Opinión

Con 84 abriles, el director Ridley Scott se ha dado el lujo de estrenar este año dos largometrajes. El primero, The last duel y el segundo, The House of Gucci, film que aún se encuentra en cartelera. Como acostumbra el director, ambas producciones destacan por la producción escénica y de época. Sin embargo, en los dos casos, la crítica y taquilla no les ha sonreído y no precisamente por las mismas razones. 

Ridley Scott lleva más de 30 largometrajes en su haber. Su carrera empezó en los 60,s, se consolidó en los 70,s y ha producido sin interrupciones por más de 40 años. Imposible mencionar todas sus obras, pero entre sus cintas más populares figuran títulos como: Alien, el octavo pasajero, Blade Runner, Thelma & Louise, Gladiator, Hannibal, La caida del halcón negro, American Gangster, Red de mentiras, Robin Hood, Prometeo, Exodus y The Martian

El estreno de «The Last Duel» coincidió con la reapertura de las salas de cine en el mundo. Aunque el director inglés considere que la baja taquilla se debió al poco interés que la nueva generación tiene por conocer hechos históricos. Lo concreto es que para la fecha de estreno, aún la asistencia del público a las salas de cine, era muy escasa. 

Con The Last Duel, el cineasta regresa al cine épico. Aquel que evoca una época para representar un drama que puede tener paralelos en el mundo actual. La historia narra la denuncia de violación que Marguerite de Carrouges (Jodie Comer) realiza contra Jacques Le Gris (Adam Driver), lo que ocasiona un duelo entre este caballero y el esposo de ella, Jean de Carrouges (Matt Damon). 

El guión adaptado del libro de Eric Jager, fue el trabajo conjunto de Nicole Holofcener, Matt Damon y Ben Affleck. Los dos últimos conocidos por tener una amistad desde la infancia y por escribir en 1997 Good Will Hunting, cinta con la que se abrieron camino en Hollywood y con la que también ganaron un Oscar a mejor guión. 

The Last Duel es el regreso de Scott al cine que crea atmósferas densas y salvajes. Ese cine que busca trascender, provocar indignación y encontrar un héroe en pantalla. Como fue el caso del film Gladiador. Pero, en esta ocasión el cineasta asume otra bandera. La bandera de género y deja a ese héroe masculino, por una mujer medieval que retrata el total sometimiento patriarcal que las mujeres han sufrido por siglos. 

La estructura narrativa incluso permite dos puntos de vista de una misma historia, la del agresor y la de la víctima. Acompañada además de un  contexto que retrata ese poder hegemónico de manera potente. El personaje del mismo Ben Affleck, quien encarna al Conde Pierre de Alencon, es una muestra de esta masculinidad que además ejerce el control político y social. 

Mientras que The Last Duel tuvo el infortunio de ser estrenada en un mal momento, The House of Gucci en cambio, contó con la promoción adecuada y se presentó en un momento en que el público asiste a las salas de cine sin tanto miedo. Lamentablemente, la crítica no ha sido favorable con esta última cinta. 

La historia también está basada en un libro. En esta caso, escrito por Sara Gay Foden, sobre el asesinato del heredero de los Gucci. Cuenta en los papeles protagónicos con Lady Gaga como Patrizia Reggiani y Adam Driver en el rol de Maurizio Gucci. Complementan el reparto Jaret Leto como Paolo Gucci, Al Pacino de Aldo Gucci, Jeremy Irons es Rodolfo Gucci y Salma Hayek de Giuseppina Auriemma. 

Ridley Scott se puede dar el lujo de convocar el casting que desee. Su gran prestigio le ha permitido barajar diversos nombres para este film, como Angelina Jilie o Penelope Cruz, hasta llegar al definitivo. Las observaciones no recaen en el casting. The House of Gucci carece más bien de una narrativa que sostenga una historia de la que ya se conoce el desenlace. 

La clara intención del cineasta por exponer una historia de codicia y traiciones familiares se va desinflando por no dar algunos matices a la narrativa y a los personajes que la componen. Lo que pudo convertirse en una de sus grandes obras modernas, no ha tenido el impacto de la taquilla, ni de la crítica internacional, aunque nuevamente el diseño de producción y la propuesta visual sean destacadas. 

No es la primera vez que el director de Alien decide poner a heroínas en la pantalla. No es la única vez que ha mostrado la hostilidad hacia la mujer en un mundo diseñado para los hombres. En un principio pretendió que su film Thelma & Louise tuviera algunos tintes de comicidad para ser tomado más en cuenta. Su intención en 1991 con esa película, fue mostrar mujeres siendo lastimadas. 

Ridley Scott ganó en el Festival de Cannes cuando tenía 40 años, como mejor ópera prima por su primer largometraje: Los duelistas. Se llevó una estatuilla del Oscar a casa por el Gladiador. Ha recibido un premio especial por la mejor contribución del cine britanico y otro a la realización de toda una vida. Además de las diversas nominaciones que su filmografía ha logrado. 

Luego de tantos honores y al mejor estilo de Clint Eastwood, este 2021 ha estrenado estas dos cintas que difieren en contenido y quizás en efectividad, pero que lo consolidan como uno de los realizadores más productivos y vigentes del cine mundial, aún a sus 84 años. 

Ridley Scott

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Cine, Ridley Scott

La ocupación chilena de Lima es sin lugar a dudas uno de los episodios centrales de la Guerra del Pacífico. Se trata de un hecho rodeado de múltiples circunstancias, unas heroicas y otras, por cierto, penosas. Ver, por ejemplo, al monitor Huáscar, ya con bandera chilena, acodado frente a la capital, presto a encender sus cañones. O darse cuenta de que prácticamente no hay testimonios ni periódicos que hablen de estos años por la sencilla razón de que el ejército de ocupación se encargó de copar todos los medios de comunicación, haciendo impensable cualquier disidencia, al menos en tinta y papel.

El tiempo que dura la ocupación chilena es una suerte de nebulosa para los limeños, pero no para los lectores que en Santiago seguían con minuciosidad las noticias provenientes de Lima que publicaban diarios como El Ferrocarril. De manera que intentar rescatar esos años es una tarea muy difícil, por no decir imposible. Sin embargo, el poeta Bruno Pólack Cavassa logra atisbar algunos pasajes de este suceso en su libro La ciudad que no existe.

Pero no se trata de un libro de historia a secas. Lo que mejor define el texto de Pólack es el hecho de ser una crónica que apunta en dos direcciones muy precisas: la primera, recordar efectivamente unos hechos ocurridos durante la ocupación de Lima; la segunda establece un relato de memoria familiar, que explora en los orígenes de la propia familia del autor, orígenes que unen, como un puente, a ambos países. Hay, pues, una suerte de contrapunto en el que la narración historiográfica se relaciona con la aventura biográfica (y privada) del poeta. 

En ambos relatos hay un efecto dramático, al punto de sospechar, como lector, que no hay otra forma de contarlos. Tensión, expectativa, casualidades, azar y premeditación están presentes en el tejido de este libro. Mencioné líneas arriba al Huáscar, el buque peruano más emblemático. Consumado el Combate de Angamos, el Huáscar es llevado a Chile, reparado y puesto en funciones nuevamente, esta vez al servicio de los vencedores. Ese mismo Huáscar es el que estuvo frente a las costas de Lima, ese decisivo 15 de enero de 1881, día de la Batalla de Miraflores, contribuyendo ominosamente al bombardeo de la capital.  

El texto, además, se abre en distintos arcos temporales entre el siglo XIX, el XX e incluso el XXI. El avance del ejército invasor hacia Lima, la huida de familias enteras del horror de la guerra, los vaivenes de un Piérola inconsistente, la honrosa actuación de militares extranjeros en favor del Perú, una historia de amor y abandono, el recurso lúdico de unas llamadas telefónicas o el recuerdo de un combinado de futbolistas chilenos y peruanos que partió de gira a Europa a hablar su idioma de barrio, ese de oraciones de huacha y taquito. 

Quizá decir que esta es una nueva manera de contar la historia sería un entusiasmo excesivo. Diría que es al revés, en todo caso, que lo que hay es una manera de apropiarse de materiales históricos para componer con ellos una crónica que no excluye, felizmente, al archivo familiar. 

La ciudad que no existe. Historias de la ocupación chilena de Lima (1881-1883). Lima: Editorial Planeta, 2021.

La ciudad que no existe


Alonso Rabí Do Carmo es profesor ordinario de la Universidad de Lima, donde imparte cursos de Lengua, Literatura y Periodismo. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y obtuvo el Doctorado en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Colorado. Ejerce el periodismo desde 1989.

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Bruno Pólack Cavass, El Ferrocarril

La cuasi aceptación de la colaboración eficaz de Karelim López señalando que habría entregado dinero, a través de Bruno Pacheco, exsecretario de Palacio, al propio presidente Castillo a cambio de favoritismo en obras públicas, roza los términos suficientes para resucitar, esta vez con mayor fundamento, la posibilidad de una vacancia presidencial.

Karelim López, visitante de Palacio y del pasaje Sarratea en Breña, concurrió entre el 29 de noviembre y el 2 de diciembre, según revela IDL Reporteros, a la oficina del procurador anticorrupción Javier Pacheco y luego a la de la fiscal anticorrupción Karla Zecenarro, con el objetivo de ofrecer su colaboración eficaz.

La misma le fue negada porque Karelim López no aceptó, en principio -requisito legal para acogerse a dicha figura-, admitir culpa en el delito investigado y “luego, revelar, con pruebas, otras ilegalidades que pudieran servir para contrapesar la responsabilidad confesada”. Puntualmente, se le pedía que reconociese haber cometido tráfico de influencias sen el caso del puente Tarata, obra adjudicada, como aparente intercambio de favores.

Está en la cuerda floja nuevamente el Primer Mandatario. Bastará que López, reconvenida por su abogado, acepte lo solicitado por la fiscal y aporte más pruebas, que certifiquen la relativa veracidad de sus dichos, o indicios suficientes de que el tema alcanza al Presidente, y la vacancia volverá a estar en ristre.

Y dado ese caso, esta vez será difícil que los partidos que lo protegieron en la última oportunidad que se votó por la vacancia -particularmente Acción Popular y Alianza para el Progreso-, se sumen al tándem oficialista de protección.

La interpretación más estricta de la incapacidad moral permanente -que fue la esgrimida por el magistrado del Tribunal Constitucional, Eloy Espinoza en su oportunidad-, hablaba de ella como de una minusvalía psíquica, mental, que incapacitase al mandatario para gobernar. La interpretación de Marianella Ledesma y Carlos Ramos -quienes junto con Espinoza, votaron por precisar el tema- era que aludía al incumplimiento de ciertas condiciones morales para ejercer el gobierno.

Ajustada a esta segunda interpretación, más sensata, si se prueba que Castillo, a los pocos días de llegar a Palacio, recibió una coima para facilitar el acceso a obras públicas de una “oferente”, califica de lleno en el rango de incapacidad moral permanente. Por cierto, ¿a esa “chanchita” se habrá referido Castillo cuando, asustado, la mencionó, casi autoinculpándose, aludiendo al contenido de los audios que él temía que saliesen en un programa dominical? Queda claro, una vez más, que el principal promotor de su vacancia es el propio Presidente de la República.

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vacancia presidencial

A unos días de la acción mundial por la eliminación de la violencia contra la mujer, dos mujeres peruanas acapararon las redes sociales por razones opuestas: Susana Higuchi, quien recibió un homenaje popular a su fallecimiento y Milagros Leiva, quien fue la burla colectiva por caer ridículamente en su propia trampa. Dos situaciones que expresan, de alguna manera, cómo funciona el patriarcado y sus complejidades. 

El patriarcado es un sistema sociopolítico que nos enseña desde que nacemos a obedecer a una autoridad y jerarquía en el hogar, a guardar silencio cuando hay violencia en casa y ser fieles a los “secretos” de los hombres. De esa manera se va creando una lealtad a esa “autoridad”. Al denunciar la corrupción fujimorista, Susana Higuchi rompe con esa lealtad y obediencia patriarcal. Como castigo es perseguida y torturada en las instalaciones del SIN por orden de A. Fujimori, convirtiéndose en un símbolo de la resistencia contra la dictadura en los 90s, mientras su hija Keiko se coloca al lado del poder abusador y como pieza clave del poder patriarcal neoliberal.

En Perú, el patriarcado, como lo conocemos, se implementa con la invasión europea. El régimen fujimorista es un ejemplo de eso. Caracterizado por su militarismo y corrupción, glorificación de ejecuciones extrajudiciales, políticas de exterminio con esterilizaciones forzadas de población indígena rural y urbana en extrema pobreza, represión contra toda oposición, incluyendo contra la madre de los Fujimori, y el control absoluto de la prensa como de las instituciones estatales. La lealtad de Keiko F. es con es con este régimen abusador y no con su madre violentada.

Según bell hooks, teórica feminista estadounidense, en nuestra cultura colonialista y capitalista, desarrollamos normas culturales de jerarquía y autoridad donde el uso de la violencia es visto como algo natural. Esta violencia moldea nuestras relaciones sociales: sentimentales, laborales, familiares, políticas, etc., las cuales se basan en el ejercicio de poder y la dominación. Desde ese sistema de dominación se violentan mujeres en el hogar y también se ejecutan políticas neoliberales, violentando a la población y empujando a las mujeres a trabajos precarios o no remunerados como en el sector del cuidado, servicio, campesino y obrero.

El patriarcado hegemoniza la supremacía del hombre y su dominación sobre las mujeres, pero para eliminar la violencia contra la mujer es necesario discutir también la violencia que ejercen mujeres privilegiadas contra otras mujeres y hombres pobres y/o racializados. Así como Keiko F. nace como figura política aplastando a su madre, Milagros Leiva, uno de los símbolos de la TV basura y portavoz del fascismo neoliberal, ejerce desde una posición de poder una violencia racista y clasista contra algunos líderes de izquierda, como contra el popular Puka Bellido. Keiko F. y Leiva rompen las barreras sociales patriarcales para trepar la escalera del poder económico y oprimir a sectores históricamente subordinados.

Una de las limitaciones del feminismo convencional es su falta de interés en excavar más a fondo el tema de la violencia en general como la capitalista y racista. Más bien se ha focalizado en una ideología sexista donde los hombres son los únicos violentos y las mujeres son las únicas víctimas. Ese análisis no expresa toda la violencia que se ejerce desde los sistemas de dominación, porque el patriarcado al funcionar dentro de un sistema de opresión crea mujeres afines a la ambición del poder y a la violencia expresada por éste. 

El movimiento feminista, no es una lucha aislada, al contrario, es una lucha para eliminar el sometimiento sexista y los múltiples sistemas de opresión. Desde la colonización, vivimos en el Perú un sistema racista, capitalista y patriarcal, dónde la violencia es invisibilizada por el feminismo burgués que no confronta la opresión económica que impacta a la mayoría de las mujeres pobres.

Nos encontramos en un momento único donde emergen distintos feminismos, en especial uno popular y revolucionario, el cual se interesa por ampliar la lucha exponiendo las limitaciones del feminismo “anti-hombre. El feminismo convencional ha alejado a mujeres indígenas y clase trabajadora de la lucha feminista porque su interés principal es romper jerarquías sociales dentro de su propia clase y no eliminar la opresión racista y clasista la cual también oprime a hombres de grupos sociales y económicos explotados. 

Es importante ampliar la lucha feminista y conectarla con la lucha más grande como la liberación de la opresión de los pueblos. Los hombres también deben ser parte de esta lucha, y debemos trabajar conjuntamente para que puedan desafiar las prácticas patriarcales.

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¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia… de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín… no puede cambiar… de pasión.

Pablo Sandoval – “El secreto de tus ojos”

UNO

Dícese que el futbol enamora, porque permite a los hombres volver a la infancia. Y es cierto. 

Ser hincha de un club responde a sentimientos. En varios casos se hereda, en otros, el tío (ese querido personaje) influye en la elección. O el abuelo o los amigos. Pero ese amor se genera desde pequeño. Importa tres carajos que el club elegido, sea el más ganador o, por el contrario, sea un perdedor irredento. 

Tu primera visita al estadio es una experiencia cuasi religiosa que no se olvida nunca. Mi querido tío Hugo fue quien canalizó mis sentimientos hacia el club elegido. Era paciente y se daba tiempo para responder mis consultas y dudas de futbol. Al poco tiempo, me llevó en distintas ocasiones al estadio. No tenía aun los 14 años, pero aún recuerdo perfectamente esas idas.

DOS

El rostro arrugado, un pelo escaso y blanco. Deposita en taquilla el billete azul y entra a la tribuna. Una pequeña radio a transistores es su fiel amigo. Mira el estadio repleto. 

“Que poco ha cambiado desde que vine por primera vez”

Su remera se humedece, será el calor o el nerviosismo.  Mientras tanto, escucha al relator las posibilidades de su equipo. Se mentaliza.

“Hoy salimos campeones”.

Recuerda a su viejito, quien lo acompañaba en sus idas al estadio, y como la felicidad de ambos dependía de un resultado. El calor atosigante lo acorrala. Compra una botella de agua y bebe ansiosamente. Tiene diabetes, debe cuidarse. Lo rodean adultos, jóvenes, parejas y familias con niños que, como él, han venido a corroborar lo imposible. 

El futbol es democrático, piensa. Une a ricos y pobres. Los poderosos y los clasemedieros. Los que tienen autos y los que andan a pie. Los que degustan una parrillada y los que se preparan un plato de lentejas, incluido los domingos. Todos, en una tribuna por 90 minutos, compartiendo una misma ilusión.

TRES

El, que vive con lo justo, como cobrador de una mueblería. No paró de laburar ni siquiera con la pandemia. Si no cobraba no comía, menos hubiera pagado el alquiler de su pequeña pieza, donde vivía con su viejito enfermo. Nunca conoció a su madre. Su padre fue todo para él.  Compartieron Navidades y cumpleaños, solo los dos. Nunca escaseó el amor en aquella piecita que compartieron. Su viejito, luego de una larga agonía, falleció. 

Nunca tuvo mucho tiempo para el amor. Como no era muy agraciado y de poco hablar, las chicas lo rehuían. Al menos eso pensó. Su vida desde que salió del colegio, era trabajo y solo eso. Su padre enfermó al poco tiempo y, por ende, no pudo ir a la universidad. Mantener la casa fue siempre su prioridad. En cierta ocasión, tuvo una especie de relación con una mujer, a quien conoció en el laburo. Pero todo termino al poco tiempo. Meses después, ella le escribió una carta: iba a casarse. El no reaccionó, o no quiso darse cuenta, del porqué le escribía la misiva.

Iba 2 veces al mes al estadio. Eso era religión para él. Nunca fue muy devoto de la Fe Cristiana. Pensaba que algo estaba mal con ellos, y los de su clase. Le jodía eso y que Dios lo permitiera. Pero no vivía amargado. Ahora estaba solo, pero el recuerdo de su padre siempre lo acompañaba.

CUATRO

“Benítez la puta que te parió” 

Alan había dejado con 10 al equipo. Aun así, el planteo del Chiqui era bueno. Nunca el Aborigen superó a Cerro. Los jugadores sabían su papel. Ni el hombre de menos se notaba. La mano del técnico se sentía. Ergo, era un Equipo. Pero dos contragolpes dañaron el arco del club de sus amores. 

La tribuna estaba devastada. El hombre arrugado se tapó la cara con las manos. Sentía que todo estaba perdido. La hinchada rival aullaba. El calor seguía insoportable. Arce se la jugó con los cambios. Su corazón se aceleraba al ver las ocasiones pérdidas para rematar el resultado.  

¿Será Dios?, ¿será posible? 

Los de Guaraní, insólitamente, se desesperan y expulsan a 2 de sus jugadores. 

¡Vamos carajo que se puede!

El gol, en el minuto 99, revitaliza a la hinchada. Ahora son los cerristas, los que braman y se hacen escuchar en todo el estadio. 

El hombre mira a las estrellas del firmamento.

“Viejito, pedile a tu Dios que nos ayude, por esta única vez” 

Y sucede lo inexplicable.

Un centro desde la derecha, y el lateral, devenido en delantero, levitó en forma incomprensible, y cabeceó a la gloria.

Le gente explotó, se abrazaron entre todos, conocidos o no. El futbol derriba barreras sociales.

El hombre de las mil arrugas tiene los ojos vidriosos, su corazón palpita aceleradamente y sus manos tiemblan. Entonces, levanta la vista al cielo.

“Creo que vi a Dios” 

Y, a partir de ese momento, creyó.

Dedicado a José Carlos, Ezequiel y Jesús

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cristianismo, Dios

Hay un clic que no se está produciendo en una región andina estratégica para el país, como es Puno, entre su “ser social” y su “conciencia social”. La mayoría de puneños son comerciantes y empresarios, pero a la hora de acercarse a las urnas lo suelen hacer por opciones disruptivas de izquierda, que van directamente en contra de la libertad empresarial de la que disfrutan sus coterráneos.

En la segunda vuelta del 6 de junio de este año, Perú Libre obtuvo en la región altiplánica el 89.256% de la votación mientras que Fuerza Popular apenas logró el 10.744%, una diferencia abismal entre dos opciones polarizantes, de izquierda y derecha, respectivamente.

Si la derecha quiere evitar que reaparezca algún candidato radical de izquierda, está en la obligación de conquistar para sí al mundo andino y evitar de esa manera que su población creciente termine por inclinar la cancha a favor de alguien como Pedro Castillo en el futuro.

Puno es, además, una región con enorme influencia en las regiones vecinas: Arequipa, Tacna, Moquegua, Cusco y Madre de Dios. La migración puneña es masiva en tales localidades.

Puno es, sociológica y económicamente hablando, capitalista. Inclusive en Lima, interesante es anotarlo, en todos los conglomerados empresariales emergentes (Gamarra, La Parada, Tacora, Caquetá, Lima Norte, parque industrial de Villa el Salvador, etc.), los núcleos empresariales más cooperativos entre sí, capaces de tejer redes de asistencia y apoyo emprendedor, son los conformados por puneños.

Pero en su terruño, el puneño vota, históricamente, por la izquierda. Sin duda, puede haber una explicación a esta vocación contestataria del establishment, en la proliferación de los reinos de informalidad delictiva que se enseñorean en Puno (el contrabando, el narcotráfico, la trata de personas, la tala ilegal, la minería informal), que generan circuitos anti Estado y antimercado, porque resienten el imperio de la ley que supone una economía de mercado que funcione a plenitud, pero hay también un descuido secular de las élites derechistas del país, políticas y empresariales, respecto de regiones como la puneña, que han terminado por activar un antilimeñismo y antiderechismo irracionales y sin fundamento.

El futuro político del país y el bienestar económico creciente, dependen de que en el Perú sobrevengan tres o cuatro gobiernos promercado sucesivos. Mientras el mundo andino, que bien simboliza Puno, sea refractario a un discurso liberal, ese porvenir será recurrentemente esquivo.

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futuro político, Perú Libre, porvenir, puno

Al anunciarse por distintos medios que el presidente Castillo ha solicitado el apoyo del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, la inmediata reacción de muchas lectoras y lectores peruanos encontró en este gesto nuevas razones para hacer público su desprecio por el presidente Castillo: otro acto de debilidad ante los problemas que debe afrontar, un recurso más de victimización ante las críticas a su incapacidad como gobernante. Esa reacción es resultado de un profundo desconocimiento de la trayectoria de López Obrador, quien sin duda siente empatía por el presidente Castillo, pues ha vivido campañas mediáticas en su contra que sembraron el miedo sobre sus orígenes regionales y su postura política. López Obrador, dispuesto a fortalecer su gobierno, le ofrece seguridad a Castillo: que se vea como un Benito Juárez, le dice, primer presidente mexicano de origen indígena. Pero la brecha formativa entre López Obrador y Castillo es social y políticamente tan grande que da qué pensar.

López Obrador nació en la selva del sureste de su país, en la costa del golfo de México, junto a Guatemala, lejos de la capital y en una economía rural. Pero a diferencia de Castillo, él pudo estudiar la secundaria en la capital de Tabasco y luego ir a la universidad en el Distrito Federal, la capital de México. En los años setenta, ingresó al Partido Revolucionario Institucionalizado (que tuvo el poder durante setenta años consecutivos desde 1930). Mientras culminaba su tesis sobre el proceso de formación del Estado nacional mexicano en el siglo XIX, ocupó una serie de cargos del PRI en Tabasco que lo vincularon con su población indígena y que fueron la pieza clave para su postura, pues optó por separarse del PRI junto con los partidos de izquierda que conformarían pocos años después el Partido de la Revolución Democrática. Tras ocupar la presidencia del PRD en Tabasco y luego a nivel nacional, el Partido se fortaleció y ganó las elecciones para la gobernación del Distrito Federal. Durante su gestión, fue tal el éxito de sus programas sociales con la población vulnerable, la mejora del sistema de transporte urbano, la contención de la delincuencia y su apoyo a la educación que se ganó una envidiosa oposición del Congreso. Bastó que López Obrador ignorara una decisión judicial que impedía el uso de una parte de un terreno baldío para trazar la salida vial de un hospital universitario, para que sus opositores demandaran su desafuero. Uno de sus efectos, si bien no consiguió que ganara las elecciones presidenciales inmediatas, fue que fortaleció su imagen de un líder que defendía los derechos de la población vulnerable de Tabasco, del DF y de todo el país. Pero también generó la respuesta mediática de la derecha neoliberal que pasó a manipular la información y exagerarla hasta el punto de sembrar el miedo al “comunismo” de López Obrador.

Así como Mario Vargas Llosa se opone y busca reducir intelectualmente a Pedro Castillo, en México fue el historiador Enrique Krauze quien sembró el miedo hasta en el mundo académico, cuestionando los enfoques históricos de López Obrador. Krauze, acusado por los medios de liderar ocultamente la campaña mediática sobre falsos vínculos “comunistas” con Rusia (?) y Venezuela, cometió su mayor agresión cuando, indignado por el respaldo que recibió López Obrador de parte de sus seguidores en el Zócalo, firmó en su artículo “El Mesías tropical” (Letras Libres, 2006), que López Obrador era un hombre impulsivo y violento por ser tabasqueño y “tropical”, dejándolo como un primitivo y bárbaro político de pensamiento religioso proveniente de la selva mexicana. 

Quince años después López Obrador es un presidente con buena aprobación nacional e internacional. Ojalá los funcionarios enviados por el presidente mexicano puedan ayudar a Castillo a salir de la situación mediática similar en la que se encuentra, pero deberá aprender –y pronto–  que mientras López Obrador se encuentra confrontando a su universidad, a la UNAM, la más grande universidad pública de todo América Latina, por haberse derechizado, aquí su gobierno se hace de la vista gorda con el proyecto de ley contra la Sunedu que permitiría la reapertura de las universidades de los congresistas corruptos dedicados a estafar a nuestra juventud estudiantil

Perú no va camino a ser Venezuela o Nicaragua, como teme aún algún sector de la derecha peruana. El gobierno, así lo quisiera, no podría hacerlo, dada la realidad congresal adversa a semejantes propósitos, y la resistencia social, expresada en las encuestas, a tales pretensiones.

Pero adonde sí parecemos encaminarnos, a pie firme, es a ser una suerte de México bajo la conducción de López Obrador, en la peor de las perspectivas y sentidos.

México es un desastre económico, con niveles de pobreza y desempleo en aumento, además de un desaliento generalizado de las inversiones privadas, todo ello por los zigzagueantes comentarios del presidente mexicano, con un discurso anticapitalista y proestatista. Ese es el balance de la gestión de López Obrador, cuyo máximo objetivo es ahora salir del poder dejando a su país al menos como estaba antes de asumir su calamitosa gestión.

Y, como México, Perú se encamina a pie firme a ser un país dominado por las mafias ilegales. Lo que hemos visto de concesiones a los transportistas informales o a las universidades bambas es algo que se está replicando en las zonas de influencia donde el narcotráfico, el contrabando o la minería informal sientan sus reales.

El gobierno de Castillo ha abandonado en la práctica la lucha contra estos males endémicos de nuestra sociedad y que constituyen, per se, una amenaza al Estado de Derecho y la democracia republicana, al ser actividades contestatarias, por naturaleza, del propio Estado.

No es casualidad que en la encuesta sobre percepción de progreso que anualmente realiza Ipsos, tengamos cifras de espanto. Un 56% considera que el Perú está retrocediendo, un 35% que se mantiene igual y apenas un 6% de la población cree que estamos progresando. Ese combo de cifras de crisis no se veía desde los 90 -hace treinta años-, luego del megadesastre que fue la gestión del primer gobierno de García, donde a la crisis originada por su irresponsable gestión, se sumaba la sensación de derrota respecto del crecimiento de Sendero Luminoso.

Y lo más grave es que parece que la cosa irá peor, ya que no se aprecia en el inquilino de Palacio, propósito de enmienda alguna, consciencia de la crisis ni visión inteligente de cómo salir del embrollo. Un sindicalista básico nos malgobierna y mientras dure en Palacio, el Perú irá retrocediendo progresivamente.

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López Obrador, México, Nicaragua, Palacio de Gobierno, Venezuela

A propósito del último pedido de vacancia contra el presidente, surge una pregunta: ¿que podría venir después de Castillo? ¿podría venir algo incluso peor? Distintas personas de derecha que están a favor de una vacancia me comentan que Pedro Castillo es tan malo, que es imposible que, en un escenario de nuevas elecciones, venga algo peor. Parecen estar convencidos de que lo que vendría sería algún candidato de derecha o del establishment. 

¿Pero, es así realmente? Ronda por mi cabeza el miedo de un peor escenario: un candidato anti-establishment con más capacidad de liderazgo que Castillo, y que esta vez sí saque mayoría de curules en el Congreso, o una cantidad significativa como para llevar a cabo reformas (o contra reformas) dañinas para el país.

¿Es imposible este escenario? Escucho de quienes apoyan una vacancia, que Castillo logró aprovechar el momento histórico de la pandemia, pero que estas condiciones no se repetirán. Si bien esa es su apuesta, el escenario futuro no está tan claro: según la última encuesta de Ipsos, Castillo mantiene 61% de aprobación en el ámbito rural, por ahora resistentes a los escándalos que rodean al presidente. Por otro lado, el Congreso, liderado por la oposición, tiene una aprobación paupérrima (22%), dándole poca legitimidad para asumir las riendas del país en caso caiga este gobierno.

Si queremos seguir con el sueño dorado de que, al salir Castillo (ahora o en el 2026), vendrá algo mejor, necesitamos una oposición cuanto menos, decente. Intereses mercantilistas, desconexión con la población, y ausencia de leyes útiles para el ciudadano, generan los bajísimos % de popularidad del Congreso. Acciones como la reciente aprobación de dos dictámenes en contra de la ley universitaria, que afecta el derecho a la educación de miles de jóvenes, dan cuenta de esto. Partidos conservadores como Renovación Popular y Fuerza Popular, vuelven a empujar esta medida nefasta, y además altamente impopular. Es posible que se enfrenten mañana en las calles a una marcha más masiva de lo que ellos nunca pudieron convocar, y esto luego de haber impulsado un pedido de vacancia cuando las encuestas muestran que la mayor parte de la población no apoya esta medida, y que el presidente viene perdiendo popularidad, pero no lo suficiente. 

De haber nuevas elecciones, con una derecha deslegitimada, con falta de liderazgos convocantes a nivel nacional, y ciertos sectores de la población molestos por una vacancia a destiempo, la bandeja está nuevamente servida para un outsider (de cualquier tendencia) antisistema, pero esta vez, con mayor apoyo en el Congreso y menos control político. Las cosas mal hechas entonces, podrían cumplir las peores pesadillas de quienes justamente apoyan hoy una vacancia. Sin derecha decente, no hay paraíso señores. 

*Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de las organizaciones a las cuales pertenece.

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Derecha, Pedro Castillo, política peruana
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