Opinión

Derecha conservadora, centro derecha, centro izquierda, vanguardia de izquierda “contrahegemónica” e izquierda comunista son los cinco bloques principales del espectro político-ideológico chileno que se han visibilizado claramente tras la victoria del “rechazo” en el plebiscito de salida de su trascendental proceso constituyente. La batuta en la Convención Constitucional la tomaron las vanguardias “contrahegemónicas”, pero acaban de constatar que esa no es la izquierda que quiere Chile. El vecino país  busca que los servicios del Estado se acerquen a la gente. Otras reivindicaciones como las relativas a los pueblos originarios deberán incluirse en un texto constitucional que deberá redactarse de nuevo pero con un enfoque distinto. Ese ha sido el mandato del pueblo chileno el pasado domingo 4 de septiembre.

En el Perú, la situación de Chile debe ser seguida con atención pues vivimos una enorme paradoja. Si más del 80% de los peruanos apoyó la caída de Manuel Merino hace dos años fue porque nuestro sentido común es bien parecido al de Chile. Es decir, contamos con una mayoría de centro o centro izquierda que cree en la democracia y quiere que los servicios del Estado satisfagan sus necesidades, a esto se suma el hartazgo por la farra perenne de las arcas estatales que explica el espectacular recibimiento a Antauro Humala en Andahuaylas. Sin embargo, solo hay representación política para la derecha conservadora y la izquierda radical antisistémica. Esta última, originalísima expresión de la peruanidad, y ausente en el espectro político chileno, cuenta con ribetes de conservadurismo arcaico que la hacen aún más sui generis.

El Perú es de centro, o de centro izquierda, podría apoyar a un centro derechista también, pero podría volcarse hacia un antisistémico radical si no encontrase a nadie que encajase en las primeras tres opciones. Sin embargo, no hay ni partidos, ni caudillos, ni de centro, ni de centro izquierda, ni de centro derecha que asomen en el horizonte. ¿Con quién nos encontraremos al final del camino?

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Perú

Se dirá que Nemesio Chupaca nació en un momento en que el indígena peruano apenas si tenía presencia en la televisión. Eran los años 60 y 70 del siglo pasado y el mencionado personaje destacaba como el «serrano pícaro» que podía hacer frente a los señorones criollos. Sin embargo, el acriollamiento de Chupaca era una reivindicación a medias, porque no dejaba de ser ridículo para lograr sus objetivos. Más bien se reforzaba la imagen del indígena ladino, oportunista, sin conciencia política y medroso finalmente del poder real. Es decir, la otra cara del estereotipo del indígena sumiso y llorón. Ambos, finalmente, resultan denigrantes, indignos: son creaciones desde una mentalidad colonial que sigue viendo en nuestros pueblos originarios a personas en condición de inferioridad moral.

En su propia defensa, el MinCul lanzó un comunicado que decía: “Precisamente, desarrolló un personaje basado en el perfil del típico inmigrante de provincia que llegó a la capital y lejos de ser pasivo e ingenuo, presentaba más bien actitudes de un burgués acriollado, avispado que no se dejaba ganar por nadie. Su fórmula original, de provinciano audaz, gustó mucho porque era algo que no se había hecho aún y que nadie imaginaba que podría existir algún día”. Vaya explicación. ¿O sea que ser «burgués acriollado y avispado» es un ideal al que aspirar? ¿Ese es el reconocimiento otorgado a nuestros milenarios pueblos andinos?

Para colmo de contradicciones, el derechismo de Loza es más que sabido, habiendo llamado al presidente Castillo un delincuente y comunista. O sea, el MinCul se hace de la vista gorda con respecto al trato denigrante que la derecha peruana viene machacando hasta el cansancio (golpismo y racismo de por medio) en la figura del primer mandatario.

Luego han surgido personajes como la Paisana Jacinta, el Negro Mama y la Chola Chabuca, que han continuado con diversos estereotipos. ¿Llegará también el día en que Jorge Benavides, el creador y actor que encarna a los dos primeros, y Ernesto Pimentel, a la tercera, reciban su reconocimiento por el MinCul?

Ya déjense de hacer el ridículo: el Ministerio De Cultura debería ser mucho más riguroso para entregar estas distinciones y mostrar más consecuencia en cuanto a qué se evalúa en la trayectoria perpetrada por distintas figuras de nuestra farándula. Qué tal manera de meterse autogol.

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Ministerio de Cultura

3.- Salud Pública. Uno de los rasgos de calidad de vida y dignidad ciudadana en el mundo es la provisión universal de un servicio de salud pública para los pobres, para aquellos que no pueden pagar una clínica privada o un seguro médico. El desastre conjunto de EsSalud y el Minsa requiere una cirugía mayor y cambios normativos importantes, que pasan por el Congreso. Fórmese una comisión de expertos que debata seriamente qué hacer con el entuerto y que se apruebe un paquete legislativo que remedie el problema. Recursos hay en el sector -se han multiplicado varias veces en las últimas décadas-, pero la trama corrupta de mafias enquistada en el mismo impide que el ciudadano de a pie reciba un trato mínimamente digno. Es éste uno de los servicios esenciales de inclusión social y su falla estructural es una fábrica de antisistema y de portavoces de rencores muy profundos.

La del estribo: muy recomendable, como siempre, el tercer número de la revista Ojo Dorado, que publica el ICPNA, bajo la dirección de Alberto Servat. Entre muchos otros temas, contiene este número el testimonio del cineasta alemán Werner Herzog haciendo un repaso de su relación con la Amazonía, a propósito de cumplirse 50 años de Aguirre o la ira de Dios; un adelanto de la autobiografía de Susana Baca; una conversación entre Ana de Orbegoso y Natalia Iguiñiz. Y mucho más.

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Congreso de la República, reformas

En segundo lugar, la estolidez sabia está asociada con el conocimiento de las trampas de la mente y los sesgos que la caracterizan. Es la capacidad de entender que no se trata de coeficientes intelectuales deficientes ni deshonestidad, sino que es un funcionamiento que tiende a privilegiar primeras impresiones, preferir datos que confirman creencias,  sobreestimar conocimientos y habilidades propias, confundir ruido y señal, y desconocer la naturaleza probabilística del universo.

Finalmente, quizá lo más importante para la necedad productiva, está el sentido del humor, la capacidad de ver, incluso la búsqueda activa de aquello que no tiene sentido, que parece como una broma de mal gusto, que es risible, ridículo e irónico en las ocurrencias de la vida, también en las más trascendentes, y sobre todo en las que nos tienen como protagonistas.

Mi mente cuentista, la mente sesgada y la posibilidad de usarla para reírse de uno mismo, son los ingredientes que permiten ser idiotas de la mejor manera.

Por su parte, Historia de la cumbia peruana: De la música tropical a la chicha (Instituto de Estudios Peruanos, 2022) es, probablemente, el primer acercamiento que un investigador académico serio hace al proceso de gestación de la cumbia peruana. Si bien es cierto existe una bibliografía muy extensa de artículos, ensayículos y ensayos sobre estas temáticas, dispersos en publicaciones multiautorales, revistas de sociología o medios de comunicación -que el mismo autor se encarga de citar apropiadamente-, este libro de Jesús Cosamalón traza una línea evolutiva que, también en tres décadas, encuentra vasos comunicantes entre sí, con la salsa y hasta con el rock de sus respectivas épocas.

La meticulosidad del historiador para enlazar acontecimientos políticos y económicos con el desarrollo de los hábitos de consumo y gustos populares es muy ilustrativa, aun cuando por momentos se intuye cierta idealización respecto de la influencia, en términos sociales y de construcción de autoestima, de movimientos como los encabezados por las orquestas de Freddy Roland, Carlos Pickling, Rulli Rendo (años sesenta), Los Destellos, Los Pakines, Juaneco y su Combo (años setenta), Los Shapis, Chacalón y la Nueva Crema (años ochenta). Es cierto que estos y otros artistas mencionados en sus páginas tuvieron, en muchos casos, gran éxito masivo en el Perú -y algunos también lo lograron fuera- en cuanto a venta de discos y asistencia multitudinaria a conciertos. Pero, a la luz de lo que vino después del auge de la chicha -que Cosamalón ubica, correctamente, como resultado de un proceso previo y no como creación original de migrantes del campo a la ciudad- es evidente que ese éxito comercial no sirvió para construir una ética de trabajo, con productos de calidad que ofrezcan algo más que el escapismo vacío, de infértil irreverencia y desacato permanente al buen gusto que hoy vemos y oímos.

Los excesos de sublimación en ambas obras no constituyen, en modo alguno, una característica negativa. Por el contrario, esa visión romántica que es, a un tiempo, objetiva y realista pues proviene de datos concretos, vivencias, materiales publicados, hace atractivas a estas publicaciones pues pone ante ojos y oídos de los lectores, un pasado que merece ser reconocido como fundacional de aquellos fallidos intentos por construir una identidad musical nacional, en la que se integraron, en desorden, múltiples fuentes de información, con la finalidad de recuperar esos bríos y, por qué no, reiniciar esa búsqueda a contramano del sistema que busca homogeneizarlo todo.

Si al escuchar canciones como 1ero. de Noviembre, del segundo álbum de Héroe Inocente (El campeón de los campeones, 2005), La sociedad me enferma, del álbum debut; o cumbias como Don José (Los Ribereños, 1969), Viento (Grupo Celeste, 1975), Colegiala (Los Ilusionistas, 1977) o El aguajal (Los Shapis, 1981) -todas incluidas en un listado de QR al final del libro de Cosamalón, para escucharlas en YouTube- no se activa en tu cerebro esa nostalgia capaz de emocionarte con recuerdos entrañables de tu infancia, adolescencia o eterna juventud, significa que la modernidad y sus distracciones te han dejado vacío.

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cumbia, Música

Si ello no ocurre, la irresponsabilidad de la fragmentación le abrirá las puertas a la izquierda radical, que montada en la segunda vuelta, volverá a invocar el rencor de los desplazados de la bonanza, de los marginados del sistema, de los ciudadanos sin Estado. La inmensa alza global de precios internacionales (Castillo va a recaudar en renta minera en cinco años más de lo recaudado en los últimos veinticinco y, por supuesto, lo va a dilapidar) y las ventajas competitivas naturales de un país emprendedor como el Perú, solo necesitan un par de buenos gobiernos proinversión sucesivos para voltear la página del abismo en las cercanías.

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Antauro Humala, Pedro Castillo

El refinamiento visual y la estética glamourosa de Just Jaeckin se manifestarían también en su siguiente película, “Historia de O” (1975), mucho más polémica que “Emmanuelle” y considerada en la actualidad como un clásico del sadomasoquismo. Adaptada de una novela publicada en Francia en 1954 bajo el seudónimo de Pauline Réage, la historia es como sigue. Por requerimiento de su amante, interpretado por Udo Kier, O (Corinne Cléry) acepta incondicionalmente ser llevada al castillo de Roissy para ser objeto de humillaciones, latigazos y castigos mientras es sometida sexualmente. En su búsqueda de amor y placer, O aceptará convertirse voluntariamente en una esclava sexual, pasando a ser de propiedad de Sir Stephen, de quien termina enamorándose.

Como en su película anterior, Just Jaeckin se muestra más preocupado por la estética de las imágenes que por el contenido moral del relato. Y son precisamente los paladines de la moral quienes se opusieron a una obra que, tal como está contada, no pretende transmitir un mensaje ni ser modelo de comportamiento, sino simplemente narrar una historia cargada de erotismo dentro de los cánones de la belleza y el arte. Allí reside su legitimidad, y la obra final puede estar sujeta a múltiples interpretaciones.

No obstante que en el film la presentación de los actos sexuales no es detallada ni mucho menos obscena, se consideró la película —debido a su temática, estética y suntuosa puesta en escena— como parte de la corriente del porno chic de los años 70. Es de notar que la escena final, donde O es presentada en sociedad vestida sólo con una máscara de pájaro, será adaptada por el renombrado cineasta Stanley Kubrick en su último film “Ojos bien cerrados” (“Eyes Wide Shut”, 1999).

En Alemania se consideró que “Historia de O” justificaba la existencia del género femenino sólo en cuanto objeto de placer de los varones. En consecuencia, hubo en 1975 protestas de mujeres porque supuestamente el film denigraba al sexo femenino. En Berlín las mujeres llegaron incluso a arrojar bombas apestosas en las salas de cine y a orinar en las butacas. En Bonn una mujer se encadenó simbólicamente a un falo gigante de cartón piedra. Y finalmente, en 1982 la película fue incluida en el índex de medios peligrosos para la juventud, con la consecuencia de que la versión completa del film no podía ser publicitada ni comercializada abiertamente, aunque sí versiones con los cortes indicados por la censura. La película fue sacada del índex recién en el año 2008.

Tras apuntarse otro éxito de público con “El amante de Lady Chatterley” (1981), película considerada por Sylvia Kristel como la mejor en la que ella ha actuado, Just Jaeckin se retiró de la dirección cinematográfica tras rodar “Gwendoline” (1984), una adaptación de un cómic para adultos con una historia que buscaba emular en tono de comedia las aventuras de Indiana Jones, pero con muchas escenas de lúdico erotismo, interpretadas desenfadadamente por la actriz estadounidense Tawny Kitaen y la actriz francesa Zabou. Otra vez el estilo prima sobre la sustancia, y la valoración del film dependerá del gusto y criterio de cada uno.

Lo cierto es que Just Jaeckin —quien durante lo que le quedó de vida se dedicó a lo que más le gustaba hacer: la fotografía y la escultura— creó con sus exitosas películas eróticas un precedente, estableciendo definitivamente que la presentación del sexo en la pantalla grande no tiene por qué ir reñida con el buen gusto y la belleza artística. Lo cual no han aprendido hasta ahora los cristianos conservadores fundamentalistas, que siguen creyendo que cualquier representación de la sexualidad en el cine sigue siendo una cosa obscena, un pecado que conduce a la perdición.

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Cine, erotismo

Lo que la ciudadanía espera del Parlamento no es colaboracionismo obsecuente, sino fiscalización recia, capaz de refrenar en alguna medida el desastre al que nos va a conducir inexorablemente la gestión de Castillo. La única forma de que las fuerzas democráticas sobrevivan políticamente con alguna posibilidad de recambio electoral el 2026, pasa porque ejerzan un papel vigilante e intransigente frente a las trapacerías rochosas del Ejecutivo, para quien el diálogo entre poderes significa impunidad o patente de corso que le permitan saquear el Estado y destruirlo, sin cortapisas.

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Congreso de la República, Presidente Castillo

De esta manera se intenta aprehender las bases de un universo cuyo sentido es siempre huidizo y siempre abierto a la interpretación. Y aunque está lectura implica la revisión exhaustiva del canon crítico alrededor de Trilce, nuevas posibilidades de sentido afloran, con una previa (y necesaria) advertencia de los autores: “Intentar tener la última palabra sonre un poema de Trilce es dejar de ser trílcico. Estas no son las únicas maneras de leer los poemas y, más bien, hemos buscado motivar nuevos diálogos ” (p.23).

Hay que resaltar el ánimo pedagógico que late en este proyecto. Trilce no es de ninguna manera un castillo inexpugnable, pero comprendiendo que su sentido tiene un dinamismo particular, que su lectura es un trabajo en progreso permanente. En síntesis, estamos ante un volumen que permite a legos recordar el canon crítico y observar las líneas que trazan una nueva lectura; y a los profanos, una puerta de entrada a uno de los universos de sentido más fascinantes de la poesía. Lograr ambas cosas no es poco.

Alejandra Hibbett y Víctor Vich. Trilce poema por poema. Lima: Pesopluma, 2022.

 

 

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Trilce
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