Opinión

UNO

Pelado, con un buzo de marca y el ceño fruncido; ante la consulta, Daniel Córdova, sigue con la obtusa narrativa de fraude. Aburre ya. Pasaron más de seis meses y sigue con lo mismo. No presenta pruebas. Está a punto de convertirse en un meme, como Acuña, de quien es amigo. Es así nomás. 

 “Nunca se dio a conocer un suplantado” indica el periodista

“Eso no es factor relevante para determinar la existencia de fraude” responde sin sonrojarse el pelado.

O sea, yo puedo tener una hipótesis. 

  • ¿Y tienes las pruebas? 
  • No, no las tengo

¿Entonces de que estamos hablando?

“¿Pedir perdón por defender la democracia? Es propio del Stalinismo, me hace recordar el caso Padilla”.

Este personaje orondo, incluso no sabe nada de Stalin. Si hubiera estado en la URSS, de los años cuarenta, el hombre del Kremlin, lo hubiera mandado fusilar, no le hubiera pedido que se disculpe. Y por el caso Padilla, el Barbón lo metía preso, mínimo.

Defender la Democracia no significa socavar las Instituciones Democráticas. Pensar que todas ellas estaban coludidas con el Hombre del Lápiz, pues es delirante. 

No va a pedir perdón, jamás. Y Keiko, López Aliaga y demás conservadores recalcitrantes, mucho menos.

DOS

“Un héroe nacional que se acerque al chotano de mierda y le meta un balazo, a lo J.F.Kennedy” – Tuit de Dave Jimmy Hernández

El periodista, apócrifo, Dave Jimmy solicitó en su Twitter, matar al Presidente. Aunque parezca mentira, esta es, una de las secuelas de la polarización que sufre el país, desde abril de 2220. Nada es gratuito. 

Umberto Eco tenía una reflexión muy interesante con respecto a esto.

“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar, después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas».

Lo interesante de esto, es que el personaje de marras, es periodista de un diarucho que pertenece al Grupo “El Comercio”. Deberían despedirlo como primera medida, y luego que la Fiscalía le abra un expediente por sus dichos. 

Pero no fue el único caso de periodistas incitando a la violencia.

“¿Si fuera legal matar a alguien, por media horita, a quien matarías tú?” Hace un mes atrás, Phillip Butters le hizo esta pregunta al Congresista Bellido, quien, lógicamente, rechazó responder.

¿Y recuerdan cuando Beto Ortiz, exhibió un arma y se dirigió amenazadoramente a un Ministro?

“Es mi cultura, yo me siento identificado con este objeto folclórico, con este objeto típico; entonces no se asuste si yo entro a su casa o su ministerio, con este objeto, que es tan querido para mí”.

¿En esto se ha convertido el Periodismo? ¿Puede ser que haya gente que los justifique?

En una encuesta del año pasado, Ortiz salió como el segundo periodista más influyente. 

Y pensar que antes teníamos a Alfonso Tealdo y a Cesar Hildebrandt, en la caja boba.

TRES

Las artes, muchas veces, dan respuestas a nuestras dudas o cuitas.

“La Purga”, es una película de cuarta, que habla de un gobierno totalitario (¿El Nazismo?) que declara un día libre para delinquir o matar a quien se crea prescindible. Del cual, son fanáticos –seguramente- los tres personajes mencionados en el párrafo anterior.

En 1948 Hitchcook hizo una peli excepcional: “La Soga”. Que trata de 2 jóvenes aristócratas (Brandon y Phillip) que asesinan a un compañero, por puro placer. 

“Los conceptos morales del bien y del mal, de los justo o de lo injusto, no son válidos para los seres intelectualmente superiores…” exclama Brandon ante Rupert Cadell, su profesor universitario, para justificar su crimen

Su profesor le replica. “Que derecho tienes para atreverte a decir que eres superior a la mayor parte de los seres humanos? Quien te dio el derecho para decidir que ese pobre muchacho que está ahí, era un ser inferior y debía ser eliminado. ¿Creíste que eras Dios Brandon? Pero sé lo que eres: Un asesino.

Y Hitchcook, hizo “La Soga” tres años después de Hitler.

Otra película es “The Fischer King” (del genial Terry Gilliam) con Jeff Bridges y Robin Williams. Jack Lucas (Bridges) es un locutor radial grandilocuente con mucho éxito. Misógino irredento. Uno de sus radioescuchas lo llama a diario para contarle sus cuitas de amor. Harto, Jack le replica.

“Te enamoras de chicas que solo buscan placer y que no conocen el amor, ni les interesa”

A la noche, mientras mira televisión, se entera que el tipo en cuestión, había matado a 7 mujeres por las palabras de Lucas. 

La vida de Jack Lucas vira en 180 grados. Pierde su trabajo, casa y empleo.

Conoce a un homeless llamado Parry (Robin Williams) que justo perdió a su novia por culpa del radioescucha. Ahí empieza un largo camino de redención del personaje de Jeff Bridges.

Me parece, que no hace añadir más, ¿no?

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Polarización

Quizás crees conocer esta historia. El cuento navega en los recuerdos de tu infancia. La nariz larga cuando hay mentiras, el carpintero capaz de crear vida de una marioneta de madera y las moralejas éticas. Ha sido adaptada al cine y a la televisión mundial múltiples veces, Disney la convirtió en un clásico desde 1940 e incluso Robert Zemeckis y Tom Hanks estrenarán este año una versión en CGI.

Pero este Pinocchio en nada se parece a todos los previos. Es la primera versión hecha en Italia con alto presupuesto desde que Carlo Collodi publicó el primer cuento en 1883. Y es, sin dudas, un acercamiento más fiel a esa versión original. La historia real no contaba con el tono positivo y dulce de Disney, ni tampoco bañada en risas y emociones fáciles de Hollywood. Pinocchio no es gracioso.

El muñeco de madera cuya nariz crece al mentir es en realidad un cuento sombrío y crudo, sobre cómo asustar a los niños sobre las consecuencias del engaño.

En el 2002, Miramax pagó a Roberto Benigni buena plata por ponerse un traje ridículo y hacer de Pinocchio un verdadero circo. Fue un fracaso de taquilla y despreciada por la crítica. Quizás para reinvidicarse, Benigni aceptó ser ahora Geppetto. Lo vemos en la primera escena, viejo y canoso, tallando lo que creemos ser Pinocchio. Pero no. Son migajas del resto de queso que le quedaba.

Este Geppetto es muy pobre. Debe rogar por trabajo, le regalan la comida y para hacer algún trabajo artesanal pide prestado la madera. En cinco minutos, la película te presenta a un personaje sumergido en la soledad y vulnerable al entorno, que encuentra en inventar una marioneta de madera el último recurso para salir de su condición humana. Y así, de pronto, le crees.

La magia de un muñeco de madera cobrando vida se presenta también sutil. Otro viejo artesano ve como un tronco se mueve de pronto por sí solo. No sabe qué es y no lo quiere cerca. Se sorprende y lo regala. Parece estar borracho y no hay mayor explicación al respecto. Quizás todos estamos medio intoxicados en la vida. Y elegimos dejar pasar por delante eso que parece extraño y mentiroso.

A diferencia de Disney, el director y guionista Matteo Garrone no tiene miedo de incluir en Pinocchio todo el drama adulto y social. Este muñeco no es un niño inocente y despreocupado. Es un niño real. Sale corriendo cuando su padre quiere darle cariño y afecto. Le lanza un martillo al grillo que quiere servirle como conciencia. Busca sin paciencia lo que quiere para vivir la vida a sus anchas.

Por esa naturalidad y dejando de lado todas las trampas y el manual, es más sincero el personaje y, en consecuencia, la historia.

Es dificil distinguir las características de muñeco de madera en la reacreación humanoide del personaje interpretado por Federico Ielapi. Pero esta decisión hace posible empatizar más con un Pinocchio que ofrece gestos y movimientos naturales en comparación a otras adaptaciones. Y mantener la atención en esta película lenta y larga es posible debido al carisma natural de la actuación.

Pinocchio resulta una celebración de un mundo fantástico visto desde los ojos de un niño. A pesar de que conocemos la historia, encontramos nuevas lecciones morales. Conecta a la audiencia con toneladas de humor infantil, que visto desde los ojos de un adulto pueden ser interpretados como negro, y un detallado diseño de producción que permite cumplir los caprichos de un narrador talentoso.

El resultado es una experiencia visual lujosa con escenas emocionantes que pueden capturar a cualquier escéptico. Aunque carece de sorpresas en su narrativa, ver un clásico infantil convertirse en una historia convulsa, turbia y profunda es una golosina para los recuerdos. Y Garrone la vuelve una adaptación convincente, divertida y emocionante. La valla de Disney está muy alta.

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cartelera de cine, estreno, Pinocchio, salas peruanas

Tiene razón Fernando Cillóniz cuando señala, en su última colaboración en Lampadia, que hay que revisar a fondo el proceso de regionalización, el mismo que ha fracasado estrepitosamente. No se trata de volver a centralizar todo en el gobierno capitalino, sino de crear -recojo su idea- organismos constitucionales autónomos que se encarguen de las principales responsabilidades: salud, educación, agua y saneamiento, limpieza pública, tráfico vehicular, vivienda y urbanismo, infraestructura, entre otros.

Siguiendo el ejemplo de la excelencia funcional del Banco Central de Reserva, Cillóniz propone la creación de organismos meritocráticos, altamente profesionales, especializados y con autonomía constitucional, y -ojo con esto- descentralizados, es decir no habría un organismo nacional del agua, por ejemplo, sino que cada región tendría su propia entidad, con personal local, pero con las mismas prerrogativas de autonomía respecto de la politiquería ineficiente del gobierno central, de los gobiernos regionales y de los gobiernos municipales.

No se puede volver al centralismo. Es antirepublicano y antidemocrático, además de causante de todas las disrupciones electorales de los últimos tiempos. Es una tara histórica a la que se debe poner remedio y sería, por ello, absurdo y reaccionario pretender una marcha atrás.

Pero el esquema con el que se diseñó la regionalización fue un desastre. Su promotor irresponsable fue Alejandro Toledo, pero en ello tiene culpa compartida. Hay que recordar que el entonces presidente chakano citó a Palacio a Alan García, líder de la oposición, a comentarle que estaba evaluando suspender el inicio de la regionalización porque temía que fuera más perjudicial que benéfica. Trataba, como es evidente, de conseguir su anuencia política para facilitar la decisión. La conversación, que era reservada y hasta ese entonces meramente consultiva, fue violentada por García, quien a la salida de Palacio denunció a la prensa que el gobierno pretendía tirarse abajo la anhelada descentralización, obligando al régimen a retroceder y mantener el despropósito.

Hoy pagamos las consecuencias. Los gobiernos regionales, provinciales y distritales son antros de corrupción (la cantidad de autoridades denunciadas o encarceladas es descomunal), las obras son un desastre inacabado, las responsabilidades esenciales son abandonadas, se gasta en estupideces (como monumentos, piscinas o coliseos inservibles), y el pueblo, a pesar de que estas autoridades nunca antes en la historia han tenido tantos recursos, en algunos casos millonarios, sigue en la pobreza, en la indignidad urbana y la orfandad de servicios básicos. Y le echa la culpa de ello, increíblemente, al centralismo limeño y no a sus propias autoridades, eligiendo una y otra vez cada vez peor. A esta espiral mediocre, ineficiente y corrupta hay que ponerle coto.

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Alan García, Alejandro Toledo, regionalización

Un reciente informe de la Defensoría del Pueblo (DP) advierte que en el 2021 se registraron alrededor de 16 alertas de desaparición de mujeres, niñas y adolescentes por día, lo que ha significado un total de 5904 casos, representando esto un 7% de incremento frente al 2020.

Más allá de las cifras que son escalofriantes, se viene llamando la atención sobre un problema que se agrava y que demanda de parte del Estado acciones intersectoriales, primero, para conocer mejor las conexiones de la desaparición de mujeres con el feminicidio y otras formas de violencia como la trata de personas; así como para reforzar los sistemas de búsqueda e investigación de los casos. 

Según el informe de la DP, de los 146 feminicidios reportados el año pasado, en 19 casos las víctimas fueron previamente desaparecidas; es decir existe una conexión entre ambos crímenes.  No se conoce el vínculo que existe entre la trata interna y externa de personas y la desaparición de mujeres, sobre todo teniendo en cuenta que dicho delito es de mucha incidencia en nuestro país y afecta fundamentalmente a niñas, adolescentes y jóvenes. 

Son muchos los desafíos alrededor de esta problemática, como, por ejemplo, la necesidad de fortalecer el Sistema de Búsqueda de personas desaparecidas para que se generen protocolos y capacidades especializadas en la búsqueda de mujeres, quienes están especialmente en riesgo de graves formas de violencia de género.

Sin embargo, otro de los desafíos (muchas veces olvidado) es promover una adecuada y diligente investigación de los casos, que permita a los familiares ejercer su derecho a la verdad con dignidad y acceder a la justicia. Definitivamente una dimensión profundamente dolorosa de esta problemática es la angustia y la incertidumbre que viven las madres, padres, hermanos/as o cualquier familiar que busca a una mujer, sin poder conocer – incluso en años- qué paso con ella. 

En muchos de los casos judicializados la búsqueda e investigación esta plagada de estereotipos de género que conllevan a la culpabilización de las mujeres por su desaparición; así mismo, pueden pasar años y los familiares ven estancarse los procesos, sin saber qué pasó, se sienten humillados por un sistema que miran con impotencia. 

Las mujeres no desaparecen, nos desaparecen, y, si bien se necesita prevenir estos hechos, fortalecer y agilizar la búsqueda en el marco de la debida diligencia, se necesita también garantizar investigaciones idóneas y respetuosas con el sentir de los familiares, quienes tienen derecho a saber qué paso, sin que esto implique su humillación y tormento. 

 

 

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cifras, desaparecidos, estadística, Lucha contra la violencia hacia las mujeres, mujeres

Desde 1823 las constituciones peruanas, incluyendo la actual, reconocen el derecho a la educación y las obligaciones del Estado en ese campo. Una ejecución deficiente ha acompañado esas buenas intenciones.

Pero hay una Época de Oro de la educación pública, en que se inauguraban buenos colegios y los docentes y funcionarios eran bien pagados. Esta Arcadia existió entre 1950 y 1967: un crecimiento constante de recursos se tradujo en infraestructura, bibliotecas y salarios, produciéndose una fuerte mejora en la apreciación del sistema educativo que aún se mantiene en la memoria de los profesores más antiguos. En ese periodo el presupuesto público en educación prácticamente se multiplicó por 9, pasando de poco menos de 850 millones a 7 mil 340 millones (medidos en soles constantes de 2016); la inversión por estudiante, indicador tan o más importante que el volumen total del presupuesto, creció de 831 a 3 161 soles por año, mostrando que hay una asociación entre inversión sostenida en educación y mejora efectiva de esta.

Y ¿qué pasó después? En un largo proceso que va de 1968 a 1992, la inversión por estudiante en términos reales regresa al nivel de 1950. En otras palabras, todo el crecimiento de la inversión educativa ganados entre 1950 y 1967, se pierde en el periodo 1968-1992.

A este proceso siguió una lenta recuperación que ganó velocidad con la llegada del nuevo milenio, periodo en el que la necesidad de incrementar recursos en educación se vio espoleada por los malos resultados obtenidos en pruebas internacionales. En la actualidad tanto el presupuesto en educación (35 mil millones de soles, efectivamente, 35,000,000,000; con todos sus ceros, una fortuna anual) como el nivel de inversión por estudiante (4 000 soles por estudiante por año) son los más altos de nuestra historia. Sin embargo, por múltiples razones el sentimiento de optimismo frente a nuestra educación no ha renacido.

En 2019 había señales en estudios internacionales de que empezaban a mejorar los resultados educativos del Perú, al menos en pruebas estándar del estilo PISA, pero es probable que la pandemia nos haya devuelto a nuestra anterior situación de pobreza educativa, liquidando la incipiente mejora.  En todo caso, dado ese contexto, vale la pena preguntarse ¿cuánto más debemos aumentar la asignación presupuestal a la educación para obtener buenos resultados?  Y ¿en cuánto tiempo veremos ese cambio?

No hay estudio internacional que diga cuánto se debe gastar en educación ni en números absolutos ni relativos. Lo que sí muestran algunos estudios, basados en PISA, es que hay un tramo de inversión que es bastante seguro, va de los 0 a los 4 000 dólares por alumno al año. Cada dólar adicional invertido en ese tramo se correlaciona positivamente con la mejora en los aprendizajes; esto no es tan seguro pasados los 4 000 dólares por estudiante. La buena noticia es que en el Perú tenemos todavía mucho techo para invertir en infraestructura, saneamiento, conectividad, capacitación de los docentes, etc., pues estamos aún muy por debajo de esa cifra.

Y aquí llego a la parte sorprendente de este relato:  si cualquier persona o familia fuera a invertir una suma muy importante de dinero en un bien, buscaría conocer costos y calcular plazos para la operación, pero nadie en el Perú sabe a ciencia cierta cuánto cuesta la mejora global y significativa del sistema educativo, y el ministerio desde hace mucho trabaja con presupuestos calcados de años anteriores, con un incremento porcentual y alguna innovación ocasional. 

No tendrá la urgencia del regreso de la pandemia, pero conocer costos y plazos tiene la misma importancia, porque para cambiar el sistema educativo no basta saber qué se quiere (hay un Proyecto Educativo Nacional al 2036) sino cuánto cuesta y en qué plazos puede la economía del país cubrir esa inversión. Y por supuesto usar bien el dinero. Dada nuestra diversidad, esto implica un trabajo coordinado, darle educación de calidad a una niña ashaninka en un poblado en el Perené requiere sin duda más inversión que ofrecerla a un adolescente que acude a un colegio emblemático en Lince. 

No sé trata de pedir todo para el día siguiente, error repetido, pero tampoco se puede ignorar costos y plazos; o dejarlos en la nebulosa y echarse a andar a paso ligero, pero a ciegas. 

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educación en el Perú, inversión educativa, Ministerio de educación, Perú, PISA, presupuesto anual

Hoy Lima cumple 487 años de fundación española. Le rendimos homenaje soltando una segunda lluvia de ideas (la primera fue publicada el pasado 15: http://ow.ly/XTJH30s7Gb4) sobre la ciudad que ojalá algún día se plasmen (sea por la autoridad edil o por el gobierno central, dependiendo de quién sea la prerrogativa jurisdiccional): ampliar los murales artísticos, como el recientemente restaurado de Ricardo Wiesse, en Miraflores, a todo el Zanjón; hacer lo propio en la Vía Expresa de la Javier Prado; habilitar zonas específicas para la expresión del arte urbano (grafitis); extirpar todas las rejas que rodean a parques públicos y recuperarlos como espacios abiertos de acceso universal; eliminar las tranqueras y rejas, grandes causantes del endemoniado tráfico limeño, y si lo que se teme es la inseguridad pues que se refuerce ella con activos humanos (serenazgos o policías).

 

No construir la vía aérea que pretende el MTC para unir el aeropuerto Jorge Chávez con la Costa Verde: sería un atentado urbano contra el Callao (en la columna anterior se proponía la unión de Lima y el Callao como una sola ciudad, por eso, esta propuesta no es extraterritorial); declarar vías nacionales todas las rutas de acceso hoy cerradas a los balnearios del sur y así eliminar las inconstitucionales playas privadas (y como esto es prerrogativa del gobierno central, que la medida vaya hasta más allá del límite con Cañete); activación cultural de todas las huacas, para que, junto con el recorrido de iglesias, casonas y restaurantes, se conviertan en un punto de atracción adicional para que el turismo también recale en la capital y no seamos solo un punto de tránsito hacia Cusco; eliminar los arcaicos rompemuelles y reemplazarlos por sensores de velocidad electrónicos, que se ha probado que sí funcionan y son inapelables e incoimeables; que no se construya un bypass más en la zona urbana; que se diseñe un sistema de tránsito inteligente, capaz de resolver los cuellos de botella sin ampliar carriles ni construir más vías expresas; que se agregue la isla San Lorenzo a la geografía urbana de la ciudad, como destino ecológico y turístico; disponer la obligatoriedad de tarrajeo y pintado de los muros externos de las casas y edificios (en zonas populares se debe disponer de un subsidio para facilitarlo): la buena impresión visual favorece la urbanidad (aplíquese la “teoría de las ventanas rotas”); (continuará)…

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18 de enero, 487 años, Aniversario de Lima, Fundación de Lima

La pandemia nos afectó a todos, definitivamente. Además de las graves consecuencias para la salud, también ha cambiado al mundo.  Aún más: nos ha cambiado a cada uno de nosotros. 

¿Qué pasó conmigo? Cuestioné mis hábitos y propósito de vida llegando a la conclusión que era momento de hablar menos y actuar más. Es así como, en enero del año pasado, me propuse tener un estilo de vida sostenible ya que los recursos del planeta se están agotando y urge un modelo respetuoso y saludable que asegure el futuro de las nuevas generaciones.

Pero, ¿qué es vivir sostenible? significa adoptar sin reservas el respeto por el medioambiente y tener un impacto positivo para las personas y el planeta. 

¿Cómo empiezo una vida sostenible? Antes que nada, debes encontrar un equilibrio realista entre la sostenibilidad y las necesidades de tu vida cotidiana. No tiene mucho sentido adoptar un enfoque tan estricto que no te permita manejar, subirte a un bus, usar plástico, tener un determinado número de hijos o disfrutar de un pollo a la brasa en un restaurante.

Ser tan estricto no encajaría en el estilo de vida de la mayoría y es posible que provoque frustración y que, al final, abandones por completo tu objetivo y buenas intenciones. 

Recordemos que la sostenibilidad es un proceso basado en la esencia. Por eso, es importante empezar haciendo una introspeccion de tu vida: en lo que te gusta, lo que necesitas y más valoras así como lo que podría ser prescindible y lo que te haría más feliz. 

Te sorprenderá descubrir cómo este proceso puede mostrarte algunas formas de ser sostenible que no aparecen en esas listas que a raja tabla te dicen lo que tienes y lo que no tienes que hacer. 

Por eso, más que reglas quiero presentarte algunos consejos para introducir cambios que generen hábitos sostenibles  que contribuyan positivamente a la salud, a la felicidad y a tu progreso a largo plazo:

  • Reducir la cantidad de residuos que producimos es quizás el más importante para ser más sostenible. Empieza a comprar menos, reutiliza lo que compres en lugar de tirarlo a la basura y elige productos que estén hechos de materiales que puedan reciclarse. 
  • Aprende a reciclar, pero de verdad. Participa activamente -como consumidor responsable- en la economía circular de los envases que utilices: plástico PET, cartón, vidrio, aceite, entro otros. Recuerda que hay muchos materiales que pueden tener infinitas vidas y no terminarán en los rellenos sanitarios.
  • Reduce el desperdicio de alimentos: revisa tus armarios, elabora un plan de comidas, haz la lista de la compra, compra solo lo que necesites, reutiliza las sobras o compóstalas.
  • Reduce el desperdicio de agua: dúchate en lugar de bañarte, cierra el grifo cuando te estés cepillando los dientes y utiliza la lavadora solo cuando tengas una carga completa.
  • Consume alimentos locales y productos de temporada: así evitarás kilómetros innecesarios de transporte, tiempo de cultivo y además, aproyarás al productor local.
  • Optimiza el consumo de energía: desenchufa los dispositivos electrónicos cuando no estén en uso. Apaga las luces cuando no estés en las habitaciones. Utiliza bombillas LED en lugar de halógenas.
  • Emplea aparatos de uso manual en lugar de dispositivos electrónicos como, por ejemplo, un recogedor y una escoba en lugar de una aspiradora.
  • Utiliza tu auto, un taxi o el servicio público solo cuando sea absolutamente necesario. Ve en bicicleta o camina cuando puedas.
  • Cada uno de los productos que utilizas generan impacto en el medio ambiente, desde su diseño hasta su embalaje y transporte.  Busca empresas que tengan un enfoque sostenible y que se empaquen en envases reciclables y/o hechos con materiales reciclados.
  • Escoge versiones de productos más sostenibles siempre que sea posible como, por ejemplo, champú, acondicionador y jabón sólido u opta por alternativas ecológicas como cepillos de dientes bambú para reemplazar a los de plástico.

Finalmente, la sostenibilidad  también es practicar la inclusión y la equidad, ser la escucha de las voces de quienes no tienen voz y por tratarte bien a ti mismo y a los demás. 

Y tú, ¿te subes al carro de la sostenibilidad?

 

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Medio ambiente, Sostenibilidad

Si sigue como va, este gobierno va a terminar muy mal. Sin nada que rescatar y mucho por cuestionar. No estamos frente a una izquierda capaz de hacer cambios sustantivos al modelo, ni ante un humalismo reciclado que, una vez con las riendas en mano, entiende que ir en contra del referido modelo es imposible. No es por izquierdista o neoderechista que a este régimen le va pésimo, es simplemente porque ha hecho de la mediocridad e inacción su bandera.

Quizás, inclusive -y lo digo desde mi pública orilla derechista-, lo mejor sería que Castillo hiciese un gobierno de izquierda, que, así, no ahonde la brecha de representación y crisis política estructural que, sin duda, genera en el Perú el hecho de que los políticos hagan, una vez que llegan al poder, algo radicalmente distinto de lo que prometieron en campaña (ocurrió más groseramente con Ollanta Humala).

En las últimas elecciones, claramente la mayoría del país votó por un cambio social y se espera, visto así, que Castillo no defraude esa expectativa. Por más que creamos que una ejecución gubernativa derechista es infinitamente superior a una izquierdista, cabe que aceptemos o valoremos esa conclusión política.

Pero ni siquiera eso se aprecia. Lo que reina y se impone es la minucia, la triquiñuela, la trampilla, el embuste y aprovechamiento, los indicios de corrupción, el copamiento partidario, la muralla comunicacional construida frente a la prensa y, por ende, frente a la ciudadanía, la vinculación y favorecimiento a sectores radicales que jamás debieran haber estado tan cerca del poder, en suma, la parálisis administrativa.

Por eso cae como cae en los niveles de aprobación en las encuestas. La última medición de Ipsos muestra que Castillo tiene la tasa más baja de popularidad de todos los gobiernos, desde el 2001 a la fecha, al cabo de seis meses de gestión. Ni Toledo se desplomó tan rápido, a pesar de que administrativamente la figura presidencial fue manejada calamitosamente desde el saque por el exgobernante. Hoy, Castillo tiene una aprobación de apenas 33% (cae tres puntos respecto de diciembre del año pasado) y una desaprobación del 60% (sube dos puntos respecto del periodo señalado).

Antes de discutir, pues, si conviene que Castillo gire al centro o se reafirme en la radicalidad originaria, lo que cabe es exigirle que asuma el cargo con la dignidad e investidura que corresponde, que corrija rápidamente los entuertos en los que es pródigo, y le brinde mayor profesionalismo al manejo administrativo del Estado. En suma, que se dedique a gobernar y a honrar, como corresponde, el encargo recibido por millones de ciudadanos peruanos en las urnas.

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copamiento partidario, corrupción, muralla comunicacional, Pedro Castillo, prensa peruana

Para Pedro Castillo -el año que acaba de pasar- fueron de muchos problemas, típicos de gobiernos que no cuentan con un real partido que lo sostenga tanto con técnicos como con políticos profesionales (como fueron también los gobiernos de Humala y Toledo). Hemos visto que recurren a activistas y sindicalistas que tienen una forma gremial de ver la acción política y con poca carrera pública. Para el ejercicio público no sólo es válido el conocimiento, sino también la práctica política y conocer país para hacer viables reformas importantes.

Eso lo pudimos apreciar con el mal manejo de los conflictos sociales el torno a la minería, teniendo –como ejemplo de este problema- el caso de las Bambas y el corredor minero del sur del país. Se puede apreciar también que no se encuentra un norte que tendrá el gobierno de Pedro Castillo. En los primeros cien días no se ha visto ningún gesto y dirección o qué tipo de reformas emprenderá. Lo que se ha podido apreciar es el copamiento del Estado peruano por parte de sus aliados, convirtiendo a las entidades públicas en un soviet de soviets. 

En el Perú hace años que se tiene problemas de representación tanto a nivel vertical (de gobernantes hacia los gobernados), así como a nivel horizontal (de organizaciones sociales hacia los ciudadanos). Por el bien del país, si el gobierno de Pedro Castillo hace un balance del tema, puede -a partir de este año en adelante- dar un giro mayor, acercándose a temas como, salud, educación, seguridad y empleo para desde ahí partir en búsqueda de acentuar cierto tipo de consenso político sobre estos temas urgentes. 

Tengamos en cuenta también que el Estado –frente al superciclo del precio de los comodities vinculados al cobre y al litio– debe avanzar hacia plan de reactivación económica por sectores y en tiempos precisos. Declarar en emergencia, por ejemplo, a la pequeña y mediana empresa para su proceso de competitividad. Pero eso no se hace sin dirección política. Pedro Castillo tiene que pensar que conducir un país no es fácil y que no necesariamente todos tienen que estar contentos. 

Hay que tener firmeza para la ejecución de los temas económicos y políticos pendientes aún en el país. La ciudadanía en general y la opinión pública así lo requiere.

 

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Gobierno peruano, Pedro Castillo
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