Opinión

La cuasi aceptación de la colaboración eficaz de Karelim López señalando que habría entregado dinero, a través de Bruno Pacheco, exsecretario de Palacio, al propio presidente Castillo a cambio de favoritismo en obras públicas, roza los términos suficientes para resucitar, esta vez con mayor fundamento, la posibilidad de una vacancia presidencial.

Karelim López, visitante de Palacio y del pasaje Sarratea en Breña, concurrió entre el 29 de noviembre y el 2 de diciembre, según revela IDL Reporteros, a la oficina del procurador anticorrupción Javier Pacheco y luego a la de la fiscal anticorrupción Karla Zecenarro, con el objetivo de ofrecer su colaboración eficaz.

La misma le fue negada porque Karelim López no aceptó, en principio -requisito legal para acogerse a dicha figura-, admitir culpa en el delito investigado y “luego, revelar, con pruebas, otras ilegalidades que pudieran servir para contrapesar la responsabilidad confesada”. Puntualmente, se le pedía que reconociese haber cometido tráfico de influencias sen el caso del puente Tarata, obra adjudicada, como aparente intercambio de favores.

Está en la cuerda floja nuevamente el Primer Mandatario. Bastará que López, reconvenida por su abogado, acepte lo solicitado por la fiscal y aporte más pruebas, que certifiquen la relativa veracidad de sus dichos, o indicios suficientes de que el tema alcanza al Presidente, y la vacancia volverá a estar en ristre.

Y dado ese caso, esta vez será difícil que los partidos que lo protegieron en la última oportunidad que se votó por la vacancia -particularmente Acción Popular y Alianza para el Progreso-, se sumen al tándem oficialista de protección.

La interpretación más estricta de la incapacidad moral permanente -que fue la esgrimida por el magistrado del Tribunal Constitucional, Eloy Espinoza en su oportunidad-, hablaba de ella como de una minusvalía psíquica, mental, que incapacitase al mandatario para gobernar. La interpretación de Marianella Ledesma y Carlos Ramos -quienes junto con Espinoza, votaron por precisar el tema- era que aludía al incumplimiento de ciertas condiciones morales para ejercer el gobierno.

Ajustada a esta segunda interpretación, más sensata, si se prueba que Castillo, a los pocos días de llegar a Palacio, recibió una coima para facilitar el acceso a obras públicas de una “oferente”, califica de lleno en el rango de incapacidad moral permanente. Por cierto, ¿a esa “chanchita” se habrá referido Castillo cuando, asustado, la mencionó, casi autoinculpándose, aludiendo al contenido de los audios que él temía que saliesen en un programa dominical? Queda claro, una vez más, que el principal promotor de su vacancia es el propio Presidente de la República.

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A unos días de la acción mundial por la eliminación de la violencia contra la mujer, dos mujeres peruanas acapararon las redes sociales por razones opuestas: Susana Higuchi, quien recibió un homenaje popular a su fallecimiento y Milagros Leiva, quien fue la burla colectiva por caer ridículamente en su propia trampa. Dos situaciones que expresan, de alguna manera, cómo funciona el patriarcado y sus complejidades. 

El patriarcado es un sistema sociopolítico que nos enseña desde que nacemos a obedecer a una autoridad y jerarquía en el hogar, a guardar silencio cuando hay violencia en casa y ser fieles a los “secretos” de los hombres. De esa manera se va creando una lealtad a esa “autoridad”. Al denunciar la corrupción fujimorista, Susana Higuchi rompe con esa lealtad y obediencia patriarcal. Como castigo es perseguida y torturada en las instalaciones del SIN por orden de A. Fujimori, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia contra la dictadura en los 90s, mientras su hija Keiko se coloca al lado del poder abusador y como pieza clave del poder patriarcal neoliberal.

En Perú, el patriarcado, como lo conocemos, se implementa con la invasión europea. El régimen fujimorista es un ejemplo de eso. Caracterizado por su militarismo y corrupción, glorificación de ejecuciones extrajudiciales, políticas de exterminio con esterilizaciones forzadas de población indígena rural y urbana en extrema pobreza, represión contra toda oposición, incluyendo contra la madre de los Fujimori, y el control absoluto de la prensa como de las instituciones estatales. La lealtad de Keiko F. es con es con este régimen abusador y no con su madre violentada.

Según bell hooks, teórica feminista estadounidense, en nuestra cultura colonialista y capitalista, desarrollamos normas culturales de jerarquía y autoridad donde el uso de la violencia es visto como algo natural. Esta violencia moldea nuestras relaciones sociales: sentimentales, laborales, familiares, políticas, etc., las cuales se basan en el ejercicio de poder y la dominación. Desde ese sistema de dominación se violentan mujeres en el hogar y también se ejecutan políticas neoliberales, violentando a la población y empujando a las mujeres a trabajos precarios o no remunerados como en el sector del cuidado, servicio, campesino y obrero.

El patriarcado hegemoniza la supremacía del hombre y su dominación sobre las mujeres, pero para eliminar la violencia contra la mujer es necesario discutir también la violencia que ejercen mujeres privilegiadas contra otras mujeres y hombres pobres y/o racializados. Así como Keiko F. nace como figura política aplastando a su madre, Milagros Leiva, uno de los símbolos de la TV basura y portavoz del fascismo neoliberal, ejerce desde una posición de poder una violencia racista y clasista contra algunos líderes de izquierda, como contra el popular Puka Bellido. Keiko F. y Leiva rompen las barreras sociales patriarcales para trepar la escalera del poder económico y oprimir a sectores históricamente subordinados.

Una de las limitaciones del feminismo convencional es su falta de interés en excavar más a fondo el tema de la violencia en general como la capitalista y racista. Más bien se ha focalizado en una ideología sexista donde los hombres son los únicos violentos y las mujeres son las únicas víctimas. Ese análisis no expresa toda la violencia que se ejerce desde los sistemas de dominación, porque el patriarcado al funcionar dentro de un sistema de opresión crea mujeres afines a la ambición del poder y a la violencia expresada por éste. 

El movimiento feminista, no es una lucha aislada, al contrario, es una lucha para eliminar el sometimiento sexista y los múltiples sistemas de opresión. Desde la colonización, vivimos en el Perú un sistema racista, capitalista y patriarcal, dónde la violencia es invisibilizada por el feminismo burgués que no confronta la opresión económica que impacta a la mayoría de las mujeres pobres.

Nos encontramos en un momento único donde emergen distintos feminismos, en especial uno popular y revolucionario, el cual se interesa por ampliar la lucha exponiendo las limitaciones del feminismo “anti-hombre. El feminismo convencional ha alejado a mujeres indígenas y clase trabajadora de la lucha feminista porque su interés principal es romper jerarquías sociales dentro de su propia clase y no eliminar la opresión racista y clasista la cual también oprime a hombres de grupos sociales y económicos explotados. 

Es importante ampliar la lucha feminista y conectarla con la lucha más grande como la liberación de la opresión de los pueblos. Los hombres también deben ser parte de esta lucha, y debemos trabajar conjuntamente para que puedan desafiar las prácticas patriarcales.

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Hoy el Congreso de la República deberá mostrar al pueblo peruano de qué está hecho. Deberá decidir si aprueba o no una de las embestidas más fuertes y funestas en contra de la universidad en los últimos 20 años. Los congresistas deberán decidir si se colocan del lado del país que necesita de una adecuada educación superior o si se coloca del lado de los mercaderes de la educación que con intereses mafiosos se han dedicado hacer fortuna estafando a los más necesitados.

La universidad es la madre del alma de una nación. Si una se envilece arrastra a la otra. Por ello, no nos debe sorprender que la peor crisis de nuestro sistema universitario surgiera bajo el régimen más envilecido de nuestra historia, la dictadura fujimorista. La universidad es la encargada de formar a la élite dirigente, a los científicos, humanistas, profesionales que deberán cargar en sus hombros el desarrollo material y espiritual del país. La defensa de la universidad es la defensa del destino de todos nosotros como sociedad.

Es cierto, como anota Nicolás Linch, que la Contrarreforma universitaria se inició en el momento mismo en que la tecnocracia neoliberal, liderada por el ex ministro de educación Jaime Saavedra, logra introducir un elemento extraño a la universidad como la SUNEDU: “Saavedra y su grupo obtienen lo que querían tomando por asalto una ley en cuya elaboración no habían participado hasta el momento final y usan esta oportunidad para desarrollar un proyecto mayor: la segunda fase de la privatización universitaria, hoy en curso en el Perú. Han tenido la audacia de poner las cosas al revés y tener éxito, por el apoyo mediático que ostentan, llamando “reforma” a lo que en el fondo es una “contrarreforma” de la educación universitaria” (La universidad y el poder en el Perú: Los último cien años). En todos los proyectos de ley anteriores a este se hablaba de un Consejo Nacional de Universidades que reemplazaba a la funesta Asamblea Nacional de Rectores (ANR). Se trataba de un organismo surgido del seno mismo de la universidad, pues se entiende que ésta siendo el reino de la inteligencia no puede aceptar ninguna entidad extraña a ella que la controle.

Lo que se ha logrado con la tergiversación de la mal llamada reforma universitaria es acentuar el modelo de una universidad para el mercado dejando de lado los ideales que la inspiran y guían. La SUNEDU actúa como una suerte de comisario de la educación superior atreviéndose a ir más allá de sus funciones, como la de otorgar autorizaciones de funcionamiento, sino que los burócratas también revisan los programas académicos y hasta pretenden supervisar el modo en que un profesor debe dictar su curso con odiosos formatos, carpetas, escritorios, y un largo etcétera de instrumentos que sólo ha logrado burocratizar aún más la función de los profesores.

Lo que sucede es que el debate sobre la autonomía y la excelencia de la educación universitaria (nos negamos a usar el concepto de “calidad” importado de la administración) se encuentra mal planteado. No se puede colocar en los términos en los que ahora se entiende como si se está a favor o en contra de la SUNEDU. Es cierto que ha habido algunos avances en cuanto a la investigación, pero los términos de la discusión deben ser mucho más amplios que eso. La autonomía tiene que ver con la libertad en el gobierno universitario para poder decidir sobre sus propios programas académicos, los cuales no pueden estar sujetos a la lógica del mercado pues, de lo contrario, prácticamente no habría cabida para las humanidades o las ciencias básicas, por ejemplo.

La universidad y en especial la universidad pública no podrá tener autonomía mientras el Estado le siga otorgando menos de la mitad del presupuesto que necesita para subsistir. Es una vergüenza que la universidad pública tenga que financiarse de sus “recursos propios” mientras que la tecnocracia neoliberal ha tergiversado el programa de Beca 18 que hoy sirve para financiar a las universidades privadas. La universidad pública no puede ser la última opción para sólo para los pobres, en un país que se quiera a sí mismo, la universidad pública debería ser la primera opción para todos.

Con todo esto, lo que pretende hacer el Congreso es nefasto pues significaría un retorno a una situación aún peor a la que vivimos hoy. La mafia y el oscurantismo se han juntado para pergeñar un atentado contra la universidad y sus fueros. Ya lo hicieron permitiendo una moratoria en la que se premia a la mediocridad de algunos profesores que ni una maestría ha podido obtener en tantos años y aun así tienen la osadía de seguir enseñando. Ponernos del lado de la defensa de la universidad en esta coyuntura significa estar en contra de este atentado al alma misma de la nación.

Hace casi cien años Don José Ortega y Gasset nos legó su inmortal texto sobre la Misión de la Universidad, en el que señalaba que ésta tiene tres funciones básicas: la transmisión de la cultura (la más importante), la profesionalización y la investigación. No se cansaba de abogar por que la universidad dejara de ser una fábrica de “bárbaros profesionales”. Ahora que los padecemos podemos entender la importancia de tener universidades de excelencia y con un profundo compromiso con la inteligencia y el desarrollo espiritual del pueblo.

El tema de la universidad es demasiado importante para dejarlo en manos de los políticos y menos aún de los que tenemos. Incluso para dejarlo en manos de algunas autoridades universitarias que no tienen idea de lo que sea una universidad. Ha sido lamentable ver el espectáculo de la ignorancia de balbuceantes gentes tratando de defender lo que a todas luces es el negocio de una mafia que no ha escatimado en degradar a la universidad y al país. 

En este sentido, y hablo como un profesor sanmarquino que ha dedicado su vida a la universidad pública, que las autoridades de San Marcos, la universidad que prefiguró a nuestro continente, se hayan coludido con los intereses subalternos de quienes quieren perpetuar a los pobres en la ignorancia, resulta escandaloso y decepcionante. Nos toca a sus profesores y estudiantes hacer realidad la misión que nos legó el querido siempre recordado maestro sanmarquino Juan Abugattás: “Yo estoy convencido que toca una vez más a San Marcos asumir un real liderazgo en esta difícil tarea. Su peso histórico, su prestigio secular, el hecho que no haya permitido que criterios de ventaja inmediatista o crematísticos la afecten esencialmente, la coloca en un lugar privilegiado. Tal vez haya llegado la hora de convocarnos todos a una movilización permanente para sentar las bases de una renovación profunda de nuestra vieja casa, una renovación enérgica y contagiosa que pueda ser luego emulada por el conjunto de las universidades del país y que se haga orgullosamente, con esperanza, a paso de vencedores y con la mirada puesta en el gran destino que, si así se lo propone, puede tener el Perú”. 

 

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¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia… de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín… no puede cambiar… de pasión.

Pablo Sandoval – “El secreto de tus ojos”

UNO

Dícese que el futbol enamora, porque permite a los hombres volver a la infancia. Y es cierto. 

Ser hincha de un club responde a sentimientos. En varios casos se hereda, en otros, el tío (ese querido personaje) influye en la elección. O el abuelo o los amigos. Pero ese amor se genera desde pequeño. Importa tres carajos que el club elegido, sea el más ganador o, por el contrario, sea un perdedor irredento. 

Tu primera visita al estadio es una experiencia cuasi religiosa que no se olvida nunca. Mi querido tío Hugo fue quien canalizó mis sentimientos hacia el club elegido. Era paciente y se daba tiempo para responder mis consultas y dudas de futbol. Al poco tiempo, me llevó en distintas ocasiones al estadio. No tenía aun los 14 años, pero aún recuerdo perfectamente esas idas.

DOS

El rostro arrugado, un pelo escaso y blanco. Deposita en taquilla el billete azul y entra a la tribuna. Una pequeña radio a transistores es su fiel amigo. Mira el estadio repleto. 

“Que poco ha cambiado desde que vine por primera vez”

Su remera se humedece, será el calor o el nerviosismo.  Mientras tanto, escucha al relator las posibilidades de su equipo. Se mentaliza.

“Hoy salimos campeones”.

Recuerda a su viejito, quien lo acompañaba en sus idas al estadio, y como la felicidad de ambos dependía de un resultado. El calor atosigante lo acorrala. Compra una botella de agua y bebe ansiosamente. Tiene diabetes, debe cuidarse. Lo rodean adultos, jóvenes, parejas y familias con niños que, como él, han venido a corroborar lo imposible. 

El futbol es democrático, piensa. Une a ricos y pobres. Los poderosos y los clasemedieros. Los que tienen autos y los que andan a pie. Los que degustan una parrillada y los que se preparan un plato de lentejas, incluido los domingos. Todos, en una tribuna por 90 minutos, compartiendo una misma ilusión.

TRES

El, que vive con lo justo, como cobrador de una mueblería. No paró de laburar ni siquiera con la pandemia. Si no cobraba no comía, menos hubiera pagado el alquiler de su pequeña pieza, donde vivía con su viejito enfermo. Nunca conoció a su madre. Su padre fue todo para él.  Compartieron Navidades y cumpleaños, solo los dos. Nunca escaseó el amor en aquella piecita que compartieron. Su viejito, luego de una larga agonía, falleció. 

Nunca tuvo mucho tiempo para el amor. Como no era muy agraciado y de poco hablar, las chicas lo rehuían. Al menos eso pensó. Su vida desde que salió del colegio, era trabajo y solo eso. Su padre enfermó al poco tiempo y, por ende, no pudo ir a la universidad. Mantener la casa fue siempre su prioridad. En cierta ocasión, tuvo una especie de relación con una mujer, a quien conoció en el laburo. Pero todo termino al poco tiempo. Meses después, ella le escribió una carta: iba a casarse. El no reaccionó, o no quiso darse cuenta, del porqué le escribía la misiva.

Iba 2 veces al mes al estadio. Eso era religión para él. Nunca fue muy devoto de la Fe Cristiana. Pensaba que algo estaba mal con ellos, y los de su clase. Le jodía eso y que Dios lo permitiera. Pero no vivía amargado. Ahora estaba solo, pero el recuerdo de su padre siempre lo acompañaba.

CUATRO

“Benítez la puta que te parió” 

Alan había dejado con 10 al equipo. Aun así, el planteo del Chiqui era bueno. Nunca el Aborigen superó a Cerro. Los jugadores sabían su papel. Ni el hombre de menos se notaba. La mano del técnico se sentía. Ergo, era un Equipo. Pero dos contragolpes dañaron el arco del club de sus amores. 

La tribuna estaba devastada. El hombre arrugado se tapó la cara con las manos. Sentía que todo estaba perdido. La hinchada rival aullaba. El calor seguía insoportable. Arce se la jugó con los cambios. Su corazón se aceleraba al ver las ocasiones pérdidas para rematar el resultado.  

¿Será Dios?, ¿será posible? 

Los de Guaraní, insólitamente, se desesperan y expulsan a 2 de sus jugadores. 

¡Vamos carajo que se puede!

El gol, en el minuto 99, revitaliza a la hinchada. Ahora son los cerristas, los que braman y se hacen escuchar en todo el estadio. 

El hombre mira a las estrellas del firmamento.

“Viejito, pedile a tu Dios que nos ayude, por esta única vez” 

Y sucede lo inexplicable.

Un centro desde la derecha, y el lateral, devenido en delantero, levitó en forma incomprensible, y cabeceó a la gloria.

Le gente explotó, se abrazaron entre todos, conocidos o no. El futbol derriba barreras sociales.

El hombre de las mil arrugas tiene los ojos vidriosos, su corazón palpita aceleradamente y sus manos tiemblan. Entonces, levanta la vista al cielo.

“Creo que vi a Dios” 

Y, a partir de ese momento, creyó.

Dedicado a José Carlos, Ezequiel y Jesús

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Hay un clic que no se está produciendo en una región andina estratégica para el país, como es Puno, entre su “ser social” y su “conciencia social”. La mayoría de puneños son comerciantes y empresarios, pero a la hora de acercarse a las urnas lo suelen hacer por opciones disruptivas de izquierda, que van directamente en contra de la libertad empresarial de la que disfrutan sus coterráneos.

En la segunda vuelta del 6 de junio de este año, Perú Libre obtuvo en la región altiplánica el 89.256% de la votación mientras que Fuerza Popular apenas logró el 10.744%, una diferencia abismal entre dos opciones polarizantes, de izquierda y derecha, respectivamente.

Si la derecha quiere evitar que reaparezca algún candidato radical de izquierda, está en la obligación de conquistar para sí al mundo andino y evitar de esa manera que su población creciente termine por inclinar la cancha a favor de alguien como Pedro Castillo en el futuro.

Puno es, además, una región con enorme influencia en las regiones vecinas: Arequipa, Tacna, Moquegua, Cusco y Madre de Dios. La migración puneña es masiva en tales localidades.

Puno es, sociológica y económicamente hablando, capitalista. Inclusive en Lima, interesante es anotarlo, en todos los conglomerados empresariales emergentes (Gamarra, La Parada, Tacora, Caquetá, Lima Norte, parque industrial de Villa el Salvador, etc.), los núcleos empresariales más cooperativos entre sí, capaces de tejer redes de asistencia y apoyo emprendedor, son los conformados por puneños.

Pero en su terruño, el puneño vota, históricamente, por la izquierda. Sin duda, puede haber una explicación a esta vocación contestataria del establishment, en la proliferación de los reinos de informalidad delictiva que se enseñorean en Puno (el contrabando, el narcotráfico, la trata de personas, la tala ilegal, la minería informal), que generan circuitos anti Estado y antimercado, porque resienten el imperio de la ley que supone una economía de mercado que funcione a plenitud, pero hay también un descuido secular de las élites derechistas del país, políticas y empresariales, respecto de regiones como la puneña, que han terminado por activar un antilimeñismo y antiderechismo irracionales y sin fundamento.

El futuro político del país y el bienestar económico creciente, dependen de que en el Perú sobrevengan tres o cuatro gobiernos promercado sucesivos. Mientras el mundo andino, que bien simboliza Puno, sea refractario a un discurso liberal, ese porvenir será recurrentemente esquivo.

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Al anunciarse por distintos medios que el presidente Castillo ha solicitado el apoyo del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, la inmediata reacción de muchas lectoras y lectores peruanos encontró en este gesto nuevas razones para hacer público su desprecio por el presidente Castillo: otro acto de debilidad ante los problemas que debe afrontar, un recurso más de victimización ante las críticas a su incapacidad como gobernante. Esa reacción es resultado de un profundo desconocimiento de la trayectoria de López Obrador, quien sin duda siente empatía por el presidente Castillo, pues ha vivido campañas mediáticas en su contra que sembraron el miedo sobre sus orígenes regionales y su postura política. López Obrador, dispuesto a fortalecer su gobierno, le ofrece seguridad a Castillo: que se vea como un Benito Juárez, le dice, primer presidente mexicano de origen indígena. Pero la brecha formativa entre López Obrador y Castillo es social y políticamente tan grande que da qué pensar.

López Obrador nació en la selva del sureste de su país, en la costa del golfo de México, junto a Guatemala, lejos de la capital y en una economía rural. Pero a diferencia de Castillo, él pudo estudiar la secundaria en la capital de Tabasco y luego ir a la universidad en el Distrito Federal, la capital de México. En los años setenta, ingresó al Partido Revolucionario Institucionalizado (que tuvo el poder durante setenta años consecutivos desde 1930). Mientras culminaba su tesis sobre el proceso de formación del Estado nacional mexicano en el siglo XIX, ocupó una serie de cargos del PRI en Tabasco que lo vincularon con su población indígena y que fueron la pieza clave para su postura, pues optó por separarse del PRI junto con los partidos de izquierda que conformarían pocos años después el Partido de la Revolución Democrática. Tras ocupar la presidencia del PRD en Tabasco y luego a nivel nacional, el Partido se fortaleció y ganó las elecciones para la gobernación del Distrito Federal. Durante su gestión, fue tal el éxito de sus programas sociales con la población vulnerable, la mejora del sistema de transporte urbano, la contención de la delincuencia y su apoyo a la educación que se ganó una envidiosa oposición del Congreso. Bastó que López Obrador ignorara una decisión judicial que impedía el uso de una parte de un terreno baldío para trazar la salida vial de un hospital universitario, para que sus opositores demandaran su desafuero. Uno de sus efectos, si bien no consiguió que ganara las elecciones presidenciales inmediatas, fue que fortaleció su imagen de un líder que defendía los derechos de la población vulnerable de Tabasco, del DF y de todo el país. Pero también generó la respuesta mediática de la derecha neoliberal que pasó a manipular la información y exagerarla hasta el punto de sembrar el miedo al “comunismo” de López Obrador.

Así como Mario Vargas Llosa se opone y busca reducir intelectualmente a Pedro Castillo, en México fue el historiador Enrique Krauze quien sembró el miedo hasta en el mundo académico, cuestionando los enfoques históricos de López Obrador. Krauze, acusado por los medios de liderar ocultamente la campaña mediática sobre falsos vínculos “comunistas” con Rusia (?) y Venezuela, cometió su mayor agresión cuando, indignado por el respaldo que recibió López Obrador de parte de sus seguidores en el Zócalo, firmó en su artículo “El Mesías tropical” (Letras Libres, 2006), que López Obrador era un hombre impulsivo y violento por ser tabasqueño y “tropical”, dejándolo como un primitivo y bárbaro político de pensamiento religioso proveniente de la selva mexicana. 

Quince años después López Obrador es un presidente con buena aprobación nacional e internacional. Ojalá los funcionarios enviados por el presidente mexicano puedan ayudar a Castillo a salir de la situación mediática similar en la que se encuentra, pero deberá aprender –y pronto–  que mientras López Obrador se encuentra confrontando a su universidad, a la UNAM, la más grande universidad pública de todo América Latina, por haberse derechizado, aquí su gobierno se hace de la vista gorda con el proyecto de ley contra la Sunedu que permitiría la reapertura de las universidades de los congresistas corruptos dedicados a estafar a nuestra juventud estudiantil

Perú no va camino a ser Venezuela o Nicaragua, como teme aún algún sector de la derecha peruana. El gobierno, así lo quisiera, no podría hacerlo, dada la realidad congresal adversa a semejantes propósitos, y la resistencia social, expresada en las encuestas, a tales pretensiones.

Pero adonde sí parecemos encaminarnos, a pie firme, es a ser una suerte de México bajo la conducción de López Obrador, en la peor de las perspectivas y sentidos.

México es un desastre económico, con niveles de pobreza y desempleo en aumento, además de un desaliento generalizado de las inversiones privadas, todo ello por los zigzagueantes comentarios del presidente mexicano, con un discurso anticapitalista y proestatista. Ese es el balance de la gestión de López Obrador, cuyo máximo objetivo es ahora salir del poder dejando a su país al menos como estaba antes de asumir su calamitosa gestión.

Y, como México, Perú se encamina a pie firme a ser un país dominado por las mafias ilegales. Lo que hemos visto de concesiones a los transportistas informales o a las universidades bambas es algo que se está replicando en las zonas de influencia donde el narcotráfico, el contrabando o la minería informal sientan sus reales.

El gobierno de Castillo ha abandonado en la práctica la lucha contra estos males endémicos de nuestra sociedad y que constituyen, per se, una amenaza al Estado de Derecho y la democracia republicana, al ser actividades contestatarias, por naturaleza, del propio Estado.

No es casualidad que en la encuesta sobre percepción de progreso que anualmente realiza Ipsos, tengamos cifras de espanto. Un 56% considera que el Perú está retrocediendo, un 35% que se mantiene igual y apenas un 6% de la población cree que estamos progresando. Ese combo de cifras de crisis no se veía desde los 90 -hace treinta años-, luego del megadesastre que fue la gestión del primer gobierno de García, donde a la crisis originada por su irresponsable gestión, se sumaba la sensación de derrota respecto del crecimiento de Sendero Luminoso.

Y lo más grave es que parece que la cosa irá peor, ya que no se aprecia en el inquilino de Palacio, propósito de enmienda alguna, consciencia de la crisis ni visión inteligente de cómo salir del embrollo. Un sindicalista básico nos malgobierna y mientras dure en Palacio, el Perú irá retrocediendo progresivamente.

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López Obrador, México, Nicaragua, Palacio de Gobierno, Venezuela

A propósito del último pedido de vacancia contra el presidente, surge una pregunta: ¿que podría venir después de Castillo? ¿podría venir algo incluso peor? Distintas personas de derecha que están a favor de una vacancia me comentan que Pedro Castillo es tan malo, que es imposible que, en un escenario de nuevas elecciones, venga algo peor. Parecen estar convencidos de que lo que vendría sería algún candidato de derecha o del establishment. 

¿Pero, es así realmente? Ronda por mi cabeza el miedo de un peor escenario: un candidato anti-establishment con más capacidad de liderazgo que Castillo, y que esta vez sí saque mayoría de curules en el Congreso, o una cantidad significativa como para llevar a cabo reformas (o contra reformas) dañinas para el país.

¿Es imposible este escenario? Escucho de quienes apoyan una vacancia, que Castillo logró aprovechar el momento histórico de la pandemia, pero que estas condiciones no se repetirán. Si bien esa es su apuesta, el escenario futuro no está tan claro: según la última encuesta de Ipsos, Castillo mantiene 61% de aprobación en el ámbito rural, por ahora resistentes a los escándalos que rodean al presidente. Por otro lado, el Congreso, liderado por la oposición, tiene una aprobación paupérrima (22%), dándole poca legitimidad para asumir las riendas del país en caso caiga este gobierno.

Si queremos seguir con el sueño dorado de que, al salir Castillo (ahora o en el 2026), vendrá algo mejor, necesitamos una oposición cuanto menos, decente. Intereses mercantilistas, desconexión con la población, y ausencia de leyes útiles para el ciudadano, generan los bajísimos % de popularidad del Congreso. Acciones como la reciente aprobación de dos dictámenes en contra de la ley universitaria, que afecta el derecho a la educación de miles de jóvenes, dan cuenta de esto. Partidos conservadores como Renovación Popular y Fuerza Popular, vuelven a empujar esta medida nefasta, y además altamente impopular. Es posible que se enfrenten mañana en las calles a una marcha más masiva de lo que ellos nunca pudieron convocar, y esto luego de haber impulsado un pedido de vacancia cuando las encuestas muestran que la mayor parte de la población no apoya esta medida, y que el presidente viene perdiendo popularidad, pero no lo suficiente. 

De haber nuevas elecciones, con una derecha deslegitimada, con falta de liderazgos convocantes a nivel nacional, y ciertos sectores de la población molestos por una vacancia a destiempo, la bandeja está nuevamente servida para un outsider (de cualquier tendencia) antisistema, pero esta vez, con mayor apoyo en el Congreso y menos control político. Las cosas mal hechas entonces, podrían cumplir las peores pesadillas de quienes justamente apoyan hoy una vacancia. Sin derecha decente, no hay paraíso señores. 

*Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de las organizaciones a las cuales pertenece.

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Derecha, Pedro Castillo, política peruana

Me recomendaron una película para verla con mi hija de tres años. En la película, de animación digital, hay un hombre que vive solo en un planeta desierto. Un día llega una mujer y comienza a trabajar en una misión. Él la ve y se siente sumamente atraído por ella. Al comienzo, la mujer ignora completamente al hombre, y luego muestra abierta hostilidad hacia él. Pero de pronto hay una terrible tormenta de arena y el hombre la invita a refugiarse en su casa, a lo cual ella accede. Es un planeta completamente desierto, pero él tiene una maceta con una pequeña planta: la única forma viviente en todo el planeta. Al ver la planta, ella decide protegerla y la guarda en un contenedor especial súper hermético que ella posee. Y por alguna razón misteriosa, al hacerlo ella pierde el conocimiento. 

Una vez pasada la tormenta, estando ella aún inconsciente, el hombre la saca de la guarida presumiblemente para ver si la luz del sol la hace reaccionar, pero nada. En este punto comienza una secuencia que encuentro terriblemente problemática. Aprovechando que ella está inconsciente, él la viste con adornos y la lleva consigo primero a un paseo en bote y luego a contemplar el atardecer, cosas a las que ella decididamente no hubiera accedido en ese momento de su relación (y que además no puede disfrutar porque está inconsciente). Ignorando cuáles puedan ser los deseos reales de ella, el hombre dibuja un corazón con el nombre de ambos en un poste, y, en el clímax de la secuencia, tímidamente le coge la mano inerte. La película no muestra esto como algo reprehensible. Al contrario, toda la secuencia está acompañada de una música muy tierna y dulce, lo cual indica que el director quiere transmitir emociones positivas, y que todo esto le parece muy romántico. 

Por supuesto que me sorprende que me hayan recomendado, como algo que puedo ver con mi hija de 3 años, una película en la que un hombre se aprovecha de una mujer inconsciente para cumplir sus fantasías románticas, llegando incluso a tocarla y manipularla. Pero lo que más me interesa resaltar aquí es la naturalidad con la que, como sociedad, aceptamos ese tipo de comportamiento como normal y hasta romántico. La película ha sido clasificada G por la Asociación de películas de los Estados Unidos (MPA por sus siglas en inglés). G significa que es apto para todo tipo de audiencia en general, niños y adultos. 

La secuencia está en YouTube, y en los comentarios también se puede ver la normalización de esta conducta: “Esta es la escena más linda que hay”; “Esta parte siempre me llega [al corazón]”; “Él y ella son la pareja más linda”; “Mi escena favorita de la película”. Incluso hay alguien que dice que le encanta como él “chequea sus pulsaciones primero, para asegurarse de que ella esté bien”. O sea, se aprovecha de ella, pero la cuida. ¡Qué romántico, por dios! Como padre de dos preciosas niñas de dos y tres años siento que… que necesito un whiskey

Ahora bien, siguiendo con los comentarios de YouTube, un usuario escribió que a pesar de que la escena es “linda y graciosa al mismo tiempo”, nunca le gustó mucho porque “ella no está despierta” y “nunca accedió a tener una cita con él”. Obvio pues, ¿no? No. Este comentario recibió las siguientes respuestas: “Pero él la está cuidando. La está tratando de curar”, “él solo quería amar a alguien”, y el descalificativo, “¡estás paranoico!” Yo entiendo que a uno pueda escapársele que lo que muestra la película está mal, sobre todo porque reproduce la manera como muchos entienden las relaciones de pareja. Pero para mí, el verdadero error está en defender lo indefendible incluso cuando te explican por qué está mal. 

Claro, uno podría decir que es solo una película y que no es para tanto. Y sí pues, es solo una película, excepto que en uno de los comentarios un usuario escribe que “eso es lo que mi novia no nota”, implicando, bueno, que eso es lo que dicho usuario hace cuando su novia está inconsciente. Un whiskey doble, sí. Y sin hielo. 

WALL-E se estrenó el 2008. Fue producida por Pixar y Disney. Ese año ganó el Oscar y el Globo de Oro a mejor película animada. 


* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas. 

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