Opinión

[OPINIÓN] Cada cinco años el Perú vive un fenómeno curioso: antes de las elecciones, el sentido común se toma vacaciones y la gente corre a refugiarse en las encuestas. No importa que la historia haya demostrado, una y otra vez, que en el Perú las encuestadoras descubren la verdad recién cuando faltan quince días para la elección. Antes de eso, son más bien un ejercicio de imaginación… o de financiamiento.

Ocurrió en 2016. Ocurrió en 2021. Y probablemente volverá a ocurrir ahora.

Pero igual la gente necesita creer. Es una cuestión casi espiritual.

Hoy, el candidato que más ruido produce es Rafael López Aliaga. Nadie puede negar que su despliegue comunicacional es el mayor de todos: redes sociales, entrevistas amistosas, encuestas generosas y un entusiasmo económico que, según él mismo, sale de su propio bolsillo.

El problema no es el ruido. El problema es su temperamento.

En su vocabulario político, “corrupto”, “imbécil” o “ladrón” aparecen con una naturalidad admirable. Los militares —según él— hacen “estupideces en los cuarteles”, las culebras shushupe son las indicadas para combatir la inseguridad, y cualquiera que discrepe entra rápidamente en la categoría de idiota. El candidato se presenta como un casto salvador, benefactor y millonario providencial. Sin embargo, la gestión municipal que debería ser su principal vitrina luce más bien como un inventario de promesas incumplidas: trenes abandonados en un parque, obras a medio hacer y una municipalidad con demandas internacionales serias y financieramente comprometida por años. Todo esto pronto le pasará la factura.

Pero claro, eso, por ahora, también tiene remedio: un periodista amigo o una encuesta adecuada.

En la otra orilla aparece Keiko Fujimori. Su partido mantiene un electorado estable y, para bien o para mal, es la organización política más persistente de los últimos quince años. Sus adversarios han intentado liquidarla judicial y mediáticamente durante una década, sin éxito. Hoy la candidata reaparece libre, políticamente rehabilitada y, como suele ocurrir en el Perú, otra vez en la conversación final.

Las encuestas, sin embargo, prefieren tratar ese dato con tibia prudencia. No vaya a ser que la realidad incomode demasiado al relato.

Luego está el resto del zoológico electoral.

Carlos Álvarez ocupa el espacio del entretenimiento político: votos que nacen de la risa y mueren en la reflexión. César Acuña conserva su sólida chacra norteña, fertilizada durante años con beneficios, favores y una universidad que educa… más o menos. López Chau parece condenado a vivir eternamente de su cuota de izquierda —entre el cinco y el siete por ciento—, porcentaje que difícilmente le alcanzará para pasar a mayores. Y el general Grozo —novedad reciente de las redes— disfrutó un breve destello juvenil que se apagó con la misma velocidad con que suelen apagarse las mentiras, sobre todo cuando vienen acompañadas de disculpas.

Todo lo demás, francamente, es voto perdido. Ni los demás generales ni el joven fantasma del Apra con aspiraciones épicas parecen destinados a alterar el tablero.

Pero aún falta en la ecuación el gran protagonista silencioso de esta elección: la cédula de votación.

Un documento tan complejo que rivaliza con un crucigrama dominical de alto nivel. Muchos ciudadanos necesitarán una hora para descifrarla. Otros simplemente renunciarán en el intento. Votos nulos, cédulas rotas, errores involuntarios: un cuarenta por ciento de incertidumbre que ninguna encuesta logra medir, y menos aún incluir en su vaticinio semanal.

Así que volvamos al viejo y desprestigiado sentido común.

Ese mismo que sugiere que López Aliaga difícilmente será presidente, que Keiko Fujimori tiene altas probabilidades de pasar a segunda vuelta y que, llegado ese escenario, buena parte de los votos dispersos terminarán alineándose con la opción que al menos conversa con todos, incluso con sus adversarios más furibundos.

Pero no arruinemos la fiesta.

Sigamos creyendo en las encuestas. Gracias a ellas, muchos votarán convencidos de que el ganador ya está decidido. Y ese pequeño espejismo puede ser, paradójicamente, lo que termine llevando a alguien a la segunda vuelta.

Donde, como suele ocurrir en la política peruana, la realidad llega tarde… pero llega.

Salvo, claro, que me equivoque.

Aunque el sentido común —ese viejo mañoso— me dice que no.

Y ya saben, parafraseando al amigo Armas:

“Ojo de loca no se equivoca”

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Pocos libros me inspiraron tanto como Más Allá del Estado Nacional, de Jürgen Habermas, publicado en 1998. La democracia, los derechos del hombre, los fundamentales, por fin habían triunfado en el planeta. Por fin los nacionalismos y las ideologías totalitarias no reclamarían más su cuota de sangre al ciudadano, por la patria, por el centímetro de territorio que se defiende con la vida, por la lucha contra el adversario  nacional o ideológico.

Más allá del Estado Nación fue una interpretación del nuevo paradigma emergente, menos superficial, más filosófica y, básicamente, más humanista que la de Francis Fukuyama en su El fin de la Historia (1992), estridente y fantasiosa apología neoliberal.

Inevitablemente, el elemento utópico estaba presente en la obra de Habermas, como lo está en toda obra que analiza, no solo el presente sino un periodo de transición. Lo cierto es que el mundo de la igualdad, y de los derechos fundamentales, anunciado en 1948 por la Declaración Universal de los Derechos Humanos nunca llegó.

La década milenio fue de absoluta incertidumbre, la de los diez marcó otro tránsito, de polos ideológicos signados por una mirada estructural, comunismo vs. capitalismo, por otra con énfasis en la impronta cultural, magas vs wokes, y en este escenario nos encontramos hasta hoy.

La segunda gestión presidencial de Donald Trump complica aún más las cosas.  Si el orden jurídico internacional instaurado en 1945, léase la ONU y adláteres, pocas veces se impuso a las apetencias de las grandes potencias, el mandatario americano ha decretado, en los hechos, el fin de dicho orden, y el inicio de otro caracterizado por la Real Politik, por el poder del más fuerte, de otro análogo a los que antecedieron, en el siglo XX, a las dos grandes guerras mundiales.

Pero por todo lo dicho, la utopía incumplida de Habermas parece comenzar a abrirse paso en nuestro indecible presente que tanto nos acongoja con incertidumbres de guerra, con violencia, con la prevalencia sin atenuantes del más fuerte. La república, la democracia, ya no constituyen más el régimen dominante a nivel global, el orden político que regula, en su interior, la lucha por el poder, pero retorna convertido  en Tercera Vía. Y comienza a hacerlo desde izquierdas democráticas que vuelven a percibir el compromiso social, ante las grandes carencias materiales ciudadanas, como la primera de las agendas en una lucha por reinstaurar la vigencia de los derechos fundamentales.

Veamos un momento al Perú, finalmente. Menos de un mes nos separa de las justas electorales del 12 de abril. Existen, enhorabuena y en medio del infernal zumbido de la corrupción, apuestas por la recuperación del Estado, arrebatándoselo a las coaliciones de mafias que se han apoderado de él, lo que limita sensiblemente su capacidad de servicio al ciudadano.

Pero el Perú es también identitario: lo demostró el inesperado triunfo de Pedro Castillo en 2021, de pésima gestión y debemos señalarlo, muy aparte de muchas otras consideraciones. Pero Pedro Castillo fue presidente porque representó el grito secular de los desposeídos, un grito que entona notas étnicas y socioculturales, porque, mal que a algunos les pese que esto se diga, en el Perú aún existen millones de ciudadanos que estarían en una situación igual o muy parecida si diésemos un salto en el tiempo y nos situásemos a fines del siglo XIX, y aún si diésemos otro salto y nos situásemos en la era colonial.

Miremos pues al Perú serrano rural y al Perú amazónico, y exijamos del Estado peruano, en primer lugar, el perdón por su secular abandono, y que implica inclusión y reconocimiento, así como sus servicios, en el más alto nivel, en el que se merecen todos los ciudadanos nacidos en el país.

Jürgen Habermas sobrevivió la Alemania Nazi, vio alzarse y derrumbarse el muro de Berlín, fue espectador privilegiado del principio y el fin de la Guerra Fría. Lo que no vivió Habermas fue al Perú y sus complejidades. En el Perú, la democracia no se entiende sin reconocimiento, inclusión y justicia social. Téngalo presente quienes sueñan con la Promesa Peruana de Basadre y la Utopía Republicana de Carmen Mc Evoy.

En la imagen, IA de Jürgen Habermas en los andes peruanos junto a mujer andina.

[Música Maestro] El soundtrack de mi adolescencia

La semana pasada se cumplieron exactamente cuarenta años del lanzamiento de esta obra maestra de la música agresiva, casi una hora de catarsis en la que cuatro muchachos que no llegaban todavía a los 25 años consolidaron una propuesta corrosiva e inteligente a la vez, que marcaría un antes y un después en el rock duro, construyendo sus épicas y elaboradas canciones con tanto entusiasmo y calidad que se convirtieron en el buque insignia de uno de los géneros de metal extremo más admirados, el thrash.

Deben haber sido miles las veces que he escuchado el Master of puppets, desde ese verano limeño de 1987-1988, en que llegó a mis manos por primera vez, en la forma de un cassette pirata comprado en el mercado negro del centro y me sigue erizando la piel hasta ahora. El LP había aparecido en el Estados Unidos un año antes, el 3 de marzo de 1986 y era toda una sensación en el circuito subterráneo de música popular en inglés.

En plena era del rock de los ochenta y sus cientos de opciones populares -desde Bon Jovi hasta Madonna- y cuando en el Perú se cocinaba el rock subterráneo en nuestra tugurizada capital, a escondidas, casi de forma clandestina, uno tenía que agenciarse de otras maneras el acceso a este disco, el tercero de Metallica, cuyas canciones jamás iba a sonar en radios convencionales o en las fiestecitas de nuestro barrio, allá en la quinta etapa de Pando en San Miguel, donde lo que bailábamos era Soda Stereo, The Cure y Hombres G.

Una banda que revolucionó el metal

Metallica inventó el thrash, dicen algunos. Y aunque siempre es difícil dar crédito absoluto a esta clase de aseveraciones, en este caso no está muy lejos de la realidad. Como lo han contado en más de una oportunidad los dos miembros fundadores, James Hetfield y Lars Ulrich, en la inmensa cantidad de documentales que se han producido sobre ellos, desde que se conocieron en California siendo unos adolescentes, se la pasaban horas de horas escuchando discos de bandas como Budgie, Black Sabbath, Diamond Head, Thin Lizzy, Venom y Motörhead, sazonadas con oceánicas cantidades de alcohol, exageradas para sus cortas edades.

En ese entonces, en que se juntaban a tocar con sus amigos -entre ellos Dave Mustaine y Ron McGovney, guitarra y bajo originales del grupo- inspirados en los vinilos de la New Wave Of British Heavy Metal que el incendiario baterista nacido en la fría Dinamarca coleccionaba compulsivamente, solo se trataba de emular a sus ídolos. Pero algo pasó y sus sensibilidades de chicos callejeros, inconformes con los convencionalismos de su tiempo, generaron sonidos nuevos que recogieron todo ese aprendizaje y lo transformaron en un vehículo para expresar y desahogar sus propios sentimientos de alienación frente a las presiones sociales de la época, que podían llegar a ser emocionalmente nocivas y hasta fatales.

Eso, sumado a los ensayos obsesivos en los que se enfrascaban con el único objetivo de convertirse en el grupo más rápido y agresivo del mundo, hizo de la carrera de Metallica una verdadera revolución en la escena metalera, que inició su camino hacia la conquista del mundo en 1983 con Kill’em all, un potente álbum debut que fue entendido solo por unos cuantos visionarios. Un año después, Ride the lightning (1984), demostró una vertiginosa evolución en la forma de componer de James Hetfield (voz, guitarra) y Lars Ulrich (batería).

Mientras, la llegada de Kirk Hammett en reemplazo del hiper talentoso pero díscolo Dave Mustaine dio un ritmo diferente a los solos que se complementó a la perfección con el bajo virtuoso de Cliff Burton, quien había sustituido a McGovney. Para cuando viajaron a los estudios Sweet Silence, en Dinamarca, para grabar su nueva selección de temas bajo la batuta del productor Flemming Rasmussen, en septiembre de 1985, Metallica ya era una máquina imposible de detener.

Lado A: Adrenalina pura

Desde los primeros acordes de guitarras acústicas, uno puede sentir la oscuridad, el misterio, el ambiente cargado de tensión. Pero nadie que escuche el álbum por primera vez podría adivinar lo que viene después de esos cuarenta segundos de espectral calma. Las guitarras de Hammett y Hetfield parecen hachazos que cortan la respiración, con el furioso riff de Battery y la descomunal descarga de velocidad de la sección rítmica de Burton-Ulrich.

Este llamado a las armas -Metallica cultivó desde su primer disco la idea de que sus seguidores conformamos un ejército, con temas como Whiplash o Metal militia- termina y, casi sin respirar, nos lanza de cabeza al universo distópico del tema-título, Master of puppets. Ocho minutos y medio de una espiral esquizofrénica con un intermedio melódico de guitarras gemelas que tiene el efecto de un poderoso calmante. Es un breve descanso de minuto y medio antes de que la pesadilla vuelva, como esos tramos rectos y lentos de las montañas rusas que separan a una caída libre de la otra. Las pesadillescas risas del final es estremecedor y placentero a la vez.

Antes del que quizás sea el mejor tema del álbum -por temática y creatividad instrumental-, Welcome home (Sanitarium), nos encontramos con una canción atípica en esta etapa auroral de Metallica, The thing that should not be, fuertemente influenciada por Black Sabbath. Rotunda y oscura, parece una pisada destructora de la criatura de horror inventada por el norteamericano H. P. Lovecraft (1890-1937) que ya les había servido de inspiración en el disco anterior con un alucinante instrumental, The call of Ktulu.

Lado B: Velocidad y brillo

Los frenéticos quiebres de Disposable heroes muestran a un dúo de guitarristas -Hetfield y Hammett- capaces de llevar todo lo que aprendieron durante sus años formativos a un nuevo nivel de intensidad, con armonías en guitarras dobles a toda velocidad, como si Brian Robertson y Scott Gorham (Thin Lizzy) hubiesen recibido una descarga eléctrica en las manos. Robert Trujillo, bajista de Metallica desde el año 2003, dice que esta es su canción favorita, desde el punto de vista de un oyente y seguidor del grupo.

Este furibundo arranque del segundo lado del vinilo original es seguido por Leper Messiah, de ritmo cortante en guitarras y un tono más pesado, faceta que la banda ya había desplegado plenamente en su álbum anterior Ride the lightning, con el que comparte más de una similitud en cuanto a la estructura de sus contenidos -inicio con plácidas guitarras seguido de tormentosas canciones y temas de medio tiempo que matizan la velocidad predominante. Como The thing that should not be, este tema ha envejecido bien. Si antes parecía un inesperado bajón, ahora ambos temas funcionan como balance.

Orion continúa la costumbre del Metallica de los primeros años, de colocar un instrumental en cada disco. Definido de principio a fin por el virtuosismo de Cliff Burton en las cuatro cuerdas, es uno de las mejores composiciones en el catálogo del grupo por la contundencia de sus diferentes partes, el peso de cada músico tanto en los melódicos solos como en las armonías de fondo que son casi orquestaciones, la atmósfera de arrollador poderío que, tras ocho minutos y media, se aleja dejando devastación detrás de sí, una aplanadora. Y para cerrar, otra brillante descarga de agresividad con Damage Inc., que comienza con un bajo procesado al revés que simula, nada menos, que una melodía de Johann Sebastian Bach del siglo XVIII.

Cliff Burton: el arma secreta

Un tema recurrente ente quienes escuchamos este disco desde nuestra adolescencia es cómo la pobre mezcla original de 1986 ocultó las líneas de bajo de Cliff Burton, para dar mayor protagonismo a las guitarras o a la voz de Hetfield. Una envidia sana recorre mi cerebro cada vez que pienso en aquellos contemporáneos nuestros que, en California o en alguna de las ciudades de Europa por las que pasaron, pudieron ver al prodigioso bajista hacer lo suyo en vivo. Como hemos podido redescubrir en ediciones más recientes del disco, remezcladas con la tecnología del siglo XXI, es simplemente estremecedor de lo bien que suena.

Hagan la prueba y busquen en YouTube, por ejemplo, las pistas aisladas del bajo original de Orion. Cada fraseo es diferente, los solos demuestran un manejo técnico impresionante de las pedaleras y su digitación natural trae a la memoria tanto a Geezer Butler (Black Sabbath) como a Steve Harris (Iron Maiden) y a Geddy Lee (Rush). Por supuesto, ya lo habíamos notado en el instrumental Anesthesia (Pulling teeth) o en la introducción de For whom the bell tolls, de los álbumes previos, pero sus grabaciones en Master of puppets lo dejan clarísimo. El tipo era un genio, el arma secreta de Metallica.

Ocurre lo mismo con las demás canciones del disco, aunque a título personal prefiero detenerme en sus sorprendentes arreglos para Disposable heroes, Master of puppets (la canción) y Welcome home (Sanitarium). El amplio rango de recursos de Cliff Burton lo alejan del rol básicamente rítmico del bajo para convertirse en pieza fundamental de la contundencia del conjunto, casi como un tercer guitarrista, con furiosa velocidad, inventiva para los fraseos y precisión virtuosa. Tristemente, la fatalidad del destino cortó una vida que prometía mucho más en el mundo de la música en general, y del heavy metal en particular.

Cuarenta años de una tragedia

El aniversario 40 del Master of puppets también trae a la memoria un horrible accidente. Para promocionar el disco, Metallica se embarcó en una ambiciosa gira mundial llamada The Damage Inc. Tour, que comenzó pocas semanas después de lanzado el álbum. Luego de 58 conciertos en los Estados Unidos – entre ellos la conocida participación como teloneros de Ozzy Osbourne en la que el público terminaba aplaudiéndolos más a ellos que al “Príncipe de la Oscuridad”-, la banda partió hacia Europa, donde ya eran considerados estrellas del metal por las tres visitas previas que habían hecho al viejo continente.

El 26 de septiembre de 1986, después de tocar en Estocolmo (Suecia), la banda tomó la carretera rumbo a Copenhague (Dinamarca), para el concierto número 91 de la gira. Como a las 7 de la mañana del 27, el chofer perdió el control de la camioneta y se volcó completamente. Cliff venía dormido en la parte delantera, asiento que le ganó a Kirk Hammett en un juego de azares -unos dicen que fueron las cartas, otros dicen que Burton escogió el palito más largo-. El impacto lo sacó disparado por una de las ventanas y, a renglón seguido, el pesado auto cayó encima de él. Fue muerte instantánea. Tenía solo 24 años y un brillante futuro musical por delante.

Este hecho podría haber significado el final para Metallica, justo después de sacar su disco más logrado hasta ese momento. En medio del dolor por la pérdida de tan importante miembro -y de las investigaciones que terminaron liberando de cargos al conductor-, Hetfield, Hammett y Ulrich decidieron seguir adelante y tras un exigente proceso de selección, contrataron a Jason Newsted, entonces de 23 años, para cubrir el lugar dejado por Cliff. Cada vez que uno escucha Master of puppets o ve los videos de Cliff durante ese periodo previo a su prematura muerte, es imposible no pensar qué habría sido del grupo si esa noche hubiera sido diferente.

Letras inteligentes en contextos metaleros

Desde las historias fantasmagóricas de Black Sabbath o los cuentos medievales de Iron Maiden, las letras del heavy metal siempre se han caracterizado por ser bastante interesantes. Metallica se nutrió de esas enseñanzas para generar su propia imaginería, con elementos que iban de lo bíblico -como en The four horsemen (Kill’em all, 1983) o Creeping death (Ride the lightning, 1984) a lo bélico, de la esquizofrenia al sentimiento gregario de las comunidades metaleras.

En su tercer disco, Metallica refinó aun más sus temáticas, convirtiéndose en verdaderos narradores de historias, pero a grito pelado y distorsión. La capacidad para generar imágenes metafóricas complejas y realistas alcanza su máximo esplendor en el tema central, Master of puppets. Si bien es cierto ya todo el mundo tiene claro que se trata de la voz de las drogas describiendo cómo es capaz de acabar con la vida de una persona, sus versos e intenciones sonoras retratan cualquier tipo de adicción o incluso de manipulación, por lo que es más vigente que nunca habida cuenta la crisis sociopolítica y la desinformación que cunden en el mundo moderno.

Mientras que Welcome home (Sanitarium) narra en primera persona el drama del interno en un manicomio que, para escapar, decide acabar con todos -inspirada por la novela sesentera de Ken Kesey que a su vez sirvió de base para una extraordinaria película de 1975, One flew over the cuckoo’s nest, más conocida por su título en español, Atrapado sin salida, dirigida por el checoslovaco Miloš Forman (1932-2018) y protagonizada por Jack Nicholson (88); Disposable heroes incorpora duras críticas al enrolamiento de jóvenes en el ejército para ser carne de cañón en guerras que ni siquiera entienden.

En Leper Messiah, dirigen sus dardos a la corrupción de los tele-evangelistas, una problemática muy en boga en Estados Unidos en esos años. Por mi parte, yo dedicaría la retahíla furiosa que lanza Hetfield al final de este tema –“Lie! Lie! Lie! Lie!”-, así como la letra completa de Damage Inc., cargada de diatribas al poder y su vocación por la mentira descarada, a los principales candidatos a la presidencia peruana. La pondría de fondo en cada entrevista o spot de la mañosa franja electoral. El disco de la espectacular carátula pintada por el artista Don Brautigam fue el primero de heavy metal ingresado a la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, por ser “cultural, estética e históricamente significativo”.

 

[OPINIÓN] Rafael López Aliaga ha decidido que el Perú necesita una nueva capital. Nada de reformas al Estado, descentralización seria o planes regionales de desarrollo. No. Su última genialidad de campaña: mudarla a Junín. O sea, con suerte, a Huancayo.

La idea suena audaz, pero huele a improvisación total. Trasladar una capital no es un capricho de mitin; implica mover ministerios, Congreso, Poder Judicial, embajadas y toda la maquinaria logística del Estado. En el mundo, eso toma décadas y fortunas. Para Porky, en cambio, basta un micrófono y un arranque de entusiasmo.

El problema va más allá de la inviabilidad: es la nula estrategia política electoral. ¿Qué pensarán en Arequipa, Cusco, Piura, Trujillo o Chiclayo? ¿Por qué Huancayo y no ellos? ¿Cuándo consultaron a las demás regiones para avisarles que la capital se mudaría al valle del Mantaro?

No hace falta ser genio para oler el despropósito de empatía pre electoral tras este mensaje.

Y como si la propuesta no fuera suficiente, el propio candidato decidió agregar un ingrediente más al espectáculo. En un mitin en Satipo, también en Junín, afirmó que los militares peruanos pasan el tiempo “haciendo estupideces en los cuarteles”.

Un comentario gratuito contra una institución del Estado que confirma lo que ya se viene observando: una campaña cada vez más desordenada y llena de exabruptos. Insultar a periodistas, empresarios, adversarios y ahora a las Fuerzas Armadas parece haberse convertido en un estilo.

Al parecer el señor ya no escucha a nadie. Convencido de su supuesto éxito electoral, pasa por encima de cualquier títere con cabeza que se le ponga al frente.

Y ni hablemos del detalle que la memoria no perdona: Lima aún espera ser esa “potencia mundial” que López Aliaga prometió al asumir la alcaldía —a la que juró no abandonar—. y lo hizo sin pestañar, dejando como herencia 90 trenes viejos y abandonados, las carreteras norte y sur sin operadores responsables, una Vía Expresa Sur a medio hacer y llena de problemas y, para distraernos, a su segundo al mando inaugurando cada 100 metros de la interminable Ramiro Prialé.

Una Lima donde su único legado evidente es el tráfico infernal las demandas internacionales en marcha y una inseguridad imparable.

Pero ahí va el autoproclamado billonario benefactor de los pobres, recorriendo el país con soluciones milagrosas: aeropuertos fabulosos por docenas, prisiones con shushupes y cocodrilos a cargo… que convertirían ahora a ¿Huancayo? “potencia mundial”.

O, lo más probable, una parada más en su decadencia electoral, que ya parece inevitable.

[El dedo en la llaga] Alemania tiene leyes muy estrictas contra el extremismo de derecha, sobre todo el nacionalsocialismo o nazismo, debido a lo que ocurrió durante el régimen de Adolf Hitler entre 1933 y 1945. Durante ese periodo, Alemania se convirtió en una dictadura que provocó el asesinato sistemático de unos 6 millones de judíos en lo que se conoce como el Holocausto, así como la persecución de muchas otras personas (gitanos, discapacitados, homosexuales, opositores al régimen, comunistas, etc.). También ocasionó la Segunda Guerra Mundial, que causó la muerte de entre 70 y 85 millones de personas. Después de la derrota de la Alemania nazi en 1945, el país quedó devastado y hubo un consenso fuerte de que algo así no podía volver a ocurrir. Los alemanes también aprendieron que Adolf Hitler llegó al poder utilizando el sistema democrático de la República de Weimar y luego eliminó las libertades y derechos ciudadanos. Por eso se decidió crear una democracia que pudiera defenderse de movimientos antidemocráticos.

La constitución alemana actual, llamada oficialmente Ley Fundamental para la República Federal de Alemania (en alemán: Grundgesetz für die Bundesrepublik Deutschland), permite, por eso mismo, prohibir organizaciones que quieran destruir la democracia, castigar la propaganda nazi, vigilar a grupos extremistas. A esto se le llama “democracia militante” o “democracia defensiva”.

En ese sentido, el Código Penal alemán prohíbe, por ejemplo:

  • Usar símbolos nazis como la esvástica, el emblema de las SS (Schutzstaffel), el símbolo de la SA (Sturmabteilung) o banderas o insignias del partido nazi.
  • Hacer el saludo nazi o difundir propaganda del Tercer Reich.
  • Negar o justificar el Holocausto.

Todas estas acciones pueden constituir delito penal. Ciertamente, hay excepciones si el uso de símbolos se hace con fines educativos, artístico o históricos, siempre y cuando quede claro que no se está defendiendo la ideología que está detrás de esos símbolos.

Una reciente investigación del semanario WELT AM SONNTAG, publicada este domingo 8 de marzo, revela una realidad preocupante. El número de incidentes de extrema derecha en las escuelas ha aumentado fuertemente en los últimos años.

Hace tres años, en el estado federado de Postdam, se hizo pública la carta abierta de dos profesores sobre incidentes de extrema derecha en una escuela de Burg im Spreewald. Los dos profesores fueron amenazados tras su escrito y tildados de “traidores”. Ya entonces, WELT AM SONNTAG tuvo acceso a los documentos del Ministerio de Educación en Potsdam. Desde entonces, se han añadido cientos de notificaciones más. Los incidentes más recientes permiten, de forma selectiva, una visión de cuán profundo es el problema. Muestran que en muchos casos no se trata solo de provocaciones adolescentes, sino de propaganda nazi en toda regla, y en parte se trata de niños que ya en edad temprana entran en contacto con ideologías radicales.

El estado federado de Brandeburgo registra los incidentes de manera sistemática y detallada. A nivel federal, el estado ocupa una posición pionera al respecto. Cuando el reportero de WELT AM SONNTAG solicitó inspeccionar todos los expedientes en febrero, tuvieron que ser traídos con un trolley, debido a lo abundante del material. Las notificaciones provienen por igual de escuelas primarias, escuelas secundarias, institutos y escuelas profesionales. «El extremismo de derecha es un fenómeno que cubre todo el territorio», dice una fuente familiarizada con los procedimientos.

Un caso llama la atención. Alumnos de un instituto en Herzberg visitan el memorial del antiguo subcampo de concentración en Schlieben. Pocas horas después, dos de ellos están en el paradero del autobús y entonan la línea de una canción: «Turcos, árabes, griegos, ya no podemos oler esta escoria». El texto proviene de la canción «Kanake verrecke» de la banda neonazi de punk rock Landser, declarada “organización criminal” y prohibida por un tribunal alemán en el año 2003 y cuyos integrantes fueron sentenciados a diversas penas por Incitación al odio y difusión de propaganda nazi. Ante la pregunta del profesor, los jóvenes explican que el video con la canción se les apareció «simplemente así» en TikTok y que era «muy pegadiza».

No es un caso aislado. Hoja tras hoja, incidentes menores y mayores de los últimos tres años llenan los expedientes. Un alumno de la escuela secundaria en Bad Liebenwerda hace el saludo hitleriano en el pasillo de la escuela. En Schwedt, un alumno de octavo grado levanta repetidamente el brazo. Ante la clase dice: «Vamos a follarnos a los judíos y también a gasear a los negros». Más tarde, relativiza su declaración ante la dirección del centro educativo. Además, afirma no saber qué significa el saludo hitleriano. En la escuela secundaria de Rathenow, una alumna aparece en clase de biología con una camiseta que dice: «Estudio de bronceado 88 – Aun sin sol, marrón». El número 88 alude a las letras «HH» de «Heil Hitler», el marrón al color de los uniformes de las fuerzas paramilitares de choque conocidas como SA.

En otros casos, los profesores documentaron que en las escuelas se encontraron pegatinas de partidos neonazis como «Dritter Weg» («Tercera Vía»), su organización juvenil «Nationalrevolutionäre Jugend» («Juventud Nacionalrevolucionaria») o el grupo de extrema derecha «Deutsche Jugend Voran» (DJV, «Juventud Alemana Adelante»). El DJV es considerado en círculos de seguridad como un grupo de rápido crecimiento y orientado a la acción, dirigido a un público joven y afín a internet. A través de tales grupos, también se introduce en el ámbito neonazi a jóvenes que antes no tenían ningún contacto con temas políticos.

Llama la atención que también muchas escuelas primarias aparecen en los expedientes. En una escuela primaria en Potsdam, un alumno de segundo año corre por el patio con el brazo en alto. Cuando se le pregunta, dice que conoce el significado del gesto y lo hace «a propósito». En una escuela primaria en Dosse, un alumno de cuarto año pinta en un trabajo de clase sobre Alemania los contornos del país con los colores de la bandera del Tercer Reich. El padre del niño es un conocido integrante de los «Reichsbürger», un movimiento extremista cuyos miembros sostienen que el Estado alemán actual no es legítimo. En la nota del profesor se dice lacónicamente que contactar a los padres resulta en vano, ya que en el pasado hubo amenazas de parte de ellos.

En Brandeburgo se registra todo lo que notifican las escuelas, incluso lo que no llega al nivel de punible. En el año escolar 2022/2023 se registraron 117 casos. Un año después fueron 560, casi el quíntuple. En 2024/2025 la cifra fue de 386. Para el año escolar en curso 2025/2026, el ministerio registra hasta ahora 109 casos en el primer semestre.

En Renania del Norte-Westfalia, en cambio, se recogen datos policiales, es decir, delitos penales registrados, y se observa una dinámica similar. En 2023, la policía registró 277 delitos políticamente motivados ocurridos en «escuela/universidad», en 2024 ya fueron 452. Para 2025 hay 461 casos. El espectro va desde delitos de propaganda como mostrar el saludo hitleriano, hasta incitación al odio contra determinadas minorías de la población, insultos y hasta lesiones corporales. Los investigadores observan además que los contenidos de extrema derecha se difunden cada vez más en chats de clase y grupos.

Casos similares también aparecen en los expedientes de Brandeburgo. En capturas de pantalla de un chat de clase se encontró, por ejemplo, la foto de una nube de humo con la inscripción: «retrato de familia judío». En otra laptop escolar, un alumno había guardado una foto de Adolf Hitler y una imagen con el lema «Ausländer raus» («extranjeros fuera»).

También Sajonia informa de cifras en aumento. En 2023 se registraron 149 incidentes de extrema derecha, 155 en 2024, y en 2025 ya eran 245. La base son «incidentes especiales» que notifican las direcciones de los centros, como «influencias políticas o religiosas extremistas» o «incidentes racistas o antisemitas». Según el ministro de cultura de Sajonia, Conrad Clemens (CDU), «el extremismo de derecha es nuestro mayor problema social». Hay muchas iniciativas importantes de prevención, pero el terreno para el extremismo se prepara allí donde las afirmaciones misantrópicas y antidemocráticas no se cuestionan, «ya sea en el patio del recreo, en el club deportivo o en el entorno privado».

Otros estados federados también informan de aumentos significativos. En Turingia, el número de casos aumentó de 95 en el año 2023 a 174 en el año 2025. En Hesse, la cifra de incidentes extremistas de derecha denunciados creció de 39 en en el año 2023 a 159 en el año 2025, en Berlín de 74 en el año 2023 a 126 en el año 2025, en Renania-Palatinado de 25 en el año 2023 a 78 en el año 2025. Mecklemburgo-Pomerania Occidental registró en el año escolar 2024/2025 235 notificaciones relacionadas con antecedentes extremistas o símbolos anticonstitucionales, un claro aumento respecto al año anterior.

En Sajonia-Anhalt, los delitos de derecha registrados por la policía en escuelas aumentaron de 74 en el año 2023 a 192 en el año 2024, lo que supone un aumento de casi el triple. La ministra del interior de este estado federado, Tamara Zieschang (CDU), declaró a WELT AM SONNTAG: «Los incidentes extremistas de derecha en escuelas primarias son especialmente preocupantes. Muestran lo importante que es transmitir valores democráticos desde temprana edad, algo que debe comenzar no sólo en la escuela, sino también —y especialmente— en el hogar de la familia».

El experto en extremismo de derecha David Begrich, de la asociación «Miteinander» en Magdeburgo, identifica tres factores que contribuyen al aumento de incidentes en las escuelas. En primer lugar, la visibilidad general de contenidos de este tipo en los medios digitales ha aumentado considerablemente. En segundo lugar, existe un «regreso del placer de probar hasta dónde se puede llegar». En tercer lugar, especialmente en Alemania del Este, la Alternativa ara Alemania (AfD) ha contribuido a que las posiciones extremistas de derecha se normalicen aun más. «La diferencia con los años 90 es que ya no existe una cultura juvenil de derecha específica que se pueda delimitar claramente», afirma Begrich. Hoy en día, favorecido por internet, se trabaja mucho más con fragmentos de diferentes ámbitos.

Esto significa que quien, por ejemplo, escucha a la banda neonazi Landser porque se la recomienda el algoritmo de TikTok y le gusta, no necesariamente tiene que ser un extremista de derecha consolidado. En los años 90 era diferente. Quien entonces escuchaba a Landser era «con mayor probabilidad un neonazi consolidado», «porque era mucho más difícil acceder a ese material». En el trato con alumnos llamativos, Begrich aboga por un enfoque «situacional-comunicativo». «Antes de que la escuela llame a la policía, hay que hablar con los alumnos. En la gran mayoría de los casos, no se trata de visiones del mundo ideológicamente consolidadas».

Sea como sea, es un problema preocupante. Pues una sociedad dominada por ideologías extremistas termina siendo caldo de cultivo de los peores crímenes que la humanidad es capaz de cometer: crímenes de lesa humanidad.

[INFORME] Mientras la encuesta de Datum registra una reducción considerable en el porcentaje de votos para Rafael López Aliaga, el candidato de Renovación Popular pone en duda la credibilidad de las encuestadoras. Sin embargo, Sudaca pudo encontrar que, durante su gestión en la Municipalidad de Lima, se invertían más de cien mil soles en encuestas.

A casi un mes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, las encuestas empiezan a mostrar cambios importantes en lo que hasta ahora había sido una contienda política que no terminaba de convencer a un importante sector del electorado. Mientras algunas figuras empiezan a tomar mayor protagonismo, otras parecen haber perdido la simpatía que generaban en un sector de la población.

Entre estos candidatos que han visto que su porcentaje de intención de voto se reduce está el exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga. Según la encuesta realizada por Datum Internacional que se presentó la noche del domingo en el dominical “Cuarto Poder”, el candidato de Renovación Popular ha pasado en pocas semanas del 13,4% al 10% con lo cual ha perdido el primer lugar que ahora está en manos de Keiko Fujimori y Fuerza Popular.

 

López Aliaga no se ha mantenido al margen ante este tipo de resultados y en las últimas horas, durante un mitin en el Callao, le pidió a sus seguidores no confiar en estas encuestas a las cuales catalogó como “mentirosas”.  El candidato conservador continuó con su crítica a las encuestadoras señalando que “no pagamos nada a las encuestadoras. No les creo nada, ni lo que comen. Estamos primeros y lejos”.

Sin embargo, aunque ahora el líder de Renovación Popular pone en duda la credibilidad de los resultados que arrojan estas encuestas, Sudaca pudo encontrar información que dejó su paso por la Municipalidad de Lima que expone una postura radicalmente opuesta sobre el trabajo de las encuestadoras.

CUANDO SÍ LES CREÍA

Si bien hoy las palabras del exburgomaestre limeño denotan un innegable desprecio y desconfianza al trabajo que realizan las empresas que se dedican a estos estudios, durante su paso por la Municipalidad Metropolitana de Lima parecía que tanto él como quienes integraban su gestión tenían una postura muy distinta.

Sudaca pudo encontrar que, en mayo del 2025, la Municipalidad de Lima contrató a Datum Internacional, la misma encuestadora que lo ubica en ese segundo lugar que tanto lo molesta, para que les brinde un “servicio de recopilación, procesamiento y análisis de datos e información estadística” por el cual pagaron más de cuarenta mil soles.

El trabajo realizado por Datum Internacional parece haber sido confiable ante los ojos de López Aliaga y sus funcionarios. Tanto así que, apenas un mes después, la Municipalidad de Lima volvió a emitir una orden de servicio con esta empresa por un “servicio de análisis en generación de información estadística” por el cual pagaron más de veinte mil soles.

NO PAGAMOS NADA A LAS ENCUESTADORAS, PERO…

Durante su reciente mitin en el Callao, Rafael López Aliaga también se jactaba de no haber pagado a encuestadoras. Sin embargo, tal como se pudo ver en el caso de Datum Internacional, la realidad es muy distinta. Mientras fue alcalde de Lima, López Aliaga parecía tener un nivel de confianza en ellas muy diferente al que manifiesta hoy.

En septiembre del año 2023, cuando todavía no llevaba ni un año como alcalde, la gestión que encabezaba el hoy candidato presidencial optó utilizar los recursos de la ciudad para encargarle a CPI (Compañía Peruana de Estudios de Mercados y Opinión Pública S.A.C.) la realización de un “estudio de percepción sobre la gestión municipal”. Esta orden de servicio le costó a Lima treinta y nueve mil soles.

El mismo López Aliaga que hoy llama a desconfiar de las encuestadoras volvió a recurrir a CPI (Compañía Peruana de Estudios de Mercados y Opinión Pública S.A.C.) en mayo del año siguiente. Esta vez, aunque el resultado podría parecer predecible, la Municipalidad de Lima consideró oportuno invertir en un “estudio de percepción de la inseguridad ciudadana”.

Aunque en su faceta de candidato presidencial intenta fomentar la desconfianza hacia el trabajo realizado por diversas encuestadoras y no duda en llamarlas “mentirosas”, Rafael López Aliaga exhibe una innegable contradicción con respecto a la importancia que le daba al trabajo de estas mismas encuestadoras durante su paso por la Municipalidad de Lima y por el cual no tuvo problemas en invertir un cantidad importante que salió del bolsillo de los limeños.

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] La segunda vuelta en nuestras próximas elecciones parece de pronóstico reservado en virtud del excesivo número de candidatos a la presidencia de la República, 36 en total, y unas encuestas que nos dicen que a estos les resultará muy complicado pasar el 5% de las preferencias ciudadanas, es decir, la valla electoral.

En un mundo paralelo, o escenario distópico, podría inclusive suceder que ningún candidato pase la valla con lo cual ¿las justas tendrían que repetirse? o podría ser que solo uno lo haga, de suerte que este ganaría en primera vuelta, no por obtener la mitad + 1 de los votos, sino por falta de otro contrincante capaz de obtener más del 5%. Y en el Congreso, si solo dos o uno pasaran la valla electoral, ingresaríamos a un esquema bipartidista o, lo que es peor,  a una telúrica dictadura de partido único.

Pero imaginémonos que estos escenarios, que no son ni tan fantasiosos, ni tan inverosímiles, no se produzcan y que dos o más candidatos pasen la valla, con lo cual accederíamos a una segunda vuelta tradicional. Es decir, el primero vs el segundo bajo formas similares a las de los últimos procesos electorales. En este caso, se nos presentan solo 3 escenarios posibles:

  1. Una segunda vuelta entre dos candidatos de derecha, como podrían serlo Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori:

Esta situación dejaría en ascuas a la ¿mayoría? de peruanos alineados con el HT Por estos no, y que quisiera un cambio radical, léase de clase política, en el gobierno del Estado. La figura señalada, supondría la continuidad de la actual alianza gobernante que se gesta más desde el Congreso que desde el poder Ejecutivo.

  1. Una segunda vuelta entre candidatos que no son de derecha y que abarcan desde la extrema-izquierda hasta el centro:

Conforme a las encuestas,  esta posibilidad se nos muestra bastante más remota que la primera. En realidad, solo un candidato de este espectro del electorado ha asomado en los muestreos de opinión y es Alfonso López Chau, y su novedosa Ahora Nación. Su partido está realizando  mítines en diversas plazas del Perú, donde ha podido apreciarse un entusiasta apoyo ciudadano a su candidatura, aunque sin alcanzar las multitudes de las campañas electorales de antaño. Pero en el Perú nada está dicho, la meteórica aparición de un contrincante para López Chau, que yo vislumbraría más en la izquierda radical que en el centro, podría cambiar el panorama.

  1. Una segunda vuelta entre un candidato de derecha frente a otro de centro o centro-izquierda:

En este caso, la candidatura de derecha buscará llevar la discusión a la batalla cultural: contra el aborto, el matrimonio LGTBI+, reivindicar las consignas de “con mis hijos no te metas” y la libertad de los padres a escoger qué educación sexual elegir para sus vástagos. La apuesta derechista-conservadora por esta agenda se explica en la percepción de que la mayoría de peruanos, inclusive entre muchos de los que se auto perciben como izquierdistas, responde a un histórico pensamiento conservador y que, es probable, no apruebe ninguna de estas políticas progresistas, las que intentará achacarle al contrario.

Cuestiones como el aborto libre o el matrimonio LGTBI+ definirán el voto de millones de peruanos en la segunda vuelta. En 2021 pudimos apreciar claramente una corrida electoral desde Verónica Mendoza hacia Pedro Castillo debido a que la primera hizo suyas las agendas culturales del progresismo. Una opción de izquierda que pretenda seriamente llegar al poder debe tener en cuenta estas variables.

Por su parte, la candidatura de Centro Izquierda buscará llevar la discusión hacia la dicotomía honestidad vs corrupción, y acusará a su contrincante derechista de formar parte, en el actual Congreso, del denominado pacto mafioso que gran parte de los peruanos identifica como responsable de nuestras crisis política, económica, social y de seguridad. De hecho, los responsabilizará de las leyes cuyos detractores denominan procrimen por recortar facultades a la lucha contra la delincuencia y la corrupción. Este parecería ser el caso de la ley 32108 que excluye de las organizaciones criminales a la extorción, la corrupción y la trata de personas.

Además, los últimos años, varios líderes de izquierda como el actual alcalde de New York, Zohran Mamdani, han volteado de nuevo la mirada hacia la agenda social -el acceso a los servicios públicos del ciudadano de a pie- y han logrado éxitos notables, marcando así una línea que la izquierda puede  retomar si lo que busca es reposicionarse y plantarle cara a este mundo conservador en el que campea Donald Trump.

Palabras finales

Por supuesto que nada es tan simple, ni tan complejo tampoco. En todos los casos, la discusión de cómo los partidos y sus candidatos piensan solucionar los problemas más urgentes de la vida cotidiana, se suman a las agendas que hemos señalado. Conectar con la gente supone conectar y conocer primero cuáles son sus verdaderas y más básicas necesidades, más allá de lo que se discute en la superficie ideológica del debate electoral.

Veremos entonces que pasará, pero el panorama parece más claro de lo que se parecía a simple vista. Tenemos tres opciones para la segunda vuelta. La tercera parece ser la más probable. De ser el caso, cada uno de los dos candidatos contrincantes buscará llevar el debate hacia temáticas que favorezcan sus aspiraciones. Será una guerra de narrativas: el triunfo del Perú conservador frente a la agenda progresista o el triunfo de la agenda  anticorrupción que ofrece recuperar el Estado y ponerlo al servicio de las grandes mayorías ¿cuál será?

[OPINIÓN] La candidatura de Rafael López Aliaga vive instalada desde hace meses en una cómoda meseta del 10 %. Ni sube ni baja. Un curioso fenómeno de la política peruana: motor encendido, bocina sonando… pero el vehículo no se mueve. Mientras tanto, su entorno insiste en anunciar épicas multitudinarias y una ruta directa hacia Palacio. El problema es que la realidad suele ser bastante menos entusiasta que los comunicados.

López Aliaga tiene, además, un obstáculo político evidente: su carácter. Agresivo, autosuficiente y poco dispuesto al diálogo. Una mezcla complicada en un país donde gobernar exige exactamente lo contrario. En el Perú —territorio fragmentado por naturaleza— el presidente necesita sumar, negociar y, sobre todo, no espantar a los aliados potenciales.

El personaje, por lo demás, cultiva algunas particularidades llamativas: el celibato como bandera moral, la proclamación pública de su propia riqueza —algo que los millonarios suelen manejar con mayor discreción—, una insistente narrativa de bondad personal que, curiosamente, necesita repetirse con bastante frecuencia para que alguien la recuerde, y una lista más bien escueta de logros concretos al servicio del Estado o de la sociedad.

A eso se suma su estrategia política favorita: atacar a cualquiera que aparezca en el camino. Keiko, Acuña, Luna Gálvez —entre otros— reciben su respectiva descarga. Todos tienen problemas, por supuesto. Pero también poseen algo que a la aventura de “Porky” no se le conoce: estructuras políticas reales, cuadros y organización. Algo más que entusiasmo en redes sociales.

Y es aquí donde aparece la famosa sopa de Herodes.

Si López Aliaga llegara a una segunda vuelta frente a alguien como López Chau, el cálculo es simple. Difícil imaginar a Keiko, Acuña, Luna o cualquier otro actor del mismo espacio movilizando su electorado para salvar a quien pasó meses atacándolos. La política tiene memoria corta, pero no tanto. El resultado sería previsible: una derrota.

La escena inversa es todavía más interesante. Si, por ejemplo, Keiko llega a segunda vuelta —algo que hoy las encuestas no descartan—, la gran mayoría de los fervorosos simpatizantes de “Porky” terminará votando por ella. No por entusiasmo, sino por una simple aritmética electoral cuyo motor es el miedo: que es, a fin de cuentas, la esencia de su incomprensible apoyo.

La sopa no es el plato favorito de los Porky lovers, pero en política a veces no se elige el menú.

En resumen: López Aliaga tiene seguidores ruidosos, apasionados y convencidos de su cruzada. El problema es que no son suficientes. En una elección presidencial no gana el que grita más fuerte, sino el que logra sumar más gente.

Y ahí, justamente ahí, está el problema. Porque más allá de su círculo, su candidatura no suma.

Resta.

[ENTRE BRUJAS] Estamos próximas al 8 de marzo, una fecha emblemática para las defensoras de derechos en todo el mundo. En el Perú existe un movimiento feminista y de mujeres diverso, plural y potente, que durante décadas ha logrado colocar en la agenda pública y política temas fundamentales para la democracia: la igualdad de género, el derecho a la no discriminación, la autonomía sobre nuestros cuerpos y la urgente erradicación de la violencia contra mujeres y niñas.

La relevancia alcanzada por estas luchas en el espacio ciudadano y político es tal que, en tiempos de auge de fundamentalismos y pulsiones autoritarias, son precisamente estas agendas y quienes las defienden las que se han convertido en blanco de ataques sistemáticos, hostigamiento y campañas de amedrentamiento. Dichos ataques se despliegan mediante múltiples mecanismos: desde el uso instrumental de recursos “legales” hasta la violencia simbólica, la estigmatización pública y la deslegitimación permanente de quienes defienden la igualdad.

Esta reacción, por más incómoda y desgastante que resulte, debería también permitirnos reconocer algo fundamental: los avances alcanzados han sido lo suficientemente significativos como para incomodar a quienes buscan restaurar un orden profundamente desigual. Por ello, aunque pesen los retrocesos, es necesario hacer una pausa y reconocer el camino recorrido antes que asumir una narrativa de derrota.

En un contexto donde discursos oscurantistas, acríticos y absolutistas buscan apropiarse del país – acompañados de prácticas corruptas y profundamente antidemocráticas— resulta imprescindible reafirmar que las conquistas alcanzadas por el movimiento feminista no son concesiones circunstanciales, sino logros históricos construidos con décadas de organización, pensamiento crítico y acción política.

No podemos ignorar que en los últimos años —y particularmente en los últimos tres— se ha producido una pérdida significativa de avances normativos en materia de igualdad; y quienes defendemos derechos hemos tenido que destinar gran parte de nuestras energías a proteger lo ya conquistado, antes que a impulsar nuevas reformas pendientes que durante años estuvieron en agenda. Este retroceso no se limita al ámbito normativo. También se expresa en el terreno cultural y simbólico. La violencia de género ha comenzado a relativizarse en ciertos discursos públicos, y aquellos “aliados/as” que en 2016 salían a las calles bajo la consigna “Ni una menos” hoy guardan silencio frente a los intentos de desmontar políticas y derechos fundamentales. Aunque existen, por supuesto, honrosas excepciones, el contraste resulta evidente.

A pesar de ello, quienes seguimos aquí —desde distintas tribunas, con nuestras diversidades, diferencias y trayectorias— continuamos defendiendo la posibilidad de un mundo más justo. Porque la igualdad de género siempre ha sido una apuesta por el bien común.

Cuando el machismo opera, no solo afecta a mujeres, niñas y adolescentes. Deteriora el tejido social en su conjunto, reproduce desigualdades estructurales y genera escenarios de violencia, dolor y muerte que impactan a toda la sociedad. En hombres, mujeres y diversidades.

Y cuando el machismo se entrecruza con el clasismo y el racismo —tan profundamente arraigados en un país que aún arrastra estructuras coloniales— el daño se vuelve exponencial. Basta escuchar las historias de nuestras hermanas indígenas amazónicas, de mujeres andinas rurales que viven en condiciones de pobreza, o de niñas y mujeres sobrevivientes de violencia, para comprender que, aunque el camino recorrido ha sido largo, los desafíos aún son enormes.

Hoy vemos cómo desde el poder se articulan discursos y acciones que buscan reinstalar un orden profundamente patriarcal. Existen figuras políticas que actúan como verdaderas guardianas de ese sistema, utilizando incluso el sufrimiento de niñas víctimas de violencia para sostener agendas ideológicas que niegan sus derechos. Congresistas que promueven cuestionados “albergues” destinados a forzar a niñas violadas a continuar embarazos que nunca debieron ocurrir, iniciativas que merecen ser investigadas con rigurosidad y transparencia.

Se suman candidatas que justifican la maternidad forzada en niñas, y actores políticos —tanto de derecha como de izquierda— que pactan para bloquear avances en materia de igualdad. El patriarcado, en toda su expresión, opera a través de múltiples rostros, guardianes y cómplices.

En este escenario profundamente hostil, las defensoras de derechos y feministas de distintas regiones del país seguimos presentes. Con identidades diversas, realidades distintas y estilos múltiples, persistimos en las calles, en las organizaciones , en los espacios políticos y en la academia colocando en la agenda pública aquellos temas que muchos preferirían mantener en silencio. Seguimos acompañando a las víctimas y a sus familias, sosteniendo espacios de denuncia, cuidado y organización.

Por eso, este 8 de marzo también debe ser un momento para celebrar nuestra persistencia. Si hay una característica que define a una feminista es su perseverancia incómoda y sostenida en el tiempo. Quienes abrazamos la igualdad como horizonte político no lo hicimos por moda, ni por una marcha, ni por coyuntura: lo hicimos por convicción, por principios y por una profunda ética de justicia.

Celebremos entonces las vidas que hemos logrado transformar, los espacios que hemos abierto y las estructuras del patriarcado que hemos comenzado a resquebrajar. Reconozcamos que no ha sido fácil para quienes caminaron antes por sendas aún más agrestes, y que tampoco lo será para quienes vendrán.

Pero cada vida protegida, cada conciencia que despierta, cada niña que logra acceder a una nueva oportunidad constituye, en sí misma, una victoria invaluable.

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