Opinión

(1967-1971)

Una de las ventajas de ver las series americanas, en los años setenta y ochenta, es que las transmitían 3 a 5 años, después de estrenada o después de canceladas. Bueno, creo que había otra ventaja: El doblaje. En la serie, en mención, habría que indicar que el doblaje era perfecto (tics y manera de hablar). De forma tal, que sería un sacrilegio para nosotros (los latinos) ver y escucharlos -a estos personajes- con otras voces. Imposible. En la actualidad eso no sucede ni a patadas. Las series (gracias a la globalización) se estrenan al mismo tiempo que en los EE.UU. e incluso puedes verla en las plataformas, en su idioma original; con subtítulos, lógicamente.

El Gran Chaparral marca una tendencia de finales de los sesenta: Grabar en escenarios naturales; así como John Ford usaba el Monument Valley, como escenario, siendo incluso un protagonista más, de sus películas; “El Chaparral”, fue filmada en los desiertos de Arizona.

El argumento es simple: La familia Cannon se establece en el rancho “El Chaparral”, ubicado en el desierto de Sonora (actual Arizona), y, como los colonos de ese tiempo, luchan, a brazo partido, contra la naturaleza y los indios, por su rancho y su supervivencia.

El creador de la serie David Dortort, era el mismo que producía la sobrevalorada “Bonanza”, que tenía un éxito arrollador y que duró más de una década en el aire. Ahora comparándolas a ambas había notables diferencias: los personajes del desierto de Arizona no eran los héroes típicos del Oeste. Como si podríamos decir de los Cartwright. Muy por el contrario, los protagonistas de “El Gran Chaparral” demostraban su densa humanidad. Por ejemplo: el tío Buck y Manolito -geniales tanto Cameron Mitchell como Henry Darrow- eran putañeros y borrachos de primera. Hedonistas y lúdicos cada vez que podían. Al igual, que el resto de los vaqueros que trabajaban para John Cannon: Los leales y laburadores Sam y Joe, la dignidad enhiesta de Vaquero y un inolvidable Pedro (imperdible su actuación en el capítulo “El Muro de fuego”). La primera parada obligada, para ellos, era la cantina del pueblo y si había pelea, decían presente. John por su parte, era un vaquero duro, incluso torpe con su hijo Blue y su nueva esposa Victoria. Poco proclive al romanticismo y a la sensiblería. Lo cual es lógico, ya que era un hombre que sufrió y vivió la Guerra Civil. Toda la educación que recibió se la dio el Ejército. Era producto de su entorno.

Victoria (la argentina Linda Cristal) es uno de los personajes centrales y no decepciona en absoluto. Es la que balancea la cofradía testicular de la serie. Ama a John, pero es plagueona o es capaz de dar su opinión en forma pertinaz, sea intrincado o no el asunto. A su hermano Manolito lo ama, pero eso no evita que lo rezongue, cada tanto. Y hablando de Manolo, él evita todo compromiso, desea ser libre de las ataduras del matrimonio y huye de las responsabilidades del rancho de los Montoya, que por derecho le corresponde, y se conforma con ser un vaquero más en “El Chaparral”. Ah, y es habitué de las prostitutas del pueblo: Perlita y Conchita. A la única mujer que ama es a Victoria (ver capítulos “Sin Ningún Problema” y “El Diario de la Muerte”). Mientras Buck Cannon, es el tío más querible de la historia del Oeste, capaz de noquear a su sobrino para evitar que este arriesgue su vida o tenerle fidelidad perruna a su hermano mayor y ser servicial con Victoria. Con Manolito son compadres (ver el capítulo “Amigos y Socios”). No es difícil verle con un final parecido al de Tom Doniphon, en el clásico “El hombre que mató a Liberty Valance”.

Una mención aparte merece Frank Silvera, el patriarca Montoya, actor de teatro y conocido con el apodo de “El hombre de las mil caras”, lo cual nos da a entender su histrionismo. Sus intervenciones son legendarias, su picardía y dotes para la comedia ensalzan la serie (ver los capítulos “El León Duerme” y “Mi casa su casa”).

Siempre espere que “TCM”, el canal de cable, pasara mi serie favorita de los setenta. Sin embargo, para mi sorpresa fue gracias a You Tube, donde encontré la serie con sus temporadas completas. Dícese, en tiempos pretéritos, que un director firmaba su mayoría de edad, cuando filmaba un western. Nosotros los televidentes podemos decir que ver un western (con una duración de 4 temporadas) nos galvaniza y humaniza. Algo tan necesario, en los tiempos, agitados, que vivimos.

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El Chaparral, Películas

El presidente Castillo ha labrado un gabinete que le permita, simplemente, traspasar la valla de la cuestión de confianza. Así, a la permanencia de Perú Libre y Juntos por el Perú, le suma Perú Democrático, Somos Perú y el sector provinciano de Acción Popular.

No es un gabinete que permita remontar la crisis de gobernabilidad en la que se halla inmerso, en gran medida, por responsabilidad del propio Presidente, quien ha hecho de designaciones cuestionables su signo distintivo. Y así, insiste en ello manteniendo al inverosímil titular de Transportes y designando a un cuestionado ministro del Interior, cuando, según todas las encuestas, el problema de la inseguridad ciudadana se ha vuelto ya el principal problema nacional. Pasa lo propio con el ministro del Ambiente, que no conoce nada de su sector, o la ultraconservadora ministra de la Mujer.

Castillo no parece tener capacidad de aprendizaje político. Se resiste a ello. No entiende la magnitud de las responsabilidades que le caben como gobernante del Perú, mucho menos, las responsabilidades administrativas que le corresponden como Jefe de Estado.

Los ministros y funcionarios renunciantes que se animaron a expresar las razones de su disconformidad, aluden, todos, a la existencia de un grupo de personajes que rodean al Primer Mandatario y pesan políticamente más que los ministros. ¿Hay alguna novedad en ese frente? Ninguna. Todo se mantiene igual.

No es posible, pues, avizorarle buen futuro político a este gabinete por más que cuente con la presencia de algunos destacados personajes, como el flamante Canciller, César Landa, o el nuevo titular del MEF, Oscar Graham, cualitativamente superior el peso mediano, Pedro Francke. El problema no estriba en ellos.

La sola presencia de un Premier disparatado como el impredecible Héctor Valer hace que la ceremonia de ayer se asome pronto a ser una impostura política, armada a último momento, sin mirar el horizonte ideológico o político del país.

 

 

Ya no cabe analizar si el régimen migró al centro, si acaso a la derecha, si se reafirmó en su coalición de izquierdas, si se radicalizó o cerronizó, no, esos no son los asuntos en los que el Presidente delibera. A estas pocas alturas de un gobierno fallido como el suyo, Castillo solo quiere durar lo más que sea. Así, su gran perspectiva histórica no pasa de la quincena, de que el nuevo consejo de ministros reciba la confianza en el Congreso y de esa manera él poder seguir haciendo de las suyas bajo el manto de impunidad que le brinda el cargo presidencial. Así, muy lamentablemente, estamos como país.

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Congreso, Gabinete, Pedro Castillo

 

Papá: En los días pasados hemos constatado que los 33 millones de peruanos estamos en un avión, y tú como piloto de este avión, recién estás aprendiendo a conducirlo. Para manejar este avión, te has acompañado de gente que no solamente es incompetente, sino que también, existen indicios que está amarrada con la corrupción. Papá, si seguimos así, inexorablemente el país te va a tener que pedir que renuncies. ¿Qué es lo que yo te aconsejaría hacer?

En primer lugar, imagínate que hay que estabilizar el vuelo de este avión. Esto se consigue generando estabilidad jurídica y estabilidad política. Para ello, tienes que tirar al tacho ese proyecto de Asamblea Constituyente. Este proyecto, lo único que está trayendo es incertidumbre, ahuyentando la inversión y la generación de trabajo. Si tú decidieras tirar ese proyecto al tacho, automáticamente, las fuerzas políticas mayoritarias del Congreso te estarían apoyando. Con eso generarías la estabilidad que te permitiría gobernar. Tienes que sacar a la gente incompetente y corrupta que se está aprovechando del aparato estatal y de ti.

 

Seguidamente, lo que hay que hacer es prender los motores de la reactivación económica. Tenemos más de 56 mil millones de dólares en proyectos mineros. De esta cartera, tenemos proyectos por alrededor de 3 mil millones de dólares que se pueden destrabar en el corto plazo. Proyectos en Ica, Puno, Cajamarca, Ayacucho, Apurímac, Cuzco y Moquegua. Estos proyectos mineros pueden no solamente generar trabajo y nuevos ingresos fiscales, sino también reactivar los sectores de industrias y servicios conectados a la minería.

 

Se tiene que activar el segundo motor de la economía, la agro exportación. Gracias a los tratados de libre comercio que ha firmado el Perú, tenemos acceso ventajoso a más de 3 mil millones de consumidores alrededor del mundo. Los productos del agro peruano tienen que llegar a los paladares de esos consumidores. Para favorecer a nuestros agricultores, no solamente de la costa, sino también a los de la sierra y de la selva, tenemos que establecer cadenas productivas de valor para que ellos también se puedan beneficiar de estos mercados.

El tercer motor que se tiene que activar es el de la pesca. El cuarto, los productos industriales y servicios de los sectores no tradicionales. El quinto motor, el de la construcción. El reto es cerrar esa brecha de infraestructura física de más de 56 mil millones de dólares. Hay en cartera grandes proyectos de infraestructura como Chavimochic o Majes Sihuas II que deben desentramparse pronto. Tenemos la Reconstrucción del Norte, pero también la alternativa de sacar adelante obras por impuestos para construir y reconstruir las escuelas, las postas médicas, los hospitales, o la infraestructura productiva por todo el país. Me podría pasar horas hablándote de lo que se puede hacer. Por razones de tiempo me quedo aquí.

 

Papá: El progreso y bienestar de los peruanos no se va a conseguir cambiando radicalmente de Constitución, sino básicamente reformando el Estado, para que el Estado se ocupe de aquello que es su competencia: la justicia, la seguridad, la infraestructura, la educación y la salud de los peruanos, pero también y -sobre todo- liberando las fuerzas del mercado, para que la iniciativa privada de los empresarios de las micro, pequeñas, medianas y grandes empresas se encarguen de crear esa nueva riqueza con la que podremos derrotar a la pobreza.

Piénsalo bien tocayo. De lo contrario, me temo, que si no le haces caso al pueblo, el pueblo pronto te estará diciendo: Por amor al Perú, renuncia. Y los que pierdan la paciencia te dirán: ¡Por amor de Dios, renuncia ya!

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Pedro Castillo

Las autoridades una vez más demuestran el poco interés que tienen en lograr cambios favorables y sostenidos para alcanzar una educación de calidad y una sociedad más igualitaria. A puertas de cerrar la actual legislatura el Congreso de la República, mediando una perversa alianza entre la derecha más reaccionaria y la izquierda patriarcal se trajeron abajo la reforma universitaria, con la excusa de devolverle “autonomía” a las universidades, le devuelven – en realidad- la libertad a estas para hacer de la educación un negocio sin ninguna clase de ética ni fiscalización.

Pero no solo este escenario amenaza la educación, también lo hace el Proyecto Legislativo 904/2021, presentado por el congresista Edras Medina del grupo parlamentario Renovación Popular, denominado “Ley que impulsa la calidad de los materiales y recursos educativos en el Perú”; pero que en realidad busca desconocer la autonomía del Ministerio de Educación y hacer depender a este de la opinión y conformidad de los padres y madres de familia. Tal como suena, la educación de los niños estaría definida por algunas organizaciones de padres/madres quienes podrán vetar contenidos sin mediar aquí los criterios de especialistas en temas de educación.

 

Esta propuesta, que es bien vista por los sectores más conservadores (antiderechos) del congreso, distorsiona el derecho a participar de los padres/madres de familia en el proceso educativo, que por cierto se encuentra ya establecido a través de las APAFAS y de los Consejos Educativos Institucionales (CONEI).

 

¿Què hay detrás de esta propuesta?, el interés de grupos parlamentarios vinculados a sectores fundamentalistas que se oponen al enfoque de igualdad de género y a la educación sexual integral. A estos operadores de la discriminación no les interesa la calidad educativa, les importa mantener los cimientos de una sociedad excluyente y tutelar, que reproduzca la discriminación. Utilizando discursos tendenciosos, como “la defensa de la familia” o su oposición a una supuesta “ideología de género” mal informan, generan miedo y ahora operan a nivel del ejecutivo y el legislativo para fortalecer una agenda perversa que sostenga la desigualdad..

 

Diversas instancias se han pronunciado con preocupación frente a la probable aprobación de una iniciativa legislativa contraria a los compromisos del Estado Peruano en materia de educación e igualdad. Se han manifestado la Defensoría del Pueblo, el Sistema de las Naciones Unidas, organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres, organizaciones de jóvenes y del derecho a la educación, el Ministerio de la Mujer, el Ministerio de Educación, así como instancias de la cooperación internacional.

 

Este escenario de riesgo se agrava tras la reciente designación de Kathy Ugarte, congresista de Perú Libre, como Ministra de la Mujer; la nueva titular del sector se ha opuesto públicamente al enfoque de igualdad de género y ahora lidera el ente rector de las políticas de género, una paradoja peligrosa que hace temer retrocesos que repercutirán en la vida y bienestar de millones de mujeres y niñas.

 

El escenario es adverso, a nivel del legislativo y también del ejecutivo, el presidente Pedro Castillo  ha demostrado su nulo compromiso con los derechos de las mujeres y ayer envió un mensaje claro de oposición a los avances en materia de igualdad. Se anuncian tiempos de muchos retrocesos que solo podrán ser bloqueados con una clara y contundente respuesta ciudadana.

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Congreso, SUNEDU

De vez en cuando vale la pena destinar múltiples horas para consumir una historia larga en la televisión. Ozark es un buen ejemplo de cómo invertir ese tiempo con calidad. Es también una nueva demostración de que las mejores historias del cine o la televisión llevan consigo el ingrediente de la familia. No se engañe por el elemento narcotráfico, esta es una serie sobre la vida misma.

Porque la vida empieza, continua y termina alrededor de las familias. Ya sea por la ausencia de ellas o por la extrema presencia. Por la comidad que generan o por el caos. Contar historias donde el protagonista tácito pero elemental es la unión entre familiares siempre tiene mayores posibilidades de capturar la atención. Y aquí no solo hay una, más bien las familias no dejan de aparecer.

En Ozark, una típica familia estadounidense de padre, madre y dos hijos transforman su vida por completo cuando se cruzan con un cartel mexicano. Están obligados a lavar dinero para sobrevivir. En ese intento, llegarán hasta una localidad de vacaciones en el centro del país donde abudan los lagos, pero por delante de ello la pobreza mental, la escasez de valores y la mezquindad.

Ahí se encuentran con otra familia. Esta sobrevive pero frente a las carencias. No tienen nada y sueñan con tenerlo todo, pero están incapacitados para lograr algo. Y por ello algunos se conforman, pero otros quieren salir adelante como sea. Esta es la historia de cómo entre los mismos familiares hay espacio para destruirse entre sí, carcomerse hasta desaparecer.

Hay más familias. Los que están unidos por la locura, por la codicia, por el miedo, por la frustración. Los que están nutridos por la ausencia. Y la motivación para avanzar siempre es cuidar a los propios, o los que cada personaje considere como familia. Cuando la serie alcanza el mayor éxito nos encontramos entre líos morales de defensa de los propios versus el bien común de la sociedad.

Ozark es un viaje hacia el abismo de la condición humana sometida siempre al escrutinio del éxito. Todos los personajes de esta serie quieren lograr algo mejor de lo que tienen. Ya sea para salir o para entrar al caos. Y en ellos se presenta una pelea campal en cada episodio donde la sangre y la violencia chorrean por los márgenes de la pantalla, pero en tonos y ritmos pausados, contemplativos y ténues.

El personaje principal interpretado por Jason Bateman lleva la batuta. Su pasividad ante toda situación extrema es capaz de conectar los puntos sueltos cuando la narrativa se hace muy improbable. Ahí siempre está la cara noble, la normalidad, para volver a pensar que todo aquello es posible o, más precisamente, podría pasarle a cualquiera.

Pero es su pareja en la ficción, interpretada por una magnífica Laura Linney, quien se lleva todos los méritos. La transformación que da su personaje, desde una madre ama de casa salida de Desperate Housewives hasta convertirse es un completo monstruo es el camino del anti héroe natural cuya narrativa conocemos al milímetro, desde que se estrenó The Godfather hace cincuenta años. Ese que va de indeciso a convencido y que logra su trascendencia a partir del exceso, los bajos instintos y el deseo por lo prohibido.

Por encima de todo, Ozark es un éxito por su gran nivel de impredictibilidad. Esa receta de Netflix llevada aquí a su máxima expresión al crear narrativas donde todo el tiempo pasa algo, en un torbellino emocional sin posibilidad de distinguir qué viene luego.

Y es que Ozark presenta una narrativa que podríamos bautizar aquí como el espiral de mierda. Todo el tiempo pasa una nueva desgracia. Absurdas, incómodas, o que pueden pararte los pelos de punta. Es en su más notable esencia, una serie emocionante sobre cómo son auténticamente las familias estadounidenses en todo su esplendor, sometidas a cualquier situación específica.

Absolutamente desmedido el endiosamiento que están recibiendo el exministro del Interior, Avelino Guillén y la expremier Mirtha Vásquez, por parte de cierto sector de nuestra izquierda, que estima sus renuncias como un acto de alta dignidad y algunos llegan a hablar, inclusive, de un parteaguas en el gobierno luego de que el presidente Castillo confirmara su salida.

Cuando una renuncia digna es tardía, deja de serlo. Guillén se prestó a shows xenófobos como el que Palacio diseñó con la fallida deportación de venezolanos y avaló la designación de Prefectos que no reunían las condiciones para el cargo y solo estaban allí, con su anuencia, por ser allegados del Fenatep -el sindicato magisterial radical del que forma parte el Primer Mandatario-, y junto con Mirtha Vásquez hicieron mutis político sobre todas las tropelías que desde la casa presidencial se han venido exhibiendo con fruición desde el inicio del régimen (incluyendo el nombramiento de pares ministeriales francamente impresentables e inaceptables).

Si Guillén y Vásquez querían hacer de la renuncia un acto principista, debieron pues hacerlo a los pocos días de haber juramentado. Es más, dado que cuando fueron designados ya se conocía buena parte de las denuncias de corrupción que rozan al Primer Mandatario, debieron haberlo pensado bien antes de aceptar el encargo.

La izquierda moderada peruana está jugando un papel lamentable respecto del régimen castillista. Le echa agua tibia a toda la mediocridad e indolencia gubernativas, al amparo de la consecución de ciertas cuotas de poder, y solo reacciona, malhumorada y digna, cuando los afectados, como en el caso de la expremier Mirtha Vásquez o el exfiscal Avelino Guillén, son de los suyos.

Vásquez y Guillén son los mejores símbolos de la obsecuencia de la izquierda presuntamente moderna del país, respecto de un gobierno que está echando por el traste no solo la reactivación económica que el contexto internacional nos debería y podría generar, sino que está deteriorando las calidades institucionales de nuestra democracia y labrando, en términos de políticas públicas, el inminente colapso del Estado.

Algunas canonjías (sueldos y puestos públicos) han bastado para devaluar ética y políticamente a la izquierda. En los hechos, han terminado por corroborar que sus ostentosas propuestas de cambios institucionales, reformas redistributivas, transformación del Estado en favor de los pobres y demás, solo eran fullerías. Fugaces y etéreas cuando al frente se les ha ofrecido el salival poder político.

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Avelino Guillén, Mirtha Vasquez

En una reciente entrevista, el presidente Pedro Castillo declaró que “para llegar a la presidencia de la República no fui preparado, a mí nadie me entrenó”. Su sinceridad provocó críticas furibundas entre sus detractores que lo calificaron de ignorante e incapaz para gobernar. Lo dicho, por el contrario, revela la precaria situación de los partidos políticos realmente existentes en el país. 

Como se sabe, Vladimir Cerrón Palomino invitó al entonces dirigente sindical magisterial para que postulara, junto a él, en la plancha presidencial de Perú Libre sin mayor aspiración que pasar la valla electoral. Antes de afiliarse a Perú Libre en el 2020, Castillo había militado 12 años en Perú Posible y fue su candidato a una alcaldía distrital en las elecciones municipales del 2002. Todo partido político que se precie de tal, forma y capacita a sus afiliados para competir en la arena electoral y, de ganar, para el ejercicio del cargo al cual fue electo. 

Históricamente, han sido pocos los partidos políticos que no solo han formado y capacitado a sus militantes sino también que, gracias a su desarrollo y fortaleza institucional, facilitaron que hicieran carrera en sus organizaciones como el Partido Aprista Peruano, Partido Comunista Peruano, el Partido Popular Cristiano y Acción Popular. De los cuales, solo Acción Popular mantiene hoy su inscripción vigente. En mayor o menor medida, cada uno poseía una particular ideología, un programa, consignas, valores,  principios y una forma de organizarse en el territorio. Todo lo cual confería a sus militantes identidad y un sentido de pertenencia a sus respectivas comunidades políticas. Usualmente, cada partido elegía a sus candidatos para cargos de elección popular entre sus militantes más destacados. Los cuales resultaban electos regidores, alcaldes distritales o provinciales, presidentes de la República o congresistas. Ganaban y acumulaban experiencia en diferentes niveles de gobierno y en el legislativo. Una memoria institucional que se socializaba entre su militancia. Sin embargo, esta situación cambiaría radicalmente en los 90s con el reinado de la “antipolítica”. 

Como bien analizó Carlos Iván Degregori, desde el 1990 al 2000, una de las columnas vertebrales del régimen fujimorista fue la anti política. El discurso gubernamental de aquel entonces asoció a la política como confrontación y a los partidos políticos como férreos opositores al “cambio” y receló de cualquier institución democrática buscando instaurar una política autoritaria y tecnocrática. Esto último asociado a que “los políticos” no saben cómo enfrentar y resolver los problemas del país y, en tanto, “los tecnócratas”, sí. Es más, aquella búsqueda del “bien común” y de cómo lograrlo respondió en buena cuenta a la voluntad e intereses del entonces presidente y sus tecnócratas. Aquella denostada “vieja política” fue reemplazada por una “nueva” cuyas señas de identidad no fueron otras que la ausencia de la ética, el abuso y la prepotencia, la arbitrariedad y la amenaza contra políticos, jueces, fiscales, funcionarios, periodistas, entre otros. Esa manera de entender y hacer política fue asumida por no pocos ciudadanos. ¿Debate público, disensos, consensos entre comunidades políticas? No, no fue la tónica. Y así se fue gestando y consolidando en los ciudadanos un rechazo creciente a la política en general. 

Este fue uno de los factores, entre otros más, que contribuyeron a la crisis de los partidos políticos en el país. Lo que vino después han sido organizaciones políticas cuyo objetivo principal ha sido ganar las elecciones cueste lo que cueste. Han devenido en meras “máquinas electorales” que se alquilan o venden al mejor postor para tentar la presidencia de la República o una curul en el parlamento. En la selección de sus candidatos al Congreso o a la presidencia de la República, ya no interesa la carrera partidaria de sus militantes mucho menos sus capacidades. El dueño o dueños del partido determinan quién postula y quién no, a quién invitan y a quién no. Pensar en una visión de país, en el bien común, un programa o en el personal más idóneo en caso de que ganaran la elección es irrelevante. Lo que importa son los réditos inmediatos de hacer uso de su “franquicia”. Y, si no pierden la inscripción, su presencia y quehacer político partidario se reduce a la mínima expresión e ingresan a una especie de letargo hasta el siguiente proceso electoral.  

Desde hace unas semanas se inició una crisis en el Ministerio del Interior, cuyos protagonistas fueron el ex ministro del Interior, Avelino Guillén, y el ex comandante general de la PNP, Javier Gallardo. Guillén denunció en una entrevista en “Epicentro TV” una serie de ascensos y traslados policiales conducidos por Gallardo en la PNP, donde se ha tratado de remover a generales de reconocida trayectoria, reubicando a otros integrantes de la policía al mando de direcciones clave, y cuya trayectoria es cuestionada para ejercer esos cargos. Asimismo, ha buscado recortar el presupuesto y reducir miembros de la DIVIAC.

Al parecer esto sería parte de una mafia que cobra por estos movimientos en la PNP, y como denunció el general Javier Bueno, en varios casos se habría pagado, según la posición a la que se postulaba, desde 25 mil dólares para lograr el ascenso. Y lo más cuestionable es cómo llega Gallardo a ser comandante general de la PNP. Según IDL, el congresista cajamarquino por Perú Libre, Américo Gonza Castillo, lleva a Gallardo a reunirse con el presidente Castillo antes de ser comandante, y poco después se anuncia su ascenso.

No solo habría una mafia que cobra por ascensos, sino un escándalo de corrupción por presuntos contratos corruptos en la Policía durante la pandemia, por lo cual la ex suboficial de la PNP, Patricia Sovero, está siendo investigada por la Fiscalía. Aun así, ella se ha reunido varias veces con Pedro Castillo, y en una de esas reuniones estuvo presente el ex comandante general Javier Gallardo.

Avelino Guillén trató de luchar contra todo lo antes mencionado. Observó las listas de ascensos presentadas por Gallardo, aunque este último habría hecho caso omiso a los cambios solicitados, y al tener contacto directo con Palacio de Gobierno, pasaba por alto al ex ministro del Interior en todas las coordinaciones. Guillén denunció esto ante Castillo, sin recibir respuesta alguna, lo que llevó a su irrevocable renuncia, admitida el domingo pasado en la noche.

¿Qué hizo Castillo? Brilló por su silencio, un silencio que podría representar un blindaje a la corrupción, y de ser así, sería una puñalada en la espalda al “pueblo” que tanto dice representar. El pueblo pide a gritos seguridad ciudadana, el pueblo pide a gritos luchar contra la corrupción. ¿Esperar dos semanas para actuar y recién oficializar el pase al retiro de Gallardo? Muy tarde señor presidente. 

Avelino Guillén ha sido en mi opinión de lo más destacado de este gabinete. Trató de defender la institución de la PNP, fue un político fuerte que denunció las irregularidades de las que fue testigo, no se prestó a ser parte de la presunta corrupción organizada por Gallardo, y, para reforzar la lucha contra el crimen organizado en el país, buscó impulsar que la DIVIAC sea considerada como una dirección al interior de la PNP. Durante su gestión se han desarticulado diversas bandas criminales, y, aun así, no recibió el respaldo del mandatorio del Perú.

Nuestro presidente parece estar más preocupado por darle mar a Bolivia que por mejorar la seguridad ciudadana. Se olvida que representa al “pueblo”. Lamentablemente ya nos estamos acostumbrado a su silencio, a su falta de mano dura, a su poco accionar en temas relevantes para la ciudadanía. Parece que Castillo sigue usando al Perú como su escuela de gobernabilidad. Me pregunto, ¿cuánto más tiempo tiene que pasar para que se tome en serio su cargo y comience a gobernar en beneficio del “pueblo”?

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Avelino Guillén, PNP

 

La frase que le da título a este artículo es la recomposición de una frase muy famosa de la película Star Wars Episodio 3: La venganza de los Sith, que narra el momento en el cual Ben Kenobi le dice a Anakin Skywalker, después de dejarlo muy malherido en el planeta Mustafar, que él era el elegido por la profecía para salvar al mundo, para recomponer la fuerza. 

Esta frase tiene lugar en el Perú ahora porque durante la última semana y más precisamente en los últimos días hemos asistido a una profundización de la desconfianza y del deterioro de la imagen del presidente Castillo ya no ante la derecha sino ante sectores moderados de la izquierda que lo empiezan a ver de manera diferente. Incluso sus aliados en el gobierno han salido con comunicados bastante elocuentes con respecto a la acción política del presidente.

tweet Verónika Mendoza
El punto de inicio de este nuevo conflicto que afronta el presidente Castillo tiene que ver con la renuncia del ministro del Interior Avelino Guillén en circunstancias en las cuales lo que el ministro saliente solicitaba era la autorización presidencial para la remoción del Comandante General de la Policía Nacional, que colisionaba con una gestión transparente del ministro. 

La indecisión del presidente ha sido considerada como ponerse de costado frente a la evidencia de la corrupción dentro de la Policía Nacional y eso ha generado que incluso sectores que habían manifestado un apoyo notorio al presidente hoy estén cuestionando al mismo y estén presionando para que desde el Gobierno se genere una corriente o de ruptura o de cambio profundo en la composición de los principales cuadros del Poder Ejecutivo.

Por fin ayer en la noche el presidente tomó una decisión y parece “salomónica”: aparta tanto al ministro como al director general de la policía. Sin embargo genera algunas interrogantes y algunos problemas que trataremos de resolver en los siguientes días pero no es ese el objetivo central de este artículo. 

Lo que vamos a tratar de considerar esta semana es cuál es el rol que juega la otra izquierda dentro del Gobierno de Perú libre y el presidente Castillo, cuál es el rol que desde el Movimiento Nuevo Perú y desde otros actores de la izquierda se está cumpliendo; si se trata de un rol que está llegando a su fin o si es que se tiene más músculo para continuar acompañando al Gobierno actual.

Aparentemente la primera ministra Vasquez, quien avalaba a Guillén, se ha conformado con la decisión presidencial, estando presente en la reunión del domingo por la noche que determinó la decisión final presidencial. Y ayer los ministros Durán y Francke acompañaron a Castillo en su recorrido por las provincias del oriente, mostrando incluso selfies alegres en sus redes sociales. Lo que daría por sentado que desde los aliados del gobierno se trata de un impase que como otros (la crisis Barranzuela, la crisis Pacheco, por citar solo dos, pero van varias) se da por superado. 

Como en otras ocasiones vamos a tratar de hacer un artículo colaborativo con la participación de algunos que tuvieron la gentileza de colaborar con un mensaje que se colocó ayer en el Twitter. Desde luego la mirada que le damos se sujeta a lo que este autor considera qué es el norte del tema, pero respetando la pluralidad de opiniones que se plantean.

Alonso Gurmendi, conocido abogado e hiper estrella del Twitter nacional, considera que este problema no nace acá y que más bien la izquierda no ha logrado plantear desde un inicio una toma de posición más principista. Lo que Gurmendi plantea es por qué recién ahora la izquierda se preocupa de tener principios con respecto a la corrupción y antes no levantó la mano frente a temas de homofobia, misoginia y otros que desde el inicio del gobierno se dejaron ver: por qué desde la izquierda moderada recién ahora hace cuestión de Estado por el tema Guillén, pero se permite la compañía en un gobierno que en otras líneas se mostró contrario a sus propias banderas fundamentales. 

Es un buen punto de partida: si se está cómodo con A por qué no está cómodo con B. Sin embargo, consideramos desde este espacio que son momentos diferentes para evaluar la acción desde los socios del gobierno, pues al inicio de este periodo se podía considerar que había una curva de aprendizaje y de correlación que hacía ser posible pensar en cambios desde adentro y que por eso la toma de posición podía irse dando en los hechos. 

De hecho, Gurmendi no considera que con respecto por ejemplo a la composición paritaria del gabinete sí hubo cambios. La llegada de Mirtha Vásquez generó varios cambios al interior del mismo gabinete y que se ha ido avanzando -con el Ministerio de la Mujer sobre todo- en el desarrollo de una política bastante más inclusiva. Estamos lejos todavía de pensar que estamos en una plataforma de izquierda, pero que hubo avances, los ha habido. 

Laura Arroyo, por su parte, comunicadora e intelectual, señala más bien que ese pedido de coherencia suele ser siempre orientado a las izquierdas y nunca a las derechas. Pero, además, considera que se trata de un proceso no lineal, que genera contradicciones y que lo importante es dar la pelea desde adentro y que ese espacio es el que Nuevo Perú y la Premier están dando.

Con ese punto de partida la pregunta seguía abierta: qué es aquello que todavía mantiene el vínculo entre sectores más institucionales de la izquierda como el Movimiento Nuevo Perú y el gobierno del presidente Castillo. La hipótesis optimista que plantean algunos comentaristas es que el vínculo se mantiene por la necesidad que se tiene de asegurar la viabilidad de algunas conquistas que se pueden hacer desde el gobierno. El mantener carteras claves de apoyo social y del manejo de la economía mantienen el optimismo de poder hacer una gestión adecuada y tratar de ir conquistando otros cambios desde adentro. 

El otro aspecto optimista es que en realidad se trataría de un sacrificio de la dirigencia y militancia de estos sectores de la izquierda, que con su presencia hacen que el gabinete mantenga una composición progresista y así se evita la llegada de determinadas corrientes que puedan ser dañinas para el desarrollo del ejercicio del gobierno: concretamente que se tome un rumbo más radical o que por el contrario se alíe explícitamente con Acuña, Acción Popular o incluso el fujimorismo. 


Otra posición es la del pragmatismo. Esta posición -señalada por varios de los analistas que han comentado la pregunta inicial- lo que sostiene es que un sector de la izquierda ve en los sectores que manejan la oportunidad de mantener una cuota de poder, de desarrollar líneas de trabajo que puedan servir de plataforma a posteriori y de poder ratificar su influencia dentro del Poder Ejecutivo. Es decir: se plantea la posibilidad de que la comodidad de permanecer en el gabinete se explique por la posibilidad de obtener beneficios adicionales posteriores. Se trataría de un cálculo hacia adelante más que de una apuesta por el presente.  

Particularmente creo que esto es una visión poco ubicada en la realidad: a los ojos de la opinión pública es poco probable que se pueda separar la paja del trigo en una gestión vista como polémica y la verdad es que es poco lo que se pueda considerar como ganancia a futuro en términos de imagen si es que los indicadores generales del Gobierno no mejoran a ojos de la opinión pública.

Finalmente, la mirada de “interés” que nunca falta: de mantienen ahí porque son parásitos, por el sueldo, porque solo les interesa le poder, etc. Incluso el excongresista Arce tiene palabras duras para sus ex correligionarios:

En concreto, no existe una forma de entender cuál es el juego que desde los aliados del gobierno están desempeñando. Lo que sí parece claro es que su presencia genera una mejor imagen a favor de Castillo y aseguraría cierta racionalidad en sectores relevantes. No sabemos si sea un tema que a la interna de los movimientos de la izquierda se esté discutiendo o si vayan a existir más renuncias luego de esto. Pero lo que es claro es que el presidente no da para muchos más traspiés. 

Por cierto, en la película, si bien Kenobi derrota a Skywalker, este es acogido por el lado oscuro y reconstruido como Darth Vader, implacable y malvado general del imperio. Kenobi se ve forzado a exiliarse en el desierto de Tatooine donde décadas después conocerá a Luke. Pero eso es otra parte de la historia.

 

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Izquierda, Nuevo Perú, Pedro Castillo
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