Opinión

[Música Maestro] De jueves a viernes, esta semana, bares, oficinas y callejones seguramente fingieron querer al Perú, en el Día de la Canción Criolla (31 de octubre), cantando a grito borracho esa composición que el gobierno militar de los setenta le encargó a Augusto Polo Campos -me refiero, por supuesto, al vals Contigo Perú- y que cuatro décadas después se convirtió en superficial himno de banderazos para celebrar fracasos futbolísticos y coartadas de políticos de estercolero que buscan capitalizar la vacía e infértil emoción de quienes se ponen camiseta rojiblanca cuando juega la selección pero que, en paralelo, terruquean a quienes marchan o apoyan a las marchas, manifestaciones de un hartazgo que, siendo mayoritario, aun no es suficiente para sacarnos del agujero oscuro en el que nos encontramos como país.

Para mí, escuchar música criolla es otra cosa. No tiene que ver con engaños patrioteros de poca monta. Tiene que ver con el amor que me hizo sentir mi familia paterna por los sonidos propios, por la sana picardía y el calor de casa, el preludio nacional que me preparó para disfrutar hoy de todo lo que por naturaleza me es ajeno: un jazz o un death metal norteamericano, una rumba cubana o una tonada mediterránea en Estambul, una polka balcánica. Escuchar música criolla es, para mí, sinónimo de mi niñez y mi universidad, de mis anhelos socialdemocrátas y mis iras frente a la bazofia que carcome hoy nuestra sociedad y nuestra política. Es la base de mi liberalismo sonoro y mi humanismo radical. Es todo lo que los poderes Ejecutivo y Legislativo hoy pisotean con su ignorancia, su cinismo y su corrupción. Ellos no merecen escuchar estas canciones. No merecen ser considerados peruanos, como ellas. 

RAFAEL MATALLANA, VÍCTOR REYES Y ALBERTO URQUIZO – EL PRIMER RECITAL DE LA CANCIÓN CRIOLLA (Decibel Discos, 1968)

Apenas cinco meses antes de que el general Juan Velasco Alvarado tomara el poder a través de un golpe militar, derrocando al primer gobierno del arquitecto Fernando Belaúnde Terry, el 1 de mayo de 1968, se grabó este LP en la Sala Alzedo (así, con “z”) del Teatro Segura de Lima, en el que se reproduce este recital de música criolla, organizado por la Corporación Nacional de Turismo. 

El concierto no es una simple sucesión de valses conocidos, sino que incluye elegantes textos escritos por nuestro recordado poeta y compositor Juan Gonzalo Rose y leídos por Estenio Vargas, conocido periodista de la época, quien además fue el productor de este espectáculo en el que se cuenta la historia del vals peruano. Varias de las composiciones que forman parte del programa pertenecen a la llamada Guardia Vieja –como La palizada (“a la muchachada del Karamanduka”), La andarita o El plebeyo (de Felipe Pinglo)- pero también hay canciones de la segunda hornada de autores criollos que surgió a mediados de los años cincuenta, y algunos temas que para esa época eran relativamente nuevos. 

Muchos de estos, con los años, se convirtieron en títulos fundamentales del cancionero limeño, reproducidos hasta la saciedad e interpretados de mil maneras: desde La flor de la canela, de Chabuca Granda (grabada por primera vez en 1953); Madre, de Manuel Acosta Ojeda (escrita en 1951 y popularizada por el Trío Los Chamas); hasta Cuando llora mi guitarra (Augusto Polo Campos) o Yo la quería patita (Mario Cavagnaro); todas en versiones cortas, resumidas, para facilitar las descripciones con las que empezaba cada surco del LP. 

Las guitarras, tocadas con fineza y trinar criollo, son de Víctor Reyes y Alberto Urquizo, dos de los guitarristas más solicitados en los estudios de grabación y las radios de entonces, ambos miembros activos del Centro Musical Unión y provenientes de la escuela de Breña, expertos en bordones y solos agudos que caracterizan el toque criollo antiguo, genuino. Ambos de gran talento, eran conocidos por haber acompañado a diversas estrellas como Nicomedes Santa Cruz, Pedrito Otiniano, entre otros. 

Doce de los catorce temas incluidos en esta histórica grabación son cantados por el recordado Caballero de la Canción Criolla, don Rafael Matallana, en aquel entonces una de las voces más respetadas del criollismo, ese que para muchos ya murió y está sepultado bajo las peñas-discoteca en las que prima el estilo chacotero de Los Ardiles y el vals-balada al que nos han malacostumbrado cantantes como Bartola o Eva Ayllón (sobre todo en sus grabaciones más recientes, orientadas a un público más “internacional”). Los dos temas restantes, Remembranzas e Idolatría, son tocados solo por los guitarristas Reyes y Urquizo y constituyen una clase maestra de cómo debe tocarse el vals criollo. 

Este álbum, inexistente en formato digital, contiene además algunos títulos que se interpretan muy poco en la actualidad como Jesús (Pedro Bocanegra), Ídolo (Manuel Quintana/Braulio Sancho), Anita (Pablo Casas) y Mi primera elegía (Eduardo Márquez Talledo/Serafina Quinteras). Si quieres escuchar verdadera música criolla, en este disco descubrirás que no todo es Regresa, Mal paso o Mi propiedad privada. Esta es música criolla de la fina, de esa que cada vez se practica menos.

ARTURO «ZAMBO» CAVERO & ÓSCAR AVILÉS – LES TRAEMOS… EL CHACOMBO (Iempsa, 1979)

Nuestra música criolla costeña tiene una larga historia, cuyo comienzo formal data en las décadas finales del siglo XIX y primeras del XX. En esos casi 100 años de evolución, hay diversos momentos emblemáticos de desarrollo musical, con figuras que ayudaron a definir el sonido de nuestra patria. En 1979, dos titanes del vals criollo se juntaron para producir este álbum titulado Les traemos… el chacombo. 

«Chacombo» es el nombre de un instrumento de percusión proveniente del norte peruano -específicamente en Zaña, Lambayeque- usado por las poblaciones afroperuanas para tocar festejos y landós. En 1958, Manuel Quintana y José Durand, gestores culturales de la época, recuperaron letra y melodía de una canción dedicada a este peculiar instrumento, con ritmo frenético similar al popular festejo, y se la entregaron a Óscar Avilés y Arturo «Zambo» Cavero, quienes la arreglaron junto a don Augusto Ascuez, un legendario cantante criollo de callejón y solar. 

Avilés -para muchos, la primera guitarra del Perú- había paseado su talento en diversos conjuntos como Fiesta Criolla, Los Morochucos, entre otros. Y ya era conocido su estatus de leyenda por su revolucionaria forma de atacar los bordones y trinos típicos de nuestros valses «guardiaviejeros». Por su parte, «Zambo» Cavero se había hecho muy conocido como cantante y cajonero en interminables jaranas criollas de esa Lima que ya fue, que no existe más, y que jamás volverá. Esa Lima de los años cincuenta y sesenta, que algunos consideraban horrible en su tiempo, hoy es recordada con nostalgia por sus sobrevivientes. 

Avilés y Cavero se unieron por primera vez para este disco y dieron inicio a una colaboración musical que se convertiría en el emblema mayor de la música de la costa peruana durante décadas. Sobre la base de El chacombo -el tema que mencionamos al inicio- la dupla armó un listado con diez canciones ideales para musicalizar cualquier almuerzo familiar: valses de despecho (Mala mujer, Mi amiga la tristeza, Sigue mintiendo), de amor profundo (Sincera confesión, Rebeca, Nuestro secreto, La noche de tu ausencia), un cadencioso y jaranero festejo (Pancha Remolino) y hasta una polka que, a estas alturas, ya viene a ser un género oscuro, antediluviano, por lo poco cultivado que es en la actualidad (El picaflor). 

Los temas vienen firmados por dos compositores de fuste de nuestro cancionero criollo: Félix Pasache y Mario Cavagnaro, con tres y dos títulos cada uno, mientras que Eduardo Márquez Talledo, otro nombre principal entre los autores de valses contribuye, aunque ahora a través del festejo Pancha Remolino que cierra el LP. 

La guitarra de Avilés es brillante, con ese manejo único de silencios y profundos bordones característicos, que cruza con repentinos e inspirados solos y trinos colocados de manera inesperada, entre compás y compás; mientras guapea y llama y hace armonías vocales en su distintivo grito contra-alto. Por su parte, la voz de Cavero suena limpia y sin esos antipáticos gorjeos que incorporó a su desempeño vocal en sus últimos años, para ayudarse seguramente, debido a las dificultades que le ocasionaba el sobrepeso que padeció. Ahora que ambos ya no están entre nosotros, este disco reafirma su condición de clásico por el sonido fresco y, a la vez, tradicional, que ofrece, una propuesta que se echa de menos en la música criolla moderna, dada a las oportunistas, disforzadas y poco talentosas fusiones con la balada, el lounge y el jazz que suelen practicarse actualmente.

LOS TROVEROS CRIOLLOS – VUELVEN LOS TROVEROS CRIOLLOS (Sono Radio, 1954)

En los años cincuenta hubo diversos conjuntos que conformaron la segunda generación de artistas que cultivaban la música criolla -entendida como la expresión musical de la costa peruana- con un repertorio que combinaba valses y polkas de la Guardia Vieja (estas son canciones compuestas durante las tres primeras décadas de siglo XX, aunque algunos extienden el rango de este tipo de valses a los siguientes 20 años). 

Uno de los más populares es el dúo conformado por Lucho Garland (segunda voz, primera guitarra) y Jorge «El Carreta» Pérez (primera voz, segunda guitarra), Los Troveros Criollos. Su estilo festivo y tradicionalista los convirtió en favoritos en Lima, aquella Lima criolla y jaranista que ya no existe más, ni en los valses convertidos en balada de Bartola o Eva Ayllón ni en la chacota con sabor a farándula de Los Ardiles. La voz aguda, con tonalidades similares a las de un payaso -dicho esto sin ningún afán despectivo, por cierto- del «Carreta» se combina con el tono de barítono de Garland, que recuerda a Los Morochucos, creando una atmósfera cercana al público, simpática y de mucha chispa, particularmente porque Los Troveros Criollos impusieron los valses compuestos por Mario Cavagnaro, con letras que incluían múltiples giros idiomáticos y dichos que se usaban en los barrios de antaño, la replana, esta jerga de origen delincuencial hizo su paso al habla coloquial de las personas decentes y familias gracias al uso masivo en canciones como Yo la quería patita, Carretas aquí es el tono o Desembólate chontril, las tres firmadas por el genial arequipeño, uno de los mejores compositores de la era dorada de la música criolla. 

Las tres están incluidas en este segundo LP de Los Troveros Criollos, junto con otros clásicos de las jaranas limeñas como Ay Raquel (de Augusto Polo Campos), El parisién y La Reyna de España, que hasta hoy suelen escucharse en círculos que aun cultivan el buen y verdadero criollismo. 

La guitarra de Garland es inspirada y plagada de trinos, mientras que Pérez replica con un acompañamiento experto en secuencias de acordes, bordones precisos y golpes cerrados que bastan y sobran haciendo innecesaria la presencia del cajón. Este famoso instrumento de percusión, que hoy padece de sobre exposición mediática como símbolo de peruanidad y uso exagerado de propios y ajenos, recién pasó a ser estable en ensambles criollos a finales de la década de los cincuenta. 

El disco contiene además Parlamanías, un tema compuesto por Serafina Quinteras con la ayuda de Jorge Pérez en el que se hace creativa mofa de las promesas eternamente incumplidas de los congresistas. Este valsecito, escrito hace más de 80 años, es 100% aplicable a cualquier campaña electoral de nuestro país, sea esta local, regional, municipal o presidencial. Parlamanías debería ser tan conocida como La flor de la canela, Mal paso, Propiedad privada o Contigo Perú -solo por mencionar a algunos de los temas criollos que hoy cantan a voz en cuello los jóvenes cuando se las quieren dar de «criollazos» insertos, como están, en esa falsa tendencia patriotera que sale a relucir cada vez que juega la selección de fútbol o cada 31 de octubre.

Sin embargo, es evidente la sombra de oscuridad que se cierne sobre este ingenioso vals, que refleja la indignación y el sarcasmo ante las distintas generaciones de mentirosos y sinvergüenzas que nos vienen gobernando desde hace décadas, un fenómeno que hoy padecemos en su más alto grado de putrefacción y descaro. Si quiere escuchar un bonito disco de valses criollos antiguos, consígase este o cualquier otro título de Los Troveros Criollos. No hay pierde.

LUCHA REYES – UNA CARTA AL CIELO (FTA Producciones, 1971)

Cuando apareció este disco de Lucha Reyes, ella ya era una superestrella de la música criolla pues se había hecho conocida viajando por todo el Perú como parte del elenco de la Peña Ferrando, grupo itinerante de artistas organizado por el productor y conductor de radio y televisión, Augusto Ferrando. 

Una carta al cielo es el segundo LP oficial de Lucha Reyes, lanzado a través del sello Fabricantes Técnicos Asociados, subsidiario de RCA Victor. La «Morena de Oro del Perú» poseía un fuerte y claro timbre vocal, agudo y expresivo, y llamaba la atención por sus presentaciones en vivo en las que ponía profunda emoción en cada una de sus interpretaciones. 

Con el marco musical del conjunto liderado por los guitarristas trujillanos Rafael Amaranto y Álvaro Pérez (ambos del grupo Los Caciques), y la colaboración en algunos temas del saxofonista y director de orquesta argentino Freddy Roland, Reyes grabó estas doce canciones -diez valses y dos marineras/tonderos), que pertenecen al cancionero popular peruano y que han sido interpretados por una enorme cantidad de artistas. 

Sin embargo -y, en parte, por el estatus de leyenda que adquirió Lucha Reyes por su azarosa salud y su posterior muerte, dos años después- estas versiones son de las mejores de cada uno de estos temas, cargadas de una emotividad muy particular. A pesar de que en los últimos años solo se escuchan Regresa y Propiedad privada, la última de las cuales está contenida en este álbum, producido por Viñico Tafur, Lucha Reyes nos ofrece una bonita selección de valses románticos, firmados por algunos de los más connotados compositores de la segunda generación de autores criollos. 

Por ejemplo escuchamos Remembranzas (de Pedro Espinel), Jamás impedirás (de José Escajadillo) y Ya ves (de Augusto Polo Campos), tres de los valses más escuchados durante los años setenta y ochenta, en las voces de famosas intérpretes como Eva Ayllón, Cecilia Bracamonte, Cecilia Barraza, entre otras. 

El tema-título, Una carta al cielo, es una tierna historia en la que un niño huérfano es llevado a una estación de policía por haber robado cintas de una tienda. El chico, cuando el oficial le pregunta si ha robado, le dice que sí pero para ponerle las cintas a una cometa en la que ha amarrado una carta para su madre que está en el cielo. La canción fue compuesta por el trujillano Salvador Oda (autor de la también popular canción El árbol de mi casa, popularizada por Carmencita Lara). Una carta al cielo fue grabada por primera vez en 1945 por Los Trovadores del Perú y luego por Maritza Rodríguez, pero fue esta versión la que quedó como la mejor, por el talento interpretativo de Reyes, que la convirtió en un clásico del Día de la Madre, para todos aquellos que ya no la tenemos a nuestro lado. 

Propiedad privada es, de hecho, el tema que más se escucha de este LP, y fue escrito por el poeta y músico hispano-mexicano Modesto López; y, a partir de la fama que alcanzó en la voz de Lucha Reyes, fue grabada también en bolero, salsa y hasta en rock, además de ser un tema inevitable en cualquier recopilación de clásicos del criollismo, fiestas, peñas y karaokes. El verdadero nombre de Lucha Reyes fue Lucila Justina Sarcines Reyes.

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Lucha Reyes, Música criolla, Óscar Avilés, Perú

A lo largo de su historia, el Perú tuvo un Congreso con cámaras de senadores y diputados hasta que Alberto Fujimori y su Constituyente, propusieron un solo parlamento conformado por el mínimo posible de representantes para evitar desperdicio de dinero. Décadas después nos dimos cuenta de que habíamos creado un parlamento sin un filtro contra sus descabelladas propuestas, pero al Congreso ya poco le importó. Tomado por redes de corrupción y clientelaje, el año 2020 las protestas de diversos sectores de la población fueron escuchadas y se realizó un referéndum. A sabiendas que también queríamos impedir urgentemente que continuaran reeligiéndose los congresistas, tomaron como pretexto el poder postular a la futura cámara de senadores para poder continuar haciendo de las suyas con la legislación nacional. Fue por eso que en el referéndum nos opusimos a la creación de dos cámaras. Nos obligaron a distorsionar nuestro proyecto pero priorizamos detener a este clase política corrupta. 

A pesar de los resultados del referéndum, este Congreso se zurró en la decisión del pueblo peruano y emitió en marzo de este año la Ley 31988, que retoma las dos cámaras y que declara abiertamente la posibilidad de la reelección (artículo 90). La presidenta le dio luz verde sin ningún comentario. De esta manera, en el Perú se evidenció cómo el Poder Legislativo mantiene (bajo amenaza de destituir la Presidencia) el control de Ejecutivo para legislar y gobernar según los intereses de sus integrantes.

Si son 130 parlamentarios (que salvo muy raras excepciones) no nos representan, la crisis política en la que nos encontramos podríamos describirla como una carencia de representación que proteja los diversos derechos e intereses de la población en los poderes del estado. Que la decisión de amplios sectores de la población no sea tomada en cuenta, nos lleva a evidenciar que entonces en nuestro país la ciudadanía más básica ya no existe; que nuestra participación se reduce a las elecciones, reemplazando el aparato necesario para un diálogo fundamental de acuerdos públicos, por tendencias de aprobación y popularidad, más cerca de una rifa, de un ranking televisivo, que de la versión más simple de una asamblea popular. La crisis es sin duda, de la democracia.

Como cereza en la crema, El día de ayer se ha presentado a la Comisión de la Constitución, sin el sustento legislativo requerido, el proyecto de Ley que establece la reforma electoral para votar según la estructura del futuro Congreso. En él se modifica el número fijo que se aprobó en marzo (60 senadores y 130 diputados) porque añade una fórmula para determinar el número representativo de diputados y de senadores. Este requerimiento se encuentra en el artículo 21.4 del predictamen, precisando que se dispone un diputado por cada 150.000 electores y un senador por cada 300.000 electores. Dada esta fórmula, los senadores serían por lo menos 80 y los diputados al menos 170. 

Más allá de que esa fórmula debiera ser aprobada por todo la población, sometida a debate y quizá a referéndum, lo cierto es que añade al aumento del número de curules, el mantenimiento del voto preferencial, el principal recurso que encontraron las cabezas de organizaciones delictivas para controlar la legislación nacional. El voto preferencial provoca que se vote por los candidatos y no por los partidos políticos. Por esta razón, los candidatos solo invierten en sus campañas electorales, y no trabajan con propuestas legislativas diseñadas y defendidas por sus partidos políticos, acordes con sus principios y propuestas ideológicas. Los partidos sólo son medios alquilados temporalmente para ser elegido y conseguir manipular directamente la legislación como convenga. La mayor farsa política.

En estos días de paros y protestas, uno de nuestros primeros reclamos debiera ser ponerle fin al sistema de votación preferencial que tal como lo anuncia este gobierno, nos someterá a un mismo Congreso durante cinco años más, sólo que con un número mayor de parlamentarios listos para continuar desmontando los restos de un sistema justo y democrático de gobierno nacional.

Por : Andrés Echevarría

El mismo día en que la Iglesia católica celebra al Santo que sufrió en carne propia el comunismo y luego, como Papa lo venció, fallece el teólogo que intentó hacer una síntesis entre el Evangelio y el Marxismo.

Esta coincidencia entre San Juan Pablo II y Gustavo Gutierrez tiene, para mí, un mensaje de lo alto. Las cosas pasan por algo. Lógico que es una interpretación muy personal. Pero no podemos negar que el teólogo peruano y el Santo polaco son como antípodas en el pensamiento. Ahora sus vidas ( y sus muertes) están unidas en una fecha:  22 de octubre. 

Pienso que esta curiosidad trae un mensaje de unificación al interior de la Iglesia y en el mundo. Hoy necesitamos reconciliar posturas, reconocer la diversidad, respetar a quien piensa distinto, defender la libertad de conciencia (y la objeción de ésta), no atrincherarse en ideas ni en formas, etc. Conservadores, progresistas, de derecha o de izquierda…todos tienen cabida. La Iglesia es una familia y bajo la autoridad del Vicario de Cristo nos reconocemos hermanos en la misma fe.

¿Qué Juan Pablo defendió la doctrina y Gutierrez la cercenó? Creo que los juicios tan simples resultan injustos con la historia.

Recuerdo que escuché al Padre Gutierrez en una charla en la PUCP en el segundo semestre de 1984. El aula estaba repleta. Había gran expectativa. Después de su disertación, hubo intervenciones de alumnos. Recuerdo dos de ellas. En la primera, uno citó una frase de uno de sus libros, donde el teólogo propone que se le debe liberar al rico de su riqueza usando la violencia. El P. Gustavo respondió que no era esa una interpretación correcta y que no se le debe interpretar de manera literal. Después, otro, salivando por la emoción de tener a un ídolo enfrente, lo alabó diciéndole que él había conseguido la cuadratura del círculo…que había conseguido hacer compatible el marxismo con Jesús. El teólogo rechazó esa alabanza y dijo que no era así. Según él, los evangelios tienen la flexibilidad para estar siempre en actualidad. 

La teología de la liberación llevó a unos sacerdotes y agentes pastorales a entrar en la lucha armada contra las injusticias sociales. Su buena intención, junto con su escaso raciocinio, estuvo marcado por un emotivismo. No se dieron cuenta que la liberación de las injusticias pasaba por la liberación del corazón. Quisieron acortar camino y recurrir a la violencia. Por otro lado, nos ayudaron a preguntarnos por los necesitados. A poner la mirada en cómo llevar a Cristo al mundo de la pobreza extrema. Qué responder ante el cuestionamiento sobre las estructuras injustas. Cierto es que la Doctrina Social de la Iglesia tiene una respuesta. Sin embargo, no agotaba el tema. 

Entre los teólogos de la liberación, unos se apartaron de la Iglesia. Negaron la autoridad del Papa. Otros, como el teólogo peruano, aceptaron seguir fieles. 

El 22 de octubre será el día de la conciliación. Un Papa y un sacerdote se dan la mano. Ambos defendieron sus verdades con ardor y sabiduría. La doctrina es clara. Viene de lo alto. Pero las interpretaciones son humanas y más allá de lo que afirman, nuestros corazones deben tener la hidalguía de tender puentes. La Iglesia debería ser un buen ejemplo donde se pueda vivir en armonía y cordialidad, teniendo, cada uno, sus puntos de vista.

Creo que el mejor homenaje a ambos teólogos es que el mundo vea en nosotros, los católicos, que es posible vivir la unidad en la diversidad, la caridad en la pluralidad y la esperanza de un mundo más justo y solidario. Nuestro compromiso es con Dios y con nuestro prójimo. Trabajando para erradicar la pobreza con la mirada puesta en el cielo.

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Padre Gutierrez, Teología de la liberación

Han pasado 3 meses desde que llegó Moisés a nuestra vida,  han sido días de acomodarnos, establecer rutinas, conocernos y querernos cada vez más. Pero también han sido días de autoconocimiento en mi nuevo rol de madre y de sorpresa al ver características en mí que nunca pensé que tendría. 

Escribo desde el hotel en el que me estoy quedando pues estoy fuera del país por trabajo, algo normal en mi vida laboral sea dentro o fuera del Perú. No cuestiono el viaje ni trabajar ya que no quiero dejar de hacerlo pues para mí siempre ha sido importante y me apasiona lo que hago. Mi duda es si en adelante, voy a trabajar sintiendo culpa y debo “acostumbrarme” a sentir el corazón -algo- triste. 

Leyendo y hablando con amigas del tema entendí que la culpa de la madre es universal, tanto así que hay estudios al respecto como el de Kathleen McGuinn, de Harvard Business School.  

McGuinn descubrió que los hijos de madres que trabajan fuera de casa crecen igual felices que los de la madre que trabaja en casa pero notó ciertas diferencias entre varones y mujeres:

  • Las hijas de madres que trabajan fuera de casa tienen más tienen mas posibilidades de conseguir trabajo en el futuro así como de ganar más dinero y tener posiciones de liderazgo al supervisar a otros. Tener una mama que trabaja fuera de casa hace que las hijas crezcan con la plena convicción  que tener un trabajo y ser madre es compatible. Recordando mi niñez debo decir que esto es cierto, yo veía a mi mama como una empresaria y me daba orgullo, quería ser como ella.
  • La influencia es distinta en el caso de los hombres. Ellos crecen con actitudes de genero mucho más equitativas, contribuyen mucho más en las labores del hogar, cuidan más a sus familiares y tienden a casarse con mujeres que trabajan. Pienso en mis hermanos y mi esposo y debo decir que esto también parece ser cierto.

El estudio también señala que al trabajar fuera de casa estamos contribuyendo económicamente en el hogar, ayudándonos a nosotras mismas al hacer algo que nos apasiona y ayudando a nuestros hijos a ser mejores adultos. La parte más interesante del estudio -para mí- es el descubrimiento de que los hijos de madres que trabajan por fuera crecen y son adultos felices. 

En suma, el estudio indica que trabajar fuera de casa es bueno para los hijos. Con esta información, me voy a dormir tranquila sabiendo que todo va a estar bien.

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Equidad, Harvard, maternidad

[El dedo en la llaga] José Ambrozic fue el primer sodálite que conocí, allá en el verano limeño de 1978, en el mes de marzo. Si me pusiera riguroso tendría que decir que el primero fue Rafo Martínez, pero éste todavía no había asumido plenamente el ser sodálite, y antes de terminar ese año dejaría la institución para buscar su vocación religiosa en los carmelitas, a los cuales también acabaría abandonando, perdiéndose después su rastro. Ambrozic —a quien llamábamos coloquialmente con el sobrenombre de Pepe— fue el primer sodálite de veras que conocí y que causó una fuerte impresión en el adolescente de 14 años que era yo entonces.

Pues fue en esa reunión de una agrupación mariana, realizada en la residencia de la familia Gastelumendi Dargent en la Av. La Paz en el distrito de Miraflores, donde se apareció Pepe. Era Felipe, el más joven de los hermanos Gastelumendi, quien nos había invitado a esa reunión a mí y a Miguel Salazar, donde los demás adolescentes participantes eran mayoritariamente del Colegio Santa María de los marianistas, ubicado en el distrito de Monterrico. Así describí ese momento en un texto que redacté en el año 2008, pero que recién publiqué en mi blog Las Líneas Torcidas el 18 de enero de 2013:

«Pues bien, nos habían invitado a una reunión de una Agrupación Mariana, donde se iban a tocar temas relacionados con la religión. Aunque la forma en que se planteó el tema principal no tuvo nada que ver con el discurso edulcorado de curita de parroquia o monja celestial con el cual asociábamos por entonces lo religioso. Toda la discusión giró en torno a una sola pregunta: ¿qué razones teníamos para no suicidarnos? La labor de Pepe era sabotear todas las respuestas que le dábamos, desmantelándolas hasta quedar en escombros. Ninguno de los motivos que teníamos era suficiente como para seguir en vida. Cada vez sentíamos más cerca la nube negra del sinsentido, y se despertaba en nosotros el deseo intenso de encontrar una razón poderosa que le diera un norte a nuestras mediocres existencias.

La conversación que mantuvimos con Pepe, en un lenguaje salpicado de palabras malolientes propias de la juventud limeña —lenguaje que yo recién estaba aprendiendo y al cual nunca llegué a acostumbrarme— resucitó en mí recuerdos de los cuestionamientos suscitados por [un extravagante profesor de religión del Colegio Humboldt], dándome el presentimiento de que se abría un nuevo camino en el cual podría por lo menos buscar respuestas a mis inquietudes y saber por qué valía la pena vivir, aunque en ese entonces aún no veía las dimensiones que llegaría a tomar ese camino».

No obstante lo dicho, he de reconocer que Ambrozic, a diferencia del común de los sodálites y sobre todo de las autoridades del Sodalicio, no era dado a utilizar palabrotas a diestra y siniestra, y más bien siempre me dio la impresión de que buscaba evitarlas. He aquí la descripción que hice de él en un texto del 3 de abril de 2016:

«José, a quien conocíamos coloquialmente como Pepe, de barba poblada, trato amable y gesto tímido, tenía una personalidad tranquila pero enigmática, como si continuamente estuviera contemplando un secreto que guardaba celosamente en lo más recóndito de su alma. Tenía una sonrisa franca, pero aún en conversaciones íntimas irradiaba una especie de distancia impenetrable, que me inspiraba a la vez respeto y admiración. Pero cuando se ponía al volante de un coche, que manejaba con la destreza de un Fittipaldi, era capaz de ponernos el corazón en la boca. O los huevos de corbata, como decíamos en nuestro coloquial y vulgar lenguaje adolescente.

No era extraño que condujera por avenidas de la urbe limeña a más de 80 kilómetros por hora. Dios sabe por qué nunca tuvo un accidente. Y si se trataba de conducir un coche en carretera, era a tal punto de temer, que el P. Armando Nieto S.J. llegó a decir que tuvo más miedo cuando Pepe lo llevó a un retiro por la Carretera Central que cuando una vez casi se cae la avioneta en que volaba sobre la selva peruana. Y lo más increíble es que Pepe era miope como una tapia y usaba lentes de contacto de gran aumento».

Y a esto habría que añadir lo que ya había escrito en mi texto de 2008:

«Pepe siempre me inspiró un profundo respeto, en especial por sus constantes esfuerzos de vivir siempre la reverencia, sus silencios que evidenciaban o bien su incertidumbre ante los misterios de la fascinante y ambigua realidad que nos acompaña en cuanto humanos, o bien su sufrimiento ante lo que intuía en el corazón de las personas a las que llegaba a conocer, su elevación de miras a la vez que una mirada compasiva ante la debilidad humana. Rara vez lo vi enojarse».

Debo añadir a su favor que, cuando fue superior de la comunidad sodálite de San Aelred, fue uno de los pocos líderes sodálites a los que vi someterse a una disciplina de ejercicios físicos. Los sábados, cuando madrugábamos para dirigirnos a La Parada a comprar verduras, y después al Mercado Mayorista de Santa Anita a comprar fruta en cantidades suficientes para alimentar a la comunidad toda una semana, Ambrozic se levantaba temprano con nosotros y era el que conducía la camioneta pickup. Nunca vi a otro superior hacer el mismo sacrificio. Era de asumir riesgos con un carácter tranquilo y paciente, sin importunar a nadie.

Y, sin embargo, el 21 de octubre de este año Ambrozic se convirtió en uno de los expulsados de alto rango del Sodalicio, en un comunicado donde también se expulsaba al cura Luis Ferroggiaro y al laico consagrado Ricardo Trenemann por partida doble —pues ya se le había expulsado en el comunicado del 25 de septiembre—, aduciendo «abuso del cargo y de la autoridad, particularmente en su forma de abuso en la administración de bienes eclesiásticos, así como de abuso sexual, en algún caso incluso de menores». Esto último se aplicaría a Ferroggiaro, que tendría denuncias por este delito en la arquidiócesis de Arequipa. Respecto a abusos sexuales de jóvenes mayores de edad, se sabe que hay denuncias contra Trenemann. Y Ambrozic, culpable de abusos del cargo y de autoridad, ¿ostenta también culpabilidad por abuso sexual? Supuestamente también, según nota periodística del 22 de octubre en el diario español El País, aunque no se mencione ningún detalle sobre los abusos. Otra fuente confiable me confirmó que esa información era cierta y que Ambrozic también habría cometido algún que otro abuso sexual.

¿Me sorprende? En parte sí, porque siempre le he tenido un cierto aprecio personal a Ambrozic y lo he considerado un hombre de conciencia recta y de gran calidad humana. Pero, por otra parte, no me sorprende en absoluto, pues sé por experiencia propia que la disciplina sodálite y su comprensión tan poco natural de la sexualidad humana puede desordenar las pulsiones sexuales de cualquiera que esté sometido a su férula. Y Ambrozic no sería la excepción.

Recientemente un amigo exsodálite que prefiere guardar el anonimato me comentaba:

«José Ambrozic. Hombre bueno, inteligentísimo y 100% sumiso a Luis Fernando Figari. Hace cerca de 40 años cuando Eguren no era mas que un sacerdote, Pepe era el superior de la comunidad donde ambos vivían. Eguren tenia tendencia a extender sus sermones por tiempos bastante largos y Figari le ordenó a Pepe que cuando se cumplieran diez minutos de la homilía, si el padre no había terminado, él debía ponerse de pie como señal de que Eguren ya tenía que cortarla. Recuerdo un domingo en que estaba estudiando con dos compañeros de universidad, los convencí de ir a misa conmigo. Pues bien, ese domingo el cura se pasó del tiempo y, en medio del silencio y la reverencia, Pepe se puso de pie cual resorte, se quedó parado un par de minutos —él solo, nadie más en toda la asamblea— y luego se sentó. Por un lado, los compañeros de universidad salieron de la misa como quien sale de un museo extraño. Yo, por mi parte —con el chip conectado y activado en el cerebro—, sentía orgullo por el nivel de obediencia de Pepe. Porque Pepe siempre supo obedecer. Era un ejemplo paradigmático. ¿Qué pasó con Pepe? ¿Qué puede haber hecho para que termine expulsado? Pues eso: ser obediente, ser un ejemplo paradigmático de obediencia.

Pepe Ambrozic, siendo tan inteligente como es, tiene que haber tenido el discernimiento totalmente trabado por los años de obediencia a Figari. ¿Iba el a negarse a firmar algún documento de algún negocio del Sodalicio? ¡De ninguna manera! No estaba dentro de sus posibilidades».

Eso nos lleva a la siguiente reflexión. La mayoría de los que han sido expulsados del Sodalicio son personas con cualidades humanas positivas. A excepción de Figari, no son personas malignas per se. Hay muchos que los recuerdan con cariño, porque han visto su lado luminoso. Pero eso no los excusa de haber contribuido con sus acciones y su complicidad a mantener funcionado el lado ominoso y terrorífico de la maquinaria sodálite, que, cual moledora de carne, ha arruinado la vida de por lo menos más de un centenar de víctimas. Al respecto, son muy atinadas las reflexiones con las que mi amigo anónimo culmina su comentario:

«Hay algunas de las personas expulsadas a quienes conocí hace muchísimos años atrás y sé que el tiempo en comunidades los deformó seriamente. Esto último lo se de oídas y por el libro “Mitad monjes, mitad soldados” y no lo pongo en discusión. Pero sí me da un inmenso pesar, porque los conocí bien, los conocí cuando aun eran buenos, los conocí antes de entrar a comunidad e incluso los visite recién entrados a comunidad. En mi opinión toda esta debacle se debe a la consabida obediencia sodálite.

¿Queda gente buena aun dentro del Sodalicio? En mi opinión, ya no. Si aún no te has salido es porque estás totalmente incapacitado para ver la realidad, o porque eres un cómplice de esta secta mafiosa que, como tumor canceroso adherido al cuerpo, vive adherido a la Iglesia. O tienen una ignorancia invencible, o tienen una conciencia voluntariamente ciega. Y a decir verdad, a estas alturas del partido ya no puede quedar nadie que aún tenga ignorancia invencible. Las pruebas son contundentes. El aluvión ha caído mas de una vez. Si no lo ves, es porque no lo quieres ver, excepto quienes son cómplices, muchos de los cuales están siendo expectorados por órdenes del Vaticano.

El Sodalicio es lo mas maquiavélico que he visto en mi vida, con fachada religiosa. Maquiavelo, a quien se le atribuye la frase “el fin justifica los medios”, parece ser el estandarte de los sodálites. Ellos quieren transformar el mundo y ponerlo a los pies del Señor Jesús. Ahora bien, para llegar a eso se van a tener que hacer algunas excepciones y tomarse licencias del carajo, pero es solamente porque al final todo va a ser bueno. Es por eso mismo que al Sodalicio nunca le ha importado verdaderamente el daño hecho a las personas. Para ellos los seres humanos son descartables y reemplazables, así que si no soportas la presión —tensión de santidad lo llamaba Germán Doig— y revientas, no es su problema. Que pase el siguiente a ver hasta dónde aguanta».

Miguel Salazar, el amigo con el que inicié mi recorrido en el Sodalicio, se quedó en la institución, ascendió en su jerarquía y puso todos sus talentos al servicio del monstruo. Mi hermano Erwin, a quien puse en contacto con sodálites para que le hicieran “apostolado”, siguió un camino similar. El primer sodálite hecho y derecho al que conocí, José Ambrozic, no obstante su inteligencia por encima del promedio, nunca tuvo la claridad y valentía para ver qué era en lo que estaba metido y abandonar a tiempo el barco. Los tres han sido expulsados de una institución que, por más bueno que uno sea, termina corrompiéndolo todo. Como un Rey Midas al revés: todo lo que toca lo convierte en mierda.

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[La columna deca(n)dente] El fenómeno que estamos observando en el Perú exhibe características que podrían describirse como un «neofascismo de baja intensidad». Este concepto alude a un proceso político que, sin llegar a los niveles de violencia y represión masiva propios del fascismo clásico, implementa estrategias destinadas a debilitar y subvertir las instituciones democráticas mediante la manipulación del marco legal, la cooptación de actores clave, el clientelismo y el uso estratégico de la violencia.

Un ejemplo reciente de esta dinámica se observa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El uso de matones para reprimir a los estudiantes durante el proceso electoral universitario refleja cómo se emplean tácticas de violencia selectiva para sofocar la oposición, mientras se mantiene una fachada de institucionalidad democrática. El control del proceso electoral por sectores cercanos a la rectora Jerí Ramón, que incluyó la exclusión y censura de listas opositoras, revela un patrón autoritario orientado a consolidar el poder en el ámbito universitario. Este proceso de captura institucional, característico del “neofascismo de baja intensidad”, vacía de contenido la democracia, mientras conserva las apariencias formales de elecciones y procedimientos legales.

Como bien recuerda la socióloga Irma del Águila, citando al filósofo y escritor italiano Antonio Scurati, el populismo fascista, tanto el clásico como el contemporáneo, se fundamenta en la simplificación de la realidad y el desprecio por las instituciones. En el Perú, podemos observar cómo el Congreso y el Ejecutivo actúan en conjunto para erosionar los contrapesos del Poder Judicial, desmantelando el marco legal que permite fiscalizar sus acciones. La reciente modificación del Código Procesal Constitucional, que limita el control judicial sobre los actos parlamentarios, es un ejemplo claro de cómo se busca desactivar las barreras institucionales que aún resisten el avance de esta forma de autoritarismo.

Lo más preocupante es que este proceso se lleva a cabo bajo una cortina de violencia, tanto directa como indirecta, en la que grupos criminales y fuerzas estatales actúan con impunidad y complicidad. La aprobación de leyes que favorecen a organizaciones criminales, junto con el uso recurrente de la policía para intimidar a manifestantes pacíficos, son indicios de un Estado que no duda, una vez más, en emplear la violencia para mantener su control. En ese sentido, no podemos olvidar las 49 ejecuciones extrajudiciales de ciudadanos, resultado del uso de proyectiles de armas de fuego durante las protestas de fines de 2022 e inicios de 2023.

Este «neofascismo de baja intensidad» no implica una dictadura abierta ni la suspensión total de derechos, pero sí un control creciente sobre las instituciones y un debilitamiento sistemático de las libertades civiles consagradas en la Constitución. A pesar de ello, aún se pueden celebrar pequeñas victorias, como la resistencia de algunos jueces o la movilización estudiantil en San Marcos. Como bien señala Rosa María Palacios, estas luchas demuestran que todavía hay espacios para la defensa democrática. Sin embargo, el peligro de que el Perú se hunda aún más en este modelo autoritario no debe subestimarse. En este escenario, los partidos políticos democráticos tienen la responsabilidad de actuar y evitar que las mafias dinamiten el estado de derecho y consoliden su poder. 

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Recientemente he leído algunos textos de Enrique Dussel, y visto algunas de sus conferencias sobre su tema predilecto: la descolonización o el giro decolonial. Dussel es un filósofo brillante y en estas líneas solo pasaremos revista por sus propuestas más difundidas buscando establecer un diálogo y sumar algunos aportes relativos a ciertos temas fundamentales que Dussel parece pasar por alto al estructurar su armazón teórico.

Un primer elemento a considerar es aquella vieja consigna de Antonio Gramsci, relativa al intelectual orgánico, a aquel que no separa su quehacer intelectual de sus utopías políticas. Dussel fue uno de aquellos hombres y mujeres que, en nuestros tiempos de mercado y consumo, comienzan a escasear en nuestro horizonte filosófico e intelectual.

Dussel parte de la premisa de que dos de las siete civilizaciones fundamentales de la antigüedad son americanas: la Mesoamericana y la Inca. Estas últimas fueron sometidas por el Occidente Europeo desde la llegada de Cristóbal Colón en adelante. Desde entonces fuimos europeizados a la fuerza y colonizados inclusive mental y filosóficamente.

Nuestra propia intelectualidad piensa en términos occidentales, se estructura epistemológicamente así y, por consiguiente, el conocimiento que producimos en América Latina es también un producto o subproducto occidental , sencillamente porque no sabemos siquiera pensar en términos autóctonos, y porque, inclusive los académicos que defienden la teoría decolonial, han sido formados en centros especializados cuyos programas de enseñanza son básicamente occidentales.

Dussel pone como ejemplo, la división de la Historia Universal en Antigua, Media, Moderna y Contemporánea. Por un lado, es ya una verdad de Perogrullo, más aún tras la posmodernidad y el estallido de los grandes metarrelatos, que esta subdivisión del tiempo, le corresponde solo a Europa, o refleja una mirada eurocéntrica del desarrollo de la historia humana. En tal sentido, es positivamente cierto que si vamos a pretender establecer una periodización histórica desde y para América Latina requerimos otro esquema, pues el referido, sencillamente, no es el nuestro, aunque interactuamos con él desde el periodo denominado La Modernidad (1453 – 1789) y aún más desde el periodo denominado contemporáneo (1789 hasta la actualidad), incluidas las revoluciones industrial y científica.

Dussel va más allá y extiende su observación a la ciencia y la tecnología respecto de las cuales considera que los latinoamericanos estamos absolutamente colonizados por no rescatar los saberes ancestrales que aún cultivan nuestros pueblos originarios. También en este aspecto, resultaríamos meros copistas de occidente sin la menor capacidad de desarrollar un conocimiento científico y tecnológico original. En tal sentido, descolonizarse implicaría ver las cosas desde la propia América Latina sacudiéndose del colonialismo mental impuesto por occidente y del cual, hasta el día de hoy, somos tributarios.

Las tesis de Dussel me parecen aceptables hasta cierto punto. Estoy de acuerdo en que no tiene sentido enseñar en nuestras escuelas, donde aún se enseña historia pues no sucede en todos los casos, que los cuatro periodos de la Historia Universal se denominan Antigua, Media, Moderna y Contemporánea. Una revisión de la narrativa histórica parece urgente pues, a pesar de la fragmentación de los discursos y su cada vez más marcada relativización, seguimos reproduciendo un esquema de la historia que, básicamente, nos descentra, no nos corresponde como región.

Donde las tesis de Dussel me parecen más discutibles es en el parteaguas que establece desde la llegada de Cristóbal Colón, cuyo derribo de estatuas promociona sin ambages, en adelante. En efecto Colón trajo la conquista, la colonización, el despojo, así como la entronización de una cultura dominante que se mantiene estructuralmente hasta hoy y que no ha dejado de hacer sentir sus consecuencias en desmedro de nuestros pueblos originarios.

Lo que me pregunto es si la llegada de los europeos a América -suscribo su idea de no llamar descubrimiento a este encuentro- representa solamente lo señalado en el párrafo anterior o se reduce simplemente a eso. A ese nivel, en las tesis de Dussel parece mostrarse un gigantesco agujero de medio milenio, pareciese que los europeos acabasen de llegar y estuviésemos en situación de optar, sin más, por la opción de adherirnos a lo que fuimos en este territorio hace quinientos años rechazando de un plumazo lo que somos: no se puede.

Tampoco podemos negar que nuestra propia cultura ya tiene poco, mucho o regular de Europea, desde la lengua que hablamos. Es posible criticar el mestizaje desde las teorías contemporáneas que tienden a tribalizarnos y a anteponer la diferencia y la separación, pero lo cierto es que hubo mestizaje. Luego, no podemos, como pretendieron nuestras elites a inicios del siglo XX, solazar con este fenómeno una serie de condiciones de desigualdad y discriminación que son palpables, ni pretender arreglar el asunto como intentó institucionalizar Chile con la narrativa del roto bravo y aguerrido, estandarizando así a toda el pueblo chileno que contiene, más bien, una gran riqueza étnica y cultural basaba en sus pueblos y lenguas originarias.

Luego, ¿se trata de escoger nuestra tecnología y ciencia ancestrales y anteponerlas a las occidentales que marcan el ritmo del planeta hace 200 años? O se trata, eventualmente, se integrar saberes ancestrales a herramientas tecnológicas de última generación para de esta manera enriquecernos y promover el desarrollo.

Me preocupan, finalmente, algunas subteorías que subyacen a las tesis decoloniales. Discursos del odio tribal como los que categorizan a toda la etnia caucásica-blanca americana como heredera de una situación de privilegio generalizada entre otras muchas particularidades no parece muy diferente a la manera como los personajes más deplorables del fascismo separaron, con finalidades muy perversas, a las razas en la tercera y cuarta décadas del siglo XX europeo. ¿Dónde queda el individualismo? ¿dónde queda la promoción de la solidaridad? ¿dónde queda la consigna de crear una ciudadanía plena y consciente de sus derechos y deberes si les anteponemos discursos tribalistas?

Para concluir, me parece que las teorías de Dussel parten de un principio de justicia, pero al mismo tiempo me parecen muy simplificadoras y, por ello, omiten una realidad muchísimo más compleja como para reducirla a dicotomías tan simples. Las estructuras de dominación occidentales existen en América, y existen de muchas maneras, pero también existe una realidad latinoamericana construida en cinco siglos. ¿Cómo enfocar estas dos proposiciones que podrían o no resultar en contradicciones insalvables es una pregunta que podría llevarnos al principio de una revisión, también estructural, de teorías que en el camino de la reivindicación han ido dejando caer aspectos fundamentales de una realidad inquietante y compleja.

[Música Maestro] Como lo he expresado en este espacio más de una vez, la música en español -o música latina, como ustedes prefieran- está seriamente degradada. Para algunos podrá sonar a cucufatería, pero en realidad se trata de una apreciación nacida de la indignación que surge al ver cómo el mal gusto se ha impuesto como norma de vida y expresión artística. Si los Hablando Huevadas constituyen el triunfo de la vulgaridad -llenaron el Madison Square Garden, qué maravilla- como forma de hacer comedia; el reggaetón romántico y la bachata calentona son la derrota del idioma y la elegancia como código para expresar emociones y hasta propuestas de índoles más concretas, sensoriales. 

Por eso, inicio hoy una entrega de dos partes de algunos de mis discos de baladas en español favoritas que, como corresponde a una época dorada en cuanto a creatividad y talento, no solo contienen esas canciones que repite hasta el cansancio La Hora del Lonchecito, sino que tienen muchas otras cosas, cruces de géneros y arreglos que colocaban a la música romántica en un nivel de alto calibre. Quienes fueron jóvenes para cuando estos discos salieron al mercado, tienen mucho qué agradecer a toda aquella generación de autores, intérpretes e instrumentistas que tanto hicieron por el entretenimiento sonoro en nuestro idioma.

NINO BRAVO – MI TIERRA (Fonogram Records, 1972)

Cuando el extraordinario cantante valenciano Nino Bravo, cuyo verdadero nombre fue Luis Manuel Ferri Llopis, grabó su cuarto disco de larga duración, titulado Mi tierra, en 1972, nadie podía presagiar que, pocos meses después, ocurriría el terrible accidente automovilístico que acabaría con su vida, apenas a los 29 años de edad, truncando una exitosa carrera y, a la vez, creando uno de los mitos más venerados de la balada pop en español. 

La potencia de su voz y su calidad interpretativa superaba largamente a la de sus pares, ya que a diferencia de Raphael o Camilo Sesto -los otros dos españoles que se disputaban, con él, las preferencias del público- Nino cantaba con sobriedad, ajeno a los disfuerzos y amaneramientos de los mencionados, y poseía una imagen sencilla y cercana al ciudadano común y corriente, característica que lo alejaba también de divos como Julio Iglesias, incapaz de competir con Bravo en términos vocales. 

Este disco posee unas instrumentaciones monumentales, con arreglos mayormente escritos por Juan Carlos Calderón (1936-2012) quien, en la década de los ochenta, gozó de enorme prestigio como compositor, productor y arreglista. A Calderón pertenecen Vete y Por qué, dos de los temas de este álbum que contribuyeron a cimentar la fama de Nino Bravo como vocalista de excelencia. El tema-título, dedicado a su pueblo natal en Valencia, pertenece a la pluma de Augusto Algueró (1934-2011), y estuvo a punto de triunfar en el Festival de la Canción de Río de Janeiro de ese año. 

Sin embargo, fue el dúo de compositores José Luis Armenteros y Pablo Herreros el que escribió la canción más famosa de este LP y, por supuesto, una de las grabaciones inolvidables de Nino Bravo, tanto por la belleza de su melodía e instrumentación -en la que destaca el uso de la mandolina, nostálgica y mediterránea- como por la profundidad de su letra. Libre, basada en la triste tragedia del joven alemán Peter Fechter (1944-1962), la primera persona que murió, a los 18 años, por intentar fugarse de la Alemania Oriental atravesando el Muro de Berlín, se convirtió en himno absoluto de la búsqueda de libertad e incluso recibió cuestionamientos del gobierno franquista. Aunque ni los compositores ni el intérprete tuvieron intenciones de referirse a la política interna de su país con este tema, la controversia solo contribuyó a que se hiciera más popular y querida por la gente. 

Las otras canciones de Mi tierra son parejas, y nos muestran a un cantante maduro, con enormes proyecciones hacia el futuro: Gracias a ti, El amor, Volver a empezar, son profundas baladas que fácilmente podrían haber sido otros grandes éxitos de Nino Bravo; mientras que en Hoy te quiero ofrecer los arreglos van por el camino del jazz, al estilo crooner, que Bravo interpretaba con facilidad y soltura, como también podemos notar en la versión en español del clásico de Jerome Kern y Oscar Hammerstein II, All the things you are, que aparece aquí con el título Eres todo cuanto quiero. Este tema es un standard del jazz, perteneciente a un musical de Broadway de 1939, y ha sido grabado por todo el mundo desde Frank Sinatra y Mario Lanza hasta Miles Davis o Pat Metheny. 

En Carolina, Bravo hace gala de su capacidad para alcanzar notas altas sin perder la calidad vocal mientras que en Te acuerdas, María pasa de los tonos graves a agudos al mejor estilo de otro de sus inolvidables temas, Noelia, incluido en su álbum anterior, Un beso y una flor (1973). Actualmente, Nino Bravo tendría 71 años.

MOCEDADES – MOCEDADES 5 (Zafiro Records/BMG Records, 1974)

El mercado musical hispanoamericano siempre estuvo más orientado a los singles que a los álbumes, motivo por el cual muchas notables discografías de artistas famosos han pasado al completo olvido. Tal es el caso del grupo vocal y familiar Mocedades, poseedor de una historia musical muy interesante, como queda demostrado al escuchar este quinto disco, titulado simplemente Mocedades 5, de 1974. 

Luego del éxito comercial de su canción Eres tú, también compuesta por Juan Carlos Calderón, lanzada el año anterior y que llegó al segundo lugar en el prestigioso festival Eurovisión, y de cuatro discos grabados mayormente en inglés, el grupo decidió, de la mano de Calderón quien era su productor y  compositor de cabecera, alejarse de los covers de standards de jazz y gospel y probar sus afiatadas voces en el campo de la balada romántica, en el que impusieron su estilo elegante y grandioso, influenciado tanto por los conjuntos negros de soul y doo-wop de los años cincuenta como por las floridas presentaciones y vestuarios hippies de The Mamas & The Papas de los sesenta. 

Los hermanos Amaya, Izaskun y Roberto Uranga Amézaga, junto a Javier Garay, José Manuel Ipiña y Carlos Zubiaga, formación de Mocedades conocida como «los seis históricos», presentan en este disco inolvidables canciones como El vendedor, Quisiera algún día o Tómame o déjame, todas escritas por Calderón, quien era considerado en esa época como “el séptimo Mocedades”, se convirtieron en favoritas inmediatamente, asegurando la permanencia del conjunto en todas las radios y programas de televisión, tanto de su país como de Latinoamérica. 

Este es el segundo disco de Mocedades en que la voz de Amaya (77), comienza a despuntar como solista en la mayor parte de temas, una estrategia tomada por el grupo para encajar más en el gusto del nuevo público al que comenzaron a dirigirse. Pero en realidad ella y su hermana Izaskun (74), así como los cuatro varones, poseen registros vocales excelentes, capaces de liderar de manera indistinta según las necesidades del tema que se esté interpretando. 

Para mantener conexión con la esencia de sus inicios, en este álbum encontramos dos temas en inglés: Red river valley, tema tradicional del country que tiene su origen a mediados del Siglo XIX; y Nobody knows the troubles I’ve seen, clásico del góspel que ha sido grabado también por estrellas de la música norteamericana como Gene Autry (1907-1998) o Sam Cooke (1931-1964), el reverenciado icono del soul que fuera asesinado de un balazo en un motel de Los Angeles, cuando solo tenía 33 años, en un extraño y violento incidente. 

Asimismo, Eu só quero um xodó, es un acompasado tema en portugués, originalmente compuesto por un dúo paulista integrado por Dominguinhos (voz, acordeón) y Anastacia (voz), artistas brasileños de los años setenta. Mocedades siempre tuvo un acercamiento a la música desde un punto de vista global, abarcando géneros de países y épocas diferentes, como se escucha en Mulowa, una canción de cuna africana, que el sexteto entona en su lengua original; mientras que en Soledades nos remiten al Siglo de Oro Español, musicalizando este clásico poema de 1632, escrito por el vate Lope de Vega (1562-1635). Como vemos, en Mocedades 5 uno descubre tesoros escondidos detrás de la alta rotación de sus canciones más conocidas, esa clase de tesoros que convertían el simple acto de escuchar baladas en un ejercicio de enriquecedores aprendizajes múltiples.

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ – POR SI VOLVIERAS (TH Records, 1979)

Las nuevas generaciones, que tan poco saben de música debido a la pobreza de opciones que les ofrecen la radio y televisión locales, entraron en contacto con «El Puma» a través de su participación, como jurado, hace ya algunos años, en varias temporadas de la versión nacional de la franquicia televisiva La Voz. Y lo que vieron fue un señor mayor, setentón -actualmente tiene 81- pero bien conservado a pesar de haber atravesado una compleja operación de doble trasplante pulmonar, carismático y medio dicharachero, pues se la pasaba enamorando a todas las señoras del set con chistecitos de doble sentido.  

Sin embargo, es necesario decirlo con todas sus letras: el cantante y actor venezolano José Luis Rodríguez lanzó algunos de los discos de baladas románticas en español mejor producidos e interpretados de las décadas de los setenta y ochenta. Por si volvieras (1979) es su segunda producción discográfica orientada al mercado internacional de Hispanoamérica, pero el décimo de su carrera como solista, que había iniciado a finales de los sesenta con sellos venezolanos como Velvet y Top Hits. 

Cuando los ejecutivos de la filial española de la importante casa discográfica RCA escucharon la calidad vocal de Rodríguez, lo ficharon de inmediato y pusieron a su servicio toda una maquinaria de primera, que incluía arreglistas y orquestaciones de lujo, músicos de sesión talentosos y una potente campaña publicitaria que lo posicionó como la opción sudamericana frente a los pesos pesados de la interpretación romántica en nuestro idioma, que venían básicamente de México y España. Y así fue que sus dos primeros álbumes fueron producidos y escritos por el español Manuel Álvarez-Beigbeder Pérez, más conocido como Manuel Alejandro (92), uno de los compositores más importantes de este género durante años, quien también lanzó al estrellato a personajes como José José, Nino Bravo, Emmanuel, Raphael y un largo etcétera. 

En este disco hay canciones que son fascinantes desde el punto de vista musical, de una calidad lírica y melódica que las ha hecho atravesar las pruebas del tiempo y los cambios de gustos del público, instalándose en el repertorio de clásicos de la música popular en español, como por ejemplo Este amor es un sueño de locos, verdadero título de este tema que, a menudo, es presentado como “No, no puede ser”, por la frase que se repite en el coro. Otro ejemplo es Tendría que llorar por ti, en la que el cantante luce su limpio y poderoso ataque vocal de barítono y que hoy ha sido convertida, tristemente, en uno de esos mal cantados temas cumbiamberos para el consumo masivo. 

Particularmente buenas son Amante eterna, amante mía, un tema lleno de interesantes cambios de ritmo y teclados de complejas estructuras, con una letra muy interesante que narra las dificultades del artista para estar junto a su familia en fechas importantes, debido a su recargada agenda de contratos y cosas por el estilo. Y Dulcemente amargo, escrita en tiempo de vals pero tocada de tal forma que se asemeja a los ritmos tradicionales de su país. 

Por su parte, Y surgió el amor es una canción que hace referencias a la espiritualidad y a Dios, una constante en las interpretaciones de Rodríguez, desde que era vocalista en bandas muy conocidas en Venezuela como Los Zeppys o The Billo’s Caracas Boys, a las que perteneció en la primera mitad de los sesenta. Los puntos más bajos de este disco son los temas Una golondrina no hace verano y Te imaginas… María, planteada como esas canciones «sensuales» al estilo de algunos éxitos de Camilo Sesto o Manolo Otero. 

Por si volvieras, con su sonido ligeramente parecido al del catalán Joan Manuel Serrat, es un tema que alcanzó mediana difusión en su época, aunque posteriormente dejó de tener presencia en nuestras radios para dar paso a sus siguientes éxitos, que lo mantuvieron en la cresta de la ola hasta entrados los noventa para luego ir dejando de lado el universo baladístico, por las cambiantes tendencias del mercado, para dedicarse a grabar temas más bailables y, posteriormente, ya dentro de los años dos mil, boleros. En todas estas producciones, José Luis Rodríguez mantuvo esa solvencia interpretativa que lo convirtió una de las mejores voces de este lado del mundo.

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[La Tana Zurda]  Carne cruda de María del Carmen Yrigoyen Arbulú (Lima, 1987) es un poemario publicado en abril de este año en Lima por la editorial Alastor como parte de su colección “Esplendor en la hierba” dedicada a novísimas poetas peruanas en la que ya han sido incluidas, entre otras, Victoria Mallorga, Gloria Alvitres Aliaga, Gabriela Atencio, Noraya Ccoyure o Guadalupe García Blesa. Esta colección no solo celebra la frescura y la originalidad de voces jóvenes, sino que también contribuye a la visibilización de perspectivas diversas en la literatura actual, ofreciendo un espacio vital para que estas autoras exploren y cuestionen la realidad desde su propia experiencia de escritura. A través de su lenguaje audaz y su mirada incisiva, Yrigoyen Arbulú se suma a esta rica tradición, aportando relevancia y frescura a la escena poética actual.

Carne cruda impacta por su visceralidad y su tratamiento del cuerpo como un campo de batalla donde lo físico y lo emocional se entrelazan de manera brutal y, a la vez, sublime. En esta obra, la autora explora los límites del lenguaje poético para expresar los abismos insondables de la existencia humana, recurriendo a imágenes potentes y sensoriales que evocan tanto dolor como belleza. Desde los primeros versos, se siente una intensidad que atraviesa cada palabra, como si la poeta quisiera arrastrar al lector hacia una experiencia de lo crudo, de lo no filtrado, donde la carne —metáfora del ser— es desgarrada por el lenguaje. Y es que precisamente el cuerpo es un tema recurrente en la obra, no como objeto pasivo, sino como un sujeto que sufre, goza y se enfrenta a su propia vulnerabilidad. Dividido en tres secciones (“Aéreos”, “Subterráneos” y “Submarino”), Carne cruda incluye poemas como “Órgano alado” o “Esqueleto” que convierten al cuerpo en un vehículo que transita entre lo material y lo metafísico, en una constante oscilación entre la realidad concreta y la metáfora poética. Incluyamos ambos poemas para que el lector aprecie de manera directa lo que estoy señalando:

ÓRGANO ALADO

No palpita

el corazón de papel 

pero aletea zumba

y se bate a duelo con las pestañas

ESQUELETO

Emerjo

vértebra por vértebra

¡crezco tanto!

Parece que tuviera

más huesos en la espalda

Mi cabeza juega a hacer ochos 

hasta soltarse

y rueda

rueda

rueda

junto a otras calaveras

a las que un extraño levanta 

les llora

y a todas les dice POBRE YORICK

Como puede apreciarse, María del Carmen Yrigoyen utiliza el cuerpo para explorar temas como la identidad, el tiempo y el desgaste, pero siempre desde una óptica realista y directa, sin adornos innecesarios. En “Órgano alado”, el cuerpo se presenta como un espacio de resistencia y vitalidad, donde el “corazón de papel” simboliza fragilidad y artificialidad, mientras que el aleteo y el zumbido sugieren un deseo de escapar o liberarse de las limitaciones físicas. Asimismo, el lector es llevado por las sensaciones a escuchar ritmos internos y externos.  Este dinamismo lúdico contrasta con el enfoque más sombrío de “Esqueleto”, donde el proceso de emerger “vértebra por vértebra” evoca la lucha y el crecimiento a través de la experiencia del sufrimiento. La imagen de la cabeza que “juega a hacer ochos” refuerza la idea de la búsqueda de identidad en medio del caos y la inevitabilidad de la muerte, simbolizada por las calaveras que ruedan en una danza macabra.

Ambos poemas, aunque distintos en tono y enfoque, comparten una preocupación por la transformación del cuerpo y su relación con el tiempo y la memoria. Yrigoyen desafía lo convencional, rompiendo con las expectativas del lector y lanzándolo a un viaje de imágenes provocadoras y, a veces, desconcertantes. La crudeza de sus palabras invita a una reflexión sobre lo efímero de la vida y la lucha por encontrar significado en un mundo que a menudo parece desvanecerse. La voz poética se convierte así en un medio para confrontar y reconciliarse con las experiencias de pérdida, crecimiento y renacimiento. El siguiente poema ilustra perfectamente lo que vengo diciendo:

LICÁNTROPO

Tu nariz empapada

me estremece los muslos

Puedo clavarte estacas 

sumergirme en vino

pero la zanja es más bella

 Aguardo la mordida

“Licántropo” evoca una mezcla de sensualidad y violencia, creando una atmósfera intensa y cargada de simbolismo. La imagen de la “nariz empapada” sugiere un instinto primal y animal, lo que conecta con la figura del licántropo, que simboliza la dualidad entre lo humano y lo salvaje. La primera línea establece un tono de intimidad y deseo, mientras que el estremecimiento en los “muslos” implica una vulnerabilidad ante una fuerza poderosa. La mención de “clavarte estacas” introduce una referencia a la figura del vampiro, pero en este contexto parece aludir a un intento de contener o enfrentar esa fuerza primitiva. La línea “sumergirme en vino” sugiere una búsqueda de escapismo o entrega, reforzando la idea de rendirse a la seducción de lo salvaje. De ahí la mención a la “zanja” que se menciona como “más bella” lo que se relaciona con el atrevido verso final —“aguardo la mordida”—, una declaración que encapsula tanto el deseo como la aceptación del riesgo. La mordida, un acto de consumo y de entrega, puede simbolizar la unión de lo humano con lo bestial, la atracción y la inevitable pérdida de control. En conjunto, el poema ofrece una reflexión sobre la atracción por lo oscuro y lo desconocido, donde el deseo y el peligro coexisten de manera intrincada en una escena de corte erótico-sexual.

Este tipo de temas se entrelazan con brillantez en el estilo preciso y, a la vez, abierto a la ambigüedad de María del Carmen Yrigoyen, lo que permite múltiples lecturas de sus poemas. La autora recurre a metáforas que juegan con la fragilidad del cuerpo y lo violento del mundo, invitando al lector a una reflexión lúcida (desde una madura conciencia del lenguaje literario) sobre la vida, el deseo, el sufrimiento y la muerte. Carne Cruda no es un libro fácil ni complaciente, pero precisamente en su sutileza y complejidad radica su belleza. A seguir con atención la trayectoria literaria de esta interesante escritora.

 

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