que costó una amarilla), y el resto imprecisiones defensivas. 

Pero las fortalezas de Dulanto son su personalidad, la capacidad táctica para no perder la posición en línea de cuatro, y el juego aéreo. En su estilo, sobresale jugando con pases largos desde el fondo, colocados hacia las bandas o hacia el medio, e intenta cortar alto el ataque con su tranco largo. Guapea el equipo, va a reclamar las jugadas de peligro con autoridad, y no cae en provocaciones. 

El Sheriff Tiraspol empezó la Champions League hace dos meses jugando la absoluta primera fase de clasificación. Goleó 5-0 en la llave a su primer rival, el campeón de Albania, un rival equitativo. Luego 4-1 al campeón de Armenia, otro rival equitativo. El tercer partido fue con el Estrella Roja de Belgrano, un rival superior y con historia, 2-1. 

Al cuarto partido, pasó por primera vez en su historia a la fase de grupos al Dinamo Zagreb, otro rival superior a ellos, por 3-0. En su primera participación en grupos, le ganó al Shakthar Donetsk por 2-0. Ahora al Madrid, de visita, por 2-1. Es primero de su grupo con 6 puntos. Está invicto en 10 partidos de competencia europea. Y ahí jugó todo Dulanto, de titular y capitán. 

Si con ese presente no eres convocable por Perú, donde no encontramos pareja de centrales sólida hace dos años, ¿qué más hay que hacer?

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Hoy se cumplen sesenta días del gobierno de Pedro Castillo, el profesor de Chota, quien ha armado una coalición de todas las izquierdas para emprender, supuestamente, los grandes cambios estructurales que el país requería, dado el presunto agotamiento del “modelo neoliberal”.

El resultado no puede ser más desastroso. Salvo el exabrupto ideologizado del premier Bellido amenazando a Camisea, y hecho con el afán de seguirle el guión a Vladimir Cerrón, quien busca dinamitar por dentro la mencionada coalición, para entronizar a Perú Libre como gestor omnipotente del gobierno, ni siquiera puede decirse que estemos ante una gestión de izquierdas, sino simple y llanamente ante un régimen signado por la más rampante mediocridad.

Eran dos los objetivos centrales del gobierno -como los que hubiera tenido cualquier otro gobierno en las actuales circunstancias-; la reactivación de la economía y la lucha contra la pandemia.

En cuanto a lo primero, los gestos sensatos del ministro de Economía Pedro Francke chocan y se diluyen ante la arremetida recurrente del grupo cerronista para destruir la poca confianza que el titular del MEF pueda despertar en los inversionistas privados. El alza del dólar no es otra cosa que un síntoma epidérmico de un fenómeno subyacente más grave, que es la abstinencia inversora, que ya ha llevado a pronosticar para el próximo año crecimientos negativos de la inversión privada.

Respecto de la lucha contra la pandemia, el gobierno ha tenido la fortuna de que su mandato coincida con la sima de la crisis de contagios y muertes, y que, además, el gobierno anterior lo haya provisto de la suficiente cantidad de vacunas ya adquiridas. Habrá que ver, en medio de la pronta tercera ola, si el régimen dispuso lo necesario para contar con camas UCI, oxígeno y atención primaria. Si la gestión de Cevallos repite la misma línea de mediocridad del gobierno, estamos fritos.

El desconcierto campea en un gobierno que adolece del más grave de los defectos: el de falta de liderazgo presidencial. Castillo es un hombre básico y no conoce un ápice del quehacer gubernativo. Eso se entiende y puede generar algún grado de tolerancia que paulatinamente se empodere del cargo. Pero lo que no es admisible es que zafe el cuerpo a la toma de decisiones y permita que su gobierno sea un zafarrancho de combate entre todas las facciones convocadas.

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camas uci, Pedro Castillo, Vladimir Cerrón
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