Opinión

No es difícil imaginar que las vidas de algunos escritores pueden contener material suficiente como para un ambicioso biopic o una serie de varias temporadas. Unas vidas a caballo entre la aventura del lenguaje, innumerables viajes, importantes premios, homenajes en cantidades industriales, el testimonio directo y vivido de muchos hechos trascendentes y la aparición de personas igualmente relevantes. Sin duda, un arsenal de experiencias que podría terminar en la construcción de un mito, el mito de sí mismo.

Quienes leemos textos autobiográficos sabemos que ese es un riesgo siempre presente: que el autor, al seleccionar los materiales que conformarán ese discurso –por lo general ordenado y secuencial– de la propia vida, puede terminar eligiendo las máscaras más convenientes porque, al fin y al cabo, la ficción en sí misma no ofrece la posibilidad tan fluida de crear una identidad entre el autor y el narrador, como sí suele ocurrir en las memorias.

Hago este apunte por la reciente reedición de un clásico del discurso autobiográfico en América Latina: Confieso que he vivido, del poeta chileno Pablo Neruda. La reedición incluye textos inéditos, hallados en los archivos de la fundación que lleva el nombre del poeta; los textos pueden identificarse fácilmente en el tramado del texto, pues llevan una tipografía diferente. Se dice que Neruda quería publicar este libro en 1974, cuando cumpliera setenta años, pero falleció a pocos días del golpe de Pinochet, en 1973. La abnegación de su viuda, Matilde Urrutia, cumplió el deseo de manera póstuma.

Confieso que he vivido presenta una estructura fragmentaria, a pesar de su orden secuencial. ¿De qué otra manera puede recordarse o reconstruirse una vida si no es a través de retazos de la memoria que van entretejiéndose en la ilusión de que el tiempo transcurre? La infancia es la primera estación, donde no falta la escena de lectura como motivo central: “Fui creciendo. Me comenzaron a interesar los libros. En las hazañas de Buffalo Bill, en los viajes de Salgari, se fue extendiendo mi espíritu por las regiones del sueño” (p.24). 

Hay otra escena fundadora, aunque con un final no exento de ironía: el primer poema. “(…) tracé unas cuantas palabras semirrimadas, diferentes del lenguaje diario. Las puse en limpio en un papel, preso de una ansiedad profunda, de un sentimiento hasta entonces desconocido, especie de angustia y tristeza”. Luego de mostrárselo a su padre, este se limitó a preguntarle de dónde lo había copiado. “Me parece recordar –anota el poeta– que así nació mi primer poema y que así recibí la primera muestra distraída de la crítica literaria” (p.33).

También hay lugar para el primer libro, Crepusculario, de 1923, publicado no sin penurias: “Para pagar la impresión tuve dificultades y victorias cada día. Mis escasos muebles se vendieron. A la casa de empeños se fue rápidamente el reloj que solemnemente me había regalado mi padre (…) El crítico Alone aportó generosamente los últimos pesos, que fueron tragados por las fauces de mi impresor; y salí a la calle con mis libros al hombro, con los zapatos rotos y loco de alegría” (p.67-68). 

El retrato de César Vallejo es otro momento interesante en el recuento. Ocurrió en Montparnasse, en 1927. “Por esos días conocí a César Vallejo, el gran cholo; poeta de poesía arrugada, difícil al tacto como piel selvática, pero poesía grandiosa, de dimensiones sobrehumanas (…) Tenía un hermoso rostro incaico entristecido por cierta indudable majestad” (p.87).

Otra presencia peruana en esta memoria es la visita a Machu Picchu, que inspiraría uno de sus poemas más conocidos: “Me detuve en el Perú y subí hasta las ruinas de Machu Picchu (…) Me sentí infinitamente pequeño en el centro de aquel ombligo de piedra; ombligo de un mundo deshabitado, orgulloso y eminente (…) Había encontrado en aquellas alturas difíciles, entre aquellas ruinas gloriosas y dispersas, una profesión de fe para la continuación de mi canto” (p.193).

Exceptuando el deplorable episodio de la violación de la mujer tamil –que provocó justas e indignadas relecturas en años recientes– el relato va construyendo una imagen plenamente literaria y libresca de la persona. Amoríos, viajes, la evolución de la propia poesía, su amistad profunda con poetas españoles, entre ellos Lorca y Alberti, su militancia comunista, su vínculo fraternal con Salvador Allende, personaje que cierra la edición canónica del libro con notas de enorme tristeza: “aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las ametralladoras de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile” (p.402).

Esta memoria, sin embargo, no está exenta de cuestionamientos que reseña muy bien Sergio R. Franco en su libro In(ter)venciones del Yo, donde se contrasta la opinión de varios críticos que descreen, por la fecha de composición, que Neruda hubiera escrito aquellas páginas finales, con el testimonio brindado por Matilde Urrutia quien expresa tajante y brevemente que nada fue quitado o añadido. Tras esta estela de suspicacias y sombras, nos esperan muchas vibrantes páginas de Confieso que he vivido. En todo caso, hay que decir que las infamias y las dudas que pesan sobre esta memoria le pertenecen plenamente y deben ser leídas en su dimensión precisa. 

Confieso que he vivido. Memorias. Bogotá: Planeta, 2020.

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Pablo Neruda

Estamos a un mes de la segunda vuelta electoral, hay mucha confusión, violencia y desánimo hacia el nuevo gobierno que ingresa el 28 de julio del 2021. Estamos viviendo una realidad política polarizada y adversa, supongo que parecido a lo que viviste en los primeros años de la independencia de América.

En estos momentos de confrontación, solo pienso en la lucha patriota, en el ideal de ser libres, crear una patria y liberar el continente americano. “No estoy aquí para informarles a ustedes, sino para sacrificarme por la causa de la libertad», frase célebre de nuestra heroína anónima María Parado de Bellido quien en vida fue mujer ayacuchana, mestiza, analfabeta y quechuahablante, que exponiendo su bienestar y el de su familia, sacrificó su vida en mayo de 1822. Hace 199 años, ella era informante de los patriotas respecto de los movimientos de los realistas en su región.

María fue llevada en procesión en torno a la plaza huamanguina y en cada esquina un oficial leyó el bando de la sentencia de los realistas estableciendo que era «para escarmiento y ejemplo de los posteriores por haberse rebelado contra el rey y señor del Perú». Fue en la plazuela del Arco donde le esperaba el pelotón de fusilamiento luego de ser torturada para que revele quiénes estaban involucrados en su conspiración patriota. Tú recordarás bien esta historia, ya olvidada con el pasar de los años. Esta fue una de las tantas demostraciones de prepotencia y abuso de las fuerzas realistas cuando escaparon a la sierra una vez que Lima fue independizada. Entraron con represión y pueblos enteros fueron incendiados, arrasados y sus pobladores masacrados.

Actualmente la zona andina sur tiene los mayores índices de pobreza. En el 2019 el INEI identificó a Ayacucho, Cajamarca, Huancavelica y Puno como las regiones con mayor índice de pobreza monetaria del país y cuyos niveles se encontraron entre los rangos de 34.4% y 39.4%. Asimismo, en la actualidad, Uchuraccay, Pucacolpa y Chaca son los distritos más pobres de la república. Son tierras de hombres y mujeres trabajadores, dedicados al agro que alimenta a todos los peruanos; artistas de cerámicas hermosas, de retablos que cuentan historias y música que inspiran como la Flor de Retama.

En diciembre de 1824, tú estuviste las 4 horas que duró la batalla en la Pampa de Ayacucho colindante al pueblo de la Quinua, conoces la zona y su realidad. ¿Qué significa pobreza extrema en 2021? Te explico, significa que los pobladores no pueden cubrir los gastos básicos como alimentos, educación y vivienda. Manuela, parece que nada cambió en tantos años. Sin servicios, sin alimentos, sin derechos, probablemente no es muy diferente a lo que tú conociste. Pero fue en esas tierras donde se firmó la Capitulación de Ayacucho que no solo significó la independencia del Perú sino que abrió la independencia hispanoamericana. Hasta hoy, existe la marcada diferencia entre Lima y la sierra, en especial, la zona sur.

Saludos,

Sil

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Elecciones 2021, María Parado de Bellido

Es difícil saber aún si el pacto de Perú Libre con Juntos por el Perú tendrá un impacto electoral significativo. Por lo pronto, ya el 59.5% (según encuesta del IEP) de los votantes de Verónika Mnedoza se habían inclinado por Castillo y solo el 4% por Keiko. Pero había un 19.8% que pensaba votar en blanco y un 15.4% que aún no decidía. Este bolsón podría ahora inclinarse por Castillo, pero si uno recala en que Mendoza apenas sacó el 6.39% de los votos emitidos se da cuenta que no será superlativo el caudal de votos que le pueda aportar.

La jugada, que es inteligente, apunta más a los indecisos en general, aquellos que no votaron por ninguno de los dos finalistas y eventualmente por ninguno en la primera vuelta (el 12% votó en blanco), y además busca obtener los cuadros técnicos de los que Castillo carecía.

Castillo mueve el tablero y obliga a que Keiko medite sus siguientes pasos. Por lo pronto, ya sabemos que con esta “contratación” de cuadros técnicos lo más probable es que Castillo ahora sí acepte los cuatro debates planteados y que en ellos le vaya algo mejor.

Por supuesto, es mejor un gobierno de Dancourt y Francke que uno lleno de psicópatas leninistas cerronistas, pero queda el sinsabor de que la izquierda moderna o que pretendía serlo se haya puesto a disposición por un plato de lentejas (es como si en el otro lado, el partido Morado hubiese firmado un pacto con Fuerza Popular basado tan solo en la promesa de que Keiko no buscaría la reelección).

Y lo más probable es que si Castillo llega al poder los trate como Fujimori a los evangelistas y encaramado -luego de dictar las medidas demagógicas que anuncia- en un 70 u 80% de aprobación popular simplemente vuelva a su redil ideológico, aplique el plan de disolver el Congreso y convoque una Constituyente que le permita realizar sus sueños chavistas de copar todo el poder y perpetuarse en él. Y Mendoza y compañía solo habrán servido de maquillaje electoral.

Igual, sea moderada o radical, la propuesta económica de la izquierda peruana es un desastre. Mayor si primaban las ideas castillistas, menor si priman las mendocistas (eso está por verse). Lo que el Perú necesita es capitalismo a la vena para poder salir de la recesión pandémica y poder construir el Estado de bienestar que la población reclama. Y esa opción está negada si gana Perú Libre.

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Juntos por el Perú, Perú Libre

Los resultados de la primera vuelta electoral nos enfrentan a una disyuntiva sobre dos modelos que trascienden el ámbito de lo económico para situarse en la base de éste: la igualdad. No es un secreto para nadie que la nuestra es una de las sociedades más excluyentes y desiguales de la región del mundo más desigual y excluyente. Por ello, más allá de lo coyuntural que significan estas candidaturas, debemos pensar sobre el tipo de igualdad que queremos los peruanos.

Para que se cumpla en el ámbito político y económico el postulado central de la igualdad es necesario distinguir a la justicia social como objetivo, de los métodos para alcanzarla. Si suponemos que ambas propuestas en contienda electoral tienen como meta la justicia social, entonces debemos detenernos en aquello que las distancia para obtenerla, a saber, su noción de propiedad y de distribución de la riqueza.

Lo que distingue a una sociedad libre de una estatista es la propiedad privada y el modo en que cada modelo social tiene de relacionarse con ésta. Lo que hace que una sociedad sea justa no es el derecho a la propiedad sino su mayor o menor diseminación. Si la propiedad está concentrada en unos pocos, entonces, se producen relaciones de exclusión como las que vivimos. Pero, la solución a esto no se encuentra en la colectivización, estatización o nacionalización de la propiedad privada, sino en su adecuada dispersión. Es decir, que en las empresas más grandes la propiedad debería dispersarse en el mayor número de manos de tal manera que se acabe con la concentración del poder de éstas y a la vez sirva de estímulo para el desarrollo individual de los trabajadores que serían parte activa del destino de la empresa.

Precisamente, una sociedad verdaderamente democrática exige la dispersión del poder y de la propiedad en una estructura pluralista tanto en lo político como en lo económico. En ese sentido, el capitalismo popular constituye el modo más adecuado de la distribución del poder y de la propiedad por el camino de la libertad. Por el contrario, cuando las grandes empresas, ya sea por la estatización o la nacionalización, están sometidas al control central del poder político por medio del gobierno o la burocracia, caemos en una planificación autoritaria que atenta contra una sociedad plural y libre. El gran peligro de este camino es que el interés económico de las empresas nacionalizadas o estatizadas coinciden con el poder gubernamental haciéndolo inevitablemente autoritario.

Esta es la razón por la cual en una sociedad democrática el mercado es más que un medio para asignar eficazmente recursos, implica también ser una institución pública que garantice la plena libertad de los que participan en él y por tanto, es totalmente incompatible con un modelo centralista y estatizador. En las democracias liberales como la nuestra, es imposible separar la libertad económica de la política. Por ello, el gran reto de ésta es integrar la libertad individual con el progreso social en un marco del derecho que garantice que lo social no sea un mero aditamento sino la base del orden económico-social. Por eso, es que una sociedad democrática es impensable sin un estado de derecho con instituciones lo suficientemente fuertes como para garantizar la libertad de los ciudadanos.

Nuestro drama como sociedad no pasa entonces por el modelo democrático, sino por la incapacidad histórica que hemos tenido de ejecutarlo y las profundas exclusiones que ha eso nos ha llevado. Nunca nos constituimos ni nos pensamos seriamente como una sociedad libre. El gamonalismo, heredero de la colonia, primero y el mercantilismo explotador, después, aderezados con nuestra tradición más antigua y sólida, la corrupción, nos han arrastrado a la situación de profunda desigualdad que hoy vivimos y que nos ha conducido a la alternativa ya ensayada en los años del primer gobierno aprista y que resultó ser la más atroz de todas, la de un estatismo voraz y sin control que nos condujo a la peor de nuestras crisis económicas, sociales y políticas.

Por ejemplo, la propuesta de la entrega del 40% del canon directamente a los ciudadanos constituye una de las más audaces de los últimos veinte años, pues coloca a los individuos en el centro de las preocupaciones sociales. Significa una puesta en práctica del capitalismo popular, pues lo más justo para las comunidades y los ciudadanos es que sean beneficiarios de los recursos que se alojan debajo de sus propiedades. De esa manera, siendo ellos los más afectados, se los introduce y se los incluye dentro del desarrollo económico.

Esto supone además una auténtica igualdad, pues se busca que los individuos sientan los resultados del crecimiento de una manera directa. No se trata de una equidad entendida como una igualación hacia abajo, controlada por un Estado supervigilante y autoritario, sino de brindar las oportunidades para que por su propio esfuerzo, en uso de su libertad y bajo  su propia responsabilidad los ciudadanos puedan decidir sobre sus destinos. Pues, como nos enseñó Hayeck: “la libertad económica que es el requisito previo de cualquier otra libertad no puede ser la libertad frente a toda preocupación económica (…) tiene que ser la libertad de nuestra actividad económica, que, con el derecho a elegir, acarrea, inevitablemente, el riesgo y la responsabilidad de ese derecho”. Igualdad y libertad con responsabilidad es lo que nos hace falta si queremos llegar a ser una sociedad madura, no los ensayos ya fracasados que sólo nos conducen a más miseria y desigualdad.

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Economía, Elecciones 2021, Perú

¿Qué le ha sucedido a De Soto? ¿Puede un economista, en sus ambiciones capitalistas, ser de izquierda o, peor, comunista?

 

    Coqueteó con el comunismo. Veintiún días. No paró desde que cayó derrotado en la primera vuelta electoral, el 11 de abril. En silencio se acercó tanto a Castillo que llegó hasta su mesa «suplicando una cita» con él. Hernando de Soto, dejó de lado la vergüenza y fue tras el trebejo de Vladimir Cerrón. Lo encontró en un restaurante en la carretera hacia Tumbes, en el norte del Perú, a varias horas de Lima. Según De Soto, su viaje hasta allá era para rescatarlo de un «secuestro» —claro, él nos quiere convencer de que es un mesías—. Dijo en un programa de televisión que Pedro Castillo estaba secuestrado por la ideología marxista leninista de su partido, Perú Libre, y que él lo iba a salvar.

 

    ¿Qué le ha sucedido a De Soto? ¿Puede un economista, en sus ambiciones capitalistas, ser de izquierda o, peor, comunista? Es una contradicción hasta biológica, ¿no creen? ¿Acaso se inventó toda esa fábula mesiánica para ocultar algo más?

 

    Todavía recordamos los titulares de la prensa publicados entre el 14 y 16 de abril, cuando ya se sabía quiénes eran los candidatos de la segunda vuelta. Varios diarios imprimieron casi el mismo encabezado: «Hernando de Soto estaría pidiendo el premierato y cinco ministerios» (Correo), «Hernando de Soto estaría pidiendo ser premier a cambio de apoyar candidatura de Keiko Fujimori o Pedro Castillo» (CuscoPost), «Hernando de Soto estaría pidiendo el premierato y cinco ministerios, afirma Paredes Terry» (Perú 21). Y hace solo unas horas otra vez Paredes Terry, el excolaborador de campaña electoral de De Soto, ha declarado para el diario Expreso que el 11 de abril, durante una reunión con el equipo de Keiko Fujimori, «De Soto pidió el Ministerio de Educación para su pareja».

 

    Si ese indecoroso pedido se hizo el mismo día de la primera vuelta, y luego De Soto se fue en la búsqueda de Pedro Castillo a «suplicarle una cita» —como describió Jorge Paredes Terry—, quiere decir que su proposición indecorosa no fue bien recibida por los fujimoristas aquel 11 de abril. Y ahora que, finalmente, el excandidato de Avanza País regresa a Lima 21 días después, otra vez derrotado, con su misión incumplida de rescatar a Pedro Castillo del marxismo leninismo, supongo que el fujimorismo y quienes votaron por él ya lo están mirando feo. Keiko ni siquiera lo ha llamado luego de que él se dignara en decidir su voto por ella.

 

    Veintiún días coqueteó Hernando con el comunismo. En todo ese tiempo fastidió a sus propios electores y hoy se queda sin soga ni cabra.

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Comunismo, Hernando De Soto, Pedro Castillo

Una gran cantidad de medios de prensa en nuestro país, incluyendo a varios respetables, tiene una sección dedicada al horóscopo. Muchas personas consideran a la astrología como una fuente confiable de conocimiento y se dejan guiar por ella para tomar decisiones en la vida. Otras la toman como un simple juego. Y un tercer grupo no la toma tan en serio, pero, mostrando una falsa apertura de mente, no la rechaza de plano porque piensa que “¿quién sabe? Tal vez sí funcione”. 

Lo cierto es que la astrología no tiene fundamento alguno. No hay razones para pensar que si una persona ha nacido cuando la tierra pasaba bajo una constelación de estrellas que vagamente se asemeja a un toro, esa persona poseerá aspectos de la personalidad de ese animal, y que eso influirá en su suerte a lo largo de su vida (por ‘pasar bajo una constelación’ me refiero a que la proyección de la línea que parte de la tierra en dirección al sol llega hasta dicha constelación). Pero el rasgo más problemático de la astrología es la actitud de desdén por la verdad que promueve. 

Por un lado, los astrólogos hacen predicciones de manera muy general, o las reinterpretan después de los hechos. “Algo terrible te va a ocurrir mañana” es compatible con muchos estados del mundo. E incluso si no te sucede absolutamente nada, los astrólogos no lo aceptan como un error, sino que reinterpretan los hechos diciendo que en verdad sí te sucedió algo terrible, solo que fue muy sutil como para ser percibido. 

Por otro lado, la astrología enfrenta muchos problemas. Algunos de estos, señalados por el filósofo Paul Thagard, son los siguientes.

Gemelos. Muchos gemelos, a pesar de haber nacido bajo el mismo signo zodiacal, tienen personalidades bastante diferentes, y su suerte en la vida es muy diferente también. Incluso en los casos en que tienen personalidades similares, esto podría explicarse por la crianza común, o por herencia genética. Pero la astrología no solo no se interesa en abordar este problema, sino que no intenta ni si quiera compararse con teorías alternativas de la personalidad. 

Constelaciones. Existen 88 constelaciones visibles desde la tierra, y la tierra pasa bajo 13 de ellas, no 12. Los astrólogos babilonios simplemente obviaron la constelación Ofiuco por razones prácticas, pues ya contaban con un calendario de 12 meses. 

Precesión. El fenómeno de precesión ocurre porque el eje de la tierra respecto al plano del sol es inclinado, y la rotación de la tierra hace que la perspectiva de la tierra respecto a las constelaciones cambie ligeramente cada año. Se necesitan 26 mil años para que esa perspectiva vuelva a ser la misma. Ahora bien, las fechas del horóscopo se establecieron hace unos 2 mil años, lo cual quiere decir que la perspectiva de la tierra se ha corrido 1/13 desde entonces (¡casi un mes!). Esto, combinado con el hecho de que existen 13 y no 12 constelaciones, hace que en la gran mayoría de casos los días en los que la tierra pasa bajo una constelación no correspondan con lo que se indica tradicionalmente en los horóscopos. Por ejemplo, según el horóscopo tradicional, una persona es Aries si nació entre el 20 de marzo y el 20 de abril, pero en realidad la tierra estuvo bajo Aries entre el 18 de abril y el 13 de mayo. Alrededor del 86% de personas no ha nacido bajo el signo zodiacal que cree. 

A pesar de estos problemas, los astrólogos no muestran ningún interés en buscar soluciones, tanto así que la astrología se ha mantenido prácticamente intacta desde los tiempos de Ptolomeo. Las ciencias de verdad no ignoran sus problemas, sino que plantean programas de investigación alrededor de dichos problemas, lo cual explica el desarrollo fascinante, a lo largo de su historia, de ciencias como la física, la biología, y la psicología (piense en todo lo que han avanzado estas disciplinas en los últimos 100 años). 

Los medios de prensa deberían, por un tema de ética profesional (pues su deber es informar con la verdad), o eliminar sus secciones de astrología, o indicar claramente que se trata de un juego. No debemos olvidar que los lectores de la sección de astrología también votan en las elecciones, y que a todos nos conviene que la gente aprenda a no dejarse engañar.  

* Manuel Barrantes es profesor de filosofía en California State University Sacramento. Su área de especialización es la filosofía de la ciencia, y sus áreas de competencia incluyen la ética de la tecnología y la filosofía de las matemáticas. Obtuvo su doctorado y maestría en filosofía en la Universidad de Virginia, y su bachillerato y licenciatura en la PUCP.  

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Astrología, Horóscopo

Si el mentado acuerdo entre Perú Libre y Juntos por el Perú no pasa por la exigencia de un mínimo de moderación de los postulados económicos de Castillo-Cerrón, la aceptación de los requisitos democráticos para el cambio constitucional (no forzar la disolución del Congreso, como ha sugerido el presidente de Perú Libre), y una vigorosa agenda de respeto a los derechos sociales y políticas de género, habremos asistido al suicidio de una opción de izquierda moderna en el país.

Desde esta columna nunca nos hemos sumado al terruqueo de Verónika Mendoza, ni siquiera a su chavistización (que nos ha parecido siempre absurda y reaccionaria), porque entendemos que la suya era una propuesta de izquierda más sensata y democrática (aunque igualmente equivocada en materia de orientación económica).

Por ello, debemos suponer que su acercamiento a Perú Libre pasa por el establecimiento de algunos acuerdos mínimos y no por una entrega incondicional de cuadros y votos. Si JPP se suma al proyecto radical de Castillo, que es un claro programa marxista leninista de copamiento autoritario del poder político, económico y social, esa izquierda veronikista jamás podrá volver a presentarse bajo un rostro de supuesta modernidad y moderación.

Mientras no conozcamos los resultados finales de las conversaciones entre ambas agrupaciones estaremos especulando, pero cabe hacerlo en la medida que lo único que se escucha de las canteras de Perú Libre es claramente un proyecto bolivariano, de destrucción de la democracia formal, de la economía de mercado y de los mínimos derechos liberales que tanto trabajo ha costado conquistar.

Ojalá llegase el día en que la izquierda peruana acepte el lecho rocoso de la economía de mercado y entienda que puede y debe hacer mucho en materia de redistribución y de políticas de equidad, sin que el libre mercado sea un obstáculo para ello, sino, por el contrario, su condición necesaria. Si a ello le suma un talante democrático (que pasa, sobre todo, por el respeto a la alternancia democrática y no por la perennización en el poder, a lo Chávez, Correa o Morales), el Perú habrá ganado mucho.

Si nada de ello figura en la agenda explícita del pacto que se cocina entre Perú Libre y Juntos por el Perú, habremos asistido a la autoeliminación política e ideológica de la izquierda moderna y liberal en el país.

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Pedro Castillo, Perú Libre, Vladimir Cerrón

Esta vez la pobreza peruana no necesitó de un grupo de élite militar que diera un golpe de estado a la élite económica que la causaba. Tampoco tuvo necesidad de que un grupo de católicos comprometidos hablara por ella. La pobreza cobró vida doscientos años después de fundada la República y se encarnó en personas con mayoría de edad, capaces de elegir a un candidato presidencial que ha llevado sus reclamos hasta el gobierno con la ilusión que los resuelva. Un candidato y un partido que no son de Lima.

Cuando se promulgó la Ley orgánica de Gobiernos Regionales el 19 de noviembre de 2002 se aceptó, tras varios intentos fallidos de integración departamental, que cada departamento establecido en la Constitución de 1979 tuviera su propio gobierno regional, menos la capital, la ciudad de Lima (y luego dicen que no hay discriminación). Desde ese momento las elecciones regionales fueron provocando una crisis en los partidos nacionales que ya en la década de 1990 habían sufrido una desideologización severa. En las primeras elecciones regionales del 2002 se impuso el APRA como el principal partido de oposición a Perú Posible, el partido del entonces presidente Alejandro Toledo. Pero en las siguientes elecciones del año 2006 la mayoría de los gobiernos regionales fueron a manos de movimientos políticos locales en lugar de ir a partidos nacionales. El APRA, que ganó las elecciones presidenciales, sólo logró ganar en dos departamentos y los demás partidos nacionales aún menos. Se produjo entonces una escisión entre los partidos nacionales, todos con sede principal en Lima y los movimientos políticos locales, de tal manera que los nacionales lideraban las elecciones presidenciales, y los locales, las regionales. Mientras tanto, el Congreso se mantuvo como un lugar de confluencia de gobernantes regionales o alcaldes provinciales que al culminar sus periodos se integraban a las listas de candidatos al congreso que albergaban los partidos nacionales. En este proceso de democratización y desarrollo político de movimientos locales la fragilidad de su permanencia en el tiempo y el clientelismo han sido rasgos característicos debido a que los cargos públicos en muchas ocasiones son la principal fuente de ingresos para un sector de la población, sobre todo en zonas de difícil acceso. En ese marco, el Movimiento Político Regional Perú Libre fundado en Junín el año 2007, da origen a un Partido Político Nacional que hasta el año 2016 simplemente se retira en las elecciones presidenciales. De ahí que se pueda deducir que ha sido el candidato Pedro Castillo y no el fundador del partido, acusado de corrupción, quien ha logrado atraer la votación del 40% de votantes regionales.

Más allá de que concordemos o no con los reclamos y soluciones de los que nos habla el candidato Castillo en sus discursos, estamos viviendo un momento particular en nuestra historia. En esta ocasión no es un migrante que viene del campo a la ciudad para poder sobrevivir huyendo del hacendado, tampoco es un senderista que viene del campo a la ciudad para imponer su justicia de terror: nos encontramos ante un dirigente político que tuvo el poder de derrocar a la ministra de Educación y que ha conseguido que la población más pobre del país se sienta representada por su discurso. El discurso del SUTEP es sumamente criticado. Se considera que su orientación ideológica prioriza lo salarial y la estabilidad laboral al aumento de calidad en la enseñanza, pero en una crisis como en la que nos encontramos, ¿cómo no va a representar al más pobre el defensor de la protesta, del salario y de la estabilidad laboral? ¿No es acaso lo más deseado por sus votantes?

El Perú es un país que cumple doscientos años de ser gobernado por alguna élite costeña que siempre se ha enriquecido gracias al trabajo mal remunerado o alguna forma de enganche. Nos acostumbraron a vivir pensando en que algo nos chorrearía. Pues resulta que doscientos años demoró la democracia peruana en conseguir que la mayoría decida. Si la mayoría del país está signada por la pobreza y desde ahí toma sus decisiones, aceptemos la responsabilidad de haber tenido la educación como parte de un sistema que buscaba la conveniente sostenibilidad de la ignorancia y por favor, como limeños, dejemos de lanzar aullidos de miedo, abstengámonos de imponer nuestras recetas y propuestas políticas al candidato. Tiene todo el derecho a decidir a quiénes se acercará para conformar el equipo que pueda realizar sus ideas lo más cercano que pueda a como él las ha imaginado para el país y para la población que representa. Nuestra tarea consistirá en defender, nuestros derechos, nuestras instituciones democráticas y el equilibrio de poderes si sus propuestas son injustas, autoritarias o ineficaces. Demos un salto de madurez política. Las peruanas, los peruanos más pobres ya no creen en promesas de 3,000 colegios. Han conseguido llevar su demanda laboral, y desconfianza en la corrupción y el extractivismo hasta la presidencia. Les queda ahora asumir su responsabilidad al respecto. Llegó la hora de que nos tratemos como iguales.

5 de mayo de 2021

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Elecciones 2021, Gobierno, Perú Libre

El foco de las críticas en la campaña electoral está puesto sobre el planteamiento económico del candidato de Perú Libre. ¿Está equivocado en todo lo que propone? ¿En qué sí y en qué no?

No te pierdas la videocolumna semanal de David Rivera del Aguila

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