Me explico. Todas las campañas, sin ejes programáticos claros, apuntan a “resolver”, desde una posición vertical se actúa como sujeto clave en la resolución de necesidades de las personas. Pero eso nos genera un elemento ausente: las personas. No existe la voz ciudadana en esta campaña. Solo el “yo / nosotros, haré / haremos”. La voz del vecino está sin ser considerada porque los candidatos ya saben lo que queremos, porque la enumeración en encuestas de los principales problemas de las ciudades ya les dio la única fuente de información que creen que requieren para ofrecer cosas.
Esto es excluyente y desprecia algo clave: a quién representan. Sin identidad partidaria, menos ideológica, y sin considerar a los vecinos, ¿qué queda? Un tipo que dice que hará cosas. Todos iguales. Frente a eso, qué nos queda como electores. Votar por el que nos caiga mejor o el que se alinee mejor contra nuestros enemigos.
Porque ese es el nivel de debate de esta campaña. El despreciar al que tenemos en frente. El último domingo lo que hicieron López Aliaga y Urresti en Latina TV fue eso, burlarse de un espacio para plantear algo y atacar sin bases al otro. Aburrido e insustancial. Pero esa es, no lo queremos ver, la forma más fácil y evidente de burla de sus electores. El no considerarlos ni atender los -pocos- espacios de comunicación que tenemos para oírlos proponer cosas.
En esta campaña ha primado la falta de recursos imaginativos para transmitir, por otro lado. Se cree que por tener una cuenta en tiktok poniendo cualquier tontería (me consta, me pasé horas viendo cuentas de partidos y candidatos y ninguna vale la pena) ya están haciendo una campaña disruptiva que los conectará con una audiencia que los está esperando con los brazos abiertos. Nadie se salva. La ausencia de conocimiento sobre lo que la gente realmente valora es deplorable. Pero la indiferencia para asumir esto y no actuar es peor. La oferta es realmente un desastre.
Por eso esta campaña es mediocre. Por eso no levanta y no genera emociones. Porque revela un conjunto de falencias que la política nacional tiene y el fracaso de un modelo de representación que tenemos que repensar de manera detallada.
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