Opinión

Es una superlativa noticia política que el oficialismo no haya logrado hacerse de la Mesa Directiva del Congreso y que la haya ganado María del Carmen Alva, de la lista encabezada por Acción Popular. En una circunstancia en la que los arrestos radicales de Perú Libre aún no han sido desmentidos por la conformación de un gabinete ministerial moderado o la emisión de un discurso presidencial del 28 de julio consonante, era imperativo que se consagrase de antemano un mínimo equilibrio de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo.

No obstante, es una mala noticia que la centroderecha no haya logrado conformar una lista unitaria debido a apetitos personales de los congresistas de Renovación Popular. Peor noticia es que Somos Perú y los morados se hayan unido a la lista fallida de Perú Libre, a pesar de existir absoluta discordancia ideológica entre unos y otros. Es responsabilidad de la oposición lograr esa unidad en algún momento. Hay razones más que suficientes para limar diferencias partidarias o ideológicas y lograr dicha concordancia en el futuro.

Es preciso que el Congreso opositor logre agrupar 87 votos. Ello implica la suma de todos los partidos menos Perú Libre, Juntos por el Perú y el congresista Valer, que llegan a 43 votos. ¿Por qué esa cifra? Porque con ella pende como una espada de Damocles para el Ejecutivo la eventualidad de ser vacado si se aparta de los márgenes constitucionales previstos en la Carta Magna. Dadas las circunstancias, es saludable que exista esa posibilidad.

Frente a la reiterada insistencia del presidente electo en transitar el camino del referéndum para convocar a una Asamblea Constituyente, llegará un momento en que habrá una colisión de poderes porque el texto constitucional es muy claro: “toda” reforma constitucional requiere del Congreso. Si Castillo insiste en convocar a un referéndum en base a la sola recolección de firmas -tarea en la que ingenuamente un sector de la derecha lo acompaña-, tendrá que ser el Legislativo el que le pare el macho.

Posdata: ha quedado en evidencia la clamorosa impericia del oficialismo, incapaz de organizar una lista bien constituida, motivo por el que fue retirada de la contienda, dejándole el camino servido al centro y a la derecha. Ojalá no sea un heraldo de la forma en que se van a conducir en el gobierno.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo, Perú Libre

Continuando una miniserie con información sobre cómo somos los peruanos, toca hoy conocer más de los famosos Niveles Socioeconómicos (NSE), esa clasificación por la cual se determina la ubicación de un hogar en una estructura social construida que mide aspectos económicos (bienes y servicios que se poseen, equipamiento del hogar y servicios que se tienen) y sociales (nivel educativo y acceso a servicios de salud). Es una clasificación que a menudo se confunde con nivel de ingresos, pero no tiene nada que ver con ello. Mide más capacidad que poder real. Es multidimensional y cada nivel depende de una combinación de variables para determinarse.

Para el Perú se han determinado desde hace mucho 5 NSE que se determinan con una letra: A (NSE Alto), B (Medio Alto), C (Medio y Medio bajo), D (Bajo) y E (Muy Bajo). Quien lo determina es la APEIM (Asociación Peruana de Agencias de Investigación de Mercados) en base al trabajo que realiza el INEI en la Encuesta Nacional de Hogares y se actualiza de manera anual o bianual. Sin más, conozcamos un poco de la división por NSE del Perú.

La pirámide de niveles de todo el Perú nos enseña que el NSE A agrupa al 2% de hogares, el B al 11%, el C al 28%, el D al 25% y el E al 35%. ¿Cómo que 35%? ¿Y el desarrollo, el modelo? Pues a decir verdad, no se está moviendo mucho. Si vemos el comparativo de NSE entre el 2013 y el 2020, la cosa es tan diferente. Hay una ligera mejora de la distribución, pero los NSE D y E aún concentran el 60% o más de los hogares del país:

Distribución de NSE Total Perú

Comparativo 2013 – 2020

  2013 2020
NSE A 2 2
NSE B 9 11
NSE C 23 27
NSE D 26 25
NSE E 38 35
Fuente: APEIM

Fuertes y claros números que nos reflejan un Perú que no termina de progresar, de desarrollarse, de tener la capacidad de eliminar la letra E de su distribución.

Pero esa no es la única diferencia que podemos hacer. La distribución es muy diferente por ámbito. Si lo vemos por Lima Metropolitana, Perú Urbano o Perú Total, podemos hablar de tres países diferentes. Basta mirar el siguiente cuadro para entenderlo:

Distribución de NSE según ámbito

Perú 2020

  Lima Metropolitana Perú Urbano Perú Total
NSE A 4 2 2
NSE B 22 14 11
NSE C 43 35 27
NSE D 25 29 25
NSE E 6 20 35
Fuente: APEIM

Podríamos empezar a discutir este cuadro para empezar a discutir el país. Si relacionamos esta información con el resultado de las últimas elecciones tendremos argumentos mucho más eficientes para entender lo que pasó. Si en Lima Metropolitana 1 de cada 10 pertenece al NSE E; en el Perú Total 4 de cada 10 lo son. Si hablamos de la “emergencia” de la clase media baja, cuánto de eso que decimos es sesgado por la foto que vemos de la capital y no del resto del país. Son preguntas que debemos pensar cada vez más.

Aún más, revisemos la distribución de departamentos del Perú con mayor incidencia de NSE E. Tendremos nombres conocidos que en esta serie hemos venido repitiendo y repitiendo:

Departamentos con mayor proporción de hogares de NSE E

Perú 2020

Departamento % NSE E
Huancavelica 86%
Cajamarca 72%
Ayacucho 72%
Apurímac 71%
Huánuco 67%
Fuente: APEIM

Otra vez, los Huancavelica, los Cajamarca, los Ayacucho, los Apurímac. Se repiten y repiten y repiten como disco rayado. Desde hace años. Sin cambios. Pero nos asombra que pidan cambios profundos.

Si decidimos ver las diferencias en características entre los NSE, encontramos algunas cosas interesantes también. Por ejemplo, que el 35% del NSE A tiene un seguro privado de salud, servicio que el 0% del NSE E posee (sí, 0%, no es un error). Y si el 63% del A posee Essalud, solo el 6% lo tiene. Algo tan básico como la atención en salud genera tantas diferencias entre peruanos.

En cuanto a ingresos, vale la pena detenerse a ver este cuadro:

Diferencia entre ingreso y gasto familiar mensual según NSE

Perú 2020

  Ingreso mensual Gasto mensual Diferencia
NSE AB 7,777 5,333 2,444
NSE C 4,123 3,116 1,007
NSE D 2,624 2,049 575
NSE E 1,370 1,161 209
Fuente: APEIM

Como se observa claramente, lo que “queda” en cada caso es radicalmente distinto- ¿Capacidad de ahorro? Solo en algunos. Muy algunos. Además, mientras el NSE AB destina el 27% de su gasto a alimentos dentro del hogar, en el NSE E esta proporción llega a 50%. Claramente se trata de una economía orientada exclusivamente a cubrir necesidades básicas. Además, si el AB destina más de 570 soles mensuales a la educación, en el NSE E solo se dispone de S/ 20.

Asimismo, observamos que el 86% del NSE A posee alguna cuenta de ahorro. Este porcentaje solo llega al 25% en el E. El 12% en el A no tiene ningún producto bancario y el 75% en el E reporta lo mismo.

En cuanto a tenencia de productos y servicios, lo primero que queremos destacar no es una diferencia, es más bien una coincidencia: la penetración de al menos un celular en el hogar. Todos los NSE reportan porcentajes muy altos. Incluso el NSE E, con más del 82%. La telefonía -o los datos- mediante celulares hoy es una realidad nacional.

Pero en el resto de los indicadores las diferencias son de terror. Para que se note, algunos datos relevantes. En cuanto a conexión a Internet, el NSE A reporta 100% de hogares conectados, mientras que el E 2.1%. Tenencia de servicio doméstico, 78% versus 0.1%. TV cable 94% contra 9%. ¿Lavadora? Nada menos que 97% y 0.6%. Esto, estresando la distancia entre el NSE A y el NSE E. Al medios el resto, marcando una gradiente hacia abajo, tan preocupante como clarísima.

Pero no acaba acá, hay más:

  • Autos: 88% (NSE A) / 1.4% (NSE E)
  • Refrigeradora 99% / 9%
  • Microondas 91% / 0.2%
  • Licuadora 96% / 31%

Tanto tiempo discutiendo la importancia de la conectividad. El significado de la conectividad para la inclusión. Lo que tenemos es también de preocupación grande. ¿Computadora en el hogar? 97% en el A, 3% en el E. Pero el uso de Internet entre mayores de 18 años es revelador también: 92% reporta hacerlo en el A y solo 20% en el E. Sólo una de cada cinco personas en el NSE E señala que suele conectarse a Internet. Pero además, el 90% lo hace desde acceso móvil. 17% aún usa cabinas para conectarse.

Como vemos, somos un país desigual. No de ahora, desde hace muchos años. Avanzamos lento en la reducción de las brechas. O simplemente no avanzamos. Este es el Perú del Bicentenario. ¡Felices Fiestas Patrias!

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conectividad, NSE, Radiografía del Perú

Pedro Castillo tiene que elegir entre el discurso radical decimonónico de su socio Vladimir Cerrón y allegados, o el imperativo de la realidad, además de su propia vocación ideológica (el Presidente electo se ha encargado de señalar que no es comunista ni chavista como sí lo es el secretario general del partido que lo llevó al poder).

La encuesta de Ipsos publicada hoy en el diario El Comercio ratifica lo que Datum e IEP habían señalado horas previas. Preguntada la ciudadanía por las prioridades que debe tener el próximo gobierno figura en primerísimo lugar salud, con 75%, reactivar la economía 67%, educación 55%, seguridad ciudadana 46%, combatir la corrupción 42%, apoyar la agricultura 27%, programas contra la pobreza 18%, impulsar infraestructura 11% e impulsar un cambio constitucional apenas 11%.

Precisando el tema, Ipsos pregunta respecto del posible cambio de Constitución: 32% considera que debe ser reformada parcialmente; 40% a favor de una constituyente y 25% que debe mantenerse sin cambios. La mayoría del país no acompaña el afán refundacional radical de Cerrón y compañía.

Castillo debería escuchar al propio pueblo que tanto invoca. Debe darse cuenta, además, que el suyo no fue un voto ideológico sino disruptivo, antiestablishment. No ha ganado la izquierda, como cree el cerronismo, sino un país que resiente el centralismo y el clasismo que lamentablemente han signado al modelo que, por su lado, tanto éxito macroeconómico ha tenido en estas décadas.

En estas horas se define la Mesa Directiva del Congreso, el gabinete ministerial y el perfil político del nuevo gobierno a través del mensaje presidencial de Fiestas Patrias ante el Legislativo. Ojalá Castillo sepa leer la realidad y entienda que el mandato popular lo conduce a ejecutar un gobierno de izquierda moderado.

Ya algunos indicios positivos ha mostrado Castillo en el congreso partidario de ayer, en el que marcó clara distancia de los apetitos absolutos de Perú Libre y probablemente el distanciamiento sea cada vez mayor, pero eso solo lo corroborarán los hechos políticos que esta semana se definirán.

El gobierno de Castillo es débil de antemano. Si lo entiende, lo modera, busca acercarse al centro tanto social como político, y construye mayorías con una buena gestión, podrá sobrevivir. Si no lo entiende, se deja llevar de las narices por el carromato ideológico de Perú Libre y pretende refundar radicalmente el país, lo más probable es que no dure los cinco años de mandato.

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Pedro Castillo, Perú Libre, Vladimir Cerrón

A papá Ezio

Andarita es el diminutivo de antara, este es un instrumento musical andino que se compone de la unión de varias cañas de diferente tamaño, de modo que al soplar sobre ellas producen diferentes sonidos y, al combinarlos adecuadamente, bellas armonías hacen eco con los cerros, podría decirnos Ernesto, el sensible niño que protagoniza Los Ríos Profundos, célebre novela de José María Arguedas.

La Andarita es también el nombre de un vals, de aires muy andinos, que resulta de la musicalización y reducción de la letra del poema Canto a Luis Pardo, de Abelardo Gamarra “el tunante”, que narra las aventuras del héroe popular y trasgresor del orden establecido, del mismo nombre. Pardo era natal de Chiquián y bandolero, salteador de caminos, y cuenta la leyenda que asaltaba a los ricos viajeros que se trasladaban por sus comarcas, pero ayudaba a su gente, de allí el mito.

Yo provengo de una generación a la que sus padres les enseñaron a cantar ese vals, a punta de verlos en sus jaranas, en tiempos en que la gente se jaraneaba y no había vecino que se quejase, al contrario, el vecino se unía a la fiesta toda vez que igual no iba a poder dormir. Y de muy pequeño le preguntaba conmovido a papá Ezio por el dramático final de Luis Pardo, narrado en la canción:

“Donde están mis defensores,

ya para mí no hay clemencia

Nadie sufre, nadie llora,

si han de matarme ¡en buena hora!

Pero mátenme de frente,

yo soy señores Luis Pardo

El famoso bandolero”

Y mi padre me contaba las hazañas de tan enternecedor personaje y me explicaba que, por aquel entonces, a los bandoleros los mataban de espaldas y por eso, en el poema, Pardo clama por que lo maten de frente, porque él tenía su honor de haber sido un gran bandolero, una leyenda, un hombre que ayudó a su pueblo.

Pasaron los años y corría julio de 1987, Alan García se aprestaba a anunciar, en su mensaje de Fiestas Patrias, la nacionalización de la banca y que su política de reactivación social productiva había llevado a la quiebra al país, con la complicidad de los empresarios más ricos del país. Sin preverlo, yo me encontraba en el Cuzco, con una quincena de amigos recién ingresados a la PUCP, todos de clase media acomodada y lo digo porque será importante en el relato.

La mayoría viajó en vuelo directo en avión desde Lima. Pero el suscrito, junto a Iván Temoche y Adolfo Perleche hicimos la ruta hasta Arequipa por tierra, pasamos unos días donde unos parientes míos, y luego tomamos un avión que tembló todo el tiempo, hasta la capital del Tahuantinsuyo, para reencontrarnos con los demás. El reencuentro debía ser celebrado, sin duda, así que, caminando por el barrio de Santa Ana (ahora parece un sarcasmo enterarme que por ese barrio entraron por primera vez Francisco Pizarro y sus hombres al Cusco luego de derrotar al ejército Inca) nos metimos en la primera cantina que encontramos y nos dimos a beber cerveza del tiempo. Entonces no era como ahora: dos experiencias no podías perderte si ibas al Cuzco en los ochenta, la primera era beber cerveza cusqueña que entonces era un producto regional que solo se saboreaba en el lugar; la segunda era tomarla del tiempo, enfriada por la helada sombra serrana, varios grados de temperatura por debajo de las zonas alumbradas por el sol.

Habríamos pasado como una hora libando, más o menos, y comenzaron los problemas; de las otras mesas arrancaron los puyazos, las agresiones, de carácter racial y alusivos a nuestra proveniencia capitalina. El tono y la frecuencia fueron subiendo rápidamente con lo cual el ambiente se tornó de inminente bronca o de súbita partida del lugar. Comenzamos a hablar del tema en voz baja, había que actuar rápido, pero a mí no me terminaba de cuadrar salir expulsado de un lugar debido a las enconadas y diversas narrativas que pululan en el país porque no hemos tenido clase dirigente capaz de tender mínimos puentes entre culturas y regiones.

“Ven acá mi compañera,

ven oh mi dulce andarita,

tu, sola, sola, solita,

que me traes la quimera”

No sé cómo fue, pero súbitamente, me encontraba en el medio de la cantina entonando con voz temblorosa pero emotiva la melodía y la letra de La Andarita. De ese momento recuerdo el silencio, el silencio tenso, todos comprendieron que ese canto portaba una respuesta a los parroquianos por parte de los visitantes, hasta que alcanzamos el cenit de la canción:

“Por eso yo quiero al niño

Amo y respeto al anciano

Al indio que es como mi hermano

Le doy todo mi cariño”

Es tan fácil criticar, de seguro me trataran de paternalista y hasta de racista ya sea por la manera cómo intenté resolver aquel dilema hace treintaicuatro años o por contarles esta historia a propósito del Bicentenario. Pero más difícil es estar allí, en la posición en la que nosotros nos encontrábamos, y adoptar la postura de buscar una salida que no supusiese el conflicto o la huida, sino el encuentro y el reconocimiento.

En la bicentenaria historia de nuestra república, nunca le hemos dado cara a los potentes imaginarios que hasta hoy nos siguen drásticamente separando, porque muchas veces, además, se amparan en la realidad socioeconómica. Es por eso que suelo sugerir a mis estudiantes -pues finalmente existe un ágora, el aula, en donde se reúnen todas las sangres del Perú- conocerse, dejar sus guetos por un instante, e invitarse. La joven con casa en Asia, y que seguro representa en los demás el estereotipo del “blanco”, pues que les invite un fin de semana a la playa, y el joven cuyos padres poseen una estancia rural en Ayacucho, pues lo mismo, que los invite a una excursión a su tierra, a sus costumbres, a sus apus.

De qué sirve ser iguales en derechos -aunque en la praxis no se cumple- si no nos reconocemos como iguales al vernos, al mirarnos. Si una lección, si una verdad, evidente, nos ha dejado la reciente campaña electoral es que seguimos siendo un país de guetos, o una sociedad de castas, como se decía en tiempos coloniales.

Al final de esta columna, algunos se preguntarán ¿y cómo terminó la historia de La Andarita de Santa Ana? Pues de lo mejor. Cuando terminé de cantar el espacio se convirtió en otro, dejó de estar dividido por mesas y nos confundimos todos en un gran abrazo, si los parroquianos hasta querían cantarnos la Flor de la Canela para darnos gusto.

“Sé humilde y pon la otra mejilla, rompe el hielo, en el Perú la historia explica muchas cosas y tú debes comprenderlo”. Pienso en las enseñanzas de papá Ezio el día del Bicentenario, cómo no compartirlas.

Feliz Bicentenario.

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Andarita, Bicentenario, José María Arguedas

Después de 16 meses, la mayoría del pueblo peruano ha estado confinada por una pandemia criminal y globalizada. Pero menos mal que no hay mal que dure cien años y se calcula que la disminución efectiva de contagios y que la “inmunidad de rebaño” se lograrán el 2023, en buena medida gracias al proceso de vacunación.

Adelantándose a esa victoria, poco a poco empiezan a organizarse eventos presenciales con la tranquilidad de estar vacunados y de seguir manteniendo los protocolos de rigor, como el uso de mascarillas y el respeto a la distancia física. Esto sin duda, se debe a que el riesgo de contagio es menor así y porque ya estamos todos más que hartos de llevar una vida por Zoom u otra plataforma, con el consiguiente cansancio visual y el estrés que eso conlleva. Simplemente queremos salir de nuestras casas, ver gente y respirar algo de aire libre.

En ese sentido, la Cámara Peruana del Libro ha organizado en formato mayormente presencial la Feria de Libro de Miraflores “Comparte la tradición” del 23 de julio al 4 de agosto. El evento se realiza en un lugar emblemático, el céntrico Parque Kennedy, y tiene como país invitado a Colombia.

En celebración al Bicentenario de nuestra República habrá una presencia importante de autores peruanos y convivios y conversatorios sobre figuras y temas actuales. Por ejemplo, destacan las presentaciones honrosas como la que se hará en homenaje al gran escritor Miguel Gutiérrez de Aníbal Meza Borja (editor), titulado Miguel Gutiérrez (1940-2016). En este caso los comentarios estarán a cargo de Maynor Freyre y Jorge Valenzuela.

Otra actividad que estará a la altura de una mega celebración Bicentenaria es la presentación del libro El zorro y la luna del poeta José Antonio Mazzotti. Los comentarios los harán la poeta y crítica Andrea Cabel y el narrador del Bicentenario y de la migración a los Estados Unidos, el profesor Eduardo González Viaña.

Asimismo, para seguir con el género lírico, tenemos la presencia de Miguel Idelfonso quien comparte la publicación de su nuevo libro, los Comentarios irreales, en clara alusión paródica al Inca Garcilaso. En esta actividad, serán los poetas Paolo de Lima y Paul Forsyth quienes presentarán la obra de Idelfonso.

Esta inspiradora feria también cuenta con invitados especiales de Colombia, como los poetas Jotamario Arbeláez, Andrea Cote Botero, Amparo Osorio, José Luis y Federico Díaz-Granados y Ramón Cote Baraibar.

Será una buena ocasión para ir pulseando el ambiente y disfrutar de novedades editoriales en carne y hueso, o en papel y tinta. Después de casi año y medio de virtualidad, bien nos merecemos un descanso.

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Feria de Libro de Miraflores, Pandemia

El IEP es contundente en su última encuesta: 85% pide que Cerrón (es decir, el ala radical) no participe en el nuevo gobierno; 58% aprueba algunos cambios constitucionales y solo el 23% quiere una nueva Carta Magna; 61% pide mantener el modelo económico y apenas el 23% pide un cambio total.

Lo mismo sucede con la última medición de Datum. Sobre las prioridades que debe tener el gobierno de Castillo, el 44% estima que debe ser la reactivación económica, 41% mejorar el sistema de salud, 35% mejorar la calidad de la educación, 35% luchar contra la corrupción, 21% luchar contra la delincuencia, y un reducidísimo 9% convocar a una Asamblea Constituyente.

Por si fuera poco, un 72% considera que el gobierno debería seguir un modelo de libre empresa, solo 12% el plan de Francke y un misérrimo 4% el programa de Cerrón.

Asimismo, Pedro Castillo empieza su gobierno con una actitud desfavorable del 19% y muy desfavorable de 16% de la opinión pública. En general, positiva de 40% y negativa de 35%. No va a tener luna de miel por parte de la ciudadanía.

Finalmente, respecto de la conformación de la Mesa Directiva del Congreso un 52% considera que debe serlo por alguien que no pertenezca a Perú Libre y solo un 35% que la debe ocupar algún adscrito al partido de Cerrón.

A buen entendedor, pocas palabras. Parece difícil que Castillo renuncie de facto a su pretensión constituyente y todo hace suponer que aprovechará su mensaje de Fiestas Patrias para anunciarlo, pero pronto deberá recalar en que socialmente es indeseable y políticamente es inviable (ni siquiera la bancada más izquierdista del centro, como es la de Acción Popular, le ha dado apoyo en ese tema).

Los arrestos radicales deberían quedar como un saludo a la bandera, un intento que de antemano se sabe inocuo, al que Castillo quizás se sienta obligado para cumplir con una parte de sus electores, pero con la conciencia clara de que va a abortar prontamente. Claramente, el país no acompaña a Castillo en ese proyecto y felizmente el Congreso parece que tampoco lo hará en lo que claramente es un dislate político.

Castillo debe entender ello no como una traición a sus postulados sino como un necesario giro al centro que la realidad le impone. Es de buenos políticos entender que la ideología no puede estar por encima de los hechos.

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El 23 de enero de 1822 el General Don José de San Martín instituyó la “Orden del Sol” para reconocer a las mujeres que se habían distinguido por sus contribuciones a la gesta independentista. Fueron condecoradas en total 193 mujeres con el grado de Caballeresas del Sol y el decreto acordado señalaba:

Las Patriotas que más se hayan distinguido por su adhesión a la independencia del Perú, usarán el distintivo de una BANDA DE SEDA BICOLOR BLANCA Y ENCARNADA que baje del hombro izquierdo al costado derecho, donde se enlazarán con una pequeña borla de oro con las armas del Estado en el anverso y esta inscripción en el reverso: “AL PATRIOTISMO DE LAS MÁS SENSIBLES”

Este fue el primer y único reconocimiento hasta la primera mitad del siglo XX que de manera oficial la naciente República del Perú le confirió a las patriotas en recompensa a sus hazañas y sacrificios. Entre las premiadas se encontraron valerosas mujeres que realizaron labores de espionaje, logística, acciones armadas y algunas que empeñaron sus bienes para apoyar la causa patriótica.

Las acciones en las que se involucraron trastocaron los roles tradicionales de madres, esposas e hijas, así como sus ámbitos de acción que traspasaron de lo doméstico a lo público. A pesar de ello, sus hazañas fueron interpretadas desde el contexto social y político del patriarcado, en el que las mujeres eran sujetos subordinados en su relación con un otro, es decir, en tanto; esposas, madres o hijas.

Un fragmento de la argumentación del decreto señalaba lo siguiente:

“El sexo más sensible naturalmente debe ser el más patriota; el carácter tierno de sus relaciones en la sociedad, ligándolo más al país en que nace, predispone doblemente en su favor todas las inclinaciones. Las que tienen nombres expresión de madres, esposas e hijas no pueden menos que interesarse con ardor en la suerte de los que son su objeto.

El bello sexo del Perú, cuyos delicados sentimientos revelan sus atractivos no podía dejar de distinguirse por su decidido patriotismo al contemplar que bajo el régimen de bronce que no han precedido, sus caras relaciones en general sólo servían para hacerle sufrir mayor número de sinsabores de parte de los agentes de un gobierno que a todos hacía desgraciados a su turno…”

Las patriotas condecoradas fueron mujeres que arriesgaron sus vidas en campos de batalla o formando parte de las complejas redes de información y espionaje a través de las cuáles se logró adelantar los pasos del ejercito realista. Un ejemplo de ello es Manuela Sáenz quien participó activamente de las batallas de Pichincha y Ayacucho o Rosa Campusano y Brígida Silva de Ochoa quienes organizaron importantes corredores de información, entrando a peligrosas prisiones como la del Real Felipe.

Los valientes actos que protagonizaron fueron cubiertos por la aparente naturaleza de lo “bello”, lo “delicado” y lo “tierno”, un corset que fue enterrando progresivamente sus roles históricos en el tiempo y en un horizonte de sentido patriarcal y machista que terminó por hacerlas desaparecer.

Casi un siglo después, durante el centenario de la independencia, el Presidente Leguía deslizó que la condecoración concedida por San Martín le fue otorgada a varias mujeres que no lo ameritaban, sobre ello señaló lo siguiente: “se distribuyó con más galantería que discreción, haciéndola extensiva a las más bellas y amables damas, lo que dio motivo a murmuraciones mujeriles que no se han apagado todavía”, agregó refiriéndose a Manuela Sáenz que “vegetaba por su escandalosa conducta, sumida en plena excomunión social”.

Cabe preguntarse a casi 200 años de ese primer reconocimiento el por qué no somos capaces de recordar y reconocer sus nombres y sus hazañas a diferencia de las de los héroes varones. Cabe preguntarse también el por qué ese reconocimiento no se transformó en una conmemoración anual como tantas fechas que nos recuerdan los protagonismos masculinos.

A 200 años de esa primera y bien intencionada condecoración, toca hacer el intento de exhumar esas 193 historias de coraje, es tiempo de leerlas y reinterpretarlas desde el presente, de restituirles la agencia de quienes decidieron formar parte de la construcción de una nación con autonomía e integridad.

Es este Bicentenario una oportunidad para reconocer en ellas el coraje que tuvieron en dar batalla a algo más grande que una guerra, pues ellas lucharon contra un sistema, un sentido común y un horizonte cultural. Estoy segura que hoy en día, la banda bicolor que tuvieron como condecoración llevaría la frase: “Al patriotismo de las más rebeldes”

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José de San Martín, Manuela Sáenz, Orden del Sol

Inmediatamente después de la proclamación como Presidente de la República del profesor de Primaria Pedro Castillo Terrones, natural de Chota (una de las trece provincias de la histórica y hermosa región Cajamarca), una melodía, alegre y saltarina, tocada con acordeones y guitarras acústicas, comenzó a sonar. Frente a la Casa del Maestro, en Paseo Colón. En la Plaza de Armas de Chota. En las redes sociales. Un huayno de carnaval que muchos jóvenes limeños conocimos, a comienzos de los años noventa, a través del comercial de una conocida marca de cerveza, grabado precisamente para Fiestas Patrias.

«Tenemos un desafío, paisano. Tenemos un desafío, paisano. Hay que hacer un Perú grande, paisano. Para todos nuestros hijos, paisano…» entonaban, acompañados por la Orquesta Sinfónica Nacional, Los Campesinos, un conjunto cusqueño/andahuaylino muy popular en toda la sierra sur y en los enclaves de migrantes integrados a la capital desde los años cincuenta –Wilfredo Quintana, uno de sus fundadores, falleció en junio del año pasado– pero que, para el público limeño de la época, eran solo unos señores sin nombre, quizás actores, y su aparición en la tanda publicitaria de los cuatro o cinco canales de televisión que existían en esos años (no había cable ni internet) no trascendía más allá de la anécdota, la tonadilla pegajosa, el mensaje positivo, la superficial y siempre dudosa intención “inclusiva” de publicistas con buen ojo oportunista para aprovechar las olas de patriotismo que se levantan cada mes de julio para vender más.

El tema, que lleva por nombre El Cilulo (o simplemente Cilulo), es el más representativo del cancionero folklórico cajamarquino, infaltable durante las festividades de la última semana de febrero, en pasacalles, coliseos y patios de casas donde el carnaval se celebra(ba) a todo dar. La paternidad del Cilulo se la disputan, desde hace décadas, las provincias de Celendín y Cajabamba, aunque según los expertos hay más de una evidencia de que se trata de un himno “shilico” (así se autodenominan los nacidos en Celendín, cuyo gentilicio oficial es celendino).

Una de las particularidades del Cilulo es que no tiene una letra fija. Las coplas, de tono pícaro y costumbrista, cambian según la inspiración de las comparsas, aunque siempre conservan elementos comunes, usados para describir un tradicional cortamonte. Hay distintas versiones del significado de “cilulo”. Mientras que algunos dicen que es un árbol, otros dicen que se trata de uno de los aparejos del jinete de caballos de paso. Una tercera teoría afirma que “cilulo” era un muñeco que se ubicaba junto al árbol durante la danza, previa al ritual de echárselo abajo a machetazos. Toda una interesante discusión en la que confluyen elementos artísticos, simbologías locales, costumbres familiares y leyendas rurales, en el marco de una celebración pagana, el carnaval, en su versión mestiza de sabor nacional.

Este contraste de la popularidad del Cilulo –máxima en Cajamarca; mínima en Lima-, es solo una de las tantas muestras de la profunda y normalizada desconexión entre lo provinciano y lo capitalino que nos caracteriza como país desde hace mucho tiempo. Un himno en toda Cajamarca, que corona las fiestas carnavalescas desde los años cuarenta (hace 80 años) pero que en Lima apenas es reconocido por algunos círculos de estudiosos, melómanos y gente más o menos interesada en la música nacional. Eso sin mencionar, por supuesto, a los miles de descendientes de cajamarquinos nacidos y establecidos en Lima, limeños de padres y abuelos provincianos. No es que sea una novedad esa desconexión. O un descubrimiento. Es, sencillamente, una lamentable demostración de la grieta cultural que aún está pendiente de resanarse en nuestro país. Nos divierte la tonada, pero no sabemos ni su nombre ni su origen. No es el único caso.

Guillermo Salazar Pajares es un nombre que al limeño promedio no le suena absolutamente a nada. En Cajamarca es conocido como «El Frank Sinatra del Carnaval». Desde los años setenta, Salazar Pajares compone y canta huaynos, parrandas y carnavales para que salgan las patrullas cada febrero a encender calles y plazas, con sus animadas rondas y coloridos trajes típicos. Don Guillermo y su Conjunto ha puesto la música en los festejos de su tierra desde muy joven, siempre con su güiro en la mano y flanqueado por sus principales vocalistas: Violeta Valdez y Carlos Izquierdo, con quienes compartía micrófono en grabaciones para sellos como Odeón del Perú e Iempsa. Lamentablemente, don Carlos –a quien llamaban cariñosamente “Che Carlitos”- falleció en el 2014 y doña Violeta, en febrero de este año, víctima de COVID-19. Aquí los vemos en una de las tantas versiones que hizo Don Guillermo y su Conjunto del popular Cilulo.

Otro importante intérprete de folklore cajamarquino fue Miguel Ángel Rubio Silva, más conocido en el ambiente artístico como El Indio Mayta. Sus LP, publicados por la desaparecida compañía discográfica Fabricantes Técnicos Asociados (FTA), junto a su grupo Los Huiracochas, tuvieron mucho éxito en la década de los setenta, en que la migración del campo a la ciudad y el gobierno de Velasco dieron mucho espacio a opciones musicales vernaculares. Pero, otra vez, las sombras de la discriminación y el centralismo convirtieron al Indio Mayta en poco más que un personaje pintoresco. Los niños limeños supimos de su existencia por la imitación que, de él, hacía el recordado cómico Miguel Ángel «Chicho» Mendoza, en el programa Risas y Salsa, de gran parecido físico con el cantante. Siempre con su bombo y vestido de campesino, El Indio Mayta soltaba su característico saludo «usshhhaa» y cantaba (La) Matarina, otra melodía clásica de las fiestas cajamarquinas. El popular cantautor falleció el 2010, a los 78 años, en la más absoluta pobreza y abandono estatal.

Aunque su popularidad en Lima es infinitamente más pequeña que en el interior, Matarina –composición del violinista cajamarquino César Ramiro Fernández Bringas-, tuvo en algún momento cierta presencia entre públicos capitalinos más jóvenes. Pepe Alva y Jean Paul Strauss, cantautores pop surgidos en los años noventa, la grabaron en el 2001 y 2008, respectivamente. Mientras que la versión de Alva, quien inició su carrera en los Estados Unidos, tuvo mediana aceptación entre los consumidores de pop-rock convencional en onda «fusión»; la de Strauss es un mamotreto intragable, un insulto a años de tradición musical de la Capital del Carnaval en el Perú.

Así como Don Guillermo y su Conjunto o El Indio Mayta y Los Huiracochas, agrupaciones como Los Reales de Cajamarca, Los Alegres de Bambamarca (Hualgayoc) o Los Tucos de Cajamarca, con trayectorias que superan, en el caso de los primeros y los últimos, las cuatro décadas, son extremadamente populares entre sus paisanos, pero han pasado desapercibidas para la “oficialidad” capitalina. Esta dinámica se cumple, por cierto, en todas y cada una de las regiones del interior del país, con casos excepcionales de personajes que lograron instalarse en los gustos limeños, ya sea por su talento, logros artísticos o por simple y llana casualidad, usados como símbolo efectista de la engañosa “inclusión” con la que muchas veces se trata de asolapar la discriminación y racismo aun vigentes entre nosotros. Así, por ejemplo, tenemos el caso de Silverio Urbina, cuya canción Mi linda flor –escrita por el cantante Tomás Pachecho, hermano de Lucio Pacheco, conocido intérprete de huaynos en arpa- se convirtió, desde el 2005, en el equivalente moderno de La Matarina, un huayno alegre que se coló entre las cumbias norteñas, el Jipi Jay y Bareto en discotecas, setlists de Spotify y horas locas faranduleras.

Pero no todo es folklore en Cajamarca. Bandas como Gredel (pop-rock), Karikatumba, Parque Catarsis (hard-rock), Nueva Dirección, Padme (punk), Kaliko y sus Kaliches (rock), La Kuchanguita (reggae), Ruido Negro o Ácido Instinto (new wave) son conocidas por las juventudes rockeras de la región, pero totalmente invisibles en Lima. Lo mismo ocurre con un interesante proyecto de música electrónica llamado DMTH5, de la cineasta y comunicadora Irma Cabrera Abanto, que ha tenido repercusión en diversos festivales de arte vanguardista en otros países. Estos exponentes del pop-rock cajamarquino, son solo las puntas del iceberg de una escena en eterna búsqueda de espacios para mostrarse, aun cuando algunos suenan incluso mejor que muchos encumbrados grupos limeños (gracias a mis amigos/informantes Carlos Terán, Wilder González y John Pereyra por la información sobre esta activa escena regional).

Solo 900 kilómetros separan a Cajamarca de Lima pero, en términos de reconocimiento e identidad, estamos a años luz de distancia. Y es que en realidad no importa cuántas veces se hable, mediáticamente, del orgullo y la pluriculturalidad. Estos artistas y sus canciones siguen siendo vistos, desde Lima, como esfuerzos artísticos ajenos, lejanos, exóticos, que una gran mayoría de limeños ve casi con ojos de turista o investigador desapegado de aquello que no consideran propio porque no es igual a ellos. Una patética metáfora que también explica el rechazo visceral de ciertos sectores hacia el Presidente electo, a escasos días de que asuma su puesto en Palacio de Gobierno.

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Cajamarca, Música, Pedro Castillo

Si la necedad de algunos líderes parlamentarios de Fuerza Popular o Renovación Popular, en el afán de presidir sí o sí la próxima Mesa Directiva del Congreso, hace que naufraguen las negociaciones con las bancadas del centro y éstas terminen acercándose a Perú Libre, la ausencia de contrapesos al Ejecutivo será directa responsabilidad de la derecha peruana.

En la práctica, luego de la deserción del congresista Héctor Valer, la izquierda tiene 43 parlamentarios, el centro 44 y la derecha 43. Las negociaciones, tal cual se han planteado hasta el momento, incluyen la pretensión de Perú Libre de presidir el Congreso y lo propio por parte de la derecha, pero ha surgido la intención de los congresistas del centro (Acción Popular, Alianza para el Progreso, Podemos, Somos Perú y morados), de unirse y aspirar a lo propio.

Lo sensato por parte de la derecha es ceder en sus pretensiones maximalistas y entender que lo más importante en estos momentos es consolidar un grupo parlamentario de centroderecha que sume 87 votos, una cifra políticamente significativa, porque basta ese número de parlamentarios para elegir magistrados del Tribunal Constitucional, directores del BCR… y para vacar al presidente Castillo.

Ese mensaje es potente si el presidente electo se pretende zurrar en la Constitución para llevar a cabo el malhadado intento de convocar a una Asamblea Constituyente por fuera de los cánones que la propia Constitución establece. Y además sería muy importante que la mayoría del país encuentre cabal representación en la primera Mesa Directiva (todas las encuestas muestran con claridad que las tesis radicales de Perú Libre son aprobadas por una minoría).

Castillo debe entender que la moderación de sus propuestas económicas y su acotamiento de una Asamblea Constituyente son la piedra de toque básica para poder gobernar sin sobresaltos. Si el Congreso soberanamente le da el mensaje de contrapeso necesario con una Mesa Directiva no oficialista habremos empezado ese camino posible en mejor término que si la terquedad de algunos congresistas de la derecha termina entregándole el triunfo al lápiz.

Se vienen tiempos difíciles. El gobierno entrante está demasiado cargado ideológicamente y alberga un sector radical que pretende imponerse al resto. Si desde adentro Castillo no sabe cómo resolver ese problema, pues desde fuera deberá recibir un mensaje político claro y contundente que por ese sendero no se llega si no a punto muerto de gobernabilidad.

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Asamblea Constituyente, Hector Valer, Pedro Castillo
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