Opinión

[Música Maestro] Nota: a pesar de su historial intervencionista, su cultura consumista y de tener una población capaz de elegir a Donald Trump por segunda vez, los Estados Unidos han ofrecido algunas cosas buenas a la cultura popular. El jazz es una de ellas. 

Dicen que la música es el lenguaje universal. Y, aunque esto es en esencia absolutamente cierto, hay géneros que no todo el mundo puede llegar a comprender de manera integral. Por eso el jazz, que empezó su historia como expresión sonora de las escalas sociales más bajas de los Estados Unidos, fue convirtiéndose -en la medida que se iban haciendo más complejas sus ramificaciones, combinaciones y personajes- en una suerte de placer para élites dentro de las élites, casi como la música clásica.

En paralelo, el encanallamiento de los gustos populares -hip hop en los EE.UU., reggaetón/bachata/latin pop en Latinoamérica- fue también haciendo del jazz algo fino, que dejó de tocarse en sitios lóbregos y ambientes sórdidos como los clubes de jazz de la calle 52 de Manhattan para ser usado como música ambiental en lujosas estancias de hoteles, restaurantes y salones, una transformación que hoy está más vigente que nunca. Aun así, el jazz sigue siendo un estilo asociado a la libertad, la integración -a pesar de la segregación racial que sufrieron sus mejores intérpretes en sus años dorados- y la fusión. Es difícil decir qué estilo de jazz es el más fiel a ese espíritu pues todas sus manifestaciones tienen lo suyo en ese terreno. Otra vez, comentar solo cuatro LP en un universo como el del jazz es como colocar un grano de pimienta negra en medio de kilómetros de una playa de arena blanca, inmensa y vacía. 

BILL EVANS – CONVERSATIONS WITH MYSELF (Verve Records, 1963)

Este álbum, el vigésimo de la prolífica carrera de este célebre pianista de jazz, es considerado una de las joyas del género por su naturaleza innovadora y valiente, particularmente viniendo de un personaje como Evans (1929-1980), conocido por su reticencia a usar toda clase de tecnologías de grabación en sus producciones. 

A diferencia de otros pianistas de jazz, en quienes Evans ejerció una potente influencia, como Keith Jarrett (79), Chick Corea (1941-2021) o Herbie Hancock (84), que incorporaron a su lenguaje las posibilidades ilimitadas de los teclados electrónicos, el pianista blanco de los gruesos lentes jamás consideró abandonar el piano acústico y, si alguna vez utilizó alguno de los nuevos instrumentos llegados en las décadas de los sesenta y setenta, solo fue para complementar ciertas ideas musicales pero nunca para reemplazar o poner en segundo plano al gran piano clásico, que dominaba como pocos. 

Sin embargo, decidió grabar este disco utilizando la técnica de la sobre grabación (los famosos overdubs) de tres pistas de piano tocadas por él mismo, haciendo las partes melódicas y armónicas con total libertad y fluidez, casi como si un piano conversara con los otros dos, en un diálogo interno que revela tres lados diferentes de su estilo y musicalidad. El resultado es un prodigio del jazz para piano, con muchas cosas ocurriendo al mismo tiempo, lo cual convierte a este disco en un desafío para el oyente meticuloso, que requiere de suma atención para distinguir los acentos e intenciones de cada pista. 

Al mismo tiempo, es un álbum que puede uno sentarse a escuchar sin hacer mayores esfuerzos ni complicarse la vida, simplemente por el gusto de sentir buena música, independientemente de quién esté tocándola. Esta idea de multiplicarse a sí mismo nace también, por lo menos eso se siente al escuchar el disco, de una necesidad por demostrar autosuficiencia en un mundo de tantas dependencias como lo era el del jazz clásico, en que los miembros de un trío o cuarteto deben esperar a que su líder les haga una señal para soltar sus amarras y entregarse al goce de la inspiración y la improvisación. 

Aquí Evans se gobierna a sí mismo y utiliza el estudio de grabación y sus posibilidades de grabarse y volverse a grabar para articular estas interpretaciones de principio a fin sin depender de nadie. El repertorio escogido por Evans en este Conversations with myself contiene temas clásicos del jazz de los años cuarenta como ‘Round midnight (de su colega Thelonious Monk), Stella by starlight, How about you; algunos de los cincuenta como A sleepin’ bee, una canción de 1954 cuya letra había sido escrita nada menos que por el escritor y periodista Truman Capote (1924-1984), Hey there y Blue Monk (otra de Thelonious) y hasta una composición propia, NYC’s no lark. 

La versatilidad de Evans le permite cumplir funciones de bajo caminante (Blue Monk), de vibrafonista (Stella by starlight) y hasta se da espacio para lanzar referencias del francés Erik Satie (1866-1925), uno de sus pianistas clásicos preferidos, al final de Spartacus love theme, uno de los puntos más altos de este disco. El tema fue compuesto por el músico norteamericano Alex North para la banda sonora de la recordada película de 1960 dirigida por Stanley Kubrick y protagonizada por Kirk Douglas. 

Bill Evans grabó este disco como un acto de rebeldía frente al apogeo del rock y las tendencias de varios jazzistas por adecuarse a las modas imperantes. Y aunque posteriormente regresó a sus formatos habituales (de tríos y cuartetos), repitió los overdubs en dos discos más, uno de 1967 y el otro de 1978, titulados Further conversations with myself y New conversations, respectivamente, conformando una tríada ideal para entender a uno de los pianistas fundamentales de la historia del jazz. 

CHARLES MINGUS – PITHECANTHROPUS ERECTUS (Atlantic Records, 1956)

Este disco es la declaración de principios oficial de Charles Mingus (1922-1979), el gigantesco contrabajista, compositor y director de orquesta conocido como «El Malhumorado del Jazz» por sus frecuentes arrebatos de violencia, que más de una vez lo llevaron a delegaciones policiales. 

Grabado en la ciudad New York cuando apenas tenía 34 años, Pithecanthropus erectus constituye una ventana de acceso al concepto de jazz moderno, gracias a sus desarrollos de plena improvisación grupal, un estilo que Mingus ayudó a construir. El sonido, por momentos oscuro, de sus composiciones va más allá del be-bop de John Coltrane (1926-1967) o Miles Davis (1926-1991), y se ubica en esa extraña categoría que algún experto denominó La Tercera Ola (a mitad de camino entre el jazz y la música clásica). 

Los arreglos, creados íntegramente por Mingus, fueron dictados por él a sus músicos de oído, una práctica por la que se haría conocido en décadas siguientes. De los cuatro temas que contiene este tour-de-force, solo uno -A foggy day- no lleva la firma del célebre artista fallecido en 1979, derrotado por la esclerosis múltiple. Este tema, original de George e Ira Gershwin, formó parte de la banda sonora de una película de Fred Astaire titulada A damsel in distress (Una damisela en desgracia) pero ni siquiera en este estándar de existencia previa Mingus da respiro a sus músicos: el piano de Mal Waldron es exigido al máximo de su creatividad mientras que Jackie McLean y J. R. Monterose -dos ídolos subterráneos del jazz sesentero- hacen gala de sus talentos cruzados en finas armonías y contrapuntos. 

Profile of Jackie es una breve composición en la que Mingus busca reconocer el prestigio de McLean, uno de los saxofonistas más prolíficos y a la vez desconocidos de ese período, que ha trabajado en gran cantidad de álbumes junto a personajes famosos del género como Sonny Rollins, Art Blakey, entre otros. Love chant es un rítmico tema que podría definirse como be-bop, aunque los especialistas disienten cada vez que se intenta encasillar a Mingus en cualquiera de las etapas o subetapas de este siempre cambiante modo de hacer música. 

Como Duke Ellington (1899-1974), Charles Mingus es reverenciado tanto por su desempeño como músico instrumentista como por sus profundas y variadas maneras de influir en las generaciones de músicos que se expusieron a sus creaciones: desde su atemorizante y fiero aspecto físico hasta su irritable carácter al momento de dirigir, todo en Mingus es parte de una prueba permanente a la tolerancia y la capacidad apreciativa. El punto culminante de este disco es el tema-título, una épica composición que supera los diez minutos de duración, en que el artista realiza un viaje «desde las raíces homínidas del ser humano hasta su fracaso por no aceptar que aquellos a quienes busca esclavizar merecen ser libres». 

Esta solemnidad, que para muchos puede parecer sobreactuada, es la base de la energía creativa de Charles Mingus, esa necesidad de no sucumbir ante los demonios internos -la depresión, las adicciones, los arranques de agresividad, la salud- y defenderse de ellos asumiendo la lucha incesante por un ideal que es superior a cualquier ligereza del ser humano, incluidas las suyas. Pithecanthropus erectus tiene algo de eso, pero más allá del sentido que (no todos) puedan encontrar entre líneas, es una excepcional construcción sonora. 

THELONIOUS MONK – THELONIOUS HIMSELF (Riverside Records, 1957)

Qué difícil debe ser sentarse frente a un instrumento tan complejo como el piano y hacer música perfecta, afiatada, sin fallas. Y aunque los universos de la música clásica, el jazz, el rock y la salsa (y todos sus derivados) están plagados de ejemplos de excelencia en la ejecución pianística, siempre inspiran mayor respeto aquellos músicos que, sin el amparo de secciones rítmicas ni apoyo de ningún otro solista que le permita relajarse, estirar los dedos y corregir sus tropiezos sin que nadie se dé cuenta, acometen las partituras con la seguridad de generar un ambiente sonoro único, independiente. 

El piano, como la guitarra acústica o cualquier otro instrumento sin amplificación artificial, exige del músico la mayor concentración y, al mismo tiempo, la mayor sensibilidad para no sonar tosco, torpe, desagradable. Y en todo ello el señor Thelonious Monk (1917-1982) siempre fue magistral, como puede uno percatarse escuchando este álbum titulado Thelonious himself (1957), el primero en que el artista de los lentes y sombreros extraños, se somete a esta dictadura del piano como único sonido en siete de los ocho temas que lo componen. 

Monk ya era una leyenda del jazz para cuando grabó este disco, el cuarto de su estadía en el sello Riverside, después de haber pasado por las prestigiosas casas discográficas Blue Note y Prestige. Las improvisaciones y disonancias están a la orden en este LP y los arrestos de blues de temas como Functional o I’m getting sentimental over you se cruzan con los complejos desarrollos de bebop de I should care y Monk’s mood, tema en el que cuenta con la colaboración de un amigo y cómplice en diversas trasnochadas de jazz copetinero y bohemio: el saxofonista John Coltrane. 

Pese a ser el compositor de jazz más regrabado de la historia después de Duke Ellington (un dato que magnifica su significado cuando comparamos la cantidad de composiciones de Duke, que pasan de mil, frente a las casi 70 del catálogo de Monk), don Thelonious no figura actualmente en el panteón de los genios del jazz y es difícil escuchar su nombre junto a los de los mentadísimos Coltrane, Ellington, Charlie Parker o Miles Davis, con quien trabajó y sostuvo múltiples discusiones musicales en la primera mitad de los años cincuenta.

Precisamente, el genial trompetista hizo suyas dos composiciones capitales de Monk, Straight, no chaser y ‘Round midnight, que en este álbum figura en una versión poco reconocible, desprovista de los sensacionales arreglos que la convertirían en uno de los standards de jazz más famosos de la historia. 

Este disco también muestra el lado más amable y romántico de Monk, en piezas como (I don’t stand) A ghost of a chance (with you), All alone y April in Paris (adaptación de un tema perteneciente a un musical de Broadway de la década de 1930), que habían sido muy exitosas en las versiones cantadas por el crooner Bing Crosby (1903-1977) pero que en las manos de Monk adquieren otra dimensión. 

Escuchar a Thelonious Monk en el contexto de un ensamble completo es una deliciosa experiencia musical pero acercarse a él así, a solas, permite entender mucho mejor la diferencia entre un buen pianista de jazz y uno extraordinario. 

GEORGE BENSON & AL JARREAU – GIVIN’ IT UP (Concorde Records, 2006)

Hace dieciocho años apareció este disco de extraordinaria y sofisticada calidad, cortesía de dos de los artistas fundamentales de smooth jazz norteamericano con raíces en los años setenta. El vocalista Al Jarreau (1940-2017) y el guitarrista George Benson (81) habían cruzado en múltiples ocasiones sus caminos musicales pero nunca habían grabado juntos. En el 2006 los astros se alinearon para permitir que estos eximios talentos se unieran para registrar una selección de trece canciones que cubren desde clásicos de la edad dorada del jazz en los años cincuenta hasta los temas más emblemáticos de cada uno, además de hacer versiones de temas de pop y soul de los setenta, ochenta y más allá. 

Además del fino catálogo de canciones escogidas para este disco, acompañan a ambas estrellas un elenco de rutilantes nombres de la escena jazzística y cantantes muy conocidos. El CD comienza con los temas más representativos de cada artista: Breezin’, el fresco instrumental que Benson compusiera allá por 1976 y Mornin’, exitazo de pop-soul que hizo masivamente conocido a Al Jarreau en 1983, casi una década después de su irrupción como vocalista de enormes recursos para la técnica del scat -que consiste en repetir, nota por nota, lo que toca un instrumento musical- y de la percusión vocal. En cada una intercalan las interpretaciones de tal manera que Breezin’ se convierte en un tema cantado y Mornin’, un instrumental. 

Este inicio, por demás auspicioso, permite que el oyente se relaje con la confianza de que la calidad está garantizada en cada uno de los once temas restantes. Por ejemplo, las versiones de inolvidables clásicos del pop radial como Summer breeze (Seals & Crofts, 1972) o Everytime you go away (Paul Young, 1985) son encantadoras, así como de temas más antiguos como Four (Miles Davis, 1959), God bless the child (Billie Holiday, 1941) o Bring it on home (Sam Cooke, 1962). En la primera, este clásico del jazz es interpretado de manera emocionante por la cantante de R&B Jill Scott. En la segunda, el ex Beatle Paul McCartney coloca su recorrida voz en uno de los himnos del soul de los años sesenta. 

Patti Austin, la reconocida cantante de R&B, participa en la canción Let it rain. En ‘Long come Tutu se lucen el bajo de Marcus Miller, uno de los músicos invitados a estas sesiones; y el piano de Herbie Hancock. Las voces de Benson y Jarreau se combinan a la perfección en canciones como All I am o la contemporánea Ordinary people, composición de John Legend, que en ese entonces se despuntaba como una prometedora luminaria del soul y el R&B con toques de sofisticación y elegancia. Además de Miller, participan otros dos monstruos del bajo jazzero: Stanley Clarke (en Don’t start no schtuff y Four) y el mexicano Abraham Laboriel (en Breezin’ y All I am). 

La química entre estos prestigiosos artistas del jazz, que ya superaban la barrera de los 60 años, es superlativa, y su experiencia en el desarrollo de sonidos suaves y a la vez de compleja ejecución es la marca de su genialidad. Benson y su famoso toque en octavas ha quedado ligeramente eclipsado con los años, debido a la degradación en los niveles de apreciación del público, una problemática que también ha alcanzado al jazz, pero escucharlo es un verdadero placer, sobre todo en canciones como Ordinary people, Mornin’ o Givin’ it up for love. Otras luminarias del trabajo en sesiones que colaboran con este disco son Dean Parks (guitarra), Vinnie Colaiuta (batería), Paulinho Da Costa (percusión), Chris Botti (trompeta), Abraham Laboriel (bajo) y Larry Williams (piano y teclados). 

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Be-Bop, Bill Evans, Charles Mingus, George Benson, Jazz, Thelonous Monk

Quizás cuando se evalúe lo positivo que sería para el país y la democracia que Dina Boluarte no acabe su mandato, un factor de peso para propiciar ello es que también supondría el fin del contubernio congresal que tanto daño le viene haciendo al país a partir de un pacto infame entre la derecha y la izquierda congresales, a cambio de prebendas que no tienen rubor de ocultarse.

El populismo penal, la intromisión en los fueros fiscales y judiciales, la perversión del sistema electoral, la destrucción de la meritocracia magisterial, la aniquilación de las políticas de género, la amnistía a los criminales de guerra, la afectación de derechos civiles, entre otros temas, son el combo siniestro que este Legislativo viene desplegando y cada día que pasa sorprende con una nueva iniciativa peor que la anterior.

Y en ello, responsabilidad principal tienen dos agrupaciones partidarias: Fuerza Popular y Alianza para el Progreso, Keiko Fujimori y César Acuña. El segundo ya se dio cuenta de que no tiene ninguna posibilidad presidencial y que gana más obteniendo una cuota de poder congresal y acomodarse al gobierno de turno. La primera, una vez más, comete en severo error de cálculo. Su gestión parlamentaria actual es igual de mala o peor que la que exhibió durante el gobierno de PPK.

A Keiko quizás la engañe el porcentaje de intención de voto que las encuestas le otorgan y que prácticamente le asegurarían su pase a la segunda vuelta, pero lo que no parece entender (no es muy brillante, políticamente hablando, digámoslo) es que su pasivo parlamentario será el detonante perfecto para reactivar en una segunda vuelta el poderoso antifujimorismo, que ya le costó perder tres jornadas definitorias.

Ambas agrupaciones deberían ser severamente castigadas el 2026, dado que se ve nublado el horizonte de una vacancia, gracias precisamente a su concurso en favor de la presidenta Boluarte. Acuña debería obtener una rala representación parlamentaria y Keiko no debería pasar a la segunda vuelta. Ese es el castigo político que ambos merecen por su participación siniestra en los desmanes autoritarios del Congreso y el apoyo desembozado a un gobierno sumamente mediocre como el que nos rige.

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Acuña, Keiko

UNO

El Negro anotó tres goles, en cada una, hubo jugadas magistrales. El primero, pase largo, bombeado, a Pele; quien la recibió en el borde del área, rodeado de dos defensas. Entonces, hizo fácil lo difícil: un sombrero a Manga; el segundo, vino un centro desde la izquierda y el 10 hizo el salto imposible, rodeado de rivales más grandes, como en la final del Mundial de México 70; el tercero, le robó el balón al lateral, en el área, y luego de driblear al arquero, éste lo derribó. Todo en menos de 20 minutos. Fue hace 61 años, Santos y Botafogo jugaban la semifinal de la Libertadores. El encuentro de ida, en Santos, había terminado empatado. La vuelta fue en Rio, los cariocas tenían un equipazo: Garrincha, Zagalo, Nilton Santos, Quarentinha y Manga, entre otros. El equipo paulista tenía a Pele, con eso bastó. Terminó 0-4 a favor de los visitantes.

Diez años más tarde, el Fogão, volvió a clasificar a la segunda fase de la Libertadores. Entre sus estrellas, estaban: Jairzinho, Marinho Chagas, Dirceu, Brito y el lobo Fischer. Era el favorito. Sin embargo, perdió, clamorosamente, ante Colo Colo, (que debió ser campeón ese año); el Maracaná fue testigo de aquella noche aciaga, un 1-2, que debió terminar 1-3. También está, en el pretérito, el partido en Asunción, ante Cerro Porteño (el crack Saturnino Arrua estaba lesionado). Los brasileños ganaban 2-0, sin sobresaltos. Corría el minuto ochenta; en los siguiente cuatro minutos, todo cambio. El encuentro acabó 3-2 a favor del equipo azulgrana. Botafogo, terminó último en su grupo. 

El año pasado, quedó en ridículo, al perder el Brasileirao en las últimas jornadas. Lo había liderado, por más de 30 fechas. En el futbol, el factor psicológico es fundamental, tanto como el físico, la técnica o lo táctico. Hicieron los ajustes necesarios. Trajeron a Barboza, defensa central, argentino, envidiable juego aéreo y un físico que intimida. Dio tumbos por distintos equipos de poca monta y logró encontrar su lugar en Rio. Luiz Enrique, el excelente delantero, que volvió del Betis español, donde no era tenido en cuenta. A Jefferson Savarino lo compraron de la infladísima MLS. A esos se suman: Igor Jesus, Thiago Almada (campeón del mundo con Argentina) y Vitinho.  Creo que los campeones -siempre- tienen un punto referencial. Hace 3 años, Flamengo, dio un recital, en el Amalfitani, con una goleada histórica. Por su parte, el Fogão hizo los 45 minutos, más perfectos, que se recuerden en una Copa Libertadores. Lo apabulló al Peñarol, que vivía, en un estado onírico. Esta clase de torneos, siempre dan chance a equipos -con pasado glorioso y presente grisáceo- para que puedan avanzar. El año pasado, a Olimpia le sucedió lo mismo. Ambos, eliminaron a un Mengão, sin identidad propia y funesto en defensa. Fluminense, el 2023 y ahora el Botafogo, los devolvieron al mundo real. Hay muchas similitudes entre el Tricolor y la Estrella Solitaria: Posesión, juego a un toque y presión alta. Más aun, con los jugadores virtuosos que posee.

DOS

El Galo tenía un cuadrazo en 1981. Clásicos eran sus encuentros con el Fla. Las estrellas eran: Reinaldo, Eder, Toninho Cerezo, Palinha y Luizinho. Hubo un tercer match, para definir quien pasaba a la segunda fase de la Libertadores. Un 21 de agosto se jugó el partido del escándalo, el Atlético sufrió la expulsión de seis jugadores, está en Youtube, la ignomiosa actuación del réferi. El Rubro Negro, pasó a la siguiente etapa y ganó, lógicamente, la Copa.

El 2013, contó con Ronaldinho. Eran los últimos pasos, del genio. La primera fase, el Galo demostró su gran nivel, junto con los destellos del Diez. Sin embargo, en los cuartos de final y semifinales, bajó su nivel, ostensiblemente. Sin ánimos de equivocarme, si Independiente Santa Fe, Olimpia o Newell’s hubieran salido campeones, no hubiera sido injusto. En absoluto, los cuatro estaban a un mismo nivel. El Atlético Minero se clasificó para la final y salió Campeón, por medio de la tanda de penales. 

Este año, contrataron a Gabriel Milito, de gran campaña con Argentinos Jrs. Ganaron el Estadual y comenzó con todo el Brasileirao. Su filosofía era de presión constante, posesión y ataque. El Atlético se maneja a nivel europeo, instalaciones de primera y avión privado. Tiene una base, el líder es Hulk. Esa es una ventaja de los equipos grandes del Brasil, pueden mantener su plantilla, sin problemas. Junior Alonso, dejó Rusia y volvió a Belo Horizonte; Bataglia es un pilar en la defensa; Everson es uno de los mejores del continente; Scarpa un exquisito, al igual que Zaracho (está volviendo de una lesión). Fausto Vera, el volante argentino, encontró su lugar en el equipo, Hulk y Paulinho son los delanteros temibles. Por último, esta Deyverson, una especie de Jhon Kennedy del Galo. Imprevisible, tribunero y capaz de inquietar a toda una defensa. Aplastó a River en la ida. El domingo 10, define la Copa Brasil, ante un renacido Fla. Está en décimo lugar, en el Brasileirao. Entonces, cae la pregunta de madura.

  • ¿Es el Brasileirao más difícil que la Copa Libertadores?

TRES

Unos periodistas y youtubers, argentinos a la cabeza, pide un cambio de formato. En lo que respecta, al tema económico se hacen los boludos. El aporte de los auspiciantes y los derechos televisivos, es por la influencia y presencia de los teams brasileños, quienes modificaron todo el universo monetario. De ahí, que el premio haya subido a 23 millones de dólares para el Campeón y 7 millones de dólares para el Subcampeón. El PBI del país-continente es de 3,7 billones de dólares. Es la mayor economía de América del Sur. La Conmebol estima los ingresos en 862 millones, por derechos de televisación del Torneo Continental. En tanto, que los acuerdos comerciales superarían los 300 millones de dólares.

  • ¿Es necesario otra explicación?

Es cierto, que es difícil competir, sino imposible. 

  • ¿Pero qué hacemos?
  • ¿Una Copa Libertadores sin brasileños?
  • ¿Sacarles los cupos que tienen?

Es ridículo por donde se mire. Desde hace más de 30 años que los países del continente, imitaron el nefasto Torneo Argentino (Apertura y Clausura) y sus inentendibles promedios. Todo hecho, para que los grandes -en cada país- no desciendan. Con Chiqui Tapia, al frente, todo empeoró, al crear un torneo de 30 equipos y sin descenso. Le quitó seriedad y competitividad al campeonato. Lo volvió mediocre. Ahí están los resultados: River, nunca jugó ante un rival de fuste. Cuando lo hizo, fue eliminado. Ojo, también, se equivocó en las compras que hizo. Si bien, muchos resaltan la billetera de los clubes brasucas, lo más importante es el proyecto. El Botafogo contrató a un técnico portugués de nivel: Arthur Jorge, que llevó al Braga -equipo chico- a clasificar a la Champions League. Mientras tanto, Flamengo, gastó ingentes cantidades de dinero; sin embargo, desde hace 2 años fracasa, rotundamente, en el torneo. Palmeiras, a partir del 2020, sostiene al técnico Abel Ferreira. El Verdao tiene una identidad indiscutible; Fortaleza, está a punto de clasificar a la Copa del 2025, con Vojvoda, que los dirige desde 2021. Trajeron a técnicos de nivel, como Milito, Zubeldía y Ramón Díaz. El Brasileirao es uno de los torneos más importantes del mundo. Lo coloco detrás de la Premier y la Liga. Encima, es mucho más complicado, por la geografía, distancias y variedad de climas. Tienes 20 equipos que pelean siempre por algo. Doce clubes pelean por clasificar a la Libertadores o Sudamericana. Los cuatro restantes por ir a la Copa, de segundo orden, y no descender. Con un aditamento, que no sucede en ningún lado, tiene 4 descensos directos.

Entonces, excluir a los equipos brasileños o disminuir el cupo, no dará oportunidades a los demás de ganar, si posiblemente de llegar a la final, pero no de ganarla. Debemos mejorar los torneos, hacerlos más competitivos. En la Champions League vemos, que los campeones de los últimos 10 años son el Manchester City, Liverpool, Real Madrid, Barcelona, Bayern Munich y Chelsea. Esto es, los equipos grandes y poderosos. La última vez que un equipo, de Europa del Este, ganó la Orejona fue la Estrella Roja en 1991. Y a eso avanza la Libertadores. La Sudamericana es distinta, ahí está Racing, que es favorito para ganarla. Tal como lo hizo en su momento LDU o Independiente del Valle. Creo que, por ahí, está el camino.

Mientras tanto, los argentinos se van a tener que bancar, una final brasileña en el Monumental. Confirmando el dicho del país-continente.

  • Alegría nao tem fim.

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Copa Libertadores 2024

Desde su aparición, la revista Martín, bajo auspicio de la Universidad Peruana San Martín de Porres, se convirtió en una referencia en el ámbito de las revistas literarias peruanas. El proyecto se articuló alrededor de una idea monográfica, es decir, cada número sería dedicado a un escritor o escritora cuyo merecimiento no ofreciera dudas. 

Así, sucesivos números han ido contribuyendo también a la configuración de un canon. Martín Adán, César Moro, Juan Gonzalo Rose, Blanca Varela, Carmen Ollé, Julio Ramón Ribeyro, Arturo Corcuera o Antonio Gálvez Ronceros, por mencionar algunos nombres. Durante este fructífero período (36 números) la revista estuvo a cargo del poeta Hildebrando Pérez en la dirección y del artista Jesús Ruiz Durand en la edición gráfica. Hoy tenemos entre manos el número 37, fruto de un rediseño y un cambio de timón en la dirección de la revista, esta vez bajo la atenta mirada de Dante Trujillo y Arturo Higa.

Manteniendo el ánimo monográfico, el número está dedicado a Karina Pacheco, una escritora cusqueña que poco a poco ha ido ganando notoria presencia en la narrativa peruana, ya con varios libros en su haber y con el Premio Nacional de Literatura en la categoría novela, que le fue otorgado en 2021 por El año del viento. 

La narrativa de Karina Pacheco se encuentra estrechamente vinculada con dos problemáticas cuya discusión está cargada de ardores, unos justificados y otros no tanto: los años de la violencia política, especialmente los marcados por el conflicto armado interno; en segundo término, su obra está atravesada por una constante reflexión en torno a la condición de la mujer en el Perú. 

La memoria, la idea de una escritura atenta a los vaivenes de la historia, la posibilidad de seguir practicando un realismo fuertemente anclado en la experiencia social y política de la nación, incluyendo la reivindicación del sujeto femenino, se mantienen vigentes en una obra que se las arregla para interpelarnos. 

La obra de Karina Pacheco adquiere mayor significación cuando la pensamos en las contigüidades de una tradición que se remonta al siglo XIX, donde podemos encontrar la huella fundadora de escritoras como Clorinda Matto o Mercedes Cabello de Carbonera, legado que Pacheco conoce como lectora y, a su estilo, reactualiza como autora. Muy recomendables los acercamientos de Nataly Villena, Victoria Guerrero, Avecita Chicchón, Carlos Yushimito, Juan Carlos Cortázar, María Eugenia Ulfe, Rocío Ferreira, Verónika Tupayachi, Adriana Peralta y la entrevista de Jaime Cabrera Junco. Mención aparte para los textos inéditos de Karina Pacheco. Edición impecable. Plato servido, lectores. Buen provecho. 

Martín 37. 2024. Universidad San Martín de Porres.

El triunfo abrumador de Donald Trump es una pésima noticia política y económica para los Estados Unidos y para el planeta entero. Populista, autoritario, nacionalista, proteccionista, antiderechos civiles, solo asegura un porvenir sombrío para la aún primera potencia mundial y, como efecto colateral, para el mundo.

La mediocre campaña de Kamala Harris, el papelón del retiro de Biden, y el alejamiento de los demócratas de los sectores populares norteamericanos, le abrieron la puerta a un personaje que hace pocos años nadie hubiera imaginado que iba a llegar dos veces a la Casa Blanca, más aún luego de una primera gestión gris y rupturista de la tradición democrática del país continente.

Como bien ha señalado el periodista Andrés Oppenheimer “en materia económica, la presidencia de Trump fue muy mala. Durante su mandato, la economía estadounidense creció menos que con Biden, y el déficit nacional alcanzó un máximo histórico. Trump dejó el cargo con tres millones de empleos menos que cuando lo tomó, mientras que el gobierno de Biden creó 16 millones de empleos, según cifras oficiales”.

Pero lo peor es el proteccionismo comercial que Trump pregona y que ahora podrá llevar a la práctica gracias a la mayoría obtenida en ambas cámaras. Si a ello le sumamos el control de la Corte Suprema, habrá también un retroceso en los derechos civiles que tan bien definían una democracia liberal como la norteamericana y que ahora sufrirá, sin duda, un retroceso radical.

Trump no es un representante de la derecha liberal. Es la versión gringa de la DBA. Su desempeño complicará al mundo y a la sostenibilidad -ya precaria- de las democracias liberales del orbe, que transitan por una severa crisis de legitimidad y representación.

Por lo pronto que Ucrania y Palestina se pongan a buen recaudo, dada la política exterior del rubicundo autócrata. Y que el Perú se prepare para ver sus exportaciones afectadas por el reaccionario proteccionismo trumpiano. Estados Unidos ha dado un salto para atrás y solo queda confiar en que la poderosa sociedad civil y política democráticas, que anida en su seno, sepa cómo contener los desmanes que, no cabe la menor sospecha, Trump pretenderá perpetrar desde el poder que se le ha conferido.

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DBA, Elecciones, Trump

[Agenda País] En 17 escasos meses, los peruanos iremos a las urnas para elegir, en primea vuelta, a los dos candidatos que se disputarán la presidencia en la segunda vuelta, y a los futuros diputados y senadores de la república.

Nuestro presente sistema electoral y procedimiento de votación es prácticamente el mismo desde hace décadas y no solamente es vulnerable a acciones fraudulentas, sino que también, impide una conexión más cercana entre el elector y su representante.

Actualmente, el mapa electoral peruano se divide en 27 circunscripciones donde cada partido lanza su oferta de candidatos a los electores. Debido a que estas circunscripciones son múltiples, tenemos, por ejemplo, que en el caso de Lima para diputados, cada partido debe presentar 33 candidatos, cifra igual a las curules asignadas a esta circunscripción. Imaginemos que tendremos 40 partidos políticos en el partidor del 2026, entonces los electores de Lima tendrán que elegir entre 1,320 candidatos para diputados.

Ardua tarea también para los miembros de mesa que tendrán que computar a mano la asignación de votos para cada uno de los 1,320 candidatos y plasmarlos en el planillón de control para luego transcribir el resumen en al acta electoral respectiva. A más alternativas, mayor es la probabilidad de error o fraude. 

Este sistema, además, aleja al congresista de sus votantes, nadie se siente representante ni representado.

Para evitar errores y/o fraudes, tanto en el acto de votación como en el escrutinio, así como para lograr un mayor acercamiento y compromiso entre congresista y votantes, es necesario que derivemos hacia distritos electorales uninominales. 

Con circunscripciones de unos 180,000 ciudadanos para diputados y 400,000 para senadores, el elector podrá decidir por un solo candidato que representa a un partido; así, se simplifica la votación y aunque nuestro candidato preferido no gane, sabremos quien es el diputado y senador que representa a nuestra circunscripción.

Pero otro cambio fundamental es incluir la tecnología en el acto de votación, en el escrutinio y que además otorgue la posibilidad de una auditoría en caso que se requiera.

Existen muchas posibilidades de incluir la tecnología en las elecciones, pero me voy a referir a la que se usa en el Estado de la Florida en los Estados de Unidos de Norteamérica, que me parece muy práctica y fácil de implementar. Claro que, previamente, debe realizarse la reforma hacia los distritos electorales uninominales, condición previa ineludible.

En Florida, una vez que el elector se identifica, se le imprime ahí mismo una cédula de sufragio que incluye un código en vez de nombre, para mantener su privacidad. Esa cédula es una tarjeta electrónica que al costado de cada candidato tiene un ovalito que el elector debe rellenar para mostrar su preferencia. No aspas, ni cruces, ni números.

Una vez que el elector termina de llenar todas sus opciones, digamos que, en el caso peruano, para escoger la plancha presidencial, el candidato a diputado y el candidato a senador ( recordemos que estamos en distritos uninominales ), esta cédula se introduce en un escáner que lee las opciones marcadas pero que además es almacenada en la misma máquina. 

Es decir, se simplifica el proceso tanto para el elector como para los miembros de mesa, la lectura electrónica de la cédula hace que el escrutinio sea inmediato y el almacenamiento de la misma permite una auditoría, si es el caso, manteniendo la anonimidad del elector.

De mantenerse el actual sistema, con distritos electorales múltiples, la proliferación de partidos y candidatos, y un acto de votación manual y tedioso, nos volveremos a enfrentar a las dudas sobre la transparencia de las elecciones y la legitimidad de sus resultados.

A ver si se hace una el congreso y nos regala distritos electorales uninominales e incluye la tecnología con auditoría en las trascendentales elecciones del 2026.

En la última década se avanzó considerablemente en la lucha contra la violencia hacia las mujeres y las niñas. Lamentablemente, el avance de sectores antiderechos y el rechazo que estos han promovido a enfoques claves como el de igualdad de género, ha impactado en la comprensión de lo que es la violencia sexual y sus causas. Esto se refleja en la normalización de conductas y narrativas abusivas y la sexualización de las niñas.

La reciente publicidad protagonizada por Mark Vito, quien se autodefine como influencer, es una grosera forma de promover la violencia sexual contra las niñas; así como una invitación a la pedofilia. 

Pero más allá de lo burdo de dicha publicidad y del lamentable rol de este personaje. El hecho en sí debe hacernos reflexionar sobre los altos niveles de tolerancia a la violencia que existe en nuestro entorno. Esto no solo se refleja en la publicidad, en los “chistes”, sino también en la impunidad y en la ausencia de políticas serias implementadas para la prevención de este flagelo social que se cobra la vida y sueños de miles de niñas todos los años. 

El mencionado video publicitario, muestra a un hombre mayor (Mark Vito, tiene 48 años), con una adolescente en edad escolar con quien mantiene una relación “amorosa” y de control. Durante el desarrollo de este spot se trasmite que la niña, inexperta en la vida, plantea un matrimonio temprano (cuando el matrimonio infantil está prohibido), mientras que él como su pareja busca un lugar a su conveniencia para que estudie. 

Esto en una lógica abusiva y de apropiación del cuerpo y decisiones de la adolescente.  Además, la trama busca hipersexualizar a la menor y normaliza el acoso de los diferentes hombres que intervienen en el video.

Solo en el 2024 se han denunciado en los Centros de Emergencia Mujer (CEM-MIMP), 15 028 casos de violencia sexual en menores de 17 años, es inadmisible que este tipo de publicidad se desarrolle con total impunidad y pretenda ser “graciosa”. ¿Es la violencia contra las niñas un chiste en nuestro país?, ¿Puede generar risa, la ridiculización de las agresiones y el ejercicio de poder contra una niña?

Aunque la publicidad ya ha sido retirada, el hecho es concreto y grave. Cuando una sociedad se burla de las agresiones a las niñas es un síntoma de que algo realmente se está pudriendo y debemos despertar.

Las niñas no se tocan y la violencia sexual es un delito.

No debiera tranquilizar a nadie que hayan sacado de la carrera electoral a Antauro Humala. Es verdad que su presencia protagónica -ya aparecía segundo en la reciente encuesta de Ipsos respecto de preferencias electorales- y sus desvaríos hacían temblar a cualquiera y en esa medida resulta saludable que la democracia se proteja (ojalá la Corte Suprema o el Tribunal Constitucional no reviertan la inicial decisión judicial), pero lo que la centroderecha debe entender es que los candidatos disruptivos radicales van a aparecer de todas maneras.

Si no es Antauro será otro y por ello nadie debería confiarse y cejar en el empeño de construir una candidatura sólida y potente en dicho sector del espectro ideológico. Hay que saber, además, si el Congreso amplía el plazo ya vencido para registrarse en un partido y postular. En ese escenario, Antauro podría hacerlo y moderar su discurso estratégicamente. Es un tema aún por definirse plenamente.

El grado de irritación popular, que se arrastra desde la pandemia y la escandalosa inacción gubernativa y estatal para atender las demandas de los más pobres, que se acentúa con la brutal represión tras la caída de Pedro Castillo -entre diciembre del 2022 y enero del 2023- y que ahora alcanza su cúspide por la mediocridad absoluta del gobierno de Dina Boluarte, producirá que la narrativa radical de algún candidato prenda rápidamente, peor aún cuando se asocia a la centroderecha con el régimen y solo unos pocos líderes de ella toman debida distancia del establishment.

Si Antauro finalmente no postula, hay dos candidatos que se asoman como receptores de la alta intención de voto que Antauro ya tenía (8% según Ipsos): Guido Bellido y Aníbal Torres, ambos tan o más radicales que el líder etnocacerista, y cuyo discurso fácilmente tendría empatía con la cólera ciudadana vigente, la misma que ya ha empezado a manifestarse con paros y protestas, como no ocurría hace meses.

Que el susto no se pase, pues lo peor que podría ocurrir es que lleguemos a abril del 2026 con más de treinta candidaturas de centroderecha (en general, ya hay 37 partidos inscritos y 31 en proceso). Le dejarían la mesa servida a los radicales antisistema, sean Antauro, los mencionados o cualquiera que surja en el horizonte final del proceso electoral (como sucedió con Pedro Castillo).

El domingo 27 de octubre a las 9:10 de la noche se presentó en el Estado Nacional del Perú Paul McCartney dentro de lo que haya sido, posiblemente debido a su edad, sido su última gira mundial.

Lo singular de la banda más famosa de la historia es que no podemos seriamente afirmar que alguno de sus cuatro integrantes haya sido prescindible. Es cierto que ya en 1968 Ringo Starr se alejó del estudio por unos días y McCartney tuvo que tomar su lugar en “Dear Prudence” y “Birthday”. Pero fue de la hábil mente del baterista que surgió la rarísima percusión de “Ticket to Ride” que, como saben los músicos, fue compuesta en un compás de 4/4 y, por tanto, podía ser acompañada de manera muy estándar. Ringo compuso para esa canción un acompañamiento de batería singular, que suena a tropiezos, a pasos que no avanzan y retroceden. Esto tiene mucho sentido porque la canción toca un tema muy popular y nada original: la tristeza del muchacho que pierde el amor de su chica. Ese tema tiene mil y una versiones, pero hay al menos una de The Beatles que quedará en la memoria de las generaciones. 

Ringo Starr no era ni es el más excepcional de los bateristas. George Harrison no era el mejor primer guitarrista, como tampoco John Lennon era la mejor segunda guitarra ni Paul McCartney el más virtuoso de los bajistas. Lo que los hacía excepcionales era que cada uno de ellos encajaba y entendía que su aporte debía estar al servicio de la canción y no a la exhibición de virtuosismo. Por ello mismo, Ringo Starr hizo una sola excepción al hacer un solo de batería al final de Abbey Road, el álbum de despedida, después de que cada uno de sus compañeros demostrara sus habilidades con la guitarra. Componer melodías memorables y ensamblarlas en una ejecución imperfecta pero llena de efectos como modulaciones e instrumentaciones audaces los convirtió en la banda más icónica, el modelo de casi todas las demás. 

Quienes tuvimos la suerte de escuchar a McCartney ese domingo 27 pudimos ser testigos de su proverbial ética del trabajo, una pasión tan intensa por buscar la perfección y la innovación que se convirtió en uno de los varios motivos por los que la banda se disolvió en 1969. “Let it be”, su penúltimo álbum en ser grabado pero el último en ser publicado, fue un gran fracaso que desgastó a la banda, pero fue un fracaso de gigantes que se propusieron volver al espíritu de su primer disco y grabar uno con temas nuevos y en directo. Resultó imposible y terminó con amargas discusiones.

Paul McCartney es conocido por una pasión por el trabajo duro que lo ha llevado a ser considerado como un insoportable tirano en el estudio, como el tipo de compañero que no te va a soltar y te va a obligar a repetir tomas hasta que se llegue al resultado que tiene en su mente. Es además el tipo de persona que no puede estar tranquilo. Siempre está haciendo algo. La inactividad, el retiro, no parecen ser tolerables para un ánimo tan enérgico. No es perfecto. Ha cometido muchas, innumerables fallas. Pero es perfeccionista. No conoce otro mundo que no sea el del arte y un poco el de las finanzas. 

La ética del trabajo de McCartney nos enseña que no basta ser creadores e innovadores. Además, hay que buscar la perfección, aunque nunca la alcancemos. En todo equipo de trabajo debe haber un perfeccionista, alguien que reclame repetir la toma hasta que suene como se ha proyectado que debe sonar, alguien que pida rehacer el proyecto hasta que sea plasmado como fue soñado.

Su concierto fue un viaje en el tiempo. Nos llevó desde los inicios de la historia hasta el final. Nos transportó con su música a distintas edades y emociones. Los motivos fueron los de siempre: el amor, el desamor, la lucha social, el asombro, la nostalgia, el auto cuestionamiento, la hermandad de toda la humanidad. Pero la experiencia fue particular, intensa e irrepetible. Estábamos escuchando a un gigante y veíamos el mundo desde sus hombros.

Paul McCartney plasma en su vida aquella idea de Albert Camus de que debemos imaginar a Sísifo feliz. Se llega a la cima para volver a caer y volver a subir y volver a caer. Sí, es una referencia a “Helter Skelter”, canción que inauguró el heavy metal y que el domingo 27 de octubre de 2024 resonó en el Estado Nacional

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