Opinión

[Música Maestro] TIEMPOS DIFÍCILES: Increíblemente, nuestro país y su capital están actualmente gobernados por personajes que serían incapaces de ganar una elección por sí mismos. Un congresista del montón, un accesitario, y un teniente alcalde cuyo único talento es lanzar alabanzas a quien renunció sin haber hecho nada de lo que prometió. La marcha del fin de semana, a pesar del estado de emergencia impuesto para sabotearla, es porque nadie los quiere. A seguir peleando en las calles para acabar con estos tiempos difíciles.

Conozco un vagabundo del espacio…

¿Comenzar una reseña obituaria de uno de mis ídolos del rock con un verso de Silvio? Puede parecer absurdo pero tiene relación directa con su personaje en Kiss, Spaceman (El Hombre Espacial) o «Space Ace», nombre secundario que hacía rima consonante -como Silvio, ¿otra vez?- con el alias que cargaba consigo desde la secundaria (Ace o «as» en castellano), creación de sus compañeros de clase para resaltar su talento para conquistar chicas.

Ese apodo, que también sirve como sinónimo de sus habilidades como guitarrista, fue conservado por Frehley en el grupo neoyorquino para no confundirse con su tocayo Paul Stanley, pues su nombre de pila era Paul Daniel Frehley. Ambos formaron la poderosa línea frontal de guitarras en Kiss, configurando electrizantes riffs de puro hard-rock, a veces intercambiando solos, a veces haciendo armonías en diferentes escalas, en estilo «twin-guitars» o guitarras gemelas, que aprendieron de bandas como Lynyrd Skynyrd o Thin Lizzy. Pero, como todo fan de Kiss sabe, la principal función de Ace Frehley en la banda más caliente del mundo fue siempre la primera guitarra.

En mi niñez, Kiss fue uno de los primeros contactos que tuve con el hard-rock setentero pero, como ocurrió con millones de niños y adolescentes alrededor del mundo occidental, fueron sus alucinantes máscaras, extraterrestres trajes y magnéticos movimientos -que veíamos fascinados en los videoclips de I was made for loving you y Sure know something (LP Dynasty, 1979)- los que capturaron mi atención. Y la fantasmagórica presencia escénica de Ace, con esa capa plateada, esa identidad difícil de adivinar (¿qué era? ¿un ángel, un zombie?) y esa guitarra saturada de luces era simplemente genial.

Lamentablemente, tanto Frehley como Stanley, Simmons y, probablemente, Criss también, apoyan al gobierno de Donald Trump, tanto así que el cómplice de Netanyahu los anunció, hace dos meses, entre los galardonados de la edición 2025 del Kennedy Center Honors, un premio que el gobierno norteamericano otorga desde 1978 a destacados artistas del cine, la televisión, el arte y la música. Frehley, extraordinario músico como sus compañeros, no era perfecto.

Ace: El George Harrison de Kiss

Mientras que Paul Stanley (Starchild) inspiraba sensualidad, Peter Criss (Catman) alegría y Gene Simmons (Demon) temor, Ace Frehley (Spaceman) era puro misterio, una volatilidad casi inexpresiva y enigmática. Más que en sus movimientos -menos articulados, menos histriónicos, algo desgarbados- su poder estaba en su sonido, arrancándole creativos y veloces fraseos a sus Gibson Les Paul, esas guitarras eléctricas que aprendió a tocar de manera autodidacta –“soy una anomalía”, decía de sí mismo, “jamás tomé lecciones y soy uno de los guitarristas más famosos del mundo”-, emocionantes solos que cerraba con fogonazos artificiales, humo y luces en cada concierto.

Stanley y Simmons fueron, desde el día uno, los líderes absolutos de Kiss. Ambos controlaban tanto los aspectos musicales, de imagen, publicidad y administración del grupo. Lo que no podían sujetar era el espíritu libre y rebelde de Frehley, quien se les escapaba todo el tiempo para dar rienda suelta a sus incontenibles y peligrosos hábitos de rockstar, que colisionaban con la vida abstemia de ambos. Mientras que él y Criss salían de juerga, Stanley y Simmons preferían enfocarse en asunto más serios.

Estas diferencias en sus estilos de vida generaron más de una tensión al interior del grupo, en sus épocas de mayor éxito. En su autobiografía No regrets: A rock ‘n’ roll memoir (Simon & Schuster ediciones, 2011), Ace se refiere a dos facciones, «los negociantes» -Gene y Paul- y «los fiesteros» -él y Peter- y, de hecho, fueron los innumerables problemas que tuvieron los dos últimos con el exagerado consumo de alcohol y drogas los que aceleraron sus salidas de Kiss, en 1979 y 1982, respectivamente.

Ace Frehley no logró colocar mucho material propio a la discografía clásica de Kiss, precisamente por el control férreo que ejercía el dúo Simmons/Stanley, autores del 90% de los once álbumes que grabaron durante su primera década. Pero, cada vez que lo hizo, sus canciones se convirtieron en absolutos éxitos del cuarteto: Cold gin (Kiss, 1974), Parasite (Hotter than hell, 1974), Shock me (Love gun, 1977, que Ace escribió tras casi electrocutarse en una presentación), Hard times (Dynasty, 1979) y Two sides of the coin (Unmasked, 1980), son casi todas las canciones que firmó Spaceman. Y coescribió junto a Stanley otros dos clasicazos, Comin’ home (Hotter tan hell, 1974) y Rock bottom (Dressed to kill, 1976).

Como Harrison en los Beatles, Ace Frehley era percibido como el más callado, atrayendo simpatías por su perfil bajo en la estructura orgánica de seguidores del grupo. Y, como Harrison, sus dotes como compositor fueron floreciendo con el paso del tiempo. En 1978, cuando la banda decidió grabar cuatro álbumes individuales con música de cada uno de sus integrantes, el suyo fue el más vendido, con temas de su autoría como Rip it out, Snow blind o el instrumental Fractured mirror. Además, en ese LP figura el cover de una canción de Hello, banda setentera de glam-rock de nula recordación, New York groove, que se convirtió en su tema más representativo.

El cometa Frehley: Más allá de Kiss

Cuando salió de Kiss, dejó atrás una millonaria fuente de ingresos, pues la banda estaba en el pico más alto de su popularidad y era una máquina de vender cosas. «De un momento a otro, teníamos a niños en nuestros conciertos con muñecos, juguetes y mochilas de Kiss. No quería seguir con eso» dijo alguna vez. Entre 1982 y 1996, Kiss reemplazó a Ace con tres guitarristas: Vinnie Vincent (1982-1984), Mark St. John (1984) y Bruce Kulick (1984-1996).

«De los cuatro, fui el que más éxito tuvo como solista». Más allá de que pareciera una frase con cierto afán de revancha, es la pura verdad. Paul Stanley y Gene Simmons han seguido incrementando sus fortunas al frente de Kiss de todas las formas posibles -con pinturas, sin pinturas, conciertos sinfónicos, documentales, giras mundiales y demás-, pero sus producciones en solitario, tres en cada caso, no han tenido mayor repercusión en el submundo del hard-rock durante las siguientes décadas tras su salida de

Por su parte, Frehley ha lanzado un total de diez álbumes, dos de ellos bajo el membrete Frehley’s Comet –Frehley’s Comet (1987, que incluye uno de sus títulos emblemáticos, Rock soldiers) y Second sighting (1988). Y siempre con muy buenos resultados. En el medio, su agitada agenda de conciertos y grabaciones, a veces interrumpida por las rehabilitaciones, lo llevó a trabajar con integrantes de bandas importantes del hard-rock y heavy metal como Skid Row, Pearl Jam, Pantera, Poison, entre otros. Do ya, composición de Jeff Lynne que grabó primero con The Move (1971) y luego con Electric Light Orchestra (1976) se convirtió en uno de los mayores éxitos de su cuarto LP Trouble walking (1989).

En el periodo comprendido entre 1995 y 2002, Ace Frehley suspendió su trayectoria personal para regresar a Kiss, luego de superar diversas controversias con sus eternos amigos y rivales, Paul y Gene. Junto con su compadre de juergas Peter Criss, Frehley se reunió con ellos para un colosal retorno en el concierto acústico que hicieron el 9 de agosto de 1995 para la cadena MTV, tocando un set de cuatro canciones, un acontecimiento para el rock and roll, la única vez que los cuatro tocaron juntos sin máscaras ni trajes -sin considerar las apariciones privadas que hicieron en varias convenciones para fans.

En ese show destacó el cover que hiciera Kiss de 2,000 man, incluído originalmente en Dynasty (1979) y cantado por Ace. La letra de este clásico de los Rolling Stones, de su sexto larga duración Their satanic majesties request (1967), parece describir al Spaceman de la cabeza a los pies.

La histórica tocada, que fue vista por millones de televidentes en el mundo entero, salió al mercado como CD en 1996 y rompió récords de ventas. Dos años después, aparecería Psycho circus (1998) con la formación original, aunque después se supo que Frehley solo tocó realmente en una canción, aunque sí estuvo en la gira promocional. Sería la última vez de Ace Frehley usando el atuendo y maquillaje de Spaceman. Desde el año 2002, el guitarrista Tommy Thayer cumple esa función en Kiss y lo hace muy bien, aunque los fans más acérrimos del grupo no terminan de aceptarlo.

Ace Frehley en el siglo XXI

Una vez recuperada su libertad, Ace Frehley retomó su camino solista, con sólidos álbumes de guitarrero hard-rock como Anomaly (2009), Space invader (2014) o las dos selecciones de covers Origins Vol. 1 (2016) y Origins Vol. 2 (2020), tocando temas de bandas de rock clásico de los sesenta y setenta como Led Zeppelin, Humble Pie, The Kinks, Steppenwolf, entre otros. Su última producción discográfica se llamó 10,000 volts, apareció en el 2024 y fue uno de los lanzamientos más celebrados por la crítica especializada en su género musical.

De esa discografía podemos destacar la versión de Fire and water, tema de Free del año 1970 en que se reúne con Paul Stanley, una emotiva muestra de la amistad y camaradería que los unió siempre, a pesar de las diferencias, algunas de las cuáles fueron muy fuertes y dolorosas. Años atrás, Frehley grabó para su álbum Trouble walking (1989), una canción que Stanley había escrito un año antes para Bonnie Tyler, titulado Hide your heart y que Kiss también grabaría ese año en su celebrado disco Hot in the shade.

Además de grabar covers, Ace Frehley tenía la costumbre de incluir una composición instrumental en cada uno de sus discos. Así, tenemos Fractured too (Frehley’s Comet, 1987), Fractured III (Trouble walking, 1989), Fractured quantum (Anomaly, 2009), con títulos que hacen referencia al mencionado Fractured mirror de 1978. Pero también escribió The acorn is spinning (Second sighting, 1988) y Stratosphere (10,000 volts, 2024), todos de alta calidad.

Ace y su amistad con Eddie Trunk

Muchas estrellas de la música, especialmente del mundo del hard-rock y el heavy metal, reaccionaron a la noticia de la muerte de Ace Frehley en sus redes sociales. También muchas personas anónimas, dentro y fuera de la industria musical, publicaron canciones, carátulas de Kiss y fotos del icónico personaje en señal de admiración, sorpresa y pena por su desaparición física.

En medio de esa ola de mensajes que, más allá de que sean genuinas demostraciones de afecto o simples posteos hechos para no quedar fuera de la tendencia, el conocido disc-jockey norteamericano Eddie Trunk fue quien ofreció los homenajes más profundos, emotivos y amplios al guitarrista, con quien mantenía una amistad de más de cuatro décadas.

Trunk (61), recordado conductor del programa de entrevistas That Metal Show que transmitió el canal de cable VH1 Classic entre 2008 y 2015, viene realizando desde el día siguiente de la muerte de Frehley extensos tributos en su podcast Trunk Nation con invitados especiales hablando de él, poniendo sus canciones y contando anécdotas de la relación íntimamente familiar que desarrolló con él desde que lo conoció cuando era un joven aprendiz de productor en el recordado sello discográfico Megaforce Records, en que le encargaron trabajar con Ace y sus proyectos como Frehley’s Comet.

En sus publicaciones en Twitter (ahora X), Eddie Trunk no puede contener la emoción frente al fallecimiento de una persona que, además de haber sido uno de sus artistas favoritos desde la niñez y adolescencia -quienes seguimos That Metal Show sabemos que es un fan obsesionado de Kiss y extremadamente crítico de la visión monetaria de Gene Simmons y Paul Stanley-, se convirtió en su mejor amigo e incluso dejó grabados varios programas dedicados a Ace para asistir a sus servicios funerales.

En este video, se ve a Ace Frehley tocando algunas canciones de Kiss -Got to choose, Parasite- en la fiesta que organizó Eddie Trunk para celebrar sus 30 años en la industria musical, acompañado del baterista Peter Criss, los integrantes de Anthrax Frank Bello y Scott Ian, entre otros músicos famosos.

Su muerte, ocurrida el 16 de septiembre, generó reacciones no solo en el inmenso universo de fans del grupo -The Kiss Army- sino también en la comunidad de guitarristas de hard-rock y heavy metal que reconocen a Ace Frehley como una de sus principales inspiraciones para dedicarse al instrumento. Desde relampagueantes shredders como Steve Vai y John 5 hasta  Tom Morello (Rage Against The Machine) y Mike McCready (Pearl Jam), todos lamentaron la triste y, hasta cierto punto, inesperada noticia.

Por otra parte, sus compañeros de Kiss, con quienes compartió fama y fortuna entre 1972 y 1982 se manifestaron al instante. «Estamos devastados» comentaron Paul Stanley y Gene Simmons, tanto en las cuentas oficiales del grupo como en sus redes personales. Peter Criss, su gran amigo y cómplice en aquello de cumplir al pie de la letra con el inmortal coro de su himno rocanrolero Rock and roll all nite (Dressed to kill, 1975), publicó también una emotiva despedida. Ace Frehley, el de las guitarras que lanzaban pirotécnicos -Fernando Rospigliosi lo llamaría «terruco» seguramente- falleció en New Jersey a los 74 años.

[EL DEDO EN LA LLAGA] El P. Jean Pierre Teullet es recordado porque, siendo aún sacerdote sodálite, tramitó un pedido de investigación contra Luis Fernando Figari —quien fuera Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana— ante el Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de Lima. Esto ocurrió el 25 de octubre de 2013 y eran cuatro los agraviados que denunciaban haber sufrido diversos abusos, entre ellos abusos sexuales, abusos de poder, acciones contra la integridad física e interceptación ilícita de correspondencia. Esto se dio después de que el pedido de investigación hubiera sido presentado internamente en sendas ocasiones a otros dos superiores generales del Sodalicio —Eduardo Regal (en mayo de 2012) y Alessandro Moroni (en abril de 2013)—, siendo desestimada esta petición por parte de ambos superiores. Teullet tampoco contó con el apoyo y la aprobación de los miembros del Consejo Superior. Se convirtió así en una voz solitaria, y ad intra fue tachado por varios de traidor.

Esto traería consigo consecuencias. El 28 de mayo de 2014 el P. Teullet fue obligado a dejar su cargo como párroco de la Parroquia Nuestra Señora de la Cruz en la diócesis de Chosica, al este de Lima. Habría sido sometido a la disciplina de la obediencia y relegado a otro puesto sin mayor responsabilidad. Y obligado a guardar silencio.

Aún así, poco después de la publicación del libro “Mitad monjes, mitad soldados” de los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz en octubre de 2015, circuló en redes sociales una carta del P. Teullet fechada el 20 de octubre, dirigida a Fernando Vidal, entonces asistente de comunicaciones del Sodalicio, donde lo encaraba por las falsedades del comunicado oficial del Sodalicio del 19 de octubre, en respuesta al escándalo de abusos revelado por el libro.

El 29 de febrero de 2016 el P. Teullet tomaría posesión de la Parroquia Divino Niño, en el distrito de La Molina (Lima), siendo arzobispo de Lima el cardenal Juan Luis Cipriani. Pero como ocurre con todos aquellos miembros que no bajan la cabeza ante las autoridades sodálites, el P. Teullet terminaría desvinculándose definitivamente de la institución en diciembre de 2018 y pasaría a formar parte del clero secular.

Ciertamente es encomiable lo que hizo el P. Teullet, a quien muchos consideraron un héroe por haber actuado en conciencia, haberse negado a encubrir a Figari y haberse atrevido a enfrentarse a las propias autoridades del Sodalicio por las falsedades que estaban difundiendo. Sin embargo, ya en ese momento había algo de ambigüedad en las acciones del P. Teullet, comenzando porque siempre se negó a colaborar con los periodistas que investigaban al Sodalicio. Me remito a un artículo de su autoría, “¿Qué hay detrás de los abusos sexuales?”, publicado el 19 de marzo de 2014 en InfoVaticana.

Si bien allí Teullet considera el abuso sexual por parte de miembros de la Iglesia como «algo terrible y sin justificación», tratará de minimizar su alcance afirmando que menos del 0.5% de los sacerdotes han cometido este tipo de abusos, cuando los estudios independientes realizados recientemente hablan de una cifra que oscila entre el 4% y el 7%, cifra que está por encima del porcentaje de abusadores en la sociedad civil. Luego señala que no son sólo víctimas quienes han sufrido abuso sexual, sino también los acusados injustamente (de los cuales dice exageradamente que «no son pocos») y la Iglesia como institución.

¿Qué explicación encuentra Teullet para los abusos? Expresa una perogrullada más que evidente para cualquier creyente, pero la que menos razones comprensibles y prácticas da para entender este fenómeno. Dice que es la acción de Satanás, que quiere destruir la Iglesia. Se desvía el foco de la responsabilidad humana —que Teullet no niega— y se le da más peso a una acción sobrenatural maligna, a algo que está fuera de cualquier medida práctica que se pueda aplicar para solucionar el problema. Partiendo de un dato falso —que los abusos sexuales en la Iglesia católica como fenómeno masivo ocurrieron sólo entre los años 60 y 90—, Teullet afirma lo siguiente:

«Nunca en sus dos mil años la Iglesia Católica había sufrido esta aberrante situación; de repente sucedieron durante la historia cosas aisladas fruto de pecados personales, pero una hondonada tan grande de abusos sexuales, jamás. No estamos entonces ante hechos fortuitos. Como segundo argumento quisiera que veamos el dónde han sucedido estos casos: mayoritariamente: en comunidades sanas y florecientes. La Iglesia de Estados Unidos o de Irlanda eran comunidades florecientes; varias comunidades religiosas que han sufrido esto en los años 60, eran comunidades florecientes. Y en los últimos años los casos que hemos ido encontrando curiosamente son de comunidades nuevas o nuevos movimientos religiosos, sanos y buenos en doctrina, fieles a la Iglesia y en pleno crecimiento. Es el caso de los Legionarios de Cristo (en México), de Karadima (en Chile) y algunas otras comunidades más».

Entre esas «otras comunidades más» suponemos que debe hallarse el Sodalicio, cuya legitimidad y supuesto carisma nunca han sido cuestionados por Teullet. Más aún, de lo dicho se llegaría a la conclusión absurda de que la ocurrencia de abusos sexuales en determinadas comunidades católicas sería una señal de que son «comunidades sanas y florecientes», pues la acción de Satanás se centra precisamente en las que son las mejores. Según esto, el P. Teullet habría considerado que los abusos sexuales en el Sodalicio se restringirían a unos cuantos abusadores, entre los cuales destacaba Figari, y que el problema no estaba en la institución, en un sistema de abusos inherente a ella, sino en unas cuantas “manzanas podridas”.

Sus declaraciones del 9 de abril de 2019 ante el congresista Alberto de Belaúnde, presidente de la Comisión Investigadora de Abusos Sexuales contra Menores de Edad en Organizaciones, del Congreso de la República del Perú, son reveladoras. Según Teullet, el Sodalicio fue fundado dos veces, la primera vez en 1971 por varias personas —entre las cuales, además de Figari, se encontraban el abogado Sergio Tapia, de ideología fascista, y el sacerdote marianista Gerald Haby— y la segunda vez por Figari en 1973 con un grupo de escolares adolescentes principalmente del Colegio Santa María (Marianistas), al que Figari denominó la “generación fundacional”. Figari se apropiaría del Sodalicio una vez que Tapia se retiró del proyecto y el P. Haby tuvo que regresar a Estados Unidos. Y ese Sodalicio inicial de 1971 sería para Teullet el auténtico, no el que “secuestró” Figari. Un Sodalicio que en la actualidad, aún habiendo sido suprimido, él seguiría idealizando. Como lo hizo ante Alberto de Belaúnde cuando se le preguntó por los centros de formación en San Bartolo, una localidad costera a unos 50 km al sur de Lima, donde ocurrieron los peores abusos psicológicos y físicos:

«No era una maquinaria hecha para una monstruosidad. Hubo excesos seguramente pero la formación era militar. Tú entrabas para ser soldado de Cristo, hay que ser la élite de la Iglesia, hay que reformarla. Como formador yo nadaba con los chicos, por ejemplo».

Y de Jean Pierre Teullet como formador, hay varios que guardan recuerdos ingratos y no dudan en calificarlo como un abusador. Uno de esos recuerdos es el testimonio de Félix Neyra incluido en el Informe Final de la Comisión De Belaúnde:

«Él [Félix] era el encargado del perro en la comunidad de San Bartolo. En una ocasión se olvidó de limpiar su plato de comida y Jean Pierre Teullet lo obligó a dormir con el plato sucio por dos semanas. “Yo era encargado del perro de la casa. Una vez dejé el plato de comida sucio. Tuve que dormir con el plato sucio por dos semanas al costado de mi almohada”».

Teullet también declaró sobre el caso de Daniel Murguía, quien, cuando aún era sodálite, fue sorprendido el 27 de octubre de 2007 por la policía en en el cuarto de un hotelucho del centro de Lima, junto con un niño de la calle semidesnudo. Murguía residía habitualmente en la comunidad sodálite de Santiago de Chile y se encontraba de paso en Lima, alojado en la comunidad Madre de la Fe (distrito de San Isidro), que estaba temporalmente a cargo de Teullet. Según relata éste, entre las pertenencias de Murguía en la comunidad había una computadora portátil, un USB y la tarjeta de una cámara fotográfica. Antes de entregar estos objetos al superior general Eduardo Regal, quien los había solicitado e iba a pasar por la comunidad a recogerlos, Teullet decidió revisar el contenido de la memoria USB. Según declaró ante la Comisión De Belaúnde, «con lo que hay ahí, que se lo entregué a Regal, efectivamente Murguía probablemente debería ir al paredón. Eran cosas muy, muy complicadas». Teullet tuvo la tentación de sacar una copia, por si acaso, pero finalmente la desechó. «..dije pucha, sabes que era tan escabroso que dije: mira, al final ya está en la cárcel. Sabe Dios lo que pasará», aseguró. ¿Se trataba de fotos que Murguía solamente tomaba o se veía también a Murguía participando de los actos? Teullet confirmó que también se veía a Murguía participando de esas turbias y oscuras acciones.

Fuera de este detalle y de la sensación subjetiva que le causó, hasta el día de hoy Teullet nunca ha descrito con precisión lo que vio en la memoria perteneciente a Murguía, el cual sería finalmente absuelto al no haber pruebas de delito. Las que había, tanto en Lima como en Santiago, fueron convenientemente destruidas por las autoridades sodálites del momento. Y Teullet, no obstante lo declarado ante Alberto de Belaúnde, sigue siendo hasta ahora encubridor del delito. No debería extrañarnos, pues fue él el designado por Figari para visitar regularmente en la cárcel a Murguía y encargarse de que no hable y comprometa al Sodalicio.

El P. Teullet también habría visitado posteriormente a Keiko Fujimori, la lideresa del partido fujimorista Fuerza Popular, cuando estaba en prisión preventiva. Este partido se opuso a la creación de una comisión parlamentaria que investigara exclusivamente el caso Sodalicio, y la comisión que finalmente se creó tenía un espectro más amplio, donde los abusos del Sodalicio eran sólo uno de tres casos a investigar. En el plano ideológico, el conservadurismo ultraderechista del fujimorismo es afín a la doctrina sodálite, por lo cual ad intra de las asociaciones vinculadas al Sodalicio siempre se ha recomendado votar por Keiko Fujimori en las elecciones políticas.

En la Escuela Naranja, una plataforma digital de formación política promovida por el partido Fuerza Popular, hay una entrevista al P. Teullet posteada el 19 de agosto de 2023, sobre el tema del derecho a la vida (entiéndase esto sólo como condena del aborto). Para participar de esta plataforma se requiere estar en sintonía con las ideas y los fines de uno de los partidos más autoritarios, antidemocráticos y corruptos que hay en el Perú.

No mucho tiempo después el P. Teullet colgaría los hábitos. Se casaría con la bióloga María Fe Rizo Patrón Herrera, quien, además de haber sido profesora de matemáticas y ciencias en 2012 en el Colegio Villa Caritas, gestionado por la rama femenina del Sodalicio,  es integrante de Avanzada Católica, un movimiento laico vinculado a Pro Ecclesia Sancta, institución católica peruana que también ha sido acusada de abusos psicológicos por parte de Lucía Zegarra-Ballón, una exmonja arequipeña que fue una de los diez jóvenes que participaron en el documental “Amén. Francisco responde” (2023).

Teullet se ha afincado aún más en la órbita del fujimorismo, uno de los aliados políticos del Sodalicio de Vida Cristiana. A partir de febrero de 2024 lo encontramos como director de Voluntariado Ciudadano, un programa de participación ciudadana creado en el Congreso de la República por iniciativa del partido Fuerza Popular. Los jueves participa en el programa del periodista ultraderechista Diego Acuña, transmitido por YouTube, con la sección “¿Y si pensamos?”. Y ha dictado cursos en la USIL (Universidad San Ignacio de Loyola) y en la Universidad ESAN (Escuela de Negocios para Graduados), esta última afín al fujimorismo.

El discurso conservador de Teullet —que busca promover a través de su Asociación Integrus, activa desde octubre de 2022— es idéntico a lo que se enseñaba doctrinalmente dentro del Sodalicio. Al igual que el pseudoperiodista Alejandro Bermúdez, expulsado del Sodalicio con la firma del Papa Francisco, hace suyo el tema de la batalla cultural, difunde teorías de la conspiración, es anticientífico, homofóbico, intolerante, antidemocrático y esgrime las banderas del lema fascista por excelencia: “Dios, patria y familia”. En conversaciones mantenidas con exsodálites les niega la condición de víctimas a muchos de los que sufrieron abusos no sexuales. Sigue creyendo que el Sodalicio fue una institución inspirada por el Espíritu Santo. Y cree que Pedro Salinas y Paola Ugaz tienen como fin destruir la Iglesia.

Jean Pierre Teullet Márquez, quien alguna vez fue considerado un traidor en el Sodalicio por insistir en denunciar a Figari y por ponerse del lado de las víctimas, por hacer lo correcto, se ha puesto del lado de la institución victimaria y de sus aliados, haciendo propias y difundiendo las mismas ideas que sostenían ese proyecto sectario. Y así ha traicionado a las numerosas víctimas del Sodalicio, que habían confiado en su presunta valentía, la cual resultó siendo sólo un pasajero gesto de oropel.

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS] En 1823, el presidente de los Estados Unidos de América Joe Monroe lanzó la Doctrina Monroe, que contiene la proposición América para los americanos. De esta manera, el joven país, que apuntaba a convertirse en potencia económica en un futuro no tan lejano, les decía a los países europeos que no permitiría más intervenciones suyas en el continente, como las había tenido poco tiempo atrás. Recordemos que la Independencia de los Estados Unidos se declaró en 1776 y que, para entonces, ni siquiera se había librado la batalla de Ayacucho, del 9 de diciembre de 1824.

Sin embargo, la semántica de la proposición América para los americanos pronto se transformó en el señalamiento del “coloso del norte” al resto de América Latina como a su área exclusiva de influencia. De hecho, apenas dos décadas después, tras la gran Guerra mexicano-estadounidense, el aspirante a hegemón se anexó la mitad de México y, en 1898,  invadió Cuba, con la finalidad de colonizarla.

El imperialismo yanqui se había echado a andar pero su narrativa, su conciencia de sí y sus consecuentes acciones se multiplicaron desde que, en 1901,  el presidente Theodore Roosevelt lanzase la política del Big Stick o Gran Garrote, inspirada en una frase africana, “habla siempre suavemente pero con un gran garrote en la mano, así obtendrás grandes cosas”. De esta manera la política norteamericana hacia el resto de la región consistió desde entonces en negociar y velar por los intereses de sus ciudadanos, inversiones y empresas en los países de América Latina, pero bajo la amenaza de una futura invasión en caso no se acepten sus condiciones. Un caso tristemente recordado es la célebre United Fruit Company, que llenó de enclaves bananeros y otras frutas prácticamente a toda Centroamérica con la complicidad de sumisas oligarquías locales que se beneficiaban con los residuos de estas asimétricas relaciones comerciales.

Si por alguna razón las cosas se complicaban, entonces aparecía el Gran Garrote, es decir los Marines, la invasión militar, esto sucedió en países como la ya mencionada Cuba, Nicaragua y Haití. A esto hay que sumarse la intervención norteamericana en la independización de Panamá, con cuya independencia de Colombia contribuye firme y resueltamente hasta obtenerla en 1911. Solo tres años después, en 1914, los norteamericanos inauguran el Canal de Panamá, trasvase fundamental que une los océanos Pacífico y Atlántico, bajo su absoluto control.

Desde esos tiempos, el antimperialismo se convirtió en bandera de lucha para las viejas y nuevas generaciones políticas latinoamericanas. De la primera se destacaron José Martí, José Rodó, José Vasconcelos, Manuel Ugarte, de la segunda los peruanos José Carlos Mariátegui y nítidamente Víctor Raúl Haya de la Torre quien levantó, un siglo después de Bolívar, la bandera de la unión continental para combatir el imperialismo. Entre ambas se sitúa el recordado revolucionario nicaragüense Augusto Sandino.

Lo cierto es que tampoco está vez el sueño de la unidad se hizo realidad, como no pudo concretarse durante el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, convocado con esa motivación, y con esa utopía, por el propio libertador Simón Bolívar. Las patrias chicas, como nos lo advirtieron, habían calado en la región, tanto como sus oligarquías prestas a utilizar los aparatos represivos de sus estados para mantener posiciones y, al mismo tiempo, defender los intereses de Estados Unidos en tanto que gran beneficiario de las materias primas regionales, dejando muy poco a cambio. El desarrollo no incluía a quienes se encontraban por debajo del Río Bravo.

Desde 1933, Otro Roosevelt, Franklin D. cambió la política del Gran Garrote por la del Buen Vecino, que se extendió hasta finales de la Segunda Guerra Mundial. Esta política se trazó por meta no intervenir militarmente en los países de la región y, durante la Guerra, promover el apoyo a la causa de USA en la gran conflagración, como fue el caso del Perú quien le declaró la guerra al EJE en 1944.

Tras el conflicto bélico, una leve brisa democratizadora refrescó la región pero duró muy poco: los rigores de la Guerra Fría y el triunfo de una revolución socialista en Cuba, el año nuevo de 1959, acabó con los sueños de libertad. Entonces la represión política y la dictadura acallaron los diversos movimientos que querían imitar a los revolucionarios cubanos en diferentes países de la región y América Latina vivió una de sus épocas de peor recordación en material de violación a los Derechos Humanos.

Podría continuar escribiendo sobre las relaciones entre los Estados Unidos y los países situados al sur del Río Bravo pero no hace falta. He dicho lo esencial. Estados Unidos es una potencia, es un hegemón. Eventualmente templará su actuación pero finalmente actuará como tal cuando estime necesario o si un mandatario adulto-mayor, pero que responde absolutamente a las claves ideológicas del siglo XXI, llega al poder, como es el caso de Donald Trump.

A mi no se me da criticar a Estados Unidos o a Donald Trump, porque está dado en la naturaleza de un Imperio serlo y proceder como tal. Seguramente muchos colonos o esclavos del Imperio Romano se quejaban de lo mismo pero no por ello el Imperio cambiaría sus políticas. Pensemos mejor en América Latina y en cómo puede situarse ante el mundo contemporáneo, ante el siglo XXI, y ante el flagrante nuevo Big Stick arancelario -con amenaza de invasión militar incluida- que hoy se yergue contra Brasil y Colombia.

Ignacio Lula da Silva ha convocado a los BRICS para discutir la situación de su país, “castigado por Trump” con 50% de aranceles en todos sus productos. Las economías de los BRICS son las más emergentes del planeta, las que más han crecido los últimos veinte años  y las que más pueden nivelar las economías de los países víctimas del Imperialismo Yanqui del Tercer Milenio. Pero quizá sea llegada la hora de volver a Simón Bolívar cuando planteó la unión de América Latina, que se traduce como la necesidad de asistir en bloque al mundo globalizado.

He evitado hasta ahora definir la naturaleza de este eventual pacto futuro. ¿Alianza política o económica? definitivamente debe comenzar siendo económica, son las economías las que deben integrarse para tener peso en el nivel internacional. Pero también se requiere voz política, influenciar en lo que pasa, poder hablarle directo a Donald Trump o a Xi Jinping, en tanto que bloque geopolítico y económico, que adopta postura y que toma decisiones.

Y también debemos aprender de la fallida experiencia bolivariana. No basta una potencia petrolera con el precio del crudo por las nubes para fabricar una integración duradera. La integración se sostiene sobre bases económicas sólidas, estructurales, y las primeras preguntas para construirla deben indagar por la sinergia comercial y las posibilidades de desarrollo industrial y tecnológico compartido. Cualquier otro intento resultará fatuo y artificial. Entendámoslo,  no es cuestión de derechas e izquierdas, el antimperialismo del siglo XXI debe concordar una postura a favor del desarrollo comercial, tecnológico y económico regional de América Latina.  

En suma, el hegemón del norte no lo será para siempre, Roma duró más de mil años pero al final se cayó. De todas maneras, a falta de un hegemón vendrá otro. La pregunta es si en América Latina estamos en la capacidad de constituirnos en algo más que una pequeña alberca llena de peces pequeñitos que borbotean esperando un destino cíclico e inevitable.

[Música Maestro] HAY QUE ACUDIR CORRIENDO PUES SE CAE EL PORVENIR: Los nombres de Mauricio «Trvco» Ruiz Sáenz (32) y Luis «Flipown» Reyes Rodríguez (28), como los de Inti Sotelo Camargo (24) y Bryan Pintado Sánchez (22), deben ser recordados como héroes que arriesgaron sus vidas por un país que no les ofrece nada, impulsados únicamente por la juvenil indignación frente a la corrupción, el cinismo y la ignorancia que nos estigmatiza mañana, tarde y noche. A ellos y a las decenas de heridos detrás de ellos, como a sus familiares, mi homenaje, solidaridad y respeto.

Una gira con sabor a despedida

Este sábado 25 de octubre Silvio Rodríguez se reencontrará con su público peruano, miles de hombres y mujeres que, en sus años preuniversitarios, crecieron emocionalmente escuchando sus canciones, incluso antes de saber quién fue el Che Guevara o cuál era el perfil inicial de Fidel, el que derrocó a Fulgencio Batista, responsable de convertir a Cuba en el burdel de los Estados Unidos de posguerra. Será una noche de nostalgia, consecuencia y mucha música con uno de los artistas más representativos y polémicos de América Latina, a pocas semanas de cumplir 79 años.

Después de recorrer todas las esquinas y unidades vecinales de La Habana Vieja, ofreciendo más de cien recitales gratuitos, Silvio anunció, en abril de este año, una breve gira internacional. Para que se hagan una idea (y salvando, desde luego, las abismales distancias), la Gira por los Barrios de Silvio Rodríguez -así denominó esas tocadas sin costo que comenzaron en el 2014 y terminaron hace apenas unos meses- fue como si Daniel F empezara a tocar gratis, cada mes, en urbanizaciones populares, plazas antiguas y distritos modernos de Lima Metropolitana: una semana en Barrios Altos, otra en Zárate, la siguiente en el parque Tupac Amaru de Magdalena, en la Urb. Pando de San Miguel, y así…

En el anuncio, Silvio confirmó que visitaría solo cinco países de Sudamérica: Chile, Argentina, Uruguay, Perú y Colombia. Será la cuarta vez, si la memoria no me falla, que el cantautor y guitarrista toca en nuestro país. La primera fue en la SICLA aprista de 1986, junto a sus compatriotas Irakere, Sara González, Santiago Feliú y Pablo Milanés. Luego vino en 1999, 2013 y 2018, con éxitos rotundos de asistencia siempre. Esta vez no será la excepción, por supuesto, a juzgar por cuán rápido se vendieron las entradas. Pero, además, esta nueva visita tiene un adicional, un sabor a despedida.

Aun cuando haya amplios sectores dispuestos a cerrar los oídos por causas ideológicas, resulta inevitable conmoverse con la habilidad que Silvio ha mostrado en más de cinco décadas de carrera para expresar emociones humanas. Y, para ir calentando el ambiente, les dejo estas breves líneas sobre seis de los veinte discos que ha lanzado, una aproximación arbitraria y para nada definitiva sobre el camino que pueden seguir los no iniciados para conocer su vasta y significativa obra musical y poética.

Quería saber (2024): Su último disparo

Grabado en junio del año pasado en los Estudios Ojalá, que Silvio inauguró en 1996 con su LP Domínguez, este vigésimo primer disco oficial -aquí no cuentan las recopilaciones, conciertos ni bootlegs como el legendario Silvio en Angola de 1976- contiene piezas compuestas entre 2015 y 2020 de exquisita construcción instrumental y lo muestran más sosegado, aunque todavía dispuesto a dar pelea como en Para no botar el sofá (canción editorial), América o Viene la cosa.

Destaca, como lo hace desde 1998, la presencia de su esposa Niurka González, treinta años menor que él, en flautas, clarinetes y coros. Las letras mantienen esa tradición de las rimas cuidadosamente construidas, lo cual hace del álbum un renovado placer para el oído que, además, contiene ciertas reminiscencias de clásicos como Oh melancolía (1988), Hombre o Juego que me regalo un seis de enero (1992).

De las once canciones que conforman Quería saber, solo una no pertenece a este siglo. Se trata de Tonada para dos poemas de Rubén Martínez Villena, melodías que escribió en los setenta para homenajear a un poeta y activista cubano, uno de los héroes de la revolución de 1933.

A pesar de que la guitarra no es la principal protagonista -como sí lo fue en su producción previa, Para la espera (2020)- hay un par de canciones en que nos regala ese sonido acústico entrañable, Nuestro deber, dedicada a uno de sus nietos; y Danzón para la espera, de cambios rítmicos inesperados. Su firmeza y precisión para arpegiar es sorprendente, tratándose de un hombre de 78 años.

Pero no debemos olvidar que trovadores como Sindo Garay o Compay Segundo tocaron hasta entrados los noventa años, por lo que la longevidad tradicional de los músicos cubanos nos permite pensar en que aun tendremos mucha guitarra de Silvio por delante.

Causas y azares (1986): Latin-jazz con sello silviano

En este disco escuchamos a un Silvio mucho más rítmico, casi convertido en un sonero. La potencia instrumental del combo de latin-jazz Afrocuba, bajo la dirección del pianista Ernán López-Nussa, provee cadencias sofisticadas y vibrantes en canciones como Boga boga, Solo el amor y el tema-título, con una coda salsera elegante y rica en arreglos para vientos (Roberto García, Edilio Caridad, Fernando Acosta), percusiones (Eddie Peñalver, Mario Pino, Oscar Valdés); y la guitarra eléctrica (Fernando Calveiro).

Por su parte, el cantautor nos ofrece su acostumbrada prolijidad acústica en la inspiradora Historia de las sillas y El pintor de las mujeres-soles, además del intenso romance de Te conozco y su prolongación sinfónica, con arreglos del tecladista Oriente López y su viejo amigo Frank Fernández. Este tema viene precedido por el sinuoso Hallazgo de las piedras, conformando una suite que supera los once minutos que convoca diversas emociones por su musicalidad.

Las flautas y baterías en Canto arena hacen de ese tema uno de los mejores de su catálogo, una chacarera con fuga de jazz incluida y versos conmovedores, mientras que Réquiem y En mi calle son remansos de sutiles pianos, guitarras y flautas. El bajista Omar Hernández brilla en todo el disco, especialmente en la versión nueva de Cuando digo futuro, composición de 1969 que luce fresca y renovada. El título de una obra shakesperiana del siglo XVI, Sueño de una noche de verano, le sirve para compartir sus geniales reflexiones sobre la injusticia en el mundo.

Mientras tanto, No hacen falta alas convoca a la fantasía ingenua, casi infantil, cierre paradójico para un disco doble que contiene una de sus composiciones más furiosas y directas, Canción en harapos, donde teclados y bajo hacen fondo, en clave de jazz-fusión, a esa letra que debe haber grabado con los dientes apretados.

Mujeres (1978): Brillo acústico

En su tercer LP oficial, Silvio siguió la senda de su anterior trabajo, Al final de este viaje, editado ese mismo año: canciones acústicas con guitarras superpuestas y una atmósfera intimista que va desde la política -decepción en Ya no te espero, esperanza de Te doy una canción– hasta el profundo romanticismo –¿Qué hago ahora contigo?, En estos días-, sin quitar espacio a la filosofía humanista, como en ¿A dónde van?, Y nada más o Río, en la que aparece un inusitado optimismo en lindas metáforas como aquella de que “río de verdad como un animal que ha sido puesto en libertad”.

Como siempre, Silvio introduce su fino sentido del humor en Cierta historia de amor, lance entre un joven pobre y una mujer adinerada, algo mayor, de la que finalmente tiene que escapar para “poner a salvo el honor”; o Aceitunas, sugerente rezago de sus vivencias en Angola. Paradójicamente, la canción de letra más «sencilla» –Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol– es uno de sus guitarreos más complejos, combinando arpegios, acompañamientos y solos.

El tema-título es una loa para esas mujeres anónimas capaces de sobreponerse a todo: pobreza, discriminación, violencia y abuso a todo nivel, con fraseos creativos y golpes de guitarra rotundos. Es sorprendente cómo los grandes medios masivos no permiten que estas ricas melodías, latinoamericanas, de sonidos agradables –los arreglos de guitarra en Esto no es una elegía, solo por poner un ejemplo-, lleguen a los oídos del oyente convencional, más allá de su color político.

Silvio Rodríguez es visto, por lo general, como un artista demasiado activista y esa visión hace que queden en segundo plano su alto perfil como cantante, letrista, intérprete de la guitarra y compositor con melodías que van de lo clásico a lo puramente cubano con extrema facilidad.

Silvio (1992): Un retorno a las formas básicas

Con este disco, el primero 100% acústico desde 1978, inicia su segunda trilogía, ocho años después de la primera, el celebrado Tríptico (1984), publicada como un disco triple. En esta, los títulos son los tres elementos de su nombre legal y vienen por separado -los otros dos fueron Rodríguez (1994) y Domínguez (1996)-, y retorna al formato que lo hiciera conocido durante los setenta.

El LP apareció unos meses después del fallecimiento de don Atahualpa Yupanqui, el genial folklorista argentino, y Silvio reproduce, a manera de homenaje, una carta póstuma, en la que lo reconoce como su principal inspiración para estas canciones «que empezaron a rodar hace 500 años hasta llegar a mis manos y mi voz».

Salvo El necio -en que ratifica su desprecio hacia la derecha- y Hombre -un reincidente homenaje a la revolución cubana y sus utopías-; el cubano se despercude aparentemente del tema político, pero lo mete de contrabando en reflexiones más amplias. La desilusión, por ejemplo, critica al orden establecido y el desánimo que produce en la gente. Monólogo describe la vida desde el punto de vista de un anciano retirado. Compañera nos acerca poéticamente a la relación que mantiene con sus propias canciones. Y Mariana ataca las contradicciones del mundo moderno, desde las personas que quieren cambiar de sexo hasta la idea, improbable para él, de que Dios exista.

Mientras que, en Abracadabra y Juego que me regalo un seis de enero, combina sueños infantiles con pensamientos de hombre adulto; en La guitarra del joven soldado vuelve el Silvio sutilmente autobiográfico que todos admiramos. Quién fuera, la canción más difundida de este disco, es romántica, evocadora de sus influencias musicales/literarias y luce una espléndida guitarra, como en Trova a Edgardo, El necio, Y Mariana y Crisis, el esquizofrénico instrumental con el que acaba el disco.

Te doy una canción (1975): Una oda revolucionaria

Su primer disco oficial se tituló Días y flores y fue editado por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), de financiamiento castrista y con un staff de músicos de primera. Para la edición española del álbum se omitieron dos canciones –Santiago de Chile y Días y flores, por su contenido político de alcance global, a diferencia de otras dedicadas a momentos específicos de la historia cubana, como Playa Girón, sobre una embarcación en la que Silvio trabajó en su juventud pero que también se refiere a una batalla producida en 1961; o El mayor, acerca de Ignacio Agramonte, héroe cubano del siglo XIX.

En reemplazo, entraron Madre, que une el día de las madres con la guerra de Vietnam; y Te doy una canción, escogida como nuevo título. La sofisticada instrumentación del disco acompaña a la inspirada guitarra de Silvio, que se pasea con fluidez por géneros como bolero, bossa nova, balada y son cubano.

Destacan Pequeña serenata diurna, un fino arreglo de bossa nova; o La vergüenza, que explora lo insondable del alma humana, con agudeza y lirismo. El pop brilla en Como esperando abril, que termina en clave de latin-jazz, mientras que su habilidad para componer melodías románticas se despliega en Esta canción o En el claro de la luna, con elegantes arpegios para piano y versos de extremada belleza. Sueño con serpientes, una metáfora pesadillesca sobre la maldad humana, inicia con un texto del alemán Bertolt Brecht (1898-1956), sonidos extraños, guitarras con y voces duplicadas en ecos misteriosos.

Te doy una canción es un clásico de la canción latinoamericana, una visión desgarrada, desprendida y profunda del amor. En cuanto a las canciones censuradas en España, Santiago de Chile y Días y flores, expresan a grito limpio la desazón por el dominio y abuso del imperialismo.

Al final de este viaje (1978): De amor e ideología

Antes que nada, es necesario aclarar un dato. El segundo disco oficial de Silvio no es, como sugiere la carátula, una recopilación de temas grabados en diferentes épocas pues las sesiones se hicieron en 1978, en un estudio madrileño. El asunto es que los escribió entre 1968 y 1970, durante el viaje que hizo al África en la legendaria embarcación Playa Girón junto a otros cien jóvenes cubanos.

Mencionar el alto vuelo poético de sus letras es, a estas alturas, redundante. Pero, si pensamos en la edad que tenía cuando las escribió, 22 años, es un hecho sencillamente prodigioso. Hay odas románticas de apariencia abstracta –Ojalá, Óleo de una mujer con sombrero– y abiertos homenajes a la revolución –Canción del elegido, La era está pariendo un corazón-, todas son mini obras de arte sonoro. Además, su rabia frente a los críticos se expresa de manera contundente en Debo partirme en dos y Resumen de noticias.

Al final de este viaje en la vida lidia con la muerte y qué nos espera después. Qué se puede hacer con el amor y Aunque no esté de moda son estéticos alegatos sobre las relaciones amorosas profundas; mientras que en La propiedad privada, la familia y el amor descarga una crítica feroz al establishment, parafraseando el título de la obra capital de Federico Engels, El origen de la propiedad privada, la familia y el estado (1884).

En lo musical, tenemos a un Silvio inspiradísimo y versátil, resolviendo a guitarrazo limpio sus reflexiones filosóficas, mientras que Canción del elegido contiene una de sus frases más vigentes -«lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida»- y, paralelamente nos recuerda la necesidad de que llegue hoy mismo, desde el corazón de una tormenta, un animal de galaxias que mate a los canallas instalados en el poder con su cañón de futuro.

[EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS] Recién el presidente de Brasil Ignacio Lula da Silva ha declarado que «ningún presidente de otro país puede opinar cómo va a ser Venezuela o Cuba». La víspera, el Partido de los Trabajadores, el de Lula precisamente, difundió un pronunciamiento condenando cualquier intención del presidente Trump de invadir Venezuela,con lo que la declaración del mandatario carioca redondeó la postura de su gobierno frente a la situación del país llanero.

Vista desde lejos, esta posición podría parecer absolutamente plausible y coherente, pero desde cerca aparecen los detalles, la letra pequeña. Soy de los que espera que la época en la que los marines de Estados Unidos desembarcaban e invadían diferentes países de su patio trasero haya culminado para siempre.

A América Latina la constituyen una serie de países soberanos que no necesita de un gran policía o patrón extrajudicial que imponga a la fuerza regímenes adeptos a sus intereses en aquellos que se presentan como adversos o insubordinados. Porque la democracia, principistamente, nunca le importó demasiado al Tío Sam fuera de sus fronteras, a pesar de su larga y encomiable tradición bipartidista y constitucional.

Pero Lula y el PT no se quedaron en la denuncia de lo que antes se denominaba imperialismo yanqui. El mandatario también dijo que los presidentes de la región no pueden opinar -es decir condenar- sobre los regímenes venezolano y cubano. Político al fin y al cabo, Lula, que se mostró ambiguo ante el flagrante fraude y violación de los derechos humanos perpetrados en Venezuela por el régimen de Nicolás Maduro en 2024, aprovechó la actual amenaza americana para finalmente darle a su homólogo venezolano el espaldarazo que se guardó cuando las papas quemaban tras el proceso eleccionario del año pasado. Pero hay más: en diciembre de 2022, el propio Lula da Silva condenó la violación a los derechos humanos por parte del régimen de Nayib Bukele en El Salvador. ¿No que no se puede opinar sobre los mandatarios de otros países o depende del color político?

No nos confundamos, soy el primero en denunciar lo mismo que Lula. El régimen de Bukele me parece más o menos una satrapía bien organizada, pero satrapía y al fin y al cabo, y jamás estaré del lado de quienes sostienen dictaduras porque eventualmente pudiesen obtener resultados económicos o administrativos favorables. Siempre la ruta debe conducir hacia la democracia.

Pero ese es precisamente el problema: en América Latina no hay demócratas. Hasta ahora solo he visto nítidamente a uno, el presidente chileno Gabriel Boric, que denunció sin atenuantes a la dictadura venezolana, dejando de lado eventuales sinergias ideológicas. Boric también inició en la región un proceso de reconversión de la izquierda hacia agendas más sociales, pasando a un segundo plano las agendas culturales luego del fiasco electoral que sufriera el proyecto constitucional progresista de 2022.

Ojalá imitemos a Boric, ojalá surjan políticos cuya vocación democrática se sitúe por delante de sus posturas ideológicas, de derecha o izquierda, y que entiendan que la república democrática, volcada al servicio de la persona humana y del bien común, debe constituir siempre la base del contrato social, así como las reglas del juego a partir de las cuales todo lo demás puede discutirse.

Pero en América Latina no hay demócratas, la democracia fue una utopía real para muy pocos, los demás, en su hora, se decantaron por el socialismo. No tenemos un ADN democrático, por eso mi colega Osmar Gonzáles me dijo que en el Perú no tenemos democracia, que lo que tenemos es régimen constitucional, lo que viene a constituir apenas su preludio.

¿Será suficiente Gabriel Boric? ¿será suficiente evocar la vocación democrática de un Haya de la Torre y el republicanismo de Simón Bolívar para comprender que nuestra región solo puede labrarse un lugar en este mundo consolidando un gran bloque económico a la vez que democrático? Lo demás es la deriva, a lo sumo el movimiento pendular, y, al final del camino, los peces pequeños devorados por los peces grandes en las profundidades del abismo autoritario.

[EL DEDO EN LA LLAGA] Han pasado casi cincuenta años desde que el historiado italiano Carlo Mario Cipolla (1922-2000) diera a conocer de manera limitada en el año 1976 su ensayo “Las leyes fundamentales de la estupidez humana”, que luego publicaría en 1988 en el libro “Alegro ma non troppo” junto con otro ensayo de su autoría.

Esas leyes son cinco y se enuncian como sigue:

Primera ley:

Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

Segunda ley:

La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.

Tercera ley:

Una persona estúpida es una persona que causa daño a otra o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho provecho para sí, o incluso incluso obteniendo un perjuicio.

Cuarta ley:

Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

Quinta ley:

La persona estúpida es el tipo de persona más peligroso que existe. El estúpido es más peligroso que el malvado.

¿Pero que es lo que entendemos por “estúpido”? Por lo general, una persona que muestra falta de inteligencia, juicio o sentido común, caracterizada por decisiones o comportamientos irracionales, poco reflexivos o que carecen de lógica. Y hay palabras equivalentes que tienen prácticamente el mismo significado —idiota, imbécil, necio, etc.— cuando se entienden descriptivamente, fuera de un contexto en que son utilizadas como agresiones verbales o insultos.

Ahora bien, ¿que pasaría si toda una sociedad estuviera integrada únicamente por idiotas, en número mucho mayor a los que vemos actualmente en nuestras sociedades modernas? Eso es lo que plantea el film “Idiocracy” (“Idiocracia”, 2006), dirigido por Mike Judge, una sátira distópica que muestra un futuro en el que la humanidad ha experimentado una decadencia extrema en su inteligencia colectiva debido a siglos de deterioro progresivo de las características genéticas.

La película se sitúa en el año 2505, donde Joe Bauers, un hombre promedio del siglo XXI, despierta tras ser hibernado accidentalmente durante 500 años, en el marco de un experimento militar secreto. La premisa central es que, en el pasado, las personas más inteligentes tuvieron menos hijos, mientras que las menos inteligentes se reprodujeron en mayor medida, lo que llevó a una población global cada vez más estúpida, generando un mundo donde la falta de juicio y razonamiento ha colapsado la civilización.

La población tiene un nivel de inteligencia extremadamente bajo. El lenguaje se ha degradado a un inglés simplificado, lleno de jerga, gruñidos y expresiones vulgares, con una gramática casi inexistente (por ejemplo, frases como “Ow, my balls!” son comunes).

La comprensión de conceptos básicos, como la ciencia, la historia o el funcionamiento de sistemas ha desaparecido. La cultura está dominada por el entretenimiento absurdo y de baja calidad —por ejemplo, videos de una persona dándose de batacazos y sacándose la mugre, o un largometraje nominado al Oscar que consiste únicamente en un trasero lanzando flatulencias—. El programa de televisión más popular es “Ow, My Balls!”, una comedia burda basada en golpes físicos, reflejando la falta de sofisticación y la vulgaridad del entretenimiento. Las noticias se convierten en espectáculos, anunciadas por dos narradores, hombre y mujer, con casi nada de ropa encima.

Las instituciones educativas han desaparecido o son inútiles. Los médicos son ignorantes y diagnostican con frases vagas como “estás jodido” (“you’re fucked up”). Incluso el presidente de Estados Unidos, Dwayne Elizondo Mountain Dew Herbert, es un exactor porno y exluchador profesional que usa un lenguaje soez y actúa de forma teatral, sin capacidad para gobernar racionalmente.

El medio ambiente está devastado. Las ciudades están cubiertas de basura acumulada en montañas, y el polvo y la suciedad dominan el paisaje urbano debido a la incapacidad de gestionar residuos.

La agricultura ha colapsado porque los cultivos se riegan con Brawndo, una bebida con electrolitos similar al Gatorade, lo que provoca hambrunas generalizadas. Nadie entiende conceptos básicos como el ciclo del agua o la necesidad de nutrientes para las plantas, y creen que los electrolitos son buenos para todo, sólo porque así lo enuncia la publicidad.

La economía está en ruinas, con una inflación absurda. Por ejemplo, un personaje paga millones de dólares por un servicio médico básico.

Las corporaciones dominan la vida cotidiana, controlando incluso servicios gubernamentales, como la adopción de niños. Todo está hipercomercializado, pero de forma caótica e ineficiente.

El gobierno es una parodia de la democracia. El presidente Camacho lidera con discursos grandilocuentes, pero sin sustancia, y el Congreso está compuesto por personas igualmente ignorantes que toman decisiones basadas en emociones o espectáculo. Las leyes y normas son inexistentes o absurdas, y la justicia se reduce a un programa televisivo estilo “reality show” donde los acusados son juzgados en arenas públicas.

Aunque la tecnología del siglo XXI aún existe, está en mal estado o se usa de forma incorrecta. Por ejemplo, los hospitales usan máquinas diagnósticas estropeadas que dan respuestas incoherentes. La infraestructura, como edificios y carreteras, está en ruinas, y nadie sabe cómo repararla o mantenerla.

Los habitantes de esta sociedad no reconocen su propia ignorancia. Consideran a Joe Bauers, con su inteligencia promedio del siglo XXI, como un genio excepcional porque puede hablar con frases completas y resolver problemas básicos. Y sólo por este motivo lo nombran Ministro del Interior (Secretary of the Interior), sin que tenga la menor idea de cómo desempeñar el cargo.

La sociedad está obsesionada con el placer inmediato, el entretenimiento absurdo y el consumo sin reflexión. Las prioridades son ingerir comida chatarra, beber Brawndo, tener sexo ocasional —casi de manera obsesiva—, jugar videojuegos y ver programas de televisión estúpidos.

La falta de inteligencia dificulta la colaboración. Las personas actúan de forma impulsiva, lo que lleva a conflictos constantes y a la incapacidad de abordar problemas colectivos como la hambruna o la acumulación de basura.

Aunque es una comedia, “Idiocracy” refleja preocupaciones sobre la anti-intelectualidad y el impacto a largo plazo de priorizar la conveniencia sobre el conocimiento. La sociedad que nos presenta es una caricatura de un mundo donde la inteligencia ha sido reemplazada por la ignorancia masiva, el entretenimiento vacío y la incapacidad para resolver problemas básicos.

Así como está, sin llegar a ser una obra maestra del Séptimo Arte y no obstante su tono ligero de comedia absurda y tontorrona, la película tenía un enorme potencial como sátira profética y como ácida crítica a la sociedad estadounidense. No extraña, pues, que la productora intentara “enterrar” el film.

Producida por 20th Century Fox con un presupuesto presupuesto relativamente bajo (2,4 millones de dólares), Fox optó por una estrategia de lanzamiento extremadamente limitada: exhibición en sólo 130 salas de cine de todo estados Unidos, en sólo siete ciudades —sin incluir Nueva York ni San Francisco—, sin avances para críticos, sin kits de prensa, sin trailers ni promoción significativa. Esto resultó en una taquilla de apenas 495,303 dólares.

Las razones, basadas en declaraciones de involucrados y análisis periodísticos, son controvertidas:

  1. Reacciones negativas en proyecciones de prueba (test screenings). En marzo de 2005, las audiencias de prueba respondieron mal a la película, considerándola demasiado ofensiva o “cruda”. Fox vio el filme como un riesgo alto, optando por minimizar la inversión en marketing para evitar un fracaso de público mayor.
  2. Contenido satírico controvertido y “anti-corporativo”. La película critica duramente el consumismo, el anti-intelectualismo y el poder corporativo. Esto generó especulaciones de que Fox, con fuertes lazos corporativos, no quería ofender a anunciantes o audiencias conservadoras.
  3. Estrategia de lanzamiento mínimo para cumplir obligaciones contractuales. Fox estaba obligada contractualmente a estrenarla en cines antes de lanzarla en DVD. Optaron por un “lanzamiento limitado” sólo por cumplir. Esta decisión terminó convirtiendo a “Idiocracy” en un clásico de culto, promocionado boca a boca, que generó más de 20 veces su taquilla en ventas de DVD y streaming.

Lo cierto es que su visionado nos deja varias lecciones. Tanto en Estados Unidos —como también en el Perú— las grandes catástrofes sociales y políticas no parecen tener sus orígenes en la maldad de sus líderes —y seguidores, por supuesto—, sino en su estupidez. Y el declive de la democracia estaría ya dando lugar en estos países y otros a una idiocracia, un sistema dominado por la ignorancia atrevida y la estupidez. En fin, un gobierno de los idiotas.

[EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS]  A propósito de un post en el que Pablo Iglesias compara a maría Corina Machado con Adolfo Hitler

María Corina Machado, flamante premio Nobel de la Paz, es una trumpista, qué duda cabe. Le acaba de agradecer al inefable mandamás norteamericano la condecoración. Es obvio que no me gustan ni Donald Trump ni sus aliados, como me resultó obvio, cuando lo de Venezuela, que el único líder izquierdista de América Latina que se atrevió a condenar abiertamente el descarado fraude, la brutal represión y la sistemática violación de los derechos humanos en el país de las arepas fue Gabriel Boric, el tenaz presidente de Chile

Sobre el fraude de Nicolás Maduro, Claudia Sheinbaum declaró: “sin comentarios, son temas internos de otro país”, y  ha dicho exactamente lo mismo, sobre el Nobel a Machado y utilizando las mismas palabras: “sin comentarios”. Ni que hablar de los dubitativos Gustavo Petro e Ignacio Lula da Silva.

Una sola pregunta para tanto súbito crítico a María Corina Machado ¿qué aliado tendría que buscar un disidente venezolano para devolverle la democracia a su país cuando a los gobernantes izquierdistas de la región, aunque democráticos, les tiemblan las piernas para condenar a Nicolás Maduro? ¿A Claudia Sheinbaum? ¿a Gustavo Petro? Luego, ¿por qué se quejan entonces si Machado acude al deplorable Donald Trump?

En cuanto a mí, pierdan cuidado. No soy un “facho”, con las comillas bien puestas pues no me gustan los epítetos. Yo siempre condené la obscena dictadura de Augusto Pinochet, a mí no me sedujeron los cantos de sirena de sus resultados económicos, siempre deploré a José Rafael Videla y compañía. Lloré con La Historia Oficial, pero más con Contar Hasta Diez, la mejor de todas las cintas sobre la represión argentina y que sin embargo pasó desapercibida, me conmovió la chilena Machuca, no pude soportar Missing con el gran Jack Lemmon y su papel de decepcionado «american citizen», quebrado en sus valores democráticos, vibré con Kamchatka de Ricardo Darín, me conmocioné con Romero y la actuación de Raúl Juliá, para el caso de El Salvador. 1

Yo me crié en la convicción de que los derechos humanos, que son y seguirán siendo universales, estaban por encima de todo, que eran lo primero a defender, que estaban por encima de las ideologías, que las dictaduras eran la perversión de la democracia y que por ello tampoco hacía falta mayor postura ideológica para defender a esta última como consenso general. Por eso también me enardecí cuando vi a Pablo Iglesias y su séquito cuasi religioso de seguidores  defender los atentados y la represión contra el derecho a la vida y la abyecta agresión de las libertades individuales y a los derechos humanos en Venezuela, tal y como lo hacen en Cuba.

En otras palabras. he defendido la democracia, las garantías constitucionales, los derechos universales, cuya universalidad preconizo de aquellos que pretenden pasarlos por una trituradora de papel, para convertirlos en una infinidad de pequeños derechos que separara a los seres humanos y que nunca permitirán que nos entendamos entre nosotros.

En fin mucha charla. Me queda claro, que de estar en mí la decisión, hubiese elegido a alguien más prístino para el premio Nobel de la paz, tanto como que, de ser María Corina Machado, no hubiese recurrido a Pablo Iglesias para proponerle unírseme a la lucha por la recuperación de la democracia en Venezuela.

1La noche de los lápices. Desgarradora. “Te encontraré una mañana, dentro de mi habitación, y prepararás la cama, para dos” Canción para mi muerte, Sui Generis

[Música Maestro] SOLIDARIDAD: Como asistente frecuente a conciertos, no alcanzo a imaginar el horror que deben haber sentido músicos y público la noche del ataque a Agua Marina. Mi solidaridad con todos los que estuvieron allí, especialmente con los directamente afectados. Además de heridos, son héroes. Porque ese espantoso atentado concretó POR FIN la vacancia de Dina Boluarte. En nombre de los 50 fallecidos de su pésimo gobierno – y sus familiares- y de todas las ridiculeces que hemos soportado, desde los discursos vacíos hasta las cirugías y viajecitos, un gran suspiro de alivio, tardío pero igual de justo y satisfactorio. Ahora, a evitar que se fugue o que busque asilo. Y a deshacernos de esos congresistas que la apoyaban y que hacen esto por lo insostenible de la situación que ellos negaron una y otra vez.

Escuchando rock en español

La importancia de entender lo que se escucha

Muchos aseguran que, en términos estrictos, no existe tal cosa como “rock en español” -o, para ser más precisos, en castellano. Aunque tal aseveración suene absurda, habida cuenta de que, si calculamos su existencia desde los arranques nuevaoleros mexicanos y españoles que comenzaron a traducir y grabar en nuestro idioma las canciones de Elvis Presley y Bill Haley a muy pocos años de su aparición original, la diferencia de edad entre el rock anglosajón y su versión hispanohablante es de solo dos o tres años, tiene un punto en su aspecto más elemental, su nacimiento y ubicación geográfica le dan una identidad propia e inconfundible.

Para hacer que la idea calce mejor en estándares actuales, podemos decir que en lugar de rock en castellano lo que existe es una fusión entre el rock auténtico, el norteamericano, y las múltiples sonoridades latinoamericanas que fueron enriqueciéndolo y generando estilos nuevos, aunque siempre enmarcados por el gran paraguas de lo que solemos identificar como rock and roll y sus derivados.

El latin-rock del guitarrista mexicano Carlos Santana en Woodstock 1969, por ejemplo, emparentado con el latin-jazz, la salsa afrocaribeña y la incorporación de otros exotismos -africanos, medio orientales- fue una de las primeras manifestaciones rockeras en las que se incluyeron frases en español pero no tiene absolutamente nada que ver con lo que ese mismo año se cocinaba en Buenos Aires, con los aires tangueros que Luis Alberto Spinetta le dio a algunas de las primeras canciones de su primera banda, Almendra, de notorios tintes beatlescos.

En ese sentido, cuando escuchamos rock en castellano estamos conscientes de que el rótulo sirve para condensar un concepto pero que no define necesariamente sus límites. Salvo en géneros en los que no se admitan muchas fusiones como, por ejemplo, tipos de música extrema como heavy metal, electrónica experimental o hardcore punk, siempre habrá elementos no asociados al rock, además del idioma mismo, que terminen integrándose al armazón convencional de cada banda, dependiendo del país de su procedencia: cumbia en Aterciopelados, rancheras en Café Tacuba, huayno en grupos peruanos.

Sin embargo, algo vital que hace del rock en castellano una categoría real, cimentada en décadas de diversidad y desarrollos musicales que fueron en paralelo al rock anglosajón, adaptándose y generando sus propias mitologías regionales, es que permite al público latinoamericano conectarse con la sensibilidad rebelde del rock a través de letras que somos todos capaces de entender, porque están en nuestro idioma. Aquí, algunos ejemplos.

Sui Generis – Pequeñas anécdotas de las Instituciones (Microfón Records/Sony Music Records, 1974)

En esta joya subestimada del rock argentino, Carlos Alberto García Moreno soltó guitarras acústicas y pianos para arremeter contra todo lo establecido, social, política y musicalmente, con un cargado arsenal de sintetizadores y teclados que trajo de Estados Unidos.

Aunque sus dos primeros discos -Vida (1972) y Confesiones de invierno (1973)-, ya contenían algunos cuestionamientos, en este tercero García puso la mira en las «instituciones»: matrimonio, gobierno, iglesia, ejército, productoras discográficas.

Esta movida fue desafiante y arriesgada. El productor del álbum, Jorge Álvarez, fue intermediario de serias amenazas que conminaron a Charly a cambiar la letra de varias canciones y hasta del título, que inicialmente era Instituciones, a secas.

Para transformar al dúo en un ensamble de rock sinfónico-progresivo capaz de interpretar sus nuevas ideas musicales, García y Mestre convocaron a los músicos David Lebón (guitarras), Rinaldo Rafanelli (bajo, guitarra) y Juan Rodríguez (batería).

Destacan Instituciones y sus profusos teclados, Música de fondo para cualquier fiesta animada y sus críticas al sistema judicial, o el instrumental Tema de Natalio, con la participación del violinista rosarino Jorge Pinchevsky, quien también participa en El tuerto y los ciegos.

En la línea acústica tenemos Para quién canto yo entonces, Juan Represión y Botas locas, estas dos últimas censuradas del vinilo original. Las denuncias siguen en El show de los muertos, Las increíbles aventuras del señor Tijeras y Tango en segunda, en que Charly García suena como Keith Emerson o Chick Corea.

Por otro lado, en Pequeñas delicias de la vida conyugal se siente la influencia que recibió de bandas italianas como Premiata Forneria Marconi o Banco del Mutuo Socorsso. Vocalmente, García y Mestre están sencillamente impecables.

Las ilustraciones de carátula pertenecen a Juan Gatti, colaborador de otros artistas como Manal, Pappo’s Blues y las bandas eternas de Spinetta (Almendra, Pescado Rabioso e Invisible).

Los Prisioneros – La voz de los 80 (EMI Music Records, 1984)

Las primeras canciones de este grupo tienen una gran virtud: son directas, crudas y puntiagudas, aplicables no solo a la realidad del Chile regentado por el dictador Augusto Pinochet, sino para otras sociedades latinoamericanas como la nuestra. Con este álbum debut, Los Prisioneros pusieron en el ojo público a la, hasta entonces, inexistente escena rockera de su país.

El trío, integrado por Jorge Gonzáles (voz, bajo), Claudio Narea (guitarra) y Miguel Tapia (voz, batería) marcó la historia del rock en español con sus canciones acerca de las juventudes estupidizadas (La voz de los 80, Brigada de negro), la hipocresía del comercio sexual (Sexo), y un par de reggaes de intención integradora pero no desde la óptica positiva e hipersensible de los trovadores folkloristas, sino poniendo los dedos combativos en aquellas llagas que (casi) nadie se atreve a tocar.

Latinoamérica es un pueblo al sur de los Estados Unidos se burla de los hispanohablantes que viven pendientes de culturas foráneas. Mientras tanto, No necesitamos banderas es un poco más oscura y rotunda, sobre la abolición de las fronteras que separan a nuestros países.

Hasta las canciones “de amor” como Eve-Evelyn y Paramar sorprenden con ese filo hosco y antisocial que declara no creer en ninguna convención, y menos en el amor, con sus mieles y sueños de opio que terminarán, inevitablemente, por hacer sufrir a los más sensibles.

Las rocanroleras ¿Quién mató a Marilyn? -cantada por el baterista- y Mentalidad televisiva son otros ataques a la cultura de masas. El disco comienza y termina con sus dos mejores canciones, La voz de los 80 y Nunca quedas mal con nadie, composiciones de Jorge Gonzáles que hoy suenan más apropiadas que nunca para describir el estado de cosas en nuestros entramados sociales. Lástima que, en el fondo, eso tampoco sirva de nada.

Mecano – Aidalai (BMG Records, 1991)

Hubo una época en que cada lanzamiento de Mecano era todo un acontecimiento en Hispanoamérica, Italia y Francia. Sin embargo, su última producción en estudio queda mal parada frente a las dos anteriores, Entre el cielo y el suelo (1986) y Descanso dominical (1988).

No están en cuestión las inteligentes letras de José María Cano –Naturaleza muerta, , Sentía– o los sofisticados quiebres de música electrónica de Ignacio Cano –El lago artificial, Dalai Lama, El uno, el dos y el tres– pero aun así, hay varias canciones que caen en una profunda cursilería como El fallo positivo -acerca del SIDA- o El 7 de septiembre -crónica de la separación de Nacho Cano y la escritora Coloma Fernández- de sonidos y versos demasiado melodramáticos.

Los hermanos Cano, en esencia muy buenos compositores, armaron en Aidalai un crisol de géneros diversos pero no en todos les queda bien el resultado. Por ejemplo, la rumba Una rosa es una rosa, intenta sonar desafiante y sensual pero no lo logra, a pesar de la cuidadosa producción y las excelentes guitarras flamencas del fondo, además de insistir en un recurso conocido: hacer cantar a Ana Torroja letras que han sido, evidentemente, escritas desde el punto de vista de un hombre.

O Bailando salsa que, aunque es creativa y hasta graciosa, no adapta aceptablemente del lenguaje salsero a su obvia vocación electrónica. Los vientos simulados por sintetizadores y los guapeos del final suenan bastante flojos, casi ridículos.

Los puntos más altos aparecen en cortes reflexivos como Naturaleza muerta y Tú o los buenos atisbos de pop orgánico de El peón del rey de negras y J.C. Escuchado en retrospectiva, este último álbum lanzado poco antes de anunciar su separación, una de las noticias más tristes para el tecnopop español, no fue una despedida del todo redonda.

El Tri – Simplemente (WEA International Records, 1984)

Después de quince vinilos como Three Souls In My Mind (1971-1983), el bajista y cantante Álex Lora decidió continuar con su rebelde rocanrol con algunos integrantes de la última etapa de aquel legendario combo mexicano.

Después de perder legalmente el nombre, Lora lo comprimió a El Tri, castellanización evidente de «Three». Y en 1984 apareció este disco, décimo sexto de su discografía completa y primero con la nueva denominación, bajo el título Simplemente. Álex Lora (voz y bajo), se juntó con los virtuosos Sergio Mancera (guitarras), Arturo Labastida (saxo), Rafael Salgado (armónica) y Mariano Soto (batería) y lanzó una poderosa declaración de principios rockeros.

Este disco, junto a Hecho en México (1985) y Niño sin amor (1986), conforman la trilogía seria de El Tri, antes de volverse una banda repetitiva con uno que otro chispazo de buen rocanrol. En esta formación El Tri convence con excelentes intermedios instrumentales que, aislados del vozarrón y lenguaje mexicano de Lora, podrían confundirse con los de cualquier banda de blues-rock norteamericano de los setenta.

Hay canciones como Vicioso, Metro Balderas o Triste canción que son ampliamente reconocidas, pero hay otras como Juanita o San Juanico que también merecen atención. Mientras que la primera es una alusión a las drogas, la segunda narra un hecho real: la tragedia de San Juan de Ixhuatepec (19 de noviembre de 1984).

El buen humor, constante en El Tri desde su prehistoria, se nota en «rolas» como Sópleme usted primero, Violencia, drogas y sexo o Agua mi niño (La Curva). La primera estrofa de Vicioso resume la filosofía de Álex Lora, cuyo poderoso aullido lo convierte en la versión latinoamericana de Brian Johnson (Ac/Dc) o Noddy Holder (Slade): «Quiero vivir entre notas musicales y quiero que me entierren a ritmo de rock». Muchos firmaríamos esa frase a ojos cerrados.

Héroes del Silencio – Senderos de Traición (EMI Records, 1990)

En toda la historia del rock de España no ha habido una banda capaz de ser tomada más en serio que este cuarteto de Zaragoza, por la potencia de sus canciones, su convincente presencia escénica y esa vocación de producir música influenciada por las ondas góticas ochenteras –The Cult, The Mission, The Cure- alejándose del lenguaje extremadamente localista de la movida madrileña o el punk vasco.

Aunque normalmente hablar de Héroes del Silencio es hablar del liderazgo de Enrique Bunbury, cuya poderosa voz aporta drama y personalidad a sus composiciones colectivas; es justo decir que el sonido del grupo tiene también relación con la particular habilidad del guitarrista Juan Valdivia para crear arpegios libres de influencia céltica y flamenca, con uso prominente de ecos y ligeras distorsiones sin afectar su técnica.

Mientras, Joaquín Cardiel (bajo) y Pedro Andreu (batería) hacen que las canciones sean cómodas para el oído común y corriente, algo que les permitió entrar a las radios a pesar de contar historias poco convencionales, surrealistas y algo oscuras. Títulos como Con nombre de guerra, Oración, Decadencia o El cuadro II, son claros ejemplos de ello.

El álbum fue producido por Phil Manzanera, famoso guitarrista ex integrante de Roxy Music, uno de los músicos británicos más interesados en el rock en español de esos años. El álbum, el segundo de larga duración de la banda, fue todo en éxito en España, Latinoamérica y algunos países no hispanohablantes como Portugal y Alemania.

Las canciones Entre dos tierras, Maldito duende y La carta son las más conocidas, con la primera de ellas convertida en el himno que definió su perfil y estética, siempre vestidos de negro y serios ante las cámaras, que resultó siendo uno de sus principales atractivos frente a un público ávido de expresiones realmente rockeras en nuestro idioma.

Sumo – Divididos por la felicidad (Sony Music Records, 1985)

El debut discográfico de Sumo fue una patada en la cara al carácter localista que siempre ha tenido la prolífica escena argentina, debido al perfil bizarro de su sonido -influenciado por el post-punk, el reggae y el dub británicos- y a que ocho de sus diez canciones están cantadas en inglés, aunque los títulos figuran en castellano en la edición original.

El nombre del grupo tiene dos lecturas: el adverbio sinónimo de «supremo», «superlativo» y el ancestral deporte japonés sugerido por la grafía que utilizan como logotipo. Divididos por la felicidad -título del álbum- es una mala traducción de “Joy Division”, nombre de una de las bandas favoritas del vocalista Luca Prodan, de quien se decía que era inglés, aunque en realidad había nacido en otro país europeo, Italia.

En general podríamos decir que es un disco de reggae, oscuro y saturado de ecos, atmósferas sórdidas y misteriosas, además de contener furibundos arrebatos de funk sucio y agresivo. Canciones como No acabes, Regtest, No duermas más, Reggae de paz y amor o Kaya se inscriben en el reggae-dub, con letras o más bien frases sueltas sobre amores truncos, vida nocturna, consumo de drogas y cosas así.

Mula plateada es un tema inclasificable, experimental, de ritmos africanizados y un solo de guitarra que recuerda a Adrian Belew. La voz de Luca, frontal y poco entrenada, parece estar siempre molesta con todo. Debede, Mejor no hablar de ciertas cosas y La rubia tarada son caóticas y notables. Divididos por la felicidad, el extraño tema-título, contiene incomprensibles letras en inglés y castellano en medio de una acompasada melodía de saxo, el instrumento dominante en casi todas las canciones.

Esta alineación de Sumo la formaron Luca Prodan (voz), Germán Daffunchio (guitarra, teclados), Roberto Pettinato (saxo), Alberto Troglio (batería), Diego Arnedo (bajo) y Ricardo Mollo (guitarra).

[OPINIÓN] Amar tu límite es una de las formas más acabadas de inteligencia emocional. Consiste en saber hasta dónde puedes llegar sin hacerte daño, sin dañar a otros y sin perder la noción de lo correcto. Quien conoce su capacidad —física, moral o emocional— y la respeta, vive en equilibrio. Pero hay un tipo de persona para quien esa frontera no existe: el psicópata.

El psicópata está convencido de que tiene la razón y de que los demás son simples obstáculos a su voluntad. No siente empatía, no reconoce el dolor ajeno y no entiende el valor de lo que no le pertenece. Para él, los demás son piezas desechables en su tablero. Actúa así con las personas, con el poder y con el dinero.

Un psicópata no necesariamente mata; a veces simplemente engaña o destruye, sin rastro de culpa. Padece un trastorno antisocial de la personalidad (TAP), caracterizado por su incapacidad para respetar normas sociales, su facilidad para mentir, manipular y su frialdad ante el necesidad ni el sufrimiento ajeno. Y aunque parezca una definición clínica, basta mirar alrededor para reconocerlos: los hay en la política, en los negocios, en las instituciones y hasta en los cargos públicos.

Y claro, el psicópata no solo manipula: también invierte —y bastante— en hacerlo. No le tiembla la mano para gastar dinero en convencer a la gente; para alquilar conciencias o adquirir líneas editoriales completas. Se rodea de operadores sumisos e “influencers”,  expertos en justificar lo injustificable. Es, al final, un negocio redondo: él compra la mentira y el público la aplaude.

Amar tu límite, en cambio, es una forma de salud mental. Es lo que impide que alguien se lance del quinto piso sabiendo que va a morir. Es lo que evita que un funcionario gaste dinero público en proyectos inútiles o que una autoridad inaugure una avenida a medio hacer solo para colgar su nombre en una placa. Pero el psicópata no ama su límite; lo desprecia. Porque cree que el límite es para los débiles, y que el poder lo justifica todo.

Hoy vemos en todas partes ejemplos vivos de esa psicopatía: tráfico infernal, vacunas inservibles, trenes fantasmas o calles que se desangran entre la inseguridad y el caos, mientras algún individuo- y los hay hasta prontuariados- manipula a los ingenuos para que lo vean como “la opción” en cualquier  próxima elección.

Y lo más triste no es el psicópata en sí, sino los incautos, ignorantes e idiotas que lo aplauden con los pies. Porque sin ellos, su poder no existiría.

Al final, gracias a Dios, nos queda la familia, los hijos y los nietos —que un psicópata, o no tiene, o no le importan— para recordarnos que todavía hay esperanza. Que se puede vivir amando el límite, respetando al prójimo y, sobre todo, evitando convertirse en eso: un idiota funcional al servicio del psicópata de turno.

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