Opinión

En julio de 2019 la Comisión Investigadora de Abusos Sexuales contra Menores de Edad en Organizaciones del Congreso de la República, presidida por el congresista Alberto de Belaúnde, terminó su Informe Final, donde se analiza la problemática del abuso sexual contra menores, tras una investigación de los casos emblemáticos de violencia sexual en las escuelas públicas de la provincia de Condorcanqui (Amazonas), el Sodalicio de Vida Cristiana, el Colegio Héctor de Cárdenas y otros casos de relevancia como los abusos sexuales cometidos por dos sacerdotes católicos en Huamachuco (La Libertad) y por dos miembros de la Congregación Salesiana, el caso de la niña que sufrió abusos sistemáticos y prolongados en un local de la Iglesia Evangélica Bautista “Lirio de los Valles” en San Juan de Lurigancho (Lima) y el caso de la alumna de intercambio Mackenzie Severns, de nacionalidad estadounidense, que fue violada por un alumno del Colegio Markham.

El cierre del Congreso el 30 de septiembre de 2019 cortó las posibilidades de que el informe de la Comisión De Belaúnde fuera discutido en el Pleno y finalmente dado a conocer a la opinión pública. Alberto de Belaúnde fue reelegido en el nuevo Congreso, pero lamentablemente no se le presentó la oportunidad para que el informe fuera sometido a debate en el Pleno y publicado oficialmente.

La importancia de este informe en lo que respecta al caso Sodalicio es que las investigaciones fueron hechas por personas independientes y no contratadas por la institución, como ocurrió en el caso de los dos breves informes de febrero de 2017 elaborados por expertos extranjeros contratados por el Sodalicio (Kathleen McChesney, Monica Applewhite, Ian Elliott), quienes, además de no conocer adecuadamente la realidad de la sociedad peruana y del papel que cumple en ella la Iglesia católica junto con sus instituciones, se orientaron más hacia una estrategia de control de daños que favoreciera al Sodalicio, limpiándole la cara, en vez de atender adecuadamente las justas demandas de las víctimas.

La publicación del Informe De Belaúnde evidenciaría que el Sodalicio todavía tiene varias cuentas que saldar e incluiría datos relevantes para el desarrollo de la denuncia penal contra miembros y ex miembros del Sodalicio que fue formalizada mediante resolución el 20 de noviembre de 2017 por la Décimo Octava Fiscalía Penal de Lima. Allí se acusa a Luis Fernando Figari, Virgilio Levaggi, Jeffery Daniels, Daniel Murguía, Ricardo Trenemann y Óscar Tokumura de asociación ilícita para delinquir en agravio del Estado y del delito contra la vida, el cuerpo y la salud (lesiones psicológicas graves) en agravio de 14 personas, entre las cuales se cuentan José Enrique Escardó, Pedro Salinas, los hermanos Vicente y Martín López de Romaña, Óscar Osterling, Álvaro Urbina y yo mismo.

La publicación del libro “Mitad monjes, mitad soldados” de Pedro Salinas y Paola Ugaz en noviembre de 2015 fue solamente el disparo de partida para otros libros sobre el tema que aún están pendientes de ser publicados.

El psicoterapeuta y ex sodálite Gonzalo Cano Roncagliolo, quien, para optar al grado de magíster en la Pontifica Universidad Católica del Perú, presentó en el año 2014 una tesis con el tema “Del uso de la religión para la perversión: una mirada psicoanalítica al caso de Marcial Maciel”, ha preparado un libro que amplía las ideas de esta tesis y hace un análisis comparativo desde las ciencias psicológicas de los tres mayores abusadores de la Iglesia católica en Latinoamérica: Maciel, Karadima y Figari. Cano ya ha publicado una novela, “Sepulcros blanqueados”, donde recurre a la ficción para presentar una sociedad religiosa que es un calco del Sodalicio, a diferencia de la fallida novela “Y líbranos del mal” de Santiago Roncagliolo, primo hermano del anterior, que nos presenta una institución religiosa que se parece muy poco al Sodalicio real que conocimos quienes hemos sido víctimas de abusos en la institución.

Están también en lista de espera para ser publicados el testimonio autobiográfico de un ex sodálite así como mi propia historia personal, que no es solamente un relato autobiográfico sino una panorámica del Sodalicio desde adentro en las décadas de los 70 a los 90, sin centrarse en los abusos sexuales sino en el sistema mismo, que puede caracterizarse como secta destructiva.

Asimismo, también está el libro que ha anunciado Paola Ugaz sobre las finanzas del Sodalicio.

Las cuentas pendientes que tiene el Sodalicio son muchas. Su comisión de expertos internacionales habría contribuido a reducir a 67 el número de víctimas, en comparación con las más de cien víctimas —según fuentes confiables— que habría reconocido la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, convocada en noviembre de 2015 por el mismo Sodalicio e integrada por los abogados Manuel Sánchez Palacios y Rosario Fernández Figueroa, el obispo de Lurín Mons. Carlos García Camader, la psiquiatra Maita García Trovato y el periodista Miguel Humberto Aguirre, quienes rechazaron las remuneraciones ofrecidas por el Sodalicio a fin de mantener su independencia.

Además, el Sodalicio habría implementado muy pocas de las recomendaciones hechas por ambas comisiones, y mucho menos habría aplicado castigos contra los abusadores que siguen perteneciendo a la institución. Las reparaciones indemnizatorias otorgadas a las víctimas no se ajustaron a estándares internacionales de justicia, muchos menos tomaron en consideración que el Sodalicio tiene un patrimonio millonario que le da la capacidad para pagar indemnizaciones que realmente mitiguen los daños producidos. A esto hay que añadir que las reparaciones fueron concedidas previa firma de acuerdos de confidencialidad que vulneran el derecho de las víctimas a seguir buscando justicia. No conozco a ninguna víctima indemnizada por el Sodalicio que se haya sentido realmente agradecida a la institución por la manera en la que actuó.

Finalmente, el Sodalicio tiene cuentas pendientes conmigo, pues nunca me reconocieron como víctima, no obstante que la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación sí lo hizo, no obstante que el Ministerio Público me reconoce como agraviado en el delito de lesiones psicológicas graves, no obstante que viví más de 11 años en comunidades sodálites de consagrados y pasé por sufrimientos y abusos similares a los que padecieron Pedro Salinas y José Enrique Escardó, que estuvieron menos tiempo en esas comunidades y, sin embargo, sí fueron reconocidos como víctimas por el Sodalicio.

El Sodalicio también ha sido una cuña en mis relaciones familiares, pues mi hermano Erwin sigue perteneciendo a la institución y apenas me habla desde hace varios años; más aun, ha dado indicios de que no quiere que yo sepa en qué lugar del mundo se encuentra. El resquebrajamiento de los vínculos familiares se dio desde los 70, cuando mi madre aún vivía, y afecta hasta ahora a mi entorno familiar.

El Sodalicio, a través de la productora ICTYS (Instituto Cultural y Social) ha explotado comercialmente, desde la década de los 90, por lo menos 18 canciones de las cuales soy autor y compositor —tal como lo reconoce explícitamente ICTYS—, sin que yo haya cedido en ningún momento ningún derecho emanado de la propiedad intelectual de esas canciones y sin haber yo recibido nunca ningún céntimo por concepto de regalías.

El Sodalicio me ha quitado el sueño, me ha hecho despertar cada día con la conciencia obsesiva de ser un sobreviviente de un sistema sectario destructivo, ha envenenado y destruido muchas de mis amistades, me ha difamado como un ser desquiciado que sólo busca hacer daño a quienes quieren vivir una auténtica fe cristiana dentro de la Iglesia católica.

Pero aún me quedan la fe, producto de experiencias personales, y una esperanza indoblegable, que espera ver algún día al Sodalicio saldando sus cuentas pendientes.

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Sodalicio

La frase del título alude a una situación que tiene mucho de creencia popular pero también de realidad científica. El talento, entendido como la capacidad de ciertos individuos para hacer con facilidad, precisión y calidad, algo que resulta difícil para el común de la gente, es una predisposición natural, que puede transferirse de generación en generación pero, además, es una construcción cultural, influenciada por el entorno. Sin trabajo, sin práctica disciplinada ni vocación, ningún talento es capaz de florecer. Esto aplica para todas las actividades, oficios y profesiones humanas. Y, por supuesto, lo vemos frecuentemente en el mundo de la música, donde hay casos de hijos que igualan y hasta superan las destrezas de sus padres.

El ejemplo paradigmático de esto último es el de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) el salzburgués que creció entre notas musicales, de la mano de su padre Leopoldo, un esforzado compositor quien reconoció los talentos sobrenaturales de su hijo prácticamente desde los 3 o 4 años de edad. Esas habilidades orgánicas -el oído perfecto, el dominio del piano, la imaginación para componer- no se transformaron, de la nada, en la legendaria y prolífica genialidad que (casi) todos conocemos, sino que fueron resultado de la obsesión del padre, quien hacía trabajar al pequeño Amadeus mañana, tarde y noche. La inmortalidad de la música de Mozart (Sinfonía No. 40 en Sol menor, 1788) es testimonio de una relación filial estrecha y a la vez tirante, llevada al extremo.

En el universo de la música clásica tenemos otros dos casos prominentes de hijos que siguieron el camino de sus progenitores: Johann Strauss II (1825-1899), cuyos valses El Danubio Azul (1866), Cuentos de los bosques de Viena (1868) y Vals del Emperador (1889), son tres de las melodías más famosas de todos los tiempos, fue hijo de Johann Strauss I, también creador de valses, polkas y marchas, entre ellas la conocidísima Marcha Radetsky, escrita en 1849, dedicada al mariscal Joseph Radetsky, héroe austriaco en las guerras napoleónicas. El otro caso es el de Carl Phillip y Johann Friedrich, dos de los veinte hijos que tuvo Johann Sebastian Bach (1685-1750), de los cuales por lo menos seis se dedicaron a la música, aunque ninguno alcanzó la notoriedad del célebre creador de los fantásticos Conciertos de Brandenburgo (1721), piezas emblemáticas de la música barroca del siglo 18.

En la música popular abundan las historias de hijos que, de manera manifiesta o tácita, rinden homenaje a sus papás a través de sus propias carreras. Suele ocurrir que, al estar en contacto con la frenética agenda de grabaciones, giras, ensayos, conciertos y demás actividades comunes al discurrir cotidiano de un músico, uno o varios de sus hijos terminen dedicándose a lo mismo. La exposición permanente más la dotación genética, a veces, da buenos resultados. Pero también hay de los que avergüenzan a sus padres, haciéndose famosos sin tener ningún talento, solo por «ser hijos de…». Un par de ejemplos de ello, al final.

Y esto de dedicarse «a lo mismo» es, en algunos casos, 100% literal. Como los hijos de dentistas que estudian exactamente la misma especialidad que sus padres. Ahí tenemos, por ejemplo, a los bateristas Zak Starkey, Jason Bonham y Nic Collins, hijos de Ringo Starr (The Beatles), John Bonham (Led Zeppelin) y Phil Collins (Genesis), respectivamente. Haber crecido entre las élites rockeras les permitió ingresar fácilmente al mundo del espectáculo pero su éxito no es solo producto de ese privilegio pues han logrado demostrar su talento, heredado por supuesto, pero también respirado y absorbido desde su nacimiento. Las tiernas escenas de la película The songs remain the same (1976) de Led Zeppelin, en que se aprecia al pequeño Jason, de apenas 7 años, jugando con las baquetas y los tambores de papá John ilustran a la perfección el asunto. Con los años, Jason y Nic han terminado ocupando el lugar de sus famosos padres -un hecho de profunda carga emotiva y motivo de orgullo personal- en sus bandas originales (Bonham falleció en 1980 y Collins, debido a una extraña enfermedad, ya no puede tocar la batería) mientras que Zak es, desde 1996, miembro de The Who, nada menos.

Siguiendo con los Beatles, John Lennon tuvo dos hijos: Julian y Sean, el primero con Cynthia, su primera esposa, y el segundo con Yoko Ono. Ambos buscaron replicar el camino de su padre, con resultados desiguales. Julian -a quien Paul McCartney dedicó Hey Jude, originalmente se iba a llamar Hey Jules- tuvo un par de éxitos radiales en 1984 (Valotte y Too late for goodbyes) pero luego se esfumó. Su medio hermano optó por la música experimental y neo psicodélica. Actualmente toca guitarra y canta junto al experimentado bajista Les Claypool (Primus) en el grupo The Claypool Lennon Delirium. En cuanto a los hijos de Paul McCartney y George Harrison, también han seguido la profesión paterna, aunque de media tabla para abajo, a decir verdad. Mientras que James, el único hijo hombre de Macca, ha estado colaborando con él desde fines de los noventa y tiene ya un par de discos como solista, de poca repercusión; Dhani destaca por su impresionante parecido físico con George pero, más allá de eso, no levanta vuelo con sus emprendimientos artísticos.

Los ejemplos, como decía, abundan. Allí están Wolfgang Van Halen, hijo del virtuoso guitarrista holandés Eddie Van Halen, fallecido el año pasado (en este video recuerda a su papá, con el tema Distance de su actual banda, Mammoth); Jakob Dylan, líder de The Wallflowers y cuarto hijo del primer matrimonio de Bob, quien alcanzó notoriedad con el segundo disco de su banda, Burning down the horse (1996), con temas como One headlight y 6th Avenue heartache. O David “Ziggy” Marley, uno de los once que tuvo el ícono del reggae jamaiquino, Bob Marley, quien se hizo conocido con el single Tomorrow people de 1988. Y como reseñas de este tipo pueden encontrarse por montones en internet, voy a concentrarme en dos casos que nadie menciona.

El primero de ellos es una banda que, en los setenta, seguramente habría llenado estadios. Sin embargo, los cambios en la industria discográfica confinaron su electrizante hard-rock sureño a clubes y locales con capacidad para no más de 5,000 espectadores (hasta antes de la pandemia, por supuesto). Me refiero a The Allman Betts Band, integrada por los hijos de tres miembros originales de The Allman Brothers Band. Devon Allman, Duane Betts y Berry Oakley Jr. Han lanzado, hasta el momento, dos álbumes, Down to the river (2019) y Bless your heart (2020) que son un tributo a la poderosa música de carreteras que hicieron sus padres, Gregg, Dickey y Berry, entre 1969 y 1972.

Pero si de homenajes filiales se trata, Dweezil Zappa se lleva el premio mayor. Desde el año 2006 ha estado recorriendo Estados Unidos y Europa, interpretando la compleja y contracultural música de su padre, el guitarrista y compositor Frank Zappa. Dweezil, guitarrista también –al nivel de Joe Satriani, Eddie Van Halen o Steve Vai, sus profesores desde niño- lanzó primero la gira Zappa Plays Zappa con la que no solo satisfizo a los conocedores sino que presentó las canciones de Frank a públicos completamente nuevos, un empeño que ha continuado a pesar de la tenaz oposición de su propio hermano, Ahmet, quien intentó prohibírselo legalmente, aduciendo que no tenía el permiso familiar para hacerlo. Tras años de absurdas peleas, ambos anunciaron su reconciliación en el 2018, poniendo por encima de todo el legado artístico de su padre.

Juan Diego Flórez, el tenor más solicitado del momento, tiene también muy presente a su padre, Rubén Flórez, conocido intérprete de música criolla. En sus galas, ante los públicos más exigentes del mundo, nuestro compatriota siempre incluye los valses de Chabuca Granda que hicieran conocido a don Rubén. Asimismo, el pianista de jazz José Luis Madueño recuerda permanentemente a su padre, Jorge Madueño Romero, en sus recitales y producciones de estudio. Otro músico peruano, el guitarrista criollo Pepe Torres, ve con orgullo cómo su hijo Álex se abre camino en Hungría, haciendo música flamenca y jazz fusión, usando las plataformas digitales y redes sociales para difundir su rollo electroacústico.

La lista podría seguir: Nancy y Natalie en el mundo del jazz (hijas de Frank Sinatra y Nat King Cole); Norah Jones y Anoushka, de Ravi Shankar; las segundas generaciones de los fundadores de los bolivianos Kjarkas, los chilenos Quilapayun e Inti Illimani; Dante Spinetta, hijo del legendario Luis Alberto. Todos dejan muy en alto los nombres de sus padres, ejemplos y confirmaciones de que el talento sí se hereda. Pero también hay casos como Enrique y Julio Iglesias Jr., hijos de Julio; o los cinco hijos de Ricardo Montaner que se han colgado descaradamente del prestigio de sus padres para conseguir oportunidades, fama y fortuna sin tener lo necesario para ser considerados verdaderos músicos.

Está jugando con fuego la derecha, hoy aupada bajo el mando de Keiko Fujimori, al no deslindar con claros pronunciamientos golpistas expresados, por ejemplo, en una proclama firmada por centenares de oficiales militares en situación de retiro conminando a sus mandos en actividad a que tomen cartas en el asunto e impidan la proclamación de Pedro Castillo como Presidente, bajo la sola sospecha, aún no probada, de que ha habido un fraude electoral en el Perú para favorecer un triunfo ilegítimo del mencionado candidato y que éste asuma el poder espuriamente.

Se entiende la desazón y eventualmente la convicción de algunos voceros de Fuerza Popular respecto de que su eventual derrota se ha debido a maniobras irregulares en ciertas localidades del país donde Perú Libre logró alzarse con el triunfo. De allí que nos parece legítima su lucha legal por lograr que el JNE atienda sus pedidos de impugnación y que no lo limite en función de temas horarios o asuntos menores.

Pero lo que no puede trasponerse es el marco legal para librar esa batalla. Lo que corresponde es pelear hasta las últimas aristas jurídicas posibles, con todos los recursos impugnatorios y legales pasibles de aplicarse a una circunstancia como la que nos toca enfrentar. Pero el telón de fondo sobre el que no debería caber discrepancia alguna es que sea cual sea el fallo final del JNE éste debe ser acatado sin dudas ni murmuraciones.

Si acepta las impugnaciones, las avala y le otorga el triunfo a Keiko Fujimori, aunque las huestes de Castillo incendien el país, el resultado se deberá respetar e imponer. Y si el fallo final favorece a Castillo, las fuerzas crecientemente beligerantes de la derecha deberán aceptar el resultado, resignarse a ver los siguientes cinco años un gobierno probablemente mediocre y negativo para el país, y esperar a que el 2026 el país haya aprendido de la nefasta experiencia y nunca más cometa el error de votar por la izquierda.

La llamada a los cuarteles, directa o indirecta, forma parte de un delirio colectivo al que un sector numeroso de la derecha se está sumando peligrosamente. Paños fríos y racionalidad democrática es lo que cabe anteponer como imperativo en estos momentos de conmoción en un Perú dividido en dos.

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Derecha, Fraude electoral, Golpe de estado

Querida Manuela,

Te escribo muy preocupada, seguimos con la incertidumbre porque aún no se ha declarado Presidente de la República. Desde nuestra última carta han pasado unos días de mucha inestabilidad ya que se ha terminado el conteo de votos y por un pequeño número de impugnaciones no finaliza el proceso electoral. Hay una polarización muy grande basada en miedos y suposiciones con respecto a lo que será el futuro del país.

Tú sabes a lo que me refiero, ya que viviste la política durante nuestra independencia. Participaste en los cambios políticos desde la llegada de San Martín, en la elección del Primer Congreso Constituyente, la creación de la Junta Gubernativa; y fuiste testigo del rol de José Bernardo de Tagle -Marqués de Torre Tagle- y luego del General José de La Mar, de Riva Agüero como Presidente de la República y finalmente de la entrada triunfal de tu amado Simón Bolívar. También viviste la inestabilidad política en la Gran Colombia luego de que muriera Bolívar, las acciones durante el gobierno de Francisco de Paula Santander, cuando decide detenerte con tus esclavas y te deportan a Jamaica. Luchaste por regresar a Ecuador, pero a lo más próximo que llegaste fue al puerto de Paita en Piura.

Dentro de este desorden, lo bueno es que luego de 200 años tenemos una institucionalidad con debidos procesos que estamos respetando. Pero esta polarización es preocupante porque no da espacio al diálogo ya que no hay puntos en común. Eso me genera inquietud por la protección de los derechos humanos de las poblaciones vulnerables y las minorías. Esta misma semana, Liz Chicaje, mujer indígena del pueblo originario Bora de la región Loreto, ganó el prestigioso premio Goldman por su compromiso de proteger los bosques amazónicos. Es un gran logro para las mujeres indígenas y activistas de derechos ambientales, pero ha tenido muy poco impacto en los medios por los conflictos en el proceso electoral.

Sabes, hace unas semanas, mi comadre me compartió un volante sobre un taller de teatro testimonial. Decidí tomarlo, siempre me han encantado las artes escénicas ya que he bailado muchos años danza moderna, soy capoeirista y apasionada del teatro. Tengo cosas que contar y me pareció interesante, no investigué mucho por la falta de tiempo, y me inscribí. El primer día de clases me percaté de que era un taller dirigido a la comunidad LGTBQ y que participaban varios jóvenes activistas. ¿Me había equivocado? ¿Me retiro? ¿Tú qué hubieras hecho?

Como abogada y artista apasionada pensé que el hecho de que no sea miembro de la comunidad no me debía limitar. Creo en los derechos humanos, he trabajado toda mi vida defendiéndolos, soy artista y sobre todo tengo personas muy queridas que son miembros de la comunidad, por qué no ser una mejor aliada. Al igual que lo hubieras hecho tú, me quedé en el taller y ha sido una experiencia increíble. Hemos creado de manera colectiva la obra Seámoslo. Tenemos más cosas en común que diferentes y el taller se volvió un espacio de diálogo y de unión. A veces, solo se necesita un despiste y mucha voluntad y coraje para unirnos. Junio es el mes del orgullo y nuestra obra estará en el Festival Internacional de Artes Escénicas Diversas el próximo miércoles.  Tú, claro, estarás en ella.

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Fraude electoral, Incertidumbre política, Votos impugnados

Muchos lectores deben haberse preguntado por qué, a estas alturas de junio, no se ha escuchado hablar mucho de la Feria Internacional del Libro de Lima, realizada tradicionalmente entre julio y agosto cada año, sobre todo sabiendo que se trata de uno de los eventos culturales más importantes del país. El año pasado, como muchos recordamos, su edición fue virtual y no por ello menos exitosa, de manera que la pregunta por la FIL 2021 se caía de madura.

El presidente de la Cámara Peruana del Libro, Willy del Pozo, reveló algunos alcances en torno a la organización de la FIL de este año. En primer lugar, se está redefiniendo la fecha de la feria, que podría correr hasta fines de octubre e inicios de noviembre, pues se desea un evento presencial, respetando, claro está, aforos y protocolos. En tanto, se realizarán mini ferias en algunos distritos (ahora mismo hay una en Magdalena) entre este mes y setiembre.

Como acostumbra la FIL, cada año el evento se articula en torno a un tema. Este año, por obvias razones, el Bicentenario es el motivo central de las actividades que se programen, poniendo énfasis en la literatura de los países andinos. Los lectores esperamos prontas noticias sobre la marcha de estas propuestas. Lo mismo se espera del reglamento de la Ley del Libro, que debería verse en el próximo Congreso.

Y aunque la pandemia ha causado graves estragos en la economía del país, hay que saludar el enorme esfuerzo de editores y libreros por mantenerse en actividad. Saludo esa persistencia. Y como nos quedan todavía la mitad de este gris 2021, voy a intentar ponerle un poco de color con algunas novedades que irán apareciendo de aquí a diciembre (y de seguro habrá muchas más). Por ahora, toma nota, desocupado lector.

Revuelta continuará publicando clásicos peruanos y anuncia selecciones de dos textos mayores de nuestra tradición: Comentarios reales de Garcilaso y Nueva Corónica de Guamán Poma, además de una sorpresa en torno a José María Arguedas.

De Ediciones Copé llega el rumor de la puesta al día con la publicación de los Premios Copé 2019 y 2020, además de una suculenta (y muy completa, según fuentes cercanas a esta columna) antología de la microficción en el Perú, a cargo del narrador Ricardo Sumalavia.

La siniestra ofrecerá tres nuevos ensayos: Los silencios de la guerra. Memorias y conflicto armado en Ayacucho (Valérie Robin); Demonios encarnados. Izquierda, campesinado y lucha armada en Huancavelica (Ricardo Caro Cárdenas) y Viviendo bien. Género y fertilidad en los Airo-Pai de la amazonía peruana (Luisa Elvira Belaunde).

Animal de Invierno nos dejará navegar en las páginas de tres novísimas novelas: Discrepo (Víctor Lozada Andrade), No hay más ciudad (Francisco Izquierdo Quea) y otro título de la argentina Ariana Harwicz: Precoz.

Gafas Moradas lanzará, entre varios nuevos títulos un rescate editorial, Confesiones de Dorish Dam, de Delia Colmenares, primera novela peruana de temática lésbica, aparecida en 1919, que será devuelta a los lectores con prólogo de la escritora Claudia Salazar. Se suman a su catálogo Será ley, cuentos de Rosalí León-Cilioti que abordan la problemática femenina durante el Perú de la Independencia y un estudio de Margarita Saona titulado Despadre. Masculinidades, travestismos y cicciones de la ley en la literatura peruana.

Pesopluma pondrá en vitrina Kloaka y los subterráneos, una memoria del poeta Roger Santivañez en la que convergen el rock y la poesía de los 80; El legado, primer libro de cuentos del piurano Tadeo Palacios y El traje, escrito e ilustrado por uno de los Hermanos Magia, Gabriel Alayza.

Cierro este recuento parcial con Peisa, que pondrá ante los ojos de los lectores tres ediciones conmemorativas, para celebrar los cincuenta años de Un mundo para Julius, de Alfredo Bryce y los cuarenta de Las tres mitades de Ino Moxo, de César Calvo y de Noches de adrenalina, el libro emblema de la poesía de Carmen Ollé. También una antología de Mariela Dreyfus, titulada Arúspice Rascacielos y la nueva entrega narrativa de Leonardo Aguirre, Nueve vidas.

Mientras la feria toma cuerpo, querido lector, habrá mucho para leer. Larga vida al libro peruano. Amén.

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Feria Internacional del Libro de Lima

Christian Cueva es un jugador indisciplinado. No solo le gusta la fiesta, el trago y rodearse de amigos. Cueva es un jugador que no distingue con claridad dónde acaba su profesión y empieza el ocio, por decirlo menos. Es un jugador que, después de una hazaña en Quito y a puertas de una Copa América, vistiendo la diez de Perú, parece creer que es buen momento para un escándalo.

Se filtra un video de Cueva en una reunión, rodeado de gente, en medio de una pandemia y sin distanciamiento social, sin mascarilla, tomando. El que lo filtra no es amigo, sin dudas. Es un felón improvisado, un oportunista. Pero eso no importa. El video es público. Se ha roto cualquier burbuja sanitaria posible. Y Cueva ha vuelto a demostrar la fragilidad de su conducta o el poco desarrollo de su sentido de la responsabilidad.

¿Por qué? Porque al formar parte de esa reunión y no mostrar respeto a la posibilidad del contagio, pone en peligro al grupo y al desarrollo del proyecto de la selección en su conjunto, no solo a sí mismo. Es simple: un jugador contagiado, contagia al resto, y así no tengas síntomas, quedas fuera de la competencia.

Le pasó a Venezuela. Once jugadores titulares del equipo fueron retirados de la lista por tener COVID-19. Ninguno grave, pero positivos en el virus. Probablemente aptos para jugar, pero positivos en el virus. Imaginemos entonces una Copa América sin Tapia, sin Trauco o sin Yotún, todos al mismo tiempo. O sin el nuevo mejor amigo de todos, Gianluca Lapadula. Sin Abram, sin Carrillo.

Y no, no importa si Perú pierde la Copa o si no tiene un equipo competitivo. De todas maneras, lo más probable es que no la ganará. El problema es que el plan de preparación del equipo -que necesita consolidar sistemas de juego para la verdadera competencia en las eliminatorias- queda trunco. Se pondría en riesgo cuatro partidos de preparación, a buen nivel de competencia, contra los mismos rivales que hay que vencer para llegar a Qatar.

Así, Cueva volvió él solo a los días del Golf Los Incas de Chemo o las fiestas secretas del buen Ñol Solano. Felizmente ningún otro jugador volvió con él. Nos habíamos olvidado de todo ello, pero la indisciplina siempre regresa. Porque el fútbol, aunque a veces no nos acordemos y entre otras razones, lo juegan en su mayoría veinteañeros con mucho dinero y mucha fama.

Entonces, la duda inunda el cerebro del técnico Ricardo Gareca. En Videna evalúan separar a Cueva del equipo, a manera de ejemplo y castigo. Como haría cualquier profesor o incluso padre al ver a sus dirigidos en mala conducta. Lo más probable es que no necesiten ver más videos ni fotos, conocen bien a Christian. De hecho, lo conocen más tiempo y mejor que cualquier liga en la que ha jugado.

En los trece años de carrera de Cueva, el máximo tiempo que ha jugado en un equipo ha sido en el primero, la San Martín, por cuatro años. Jugó 121 partidos y marcó casi veinte goles. Después pasó por la Vallejo, Unión Española de Chile, Rayo Vallecano, Alianza, Toluca, Sao Paulo, Krasnodar de Rusia, Santos, Pachuca, el Malatyaspor y ahora el Al-Fateh de Arabia. Once equipos en nueve años. Eso es, sí, menos de un año por equipo.

De Alianza se fue entre indisciplinas. En Sao Paulo hasta ahora no saben por qué se quiso ir. De Rusia salió sin dar razones dejando una inversión varada. Del Santos, enfrentado contra el técnico. En el Pachuca después de solo cinco partidos. De Turquía lo echaron. A decir verdad, en el último tiempo, la selección peruana ha sido su lugar más estable. Pero Perú no puede ser la excepción de su estilo, es simplemente un impacto diferente. 

Christian Cueva es hoy un colibrí. Va y pica, engalana, algo no le gusta y se va. Algo similar pasa en la selección. Viene, juega, engalana, y a veces falla y se va. A veces está a la deriva. Y aún así, aunque no tenga club fijo o ritmo de competencia, es una pieza inamovible en el once titular. 

No hay jugador en Perú que cumpla la función como Cueva. No le hacen sombra. El manual de Gareca obliga a ponerlo. Y Cueva lo sabe. Desde el Mundial, parece que el jugador reconoce una cúspide alcanzada y una condición de intocable. Hay ganas de jugar bien, lo demostró ante Ecuador, y mucho talento; pero la indisciplina de siempre y la inestabilidad no se han acabado con el éxito, sino que quizás se han hecho más evidentes con el tiempo.  

Y Gareca, pensando desde la Videna mientras mira el video de la fiesta, sabe que no puede prescindir de Cueva. La alternativa hoy sería Luis Iberico, una incógnita. Toca volver a hablar con él, desde la voz de autoridad que ha construido sobre Cueva. Eso le permite tener estabilidad alrededor suyo. Toca volver a arriesgar el ejemplo hacia el grupo y hacia otros jugadores peruanos menores, que con toda razón podrían pensar: escándalo y juega igual. 

Pero ahí está el punto. Salvando las distancias, Cueva es para Perú como Maradona fue para Argentina. O Romario para Brasil. Cueva es diferente. Cuando está, Perú muestra un fútbol determinante, ordenado y, a pesar de la contradicción inevitable, muy disciplinado en la cancha. Christian, con su panza prominente y su físico pormenorizado, hace la banda sin cansarse. La pisa, la toca, va a buscarla. Lanza el pase, llega a todas. Como a Maradona, la fiesta no lo descoloca. Como a Romario, el entrenamiento no lo modifica. Y eso Gareca parece entenderlo. 

Al técnico no le importa un rábano lo que Cueva haga con su vida privada. Lo único que le importa es lo que haga en la cancha. Y que sea un ejemplo ahí, en el verde. A decir verdad, así es como deberíamos sentirnos todos. Corregir lo incorregible o insistir en la moralidad es una forma de desaprovechar un talento, satanizarlo, frustrarlo y evitarlo. La alternativa es influenciar alrededor suyo al grupo en identificar lo malo y evitar que sea contagioso. No solo el COVID-19, sino también la indisciplina.

Hace seis años, Gareca confió en un Cueva cuestionado por la mala conducta de siempre en Alianza y lo volvió el diez de Perú. Nunca salió del equipo, a pesar de todo. Y fue precisamente en un partido contra Brasil donde demostró sus cualidades: anotó el primer gol. A pesar de eso, perdimos con Neymar en cancha. Pero esa historia fue una de las principales que nos llevó a Rusia. Esperemos que hoy, nuevamente cuestionado, Cueva con la diez ponga en problemas a Brasil.

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Christian Cueva, Copa América, Ricardo Gareca

En el caso de ganar Castillo, mucho del destino político y social del país va a depender del papel de bisagra y de contención que ejerza el centro en el Congreso de la República. La izquierda está definida: son 42 (37 de Perú Libre y 5 de Juntos por el Perú); la derecha lo propio: son 44 (24 de Fuerza Popular, 13 de Renovación Popular y 7 de Avanza País).

En el centro recalan 17 de Acción Popular, 15 de Alianza para el Progreso, 5 de Podemos, 4 de Somos Perú y 3 Morados, en total 44. En el escenario de un Castillo tirado al centro, más moderado, con el plan de Francke bajo el brazo, es factible que se llegue a un acuerdo con este numeroso sector de congresistas y lograr así un holgado grupo de 86 votos, con los cuales se podría, sin problemas, hacerse las modificaciones tributarias que se han planteado particularmente para el sector minero (que es de donde Castillo piensa sacar la caja para sostener su proyecto de reconstrucción del Estado en materia de salud y educación).

Pero el elemento de negociación que el centro debería anteponer es que Castillo arríe las banderas de la Asamblea Constituyente. Primero, porque no es necesario para aplicar el plan Francke y segundo porque de querer hacerlo va a someter al país a una zozobra política e incertidumbre social gigantesca, cuyo principal perjudicado va a ser el propio gobierno (con las inversiones privadas retraídas no hay país que pueda prosperar).

La única manera de asegurarnos que el período Francke no sea una primavera rosada que a renglón seguido, apenas se acomode en el poder Castillo, dé paso a un verano rojo liderado por las huestes cerronistas, pasa porque Castillo renuncie a la idea de refundar constitucionalmente el país, pretensión que choca con el rechazo de por lo menos la mitad del país que no votó por aquella.

Meterse el escenario de una eventual disolución del Congreso, nuevas elecciones congresales, o referéndum inicial para ver si se convoca otro que consulte si se va a una Constituyente, elecciones para la misma, etc., teniendo en el medio planeando la posibilidad de una vacancia, sería una demostración de irracionalidad que ojalá Castillo entienda que sería terrible para el país y su propio mandato.

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Lejos de aceptar lo proclamado en las urnas nuestra derecha más obtusa, fascista y corrupta –con el total beneplácito de la señora Fujimori– se empeña, mediante triquiñuelas legales, desconocer la legitimidad de la elección como presidente de la república de Pedro Castillo. Al grito de fraude no han escatimado en pedir que las elecciones se anulen o que se produzca un golpe de estado.

Un delirante almirante, que ha pasado de firmar el acta de sujeción al delincuente de Vladimiro Montesinos a entregarse al fascismo liderado por un oscuro personaje que se identifica así mismo con un cerdo, ha hecho un ilegal llamado a la sedición. En su perturbada mente autoritaria parece haber convencido a un sector de la derecha a que se prolongue lo más posible, con todo tipo de leguleyadas, la decisión del Jurado Nacional de Elecciones para que se llegue al 28 de julio sin proclamar un ganador y él, ya electo como presidente del congreso, pueda asumir el gobierno y convocar a nuevas elecciones. Una estrategia a la que ya no le importa le ley y la institucionalidad, que solo busca el poder por el poder para impedir que un gobierno del pueblo llegue a palacio.

La paranoia de la derecha ultraconservadora es tal que han recurrido a sus viejas prácticas de llamar al golpe de estado con tal de preservar sus privilegios. La nuestra nació como una república excluyente. Cuando en los albores de la independencia se decidió excluir a los analfabetos del derecho al sufragio, en verdad, a quienes se excluyó fueron a los indígenas. Su temor siempre fue el que los indios tomaran el poder de una república que los criollos construyeron para sus exclusivos intereses. De esta manera en un país donde el 80% de su población era rural, indígena y analfabeta, las elecciones fueron un fenómeno forzadamente urbano y minoritario. Esto se mantuvo hasta la Constitución de 1979 y hoy poco más de cuarenta años después, lo impensable sucedió y esas fuerzas históricamente excluidas han ganado legítimamente el gobierno.

Aquí no sólo se juega la preservación de un modelo económico, se juegan los miedos más atávicos de una derecha que nunca supo ser democrática, que siempre utilizó a las instituciones para sus intereses y mantener sus grandes negociados. De ahí su desesperación por mantener el poder a toda costa. Cuando ya habíamos pensado que el fantasma del golpe, aquel que siempre acompañó nuestra historia, se estaba disipando reaparece nuevamente en boca del cachaco de turno y de sus esbirros que fungen de periodistas.

La historia política del Perú siempre ha sido muy tormentosa, como nos enseña Alberto Flores Galindo, “entre 1900 y 1968 se produjeron 56 intentos para interrumpir la sucesión considerada legal en la vida republicana. En diez casos se trató de proyectos gestados y protagonizados por civiles. Los restantes 46, se originaron en el interior de las fuerzas armadas. De ellos, sólo nueve se produjeron en los treinta primeros años de este siglo; el resto emergió entre 1931 y 1968, equivaliendo casi a un intento por año” (La tradición autoritaria, 1999). En lo que va del presente siglo, sin embargo, logramos, con mucho esfuerzo, mantener el período democrático más largo de nuestra historia. Claro que no estuvo exento de ataques y peligros constantes que como ciudadanía supimos conjurar. Hoy que el peligro del golpe asecha nuevamente debemos estar otra vez vigilantes y defender lo que ha sido la expresión legítima del pueblo.

No podemos esperar ni pedir a quien encarna y lidera una organización criminal nacida de una dictadura que tenga la grandeza de aceptar el veredicto popular. Quien nació para ladrón no puede pretender ser estadista. Pero si podemos defender y legitimar al nuevo presidente de las arremetidas de una derecha más embrutecida y achorada que nunca. Hicieron todo lo que estuvo a su alcance para impedir ese triunfo, tuvieron todo el apoyo económico y mediático y no pudieron doblegar la voluntad de un pueblo que le ha dicho no a la mafia y que quiere un cambio en el país. Ahora quieren doblegar al presidente legítimamente electo. Seguramente seguirán usando a sus cachacos, su prensa, sus millones, a sus hermanitos del poder judicial y el ministerio público, pero, esta vez no podrán contener a un pueblo que defenderá su derecho a decidir su propio destino.

No será una tarea fácil. Nos toca a nosotros desde la sociedad civil rechazar cualquier intento golpista de desconocer los resultados. No podrán arrebatar por la fuerza lo que no pudieron ganar en las urnas. Este ya no es el Perú de antes, es un Perú que se sabe dueño de su destino y cuyo pueblo ha despertado de un largo letargo al que fue sometido por esa oligarquía que nunca amó a este país. De nosotros dependerá que no “volvamos a la normalidad” como dijo el poeta Martín Adán cuando Odría dio el golpe de estado.

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Derecha, Fraude electoral, Golpe de estado

UNO

Era natural de la lejana Wisconsin. Era un cuarentón, caucásico, con cejas pobladas, orejón y pelo engominado. Joseph McCarthy fue electo senador republicano en 1947. En 1950 emergió de la oscuridad: Dedujo, inteligentemente, que la Unión Soviética y China eran los enemigos a vencer. Entonces, cual demagogo oportunista, acusó a Truman de tibio, ante el avance del Comunismo. Como pocos le hicieron caso, le envió una misiva al Presidente denunciando una conspiración roja, dentro del Departamento de Estado. Más tarde, hizo pública la carta. Eso, jodió a Truman.

Volteó su mirada a la Costa Oeste: Hollywood. Y sonrió. Ahí esgrimió una lista negra, con apoyo popular y sin ninguna interferencia política. En dicha lista, incluyó a actores, guionistas, intelectuales, artistas, científicos y directores de cine.

DOS

Dícese, erróneamente, que la edad brinda un mayor sosiego y sabiduría. Generalmente, la gente que de joven es cojuda, pues de viejo lo seguirá siendo. O que en la vejez, mucha gente cambia para mal.

Vitocho Belaunde es una muestra clara de este axioma. En un programa político, recordó el golpe de 1962 (que benefició a Belaunde y perjudicó a los apristas) como un ejemplo –erróneo- del porqué se debe anular las elecciones. Aunque, hasta ahora, no se comprobó el tan mencionado fraude, según los organismos internacionales.

En 1992, tuve la gran oportunidad de entrevistar al vate Antonio Cisneros, quien generoso me brindó una hora y media de su tiempo. Me dejó muchas frases para el recuerdo.

“Tomás, todo es cíclico. Incluso el liberalismo a ultranza que estamos viviendo”.

Leí en las redes sociales, a gente que sin inmutarse, exigía que se proscriba al Partido Comunista. Otros, reclamaban que los tanques militares salgan a las calles. Me parecía volver a los años cuarenta y cincuenta, cuando el APRA y el Partido Comunista estaban proscritos; y sus líderes deportados. O los ignomiosos golpes de Estado.

TRES

Apuntó su mira a los Rosenberg, y los acusó de traición a la patria. Terminaron en la silla eléctrica.

McCarthy creó comités y grupos de vigilancia privados, para antiamericanos en las ciudades. La consecuencia directa fue que miles de personas perdieron sus trabajos. Así también, se procesaron a residentes extranjeros y homosexuales. Lo contraproducente de esto, es que él era gay; reprimido, pero gay.

Incluso persiguió a Chaplin. Lo obligó a exiliarse.

Años después, su imagen se desgastó. Se había creado demasiados enemigos. Su alcoholismo y el cambio de la opinión pública sellaron su suerte. Fue expulsado del Comité del Senado. Y luego se perdió en el anonimato.

CUATRO

El Perú era y es un país racista. Acá no hubo un proceso de mestizaje uniforme, como en otros países. Los españoles (conquistadores) usaron los indígenas como servidumbre. En otros países, los españoles tenían queridas e hijos, por doquier, con las indígenas. Acá eso no sucedió, ni de casualidad.

Que Pedro Castillo haya salido de un pueblo perdido del interior, y que no haya ido nunca a Lima, para hacerse de un nombre; es algo que los limeños no entienden, o no quieren entender.

Cuando hacia campaña por esos pueblos, les hablaba como un campesino más y comía con ellos. Fácil deducir, por que dichos poblados votaron por el hombre de Chota.

Que Keiko y su troupe, menosprecien y deseen anular el voto indígena, es una muestra más de racismo. Y su forma inequívoca de entender el país.

La irascibilidad se apoderó de un grupo heterogéneo de personas, ante los resultados electorales, en Lima. Por cuenta propia o no, decidieron colgar un cartel en las redes sociales: “Chapa tu Caviar”. Un mensaje netamente discriminatorio.

Lo insólito del caso, es que muchos cristianos que suscribieron en el muro del facebook: “El Comunismo es Satanás”;  ahora, con lo de “Chapa a tu Caviar”, dichos creyentes han virado en un silencio sepulcral.

A lo lejos, en el Seol, McCarthy dibujó una sonrisa sardónica en su rostro.

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Fraude electoral, Golpe de estado, Pedro Castillo, Racismo
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