Opinión

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] Recién Santiago Abascal, líder de VOX, movimiento político español ultraconservador, ha señalado que habría que confiscar y hundir ese barco de negreros. Se refería al OPEN ARMS, embarcación perteneciente a la organización del mismo nombre que se dedica a rescatar de las aguas del Mar Mediterráneo a miles de inmigrantes africanos que arriesgan sus vidas para llegar a Europa persiguiendo el sueño de un mejor futuro.

Las maneras de Abascal son brutales, como las de Donald Trump o Javier Milei. Desde la mirada de un historiador, las palabras del líder de VOX conectan directamente con los barcos negreros del periodo colonial que era como se denominaba a las embarcaciones que traían esclavos desde el África a América en las condiciones más inhumanas imaginables. Para los empresarios dedicados a tan cruel emprendimiento era un riesgo calculado perder alrededor del 20% de estos seres humanos reducidos a la condición de mercancías, debido al hacinamiento y las degradantes condiciones de salubridad con los que se realizaba la larga y penosa travesía transcontinental.

Pero Abascal, Trump y Milei no están solos. La moneda tiene su reverso. Agustín Muñoz, fue un adolescente argentino que debería seguir entre nosotros. Ya no lo hace porque, en 2018, su amiga Angie lo denunció en sus redes sociales por acoso sexual. Después vino el escrache, el ciberbulling, la cancelación absoluta del joven, la destrucción de su reputación, de su imagen, de su vida y, finalmente, su trágico suicidio. Angie se disculpó en las mismas redes antes de que Agustín tomase tan dramática decisión, pero la rectificación no tuvo mayor efecto: él ya estaba marcado por las redes sociales, la sentencia social ya había sido pronunciada. Poco antes de dejarnos, Agustín le confesó a su madre: me han arruinado la vida.  

¿Qué tienen que ver dos temas aparentemente ajenos y distantes? Tienen todo que ver. Expresan como nos han polarizado el mundo. Aunque los escraches, las cancelaciones y las acusaciones falsas continúan hasta el día de hoy, no es casualidad que la desgracia que refiero se haya producido en 2018 y que las declaraciones de Abascal recién hace uno o dos días. Ese es el orden de los factores.

Tras la caída del socialismo real soviético, muro de Berlín incluido en 1989, la democracia, sin oponentes a la vista, les supo a poco a diversas colectividades identitarias, universitarias, culturales y políticas, y así, sin reparar en daños, se pasaron la línea de los derechos fundamentales. Al honor, a la presunción de inocencia, a la legítima defensa.

Y luego quisieron reinventar la teoría de los derechos, toda la teoría de los derechos. Y quisieron reinventar el mundo, ya no desde la aspiración a la igualdad y a la felicidad, como en la lucha de Martin Luther King por los derechos civiles en los Estados Unidos en la década de 1960, ni tampoco desde el derecho al trabajo igualitario y la revolución sexual  de las feministas de la década siguiente. En el siglo XXI se trataba de ajustar cuentas con la historia y de encontrar a quien endilgarle la responsabilidad, en suma: hegemonismo y supremacía.

Si buscas hegemonismo y la supremacía no dialogas. Estos se imponen por la fuerza. Y entonces se advinieron los aciagos tiempos de la batalla cultural y a estas alturas, la verdad, me importa muy poco cual de los dos extremos en conflicto haya acuñado el concepto. Quien lo hizo acertó, en todo caso.

Mientras a gritos, escraches y derribo de esculturas se le impuso al mundo el nuevo orden progresista, la derecha no terminaba de reaccionar hasta que comprendió que debía reagruparse y contraatacar. Más fácil: a la guerra solo le combate con la guerra, y entonces recién Santiago Abascal ha llamado a hundir el barco negrero y solo le ha faltado decir que si está cargado de pobladores africanos que buscan una mejor vida, tanto mejor. De eso va la reacción en estos tiempos.

Voy a lo semiótico, a lo narrativo, a los términos, absolutamente extremistas en los que se presenta el debate. “Somos malas, podemos ser peores” reza una popular diatriba feminista. Y en las actuales circunstancias, la batalla se decanta por el bando conservador. Donald Trump ha barrido el año pasado a Kamala Harris en las presidenciales norteamericanas.

Quién lo diría, un hombre antipático, agresivo y arrogante, que en circunstancias normales produciría un natural rechazo resulta adorado por los sectores populares y trabajadores del hegemón del norte. Estos consideran que el inefable multimillonario cautela mejor sus intereses que la amable y progresista candidata demócrata.

¿El mundo al revés? No, lo que pasa es que las mayorías trabajadoras que realmente sufren el embate de las políticas económicas neoliberales les importa menos que dos cominos las agendas culturales de los progresismos. Por cierto, el alegato de la interseccionalidad resulta absolutamente insuficiente pues lo que buscan los sectores populares es que las agendas sociales, que suponen la elevación de la calidad de vida, se coloquen a la vanguardia de la plataforma política de la izquierda o de quien fuere, hasta el mismísimo Trump, como se ha visto.

Pero ya hay reacción. Chile siempre da la hora. Primero Gabriel Boric con su autocrítica tras la categórica derrota de la constitución de género de 2022, ahora Jeannette Jara, del Partido Comunista, nada menos, volcada a una agenda social, popular, de los pobres del país, pero en democracia. La dictadura del proletariado es historia. Hoy el debate demócrata en USA es análogo y las posturas socialdemócratas populares avanzan en diversos países de Europa, entre ellos Alemania. La ola ultraconservadora no ha concluido aún su radio de expansión pero la siguiente, la de las reformas sociales en democracia, ya comienza a elevarse.

En el Perú parece el único camino. Somos un país conservador que no elegirá ni a palos una propuesta proaborto o promatrimonio LGBTI+ y hay que decirlo: si quieres perder las elecciones de 2026 entonces flamea esas banderas durante tu campaña política.

Luego el Estado está todo corrompido y además se cae a pedazos. Hay que arrebatárselo a las mafias y ponerlo al servicio de las grandes mayorías. Nuestro Estado tiene con qué ofrecerles, a todos los peruanos, aceptables servicios de educación y de salud. Además, estos resultan imprescindibles si pretendemos el desarrollo económico en el mediano plazo. Les sigue la infraestructura, unir al país más rápido y mejor, desarrollar la capacidad de producir lo que ahora no producimos porque no tenemos ni la ciencia, ni la tecnología.

Uno de cada tres peruanos es pobre y la cifra podría resultar engañosa, algunos se esfuerzan día a día para no caer en la pobreza sin reconocer que hace tiempo se han sumergido en ella. Y tenemos la mejor macroeconomía de América Latina. No parece justo pues que cuatro piratas saqueen el erario público, ni que quienes deberían prodigar el bien común divaguen abstraídos, inmersos en agendas ultimadamente elitistas, que le hacen el juego al status quo y le ofrecen la ocasión de crecer y multiplicarse.

Socialdemocracia popular está bien. Está bien como punto de partida, como concepto por desarrollar y como lumbre.  Implicará recuperar derechos fundamentales y reivindicaciones sociales olvidadas y sumarlas a otras nuevas, tan nuevas como estos tiempos de guerra cultural, oscuridad e incertidumbre.

[MÚSICA MAESTRO] In memoriam: Dedico este humilde y pequeño espacio a Brent Hinds, cantante y guitarrista de Mastodon, quien falleció trágicamente a los 51 años, el pasado 20 de agosto.

La banda de los aniversarios múltiples

Entre el año pasado y este, los seguidores de Sepultura, de lejos la banda de metal extremo más exitosa e internacionalmente conocida del Brasil, tuvieron dos aniversarios importantes que celebrar. Primero, su fundación allá por 1984. Y este 2025 cumplió 40 años su primer lanzamiento discográfico oficial, el EP Bestial devastation, un grito salvaje de cuatro adolescentes que, desde Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, generó ecos que retumbaron en toda la escena mundial de los todavía nacientes subgéneros death y black metal.

Las festividades continuarán el próximo 2026, con tres hechos gravitantes en la historia inicial de la banda que cumplirán 40, 30 y 20 años. En primer lugar, el álbum debut Morbid visions, apareció en diciembre de 1986 para confirmar la cruda potencia exhibida en aquel EP de cinco canciones compartido con sus compatriotas de Overdose. Luego, en 1996 publicaron su sexto disco en estudio, Roots, ya convertidos en superestrellas del circuito underground, el último de su etapa clásica, grabado hace ya tres lejanas décadas.

Finalmente, en julio del 2026 se cumplirán veinte años del momento en que los hermanos Cavalera volvieron a hablarse después de una década, tras la sucesión de eventos que motivó la salida de ambos y transformó a Sepultura en una entidad diferente que comenzó a acumular álbumes y elogios propios en los siguientes treinta años. En aquella conversación telefónica se incubó el germen de Cavalera Conspiracy, el (ya no tan) nuevo proyecto de los hermanos brasileños que, recientemente, ha levantado polémica por su decisión de regrabar los álbumes antiguos de la banda con la cual se les asocia hasta ahora.

Los años formativos

En un país como Brasil, sinónimo de la alegría carnavalesca de la samba y la sofisticada exquisitez del bossa nova, la aparición de una escena musical extremadamente agresiva e infernal debe haber ocasionado más de un desmayo. De hecho, entre 1981 y 1986 surgieron varias bandas de hardcore punk y thrash metal en ciudades como Rio de Janeiro, Sao Paulo y Belo Horizonte, jóvenes hartos de las imposturas sociales y las corrupciones políticas internas que daban sonido a esa reacción replicando lo que venía de fuera.

Max e Igor Cavalera son la clase de hermanos que hacen todo juntos desde pequeños, por su cercanía en edades. En esa estrecha dinámica, descubrieron a los principales grupos de hard-rock y heavy metal anglosajón mientras superaban la prematura muerte, a los 40 años, de su padre, un acontecimiento que dejó a la familia sumida en serias dificultades económicas. Los adolescentes dejaron de escuchar los ritmos tradicionales de su propio país para sumergirse en la catarsis, a un tiempo inconforme y liberadora, del rock y sus guitarras eléctricas.

Así, de los sonidos asociados al blues de Black Sabbath o Led Zeppelin pasaron a la NWOBHM -New Wave Of British Heavy Metal- Iron Maiden, Judas Priest; y luego, dieron el salto a propuestas más oscuras, al margen de lo convencional, como los suizos Celtic Frost o Hellhammer, los alemanes Kreator y Sodom, los ingleses Venom o los suecos Bathory, además de otra nueva ola, la del thrash norteamericano, que influyó fuertemente sus primeras composiciones.

Para 1984, Max e Igor Cavalera (guitarra y batería), con edades para ser considerados “seminiños asustados, mirando a la gente” –parafraseando a Silvio Rodríguez-, comenzaron a pensar en armar un grupo para descargar su ira contenida, escribiendo sus canciones en inglés a pesar de no dominar mucho ese idioma. Algo grande se venía desde aquellos sótanos en Minas Gerais.

La escena subterránea en Brasil

Desde que João Gilberto y Antônio Carlos Jobim le dieron vida a la cadencia elegante y sensual del bossa nova, allá por 1964, el mundo quedó convencido de que, musicalmente, solo podían salir de Brasil sonidos amables y románticos. Pero pasó muy poco tiempo antes de que comenzaran a aparecer artistas como Tim Maia, Chico Buarque o Rita Lee -primero como integrante de Os Mutantes y, luego, como solista- quienes desde el pop, la samba o la psicodelia hicieron las primeras sugerencias de que no todo era color de rosa.

Casi de manera paralela, colectivos como el Clube da Esquina, el Tropicalismo o la Jovem Guarda, fusionaron los ritmos nacionales con posturas y letras que cuestionaban al establishment. Sus principales representantes desarrollaron altos perfiles en la música mundial. Milton Nascimento mantuvo siempre un pie en Brasil y otro en el jazz; Caetano Veloso, Gilberto Gil, Maria Bethania y Gal Costa abrieron un copioso capítulo de lo que hoy todos conocemos como MPB (Música Popular Brasilera); mientras Erasmo Carlos y Roberto Carlos enlazaron sus carreras al mercado latinoamericano, cantando pop-rock y baladas tanto en portugués como en castellano.

A inicios de los ochenta se unieron a esa generación virtuosa que estaba lejos de perder vigencia -todos ellos, salvo los fallecidos, siguen activos y produciendo-, una serie de artistas que comenzaron a abrirse camino dentro de los límites convencionales del pop-rock. Desde cantautores como Djavan o Iván Lins hasta bandas como Barão Vermelho, Os Paralamas do Sucesso y RPM -que incluso tocaron en Lima, en 1987, en El Gran Estelar de la Feria del Hogar- todos incorporaban elementos típicos de sus músicas nacionales y cantaban en su propio idioma.

Dos bandas lideraron el frente marginal de la MPB, Legião Urbana y Titãs, con discursos orientados a lo social y político. Definitivamente no fueron los únicos, pero sí los más notorios. Ambos insinuaban la existencia de inconformismos más corrosivos, propios de la estética subterránea, cuya punta de lanza fue el virulento cuarteto de hardcore punk paulista Ratos de Porão, que llevó las cosas a otro nivel de indignación con discos como Crucificados pelo sistema (1984) o Descanse em paz (1986). Bandas como Angra (power metal), los siniestrados Mamonas Assasinas (rock parodia) o las bandas femeninas Nervosa y Crypta son muestras de la influencia de Sepultura en el panorama musical alternativo del Brasil.

Sepultura y sus tres primeros álbumes

A las edades de 16 años y 15 años, Max e Igor se juntaron con su amigo Paulo Xisto Júnior (o Paulo Jr.) en el bajo y Jairo Guedes como vocalista y guitarrista secundario, en reemplazo de Wagner Lamounier, quien se separó para formar Sarcófago, otro grupo que se colaría también en la historia de la música extrema brasileña con su álbum I.N.R.I. (1987). Con esa alineación llegaron a los estudios del sello independiente local Cogumelo Records con un paquete de furiosas canciones en las que aparecían toda clase de blasfemias sobre iglesias destruidas, maldiciones y anticristos.

Morbid visions (1985) suena crudo, violento y mal producido, pero esconde en esa cacofonía los atributos que convirtieron a Sepultura en una banda respetada tanto por sus pares en Brasil -Chakal, Sarcófago, Overdose- como por sus contemporáneos en Estados Unidos y Europa que no tardaron en prestarles atención desde el otro lado del Atlántico. Canciones como Crucifixion, Troops of doom o Empire of the damned sorprenden, sobre todo si pensamos en que eran interpretadas por cuatro adolescentes sin mayor experiencia como grupo.

La guturalidad de Max y la rapidez de manos y pies de su hermano Igor se ponían en línea con el death metal que venía produciéndose en otras latitudes, sin nada que envidiarles. Aunque Paulo Jr. figuraba en los créditos de las grabaciones en estudio, solo tocaba en los conciertos, una práctica que continuó durante varios álbumes. Al poco tiempo, el sello holandés Roadrunner Recods, hasta hoy una de las principales escuderías metaleras, les ofreció un contrato para distribuir su segunda producción, Schizophrenia (1987) a nivel internacional, aunque su base seguía estando en Brasil.

En este punto se produce un cambio que definiría el estilo de Sepultura. Jairo Guedes decidió cambiar de rumbo y su lugar fue tomado por el guitarrista/bajista paulista Andreas Kisser, quien aportó contundentes riffs y lacerantes solos para temas como To the wall, Escape to the void o el instrumental Inquisition symphony -tomado en 1998 por el cuarteto de cellistas fineses Apocalyptica como tema central de su segundo CD- consolidándolo como la nueva promesa del thrash mundial, estatus que quedó confirmado con el siguiente, Beneath the remains (1989).

Este LP convenció a la comunidad metalera angloparlante que veía con asombro cómo unos sudamericanos competían con Slayer, Metallica o Exodus en rapidez y ferocidad. Temas como Mass hypnosis, Inner self, Sarcastic existence o el tema-título encumbraron este álbum a nivel mundial. Este disco fue mi primer contacto con Sepultura, tras leer una reseña en el fanzine Cuero Negro, cuando estaba en 4to. de Secundaria. De inmediato me agencié una copia en cassette y se convirtió en una de mis obsesiones. La reedición de 1997 incluyó A hora e a vez do cabelo nascer, cover de una antigua canción de 1972 de Os Mutantes, que Sepultura grabó en 1989 para un disco tributo a Arnaldo Baptista titulado Sanguinho novo.

1990-1996: Consagración y ruptura

Para cuando apareció Arise (1991), la banda ya era toda una celebridad en la escena underground. Gracias a Roadrunner llegaron a Europa y EE.UU. -país donde luego fijaron su residencia- para ser teloneros de bandas importantes como King Diamond y Obituary. El 23 de enero de ese año, tocaron en la segunda edición del festival Rock in Rio, ante más de 100,000 personas, compartiendo escenario con Judas Priest, Queensrÿche, Megadeth y Guns N’ Roses.

El disco incluyó Desperate cry, Dead embryonic cells y el tema-título, estos dos últimos con videoclips de fuerte rotación en el recordado programa MTV Headbangers Ball. Para ediciones posteriores, incluyeron una de sus mejores canciones, C.I.U. (Criminals In Uniform) y el cover de Orgasmatron, tema central del octavo álbum de Motörhead, lanzado originalmente en 1986.

Chaos A.D. (1993) trajo novedades en la banda. Paulo Jr., el bajista oficial en vivo, registró por primera vez su instrumento en este disco que fue grabado y mezclado en Gales. Su sonido se aparta ligeramente del thrash metal para mostrar un ataque más pesado, cercano al grunge, el nu metal, para sentar las bases de lo que hoy se conoce como groove metal, colaborando con sus colegas y amigos de Pantera. Ese año Sepultura fue la banda de apoyo de Ozzy Osbourne para la gira promocional del LP No more tears, lo que les dio aun más exposición.

En este disco comienzan a introducir elementos de otras fuentes musicales, como en el instrumental Kaiowas en que predominan percusiones tribales y guitarras acústicas que hacen recordar un poco a Led Zeppelin. Por otro lado, Biotech is Godzilla suena puramente punk y contrasta con las modulaciones más graves de Nomad o We who are not as others. En sesiones grabaron covers de algunas de sus bandas favoritas como New Model Army o Final Conflict, además de rendir homenajes a dos compatriotas, Titãs y Ratos de Porão que recién aparecieron en un recopilatorio de lados B llamado Blood-rooted (1997).

Canciones como Propaganda, Slave new world, Territory -con video alusivo a los abusos israelíes contra poblaciones palestinas- y, especialmente, Refuse/Resist mostraron también temas más políticos y sociales, dejando atrás la imaginería satánica de sus inicios. En 1994, el cuarteto celebró el campeonato de Brasil en el Mundial de EE.UU. decorando el escenario con los colores de su selección -estuvieron presentes en la final ante Italia- y, ese mismo año, fueron invitados a participar en el disco tributo a Black Sabbath, Nativity In Black, para el cual contribuyeron con una poderosa versión de Symptom of the universe, del álbum Sabotage (1975).

Roots (1996) es un tributo a sus raíces brasileñas, presentándolas al mundo a través de la carátula del álbum, videoclips y el uso de instrumentos típicos como el djembé o el berimbau. Asimismo, la participación del cantante y multi-instrumentista Carlinhos Brown, líder de Timbalada y posterior integrante de Tribalistas, junto con Marisa Monte y Arnaldo Antunes, exmiembro de Titãs, en el tema Ratamahatta, concreta la nueva dirección de Sepultura, un exposición de su cultura que fue muy bien recibida por el evidente exotismo que aportaba impacto a su música. Lastimosamente, ese mismo año se quebró la banda desde adentro.

En agosto de 1996, mientras Sepultura participaba en el festival Monsters Of Rock en Inglaterra, recibieron una trágica noticia. Dana Wells, hijastro de Max, de 21 años, había muerto en una carretera de Phoenix tras un choque. Él y su esposa, Gloria Bujnowski, madre de Dana y manager del grupo volaron de inmediato a los Estados Unidos. Al reintegrarse, Kisser, Paulo y su hermano Igor decidieron despedir a Gloria lo cual ocasionó la renuncia irrevocable de Max. Igor permaneció en la banda hasta el 2006, para luego también retirarse. El álbum doble en vivo Under a pale grey sky (2002) registra uno de los últimos conciertos de 1996, antes de su separación.

Cavalera versus Kisser: La vida después de Sepultura

Casi un año después de la salida de Max Cavalera, en 1997, llegó el cantante Derrick Green y, desde el 2006, una sucesión de bateristas ocupó el lugar de Igor. Con Paulo Jr. en el bajo y Andreas Kisser como único guitarrista y principal compositor, Sepultura ha lanzado, entre 1998 y 2020, nueve álbumes en las coordenadas del groove, death y thrash metal, estilos que ayudaron a cimentar.

Max continuó su fusión de metal y tribalismo con Soulfly, con quienes ha lanzado doce consistentes discos entre 1998 y 2022, con la colaboración de varios músicos, algunos de ellos muy conocidos como Dave Ellefson (Megadeth), Fred Durst (Limp Bizkit), Tom Araya (Slayer) o Camillo “Chino” Moreno (Deftones). Igor, por su parte, comenzó a experimentar con la música electrónica. Durante los siguientes diez años, Max e Igor no se dirigieron la palabra, a pesar de los esfuerzos de su madre que, desde Brasil, intentaba reunirlos. Esa situación acabó en el 2016, cuando Igor decidió llamar por teléfono a su hermano mayor.

“Fue un duro y largo proceso estar separados” dijo alguna vez Max. Después de reencontrarse, los Cavalera decidieron armar un grupo nuevo al que bautizaron Cavalera Conspiracy, básicamente ellos dos con un elenco rotativo entre quienes destacan Mark Rizzo y Tony Campos, guitarrista y bajista de Soulfly, y sus propios hijos, Igor Jr. y Zyon Cavalera. En la década 2008-2018 la banda ha lanzado cuatro discos con material propio y, desde el año 2023, los hermanos Cavalera se embarcaron en una nueva misión: tocar y regrabar los primeros álbumes de Sepultura.

Esto ha ocasionado la reacción de Andreas Kisser, quien los acusa de “vivir del pasado y no contribuir nada nuevo al ambiente musical repitiéndose a sí mismos”. Por su parte, Max e Igor se reclaman portadores del verdadero espíritu de Sepultura. Escuchando los discos de Cavalera Conspiracy o Soulfly -especialmente su decisión de insertar un tema instrumental de sonido apacible que contrasta con la furiosa tormenta que desatan en cada disco-, lo dicho por Kisser parece motivado por un resentimiento incomprensible y lamentable, ya que demuestra la imposibilidad de ver de nuevo en un mismo escenario a la formación original de una de las bandas más influyentes del metal mundial.

 

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] Recién participé con una conferencia en la IV Jornadas Históricas: Tacna y Arica después de la Guerra del Pacífico, proyecto que encabeza la destacada narradora peruana Giovanna Pollaloro y que auspician el Instituto Riva Agüero de la PUCP, el Departamento Académico de Humanidades de la misma cada de estudios y la Universidad de Tarapacá. El evento abordó diferentes aspectos de la relación binacional con énfasis en la cuestión fronteriza, su historia, los periodos difíciles de asimilar en la memoria histórica, como el de la ocupación chilena, y con la perspectiva de forjar un futuro mejor y compartido. De esta manera, lo que se busca es la integración entre los pobladores de dos ciudades que son hermanas desde tiempos inmemoriales y cuya interdependencia constituye el principal motor de su desarrollo sin por ello renunciar, ni pasar por alto, el pasado doloroso. Se trata de trabajarlo juntos, resignificarlo juntos.

Como ya es habitual, me tocó reflexionar acerca de la posibilidad de llevar a cabo un proceso de reconciliación peruano-chilena, tema al que he dedicado buena parte de mi trayectoria académica y de mi producción intelectual. Al respecto, y tras el tiempo transcurrido, debo partir del escepticismo: el Estado chileno, su clase política, responde a una narrativa oficial muy bien estructurada, nacionalista sin duda, y que no está dispuesta a dar mayores pasos en lo que entiende podría significar un revisionismo histórico y, luego, alguna reivindicación de la contraparte.

Del lado peruano las cosas no pintan mejor. Nosotros no poseemos una narrativa tan estructurada como la chilena, pero sí participamos de un nacionalismo muy primario que, o considera casi una afrenta patriótica cualquier atisbo de reconciliación, o, aún con más énfasis, no tiene ni idea de lo que trata un proceso de este tipo. Es el Estado empírico del que hablaba Jorge Basadre, tan simple como eso.

Aterrizando a la cuestión de la escuela y de la enseñanza de la historia, mi diagnóstico es parecido aunque no igual al que presenté en mis libros Lo que dicen de nosotros (2010) y Lo que decimos de ellos (2019). Para el caso peruano, el otro, es decir Chile, es representado como un enemigo, y lo es más porque la historia escolar no narra otro evento entre nuestros dos países sino la Guerra del Pacífico. En tal sentido, las alusiones a la participación chilena en el proceso de la Independencia del Perú o en la guerra de la cuádruple alianza contra España, 1864-1866, son tan periféricas en la narrativa que no desplazan de su posición central a la gran conflagración que nos desangró entre 1879-1883. Y si de allí indagamos la narrativa del maestro en el aula, solo podremos colegir que seguimos formando generaciones en una rivalidad secular, debido al abandono y a la poca importancia asignada a una historia que pide a gritos ser resignificada porque sí cumple una función en el presente, sí forja las conciencias colectiva y nacional.

En Chile es y siempre fue el silencio, no el olvido, el silencio. Y sus manuales escolares más recientes (Santillana 2023) sencillamente omiten a peruanos y bolivianos de la Guerra del Pacífico. Esta es presentada prácticamente como el proceso natural de expansión del Estado que, en el camino, se topó con pueblos originarios aimaras que fueron integrados exitosamente al proyecto nacional chileno: Perú y Bolivia no están, nunca estuvieron.

De suerte que la deriva se mueve entre la enemistad y la invisibilidad, y ninguna de ambas parece ofrecer un camino para que la historia, integrada a nuestra conciencia, no le duela tanto al presente al punto de interferir en el relacionamiento entre peruanos y chilenos, menos aún en la zona de frontera.

Luego vendrán las réplicas modernizantes. ¿De qué habla este historiador? Las relaciones peruano-chilenas están en su mejor momento, sino veamos la balanza comercial, las inversiones bilaterales, el número de visitas de un país al otro, la magnífica posición de la migración peruana en Santiago. Y todo es verdad. Lo que pasa es que tendemos a comprender la realidad dicotómicamente, más aún en tiempos de tanta polarización ideológica.

Yo no, yo veo a la realidad llena de dimensiones: al mismo tiempo peruanos y chilenos somos buenos socios comerciales -¿o en realidad competimos?- y en simultáneo queda ese magma espeso de malos recuerdos de la Guerra del Pacífico que se experimentan como si acabase de suceder -Cornelius Castoriadis dixit- y desde luego que podemos vivir eternamente inmersos en una tóxica bipolaridad. La pregunta es si no sería mejor resignificar el pasado para madurar con él, y, sobre él, construir un mejor presente, más ciudadano, integrador y solidario.

 

 

[CASITA DE CARTON] Esta casita de cartón abre sus puertas releyendo las columnas que me acompañaran de niño, cuando era tan pobre pero a la vez tan feliz. Y esas palabras lleno de ingenio, sabiduría y arte eran escritas por un padre que me dio la vida, que por entonces no lo conociera en persona, y del que ahora siempre rememoro con tristeza, pero a la vez felicidad por haberlo conocido y haber vivido con él ‘mil y un’ aventuras. Hablo de Víctor Patiño, quien fuera conocido en el mundo periodístico como el ‘Búho del Trome’. Y a puertas de un cumpleaños más, donde ya no escucharé de su parte ‘¡un año menos!’, como anunciaba con entusiasmo cuando entraba por la “Tiendita del horror» en mi onomástico, y esto en honor a su ‘Charly’ querido, que siempre nos acompañaba de soundtrack en nuestras innumerables caminatas y conversaciones por las calles bohemias de Lima o las playas perlinas del sur.

Pero no solo nos acompañaba Charly García, en sus distintas etapas como con Sui Generis, Serú Girán, Los Enfermeros, entre otros. Sino también a exponentes en habla inglesa del rock, como David Bowie, quien repetíamos una y otra vez el memorable concierto que diera en 1983 en Sydney, en la gira Serious Moonlight. Y cantábamos a vivas voces temas pegajosos como Let’s Dance o ‘sensualones’ como China Girl, pero del que más emocionados desplegábamos nuestras voces era en el final, con el eterno Modern Love, sobre todo cuando llegaba a la parte: ‘But I never wave bye, bye’. Disfrutábamos todas las veces que viéramos como si hubiésemos tenido la suerte de estar presente en aquel concierto. Pero además nuestros gustos musicales nos llevaban de la misma forma a aquellos años donde se buscaba cambiar el mundo, como con la Nueva Trova cubana. Recuerdo la anécdota en uno de los últimos conciertos que diera otro grande como fue Pablo Milanés y que diera en nuestra capital, donde tocaría gran parte de todas sus canciones conocidas, pero faltaría un himno de aquellos años de lucha, y esa era la inefable Yo pisaré las calles nuevamente. Al bajar las persianas dejaron a muchos asistentes atónitos, dado que no había tocado aquella canción como tampoco El Breve Espacio en que no estás, pero ante los silbidos, repentinamente las levantaron para tocar ésta última. Y después de eso, cerraron definitivamente la ‘tienda’, a pesar del ensordecer reclamo, en eso del tío Víctor, ‘levantando’ la bandera (ya más por un gusto personal que por algo político) por aquella poesía musical que retrata aquellos momentos álgidos y sangrientos de la dictadura chilena, y que no cesó en protesta hasta que se fueron todos. También quedan esos días en que íbamos a la vieja ‘Posada del ángel’ (ahora ya con otro nombre) acompañados de mi pequeño hermano. En ese periodo, mi espíritu revolucionario estaba en pleno fulgor, pero a su vez me seducía aparte del rock y del jazz, un viejo maestro letrista de la noche, Joaquín Sabina, y con sus historias de mi tío y los versos de Joaquín, se alimentaban e hilaban la sabiduría que habría de corresponder al comenzar mi historia de vida con la noche. Era el albor de mi juventud y sin querer queriendo, comenzaba una etapa de grandes victorias como también de fracasos en torno al amor, sobre todo con aquellos que se escribían en historias súbitas de una noche. Del trovador español, recuerdo que su álbum favorito era Mentirosas piadosas, y Eclipse de mar su canción predilecta que le recordaba a su Anita querida, el amor de su juventud y de vida. Una vez me dejó una frase que aún tengo grabado en el templo de mi memoria: ‘hay mentirosas piadosas que acompañan y hacen llevaderos el amor, hasta le dan emoción. Pero no solamente eso, sino hasta la vida. Deja de mucho cabecear con la filosofía y escribe tus historias que tienes mucho por vivir’. Y es que tenía razón y con los años lo entiendo. Entiendo, de por sí, ahora que acaricio con tristeza el paso del tiempo y siento plenamente la ausencia de él. Ya no está ese guía que comprendía mis locuras imprevistas, pero no de amores. Sabía que era una persona muy endeble y que fácilmente resquebrajaban mi corazón. Si ahora viera quién soy, no sé si sentiría orgulloso, pero le agradecería tanto. Porque esta persona ha madurado, ya no se ilusiona por una alondra de paso y que cada día busca su tranquilidad, que cada vez se hace más hombre, duro y tosco como Bukowski aunque a sabiendas que siempre tendrá un corazón vallejiano. Y es en gran parte por él, del que ahora escriba, del que sepa tanto y de que haya hecho de la noche el aposento de mis alegrías y victorias, pero también de mis penas y mi soledad. Del que ahora con una lágrima en los ojos pueda decir, que más allá de todo, he honrado la vida, he vivido y como él moriré en mi ley: la de un artista de la noche.

Y ahora estoy sentado acá, en el mismo lugar donde escribía sus columnas durante años, donde me dictaba su columna, donde hablábamos de literatura, cine o veíamos películas, porque debo decir que también mi gusto por el cine se descubrió por sus recomendaciones. Ha llegado la noche, hace un año se fue mi tío y maestro. Pongo en el reproductor una canción que alguna vez me la presentara: ‘Sobrino, esta es la mejor canción de un minuto y medio hecha en la historia, y la escucharás ahora’. Y comparto totalmente. Recuerdo ese momento, fue el día que lo conocí. Esa es Estación de Sui Generis, porque todo fue un verano descalzo y rubio/ que arrastraba entre los pies/ gotas claras del mar oscuro.

Esta casita de cartón cierra sus puertas abrazando a la noche y con esto sus entrañables recuerdos con el Búho, porque solo es la noche la que sabe la tristeza de este escritor como la profunda soledad que ahora lo acompaña. Gracias eternas por el prólogo de mi libro y por toda esa bohemia llena de locura y magia que viví, tío Víctor. Gracias por acompañar mi crecimiento con tus domingos de literatura, gracias por haber sido mi maestro de vida y padre para mí. Apago el televisor.

[OPINIÓN] Recuerdo, hace muchos años, que en casa teníamos una ama entrañable, Mama Zoila, que nos crió desde niños. Una señora morena, de esas que marcan la vida. En las elecciones de 1980 me preguntó, con toda seriedad:
—Rik Ahrdito, dime quién va a ganar para votar por él.

Desde entonces entendí que las encuestas, además de números y gráficos, son para muchos peruanos una brújula improvisada: un atajo para no pensar.

El problema es que en el Perú esa brújula suele estar imantada por cualquier cosa menos por la realidad. Las encuestas pasaron de ser medianamente acertadas a convertirse en una broma. Hace apenas dos días, el alcalde de Lima insultó la encuesta de Ipsos que —ironía suprema— lo coloca primero a ocho meses de la elección. Pero Porky, bien asesorado, puso el parche antes de que salte el chupo: como quien teme que lo acusen de haberla comprado, y la descalifica de arranque. Gran movida.

El archivo de las encuestas

Para aterrizar la discusión, pedí a la inteligencia artificial un repaso de lo ocurrido entre 2006 y 2021. El resultado confirma lo que sospechamos:
• 2006: Lourdes Flores lideraba con 30%. Terminó tercera. Humala, que arrancó en 3%, se llevó la primera vuelta.
• 2011: En marzo hubo triple empate en 22%. Un mes después, Humala subió 13 puntos y ganó.
• 2016: Guzmán apareció fuerte, pero lo sacaron. Verónika Mendoza pasó de 4% a casi 19% en semanas.
• 2021: Castillo marcaba 3% en marzo. Un mes después tenía 19% y fue primero. Forsyth, que empezó primero, acabó sexto.

El patrón es claro: los favoritos tempranos suelen desinflarse y los desconocidos, cuando la coyuntura los empuja, crecen como cohetes en cuestión de días.

La conclusión incómoda:

No se trata de que Ipsos, Datum o CPI midan mal. Se trata de que el electorado peruano es volátil, impredecible y decide en la recta final. Las encuestas no predicen; entretienen. Son espejos de feria que deforman la figura y nos hacen creer que vemos el futuro, cuando en realidad apenas miramos un reflejo distorsionado del presente.

 

[EL DEDO EN LA LLAGA]  Alejandro Bermúdez, exsodálite expulsado el 25 de septiembre de 2024 de la suprimida sociedad de vida apostólica Sodalicio de Vida Cristiana, afirma en un artículo del 20 de agosto de 2025 en su blog Hoy en la Iglesia que sigue haciendo “trabajo apostólico-periodístico”, que es como él le llama a lo que en realidad es propaganda ideológica proselitista, donde la objetividad y la honestidad intelectual brillan por su ausencia. Lo que sí tenemos que agradecerle es su cruda sinceridad para confesar las interpretaciones que él sostiene —y qué probablemente comparten muchos exmiembros de la extinta Familia Sodálite— sobre el proceso de supresión de las asociaciones fundadas por Luis Fernando Figari, a las cuales la Santa Sede borró del mapa eclesiástico por ausencia de carisma. Del Espíritu Santo, se entiende.

La sinceridad de Bermúdez —un sujeto que se cree todas las elucubraciones surgidas de su enfermiza mollera— no implica objetividad, como se constata en el siguiente párrafo:

«El Sodalicio de Vida Cristiana está muerto. Lo ejecutó Jordi Bertomeu —con la rúbrica de Francisco—, junto a dos comunidades femeninas: la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y las Siervas del Plan de Dios. Todas, criaturas de Luis Fernando Figari».

Mons. Bertomeu sea quizás uno de los eslabones menos poderosos en la cadena de mando de la decisión de suprimir las criaturas de Figari. Pero es hacia él que se dirigen los misiles verbales de Bermúdez, cargándole con toda la responsabilidad. Para el dizque periodista católico, Mons. Bertomeu sería un genial titiritero, que supo manipular magistralmente a todos los actores involucrados en la decisión final, entre los cuales cabe mencionar al cardenal Carlos Castillo (arzobispo de Lima), al cardenal Pedro Barreto (arzobispo emérito de Huancayo), al cardenal Robert Prevost (obispo emérito de Chiclayo y actual Papa León XIV), a Mons. Charles Scicluna (secretario adjunto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe), a Sor Simona Brambillla (prefecta del Dicasterio para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica) y al Papa Francisco, quien —según Bermúdez— se habría limitado a firmar los decretos de supresión mientras pensaba en las musarañas de Marte.

Lo que no reconoce Bermúdez, a través de esta confesión, es que Mons. Bertomeu había sido designado como representante nada menos que por el Papa Francisco para investigar al Sodalicio y gozaba de su absoluta confianza. Mucho menos reconoce que al Sodalicio lo suprimió la Santa Sede, la instancia suprema de la Iglesia católica, y no una persona en particular.

La siguiente confesión de Bermúdez es sumamente inquietante. Más que revelar las intenciones de quienes decidieron liquidar al Sodalicio por falta de carisma, revela lo que los capitostes del Sodalicio consideraban intocable, inaccesible, cuasi sagrado. Dice Bermúdez:

«El problema, como siempre, es el dinero. Los míticos mil millones de dólares —los MMM— que, según la leyenda urbana, el Sodalicio escondía en algunas bóveda secretas, no existen. Y da igual cuántas “investigaciones” publique Paola Ugaz, la “especialista” autoproclamada en las finanzas del difunto: el tesoro es tan real como el Arca perdida en versión Hollywood».

Tan míticos como pretende Bermúdez no parecen ser esos mil millones, considerando que en la Asamblea General del Sodalicio de 2012 se reportó el balance económico de la institución que, hasta ese año, llegaba a la suma de casi 450 millones de dólares. Resulta lógico inferir que, pasados más de 12 años desde entonces, esa suma debe ser considerablemente mayor. Ciertamente no estaban a nombre de la institución, como el mismo Bermúdez confiesa:

«El total de los bienes con el que contaba el Sodalicio han sido consolidados y puestos a disposición de la Santa Sede. Y la cifra, comparada con los MMM, es microscópica».

Es el mismo Bermúdez el que se encarga de aclararnos dónde pueden estar esos millones:

«Lo que fue el dinero operativo del Sodalicio está en manos de asociaciones civiles legítimas y autónomas. Están legalmente constituidas, no son entidades eclesiales y actúan con la libertad que les concede la ley, allí donde se encuentren. Y no hay maniobra canónica —y mucho menos mediática— que cambie la realidad. […] ¿Resultado? El “tesoro” está tan fuera de alcance como la Atlántida».

El 4 de agosto, en su podcast Punto de Vista, Bermúdez apuntaba sobre el mismo tema:

«Hay gente que se sigue quejando de que al Sodalicio no han podido sacarle —ni le van a poder sacar— todo el dinero que esperaban para las víctimas, y las supuestas víctimas, que son más que las víctimas».

Se percibe un cierto regocijo en que el Sodalicio haya puesto a salvo el dinero y que éste no se halle disponible para pagarles reparaciones justas a las víctimas. Más aún, Bermúdez le niega arbitrariamente esa condición a la mayoría de los afectados, cuando la experiencia demuestra que en casos de abusos las víctimas falsas suelen ser una minoría muy reducida. Es ésta quizás una de las confesiones más perversas que nos brinda la honestidad brutal —en sentido literal— de alguien que hace de la violencia verbal y del sarcasmo su modo habitual de proceder. Y que hace de la falta absoluta de empatía un motivo de orgullo, cosa que creíamos sólo propia de los psicópatas.

Y aun cuando Bermúdez admite la existencia de un “dinero operativo” —según las investigaciones de la periodista Paola Ugaz, alrededor de mil millones de dólares— que el Sodalicio ha logrado poner fuera del alcance de las autoridades eclesiásticas para que no vayan a un fondo de reparación de las víctimas, insiste en que en el cálculo de las indemnizaciones «los MMM no entran en la ecuación, porque no existen». ¿No existen o más bien no estaban a nombre del Sodalicio como institución? ¿Nos dirá Bermúdez algún día a cuánto asciende ese “dinero operativo”? ¿O también negará que existe?

Más adelante vuelve a insistir en la misma afirmación errada ya señalada más arriba:

«Bertomeu disolvió el Sodalicio, la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, las Siervas del Plan de Dios y, en un arranque de omnipotencia, el Movimiento de Vida Cristiana.

Pero disolver un movimiento de fe es como abolir la ley de la gravedad: buena suerte con eso».

El sujeto gramatical de la oración es incorrecto, pues no corresponde a los hechos —como ya he señalado—. No fue Bertomeu, sino la Santa Sede —por voluntad expresa del Papa Francisco— la que efectuó las disoluciones. Asimismo, si el Movimiento de Vida Cristiana pudo en 1994 ser aprobado por el Consejo Pontificio para los Laicos con la categoría de asociación internacional de fieles de derecho pontificio, de la misma manera también puede ser disuelto.

Pero la supresión de una asociación no implica la supresión de las personas, que siguen estando en libertad de practicar una vida cristiana de acuerdo a su conciencia. Y mantienen su derecho a la libertad de asociación, que les garantiza la ley eclesiástica a todos los fieles católicos. Sin embargo, han de tenerse en cuenta las observaciones del Código de Derecho Canónico:

«305 § 1. Todas las asociaciones de fieles están bajo la vigilancia de la autoridad eclesiástica competente, a la que corresponde cuidar de que en ellas se conserve la integridad de la fe y de las costumbres, y evitar que se introduzcan abusos en la disciplina eclesiástica; por tanto, a ella compete el deber y el derecho de visitarlas a tenor del derecho y de los estatutos; y están también bajo el régimen de esa autoridad, de acuerdo con las prescripciones de los cánones que siguen.

  • 2. Todas las asociaciones, cualquiera que sea su especie, se hallan bajo la vigilancia de la Santa Sede; están bajo la vigilancia del Ordinario del lugar las asociaciones diocesanas, así como también las otras asociaciones en la medida en que trabajan en la diócesis».

«La vida cristiana no pide permiso» dice Bermúdez. Pero es deber de cada obispo y de la Santa Sede vigilar toda asociación de fieles que se reconozca a sí misma como católica y evaluar si merece su beneplácito, para evitar que se caiga en los diversos abusos que se dieron incluso en el Movimiento de Vida Cristiana. Y afortunadamente no es Bermúdez quien tiene la última palabra al respecto ni sobre lo que es auténtica vida cristiana.

Con su supresión, el Movimiento de Vida Cristiana ha perdido poder en las estructuras de la Iglesia católica, pero donde haya grupos atomizados del MVC que ya no ostenten ese nombre sino otro y que sigan aplicando el mismo sistema de disciplina y la misma “espiritualidad”, habrá que seguir denunciando sus excesos, advirtiendo de sus peligros, aun cuando el obispo —que también los hay— les haya dado patente de corso. Estoy de acuerdo con Bermúdez en que la vida sigue, pero esta vida tiene que ser distinta a como era antes para que la misma historia no se repita.

Finalmente, Bermúdez —aunque expulsado del ahora inexistente Sodalicio— confiesa que sigue convencido de su llamado a la vida consagrada. Esto más puede ser un indicio de que aún no ha procesado el duelo por la desaparición del Sodalicio, y sigue en etapa de negación. Y no le queda más remedio que soñar en quimeras, o imaginarse lo que no puede ser. Pues si el llamado de Bermúdez se dio en una institución que nunca tuvo carisma del Espíritu Santo, y cuyo fundador Figari —un abusador en toda línea— jugó un papel importante e irreemplazable en ese llamado dentro de su historia personal, entonces no hubo llamado sino engaño. Y Bermúdez prefiere seguir creyendo en esa farsa antes que aceptar la realidad y buscar un derrotero más conforme con la prédica del Jesús de los Evangelios.

Es verdad que Dios puede inspirar a una persona a vivir los consejos evangélicos o a seguir un camino de entrega radical incluso en contextos no formales. Por ejemplo, alguien podría sentirse llamado a una vida de oración y servicio, pero para que esto se considere vida consagrada en sentido canónico, debe integrarse en una estructura aprobada por la Iglesia. En ausencia de un carisma reconocido, el llamado no podría interpretarse como vida consagrada propiamente dicha.

Aparentemente, Alejandro Bermúdez todavía no ha terminado su proceso de adaptación a la pérdida significativa que han significado su expulsión del Sodalicio y la disolución de la institución, y sigue levantando defensas emocionales que perpetúan el conflicto interno, con predominancia de emociones negativas. Mientras no resuelva ese conflicto, seguirá buscando un chivo expiatorio en Mons. Jordi Bertomeu y lanzando mierda con ventilador sobre las sabias decisiones que ha tomado la Iglesia respecto al Sodalicio y las demás fundaciones de Luis Fernando Figari.

[Música Maestro]  Bajo el cielo celeste de la ciudad de Huancayo, a tres horas de las pampas de Junín donde se produjo, hace 201 años, una de las batallas que sirvieron para la retirada del ejército español -que intentaría regresar cuatro décadas después- las comparsas y pasacalles llenan actualmente de alegría las calles en cada festividad de esta linda ciudad conocida hoy como “La Incontrastable”, apelativo recibido por otro combate histórico, ocurrido en diciembre de 1820.

En esas fiestas modernas, densas capas de saxofones se entremezclan con las agudas voces de hombres y mujeres usando trajes típicos en una fiesta de colores, sonidos y simbologías que reflejan el peso que ha tenido el mestizaje instalado desde la colonia y perdura hasta hoy como marca de identidad y orgullo de la capital cultural del centro del país.

Saxofón: herencia europea

El saxofón es un instrumento de viento netamente europeo. Fue inventado a mediados del Siglo XIX por el fabricante belga Adolphe Sax (1814-1894) y pasó de inmediato a ser parte fundamental del sonido de bandas militares, orquestas sinfónicas y ensambles operísticos y tradicionalistas de Europa. Durante la década de los años veinte del siguiente siglo el saxofón llegó a los Estados Unidos a través de espectáculos parisinos de vaudeville y se incorporó al lenguaje del jazz, género en el que se estableció de manera definitiva, con músicos que hicieron evolucionar su sonido y técnicas de ejecución a niveles de alta complejidad. A través del jazz y sus derivados, el saxo se hizo vital en bandas de estilos tanto anglosajones como latinoamericanos, adquiriendo una presencia global, transversal a toda la música popular.

¿Cómo llega el saxofón a los andes peruanos?

A comienzos del siglo XX, según algunos investigadores, habría llegado el saxofón al Valle del Mantaro. Como relata brevemente el musicólogo Juan Clímaco Huayre Cochachín, en una tesis publicada por la Pontificia Universidad Católica del Perú, existen algunas teorías acerca de ese primer encuentro entre el dorado instrumento europeo y las montañas cobrizas de nuestra serranía: “… son varias las historias de su llegada al valle, como la del minero norteamericano que ofreció en venta su saxofón para compensar a una familia por haber accidentado a su hijo, los militares que regresaron a sus tierras después de haber cumplido el servicio militar donde aprendieron a tocar el saxofón, entre otras…”

Lo cierto es que, junto al clarinete -otro instrumento de viento de raigambre europea, en este caso de Alemania- el saxo y sus principales variantes -soprano, alto, tenor, barítono- fueron asimilados por los músicos huancaínos y su uso, que iba de lo ceremonioso/ritual a lo celebratorio -y todo lo que podamos encontrar en medio- se convirtió en sello característico de la tradición musical huanca, tanto como lo fueron también el arpa y el violín, también provenientes del Viejo Mundo.

El estilo de ejecución de los saxos de la región Junín es totalmente diferente al que se desarrolló en sus países de origen, más acotado y elemental, marcando líneas melódicas rotundas, secas, en bloques que van de seis hasta veinte saxos, con dos o tres voces armónicas distribuidas de forma equitativa, espacios para líneas libres entre compás y compás, que pueden ser cubiertas por intervenciones de algún saxo solista, un clarinete o un violín. En el microcosmos de las orquestas típicas, tener más saxos es señal de fuerza, jerarquía y capacidad económica de sus organizadores.

Orgullo huanca: entre huaynos, huaylarsh y mulizas

A solo 300 kilómetros de la capital del Perú, colindando con las provincias limeñas de Huarochirí y Yauyos, se encuentra Huancayo, principal ciudad de la provincia de Jauja, región Junín, donde históricamente muchos expertos aseguran que debió ubicarse el centro administrativo de nuestro país. Conocida como “La Incontrastable” desde 1822, por la valentía y coraje de sus pobladores además de su impertérrito cielo claro, es una de las zonas del centro de los Andes peruanos que más aportes ha dado al folklore nacional.

Huaynos, mulizas y santiagos conforman la tríada de géneros que, ya sea cantados o en versiones instrumentales, animan el nutrido calendario de festividades que unen la herencia española con las costumbres agrícolas, ganaderas y mineras de esta parte del Perú. A esos tres debemos sumar, por supuesto, el huaylarsh que, tanto en sus versiones clásicas como moderna, expresan la alegría, identidad y picardía de danzantes en pareja que, lanzando agudos gritos y zapateando con energía, ofrecen a los visitantes una visión completa de lo que significa ser huancaíno. Los Ases de Huancayo es una de las principales orquestas cultoras del folklore de la sierra central, junto con otros Ases, los de Huayucachi, ambos formados por integrantes de la familia Unsihuay y su líder Javier Unsihuay Bello, fallecido en el año 2021, víctima del COVID-19.

Compositores como los hermanos Maximiliano (1931-2013) y Emilio “Moticha” Alanya Carhuamaca (1925-1989) -recordados por sus huaynos Corazón de piedra, Ayrampito y Falsía-, Francisco Leyth Navarro (1942-2005) -director y líder de la Estudiantina Perú- y, especialmente, Zenobio Dagha Sapaico (1920-2008) -violinista considerado el máximo impulsor del folklore huanca-, por mencionar solo a tres, han contribuido con sus creaciones y grabaciones a mantener vivo el legado musical de Huancayo, con canciones que han sido interpretadas por los mejores exponentes del canto andino.

Asimismo, la región Junín es pródiga en danzas extremadamente significativas y vistosas, con trajes coloridos y máscaras que representan personajes de la Colonia y las faenas socioeconómicas de la región. Por ejemplo, podemos mencionar a las más populares como la chonguinada, la tunantada, los avelinos y la huaconada. Cada una posee sus propios lenguajes y simbologías, usando como fondo el estentóreo y ronco coro de saxofones que le aportan personalidad a una de las expresiones vernáculas más admiradas en el Perú. El 8 de noviembre del año 2021, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) integró a la Incontrastable Ciudad de Huancayo en la Red de Ciudades Creativas en la categoría de música.

Flor Pucarina y Picaflor de los Andes: Íconos

Durante los años sesenta y setenta se produjo un fenómeno artístico que abrió los ojos de la capital, ensimismada en el vals criollo, los ritmos afrocaribeños y la música negra. Como consecuencia de las migraciones del campo a la ciudad, importantes intérpretes de distintas regiones de la sierra peruana llegaron a Lima e impusieron sus repertorios, dirigidos a amplios públicos que trajeron a la capital la efervescencia de los coliseos provinciales. Así, las clases populares tuvieron contacto directo con aquellas opciones musicales que, debido al centralismo, eran totalmente ajenas y desconocidas.

De aquella ola de cantantes destacaron notablemente dos hijos ilustres de Huancayo: Víctor Alberto Gil Mallma y Leonor Efigenia Chávez Rojas, más conocidos por sus nombres artísticos, Picaflor de los Andes (1928-1975) y Flor Pucarina (1935-1987). Ambos grabaron, si sumamos sus producciones individuales, algo más de 25 discos de larga duración con los principales sellos discográficos del país -Iempsa, Sono Radio, Infopesa, El Virrey- y centenares de discos de 45 RPM con huaynos, mulizas y huaylarsh. Picaflor de los Andes sobresalió además como compositor, siendo Flor Pucarina una de sus principales intérpretes. No podemos dejar de mencionar al cantautor Juan Pablo Bolívar Crespo (1918-1998), más conocido como El Zorzal Jaujino, compositor de Jauja, canción popularizada por Alicia Maguiña en 1976 y que podemos ver aquí, interpretada por “La Novia del Perú”, Amanda Portales.

La popularidad de ambos cantantes se mantuvo inalterable durante décadas, gracias a su ascendencia entre los nuevos públicos limeños conformados por segundas y terceras generaciones descendientes de migrantes nacidos en la capital. Sin embargo, con la decadencia del sistema educativo promovida desde los años noventa, la música de Huancayo se limitó a ser fondo para videos de PromPerú y reportajes de canales de señal abierta concentrados en aspectos superficiales de posicionamiento turístico mientras que en las escuelas nacionales el folklore y sus figuras más emblemáticas fueron desapareciendo hasta volverse artistas de culto, recordados por minorías conformadas por sus colegas, paisanos, investigadores y melómanos, pero inexistentes para las grandes masas.

Orquestas típicas: tradición y actualidad

El periodista y fotógrafo nacido en Lima y radicado en Huancayo, Guillermo Joo Muñoz (81), dedicó su vida profesional al estudio, difusión y recopilación de historias e imágenes relacionadas a la escena musical del folklore huanca. Desde 1967 ha construido un archivo valioso que ha reunido en diversas publicaciones, entre las que destacan Huancayo y sus intérpretes (2015), Testigo de una época (2017) y la más reciente, Orquestas típicas en Huancayo (1926-1985), del año 2021, resaltando la presencia y participación de las orquestas típicas en la vida de la comunidad como vehículo de expresión de emociones y acompañamiento de festividades y recitales.

En su último libro, Joo Muñoz recorre la historia y evolución de las orquestas típicas de Huancayo, colectivos de instrumentistas que animan festividades en todo el Valle del Mantaro como, por ejemplo, la subida y peregrinación al nevado Huaytapallana, en el mes de julio. La religiosidad, marcada por el sincretismo o combinación de elementos españoles con iconografía andina; más el espíritu celebratorio de los pueblos huancaínos produjeron la conformación de estas orquestas típicas, en las cuales brillan clarinetes y saxos, marcando el paso de santiagos, avelinos y huacones con firmeza y profundidad.

Las orquestas típicas más famosas del Valle del Mantaro se cuentan por decenas, desde las primeras formadas entre 1930 y 1950 hasta las del periodo dorado del folklore nacional, entre 1955 y 1975: Juventud Huancaína de Zenobio Dagha (1950), Los Ases de Huayucachi de la familia Unsihuay (1974), la legendaria Lira Jaujina de Tiburcio Mallaupoma Cuyubamba (1932) y Los Engreídos de Jauja de los hermanos Marcial y Julio Rosales (1964), posteriormente conocida como Los Engreídos del Perú.

Muchas de estas orquestas han continuado su camino artístico hasta hoy, gracias a los descendientes de sus fundadores, al margen de las modas y preferencias de las grandes masas, interpretando repertorios clásicos de la región y acompañando a artistas reconocidos, como la mencionada Amanda Portales y Eusebio “Chato” Grados (1953-2020), nacido en Pasco pero muy identificado con el sonido huanca, hasta valores más contemporáneos que combinan tradición y modernidad.

Los saxos y sus roles en la orquesta típica

  • Saxo soprano: es el de sonido más agudo. Realiza líneas melódicas en la octava más alta de la escala, tocando al unísono con el clarinete.
  • Saxo alto: es el registro central de la orquesta. Generalmente aparece en los fraseos solistas entre compás y compás, aunque también sirve como segunda voz.
  • Saxo tenor: se ubica en el registro grave de la orquesta, a una octava por debajo del saxo alto. Se usa como segunda voz armónica y le da color a la melodía principal.
  • Saxo barítono: cierra el registro grave las orquestas con un sonido profundo, a dos octavas por debajo del saxo alto.

El país de los saxos, una aproximación documental

En el año 2007, la periodista Sonia Goldenberg (Lima, 1955) estrenó el documental El país de los saxos, una aproximación valiosa al universo personal de algunas de las figuras más destacadas de las orquestas típicas del Valle del Mantaro, sus sueños y experiencias, así como esa conexión especial con el saxofón que ha caracterizado a la música de la región Junín desde inicios de la década de los años cincuenta.

En el largometraje conocemos la historia de don Julio Rosales (1932-2019), fundador y líder de la prestigiosa orquesta Los Engreídos de Jauja quien, por necesidades económicas, tuvo que emigrar a los Estados Unidos, donde trabajó y vivió muchos años. La película narra sus dificultades para adaptarse al anonimato y la soledad en tierras extrañas y la nostalgia que lo forzó a retornar a su tierra, en el año 2006, en medio de homenajes y emotivos reencuentros con sus amigos y familiares que lo recibieron como una estrella popular.

En paralelo, la documentalista nos presenta a Gady Mucha, descendiente de otra familia musical de Huancayo, fundadores de la orquesta típica Selecta Mucha Hermanos. A diferencia de sus paisanos, Gady desarrolló un gusto más global por el saxofón y, a partir de su afición al cine clásico de Hollywood, integró fraseos de jazz en los pasacalles en los que participaba, lo cual le ocasionó algunos problemas con sus colegas.

Aunque no ofrece mayor información sobre los músicos, dejándolos siempre en el anonimato a pesar de sus importantes trayectorias en el ambiente musical peruano -Rosales y su orquesta ha acompañado durante años a los principales iconos de nuestro folklore como Flor Pucarina, Picaflor de los Andes, entre otros-, el documental de Goldenberg exhibe por primera vez ante una audiencia global la interesante y significativa tradición del uso del saxo, un instrumento de la vieja Europa, en varios de los géneros y danzas de música andina más representativos de nuestro país.

[OPINIÓN] El mayor yerro de la historiografía que ha estudiado la polémica Haya-Mariátegui es establecer su análisis siguiendo la pauta establecida por el “Amauta” para  romper con Haya de la Torre y con el APRA. Las cuestiones partido-frente, denominar socialista al movimiento, o lo relativo a las simpatías de Haya por el Kuomintang  fueron los tópicos elegidos por el fundador del socialismo peruano para atacar a la novel organización fundada por su contemporáneo trujillano pero no constituyen las cuestiones de fondo que explican el enfrentamiento.

Nosotros planteamos, y lo hemos señalado en nuestro artículo LIMA NO RESPONDÍA (Parodi 2022), así como en una reciente conferencia en la Universidad del Pacífico y otros textos más, que tanto Haya como Mariátegui fueron marxistas, ambos creían en la revolución, la lucha de clases y la instauración del socialismo al final del camino. La cuestión que los separó al punto de la más abrupta colisión fue la hoja de ruta a seguir para llegar hasta él, o, en un primer momento, a la captura del poder para, paso seguido, construir el socialismo.

La formación marxista de Haya de la Torre recibe influencia directa y prioritaria de Vladimir Lenin. El líder de la revolución rusa creó un partido de cuadros y de células perfectamente coordinadas y conformadas por militantes de la más alta formación y preparación para, al presentarse el momento crítico, asaltar el poder e iniciar la construcción del socialismo. Fue precisamente lo que hizo Ulianov a partir de octubre de 1917 en la tierra de los soviets.

Víctor Raúl adaptó las ideas de Lenin a las realidades peruana y latinoamericana. A través del Esquema del Plan de México, urdió una estrategia para que, en virtud del levantamiento simultáneo de un ejército obrero que debía formarse en la norteña ciudad de Talara y de ocho células apristas desperdigadas por el país que debían insurreccionarse en simultáneo se derrocase al dictador Augusto B. Leguía y se capturase el poder.

El marxismo de Mariátegui se formó en Europa. Es sintomático que, a diferencia de Haya, el “Amauta” no llegase a la URSS. Esa puede ser la explicación de la fuerte influencia que recibió de marxistas revisionistas europeos como Antonio Gramsci, George Sorel, Antonio Labriola, entre otros. A diferencia de posturas como las de Bernstein y Masaryk, que planteaban el socialismo sin marxismo y sin revolución -ideario desde el que se construye por entonces la socialdemocracia europea- Mariátegui, como Labriola antes, sí reivindica la revolución, pero la dota de una espiritualidad que Lenin rechazó rotundamente.

Influenciado también por Gramsci y su concepto de hegemonía cultural, José Carlos llega a la conclusión de que antes de la revolución el proletariado debe elevarse a la conciencia de sí mismo y de su rol en la historia. Solo cumplida esta premisa, y  dotado de una mística cuasi religiosa, a la que aporta Sorel desde sus mitos -más específicamente el mito de la huelga general- podrá el proletariado alzarse en revolución y tomar el poder.

Un elemento adicional, pero fundamental a tomarse en cuenta, es la intervención de la Internacional Comunista en el enfrentamiento entre nuestros dos personajes. Haya había roto con ella en 1927, seguidamente los soviéticos contactaron a Mariátegui quien pasa a integrar su atmósfera al menos dos años antes de que sus postulados colisionasen con los de Victorio Codovilla -Jefe del Secretariado Sudamericano de la IC- en junio de 1929.

El resultado de los caminos y circunstancias aquí descritas fue el rechazo rupturista de Mariátegui al Plan revolucionario de Haya -Esquema del Plan de México- en epístola del primero fechada 16 de abril de 1928, en la que, inclusive, acusa de fascista a Víctor Raúl. Nosotros sostenemos que debido a la concepción marxista original del “Amauta”, este no hubiese aceptado sumarse a la revolución aprista en ciernes en 1928. Sin embargo, su cercanía con la Comintern lo llevó a adoptar posturas que fueron más allá de una polémica, discrepancia o intercambio de ideas. La consigna cominteriana era destruir al APRA y disputarle el espacio en el Perú, Mariátegui actuó en consecuencia y triunfó parcialmente en el empeño: dividió a prácticamente todas las células apristas existentes y bloqueó la insurgencia que Haya planeaba levantar en el Perú.

La <<polémica Haya-Mariátegui>>, en su manifestación historiográfica, presenta dos problemas de fondo: el primero es haberse desarrollado a partir de las acusaciones que Mariátegui levantó en contra de Haya, sin inquirir que estas podrían ubicarse en la superficie de motivaciones mucho mayores. La segunda es caer en el maniqueísmo de destacar el marxismo de uno y vilipendiar el del otro, o, lo que es más grave, romantizar la imagen de uno y, en simultáneo, denostar la del otro. De esta manera, la intencionalidad política suplantó el análisis desde las ciencias humanas y sociales.

Dentro de los límites de este artículo, nosotros proponemos que tanto Víctor Raúl Haya de la Torre -durante la fase internacional del APRA 1924-1930- y José Carlos Mariátegui, hasta su partida el 16 de abril de 1930, fueron dos marxistas brillantes que adaptaron, cada cual a su modo, las tesis marxistas soviéticas y europeas a las realidades peruana y latinoamericana. Colisionaron porque cada uno manejaba un tiempo de la revolución distinto. Pensamos que en tanto que marxistas latinoamericanos deben ser materia de estudio riguroso, así como de enseñanza y  recordación pues constituyen puntales del pensamiento político peruano y continental.

Sobre el mismo tema ver la siguiente conferencia pronunciada en la Universidad del Pacífico para el grupo de diálogo Visionarios.

https://www.youtube.com/watch?v=U4VEpPNJGok&t=79s

[ENTRE BRUJAS] La promulgación de la ley de amnistía en el Perú es una afrenta directa a la memoria, la verdad, la justicia y a las víctimas, bloqueando sus procesos de reparación. Nadie puede negar que la violencia política que sacudió al país entre los años 1989 -2000 fue iniciada por los grupos terroristas, especialmente Sendero Luminoso, cuyas acciones sangrientas dejaron un saldo devastador. El Estado tenía derecho —y obligación— de responder para proteger a la población. Sin embargo, ese derecho legítimo no podía usarse por los agentes estatales para, con taras racistas y clasistas, desplegar practicas brutales que llevaron a graves violaciones de derechos humanos: violaciones sexuales, muchas de ellas colectivas y sistemáticas; torturas; desapariciones forzadas; ejecuciones extrajudiciales. Estas atrocidades golpearon a las comunidades más vulnerables del país, y entre ellas, de manera particular y brutal, a mujeres, niñas, adultos mayores, en su mayoría quechuhablantes o de territorios indígenas.

La Comisión de la Verdad y Reconciliación documentó que la violencia sexual fue usada de manera sistemática como arma de guerra: mujeres fueron violadas delante de sus hijos, niñas fueron sometidas por grupos de soldados, y muchas víctimas quedaron embarazadas producto de estas agresiones. Estos crímenes no solo buscaban humillar y destruir a las víctimas, sino desintegrar el tejido social de comunidades enteras. Son violaciones que, por su gravedad implican una responsabilidad penal que trasciende el paso del tiempo, se constituyen en crímenes de lesa humanidad y no prescriben.

Las matanzas de Putis, Accomarca, Barrios Altos, Socos y tantas otras no son episodios aislados: son heridas abiertas y deudas pendientes de reparar. En Putis, alrededor de 92 personas —casi la mitad menores de edad— fueron asesinadas y enterradas en fosas comunes, tras haber sido sometidas a tratos crueles y abusos. En Accomarca, 69 comuneros, entre ellos mujeres embarazadas y niñas, fueron ejecutados y sus cuerpos quemados para borrar la evidencia. En Barrios Altos, 15 personas, incluido un niño de ocho años, fueron acribilladas por un escuadrón paramilitar. En Socos, 32 civiles fueron masacrados en una noche por efectivos de la Guardia Civil.  Es a estos criminales despiadados a quienes hoy se pone como héroes y se celebra.

Quienes defienden a estos criminales son cómplices y se han encargado de construir una narrativa falsa; ya que no son héroes de la “patria”, muchos de los verdaderos policias y militares que si hicieron su trabajo éticamente y lucharon por alcanzar la paz, han sido olvidados por aquellos mismos que hoy protegen a algunos y promuevan la amnistía de delincuentes.

Solo puedo expresar mi consternación y solidaridad frente los familiares de víctimas, ya que sus procesos de verdad, justicia y reparación quedan bloqueados, avivando nuevamente la llama del olvido. La amnistía recién aprobada no solo cierra las puertas a cientos de juicios en curso, sino que anula condenas firmes, incluyendo aquellas por violencia sexual. Esto significa que responsables de crímenes contra mujeres, niñas y adolescentes, podrán quedar libres sin cumplir sus penas y en total impunidad.

El retroceso no se limita al plano interno. Esta decisión coloca al Perú de espaldas a sus compromisos internacionales. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha establecido de manera inequívoca que las leyes de amnistía que protegen crímenes de lesa humanidad —incluyendo la violencia sexual— son incompatibles con la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Al ignorar estos fallos, el Estado peruano entra en abierta rebeldía contra un tribunal cuya jurisdicción aceptó libremente, debilitando su legitimidad frente a la comunidad internacional. A ello se suma el impulso de acciones para salir de su jurisdicción, como la creación de una mesa de trabajo que reevaluará la permanencia del Perú en el Sistema Interamericano y discursos que respaldan esta salida.

Lo más indignante es que esta ley ha sido celebrada por algunos de los condenados, como si se tratara de un triunfo personal, mientras las víctimas, siguen esperando justicia. La presidenta Dina Boluarte, al firmar y avalar esta norma, ha optado por la impunidad, enviando un mensaje claro y devastador: en el Perú, incluso los crímenes más atroces pueden quedar sin castigo.

Esta amnistía no borra los crímenes ni sana las heridas: solo oficializa el olvido y le da un marco legal a la injusticia. Hoy, más que nunca, debemos recordar que sin justicia no hay reconciliación, y sin memoria no hay futuro. El silencio o la indiferencia frente a este atropello es, en sí misma, una forma de complicidad.

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