Opinión

[El dedo en la llaga] El 10 de enero de 2026 murió en Suiza, a los 90 años de edad, el autor de bestsellers Erich von Däniken (1935-2026), cuyos libros “Recuerdos del futuro” (1968) y “Regreso a los estrellas” (1970) devoré con ahínco en mi infancia. Los adquirí con mis propinas en la desaparecida Librería Castro Soto que quedaba en la calle Miguel Dasso, a la cual me iba en bicicleta desde mi casa en la calle Julio Becerra 155, situada a espaldas del Inmaculado Corazón, colegio privado de primaria sólo para varones. Incluso mis padres me llevaron al cine a ver el documental basado sobre el primero de los libros, que fue estrenado —si no me falla la memoria— en el legendario Cine Roma.

Estamos hablando de otra época, de una era predigital donde los libros eran para nosotros, menores de edad entonces, mundos que descubrir, e ir al cine era una experiencia colectiva que no se comparaba con lo que nos ofrecía una televisión con tubos de rayos catódicos e imágenes en blanco y negro. Y donde hasta un documental en colores podía ser una experiencia fascinante.

Erich von Däniken fue mi primer guía intelectual en el descubrimiento del mundo antiguo con sus ruinas misteriosas, monumentos gigantescos y figuras crípticas, cargadas de un arte y una escritura que necesitaban ser descifradas e interpretadas dentro un contexto histórico que se escapaba a nuestra comprensión. Y este autor suizo traía consigo una interpretación de estos datos que no solamente era novedosa, sino que desafiaba lo que las ciencias habían podido descubrir hasta entonces: las huellas arqueológicas nos daban indicios de la presencia de extraterrestres en nuestro mundo desde épocas ancestrales.

Por supuesto, se trataba de un embuste creado por la imaginación de alguien que no era arqueólogo ni aplicaba un método científico. Era un autodidacta empedernido que nunca tuvo estudios académicos, pues los únicos oficios que aprendería son el de cocinero y el de hotelero.

Erich von Däniken nació como el cuarto de cinco hijos del fabricante de ropa Otto von Däniken y de su esposa Magdalena en Zofingen (Suiza). Pasó su etapa escolar en las localidades suizas de Niedererlinsbach, Rabius, Schaffhausen y Friburgo. Allí asistió, a partir de los trece años, al Kollegium St. Michael de la orden jesuita. Durante ese tiempo se interesó especialmente en la filosofía, la teología y la arqueología. Posteriormente completó un aprendizaje como cocinero.

Mientras trabajaba como aprendiz de hotelería en el Hotel Schweizerhof de Berna, realizó en 1954 su primer viaje a Egipto y comenzó a buscar traducciones de textos cuneiformes. Le siguieron empleos en varios hoteles. Tras un breve paso por la fábrica de sopas Knorr, von Däniken se convirtió en gerente del restaurante Mirabeau en Berna. En 1964 asumió la dirección del Hotel Rosenhügel, un hotel de temporada de invierno en Davos.

A finales de 1968, von Däniken fue detenido en Viena a instancias de la fiscalía del cantón de los Grisones (Suiza), acusado y condenado el 13 de febrero de 1970 a tres años y medio de prisión por falsificar registros financieros, malversación y fraude, al engañar a instituciones para obtener préstamos. Utilizó este dinero para financiar su costoso estilo de vida y los viajes de investigación para su primer libro, “Recuerdos del futuro”. Antes de este gran proceso, ya contaba con condenas en la década de 1950 por robo y fraude. Durante el juicio de 1970, un informe psiquiátrico lo describió como un “mentiroso notorio” con una fuerte necesidad de reconocimiento.

Von Däniken pudo abandonar la prisión tras 18 meses, gracias a la computación de la prisión preventiva y por buena conducta. En 1982, el Tribunal Cantonal de los Grisones anuló la sentencia y rehabilitó a von Däniken. Durante su prisión, el libro “Recuerdos del futuro” fue adaptado al cine por Harald Reinl. La película recibió una nominación al Óscar.

Von Däniken terminaría abandonando el negocio hotelero y dedicándose por completo a la pseudo-ciencia bautizada con el nombre de paleoastronáutica (o pre-astronáutica). Esta afición le traería ingresos millonarios, gracias a la venta de los más de 40 libros que publicó en vida, muchos de los cuales serían traducidos a 32 idiomas.

Por lo menos a partir de 2003, sus libros fueron publicados por la editorial Kopp, a la que el renombrado periódico alemán Die Welt califico como una «empresa especializada en esoterismo, teorías de la conspiración y desinformación».

¿Pero en qué consistía el método de von Däniken, que lo llevaba a la conclusión de que los extraterrestres tuvieron un rol muy importante en el desarrollo de las civilizaciones antiguas?

Su “investigación” consistía en:

  1. Viajar mucho y observar directamente los sitios.
  2. Fotografiar y describir lo que veía.
  3. Plantear preguntas retóricas del tipo “¿cómo pudieron hacer esto sin ayuda externa?”
  4. Proponer la intervención extraterrestre como la explicación más “lógica” cuando la arqueología convencional no daba —según él— respuestas suficientes.

Tomaba fotos de monumentos, relieves, estatuas y objetos antiguos, y luego los reinterpretaba como representaciones de astronautas, naves espaciales, cascos, trajes o tecnología avanzada (por ejemplo, la losa de Palenque que interpreta como un astronauta en una cápsula, o las líneas de Nazca como pistas de aterrizaje). Interpretaba pasajes de la Biblia (especialmente Ezequiel y sus “carros de fuego”), mitos sumerios, hindúes, sudamericanos, africanos, etc., como recuerdos distorsionados de contactos con extraterrestres. No hacía análisis filológico o histórico profundo, sino comparaciones superficiales y especulativas. Destacaba objetos o construcciones que, según él, eran demasiado precisos o avanzados para la tecnología de la época (pirámides, baterías de Bagdad, pilar de hierro de Delhi, etc.), aunque muchas de estas “anomalías” ya tenían explicaciones científicas aceptadas que él ignoraba o rechazaba.

A esto se suma una subestimación etnocéntrica y discriminatoria de las capacidades de las culturas antiguas, al asumir que no pudieron tener ciertos logros sin ayuda externa. Proyectaba tecnología moderna (naves, cascos, trajes espaciales) sobre arte y mitos antiguos, ignorando su simbolismo religioso y cultural. Nunca presentaba artefactos inequívocamente extraterrestres, ADN alienígena, tecnología no terrestre o pruebas físicas directas. Sus “evidencias” eran siempre reinterpretaciones subjetivas de objetos humanos conocidos.

La comunidad científica considera su trabajo pseudociencia porque no seguía estándares rigurosos, seleccionaba evidencias de forma sesgada, no citaba fuentes fiables de manera adecuada y no sometía sus ideas a verificación o crítica seria. Sin embargo, su método de “ir al lugar y verlo con mis propios ojos” fue clave para el atractivo popular de sus libros y teorías.

Así lo recuerda un compañero de clase mío del Colegio Alexander von Humboldt, el cual tenía una casa de vacaciones en la bahía de Paracas. Me contó una vez que conoció personalmente a von Däniken, en una de sus visitas al Perú. El suizo pidió que lo llevaran en bote a ver el candelabro de Paracas. Me cuenta mi amigo que llegó, lo vio, tomó unas cuantas fotografías y eso fue todo. En sus libros ese geoglifo sobre una colina de arena que da al mar sería interpretado como una señal para naves extraterrestres que apuntaba hacia las líneas de Nazca, que les habrían servido de pistas de aterrizaje.

A esto se suma que la idea de la presencia de extraterrestres en los albores de la civilización ni siquiera es original de von Däniken. El autor francés Robert Charroux (1909-1978), en su libro “Historia desconocida de los hombres” (1963), ya presentaba muchas de las pruebas y argumentos (como el de las líneas de Nazca) que von Däniken utilizaría más tarde en “Recuerdos del futuro”. De hecho, von Däniken fue acusado de plagio y su editorial tuvo que incluir a Charroux en la bibliografía de ediciones posteriores para evitar demandas legales. Los escritores franceses Louis Pauwels (1920-1997) y Jacques Bergier (1912-1978), en su popular libro “El retorno de los brujos” (1960), especularon sobre la posibilidad de visitas extraterrestres en la antigüedad y de conocimientos perdidos. El “investigador” estadounidense Charles Fort (1874-1932) recopiló, a principios del siglo XX, miles de fenómenos inexplicables y sugirió en obras como “El libro de los condenados” (1919) que la humanidad podría estar bajo la observación o control de seres de otros mundos. En la ficción, la teoría de “alienígenas” que habitaron hace millones de años la Tierra constituye la base de varios relatos del escritor H.P. Lovecraft (1890-1937).

Antes de ser escritor de bestsellers, Erich von Däniken fue un embaucador que cometió delitos financieros. Descubrió que le iba a ir mejor si embaucaba —no sé si con buenas o malas intenciones— a millones de lectores con teorías extravagantes sobre la presencia de extraterrestres en el pasado humano. Lo que logró como efecto colateral benéfico es despertar en muchos un inmenso interés por la arqueología, lo cual difícilmente se hubiera logrado con escritos científicos y académicos sobre el tema. Y aprendimos a no tomar en serio sus interpretaciones fantásticas, así como tampoco creemos en las explicaciones conspirativas oficiales que nos dan algunos sobre datos y hechos, cuya veracidad ha sido demostrada fehacientemente o que hemos visto con nuestros propios ojos.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Recién leí el bello artículo De ser y tener en el mundo gay, del académico Roger Lancaster. La impecable traducción le corresponde a Matheus Calderón, periodista y literato por la PUCP. Lo ha republicado www.elsalmon.info con autorización del autor.

El ensayo es una aventura intelectual que nos introduce al universo conceptual gay y queer pero desde una mirada que incluye al marxismo en el análisis de la cuestión. Y este es precisamente el asunto fundamental que trata el texto. Para Lancaster, el mayor déficit de la teoría queer y de sus máximos representantes, como Judith Butler, es que omite el análisis clasista, o lo sublima.

Para el autor, también gay pues así lo señala en su artículo en el que narra algunas vivencias personales, la academia se habría conformado con un enfoque cultural y una mirada  clasemediera del tema, vinculada con los medios universitarios. De esta manera, la creación del sujeto vulnerable se expresa en narrativas estereotipadas al mismo tiempo que edificantes o ejemplificadoras.

Lancaster sostiene que la cuestión de clase es fundamental para comprender las vulnerabilidades de las personas LGTBI+ y apela, con una referencia coloquial, al distingo entre gay, homosexual y “puto”, y a las aspiraciones de cada uno de estos sujetos en virtud de su situación socioeconómica. Sin dejar de tratar otros aspectos fundamentales, señala que es inaplazable el reencuentro del mundo queer con el análisis clasista  para romper lo que entiende como un estancamiento contemporáneo de la cuestión.

Desde otra mirada, recientemente el Partido Verde inglés ha lanzado una exitosa campaña titulada let´s make hope normal again. El videoclip, de algo más de dos minutos de duración, expone las penurias de la clase trabajadora inglesa, de los niños y jubilados, ante un Estado y liderazgos cada vez más ineficaces. La crítica, que apunta directamente al neoliberalismo económico, sostiene que, cada día, corremos y corremos más para crear una riqueza que concentran muy pocos, mientras que la situación de las masas populares es cada día más precaria y desesperanzadora.

Este fenómeno es global  y representa el meollo del asunto. El neoliberalismo ha alcanzado sus límites hace ya tiempo. Las bondades del libre mercado librado a su aire no va más. Sin Estado no hay redistribución, sin impuestos selectivos tampoco. El problema es que quienes dirigen la globalización mundial ya lo controlan todo. Chile no fue la excepción, en 2022 68% de su población rechazó en las urnas la llamada “Constitución de género”. Ese no era el mandato popular, el mandato popular era redistribuir, poner los servicios públicos más al alcance de la gente común. Recién Camila Vallejos se ha jactado de que el gobierno de Gabriel Boric deja a Chile mejor de lo que lo encontró. Ocurre que el joven mandatario chileno supo escuchar a su pueblo y tomó la posta del mandato popular.

En Bolivia, Alvaro García Linera, ex vicepresidente de la nación, recupera a Lenin para exigir “el análisis concreto de la situación concreta”. A partir de esta premisa pasa revista a los grandes errores cometidos por la izquierda las últimas décadas. Su diagnóstico es el mismo que el de Lancaster: “estamos estancados”, para seguidamente señalar que cualquier gobierno de izquierda que inaugure gestión debe tener muy claro que su prioridad, por encima de cualquiera otra, debe ser la economía doméstica. Paso seguido sostiene que  “solo si se aborda prioritariamente este punto fundamental para las mayorías populares, los otros temas —identidad, medioambientales, reconocimientos, etcétera— pueden tener un soporte material que garantice que sean asumidos por las políticas públicas”.

En suma, hemos presentado diferentes enfoques para una misma cuestión. La batalla política de las próximas décadas debe priorizar lo socioeconómico y apuntar a la mejora de la calidad de vida del grueso de la población mundial, pauperizada por casi cuatro décadas de neoliberalismo a ultranza. No se trata de traer a colación el socialismo, como pregonan los enemigos de todo cambio. Se trata de otorgarle al Estado el poder y la autoridad para dos cuestiones fundamentales: 1.- el arbitraje en materia socioeconómica a través de la política tributaria y la mejora sustancial de sus servicios, 2.- la promoción y el fomento del desarrollo económico, en alianza con el sector privado. Este tema es  fundamental para América Latina cuyas burguesías, aún de talante oligárquico, siguen tendiendo a la acumulación del capital, o a la inversión en sectores primarios, con poca o nula capacidad de industrialización, modernización tecnológica y multiplicación efectiva de la riqueza.

No estamos planteando el célebre Ceci tuera cela de Víctor Hugo, ni el abandono de agendas culturales. La guerra tiene estrategias, etapas. El edificio se construye piso por piso. Tal vez la arremetida ultraderechista contemporánea -con el delirante Donald Trump al frente- nos esté interpelando y señalando que quisimos saltar del primer piso al quinto y nos precipitamos al vacío.

Imagen de portada: Diario El País https://elpais.com/ideas/2023-06-25/los-diez-pensadores-que-mas-influyen-en-la-izquierda.html

Bibliografía:

Lancaster, Roger. De ser y tener en el mundo gay

https://www.elsalmon.info/post/de-ser-y-tener-en-el-mundo-gay

Spot publicitario del Partido Verde inglés

https://www.youtube.com/watch?v=QlSjPUnZYIc

García Linera, Alvaro. ¿Qué Hacer? La izquierda y el progresismo pueden recuperar el gobierno, pero está claro que no lo harán repitiendo viejos esquemas ni pasados errores

https://www.diario-red.com/opinion/alvaro-garcia-linera/que-hacer/20260124135215062616.html

 

[Papeles Virtuales]

UNO

Dícese que el periodismo deportivo es el hermano bobo del político. Razón no le falta. El panorama actual es un páramo donde fluctúan, periodistas, streamers, ex jugadores y demás personajes decorativos o anacrónicos. Y pensar que en los años setenta y ochenta teníamos a don Eduardo San Román, Pocho Rospigliosi y su troupe de Ovación, Oscar Artacho, El Veco, Alcántara, Roberto Salinas, Alberto Best, entre otros. El más polémico era Tito Navarro; siempre lo fue. La radio, era el lugar común para los amantes del balompié. Infaltable, los fines de semana sintonizar los partidos en el coloso de José Díaz y la triple programación. Asimismo, enterarse, al instante, de los resultados en provincias. Concluida la jornada, se realizaba una mesa de debate del partido más importante. Escuchar el análisis sesudo y minucioso, de don Enrique Valdez, era de lo más gratificante. Ya sea el programa Ovación o Pregón Deportivo, el hincha salía ahíto del debate futbolístico.

Actualmente, este tipo de programas abundan por doquier. Ya sea en tv por cable, canal de Yotube, Tiktok etc. Sin embargo, la calidad es ínfima. Hace unos meses, el pseudo periodista Silvio Valencia protagonizo un hecho bochornoso con pelea incluida. Eso da rating, es lo que le gusta a la gente:

  • Escándalo y peleas en vivo. Es la magalizacion, ya no solamente de la tv, sino del streaming.

Los exjugadores no le huyen a la tendencia. Por el contrario, aprovechan su fama para seguir facturando. Lo cual no está mal. Abundan los programas de entrevistas, en donde se sienten más a sus anchas, con colegas o amigos. La temática, en general, es la joda. Reírse, contar travesuras de los tiempos pretéritos. Muchos indican que Enfocados es simplemente para reírse, tomarle el pelo al entrevistado, o huevear. Más de eso no le pidas. Sin embargo, cuando tienes otro tipo de invitado –Riquelme- la cosa cambia. Se nota las limitaciones, tanto de Jefferson, como de Guizasola. Ese es el problema, cuando no eres un periodista experto; al menos, te preparas para tal efecto. Acá no hay misterio.

  • Leer, investigar, mejorar la vocalización y estudiar una profesión, son los pasos a seguir.

DOS

El futbolista peruano siempre ha sido indisciplinado. Los cracks de la generación de los setenta no escapaba a dicha característica. Había excepciones, lógicamente. En los ochenta, se siguió con la misma tesitura. El problema sucedió en 1985; aquella generación que nos llevó a 3 mundiales y ganó la Copa América, se retiró en masa. No quedó nada. Solo había jugadores, que a nivel clubes y selección, perdían tanto en Lima, como en el exterior. Eran buenos únicamente para la juerga. Pasaron años, hasta que pudimos competir medianamente, a finales de los años noventa. Luego tenemos un largo hiato hasta las Eliminatorias del Mundial de Rusia; incluido, tres Copas Américas donde se compitió. Gareca armó una selección y le dio el salto de calidad, pero con jugadores comprometidos. Los indisciplinados quedaron afuera. Incluido, Pizarro, para lamento de muchos periodistas sobones. Claudio nunca rindió de la misma forma que lo hizo en el Bayern Munich. Su gol más importante con la selección, fue ante Bolivia en la Copa América 2004. No jodamos entonces.

Luego del 2018, no hubo ningún cambio significativo en el futbol peruano. Al contrario, retrocedimos. Ni siquiera competimos a nivel clubes, como lo hizo Cinceano y Cristal, en su momento. Traemos jugadores veteranos o de calidad ínfima. El futuro se presenta grisáceo.

TRES

Insisto, Zambrano viene de un hogar con educación. Yo lo conozco y doy fe de ello; de la crianza de la señora Mara y el papá de Carlos Zambrano, los conozco, y doy fe, excelentes personas, excelente familia, de los otros no hablo, porque no los conozcoAlan Diez.

 El ser humano falla, por eso hay cielo e infierno – Pedro García

La dirigencia de Alianza nombró a Franco Navarro como manager. Trajo a Gorosito, a pesar de antecedentes negativos, lo cesaron en diciembre. Echó a Barcos, el extranjero más goleador del equipo. Ahora en enero, el escándalo de violación, que involucra a Zambrano, Trauco y Peña, ha superado a la dirigencia. Únicamente han separado a los jugadores, deberían romper el contrato con los tres jugadores. El juicio va a demorar. Eso es indiscutido y no van a poder jugar. Todo esto le hace un daño a la imagen, no solamente a Alianza Lima, sino al futbol peruano. Encima, son jugadores experimentados, de más de treinta años. El peor ejemplo que se puede dar.

Varios medios de comunicación, han quedado en evidencia. RPP entrevistó al manager deportivo y ninguno de los periodistas lo encaró. Al contrario, lo trataron entre algodones, como si tuvieran miedo a repreguntar. Alan Diez y Pedro García incluso se manifestaron a favor de los jugadores.

Franco manifestó que los jugadores fueron separados por que no iban a soportar indisciplinas. No quería hablar, en absoluto, de la denuncia. Increíble.

  • ¿Piensan ustedes que es la primera vez, que trajeron mujeres a la concentración?
  • ¿Y si la mujer no hubiera hecho la denuncia?

Por otra parte, en el Último Aliento Chiquito Flores, un exarquero mediocre, delató su catadura moral.

  • Si tú vas, es por algo.

La institución, hasta ahora, en ningún momento ha sacado un comunicado, rechazando la violencia en contra de la mujer.

  • ¿Esa es la imagen que desea dar Alianza Lima?

Encima, mantienen la presentación del equipo. Ayer la hinchada fue a reclamarles a los jugadores. Hubo golpes y otro escándalo más.

  • ¿Creen que los hinchas están de humor para aplaudir al equipo, en este momento?

[Música Maestro] No hay tristeza más grande que aquella que uno siente cuando fallece un perro. Eso lo saben perfectamente todos aquellos que, en su vida adulta, han tenido que llevar a ese noble animalito que vivió durante años en casa a alguna sala veterinaria “para ponerlo a dormir”, frase que busca suavizar ese duro y significativo momento.

Lo dijeron, entre otros, el chileno Pablo Neruda, en su conmovedora pieza de poesía Un perro ha muerto (publicación póstuma de 1974), el periodista peruano César Hildebrandt en una inolvidable columna del 2008, diciéndole adiós a su querido Moro, o el cantautor argentino Alberto Cortez, en esa hermosa canción llamada Callejero (LP Ni poco, ni demasiado, 1973).

Y lo dicen a diario miles de seres humanos alrededor del mundo que deben atravesar ese umbral de dolor al lado de la mascota más querida, mirándola a los ojos. Muchos aseguran, y no se equivocan al hacerlo, que la pena es incluso mayor que la de perder a un gran amigo, un hermano, una madre.

Porque la ternura, la lealtad, el consuelo y la alegría que se experimenta cuando se ha desarrollado una relación tan cercana con un compañero de cuatro patas, la paz que puede aportar al caos cotidiano llegar a casa y sentir la calidez de ese saludo emocionado, la inocencia de esos ojos amorosos es incomparable, imposible de alcanzar en las relaciones interpersonales. Cuando los ojos de un perro se apagan, el mundo se convierte en un lugar cada vez más triste, más oscuro, sin alma.

El adiós de Cocoa

La rutina más o menos normal, convencional, del hombre y la mujer modernos hace que, generalmente, vean a sus perros solo algunas horas por la mañana y por la noche, salvo que sea fin de semana o feriado. El trabajo, los estudios, el tráfico, las diez horas que uno pasa fuera de casa de lunes a viernes. Y si, en esas condiciones, el sufrimiento que sientes cuando fallece tu perro es capaz de derrumbarte en un conmovedor duelo que parece no acabar nunca, ¿te imaginas cómo sería si estuviera contigo mañana, tarde y noche, si fuese parte de tu jornada laboral, de tus viajes, de tus proyectos, de tu vida diaria?

Es el caso del músico norteamericano Scott Woodruff, vocalista, guitarrista, compositor y líder de Stick Figure, banda de reggae que tenía entre sus integrantes a una simpática perrita, su perrita. Cocoa, bautizada así por su copioso pelaje marrón, era una pastora ovejera australiana que lo acompañaba a todas partes desde que la rescató de un albergue, siendo aun una cachorrita. En los conciertos de su banda de reggae Stick Figure, Cocoa se adueñaba del escenario, paseaba frente al público o se echaba, relajada, a escuchar a su familia humana. Cocoa The Tour Dog, su nombre artístico, falleció el pasado 7 de enero.

Al día siguiente, Scott -de 33 años- publicó en sus redes sociales una foto cargando a Cocoa, delante de un hermoso atardecer. Acompañó la tierna imagen con este texto: “Anoche le dijimos adiós a Cocoa. Ella falleció apaciblemente después de un último paseo por la playa al atardecer, poco antes de cumplir 15 años. Me entristece muchísimo, pero encuentro consuelo al saber que Cocoa vivió la mejor vida que cualquier perro pudo imaginar”.

La noticia pasó desapercibida en medios convencionales pero, en sus redes y páginas dedicadas al género jamaiquino, los homenajes no se hicieron esperar a través de mensajes, fotos y videos de Cocoa, la mascota del reggae.

Stick Figure: Música playera

Como todos sabemos, el reggae nació en Jamaica y llegó a los ghettos negros de Londres gracias a Bob Marley & The Wailers a finales de los sesenta. Con los años, lo que comenzó como fondo musical de una religión africanista, el rastafarianismo, fue convirtiéndose en un género global que se incorporó en Inglaterra al lenguaje del punk y el pop-rock -The Clash, The Specials, The Police, Culture Club- y en Estados Unidos a la subcultura del surf, debido a la asociación directa entre el naturalismo rasta y el vínculo espiritual de la marihuana, un secreto a voces que a estas alturas no ofende ni avergüenza a nadie. Ni a los músicos de reggae ni a los practicantes de este complicado y exigente deporte acuático.

La escena del reggae ha aportado una enorme cantidad de destacados nombres tanto al canon del pop-rock accesible a los grandes públicos oyentes de radios convencionales como a comunidades ajenas al mainstream que siguen religiosamente su desarrollo a nivel mundial, independientemente de que sus bandas favoritas lleguen o no a ser conocidas por las masas. Así, desde el reverenciado Bob Marley hasta Ub40, desde Jimmy Cliff hasta Yellowman, desde Los Pericos hasta Cultura Profética, el reggae y sus diversas ramificaciones se ha mantenido vigente en, literalmente, el mundo entero. El reggae es música para reflexionar pero también para bailar, para relajarse al atardecer y para mostrar conciencia social e integradora.

Stick Figure apareció en el 2005, como un proyecto unipersonal del multi-instrumentista, compositor y productor Scott Woodruff, el padre de Cocoa, quien se mudó de su natal Massachussets a la soleada California en búsqueda de un espacio ideal para desplegar su amor por el reggae. Así, armó su propio sello discográfico, Ruffwood Records -una variación de su apellido- y ha lanzado hasta el momento diez álbumes en estudio con todos los instrumentos y voces ejecutadas por él. Sus canciones recogen el sonido clásico del reggae roots y el dub, ideales para musicalizar el verano con ese cadencioso ritmo que invita al descanso y la buena vibra.

El fenómeno de Stick Figure en vivo

Después de sus cuatro primeros álbumes –The sound of my addiction (2006), Burning ocean (2008), Smoke stack (2009) y The reprise sessions (2010)-, que difundió a través de canales digitales -todos fueron #1 en iTunes-, Woodruff decidió ensamblar una banda para salir al ruedo de festivales y conciertos, algo que le venían solicitando sus seguidores. Así nació la versión en vivo de Stick Figure, conformada por Scott Woodruff (voz, guitarras), Kevin “KBong” Bong (teclados, voz), Johnny “Cosmic” Gray (guitarras, coros), Tommy Suliman (bajo, coros), Will Philips (percusiones) y Kevin Offitzer (batería).

Tras el lanzamiento del quinto álbum Burial ground (2012), el primero en que Woodruff tuvo algo de compañía en el estudio de grabación -por un lado, su amigo T.J. O’Neill, como vocalista y coautor de algunos temas y, por el otro, del legendario vocalista de dancehall Half Pint, quien vino desde Jamaica para grabar con Scott- Stick Figure realizó su primera gira por varias ciudades de Estados Unidos. Fue un rotundo éxito que inició un fenómeno de proporciones épicas para Scott y su banda.

Las apariciones de Stick Figure en prestigiosos festivales como el Cali Roots o Reggae on the River, ambos en California, fueron aumentando el interés que ya habían generado sus discos, conformándose poco a poco una fiel audiencia que, al estilo de lo que hicieron históricas jam bands como Grateful Dead o Phish, los seguía a donde fueran a tocar. Sus presentaciones, algunas de ellas disponibles en YouTube, muestran a un grupo sin mayor exposición en medios tradicionales realizando recitales para decenas de miles de fanáticos que bailan y corean sus canciones. Incluso tocaron en el famoso Bonnaroo Music Festival en el año 2017.

El repertorio de la banda siguió siendo escrito básicamente por Woodruff, en álbumes posteriores y más espaciados en el tiempo, debido a su agitada agenda de conciertos. Los discos Set in stone (2015), World on fire (2019) y Wisdom (2022) -donde por primera vez incluyó una sección de vientos, integrada por Liam Robertson (saxos), Quinn Carson (trombón) y Glenn Holdaway (trompeta)- son una delicia para quienes disfrutan del buen reggae. Además, todos cuentan con carátulas coloridas que recogen el aura mística, ambientalista y relajada del reggae, ilustraciones del costarricense Juan Manuel Orozco, a quien Woodruff conoció buscando diseñadores en internet.

Cocoa The Tour Dog

En sus conciertos, a menudo alternan con estrellas del reggae como Stephen Marley, uno de los hijos de Bob, con quien interpretaron el clásico Natural mystic. En cuanto a covers, tienen uno que otro. Por ejemplo, en el 2023 grabaron el éxito de Green Day, Boulevard of broken dreams, para una selección de varios artistas titulada Pop Punk Goes Reggae, Vol. 1. Otro de ellos es una adaptación del clásico de los marfileños Alpha Blondy, Cocody rock, de 1984, con el título de Cocoa de rock, inspirado en la dulce Cocoa quien es considerada, para todos los efectos, como la séptima integrante de Stick Figure.

“No había lugar que Cocoa adorara más que el escenario”, escribió Woodruff en su emotiva despedida. “Siempre será parte de la banda, su espíritu se reflejará en la música -prosigue-, porque tenía una presencia serena y pacífica, que hacía mejor cada día solo por el hecho de estar allí”. Cada vez que Cocoa salía al escenario se adueñaba del show. No se alteraba por el volumen y hasta parecía sonreír cuando escuchaba que los multitudinarios públicos coreaban su nombre. Siempre al borde de la tarima, sin ponerse nunca en riesgo. Las primeras filas le lanzaban globos gigantescos y ella los devolvía. Luego se echaba plácidamente a escuchar la música.

Cocoa The Tour Dog salió de gira con Stick Figure prácticamente desde que Scott la adoptó, cuando apenas tenía dos añitos. En el 2024, ya con la banda consolidada como un fenómeno en redes sociales y festivales dentro y fuera de los Estados Unidos, Woodruff lanzó un simpático libro para niños, ilustrado por Orozco, Cocoa The Tour Dog. Los textos los trabajó el mismo Scott junto a Adam Mansbach, un escritor de literatura infantil neoyorquino, que fue considerado el mejor en su género por The New York Times ese año.

Canciones sobre perros de otros artistas

En la historia de la música contemporánea hemos tenido varios ejemplos de artistas que han mostrado su amor por los perros de distintas formas. Por ejemplo, Paul McCartney le compuso una dulce melodía de music hall a su perrita ovejera inglesa Martha, uno de los temas más bonitos del doble The Beatles (1968), Martha my dear.

Otro caso fue el de la banda británica de rock psicodélico y progresivo Pink Floyd que grabó una corta viñeta bluesera titulada Seamus, en su sexto larga duración Meddle (1971). Durante los dos minutos del tema se escucha aullar, por delante de la guitarra acústica de David Gilmour y el piano de Rick Wright, a Seamus, un perro de raza collie que pertenecía a un amigo de la banda, el guitarrista y líder de Humble Pie y Small Faces, Steve Marriott.

Un año después, en la película Pink Floyd: Live at Pompeii (1972), Roger Waters en guitarra y David Gilmour en armónica recrearon Seamus con el título de Mademoiselle Nobs, el nombre de una perrita cazadora rusa, integrante de un circo, que fue llevada a los estudios para hacer el aullido mientras recibe caricias de Wright.

Finalmente, podemos mencionar a Frank Zappa quien, en su particular estilo, mantuvo siempre al perro como un personaje constante en sus canciones. Por ejemplo, en Dog breath, in the year of the plague y su adaptación instrumental The dog breath variations, aunque aquí el perro solo figura en el título (Uncle Meat, 1969). En Evelyn, a modified dog (One size fits all, 1975), la protagonista es una dulce poodle confundida por los extraños cortes de pelo que le hicieron. Mientras que en Stink-foot (Apostrophe, 1974), un perro comienza a hablar, después de recuperarse del mal olor de los pies de su dueño.

Una historia de amor incondicional

Pero el caso de Scott Woodruff y Cocoa The Tour Dog -cuya hermana menor, Molly, también acompaña a Stick Figure- es único. Estamos hablando de una relación tan estrecha que llevó a un ser humano a llevar a su mascota a todas partes, sin separarse nunca. Y, en respuesta, recibió una entrega total al público, “haciendo felices a todos los que la vieron”, como dice el guitarrista en su carta de despedida. “Acompañarla en su partida fue increíblemente apacible. Ella no sufrió. Murió con naturalidad en mis brazos, linda hasta el final, tal y como yo esperaba que fuera”.

En estos tiempos de hiper dependencia tecnológica e insensibilidad frente al desastre en el que se está convirtiendo el mundo, desde las guerras e invasiones que son celebradas como si fueran campeonatos de fútbol por las mismas personas que abandonarían a un perro después de atropellarlo, asistir a un concierto de Stick Figure equivalía a una reconexión con lo que realmente importa, la música orgánica, la vida en comunidad, la defensa de la naturaleza y el respeto por la vida animal.

El ejemplo que nos da Stick Figure merece reconocimiento y su líder, Scott Woodruff, toda la solidaridad posible que recibe de sus seguidores quienes hasta hoy no dejan de compartir fotografías y videos de las ocasiones en que vieron a Cocoa en sus conciertos. En la última despedida de su querida mascota, el apenado músico se da un tiempo para dar las gracias. “Los perros son un verdadero regalo para el mundo. Gracias a todos por llevarla en sus corazones y por todo el cariño que han compartido con Cocoa a través de los años. Ella era la mejor”.

El último álbum de Stick Figure, Free flow sessions, salió al mercado pocos meses antes del fallecimiento de Cocoa y está disponible, como el resto de su discografía, en la web de la banda https://stickfigure.com

 

[Música Maestro] Una voz (des)conocida

Las letras de sus canciones hablan de solidaridad, de gente trabajadora, de héroes nacionales, de niños sin escuela, de resistencia contra el imperialismo. Las grabaciones de su primera década (entre 1969 y 1979), son sencillas, alejadas de los adornos que altos presupuestos de gobiernos cuestionados en otros países les aseguraban a sus cantores -con todo lo que respeto y admiro a Silvio, quizás algo de eso hubo para dotar a sus fantásticos poemas musicalizados de aquellas orquestaciones fastuosas y ese sonido prístino gracias al cual entendimos cada metáfora, cada juego de palabras, cada insinuación a favor de la revolución verdeolivo.

Durante la primera mitad de los ochenta, mientras José Luis Rodríguez “El Puma” endulzaba los oídos y corazones de nuestras abuelas, tías, madres y hermanas entonando con su voz varonil baladas románticas como Dueño de nada (1982), Culpable soy yo (1983) o Perdidos en París (1984); y Óscar D’ León ponía a bailar a toda Hispanoamérica y a los cubanos en Miami al ritmo de Y mi negra está cansá (1980), Calculadora (1983), Se solicita un novio (1981) y tantas otras, la voz grave y profunda de Alí Primera, venezolano como ellos, cantaba desde la oscuridad de su militancia comunista a la conciencia de los pueblos, con discos como Con el sol a medio cielo (1982) o Entre la rabia y la ternura (1984), un poco más pulidos en producción pero igual de directos y rugosos que De una vez (1972) o Adiós en dolor mayor (1974), dos de sus álbumes más (des)conocidos.

En los años noventa, el apellido de Alí Primera volvió a sonar en las radios salseras y canales de televisión del Perú por el éxito que tuvieron sus hijos Servando y Florentino, en ese entonces de 13 y 12 años respectivamente, como vocalistas de Salserín, orquesta infantil que se ganó las preferencias del público masivo con sus tiernas canciones.

Pero ni por eso la larga trayectoria de “El Cantor del Pueblo” fue revisitada como curiosidad o anécdota familiar por los disc-jockeys, comunicadores y periodistas de la época, por pura y dura ignorancia. En Venezuela, entonces un país al que migraban nuestros compatriotas buscando un mejor futuro, los sucesivos gobiernos que lo escucharon cantar vetaron su nombre de todas las radios y compañías discográficas.

3 de enero: Una oportunidad para reescucharlo

A diez días de la operación militar de Donald Trump, casi nadie duda a nivel mundial de que fue un acto de terrorismo geopolítico, el más grave después del genocidio en Gaza en lo que va del siglo XXI. Cada nueva capa de análisis serio y desideologizado sobre este agresivo acto sigue mostrando las oscuras y nada democráticas intenciones de Estados Unidos pues, más allá del carácter dictatorial y corrupto del régimen de Nicolás Maduro, la incursión se reduce a un secuestro internacional para apoderarse de recursos energéticos que no le pertenecen, más allá del vergonzoso reduccionismo de la prensa convencional y sus tentáculos, que aun se refieren a esta bravata neocolonialista como “un acto de liberación”.

En esta coyuntura, tan difícil de entender (¿o de aceptar?) para muchos, un hecho pasó desapercibido: el nombre de Alí Primera fue usado por el Ministerio de Cultura venezolano en un comunicado de rechazo al ataque, mencionando una de las canciones que más caló en el inconsciente colectivo llanero, Humanidad (LP Canción mansa para un pueblo bravo, 1978), un acto de apropiación cultural por parte de un gobierno que traicionó todos los ideales que supuestamente defendía, como prolongación del chavismo.

De hecho, Hugo Chávez también mencionaba todo el tiempo a Alí Primera y sus canciones, pues calzaban a la perfección con el perfil ideológico que representaba “el socialismo del siglo XXI”, aun cuando habían sido escritas mucho antes de su llegada al Palacio de Miraflores. Esta práctica del fallecido líder militar venezolano fue siempre criticada por los conocedores de la obra del artista que, en más de una ocasión, manifestó su desprecio por la posibilidad de que los militares tomaran el poder, como en la canción Cuando las águilas se arrastren (LP De una vez, 1972).

Canciones de protesta

La primera vez que tomé contacto con la música de Alí Primera fue en los años noventa, cuando a mis manos llegó una mala copia de Abril en Managua. Así fue como se tituló el cassette que resumía los siete días del II Festival de la Nueva Canción Latinoamericana, realizado en la capital nicaragüense, en abril de 1983.

En aquel concierto, el venezolano entonó, acompañado únicamente de su cuatro -instrumento tradicional de su folklore- El sombrero azul (LP Al pueblo lo que es del César, 1981), una canción dedicada a El Salvador, que entonces se encontraba sumido en una atroz guerra civil entre los guerrilleros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y las fuerzas militares de la dictadura, apoyadas por los Estados Unidos.

Aunque en ese momento estaba más familiarizado con otros participantes de aquel festival trovadoresco, como Chico Buarque, Silvio Rodríguez o Mercedes Sosa, esa única canción me quedó grabada en la mente. Años después, gracias a internet, pude explorar la música de Alí Primera y me topé con más de una sorpresa. A pesar de la precariedad de sus registros sonoros, pues ningún sello comercial venezolano editó sus álbumes con una producción decente, existe en su cuerpo de trabajo una coherencia y vitalidad que lo hace vigente en tiempos modernos.

Entre 1969 y 1984, Alí Primera lanzó al mercado, de manera independiente a través de sellos pequeños, trece discos de larga duración con sus composiciones, en las que luce una potente voz de barítono -parecida a la de otro grande la canción social, el argentino Facundo Cabral- y una poesía inspirada, sensible y directa. A veces tocando la guitarra, a veces el tiple o el cuatro, Alí Primera exhibía una expresividad original y genuina, motivo por el cual es reconocido, a pesar de que no se le mencione por mezquinos sesgos políticos, como un icono de la música venezolana contemporánea.

Músico y militante

Luego de ingresar a la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, a mediados de los años sesenta, Alí Primera -su nombre de pila era Ely Rafael, pero los mayores le decían “Alí” por la procedencia árabe de su familia- comenzó a dar rienda suelta a su talento musical, que había descubierto cuando uno de sus tíos le enseñó a tocar el cuatro. La identificación con próceres de la independencia, obreros, comerciantes y desprotegidos lo llevó a inscribirse en el Partido Comunista de Venezuela (PCV), que le gestionó en 1969 una beca para estudiar Ingeniería Petrolera en la Universidad Politécnica de Bucarest (Rumania).

Estando en Alemania grabó su primera selección de composiciones originales, titulada Canciones de protesta (1969) y tres años después llegaría el mencionado De una vez (1972), con el subtítulo Lieder der dritten welt – Für eine einzige welt (Canciones del tercer mundo – Para un solo mundo, en alemán). En ambos discos, Alí Primera dejó clara su intención al componer tonadas de respaldo a Vietnam, odas a sus mujeres, soldados y hasta al mismísimo Ho Chi Mihn. También abundan los versos de apoyo a Cuba y el recuerdo de un profesor y secretario general del PCV, Alberto Lovera, asesinado a los 42 años en 1965 por la policía tras ser arrestado por sus actividades sindicalistas.

Una vez de regreso en su país, el cantautor nacido en 1941 en Coro, localidad del estado noroccidental de Falcón, se asoció con el sello independiente Promus (Productora Musical C.A.) con el cual lanzó tres álbumes más, Lo primero de Alí Primera (1973, que combina algunos cortes de sus primeros dos discos con canciones nuevas), Canción para los valientes y Adiós en dolor mayor (ambos de 1974).

En estas producciones, Primera se muestra como un cantor orgánico, sin mucho más acompañamiento que el de su propia voz y cuerdas, en canciones como Vamos gente de mi tierra, Hacen mil hombres, Ruperto o El cantor de Bolivia, a la memoria del cantante y guerrillero argentino Benjo Cruz, asesinado por el dictador boliviano Alfredo Ovando en 1970. Destacan de este periodo Los pies de mi niña, para su primogénita María Fernanda, Canción panfletaria y José Leonardo, en honor de un prócer de la abolición de la esclavitud de su país en el siglo XVIII, José Leonardo Chirino, cruelmente asesinado por las fuerzas coloniales.

Cigarrón, su propio sello discográfico

Para la segunda mitad de los años setenta, la figura de Alí Primera ya era de culto en sindicatos, universidades y grupos de izquierda, a cuyos eventos asistía siempre con una amplia sonrisa, su melena revuelta y una vestimenta sencilla. Mientras el mundo se acostumbraba a la imagen de una Venezuela alegre y luminosa, exportadora de baladistas, salseros y reinas de belleza -una situación que se incrementó en la década siguiente por el auge de la industria televisiva y sus novelas que rivalizaron muy de cerca con la producción mexicana-, los alegatos panfletarios de Alí Primera seguían inoculándose en la conciencia y el alma de la gente.

Para asegurar la grabación, edición y lanzamiento de sus discos, fundó un sello discográfico, Cigarrón, con el cual produjo siete álbumes más -cuyas carátulas muestran coloridas ilustraciones de la artista plástica Consuelo Méndez, de profundos mensajes alegóricos-, ampliando su paleta de sonidos y géneros, gracias a los arreglos de los músicos Alí Agüero y Emiro Delfín, convirtiéndose en una figura subterránea de la canción latinoamericana. Su aparición estelar en aquel festival de Nicaragua cimentó más su estatus en la escena de la nueva trova. Actualmente, en YouTube puede verse el concierto pero, como la fuente es un antiguo VHS, tiene un audio pésimo.

Aun así, la vibrante actuación de Ali Primera aparece como testimonio de su impacto en el público. En Managua conoció personalmente a Mercedes Sosa, a quien le dedicó una composición, Canción para Mercedes (Entre la rabia y la ternura, 1984), que emocionó mucho a la recordada intérprete argentina: “Qué hermoso era Alí Primera -dijo “La Negra”-, qué honesto y solidario fue siempre aquel compañero venezolano y batallador… y qué hermosa canción la que me hizo y me dedicó”.

Últimos proyectos y muerte prematura

Mientras que los discos La patria es el hombre (1977), Cuando nombro la poesía (1977) y Canción mansa para un pueblo bravo (1978) mantienen el sonido austero, intimista y personal, con canciones como La guerra del petróleo, Paraguanera, Zapatos de mi conciencia, La piel de mi niña huele a caramelo (para su segunda hija, María Ángela), Humanidad o Los que mueren por la vida; a partir de Abrebrecha (1980) se escuchan instrumentaciones un poco más elaboradas, con percusiones menores y hasta conjunto de cuerdas, lo cual aumentaba las posibilidades de que sus mensajes de unidad y justicia social llegaran a un público más grande.

Los temas seguían siendo los mismos, desde luego, prueba de su consecuencia y sentido humanista. Ahora que el petróleo es nuestro, por ejemplo (Canción mansa para un pueblo bravo, 1978), alegre y rítmica, servía para celebrar los tres años de fundación de la empresa estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), hoy bajo administración trumpista.

En medio de los preparativos para un nuevo paso en su camino musical, Alí Primera falleció, a los 43 años, en un accidente de tránsito provocado por un chofer ebrio que embistió a su automóvil, en una carretera caraqueña en febrero de 1985. Por un tiempo se especuló que había sido un atentado, puesto que el artista recibió más de una amenaza de muerte por su postura política. Sin embargo, las investigaciones en su tiempo desestimaron esa posibilidad. En 1986, su medio hermano José Montecano completó las canciones que venían trabajando, para el disco póstumo Por si no lo sabía, editado por el sello Distribuidora Sonográfica S.A. Este LP incluye la canción Palabra de luz, dedicada al educador Luis Beltrán Prieto Figueroa, fundador de escuelas y conocido sindicalista de su país.

El legado de Alí Primera en Venezuela

Recientemente, hay un renacimiento local de la admiración por la obra musical Alí Primera, su trascendencia y compromiso sociopolítico, tanto desde la apropiación cultural de los sucesivos regímenes de Chávez y Maduro como de colectivos artísticos que, si bien es cierto, suscriben claras posturas de izquierda, lo hacen más desde lo cultural y humanista que desde las siempre cenagosas arenas políticas marcadas por el interés económico y las ansias de poder. Lamentablemente, esos caminos se cruzan y confunden permanentemente en una dinámica que impide la universalización de sus canciones.

Si a ello le sumamos la ignorancia de quienes nunca entienden nada, azuzada por los grupos de ultraderecha y, como dice el experto argentino en geopolítica mundial, Ariel Umpiérrez, “las oligarquías locales latinoamericanas que siempre han contribuido a la hegemonía estadounidense traicionando a sus propios países”, el legado de Alí Primera permanece, aunque vigente y fuerte en clásicos de la trova latinoamericana como Techos de cartón, No basta rezar o Yo no sé filosofar, entre sombras para las grandes mayorías.

A diferencia de otros trovadores como Silvio Rodríguez (Cuba), Joan Manuel Serrat (España) o Facundo Cabral (Argentina), de alto perfil incluso para públicos no interesados en este tipo de música, la discografía de Alí Primera está oculta, un nivel más abajo de otros iconos de la canción social como Alfredo Zitarrosa (Uruguay) o Violeta Parra (Chile). Aun así, se producen hechos que resultan curiosos, anecdóticos, en especial en el contexto que estamos viviendo en este 2026, en que la palabra “Venezuela” aparece por todos lados y en todos los idiomas.

Por ejemplo, la banda venezolana de pop-rock y latin -funk Rawayana, duros críticos del régimen de Maduro e incluso acusados de haber recibido financiamiento de instituciones de derecha en su país, en su discurso de agradecimiento tras recibir el Grammy 2025 al Mejor Álbum de Rock Alternativo Latino por su quinto disco ¿Quién trae las cornetas? (Brócoli Records, 2023), rindieron homenaje a varios iconos de la música de su país, incluyendo a Alí Primera.

Del mismo modo, en el año 2024 el periodista e investigador Daniel Yegres estrenó la película Alí Primera, que ha recibido reconocimientos en diversos festivales europeos. En octubre del 2025, medios venezolanos anunciaron que este largometraje representará a Venezuela en la próxima entrega de los Premios Oscar… ¡en Estados Unidos! Esperemos que eso no motive que Donald Trump ordene la eliminación de la categoría Mejor Película Extranjera.

[EL DEDO EN LA LLAGA] En 1995, Umberto Eco publicó su ensayo “Eternal Fascism” (“El fascismo eterno”), identificando 14 características típicas de esta ideología, la cual él también denomina ur-fascismo, es decir, el fascismo primordial, arquetípico o eterno, es decir, una forma esencial y subyacente del fascismo que trasciende las manifestaciones históricas concretas (como el fascismo italiano de Mussolini o el nazismo alemán). Según Eco, el ur-fascismo no es un sistema ideológico rígido y coherente, sino una nebulosa de actitudes, impulsos y características que pueden aparecer en combinaciones variables y que sobreviven al fascismo histórico del siglo XX. Estas características pueden manifestarse en movimientos políticos modernos, incluso bajo apariencias inocentes o democráticas, sin que necesariamente se declare abiertamente fascista.

Las reflexiones del filósofo italiano revisten suma actualidad, y nos sirven para identificar los diferentes fascismos que han tomado carta de ciudadanía no sólo en la política actual a nivel mundial, sino también en el ámbito religioso.

Ya hace 30 años, Eco alertaba sobre el peligro de estas corrientes de pensamiento:

«El ur-fascismo sigue entre nosotros, a veces en ropa de civil. Sería mucho más fácil para nosotros si apareciera en la escena mundial alguien que dijera: “Quiero reabrir Auschwitz, quiero que las Camisas Negras vuelvan a desfilar por las plazas italianas”. La vida no es tan sencilla. El ur-fascismo puede regresar bajo los disfraces más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y señalar con el dedo cada una de sus nuevas manifestaciones —todos los días, en todas las partes del mundo—. Merece la pena recordar las palabras de Franklin Roosevelt del 4 de noviembre de 1938: “Me atrevo a afirmar, desafiando a quien corresponda, que si la democracia estadounidense deja de avanzar como una fuerza viva, buscando día y noche por medios pacíficos mejorar la suerte de nuestros ciudadanos, el fascismo crecerá en fuerza en nuestra tierra”. La libertad y la liberación son una tarea interminable».

Las palabras del presidente Roosevelt son proféticas y parecen haberse cumplido en el presente bajo la administración del presidente Donald Trump. Pero quizás lo que más nos puede interesar es cómo se plasman esas características del “fascismo eterno” en asociaciones religiosas, sobre todo las que forman parte de la Iglesia católica. Para ello voy a ir enumerando esas características, comentando cómo se plasmaban en el Sodalicio de Vida Cristiana, una sociedad de vida apostólica que fue suprimida el 14 de abril de 2025 por el Papa Francisco y a la cual yo estuve vinculado durante treinta años.

  1. El culto a la tradición. El fascismo eterno se basa en un sincretismo cultural que rechaza la innovación y ve la verdad como ya revelada en un pasado mítico.

En el Sodalicio se veneraba la Antigüedad Cristiana y la Edad Media como épocas de plasmación perfecta de los valores cristianos en la sociedad —lo que conocemos como la cristiandad occidental— y se veía el desarrollo de las ideas a partir del Renacimiento como un declive en decadencia continua que conducía a la configuración de la sociedad moderna

  1. El rechazo de la modernidad. Ve la Ilustración y la razón moderna como el origen de la decadencia, aunque pueda aceptar avances tecnológicos superficiales.

El mundo actual era visto como un ente en absoluta decadencia, producto de la Reforma protestante, la Ilustración y la Revolución Francesa, todos ellos sucesos que desembocaron en la sociedad moderna, donde no existiría ningún pensamiento ni sistema ideológico rescatable.

  1. El culto a la acción por la acción. La acción se valora por sí misma, sin reflexión; pensar es una forma de debilidad. Se asocia al irracionalismo y al antiintelectualismo.

Si bien en el Sodalicio se insistía en que uno debía tener un pensamiento racional y desconfiar de los sentimientos, no se permitía ser crítico con los postulados ideológicos de la institución. Más bien, se debía actuar sin pensar cuando un superior daba una orden.

  1. El desacuerdo es traición. La crítica o el desacuerdo se consideran traición; no se tolera el debate racional.

En el Sodalicio quien criticaba el pensamiento único imperante o manifestaba discrepancias era considerado un traidor, al cual se le tenía que disciplinar y castigar.

  1. El miedo a la diferencia. Explotación del temor a lo diferente; el primer enemigo son los “intrusos”. Por definición, es racista.

La frase “un sodálite sólo puede ser amigo de otro sodálite” que repetía Luis Fernando Figari, el fundador del Sodalicio, expresaba la desconfianza que se debía tener hacia todo el que fuera ajeno a la institución. “Un cholo nunca podrá ser un buen sodálite”, otra frase suya, expresaba el desprecio que tenía hacia todo aquel que tuviera ancestros indígenas.

  1. Apelación a la frustración social. Surge de la frustración individual o colectiva, especialmente de clases medias amenazadas por crisis económicas o presión de grupos inferiores.

El Sodalicio buscó al principio a sus adeptos entre jóvenes de clases medias y altas, frustrados por la falta de perspectivas en el Perú, que pasó por una dictadura militar en los setenta, y por graves crisis económicas y sociales en los ochenta, a las cuales se sumó la amenaza terrorista en los ochenta y noventa.

  1. Obsesión por el complot. Los seguidores se sienten asediados por enemigos internos y externos; la vida nacional se ve como una conspiración permanente.

En los años setenta y ochenta se nos hablaba en el Sodalicio de la conspiración judeo-masónica para dominar el mundo. A eso se sumó la amenaza que constituía el comunismo y su supuesto socio, la teología de la liberación, que presuntamente no era otra cosa que la infiltración del marxismo dentro de la Iglesia. Y al Plan de Dios se contraponía el plan del demonio para descristianizar a la sociedad.

  1. El enemigo es a la vez demasiado fuerte y demasiado débil. Los enemigos son humillados, pero al mismo tiempo se les presenta como invencibles para justificar la lucha eterna.

Se nos inculcaba a los sodálites que teníamos la fuerza para vencer al mal en el mundo, pero a la vez este mal era sumamente poderoso y omnipresente, de modo que necesitábamos de la ayuda constante de Dios.

  1. La vida es lucha permanente. La paz es vista como una conspiración; se prepara para una batalla final apocalíptica (como el Armagedón o la guerra racial).

“La vida es milicia”, frase atribuida a José Antonio Primo de Rivera, era uno de los lemas que se nos repetía, refrendado por una cita del libro de Job en la versión de la Biblia de Jerusalén: “¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra?” (Job 7, 1). Las lecturas obligadas de libros de ciencia ficción distópica —como “1984” de George Orwell y “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, entre otros— alimentaban en nosotros la conciencia de que los tiempos apocalípticos estaban cerca.

  1. El desprecio por los débiles (elitismo popular). Se fomenta un elitismo de masas: cada ciudadano desprecia a los inferiores, pero admira a un líder superior.

Los sodálites se concebían como una élite que iba a reformar y salvar a la Iglesia, bajo la guía de su líder Figari, mientras que se tenía en menos a las demás asociaciones y órdenes religiosas —se decía que eran relajadas y poco exigentes— y también a los católicos de a pie, a los cuales se denostaba con el término despectivo de “parroquieros”.

  1. El culto al heroísmo y a la muerte. Se educa en el heroísmo; el héroe aspira al martirio, y la muerte es glorificada.

Aquí es pertinente citar dos estrofas del “Himno sodálite a Cristo Rey”, cantado solamente en ocasiones solemnes a puerta cerrada:

Soy de Cristo soldado escogido,

su bandera he jurado seguir,

lucharé por la fe decidido

aunque sea preciso morir,

aunque sea preciso morir.

 

Es María y Cristo que llaman,

nos convocan a una lucha sin par.

Cristo Rey, tus sodálites te aman

y desean morir por tu ley,

y desean morir por tu ley.

  1. El machismo y el culto al arma. Transferencia de la voluntad de poder a la esfera sexual (machismo, condena de costumbres no convencionales) y al manejo de armas.

Figari solía hablar del “estilo viril que nos caracteriza” y también nos inculcaba una misoginia profunda: “A la mujer, ¡con la punta del zapato!” Más aún, cuando alguien mostraba desaliento o tenía un momento de debilidad, se le comparaba con las mujeres: “Pareces una hembrita con tetas y todo”.

  1. Populismo cualitativo. El líder interpreta la “voluntad del pueblo” de forma selectiva; el parlamento o las instituciones democráticas se rechazan por no representar la verdadera voz popular.

NI que decir, los mecanismos democráticos eran totalmente ajenos al Sodalicio. Se consideraba la democracia en cuanto sistema político como una muestra de la decadencia de Occidente. Y al interior del Sodalicio, el único que representaba la voluntad de los sodálites era Figari, a quien todos debían obediencia incondicional.

  1. Uso de la neolengua. Empleo de un vocabulario pobre y sintaxis simplificada para limitar el pensamiento crítico y complejo.

Como ya lo he señalado en mi libro Las Líneas Torcidas (Lima 2025), “en el Sodalicio se fue creando un léxico propio, que debía ser vehículo de expresión de la espiritualidad sodálite y al cuál debían ceñirse todos los sodálites”. El control del lenguaje era una herramienta para controlar los pensamientos.

Lamentablemente, estas características del “fascismo eterno” también serían identificables en otras asociaciones católicas. No debemos parar en denunciar y señalar este mal, que constituye un peligro no sólo para las personas vinculadas a ellas, sino para la sociedad en general.

[Música Maestro] Pocos saben que Brigitte Bardot, admirada figura del cine francés y la liberación femenina fallecida el 28 de diciembre a los 91 años, tuvo una breve carrera musical. Lanzó cinco álbumes entre 1963 y 1968 en clave de pop psicodélico y nuevaolero, además de otros singles hasta 1973. En 1968, ella interpretó la versión original de un tema llamado Je t’aime… moi non plus. Serge Gainsbourg, su compositor, había escrito la sensual melodía pensando en ella.

Sin embargo, nunca fue lanzada al mercado para evitar que la prensa descubriera el romance secreto que mantenían, reemplazándola un año después con la versión que todos conocemos, cantada por la joven modelo inglesa Jane Birkin. La grabación de la recordada activista de los derechos animales y controvertida defensora de la ultraderecha parisina vio la luz recién en 1986, como parte de un disco recopilatorio editado por Polydor Records.

El hard-rock se va quedando sin héroes

El 22 de julio, el vocalista inglés Ozzy Osbourne falleció a los 76 años. Dos semanas antes, el cantante original de Black Sabbath, una de las figuras fundacionales del heavy metal, se había despedido de su público en un multitudinario concierto ante más de 45 mil personas, en Birmingham, su ciudad natal, con una actuación que, sin ser perfecta, fue clara muestra de su fuerza de espíritu tras varios años de padecimientos físicos de todo tipo.

Ace Frehley (74), guitarrista original de Kiss, sufrió una caída grave en su casa en New Jersey, el pasado 2 de octubre. A consecuencia de ello, fue internado con serias heridas en la cabeza. Catorce días después, el 16 de octubre, se anunció su muerte, ocasionando una ola de expresiones de pesar en la fiel comunidad de seguidores de “la banda más caliente del mundo”. Dos meses después, el resto de la banda recibió el premio Kennedy Center Honors, manchando su impecable trayectoria musical por su desembozado e incomprensible apoyo a Donald Trump.

Los fans de la era clásica del hard-rock lloraron la partida del guitarrista británico John Sykes, anunciada el 20 de enero, aunque posteriormente se supo que había fallecido un mes antes, en diciembre del 2024, víctima del cáncer a los 65 años. Sykes fue integrante de famosas bandas como Thin Lizzy (1982-1983), Whitesnake (1984-1988) y Blue Murder, power trío cuyo epónimo álbum debut de 1989 es una de las mejores producciones del género en esa década. Su estilo bluesero lo convirtió en un genuino héroe de la guitarra, aunque no haya recibido el reconocimiento masivo que merecía en vida.

Por su parte, los amantes del nu metal y otras vertientes contemporáneas del rock duro lamentaron las muertes de Sam Rivers (18 de octubre, 48), bajista de Limp Bizkit; y Tomas Lindberg (16 de septiembre, 52), de la banda sueca de death metal melódico At The Gates, ambos aquejados también por el cáncer; mientras que Brent Hinds (20 de agosto), voz y guitarra líder de Mastodon, sufrió un mortal accidente mientras conducía su motocicleta, cuatro meses después de separarse del poderoso cuarteto que había fundado en el 2000. Tenía solo 51 años.

Leyendas del pop-rock que nos dejaron

El año comenzó, literalmente, con el primer fallecimiento dentro del grupo vocal de country-pop norteamericano The Osmonds. El 1 de enero, el segundo de los nueve hijos de esta familia musical mormona, Wayne, falleció a los 73 años de un paro cardíaco. Muy famosos durante los sesenta y setenta por sus especiales navideños y canciones inocentes, los Osmond desaparecieron del radar de las nuevas generaciones casi de manera absoluta. Además de cantar, Wayne se encargó de las guitarras en todas las producciones del grupo desde 1971.

Las sucesivas muertes de Sylvester Stewart y Brian Wilson -9 y 11 de junio, respectivamente- fueron fuente de diversos homenajes y publicaciones en la prensa cultural especializada mundial. Los legados de Sly & The Family Stone y The Beach Boys son verdaderos tesoros para la cultura pop de un país como Estados Unidos, sumergido hoy en la inmundicia de tener un presidente involucrado en sonados casos de pederastia y promotor de colonialismos homicidas. Ambos artistas dejaron este mundo a los 82 años.

Garth Hudson (21 de enero) era el último miembro de The Band que quedaba hasta su fallecimiento a los 87 años. Versátil y brillante, dominaba teclados, vientos y acordeones, además de encargarse de los aspectos técnicos de todas las grabaciones del quinteto canadiense, incluido el extraordinario LP The basement tapes (1968-1975), con Bob Dylan. Fue el mismo caso de Joey Molland (1 de marzo, 77), guitarrista de Badfinger, con cuya muerte se sella la desaparición del cuarteto que compuso y grabó las versiones originales de Without you y Carry on ‘til tomorrow.

El 2 de noviembre falleció Donna Jean Godchaux (78), vocalista de los Grateful Dead entre 1972 y 1979. Y más recientemente, el 3 de diciembre, el guitarrista Steve Cropper, histórico integrante de Booker T. & the M.G.’s y The Blues Brothers, a los 84 años. También dejó de existir el vocalista y bajista de The Youngbloods, Jesse Colin Young, cuya voz oímos en el tema Get together, de su primer LP de 1967. El 23 de junio, Mick Ralphs, guitarrista de Mott The Hoople y Bad Company, falleció a los 81 años. Con esas bandas grabó himnos definitivos del rock setentero como All the young dudes o Feel like makin’ love. Otro guitarrista de esa época, el holandés George Kooymans (22 de julio, 77), pasó a la historia con Golden Earring y su éxito Radar love (1973).

Marianne Faithfull, cantante y actriz británica, falleció a los 78 años (30 de enero). Desde su sonado romance de casi un lustro con Mick Jagger en los sesenta, su participación en el concierto The wall que hiciera Roger Waters en 1990 o su colaboración con Metallica en el tema The memory remains (Reload, 1997), Faithfull fue un genuino icono artístico y contracultural. Aquí podemos verla interpretando, a dúo con David Bowie, el clásico I got you babe en el recordado programa Midnight Special, en 1973. Roberta Flack (24 de febrero, 88), intérprete de la balada Killing me softly with his song, exitazo de su quinto LP de 1973, murió en un hospital de Manhattan. Tenía problemas cardíacos.

El 26 de mayo, falleció otro histórico guitarrista norteamericano, Rick Derringer (77), cercano colaborador de los hermanos Edgar y Johnny Winter, quien metió sus afilados solos y riffs en los clásicos Frankenstein y Free ride, así como en su propio single Rock and roll hoochie koo, todas de 1973. Casi una década antes, Derringer ya había conocido la fama como integrante de The McCoys, con quienes grabó el single de R&B/pop Hang on sloopy (1965).

El británico Roy Thomas Baker (12 de abril, 78), recordado por su trabajo como productor en los cuatro primeros álbumes de Queen -él estuvo detrás de las consolas durante la creación de Killer queen, You’re my best friend o Bohemian rhapsody- así como en los álbumes más famosos de bandas como The Cars, Journey, Foreigner, entre otros.

Estrellas caídas del jazz y el rock progresivo

En el mundo del jazz, las muertes más sentidas han sido las del baterista Jack DeJohnette (26 de octubre, 83), legendario integrante de los conjuntos de jazz-rock de Miles Davis en los setenta; el trompetista Chuck Mangione (22 de julio, 84), figura destacada del smooth-jazz; el bajista Anthony Jackson (19 de octubre, 73), inventor del bajo de seis cuerdas; Roy Ayers (4 de marzo, 84), vibrafonista de soul, jazz y funk.

También se separó de este mundo el brasileño Hermeto Pascoal (13 de septiembre, 89), una de las mentalidades más innovadoras del siglo XX. Y el 26 de diciembre murió Daniel Piazzolla (70), hijo del compositor argentino Astor Piazzolla, quien trabajó junto a su padre a finales de los setenta como parte del Octeto Electrónico, uno de los periodos más innovadores y desafiantes del tango.

Mientras tanto, los conocedores del rock progresivo también recibieron muy malas noticias durante estos doce meses. Quizás la más reconocible sea la del fallecimiento del fundador, tecladista y cantante de Supertramp, Rick Davies (6 de septiembre, 81), pues tendió puentes entre la complejidad del prog-rock y el pop sofisticado accesible a las radios.

En el otro extremo, personalidades destacadas que fallecieron el 2025 fueron Jamie Muir (17 de febrero, 79), percusionista de King Crimson a inicios de los setenta; Mike Ratledge (5 de febrero, 81), tecladista fundador de Soft Machine; John Lodge (10 de octubre, 82), bajista original de The Moody Blues; y Mick Abrahams (19 de diciembre, 82), primer guitarrista de la formación original de Jethro Tull, que fue reemplazado en 1968 por Martin “Lancelot” Barre.

La comunidad de seguidores del universo Frank Zappa recibieron tres serios golpes este año que se acaba. El 5 de septiembre, el vocalista Mark Volman falleció a los 78 años. Junto a Howard Kaylan fueron las voces de The Turtles, famosos por su éxito de 1965 Happy together. A inicios de los setenta, se unieron a Frank como el dúo humorístico vocal Flo & Eddie. Por otro lado, fallecieron los dos últimos miembros originales de The Mothers Of Invention, el guitarrista Elliot Ingber y el bajista Roy Estrada.

Ingber (21 de febrero, 82), se separó de Zappa apenas lanzado el primer LP, Freak out! (1966) para integrarse a The Magic Band de Captain Beefheart con el pseudónimo de Winged Eel Fingerling. Por su parte, Estrada fue parte fundamental del sonido de The Mothers hasta su disolución en 1969, tras lo cual tocó con Captain Beefheart y la banda de blues-rock Little Feat. El bajista fue condenado en el 2012 por diversos casos comprobados de violación sexual a menores de edad y falleció en una cárcel de Texas, el 14 de agosto, también a los 82, uniéndose a una infame lista de músicos criminales que incluye a Chuck Berry, Gary Glitter, Ian Watkins y Michael Jackson.

Luto en la música en español

Cantantes nuevaoleros como los argentinos Leo Dan (1 de enero, 82), Yaco Monti (18 de septiembre, 80) o los españoles Manolo de la Calva (26 de agosto, 88) -del Dúo Dinámico- y Juan Ramón (30 de abril, 64), dejan recuerdos inolvidables en el rubro baladas en castellano, especialmente el primero, cuyas composiciones grabadas entre 1963 y 1980 continúan sonando en las radios y son reconocidas por distintas generaciones.

La intérprete de una de las canciones más conocidas del folklore mexicano contemporáneo, Rata de dos patas, la veracruzana Francisca Viveros Barradas, más conocida por su alias artístico, Paquita la del Barrio, falleció a los 77 años, el 17 de febrero. La canción, un himno contra la cultura machista infaltable en cualquier karaoke que se respete, fue escrita por Manuel Eduardo Toscano y grabada para el álbum Taco placero (2001).

La salsa tuvo tristes despedidas este año, con los fallecimientos seguidos de Rafael Ithier (6 de diciembre, 99) y Luis “Papo” Rosario (12 de diciembre, 78), integrantes fundamentales de El Gran Combo en su etapa más exitosa. El 20 de febrero, a los 73, falleció el cantante colombiano Wilson “Saoko” Manyoma, de Fruko y sus Tesos, orquesta con la que registró El preso (LP El grande, 1975). Asimismo, recordamos a Rubby Pérez (8 de abril, 69), fallecido en el terrible desplome del techo de un conocido local merenguero en Santo Domingo; y al extraordinario pianista Eddie Palmieri (6 de agosto, 88), columna vertebral de la salsa y el latin jazz.

El rock español perdió a dos de sus nombres más destacados, el vocalista de Ilegales, Jorge Martínez (9 de diciembre, 70), cuyo tema Soy un macarra (LP Agotados de esperar el fin, 1984) es uno de los más representativos de su tiempo y, por otro lado, el guitarrista y líder de Extremoduro, Roberto Iniesta (10 de diciembre, 63) que, en una docena de álbumes lanzados entre 1990 y 2013, hizo de la transgresión y la libertad sus banderas, con letras directas sobre la crisis política de su país y del mundo.

El folklore argentino perdió a dos de sus baluartes, el bandoneonista Osvaldo Piro (7 de agosto, 88), quien fuera esposo de la cantante Susana Rinaldi durante los años setenta; y el legendario acordeonista Raúl Barboza, colaborador cercano de Astor Piazzolla y de Mercedes Sosa, como parte de su conjunto en los años en que “La Negra” regresó del exilio. Ernesto Acher (12 de diciembre, 86), multi-instrumentista, compositor, cantante y actor, se convirtió en el cuarto integrante histórico de Les Luthiers en fallecer, después de sus compañeros Daniel Rabinovich (2015), Marcos Mundstock (2020) y el fundador, Gerardo “Flaco” Masana (1973).

Nuestro país quedó conmocionado tras el asesinato del vocalista de la popular orquesta de cumbia norteña Armonía 10, Paul “El Ruso” Flores (15 de marzo, 38), a causa de la extorsión, una situación que estuvo a punto de repetirse meses después, el 8 de octubre, cuando otra orquesta del mismo subgénero de música popular, Agua Marina, fue atacada a balazos en pleno concierto en Chorrillos. Otra figura de la cumbia peruana, Víctor Yaipén, fundador de El Grupo 5 y la Orquesta Candela, murió el 19 de enero, a los 69 años, por complicaciones asociadas a la diabetes.

Por su parte, el periodista y cantante de pop-rock Álamo Pérez Luna, vocalista de Feiser, de moderado éxito en los años ochenta, murió a los 61 años (17 de abril). Asimismo, dos peruanos ampliamente desconocidos aquí, pero de mucho prestigio en la escena internacional de la ópera y la música orquestal del siglo XX, fallecieron este año: el tenor Luigi Alva (15 de mayo, 98) y el compositor Celso Garrido Lecca (11 de agosto, 99).

Otros nombres destacados

Bandas icónicas de punk y post-punk sufrieron bajas considerables entre enero y diciembre. La más importante ocurrió apenas hace unos días, el 24 de diciembre, en que los medios informaron el fallecimiento, a los 65, del guitarrista y tecladista Perry Bamonte, integrante de The Cure desde aproximadamente 1995, aunque trabajó para la banda como técnico desde 1984. Dave Allen, bajista y fundador de Gang Of Four (5 de abril, 69); Brian James (6 de marzo, 70), guitarrista de la formación original de The Damned; y el baterista de The Jam, Rick Buckler (17 de febrero, 69).

Asimismo, dos históricas bandas de la movida gringa del punk cuya influencia se extendió, por un lado, al heavy metal y, por el otro, al disco y la new wave, perdieron a miembros fundacionales. David Johansen (28 de febrero, 1975), vocalista de The New York Dolls; y Clem Burke (6 de abril, 70), baterista de Blondie, la banda liderada por Debbie Harry. Por su parte, Gary “Mani” Mounfield (20 de noviembre, 63), bajista de los británicos The Stone Roses, uno de los líderes de la escena Madchester, sucumbió a diversos males cardíacos. Y hace dos semanas, el 22 de diciembre, el cantautor norteamericano Chris Rea pasó “al otro barrio”, a los 74 años.

La música electrónica perdió este 2025 a la alemana Christine Hahn (28 de mayo, 1974), del colectivo Malaria!; el inglés Douglas McCarthy, vocalista de los tecnoindustriales Nitzer Ebb (11 de junio, 58); y el escocés David Ball (22 de octubre, 66), productor y multi-instrumentalista de Soft Cell, dúo electropop famoso por su éxito Tainted love (LP Non-stop erotic cabaret, 1981). El vocalista y líder de los influyentes Pere Ubu, David Thomas (23 de abril, 71) de infecciones hepáticas en un hospital de Brighton, Inglaterra, donde vivía desde hacía algunos años.

Un caso especial es el de las gemelas alemanas Alice y Ellen Kessler, cantantes y bailarinas del vaudeville de los años sesenta, que murieron voluntariamente a los 89 años tras solicitar un suicidio asistido. El procedimiento se llevó a cabo en un hospital de Grünwald (Munich), en presencia de un equipo de doctores y abogados, el 17 de noviembre. Las hermanas dejaron su herencia a diversas organizaciones civiles dedicadas al cuidado de personas enfermas y solas.

Como vemos, la lista parece nunca acabar. Lalo Schifrin (26 de junio, 93) compositor argentino de famosas bandas sonoras como Dirty Harry (1971, una de las películas que inmortalizó a Clint Eastwood) o Enter the dragon (1973, tema emblemático del astro de las artes marciales Bruce Lee); Gary Graffman (27 de diciembre, 97), pianista neoyorquino que grabó la banda sonora de Manhattan, película de Woody Allen de 1979; Chris Dreja (25 de septiembre, 78), bajista de The Yardbirds; Connie Francis (16 de julio, 87), una de las primeras cantantes norteamericanas que se atrevió a cantar boleros en español; Jimmy Cliff (24 de noviembre, 81), uno de los más famosos exponentes del reggae jamaiquino; el músico brasileño Salomão “Lô” Borges, que lanzó en 1972 el influyente LP Clube da Esquina con Milton Nascimento; son solo algunas de las grandes estrellas de la música que se apagaron este año.

[OPINIÓN] En el incierto panorama electoral rumbo a abril de 2026, hay una figura que se despega del resto. No por romanticismo ni por construcción mediática, sino por acumulación de hechos. Se llama Keiko Fujimori.

Tres elecciones perdidas. Cárcel. Persecución sistemática. Linchamiento mediático permanente. Un matrimonio donde ella fue víctima estóica  de un evidente y despreciable personaje que terminó mal. Sufrió del rechazo en automático de una  generación formada más por consignas que por análisis. Si después de todo eso alguien sigue viva y compitiendo, hay que preguntarse: ¿qué la sostiene? No es terquedad. Es estructura.

Con la muerte de Alberto Fujimori se cerró un ciclo. El anti fujimorismo profesional perdió a su tótem y hoy se queda sin libreto. Keiko, en cambio, aparece distinta: más serena, más centrada, más cuidada. Alguien la debe estar queriendo bien. Y cuando una persona es querida de verdad, se nota. Así funciona la química humana.

Miremos alrededor. El centro y la derecha ofrecen un catálogo preocupante: improvisados, ególatras, psicópatas funcionales, corruptos reincidentes y confundidos entre el mesianismo y un pseudo liderazgo con graciosas ofertas que van desde “no cobraré un sueldo”  hasta “refundaré el Perú desde el Titicaca.”

La izquierda llega peligrosa pero arrastra el desprestigio de los últimos cinco años, producto del desastre que ellos mismos incubaron en 2021. El país ya pagó esa factura y creo no tiene ganas de repetirla.

A esto se suma el cansancio general desde el 2011, frente a la manipulación política del sistema fiscal, judicial y policial. El hartazgo es transversal. Y en ese contexto, la “China” se coloca al centro del tablero.

Y hay un dato adicional que muchos prefieren ignorar: organización. Keiko tiene partido, cuadros, presencia nacional y disciplina electoral. Algo que no tiene nadie más. Ni siquiera el histórico APRA, hoy atrapado en disputas internas tan previsibles como estériles.

El escenario es claro. El Perú no elegirá en 2026 desde el miedo ni desde la rabia. Elegirá con la esperanza de cerrar una etapa de caos, improvisación y desgaste permanente. Y la opción más estructurada está ahí, visible y probada en la adversidad.

Si eso ocurre como cre, el país tendrá la oportunidad de encaminarse con inteligencia y sentido práctico hacia el 2030. Todo lo demás son inventos.

Parafraseando al buen Fernando Armas: “Ojo de loca, no se equivoca.”  Y esta vez, la intuición apunta a que el Perú puede —por fin—  empezar a caminar en serio. Ojalá.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Su victoria, además, consolida las posiciones de la derecha global, muy especialmente de la latinoamericana y repercute en el Perú, ad portas de sus próximas elecciones generales de abril. Los variopintos candidatos libertarios de nuestro espectro político  estarán saltando en una pata.

De cara a la región, la presencia y el control norteamericanos sobre las reservas petroleras venezolanas- pues para Trump, esto nunca se trató de la democracia- generan un contrapeso a la aventura china iniciada en 2025 al inaugurar el puerto de Chancay. El error chino, más allá de las siempre amables palabras de XI JinPing, es no asociar su presencia en Sudamérica con ningún proyecto de desarrollo para la región, un puerto chino, solo un puerto chino, a fuer de sus pingües inversiones mineras. Entonces los herederos del Imperio del Dragón no tiene aliados en la región, solo observadores, solo expectativas, solo incertidumbres.

Europa es un eterno dilema. Humillada tanto o más que a finales de la Segunda Guerra Mundial, se muestra inerme. Depende tanto de los Estados Unidos que se ha convertido en un ente incapaz de cualquier iniciativa propia, al punto de que nadie se plantea firmemente una Europa sin americanos, una OTAN sin Estados Unidos, o la posibilidad de convertirse en una potencia cuatro o cinco veces menor en poder económico y militar pero con voz propia en el mundo. To be or not to be, sabias palabras de Shakespeare.

En España, siempre un tanto disparatada, se han escuchado las voces usualmente trasgresoras de Pablo Iglesias  e Irene Montero llamando a romper con Europa, con la OTAN, con el mundo. Es que en la península aún no se enteran de que su desarrollo económico, de los servicios y la infraestructura se los financiaron Alemania y Francia desde que se fundó la UE en 1993, ellos apuestan por la autárquica ínsula Barataria donde gobernaría, de seguro, una versión bastante alternativa y woke de Sancho Panza.

Vamos a las ideas, crecimos, crecí, en el antimperialismo yanqui, me revienta, lo rechazo, pero la idea del progreso estalló después de la Segunda Guerra Mundial. No existe eso de que cuanto más nos adentramos en el tiempo más superamos las taras del pasado, como los desembarcos de Marines yanquis y las obscenas dictaduras bananeras. Nada de eso, las armas serán más sofisticadas, pero el hegemón lo seguirá siendo, las oficinas públicas contarán con internet pero nuestras democracias son tan frágiles como en tiempos de la  fundación republicana.

Europa no puede, o no quiere, o se ha acomplejado tanto que ha perdido hasta el élan vital del que nos hablaba Henry Bergson hace un siglo. ¿Qué podrá América Latina? los pequeños pececillos siguen nadando despreocupados en el mar en el  que se alimenta el tiburón del imperialismo, las cálidas aguas del mar caribe, si hasta la analogía no nos lo parece ya tanto.

¿Es posible la Patria Grande? He seguido mucho a Haya de la Torre que dedicó su vida al proyecto de unir Indoamérica pensando que así podría equiparar fuerzas con el gigante del norte. En el concepto llevaba razón, pero no en la realidad: nunca nos pondremos de acuerdo. Más sensato es el camino solitario o las pequeñas o medianas alianzas sinérgicas, de interés. Más sensato es mirar a la minúscula Corea, examinar su milagro. No hablo de copiarla pero sí de inspirarnos en su ejemplo. Más sensato es ver a las naciones que cambiaron su destino porque un buen día tomaron la decisión de hacerlo pues en el mundo contemporáneo no existe otro camino para los peces chicos y nadie les prestará ayuda para convertirse en megalodones.

Breve actualización: Conforme a sus últimas declaraciones, a Donald Trump no le interesa la democracia en Venezuela. Ahora los venezolanos se quedan sin petróleo y probablemente con la misma dictadura pero sumisa a USA. El plan imperialista perfecto le ha funcionado a Trump y los defensores de una «invasión democrática» hacen el ridículo mundial. Lo que se viene es un protectorado norteamericano en el país llanero, ya sea directo con un gobernador gringo, o indirecto con un representante de la actual dictadura al frente. Edmundo González y María Corina Machado no son una opción. Diosdado Cabello podría convertirse en el próximo Anastasio Somoza regional. El asunto es que el petróleo le llegue rápido a USA y ya no más a los chinos. Si está es la lógica de Trump, solo queda esperar sus siguientes pasos en busca de recuperar la hegemonía perdida.

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