Opinión

[El dedo en la llaga] José Luis Pérez Guadalupe (nacido el 8 de abril de 1965 en Chiclayo, capital de la región Lambayeque en el Perú) es todo un personaje. Tiene títulos académicos de licenciado y magíster en Sagrada Teología (Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima), licenciado en Ciencias Sociales (Pontificia Universidad Gregoriana de Roma), licenciado en Educación (Pontificia Universidad Católica del Perú), maestría en Criminología (Universidad del País Vasco), maestría en Antropología (Pontificia Universidad Católica del Perú), doctor en Ciencias Políticas y Sociología (Universidad de Deusto, del País Vasco). A partir de 1986 se desempeñó como agente de pastoral carcelaria en el Establecimiento Penitenciario de Lurigancho. Esta experiencia lo llevó a realizar investigaciones en el campo penitenciario y criminológico, que tuvieron como resultado que en el año 2011 le fuera confiada la presidencia del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), que desempeñó hasta febrero de 2015, cuando fue nombrado Ministro del Interior en el gobierno de Ollanta Humala, culminando este encargo en julio de 2016.

Pero también fue uno de aquellos a los que el Sodalicio les declaró personalmente la guerra, declarándolo enemigo de la institución, ya desde aquellos años en la década de los 80 en que era un simple estudiante de teología, al igual que yo, en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Era conocido coloquialmente como “el Diablo” entre nosotros sodálites.

En septiembre de 1992 la Conferencia Episcopal Peruana le publicó el libro ¿Por qué se van los católicos? El problema de la “migración religiosa” de los católicos a las llamadas “sectas”. Este libro, si bien se centraba en lo que Pérez Guadalupe llama Nuevos Movimientos Religiosos (NMR), en su mayoría de impronta evangélica, también incluía en una parte una crítica a ciertos movimientos católicos —entre ellos la Renovación Carismática Católica, el Camino Neocatecumenal y el Sodalitium Christianae Vitae— por sus características sectarias, o más bien, elitistas.

La crítica al Sodalicio no era por abusos cometidos —de los cuales no se sabría públicamente nada hasta que el año 2000 José Enrique Escardó escribiera una serie de artículos en la revista Gente, dando a conocer por primera vez abusos que él mismo había sufrido en la institución—. Pérez Guadalupe, sin considerar al Sodalicio necesariamente como algo malo, resaltaba —en el marco de una crítica general que incluía a otros movimientos católicos— su carácter exclusivista y elitista, que no se compaginaba con la esencia de lo que es católico.

He aquí lo que decía:

«Es innegable que en las últimas décadas nuestra Iglesia católica ha experimentado una efervescencia laical manifestada fundamentalmente en la aparición de diversos grupos y movimientos apostólicos. Estos grupos, que definitivamente son una bendición para nuestra Iglesia, también tienen, como todo grupo humano, sus originalidades y excesos. Algunas personas están viendo en algunos de estos grupos rasgos sectarios muy parecidos al de los grupos no católicos; algunos autores inclusive comienzan a hablar de ‘sectas católicas’».

En una sustanciosa nota a pie de página precisaba este concepto:

«Aunque la definición de ‘secta’ en la actualidad es un problema todavía no resuelto, personalmente creo que podemos llamar ‘secta’ (o actitud sectaria) a todo grupo religioso que se cree el único que ha recibido la revelación de Dios y el único que va a ser salvado por él. En este sentido me parece que no podemos hablar de ‘sectas católicas’ sino más bien de ‘élites católicas’; entiendo por ‘élite’ (o actitud elitista) a todo grupo religioso que cree ser el mejor intérprete de la revelación de Dios, y cree que su forma de vivir la religión y practicarla es la mejor. Queda claro que en mi opinión la actitud sectaria es la que cree ser la ‘única’; y la ‘actitud elitista’ es la que cree ser, no la única, pero sí la ‘mejor’. En este sentido, según mi opinión, es más exacto hablar al interior de nuestra Iglesia de ‘Élites Católicas’ que de ‘Sectas Católicas’. Cabe indicar que, cuando digo ‘Élites Católicas’, no quiero decir que sean realmente élites, sino que se creen élites. En este sentido tomo el término como una ‘actitud’ (elitista) y no como una realidad».

Pero donde llegaba la crítica más aguda y punzante de este pequeño libro era en el siguiente texto:

«Los movimientos apostólicos que han logrado cohesionar e integrar la experiencia personal y la experiencia comunitaria son los que precisamente tienen más desarrollo pastoral, por ejemplo: la Renovación Carismática Católica, las comunidades neocatecumenales, Sodalitium Christianae Vitae, etc. Pero en estos 3 grupos mencionados justamente por su cohesión comunitaria, hay un peligro inminente de que surja un espíritu exclusivista y de superioridad sobre el resto de católicos».

Y en nota a pie de página desarrollaba aún más esta idea:

«Uno de los rasgos más patentes de este sentimiento de superioridad y exclusivismo es su ‘sentimiento de intocabilidad’; muchas veces los miembros de estos grupos se creen los intocables, y creen que su grupo es intocable. No se les puede hacer ninguna alusión y menos una crítica. Muchas veces se creen, no parte de la Iglesia, sino la (verdadera) Iglesia, llegando inclusive algunos carismáticos a decir que la Renovación Carismática no es un movimiento de la Iglesia, la “la Iglesia en movimiento” y algunos neocatecúmenos dicen que ellos no son un movimiento de la Iglesia, sino “el camino de salvación”. Estas mismas características también se pueden apreciar en algunas facciones del Opus Dei».

La conclusión a la que llegaba era demoledora:

«Este sentimiento de identificación más grupal que eclesial, llega a un grado realmente inadmisible cuando lo encontramos en algunos sacerdotes: ya no son sacerdotes de la Iglesia, sino de su movimiento. Si llegan a ser párrocos, la cosa se vuelve inaudita, ya que desgraciadamente formarán parroquias carismáticas, o neocatecúmenas, o sodálites, pero ya no parroquias católicas.

Hasta aquí podemos ver que ese espíritu ‘sectario’ o ‘elitista’ que vemos en los grupos no católicos, es un fenómeno hasta cierto punto normal y comprensible, pero de ninguna manera aceptable».

En ese entonces Pérez Guadalupe no sospechaba que iba a suceder con su libro lo que él mismo había escrito en él: «No se les puede hacer ninguna alusión y menos una crítica». Pues de inmediato la maquinaria sodálite se puso en marcha para acallar el texto. Los sacerdotes sodálites José Antonio Eguren y Jaime Baertl movieron sus influencias eclesiásticas. El Vicario General del Sodalicio, Germán Doig, afirmó que la presentación del libro, suscrita por el obispo auxiliar de Lima Mons. Oscar Alzamora, no podía haber sido redactada por él. En otras palabras, que esa presentación era una falsificación, no obstante que el mismo Mons. Alzamora afirmó después qué él sí la había escrito, pues el libro no contenía ningún error doctrinal. Finalmente, el libro fue retirado de los estantes en el local de la Conferencia Episcopal Peruana y vetada su venta.

¿Quién consumó esta censura? Pues nada menos que Mons. Miguel Cabrejos, quien entonces era obispo auxiliar de Lima y secretario general de la Conferencia Episcopal Peruana. El mismo que llegaría ser presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). El mismo que se limitaría a emitir comunicados tibios sobre el Sodalicio, sin organizar ninguna atención pastoral a las víctimas. El mismo que diría falsamente que la Conferencia Episcopal Peruana bajo su mandato había repetido que el Sodalicio no tenía carisma fundacional, como declaró sin vergüenza alguna al diario La República en una entrevista publicada el 22 de enero de este año:

«Un segundo punto muy importante, que no es nada nuevo, es que a partir de la constatación de la falta de un carisma fundacional, y esto la Conferencia Episcopal lo viene repitiendo años y años atrás; entonces, frente a la falta de un carisma fundacional con el señor Luis Fernando Figari y, además de eso hemos escuchado las causas, los pormenores y las consecuencias de este acontecimiento para las diócesis del Perú y de la decisión del Papa Francisco, que ya es conocida, de suprimir dicha sociedad de vida apostólica».

Posteriormente, de 1999 a 2011, Pérez Guadalupe fue director de la Comisión Diocesana de Pastoral Social de la Diócesis de Chosica (al este de la arquidiócesis de Lima) y del Instituto de Teología Pastoral Fray Martín, colaborando con el obispo Mons. Norberto Strotmann. Fue en el año 2000, cuando yo aún mantenía vínculos con el Sodalicio, que Pérez Guadalupe me invitó participar como docente del Curso de Teología a Distancia, dirigido principalmente a catequistas y profesores de religión de provincias. Acepté gustosamente, y fue allí donde tuve una experiencia de la Iglesia como Pueblo de Dios como nunca antes la había tenido, lo cual contribuyó a mi proceso de desintoxicación de la mentalidad sodálite, que culminaría recién en el año 2008.

En las conclusiones de su libro censurado, Pérez Guadalupe escribía lo siguiente:

«Aunque yo personalmente prefiero no utilizar el término ‘sectas católicas’ sino más bien el de ‘élites católicas’ (indicando con esto la actitud grupal de superioridad frente al resto de católicos), es indiscutible que cada vez aumenta el número de autores católicos que no sólo han comenzado a hablar de actitudes sectarias dentro de la Iglesia sino que inclusive llaman ‘sectas’ a nuestros Movimientos Apostólicos. Es indudable que hay algunos grupos al interior de la Iglesia que están creando problemas justamente por su actitud cerrada y exclusivista. Habría que investigar aquí, hasta qué punto estos grupos están formando pequeñas iglesias al interior de la católica, o hasta qué punto estos grupos, moderadamente, son el futuro de nuestra pastoral católica».

Aunque tardíamente, las investigaciones ya se están haciendo o se han hecho parcialmente. Y las palabras de Perez Guadalupe resultaron proféticas: los grupos con actitudes cerradas y exclusivistas, como el Sodalicio, resultaron ser menos católicos de lo que se pensaba.

Tags:

Catolicismo, censura, elitismo, Iglesia católica, sectas, sodalicio de vida cristiana

A algunos ha sorprendido negativamente un reciente video del alcalde limeño Rafael López Aliaga arremetiendo contra Keiko Fujimori, acusándola de connivencia con Odebrecht y de haber recibido dinero sucio de la corrupción para solventar sus estudios. Le faltó mencionar el papel de comparsa que el fujimorismo mantiene con el gobierno de Dina Boluarte y completaba el cuadro.

Hace bien el pre candidato presidencial López Aliaga en tomar distancia crítica del fujimorismo. La situación expectante de Keiko Fujimori en las últimas encuestas amerita que se busque revertir e impedir que nuevamente pase a la segunda vuelta.

El fujimorismo ha involucionado, deviniendo en una agrupación mercantilista, autoritaria y conservadora. Y carente, por completo, de olfato político (de otro modo, no se explicaría su desembozado apoyo al nefasto e impopular régimen de Dina Boluarte). Con esos antecedentes, si logra pasar a la segunda vuelta la va a perder de todas maneras.

La derecha, en general, tendría que tener claro que sus rivales a vencer en el 2026 no son solamente las izquierdas radicales sino también el fujimorismo. Y la centroderecha debería agregar a la derecha conservadora (entre ellos, el más dinámico y activo, Rafael López Aliaga).

No está interesado, sin embargo, al parecer, la centroderecha en hacer política y espera a diciembre, seguramente, para recién empezar a hacerlo. Salvo esporádicas intervenciones mediáticas de líderes como Rafael Belaunde o Carlos Anderson, el resto anda en otra cosa, seguramente importante (planes de gobierno, conformación de equipos técnicos, etc.), pero que políticamente no reditúan nada y ello ya es necesario que ocurra.

El antifujimorismo es una bandera que no se le puede dejar exclusivamente a la izquierda. La derecha -y hace bien por ello, López Aliaga- tiene que tener en claro que es un paso necesario para recolocarse en las preferencias electorales y aspirar a superar a Keiko Fujimori en las encuestas y poder derrotarla.

Si la intención de la presidenta Boluarte era refrescar el gabinete para lograr algún oxígeno político, ha fracasado por todo lo alto. Los cambios son cosméticos e, inclusive, salvo el de Demartini, insulsos, aunque en algunos casos, como el de Arista, plenamente justificados.

Mientras continúen Adrianzén, Arana, Santiváñezy Quero, ese gabinete es el mismo de siempre, uno que no es capaz de articular alguna política pública decente y que ni siquiera le sirve a la presidenta de parachoques institucional que la proteja de las crisis recurrentes en las que su gobierno recae.

El gobierno no ha cambiado y no quiere cambiar. Una presidenta de mirada corta no podrá lograr, queda claro, un gabinete de mirada larga. Seguiremos atrapados en los mismos problemas, básicamente los de la inseguridad ciudadana y la creciente corrupción, sin que desde el gobierno se haga algo significativo para resolver ambos.

Como pronóstico inevitable, la crisis política se mantendrá incólume y la inversión privada, sensible a ella, no se acrecentará en la medida de lo necesario, para crecer a tasas por encima del 5%, como es posible y deseable, a pesar del buen talante del entrante ministro Salardi, quien viene de hacer una excelente gestión en Proinversión.

Una lección mínima de política básica es que si un gobierno quiere tomar una bocanada de oxígeno, debe cambiar su rostro notoriamente. Eso no lo ha logrado, ni de cerca, la presidenta, y todo parece más bien un pretexto para deshacerse de un ministro como Demartini, a quien el sector que corta el jamón en el gobierno, ya le había puesto la puntería, como revelaron algunos audios escandalosos propalados durante la semana,

La del estribo: teatro de primer nivel se verá esta semana en Teatro La Plaza, con la puesta en escena de Encuentros breves con hombres repulsivos, del gran director Daniel Veronese, inspirada en la obra de David Foster Wallace. Es una coproducción de Teatro Timbre 4 -una de las mejores compañías teatrales de Argentina-, y Teatro a Mil, y solo tendrá dos funciones: lunes 3 y martes 4 de febrero. A no perdérsela. Entradas en Joinnus.

 

[Música Maestro] En medio de la pobre escena actual de la música global, con el reggaetón asesinando a diario a la rica historia de la música latina; y las insufribles superficialidades del hip-hop y el pop anglosajón modernos; el enorme y diverso listado de artistas y estilos de los setenta y ochenta se erige como una compacta muralla de rebelde buen gusto que no pierde calidad ni sustancia frente a la ligereza y homogeneización que son moneda corriente en estos tiempos.

Durante la historia de la música popular contemporánea siempre han existido dicotomías que enfrentan a dos polos teóricamente opuestos: lo comercial versus lo subterráneo, lo socialmente comprometido versus lo entretenido y ligero, lo accesible versus lo difícil, lo académico versus lo amateur, lo banal versus lo profundo. Estas confrontaciones conceptuales reducen, de forma ilusa, a una lucha entre dos opciones aquello que, en la realidad, tiene múltiplesvariaciones y matices.

Hay quienes piensan, por ejemplo, que preferir Silvio Rodríguez y Joan Manuel Serrat a Bad Bunny y Karol G es positivo -te gusta el buen uso del idioma, las manos humanas pulsando una guitarra de madera- o negativo -pretendes ser elitista, discriminas lo barrial, eres un resentido, no eres popular. Desde los que discuten entre sí cuando comparan la onda de la Fania con la salsa sensual de Hildemaro, hasta los que consideran que Spinetta es un genio frente a quienes creen que no hizo nada valioso, los que prefieren el punk de Sex Pistols al de Blink-182. Y eso pasa en todos los géneros y subgéneros que nos podamos imaginar.

Aunque, en líneas generales, me es imposible imaginar a un sicario de Lima musicalizando sus contenidos para redes sociales -su colección de pistolas, sus amenazas extorsivas- con los estudios para piano de Chopin o Erik Satie; ni tampoco parece muy probable encontrar a un congresista del hampa bailando en su AirBnb barranquino, rodeado de sus «asesoras legales», una canción de los Ramones, Return ToForever o Sepultura; lo cierto es que no podemos establecer de manera concluyente si una persona es buena o no analizando el tipo de música que escucha. En muchos casos te puede dar una idea bastante clara, pero ninguna generalización o sectarismo tienen cabida ante la multiforme psiquis humana, siempre capaz de producir excepciones a las reglas.

Toto, una de las bandas más famosas y respetadas de la historia del pop-rock mundial, despierta esa clase de encendidos debates. Están, por un lado, los que opinan que se trata de músicos extraordinarios que, tras casi cincuenta años en el ruedo, escapan a cualquier membrete y superan de lejos a muchísimos otros. Y, por el otro,quienes los ven como cosa del pasado, calculadores, anacrónicos y desfasados. En medio de eso, abundan las voces que consideran específicamente a Toto, por su preeminencia entre la enorme cantidad de alternativas que nos ofrecieron las décadas en las cuales se desarrollaron, como la bandasímbolo de una época desaparecida y valiosa solo para nostálgicos.

Recientemente, un tema levantó polvo entre los críticos musicales especializados: la aparición del término “yacht-rock” -literalmente “rock de/para yates”-, un neologismo creado para denominar a la música producida en Estados Unidos, en el periodo de quince años comprendido entre 1975 y 1990. Pero no a toda la música hecha en el país que hoy padece la vuelta al poder de Donald Trump y sus amigos lunáticos y multimillonarios, sino a aquellas discografías más accesibles al oído, de producción sofisticada e instrumentación compleja pero rítmica, que podríamos encuadrar dentro de las coordenadas de etiquetas preexistentes como “soft-rock”, “arena rock”, “AOR” o “blue-eyed soul, de extenso uso en la prensa musical.

El concepto “yacht-rock” pretende conectar a esos artistas con un segmento de público caracterizado por su alto poder económico, acceso a artículos/actividades de lujo y un estilo de vida generalmente superficial, hedonista, ajeno al espíritu rebelde, contestatario o esforzado asociado al rock. Un documental de HBO Max, titulado Yacht Rock: A Dockumentary (Garrett Price, 2024) pone a dos nombres por encima del resto como emblemas del nuevo nombrecito. Uno es Michael McDonald, compositor, cantante y tecladista de TheDoobie Brothers (1976-1981). El otro es… Toto.

Sin embargo, más allá de las reacciones a favor o en contra de esto del yacht-rock en esta columna escribí, hace algunos meses, sobre esas satisfactorias, inútiles y escapistas discusiones que solemos tener los melómanos sobre géneros, épocas y artistas-, lo que no puede aceptarse es el uso peyorativo de un rótulo para agrupar a artistas que han demostrado ser los mejores en sus campos, solo porque a alguien se le ocurre que suenan demasiado sofisticados, comerciales o “ligeros”. Y, en el caso concreto de Toto, con más razón todavía. Porque Toto es, básicamente, un supergrupo.

Como sabemos, la noción de supergrupo surgió en el ámbito del rock, más o menos, a finales de los sesenta. Después de quince años de la aparición de Elvis Presley y diez de la Beatlemanía, integrantes de conjuntos conocidos comenzaron a juntarse para armar bandas nuevas. Ejemplos de ello son, desde luego, Cream y Crosby Stills Nash & Young. Con el tiempo, la lista de supergrupos fue creciendo -algunos solo grabaron uno o dos LP y otros, como Emerson Lake & Palmer, duraron décadas- y, en el camino, se subdividieron en dos tipos, aquellos cuyos integrantes provenían de otras bandas famosas y aquellos formados por músicos de sesión, anónimos para el público pero muy respetados entre sus pares.

Toto pertenece a esta segunda tipología de supergrupo. Steve Lukather(voz, guitarra), David Paich (voz, piano, teclados), los hermanos Jeff y Steve Porcaro (batería y teclados, respectivamente), David Hungate(bajo), Lenny Castro (percusiones) y Bobby Kimball (voz) lanzaron el sorprendente primer LP de Toto en 1978 pero venían trabajando desde 1973 como sesionistas para astros del pop-rock de entonces como Seals & Crofts, Boz Scaggs, Aretha Franklin, entre muchos otros.

En el caso específico de Steve Lukather, es uno de los guitarristas con más grabaciones de la historia y, antes de cumplir 21 años, ya era considerado uno de los guitarristas de estudio más buscados en Los Angeles. Y Jeff Porcaro, además de sus diversos contratos en sesiones, fue integrante durante un par de años de Steely Dan -otro supergrupo- y su baterista principal en uno de sus mejores discos, Katy lied (1975), además de tocar en las canciones Parker’s band, Night by night(Pretzel logic, 1974) y Gaucho (ídem, 1980).

En cuanto a David Paich, a sus destrezas como arreglista, cantante y pianista debemos sumar las de compositor. A finales de los setenta, fuecoautor de éxitos de Boz Scaggs como Lido shuffle o Lowdown (Silkdegrees, 1976) y, entre otros, de Got to be real, del álbum debut de Cheryl Lynn (1978). De hecho, el característico riff con el que arranca este tema clásico de la era disco, que simula una sección de vientos, es tocado por David en sus sintetizadores. Esa intro fue utilizada por la agrupación dominicana de merengue y hip-hop Proyecto Uno para su exitazo noventero El Tiburón (In da house, 1993).

Entre 1978 y 1982, el sexteto original lanzó cuatro fantásticos álbumes en que se entremezclaban hard-rock de estadios, similar al de bandas como Journey o Foreigner, rock progresivo al estilo de otros conjuntos norteamericanos como Boston, Kansas o Styx y fuertes dosis de soul, R&B y jazz. Este muestrario de virtuosismo instrumental se desborda en los dos primeros LP, Toto (1978) e Hydra (1979), con canciones como Goodbye girl, St. George & the dragon, el vertiginoso instrumental Child’s anthem o los éxitos Hold the line, 99 (¿a quién se le ocurre terminar un single para las radios con un solo de bajo?) y Georgy Porgy (con Cheryl Lynn en los coros).

Si una persona que nunca ha escuchado a Toto en su vida pone en su reproductor canciones como Hydra, Takinit back y I’ll supply thelove, una después de la otra, no podría concluir a la primera que se trata del mismo grupo. Con tres cantantes diferentes y cubriendo un rango estilístico tan amplio, lo de Toto en esos dos álbumes lanzados para el sello Columbia Records es de alto octanaje en energía y fibra rockera pero también en sofisticación y cálculo milimétrico en cuanto a arreglos, cambios y solos.

Esto último fue lo que, en sus inicios, le reprocharon algunos críticos como en la revista Rolling Stone que, en una reseña de aquel disco debut denuesta ácidamente su sonido pulcro y el extremo dominio de sus instrumentos, considerándolos aburridos y fríos. Sin embargo, el público decidió lo contrario y la popularidad de Toto subió como la espuma. Su tercer esfuerzo en estudio, Turn back (1981), no alcanzó la misma notoriedad, a pesar de contener composiciones sorprendentes como Goodbye Eleonore, English eyes o Gift with a golden gun, con intercambios musicales de primer nivel.

La consagración definitiva llegó con el siguiente LP, Toto IV (1982), gracias a canciones como Rosanna y Africa que, una vez más, ofrecieron a la escena musical ochentera un coctel de estilos. La primera, compuesta íntegramente por David Paich y cantada por Lukather y Kimball, marcó historia por su complejidad musical. El patrón rítmico creado por Jeff Porcaro hasta ahora es estudiado por las nuevas generaciones de bateristas en el mundo entero. Por su parte,Lukather hace estallar su Gibson Les Paul en los solos del medio y del final, mientras Steve Porcaro y Paich lanzan impresionantes líneas en sus respectivos teclados. El tema también hizo historia por su videoclip, tan icónico de los ochenta como los de Dire Straits, Prince o Madonna.

En cuanto a la segunda, se trata de una idea musical escrita a cuatro manos por Jeff y David, que pasó de ser un tema casi de relleno a convertirse en una de las canciones más escuchadas de la década. La atmósfera tribal, la combinación de voces y el mensaje arcano la hicieron un clásico inmediato. La banda noventera Weezer incluyó una versión de Africa en su disco de covers Teal album (2018), reactualizando su éxito. Previamente, el cuarteto californiano había grabado también Rosanna.

Los años siguientes, el grupo navegó entre discos de ventas más reducidas, cambios de personal y una nutrida agenda de trabajo para otros, recargada por su nuevo estatus de superestrellas. El famoso productor Quincy Jones, recientemente fallecido, convocó a cuatro de sus integrantes para las sesiones de lo que sería el álbum más vendido de todos los tiempos, Thriller de Michael Jackson, en canciones como Beat it, The girl is mine (a dúo con Paul McCartney) e incluso una composición de Steve Porcaro, Human nature, que se convirtió en uno de los singles más aclamados de aquel disco del “Rey del Pop”, lanzado en 1983. Dos años después, David Paich y Steve Porcaro participaron en la grabación de la base instrumental del single benéfico We are the world, una de las canciones que definieron los ochenta.

Después del éxito de Toto IVaquí un concierto de esa época en Japón-, la banda sufrió sus dos primeras deserciones. Bobby Kimball, el cantante, fue reemplazado sucesivamente por Fergie Frederiksen(1984-1985), Joseph Williams (1986-1988, hijo del famoso compositor John Williams, ganador del Oscar por la banda sonora de Star Wars) y Jean-Michel Byron (1989-1990), mientras que David Hungate cedió su lugar a Mike Porcaro, hermano de Jeff y Steve -hijos de un legendario baterista de jazz, Joe Porcaro-, quien se quedó en el grupo hasta su lamentable muerte, a los 59 años, aquejado por la terrible esclerosis lateral amiotrófica.

En ese periodo, aunque sus discos no tuvieron la misma resonancia que los anteriores, Toto se mantuvo vigente con canciones como Stranger in town, Holyanna (Isolation, 1984), la balada I’ll be overyou (Fahrenheit, 1986, con Michael McDonald en coros) o Pamela(The seventh one, 1988). En 1984 la banda compuso una suite instrumental y futurista para un clásico moderno de ciencia ficción, Dune, escrita y dirigida por David Lynch, fallecido hace unas semanasa los 78 años, una noticia que estremeció a la comunidad mundial de cinéfilos.

El 5 de agosto de 1992, Jeff Porcaro falleció prematuramente a los 38 años, por complicaciones cardíacas. Unas semanas antes, había inhalado accidentalmente un insecticida mientras lo esparcía en el jardín de su casa y durante años se asoció este hecho a su muerte. Aunque el inesperado fallecimiento golpeó duramente a la banda, ese mismo año apareció Kingdom of desire, su octava producción discográfica, con pistas grabadas íntegramente por Jeff. Para la gira correspondiente, dedicada al hermano caído, su lugar fue ocupado por el británico Simon Phillips, una superestrella de la batería por derecho propio, que venía de tocar en estudios y conciertos con un amplio abanico de artistas como Steve Hackett y Mike Rutherford de Genesis, Jeff Beck, Santana, Judas Priest, Mike Oldfield, Joe Satriani y un larguísimo etcétera. Phillips permaneció en la banda hasta el año 2014, aproximadamente.

En paralelo a Toto y sus cientos de compromisos con otros colegas, Steve Lukather y Joseph Williams son quienes más actividad hantenido como solistas, con un total de nueve álbumes cada uno, entre 1982 y 2023. David Paich, por su parte, lanzó su primer y único disco en solitario, Forgotten toys, en el 2022. Mike y Steve Porcaro lanzaron también un solo disco cada uno, Brotherly love (2011) y Someday/Somehow (2016), respectivamente (búsquenlos, son excepcionales). David Hungate, el bajista original, suspendió brevemente su voluntario retiro de la música para reunirse con sus ex compañeros entre 2014-2015; mientras que Bobby Kimball tomó nuevamente los micrófonos de Toto durante toda una década, entre 1998 y 2008, para los álbumes Mindfields (1999), Through thelooking glass (2002, de covers de sus referentes, desde los Beatles hasta Steely Dan) y Falling in between (2006). Hace cinco años se supo que el extraordinario cantante padece de un extraño tipo de demencia. Lenny Castro, “el séptimo Toto”, tocó con ellos desde siempre, hasta la gira del año 2019.

Toto llegó al nuevo siglo como una institución del rock de los ochenta, con el soporte de su bien ganado prestigio. Aunque nunca abandonaron los estudios de grabación, sus lanzamientos comenzaron a hacerse más espaciados y, hasta en diez ocasiones, la banda cambió de alineación con ingresos y salidas intermitentes de sus miembros, con excepción del núcleo estable de Lukather, Paich y Williams, quien retornó para quedarse en el 2010. Steve Porcaro, uno de los fundadores, se había retirado parcialmente y volvió como “invitado” hasta ese mismo año, en que decidió reintegrarse de manera fija.

Paich, también debido a algunos problemas de salud, también anunció su alejamiento de los escenarios aunque conservó su silla como director musical. Fue reemplazado por otro gigante de las sesiones, Greg Phillinganes. Y, tras la muerte de Mike Porcaro, han sido bajistas de Toto músicos de sesión ampliamente reconocidos como LelandSklar (James Taylor, Phil Collins), Nathan East (Eric Clapton, Fourplay) y Shem von Schroeck. Por la batería, tras la salida Phillips, han pasado sesionistas de alto calibre como Keith Carlock, Shannon Forrest y Robert Searight, integrante del colectivo de jazz fusión Snarky Puppy, por lo que el membrete de supergrupo de Toto se mantuvo intacto.

Giras por Estados Unidos y Europa en los años 2003, 2013 y 2019 para celebrar sus aniversarios 25, 35 y 40 respectivamente, registradas en excelentes CD y DVD como este, dan cuenta del peso de Toto como entidad del rock mundial, a pesar de ese asunto del yacht-rock -que Lukather considera “una broma sin importancia” o el hecho incomprensible de que, aunque son elegibles desde el 2003, no hayan sido todavía inducidos al salón de la fama del rock and roll. Justo después de la última gira, titulada 40 tours around the sun, desarrollada entre enero y octubre de 2019, un problema de dinero destruyó la amistad entre Lukather, Paich y el único Porcaro aun vivo, Steve.

Resultó que, de un momento a otro, la viuda de Jeff Porcaro, Susan, acusó a Lukather y Paich de no haber pagado regalías a la familia del baterista durante años. El asunto, que se remontaba a las épocas en que la banda se fundó, era un enredo de papeles y consentimientos relacionados al uso del nombre Toto. En una batalla legal no exenta de ataques de ida y vuelta, Susan Porcaro-Goings salió vencedora, lo cual dejó a ambos con serias deudas y la incertidumbre de no saber si podrían o no seguir su carrera con el nombre que habían construido en casi cinco décadas.

Sin embargo, el misterio se resolvió durante la segunda mitad del año pasado, cuando se anunció una nueva gira de Toto para julio de este 2025, junto a otros dos pesos pesados ochenteros, Men At Work y Christopher Cross. Además de Steve Lukather, Joseph Williams y David Paich participarán de esta nueva versión de Toto, la décima quinta de su historia, Greg Phillinganes (teclados), Warren Ham(vientos), John Pierce (bajo), Dennis Atlas (teclados) y Shannon Forrest (batería).

 

Tags:

Jeff Porcaro, rock clásico, Rock de los 80, Steve Lukather, Supergrupo, Toto, Yacht-Rock

(Entrevista publicada en Tendencias Atik Edición 2)

1.- ¿Qué representa para el Perú el nuevo gobierno de Trump?

Un riesgo y una posibilidad. Un riesgo porque Trump es proteccionista y puede afectar el libre comercio que existe entre ambas naciones desde hace cerca de dos décadas. Si establece una política de aranceles mayores a las exportaciones peruanas nos afectaría sobremanera. Y una posibilidad porque si el Perú sale del radar proteccionista de Washington y son otros los países afectados, ello supondría una ventaja competitiva para los productos peruanos. Hay que hilar muy fino para evitar una represalia comercial contra nuestro país, con un gobernante autoritario y caprichoso.

2.- ¿Significa la lucha por un nuevo orden mundial entre China, Rusia y EEUU?

De hecho, es una disputa que ya se viene dando desde hace décadas, con Estados Unidos perdiendo el liderazgo hegemónico que exhibía. Gran parte de su “desgracia” es haber perdido el norte respecto de la búsqueda de la afirmación del capitalismo democrático, la única dupla económica y política capaz de generar desarrollo.

3. ¿Las relaciones con EEUU pueden verse afectadas por el aumento de presencia económica china en el país?

Ya la Casa Blanca ha lanzado una advertencia sobre las inversiones chinas en el megapuerto de Chancay. El Perú va a tener que emplear todas las artes diplomáticas de Torre Tagle para que la evidente presencia masiva de inversiones chinas en el país -que nos son muy necesarias- no vaya a provocar una reacción destemplada del gobierno de Trump.

4.- ¿Quién cree que llegue a tener más presencia económica durante los siguientes años entre China y USA?

Estados Unidos están aún lejos de China en términos de potencia económica, pero la velocidad de crecimiento de China hace pensar que en algunas décadas, aún, podría alcanzar y superar a los Estados Unidos como eje central de la economía mundial. A pesar de ser una dictadura, en China se gozan de mayores libertades económicas que en los Estados Unidos y eso explica su rápida expansión.

En el mundo del deporte, hay historias que nos recuerdan que la edad no es un límite, sino una excusa para dejar de soñar. Alfredo Tirado, más conocido como Tito, y Luis Noriega Hoces, el Doc, son prueba viviente de ello. Amigos, rivales y apasionados de la natación, han decidido embarcarse en un nuevo reto: cruzar a nado el Estrecho de Gibraltar, una travesía de 19 km que une España con Marruecos.

El regreso del atleta: Tito

Tito fue maratonista hasta que sus rodillas dijeron basta. Pero en lugar de resignarse, encontró en el agua una nueva forma de seguir desafiando sus propios límites. A los 66 años empezó a nadar y hoy, con más de 70, es el nadador más veterano en haber completado la Travesía de la Olaya (22 km) en la categoría Pro. En 2024 tuve el privilegio de nadar a su lado, brazada a brazada, y fui testigo de su fortaleza. Para él era otra Olaya más; para mí, era la primera en la categoría Élite.

El regreso del nadador: el Doc

Luis Noriega Hoces, el Doc, fue nadador de piscina en su juventud. A los 60 años decidió volver al agua, pero esta vez para enfrentar los desafíos del mar. Ha sido parte de postas que cruzaron el Canal de la Mancha y el Estrecho de Gibraltar. En cada competencia, demuestra que la pasión por el deporte no se apaga con los años, sino que se reinventa.

Amigos, rivales y Marlines

Tito y el Doc tienen una rivalidad entrañable. Se llevan solo un año de edad y nunca dejan de molestarse sobre quién es más lento o quién es el más viejo. En los campeonatos Máster, donde las categorías se agrupan cada cinco años, hay temporadas en las que no pueden competir juntos, pero cuando lo hacen, la batalla está asegurada.

Ambos son miembros de *Los Marlines*, un grupo de nadadores de aguas abiertas unidos por la experiencia de haber completado la Travesía de la Olaya. Pero este no es solo un club de Toby. Además de competir en torneos internacionales como el Mundial de Budapest o campeonatos sudamericanos, han organizado desafíos épicos como la vuelta a la Isla en Asia (8-9 km en mar movido) y la Doble Olaya (44 km), un evento internacional único en Lima.

El sueño del Estrecho de Gibraltar

Ahora, estos dos peruanos extraordinarios están entrenando para cruzar el Estrecho de Gibraltar, un reto que va más allá de la distancia. Es un homenaje a la perseverancia, a la pasión por la vida y a la búsqueda incansable de nuevos desafíos.

Tito y el Doc nos enseñan que nunca es tarde para cumplir un sueño. Que el deporte no solo es competencia, sino también salud, paz mental y disfrute. Y que la juventud no se mide en años, sino en ganas.

Que sigan los éxitos, los buenos hábitos y, sobre todo, las brazadas.

Tags:

7 mares, aguas abiertas, Estrecho de Gibraltar, nadadores peruanos, natacion en el mar

García Higueras tiene como hipótesis de trabajo la idea de que Porras, en el trabajo periodístico que se analiza aquí, tuvo como objeto iluminar “hechos y personajes de la historia del Perú en siglo XIX con el fin de contribuir a una mejor comprensión de los orígenes y de su evolución como nación independiente” (p.7). Propósito, como se ve, nada menor.

El libro se abre con un completo esbozo biográfico de Porras que va pasando revista a sus principales facetas, desde la infancia hasta su designación como Canciller de la República en el año 1958. El segundo capítulo ubica a nuestro notable personaje en el contexto de su generación, que se desarrolla entre conflictos como la Primera Guerra Mundial, la Revolución Mexicana y la Revolución Rusa, mientras en el escenario local se comenzará a vivir el fin de ese período que Burga y Flores Galindo denominaron “República aristocrática”.

Esta generación, analizada en el tercer capítulo, que recibió el nombre de “Generación del Centenario” (en alusión a 1921, primer centenario de la Independencia del Perú), nucleó a muy importantes figuras del ámbito académico e intelectual como Guillermo Luna Cartland, Ricardo Vegas García y Jorge Basadre, por mencionar tres nombres. En relación con los miembros de este distinguido grupo, García Higueras deja una observación interesante: “en el aspecto social, sus integrantes no provenían mayoritariamente de la oligarquía. Este hecho tendría influencia en la visión del país y en la postura anticivilista que caracterizó sus acciones políticas” (p.87).

Este rasgo sería fundamental y marcaría el derrotero de orientaciones ideológicas de diverso grado de radicalidad, aunque dentro de cauces democráticos, como dejan notar los escritos de otros miembros de esta notable generación: Luis E. Valcárcel, Jorge Guillermo Leguía, José León Barandiarán, Luis Alberto Sánchez, Antenor Orrego, Mariano Iberico y Alberto Ulloa entre los más destacados. Observa nuevamente García Higueras que la actividad de esta generación “no estuvo circunscrita a Lima. Se observa en ciudades como Arequipa, Cusco y Trujillo, la formación de círculos literarios de prolongada actividad. En los espacios regionales hubo mayor protagonismo de los intelectuales, hecho derivado de la expansión educativa en el país” (p.88).

Hay que mencionar también que esta generación, como señala el autor, se encuentra en un cruce de caminos en el que se dan cita el liberalismo, representado por Ricardo Palma, y el anarquismo radical que encarnó González Prada. La prédica liberal y la impronta socialista dominan la discusión política y la confrontación de ideas y, en el caso de Porras, el periodismo fue un vehículo precioso para tal fin.

El tercer capítulo alude a la precocidad periodística de Porras (a los quince años dirige el quincenario Alma Latina) que según Sánchez y refiere García Higueras, era “el terror de profesores adocenados” (p.137). Porras colaboró intensamente en publicaciones como Variedades y Mundial, de suma importancia en su época. García Higueras anota que hay una diferencia entre las colaboraciones enviadas por Porras a cada una de estas dos revistas. Los textos de Mundial eran de corte histórico, mientras los de Variedadeseran de ánimo mas bien divulgativo (p.182). El capítulo cuarto analiza, en cambio, su papel como ensayista histórico y literario, donde cristalizó aportes sustanciales. El quinto examina el desempeño y la experiencia de Porras como diplomático y Canciller, donde dejó imborrable huella.

En suma, García Higueras acomete aquí un acercamiento a la figura de Porras desde su actividad periodística, literaria e histórica. En el canon intelectual peruano Porras tiene un lugar central y quizá libros como el que comentamos aquí abran nuevas puertas al estudio de un personaje muy relevante de nuestra historia intelectual. Solo recordar que Porras, junto a Georgette Philippart, da a conocer Poemas humanos de Vallejo en una edición hoy inhallable, nos da una idea de la talla de Porras. Lectura imperdible para cualquier interesado en él.

El joven Raúl Porras Barrenechea: Periodismo, historia y literatura (1915-1930). Gabriel García Higueras. Lima, Editorial Universitaria, Universidad Ricardo Palma: 2024.

Tags:

historia y literatura, periodismo y cultura, Raúl Porras Barrenechea

El estado psicológico ideal de un votante que se acerca a las urnas es de optimismo y entusiasmo por la fiesta democrática que supone una elección de nuevas autoridades. Sin mayores otras preocupaciones, se acerca a definir quién manejará las riendas del país y su voto, en esa medida, se acerca mucho a ser un voto racional.Es el votante que analiza los planes de gobierno, compara propuestas, evalúa cualidades morales e intelectuales de los candidatos, sopesa los beneficios que para el país conllevaría esa elección, etc.

Tal cosa, sin embargo, es un espejismo ya que son las emociones las que juegan un rol determinante en todo proceso electoral cargado de tensiones, conflictos y afectos cruzados. La psicología del voto ha estudiado mucho el fenómeno y concluye que la razón no es el factor crucial a la hora de decidir en las urnas, aunque queda claro que igual hay un logos detrás de todo voto, hay razonesaunque no haya lógica racional.

En el Perú que se asoma a las ánforas el 2026 son dos los factores que van a jugar un papel determinante. Uno primero, de un peso mayor, es el de la irritación generalizada con el statu quo, en un paquete que incluye la inseguridad, la corrupción, el hartazgo de las trapacerías del Congreso, el descontento con las autoridades locales, el fastidio por la situación económica, etc. Es el voto antiestablishment que buscará al candidato que mejor represente esa pateada del tablero que en su fuero íntimo ansían. Era Antauro Humala el que mejor representaba ese estado de ánimo. Vamos ver quién lo sustituye en ese puesto.

Uno segundo es el del miedo. La inseguridad ciudadana se ha desbordado y afecta ya directamente a millones de peruanos, víctimas de asaltos, extorsiones y amenazas a la vida. La gente está con miedo y buscará un candidato a lo Bukele, que sin importar el Estado de Derecho haga lo necesario para conseguir la paz social. Es el miedo profundo el que movilizará a este votante que buscará el candidato que mejor exprese mano dura y cojones para enfrentar el problema, sin importar si racionalmente sus métodos lograrán su cometido.

Así, entre la irritación y el miedo se va definir quién gobernará este atribulado país, del 2026 en adelante.

[Agenda País] A escasos 14 meses y días de la primera vuelta electoral, comienzan a asomarse las candidaturas presidenciales que van desde los ya conocidos como Rafael Lopez-Aliaga (RLA), Keiko Fujimori, César Acuña, Verónika Mendoza y Marisol Perez-Tello, a nuevas figuras, algunas venidas de la política reciente como Carlos Anderson, Guillermo Bermejo, Carla García y Aníbal Torres, y otras de la diáspora del espectáculo como Philip Butters y Carlos Alvarez.

La ceguera de la vanidad y el egocentrismo de los políticos nos ha llevado a que la oferta de “Perú, yo te salvo” se haya multiplicado de tal manera y con tanta irresponsabilidad que los electores nos sentimos tan abrumados y hartos que, si Speed fuera peruano, por ahí ganaría la presidencia.

La última encuesta de Ipsos publicada por el diario Peru21 el pasado domingo 26 de enero, nos da unas luces del perfil presidencial que el votante está deseando, basado en los principales problemas que le aquejan.

En esta encuesta realizada a nivel nacional, tanto en zonas urbanas como rurales, el ciudadano afirma que los 3 problemas principales que percibe son la delincuencia (28%), la corrupción (18%) y el costo de vida (14%), yendo los dos primeros en terreno ascendente desde el 2023.

En paralelo, el ciudadano, considera que, para reducir la delincuencia y la corrupción, y tener un mejor bienestar, el candidato debe mostrar mano dura para poner orden (39%), tener la capacidad de promover la economía de mercado y el desarrollo económico (23%) y buscar consensos (11%).

No sorprende entonces que los primeros puestos de la encuesta si las elecciones fueran en estos momentos muestre a Keiko Fujimori liderando ampliamente (12%), seguida de Rafael Lopez-Aliaga (4%)y Carlos Alvarez (4%) . Keiko encarna el recuerdo de la mano dura y crecimiento económico en los primeros años de gobierno de su padre, RLA está demostrando que primero actúa para mostrar resultados y luego pide perdón, y Carlos Alvarez se ha lanzado al ruedo con un discurso muy directo frente a la delincuencia y la corrupción, faltándole el fundamento económico que evidentemente no posee.

Por ahora el voto de la izquierda está difuminado al igual que el del centro, pero a medida que pasen los meses, una candidatura igual de disruptiva de izquierda, con los mismos elementos de mano dura y mejora del bienestar del país, podría ser la antítesis de la candidatura fuerte de derecha.

El centro, más bien, parece perdido en las nubes del idealismo, sin ser ni chicha ni limonada, tratando de ser una alternativa a los extremos cuando el pueblo parece haberse cansado de tibiezas y requiere acción decidida de sus gobernantes.

Ya los mensajes comienzan a darse, algunos directo a la vena como el de Carlos Alvarez, otros con el tractor a toda marcha como RLA yKeiko con el perfil bajo con la confianza de tener una base sólida que le permita pasar a segunda vuelta.

La izquierda anda aún callada y candidatos emergentes empiezan a mediatizar sus propuestas como Carlos Anderson, Rafael Belaúnde y Marisol Perez-Tello, a veces con mensajes disruptivos, otras con propuestas demasiado técnicas que no dejan memoria en el elector.

No parece que el entorno vaya a cambiar de manera drástica de aquí al 12 de abril de 2026. Las preocupaciones de la ciudadanía se encaminan a ser la mismas que las mostradas en la encuesta como son la inseguridad, la corrupción y el bienestar.

Nos enrumbamos pues a unas elecciones con discursos disruptivos y propuestas radicales ( pena de muerte, muerte civil a corruptos, distribución del canon directo al ciudadano ) que opacarán temas no menos importantes, pero menos relevantes para el elector como la reforma del estado, el reforzamiento de la institucionalidad o el manejo del déficit fiscal.

Toca ahora a los candidatos buscar su posicionamiento, escoger las batallas ideológicas a pelear y tener un discurso disruptivo pero simple que pueda llegar al elector con un mensaje claro de contexto, acción y resultado tangible.

Página 33 de 434 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201 202 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247 248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 297 298 299 300 301 302 303 304 305 306 307 308 309 310 311 312 313 314 315 316 317 318 319 320 321 322 323 324 325 326 327 328 329 330 331 332 333 334 335 336 337 338 339 340 341 342 343 344 345 346 347 348 349 350 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 401 402 403 404 405 406 407 408 409 410 411 412 413 414 415 416 417 418 419 420 421 422 423 424 425 426 427 428 429 430 431 432 433 434
x