Opinión

Hoy vemos en Cuba las protestas más masivas de los últimos 30 años, en las cuales el pueblo cubano exige libertad, y el fin de un régimen cuya crisis económica se ha recrudecido con la pandemia y la falta de turismo. Lo que no vemos, sin embargo, hasta el momento en el cual se escribió este artículo, es a muchas de las voces de izquierda en el Perú que han exigido democracia en el último proceso electoral, y apoyado protestas ciudadanas contra gobiernos conservadores, condenar este régimen dictatorial, y apoyar al pueblo cubano.

Como ya hemos comentado anteriormente en esta columna, esto no es algo exclusivo de nuestra izquierda. Mientras esta condena al fujimorismo, pero escuda el fracaso del modelo cubano con “los bloqueos de Estados Unidos”, parte de la derecha peruana, que hoy condena al régimen cubano, también justificó en su momento y hasta apoyó el accionar de Trump cuando este invocó a sus seguidores a tomar el capitolio. Incluso no emiten crítica alguna a la nefasta gestión de la pandemia de Bolsonaro en Brasil, y pasan por alto o apoyan las intenciones de diversos sectores que llaman a desconocer los resultados de las elecciones peruanas.

Tal parece que, para ambas caras de la moneda, la dictadura solo es dictadura cuando viene del lado del espectro ideológico que no les gusta.

En Cuba no hay democracia. Hay que decirlo fuerte y claro. Hace más de 60 años que entró al poder un gobierno autoritario que ha restringido todas las libertades. Cuba es el tercer país con menor libertad económica del mundo (puesto 176 de 178 países), se encuentra entre los 10 países del globo con menor libertad de prensa, y en los índices de libertad humana, Cuba es considerado como “no libre”. Además, cuenta con un régimen político unipartidario.  Como si esto fuera poco, la crisis económica es devastadora: el 64% de los cubanos viven con menos de 1.11 USD al día y el 90% de la población vive bajo el umbral de la pobreza.

El gobierno cubano ya declaró que “defenderá la revolución al precio que sea”. ¿Dónde está la izquierda democrática peruana? Este es el momento para que se separen de esta dictadura con todas sus letras, y la condenen al igual que condenan el autoritarismo cuando viene de la derecha. Los esperamos.

Fuentes: Índice de libertad económica de Heritage, Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH).

*Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de las organizaciones a las cuales pertenece.

Tags:

Cuba, Democracia, Izquierda

Uno debería creer que luego de 20 años ininterrumpidos de democracia, con cinco presidentes electos consecutivamente -un periodo inédito en nuestra historia republicana, llena de golpes militares-, la democracia como sistema habría alcanzado algún arraigo en nuestro pueblo y en nuestras élites.

Más aún si en ese lapso democrático, el país, a pesar de gestiones mediocres o corruptas, ha alcanzado logros económicos significativos en niveles de crecimiento del PBI per cápita, disminución de la pobreza y las desigualdades y crecimiento de la clase media (supuesto sostén sociológico de las democracias globales).

Pero lo que se aprecia en estos días es una defección democrática de nuestra clase política mayoritaria y nuestras élites sociales, tanto de la derecha como de la izquierda.

El triunfo de Castillo, hombre de pueblo, izquierdista y poco versado en asuntos administrativos, ha despertado no solo un vendaval de racismo y clasismo sino también de golpismo desembozado, de personajes impensables de voluntades antidemocráticas (el caso de Mario Vargas Llosa es el más penoso). Los llamados al golpe crecen y bajo el pretexto falaz de un fraude solo existente en las afiebradas conciencias de la ultraderecha, se invoca a los militares a poner fin al proceso democrático en curso.

A la par, cuando la ocasión sería propicia para que la izquierda haga gala de principismo democrático, ante la primera prueba de validación en esa perspectiva, demuestra que la democracia representativa y las libertades políticas le importan un rábano.

Las maravillosas protestas sociales contra la dictadura cubana son vistas de soslayo, con hipócrita silencio, por la izquierda peruana, la radical y la moderada, a quienes le importa más el sostenimiento de un régimen ideológicamente afín, sin importar el fracaso social y económico al que ha conducido a su pueblo. Ni el terrible menoscabo de las libertades individuales de la que hace gala la dictadura contemporánea más longeva de la región, los anima siquiera a un barniz crítico.

Si la derecha y la izquierda peruana parecen tan poco convencidas del inmenso y superior valor moral de la democracia, habrá que deducir que este periodo republicano del post fujimorismo solo ha sido accidental, producto de una reacción traumática a los acontecimientos de los 90, pero que no ha hecho carne en nuestra sociedad o por lo menos en sus élites políticas.

En 15 días estaremos celebrando un aniversario más del Perú. Los 200 años en los que San Martín hizo la proclama de la Independencia y desde ese momento el Perú es libre e independiente por la voluntad de… ya lo saben, ¿no? En este artículo queremos sacudirnos un poco de la coyuntura que nos ha golpeado tan duro en las últimas semanas y contar un poco qué país tenemos 200 años después de San Martín. Trataremos de describirlo y esperar que se reconozca en él.

El Perú tiene poco más de 33 millones de personas, según las proyecciones del último Censo. Somos un país poblado. Para darnos una idea, Chile tiene 19 millones de habitantes, Bolivia 11 millones, Ecuador 17 millones. De los países fronterizos, solo Brasil y Colombia tienen mayor población que el Perú.

Dentro del país, no crecemos en la misma proporción. Si bien Madre de Dios, por ejemplo, es un departamento con muy poca cantidad de habitantes (representa al 0.5% de la población nacional), en los últimos 20 años su población creció más de 60%. La fiebre del oro debe haber tenido su influencia. Tumbes, Lima, San Martín y Tacna han crecido por encima del 30% en este período. Pero Cajamarca lo hizo al menos del 10%, al igual que Amazonas o Apurímac, tres de los departamentos con ratios de pobreza más altos en el país.

La población peruana se divide en 24 departamentos, que agrupan 196 provincias y que a su vez reúnen 1,874 distritos. Como dato curioso, la palabra más repetida en los nombres de los distritos es Santo o Santa. Parece que nos gusta encomendarnos a lo divino cuando decidimos el nombre de nuestra comarca. Además, hay 148 distritos que llevan el nombre de alguna persona, especialmente si se llama José o Juan, los nombres más frecuentes. También es curioso que existan más de 50 distritos que incluyan un adjetivo en su nombre. Los más comunes, Alto y Grande. Somos ostentosos.

Somos bastante centralistas. Las proyecciones de población nos revelan que uno de cada tres peruanos vive en la capital. Sólo sumando la población de los siguientes 7 departamentos se logra una proporción similar. A nivel provincial, la suma de las 10 provincias menos pobladas, que están principalmente en Ancash, no llega a 100,000 habitantes; mientras que sólo en la provincia de Lima tenemos 10 millones de personas, representando más del 90% del departamento. Además de ello, se nota que la población costera del Perú se va incrementando con el paso de los años, mientras que decrece la de la sierra y la selva. Los costeños hoy representan el 58% de la población, la sierra el 28% y la selva el 14%.

Hay 74 distritos en el Perú cuya población no llega a los 500 habitantes, y 270 por debajo de 1,000.  El distrito de Huampara en Yauyos apenas tiene 150 pobladores. Pero San Juan de Lurigancho en Lima tiene desde hace buen tiempo más de 1 millón de habitantes, superando a casi todas ciudades de fuera de la capital. Vale la pena preguntarse si tener tantos distritos nos hace un mejor o peor país.

Todos los días en el Perú nacen más de 1.500 nuevos peruanos y mueren más de 400. Tenemos una población relativamente joven, pues la mitad de la población tiene menos de 30 años y el 30% tiene menos de 18 años. La mediana de edad es de 29 años, pero el ratio de edad de mayores se viene incrementando con el tiempo. Si en 1993 la población de 60 a más años era el 7%, hoy es más del 12%.

Somos la mitad hombres y la mitad mujeres. Pero hay dos distritos, Chavín (Chincha) y Alis (Yauyos) donde encontramos 85% de hombres. Es decir, que hay una mujer por cada 9 hombres. Estos dos son parte de los 35 distritos a nivel nacional donde la población masculina alcanza el 60% o más.

Somos un país de “solteros”, el 38% de la población indica que tiene este estado civil. Pero hay una diferencia importante: los hombres sostienen serlo en mayor proporción que las mujeres (41% vs 36%). ¿Alguien miente? Sin embargo, las mujeres señalan ser en mayor proporción separadas o viudas. ¿Tal vez los hombres no asimilan el que hayan terminado su relación. Lo vemos a cada rato en los noticieros.

La tercera parte de la población estudió hasta secundaria, mientras que la cuarta parte tiene algún nivel superior. Más del 6% no tiene nivel educativo. Sólo el 1% tiene postgrado. Por más que nuestros indicadores económicos hayan avanzado estas cifras duelen mucho. Claramente tenemos que lograr mejores cifras en educación.  El 89% de peruanos sabe leer y escribir. Pero además. el 83% aprendió a hablar con el  castellano; mientras que el 14% con el quechua y 2% con el aymara.

Estas son solo algunas cifras, todas tomadas de información pública del INEI, de los censos nacionales. La próxima semana continuaremos con esta radiografía del país.

Tags:

Bicentenario, Centralización, Radiografía del Perú

En otros momentos de nuestra historia, las Fuerzas Armadas ya habrían dado un golpe de Estado e impedido el ascenso al poder de un candidato de origen popular, de izquierda y de incierta capacidad ejecutiva.

Felizmente, todo parece indicar que nuestros altos mandos militares han entendido el sentido republicano de su existencia, que está dada para proteger la Constitución, no para violarla a su antojo. Son garantes de la Constitución, no del gobierno de turno ni de apetitos de poder que puedan albergar algunos malos oficiales.

Han resistido la presión de la ultraderecha nativa, claramente golpista, de excompañeros de armas (una minoría, sin duda, frente a los miles de exoficiales demócratas), e inclusive, del aval brindado por nuestro intelectual más connotado e influyente, Mario Vargas Llosa, quien ha llegado a decir que todo lo que se haga para impedir el triunfo de Castillo está justificado (a buen entendedor pocas palabras).

No le auguro buen futuro al gobierno de Castillo. Hasta el momento no da muestras de pragmatismo y de retroceder en la suicida idea de impulsar una Asamblea Constituyente, y a la vez no se aprecia un nivel organizativo suficiente como para acometer la tarea endiablada de administrar un Estado fallido como el peruano.

Pero a pesar de ello estamos en la obligación cívica de aceptar los resultados electorales y si Castillo no da la talla, pues que le sirva de lección a sus votantes de no dejarse llevar una próxima vez por razones identitarias o emotivas (claramente, el programa de Keiko Fujimori era muy superior al de Perú Libre; es una lástima que ella no haya ganado).

A la postre, si Castillo enmienda y despliega un gobierno de izquierda sensata, le hará mucho bien a la democracia peruana albergar una rotación ideológica (Humala no es un buen ejemplo, porque traicionó su votación de izquierda y ejerció un gobierno derechista mediocre) y salir indemne del desafío.

Hay que saludar el compromiso democrático de nuestras Fuerzas Armadas. Han logrado digerir el trauma del montesinismo y esa experiencia seguramente la tienen presente los actuales oficiales que vieron desfilar en su momento a sus superiores por la ignominia de la corrupción o del golpismo y pasar días en las cárceles. Son los militares de hoy un ejemplo a destacar en medio de tanto civil antidemocrático y golpista que les toca las puertas para que traspongan los márgenes de la institucionalidad y de la ley.

Tags:

FF. AA., Mario Vargas Llosa, Pedro Castillo

Nuestra literatura en castellano es una de las más ricas del continente y de la lengua en general, pero es, por gloriosa añadidura, una literatura que está acompañada de por lo menos otras 48 tradiciones en lenguas originarias, lo que hace del Perú un país de una lite-diversidad verdaderamente envidiable.

Esta semana se realiza el Simposio Internacional “La Literatura peruana hacia el Bicentenario” los días lunes 12 y martes 13 de julio, confirmando que nuestros mejores críticos y gestores culturales tienen en cuenta el principio básico de la lite-diversidad y lo llevan a las más altas esferas académicas para irradiarlo desde allí a todo el mundo.

El evento está organizado por la Asociación Internacional de Peruanistas, la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, Tufts University y el Consulado del Perú en Boston. Asimismo, el vigoroso proyecto de “La Huaca es Poesía”, presidido por el poeta Rafael Hidalgo, estará auspiciando el evento para que así pueda tener mayor difusión.

Definitivamente, una de las grandes posibilidades que ha fomentado la pandemia es el don de la ubicuidad a través de la comunicación virtual. Por eso, escritores y estudiosos de temas peruanos se reunirán en esta gran fiesta literaria para comentar sobre algunos de los puntos claves en las distintas tradiciones de nuestro país. Resulta muy emocionante tener a intelectuales tan importantes comentando sus propias obras o haciendo análisis de proyectos que se han dado recientemente.

Estarán el novelista Eduardo González Viaña, quien dará la charla inaugural y presentará su nueva novela ¡Kutimuy, Garcilaso!; sobre nuestro paradigmático Inca Garcilaso de la Vega; también estudiosos como Eva Valero, Ethel Barja y esta servidora, que hablaremos del aporte de las mujeres a nuestra literatura desde la Independencia en adelante. Del mismo modo, el poeta y antropólogo Pedro Favarón se referirá a las tradiciones andinas y amazónicas, mientras que Mónica Carrillo, directora de LUNDU, nos ilustrará sobre la tradición literaria afroperuana, y el destacado crítico Juan Zevallos Aguilar abordará el nutrido espectro de los narradores peruanos en los Estados Unidos, en lo que se ha llamado “el Quinto Suyo” de nuestra literatura. Basta recordar que ya son cientos de escritores peruanos en el extranjero, principalmente en los Estados Unidos, lo cual refleja que nuestras fronteras culturales se han ampliado enormemente en las últimas décadas y terminan cambiando el rostro de nuestra producción, haciéndola más interesante.

Otros aportes son los de José Antonio Mazzotti, quien preside una mesa redonda sobre José María Arguedas con Luis Millones y Carmen María Pinilla, dos de las autoridades sobre el gran autor de Los ríos profundos; y Paolo de Lima, que comentará sobre su reciente colección de ensayos Golpe, furia Perú. Poesía y nación, junto con la crítica marroquí Amal Ait Nani y la estudiosa chilena Andrea Echeverría.

Desde ya los invitamos a disfrutar de estos dos días cargados de mucha información y energía que los animarán a releer a nuestros autores y a reflexionar sobre temas importantes en nuestra vida en camino al Bicentenario.

El enlace al programa completo puede encontrarse aquí:

https://asociacioninternacionaldeperuanistas.blogspot.com/2021/06/simposio-internacional-la-literatura.html

¡Viva el Perú! ¡Y viva su lite-diversidad!

Tags:

lite-diversidad, Literatura peruana

A propósito del día internacional del orgullo LGTB celebrado el pasado 28 de junio, me involucré con una frase dolorosa que leí en las redes sociales: “El mundo no habla de mí”. Automáticamente se me presentó un concepto que se viene repitiendo hasta el cansancio, quizás sin comprender su implicancia en la creación de un mundo más inclusivo, y decidí escribir sobre su importancia en el proceso de hacer cine desobedeciendo al régimen patriarcal. Me refiero a la “empatía”, aquella que se hace notar cuando nos enfrentamos a contextos de lucha y dolor, a experiencias límite que nos animan a luchar por el cambio. Las corrientes feministas, más aún la cuarta ola, han incentivado a hacer cine desde otro lugar, desde la lucha por poner en escena los discursos que son socialmente rechazados hasta eliminar pensamientos como “usted todavía no tiene permiso para hablar”. Se puede notar una clara transformación en la deconstrucción del lenguaje del cine latinoamericano, desde su des aprendizaje hasta su redescubrimiento, así como también una ruptura de los límites de los géneros cinematográficos. En este sentido, el análisis de los estereotipos que proviene de la teoría feminista ha influenciado a que se inauguren festivales como “Asterisco”, el festival internacional de cine LGBTIQ fundado en Argentina que convocó a Albertina Carri como su directora.

Somos un continente que a lo largo de su historia ha vivido sometido y nuestro cine es un espejo de esta realidad. Un cine basado en un régimen de representación patriarcal influido por los discursos hegemónicos que hoy quiere hacerse cargo e ir en contra de las formas tradicionalmente aceptadas. El descubrir los tiempos propios es una de las principales características del nuevo cine de resistencia que está disconforme y quiere hablar. Pero este cine no solo se caracteriza por su evolución en los estereotipos de género, sino que, cabe mencionar, opera distinto a cualquier otro formato de producción. Es usual compararlo al formato de cine europeo, pero en realidad este último se asemeja mucho más al sistema de producción de estudios por contar con presupuestos mucho más elevados. En este sentido, nuestro proyecto de descubrimiento es único y con narrativas distintas, por lo que debería de ser tratado como tal, con una ampliación del lenguaje que reivindica al cine como experiencia libre y colectiva y como un espacio que prohíbe la invisibilidad.

Mubi, plataforma de streaming de cine independiente, cuenta con un podcast gratuito en Spotify llamado “Encuentros”. Esta semana se inauguró una conversación muy interesante y enriquecedora entre la ya mencionada Albertina Carri y Camila José Donoso, directora chilena, donde discuten sobre la urgencia de eliminar las jerarquías piramidales entre los que están detrás y delante de la escena. La lucha feminista ha despertado en ellas un cuestionamiento transgresor que ha influenciado profundamente en sus procesos de producción y en las narrativas de sus películas.

Por un lado, Camila Donoso es directora del proyecto “Transfrontera”, el cual busca liberar el proceso creativo del cine de los modos de producción industriales tradicionales. Ella cuenta que su forma de hacer cine va en contra de todo lo que le enseñaron en la universidad. Camila nos habla del concepto de “transficción”, el cual borra los límites entre el documental y la ficción. Su película “Casa Roshell” estrenada en Berlinale en el 2017, fue rodada como una experiencia comunitaria en la que existe el juego de hacer una película, pero también la retroalimentación de escribir la historia en conjunto con sus personajes, de habitarla colectivamente eliminando cualquier jerarquía y conservadurismo y estableciendo una relación horizontal. Un dato curioso es que fue grabada en tan solo 6 días, caso muy poco probable en las producciones occidentales.

Albertina Carri, por su parte, directora del festival Asterisco, se mantiene fiel al compromiso por la diversidad sexual y sostiene que las películas deben de explorar más con la cámara para descubrir narrativas y reflexiones propias. Una de mis películas favoritas de Carri es “Los rubios”, una obra maestra que habla sobre la mutabilidad de la memoria, sobre la cuestión de eliminar su dimensión monumental. Por muchos años hemos creído en el papel “poderoso” del monumento, en este caso hablamos del cine como tal, y como puede recordar por nosotros. En “Los Rubios” ocurre lo contrario, la memoria actúa contra-monumento, se resiste a su propia razón de ser y a su obligación de contar la historia. De esta manera, la película le devuelve al espectador esta carga y es así como amplía un lenguaje que antes no podía revelarse.

Pero esta nueva ola feminista, la corriente de cine LGTB, y otros movimientos que buscan eliminar las fronteras conservadoras, también llegaron al “Mainstream”, donde ya no solo se hace una denuncia a la violencia sexual, sino que se habla, por ejemplo, de identidades más fluidas, como en el caso de la serie “Euphoria”, una representación sin censuras de la generación Z, que así como en “Los Rubios” no explota la nostalgia por el pasado, sino que mira directamente al presente. Por otro lado, se encuentra una serie magnífica “Big Little Lies”, protagonizada por Reese Witherspoon y Nicole Kidman. Se trata de un pacto de solidaridad entre mujeres de 50 años aparentemente perfectas que tienen un papel muy definido en la ficción. Sus roles están muy asociados a los arquetipos clásicos de mujer, pero, con el transcurso de los episodios se observa cómo se alejan del rol tradicional establecido y nos muestran matices más complejos de sus personajes. Este hecho me lleva a la conclusión de que no se trata solo de discursos de sufrimiento, sino que es mucho más complicado y complejo.

El mensaje feminista se propuso llegar a todo sitio y lo está logrando. El feminismo Mainstream se ha llenado de protagonistas empoderadas hasta tal punto que puede ser problemático por los contextos donde se hace esta enunciación. Todas estas producciones se realizan desde los modelos capitalistas. Entonces me pregunto, hasta qué punto estas historias siguen siendo parte de la cuarta ola feminista si se siguen ejecutando dentro del paradigma de producciones que están bajo el modelo mercantilista. El rol de la mujer en el cine debe de venir desde detrás de la escena, desde la intención de la mujer creadora en la industria audiovisual. Series como “Gambito de dama”, “Poco Ortodoxa” o “El cuento de la criada” forman parte de esta corriente feminista del Mainstream en donde la protagonista es una mujer heroína y no es indicativo que el mensaje tenga que ser subversivo. En estos casos la intención si bien es reivindicar el rol de la mujer frente al régimen de representación patriarcal, también es divertir y entretener, por lo que dentro de la agenda Mainstream a pesar de que se usen los códigos cinematográficos de toda la vida, se reformula la tradicional figura del héroe, que hoy por hoy es inclusiva y colectiva.

Tags:

Camila José Donoso, feminismo

Resulta políticamente imperativo que el presidente electo, Pedro Castillo, dé a conocer a la opinión pública su postura global sobre el proceso electoral (tan cuestionado por la derecha recalcitrante), sobre Vladimir Cerrón y Los dinámicos del centro, sobre Pedro Francke y su eventual moderación económica, sobre la peregrina tesis de la Asamblea Constituyente y sobre cómo piensa llevarla a cabo, etc.

No basta con que se reúna ordinariamente y trascienda algo de lo que en esas reuniones se discute, no basta con sus tuits esporádicos o con las declaraciones de algunos voceros, por más autorizados o calificados que sean.

El panorama económico se le muestra propicio. No solo por los precios de las materias primas sino por el boom exportador a los Estados Unidos debido al incremento arancelario que Washington ha aplicado a las importaciones chinas. Si se maneja con sensatez, puede mostrar pronto cifras positivas en recaudación fiscal, volumen de exportaciones, crecimiento del PBI, disminución de la pobreza, etc.

Su problema radica en la parte política y en la incertidumbre que existe respecto de cuáles serán sus postulados institucionales, políticos y económicos. Se enfrenta y enfrentará a una recia deslegitimación interna y externa, llevada a extremos internacionales obtusos por Mario Vargas Llosa y sus satélites.

La pasividad que viene mostrando solo contribuye a tornarlo más precario y débil. La mayoría del país que votó por él debe estar en estos momentos desconcertada, desmovilizada, incipientemente hasta desilusionada porque su líder se esconde, no da entrevistas, no da conferencias de prensa, no se somete a interrogatorios acuciosos, no se pronuncia sobre la coyuntura.

Ya sabemos que Castillo no es un líder carismático ni potente. Eso, probablemente, no va a cambiar por más influjo que ejerza sobre él el poder, pero lo que no puede permitir es que se generan vacíos políticos a su alrededor. De buena fe, hay muchos que no votamos por él que deseamos que le vaya bien, que entienda la racionalidad y pragmatismo que exige su situación congresal y social y logre consolidar una propuesta de centroizquierda viable y potable. Pero su ausencia absoluta lo único que hace es abonar en el terreno de la duda sobre sus reales capacidades gubernativas y fortalece los peores augurios.

Tags:

Asamblea Constituyente, Mario Vargas Llosa, Pedro Castillo

Tres días de exequias en Italia, sentidos adioses de famosos colegas (Julio Iglesias, Raphael, Laura Pausini) y un inusitado homenaje durante una de las semifinales de la Eurocopa 2020 son solo tres botones de muestra de la imborrable huella que dejó la cantante, actriz y conductora de televisión Rafaella Carrà (Bologna, 1943), fallecida el martes de la semana pasada, a los 78 años. En la previa del partido Italia vs. España (su país natal y su segunda patria), el calentamiento de ambos equipos tuvo como música de fondo el tema A far l’amore comincia tu, más conocida entre nosotros por su versión en español, En el amor todo es empezar. En cuanto al funeral, se llevó a cabo el viernes en la iglesia Santa Maria de Ara Coeli de Roma, donde tuvo su última residencia. El anuncio de su muerte lo hizo el coreógrafo Sergio Japino, quien fuera su segunda pareja y cercano colaborador hasta sus últimos días. La causa: un fulminante cáncer al pulmón que venía padeciendo, en secreto, desde hace algún tiempo.

Reconocida por sus letras desenfadadas, su estampa de gimnasta y esa enérgica forma de sacudir la cabeza, con aquel flamígero cabello entre rubio y platinado, con cerquillo beatlesco, Raffaella Maria Roberta Pelloni (su verdadero nombre) fue el prototipo de ese, a veces incomprensible y, otras veces, terriblemente mal usado concepto de «vedette». Pero además de las coreografías de vaudeville y el elenco de bailarines siempre dispuesto a cargarla hasta seis veces por canción, su discurso artístico fue una abierta confrontación con la cucufatería de su tiempo.

Y, aunque actualmente su propuesta, vista en bloque, no sea capaz de moverle el piso a nadie si la comparamos con el vulgar libertinaje de las «divas» de hoy (por momentos luce hasta infantil e inofensiva), no puede negarse su naturaleza pionera en esto de sacarle la lengua a los convencionalismos y romper el molde de la cantante/actriz sufrida y dependiente. Recordando cómo mi madre, una sencilla y conservadora ama de casa que había nacido dos años después que ella, disfrutaba de sus canciones, cuando estas eran moneda corriente en radio y televisión, y cuánto admiraba -sin decirlo- esa actitud liberada y suelta de huesos frente a la sociedad, puedo imaginar fácilmente el profundo impacto que tuvo Rafaella Carrà en toda su generación y en las posteriores.

Aunque su formación artística comenzó a través del ballet y el cine -estudió danza y actuó en varias películas italianas épicas sobre hechos religiosos y leyendas de civilizaciones antiguas (Roma, Grecia) durante los años sesenta- fue como cantante que se hizo realmente conocida a inicios de la década siguiente, en su país, con un estilo que destacaba por su elegante y pícara sensualidad. En 1971, su primer single Tuca tuca causó sensación en la televisión italiana con un video que fue criticado hasta por el Vaticano porque la joven de 28 años aparecía “mostrando el ombligo”. Algunos años después lanzó una nueva versión, con un divertido video en el que alborota a varios señores por la calle. En estos clips, disponibles en YouTube, se aprecia ya la base de lo que vendría después, esa llamarada de personalidad escénica que la catapultó al estrellato.

Musicalmente hablando, lo que hizo Rafaella Carrà -de la mano de Gianni Boncompagni, su primera pareja, productor y compositor de casi todos sus éxitos entre 1971 y 1985- se inscribe en la onda del disco con sabor europeo, con bajos sintetizados a lo Giorgio Moroder (su célebre compatriota, productor de Donna Summer), fondos orquestales y ritmos que se alimentaban de diversas fuentes y géneros de raíz latina, elementos que le dieron a su discografía un aire inconfundible en un tiempo en que era difícil destacar, en medio de opciones musicales tan buenas como diversas. En esa época era muy común que artistas europeos, en especial italianos, lanzaran sus producciones en español -también lo hicieron, con enorme éxito, de otros países como Demis Roussos (Grecia), Charles Aznavour (Armenia/Francia), Abba (Suecia)- y, en ese sentido, Rafaella Carrà no se quedó atrás, uniéndose a la larga tradición de artistas bilingües con carreras altamente aceptadas por el público hispanohablante.

Antes de convertirse en personalidad de las televisiones italiana y española, Rafaella Carrà tomó por asalto las pistas de baile con canciones que, a pesar de los años transcurridos, siguen sonando frescas y vigentes. Desde la rumba española (Fiesta, 1977), el musical al estilo cabaret (Caliente, caliente, 1981 o la mencionada En el amor todo es empezar, 1976) o los guiños de samba brasilera en la controversial 53-53-456 (1976, que también grabó como 03-03-456 para evitar confusiones con un teléfono real en Argentina), la música de Rafaella Carrà era perfecta para el baile, la alegría y el desacato. Grabadas originalmente en italiano, todas tuvieron su versión en castellano, a través de las grabaciones que lanzó con el sello español Hispavox (distribuido por la multinacional Sony). Psicodélica en Rumores (1974), pícara en Pedro o romántica en Yo no sé vivir sin ti (ambas de 1980), Carrà no se guardaba nada en sus discos, con interpretaciones intensas y auténticas, las mismas que hacían juego con su carisma y simpatía.

Pero si hay una canción que identifica a Rafaella Carrà y su rol libertario es la desinhibida Hay que venir al sur (1978), cuya primera versión en español causó tal revuelo que se vio en la necesidad de grabar una segunda, más moderada, como un gesto de consideración hacia los públicos centro y sudamericanos, no tan acostumbrados a escuchar letras que incitaban a las mujeres a «buscarse otro más bueno» cuando un hombre las dejaba. Otras como la infantil Mamá dame 100 pesetas (1981) o la divertida Lucas (1978) también tocan temas controvertidos como las ansias de irse de casa o la homosexualidad, respectivamente, pero definitivamente, aquel coro que dice «para hacer bien el amor hay que venir al sur…» es hasta ahora su más claro grito de emancipación femenina.

Esta cadena de éxitos radiales la llevó por el mundo entero, pero fue en España y América Latina donde alcanzó inmensos niveles de popularidad. Visitó nuestro país en varias ocasiones entre 1979 y 1982. En tiempos en que los grandes conciertos eran inimaginables en el Perú, la presentación de Rafaella Carrà en el Coliseo Amauta, ante 15,000 personas, en 1981, fue uno de los eventos más sorprendentes de aquella época. Muchos años después, en 2005, volvió pero solo como turista, para visitar Machu Picchu.

Poseedora de un natural atractivo mediterráneo, sin aspavientos ni grotescas cirugías plásticas, Rafaella Carrà ponía especial cuidado en sus vestuarios, siempre sofisticados y sugerentes pero sin llegar a los exhibicionismos baratos de hoy. Tenía un brillo y elegancia que encandiló a hombres, mujeres y más allá, pues se convirtió en icono de la comunidad gay (en esas épocas no se hablaba de «LGTBI» ni nada por el estilo) De hecho, recuerdo haber escuchado, siendo yo un niño, el rumor de que “la Carrá” era un hombre travestido. Esta por supuesto, es una más de esas absurdas leyendas urbanas de la música, como las que afirmaban la muerte de Paul McCartney, la vida secreta de Elvis Presley después de 1977 o los mensajes satánicos de ciertos discos si los escuchabas al revés. Hay ecos de Rafaella Carrà a ambos lados del espectro artístico: desde la norteamericana Madonna y la española Alaska; hasta la argentina Susana Giménez o la peruana Gisela Valcárcel, tienen en sus apariencias algo de la italiana, ya sea por auténtica influencia en el caso de las mencionadas cantantes, o burda imitación en el de estas dos conductoras de televisión sudamericanas, provenientes del submundo del vedettismo y el humor de baja estofa.

Sus programas de televisión, en Italia, Argentina y España, impusieron ese estilo alegre, conversador y cercano al público que sería copiado hasta la saciedad. En paralelo mantuvo su carrera musical, aunque con menor presencia en las radios. Sus trabajos musicales más recientes incluyen una participación como jurado/coach en la versión italiana del reality La Voz y álbumes como Replay (2013) y Ogni volta che è Natale (2018) de canciones navideñas. El 2020 apareció Grande Rafaella, recopilación doble que, por primera vez, contiene todos sus grandes éxitos, lanzada como soporte de la película Explota explota, del español Nacho Álvarez, sobre su vida.

Rafaella Carrà nunca se casó y solo se le conoció dos relaciones (Gianni Boncompagni y Sergio Japino), largas y que, luego de concluidas, se convirtieron en estrechas amistades, lo cual podría hacer contraste con su imagen pública, siempre abierta a probar muchas experiencias como dice su canción emblema. Tampoco tuvo hijos. Quienes la conocieron de cerca la describen como una mujer, espontánea, de carácter fuerte, amable e inteligente. La artista, fanática del Juventus y de sólidas convicciones socialistas, será recordada siempre por los dos continentes que la vieron sobre los escenarios derrochando libertad, energía y buena música.

Tags:

Rafaella Carrà

Una vez superada la pataleta negacionista en la que un sector de la derecha está empeñada (incluyendo, increíblemente, a intelectuales como Mario Vargas Llosa), corresponde empezar a diseñar una estrategia de contención del proyecto izquierdista que desplegará Castillo para evitar que nos lleve al despeñadero.

Se puede entender que actualmente Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga estén librando una batalla política por capturar el protagonismo de la oposición de cara al siguiente lustro y que en esa contienda exacerben posturas y radicalicen actitudes, pero eso va a acabar pronto, apenas se instale el próximo gobierno.

Entonces corresponderá trazar escenarios alternativos. Si Castillo efectivamente se modera y cancela políticamente el proyecto de llevar a cabo una Asamblea Constituyente, pues deberá merecer un trato democrático, refractario cuando despliegue iniciativas regulatorias de la economía de mercado, pero formalmente respetuoso de la legitimidad del gobernante.

Si, en cambio, el gobierno de Perú Libre pretende meter de contrabando una iniciativa tan absurda como la de la Asamblea corporativista que propone, la lucha deberá ser recia y sin concesiones. Si lo hace dentro de los márgenes constitucionales, pues corresponderá rechazar sin ambages el proyecto de marras convocando al centro a sumarse a ese rechazo a una iniciativa polarizante y que desequilibraría el país los siguientes años.

Pero si lo pretende hacer disolviendo el Congreso, o convocando la Asamblea de marras de facto, sin pasar por la plaza Bolívar, lo que corresponderá, todo dentro de la Constitución, es vacar a un gobernante incapaz de leer con racionalidad y pragmatismo no solo la realidad política del Legislativo (donde solo tiene 42 votos y por allí algunos más) sino la dimensión social sobre el tema (todas las encuestadoras coinciden en que la mayoría está en desacuerdo con una Constituyente).

A la postre, que la democracia peruana albergue y tolere una opción de izquierda y sobrelleve el desafío sin sobresaltos, fortalecerá la institucionalidad del país, pero el principal responsable de que eso ocurra es quien ocupará la Presidencia de la República. Si, envanecido o enceguecido, quiere gobernar a trompicones, pues va a recibir el vuelto, como es natural, y lo más probable es que termine su mandato antes de lo previsto y sin ninguna gloria.

Tags:

Asamblea Constituyente, Derecha, Pedro Castillo
x