Opinión

Una de las tantas razones que explican el éxito en la gestión administrativa del fujimorismo de los 90, fue la convocatoria por parte de Alberto Fujimori de operadores políticos, capaces de cruzar transversalmente las divisiones normativas del Estado peruano, entonces mil veces más endiablado que el de hoy.

Así, contó con un tándem de operadores de primer nivel: Santiago Fujimori, encargado de la convocatoria de cuadros tecnocráticos, Jaime Yoshiyama de las reformas económicas, y Absalón Vásquez de la microobra popular y el populismo asistencial.

De otra manera hubiera sido imposible derrotar al Estado elefantiásico heredado de los 80, que ni Belaunde ni García se atrevieron a desmontar de la herencia militar. No se movía un alfiler del Estado sin veinte cartas selladas. Sin estos operadores, que movilizaban recursos logísticos, que cruzaban transversalmente el Estado y además tenían cuadros trabajando a nivel del Congreso, gran parte de las reformas o actos de gobierno positivos de los 90 hubieran sido imposibles de llevarse a cabo.

Lamentablemente, Fujimori se dejó llevar de las narices por Montesinos y terminaron todos ellos apartados de mala manera del ejercicio gubernativo en el segundo mandato de Fujimori y allí se halla una de las tantas razones de la parálisis reformista de ese segundo lustro.

Pero a lo que íbamos. Hoy también se va a necesitar que quien gobierne el país, del 2026 en adelante, cuente con operadores semejantes. El Estado intervencionista y empresario de los 80 ya no existe más, pero desde el gobierno de Ollanta Humala, el modelo de libre mercado consagrado en la Constitución del 93 ha ido poco a poco desmontándose, llegándose hoy a una situación de sobrerregulación que traba de manera superlativa el flujo de inversiones privadas.

Y a ello se le suma el empeoramiento de un mal proceso de regionalización emprendido con Toledo y que ha construido una trama corrupta e intervencionista que coadyuva, aún más, a la ralentización del crecimiento económico. Estos poderes regionales, que no existían en los 90, deberán sumarse a la red de influencia que los operadores políticos deberán añadir a su cartera de poderes a ser gestionados.

[Música Maestro] Para un mundo cada vez más desinteresado en el pasado, el fallecimiento de las estrellas legendarias de la música popular, de cuando esta era entendida como una manifestación de elegancia y talento en lugar de ser vehículo validador de conductas zafias y combinaciones de elementos que son cada uno más vulgar que el anterior, pasa oprobiosamente desapercibido.

Me cruzó esa idea por la cabeza cuando vi la noticia de la muerte deSérgio Mendes relegada a espacios extremadamente pequeños en los medios de comunicación masiva. Y me refiero específicamente a los escritos, porque en la televisión ni siquiera apareció, por lo menos en la local, más preocupada en las correrías sórdidas y corruptas de ese esperpento llamado “Chibolín”, sus bailes ridículos y sus hijas destalentadas. Únicamente internet y sus alternativas para enfrentar las degradadas escalas de valores que tienen actualmente las masas, permiten la creación de un oasis en medio de ese fango farandulero y político cuya banda sonora se equipara a la que usan los sicarios, corruptos y proxenetas para musicalizar sus publicaciones en TikTok e Instagram.

Sérgio Mendes nació artísticamente junto a las personalidades más importantes del bossa nova, como Antonio Carlos Jobim (1927-1994), João Gilberto (1931-2019) o Edu Lobo (81) -de hecho, Mendes produjo el álbum debut del autor de la samba Upa neguinho y la balada Pra dizer adios, en 1967- pero, a diferencia de ellos, decidió fijar su residencia en los Estados Unidos cuando se instaló el golpe militar de 1964. Mendes decidió hacer patria desde lejos, introduciendo en las cadenciosas armonías de la música de Brasil las texturas orquestales de Burt Bacharach (EE.UU., 1928-2023), James Last (Alemania, 1929-2015) o Percy Faith (Canadá, 1908-1976), con un trabajo que de inmediato se posicionó como una de las primeras vertientes de lo que hoy suele rotularse como “crossover”.

Con elencos de vocalistas mixtos y bilingües, el pianista y arreglista puso los ritmos brasileños en las radios pop gringas. Su presencia en las primeras ligas de la música mundial se mantuvo inalterable durante toda la segunda mitad de los años sesenta y gran parte de los setenta, merced de una cadena de álbumes en los que no tuvo temores para combinar el repertorio clásico del Brasil -A. C. Jobim, Jorge Ben Jor, Baden Powell, Luiz Bonfá, Vinicius de Moraes- con los Beatles, Cole Porter, Rodgers & Hammerstein, con arreglos preciosistas en los que se sentían tanto violãos y pandeiros como cornos franceses y violines.

Habría que comenzar recordando que Sérgio Mendes pertenece a esa categoría especial de artistas cuyo pronóstico no era tan auspicioso a causa de la discapacidad. En ese sentido, haber superado la osteomielitis infantil que padeció para convertirse en uno de los directores de conjunto más importantes de toda una época debería ser suficiente para admirarlo.

En el quinquenio comprendido entre 1961 y 1965, Sérgio Mendes paseó sus ideas integracionistas por varios sellos discográficos -Philips, Atlantic Records, Capitol-, con discos como Você ainda não ouviu nada! (1963, que contiene uno de los primeros covers de Garota de Ipanema) o Cannonball’s Bossa Nova (1962), que grabó liderando su Bossa Rio Sextet of Brazil para acompañar al célebre saxofonista Julian “Cannonball” Adderley (1928-1975). Una curiosidad que conecta a esta primera etapa de Mendes con el universo salsero. En su sexto disco The great arrival (1965), incluyó una composición de Edu Lobo, Boranda, que una década más tarde fue grabada por La Sonora Ponceña, con arreglos del pianista Papo Lucca, para su álbum El gigante del sur (1977).

El punto de quiebre llegó cuando fue contratado por Jerry Moss y Herb Alpert para el sello discográfico A&M Records. Alpert (89), es un productor y trompetista californiano de origen judío que también fue fundamental para la fusión entre sonidos latinos y norteamericanos, a través de su propio grupo The Tijuana Brass. Para ese momento, Sérgio Mendes armó la banda que se convertiría en la base de su periodo más exitoso, Brasil ’66. Durante los siguientes tres años, Sérgio Mendes & Brasil ’66 comenzó a construir el repertorio que le daría fama y prestigio.

En su debut para A&M Records encontramos temas como Berimbau(Baden Powell) o One note samba (Antonio Carlos Jobim), que ya habían sido publicados en discos previos; y varios covers. Pero, definitivamente, el tema Mas que nada, composición que el cantante Jorge Ben Jor había estrenado en 1963 en su primer disco, Samba esquema novo, fue el que atrajo más la atención por sus percusiones profundas y asincopadas, sus densas capas de coros entre lo psicodélico y lo bahiano y ese piano que propulsa el ritmo a mitad de camino de lo que normalmente es la samba, dándole un toque de sofisticación y particularidad únicos. Hasta hoy, Mas que nada es la canción más representativa y reproducida de Sérgio Mendes & Brasil ’66. Imposible no conocerla.

Posteriormente, entre 1966 y 1969, Sérgio Mendes & Brasil ’66 lanzaron un total de siete álbumes, siempre bajo el manto de A&M Records. Aunque tuvo sucesivos cambios en su personal, la alineación de Mendes alcanzó cierta estabilidad con los percusionistas SebastiãoNeto y Dom Um Romão -que después se uniría al combo de jazz-rock Weather Report- el norteamericano John Pisano y el brasileño Oscar Castro-Neves en guitarras, y las vocalistas Karen Philipp y Lani Hall. Para los arreglos orquestales, Mendes contó con la colaboración del pianista Dave Grusin (90), quien años más tarde fundó el sello discográfico GRP Records, especializado en jazz contemporáneo y fusión.

Esta mixtura entre lo brasileño y lo norteamericano se aprecia escuchando clásicos de su catálogo como Bim Bom (Equinox, 1967), The look of love (Look around, 1967); Masquerade (Ye-Me-Lé, 1969) o Manha de carnaval (Quiet nights, 1967), Pais tropical (Sérgio Mendes & Brasil ’77, 1971, otra composición de Jorge Ben) o Scarborough fair (Fool on the hill, 1968); que confirman el estatus de Sérgio Mendes como un arreglista con vuelos exóticos pero sin caer en la parodia y, a la vez, conocedor del repertorio anglosajón en todos sus extremos, desde los tiempos dorados del musical de Broadway hasta artistas del momento como The Mamas & The Papas (Monday morning, The great arrival, 1966), Otis Redding (Sitting on the dock of the bay, Crystal illusions, 1969) o My favorite things (John Coltrane, Sérgio Mendes favorite things, 1968). Pero si hubo un artista del pop-rock que inspiraba al músico carioca fue el grupo británico The Beatles.

Prueba de ello es el quinto LP de Sérgio Mendes & Brasil ’66 -el décimo segundo de su discografía total-, titulado Fool on the hill (1968), que contiene una versión alucinante de esa canción que lanzaran un año antes los hijos ilustres de Liverpool en su disco Magical Mystery Tour. Paul McCartney, compositor del tema, le envió una nota de agradecimiento a Mendes por el simpático arreglo. Otros himnos beatlescos que recibieron el tratamiento de Mendes y su conjunto fueron With a little help from my friends (Look around, 1967), Day tripper (Herb Alpert presents Sérgio Mendes & Brasil ’66, 1966) y Norwegian wood (Ye-Me-Lé, 1969). En todos los casos, los conocimientos musicales de Mendes le permitieron darle un girooriginal a cada tema sin caer en la extravagancia desmedida o la predictibilidad de una fusión débil.

Entre 1969 y 1970 hubo dos grandes modificaciones en la banda. Por un lado, cambió de nombre a Brasil ’77, una proyección hacia la década que recién comenzaba. Y por el otro, tuvo que superar la deserción de Lani Hall, su vocalista principal, quien le fue arrebatada del grupo por su amigo Herb Alpert, algo que al comienzo no le gustó mucho -de hecho, en 1973, Alpert y Hall se casaron-. Lani Hall (78) se hizo conocida para el público latino en los ochenta, con una serie de duetos con estrellas de la balada en nuestro idioma como De repente el amor con el brasileño Roberto Carlos y Un amor así con el portorriqueño José Feliciano (Es fácil amar, 1985), junto al mexicano José José (1948-2019) registró el éxito Te quiero así (Lani, 1982) y, especialmente, Corazón encadenado, acompañando al español Camilo Sesto (1946-2019), una de las canciones románticas más populares de 1984, de su LP Lani Hall. Su lugar en Brasil ’77 fue cubierto por Gracinha Leporace, esposa y compañera de Sérgio Mendes, desde 1969 hasta el final de sus días.

Sérgio Mendes & Brasil ’77 también tuvo momentos de puro brillo musical como los discos Sérgio Mendes (1975, que incluye otro cover de los Beatles, Here comes the sun), el ecléctico Stillness (1970, con covers de Gilberto Gil, Buffalo Springfield y Joni Mitchell) y el experimental Primal roots (1972). En este álbum destaca un temainstrumental, Promise of a fisherman (Promessa de pescador), recuperado de la década de los años treinta, escrito por Dorival Caymmi (1914-2008), legendario cantautor de Bahía, con un sonido misterioso y tribal que se alejaba momentáneamente del estilo pop que lo caracterizaba hasta entonces. Del mismo modo, la suite The circle game (Jogo de roda), una composición de Edu Lobo y Ruy Guerra que supera los dieciocho minutos, permite ampliar las posibilidades expresivas de su conjunto, con voces, percusiones y ritmos oriundos del Brasil a cargo de sus compatriotas Flora Purim y Airto Moreira (integrantes de Return To Forever).

Para 1977, Sérgio Mendes trabajó en el que sería probablemente su último gran trabajo de esa década, la banda sonora del documental Le Roi Pelé (François Reichenbach, Francia) dedicado a la vida de Edson Arantes do Nascimento, “El Rey del Fútbol” (1940-2022). En esta producción, en la que Mendes se rodeó de extraordinarios músicos como su compatriota Oscar Castro-Neves, el saxofonista de jazz Gerry Mulligan, el baterista Jim Keltner, famoso por trabajar con astros del rock como Joe Cocker, John Lennon, George Harrison, entre otros, o el percusionista de la banda Chicago, Laudir de Oliveira, también brasileño, lo más saltante es la participación del mismo Pelé, como compositor y cantante de dos temas, Meu mundo é uma bola y Cidade grande. Por supuesto, Pelé ya había mostrado anteriormente su talento musical, en los singles que grabó en 1970 con la cantante Elis Regina (1945-1982), Perdão, não tem y Vexamão, y volvió a hacerlo con otras canciones en años posteriores.

En los años ochenta, el artista volvió a reinventarse, ingresando al mercado del soft-rock y la música adulto-contemporánea con álbumes como Sérgio Mendes (1983) y Confetti (1984), con la participación de los mejores músicos de sesión de la época como Jeff Porcaro (batería), Peter Wolf (teclados), Michael Sembello (guitarra), Nathan Watts (bajo), entre otros. La balada Never gonna let you go, cantada por el dúo Joe Pizzulo y Leeza Miller, de alta rotación en radios de todo el mundo; y el tema usado como himno de las Olimpiadas Los Angeles 1984, fueron dos de sus mayores logros artísticos en esos años.

Cuando uno escucha Olympia -también con la poderosa voz de Pizzulo-, la inspiradora composición de Barry Mann y Cynthia Weil y ve su recordado videoclip en que se evoca el espíritu deportivo y la ilusión que podía despertar en niños y adultos, y la compara con las paparruchadas que hoy utilizan para eventos deportivos similares, nuevamente aparece esa estupefaciente sensación de derrota ante la grisura de las múltiples vulgaridades que actualmente las masas consideran “elegante” o “cool”. Su último éxito masivo llegaría con el tema Magalenha, batucada escrita por Carlinhos Brown, incluida enBrasileiro (1992), su trigésimo sexto álbum, en el que se reencontró además con los ritmos de su país, con participaciones estelares como el guitarrista João Bosco y el inclasificable multi-instrumentista e investigador Hermeto Pascoal.

Mendes se convirtió, durante el Siglo XXI, en una figura reverenciada a ambos lados del espectro musical. Desde compatriotas suyos como Milton Nascimento o Gilberto Gil, camaradas en la difusión de la cultura del Brasil desde distintos géneros; hasta estrellas del pop como The Black Eyed Peas o Justin Timberlake, han trabajado con él en distintos momentos. En el documental In the key of joy (HBO, 2020), aparecen varios personajes de la industria discográfica reconociendo su talento e influencia a lo largo de cinco décadas. En el CD Timeless (2006), Mendes reactivó su presencia en el panorama musical, actualizando sus éxitos del pasado con ritmos modernos como hip-hop, música electrónica y hasta reggaetón. Real in Rio, tema central de la película animada Rio (2012), obtuvo una nominación al Oscar.  

Sérgio Mendes se encargó de internacionalizar el bossa nova y la samba con una lectura fresca y colorida de sus ritmos y significados. A diferencia de Jobim, que mantuvo la identidad de la MPB aferrado a sus formas básicas o de los revolucionarios tropicalistas como Caetano Veloso, Gilberto Gil o Chico Buarque, Mendes le agregó glamour y cosmopolitismo a su folklore. Aunque en algún momento se le catalogó de superficial y de producir “música para ascensores”, a la distancia uno reescucha sus álbumes y refuerza el asombro de ver cuán bajo han caído las capacidades apreciativas y los gustos musicales de las masas en el mundo entero.

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El gobierno aliancista que nos gobierna, entre el Ejecutivo y el Legislativo, va a dejar un legado destructivo que va a costar tiempo remediar y desde ya debería ser plan de gobierno de la centroderecha liberal, si quiere marcar una postura antiestablishment que le permita competir con relativo éxito frente a las izquierdas radicales y el revitalizado keikismo.

Es de horror el plan destructivo de la institucionalidad democrática, comparable solo a la que desplegó el fujimorismo en los 90. La ventaja es que vivimos en una relativa democracia y el Poder Judicial y el Ministerio Público resisten la embestida, pero no se puede saber si al final lograrán su cometido con la complicidad de un Tribunal Constitucional dócil y solícito.

En materia económica el régimen nos deja un brulote indigerible con la operación Petroperú, que la oposición, por supuesto, dejará pasar por agua tibia a cambio de prebendas y favores. Y lo que es más grave, ha aprobado una reforma del sistema de pensiones que empeora el sistema que ya existía desde los 90 porque ahora incluye en la extracción de rentas a favor de los grupos de poder a la masa de ciudadanos independientes (favores que se pagan por las millonarias donaciones de campaña, sin duda).

Y la situación se va agravar porque al Ejecutivo y al Congreso les importa un comino el repudio popular del que son justificadas víctimas. No registran o no quieren hacerlo, el nivel creciente de furia popular que solo busca un detonante para estallar.

Allí está, en todo caso, el guión para los sectores moderados de la izquierda y la derecha. Dar inicio a una oposición radical al pacto Ejecutivo-Legislativo, al statu quo, al orden vigente. Que la ciudadanía sienta a plenitud la disconformidad de este sector ideológico con el estado de cosas.

De otra manera, serán desbordados por la narrativa radical de las izquierdas, la inercia que ya coloca a Keiko Fujimori en la segunda vuelta, y el pasivo de la fragmentación punible de la centroderecha.

-La del estribo: una maravillosa experiencia leer El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, escritor polaco británico. Gracias nuevamente a Alonso Cueto y su club del libro. Las páginas de Conrad, debe decirse, inspiraron a Francis Ford Coppola a filmar la grandiosa Apocalypse Now. Conrad fue admirado por Borges y, sobre todo, por Mario Vargas Llosa. Un escritor notable.

[La Tana Zurda]  Hablar de José Antonio es hablar de generosidad y de éxito, de inspiración, de constancia, de disciplina y entereza, de lealtad y de amor hacia la humanidad, hacia lo correcto y no solamente lo justo, hacia la oportunidad ofrecida a cualquiera que de alguna manera lo alcanzaba.

Su liderazgo no solamente a nivel intelectual y académico, sino como gestor cultural, como representante de no sólo una generación sino la referencia emblemática de conocer desde el  Inca Garcilaso tan bien como si lo hubiera conocido en persona, hasta poetas que daban sus pininos y que él apadrinaba.  Su conocimiento de lo colonial trascendía a todo nivel y esfera, podía estar hablando de la última teoría literaria o corriente filosófica y conocer la lengua que estaba en peligro de desaparición en el último rincón de nuestra Amazonas.

Su iniciativa para organizar eventos y congresos era inagotable, nos motivaba y nosotros por supuesto íbamos: Cuánto aprendizaje, cuánta pasión, cuánto amor por las letras.  Su activismo era contagiante y seguíamos en la batalla por una descolonización de pensamiento, y siempre buscando la manera para que hubiera más equidad.

Su poesía estaba llena de erotismo, de imágenes globales que evocan temas universales, imágenes que dialogaban con diferentes padres literarios desde la gran influencia de Vallejo, hasta el mismo Arguedas, de quien los mitos los adaptaba y creaba mundo llenos de magia.  

Esa dedicación por la cultura peruana, esa entrega por llevarla a todo el mundo -América, Europa, Asía, en fin-  Inalcanzable en cuanto a su ritmo por culminar proyectos y por seguir ofreciendo una imagen mucho más rica de nuestro Perú.  Su labor no solamente como padre intelectual, sino como gran poeta y por supuesto por su activismo y gestión cultural, José Antonio Mazzotti fue un gran embajador. 

Escribió más de 100 artículos académicos, libros de crítica que lo pusieron a él como una eminencia del Inca Garcilaso y de todo lo que lo podía relacionarse con la Colonia. Hizo documentales y llevó al Inca a todos lados. En cuanto a la crítica sobre poesía realizó los estudios más agudos y referentes que existen en la actualidad.  

Asimismo, como poeta, perteneció a la Generación del 80.  Obtuvo reconocimiento nacional e internacional desde muy temprana edad.  Con sus 11 poemarios publicados: Poemas no recogidos en libro (1981),  Fierro curvo (órbita poética) (1985), Castillo de popa (1988),  El libro de las auroras boreales (1994), Señora de la Noche (1998),  Declinaciones latinas (1999), Sakra Boccata, 28 poemas (2006), Las flores del Mall (2009), Apu Kalypso / palabras de la bruma (2015), Nawa Isko Iki / cantos amazónicos (2020) y Poemas posthumanos (2020-2021); Mazzotti nos deja una vasta obra lírica para poder ahondar en una realidad áspera e indigente que busca desunir a la humanidad.  Mazzotti mediante sus poemas, trata de hacernos pensar en un mundo idílico donde la humanidad se protege en lugar de vivir en un ámbito hostil. Su obra trasciende temas universales y profundiza en la humanidad. Impregnada su lírica, bajo un halo erótico, crea imágenes sugerentes que rompen barreras y cuestionan presupuestos establecidos.

Su profesionalismo y sobre todo su personalidad, su manera de llegar a tantas personas y de poder hacer conexiones con tantas personalidades, hicieron que las redes sociales se inunden de agradecimiento y solidaridad.  José Antonio nos empoderó de tal manera, que le haremos un homenaje este sábado 14 de setiembre a las 8pm. a través de la página de La Huaca es poesía en vivo.  Más de cuarenta voces se juntarán y compartirán los poemas de nuestro Mazzotti para que haya una maratón de su poesía y se escuche su voz en todos los confines del universo.

José Antonio Mazzotti, –¡Presente!

José Antonio Mazzotti, –¡Presente!

José Antonio Mazzotti, –¡Presente!

 

 

[Agenda País] Hasta el cierre de esta edición, los ciudadanos y la clase política continúan esperando la propuesta de fusión de “dos pares de ministerios”, a lo que se suma la incertidumbre creada por la renuncia de todo el directorio de PetroPerú.

Si bien estas ideas de fusionar ministerios y juntar en una sola institución toda la inversión en infraestructura no son nuevas, la pregunta que nace es si no sería mejor preparar un proyecto integral de la reforma del ejecutivo, que este gobierno deje como legado para la próxima contienda electoral.

Por otro lado, fusionar ministerios a menos de dos años que la presidenta termine su mandato, no parece una idea que atraiga confianza y más bien, distrae al propio ejecutivo cuando en estos últimos meses debería dedicarse a cumplir pocos, pero decisivos objetivos. Uno de ellos debería ser la reducción de la pobreza multidimensional, lo cual sería, eso sí, un gran legado de la presidenta Dina Boluarte que ya ha mostrado su emoción al expresar que es la pobreza lo que más le preocupa.

Es por ello que una propuesta para entregar a la presidenta y a su consejo de ministros es que tomen el fondo de la idea de fusionar ministerios, en un trabajo transversal que culmine con una propuesta de reforma integral del ejecutivo.

Este trascendental proyecto lo puede liderar el CEPLAN que es, y cito, ‘ … un organismo técnico especializado que ejerce la rectoría efectiva del Sistema Nacional de Planeamiento Estratégico, conduciéndolo de manera participativa, transparente y concertada, contribuyendo así al mejoramiento de la calidad de vida de la población y al desarrollo sostenible del país”.

El Perú de ahora no será el mismo de aquí a 10 o 20 años. La cuarta revolución industrial, aquella que mezcla técnicas de producción avanzadas con sistemas inteligentes que se integran con las organizaciones y las personas, está cambiando nuestra manera de interactuar e incluso, nuestras prioridades de vida.

El estado tiene la necesidad, e incluso la responsabilidad, de percibir estos cambios, tener la visión de hacia dónde está yendo la sociedad y organizarse para otorgar los servicios en común que esta nueva sociedad está requiriendo.

El CEPLAN junto a representantes de la academia, sociedad civil organizada, partidos políticos, gobierno y personalidades invitadas, tiene el conocimiento como para traer desde el futuro la visión de hacia dónde vamos y proponer una estructura ministerial, con sus respectivas instituciones, que se adapten a estos tiempos y por los próximos 20 años.

De esta manera también, el ejecutivo se concentra en dar resultados tangibles en la lucha contra la inseguridad, y mejorar ostensiblemente los servicios de educación y salud, componentes del índice de pobreza multidimensional.

Imagine Usted presidenta Boluarte, terminar su mandato reduciendo la pobreza multidimensional porque su gabinete se enfocó en dar resultados, y en paralelo, dejar a la ciudadanía el proyecto de reforma del ejecutivo con visión 2040 donde prevalezca la meritocracia, que articule al Estado, pero al mismo tiempo, que evite duplicaciones y que se enfoque en el servicio al ciudadano.

Dos grandes legados que nadie le podrá negar.

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Dos grandes desafíos tendrán al frente los movimientos moderados de la derecha y la izquierda. Por el lado derechista, la revitalización del fujimorismo, fruto del fallecimiento del líder histórico, Alberto Fujimori. La centroderecha liberal va a tener que aguzar el ingenio para lanzar propuestas divergentes que la diferencien del fujimorismo y le hagan entender a la población del desastre que supondría una elección de Keiko Fujimori.

El mercantilismo, autoritarismo y devaneos con la corrupción de Fuerza Popular lo tornan inaceptable como opción de desarrollo. Baste ver el mamarracho mercantilista que ha supuesto la reforma del sistema de pensiones que nos han endilgado y que solo beneficia a los grupos de poder que las manejan. Y si a ese combo le sumamos el conservadurismo que Keiko le ha agregado al movimiento, se entenderá que lo suyo no constituye una apuesta por la modernidad.

Por el lado de la izquierda, la centroizquierda democrática tiene frente a sí a propuestas radicales hasta el desquiciamiento, que se encaraman en la furia popular existente contra el statu quo y a la que será muy difícil combatir, si no se pliegan de alguna manera a lanzar propuestas disruptivas. Y claro que hay un arsenal ideológico capaz de movilizar los afectos negativos de la población sin caer en el delusivo plan de un Antauro, Bellido o Bermejo.

Una izquierda democrática, que entienda que la economía de mercado es el motor de la inversión, pero que debe ser ecualizada por un Estado presente, y que además haga de la democracia formal un valor supremo, inviolable, podría tener éxito si logra romper los parámetros de la “normalidad” discursiva o narrativa.

El desastre gubernativo de Dina Boluarte hace difícil que las propuestas moderadas se impongan sobre las que prometen patear el tablero, pero tendrán que hallar la forma de distinguirse del statu quo y a la vez marcar distancia de los radicalismos que de ambas orillas van a surgir.

De hecho, el fallecimiento del líder histórico del fujimorismo, Alberto Fujimori, con la imagen de unidad precedente que había logrado galvanizar con su familia, supondrá una inyección anímica política a favor del keikismo.

Si ya, según las encuestas, Keiko mostraba índices de potencial votación cercanos al 10%, seguramente aquellos subirán y la colocarán ya, casi segura, en la segunda vuelta del 2026.

De allí la urgencia de clamar por la unidad de la centroderecha liberal. Le haría daño al país que llegue al poder la opción populista, mercantilista, autoritaria y conservadora que representa Keiko Fujimori, que ha heredado lo peor del legado de su padre y le ha agregado un ingrediente conservador que su progenitor no tenía.

Debe evitarse a toda costa que el país se vea envuelto nuevamente en la tesitura de tener que votar por Keiko Fujimori como mal menor frente a un Antauro Humala o un Guido Bellido, como sucedió en el 2021 frente al nefasto Pedro Castillo.

El país merece una opción de derecha moderna, democrática e institucionalista, ya no el modelo ajado del keikismo, pero si no se produce una conjunción de esfuerzos políticos le estarán regalando el pase a la segunda vuelta a Fuerza Popular.

Y lo peor es que lo más probable es que pierda esa elección. En los predios naranjas confían en que esta vez sí la harán porque Antauro es un cuco mayor que Castillo. Se equivocan de cabo a rabo. Antauro es mejor candidato que Pedro Castillo y, además, postula encaramado sobre una mayor furia popular que la que existía el 2021.

Si queremos a un desquiciado proyecto político sentado en Palacio el 2026, asegurémonos de que Keiko Fujimori pase a la segunda vuelta. Para evitarlo, no nos cansaremos de reiterarlo, ello pasa por lograr un gran frente centroderechista, con equipos tecnocráticos y un buen programa de gobierno (además de, por supuesto, un buen candidato).

Alberto Fujimori y Abimael Guzmán nacieron en un Perú muy distinto, uno que pocas veces podemos imaginar. En la década de 1930, en Lima no había más de 300,000 personas en el área urbana, número cercano al de las personas que vivían en todo el departamento de Arequipa en esos mismos años. En Mollendo, donde nació Guzmán, apenas si había 15,000. El Perú se encontraba bajo el régimen de un presidente afín al nazismo, Oscar R. Benavides.  

La accidentada infancia de Abimael Guzmán, cambiando de ciudades y escuelas fue muy diferente que la de Alberto Fujimori, pero lo cierto es que ambos llegaron a cursar una carrera universitaria. Fujimori estudió Agronomía en la Universidad Agraria de la Molina, y Guzmán, Derecho y Filosofía en la Universidad San Agustín de Arequipa. Guzmán se graduó en filosofía y se entregó al comunismo. Apenas comenzada la década de 1960, mientras Abimael Guzmán fue contratado por la Universidad San Cristóbal de Huamanga para enseñar filosofía, Alberto Fujimori fue a realizar sus estudios de posgrado en Francia y en Estados Unidos. Cuando regresó a enseñar en la Agraria hizo también carrera política como decano, luego rector y presidente de la Asamblea Nacional de Rectores. La afiliación de la Universidad huamanguina con el comunismo, permitió a Guzmán crear los vínculos para dejar la universidad, viajar a China, Checoslovaquia y la Unión Soviética, y pasar a la clandestinidad. De tal forma que mientras Fujimori estaba liderando su universidad, Abimael iba creando por el país, comités de Sendero Luminoso en las aulas universitarias.

En 1980 comenzó el terror. Abimael Guzmán, convertido en el Presidente Gonzalo, decidió que debía combatir al Estado destruyendo a sus colaboradores. Los colaboradores éramos todos, pero comenzó con los campesinos y militantes de izquierda que traicionaban la causa al ejercer el recién universalizado derecho a votar. La vorágine ocasionó decenas de miles de muertes, con terribles atentados y con la estrategia de dejarnos sin luz y energía. El Estado reaccionó casi al mismo nivel, amenazando y asesinando ante la incapacidad de poder identificar a los verdaderos senderistas. Nuestro retorno a la democracia fue caótico. Sumidos en la pobreza, a la exorbitante deuda externa, se sumaron el impacto de fenómenos naturales y la crisis económica mundial que dio paso al neoliberalismo. En ese contexto, Alberto Fujimori se lanza a las elecciones presidenciales, sin imaginarse que la población, atemorizada por las radicales medidas económicas que Mario Vargas Llosa anunciaba, lo escogería como el candidato alternativo (costumbre de votar por oposición que ha mellado las prácticas democráticas peruanas).  

Ya elegido, a Fujimori no le quedó más que aplicar las duras medidas contra la inflación y de reducción del estado que promovía el Fondo Monetario Internacional, además de un nuevo plan para pagar la gran deuda. En ese contexto, la violencia de Sendero Luminoso se incrementó en Lima y en la Amazonía. Fujimori optó por crear un escuadrón paramilitar, el Grupo Colina. Meses después cerró el Congreso de la República. Guzmán fue capturado el 12 de septiembre de 1992 por el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la Dirección Nacional contra el Terrorismo (DIRCOTE) de la Policía Nacional peruana. Fujimori, que estaba en un viaje de descanso, regresó de inmediato para montar la parafernalia con la que fue mostrada su captura. Bajo la dictadura, Guzmán fuejuzgado por un tribunal militar sin rostro. Más de diez años después hubo que volverlo a sentenciar con el debido proceso y darle la cadena perpetua.

Fujimori cantó victoria y aparentó convertirse en un presidente que luchaba por los derechos humanos. Mientras tanto, sus vínculos con el narcotráfico, la compra de los medios de comunicación, la liberación de la informalidad y la corrupción empresarial, llegó a dimensiones insospechadas. Los videos grabados por su mano derecha, Vladimiro Montesinos, dejaron todo en evidencia. Él escapó a Japón y renunció por Fax. Fue detenido en Chile, cuando pensaba regresar desafiante al Perú, el año 2003.

Durante la guerra entre el Estado peruano y Sendero Luminoso, murieron cerca de 50,000 personas. Abimael Guzmán murió en la cárcel, el 11 de setiembre de 2020 a los 86 años. Alberto Fujimori, consiguió que la casta política que asentó en el congreso, le diera el indulto para salir de la cárcel de oro en la que estaba y querer seguir manipulando la política peruana, a pesar de la oposición de 24 millones de peruanos. Murió también a los 86 años, el 11 de setiembre de 2024.

Alberto Fujimori ha sido, sin duda, la figura central de la política peruana en el siglo XX. Con claroscuros inevitables de mencionar, pero su paso por el poder marcó un antes y un después que hasta hoy perdura.

En su haber figuran la gran transformación económica, que revirtió el régimen estatista instaurado por el otro gran reformista del siglo pasado, Juan Velasco Alvarado, la misma que les permitió a Toledo y García llevar el crecimiento económico y la reducción de la pobreza a niveles impensados.

Fue responsable político también del cambio de estrategia antisubversiva que arrinconó a Abimael Guzmán y a Sendero Luminoso, aunque en ese trance haya tolerado la existencia de grupos paramilitares como el grupo Colina y se haya hecho de la vista gorda con violaciones a los derechos humanos (no obstante lo cual, resulta arbitraria su sentencia como autor mediato de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta).

Revolucionó el interior del país con una política de infraestructura popular (luz, agua, desague, colegios, postas, caminos rurales), con instituciones superlativas como Foncodes, que nunca antes se habían plasmado en el Perú (quizá su antecedente más cercano sea Cooperación Popular de Fernando Belaunde).

Contra lo previsto, logró firmar con gran inteligencia estratégica de Torre Tagle la paz con el Ecuador, un logro que se subestima mucho en el Perú pero que ha tenido un impacto mayúsculo en nuestra colocación geopolítica en la región.

Pero Fujimori fue un dictador explícito entre 1992 y 1995 y encubierto entre el 95 el 2000, cuando permitió que Montesinos destruyera las instituciones democráticas y la corrupción haga metástasis de una manera como hasta entonces nunca se había visto.

La segunda reelección lo terminó de pervertir al punto de paralizar, inclusive, las reformas económicas que había emprendido en su primer lustro (fruto de ello, hoy tenemos a Petroperú y Sedapal y un Estado elefantiásico, como muestras de lo dicho).

Fujimori fue extraordinario en lo bueno y en lo malo. Su recuerdo seguirá albergando por ello amores y odios eternos que seguirán marcando la política los siguientes lustros. Lo cierto es que pesar sus pasivos, entregó un país bastante más viable que el que recibió, que estaba al borde del colapso. El balance final lo hará la historia larga.

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