Opinión

28 de octubre de 2016, horas de la mañana en Frankfurt, en una lujosa suite doble del Grand Westin Frankfurt Hotel, que cuesta 520 euros la noche. He recorrido unos 125 km en tren desde mi domicilio en el pequeño pueblo de Kleinfischlingen para encontrarme con Ian Elliott, experto internacional de origen irlandés contratado por el Sodalicio, a fin de conversar sobre mi caso y ver cuánto se me daría como indemnización en mi calidad de víctima de la institución.

Cuando el hilo de la conversación llegó al tema de las reparaciones, Elliott me dijo que el Sodalicio había determinado una suma para ser repartida entre todas las víctimas reconocidas por la institución. Aunque en ese momento no me quiso decir cuál era el monto, dos años más tarde, gracias a las declaraciones de Alessandro Moroni, entonces Superior General del Sodalicio, ante la Comisión De Belaúnde en el Congreso de la República (noviembre de 2018), se sabría que el monto era de alrededor de 4 millones de dólares, a ser repartidos entre 67 víctimas del Sodalicio.

Pero aun no sabiendo en ese entonces a cuánto ascendía esa suma, le pregunté a Elliott si había averiguado a través de documentos contables el monto del patrimonio del Sodalicio, para que, como experto profesional en abusos, hiciera la recomendación de cuánto se debía pagar en concepto de indemnizaciones para reparar el daño ocasionado a las víctimas de manera justa. Ciertamente, no había averiguado nada, y tampoco le interesaba hacerlo. Le bastó con le dijeran el monto destinado a reparaciones pues, como se luego se inferiría de su labor en la comisión de expertos convocada por el Sodalicio, Ian Elliot nunca estuvo del lado de las víctimas sino del lado de la institución que lo había contratado, a fin de realizar un efectivo control de daños.

Y de eso mismo se encargaría también el Sodalicio, asegurándose —mediante la implementación de un sistema de prevención, apoyo y denuncias absolutamente inútil e ineficaz— de que no aparecieran nuevos casos en el futuro, es decir, dificultando y obstaculizando —en la medida de lo posible— cualquier acción que pudiera tomar una eventual nueva víctima de abusos, desalentando cualquier denuncia en vistas de las consecuencias y obligando a las víctimas que aceptaron las reparaciones a guardar silencio sobre lo ocurrido. De hecho, cinco víctimas no recibieron nada porque se habrían negado a aceptar las condiciones impuestas por el Sodalicio a través de sus abogados.

Si bien hubo una víctima que habría recibido US$ 250,000 de indemnización, la mitad habría recibido sumas inferiores a los US$ 30,000, que difícilmente cubren todos los daños y perjuicios sufridos en diferentes rubros, con lo cual no se puede hablar de una reparación justa.

Ahora que Paola Ugaz, en un reportaje publicado el 3 de noviembre en La República, estima en mil millones de dólares las utilidades de los negocios del Sodalicio en el Perú, se puede legítimamente especular que el monto que se destinó a las reparaciones de las víctimas no agota lo que efectivamente podría pagar el Sodalicio. Ese monto no se habría establecido en base a estándares internacionales de justicia, teniendo en cuenta los daños ocasionados a las víctimas, sino más bien calculando lo mínimo que podía desembolsar la institución para sacarse el problema de los abusos de encima, como quien ahuyenta una fastidiosa mosca de su cara. Aparentemente, una de las cosas más sagradas para la institución es el dinero que han acumulado y que nadie sabe a qué destinan, si a fines estrictamente religiosos o de otra índole. De ahí saldría el dinero destinado a mantener el ritmo de vida de Luis Fernando Figari hasta el fin de sus días en su exilio dorado en Roma, monto que debe superar ampliamente los cuatro millones de dólares que la institución por él fundada destinó a las víctimas.

Lo más escandaloso es que la manera en que el Sodalicio adquirió este patrimonio está plagado no sólo de irregularidades, sino de prácticas de saqueo y explotación que habrían afectado en primer lugar a la gran masa de los miembros de la misma institución. Esas prácticas yo las he sufrido en carne propia.

Los estudios de teología que realicé en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima los pagó mi madre, no obstante que yo ya no dependía de ella y vivía en comunidades sodálites. Cuando comencé a tener ingresos propios trabajando como docente en instituciones que ya no existen —la Escuela Superior de Educación Catequetica (ESEC), el Instituto Superior Pedagógico de Educación Catequética (ISPEC) y el Instituto Superior Pedagógico “Marcelino Champagnat”, que se convertiría en la Universidad “Marcelino Champagnat— tenía que entregar el monto entero de lo ganado a la comunidad y se me dejaba una pequeña cantidad para gastos personales, que no incluían gastos médicos o de ropa. Para cubrirlos tenía que sablear a mi progenitora. Durante todo el tiempo que viví en comunidades sodálites (de diciembre de 1981 a julio de 1993), el Sodalicio nunca me pagó un seguro médico. Durante ese tiempo, los trabajos que realicé para la asociación cultural Vida y Espiritualidad, gestionada por el Sodalicio —entre ellos artículos, reseñas de libros y traducciones, además de revisiones de libros y folletos a ser publicados— nunca fueron remunerados.

Pero quizás el saqueo más descarado que he sufrido ha sido el de las canciones que compuse para el Sodalicio. Porque Figari siempre quiso que la institución tuviera canciones propias, e inició esta labor cambiándole la letra a antiguos himnos políticos, militares y religiosos. De esta manera, el Himno de la Cruzada Eucarística de 1940 se convirtió en el Himno Sodálite a Cristo Rey; el himno “Llámame camarada” del falangista Frente Nacional de Juventudes, grupo integrante del fascismo español, se convirtió en “Alza tu frente”, un himno sodálite cantado en ceremonias internas; el “Bella ciao”, himno de los partisanos italianos durante la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en “Oh gran amor”, canción repetitiva y machacona que se usaba en los retiros para concientizar a jóvenes y adolescentes: la Marcha Peronista se convirtió en “América, levántate”, una canción que se solía entonar a viva voz al inicio o al final de las Misas, y que tenía un estribillo que decía: «América, levántate / América a evangelizar / el Plan de Dios sigamos hoy / el Plan de Dios sigamos hoy».

Cuando en la década de los 80 comencé a componer canciones con música y letra propia, a lo cual se sumaron las composiciones de otros sodálites de comunidad, Figari vio en ello su sueño cumplido, y en el año 1988 se hicieron las primeras grabaciones interpretadas por el grupo Takillakkta, del cual fui uno de los fundadores e integrante como guitarrista y voz de apoyo. Finalmente, 23 canciones mías terminaron incluidas en cinco fonogramas de Takillakkta que fueron publicados en formato cassette y CD entre 1989 y 2004 por el Instituto Cultural, Teatral y Social (ICTYS), vinculado al Sodalicio, además de 3 canciones mías que fueron interpretadas por el conjunto Voz de Esperanza. Las canciones han sido luego comercializadas en plataformas como iTunes, Spotify y Amazon. Y nunca he recibido un solo céntimo por concepto de regalías, no obstante que ICTYS me reconoce como autor y compositor de esas canciones.

En carta de ICTYS del 28 de marzo de 2019, se me comunicó lo siguiente:

  1. «Mediante contratos de edición y cesión de derechos suscritos el 28 de agosto de 1989 y el 10 de diciembre de 1990, usted cedió gratuitamente, a favor de la asociación ICTYS, todos los derechos de autor de su titularidad».
  2. «En razón de ello, ICTYS es la titular de derechos de las obras musicales que forman parte de dicho contrato».
  3. «En tal sentido, las regalías provenientes del uso de las obras musicales antes referidas le corresponden a su titular, quien en este caso es ICTYS».
  4. «Cabe mencionar que los referidos contratos fueron registrados, en su oportunidad, ante la Biblioteca Nacional. Sin perjuicio de ello, todos los registros de contrato y obras, a la fecha, se encuentran a cargo de INDECOPI. De necesitarlos, podrá acceder a los mismos, acudiendo a dicha institución». 

Hecha la consulta a INDECOPI, recibí copia de la documentación a que se refería esta carta. Efectivamente, con fecha del 1° de septiembre de 1989, firmé un contrato de edición y cesión de derechos, por el cual yo concedía a ICTYS «la CESIÓN, en forma gratuita, de la propiedad de todos los derechos y beneficios que le corresponden como autor de las obras mencionadas en la cláusula primera, sin restricción ni limitación de ninguna clase y en virtud de lo establecido en la Ley No. 13714 de Derechos de Autor y por sus Reglamentos». Las obras mencionadas consisten en las ocho canciones mías que aparecieron en “Améríca de nuestra fe” (1989) de Takillakkta.

Anteriormente no conocía el contenido de este contrato que yo mismo firmé, pues el P. Jaime Baertl, quien era entonces director de ICTYS, abusó de su puesto de autoridad y me indicó que debía firmar esos contratos por la obediencia religiosa a la cual yo estaba sujeto, sin necesidad de leer su contenido. Lo hice de buena fe, con la confianza inocente que a uno le brota una vez que uno ha sido sometido previamente a un lavado de cerebro.

No existe ningún otro contrato de edición y cesión de derechos posterior al de 1989. Con fecha del 12 de diciembre de 1990 sólo hay en INDECOPI registros de cuatro canciones de Javier Leturia y una de Alejandro Bermúdez. De modo que la explotación comercial en el lapso de dos décadas que ha efectuado ICTYS de por lo menos 18 canciones compuestas por mí sería ilegal, y se me estaría adeudando todas las regalías que durante este tiempo han ido a engrosar una parte del patrimonio sodálite.

Conociendo las prácticas del Sodalicio, no me extrañaría que yo no haya sido el único que fue objeto de saqueo y explotación.

Finalmente, después de la conversación en Frankfurt, Ian Elliott me comunicó el 9 de noviembre de 2016 por e-mail, sin darme mayores explicaciones, que yo no calificaba para ser incluido en el programa de reparaciones a las víctimas del Sodalicio. Según me comunicaría posteriormente Alessandro Moroni el 31 de enero de 2017, se había concluido que mi relato no era verosímil. Con lo cual la obra saqueadora del Sodalicio alcanzaba la cumbre de su perfección: al saqueo material y la explotación de sus propios miembros, se añadía el saqueo de la esperanza y de la verdad.

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Examinar a profundidad los siete discos que conforman el boxset The Roxy Performances (2018) revela los altos niveles de meticulosidad y adicción al trabajo que podía alcanzar Frank Zappa (1940-1993) cuando se trataba de manipular cintas analógicas y construir, como un complicado rompecabezas, una pieza sonora diferente, única, a partir de múltiples fuentes.

Todos los que hemos escuchado el álbum Roxy & Elsewhere compulsivamente, hasta aprendérnoslo de memoria, sabemos que no es un disco en vivo, propiamente dicho. Se trata, más bien, de un fino trabajo de edición para combinar cinco conciertos diferentes, realizados en tres días, entre el 8 y el 10 de diciembre de 1973, en un legendario nightclub del Sunset Strip, en Los Ángeles, California, el Roxy.

Pero no solo es que se intercalan canciones completas de un show con las de otros. Eso sería tan simple como cuando uno hacía una de esas mixtapes (selección de canciones de diferentes artistas) para regalar a alguien especial en los años del cassette y el disco compacto. En el trabajo de laboratorio sonoro que hizo FZ para Roxy & Elsewhere –una práctica común en su discografía desde 1967-, hay tracks en los que la presentación hablada corresponde al concierto 1, la primera sección al concierto 4, el solo de guitarra comienza a la mitad de lo que realmente tocó en el concierto 2, la siguiente sección instrumental regresa a la del concierto 3 (… o 1, o 4…), y así, con tal nivel de precisión que el oyente promedio es incapaz de detectar los cortes. 

Roxy & Elsewhere, el disco, apareció en su versión original de LP doble el 10 de septiembre de 1974, bajo el sello discográfico DiscReet Records, creado por el mismo Frank como una extensión de sus dos anteriores emprendimientos empresariales, Bizarre y Straight Records. Esto significa que Zappa pasó nueve meses completos, entre enero y septiembre, escuchando, escogiendo, editando, mezclando, encerrado en un estudio junto a su ingeniero de sonido Kerry McNabb. Un trabajo titánico en esos años, que hoy se resuelve en segundos con el copy-paste que las nuevas generaciones usan para unir y desunir fragmentos en mp3.

Sobre todo si consideramos que, en ese período de tiempo, no solo se dedicó a la confección del disco, sino que siguió de gira -de hecho, en Roxy & Elsewhere hay un par de temas de conciertos en dos lugares más, en Pennsylvania y Chicago (de allí el “Elsewhere” del título)- e inició los registros, en dos estudios distintos, de los álbumes Apostrophe (‘) y One size fits all (en marzo y agosto de ese mismo año). Si pensamos en el nivel de detalle de arreglos, overdubs, ensayos, traslados y etcétera de actividades en cada etapa del proceso de composición y grabaciones, sin mencionar los temas de índole administrativa -trato con managers, periodistas, administradores, sonidistas, cuestiones familiares- uno se pregunta ¿a qué hora dormían estas personas?

The Roxy Performances nos da, por primera vez, la oportunidad de escuchar cómo fue realmente cada una de esas noches. La expectativa de los minutos previos, la interacción entre Frank y sus músicos, o los diálogos con el público, poseen un nivel de calidez que, si bien es cierto también se siente en la edición de 1974, se diluyen un poco en medio de los intencionales cortes y la secuencia artificial del vinilo original. Fueron, en total, cinco shows: uno el sábado 8 y dos por noche, los días restantes (9 y 10 de diciembre). Otra vez, la capacidad de trabajo de Zappa y su grupo –la cuarta y final encarnación de The Mothers Of Invention- parece sobrenatural y totalmente diferente a la forma de operar que desarrollaron otros famosos músicos de aquel período glorioso que hoy todos llamamos “rock clásico”.

Pero lo más importante y valioso de esta colección son los conciertos en sí mismos, con una banda extremadamente capaz y entrenada, en su mejor momento, que echaba humo por donde iba. George Duke (teclados, voz), Ruth Underwood (vibráfono, percusiones), los hermanos Bruce y Tom Fowler (trombón y bajo), Napoleon Murphy Brock (voz, saxo, flauta) y los bateristas Ralph Humphrey y Chester Thompson realizan proezas instrumentales de alto calibre técnico con una actitud dinámica, relajada y divertida, a casa llena (el Roxy tenía, en ese época, un aforo máximo de aproximadamente 500 personas).

Esa breve residencia de Zappa y The Mothers en el Roxy -que aquel diciembre de 1973 apenas tenía dos meses abierto- debe haber sido uno de los eventos musicales más importantes de la década. El local, que aun sigue activo como bar y sala de conciertos, es parte de la historia del West Hollywood. El productor David Geffen, fundador de importantes sellos discográficos como Asylum Records, Geffen Records y la compañía cinematográfica DreamWorks, fue uno de los dueños del conocido teatro. Hoy Geffen, de 78 años de edad, es uno de los magnates más importantes de la industria musical, con una fortuna que supera los 10 billones de dólares.

Además de los diez temas que conforman el álbum Roxy & Elsewhere (ocho en realidad, pues Son of Orange County y More trouble every day provienen de los conciertos adicionales mencionados, que se realizaron en mayo de 1974), que aquí aparecen tal y como se tocaron, sin intervención alguna, hay una serie de alucinantes sorpresas para el fan de FZ. Por cierto, algunas ya habían sido vistas y oídas en Roxy: The Movie, un lanzamiento del 2015 en DVD y CD, editado por Joe Travers y la familia de Zappa, para conmemorar los 30 años de su lanzamiento. La calidad del material interpretado esas noches es oro en polvo para quienes conocen y admiran esta etapa de la extensa discografía del genio de Baltimore.

Por ejemplo, la presentación en sociedad de Cosmik debris, antes de grabar la versión definitiva del disco Apostrophe (‘), con cínica dedicatoria a L. Ron Hubbard, líder y fundador de la Cientología (en dos extraordinarias versiones); la punzante Dickie’s such an asshole, sobre Richard Nixon y el entonces reciente escándalo de Watergate, con la que cerró tres de los cinco conciertos; o las contundentes rendiciones de Montana y I’m the slime, temas del que era su más reciente disco en estudio en ese momento, Over-nite sensation (lanzado en septiembre de 1973), son algunos de los puntos estables en cada setlist.

Una conexión inesperada con el Perú: en la introducción de Inca roads, también de estreno y a una velocidad totalmente diferente a la que quedó registrada, dos años después, en One size fits all (1975), Frank habla de los Caminos del Inca y las Líneas de Nasca como fuentes de inspiración para esta alocada historia sobre naves extraterrestres que aterrizan en los Andes.

Roxy & Elsewhere comprime, en 68 minutos, todos los elementos que hicieron especial a Zappa: humor negro, crítica al establishment, jazz, blues y rock de alta calidad, participación del público y harta complejidad instrumental. En las casi ocho horas de música de The Roxy Performances (que también incluye un disco de ensayos y rarezas) estos elementos aumentan en progresiones geométricas.

Si el segmento Echidna’s arf (of you)/Don’t you ever wash that thing? te sorprendió cuando lo escuchaste por primera vez en el vinilo de 1974, espera a oír Dupree’s Paradise -muy común en los setlists de Zappa de esa época, en YouTube puede verse una versión en vivo de 1973 con Ian Underwood y Jean-Luc Ponty aún en la banda-, RDNZL o T’Mershi Duween, inéditas hasta ahora. Todas estas composiciones, que Zappa estrenó en esta época, diez o doce años antes de lanzarlas oficialmente al mercado, tienen aquí una frescura especial y muestran los aspectos más afilados de su versátil y preparada banda.

Por otro lado, The Mothers se dieron tiempo para tocar algunos clásicos de su repertorio como The idiot bastard son (We’re only in it for the money, 1967), The dog breath variations/Uncle meat (Uncle meat, 1969), Big swifty (Waka jawaka, 1972) y un medley de tres temas del periodo 1969-1970: King Kong, Chunga’s revenge y Son of Mr. Greene Genes. Aunque la gente le pide temas como Peaches en regalia -se escucha a un hombre gritar «play Regala!» a lo que FZ responde «it’s not regala, is regalia!»- y hasta The Mud Shark, aquella rutina con la que hizo bailar al Fillmore East en 1971, Frank no accede y presenta, en cambio, el Be-bop tango, de estructura similar que incluye la participación del público. En una de las dos versiones del boxset, Zappa se burla del ícono del jazz Miles Davis y su conocida costumbre de tocar dándole la espalda al público.

En una entrevista publicada hace unos meses en la revista Rolling Stone, el baterista Chester Thompson (72) recuerda que, durante su tiempo con Zappa, casi no dormía transcribiendo y ensayando sus partes. También cuenta que fue un trabajo sumamente satisfactorio y, sobre todo, divertido, pues Frank estaba «en una fase muy feliz de su vida». Según Chester, quien después alcanzaría fama mundial junto a Genesis y Phil Collins –quien se decidió a llamarlo tras escuchar el dúo de batería que hace con Ralph Humphrey para cerrar Don’t you ever wash that thing?-, el guitarrista, conocido por su carácter elusivo y hasta antisocial, pasaba mucho tiempo con el grupo, entre ensayos, grabaciones y conciertos, bromeando y pasándola bien. Esa buena onda se nota en estos fabulosos conciertos del Roxy, que puedes escuchar aquí.

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Lograda la confianza del gabinete ministerial -como era deseable-, es imperativo que la Premier se aboque a atender varios incendios de corto plazo, en primer lugar, y luego, a trazar algunas políticas públicas que distingan su gestión.

Por lo pronto, debe poner orden en la casa ministerial. Es inadmisible que haya dos ministros, como el de Educación y el de Transportes, que pretendan tirarse abajo todo lo avanzado en materia de reformas en sus dos sectores, peor aun en el caso educativo, ya que responde a una agenda radical de un sector del magisterio vinculado nada menos que al Movadef.

Vásquez debe llamar la atención a ministros que se disparan por la libre con declaraciones altisonantes o fuera de quicio, como es el caso del titular de Energía y Minas, acusando, en la práctica, a las empresas mineras, de ser ellas las responsables de las asonadas violentistas que contra campamentos mineros ha habido en los últimos días. O las del propio ministro de Justicia, el normalmente templado Aníbal Torres, señalando presuntas intenciones golpistas de partes de los accionistas de Antamina (luego se desdijo y pidió las disculpas correspondientes).

Un gabinete ministerial debe funcionar como una sinfonía, con ninguno de sus miembros desafinando groseramente respecto de lo que es la política general del gobierno. Esa debe ser la primera obligación política de la Premier, quien ya ha demostrado tener el temple suficiente para haber resuelto satisfactoriamente la crisis originada por el impresentable exministro del Interior, Luis Barranzuela.

En segundo término, la Premier debe priorizar la agenda gubernativa. Y allí, lo que corresponde a un gobierno de izquierda, como el que ella conforma, es, sobre todo, enfatizar que se produzca un giro de 180 grados en materia de salud y educación públicas. Allí radica la principal demanda de la población y esa es la valla que impide una mayor equidad social en un país como el Perú.

Y para eso, necesita diseñar las reformas y afiatar los equipos que las lleven a cabo. No necesita mayores recursos. Que no se esperance en ello, que difícilmente, el Parlamento le va a otorgar facultades legislativas al Ejecutivo y en esa medida, la reforma tributaria planteada por Pedro Francke lo más probable es que naufrague. En cinco años es perfectamente posible construir una salud pública digna para los más pobres y una educación pública ecualizadora e inclusiva, con los recursos que hay, que ni siquiera son gastados por los titulares de pliego.

Mirtha Vásquez tiene sobre sus hombros la responsabilidad principal del gobierno. El presidente Castillo es un lastre, no es un motor ejecutivo sino una rémora que más estorbará que ayudará. La Premier tiene el peso del gobierno encima y se espera que sea consciente de ello.

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Continuando con tu preocupación por los niños, niñas y adolescentes peruanos en el bicentenario, quería contarte en esta carta cómo se encuentra la educación hoy en la República. Hace 600 días que los niños, niñas y adolescentes no van al colegio ni los jóvenes a las universidades. La salida fue educar a la distancia mediante el uso de la tecnología y  la conexión de internet.

Como te mencioné en la carta anterior, entiendo tus consultas o preocupaciones por los más pequeños de la República. Tú estuviste con Don José de San Martín cuando llegó a Lima, ayudaste a la causa independista y eras una mujer mestiza educada. Tú sabes lo importante que es saber leer, escribir, conocer sobre historia y filosofía.  Fuiste una mujer educada, una excepción de la época y eso te ayudó o muchísimo para tomar las decisiones políticas, estrategias de guerra y ser persona de confianza de los libertadores José de San Martín y Simón Bolívar.

En nuestra primera constitución republicana, el libertador plasmó su interés por la educación, universal y democrática – Constitución de 1823. Sé que tú tuviste algo que ver con esta iniciativa. Ahí, como bien recuerdas, el Congreso debía dar  «todo lo necesario para la instrucción pública por medio de planes fijos, e instituciones convenientes a la conservación y progreso de la fuerza intelectual y estímulo de los que se dedicaren a la carrera de las letras»; además establecía que  «la instrucción es una necesidad común, y la República la debe igualmente a todos sus individuos». A partir de ese documento, las normas educativas tomaron una clara orientación democrática al otorgarle al Estado a la responsabilidad de garantizar: «La Instrucción Primaria gratuita a todos los ciudadanos, la de los establecimientos en que se enseñan las ciencias, literatura y artes; la inviolabilidad de las propiedades intelectuales y los establecimientos de piedad y beneficiencia».

El reto de la educación viene dándose hace 200 años y aún no terminamos. La implementación de una educación de calidad para todos y todas aún está lejos de llegar. Con la pandemia y el encierro creo que se ha empeorado a pesar de los derechos de los niños reconocidos en nuestra constitución y el derecho internacional. Tenemos aún un sistema colonial, donde los colegios públicos gratuitos para todos los niños, niñas y adolescentes carecen de servicios públicos adecuados, infraestructura, con un capital docente desgastado por el tiempo y falta de claras políticas de educación. A esto se suma las brechas entre niños y niñas así como las de la zona urbana y rural. No hemos logrado una equidad en los derechos de educación por múltiples excusas como geografía, políticas laborales, género y principalmente carencia de capacidades y compromiso político. Hace más de un año que los niños, niñas y adolescentes no pueden ir a sus colegios debido a la pandemia. Lo irónico, Manuela, es que sí están abiertos los casinos, los teatros, los viajes, cines y los restaurantes. 

Todos los espacios de recreación para los adultos están abiertos., Según Our World in Data, a nivel regional, Sudamérica tiene una tasa promedio de vacunación parcial de 67,09% y el Perú 56.84% que nos deja bastante bien. Entonces, tú me preguntarás, por qué no se permite a los niños, niñas y adolescentes volver a sus clases presenciales y por qué en los primeros 100 días, el actual presidente, siendo maestro de profesión, no ha tenido un plan claro de retorno a clases. Por qué los últimos dos presidentes que hemos tenido durante la pandemia con sus respectivos ministros no han podido invertir en infraestructura, en regular los lineamientos laborales de los maestros en forma presencial ni han supervisado que las regiones y los municipios se involucren en facilitar el regreso presencial al colegio. No tengo las respuestas. Solo se deduce de esta dejadez que la infancia, niñez y adolescencia no son del interés de la sociedad peruana. 

Te comenté que los niños, niñas y adolescentes están estudiando a la distancia y a través de la tecnología. Esta modalidad a la distancia afecta la socialización y pone en especial riesgo a las adolescentes, como bien ha advertido el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables hace unas semanas,  ya que ellas junto con jóvenes mujeres de 12 a 29 años han sido las más afectadas (67%) por situaciones de acoso virtual, como ha informado el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP). Esa misma semana el Ministerio de Salud con el apoyo técnico de UNICEF publicaron el documento ‘La salud mental de niñas, niños y adolescentes en el contexto de la covid-19’ donde se establece que durante el primer año de la pandemia, 1 de cada 3 niñas, niños y adolescentes presentaron problemas conductuales o emocionales, lo que da indicios de posibles enfermedades mentales. La exposición al encierro y la tecnología no solo los lleva a riesgos de sufrir violencia sexual, cyber-delito, sino que su salud mental está en juego. Es urgente no solo que se regrese a asistir a las escuelas, sino que el Estado garantice una navegación segura en internet para los niños, niñas y adolescentes, que haya un plan de asistencia segura en las escuelas así como un plan de salud mental.

¿Por qué  no nos interesa tener una sociedad educada? Manuela, no sabría contestarte nuevamente. Solo puedo recordar a mi abuelo Alejandro Bazán Maríñez, su pasión por la enseñanza de la química y física en colegios públicos y privados, y su lucha por no mejorar el sistema. Pensar en el futuro es difícil, pero confío en los profesores(as) como mi abuelo, que dan todo por sus alumnos y más aún en estos tiempos de pandemia y que es por ellos que sobrevive la patria y la República. 

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Acabo de recibir tres impecables ediciones críticas de tres novelas que escribió y publicó Clorinda Matto de Turner (Grimanesa Martina Mato Usandivares según la lengua registral), escritora nacida en Cusco en 1852. Se trata de Aves sin nido (1889), Índole (1891) y Herencia (1893), tres novelas fundamentales para comenzar a entender la naturaleza del proyecto nacional peruano, una suma de fallas y vacíos clamorosos. No es gratuito, pues, que reaparezcan precisamente ahora, porque ellas nos tienden, desde el pasado, un puente para entender el presente.

A estas alturas la discusión de su carácter fundacional del indigenismo podría quedar en segundo plano si leemos estas novelas, más bien, como una rigurosa radiografía de la sociedad peruana de fines del siglo XIX, luego de la derrota sufrida en la Guerra del Pacífico: una élite citadina empeñada en vivir de manera egoísta su “modernidad”, ejerciéndola con violencia y abuso despiadado hacia el interior del país. Más allá de discutir la presencia del indigenismo –que tiene aquí un carácter de orden paternalista–, es más productivo ver en estas ficciones las profundas fracturas que sumieron al país en una escandalosa desigualdad (¿debo usar los verbos solo en pasado?).

Aves sin nido, editada por Isabelle Tauzin Castellanos y Carlos Estela Vilela, ambos catedráticos en Université Bordeaux Montaigne, Francia, es quizá la más conocida e importante de este trío. El pueblo imaginario de Killac, ubicado presuntamente en el Cusco, es el escenario del abuso de la Iglesia y el Estado contra los indígenas. La historia de Manuel y Margarita, pareja de hermanos que ignoraban su condición, añade un componente melodramático que tiene una proyección alegórica: al saberse hermanos su unión es imposible, ellos, al igual que la nación, son un proyecto frustrado. 

Índole, edición a cargo de Ana Peluffo, profesora de la Universidad de California en Davis, es una novela que de alguna manera prolonga los temas planteados en Aves sin nido, aunque esta vez enfatiza el trato vil que recibían los indígenas desde el poder y las relaciones de clase, y pone de relieve a un personaje femenino que es capaz de desafiar los cánones patriarcales y misóginos que dominan la sociedad de su tiempo. La conducta lujuriosa y despótica del padre Peñas es, en ese sentido, muy representativa.

Herencia, edición a cargo de Flor Mallqui Bravo (PUCP y Bordeaux Montaigne) y Carlos Torres Astocóndor (PUCP y Universidad de California en Davis), transcurre en Lima y su publicación está rodeada de circunstancias difíciles. Matto era militante del Partido Constitucional y seguidora de Andrés Avelino Cáceres. El militar sería derrotado en la guerra civil que lo enfrentó a los pierolistas y el ascenso de Piérola fue un duro revés para Matto, obligada a exiliarse en Buenos Aires mientras los pierolistas prendían fuego a la imprenta La Equitativa (muy significativo nombre) fundada por Clorinda y uno de sus hermanos. 

Leídas en conjunto, estas tres novelas representan una cumbre del realismo en el Perú. Aunque no podamos decir que su escritura haya sido una aventura formal o experimental de enorme calibre, tuvo las agallas suficientes para enrostrarle al país sus múltiples costuras defectuosas y oponerse, al igual que muchas de sus compañeras de época, como Mercedes Cabello de Carbonera o Teresa González de Fanning, al patriarcado represor de la vida creativa e intelectual de las mujeres.

Un magnífico aporte el de Ediciones MYL poniendo en manos de los lectores tres novelas cuya lectura resulta crucial para comprender, no solo parte del proceso histórico peruano, sino también los vicios de que adolecieron diversos proyectos nacionales que nunca tuvieron la voluntad de curar las heridas que aquejaban al país. La actualidad (y necesidad) de su lectura no necesita, creo mayor explicación. Leer esta trilogía es el mejor homenaje que podemos hacer a una mujer pionera, sin duda una de las intelectuales peruanas más destacadas de su tiempo. 

 

Aves sin nido. Edición Crítica de Isabelle Tauzin Castellanos y Carlos Estela Vilela. Lima: Ediciones MYL, 2021.

Índole. Edición crítica de Ana Peluffo. Lima: Ediciones MYL, 2021.

Herencia. Edición crítica de Flor Mallqui Bravo y Carlos Torres Astocóndor. Lima: Ediciones MYL, 2021.

 

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Alonso Rabí Do Carmo es profesor ordinario de la Universidad de Lima, donde imparte cursos de Lengua, Literatura y Periodismo. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y obtuvo el Doctorado en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Colorado. Ejerce el periodismo desde 1989.

 

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Las declaraciones prontas de la premier Mirtha Vásquez restándole prioridad al controversial y confrontacional tema de la Asamblea Constituyente, primero, y, luego, su empoderamiento frente al propio Presidente respecto del caso del exministro del Interior, Luis Barranzuela, acreditan que estamos ante una presidenta del consejo de ministros plenipotenciaria y capaz de conducir el cargo que le corresponde.

Mejor que ella difícilmente vamos a encontrar en el espectro de la izquierda nacional y, claramente, supone un cambio cualitativo superior respecto del inefable gabinete Bellido. Por si no bastara ello, abona en su favor el hecho de que la facción cerronista del Congreso haya anunciado precozmente, sin siquiera escuchar sus planteamientos, que no le darán el voto de confianza el día de hoy.

La derecha se equivoca cuando actúa cerrilmente frente al gabinete Vásquez. Obviamente, jamás Castillo va a nombrar un gabinete del gusto de las derechas. Es un régimen de izquierda y eso no va a cambiar. No se va a producir la “humalización” del gobierno, eso ha quedado bastante más que claro desde un inicio. ¿Qué espera la derecha para dar su voto de confianza? ¿Qué comulgue al ciento por ciento con sus planteamientos? Eso ya no es oposición inteligente sino caprichosa cerrazón y necedad.

Ojalá el centro congresal -básicamente Acción Popular, Alianza para el Progreso, Podemos y Somos Perú-morados- sepa aquilatar los esfuerzos que a trompicones el gobierno ha hecho para mejorar el grado político del gabinete (la juramentación de Avelino Guillén en reemplazo de Luis Barranzuela, como titular del Interior, confirma el upgrade mencionado).

Ya será tarea posterior, y en eso no debe haber transacción, el retiro, mediante su censura, del filoMovadef ministro de Educación, quien además se va a volar la reforma magisterial y muestra severa incapacidad para proceder al reinicio de las clases presenciales en colegios públicos y privados. Esa debe ser la mejor labor opositora: no pisar el palito de la negatoria de la confianza (solo lo puede hacer dos veces) y ajustar al gobierno dentro de las atribuciones que el propio Legislativo tiene (entre ellas, la de sacar ministros sin idoneidad).

Posdata: hoy Sudaca cumple un año de haber salido a la luz pública. No podemos dejar pasar la fecha sin agradecer a los cientos de miles de seguidores que nos acompañan con visitas a nuestros informes y columnas, o reproduciendo nuestros podcasts y espacios audiovisuales. Un reconocimiento especial al muy buen equipo de prensa que me acompaña en esta tarea, que pronto traerá importantes novedades en su oferta periodística.

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Acción Popular, Alianza Para el Progreso, Mirtha Vasquez, Podemos, Somos Perú

La situación de permanente tensión entre los principales miembros del gobierno con el Congreso, muy común en el desarrollo de la política local, está siendo peligrosamente desplazada por los conflictos entre los que disputan el poder dentro del Gobierno y el partido Perú Libre.

Los protagonista de la Agenda Setting son las disputas dentro del gobierno para demostrar quién tiene el verdadero poder de decisión en este país. Y ha quedado certificado que al presidente que elegimos se toca de nervios cuando de tomar decisiones importantes e inmediatas se trata. Decisiones que ante la opinión pública deberían ser acertadas, aceptadas y avaladas, y dejarían sin armas al Congreso para próximos ataques o excusas de vacancia.

En el 2016, cuando el programa de investigación Panorama reveló que Mariano González, el llamado «ministro del amor», tenía una relación con su guapa asesora, fue despedido del cargo de inmediato. El presidente Kuczynski no necesitó reunirse con Fernando Zavala, el primer ministro de entonces. Bastó con su decisión, porque la falta era evidente. Pero a Pedro Castillo le tomó dos días decidir si destituía o no a un ministro que puso contra las cuerdas a su propio gobierno. ¡Increible¡

El gobierno de Pedro Castillo es el único culpable de esta crisis. El presidente es el único responsable de que el sector empresarial, en todas sus inversiones, sienta que, además de no existir evidencia de un rumbo claro y seguro; el conductor de barco no sabe manejarlo y lo está desgastando. El presidente es el responsable de las excusas para que diversos sectores griten: ¡vacancia!

El poder de la toma de decisiones en el momento oportuno puede hacer la diferencia entre un gobierno pusilánime que tiene miedo a ejercer un poder que realmente dirija un país; y otro gobierno, que si bien jamás será perfecto y cuerdo, proyecta la imagen de saber qué rumbo quiere. El gobierno de Pedro Castillo es el primer caso. Es pusilánime no por miedo a lo que haga el Congreso o sus enemigos de otros sectores, sino por lo que hacen sus propios miembros y cómo los fanáticos de Perú Libre están acorralando al presidente y este no sabe qué hacer.

Miramos con horror desde nuestras casas la forma en cómo el presidente ha demorado dos días en sacar del gabinete a un elemento llamado Luis Barranzuela. No sólo era tóxico, sino que además era la imagen de una repartija de poder para blindar corruptos dentro de un gabinete, que ni siquiera recibía el voto de confianza.

La primera ministra Mirtha Vásquez ha tratado de hacer lo correcto. Lo que Barranzuela y Perú Libre le hicieron con ese inaceptable e injustificable acto del pasado domingo 31 de octubre, era una clara muestra de obstrucción interna contra el gabinete recién formado. Lo que hicieron con Mirtha Vásquez y Pedro Castillo fue escupirles en la cara y voltear para decirle al Perú que ellos no hicieron nada, armando un show al estilo Laura Bozzo y Vladimiro Montesinos: ¡Qué pase la vecina!

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Hablar de derecha e izquierda extrema se ha vuelto un pleonasmo. Ambos espectros son meras caricaturas carentes de programa, estrategia y capacidad de aglutinar a los ciudadanos sobre la base de algunos principios o ideales comunes. Se han reducido a ser un recital de eslóganes sin ningún contenido que exprese siquiera una idea. Lo que nos muestra este siglo es que la idea de Marx de que todo lo sólido se disuelve en el aire se ha cumplido en una profecía autocumplida incluso para la propia izquierda que también ha perdido su capacidad utópica de proponer una alternativa social y se ha conformado con meros maquillajes en que prometen cambiarlo todo para que nada cambie.

Consecuencia de una postmodernidad que ha vaciado de contenido todo relato unificador, Marshall Merman parece tener razón cuando señala que la modernidad es una “unidad en la desunión”, es decir, que se alimenta de su propia desintegración. Por eso, vemos hoy como la derecha se ha reducido a ser la vocera de un fascismo que, como siempre, ha reemplazado el pensamiento por el cliché; y la izquierda, se limita o administrar el status quo o a ser sólo un discurso beligerante pero impracticable.

Esta situación global no es ajena a nuestro país donde asistimos al penoso y, a un tiempo, peligroso espectáculo de ver cómo tanto a la derecha y la izquierda les cuesta ser democráticas, al punto de parecer dos versiones con más coincidencias que discrepancias en sus planteamientos igualmente conservadores y reaccionarios cuando se trata de apuestas populistas o de derechos.

La raigambre autoritaria de ambas las ha llevado a un campo muy reducido de acción a quienes desde una perspectiva liberal tanto de derecha como de izquierda apuestan por un sentido de la democracia traducida en igualdad y justicia. Lamentablemente, ese espacio hoy inexistente de centro ha sido aplastado por una ciudadanía que ve en los extremos la posibilidad de salida a la crisis humanitaria que hoy vive el país. En el Perú, la ciudadanía parece estar convencida que no es el momento de las “reformas responsables” que aupadas en la tecnocracia nunca pudieron llegar a solucionar la exclusión de las grandes mayorías.   

No se trata de una crisis de la derecha. En el Perú nunca supo esta convivir democráticamente. El último experimento democrático de la derecha fue el de la república aristocrática con el civilismo a fines del siglo XIX, luego prefirieron siempre la salida dictatorial y autoritaria. Nunca tuvieron ni sintieron, hasta este siglo, la necesidad de confrontarse en el debate democrático y es por eso que siempre perdieron las elecciones aunque luego terminan gobernando con la instalación del discurso de la tecnocracia y la eficiencia. Pero, su raíz es el autoritarismo fundado no sólo en la exclusión sino fundamentalmente en el racismo y la violencia. Decir que la derecha está en crisis es aceptar que en algún momento suscribió un discurso democrático y nunca lo hizo. Al punto que su candidata durante lo que va del siglo fue la representante del autoritarismo corrupto del que siempre la derecha se alimentó en el Perú.

Por su parte, con la izquierda las cosas tampoco son muy diferentes. Si bien, es cierto, que en más de una oportunidad sí pudo ganar la elección con su discurso reivindicativo (Humala) también es cierto que rápidamente fue capturada por un sistema diseñado para no poder escapar de él. Ese también es el herrumbroso camino por donde transita el gobierno del presidente Pedro Castillo. Un gobierno que al ritmo que lleva se le hará muy difícil poder cumplir con sus ofertas de cambio. No se trata sólo de inexperiencia, incompetencia o falta de liderazgo, hay un problema más profundo que tiene que ver con una izquierda que nunca se preparó para gobernar desde fuera de los cánones del neoliberalismo que hoy encorseta al gobierno impidiéndole llevar adelante alguna transformación.

En este escenario ambos, derecha e izquierda, se limitan a jugar quién es más radical y aceptan unas reglas de juego que coloca a ambas al borde del precipicio. Lo alarmante es que no se avizora, al menos en lo inmediato, ninguna alternativa en el horizonte político. Tratar de democratizar las tradiciones, que, al menos, en el Perú siempre han querido andar al borde de lo democrático es una tarea para la no sabemos si tendremos tiempo y espacio frente a las necesidades urgentes de los ciudadanos. Es tiempo de que programas como el de una izquierda y una derecha democráticas, hoy en franca minoría, continúen dando la lucha en la disputa por el espacio simbólico más allá del inmediatismo.

El compromiso con los extremos sólo nos llevará a la polarización y la incapacidad de seguir sosteniendo una endeble democracia. Se requiere construir nuevos liderazgos con un firme compromiso democrático, cívico y ciudadano que plantee de cara al país que las transformaciones son no sólo necesarias sino posibles dentro de la propia democracia, es decir, por medio del debate, la discusión y el acuerdo. Que si todo lo sólido se disuelve en el aire también nosotros mismos nos terminaremos desvaneciendo junto con nuestras pugnas.

 

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UNO

Hubiera cumplido 61. Pero no pudo ser. Dentro de poco, se cumplirá un año de su deceso. Lo increíble, de ese momento, fueron las muestras de aprecio de todo el ámbito futbolístico, político y artístico. Creo que fue el primer fallecimiento que remeció las redes sociales, en su década y media de creación. Los Milleniales estaban viviendo el inicio de sus nostalgias. Dentro de 20 años recordaran, donde estaban, cuando tuitearon la noticia de su muerte.

Hubo una cantidad considerable de gente, que recordó sus excesos y adicciones. Santos, inmaculados que levitaban, esgrimiendo sus biblias y cruces para denostar al ídolo caído. 

Pues Diego, desde los 15 años, se hizo cargo de su familia, la idolatría, la hipocresía, las víboras, la parentela aprovechadora, políticos inescrupulosos, entre otros. Nadie te prepara para eso. Realmente, no hay un curso sobre como sobrellevar la fama. 

Muchos manifestaron que les importaba tres carajos su vida privada, lo que les importaba era que los hizo felices. Y Diego hizo dichosos a todos. En especial, a la gente de a pie. Pero también, es muy cierto que deseábamos que el 10 fuera feliz. Y no lo fue. Ahí la tragedia Shakesperiana.

Su esposa, le entabló una demanda de divorcio, por abandono de hogar en 2003. Luego hemos conocido las innumerables infidelidades que sufrieron ella y sus hijas, vástagos no reconocidos, amantes ocasionales. Imposible no darle la razón. Ahí se cimentó su caída.

DOS

Nunca pudo controlar sus adicciones a las drogas y alcohol. Jamás. El documental del inglés Kapadia retrata como nunca al Maradona. No es complaciente, ni condescendiente. Crudo, por momentos, y veraz. Muy diferente a otros, que parecen una hagiografía.

Vimos como el argentino era conjugación de 2 personas (Dr. Jekill y Mr. Hyde). El partido ante los ingleses del Mundial 86 lo retrata como nunca. Como el primer gol era una afrenta a su genio, inventó la jugada que no existía. Esa fue su redención. 

¿Acaso crees que no eres la conjugación de 2 personas?, no solo Maradona tenía esa dicotomía.

El doping de marzo del 91 lo convirtió en ex futbolista. Tuvo regresos fallidos. Las adicciones lo tenían aprisionado. Fernando Signorini, su preparador físico, manifestó: “Con Diego voy al fin del mundo, pero con Maradona ni a la esquina”. Sabía lo que hablaba. 

Un aspecto, imposible de soslayar, fue su generosidad. A Diego nunca le interesó, verdaderamente, la plata. Hubiera aceptado gustoso las ofertas que tuvo después de obtener el Mundial o el Scudetto del 86/87. Cuando ganó la UEFA Cup, quiso forzar su salida, pero Ferliano no lo permitió. Dícese que ayudaba a todo aquel que se le acercaba, argentino o de otra nacionalidad. Una vez, jugó un partido de beneficencia por un niño en grave estado. El club se lo había prohibido, ya que el Lloyds no quiso cubrir el seguro, por si se lesionaba. El 10 mandó a la puta al Banco y asistió al partido: en una cancha barrosa, jugó como si fuera la final del Mundial. Y no fue la única vez.

Dicha benevolencia se extendía, ya sea con sus coetáneos o jugadores de generaciones más jóvenes o las personas que trabajan con él. Testimonios hay por doquier.

TRES

Nunca me interesó su efímera carrera como entrenador. Carlitos Fren, su ayudante, hizo saber que Maradona no podía estar en Buenos Aires, se perdía días enteros y se olvidaba del equipo, sea Mandiyú o Racing. No podía entrenar, debía tratarse su adicción. Más patético, fue cuando dirigió la selección argentina. Le colocaron más ayudantes, para darle una mano en la parte táctica. Llegó al Mundial 2010, casi por la ventana. Después, Alemania los devolvió a la realidad.

Su paso por Arabia y por el Sinaloa (donde los dueños eran narcotraficantes), es por demás olvidable.

El espectáculo que montó en el último mundial, fue la gota que rebasó el vaso para la prensa internacional. En la BBC, Drogba, fan suyo, declaró que era triste verlo así, los comentaristas ingleses coincidieron.  Sin embargo, los periodistas argentinos serios hicieron mutis. 

Todo estalló cuando apareció, en el partido celebración, el 30/10/20. Por primera vez, los periodistas, más influyentes, dieron a conocer su postura. Ya era tarde.

CUATRO

Fue junto a Pele y Messi, los mejores de la historia. Siempre considere que Pele fue más completo. Pero Maradona dio ventajas: era gordito, jugaba con una sola pierna y no cabeceaba. Sin embargo, sacó bicampeón a un inexistente Napoli, en la Liga más poderosa de ese entonces. Enfrentó a las defensas más temidas del mundo, en los tiempos que el stopper y el líbero brillaban. Época donde no existía el VAR, ni había 20 cámaras de televisión. Era el futbol violento de los ochenta y en canchas embarradas o llenas de piedras. Donde amonestaban al defensa. después del foul número diez. Y agradece, si lo hacían.

El hijo de puta de Andoni Goikoetxea lo rompió, y ni siquiera lo expulsaron. Otros tiempos.

No está al tope de las estadísticas como goleador, ni en títulos, ni premios. Pero su influencia fue total. Ha sido y es el futbolista más querido y carismático de la historia del futbol. 

Una temporada esplendorosa es llamada Maradoneana, por el 86/87. Y el gol, que él creó, se le nombra de la misma manera.

Eso no se lo quita nadie a Diego.

Te seguiremos recordando. 

Feliz 61.

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