Opinión

[CIUDADANO DE A PIE] “Nuestra democracia ha dejado de cumplir con sus funciones básicas: no produce capacidad de gobierno, no representa a sus ciudadanos, no protege sus derechos, no garantiza el balance de poderes y es un peligro real que, si la degradación institucional prosigue su curso, en un futuro próximo, las elecciones podrían no cumplir con estándares democráticos mínimos.” Es con estas palabras que Alberto Vergara y Rodrigo Barrenechea inician el primer capítulo de su libro Democracia Asaltada publicado en el 2024. La frase encierra no solo una cruda y acertada caracterización de la inoperante democracia peruana, sino también un sombrío presagio sobre las elecciones generales de abril del 2026, que se celebrarán en el contexto de una democracia secuestrada por la crimilegalidad.

Entendemos por crimilegalidad el nuevo orden económico y político que viene imponiéndose en nuestro país, en el cual las economías ilegales y criminales, mediante la violencia, la coerción y la cooptación de autoridades, ejercen un control territorial efectivo sobre las áreas donde operan, configurando verdaderas gobernanzas criminales. Este control se consolida socialmente debido a que miles de familias residentes en estos territorios, dependen para su subsistencia, de los ingresos obtenidos por su participación, directa o indirecta, en los circuitos que alimentan estas economías: mano de obra, comercio, servicios, transporte. Esta delicada situación de sometimiento es susceptible de orientar las preferencias electorales de estas poblaciones hacia candidatos vinculados al crimen organizado. Pero por desgracia, tal influencia no se limita únicamente a ciertas regiones del país. Según el Instituto Peruano de Economía, las economías ilegales y criminales generan anualmente diez mil millones de dólares, que se integran a la economía formal a través de diversas modalidades de lavado de activos. Este proceso, facilitado por nuestras debilidades institucionales y la corrupción endémica, fortalece a las organizaciones criminales, permitiéndoles infiltrarse en sectores clave como los negocios y la política, incrementando significativamente su poder e influencia.

De manera ostensible y descarada, la crimilegalidad campea a sus anchas en las más altas esferas de gobierno del país. El Congreso y el Ejecutivo no solo omiten combatir la ilegalidad, sino que la alientan y protegen, al tiempo que infiltran y neutralizan las instancias encargadas de la lucha contra el crimen y la protección de los ciudadanos. Leyes y normas espurias en favor de la impunidad son promulgadas de manera compulsiva, en lo que a todas luces constituye un plan concertado y estructurado para entregar los espacios del país a las grandes organizaciones criminales, como ha señalado el exprocurador José Ugaz, experto en lucha contra la corrupción. Sin duda, la ejecución y consolidación de esta estrategia mafiosa se extenderán más allá de 2026, poniendo en el foco de los grupos involucrados las elecciones del próximo año, que definirán, de manera determinante, nuestro futuro como sociedad. ¿Estamos en condiciones de hacer frente a esta amenaza?

 

[Música Maestro]  El abuelo, Larco y otros postres

“… y mientras el viento se levanta vuelo y revuelo… así como el esperma espero, así como el esperma, espero…”. Esa extraña frase es la última de El abuelo, misteriosa viñeta vocal escrita y grabada por Andrés Dulude en el Estudio Amigos de Edmundo Delgado, en La Victoria, para abrir el segundo LP de Frágil, Serranio, lanzado al mercado local en 1990 en medio de gran expectativa pues se trataba del retorno del cantante después de casi una década de su primer alejamiento.

La voz distorsionada -con amenazante risa que se aleja- y la retorcida atmósfera de los teclados de Tavo Castillo no es lo que en términos convencionales podríamos denominar “una canción”. Es más bien una breve introducción de minuto y medio para establecer el tono oscuro de Animales, segunda parte de la archiconocida y revisitada Av. Larco, en la que los cazadores, diez años después de su aparición oficial, siguen con sus malas artes pero ya no solo en la emblemática avenida miraflorina sino desplegando sus “intransigentes modales” en casas y oficinas.

Siempre encontramos esa clase de giros en las letras que Dulude escribió para Frágil, su grupo por antonomasia, a pesar de que según él mismo cuenta, fue el último en llegar. Su poesía es oscura, irreverente, de denuncia, pero también algo arcana, oculta. “Todas son como hijas para mí, las escribí con sentimiento y emoción” me responde, cuando le pregunto cuál es su favorita. En Pastas, pepas y otros postres, otra clásica del legendario álbum debut de Frágil, don Andrés le pone el ojo, entre otras cosas, a los borrachos y marihuaneros que fingen sentir apego a la naturaleza pero “se fuman las plantas a un grito diciendo ¡no me interesa!”.

Si seguimos escarbando en sus versos, hallaremos referencias al gobierno militar y las levas, la inmigración vista desde la óptica de un limeño ochentero, los primeros puntos de micro comercialización de drogas en barrios marginales, las coimas de los políticos, etcétera. Normalmente, la prensa musical y de espectáculos locales hablan de Andrés Dulude como un cantante, pionero del rock nacional, líder de una de sus bandas más populares y queridas.

Sin embargo, no le prestan mayor atención esos mensajes, acaso tan relevantes y progresivos como esos primeros intentos de consolidar su perfil dentro del género que más les gustaba a él y sus compañeros de ruta pero que, lamentablemente, no lograron redondear por falta de continuidad “porque teníamos que trabajar en otras cosas para sustentar a nuestras familias” y por las condiciones paupérrimas de informalidad en las que siempre se ha movido la escena local. “Muchos empresarios inescrupulosos, cabeceros, terminaban por no pagarnos, eso nos limitó como banda”.

El pasado miércoles 27 de agosto, en el Sargento Pimienta de Barranco, varias bandas se juntaron para ofrecer un concierto a beneficio de Andrés (73), quien actualmente libra una batalla contra el cáncer. “Todos ellos son amigos personales con los cuales he compartido partes de mi vida”, comenta. Además de Frágil, estuvieron esa noche Río, Mar de Copas, Amén y D’Mente Común. Fue una velada significativa en favor de una de las personalidades que definieron lo poco de rescatable que tuvo nuestra escena rockera en los años ochenta.

Un señor de barrio

Andrés Eduardo Dulude León nació el 19 de junio de 1952. Creció en la urbanización Balconcillo, entre las avenidas México y Canadá, una de las zonas más conocidas de La Victoria, distrito picante y pelotero. “Pasé por muchos colegios, demasiados” dice el señor de aquel frondoso bigote, hoy desaparecido a causa de la enfermedad. “El diagnóstico -contesta sin tapujos en la breve entrevista que me concedió a través del WhatsApp, por intermedio de la esposa de su gran amigo Octavio “Tavo” Castillo- es carcinoma urotelial de alto grado invasivo” (N. de R.: es un tipo de cáncer alojado en la vejiga y el tracto urinario). Y a renglón seguido ratifica su voluntad de hierro. “Me siento vivo y con ganas de seguir viviendo”.

Sus padres, Andrés y Juana, tenían mucha música en casa, de todos los géneros de moda en esa época. Para cuando Andresito tenía 5 años, ya imitaba al famoso pianista y cantante afroamericano Nat King Cole (1919-1965), probablemente tratando de entonar aquellos boleros clásicos -Ansiedad, Piel canela, Quizás, quizás, quizás- que la estrella del jazz grabó en su español masticado. En sus años adolescentes descubrió el rock, a través de los Beatles –“eran unos genios, traduje todas sus canciones, son como pequeños libros”- y, en la escena local, a toda la mancha nuevaolera, desde Los Doltons y Los Shains hasta bandas más arriesgadas que se acercaban a la psicodelia y el prog-rock como Traffic Sound o Telegraph Avenue.

Poco antes de llegar a los 20 años, Andrés Dulude tuvo su primera experiencia como cantante. Junto a sus amigos Yoshi Hirose (guitarra), Víctor García (guitarra), Mike García (bajo) y Álex Ramos (batería) de la Urb. San Eugenio en Lince formó el grupo Los Barones que, poco tiempo después, se transformó en Sebastianth. Con ese nombre lograron grabar un disco de 45 RPM, dos canciones interpretadas en inglés, Dreamer, con unas congas que le dan aires de latin-rock; y Mary Ann, una balada influenciada por los sonidos psicodélicos de Jefferson Airplane y el soft-pop de Badfinger. El single fue lanzado en 1972 por la conocida casa discográfica Sono Radio.

Un año después, en 1973, Dulude se mudó con su familia a Barranco, otro barrio bohemio y musical para luego pasar una temporada lejos, en los Estados Unidos. Paralelamente, cuatro muchachos de Breña habían comenzado a hacer versiones de artistas conocidos como Santana, The Ventures y Grand Funk Railroad. Con el auge del rock progresivo británico se pusieron la valla más alta e incluyeron en su repertorio covers de Jethro Tull, Yes y Genesis.

En una reunión de amigos en Pueblo Libre, el cuarteto comentó que necesitaban un cantante. Andrés, entonces con lentes redondos y un impresionante peinado afro preguntó qué tocaban y la respuesta le causó gracia. “¡Qué van a tocar el Fragile, ustedes!” -en alusión al cuarto LP de Yes, de 1971- y quedaron para ensayar juntos. Era 1975 y estaba naciendo Frágil con su formación original: Andrés Dulude (voz, guitarra, armónica), Octavio “Tavo” Castillo (teclados, guitarras), Luis Valderrama (guitarra), César Bustamante (bajo, teclados) y Harry Antón (batería).

1979-1992: Frágil y su corta vida discográfica

Alguna vez comenté que Frágil, uno de mis grupos favoritos durante mi adolescencia, era “la promesa incumplida del prog-rock nacional”. Y, a estas alturas, resulta imposible retractarme ya que se trata de una conclusión a la que arribé hace mucho, sobre la base de una realidad incuestionable. Sin embargo, más que una queja, veo eso como un reconocimiento de lo bien que sonaron en la corta discografía que produjeron.

Que un grupo peruano formado por cuatro instrumentistas de primera y un frontman de alta calidad vocal que además era capaz de escribir letras de profundo sentido sin caer en lo discursivo o lo obvio solo haya producido tres discos en un periodo de doce años -es decir, uno cada cuatro en promedio- es, principalmente, una pena. Porque, a diferencia de otras bandas de su tiempo, Frágil sí tenía un potencial diferente que mereció más combustible para seguir creciendo.

El legado de Frágil debería ir más allá de la presencia inamovible de Av. Larco, la canción, en las programaciones de emisoras convencionales. Yo he sido testigo de cómo El Caimán (Hombre solo) o Inquietudes, que nunca sonaron en las radios ni antes ni ahora, eran coreadas por el público -en la Feria del Hogar, en el Parque Salazar, en el Campo de Marte-, y he visto a Andrés Dulude poseído en el escenario, haciendo movimientos de mimo -como un cruce entre Peter Gabriel en Selling England by the pound y Los músicos ambulantes de Yuyachkani-, con el rostro pintado de blanco, volteando los ojos para acá y para allá, claramente inspirado en estrellas del progresivo clásico como Fish (Marillion) o Peter Gabriel (Genesis), corriendo entre el público, chocando manos y animando a la gente con su potente voz. Fueron, desde el principio, una banda de culto.

Cuando después de mucho tiempo volví a escuchar Av. Larco (1980), el disco, tras el fallecimiento en mayo del año pasado del baterista Arturo Creamer, que había reemplazado a Harry Antón poco antes de entrar a los históricos estudios de Elías Ponce Jr. -en el cruce de las avenidas Salaverry y San Felipe, en Jesús María-, volví a distinguir en sus texturas volátiles –Mundo raro, Floral, Lizzy-, sus destrezas instrumentales –Oda al tulipán, Obertura– y el peso natural de Av. Larco -la creativa historia, el videoclip pionero, el pop-rock inteligente-, ese diamante en bruto que no llegó a pulirse más, como lo hubiera hecho en cualquier otro país.

Después pasó toda una década para la llegada de Serranio (1990), el segundo. Andrés se había ido a trabajar a México y el grupo intentó seguir adelante con el apoyo de una carismática vocalista argentina, Haydée “Piñín” Folgado que, sin desmerecer aquellas canciones –La nave blanca, Antihéroes, Alrededor (1984)- que gozaron de regular rotación en la radio y TV de la época, no lograron mantener viva esa estela prometedora dejada por el debut.

En Serranio, con Jorge Durand (ex S.O.S.) en batería, Frágil volvió a los rankings con temas como La del brazo y el tema-título, además de otros que recordaban el fulgor inicial, como la balada Aquella niña, la extraña Pilón, el arrebatado grito de queja contra la corrupción de Cuánto hay o el instrumental Huarmi -donde insertan Mambo de Machaguay, clásico huayno arequipeño que también habían grabado, entre otros, nuestro Luis Abanto Morales y el grupo chileno Los Jaivas-, que junto a las mencionadas Inquietudes y Animales -estratégica conexión argumental con el disco anterior-, trajeron de regreso la ilusión.

Posteriormente, llegó Cuento real (1992), el más progresivo de los tres, con canciones como Mirando a través de un cristal, Tiempo de resurrección o la primera parte del tema-título, que nos hace recordar a Jethro Tull. Estas y otras canciones como La guerra del quién soy yo e Historia de Adelaida -inspirada en el primer Genesis- recuperaron el prestigio de Frágil pero, al poco tiempo, el vocalista volvió a separarse del grupo, iniciando una larga etapa de idas y vueltas de la que jamás lograron remontar.

Como es su costumbre, la prensa consiguió encasillar al quinteto en una sola canción, ignorando a las demás como consecuencia de ello. A partir de esa única canción giraron todas sus actividades futuras. Conciertos sinfónicos, aniversarios cada cinco años y hasta un musical basado en la icónica letra de Av. Larco, pero orientado a un público muy diferente al que disfrutó de los primeros años de Frágil. Andrés Dulude, un artista que no suele hacer concesiones, se muestra políticamente correcto cuando comenta esa pésima película, dirigida por Jorge Carmona en el 2017: “Fue interesante porque el autor del guion juntó música de muchos autores y las combinó para crear la historia”. Por cierto, no debe confundirse con el documental Av. Larco: La historia de Frágil contada por ellos mismos (Ayni Priducciones, 2021).

Las otras facetas de Andrés Dulude

Aparte de su trabajo con Frágil, Andrés Dulude desarrolló una amplia carrera como sonidista, colaborando con muchos de sus colegas para hacer que los conciertos salgan perfectos. Como él mismo cuenta en una entrevista con Franklin Jáuregui, director de la legendaria revista musical Esquina, trabajó muchos años en la consola principal del Gran Estelar de la Feria del Hogar. En internet circulan sus fotos junto a Héctor Lavoe, uno de los artistas internacionales con los cuales cruzó caminos en esa faceta tras bambalinas.

Cuando decidió irse de Frágil por primera vez, el cantante pasó algunos años en México, trabajando con la orquesta del cantante, compositor y productor Rulli Rendo, uno de los artistas peruanos más populares en Latinoamérica, tanto en grabaciones como en conciertos y presentaciones en la televisión. En ese ensamble, la voz de Andrés, más asociada al rock, se dedicó a entonar los famosos popurrís de guarachas, cumbias, nueva ola y demás ritmos tropicales que eran la especialidad del “Rey del Toque”, apareciendo en programas muy sintonizados como Siempre en Domingo, el recordado espacio de Televisa bajo la conducción de Raúl Velasco. Aquí podemos ver un video de Rulli Rendo y su orquesta con Dulude en los coros.

Esa versatilidad le permitió mantenerse vigente durante sus temporadas alejado de Frágil. “Soy cantante, puedo cantar salsa, rock jazz, bolero, de todo”, nos dice, con orgullo. Y es verdad, pues lo hemos visto al lado de Eva Ayllón, con La Gran Banda de su amigo Jean Pierre Magnet, junto a Juan Diego Flórez. “He colaborado con muchos artistas locales y también extranjeros. Por ejemplo, grabé una canción con Joaquín Sabina que nunca vio la luz”. Pero nunca se le ve más cómodo como cuando interpreta sus propias canciones, por ejemplo en esta versión en vivo de El Caimán (Hombre solo) o este extracto de su concierto Acoustic Deja Vu (2006), en el que canta junto a su compadre Tavo Castillo su composición Gente real, usando para la introducción la estrofa inicial de un clásico de Jethro Tull, Thick as a brick.

Pero si hay algo más importante que la música para Andrés Dulude es la familia. Cada vez que salió de Frágil fue por razones personales ligadas a su familia: “La primera vez fue para sostener a mis hijas. En la época de Santino y Pardo -sus reemplazantes la segunda vez que se fue- estuve trabajando con mi amigo Jorge Madueño, el padre de “Pelo”. Y la tercera, me fui a Miami a cuidar a mi madre anciana, hasta que falleció en el 2020”.

Andrés Dulude recibió, desde que se anunció su estado de salud, el apoyo inmediato y directo no solo de sus compañeros de Frágil y de su familia -su actual esposa, Anita Purizaga, se encarga de todo lo relacionado a sus tratamientos y trámites, además de colaborar musicalmente con él, desde hace años-, sino también de la escena rockera local, que lo ven como un referente de consecuencia y talento.

“Estoy por sacar un libro con el verdadero significado de mis letras, que contiene además de las primeras 24 canciones que escribí para Frágil, otras letras que no pasaron el filtro de la banda y que espero grabar algún día, si la vida me alcanza”. Así será, confiamos en que el viaje musical y poético de Andrés Dulude aun tiene varias millas por recorrer, gracias a la fortaleza de su espíritu y al cariño de quienes lo escuchamos desde hace tantos años.

 

[EL DEDO EN LA LLAGA]  Nos hallamos en los años cincuenta, en el contexto de la Guerra Fría. Albert D. Biderman (1923-2003), un científico social de la Fuerza Aérea de EE.UU., es asignado a investigar por qué muchos prisioneros de guerra estadounidenses capturados por las fuerzas comunistas durante la Guerra de Corea cooperaban con el enemigo, firmando declaraciones falsas, denunciando a su propio país y colaborando con la propaganda comunista.

Tras extensas entrevistas con prisioneros repatriados, Biderman concluye que hay tres elementos principales detrás del control coercitivo de los interrogadores comunistas: “dependencia, debilidad y miedo”. Biderman resumió sus hallazgos en una tabla que enumeraba ocho principios, publicada por primera vez en el artículo “Communist Attempts to Elicit False Confessions from Air Force Prisoners of War” [“Intentos comunistas de obtener confesiones falsas de prisioneros de guerra de la Fuerza Aérea”] en una edición de 1957 de The Bulletin of the New York Academy of Medicine. El artículo describe brevemente los métodos psicológicos aplicados por los interrogadores coreanos y chinos para forzar al sujeto a emitir cierta información y hacer confesiones falsas. En la misma edición de The Bulletin, el psiquiatra Robert Jay Lifton (1926- ) publica los resultados de una investigación similar sobre los mismos métodos, acuñando el término “thought reform” [“reforma del pensamiento»], también conocido como “lavado de cerebro”.

En un informe de 1973 sobre la tortura, Amnesty International determinó que la Tabla de Coerción de Biderman contenía las “herramientas universales de tortura y coerción”. En ese sentido, puede aplicarse para la comprensión de realidades distintas más allá de contextos de guerra. De hecho, se ha aplicado para analizar dinámicas de abuso en relaciones interpersonales, sobre todo en casos de violencia doméstica. También resulta una herramienta clave para estudiar el control psicológico en sectas o grupos religiosos abusivos.

Los principios de la Tabla de Biderman apuntan a quebrar la personalidad del sujeto y doblegar su voluntad, de modo que se convierta en un ser sumiso a las indicaciones de los interrogadores. Pongo a continuación cada uno de los principios de la Tabla de Biderman y cómo se aplicaban en el Sodalicio de Vida Cristiana.

1. Aislamiento

Descripción: Separar completamente a la persona de todo contacto social, privándola de interacción humana.
Efecto: Provoca ansiedad, desesperación y dependencia del interrogador.

Aplicación al Sodalicio: Son numerosos los testimonios que han descrito cómo el Sodalicio restringía al mínimo el contacto con familiares y amigos externos a la comunidad. Por ejemplo, José Enrique Escardó relató que lo escondían en un baño cuando su madre quería visitarlo en una casa de formación en San Bartolo (al sur de Lima). Los miembros vivían en comunidades cerradas, donde el contacto con personas fuera del grupo era controlado, fomentando la dependencia hacia los líderes, especialmente hacia Luis Fernando Figari, sus sucesores y sus representantes. El mundo exterior era considerado un peligro para la vida comunitaria y se limitaba la interacción con él.
Efecto: Esto generaba aislamiento emocional y social, haciendo que los sodálites dependieran exclusivamente de la comunidad en lo referente a su identidad, sustento y apoyo.

2. Monopolización de la percepción

Descripción: Controlar lo que la persona ve, oye o percibe, fijando su atención en una situación inmediata y controlada.
Efecto: Elimina estímulos externos que puedan contrarrestar la coerción.

Aplicación al Sodalicio: El Sodalicio imponía un régimen estricto sobre las lecturas, actividades, horarios y hasta los estudios profesionales de sus miembros. Se recomendaban lecturas específicas, de carácter obligatorio, mientras se desalentaba el análisis racional o lecturas alternativas. Las actividades estaban diseñadas para reforzar la ideología del grupo, como retiros y catequesis centradas en la obediencia absoluta.
Efecto: Esto limitaba la capacidad de los miembros para cuestionar la autoridad del Sodalicio, ejercer el pensamiento crítico o considerar perspectivas alternativas.

3. Humillación y degradación inducidas

Descripción: Usar insultos, burlas o tratos degradantes para minar la autoestima.
Efecto: Reduce la resistencia al hacer que la persona se sienta menos valiosa.

Aplicación al Sodalicio: Diversos testimonios describen prácticas humillantes, como obligar a miembros a dormir en escaleras, comer alimentos en combinaciones repugnantes, o serles vertidos sobre la cabeza alimentos o bebidas de la mesa. Además, un informe de 2017 encargado por el propio Sodalicio describió a Figari como “degradante, vulgar y vengativo”, usando humillaciones para controlar a los miembros. Las humillaciones más recurrentes, aplicadas también por los líderes sodálites, eran las burlas por características personales —en ocasiones de carácter racista— y los insultos groseros por cualquier motivo, proferidos a gritos.
Efecto: Estas prácticas minaban la autoestima, haciendo a los miembros más sumisos y obedientes.

4. Agotamiento

Descripción: Debilitar física y mentalmente mediante privación de sueño, hambre o estrés constante.
Efecto: Disminuye la capacidad de resistir o pensar con claridad.

Aplicación al Sodalicio: Los exmiembros reportaron regímenes agotadores, con horarios estrictos, jornadas intensas de actividades espirituales, de estudio y apostólicas, y poca consideración por el descanso, sobre todo por el descanso nocturno, que podía ser interrumpido arbitrariamente para vigilias inesperadas o acciones humillantes. La falta de sueño y el estrés constante se usaban para debilitar la resistencia de los miembros. A esto se sumaban las dietas interminables como castigo, que llegaban ser de pan y agua, o incluso de lechuga y agua.
Efecto: El agotamiento dificultaba el pensamiento crítico y reforzaba la obediencia.

5. Amenazas

Descripción: Crear miedo mediante amenazas de daño físico, muerte o castigos severos.
Efecto: Genera ansiedad constante y obediencia por temor.

Aplicación al Sodalicio: José Enrique Escardó relató haber sido amenazado con una cuchilla en el cuello, un claro acto intimidatorio. Además, la ideología del Sodalicio promovía la obediencia absoluta bajo el lema “el que obedece nunca se equivoca”, lo que implicaba consecuencias psicológicas o espirituales por desobedecer. Las amenazas también incluían castigos dentro de la comunidad, como aislamientos adicionales o tareas degradantes. A eso se sumaba la inculcación a rajatabla del miedo a la “condena eterna” y a la “infelicidad terrenal”, si uno no se hallaba a la altura del ideal sodálite.
Efecto: El miedo constante mantenía a los miembros en un estado de sumisión.

6. Demostraciones ocasionales de “indulgencia”

Descripción: Ofrecer pequeños privilegios o recompensas de forma impredecible.
Efecto: Crea esperanza y dependencia emocional hacia el interrogador.

Aplicación al Sodalicio: El Sodalicio usaba gestos de “indulgencia” como permisos para ciertas actividades o reconocimientos dentro de la comunidad para reforzar la lealtad. Por ejemplo, el ascenso dentro de la jerarquía (emitir una promesa del siguiente nivel en la escala de compromisos, convertirse en formador de candidatos a la vida consagrada, ser nombrado superior de una comunidad) se presentaba como una recompensa por la obediencia. Estas indulgencias eran esporádicas y dependían de la aprobación de los superiores.
Efecto: Creaba esperanza y dependencia emocional hacia los líderes, especialmente hacia Figari.

7. Demostración de omnipotencia

Descripción: Convencer a la persona de que el interrogador tiene control total sobre su destino.
Efecto: Fomenta impotencia y sumisión.

Aplicación al Sodalicio: Figari era presentado como una figura cuasi divina, con autoridad absoluta sobre la vida de los sodálites. Los testimonios describen un sistema donde Figari exigía “sumisión total” y controlaba decisiones personales, desde la vestimenta hasta las carreras profesionales. La estructura jerárquica y la ideología del Sodalicio reforzaban la percepción de su omnipotencia. Esto se cumplía también, guardando las diferencias, en el caso de los superiores de comunidad.
Efecto: Los miembros sentían que no había escapatoria ni posibilidad de resistencia.

8. Imposición de demandas triviales

Descripción: Forzar el cumplimiento de reglas o tareas insignificantes y arbitrarias.
Efecto: Desarrolla hábitos de obediencia automática.

Aplicación al Sodalicio: El Sodalicio imponía reglas estrictas sobre aspectos triviales, como la forma de vestir, horarios rígidos o comportamientos específicos en la comunidad (las posturas corporales para cada ocasión, la forma de hablar, el uso de determinadas palabras a ser usadas en las comunicaciones verbales y escritas). Se exigía obediencia absoluta en detalles cotidianos, como la elección de lecturas o actividades de estudio o recreativas. Estas demandas reforzaban el control total sobre la vida de los miembros. A esto se añadían las órdenes absurdas, sin finalidad específica, que el miembro debía obedecer sin chistar.
Efecto: Generaba un hábito de obediencia ciega, eliminando la autonomía personal.

En resumen, los testimonios de exmiembros documentan un sistema de control psicológico en el Sodalicio, que generaba un clima propicio para abusos físicos, e incluso sexuales. Estas prácticas coinciden con las técnicas descritas en la Tabla de Biderman, especialmente en el uso sistemático de aislamiento, humillación, agotamiento, amenazas y control psicológico para someter a los miembros, especialmente a los jóvenes. Estas tácticas crearon un entorno de coerción que facilitó los abusos físicos, psicológicos y sexuales reportados. No resulta, pues, exagerado afirmar que en el Sodalicio se practicó sistemáticamente la tortura psicológica y la coerción, a fin de “quebrar” a sus miembros —como se admitía explícitamente sin ambages en el lenguaje coloquial de los sodálites—. Y de esta manera se justificó la violación de derechos humanos fundamentales, lo cual refrenda a todas luces la merecida supresión que ha sufrido la institución.

Tags:

Sodalicio

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] Recién Santiago Abascal, líder de VOX, movimiento político español ultraconservador, ha señalado que habría que confiscar y hundir ese barco de negreros. Se refería al OPEN ARMS, embarcación perteneciente a la organización del mismo nombre que se dedica a rescatar de las aguas del Mar Mediterráneo a miles de inmigrantes africanos que arriesgan sus vidas para llegar a Europa persiguiendo el sueño de un mejor futuro.

Las maneras de Abascal son brutales, como las de Donald Trump o Javier Milei. Desde la mirada de un historiador, las palabras del líder de VOX conectan directamente con los barcos negreros del periodo colonial que era como se denominaba a las embarcaciones que traían esclavos desde el África a América en las condiciones más inhumanas imaginables. Para los empresarios dedicados a tan cruel emprendimiento era un riesgo calculado perder alrededor del 20% de estos seres humanos reducidos a la condición de mercancías, debido al hacinamiento y las degradantes condiciones de salubridad con los que se realizaba la larga y penosa travesía transcontinental.

Pero Abascal, Trump y Milei no están solos. La moneda tiene su reverso. Agustín Muñoz, fue un adolescente argentino que debería seguir entre nosotros. Ya no lo hace porque, en 2018, su amiga Angie lo denunció en sus redes sociales por acoso sexual. Después vino el escrache, el ciberbulling, la cancelación absoluta del joven, la destrucción de su reputación, de su imagen, de su vida y, finalmente, su trágico suicidio. Angie se disculpó en las mismas redes antes de que Agustín tomase tan dramática decisión, pero la rectificación no tuvo mayor efecto: él ya estaba marcado por las redes sociales, la sentencia social ya había sido pronunciada. Poco antes de dejarnos, Agustín le confesó a su madre: me han arruinado la vida.  

¿Qué tienen que ver dos temas aparentemente ajenos y distantes? Tienen todo que ver. Expresan como nos han polarizado el mundo. Aunque los escraches, las cancelaciones y las acusaciones falsas continúan hasta el día de hoy, no es casualidad que la desgracia que refiero se haya producido en 2018 y que las declaraciones de Abascal recién hace uno o dos días. Ese es el orden de los factores.

Tras la caída del socialismo real soviético, muro de Berlín incluido en 1989, la democracia, sin oponentes a la vista, les supo a poco a diversas colectividades identitarias, universitarias, culturales y políticas, y así, sin reparar en daños, se pasaron la línea de los derechos fundamentales. Al honor, a la presunción de inocencia, a la legítima defensa.

Y luego quisieron reinventar la teoría de los derechos, toda la teoría de los derechos. Y quisieron reinventar el mundo, ya no desde la aspiración a la igualdad y a la felicidad, como en la lucha de Martin Luther King por los derechos civiles en los Estados Unidos en la década de 1960, ni tampoco desde el derecho al trabajo igualitario y la revolución sexual  de las feministas de la década siguiente. En el siglo XXI se trataba de ajustar cuentas con la historia y de encontrar a quien endilgarle la responsabilidad, en suma: hegemonismo y supremacía.

Si buscas hegemonismo y la supremacía no dialogas. Estos se imponen por la fuerza. Y entonces se advinieron los aciagos tiempos de la batalla cultural y a estas alturas, la verdad, me importa muy poco cual de los dos extremos en conflicto haya acuñado el concepto. Quien lo hizo acertó, en todo caso.

Mientras a gritos, escraches y derribo de esculturas se le impuso al mundo el nuevo orden progresista, la derecha no terminaba de reaccionar hasta que comprendió que debía reagruparse y contraatacar. Más fácil: a la guerra solo le combate con la guerra, y entonces recién Santiago Abascal ha llamado a hundir el barco negrero y solo le ha faltado decir que si está cargado de pobladores africanos que buscan una mejor vida, tanto mejor. De eso va la reacción en estos tiempos.

Voy a lo semiótico, a lo narrativo, a los términos, absolutamente extremistas en los que se presenta el debate. “Somos malas, podemos ser peores” reza una popular diatriba feminista. Y en las actuales circunstancias, la batalla se decanta por el bando conservador. Donald Trump ha barrido el año pasado a Kamala Harris en las presidenciales norteamericanas.

Quién lo diría, un hombre antipático, agresivo y arrogante, que en circunstancias normales produciría un natural rechazo resulta adorado por los sectores populares y trabajadores del hegemón del norte. Estos consideran que el inefable multimillonario cautela mejor sus intereses que la amable y progresista candidata demócrata.

¿El mundo al revés? No, lo que pasa es que las mayorías trabajadoras que realmente sufren el embate de las políticas económicas neoliberales les importa menos que dos cominos las agendas culturales de los progresismos. Por cierto, el alegato de la interseccionalidad resulta absolutamente insuficiente pues lo que buscan los sectores populares es que las agendas sociales, que suponen la elevación de la calidad de vida, se coloquen a la vanguardia de la plataforma política de la izquierda o de quien fuere, hasta el mismísimo Trump, como se ha visto.

Pero ya hay reacción. Chile siempre da la hora. Primero Gabriel Boric con su autocrítica tras la categórica derrota de la constitución de género de 2022, ahora Jeannette Jara, del Partido Comunista, nada menos, volcada a una agenda social, popular, de los pobres del país, pero en democracia. La dictadura del proletariado es historia. Hoy el debate demócrata en USA es análogo y las posturas socialdemócratas populares avanzan en diversos países de Europa, entre ellos Alemania. La ola ultraconservadora no ha concluido aún su radio de expansión pero la siguiente, la de las reformas sociales en democracia, ya comienza a elevarse.

En el Perú parece el único camino. Somos un país conservador que no elegirá ni a palos una propuesta proaborto o promatrimonio LGBTI+ y hay que decirlo: si quieres perder las elecciones de 2026 entonces flamea esas banderas durante tu campaña política.

Luego el Estado está todo corrompido y además se cae a pedazos. Hay que arrebatárselo a las mafias y ponerlo al servicio de las grandes mayorías. Nuestro Estado tiene con qué ofrecerles, a todos los peruanos, aceptables servicios de educación y de salud. Además, estos resultan imprescindibles si pretendemos el desarrollo económico en el mediano plazo. Les sigue la infraestructura, unir al país más rápido y mejor, desarrollar la capacidad de producir lo que ahora no producimos porque no tenemos ni la ciencia, ni la tecnología.

Uno de cada tres peruanos es pobre y la cifra podría resultar engañosa, algunos se esfuerzan día a día para no caer en la pobreza sin reconocer que hace tiempo se han sumergido en ella. Y tenemos la mejor macroeconomía de América Latina. No parece justo pues que cuatro piratas saqueen el erario público, ni que quienes deberían prodigar el bien común divaguen abstraídos, inmersos en agendas ultimadamente elitistas, que le hacen el juego al status quo y le ofrecen la ocasión de crecer y multiplicarse.

Socialdemocracia popular está bien. Está bien como punto de partida, como concepto por desarrollar y como lumbre.  Implicará recuperar derechos fundamentales y reivindicaciones sociales olvidadas y sumarlas a otras nuevas, tan nuevas como estos tiempos de guerra cultural, oscuridad e incertidumbre.

[MÚSICA MAESTRO] In memoriam: Dedico este humilde y pequeño espacio a Brent Hinds, cantante y guitarrista de Mastodon, quien falleció trágicamente a los 51 años, el pasado 20 de agosto.

La banda de los aniversarios múltiples

Entre el año pasado y este, los seguidores de Sepultura, de lejos la banda de metal extremo más exitosa e internacionalmente conocida del Brasil, tuvieron dos aniversarios importantes que celebrar. Primero, su fundación allá por 1984. Y este 2025 cumplió 40 años su primer lanzamiento discográfico oficial, el EP Bestial devastation, un grito salvaje de cuatro adolescentes que, desde Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, generó ecos que retumbaron en toda la escena mundial de los todavía nacientes subgéneros death y black metal.

Las festividades continuarán el próximo 2026, con tres hechos gravitantes en la historia inicial de la banda que cumplirán 40, 30 y 20 años. En primer lugar, el álbum debut Morbid visions, apareció en diciembre de 1986 para confirmar la cruda potencia exhibida en aquel EP de cinco canciones compartido con sus compatriotas de Overdose. Luego, en 1996 publicaron su sexto disco en estudio, Roots, ya convertidos en superestrellas del circuito underground, el último de su etapa clásica, grabado hace ya tres lejanas décadas.

Finalmente, en julio del 2026 se cumplirán veinte años del momento en que los hermanos Cavalera volvieron a hablarse después de una década, tras la sucesión de eventos que motivó la salida de ambos y transformó a Sepultura en una entidad diferente que comenzó a acumular álbumes y elogios propios en los siguientes treinta años. En aquella conversación telefónica se incubó el germen de Cavalera Conspiracy, el (ya no tan) nuevo proyecto de los hermanos brasileños que, recientemente, ha levantado polémica por su decisión de regrabar los álbumes antiguos de la banda con la cual se les asocia hasta ahora.

Los años formativos

En un país como Brasil, sinónimo de la alegría carnavalesca de la samba y la sofisticada exquisitez del bossa nova, la aparición de una escena musical extremadamente agresiva e infernal debe haber ocasionado más de un desmayo. De hecho, entre 1981 y 1986 surgieron varias bandas de hardcore punk y thrash metal en ciudades como Rio de Janeiro, Sao Paulo y Belo Horizonte, jóvenes hartos de las imposturas sociales y las corrupciones políticas internas que daban sonido a esa reacción replicando lo que venía de fuera.

Max e Igor Cavalera son la clase de hermanos que hacen todo juntos desde pequeños, por su cercanía en edades. En esa estrecha dinámica, descubrieron a los principales grupos de hard-rock y heavy metal anglosajón mientras superaban la prematura muerte, a los 40 años, de su padre, un acontecimiento que dejó a la familia sumida en serias dificultades económicas. Los adolescentes dejaron de escuchar los ritmos tradicionales de su propio país para sumergirse en la catarsis, a un tiempo inconforme y liberadora, del rock y sus guitarras eléctricas.

Así, de los sonidos asociados al blues de Black Sabbath o Led Zeppelin pasaron a la NWOBHM -New Wave Of British Heavy Metal- Iron Maiden, Judas Priest; y luego, dieron el salto a propuestas más oscuras, al margen de lo convencional, como los suizos Celtic Frost o Hellhammer, los alemanes Kreator y Sodom, los ingleses Venom o los suecos Bathory, además de otra nueva ola, la del thrash norteamericano, que influyó fuertemente sus primeras composiciones.

Para 1984, Max e Igor Cavalera (guitarra y batería), con edades para ser considerados “seminiños asustados, mirando a la gente” –parafraseando a Silvio Rodríguez-, comenzaron a pensar en armar un grupo para descargar su ira contenida, escribiendo sus canciones en inglés a pesar de no dominar mucho ese idioma. Algo grande se venía desde aquellos sótanos en Minas Gerais.

La escena subterránea en Brasil

Desde que João Gilberto y Antônio Carlos Jobim le dieron vida a la cadencia elegante y sensual del bossa nova, allá por 1964, el mundo quedó convencido de que, musicalmente, solo podían salir de Brasil sonidos amables y románticos. Pero pasó muy poco tiempo antes de que comenzaran a aparecer artistas como Tim Maia, Chico Buarque o Rita Lee -primero como integrante de Os Mutantes y, luego, como solista- quienes desde el pop, la samba o la psicodelia hicieron las primeras sugerencias de que no todo era color de rosa.

Casi de manera paralela, colectivos como el Clube da Esquina, el Tropicalismo o la Jovem Guarda, fusionaron los ritmos nacionales con posturas y letras que cuestionaban al establishment. Sus principales representantes desarrollaron altos perfiles en la música mundial. Milton Nascimento mantuvo siempre un pie en Brasil y otro en el jazz; Caetano Veloso, Gilberto Gil, Maria Bethania y Gal Costa abrieron un copioso capítulo de lo que hoy todos conocemos como MPB (Música Popular Brasilera); mientras Erasmo Carlos y Roberto Carlos enlazaron sus carreras al mercado latinoamericano, cantando pop-rock y baladas tanto en portugués como en castellano.

A inicios de los ochenta se unieron a esa generación virtuosa que estaba lejos de perder vigencia -todos ellos, salvo los fallecidos, siguen activos y produciendo-, una serie de artistas que comenzaron a abrirse camino dentro de los límites convencionales del pop-rock. Desde cantautores como Djavan o Iván Lins hasta bandas como Barão Vermelho, Os Paralamas do Sucesso y RPM -que incluso tocaron en Lima, en 1987, en El Gran Estelar de la Feria del Hogar- todos incorporaban elementos típicos de sus músicas nacionales y cantaban en su propio idioma.

Dos bandas lideraron el frente marginal de la MPB, Legião Urbana y Titãs, con discursos orientados a lo social y político. Definitivamente no fueron los únicos, pero sí los más notorios. Ambos insinuaban la existencia de inconformismos más corrosivos, propios de la estética subterránea, cuya punta de lanza fue el virulento cuarteto de hardcore punk paulista Ratos de Porão, que llevó las cosas a otro nivel de indignación con discos como Crucificados pelo sistema (1984) o Descanse em paz (1986). Bandas como Angra (power metal), los siniestrados Mamonas Assasinas (rock parodia) o las bandas femeninas Nervosa y Crypta son muestras de la influencia de Sepultura en el panorama musical alternativo del Brasil.

Sepultura y sus tres primeros álbumes

A las edades de 16 años y 15 años, Max e Igor se juntaron con su amigo Paulo Xisto Júnior (o Paulo Jr.) en el bajo y Jairo Guedes como vocalista y guitarrista secundario, en reemplazo de Wagner Lamounier, quien se separó para formar Sarcófago, otro grupo que se colaría también en la historia de la música extrema brasileña con su álbum I.N.R.I. (1987). Con esa alineación llegaron a los estudios del sello independiente local Cogumelo Records con un paquete de furiosas canciones en las que aparecían toda clase de blasfemias sobre iglesias destruidas, maldiciones y anticristos.

Morbid visions (1985) suena crudo, violento y mal producido, pero esconde en esa cacofonía los atributos que convirtieron a Sepultura en una banda respetada tanto por sus pares en Brasil -Chakal, Sarcófago, Overdose- como por sus contemporáneos en Estados Unidos y Europa que no tardaron en prestarles atención desde el otro lado del Atlántico. Canciones como Crucifixion, Troops of doom o Empire of the damned sorprenden, sobre todo si pensamos en que eran interpretadas por cuatro adolescentes sin mayor experiencia como grupo.

La guturalidad de Max y la rapidez de manos y pies de su hermano Igor se ponían en línea con el death metal que venía produciéndose en otras latitudes, sin nada que envidiarles. Aunque Paulo Jr. figuraba en los créditos de las grabaciones en estudio, solo tocaba en los conciertos, una práctica que continuó durante varios álbumes. Al poco tiempo, el sello holandés Roadrunner Recods, hasta hoy una de las principales escuderías metaleras, les ofreció un contrato para distribuir su segunda producción, Schizophrenia (1987) a nivel internacional, aunque su base seguía estando en Brasil.

En este punto se produce un cambio que definiría el estilo de Sepultura. Jairo Guedes decidió cambiar de rumbo y su lugar fue tomado por el guitarrista/bajista paulista Andreas Kisser, quien aportó contundentes riffs y lacerantes solos para temas como To the wall, Escape to the void o el instrumental Inquisition symphony -tomado en 1998 por el cuarteto de cellistas fineses Apocalyptica como tema central de su segundo CD- consolidándolo como la nueva promesa del thrash mundial, estatus que quedó confirmado con el siguiente, Beneath the remains (1989).

Este LP convenció a la comunidad metalera angloparlante que veía con asombro cómo unos sudamericanos competían con Slayer, Metallica o Exodus en rapidez y ferocidad. Temas como Mass hypnosis, Inner self, Sarcastic existence o el tema-título encumbraron este álbum a nivel mundial. Este disco fue mi primer contacto con Sepultura, tras leer una reseña en el fanzine Cuero Negro, cuando estaba en 4to. de Secundaria. De inmediato me agencié una copia en cassette y se convirtió en una de mis obsesiones. La reedición de 1997 incluyó A hora e a vez do cabelo nascer, cover de una antigua canción de 1972 de Os Mutantes, que Sepultura grabó en 1989 para un disco tributo a Arnaldo Baptista titulado Sanguinho novo.

1990-1996: Consagración y ruptura

Para cuando apareció Arise (1991), la banda ya era toda una celebridad en la escena underground. Gracias a Roadrunner llegaron a Europa y EE.UU. -país donde luego fijaron su residencia- para ser teloneros de bandas importantes como King Diamond y Obituary. El 23 de enero de ese año, tocaron en la segunda edición del festival Rock in Rio, ante más de 100,000 personas, compartiendo escenario con Judas Priest, Queensrÿche, Megadeth y Guns N’ Roses.

El disco incluyó Desperate cry, Dead embryonic cells y el tema-título, estos dos últimos con videoclips de fuerte rotación en el recordado programa MTV Headbangers Ball. Para ediciones posteriores, incluyeron una de sus mejores canciones, C.I.U. (Criminals In Uniform) y el cover de Orgasmatron, tema central del octavo álbum de Motörhead, lanzado originalmente en 1986.

Chaos A.D. (1993) trajo novedades en la banda. Paulo Jr., el bajista oficial en vivo, registró por primera vez su instrumento en este disco que fue grabado y mezclado en Gales. Su sonido se aparta ligeramente del thrash metal para mostrar un ataque más pesado, cercano al grunge, el nu metal, para sentar las bases de lo que hoy se conoce como groove metal, colaborando con sus colegas y amigos de Pantera. Ese año Sepultura fue la banda de apoyo de Ozzy Osbourne para la gira promocional del LP No more tears, lo que les dio aun más exposición.

En este disco comienzan a introducir elementos de otras fuentes musicales, como en el instrumental Kaiowas en que predominan percusiones tribales y guitarras acústicas que hacen recordar un poco a Led Zeppelin. Por otro lado, Biotech is Godzilla suena puramente punk y contrasta con las modulaciones más graves de Nomad o We who are not as others. En sesiones grabaron covers de algunas de sus bandas favoritas como New Model Army o Final Conflict, además de rendir homenajes a dos compatriotas, Titãs y Ratos de Porão que recién aparecieron en un recopilatorio de lados B llamado Blood-rooted (1997).

Canciones como Propaganda, Slave new world, Territory -con video alusivo a los abusos israelíes contra poblaciones palestinas- y, especialmente, Refuse/Resist mostraron también temas más políticos y sociales, dejando atrás la imaginería satánica de sus inicios. En 1994, el cuarteto celebró el campeonato de Brasil en el Mundial de EE.UU. decorando el escenario con los colores de su selección -estuvieron presentes en la final ante Italia- y, ese mismo año, fueron invitados a participar en el disco tributo a Black Sabbath, Nativity In Black, para el cual contribuyeron con una poderosa versión de Symptom of the universe, del álbum Sabotage (1975).

Roots (1996) es un tributo a sus raíces brasileñas, presentándolas al mundo a través de la carátula del álbum, videoclips y el uso de instrumentos típicos como el djembé o el berimbau. Asimismo, la participación del cantante y multi-instrumentista Carlinhos Brown, líder de Timbalada y posterior integrante de Tribalistas, junto con Marisa Monte y Arnaldo Antunes, exmiembro de Titãs, en el tema Ratamahatta, concreta la nueva dirección de Sepultura, un exposición de su cultura que fue muy bien recibida por el evidente exotismo que aportaba impacto a su música. Lastimosamente, ese mismo año se quebró la banda desde adentro.

En agosto de 1996, mientras Sepultura participaba en el festival Monsters Of Rock en Inglaterra, recibieron una trágica noticia. Dana Wells, hijastro de Max, de 21 años, había muerto en una carretera de Phoenix tras un choque. Él y su esposa, Gloria Bujnowski, madre de Dana y manager del grupo volaron de inmediato a los Estados Unidos. Al reintegrarse, Kisser, Paulo y su hermano Igor decidieron despedir a Gloria lo cual ocasionó la renuncia irrevocable de Max. Igor permaneció en la banda hasta el 2006, para luego también retirarse. El álbum doble en vivo Under a pale grey sky (2002) registra uno de los últimos conciertos de 1996, antes de su separación.

Cavalera versus Kisser: La vida después de Sepultura

Casi un año después de la salida de Max Cavalera, en 1997, llegó el cantante Derrick Green y, desde el 2006, una sucesión de bateristas ocupó el lugar de Igor. Con Paulo Jr. en el bajo y Andreas Kisser como único guitarrista y principal compositor, Sepultura ha lanzado, entre 1998 y 2020, nueve álbumes en las coordenadas del groove, death y thrash metal, estilos que ayudaron a cimentar.

Max continuó su fusión de metal y tribalismo con Soulfly, con quienes ha lanzado doce consistentes discos entre 1998 y 2022, con la colaboración de varios músicos, algunos de ellos muy conocidos como Dave Ellefson (Megadeth), Fred Durst (Limp Bizkit), Tom Araya (Slayer) o Camillo “Chino” Moreno (Deftones). Igor, por su parte, comenzó a experimentar con la música electrónica. Durante los siguientes diez años, Max e Igor no se dirigieron la palabra, a pesar de los esfuerzos de su madre que, desde Brasil, intentaba reunirlos. Esa situación acabó en el 2016, cuando Igor decidió llamar por teléfono a su hermano mayor.

“Fue un duro y largo proceso estar separados” dijo alguna vez Max. Después de reencontrarse, los Cavalera decidieron armar un grupo nuevo al que bautizaron Cavalera Conspiracy, básicamente ellos dos con un elenco rotativo entre quienes destacan Mark Rizzo y Tony Campos, guitarrista y bajista de Soulfly, y sus propios hijos, Igor Jr. y Zyon Cavalera. En la década 2008-2018 la banda ha lanzado cuatro discos con material propio y, desde el año 2023, los hermanos Cavalera se embarcaron en una nueva misión: tocar y regrabar los primeros álbumes de Sepultura.

Esto ha ocasionado la reacción de Andreas Kisser, quien los acusa de “vivir del pasado y no contribuir nada nuevo al ambiente musical repitiéndose a sí mismos”. Por su parte, Max e Igor se reclaman portadores del verdadero espíritu de Sepultura. Escuchando los discos de Cavalera Conspiracy o Soulfly -especialmente su decisión de insertar un tema instrumental de sonido apacible que contrasta con la furiosa tormenta que desatan en cada disco-, lo dicho por Kisser parece motivado por un resentimiento incomprensible y lamentable, ya que demuestra la imposibilidad de ver de nuevo en un mismo escenario a la formación original de una de las bandas más influyentes del metal mundial.

 

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] Recién participé con una conferencia en la IV Jornadas Históricas: Tacna y Arica después de la Guerra del Pacífico, proyecto que encabeza la destacada narradora peruana Giovanna Pollaloro y que auspician el Instituto Riva Agüero de la PUCP, el Departamento Académico de Humanidades de la misma cada de estudios y la Universidad de Tarapacá. El evento abordó diferentes aspectos de la relación binacional con énfasis en la cuestión fronteriza, su historia, los periodos difíciles de asimilar en la memoria histórica, como el de la ocupación chilena, y con la perspectiva de forjar un futuro mejor y compartido. De esta manera, lo que se busca es la integración entre los pobladores de dos ciudades que son hermanas desde tiempos inmemoriales y cuya interdependencia constituye el principal motor de su desarrollo sin por ello renunciar, ni pasar por alto, el pasado doloroso. Se trata de trabajarlo juntos, resignificarlo juntos.

Como ya es habitual, me tocó reflexionar acerca de la posibilidad de llevar a cabo un proceso de reconciliación peruano-chilena, tema al que he dedicado buena parte de mi trayectoria académica y de mi producción intelectual. Al respecto, y tras el tiempo transcurrido, debo partir del escepticismo: el Estado chileno, su clase política, responde a una narrativa oficial muy bien estructurada, nacionalista sin duda, y que no está dispuesta a dar mayores pasos en lo que entiende podría significar un revisionismo histórico y, luego, alguna reivindicación de la contraparte.

Del lado peruano las cosas no pintan mejor. Nosotros no poseemos una narrativa tan estructurada como la chilena, pero sí participamos de un nacionalismo muy primario que, o considera casi una afrenta patriótica cualquier atisbo de reconciliación, o, aún con más énfasis, no tiene ni idea de lo que trata un proceso de este tipo. Es el Estado empírico del que hablaba Jorge Basadre, tan simple como eso.

Aterrizando a la cuestión de la escuela y de la enseñanza de la historia, mi diagnóstico es parecido aunque no igual al que presenté en mis libros Lo que dicen de nosotros (2010) y Lo que decimos de ellos (2019). Para el caso peruano, el otro, es decir Chile, es representado como un enemigo, y lo es más porque la historia escolar no narra otro evento entre nuestros dos países sino la Guerra del Pacífico. En tal sentido, las alusiones a la participación chilena en el proceso de la Independencia del Perú o en la guerra de la cuádruple alianza contra España, 1864-1866, son tan periféricas en la narrativa que no desplazan de su posición central a la gran conflagración que nos desangró entre 1879-1883. Y si de allí indagamos la narrativa del maestro en el aula, solo podremos colegir que seguimos formando generaciones en una rivalidad secular, debido al abandono y a la poca importancia asignada a una historia que pide a gritos ser resignificada porque sí cumple una función en el presente, sí forja las conciencias colectiva y nacional.

En Chile es y siempre fue el silencio, no el olvido, el silencio. Y sus manuales escolares más recientes (Santillana 2023) sencillamente omiten a peruanos y bolivianos de la Guerra del Pacífico. Esta es presentada prácticamente como el proceso natural de expansión del Estado que, en el camino, se topó con pueblos originarios aimaras que fueron integrados exitosamente al proyecto nacional chileno: Perú y Bolivia no están, nunca estuvieron.

De suerte que la deriva se mueve entre la enemistad y la invisibilidad, y ninguna de ambas parece ofrecer un camino para que la historia, integrada a nuestra conciencia, no le duela tanto al presente al punto de interferir en el relacionamiento entre peruanos y chilenos, menos aún en la zona de frontera.

Luego vendrán las réplicas modernizantes. ¿De qué habla este historiador? Las relaciones peruano-chilenas están en su mejor momento, sino veamos la balanza comercial, las inversiones bilaterales, el número de visitas de un país al otro, la magnífica posición de la migración peruana en Santiago. Y todo es verdad. Lo que pasa es que tendemos a comprender la realidad dicotómicamente, más aún en tiempos de tanta polarización ideológica.

Yo no, yo veo a la realidad llena de dimensiones: al mismo tiempo peruanos y chilenos somos buenos socios comerciales -¿o en realidad competimos?- y en simultáneo queda ese magma espeso de malos recuerdos de la Guerra del Pacífico que se experimentan como si acabase de suceder -Cornelius Castoriadis dixit- y desde luego que podemos vivir eternamente inmersos en una tóxica bipolaridad. La pregunta es si no sería mejor resignificar el pasado para madurar con él, y, sobre él, construir un mejor presente, más ciudadano, integrador y solidario.

 

 

[CASITA DE CARTON] Esta casita de cartón abre sus puertas releyendo las columnas que me acompañaran de niño, cuando era tan pobre pero a la vez tan feliz. Y esas palabras lleno de ingenio, sabiduría y arte eran escritas por un padre que me dio la vida, que por entonces no lo conociera en persona, y del que ahora siempre rememoro con tristeza, pero a la vez felicidad por haberlo conocido y haber vivido con él ‘mil y un’ aventuras. Hablo de Víctor Patiño, quien fuera conocido en el mundo periodístico como el ‘Búho del Trome’. Y a puertas de un cumpleaños más, donde ya no escucharé de su parte ‘¡un año menos!’, como anunciaba con entusiasmo cuando entraba por la “Tiendita del horror» en mi onomástico, y esto en honor a su ‘Charly’ querido, que siempre nos acompañaba de soundtrack en nuestras innumerables caminatas y conversaciones por las calles bohemias de Lima o las playas perlinas del sur.

Pero no solo nos acompañaba Charly García, en sus distintas etapas como con Sui Generis, Serú Girán, Los Enfermeros, entre otros. Sino también a exponentes en habla inglesa del rock, como David Bowie, quien repetíamos una y otra vez el memorable concierto que diera en 1983 en Sydney, en la gira Serious Moonlight. Y cantábamos a vivas voces temas pegajosos como Let’s Dance o ‘sensualones’ como China Girl, pero del que más emocionados desplegábamos nuestras voces era en el final, con el eterno Modern Love, sobre todo cuando llegaba a la parte: ‘But I never wave bye, bye’. Disfrutábamos todas las veces que viéramos como si hubiésemos tenido la suerte de estar presente en aquel concierto. Pero además nuestros gustos musicales nos llevaban de la misma forma a aquellos años donde se buscaba cambiar el mundo, como con la Nueva Trova cubana. Recuerdo la anécdota en uno de los últimos conciertos que diera otro grande como fue Pablo Milanés y que diera en nuestra capital, donde tocaría gran parte de todas sus canciones conocidas, pero faltaría un himno de aquellos años de lucha, y esa era la inefable Yo pisaré las calles nuevamente. Al bajar las persianas dejaron a muchos asistentes atónitos, dado que no había tocado aquella canción como tampoco El Breve Espacio en que no estás, pero ante los silbidos, repentinamente las levantaron para tocar ésta última. Y después de eso, cerraron definitivamente la ‘tienda’, a pesar del ensordecer reclamo, en eso del tío Víctor, ‘levantando’ la bandera (ya más por un gusto personal que por algo político) por aquella poesía musical que retrata aquellos momentos álgidos y sangrientos de la dictadura chilena, y que no cesó en protesta hasta que se fueron todos. También quedan esos días en que íbamos a la vieja ‘Posada del ángel’ (ahora ya con otro nombre) acompañados de mi pequeño hermano. En ese periodo, mi espíritu revolucionario estaba en pleno fulgor, pero a su vez me seducía aparte del rock y del jazz, un viejo maestro letrista de la noche, Joaquín Sabina, y con sus historias de mi tío y los versos de Joaquín, se alimentaban e hilaban la sabiduría que habría de corresponder al comenzar mi historia de vida con la noche. Era el albor de mi juventud y sin querer queriendo, comenzaba una etapa de grandes victorias como también de fracasos en torno al amor, sobre todo con aquellos que se escribían en historias súbitas de una noche. Del trovador español, recuerdo que su álbum favorito era Mentirosas piadosas, y Eclipse de mar su canción predilecta que le recordaba a su Anita querida, el amor de su juventud y de vida. Una vez me dejó una frase que aún tengo grabado en el templo de mi memoria: ‘hay mentirosas piadosas que acompañan y hacen llevaderos el amor, hasta le dan emoción. Pero no solamente eso, sino hasta la vida. Deja de mucho cabecear con la filosofía y escribe tus historias que tienes mucho por vivir’. Y es que tenía razón y con los años lo entiendo. Entiendo, de por sí, ahora que acaricio con tristeza el paso del tiempo y siento plenamente la ausencia de él. Ya no está ese guía que comprendía mis locuras imprevistas, pero no de amores. Sabía que era una persona muy endeble y que fácilmente resquebrajaban mi corazón. Si ahora viera quién soy, no sé si sentiría orgulloso, pero le agradecería tanto. Porque esta persona ha madurado, ya no se ilusiona por una alondra de paso y que cada día busca su tranquilidad, que cada vez se hace más hombre, duro y tosco como Bukowski aunque a sabiendas que siempre tendrá un corazón vallejiano. Y es en gran parte por él, del que ahora escriba, del que sepa tanto y de que haya hecho de la noche el aposento de mis alegrías y victorias, pero también de mis penas y mi soledad. Del que ahora con una lágrima en los ojos pueda decir, que más allá de todo, he honrado la vida, he vivido y como él moriré en mi ley: la de un artista de la noche.

Y ahora estoy sentado acá, en el mismo lugar donde escribía sus columnas durante años, donde me dictaba su columna, donde hablábamos de literatura, cine o veíamos películas, porque debo decir que también mi gusto por el cine se descubrió por sus recomendaciones. Ha llegado la noche, hace un año se fue mi tío y maestro. Pongo en el reproductor una canción que alguna vez me la presentara: ‘Sobrino, esta es la mejor canción de un minuto y medio hecha en la historia, y la escucharás ahora’. Y comparto totalmente. Recuerdo ese momento, fue el día que lo conocí. Esa es Estación de Sui Generis, porque todo fue un verano descalzo y rubio/ que arrastraba entre los pies/ gotas claras del mar oscuro.

Esta casita de cartón cierra sus puertas abrazando a la noche y con esto sus entrañables recuerdos con el Búho, porque solo es la noche la que sabe la tristeza de este escritor como la profunda soledad que ahora lo acompaña. Gracias eternas por el prólogo de mi libro y por toda esa bohemia llena de locura y magia que viví, tío Víctor. Gracias por acompañar mi crecimiento con tus domingos de literatura, gracias por haber sido mi maestro de vida y padre para mí. Apago el televisor.

[OPINIÓN] Recuerdo, hace muchos años, que en casa teníamos una ama entrañable, Mama Zoila, que nos crió desde niños. Una señora morena, de esas que marcan la vida. En las elecciones de 1980 me preguntó, con toda seriedad:
—Rik Ahrdito, dime quién va a ganar para votar por él.

Desde entonces entendí que las encuestas, además de números y gráficos, son para muchos peruanos una brújula improvisada: un atajo para no pensar.

El problema es que en el Perú esa brújula suele estar imantada por cualquier cosa menos por la realidad. Las encuestas pasaron de ser medianamente acertadas a convertirse en una broma. Hace apenas dos días, el alcalde de Lima insultó la encuesta de Ipsos que —ironía suprema— lo coloca primero a ocho meses de la elección. Pero Porky, bien asesorado, puso el parche antes de que salte el chupo: como quien teme que lo acusen de haberla comprado, y la descalifica de arranque. Gran movida.

El archivo de las encuestas

Para aterrizar la discusión, pedí a la inteligencia artificial un repaso de lo ocurrido entre 2006 y 2021. El resultado confirma lo que sospechamos:
• 2006: Lourdes Flores lideraba con 30%. Terminó tercera. Humala, que arrancó en 3%, se llevó la primera vuelta.
• 2011: En marzo hubo triple empate en 22%. Un mes después, Humala subió 13 puntos y ganó.
• 2016: Guzmán apareció fuerte, pero lo sacaron. Verónika Mendoza pasó de 4% a casi 19% en semanas.
• 2021: Castillo marcaba 3% en marzo. Un mes después tenía 19% y fue primero. Forsyth, que empezó primero, acabó sexto.

El patrón es claro: los favoritos tempranos suelen desinflarse y los desconocidos, cuando la coyuntura los empuja, crecen como cohetes en cuestión de días.

La conclusión incómoda:

No se trata de que Ipsos, Datum o CPI midan mal. Se trata de que el electorado peruano es volátil, impredecible y decide en la recta final. Las encuestas no predicen; entretienen. Son espejos de feria que deforman la figura y nos hacen creer que vemos el futuro, cuando en realidad apenas miramos un reflejo distorsionado del presente.

 

[EL DEDO EN LA LLAGA]  Alejandro Bermúdez, exsodálite expulsado el 25 de septiembre de 2024 de la suprimida sociedad de vida apostólica Sodalicio de Vida Cristiana, afirma en un artículo del 20 de agosto de 2025 en su blog Hoy en la Iglesia que sigue haciendo “trabajo apostólico-periodístico”, que es como él le llama a lo que en realidad es propaganda ideológica proselitista, donde la objetividad y la honestidad intelectual brillan por su ausencia. Lo que sí tenemos que agradecerle es su cruda sinceridad para confesar las interpretaciones que él sostiene —y qué probablemente comparten muchos exmiembros de la extinta Familia Sodálite— sobre el proceso de supresión de las asociaciones fundadas por Luis Fernando Figari, a las cuales la Santa Sede borró del mapa eclesiástico por ausencia de carisma. Del Espíritu Santo, se entiende.

La sinceridad de Bermúdez —un sujeto que se cree todas las elucubraciones surgidas de su enfermiza mollera— no implica objetividad, como se constata en el siguiente párrafo:

«El Sodalicio de Vida Cristiana está muerto. Lo ejecutó Jordi Bertomeu —con la rúbrica de Francisco—, junto a dos comunidades femeninas: la Fraternidad Mariana de la Reconciliación y las Siervas del Plan de Dios. Todas, criaturas de Luis Fernando Figari».

Mons. Bertomeu sea quizás uno de los eslabones menos poderosos en la cadena de mando de la decisión de suprimir las criaturas de Figari. Pero es hacia él que se dirigen los misiles verbales de Bermúdez, cargándole con toda la responsabilidad. Para el dizque periodista católico, Mons. Bertomeu sería un genial titiritero, que supo manipular magistralmente a todos los actores involucrados en la decisión final, entre los cuales cabe mencionar al cardenal Carlos Castillo (arzobispo de Lima), al cardenal Pedro Barreto (arzobispo emérito de Huancayo), al cardenal Robert Prevost (obispo emérito de Chiclayo y actual Papa León XIV), a Mons. Charles Scicluna (secretario adjunto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe), a Sor Simona Brambillla (prefecta del Dicasterio para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica) y al Papa Francisco, quien —según Bermúdez— se habría limitado a firmar los decretos de supresión mientras pensaba en las musarañas de Marte.

Lo que no reconoce Bermúdez, a través de esta confesión, es que Mons. Bertomeu había sido designado como representante nada menos que por el Papa Francisco para investigar al Sodalicio y gozaba de su absoluta confianza. Mucho menos reconoce que al Sodalicio lo suprimió la Santa Sede, la instancia suprema de la Iglesia católica, y no una persona en particular.

La siguiente confesión de Bermúdez es sumamente inquietante. Más que revelar las intenciones de quienes decidieron liquidar al Sodalicio por falta de carisma, revela lo que los capitostes del Sodalicio consideraban intocable, inaccesible, cuasi sagrado. Dice Bermúdez:

«El problema, como siempre, es el dinero. Los míticos mil millones de dólares —los MMM— que, según la leyenda urbana, el Sodalicio escondía en algunas bóveda secretas, no existen. Y da igual cuántas “investigaciones” publique Paola Ugaz, la “especialista” autoproclamada en las finanzas del difunto: el tesoro es tan real como el Arca perdida en versión Hollywood».

Tan míticos como pretende Bermúdez no parecen ser esos mil millones, considerando que en la Asamblea General del Sodalicio de 2012 se reportó el balance económico de la institución que, hasta ese año, llegaba a la suma de casi 450 millones de dólares. Resulta lógico inferir que, pasados más de 12 años desde entonces, esa suma debe ser considerablemente mayor. Ciertamente no estaban a nombre de la institución, como el mismo Bermúdez confiesa:

«El total de los bienes con el que contaba el Sodalicio han sido consolidados y puestos a disposición de la Santa Sede. Y la cifra, comparada con los MMM, es microscópica».

Es el mismo Bermúdez el que se encarga de aclararnos dónde pueden estar esos millones:

«Lo que fue el dinero operativo del Sodalicio está en manos de asociaciones civiles legítimas y autónomas. Están legalmente constituidas, no son entidades eclesiales y actúan con la libertad que les concede la ley, allí donde se encuentren. Y no hay maniobra canónica —y mucho menos mediática— que cambie la realidad. […] ¿Resultado? El “tesoro” está tan fuera de alcance como la Atlántida».

El 4 de agosto, en su podcast Punto de Vista, Bermúdez apuntaba sobre el mismo tema:

«Hay gente que se sigue quejando de que al Sodalicio no han podido sacarle —ni le van a poder sacar— todo el dinero que esperaban para las víctimas, y las supuestas víctimas, que son más que las víctimas».

Se percibe un cierto regocijo en que el Sodalicio haya puesto a salvo el dinero y que éste no se halle disponible para pagarles reparaciones justas a las víctimas. Más aún, Bermúdez le niega arbitrariamente esa condición a la mayoría de los afectados, cuando la experiencia demuestra que en casos de abusos las víctimas falsas suelen ser una minoría muy reducida. Es ésta quizás una de las confesiones más perversas que nos brinda la honestidad brutal —en sentido literal— de alguien que hace de la violencia verbal y del sarcasmo su modo habitual de proceder. Y que hace de la falta absoluta de empatía un motivo de orgullo, cosa que creíamos sólo propia de los psicópatas.

Y aun cuando Bermúdez admite la existencia de un “dinero operativo” —según las investigaciones de la periodista Paola Ugaz, alrededor de mil millones de dólares— que el Sodalicio ha logrado poner fuera del alcance de las autoridades eclesiásticas para que no vayan a un fondo de reparación de las víctimas, insiste en que en el cálculo de las indemnizaciones «los MMM no entran en la ecuación, porque no existen». ¿No existen o más bien no estaban a nombre del Sodalicio como institución? ¿Nos dirá Bermúdez algún día a cuánto asciende ese “dinero operativo”? ¿O también negará que existe?

Más adelante vuelve a insistir en la misma afirmación errada ya señalada más arriba:

«Bertomeu disolvió el Sodalicio, la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, las Siervas del Plan de Dios y, en un arranque de omnipotencia, el Movimiento de Vida Cristiana.

Pero disolver un movimiento de fe es como abolir la ley de la gravedad: buena suerte con eso».

El sujeto gramatical de la oración es incorrecto, pues no corresponde a los hechos —como ya he señalado—. No fue Bertomeu, sino la Santa Sede —por voluntad expresa del Papa Francisco— la que efectuó las disoluciones. Asimismo, si el Movimiento de Vida Cristiana pudo en 1994 ser aprobado por el Consejo Pontificio para los Laicos con la categoría de asociación internacional de fieles de derecho pontificio, de la misma manera también puede ser disuelto.

Pero la supresión de una asociación no implica la supresión de las personas, que siguen estando en libertad de practicar una vida cristiana de acuerdo a su conciencia. Y mantienen su derecho a la libertad de asociación, que les garantiza la ley eclesiástica a todos los fieles católicos. Sin embargo, han de tenerse en cuenta las observaciones del Código de Derecho Canónico:

«305 § 1. Todas las asociaciones de fieles están bajo la vigilancia de la autoridad eclesiástica competente, a la que corresponde cuidar de que en ellas se conserve la integridad de la fe y de las costumbres, y evitar que se introduzcan abusos en la disciplina eclesiástica; por tanto, a ella compete el deber y el derecho de visitarlas a tenor del derecho y de los estatutos; y están también bajo el régimen de esa autoridad, de acuerdo con las prescripciones de los cánones que siguen.

  • 2. Todas las asociaciones, cualquiera que sea su especie, se hallan bajo la vigilancia de la Santa Sede; están bajo la vigilancia del Ordinario del lugar las asociaciones diocesanas, así como también las otras asociaciones en la medida en que trabajan en la diócesis».

«La vida cristiana no pide permiso» dice Bermúdez. Pero es deber de cada obispo y de la Santa Sede vigilar toda asociación de fieles que se reconozca a sí misma como católica y evaluar si merece su beneplácito, para evitar que se caiga en los diversos abusos que se dieron incluso en el Movimiento de Vida Cristiana. Y afortunadamente no es Bermúdez quien tiene la última palabra al respecto ni sobre lo que es auténtica vida cristiana.

Con su supresión, el Movimiento de Vida Cristiana ha perdido poder en las estructuras de la Iglesia católica, pero donde haya grupos atomizados del MVC que ya no ostenten ese nombre sino otro y que sigan aplicando el mismo sistema de disciplina y la misma “espiritualidad”, habrá que seguir denunciando sus excesos, advirtiendo de sus peligros, aun cuando el obispo —que también los hay— les haya dado patente de corso. Estoy de acuerdo con Bermúdez en que la vida sigue, pero esta vida tiene que ser distinta a como era antes para que la misma historia no se repita.

Finalmente, Bermúdez —aunque expulsado del ahora inexistente Sodalicio— confiesa que sigue convencido de su llamado a la vida consagrada. Esto más puede ser un indicio de que aún no ha procesado el duelo por la desaparición del Sodalicio, y sigue en etapa de negación. Y no le queda más remedio que soñar en quimeras, o imaginarse lo que no puede ser. Pues si el llamado de Bermúdez se dio en una institución que nunca tuvo carisma del Espíritu Santo, y cuyo fundador Figari —un abusador en toda línea— jugó un papel importante e irreemplazable en ese llamado dentro de su historia personal, entonces no hubo llamado sino engaño. Y Bermúdez prefiere seguir creyendo en esa farsa antes que aceptar la realidad y buscar un derrotero más conforme con la prédica del Jesús de los Evangelios.

Es verdad que Dios puede inspirar a una persona a vivir los consejos evangélicos o a seguir un camino de entrega radical incluso en contextos no formales. Por ejemplo, alguien podría sentirse llamado a una vida de oración y servicio, pero para que esto se considere vida consagrada en sentido canónico, debe integrarse en una estructura aprobada por la Iglesia. En ausencia de un carisma reconocido, el llamado no podría interpretarse como vida consagrada propiamente dicha.

Aparentemente, Alejandro Bermúdez todavía no ha terminado su proceso de adaptación a la pérdida significativa que han significado su expulsión del Sodalicio y la disolución de la institución, y sigue levantando defensas emocionales que perpetúan el conflicto interno, con predominancia de emociones negativas. Mientras no resuelva ese conflicto, seguirá buscando un chivo expiatorio en Mons. Jordi Bertomeu y lanzando mierda con ventilador sobre las sabias decisiones que ha tomado la Iglesia respecto al Sodalicio y las demás fundaciones de Luis Fernando Figari.

Página 11 de 437 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201 202 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224 225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247 248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 297 298 299 300 301 302 303 304 305 306 307 308 309 310 311 312 313 314 315 316 317 318 319 320 321 322 323 324 325 326 327 328 329 330 331 332 333 334 335 336 337 338 339 340 341 342 343 344 345 346 347 348 349 350 351 352 353 354 355 356 357 358 359 360 361 362 363 364 365 366 367 368 369 370 371 372 373 374 375 376 377 378 379 380 381 382 383 384 385 386 387 388 389 390 391 392 393 394 395 396 397 398 399 400 401 402 403 404 405 406 407 408 409 410 411 412 413 414 415 416 417 418 419 420 421 422 423 424 425 426 427 428 429 430 431 432 433 434 435 436 437
x