Celebramos la mediocridad, nos conformamos hasta con nada. Nos interesa más el ampay de Magaly que velar por que se encauce los ríos, como ciudadanos vigilantes que deberíamos ser.
No hemos, aún, creado una conciencia cívica, aquella que genera madurez en el pensamiento ciudadano y que logra girar las prioridades de la banalidad a la necesidad, de la farándula a la solidaridad, de la eternidad a la inmediatez.
El gobierno anunció hace poco la inclusión del curso de Educación Cívica en la currícula escolar. Es un buen inicio que debemos apoyar y colaborar con nuestros aportes, para que el contenido de este curso ayude a formar ciudadanos que respeten al prójimo, que sean solidarios, que sepan priorizar sus acciones hacia el bien común y que puedan formar una sociedad de bienestar, que muchos no veremos, pero que todos soñamos.