Opinión

Absurda y estéril la campaña de los grandes medios por tratar de sacar provecho político al ataque narcoterrorista en el VRAEM buscando de afectar la candidatura de Pedro Castillo, dadas sus probadas vinculaciones pasadas y presentes con sectores del Movadef.

La narrativa “Perú versus el comunismo” ya se agotó. Surtió efecto al inicio de la campaña porque fue una ecuación la suficientemente potente para competir con la de “pobres versus ricos” de Castillo -que parecía invencible-, pero el objetivo de reconquistar a la derecha ya está prácticamente cumplido (aunque según la última encuesta de IEP aún hay un 24% de personas que se autoidentifican de derecha que piensan votar por Castillo) y no es allí donde se debe librar la gran batalla electoral de acá al día de las elecciones.

La derecha representada en esta contienda por su peor candidata, como es Keiko Fujimori, tiene que invocar al cambio del país. La narrativa “salud, comida y trabajo” que estrenó Fuerza Popular en el debate técnico es la pauta a seguir. La mayoría de la gente quiere cambios al modelo e identifica como tales a aquellos vinculados a seguridad, salud, educación y empleo.

Acierta el lema de campaña. pero no vemos traducido ese mensaje en las presentaciones mediáticas o políticas de la candidata Keiko Fujimori. Tampoco en la campaña publicitaria que recién se ha estrenado y que insiste en los programas sociales como medio de conquistar al D y E, sin percatarse del voto furioso contra el statu quo que existe en estos sectores, con más razón que sinrazón (la pandemia ha sido apocalíptica para ellos y les ha demostrado, sin necesidad de palabras, que el Estado-modelo no les ha funcionado para nada).

Si Keiko logra hacer el match con los sectores populares y dentro de ellos con los indecisos que desconfían de ella (¿por qué el mea culpa se limita a una portada de un diario capitalino y no lo vemos en medios masivos y más reiterado?), podrá lograr que ese mensaje antiestablishment sea creíble y cale, y de esa manera la permita remontar la diferencia que le ha sacado Pedro Castillo (quien con su radicalidad le ha dejado libre el camino del centro a Keiko).

Tiempo tiene aún para hacerlo. En las últimas dos semanas PPK y Ollanta crecieron ocho puntos cada uno de ellos en las campañas del 2011 y el 2016. La pelota está en la cancha de Keiko. Si no rectifica rápido, va perdida.

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Elecciones 2021, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

El debate técnico del domingo fue ganado por Fuerza Popular en líneas generales. No fue una goleada, pero en los rubros importantes marcó la diferencia, especialmente en el tema económico (¡qué broncas debe haber al interior de Perú Libre que no permitieron la participación de los economistas de Juntos por el Perú, Oscar Dancourt, Pedro Francke o Alan Fairlie, que de hecho hubieran desempeñado un mejor papel que un deslucido Juan Pari, apabullado por Luis Carranza).

Patricia Juárez perdió con Dina Boluarte (ésta la llevó al terreno político y la vocera de Fuerza Popular no supo cómo responder); José Recoba fue más claro que Hernando Zevallos, pero podemos suponer un empate en este segmento; Fernando Rospigliosi apabulló a Avelino Guillén; Carlos Bruce tuvo más oficio que Andrés Alencastre; y, finalmente, si bien Nano Guerra García estuvo poco inspirado, le ganó por walk over a Celeste Rosas, quien nunca entendió de qué trataba este debate.

Fue, como se esperaba, más un debate político que técnico. Y en esa medida habrá que ponderar su impacto en la campaña electoral. El leve triunfo de Fuerza Popular puede ayudar a revertir la diferencia que le ha sacado Castillo a Keiko Fujimori en las últimas encuestas.

Fue visto masivamente. Han sido como 33 puntos sumando todos los canales de señal abierta. Actualizando valores, 1 punto = 25,000 familias (que representan 3.5 personas por cada una): igual 2’887,500 ciudadanos. A ello hay que sumarle los canales de cable, las radios nacionales (RPP y Exitosa), las radios regionales (que son líderes en sus respectivas localidades) y todos los portales digitales que lo transmitieron.

En total deben haber sido alrededor de cinco millones los espectadores, más que los que vieron el de Chota, el cual marcó un punto de inflexión en la campaña y le permitió remontar la gran diferencia inicial que Castillo le llevaba a Keiko Fujimori.

Pero sin duda, la gran definición va a ser el próximo domingo en el debate presidencial. Allí la audiencia seguramente se duplicará y considerando la estrecha diferencia que existe entre los candidatos, puede ser el factor decisivo para marcar la tendencia final en la última semana. Ya en otras elecciones, los debates inclinaron la balanza a favor de un candidato en desmedro del otro. Esta vez, probablemente no sea la excepción.

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Debate, Elecciones 2021, Perú

Como si la democracia tuviera un precio, cada cinco años el terrorista nos cobra la sangre de más peruanos, incluso de niños.

En el 2011, un día antes de la segunda vuelta electoral, una emboscada subversiva apagó el futuro de cinco militares. Ellos fueron atacados cuando se dirigían en su patrulla a custodiar el regular desarrollo de las elecciones en una zona peligrosa del Cusco. La noticia dio la vuelta al mundo como la masacre de este lunes.

En el 2016 los hechos simplemente se repitieron. Esta vez, diez muertos. Fue otra emboscada de Sendero Luminoso. También era víspera de la elección presidencial. Los delincuentes terroristas dispararon contra un convoy de tres vehículos que llevaba material electoral a una comunidad de Junín, en el centro del país. De las diez víctimas, ocho eran militares y dos eran civiles, los conductores. Dos años antes, en el Valle de los ríos Apurímac y Ene, previo a las elecciones regionales y municipales, en el 2014, 28 policías que daban seguridad a ánforas y cédulas de sufragio, interceptados por Sendero, fueron también recibidos a balazos.

Son hechos atroces, pero predecibles. Poco o nada valen los lamentos y los mensajes de condolencias presidenciales, los rostros compungidos de quienes ejercen el poder desde un sillón en Palacio de Gobierno. Más acción, menos discursos de duelo. Ir y acabar con el terrorismo de una vez por todas para que nadie más sufra el impacto de una dinamita. Esa es tarea pendiente del próximo gobierno que espero sea de Keiko Fujimori.

Pero a parte de poner en evidencia la tarea que debe atenderse en el siguiente quinquenio, lo que hoy me lleva a escribir sobre este hecho miserable, es que, al ser este último atentado parte parte de un patrón de actividades terroristas siempre a vísperas de unas elecciones desde el 2011, existan individuos como Lucía Alvites, vocera de la agrupación política de izquierda derrotada en las urnas Juntos por el Perú, que, sin tapujos, vociferen que todo se trata de un «psicosocial», que es parte de la campaña del adversario para ganar la contienda electoral. Claro, no es la única de ese partido que piensa así: Verónika Mendoza, la gran perdedora de la primera vuelta también mira a los 18 muertos y, sin afectarse, piensa en Fujimori.

Otro personaje de izquierda, el virtual congresista electo del Partido Morado, Ed Málaga-Trillo, llama «confuso incidente» al ataque perpetrado por terroristas de Sendero Luminoso. Le cuesta mucho hablar claro.

Lo que no quieren reconocer es que los terroristas detestan el orden social y la estabilidad política, y que por eso estas fechas son sus preferidas. Los terroristas que se resisten a desaparecer quieren convertir cada jornada electoral en su Año Nuevo senderista. Salen a quemar peruanos como quien quema muñecos de trapo en Nochevieja. Quieren hacerlo cada cinco años como cábala de terror. ¿Lo vamos a seguir permitiendo? ¡Terrorismo nunca más! Si callo o barajo mis palabras me convierto en cómplice. Lo que no seré jamás.

«Limpiar al Vraem y al Perú de antros de mal vivir y de parásitos», dicen las proclamas de los senderistas. Pues hay que empezar por ellos.

Que los 18 peruanos masacrados anoche sean los últimos en sufrir el odio de Sendero Luminoso.

25 DE MAYO DEL 2021 

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Izquierda, Perú, VRAEM

Este nublado y frío sábado tuvo interesantes exhibiciones en el Hipódromo de Monterrico. La gélida atmósfera, pues, no fue impedimento para que las carreras se desarrollen con atractivo y emociones. Especialmente los cuatro clásicos que se disputaron a lo largo de la tarde, donde el papel estelar lo asumieron los juveniles del Coloso de Surco. No decepcionaron los nacidos en el 2018 en las pruebas jerárquicas, pues mostraron participaciones destacadas y nombres que perfilan con un formidable futuro. Tomando en cuenta la trayectoria de caballos que fueron protagonistas en estos cotejos en pasadas ediciones, no sería exagerado sugerir que nos encontramos frente al surgimiento de importantes representantes de la hípica peruana. 

No fue una sorpresa la victoria de Rosamunde en el Libertador José de San Martín (L), la primera prueba clásica de la tarde. Y es que, como señaló el periodista Camilo Henríquez, el césped y la distancia -1500 metros-, por los antecedentes triunfales de su madre, le presagiaban un favorable desenlace a la potranca del stud Paracas. En los estribos, Erick Arévalo supo regular los tiempos con criterio y, tras llevarla colocada durante el desarrollo, en el momento preciso, la exigió para que imponga condiciones con una sólida atropellada. Con este desempeño, la pupila de Juan Suárez, , por las palabras de su jinete tras la carrera -“al final se empezó a ir, y eso es lo bueno”– parece haber encontrado un margen de crecimiento en el césped y las distancias largas. 

Al igual que en el fútbol, un doblete no es sino manifestación de una jornada que, por decir lo menos, puede ser calificada como notable. Más aún, cuando hablamos del rigor que implica una disputa clásica. Primero en el Augusto Mostajo y Barrera (L) y, posteriormente, en el Luis Olaechea Du Bois (L), el stud y haras Myrna, en ambas bajo la conducción de Carlos Trujillo, lo logró sin mayores problemas. Con la potranca Maia, indicó el experimentado jockey, “era visto que tenía que seguir viniendo a la favorita”, por lo que se mantuvo durante la mayor parte del lance a una prudente proximidad de Admirable, que tenía planeado llevárselo de un solo viaje. La ejecución del plan le resultó, pues restando trescientos metros, el remate fue lo bastante potente como para hacerse de la vanguardia y establecer su victoria con cuatro cuerpos de ventaja.

Asimismo, en buen estado presentó Jorge Salas a Milan Boy (Breeders) para que, con comodidad, logrará la replicación triunfal para los suyos. A pesar de que hasta el cierre de la curva Súper Nao y Alta Gama asomaban y entretenían el lance, en la recta final el pupilo del Myrna no hizo sino mostrar su superioridad y, sin grandes exigencias, escapar de forma definitiva para adjudicarse la corona del Luis Olaechea Du Bois (L). Marcando un tiempo similar al de Maia, se evidenció jerarquía en el accionar de este castaño que había fracasado en su última presentación en el Mario Manzur Chamy (L). No de casualidad, el propio Trujillo en una entrevista al portal Todos Dentro del Partidor, indicó que cada carrera lo nota mejor y eso lo hace ilusionarse con la sólida proyección que le visualiza. 

Y, en la última de las pruebas clásicas, Grand Prix respondió a la confianza de los catedráticos y mantuvo el invicto con la conducción del jinete líder en las estadísticas, Martín Chuan. En la pista de césped, el hijo de Cyrus Alexander y Sweet Siena corrió de escolta hasta que, en tierra derecha, exponiendo resto y remate, se encaminó decididamente al disco triunfal y neutralizó la arremetida final de The Best Rimouth. El defensor del stud Black Label ya destaca entre su generación. 

Así pues, en balance, el césped fue para los pupilos de Juan Suárez. Por su parte, en la arena, todo fue satisfacción para el Stud & Haras Myrna, que cosechó un contundente doblete. No representa un dato menor que, en el 2018, se llevarán los mismos clásicos con Keaton y Cometa, respectivamente. Signo más que claro de la continuidad del buen trabajo que, desde sus inicios allá por fines de la década de 1980, ha caracterizado a esta caballeriza de la hípica peruana. 

Por último, me gustaría cerrar esta columna saludando, en su día -23 de mayo-, a todos los trabajadores del turf. Su dedicada y singular labor cotidiana, que pocas veces ha sido objeto de los reflectores mediáticos y ha quedado por lo general invisibilizada, mantiene con vida a este tradicional deporte que, a pesar del crítico contexto, permanece vigente y  en búsqueda de recuperar el interés de la afición. 

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Deporte, Hípica, Turf

Según la última encuesta de Ipsos, en simulacro de votación, Castillo crece de 43.6% a 45%. Keiko cae de 41.7% a 40.7%. Un ligero aumento de la diferencia. Le llevaba 1.9 en la penúltima encuesta, ahora le lleva 4.3. En términos reales, casi podemos hablar de un empate técnico.

Donde más crece Castillo es en Interior urbano (4.6), Norte (5), Centro (5.4) y oriente (6.2). Keiko donde más cae es en Interior urbano (3.2) y Centro (9.5). Cae en todo, en verdad, menos en Lima metropolitana, que sube 2.3.

Datos relevantes: En Lima, Keiko le llevaba 26.5, ahora le lleva 31.5. En el interior, Castillo le llevaba 16.8, ahora 23.2. En interior urbano, le llevaba 8.9, ahora 16.7. En interior rural, le llevaba 34.7, ahora 38.1.

En el norte, Keiko ganaba por 1.2, ahora gana Castillo por 4.9. En el centro, Castillo ganaba por 20.8, ahora por 36.7. En el sur, Castillo le llevaba 40.2, ahora 40.8 (casi no se ha movido). En el oriente, Castillo le llevaba 11 puntos, ahora 19.6.

Si uno recuerda las elecciones del 2011 y el 2016, verá que, según el propio Ipsos, en la encuesta de la tercera semana de mayo de tales años, Keiko ganaba por 4 puntos a Ollanta Humala y por tres puntos a Kuczynski y al final terminó perdiendo.

Keiko ha cambiado de narrativa. Creo que se demoró en hacerlo. “El Perú versus el comunismo” le sirvió para reconquistar el voto derechista (a pesar de que aún no ha sido conquistado a plenitud), pero su tarea esencial era sintonizar con los sectores populares, cuyo ánimo hay que entenderlo en función del apocalipsis social por el que han pasado producto de la pandemia. A ellos hay que ofrecerles un cambio y esa narrativa recién la ha estrenado Keiko.

Anoche en el debate -que considero que ganó el equipo de Fuerza Popular-, y luego en sendas entrevistas, Fuerza Popular ha empezado a hablar de cambios en salud, educación, programas sociales, etc., que deberían contribuir a asentar ese mensaje de cambios en el modelo en los sectores D y E castillistas y, sobre todo, en los indecisos.

El partido todavía no ha terminado y no es hora para triunfalismos tan exaltados como los que hemos visto en estos días por parte de algunos seguidores de Perú Libre. Tampoco es hora para la resignación de parte de los keikistas. En dos semanas se puede voltear un partido que las encuestadoras más serias arrojan con una diferencia dentro del margen de error.

Ha pasado una nueva semana y han aparecido nuevas encuestas. Las tres principales empresas, Datum, Ipsos e IEP coinciden en el pare de la tendencia que ponía estancado a Castillo y una subida lenta de Fujimori. Esta última semana las cosas se dan vuelta y la distancia se amplía en lugar de seguir reduciéndose. De 5 a 10 puntos.

Como siempre hemos manifestado en este espacio, la guerra por el norte y el NSE C son particularmente relevantes. En ambos segmentos y de manera consistente en las compañías de encuestas, Castillo saca ventaja y así asegura un primer lugar destacado a 14 días de la elección. Cada vez será más complejo para Fujimori darle vuelta.

Discutir más de las cifras de intención de voto, cuando incluso JC Tafur ya lo hizo en su columna acá en Sudaca es entonces una tarea ya realizada. Vamos a discutir algunos elementos que más bien van a ayudar a entender qué pasó que esta semana la foto cambiara de esta forma.

 

“Amor filial”

Un 70% de la población considera que la supuestamente espontánea y honesta reunión de los hermanos Fujimori en el mitin de Santa Mónica fue un truco de campaña. No es poca cosa. Abrazos, lágrimas, impulso, se perciben falsos. La relación de los dos hermanos mágicamente recompuesta para la campaña se interpreta de una manera engañosa. Sabemos la importancia que la familia tiene en los valores y la intención de los peruanos. Son el motor y las aspiraciones para casi todo. La percepción de instrumentalización de estas relaciones, de falsear una reconciliación, de imponerla, puede ser muy chocante para la opinión pública. La historia entre los hermanos Fujimori es -por decir lo menos- espinosa como para que mágicamente se hayan levantado los roces y se crea que la relación hoy es armoniosa. Se percibe que ha sido un juego burdo y esa valoración ha podido influir de manera importante para que haya algunos puntos perdidos de Fujimori

 

Pedro no se corrió

Si un 40% de entrevistados de Datum -equivalentes con la intención de voto que saca Fujimori- considera que Castillo se corrió del debate de Santa Mónica, un 45% sostiene que no lo hizo y que estaba atendiendo temas de su campaña. Tanta historia generada alrededor de esto, para que al final esa percepción no haya avanzado más allá de sus propios votantes. La percepción de que Fujimori le está marcando la agenda a Castillo se queda corta y también puede frenar su consideración ciudadana.

 

Reminiscencias del pasado

Es claro (79%) que se percibe que hay un cargamontón de la prensa contra Castillo que no le hace ningún favor a la candidata Fujimori. En un contexto en el que se reclaman -justamente- las agresiones físicas a la prensa, este cargamontón atenúa la gravedad de ese hecho y genera una imagen de David contra Goliat que puede también darle contrapesos en la intención de voto a Castillo. No se entiende cómo no se genera una muestra de equilibrio que no haga que un candidato se vea como víctima de un acoso mediático. Las explicaciones y las acciones deberían pensar más en los efectos que generan. Los candidatos que reciben el cargamontón de todos suelen tener beneficio de la opinión pública desde 1990 en este país.

 

Las razones del voto

Las razones que explican el voto son otro espacio que hace crecer a Castillo frente a Fujimori. ¿Por qué? Porque en el caso del candidato de Perú Libre se trata más de una característica intrínseca: el 47% considera que votará por él porque “ofrece el cambio que el país necesita” y un 14% “se preocupará por los que menos tienen”. Un 29% solamente lo hace por oposición: porque no quiere que el fujimorismo llegue al poder. Por el contrario, en las razones de voto para Fujimori, el 55% no lo hace por ella, sino por evitar que la izquierda llegue al poder. No por ella o su programa, sino porque no se elija la otra opción. Esa falta de identificación con algo orgánico es contraproducente.

 

El antifujimorismo como Ave Fénix

Han despertado a un gigante dormido. Carlos Meléndez ha planteado desde hace varios años que el antifujimorismo es el partido político con mayor identidad y más importante de este país. Estaba dormido. Se le ha despertado. Declaraciones de Fujimori sobre esterilizaciones forzadas, la comentada percepción de que la unidad de los hermanos es falsa, la “búsqueda” de Cerrón, entre tantos gestos, han movilizado a la organización que contribuyó en las elecciones pasadas a dar la vuelta a la tendencia electoral. Hoy han vuelto al ruedo. Una marcha importante el sábado a nivel nacional y probablemente una más antes de la elección va a evidenciar más el recuerdo negativo de Fujimori

 

Hasta allí el recuento de lo que puede haber influido en el cambio de tendencias. ¿Ello quiere decir que Castillo tuvo su semana perfecta? Para nada. Seguimos en medio de una campaña mediocre, sin ideas, sin confianza, sin -para este columnista- entusiasmo alguno. Llevar al veterinario Fernández, las agresiones a la prensa, las idas y vueltas en casi todo lo que haga, es bastante problemático. Pero parece que sus baños diarios los hace en teflón. O realmente no conocemos nada (tarea pendiente para todos los analistas) o realmente el antifujimorismo es de una fortaleza poco usual en nuestro país.

El resumen es claro entonces. Fujimori pierde el paso esta semana. Y las razones por las que intentamos entender esta caída se sitúan más en la progresiva pérdida de confianza que Fujimori está generando en la población, que no cree en sus acciones de campaña. En elementos más emocionales que pueden tener su origen en la falta de propuestas conocidas o identificadas de parte de los dos candidatos.

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Elecciones 2021, Perú, Voto

Según la última encuesta del IEP, la diferencia a favor de Castillo se acrecienta. En la anterior medición, le llevaba 6.9 puntos, ahora la brecha se ha ampliado a 10.4 puntos.

Lo llamativo es que ambos candidatos suben en casi todos los segmentos (salvo la caída de Castillo en el oriente y la de Keiko en el Perú rural). La clave está, al parecer, en la reducción de los indecisos: los blancos/nulos se reducen de 23.6% en la anterior medición a 12.8% en la actual, y ese margen lo habría cosechado con creces el candidato de Perú Libre, consonantemente con el aumento simultáneo de los antivotos. Castillo pasa del 35 al 37% de gente que definitivamente no votaría por él y Keiko trepa de 47 a 50%.

Donde más crece Castillo es en el sector rural (13.2 puntos), norte (10.2), sur (12.9) y D/E (10.7). La candidata de Fuerza Popular, por su parte, lo hace en Lima metropolitana (7.4), Perú urbano (8), centro (13.7) y también en el D/E (5.7).

Castillo le llevaba en el norte 8.3 puntos, ahora la supera a Keiko por 18 puntos. En el sur la diferencia era de 29.7 puntos, ahora es de 42.2; en el sector C se distanciaban por 3.1 puntos, ahora por 9.2; en el D/E le llevaba 19.4, ahora 24.4. Solo en el centro se ha reducido de 19.9 a 14.9 y en el Perú urbano, de 13.8 a 11.2 (sin contar Lima metropolitana o el A/B, únicos segmentos donde gana Keiko).

Estaría funcionando la estrategia estilo Frepap que Castillo desplegó en la primera vuelta (mítines relámpago, trabajo en redes sociales y evitamiento de la prensa tradicional) y ha reiterado en la segunda. Keiko, por su parte, no logra enganchar un discurso antisistema con su defensa del modelo (la mayoría de gente quiere cambios en el modelo, aun los que quieren mantenerlo).

Por cierto, es impresionante el voto duro castillista, refractario a cualquier contracampaña. No hay denuncia que lo toque ni error que lo afecte. Tiene un teflón de titanio. En esa línea, si se le quiere ganar la elección, ello, al parecer, no pasa por atacarlo o golpear sus flancos débiles sino, más bien, por enfilar las baterías hacia el bolsón de indecisos o dudosos que todavía no se inclinan por uno u otra.

Todavía no está definida la elección. En el 2010 y en el 2016, a estas mismas alturas de la contienda Keiko le ganaba la elección a Ollanta y Kuczynski respectivamente, con relativa holgura, y al final los resultados le fueron adversos. Pero hay tarea por hacer. Y mucha, para las dos semanas que restan, donde hay dos debates cruciales en el medio (hoy el de equipos técnicos y el próximo domingo el definitorio entre ambos candidatos).

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Elecciones 2021, Encuestas, Perú

La verdad, ya estoy un poco harta. Con motivo de mi columna de la semana pasada sobre “Castillo y la cultura” se me han venido encima personas que conozco y que pensaba que mantendrían al menos un mínimo de respeto a la hora de tratar de rebatirme. No digamos ya los desconocidos que han enfilado armas para llamarme de todo, desde terruca hasta ingenua. ¿Y por qué? Simplemente por expresar mi opinión, ni más ni menos. Y no se trata de algo nuevo. Mi apoyo al profesor Pedro Castillo es conocido desde hace un buen tiempo, incluso antes de la primera vuelta.

Tampoco es un secreto que soy de izquierda, pero no de esa izquierda que votó apasionada por Verónika Mendoza y que ahora se pone la camiseta del lápiz entusiastamente. Bien por ellos, pues han entendido que las luchas del pueblo deben estar por encima de partidarismos y que hay que apoyar la unidad. Sin embargo, esto no significa que ni ellos ni yo aceptemos incondicionalmente todo lo que diga el profesor Castillo. La crítica constructiva debe tener su lugar bajo cualquier régimen político y debe buscar ampliar los horizontes para que todos, mujeres y minorías sexuales, no vean menoscabados sus derechos.

Por eso, volviendo a lo principal, quiero decir que la reacción de aquellos que apoyan a la candidata Keiko Fujimori ha sido y sigue siendo penosa. El grado de agresividad, inquina y bajeza humana entre quienes se supone cultos y educados me ha revelado los niveles a los que puede hacer llegar el pánico a algunas personas.

Ese miedo sembrado por la mayoría de medios de comunicación, augurando una noche sombría de comunismo, pobreza y destrucción de la democracia si sube el profesor Castillo al poder ya llega a niveles francamente irracionales. Es un miedo surgido también del temor a perder los privilegios que algunos sectores han ampliado o adquirido durante estas tres décadas de neoliberalismo peruano. Por encima de ello, es un temor a que la república criolla fundada en 1821 se convierta en una república mestiza con fuerte raigambre indígena. Y ahí el racismo consuetunidario de muchos limeños y algunos sectores de provincia juega un papel fundamental.

El pánico de esos sectores lleva a justificar los crímenes probados del clan de los Fujimori, hasta el punto de hacer aparecer como aceptable para la democracia a personajes que sabemos a ciencia cierta no tienen vocación democrática, sino que usan la democracia para provecho propio y para afianzar un modelo autoritario. ¿O creen sus partidarios que los crímenes de los años 90, con sus secuestros, asesinatos de periodistas, esterilizaciones forzadas, robos, sobornos, las ansias de perpetuarse en el poder y otras joyitas del fujimorato no se van a repetir si sube la candidata Fujimori?

Por otro lado, para neutralizar ese pánico que causa la candidatura del profesor Castillo y su eventual triunfo hay que desmitificar el fantasma del comunismo. Cualquiera que examine su plan político sabrá que se trata de un modelo de capitalismo con mayor control del estado sobre los recursos naturales y una agenda de industrialización. De ahí al comunismo hay un largo trecho.

Y no hay nada verdaderamente radical en eso. De lo que se trata es de redirigir el modelo económico hacia un estado de bienestar renegociando los términos de las ganancias estatales frente a la inversión para implementar políticas de salud y educación que incluyan a los grandes sectores olvidados. Es una simple cuestión de inversión a largo plazo. El futuro del país requiere que nuestros niños y adolescentes reciban mejores oportunidades.

Si eso les causa pánico a algunas personas, mejor tomen su valeriana.

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Elecciones 2021, Izquierda, Pedro Castillo

A mí me parecía claro que el ascenso de Keiko Fujimori en las encuestas iba a frenarse y revertirse, y que los números de las estadísticas iban a retomar una ventaja, más o menos holgada, en favor de Pedro Castillo. Fueron varios los motivos de mi razonamiento:

El primero es que entendí la arrolladora campaña contra Castillo y en favor de Fujimori como una ofensiva militar que me recordó bastante la estrategia de las trincheras de la Primera Guerra Mundial. En ella, las ofensivas podían durar meses pero finalmente se agotaban y daban lugar a la contraofensiva del contrario. En realidad, se trataba de ataques bastante inútiles. Las trincheras demostraron ser, para la época, una tecnología defensiva casi inexpugnable. El atacante, en su despliegue, apenas lograba avanzar unos metros sobre el frente enemigo y luego debía soportar su contrataque.

En nuestro caso, se ha atacado tanto, y de manera tan artera y sistemática a Pedro Castillo, que ya no hay mucho más que agregar que no suene a perogrullada. A esto se suma el tufillo clasista de la embestida que, llegado a un punto, lo que está motivando es la solidaridad de importantes sectores de la población, principalmente D y E, con un hombre que, no lo olvidemos, es visto como representante de los sectores populares, como un maestro de escuela rural pública. Un meme muy difundido pregunta peyorativamente ¿le entregarías la educación de tu hijo a un hombre como Pedro Castillo?, lo que ignoran los autores y difusores de ese meme es que la mayoría de profesores y profesoras de nuestras escuelas rurales son como Pedro Castillo, o son Pedro Castillo, y es allí donde se manifiesta, una vez más, nuestro secular desentendimiento.

Por otro lado, el fin de semana pasado, la actuación de los candidatos me pareció clave para motivar un cambio en las tendencias electorales. Vi a Keiko Fujimori solitaria en Santa Mónica, como coqueteando con el futuro, y a Pedro Castillo, medio triunfal, atravesando las calles de la Victoria, en olor a multitud; y vi algo más: las masas que acompañan a Castillo son masas convencidas, militantes de un instante, de la situación, de su oposición ocasional a los poderes fácticos, pero militantes al fin y al cabo, y en tanto que tales poseedoras de la voluntad de convencer a sus pares con mejores argumentos que el terror a que el profesor Tacabambino se metamorfosee en Abimael Guzmán si llega a Palacio.

Asimismo, la presentación de los equipos técnicos debe estar, en estos momentos, jugando un rol importante en todos aquellos, que militantes de la primera fuerza política del Perú (el antifujimorismo), conservadoramente no se animaban a apoyar al profesor Castillo, al verlo rodeado de esos hombres de camisa blanca y cuello rojo, encabezados por el inefable Vladimir Cerrón. Pero ahora están Modesto Montoya, Anahí Durand, Avelino Guillén, Juan Pari, Pedro Francke, la sorprendente Dina Boluarte y otros técnicos de primer nivel. Se trata de un equipo en el que, además, la apuesta por la ciencia y la educación se destaca nítidamente.

Finalmente, ayer marchó y se activó el antifujimorismo, que es el factor que debía presentarse tarde o temprano. Las manifestaciones han sido multitudinarias y es posible que terminen por decantar a la juventud que sacó a Merino de Palacio, en favor del profesor del lapicito. De alguna manera, los espíritus de Inti y de Brian se unen a la causa y poco podrá hacer Keiko Fujimori, en el tiempo que le queda, para convencernos de lo que tendría que convencernos: de que no es Keiko Fujimori.

El Perú no es la caja de pandora, es aún más enigmático, pero así como van las cosas, la suerte parece estar tan echada como lo estuvo al día siguiente de la primera vuelta del 11 de abril, cuando nada nos hacía pensar que Pedro Castillo pudiese perderse en su ruta hacia Palacio de Gobierno. La ofensiva de los poderes fácticos ha sido demoledora, pero su poder destructivo ya no es el de hace unas semanas. Tras su devastador bombardeo, las fuerzas del profesor comienzan a avanzar de nuevo.

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Elecciones 2021, Keiko Fujimori, Pedro Castillo
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