Opinión

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Siempre me manejé a base de ideas e ideologías, también de marcos teóricos. Comprendo la realidad como un universo que requiere ser interpretado en busca de una inalcanzable verdad, que no se puede alcanzar por un motivo intrínseco a su naturaleza: se mueve. La historicidad, la temporalidad obligan a modificar el diagnóstico cada cierto tiempo, obligan a verdades de corta y mediana duración, nunca absolutas, el cambio marca la pauta, la adecuación es inexorable.

Luego está la crítica, la interpretación y su enorme repercusión en la epistemología. Una sola verdad, en un solo tiempo, igualmente será desafiada y, en simultáneo, diferentes teorías e ideologías se disputan el pedestal del conocimiento comúnmente aceptado. Ni siquiera los totalitarismos pudieron detener estas dos pulsiones ineludibles: la historicidad y la crítica.

Yo me formé en casa de un velasquista, mi padre Ezio, relacioné a Velasco con la justicia, con devolverle a los pobres lo que les había sido arrebatado, la parte de la dictadura del GRFA no la entendí muy bien por aquellos años. Precisamente en 1980, cuando cursaba primero de secundaria, ya sin generales en Palacio de Gobierno, cayó en mis manos Haya de la Torre y el APRA de Luis Alberto Sánchez.

Entonces mi base ideológica se completó. Volví a ese libro tres décadas después y comprendí por qué pensaba como pensaba, por qué me consideraba de izquierda sin ser comunista, porque creía fervientemente en la justicia social y porque entendía la democracia como una utopía que debía defenderse por encima de cualquiera otra. Quién mejor que Sánchez para legar la posta, perseguido por dictaduras desde Sánchez Cerro hasta Odría. Nadie como los apristas de la generación fundacional y la siguiente, la de Andrés Townsend y Armando Villanueva, para comprender por qué son importantes la democracia y el orden constitucional como marco de referencia para construir la justicia social y para comprender que el siglo XX peruano se truncó precisamente por lo contrario: por los tanques, los fusiles, el olor a pólvora, la represión política y la conculcación de la libertad.

Los tiempos universitarios me alejaron de un APRA en la que no militaba y del desastre de su primera gestión, y me acercaron a la Izquierda Unida, donde me caractericé por ser demasiado moderado e independiente. Había otra utopía en muchos de esos bravos compañeros que yo no alcanzaba a compartir, desde el lenguaje, el enfoque, la mirada, la propia ideología: el marxismo. Yo creía, como dijo Haya, en un país en el que se crease la riqueza para el que no la tiene y no tanto en quitársela al que la tenía.

Lo señalado no obsta que promueva una  política tributaria más justa y una redistribución por parte del Estado que suponga la revolución de sus servicios y de su infraestructura para promover el desarrollo: creo en llevar a nuestra burguesía tomada por las orejas, por un Estado rector, a comprometerse con dicho desarrollo, pero no creo en maniqueísmos. No creo en buenos y malos, ni en odios ancestrales, ni en revanchismos. No es el camino que lleva a la justicia, no para mí.

Después leí a Jürgen Habermas y su optimista Más allá del Estado Nacional  en el que ofrece una mirada alternativa a El fin de la historia de Francis Fukuyama. Para el alemán, tras la caída del muro, eran la democracia y los derechos el hombre los que finalmente habían vencido al autoritarismo y al nacionalismo. Por consiguiente, aquellos eran también los llamados a vivir para siempre, y no el mercado sin atadura de ningún tipo, tras su victoria sobre la economía dirigida.

Al final, Francis Fukuyama no tuvo razón, pero tuvo más razón que Habermas. Desde el flanco progresista, la democracia y los derechos del hombre fueron atacados por un excéntrico movimiento que se denominó woke o wokista y que obtuvo similar e identitaria respuesta de una derecha bíblica y puritana, cuando no libertaria, lo que inició la batalla cultural. Flanqueada a la derecha y a la izquierda por movimientos básicamente anti-derechos -o que en su empeño por promover los de algunos colectivos, podrían conculcar los de todos los demás- la esencia de la democracia, su espíritu deliberante, el alma de sus grandes teóricos, desde los padres griegos, hasta Jefferson y Hamilton, pasando por Rousseau, Locke y Montesquieu estallaron en mil pedazos. Solo quedaron el esqueleto de una maquinaria electoral y las ruinas de viejas instituciones que funcionan ora para financiar los sueños alucinados de unos, ora para fungir como infinita fuente de enriquecimiento ilícito de otros.

Hace unas décadas, Hugo Neira hablaba del Perú, de su inexorable camino hacia Tartaria, de sus leyes no escritas que son las que, finalmente, rigen nuestros destinos. Pero me temo que la asincronía es planetaria y no local, que la inmensa brecha que existe entre las ruinas de las instituciones y la política real explica por qué casi cuatro décadas después de la caída del muro no emerge aún otro paradigma, otra episteme.

Vivimos atrapados en una dimensión que se devanea entre dos mundos paralelos, y no creo plantear más que una verdad de Perogrullo que sin embargo debe decirse. En las instituciones vive el Gran Hermano, se devanea ese poder Judicial que nunca le dijo a Josef K. de qué lo estaban acusando; mientras tanto, el espacio público lo ocupa el ciudadano de pie. Allí, cotidianamente, extorsionan a señitos emolienteras en las esquinas de viejos barrios con aroma a menudencia frita. En esas mismas esquinas, cada tanto, asesinan a un microbusero que se negó a pagarle cupo a un sicario, pero estas son cosas de la calle, no son cosas de las instituciones.

Pero estas líneas trataban de una revisión de mis ideas a lo largo del tiempo. Estoy en el lugar de siempre, el de la izquierda democrática, que busca reconciliar al Estado con la sociedad. Y, como buen latinoamericano, estoy a la espera de un caudillo providencial que convierta en realidad mis más anheladas utopías ad portas del año por venir.  ¿O podrá ser un partido?

[CIUDADANO DE A PIE] Por estas fechas, hace dos años, Juan Carlos Tafur -siempre en su compulsiva y angustiada búsqueda de candidatos de derecha capaces de enfrentar con posibilidades de éxito a la “izquierda radical y disruptiva” —impulsaba públicamente la candidatura de Carlos Álvarez a la presidencia de nuestro país. No lo hacía en el vacío, sino que, como el propio periodista señalaba, respondía al interés que la “élite empresarial y financiera” tenía en el personaje, debido a su posicionamiento —por delante de Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga—, en una de esas “encuestas reconocidas” de las que ya hemos tratado en nuestra nota anterior (https://x.com/SudacaPeru/status/1996238955956605119?s=20). Las credenciales de Álvarez para postular, según Tafur, eran sus años de apoyo a obras sociales, el manejo de un buen discurso, haber recorrido el país de “cabo a rabo”, y detalle que despierta suspicacias democráticas, ¡ser querido por las fuerzas armadas!

A este auspicioso bautismo mediático le siguió la confirmación en forma de una entrevista en El Comercio. “¿Por qué discriminar a un cómico?”, se preguntaba Sonia del Águila, especialista en música y televisión de ese medio. “¿Quién dijo que hay un perfil único para servir al país?”, ensayaba Álvarez como respuesta. Resulta interesante que sea en esta complaciente y solícita entrevista donde se reconozca que hay quienes lo ven como “el cómico, el imitador, el bufón que ahora pretende ocupar un lugar en la arena política.” Pero ¿existen realmente elementos en la dilatada trayectoria profesional de Carlos Álvarez que justifique tal apelativo, o se trata simplemente de un intento de ridiculizarlo y minusvalorarlo?

Bufonería cortesana versus sátira política contestataria

La relación entre el humor y la política ha sido históricamente dual y ambivalente: desde los bufones de las cortes medievales, al servicio del poder, hasta los incómodos y a menudo temidos cómicos de la sátira política contestataria.

El bufón, ante todo, era un sirviente del soberano, un instrumento de gestión política (Otto) de lo que hoy llamamos “el oficialismo”. Tanto servía como válvula de escape para aliviar las tensiones internas del régimen monárquico (Outram), como de arma política del rey contra rivales y enemigos a los que no convenía atacar directamente. El bufón cortesano era pues            —contra muchas de las ideas románticas existentes—, un actor operando conscientemente dentro de las estructuras de poder, con una “libertad de expresión” estrictamente pactada (Billington).

La sátira contestataria, en cambio, “es el arma más eficaz contra el poder. El poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos», afirmaba el Nobel de Literatura Darío Fo. La noble misión de la comedia política auténtica es atacar al poder con las armas de la burla y la ironía, con el objeto de señalar y criticar sus defectos, sus abusos y sus hipocresías. También vigilar, porque el poder, por definición, debe ser vigilado (Montesquieu), y esta vigilancia solo puede ser ejercida por ciudadanos libres. La risa puede además insuflar al pueblo una «segunda vida» en la que las jerarquías y el sentido común dominantes son cuestionados (Bakhtin). Es por ello que la sátira es tremendamente impopular entre los gobernantes, pues proporciona al pueblo una forma de disidencia, particularmente en regímenes políticos opresivos. Werner Finck y Kurt Gerron en la Alemania nazi, así como Mikhail Zoshchenko y Vladimir Voinovich en la Unión Soviética, son ejemplos elocuentes del destino reservado a los humoristas incómodos bajo poderes dictatoriales.

Camotillo el Tinterillo y Sofocleto  

Aunque se reconoce al gran actor cómico trujillano, Álex “el Mono” Valle, como el precursor de la sátira política televisiva peruana en los inicios de los años sesenta, fue Tulio Loza quien elevó este género a su más alto nivel. Encarnando a “Camotillo el Tinterillo” —candidato eterno a la presidencia por su ficticio partido—, el mordaz e hilarante cómico denunciaba con humor directo la corrupción, el racismo, la burocracia y los abusos del poder. Sus valientes críticas al gobierno militar velasquista le valieron amenazas, vetos y finalmente el exilio en Argentina en 1973.

Mención especial merece igualmente Luis Felipe Angell “Sofocleto”, exponente privilegiado de nuestra sátira intelectual. Sus libros, columnas periodísticas y apariciones televisivas eran implacables denuncias de la hipocresía, la corrupción y la mediocridad de la élites. Su humor no dejaba títere con cabeza, fuera este civil o militar, de izquierda o de derecha. Pagó su audacia con censura, encarcelamiento y deportaciones.

Así, mientras que Tulio Loza y Luis Felipe Angell se convirtieron en paradigmas de la sátira política crítica y valiente —que en tiempos de dictadura no se autocensura ni se pone al servicio del poder —con Carlos Álvarez estamos ante algo totalmente distinto.

¿Un bufón cortesano?

La bufonería cortesana sigue vigente hoy en aquellos humoristas que se ponen al servicio del poder (Eco, Eagleton), que adulan con bromas complacientes a los gobernantes, los defienden mediante propaganda camuflada de chiste y ridiculizan selectivamente a sus adversarios. Este fue, precisamente, el caso de Carlos Álvarez en los años postreros del gobierno de Alberto Fujimori, cuando hizo uso de su gran talento para promocionarlo y ensalzarlo, mientras ridiculizaba sistemáticamente a sus opositores. Su presencia en el canal estatal entre 1999 y 2000 ha sido interpretada como parte de la estrategia mediática fujimontesinista. El propio Álvarez ha admitido recientemente que en aquellos años apoyó al gobierno de Fujimori —una clara admisión de su función como cómico bufonesco al servicio de un régimen corrupto—, “pero no sus tropelías”, precisó. Este poco creíble deslinde fue de inmediato objeto de burla por parte de Carlín, quien lo retrató en una caricatura de La República con indumentaria y actitud de bufón, frente a un apoltronado y divertido Fujimori. César Hildebrandt agregaría poco después una crítica más directa a esta declaración, calificando a Carlos Álvarez de “canalla” por haber satirizado —por dinero y no por convicción ni ideología— a todos aquellos que se enfrentaron a la dictadura fujimorista: un bufón a sueldo.

El candidato

Carlos Álvarez aspira a la presidencia de un país asolado por la delincuencia, cuya institucionalidad democrática viene siendo erosionada día a día, y donde la estabilidad económica se encuentra amenazada por un déficit fiscal creciente. No se trata, por cierto, de un fenómeno aislado ni novedoso, sino más bien característico de estos tiempos caóticos y convulsos. En sociedades exhaustas como la nuestra, existe la tentación de confundir al comediante con el estadista y la popularidad con la capacidad para gobernar. Los resultados de encumbrar a cómicos y payasos   en posiciones de poder suelen oscilar entre la decepción y la catástrofe. Personajes como Beppe Grillo en Italia, Volodímir Zelenski en Ucrania y Jimmy Morales en Guatemala, que se promocionaron bajo la premisa de que alguien ajeno a la política era, por definición, moralmente superior, adolecieron, una vez alcanzado el poder, de taras similares: desconocimiento del aparato estatal y de las instituciones, carencia de cuadros técnicos probados, toma de decisiones improvisadas, luchas internas, dificultades para establecer estrategias coherentes y, lo más grave, corrupción rampante.

La postulación de Álvarez coloca su trayectoria en el centro del debate: ¿qué tipo de liderazgo moral puede ofrecer alguien cuya relación con el poder político ha sido la de bufón cortesano al servicio de un régimen corrupto? ¿Son dignas de crédito sus declaraciones de guerra a la delincuencia y la corrupción? ¿Posee las agallas y el fuste para “desratizar” el Perú y conducir un gobierno que imponga orden, seguridad y transparencia? ¿Son sus ofrecimientos de “mano dura” algo más que los acostumbrados lugares comunes habituales de los discursos de la derecha radical? En todo caso, Carlos Álvarez ofrece —a sabiendas o no— un servicio inestimable a esas élites que hoy lo apoyan y publicitan en Cosas: contribuir a la dispersión del voto de los sectores populares, haciendo uso de su celebridad mediática. Ese es su nicho electoral asignado, porque los sectores pudientes de la derecha nacional ya tienen sus candidatos… y ciertamente él no se encuentra entre ellos.

[PAPELES VIRTUALES]

UNO

Juliaca fue el entierro, simbólico, de la candidatura del hijo bastardo de Ferrando. Nadie lo duda. Recibió lo que siempre buscó. Terruqueo sin asco, soberbio, prepotente y homofóbico. Como lo mencionaron en Radio La Decana.

  • Máximo representante de la derecha bruta y achorada.

He vivido en el interior, por una larga temporada. El Perú es un país continente. Una cosa son los puneños. otra los huancaínos; ni hablar de los cajamarquinos, los piuranos, o los loretanos. Eso sí, todos ellos, coinciden en un punto.

  • Odian al limeño prepotente, creído y soberbio.

Este impresentable, jamás hubiera ganado una elección. Nunca. Tenía cierto número de seguidores en Lima, con características inherentes.

  • Intolerantes, homofóbicas y arteramente estúpidas.

Lo que sucedió después, es anecdótico. En Avanza País se dieron cuenta que el candidato no iba a despegar. Hubo acusaciones mutuas, sobre el dinero de la campaña o la forma como se maneja ese vientre de alquiler. Hoy en día, continúa trabajando en los medios. Vivimos en democracia, tiene todo el derecho a laburar. Posiblemente, dentro de un tiempo dirá que la gente de Puno realmente no lo odiaba.

  • La política lo expectoró de la manera más ruin, tal como se manejó siempre.

DOS

El Virrey del siglo XXI, es el arquetipo del limeño aristócrata. Recuerdo, en los años setenta, su soporífero programa Contacto Directo. Postuló a la Alcaldía de Lima, por el APRA, y perdió. En el 85, lo eligieron diputado. En el nuevo siglo, pasó al partido de Belaunde. En 2016, candidateó a Presidente, quedando en cuarto lugar. Dizque por culpa del chicharrón. Se le recuerda más por anécdotas baladí; no por leyes o algún aporte significativo. Es lo peor que le puede ocurrir a un político. Me parece insólito, que alguien –hoy en día– crea que Barnechea pueda ser, nuevamente, candidato a Presidente. Un personaje anacrónico que representa lo peor de la oligarquía limeña. Ahora, han corrompido el partido de la Lampa. Alfredo ha ido a distintos medios, ninguneando a los periodistas, con aires de grandeza, típico de gamonal. Haciéndose el boludo, con las preguntas acerca del fraude en las elecciones internas. Incluso ofendiéndose por las mismas.

  • Tu pregunta es impertinente
  • Estoy buscando el adjetivo para no incomodarte.

Por último, explotó.

  • Voy a denunciar penalmente a todos los miembros del JNE …no saben con quien se están enfrentando …. vamos averiguar lavado de activos…

De colofón, está el retrato, magistral, que hizo de él, Jaime Bayly en su columna semanal, titulado “Los Pedigueños”.  Alguien le aconsejó que se disculpara por sus amenazas al JNE. Las mismas, fueron acompañadas con un “quizás” o “tal vez me precipite”. Ese es el Virrey, yo te conocía, hoy te conocen el resto de los electores.

TRES

Dos características propias de los simpatizantes de López Aliaga, son las siguientes: conservadores y religiosos. Defensores acérrimos de la familia tradicional. En un país, donde los hogares conformados por familias atípicas, están increscendo y el sexo casual es predominante entre jóvenes y adultos.

Su éxito, hasta el momento, en distritos acomodados y parte del norte, radica en decir lo que el pueblo desea escuchar.

La gente está harta de la inseguridad. Es tal, la insatisfacción que no le interesa si las promesas de Porky son populistas. Quieren una solución ya mismo. Si todos los inmigrantes deben ser expulsados, que se haga. Total, necesitan tranquilidad. No les sirven los candidatos que analizan la situación y proponen otro tipo de soluciones; esto es, a largo plazo.  También hace promesas rimbombantes, difíciles de cumplir. Algunas, risibles.

  • ¿Un aeropuerto en Oxapampa?
  • A los limeños les prometió 40 mil motos y también hacer de Lima una potencia mundial, ¿no?

Sabemos cómo termino la historia, así como el destino del famoso Tren. Ah, y el asunto de los Peajes recién empieza. Sin embargo, todo lo acontecido en la gestión municipal, es indiferente a los simpatizantes. No entienden refutación alguna. Al contrario, se enojan cuando cuestionas al líder. La intolerancia de LA es evidente. Es emocionalmente inestable. Cree que cualquiera que lo critique es un enemigo, caviar, delincuente o en el peor de los casos.

El que sea elegido como Presidente, es muy posible, que no tenga mayoría. Deberá pactar. Ahí es donde se ve al verdadero político. Aquel que logra acuerdos, en beneficio del país. No, el que se pelea con todos. Me sorprendió, en su momento, que ninguno de sus fanáticos “cristianos” marcara distancias por los dichos contra Gorriti.

  • Hay que cargárselo.

Nunca en mis 59 años había leído, este tipo de instigaciones. Ni en políticos de derecha o de izquierda. Mucho menos en el Nuevo Testamento, cuyo libro debe tener Porky en su mesita de noche. Para rematarla es mitómano.

  • ¿Y este es el preferido de muchos en Lima?

CUATRO

Espá propone el sistema vouchers en la educación pública. Dicho sistema no ha mejorado la educación, en lo absoluto. Tenemos el ejemplo de Chile. Se habla de los incentivos a los alumnos aplicados.

  • ¿En donde quedan entonces los chicos con rendimiento bajo o mediocre, los expectoramos?

Carlos ha declarado su satisfacción por el gobierno de Dina. Insólito. Otrosí digo, Fernando Espá, su hermano – gerente de la Minera Emproyec y fundador del partido Si Creo– aportó dinero, secretamente, para la última campaña de Keiko.

  • ¿Entonces, el partido Sí Creo es aliado de Fuerza Popular?

Tienen muchos puntos en común. Creen en la represión y enarbolan el No a las manifestaciones.

Declaró su desprecio por los provincianos que “venían a generar desorden” en las protestas contra el gobierno. Más adelante, culpó a López Chau por las muertes de los manifestantes, por haberles dado cobijo a un grupo de jóvenes. Ese es el demócrata Carlos Espá. Venido de una familia de alcurnia. Siempre vivió en una burbuja. Declarado liberal, hasta cierto punto, en lo social no lo es.

En tanto, Keiko con una sonrisa sardónica, observa como los demás candidatos quedan en evidencia, limpiándole la cancha. Hace poco firmó el Pacto de Ética Electoral. La cual observara, si gana.

  • Sino, joderé a todos.

Como lo ha hecho en los últimos 10 años.

[EL DEDO EN LA LLAGA] En el año 2002, el Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge (Asociación Alemana para el Cuidado de las Tumbas de Guerra) —una organización humanitaria fundada el 16 de diciembre de 1919, cuya misión principal es localizar, mantener y cuidar las tumbas de los soldados y víctimas alemanas de guerras y tiranías, principalmente fuera de las fronteras del país germano— publicó el libro “Weihnachtsgeschichten aus schwerer Zeit” (“Historias de Navidad en tiempos difíciles”), donde recogía testimonios de experiencias navideñas, principalmente durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, una época donde el hambre, la angustia, el sufrimiento y la muerte eran omnipresentes, tanto entre los soldados que participaron de la guerra como entre los civiles, que sufrieron las acciones bélicas —muchas de ellas criminales y genocidas— de los Aliados, las cuales eran frecuentemente ellas mismas una respuesta a las acciones criminales y genocidas de los ejércitos alemanes. Sí, porque en tiempos de guerra no hay buenos y malos, sino seres humanos atrapados en medio de un conflicto sin sentido. Pero en medio de este fracaso de la humanidad por parte de ambos bandos enfrentados, siempre quedaban rasgos de humanidad, resaltados en estas historias, muchas de las cuales no se pueden leer sin que las lágrimas asomen a los ojos.

El Volksbund siempre ha estado empeñado, desde una perspectiva antibélica y a favor de la paz, en mostrar el lado humano de los alemanes que se vieron involucrados en la guerra. Ejemplo de ello son los dos volúmenes titulados “Menschen wie wir…” (“Gente como nosotros…”), publicados en los años 2000 y 2001 respectivamente, que incluye reseñas biográficas de alemanes que murieron o desaparecieron durante el conflicto bélicos, muchas de ellos acompañadas con fotografías, escritas por amigos y parientes de esas personas, bajo el lema “¡El recuerdo no debe perderse!”

Pero no sólo la población alemana, otra víctima de la guerra, es mostrada de manera humana y comprensiva, sino también aquellos que combatieron a la Alemania gobernada por el régimen nazi, como se evidencia en la compilación navideña de relatos testimoniales —donde también aparecen soldados británicos, estadounidenses y rusos—, a la cual le seguirían dos volúmenes más en los años 2004 y 2006. En esas narraciones no hay santos y pecadores, sino seres desarraigados buscando migajas de amor y de paz en medio de una tragedia generalizada.

El Dr. Martin Dodenhoeft, pedagogo vinculado al Volksbund desde 1988, escribe en el prólogo del segundo volumen de esta compilación de historias lo siguiente:

«Paz en la tierra: eso estaba muy lejos para las personas en la época de las guerras mundiales y, para muchos, también después, en la patria enajenada, durante la huida y el desplazamiento forzado. Pero también los soldados en el frente, los prisioneros en los campos, los desplazados y despojados de derechos, los que sufrían y pasaban hambre, conservaban en sus corazones el anhelo de la paz navideña, de paz en la tierra. Intentaban mantener vivas las antiguas tradiciones con los medios más modestos: una rama como árbol de Navidad, un cabo de vela quemado y sucio como luz de la paz, los regalos más humildes… Hombres en el frente, que día y noche tenían que luchar por su vida, volvían por breves instantes a ser niños. A prisioneros miserables en campos lejanos, físicamente al borde del fin, el pensamiento de la Navidad los mantenía con vida. Mujeres que el día de Navidad recibían la noticia de la muerte del marido o del hijo encontraban en sus hijos la fuerza para seguir viviendo. Los niños sabían que no debían esperar grandes regalos; para ellos eso importaba menos que la alegría de que el padre regresara a casa o la satisfacción de poder entregar a otros un pequeño obsequio cargado de cariño. Los gestos humildes cuentan tanto más cuanto que se ve claramente que vienen del corazón; hoy, cuando casi todo se puede comprar, resulta cada vez más difícil descubrirlos. […] Que las generaciones de posguerra no olviden que la Navidad no es una fiesta del consumo, de expectativas de regalos cada vez más grandes y caros, de la huida del “estrés navideño” en viajes a tierras lejanas, sino la posibilidad de recogerse en uno mismo, la oportunidad de aferrarse a lo más importante que nosotros, los seres humanos, podemos dar y conservar en todo tiempo: amor y paz».

A esto hay que añadir lo que Dodenhoeft escribió en el prólogo de la primera compilación del año 2002, palabras que siguen revistiendo tremenda actualidad:

«A pesar de toda la alegría anticipada, en los pensamientos sobre la Navidad se mezcla una gota de amargura. Porque también en Navidad, también este año, en algún lugar del mundo se dispara y se bombardea. También en Navidad son expulsadas personas de su patria, perseguidas, asesinadas. También en Navidad viven personas en la miseria y el sufrimiento, se hallan en fuga, se hallan solas y abandonadas en algún lugar lejos de su familia, lejos de su hogar».

Los tiempos difíciles, ¿han quedado atrás? Sería una irresponsable ceguera moral creer eso.

Aproximadamente el 16% de la población mundial vive en zonas cercanas a conflictos armados o expuesta a violencia relacionada con ellos, según datos actualizados a finales de 2025 del Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED). Esto equivale a cerca de 831 millones de personas que vivieron “muy cerca” de acontecimientos violentos relacionados con conflictos durante el período analizado (diciembre 2024 a noviembre 2025). ACLED define esta exposición considerando la proximidad geográfica a eventos de violencia política, incluyendo batallas, represión y ataques a civiles.

Entre el 30% y 40% de la población mundial estaría afectada por la pobreza multidimensional, concepto que captura las múltiples privaciones simultáneas que enfrentan las personas en aspectos esenciales de la vida, como salud, educación y condiciones de vida. Según el Informe Global del Índice de Pobreza Multidimensional 2025, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iniciativa de Pobreza y Desarrollo Humano de Oxford (OPHI), aproximadamente el 18.3% de la población analizada vive en situación de pobreza multidimensional aguda.

La celebración de la Navidad en un contexto burgués nos lleva a olvidar que esas reuniones familiares —donde muchos creyentes celebran el nacimiento de Jesús en medio de relativa abundancia, y con ellos muchos no creyentes una festividad marcada por la paz y la reconciliación o por cualquier otro significado— son oasis en medio de un mundo desolado. Y no pocas veces son oasis de egoísmo social, de indiferencia hacia los más pobres.

Pues así como la Navidad brilló en tiempos difíciles pasados con su significado de esperanza, de anhelo de una paz duradera, de reconciliación en situaciones trágicas, así debería brillar actualmente como la estrella de Belén para quienes viven en situaciones semejantes. Sólo llevando algo de esa luz a los desposeídos y vulnerables de esta tierra los creyentes podemos hacer creíble nuestra fe en un Dios que se hizo hombre para traer la auténtica liberación a los hombres.

[Música Maestro] Brian Eno: Un artista comprometido

Mientras por estas latitudes continuamos nuestras vidas de espaldas al mundo, ensimismados en las noticias locales que, como un bucle que se repite sin final y hacia abajo, nos muestran imágenes obscenas como las de un presidente de mentira saludando a un hijo de nazi que acaba de ser electo para el mismo cargo; mientras nos preparamos para celebrar la Navidad como si no pasara nada a nuestro alrededor, comprando y abrazándonos, desconectándonos de la realidad -sea por exceso de indignación o por absoluta indiferencia-; hay seres humanos especiales, que pasan sus días de manera diferente.

Son artistas, músicos y actores, personalidades de la televisión y el teatro, cantantes y compositores que nadie conoce ni tiene en sus playlists, personas comprometidas que dejan de lado su relativa tranquilidad y encuentran un espacio en sus vidas ordenadas, fuera de cualquier peligro y a salvo de problemas económicos para hacer algo positivo con su talento y buscar un alivio, por minúsculo que sea, para otros seres humanos que, lejos de cualquier privilegio, mueren en silencio a diario.

Uno de esos artistas es Brian Eno (Inglaterra, 77) que, en más de cinco décadas de carrera musical irreverente, innovadora y original, pasó de ser integrante de la primera alineación -para muchos, la mejor- de una de las bandas fundamentales del glam-rock, Roxy Music, a sentar las bases de todo un subgénero de la música electrónica contemporánea, el ambient para finalmente, convertirse en uno de los productores de pop-rock más cotizado, reverenciado y exitoso de la historia de la música popular anglosajona.

Desde Talking Heads hasta David Bowie, desde Slowdive hasta Coldplay, desde U2 hasta Robert Fripp, todos muestran respeto cuando escuchan su nombre. Brian Eno fue, en los ochenta/noventa y más allá, lo que fue Phil Spector en los sesenta o Trevor Horn en los ochenta, un referente de indiscutible prestigio y elevada musicalidad, siempre abierta a expandir sus límites con ideas frescas y no necesariamente determinadas por la moda y el éxito masivo instantáneo.

La visión de Eno

Hoy, cerca de los ochenta años, Brian Eno ha diversificado sus desarrollos artísticos -pintura, instalaciones, tecnología-, los mismos que combina con una fuerte vocación por el activismo político y sociocultural. Su más reciente emprendimiento está dedicado a la búsqueda de fondos para brindar algo de apoyo a las poblaciones de Gaza golpeadas una y otra vez por la barbarie sionista y su inacabable espiral de desproporcionada violencia camuflada como “guerra contra el terrorismo radical”.

El 17 de septiembre de este año, es decir, tres meses antes de la Navidad, se realizó en la OVO Arena de Wembley, Londres, el concierto benéfico Together For Palestine que fue transmitido en vivo en distintas plataformas online. Aquí, por supuesto, la noticia pasó absolutamente desapercibida, pues todos hacían sus colas y campamentos para ver a Shakira en primera fila y muy atentos a los escandaletes de Maju Mantilla. Así lo hubieran anunciado en la prensa local, nadie habría rebotado la importancia de esta actividad que es artística pero también profundamente humana.

En la web que se armó para promover el evento, Eno dejó un mensaje en el que resume su visión: “He tenido la fortuna de trabajar con algunos de los artistas más destacados desde hace cincuenta años. Pero me duele que, durante todo ese tiempo, muchos de nosotros hemos permanecido en silencio con respecto a la situación de Palestina. A menudo ese silencio es a causa del temor, un verdadero temor a que decir algo pueda provocar represalias, desde el cierre de puertas hasta el fin de carreras”.

Together For Palestine: El concierto

El festival duró más de cuatro horas –puede verse completo en este enlace– e incluyó las presentaciones y discursos de 70 artistas, muchos de ellos palestinos, entre músicos, activistas, actores y personalidades culturales.

Entre los más conocidos, además del mismo Eno, estuvieron el vocalista de Blur, Damon Albarn y su proyecto multimedia Gorillaz, la cantante sueca Neneh Cherry, hijastra del legendario trompetista de jazz Don Cherry y recordada por sus colaboraciones noventeras con la legendaria banda de trip-hop Massive Attack; el rockero Paul Weller, líder de bandas importantes como The Jam y The Style Council, así como apariciones en video de Portishead y Annie Lennox.

Otras figuras destacadas fueron los actores Penélope Cruz, Joaquin Phoenix, Richard Gere, la educadora y activista paquistaní Malala Yousafzai, el ex futbolista francés Eric Cantona, entre otros. Cabe destacar la aparición, con un mensaje grabado, de una de las estrellas teen-pop del momento, Billie Eilish, la única que podría haber atraído más atención para este evento entre los públicos consumidores de productos musicales prefabricados para el éxito masivo.

Together For Palestine recaudó casi dos millones de dólares (un millón y medio de libras esterlinas), asistieron más de doce mil personas y fue visto online por 200,000 espectadores conectados a la transmisión por streaming. En su mensaje web, Eno cierra diciendo: “Esto no solo se trata del dinero. Se trata de enviar un mensaje de amor y solidaridad al pueblo de Palestina, decirles que ellos no han sido olvidados. Los vemos, los escuchamos y aunque quizás estemos lejos, estamos profundamente conectados con ellos, como lo está la humanidad”. La convocatoria tuvo, como se ve en los números, buenos resultados.

Lullaby: el single navideño de T4P

Como consecuencia del éxito alcanzado por el concierto Together For Palestine (T4P) -lo recaudado fue a la fundación Choose Love, formada por activistas humanitarios británicos especializados en trabajar en zonas de conflicto- surgió una nueva idea, producir un single, una canción que sirva como un regalo de Navidad al corazón de las familias palestinas.

Usando el mismo nombre, Together For Palestine, se creó un colectivo de músicos -cantantes, arreglistas, productores- que se dieron a la tarea de generar el tema, con muchas de las estrellas de la música palestina que se habían presentado en el festival benéfico de septiembre.

El resultado se dio a conocer, tras una intensa campaña de anticipo en redes sociales, el pasado viernes 12 de diciembre, con el lanzamiento oficial de Lullaby, una canción de cuatro minutos y medio que es como un abrazo musical, un coro profundo y emotivo basado en una tradicional canción de cuna palestina.

El tema se puede comprar/descargar en este enlace, que conecta directamente a las plataformas BandCamp y iTunes. Como hicieron en los años ochenta Bob Geldof y Midge Ure con la cruzada artística que terminó produciendo la canción navideña Do they know it’s Christmas? (ver aquí), Brian Eno está haciendo historia en la escena pop mundial, esta vez usando las herramientas tecnológicas del siglo XXI. Aunque la cantidad recaudada no baste para solucionar la catástrofe que se sigue viviendo a diario en la zona bajo ataque, se trata de un gesto, una iniciativa que dice mucho de sus participantes y promotores.

¿Quién compuso Lullaby?

Lullaby es una adaptación de un arrullo titulado Yamma mweel el hawa (Mamá, cántale al viento), una canción de amor y resiliencia que han escuchado los niños palestinos durante décadas. Una de las arreglistas de esta nueva versión, la cantante y flautista de 29 años Nai Barghouti, nacida en la ciudad de Ramallah -una de las poblaciones más afectadas por el genocidio israelí- comentó en el lanzamiento: “La canción de cuna original ha estado conmigo desde mi más temprana infancia y ahora regresa en este tiempo de tanta necesidad como un recordatorio de lo que los palestinos jamás perderemos: esperanza, valentía, belleza y dignidad”.

Barghouti trabajó los arreglos con el compositor Kieran Brunt, joven músico británico que desde el 2016 lidera Shards, un ensamble de experimentación vocal conformado por doce cantantes que realizan toda clase de colaboraciones para documentales, programas de televisión, videos, etc.

Mientras tanto, la adaptación de la letra al inglés, con frases como “is it better to die in freedom than a captive life in chains?” (¿es mejor morir libre que vivir en cadenas?), le fue encargada a otro nombre importante del pop-rock inglés, el compositor y ex vocalista de Genesis, Peter Gabriel, también conocido por sus cruzadas de activismo y promoción de las culturas musicales de otros continentes desde su sello discográfico, productora y estudios de grabación Real World. Por su parte, la ilustración oficial del single es cortesía de la pintora gazatí Malak Mattar, inspirada en su obra Shelter (Refugio).

Además, se ha producido un poderoso video musical dirigido por Lina Makoul y Ashraf Dowani, que contiene imágenes filmadas en diferentes lugares de Palestina, en un intento por “acercar a los espectadores a Palestina y a los palestinos, recordándoles la belleza de la tierra y la capacidad de resistencia de sus comunidades”. Todas las ventas generadas por Lullaby y sus derivados serán donadas a la organización benéfica Choose Love, que apoya a tres campañas caritativas a favor del pueblo palestino: Taawon, Palestine Children’s Relief Fund y Palestine Medical Relief Service.

Un regalo de Navidad con propósito

La revista New Musical Express (NME), uno de los medios especializados más prestigiosos de todos los tiempos en materia musical, cubrió todo lo relacionado a Lullaby, desde su gestación tras el concierto Together For Palestine, y por supuesto también el lanzamiento del single la semana pasada. Brian Eno, al anunciar el single dijo: “Después de un año definido por una cantidad inimaginable de pérdidas, dolor e injusticia, queremos terminarlo con un acto de amor por los niños de Palestina”.

“Esta canción -añadió- refleja su belleza, sus sueños y esperanzas. Si nos unimos y la descargamos, contribuiremos a llevar este tema al número uno en Navidad y convertir ese momento en un soporte para salvar las vidas de las familias en Gaza”. En las diversas notas que se vienen publicando sobre la salida de Lullaby al mercado digital en medios internacionales, se repite esa idea. El propósito es lograr que este tema lidere los rankings de reproducciones, ventas y demás, para aumentar las posibilidades de apoyo monetario a Palestina.

Quizás no sea una melodía alegre ni romántica como All I want is Christmas is you de Mariah Carey, que suena mañana, tarde y noche en todas partes. Tampoco es seguro que genere emoción en todos nosotros, al no estar cantada en castellano, como sí ocurre con canciones como Ven a mi casa esta Navidad (Luis Aguilé), los clásicos villancicos de José Feliciano, José Luis Perales o los niños cantores del colegio Manuel Pardo de Chiclayo.

Pero Lullaby -que, al día de hoy, ya llegó al #1 en iTunes en Inglaterra, Irlanda, Jordania, Portugal, Suecia, Nueva Zelanda, Italia y los Emiratos Árabes Unidos-, con sus sobrecogedoras melodías corales y esas imágenes de ciudades devastadas, nos recuerdan que, a miles de kilómetros de aquí, niños y niñas están padeciendo las terribles consecuencias de situaciones de las cuales no son responsables y que no tienen cómo comprender. Que ese duro recuerdo nos permita ser un poco más humanos en nuestros propios entornos en estas fechas navideñas.

[OPINIÓN] Existe el feminicidio. Lo digo sin legalismos, no soy abogado. Si un hombre asesina a su pareja o expareja motivado por los celos, despecho, por no aceptar una ruptura, atrapado en la perversa creencia que lo hace ponderar a la mujer como a un objeto o propiedad, entonces ha cometido feminicidio, y en el Perú esta es una situación tan lamentable como cotidiana.

El acoso callejero es otro mal nacional. Las mujeres peruanas, prevalentemente las jóvenes, lo experimentan varias veces por semana: o les gritan obscenidades, o profieren contra ellas ruidos o silbidos absolutamente lascivos, o, lo que es peor, las tocan, cuando no las violan sin más. En este último caso hablamos de un crimen,  situación mucho más grave que el referido acoso.

La desigualdad salarial entre hombres y mujeres es una problemática mundial que también se expresa en el Perú. La razón fundamental que se esgrime no puede ser más discutible: el gasto que para el empleador puede o podría suponer eventualmente la maternidad o futura maternidad de la trabajadora. Argüir los descansos por maternidad, la supuesta imposibilidad de dedicarse al trabajo al 100% en virtud del cuidado de los hijos, supone una regresión retrógrada a los tiempos previos a la ola feminista de los años setenta. Desde entonces, y cada vez más, hombres y mujeres, que conforman un hogar, trabajan los dos y comparten las labores del hogar también los dos, pero el capitalismo parece no haber tomado nota de este cambio fundamental al momento de establecer políticas salariales. Por lo demás ¿no es a través de la maternidad que aseguramos la supervivencia de la especie?

Pero quiero detenerme en el Perú. En nuestro país la misoginia tiene antiguas raíces y clama por la necesidad de un potente proyecto educativo para que los varones dejen de ser educados en la falsa idea de su superioridad sobre las mujeres, o lo que es peor, en la falsa y perversa idea de que una relación sentimental convierte a la pareja en una posesión, punto de partida para que la ruptura concluya en tragedia.

La política pública y educativa debe fomentar el respeto a la mujer desde la educación inicial. Debe incluir el trato, las formas y el fondo, el concepto mismo que el varón desarrolla acerca del género femenino. De esta manera construiremos una sociedad solidaria, educada, en donde prevalezca la defensa del ser humano, sin distingo de su género, en lugar de prejuicios nocivos largamente arraigados.

Luego, la lucha de las mujeres por sus derechos ha logrado visibles triunfos, más en las sociedades desarrolladas: el número de mujeres empleadas supera al de los hombres, principalmente entre los menores de 35 años; el número de mujeres que estudia en la universidad supera largamente al de varones, situación que observo cotidianamente en las aulas universitarias, con casos en los que el 90% de estudiantes matriculados en mis secciones es de sexo femenino.

También en la salud mental, la situación de las mujeres parece más favorable: la incidencia de suicidios, de depresión y de abuso de sustancias es bastante mayor en los varones, estos muchas veces recienten no poder competir contra la denominada discriminación positiva lo que nos lleva al centro de nuestro problema.

Existen líneas que no podemos cruzar y que han sido trazadas por los derechos fundamentales. Resulta discutible proclamarse pro derechos al defender los de la mujer, si, en el empeño, se trasgrede impunemente los del hombre, colocándolo en una posición de inferioridad e indefensión ante la ley.

Esto ha ocurrido y está ocurriendo en España desde la promulgación de la ley contra la Violencia de Género de 2004. Esta otorga beneficios legales, de salud y económicos a la mujer por el solo hecho de denunciar a un hombre por violencia, generando así un incentivo perverso a favor de denunciar, aún si la acusación fuera falsa. Como contraparte, una vez interpuesta la denuncia, la referida ley condena automáticamente al varón a pasar de una a tres noches en el calabozo, a abandonar el hogar conyugal y le prohíbe ver a sus hijos. Muchas veces, por el ruido social, la denuncia en su contra resulta en la pérdida de su trabajo.  Y todo esto sólo tras la presentación de una denuncia, sin proceso previo, ni condena, es decir, “preventivamente”.

En el Perú no existe tal legislación, pero instituciones privadas aplican reglamentos de género que, ante la sola presentación de una denuncia por violencia, separan de su trabajo al acusado y le ofrecer a la acusadora los servicios de un abogado y asesoría psicológica sufragados por la empresa, todo esto cuando el proceso disciplinario ni siquiera ha comenzado. Diese la impresión, en estos casos, de que la sentencia antecediese al procedimiento. Desde luego, no aplican para el acusado ni la presunción de la inocencia, ni el derecho a la defensa. En todo caso, la institución asegura los servicios de un letrado a la demandante pero no al demandado, quien se ha quedado sin trabajo y debe costearse él mismo los servicios de un abogado defensor.

El último caso que quiero presentar es el del daño psicológico, moral, laboral y social que generan algunas acusaciones falsas al margen de procesos judiciales o disciplinarios. Basta un escrache, una cancelación en redes sociales, basta una página de origen desconocido subida a las redes por un anónimo que no presenta pruebas, ni indicios y que no se identifica jamás, para que sectores radicales acojan la “denuncia” y se plieguen al escarnio público del supuesto agresor. El resultado: le arruinan la vida, si no lo matan, lo hieren. ¿Daño colateral? ¿un ser humano puede considerarse daño colateral?

En este artículo he querido separar dos temas que son muy distintos pero que ciertos sectores activistas quieren presentar como uno solo: la legítima lucha por erradicar la violencia contra la mujer y construir una sociedad más justa en la que todos vivamos en condiciones de igualdad, frente a movimientos que han creado una narrativa de confrontación de mujeres vs hombres, y promueven legislaciones que incluyen discriminación positiva, la que vulnera derechos fundamentales como la presunción de la inocencia, así como los derechos a la legítima defensa, al honor y a la buena reputación.

Sólo sobre la base inalienable e irrenunciable de la defensa de TODOS LOS DERECHOS FUNDAMENTALES, y de su universalidad, podremos defender devota y militantemente la integridad de la mujer y su derecho a la igualdad de oportunidades.  En democracia, no existe otra manera de hacerlo. Finalmente, mujeres y hombres vinimos a este mundo juntos, nos reproducimos juntos, nos amamos juntos y nos lloramos juntos a la hora de partir.

UNO

“Una vez tuve una chica o debo decir que ella me tuvo a mí” – Norwegian Wood

Caminaba presuroso y anhelante. Tenía 14 años, físico esmirriado, pelo largo y el acné marcaba mi rostro. Iba a casa de mi tía Luisa, llevando, entre manos, el vinilo llamado “Rubber Soul”. Era la única persona que conocía, de más de treinta años, que podía hablarme minuciosamente de los Beatles, así como también de cine y tv (mis hermanos y yo vivíamos pegados a la caja boba). Recuerdo, en una ocasión en casa de los abuelos, veíamos “Rebelde sin Causa”. Reconoció al actor Jim Backus, que luego protagonizaría la popular serie “la isla de Gilligan” e hizo hincapié en él. Deteniéndose en detalles que yo no había percibido en absoluto. Era la hermana menor de mi viejo, con conocimientos acerca del mundo del celuloide, y, en especial, de los FabFour. Estaba felizmente casada, con el fachero de mi tío Hugo. En 1980, no había Google, ni Youtube; tampoco canales de cable, solo las antenas de conejo (ni hablar de parabólicas). Cuatro años después, en Ventanilla (34 km de Lima) teníamos en el techo una antena enorme (parecía de radio) en casa, con las justas, captaba 3 de los 7 canales que había en la ciudad. Patético.

Aquella tarde, con el vinilo a cuestas, le pedí que me ayude con la traducción (manejaba el inglés muy bien) de temas como “In My Life”, “Girl”(su favorita), “Norwegian wood” y “Nowhere Man”. Aun después del translate, no entendía la letra. Con el tiempo lo comprendí. Lennon y McCartney se adentraron a un universo distinto: oscuro, con contradicciones e íntimo.

¿Alguien va a escuchar mi historia?

¿Todo sobre la chica que vino para quedarse?

Ella es el tipo de chica que deseas tanto que te arrepientes.

Aun así, no te arrepientes ni un solo día

¿Le dijeron cuando era joven?

¿Ese dolor conduciría al placer?

Al principio, como dijo Elvis Costello, mucha gente no entendió el álbum. Esperaban las canciones de amor, características o facilonas. Luego de unas semanas, Costello manifestó lo lógico.

  • No podía dejar de escuchar el álbum.

DOS

“Es el hombre de ninguna parte/ sentado en la tierra de nadie/haciendo planes para nadie/no tiene punto de vista/ no sabe adónde ir/ no es poco como tú y yo?” – Nowhere Man

Ya seas sentimental, mordaz, duro o boludo, joven o viejo; en algún momento te toca el alma, aunque nos parezca mentira. La poesía nos sirve para sobrellevar los avatares de la vida. De ahí que sea importante la música en nuestras vidas. Nos revitaliza. Una vez en clases, en la universidad, los alumnos me manifestaron su desconocimiento de la poesía, las chicas ídem. Insólito. Crecí en una época – 70, 80 y 90 – donde había, por doquier, grupos de rock, balada, salsa, romántica, en castellano, inglés, italiano, entre otros. La gran mayoría, componía e interpretaba sus canciones. En la actualidad, el negocio musical, cambio en su totalidad. Las artistas deben tener una hermosa figura y vestir de licra en los conciertos. La letra procaz y sexualmente predatoria

  • ¿Podría tener éxito, en estos tiempos, la obesa cantante de Mocedades?

Pareciera que la temática y el ritmo es el mismo. Charly García, en su momento, criticó la ausencia de melodía y armonía. Personalmente, estoy pronto a cumplir los sesenta, no me interesa, en absoluto, escuchar ritmos chirriantes, sin gusto y ni una pizca de poesía.. No soy un remilgado, nunca lo fui. Jamás he sido partidario de la censura y menos en el arte. Pero el hecho de que los jóvenes nunca escuchen poesía o siquiera conozcan una porción mínima de ella, es preocupante.

  • ¿Me equivoco o es la secuela natural de la música actual?

Recordemos que somos lo que escuchamos.

TRES

” Hay lugares que recordaré toda mi vida/aunque algunos han cambiado/algunos para siempre, no para mejor/ algunos se han ido y otros aún existen/ todos esos lugares tienen sus momentos/con amantes y amigos que aun puedo recordar/ algunos han muerto y otros viven/ en mi vida los he amado a todos” – In my Life.

Lo que más atesoro, es ese momento con ella. Se tomó el tiempo para atender a su adolescente despistado. Ese mismo año, me visitó, en la Clínica, cuando me operaron de apendicitis. Doce años después, manifestó que su hijo Denis, era fanático de los Beatles. Sonreí al saberlo.

– Muchas gracias, por compartir tu tiempo, esa lejana tarde del 1980, conmigo.

[Música Maestro] El mundo de la salsa no ha tenido un buen inicio de la temporada navideña. Dos importantísimos integrantes de la orquesta El Gran Combo de Puerto Rico pasaron “al otro barrio” como dice siempre el panameño Rubén Blades, en cuestión de pocos días. El sábado 6 de diciembre falleció, a los 99 años, don Rafael Ithier, pianista, fundador y líder de la orquesta, poseedor de una envidiable vitalidad como pudimos apreciar en videos donde, ya alejado de su principal instrumento, seguía al frente de sus músicos, dirigiéndolos.

Su deceso produjo una enorme cantidad de reacciones en el ámbito de la música latina, desde colegas, alumnos y seguidores, apenados por su partida. Entre las tantas publicaciones de pesar y recuerdo de esa vida plena, casi cien años de los cuales dedicó noventa a la actividad musical, destacaron las de su histórica línea de cantantes, integrada por Charlie Aponte, Jerry Rivas y Luis “Papo” Rosario.

Precisamente este último, de 78 años, falleció el viernes 12, ya retirado de la escena por dolencias en la espalda. Cuando ocurrió lo de Ithier, la voz de Carbonerito, Regresa ya y otras, escribió en sus redes sociales: “Don Rafa, su legado es inmenso y eterno. Su visión, musicalidad, astucia, talento, disciplina y liderazgo siempre fueron motivos de admiración y cariño”. Hoy los dos bailan juntos en otro plano, pero vivirán por siempre en las memorias de quienes admiramos su música.

Rafael Ithier (1926-2025): Maestro salsero

“El principal legado que deja El Gran Combo no es musical, sino de disciplina”, dijo Rafael Ithier, a los 95 años, en una entrevista concedida al periodista dominicano Tony Dandrades para su canal de YouTube, días antes de las celebraciones por el sesenta aniversario de la orquesta que él dirigió con decencia y mano firme prácticamente hasta su último suspiro. Don Rafael, el hombre de los arreglos creativo y del piano elegante, falleció a los 99 años y enlutó a la familia salsera.

Hace pocos días circuló en sus perfiles de redes sociales, el video de un nuevo “aguinaldo”, nombre que recibían las clásicas canciones navideñas con las que se les identificó siempre, desde 1966 en que lanzaron su sexto LP, En Navidad, cuando todavía trabajaban para el sello Gema Records, la misma casa discográfica donde Ithier y la primera formación de la banda integraban el combo de Rafel Cortijo e Ismael Rivera.

La canción, titulada Paz en nuestros pueblos es un canto de esperanza, esa cosa que ya casi nadie siente en medio de los cinismos, las corrupciones, los sicarios y los vicios artísticos socialmente aceptados. Y en el video se ve a Ithier, con su clásica sonrisa amplia, gozando la música a la que dedicó su vida. Ya no sentado frente a su querido piano -que no tocaba desde 2006 por problemas de salud- sino de pie, sacudiendo los brazos como quien dirige a “sus muchachos”, con una evidente delgadez pero, al mismo tiempo, con un semblante envidiable para un hombre al borde de la centuria. Cuando vi el video, francamente yo pensé que llegaba.

Una vida dedicada a la salsa

Nació en agosto de 1926, en San Juan, la capital de esa isla que tanto ritmo le ha puesto a la vida de generaciones de latinos que hoy ven cómo su descendencia pisotea ese legado con adaptaciones modernas encajadas en golpeteos animalescos y balbuceos ininteligibles. Desde mediados de los años cincuenta, después de regresar de un breve servicio militar que lo llevó a la guerra de Corea, comenzó su camino como músico profesional, primero al frente de The Borinqueneers Mambo Kings y luego como parte del combo de un buen amigo suyo, el timbalero Rafael Cortijo.

Había aprendido a tocar varios instrumentos de forma autodidacta, en casa, inspirado por su familia donde “el que no bailaba, cantaba y el que no cantaba, gritaba”. Después de la guitarra, vino el contrabajo pero, como le parecía muy grande, pesado y había que tocarlo de pie, un día vio el piano, se sentó y dijo “aquí me quedo”. Y vaya si se quedó. Canciones clásicas de la salsa primigenia como Quítate de la vía, Perico o El negro bembón, tienen el piano de Ithier como columna vertebral. Con esa seminal orquesta boricua grabó también algunas composiciones suyas como Ensíllala o Báilala bien.

Luego llegó la separación de Cortijo, tras un incidente con “Maelo” y sus malos hábitos –la historia completa aquí– el pianista y otros siete músicos de aquel combo decidieron seguir adelante, bajo su dirección. Como Cortijo e Ithier eran tocayos no se contempló la idea de usar el nombre “Rafael y su Combo” para evitar confusiones. En 1962, una invitación de Gema Discos para acompañar en un álbum al merenguero dominicano Joseíto Mateo -uno de sus héroes en aquel tiempo- se convirtió en Menéame los mangos, el primer LP de El Gran Combo, nombre que surgió en una de las primeras reuniones en casa del percusionista Roberto Roena. Sería el inicio de una saga que se prolongó durante las siguientes seis décadas de salsa pura.

El Gran Combo de Puerto Rico, su obra

Más de setenta álbumes entre 1962 y 2023, incluyendo los dobles recopilatorios de celebración que lanzaron cada cinco años desde 1982, cuando cumplieron veinte, hasta convertirse en una tradición del grupo, un par de discos en vivo -ya en la era del CD- e innumerables apariciones en televisión, conforman un cuerpo de trabajo enorme y poderoso que ubica a El Gran Combo como una de las orquestas tutelares del género salsero, una institución en sí misma, de sonido inconfundible y prestigio como colectivo artístico.

Esa personalidad fue labrada por don Rafael Ithier, por su carácter y ética de trabajo, su obsesión por la disciplina en aspectos personales y el perfeccionismo en el acabado de sus canciones, su claridad para la administración de lo que con los años se conoció como “la corporación del combo”. Ese sistema, como él mismo lo llamaba, se manifestaba en el control artístico pero también en la visión empresarial, en la que cada músico era un trabajador con plenos deberes y derechos y que, además, era tratado como un miembro de la familia.

El Gran Combo es una agrupación de récords. No solo es la única orquesta de salsa que ha tocado en los cinco continentes, sino que además ha mantenido por más tiempo a su núcleo creativo e instrumental más tiempo que ningún otro conjunto del género. Los cambios se hicieron solo por motivos de salud o fallecimiento, con la excepción de uno de sus históricos cantantes, quien renunció por diferendos por un tema de regalías digitales, resuelto hace poco. Durante 33 años, entre 1981 y 2014, El Gran Combo mantuvo fija su línea de cantantes, algo insólito en el universo salsero.

Hasta su retiro, por ejemplo, en el año 2024 por problemas de dentadura, el trompetista Luis “Taty” Maldonado (78) era el miembro más antiguo con 52 años de permanencia en la banda. Andy Montañez (83), quien fuera uno de los integrantes originales de El Gran Combo -incluso, llegó a empeñar su casa para que pudiera constituirse el sello EGC Records en 1970-, estuvo once años como su voz principal, algo inusual en las orquestas, que cambian todo el tiempo de cantantes. Su reemplazante, Jerry Rivas (70) es actualmente el más longevo, con 48 años desde su ingreso en 1977. Y Charlie Aponte (74), quien entró para cubrir la plaza dejada por Pedro “Pellín” Rodríguez en 1973, se retiró del grupo en el 2014, tras 41 años en esa genial línea de cantantes.

Papo Rosario (1947-2025): El tercer micrófono

Luis Antonio “Papo” Rosario también pasó muchos años como miembro de El Gran Combo de Puerto Rico. El vocalista boricua se retiró en el año 2018, luego de 38 años en la agrupación. Con su llegada, en 1980 para el álbum Unity -que contiene clásicos como Te regalo el corazón y Compañera mía-, se cerró la terna más duradera y exitosa de la orquesta de Rafael Ithier, junto con Charlie Aponte y Jerry Rivas, una de las delanteras más carismáticas y estables de la escena salsera.

Originalmente, El Gran Combo solo tenía dos cantantes, Pedro “Pellín” Rodríguez y Andy Montañez. En ese tiempo, Roberto Roena, años después integrante de la Fania All-Stars y líder de su propia orquesta, la Apollo Sound, al provenir del combo de Rafael Cortijo, colaboró también con Ithier, como percusionista y bailarín, armando algunas coreografías. En 1969 fue reemplazado por Mike Ramos quien asumió el rol de  organizar los pasos de baile, pero comenzó a ubicarse casi en línea con los vocalistas y, ocasionalmente, haciendo coros.

Para cuando Rivas y Aponte ocuparon los lugares de Montañez y Rodríguez, Ramos era ya un cantante más, aunque nunca como vocalista central en alguna de las grabaciones en las que participó hasta 1980, año en que fue reemplazado por Papo Rosario. Al comienzo, dio la impresión de que su ingreso era para cumplir el mismo rol. Pero, poco a poco, la química entre los tres y sus dinámicas coreografías en los conciertos hicieron que Rosario se convirtiera, de manera definitiva, en el tercer micrófono de El Gran Combo de Puerto Rico.

Sin embargo, no fue sino hasta el álbum In Alaska: Breaking the ice (1984) que se escuchó la voz solista de Papo Rosario por primera vez, con un tema escrito por Peter Velázquez que se convirtió “en un palo” como suele denominarse, en la jerga de la música popular caribeña, a las canciones que tienen mucho éxito entre el público. Carbonerito se volvió infaltable en las presentaciones de El Gran Combo y el momento estelar de Rosario, quien pasaba al centro para contar la historia de cómo se casó como “una negra encantadora”. Velázquez, también autor de Mujer celosa (LP La universidad de la salsa, 1983), contó en una entrevista que, cuando le presentó el demo a Rafael Ithier, de inmediato designó a Rosario como su intérprete.

La voz de Papo Rosario se ubicaba en el punto intermedio entre los potentes agudos atenorados de Charlie Aponte y el acajonado timbre barítono de Jerry Rivas, permitiendo la creación de esas coloridas armonías que son características de los arreglos vocales de la orquesta, tan reconocibles como los ataques de metales y esa base rítmica profunda que, desde el piano, las percusiones y el contrabajo, redondean las estructuras de la idiosincrasia sonora de El Gran Combo, lo que el periodista, escritor y locutor venezolano César Miguel Rondón bautizó como “la fórmula”, en su importante publicación de 1979, El libro de la salsa: Crónica de la música del Caribe urbano.

El Gran Combo y su relación con el Perú

Muchas canciones de El Gran Combo forman parte del imaginario colectivo de quienes fuimos adolescentes en los años ochenta. Desde los éxitos que, en aquel entonces, ya eran “las clásicas” -Brujería, Un verano en Nueva York, Julia, Vagabundo, La muerte, La salsa de hoy y tantas más- hasta la interminable cadena de éxitos que produjeron entre 1980 y 1988 -Y no hago más na’, Trampolín, Aguacero, Se me fue, Por más que quiera, Cupido, y muchas otras-, su alegría y ritmo natural son fuente de orgullo para Puerto Rico y, por extensión, para quienes sin ser caribeños disfrutamos de esa música y la bailamos (si podemos).

Y cómo no mencionar sus asaltos navideños o aguinaldos, que graban desde mediados de los sesenta y que, a través de las décadas, se volvieron sinónimo de la Navidad y las celebraciones por la llegada del Año Nuevo, como por ejemplo La fiesta de Pilito, No hay cama pa’ tanta gente o la más reciente, Paz en nuestros pueblos, contenida en el álbum pascuero De trulla con el Combo (2021). O la setentera Si no me dan de beber lloro (1973). El espíritu navideño peruano tiene, además de las canciones de Los Toribianitos o los niños chiclayanos del colegio Manuel Pardo, estos himnos salseros fijos en sus listas de reproducción para esta temporada.

La primera vez que tocó El Gran Combo en el Perú fue en 1980, durante su primera gira con Aponte, Rivas y Rosario como delantera de cantantes. Y luego, ofreció cuatro conciertazos en el inolvidable Gran Estelar de la Feria del Hogar, en julio de 1988. Posteriormente, ha venido infinidad de veces a festivales en el Callao y otras localidades. La última hace fue apenas un par de años y para una celebración muy especial.

En octubre de 2023, la orquesta festejó su aniversario 60 con un show de gala en el Gran Teatro Nacional. En esa ocasión, don Rafael Ithier llegó al Perú como líder, aunque su lugar en el piano lo ocupó José “Lenny” Prieto, quien a su vez había reemplazado a Willie Sotelo, el primero en tomar la posta tras el retiro de Ithier hasta su fallecimiento en el 2022.

Esa relación tan cercana al país -que, musicalmente, se manifestó con la grabación de dos composiciones nacionales, el vals Bandida (Unity, 1980), escrito por Francisco “Panchito” Quirós, y la salsa Callao puerto querido (Alunizando, 2016), del chalaco Jorge “Jorginio” Mendoza y su Combo Espectáculo Creación- es la que hace que un amplio sector del público salsero peruano sienta las partidas de Rafael Ithier y Papo Rosario como muy cercanas, como sinónimo de unas épocas en que las reuniones familiares y entre amigos terminaban con espectaculares bailes de salón, gracias al talento y carisma de estos legendarios artistas portorriqueños.

[OPINIÓN] Rafael López llegó a la alcaldía porque el general Urresti le bajaron la llanta y terminó preso. Ese es el dato duro. Todo lo demás es literatura urbana.

Como todo heredero inesperado, tenía que mostrar algo. Eligió un tren de 70 años que no funciona y dudo que alguna vez lo haga. No estaba en la grandiosa oferta original de “Lima, potencia mundial”, ni hacía falta ser ingeniero para advertir —con solo mirarlo— que no cuadraba con el pomposo título prometido con tanta épica de campaña.

A eso se suma una Vía Expresa hecha a las patadas, hoy declarada en emergencia, donde a las cinco de la tarde avanzas más rápido caminando por la vereda paralela. Un puente en la Ramiro Prialé que se construye en capítulos, como novela mexicana. Y un endeudamiento creativo con bonos, multas y eventuales pagos a terceros en Estados Unidos por abogados y demandas civiles que algún día habrá que honrar y explicar.

Ahora, López se presenta como candidato a la Presidencia de la República después de renunciar a la alcaldía, algo que juró que nunca haría. -Una raya más al tigre-.

A ese perfil se suma un personaje sin familia ni amigos conocidos y los problemas públicos archiconocidos con su —ahora nuevamente— socio y, al parecer, también con las mujeres, a las que, como él mismo declara, mantiene lejos a punta de silicio; un hombre agresivo y lejano que anuncia a los cuatro vientos ser millonario-algo que los millonarios de verdad nunca advierten-, y se jacta de ser bueno con los pobres…  y por último, ofrece trabajar gratis para la sociedad si lo eligen —como si su sueldo cubriera los gastos de sus despropósitos—. En fin, un tipo raro, con promesas grandilocuentes pero sin explicaciones para situaciones extrañas que siguen pendientes.

Con ese currículum, López se vende hoy como candidato ganador. No en la realidad, claro, sino en redes sociales, donde despliega una campaña de acoso digital sin precedentes. Acoso que no busca convencer, sino saturar. Repetir hasta que algo pegue. Lo que sea: trenes, drones, aeropuertos, leyes, pleitos e insultos.

Lamentablemente, el método cala en un sector que llamaré —con cariño navideño— los pelotudos limeños: groupies del desastre que viven mirando la realidad a través de su celular o por la ventana de su dormitorio con vista al golf, convencidos de que ahí está la única salvación de un país con quince años de crisis institucional. ¡Qué lejos están de la verdad! López es solo un “talibán político”  sin —hasta el día de hoy— nada real que ofrecer.

Y para completar el cuadro, cuenta en sus filas con algunos periodistas “de primer nivel” que amplifican el eco del acoso, le revientan cohetes y ayudan a confundir. No informan: acompañan. No cuestionan: aplauden y festejan, lo que sea. Una pena para los medios donde pululan y para la profesión en general.

La buena noticia es que otros candidatos empiezan a perfilarse. Tal vez, con suerte, para enero la pelotudez haya terminado.

Son mis mejores deseos esta Navidad para los peruanos de buena voluntad. Y para el resto… que apaguen el Wi-Fi por un rato.

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