Opinión

El extremismo de los resultados electorales ha despertado un gran temor al tener que escoger entre la líder de una de las organizaciones de mafia y corrupción más consolidada del país, y un dirigente sindical que promete un socialismo estatista. El temor a ambas propuestas (y a sus coincidencias) se ha manifestado a través de un conjunto de acusaciones entre los votantes según el extremo que consideran “el mal menor” como lo llamó Mario Vargas Llosa: que si se es delincuente, terruco, clasista, racista, ignorante, fanático, paternalista, vengativo, resentido, etc.

 

La pregunta de por qué la población peruana se ha descubierto en medio de estos extremos es muy obvia: al ladrón se le perdona cuando hace obra y al ladrón que roba al ladrón, se le deben muchos años de perdón. Keiko Fujimori, de liberar a su padre y gobernar con él, tendrá la mano dura necesaria, como en la década del 90 la tuvo Alberto, para “librarnos de la pobreza y el terrorismo”, sin importar (o todo lo contrario) la inversión en clientelajes y en las tajadas correspondientes a las grandes decisiones estatales. A la otra orilla, las estatizaciones y redistribución de la riqueza a través del Estado que propone tan simplificadamente Pedro Castillo pueden llevar a desbancar al país, pero estarán muy cerca de cumplir con la justicia popular reclamada por los pobres.

 

La pobreza es entonces la causa principal y ninguna otra la que nos ha llevado a este enfrentamiento. De acuerdo con el último Reporte técnico de Unicef sobre el impacto del COVID-19 en la pobreza y desigualdad en niñas, niños y adolescentes en el Perú (2021), la población más afectada es la que se encuentra en la sierra rural, con un incremento de la pobreza al 44.5% y en la selva rural, con un incremento durante este periodo a 51.5%. Si comparamos con el 2019 la pobreza rural ha crecido cerca de un 14%. Y no sólo en el campo. En las zonas más pobres de Lima metropolitana, la pobreza ha alcanzado también el 44%.

 

Y por alguna razón, a esa pobreza se le sigue dando la espalda y se continúa estigmatizando las protestas y reacciones apelando a la ilegalidad. Un ejemplo fueron las huelgas y protestas del sector agrícola. Es cierto que el estado ha entregado una serie de bonos y de incentivos económicos, pero en las zonas rurales la crisis de la economía agrícola migratoria, el aislamiento, la reducción de los servicios públicos, primordialmente el de salud, y la caída del sistema escolar, han hecho retroceder a la población casi una década de avances.

 

Otro ejemplo es el de las invasiones de terrenos en Lima. Es cierto que entre setiembre del 2020 y enero de este año, el Congreso aprobó una populista normativa que amplía los plazos de la titulación de terrenos hasta el año 2026 y que por esa razón se favorecerá la ocupación ilegal y el tráfico de terrenos. Pero los casos que hemos visto en Lima, tanto en Chorrillos como en Villa El Salvador, nos muestran que dos de cada tres inquilinos han tenido problemas para pagar sus alquileres debido a la pandemia. Las personas que se resisten a ser desalojadas no cesan de repetir que no tienen, simple y llanamente, a dónde ir.

 

Y en medio de todo este escenario, ¿qué representantes del Estado peruano se han sentado a escuchar, a tomar decisiones y a plantear alternativas concretas a la población? ¿La policía y los funcionarios sectoriales? La justificación de que estamos bajo la tutela de un gobierno transitorio no sirve de nada ante la pobreza que, con los resultados electorales, ya no pudo ser más maquillada, silenciada, escondida.

 

Irónicamente, hoy invadido, Villa El Salvador reubicó 50 años atrás a un grupo de 350 familias desesperadas por contar con un lugar donde vivir que tomaron una zona de Pamplona con el interés comercial suficiente como para que la policía interviniera de manera violenta. Avergonzado, el Estado de la mano con la iglesia católica progresista de aquel entonces, llevó el año 1972 a las familias hacia una zona urbana planificada por profesionales, de tal forma que respondiera a la organización autogestionaria que se propuso como modelo a la población. El tener donde vivir no acabó con la pobreza, pero pudo con la dignidad. En 1987 Villa El Salvador ganó el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, entregado por ser “La práctica ejemplar para organizar un tipo de ciudad solidaria y económicamente productiva”. Ahora viven en el distrito más de 420,000 personas.

 

Los terrenos urbanos en Lima sin duda cada vez son más escasos y lejanos, pero el Estado ¿simplemente los va a desalojar para combatir el tráfico de tierras? ¿Vamos a esconder que no tienen siquiera un lugar dónde dormir y dejaremos, como en las zonas rurales, que vean con un par de bonos al año cómo sobrevivir? Al menos en las comunidades más alejadas siempre hay un techo que ofrecer a la familia, esa que observa cómo sus niñas y niños han perdido ya dos años de formación escolar.

 

En este marco no es difícil imaginar por qué ambos candidatos se encuentran disputando la Presidencia de nuestro país.

 

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Elecciones 2021, Keiko Fujimori, Voto

Gracias a una buena estrategia de marketing, Keiko Fujimori logró pasar indemne la primera vuelta libre de los ataques de sus adversarios y liberada además del recuerdo de los últimos cinco años desastrosos y miserables del fujimorismo.

De algún modo, la izquierda y el centro liberal enfilaron sus baterías contra el ultraderechista Rafael López Aliaga y dejaron pasar exenta de cualquier cargamontón a la receptora del mayor de los antivotos.

No le va a bastar a Keiko invocar el anticomunismo para derrotar a Castillo -quien le hace al juego al plantarse en su postura radical, sin concesiones al centro (aunque hoy mismo, en RPP, acaba de lanzar un discurso más moderado)-, ni tampoco agregar a su pauta narrativa alguna vocación anti statu quo para sintonizar con los millones de peruanos hartos del modelo.

Es necesaria una reconciliación con los indecisos, con la propia derecha que no votó por ella en la primera vuelta y que aún no se inclina a su favor (el mayor número de blancos y viciados en la última encuesta de Ipsos está en Lima y en el norte, presuntos bastiones históricos del fujimorismo).

No es suficiente con que se comprometa a no indultar a Montesinos como le ha planteado Vargas Llosa (¿alguien en verdad temía que eso ocurriese?), nique asegure que solo se quedará cinco años en el poder. El compromiso debe ser mayor.

Debe abarcar una puntillosa política anticorrupción que evite una reedición de la putrefacta gestión de los 90, y una detallada agenda de cautelas y de respeto a los poderes constituidos para no repetir el copamiento de las instituciones públicas que perpetró no solo en los 90 sino que quiso reeditar en el último lustro.

Hay dos sectores claves para que Keiko Fujimori de muestras cabales de cambio de voluntad política: Educación y Premierato. Las peores salvajadas e intransigencias del fujimorismo de los Becerrril y las Beteta fue contra los titulares de Educación de PPK y Vizcarra. Tiene que anunciar allí a alguien  que continúe la reforma educativa, universitaria y magisterial, de los últimos años.

Y un Premierato independiente, de alguien alejado de los rediles fujimoristas, puede ser un buen punto de partida para amainar el legítimo grado de suspicacia que existe en la población no solo de izquierda sino también centrista y derechista respecto de las credenciales democráticas del fujimorismo.

Los marginados del modelo no son pocos. Son millones. Y a ellos se les ha sumado un bolsón importante de ciudadanos que han pasado a la pobreza producto de las cuarentenas dictadas para combatir la pandemia.

Este segmento poblacional es, obviamente, anti establishment. Quiere un cambio de su situación y ello lo deriva a esperar, justamente, un cambio del modelo. Es la base social que alimenta la votación de Castillo.

No podemos dejar de atribuirle enorme responsabilidad a Vizcarra en el descalabro electoral que ha ocurrido. Su mediocre gestión gubernativa y su manejo absurdo e irracional de la primera cuarentena destruyó la economía y no resolvió un ápice el flujo evolutivo de la enfermedad.

Solo nos supera Venezuela en la caída del PBI ocurrida el año pasado. El PBI peruano cayó 13%, más que el resto de países de la región, arrastrando consigo a más de dos millones de peruanos de la clase media en la que estaban, precariamente pero estaban, hacia la pobreza. ¿Ese ciudadano puede estar contento con el modelo? Por supuesto que no.

A ello se le debe sumar la aplicación de un programa de asistencia familiar, mediante bonos, absolutamente ridícula, que este gobierno ha continuado. No hubo jamás subsidios a la planilla, los bonos se entregaron en menor cuantía y tarde, mal y nunca. El Estado no fue capaz de contener el golpe devastador de la cuarentena a las economías familiares. El Estado (“modelo”) les falló a millones de peruanos. ¿Cómo van a estar contentos con ello?

Castillo es, en esa perspectiva, hijo ideológico de Vizcarra. En verdad, es hijo de una transición democrática mediocre y corrupta que ni siquiera en sus años de bonanza fue capaz de construir un Estado inclusivo (salud, educación, seguridad y justicia) y generó una casta de ilegales dentro de su propio país, que vio pasar a lo lejos las bondades del modelo.

Hay millones de beneficiarios del modelo seguido, pero hay otros tantos marginados del mismo y son votantes anti establishment. Tremendo desafío el de Keiko Fujimori de convencerlos y a la vez ser pro statu quo, dicho sea de paso.

Entre los múltiples pasivos políticos y económicos que hay que achacarle a Vizcarra es haber creado las condiciones de crisis suficientes para la generación espontánea de un candidato radical y extremista como Pedro Castillo, que amenaza con patear el tablero y hacer volar todo por los aires, con el aplauso y beneplácito de millones de compatriotas.

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Juan Carlos Tafur, Keiko Fujimori, Martín Vizcarra

No da puntada sin nudo. Con Pedro Castillo, Evo Morales ha encontrado la forma de conseguir la salida soberana de su país a las aguas del Pacífico que tanto soñó. ¿Qué mejor oportunidad?

 

En el 2010, Morales lo intentó. Creyó que convenció a Alan García de permitirle construir un anexo de la escuela naval boliviana en Ilo —hasta se colocó la primera piedra—, de autorizar la presencia de barcos de la armada boliviana en la costa peruana con derecho de navegación y acoderación en el Puerto de Ilo y de exonerar a empresas bolivianas de diversos impuestos que peruanos estamos obligados a pagar con puntualidad.

 

Todos esos privilegios quedaron redactados en un documento denominado Protocolo Complementario y Ampliatorio de los Acuerdos de Ilo, papel sin valor porque faltó algo esencial: la ratificación del Congreso, como lo manda nuestra constitución. Pero todo puede cambiar con un gobierno de Pedro Castillo, pues con él la disolución del Congreso de la República está asegurada para convocar a una Asamblea Constituyente, lo que significará nuevas reglas, dictadas ¿por quién? Hay varios interesados. El comunismo no es una sola persona, y esa no es Evo Morales nomás.

 

Detrás de Evo y su interés de salir al mar a través del Perú, están pensamientos comunistas y dictatoriales como los del finado Hugo Chavez (en la actualidad Nicolás Maduro) o como los de los hermanos Castro de Cuba, que se instalaron en el poder en la historia y que hasta hoy no dejan de controlar. Detrás de Evo Morales también se hallan las ambiciones de China que cree en su expansión geopolítica para dominar el mundo, pero que no cree que los ciudadanos deben tener libertades económicas ni políticas. Por supuesto, también detrás de Evo está el problema violento que es Irán. Detrás de ese Evo se encuentra todo un club comunista, toda una corriente intransigente que observa en el Perú la posición geográfica ideal para dominar Latinoamérica. Es así que la salida de Bolivia al Pacífico por nuestro país es la lotería que buscan China, Irán, Venezuela, etcétera.

 

Por eso, debemos ver con preocupación el entusiasmo que le pone Evo Morales a la campaña del falso jinete Pedro Castillo Castillo. Cuando él abre la boca para apoyar su candidatura, está mirando con ambición nuestro mar, la puerta dorada del comunismo para el control de la región.

 

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Evo Morales, Kevin Carbonell, Pedro Castillo

Los marginados del modelo no son pocos. Son millones. Y a ellos se les ha sumado un bolsón importante de ciudadanos que han pasado a la pobreza producto de las cuarentenas dictadas para combatir la pandemia.

Este segmento poblacional es, obviamente, anti establishment. Quiere un cambio de su situación y ello lo deriva a esperar, justamente, un cambio del modelo. Es la base social que alimenta la votación de Castillo.

No podemos dejar de atribuirle enorme responsabilidad a Vizcarra en el descalabro electoral que ha ocurrido. Su mediocre gestión gubernativa y su manejo absurdo e irracional de la primera cuarentena destruyó la economía y no resolvió un ápice el flujo evolutivo de la enfermedad.

Solo nos supera Venezuela en la caída del PBI ocurrida el año pasado. El PBI peruano cayó 13%, más que el resto de países de la región, arrastrando consigo a más de dos millones de peruanos de la clase media en la que estaban, precariamente pero estaban, hacia la pobreza. ¿Ese ciudadano puede estar contento con el modelo? Por supuesto que no.

A ello se le debe sumar la aplicación de un programa de asistencia familiar, mediante bonos, absolutamente ridícula, que este gobierno ha continuado. No hubo jamás subsidios a la planilla, los bonos se entregaron en menor cuantía y tarde, mal y nunca. El Estado no fue capaz de contener el golpe devastador de la cuarentena a las economías familiares. El Estado (“modelo”) les falló a millones de peruanos. ¿Cómo van a estar contentos con ello?

Castillo es, en esa perspectiva, hijo ideológico de Vizcarra. En verdad, es hijo de una transición democrática mediocre y corrupta que ni siquiera en sus años de bonanza fue capaz de construir un Estado inclusivo (salud, educación, seguridad y justicia) y generó una casta de ilegales dentro de su propio país, que vio pasar a lo lejos las bondades del modelo.

Hay millones de beneficiarios del modelo seguido, pero hay otros tantos marginados del mismo y son votantes anti establishment. Tremendo desafío el de Keiko Fujimori de convencerlos y a la vez ser pro statu quo, dicho sea de paso.

Entre los múltiples pasivos políticos y económicos que hay que achacarle a Vizcarra es haber creado las condiciones de crisis suficientes para la generación espontánea de un candidato radical y extremista como Pedro Castillo, que amenaza con patear el tablero y hacer volar todo por los aires, con el aplauso y beneplácito de millones de compatriotas.

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Juan Carlos Tafur, Keiko Fujimori, Martín Vizcarra

«Mario Vargas Llosa ha cometido el mismo error que están cometiendo muchos de los electores que no votaron por Pedro Castillo ni por Keiko Fujimori en primera vuelta: ‘regalarles’ el voto. Ambos son peligros reales para la democracia y es necesario asegurar que no vulnerarán el estado de derecho de ganar las elecciones. Aquí siete compromisos mínimos que deberían asumir los dos», dice David Rivera, analista del podcast Debate de Sudaca.pe.

Mira la nueva videocolumna Disonancia de David Rivera.

 

 

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David Rivera, Pedro Castillo

Consideremos las siguientes afirmaciones: (a) ‘Las Esmeraldas son verdes’; (b) ‘Bilbo es el tío de Frodo’. Ambas son verdaderas, pero por razones diferentes. (a) es verdadera en virtud del hecho de que existen esmeraldas en el mundo y sucede que estas son verdes, pero (b) es verdad solo en el universo ficticio de El Señor de los Anillos, no porque Bilbo y Frodo existan. Ahora bien, consideremos una tercera afirmación: (c) ‘Existen infinitos números primos’. (c) también es verdadera, pero ¿es verdadera en el sentido de (a) o en el de (b)? En otras palabras, ¿existen los números?

 

A pesar de que es probable que El Señor de los Anillos se haya inspirado en hechos reales, no es algo que se use en ciencia de manera generalizada. Tal vez un científico social podría aprender algo sobre la cultura británica de comienzos del siglo pasado, pero de ningún modo se puede comparar al uso que se hace de las matemáticas en casi todos los ámbitos de la actividad científica. Es casi imposible concebir una ciencia madura que no se apoye en las matemáticas para construir modelos teóricos, hacer predicciones, y explicar fenómenos empíricos. Muchas personas sostienen que esta es una razón para creer que los objetos matemáticos existen. Por ejemplo, de acuerdo al filósofo y lógico Gottlob Frege, “es únicamente la aplicabilidad de las matemáticas la que las eleva de ser un simple juego al rango de una ciencia”. ¿Cómo podrían ser las matemáticas tan útiles en ciencia si fueran solo una ficción? Para muchos, existe un vínculo casi automático entre la aplicabilidad de las matemáticas y el realismo matemático.

 

A pesar de lo dicho anteriormente, yo creo que la utilidad de las matemáticas en ciencia se puede explicar independientemente de si las entidades matemáticas existen o no. El rol que cumplen las matemáticas en ciencia es básicamente representacional. Si decimos que la masa en reposo de un electrón es 9.109×10^(-31) kg, el número 9.109×10^(-31) sirve para representar una propiedad física, a saber, la masa de reposo del electrón. El número en sí mismo no es tan relevante. Si hubiéramos escogido unidades diferentes, habríamos tenido que escoger un número diferente. Este rol representacional es compatible con que las matemáticas sean una ficción.

 

Existen dos objeciones comunes a esta postura. Si tanto El Señor de los Anillos como las matemáticas son ficciones, entonces ¿por qué las matemáticas son tan útiles en la ciencia, mientras que El Señor de los Anillos y otras ficciones no lo son? Mi respuesta es que, una vez que prestamos atención al proceso de aplicación, podemos ver que los fenómenos físicos bajo estudio tienen que matematizarse primero. En muchos casos, existe toda una jerarquía de modelos matemáticos que median nuestro acceso al mundo físico. Por ejemplo, para que un fenómeno sea estudiado matemáticamente, primero tiene que ser medido, y este proceso de medición implica en sí mismo una matematización, es decir, establecer una correspondencia con un enunciado físico/matemático. Para describir esta versión matematizada de la realidad, no es sorprendente que tengamos que usar matemáticas, o que algunos conceptos matemáticos nos sean útiles. No “señordelosanilleamos” los fenómenos físicos en ciencia, por eso es que El Señor de los Anillos no es útil para estudiar estos fenómenos.

 

Claro, podría decirse que la razón por la que matematizamos los fenómenos físicos es que las matemáticas son, por así decirlo, el lenguaje de la naturaleza, y en eso se basa su utilidad y realidad. Se suelen citar dos tipos de casos para justificar esta postura. Primero, existen muchas teorías matemáticas que fueron desarrolladas sin tener ningún tipo de aplicación en mente (por ejemplo, los números imaginarios) y que luego terminaron siendo muy útiles en ciencia (por ejemplo, en la formulación de la mecánica cuántica). Adicionalmente, hay muchos casos de descubrimientos científicos que supuestamente se hicieron simplemente analizando representaciones matemáticas de las leyes de la naturaleza (se suelen citar casos como el de Paul Dirac, quien supuestamente descubrió el positrón simplemente analizando la “Ecuación de Dirac”). Casos como estos demostrarían que las matemáticas están de alguna manera conectadas al mundo físico.

 

Frente a esto, sostengo, primero, que tenemos que tomar en cuenta la vastedad del ámbito matemático. Las matemáticas son una fuente inmensa de estructuras. Es razonable suponer que algunas de estas estructuras serán útiles para representar estructuras físicas. Es más, muchas veces ocurre que la misma estructura matemática puede usarse para representar aspectos comunes a diferentes estructuras físicas. Adicionalmente, en cierto sentido hay un sesgo en el uso de las matemáticas: los científicos se enfocan en fenómenos que son susceptibles de matematización, y hacen encajar sus modelos en las matemáticas disponibles. Por lo tanto, no es en absoluto sorprendente que algunas estructuras matemáticas terminen siendo útiles en ciencia de forma inesperada y novedosa.  Por último, los científicos nunca ‘leen’ hechos físicos directamente de sus modelos matemáticos. Por el contrario, siempre tienen que interpretar las matemáticas de una forma u otra. Por ejemplo, Dirac asignó tres interpretaciones diferentes a los resultados de sus ecuaciones, y la teoría de los positrones fue aceptada solo cuando la existencia de los positrones se verificó experimentalmente.

 

No estoy afirmando que las matemáticas sean una ficción, sino que la aplicabilidad de las matemáticas en ciencia no nos da razones para pensar que no lo son. Sin embargo, si la aplicabilidad de las matemáticas fuera la única opción de los realistas matemáticos para defender su postura, entonces sí tendríamos razones para pensar que las matemáticas son una historia sobre entidades ficcionales. Me pregunto si a J.R.R. Tolkien se le cruzó la posibilidad de que, al hacer que Bilbo diga: “Hoy es mi cumpleaños 111!”, tal vez estaba realizando un tipo de ficción crossover.

No se pueden entender las cifras de anoche sin un balance de la primera vuelta. Las huellas de un país debilitado y fragmentado, la carrera que se centró más en Lima y la falta de una estrategia para pensar el país nos dejan una segunda vuelta muy complicada.

 

Llegó la segunda vuelta. Llegó la primera encuesta que es como una línea base para entender de dónde parten y cómo parten los candidatos. Lo único bueno es que ya no habrá outsider posible. En el resto, más sombras que luces.

 

Lo primero que debemos decir es que la encuesta deja a los candidatos mal que bien como quedaron en la primera vuelta. Una diferencia razonable para Castillo y una segmentación que ya se había advertido pero que siempre divierte por todo lo que genera en Twitter y Facebook.

 

Lo segundo es que comprueba algo que ya habíamos mencionado en este mismo espacio: somos más de un país. No cabe ninguna duda de ello. Las diferencias que hay entre Lima y el resto de las regiones es demasiado profunda como para que dejar de mencionarlo.

 

 

El peso que tiene Lima es muy fuerte para algunas candidaturas y muy débil para otras. Beingolea, López Aliaga, De Soto, Guzmán, Forsyth y Urresti consiguen la mayoría de sus votos de la capital. Mientras que Castillo de lejos, pero Lescano y Acuña también, tienen un caudal afuera de Lima muy importante. Fujimori y Mendoza presentan un peso más equilibrado en función a la distribución real de Lima (poco menos de un tercio del total).

 

¿Qué nos dice esto? Que algunos se tomaron estas elecciones como si hubiesen sido para la alcaldía y no para la presidencia. El no generar adhesiones fuera de Lima habla de incapacidad para entender lo que se necesitaba o campañas muy mal enfocadas.

 

Mucho se habla del anti establishment. Pero también cabe otra pregunta. ¿Es posible pensar que si algún candidato quería “salir” de Lima y escalar, tal vez encontraba eco? ¿No será que eso que llamamos el centro, se refiere más al centro del país, pegado a Larcomar, antes que a una propuesta programática? Seis candidatos peleando el voto de Lima, previsible que más del 70% restante quedara ahí, volátil.

 

Yo quisiera detenerme en APP un segundo y considerar que es la tercera fuerza en el Parlamento, con una votación mayoritaria en regiones fuera de Lima. Siempre estuvo subregistrada. Elección tras elección. Y siempre está en la foto. No le alcanzará para que Acuña sea presidente jamás, pero vaya que logran ser una fuerza electoral con sensibilidad y olfato. Pero es más cómodo el meme.

 

Adicional, veamos las diferencias que explican el triunfo de Castillo. Si Lima estuvo atomizada, hubo regiones en las que Castillo sencillamente arrasó. Y los “limeños” no existieron. Con menos peso poblacional pero con porcentajes más contundentes:

 

Pero vamos por partes. Un primer detalle es que si bien hay una diferencia notable entre los dos candidatos, que no se ha visto en encuestas previas de segunda vuelta, no hay nada dicho y faltan varias semanas. A ver si dejamos de hiperventilar un poco. Los 11 puntos no significan en esencia nada de cara a la elección y mucho de cara a la interpretación.

 

Veamos algunos detalles que nos permiten comprender mejor -desde la primera vuelta- estos números de anoche. Lo primero que mencionábamos es lo que representa Lima para los partidos y candidatos. Tuesta señalaba anoche en Cuarto Poder cómo la capital iba perdiendo peso en las últimas décadas. Ahora lo podemos ver con claridad:

 

Este cuadro presenta la distribución proporcional de los votos entre Lima y Huancavelica. Sobran comentarios, ¿verdad?

 

Sumado a esto, la importancia del candidato o la importancia del partido se han puesto de manifiesto y poco se está notando esto. Si el Partido Morado pasa la valla es por el peso de su lista congresal y a pesar de su candidato. Ni qué decir de Somos Perú. El siguiente cuadro lo muestra:

 

¿Qué nos quiere decir esto? Que en el caso de Somos Perú, por ejemplo, la votación por el Congreso alcanza hasta el momento casi tres veces más que la presidencial. En el caso del Partido Morado, casi dos veces más. Caso contrario es el de De Soto, Castillo y López Aliaga, que han sido candidaturas más presidenciales. En estos casos, su votación congresal alcanza solo la mitad de su voto presidencial. Por ellos hubo voto cruzado por montones.

 

En cinco años dos candidatas repiten su postulación. Fujimori, con Fuerza Popular en el 2016 obtuvo poco más de 6 millones 100 mil votos. Veronika Mendoza, en ese entonces con el Frente Amplio, obtuvo cerca de 2 millones 900 mil votos. En el 2021 Keiko obtiene casi 1.9 millones y Mendoza 1.1 millones. El 30% y el 38% de lo que obtuvieron hace cinco años.

 

Pero además en relativos, con esos votos Fujimori obtenía el 40% de votos válidos y Mendoza el 19%. Hoy esos porcentajes se hicieron 13% y 8% respectivamente. ¿Qué pasó? ¿Por qué no los cuidaron? Es más fácil entender el retroceso de Fuerza Popular por su papel en el Congreso. Pero ¿Mendoza? Nunca creció en la campaña, como notamos tantas veces. Una involución muy importante. Como también la es la mayoría de votos congresales con respecto a hace un año:

 

Los que han incrementado significativamente su votación con respecto a hace un año han sido aquellos partidos y movimientos que en 2020 n o contaban con los líderes que hoy sí: Lopez Aliaga, De Soto, son ejemplo de ello. Y Castillo ha sabido hacer crecer geométricamente la votación para el Congreso. Fuerza Popular y Juntos por el Perú orgánicamente mantienen su voto 2020. Pero casos como el Frepap, el Partido Morado, Podemos y hasta el mismo Acción Popular son interesantes para estudiar. Se desploman de mala manera. No incluimos a PPC pues con los problemas que tuvo con su lista en Lima era evidente que se iba a caer.

 

En resumen, lo que la primera vuelta nos deja nos permite entender mejor por qué el resultado de la encuesta de ayer. Un país dividido que no se entiende entre sí. Élites cuyas apuestas no se entienden. Elecciones muy recientes de las que no aprendieron nada. En cada caso, los que no están en esta segunda vuelta tienen que mirar hacia adentro y ser autocríticos. Todos los perdedores perdieron por su culpa, no por los demás.

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Elecciones, Elecciones 2021, ONPE
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