Opinión

George Forsyth: ha detenido aparentemente su caída. Es el candidato antipolítico. La encuesta de Ipsos le da nuevos bríos. La del IEP lo debe haber postrado en la depresión. Puede jalar los votos de quienes están dispuestos a votar por cualquiera con tal de evitar que López Aliaga pase a la segunda vuelta.

Rafael López Aliaga: sigue en crecimiento. Creo que está pronto a llegar a su techo. Si hubiera empezado su rush actual de acá a dos semanas no solo pasaba a la segunda vuelta segundo sino que podía amenazar a Lescano. Lo han empezado a atacar de varios frentes no solo políticos sino también mediáticos. Hay quienes creen que los ataques ayudan porque colocan la marca. No, los ataques hacen daño. Pronto se detendrá su ascenso y probablemente empiece a descender.

Keiko Fujimori: está condenada a no salirse de su eje de campaña y apostar a que el voto duro fujimorista -mucho del cual está escondido- a la hora de acercarse a las urnas se manifieste. Si desciende López Aliaga ese voto se dividirá entre Keiko y De Soto. Para la lideresa de Fuerza Popular es una partida de póker. No puede perder la calma.

Verónika Mendoza: es mala candidata. Lo ha sido y lo es. La izquierda debió buscar otro rostro. Su discurso es inasible, oenegero. Encima, equivocadamente trató de migrar al centro sin percatarse de que ésta era una elección polarizada. Sus huestes se han dedicado a pelear con los morados de Guzmán en lugar de confrontar con Lescano, que es quien los ha pulverizado en sus bastiones históricos.

Daniel Urresti: es un buen candidato, pero debió buscar otro convoy electoral. Ir de la mano con el conspirador Luna Gálvez, el mandamás de la principal universidad trucha del país y además comprometido en procesos judiciales, ha terminado por complicarle vida a quien, corriendo en otro vehículo, pudo y debió haber sido quien ocupase hoy el lugar de Lescano.

Hernando de Soto: reaccionó tarde, pero al final lo hizo. Tendría que duplicar su intención de voto para entrar a la segunda vuelta. Pero crecer cinco o seis puntos en un mes es perfectamente factible. Todo depende de que sepa sostener su campaña y no desaparecerse por temporadas como hizo hasta hace poco. Hace bien en confrontar con López Aliaga: son sus mismos votantes. De taquito, también podría intentar quitarle algo a Keiko.

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Keiko Fujimori, Rafael Lopez Aliaga, Verónika Mendoza

“Revolución Caliente (Una historia del Perú)” es la nueva entrega del polifacético Rodolfo Ybarra -poeta, novelista, ensayista y cuentista- quien siempre destaca en el ámbito artístico. Se trata de una novela que nos lleva a las décadas de los ochenta y noventa y nos recuerda lo difícil que era vivir en esa época.

 

Configurada en tres partes llamadas período autóctono, período colonial y período de independencia, en cada una de ellas encontramos la vida contracultural de ciertos artistas de distintos géneros musicales, los cuales van recobrando vida de acuerdo con la perspectiva con que el narrador protagonista relata ciertas anécdotas.

 

“Revolución Caliente” surge de un pregón popular que se encuentra como epígrafe de la novela: “Revolución caliente, música para los dientes; azúcar, clavo y canela, para rechinar las muelas. Por esta calle me voy, por la otra me doy la vuelta, la chinita que me quiera, que me deje la puerta abierta” (7).

 

Es decir, la incertidumbre, el tedio vital, la desesperanza, la falta de decisión y de control son motivos literarios que se perciben a través de toda la historia.  Definitivamente, esta novela nos sumerge en los problemas vitales que se dieron durante estas décadas de violencia y corrupción (aunque esta última no tiene cuándo acabar).

 

Es interesante mencionar que esta novela, narrada en primera persona, nos da una visión totalizante de lo que era el Perú, pero desde una perspectiva única. El ritmo y la intensidad del lenguaje son vitales en su conformación, puesto que a veces se encuentran ciertos párrafos que parecieran ser ráfagas lingüísticas, a la manera del flujo del inconsciente o monólogo interior joyciano, lo cual es un gran acierto.

 

De la misma manera que nos enfrentamos a novelas ya consagradas como “Rayuela” de Julio Cortázar, o “El obsceno pájaro de la noche” de José Donoso, “Revolución Caliente” propone una lectura interactiva, en la que el lector tiene que reconstruir distintas historias y darles un significado al juntar todas las piezas para lograr una visión global al final del rompecabezas.

 

Compuesta por distintas historias que se entrelazan resaltadas bajo perspectivas múltiples, “Revolución Caliente” es una novela posmoderna en su totalidad.  Está conformada por segmentos narrativos de distintas vertientes, de reflexiones, de historias, de orígenes y de búsqueda. Política, música, arte se confunden con problemas de violencia, con indagaciones personales y con coqueteos adictivos; los jóvenes de esa época pierden el control y la brújula en su entorno social y político.  Una nación que arrastra un pesar, una nación sola y tediosa que no ampara sino desampara y deja de lado a sus habitantes. “Revolución Caliente” propone una lectura intensa, ávida (son seiscientas páginas) en las que se reflexiona sobre la situación de un Perú enfermo. Desde lo personal, amoríos y problemas anecdóticos de parejas como conceptualizaciones y definiciones de búsquedas internas, “Revolución Caliente” propone una lectura de introspección, crítica hacia los políticos y las instituciones que de hecho no han servido durante el colapso de esta pandemia.  En uno de los últimos segmentos narrativos encontramos un cuestionamiento:

 

203. ¿Por qué nos levantamos?

 

Vivimos en un sistema injusto, donde el hambre y la opresión son la consigna de todos los días. Lo que llaman “democracia” es un invento burgués para justificar los abusos contra del pueblo. Los derechos no existen. Los deberes son el látigo con el que se castiga a los trabajadores, obreros, campesinos, empleados, amas de casa, jubilados, etc. Al pobre solo le quedan deberes que cumplir en nombre de esa triquiñuela que llaman “libertad”, “democracia”, “el gobierno de los pueblos por los pueblos” y toda esa mierda con la que tiene secuestrado a un país entero. Por eso, nos levantamos y tomamos las calles (569).

 

La voz narrativa cuestiona frecuentemente el abuso y la corrupción que han menguado las vidas de los peruanos desde hace muchos años atrás. Hastiada por todos los conflictos políticos y sociales, la voz narrativa hace frecuentemente llamados para concientizar y alertar a un lector activo.

 

Asimismo, la voz narrativa utiliza un lenguaje irónico donde hace guiños a la realidad y reflexiona con una introspección de su vida y su quehacer cotidiano.

 

Finalmente, “Revolución Caliente” trata también de los orígenes de movimientos contraculturales, del rock subte, de la letra de canciones configuradas por párrafos con un lenguaje intenso. Rodolfo Ybarra nos muestra la complejidad de un Perú pandémico que necesita una vacuna mental anticorrupción para mejorar nuestro futuro como nación, y sentir que llegamos a las puertas de un Bicentenario justo.

 

Muy recomendable.

La lucha encarnizada por el segundo lugar lo ha dejado indemne a Lescano, pero en una segunda vuelta sí va a recibir fuego cruzado de su eventual contendor.

Salvo la sorpresa de que Forsyth detiene su caída prácticamente no hay diferencia entre las encuestas del IEP y de Ipsos, en cuanto a los resultados. Si consideramos que la de Ipsos puede ser más acercada a la realidad por haber sido simulacro de votación (con cédula y urna), podemos considerarla más precisa.

En esa medida, anteponiendo el hecho de que mes antes de las elecciones es una eternidad, queda claro que si hoy fuesen las elecciones y mañana fuese la segunda vuelta, Yonhy Lescano será el próximo presidente de la República.

Ha sabido hacer una campaña a la antigua recorriendo el país, no creyéndose la burbuja de las redes sociales, ha sabido recoger un voto izquierdista, con el que se identifica por sus posturas antimonopólicas (su larga batalla con Telefónica aún perdura en el imaginario nacional), ha sabido colocarse en un nicho antiaprofujimorista, el mayor antivoto del país, y además tiene detrás suyo una marca conocida como la de Acción Popular, a la que no parece haberle hecho mella las inconductas mafiosas del grueso de su bancada actual. Por si fuera poco, a pesar de su relativo izquierdismo, combina con ello posturas conservadoras con las que comulga la mayoría del país.

Lescano no es un outsider. Está afincado en la política peruana hace décadas. Es, propiamente hablando, un insider. Es un focus group andante. Les lleva cuerpos de ventaja a sus adversarios en materia de experiencia política y seguramente la sabrá aprovechar.

Va a ser muy difícil que alguien le gane en segunda vuelta. Tendría que ocurrir una catástrofe política, un desatino mayúsculo, una denuncia poderosa, un error inconmensurable. Según Ipsos, Lescano les gana a todos en la segunda vuelta.

El único flanco débil que increíblemente sus adversarios no han sabido aprovechar es el de sus propuestas económicas populistas y retardatarias al progreso económico del país. La lucha encarnizada por el segundo lugar lo ha dejado indemne, pero en una segunda vuelta sí va a recibir fuego cruzado de su eventual contendor.

Veremos si el ánimo mayoritario de la población por una opción de mercado pesa a la hora de que empiece a recibir esos ataques. La segunda vuelta es otra historia. Se resetea todo, más aún con un resultado tan apretado como el que aparentemente ocurrirá en esta primera vuelta.

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Elecciones 2021, Yonhy Lescano

La Iglesia católica está de capa caída. O mejor dicho, de mitra caída. Porque a nivel mundial la confianza en los obispos católicos está venida a menos, con honrosas excepciones. La responsabilidad recae sobre los mismos obispos que, buscando defender la imagen de una Iglesia santa e impoluta, han encubierto los casos de abusos sexuales que han ido saliendo a la luz de manera viral, cual enfermedad grave, pandémica, que en cualquier momento deviene en terminal. Si es que algunos de ellos no han sido también abusadores, no sólo sexuales, sino también de conciencia, negadores de derechos humanos reconocidos por la conciencia moral colectiva de nuestro tiempo —esa cojudez, diría un arzobispo opusdeísta de nefasta memoria—.

 

Alemania no es una excepción. Las recientes decisiones que el cardenal Rainer Maria Woelki, arzobispo de Colonia, ha ido tomando desde octubre de 2020 han generado una crisis de tales proporciones, que en febrero de este año las solicitudes online de citas para salirse oficialmente de la Iglesia católica colapsaron la página web del juzgado de primera instancia de Colonia. Pues, a diferencia de otros países, el Estado alemán tiene que llevar registro de quién se considera católico o de cualquier confesión cristiana y quién no, ya que ello va unido al pago de un impuesto que se descuenta de los ingresos personales y que está destinado al sostenimiento de las instituciones eclesiásticas. Quien no esté dispuesto a pagar este monto, tiene que declarar ante el Estado su desafiliación de la Iglesia a la que pertenece, la cual lo considerará a partir de entonces prácticamente como un excomulgado.

 

Todo comenzó cuando, en un supuesto arranque de transparencia, Woelki le encargó en el año 2018 a un bufete de abogados de Múnich la realización de un peritaje sobre abusos sexuales en perjuicio de menores cometidos en la arquidiócesis de Colonia, para lo cual se les permitó acceso a los archivos diocesanos a fin de investigar los casos correspondientes desde el año 1946.

 

Ya listo el informe del bufete Westpfahl Spilker y Wastl, el 30 de octubre de 2020, sin embargo, el cardenal Woelki anunció en conferencia de prensa que no lo iba a hacer público debido a que presentaba deficiencias metódicas considerables y que, por lo tanto, no serviría para sacar consecuencias judiciales tanto a nivel de justicia civil como de derecho eclesiástico. Los abogados de Múnich, por el contrario, rechazaron las críticas de Woelki y se manifestaron posteriormente dispuestos a publicar el informe a riesgo propio, más aun cuando un informe similar elaborado por ellos mismos fue publicado en noviembre de ese año en la diócesis de Aquisgrán.

 

Aparentemente, el contenido del informe sería explosivo, pues en vez de las 135 víctimas de abuso y los 87 perpetradores entre 1946 y 2015 reconocidos oficialmente por la arquidiócesis de Colonia en el año 2018, en realidad habrían unas 300 víctimas y unos 200 perpetradores, además de encontrar responsabilidad de encubrimiento grave por parte de actual arzobispo de Hamburgo, Stefan Hesse, entonces encargado de la sección de personal pastoral en Colonia, y Dominikus Schwaderlapp, actual obispo auxiliar de Colonia.

 

Woelki encargó la elaboración de un nuevo informe a otro bufete de abogados, que debería estar listo a más tardar el 18 de marzo de este año. Sin embargo, el descontento de los católicos alemanes ante lo que ellos consideran una falta de transparencia, con la consiguiente sospecha de hallarse ante un acto más de encubrimiento, se ha hecho sentir. El Consejo Diocesano de los Católicos de Colonia, el Comité Central de los Católicos Alemanes, la Asociación de Periodistas Católicos de Alemania, e incluso el arzobispo de Múnich, el cardenal Reinhard Marx, quien fuera presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, han criticado el bloqueo a la publicación del informe por parte del cardenal Woelki. Esta manera de proceder es «desastrosa para todos nosotros», en palabras de Marx.

 

El 6 de enero de 2021 Woelki ofreció a cada periodistas la posibilidad de echarle un vistazo al informe durante 20 minutos, bajo la condición de que firmaran un acuerdo de confidencialidad. Toda la prensa sin excepción rechazó esta amañada propuesta.

 

Las consecuencias han sido devastadoras. ¿Cuántos católicos que se toman en serio van a querer seguir aportando vía impuestos a una Iglesia que desampara moral, psicológica y judicialmente a las víctimas y protege a los perpetradores? Los representantes de la Iglesia han perdido toda su confianza.

 

Mientras tanto, el juzgado de primera instancia de Colonia ha tenido que elevar de 1000 a 1500 las citas disponibles al mes para hacer una declaración de abandono de la Iglesia. Hay muchos creyentes que en lo personal siguen manteniendo su fe cristiana, pero no están dispuestos a seguir colaborando con un sistema que se asemeja a la mafia en su proceder, con código de silencio incluido.

 

Este esquema, que también se ha verificado en el caso del Sodalicio, sigue en pie. Cuando un informe de abusos no es de satisfacción de la institución que lo encarga, entonces se manda hacer otro que dé la impresión de que se está haciendo algo para combatir los abusos, cuando lo que en realidad se está haciendo es ocultar sus verdaderas dimensiones.

 

Autor: Martin Scheuch

Fecha: 12/03/2012

 

Hace unos meses, Ayacucho FC ganó la Fase 2 de la Liga 1 en una emotiva final frente a Sporting Cristal. De hecho, en sus diez cotejos previos a los dos últimos partidos frente al cuadro celeste, consiguió seis triunfos, tres empates y una sola derrota. Y, aunque cayó en esos cotejos definitorios frente al futuro campeón del torneo, la sólida campaña del cuadro de los “zorros” fue elogiada y reconocida como la mejor desde su presencia en la máxima división.  No obstante, finalizó la temporada y, lejos de cuidar y potenciar lo que le había permitido la conformación de un equipo protagonista, perdieron tanto a su técnico Gerardo Ameli como futbolistas que mostraron un gran rendimiento; entre otros, Ángel Zamudio, Diego Minaya, Alexis Cossio, Jorge Murrugarra y, su emblemático goleador, Mauricio Montes.

Con la llegada de algunos refuerzos sin un pasado cercano favorable en participaciones internacionales, con apenas unos partidos de práctica y sin el «ritmo futbolístico» adecuado, el panorama para encarar una Copa Libertadores no era el más alentador. De ese modo, se configuró el contexto coyuntural en el que se consumó la apabullante derrota de 6-1 frente a un equipo de la jerarquía del Gremio de Brasil. Una derrota que, en el marco de las últimas participaciones de los clubes peruanos en los torneos continentales, no hace sino afirmar y volver a sacar a la luz la vigencia sintomática de problemas estructurales que moldean nuestra realidad futbolística.

Ahora bien, reconocer la existencia sistémica e histórica de problemas que impiden el desarrollo futbolístico integral del Perú -desde el establecimiento de una ética y una lógica de gestión directiva perniciosa, hasta el descuido generalizado del trabajo y la competencia en divisiones menores-, no implica asumir la inexistencia de niveles de análisis; es decir, este reconocimiento no determina negar la capacidad ni la existencia de un campo de acción posible propio de cada equipo.

Así, retomando el ejemplo de un club provincial, vale la pena recordar que en la pasada edición de la Copa Sudamericana, Sport Huancayo superó y dejó fuera a Argentinos Juniors y a Liverpool de Montevideo. Y, en la del 2019, lo mismo hizo con Unión Española, equipo chileno, que, en los últimos años, ha participado de forma continua en los torneos continentales. Un aspecto importante aquí es que la institución huancaína sí ha mantenido y sostenido una forma de jugar y una base de futbolistas que, de hecho, ya son plenamente identificables con los colores de su equipo como Joel Pinto, Víctor Balta, Ricardo Salcedo, Marcos Lliuya y Marcio Valverde, por ejemplo. Clasificado de nuevo a una Copa Sudamericana, con la dirección técnica del estratega Wilmar Valencia, inició esta Liga 1 con una victoria frente a Deportivo Municipal. En gran medida, este criterio razonable en las decisiones directivas se funda en el aprendizaje de las primeras y duras experiencias en sus primeras participaciones a nivel continental allá por los inicios de la década pasada.

Entonces, asumiendo el carácter variable del fútbol, es posible que en el futuro próximo, algún club consiga algún objetivo trazado, pero se corresponderá más a una suma de esfuerzos singulares que al soporte de una política deportiva de desarrollo institucional. Esto no niega,el carácter sintomático del cotejo del cuadro ayacuchano que, como sabemos, es solo el indicativo, la señal, la manifestación concreta de algo que, en un nivel más profundo, existe, aqueja y merece una atención detenida y crítica para ser modificado, pues tiene una multiplicidad de elementos y merece un abordaje especialmente complejo.

No sorprenden los resultados de la encuesta del IEP. Constatan las tendencias que se venían apreciando, pero a la vez confirman que falta mucho trecho por recorrer y que los candidatos están tan apretados que cualquier cosa puede suceder.

Si se analiza la encuesta no tanto por los porcentajes brutos que aparecen, si no por la tasa de crecimiento o decrecimiento de los candidatos uno se encuentra sorpresas. Así, yendo en el orden de aparición en la medición de marzo y comparándola con la de febrero, veamos cuánto han crecido o decrecido: Lescano (+23%), López Aliaga (+25%), Fujimori (-12.2%), Mendoza (-21.35%), Forsyth (-16.5%), De Soto (+35.71%), Urresti (-6.25%), Castillo (la sorpresa!!!: crece 45.83%), Acuña (-10.53%), Humala (+4.16%), Guzmán (-25.81%), Salaverry (-45.46%).

Grosso modo, se confirma el desplome del centro. No es una opción en la primera vuelta. Se pondrá en juego para la segunda cuando los dos finalistas traten de conquistar ese grueso sector del electorado. Por ahora, las propuestas polarizadas crecen. Así, caen Forsyth, Urresti, Acuña y se desploma Guzmán (el que ha hecho campaña más direccionada y explícita en favor del centrismo).

Por el lado izquierdo, la cosa parece ya jugada. Lescano está puntero y en franco crecimiento. Mendoza ya empezó a caer y seguramente quien le está arranchando votos es Pedro Castillo, el candidato de Perú Libre, quien es el que más crece en esta encuesta y tiene un potente 8% en el sur, la región más disputada por las izquierdas (Lescano tiene 19.3%, Mendoza 10.4% y sigue muy de cerca Castillo).

Por el lado derecho, la cosa aún no está definida. López Aliaga se ha despuntado y probablemente crezca un poco más, pero su conservadurismo tiene un techo. Keiko Fujimori ha caído, pero no se le puede subestimar. Hay un voto escondido en favor de ella, que no parece probable que se arredre por la reciente acusación fiscal. Y De Soto viene creciendo de modo significativo (crece más que López Aliaga), confirmándose ello en varias encuestas. El autor de El misterio del capital podría sorprender y meterse en la pelea por pasar a la segunda vuelta. Si sigue creciendo así, lo puede alcanzar al candidato de Renovación Popular.

A poco menos de un mes de la elección, la cosa claramente no está definida. Las piezas se seguirán moviendo y el que pestañee perderá. Quien se ponga nervioso cometerá errores. El mejor estratega saldrá adelante.

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Encuesta, IEP, Pedro Castillo

Las entrevistas a un escritor registran no solo palabras de coyuntura (la publicación de un nuevo libro o un premio son siempre motivos), sino además van fijando la sensibilidad, el carácter, el temperamento y las ideas con las cuales se ha construido el particular universo en que habita cada creador. Una vez reunidas estas conversaciones, uno como lector queda ante una suerte de fresco verbal, la reconstrucción de un testimonio personal y un ordenamiento del proceso mental y creativo a través del flujo de las palabras. El género confirma, de paso, la especie de hermandad que existe entre el periodismo y la literatura.

 

Digo todo esto motivado por la reciente aparición de un verdadero tesoro: Entrevistas a Blanca Varela, compiladas impecablemente por Jorge Valverde Oliveros. El volumen está ordenado cronológicamente, ha sido ilustrado con fotografías de alta calidad (algunas poco conocidas) y al final del volumen una rigurosa cronología biográfica nos impide olvidar el tránsito vital y literario de nuestra gran poeta.

 

Cierto es que no todas las entrevistas ofrecen el mismo atractivo, aunque debemos apuntar que, en un horizonte común, ninguna de estas piezas carece de valor documental, algo que en última instancia constituye la aspiración natural de todo texto que, como una entrevista, contenga el diálogo con una figura de los quilates de Blanca Varela.

 

Como sabemos, Blanca Varela pertenece a la gran Generación del 50 y es una de las poetas más importantes de nuestra tradición. Ajena a esa inútil polémica entre “puros” y “sociales”, Varela resuelve el falso dilema con una poesía cargada de tinte existencial, que expresa la condición femenina no desde una propuesta programática sino desde el propio tejido metafórico de sus poemas, entre los más notables, “Monsieur Monod no sabe cantar”, de donde cito: “Querido mío/ te recuerdo como la mejor canción/ esa apoteosis de gallos y estrellas que ya no eres/ que ya no soy que ya no seremos/ y sin embargo muy bien sabemos ambos/ que hablo por la boca pintada del silencio/ con agonía de mosca/ al final del verano (…)” .

 

Una poeta que apostó muchas veces por el minimalismo, la expresión desnuda y contenida de las palabras fue, coincidentemente, una mujer de pocas palabras, poco tolerante a los asedios mediáticos, pero capaz de declarar siempre con honestidad sobre sí misma y su proceso artístico. Así, en la página 55, por ejemplo, Peter Elmore y Federico de Cárdenas le preguntan: “¿Qué tipo de escritora cree que es?” Llega sin demora la respuesta: “Miren, creo que hay dos tipos de escritores: los que escriben desde la conciencia y los que escriben desde el otro lado, desde una zona muy próxima a la locura. Creo que soy alguien que al trabajar con esta materia tan delgada de la literatura, trata de rescatar algunas cosas, algunas evidencias, de ese otro lado irracional –pero no necesariamente inconsciente– desde el cual escribo”.

 

Por supuesto hay mucho más. Y eso permite trazar un itinerario, algo siempre útil al lector. Hay conversaciones notables desde el punto de vista literario; otras informan de esa tortuosa vitalidad que en Banca Varela era el motor de su propia escritura y una en particular, la discutida entrevista publicada por la revista Casa de Citas, que queda inscrita en una historia de ribetes polémicos. Creo que los lectores más asiduos y leales de Blanca Varela (quisiera sumarme a ellos) encontrarán en este libro eso no dicho en sus poemas, pero igualmente inasible: el misterio de la escritura en palabras igualmente cargadas de misterio.

 

Entrevistas a Blanca Varela. Edición de Jorge Valverde Oliveros. Lima: Isagoria, 2020.

 

Aparece una legítima denuncia periodística en la que se informa que la excanciller Elizabeth Astete señaló ante el Congreso haber informado de su inclusión en la lista del vacunagate al propio presidente Sagasti y que éste no dijo nada y que inclusive le habría dado su autorización, habiendo solo reaccionado cuando se desató el escándalo.

Palacio ha emitido un pronunciamiento en el que niega los hechos y arguye que el día en el que supuestamente se produjo el intercambio de información entre Sagasti y Astete, no hubo sesión del Consejo de Ministros. Acto fallido, porque luego se ha conocido que el día señalado sí hubo una reunión entre el Presidente, la excanciller y la exministra de Salud, Pilar Mazzetti.

Si se certifica el hecho -lo tendría que aseverar Mazzetti, presente en la susodicha reunión-, el Presidente habría incurrido en una falta, sin duda. No tenemos la capacidad de asegurar o desmentir el hecho, pero la torpeza comunicacional del gobierno ya es legendaria y solo abona en favor de la hipótesis denunciada, lo que en el peor de los casos, lleva a Sagasti al borde del delito o de una falta administrativa y en el mejor lo deja como un mentiroso.

No obstante ello, es necesario advertir una vez más, la torva intención de muchos políticos de aprovechar la circunstancia para tratar de sacar a Sagasti del poder. Como buitres al acecho de carroña, estos políticos (congresistas y candidatos) solo tienen en mente desestabilizar el país más de lo que ya lo está.

Se conjugan dos intereses: la mafia de las universidades truchas que a toda costa quiere hacerse del poder para tumbarse a la Sunedu, la reforma universitaria y recuperar la licencia perdida de sus universidades (mafia que cuenta con enorme representación congresal), y algunos candidatos que saben que a mayor zozobra mayor impacto de su aparente radicalidad y actitud confrontacional.

Impresiona que a estas alturas de la crisis, a sabiendas del retraso administrativo y político que podría generar un nuevo cambio de gobierno, haya quienes antepongan sus intereses particulares al bienestar del país. A nadie en su sano juicio le debería parecer conveniente interrumpir el mandato de Sagasti, quien, a pesar de la aparente inconducta imputada, no calificaría para merecer el castigo de la vacancia por incapacidad moral que pueda llevar al Congreso a censurarlo. Solo un incendiario antipatriota podría pretenderlo.

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Elizabeth Astete, Francisco Sagasti, Pilar Mazzetti

Si nos atenemos a la última medición de Datum, al menos habrá nueve bancadas congresales, y ninguna, como es previsible, con mayoría suficiente. El candidato que gane la elección presidencial no va a tener dominio legislativo. La probabilidad de que se repita los siguientes cinco años el escenario de ingobernabilidad y de enfrentamientos y crisis entre Ejecutivo y Legislativo es muy amplia.

Tendría que firmarse un pacto de gobierno multipartidario, que incluya presencia en el Ejecutivo y a cambio de eso respaldo congresal. ¿Será posible con tantas bancadas y tan disímiles intereses? Por lo pronto, olvidémonos de reformas estructurales controversiales: la necesidad de consensos hará que estás sean mediatizadas. Tendremos cinco años de más de los mismo, sin cambios importantes en sectores álgidos de la vida pública del país.

Lo que es peor, según ha recordado recientemente Fernando Tuesta, en base a información propalada en la unidad de datos de El Comercio, un 43% de los candidatos al Congreso recién se inscribió en su partido un mes antes de que venciese el plazo. Y si a ello sumamos los invitados, comprenderemos que las propias bancadas no serán disciplinadas ni cohesionadas, poniendo en riesgo cualquier pacto formal que se pueda establecer.

Todo hace suponer que veremos repetirse el escenario vigente donde los extremos de la disolución del Congreso o la vacancia presidencial volverán a estar en juego permanente. Zozobra política, sin reformas urgentes será, al parecer, la moneda distintiva de los siguientes cinco años.

Es muy improbable que de acá la primera vuelta, un candidato crezca lo suficiente como para lograr una bancada mayoritaria o lo suficientemente grande como para que un solo pacto le alcance para asegurarse la mayoría que le permita gobernabilidad (al estilo Perú Posible-FIM en el 2001 o Partido Nacionalista-Perú Posible en el 2011).

Más allá de la elección presidencial, la congresal es aún más crucial. Y al respecto no hay buenos augurios. Tendrían que alinearse los astros de una manera tal que de la noche pasemos a la luz. Va a depender de la capacidad política de quien resulte elegido Presidente. Lo cierto es que el país ya no aguanta cinco años más de crisis política permanente.

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