Opinión

Es un evidente despropósito que una fiscal denuncie por el delito de sedición a periodistas de Willax. Este canal es una fábrica de sensacionalismo, campañas insidiosas y propalación premeditada de fake news, lanzados con el solo afán de generar atención pública, pero el único juicio que se puede hacer sobre ello pasa por los televidentes y su decisión de ver o no ese medio de comunicación, no por la desprolija y apresurada iniciativa de una magistrada del Ministerio Público.

Pero más grave que este entuerto judicial en el que el canal de marras se halla incurso, es el hecho de que nada menos el presidente electo Pedro Castillo haya firmado una solicitud junto al inefable personaje de Julián Palacín, pidiéndole al Ministerio de Transportes y Comunicaciones a que tome acción contra el canal por haber, supuestamente, cometido faltas éticas.

Por supuesto, los canales de televisión, al utilizar el espectro radioeléctrico del Estado, están sujetos a ciertas normativas públicas, pero ninguna de ellas atañe a la libertad periodística del medio. Si un canal incumple las normas técnicas pues recibirá una sanción y si un periodista difama o comete perjurio están abiertos los tribunales penales para querellarlos y eventualmente sancionarlos, pudiendo ser el canal tercero civil responsable.

Pero lo que está detrás de esta iniciativa parece corresponder a la idea extendida de que los canales privados, solo por el hecho de utilizar una banda estatal, se deben comportar en base a criterios uniformes, neutrales y acomedidos respecto del poder de turno. Los canales privados no son ni deben ser el canal del Estado. Son empresas privadas dueñas de la concesión y como tales tienen absoluto derecho a utilizar su parrilla periodística como les venga en gana, solo sujetos a las regulaciones administrativas y penales ya conocidas y referidas.

En algún momento corresponderá evaluar la entrega de las concesiones televisivas a dedo que en el Perú se han hecho y volver a licitar las frecuencias, como corresponde, y hacerlo así cada cierto tiempo, no entregar las concesiones a perpetuidad, como acá sucede. Pero ese es otro tema.

Hoy corresponde estar alertas frente a la amenaza que se cierne sobre la libertad de prensa si el futuro Presidente cree que su ministro de Transportes tiene algo que decir sobre los contenidos periodísticos de los canales de televisión y las radios locales.

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Fake news, Pedro Castillo, Willax

Cristal hoy, ante el Arsenal de Sarandí, necesita a Carlos Lugo, un don nadie. ¿Te suena su nombre? Era nadie y fue nadie después, incluso. Jugó al fútbol catorce años, sin demasiados méritos. Carlos Lugo podría ser cualquier persona. Pero un tiro libre en Arequipa sacó a Lugo del anonimato y la inexistencia. Fue el único gol trascendente de su carrera, y le dio a su vez algo único al fútbol peruano. 

Lugo era el central de aquel Cienciano del 2003. Un equipo único para la historia del deporte nacional, con un logro inesperado, exclusivo, aislado. El rojo del Cusco ganó la Copa Sudamericana, un torneo extenso, valioso y altamente competitivo, que en su segunda edición aquel año contó con Sao Paulo, Boca Juniors, Independiente, Fluminense y San Lorenzo, entre otros. Y Cienciano eliminó a la Católica de Chile, a Santos, al Atlético Nacional, y a River Plate. 

Esa fue la campaña del Upa que upa upa, upa u papá. Los meses infinitos del sí se puede. Cienciano tuvo fútbol, sin eso es imposible ganar, pero más mérito fue la motivación y la convicción. Las masas movieron la ilusión de un equipo. Y también “pasaron cosas”; es decir, entraron goles imposibles, hubo autogoles a favor y los rivales tuvieron noches de mala fortuna, entre otros inexplicables.

Han pasado 18 años. Sí, en el tiempo reciente la selección llegó a un Mundial, a la final de una Copa América y superamos brechas como ganarle a Ecuador de visita o a Colombia y Brasil partidos oficiales. Hoy, el equipo de Gareca le hace partido a cualquiera, casi siempre. Pero aún el fútbol peruano tiene una gran deuda futbolística. Desde la creación de los torneos continentales, en realidad.

Ningún equipo peruano hace una jornada digna en las copas de la Conmebol.  

Ya está. Punto. Ninguno. En el ranking histórico de clubes de la Conmebol, el primer equipo peruano, Cristal, es el puesto 35. Es decir, 34 clubes han competido mejor a nivel sudamericano. El único país que no tiene equipos en el ranking delante de Perú es Venezuela. Luego de Cristal va Universitario en el 46, Alianza en el 57, y Melgar y Real Garcilaso en el grupo de los setentas. El resto, por encima del puesto cien.

Digo más. Desde el 2013, ningún equipo peruano pasa la fase de grupos de la Copa Libertadores. Ese año, lo hizo el Real Garcilaso, que llegó hasta Cuartos. En los últimos veinte años, solo seis equipos peruanos progresaron de la fase de grupos. En esas dos décadas, Cristal disputó catorce Libertadores (el más recurrente), pero solo una vez, en el 2004, logró avanzar la fase de grupos. 

La Copa Sudamericana no ha ido mejor. En la última década, solo un equipo llegó a Octavos de Final (Huancayo en el 2020) y otro a Cuartos (Vallejo en el 2014). La inmensa mayoría de participaciones quedan en primera o segunda fase de competición. Demasiado lejos se ve aquel campeonato de Cienciano. De hecho, desde la creación del torneo, solo dos equipos lograron meterse entre los mejores ocho, y nunca Perú volvió a poner equipos en las semifinales. 

Más dolor. Todos los equipos peruanos que han competido en Libertadores tienen diferencia de gol negativa, algunos abrumadora. Alianza tiene -134 goles y Cristal -79. El Deportivo Binacional, que solo ha jugado el torneo una vez, tiene -22 goles. Sport Huancayo, el equipo peruano que más veces ha jugado la Sudamericana, registra -27 goles en dicho torneo. Todos los clubes peruanos han perdido partido a partido, de lejos, mucho más de lo poco que han ganado.

Los números son fríos y desoladores. No es una sorpresa para nadie que vayan equipos peruanos de visita y regresen con cinco, seis o hasta siete goles en contra. Ahí es donde el ritmo de competencia local queda en evidencia. Y donde el chocolate peruano y el tiqui taca no importan nada frente a la mejor forma física de brasileños, argentinos, colombianos, ecuatorianos, chilenos o quien se ponga.

El rival en Sudamérica gana al peruano por velocidad, mentalidad y calidad. Pero había algo que siempre parecía jugarnos en contra: los mejores equipos peruanos iban a la Libertadores a probar suerte contra los mejores del continente, y equipos de menor nivel a la Sudamericana a enfrentar a equipos más accesibles, al menos en el papel. Entonces se pensaba que sería diferente si tan solo Cristal, por ejemplo, tuviera una chance de colarse en la Sudamericana.

Pues, tampoco. En el 2019, Melgar llegó a la Sudamericana desde la Libertadores y quedó eliminado en segunda fase por el Católica de Ecuador (un equipo de media tabla) goleado 6-0 de visita. Solo como información adicional, en esa misma edición del torneo, Municipal fue goleado 5-0 por Colón y UTC también fue fácilmente vencido por el Cerro uruguayo. Sin asco. 

La esperanza era Cristal, el mismo año. El equipo rimense jugó la Sudamericana al entrar directamente a Octavos de Final por haber quedado tercero en su grupo en la Libertadores. La realidad no pudo sonreír mejor a los rimenses, pues les tocó el desconocido Zulia de Venezuela. Un equipo fundado el 2005 y que apenas tenía diez años compitiendo en la primera división de un país en crisis política y social donde el béisbol es el deporte nacional. 

¿Qué pasó? Pues, más de lo mismo. Cristal quedó afuera por el gol de visitante. Perdió 1-0 de visita y ganó 3-2 en el Nacional. No pudo hacer más. Prácticamente nunca un equipo peruano puede dar ese paso adicional de firmeza para terminar venciendo a nivel internacional. Esa es la típica de Cristal, compite pero no cierra los partidos. Queda a un gol, a veinte minutos de mantener el ritmo. A un paso de dar el golpe. Y en el 2019, ni aunque tuvieran en frente al Zulia de Venezuela. Ni así.

Entonces, queda claro por qué si Cristal logra pasar de llave ante el Arsenal de Sarandí estaría haciendo historia. Dicho en números fríos, sería apenas el quinto equipo peruano en los últimos veinticinco años que llegara a Cuartos de Final de un torneo continental. Y en esos años, los equipos peruanos lo han intentando 139 veces. Es decir, se tuvo éxito solo el 3% de los intentos. 

Ya, no importa cómo se logre. Cristal es casi un equipo invencible en el torneo local, donde hace años no le gana nadie en Perú cuando tiene todos los titulares en la cancha y está en ritmo de competencia. Los dirigidos por Mosquera tienen una chance inigualable -y una mochila muy pesada- de sumar cambios concretos en la lamentable experiencia peruana en la Conmebol. Un empate es suficiente.

Es hora de resucitar a un fútbol plagado de don nadies. ¿Será hoy, Carlos Lugo?

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Arsenal de Sarandí, Carlos Lugo, Sporting Cristal

Estamos viviendo un momento histórico, el 28 de julio juramentará como presidente Pedro Castillo Terrones; un líder del Perú profundo, un profesor de escuela, hombre andino y rural. Que esta sea la figura del Bicentenario, tras un proceso plagado de racismo, clasismo y actitudes antidemocráticas, es simbólico y significativo, representa una gran oportunidad a la vez que implica una gran responsabilidad.

Al presidente electo no le vienen tiempos fáciles, eso lo sabemos todos/as; sus opositores/as no dudarán en ponerle cientos de obstáculos en el día a día, lo cual no sólo es mezquino, sino que abonará a la crisis que ya vive el país a nivel económico, político, sanitario y social. Por ello, Pedro Castillo, debe tener claridad que su tarea es promover cambios y sacar adelante al país en democracia, haciéndole frente al enojo de sectores autoritarios que han visto amenazados sus intereses y cuya rabia, plagada de violencia racial, ya no se oculta.

En este contexto, debe concentrarse en tejer alianzas con sectores democráticos, dialogar con los movimientos sociales y no dejar ni un atisbo de duda sobre su honestidad y buenas intenciones separándose de figuras vinculadas a hechos de corrupción, de esta forma podrá dar mayor sostenibilidad a su mandato.

Parte de la agenda urgente que debe atender y que es constantemente recordada por el movimiento feminista y de mujeres es la lucha contra la discriminación y la violencia de género.  Una democracia real se construye promoviendo los derechos humanos y los derechos de las mujeres y de la población LGBTIQ+ son derechos humanos.

Es fundamental que, en el corto periodo de transición, que ya se ha iniciado, tome especial interés en conocer no sólo la problemática sino además los avances que tiene el Estado para promover la igualdad de género y una vida libre de violencia.

Son muchas las acciones pendientes, pero, para empezar y durante sus primeros días puede: garantizar la continuidad del Ministerio de la Mujer, fortaleciendo su rectoría en materia de igualdad de género; comprometerse con la mejora de los servicios de atención a la violencia de género para que las víctimas y sus familiares del área urbana, rural y amazónica encuentren una adecuada respuesta del Estado; pero, además,  debe promover la implementación de los lineamientos estratégicos para la prevención de la violencia de género, como medida para avanzar hacia un cambio sociocultural a largo plazo.

De otro lado, debe promover la paridad en el Estado, empezando por designar un gabinete paritario, con profesionales comprometidos con la democracia, los derechos humanos y la igualdad.

Muchas feministas y defensoras de los derechos de las mujeres le dieron un voto crítico y vigilante, por lo que estaremos atentas para no permitir retrocesos, convencidas que una democracia real debe tener como uno de sus pilares la igualdad.

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igualdad de género, Pedro Castillo

Que voceros del gobierno entrante declaren que se van a dedicar primero a hacer una auditoría del proceso de compra de vacunas, es una pésima señal del ánimo con el que entran a Palacio y que ojalá no sea extensivo a otros predios del quehacer gubernativo.

Quizás lo que mejor ha hecho el gobierno de Sagasti haya sido el proceso de compras de vacunas y la ejecución del plan de vacunación. Y que sin siquiera esperar a que los comités de transferencia sectoriales les informen a los encargados de Perú Libre cómo se ha hecho y se ha planificado el proceso, ya salgan a declarar en plan vindicativo, es un mal augurio del tipo de gestión que se avecina.

Ha tenido tiempo el presidente electo, Pedro Castillo, mientras demoraba su proclamación por las argucias de Fuerza Popular y allegados, para zanjar varios temas. Primero, qué va a hacer con Vladimir Cerrón y el partido que lo cobijó para llegar a Palacio (y que ya se ha visto cómo espera con angurria los cargos públicos). Segundo, qué línea económica va a seguir, si la moderada que prefiguran nombres como los de Pedro Francke o Alonso Segura, o si se ceñirá al mandato original radical del ideario de Perú Libre. Tercero, qué piensa hacer con la Constitución: ¿cambiarla radicalmente con una Constituyente? Si es así, ¿bajo qué modalidad lo piensa hacer (referéndum, reforma del 206, cuestión de confianza, etc.)? Cuarto, quiénes conformarán su gabinete ministerial y el consecuente despeje de dudas de cuán amplia y plural será su convocatoria.

No deben pasar muchos días u horas para que Castillo efectúe anuncios claros respecto de los temas señalados. Arranca con el marcador en contra. Lamentablemente, se han asentado en un sector importante de la población las dudas sobre la legitimidad de su mandato, tiene una derecha en pie de guerra movilizada en su contra y no tiene mayoría congresal propicia.

Lo peor que podría pasar es que Castillo pierda valioso tiempo en supuestamente ajustar cuentas con el gobierno saliente y no dedicarse prontamente a gobernar efectivamente, con toma de decisiones rápidas, anuncios puntuales y despliegue de acciones inmediatas.

Algo extraordinario tendría que ocurrir para que un gobierno como el de Castillo sea bueno. Los astros están alineados en su contra y lo más probable es que la suya sea, en el mejor de los casos, una gestión muy mediocre. Veremos en sus primeros pasos si se cumplen nuestros pronósticos u -ojalá- nos desmiente y sorprende.

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Pedro Castillo, Perú Libre

Al igual que para la mayoría, ninguno de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta era de mi agrado. Ninguno era liberal ni en lo social, ni en lo político, ni en lo económico. Ambos, un peligro para la democracia. Sin embargo, a medida que fue desarrollándose la campaña, la propuesta de Perú Libre logró lo increíble: convencerme de ser más peligrosa que el Keikismo, que tanto daño nos ha hecho en los últimos 5 años. Su propuesta económica, que parecía una mezcla de todas las recetas que han empobrecido tanto al Perú en el pasado como a otros países en el presente, me hizo llegar a la conclusión de que Fuerza Popular era el mal menor.

Debe ser humano que cuando uno pierde una contienda, quiere ver al otro hundirse. Sostuve varias discusiones durante la campaña electoral con personas que consideraban a Keiko el mal mayor. En ese momento, expuse mis argumentos contrarios e incluso intenté convencerlos. Por supuesto que ahora, proclamado Pedro Castillo, pasa por mi cabeza un “¡Cuando nos hundamos, vas a ver!”. Supongo que a todos nos provoca tener razón y decir “Te lo dije”. Pero ya pasó más de un mes desde las elecciones, y tuvimos suficiente tiempo para enfriar nuestras cabezas y darnos cuenta de que, en esta oportunidad, si se hunde el barco nos hundimos todos.

Nunca sabremos quién tuvo razón, pero eso ya es irrelevante, porque uno de los dos ganó las elecciones, así sea por un pelo. ¿Me gustan los resultados? No. ¿Acepto los resultados? Sí.

Hoy, ya no quiero tener razón. Quiero, por el contrario, estar lo más equivocada posible. Entre más equivocada haya estado sobre Pedro Castillo, mejor le irá al Perú. Espero de corazón que todas las personas con las cuales debatí durante la segunda vuelta puedan venir, reírse de mí y decirme: “¿Ves? ¡Te dije!”. Y me tocará comerme el orgullo, con una sonrisa secreta.

Claro que no basta simplemente con desear estar equivocado. Todos debemos ser conscientes que lo que nos toca desde el próximo miércoles es estar vigilantes. Pero es diferente vigilar deseando que al próximo gobierno le vaya mal, que dándole el beneficio de la duda que merece cualquier gobernante nuevo. Finalmente, a todos, sin excepción, independientemente de por quién hayamos votado o en qué parte del espectro ideológico nos ubiquemos, nos convendría que Pedro Castillo haga un buen gobierno.

*Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y pueden no coincidir con las de las organizaciones a las cuales pertenece.

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Keiko Fujimori, Pedro Castillo, Perú Libre

Según un estudio de Ipsos realizado en el 2020, hoy hay 13.2 millones de peruanos en las redes sociales, los cuales pertenecen principalmente a Facebook (94%), Instagram (60%) y Twitter (29%).

Más allá de la reciente campaña electoral, el telenovelesco acontecer nacional saturó -y continúa saturando- las redes sociales de contenido político como nunca se había visto. La cantidad de información, polarización y noticias falsas, generaron un panorama confuso para los millones de jóvenes que hoy se informan a través de este medio.

Esto nos lleva a preguntarnos, en un contexto en el que la credibilidad por las instituciones y los expertos “tradicionales” es cada vez menor, ¿quiénes son aquellos líderes de opinión que son capaces de influir en el comportamiento y las decisiones de estas conectadas generaciones? ¿A quiénes escuchan y siguen realmente? A los influencers.

¿Qué es un influencer?

Según la RAE, un influencer es una persona con capacidad para influir sobre otras, principalmente a través de las redes sociales. Desde celebridades, hasta bloggers y creadores de contenido, pasando por expertos de un sector o tema específico, los influencers son las personas, las marcas y las personalidades en línea en las que la que esta generación confía.

Según un informe de la empresa Influency, Perú ya cuenta con 104,368 de influencers. Solo en Instagram, 53 cuentas ya llegan a más de 1 millón de seguidores (Statista, mayo 2020).

En los últimos meses, el rol y participación de los influencers frente al escenario de crisis política ha sido muy cuestionado. Nos encontramos frente a algunos que decidieron dar su opinión y terminaron siendo atacados por quienes no compartían su punto de vista. También influencers que, sin saber, compartieron información falsa y terminaron pidiendo disculpas. Probablemente no se animen a hablar del tema de nuevo. Y están aquellos que prefirieron no decir nada. Los que creen que de fútbol, religión o política no se habla ni en la mesa ni en su cuenta. También están los que tenían miedo de perder seguidores o las marcas que los auspician. No faltó el que trató de ser objetivo e imparcial y fue tildado de “tibio”.

Los influencers se han convertido en autoridades en su ámbito, expertos en su materia. La gente los escucha. Entonces, si bien para dar su opinión política no tienen que ser expertos en esa materia, es importante que reconozcan e interioricen el rol que tienen en influenciar a otros y, por tanto, la responsabilidad que tienen de dar una opinión informada.

Todos, incluidos los influencers, somos ciudadanos y debemos ejercer este rol. No podemos ser ajenos a la política (ya sabemos lo que cuesta). Si no sabemos de ella, aprendamos. Si no tenemos las herramientas para hablar de ella, busquemos fuentes confiables para compartir e informar al resto. Hablar de política no se trata solo de compartir tu posición, se trata de ayudar a los demás a construir la propia a través de información confiable.

A los influencers: canalicen de manera positiva la increíble capacidad que tienen de conectar y relacionarse con su comunidad. Esto no quiere decir que todos deban sentirse cómodos hablando de política o estén preparados para hacerlo. Y quien no lo haga no debería ser juzgado, criticado ni cancelado. Estamos en un momento de transición y las maneras en las que nos informamos están migrando. Que esta experiencia sea un aprendizaje de cómo abordar con sus seguidores temas sensibles como la política.

¿Quién hizo bien? ¿Quién se equivocó? ¿El influencer que habló o el que se quedó callado? Yo no tengo la respuesta. Lo que no podemos negar es que la era de los influencers apolíticos ha muerto. La política es y siempre será parte de nuestra vida como ciudadanos. Dependerá de cada uno si la incluye o no de su contenido. Y ustedes que opinan, ¿va o no va?

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Influencer, Influency, Redes sociales

¿Llegó para quedarse el discurso radical de derecha, ultraconservadora, clasista y racista, cuasi fascista que en algunos casos se ha disfrazado de liberal muchos años y hoy se ha sacado la careta desembozadamente (logrando criar algunos retoños contemporáneos con el mismo discurso)?

Hay quienes sostienen que estos son buenos tiempos para su desarrollo. No solo por la crisis económica -que suele ser caldo de cultivo para su desarrollo- sino también por el desorden social y la urgencia concomitante de valores (Dios, patria, familia, etc.), la oposición al comunismo (encarnado en Pedro Castillo) y el rechazo a lo extranjero (dada la migración venezolana).

Por supuesto, no hay que perderla de vista, porque su crecimiento sería una abierta amenaza a la democracia liberal y supondría un retroceso en los reales avances republicanos que hemos logrado las últimas décadas.

Pero hay que acotar mucho la amenaza de su expansión. Primero, lejos de avenir una crisis económica, si Castillo no comete exabruptos radicales -entre ellos la Asamblea Constituyente-, todo prefigura un venidero periodo de bonanza, producto en gran medida de circunstancias externas; el desorden social genera conservadurismo, pero hay que recordar que las principales víctimas de ello no son las élites de la DBA sino los sectores populares que le suman a ello otras urgencias mayores; la oposición al comunismo ha funcionado hasta ahora (hemos visto a personajes como Mario Vargas Llosa, Alfredo Barnechea, Lourdes Flores o Víctor Andrés García Belaunde, de reconocida solera democrática, coqueteando abiertamente con el golpismo), pero si, como todo lo hace indicar, Castillo se modera, este miedo se tornará cada vez más histérico, minoritario y desfasado; finalmente, difícilmente la aversión al migrante venezolano cuaje en una opción política, dado el carácter nacional de ser un país de migrantes de todas las etnias y procederes, y hay que considerar además el carácter étnico minoritario de las élites.

En el nudo de la tormenta de todas las crisis, como la que pasamos en plena primera vuelta, un grupo ultraconservador como el de López Aliaga apenas obtuvo 9.55% de los votos y la mejor manera de darse cuenta de que no era un voto ideológico de ultraderecha sino una reacción expectante a un candidato disruptivo, fue que en la segunda vuelta, casi un 20% de los votantes de López Aliaga lo hicieron por Castilllo, supuestamente ubicado en las antípodas ideológicas y políticas.

La ultraderecha es bullanguera, tiene respaldo de grupos económicos, tiene medios de comunicación alineados, pero carece de base sociológica para prosperar. Es muy difícil que la DBA, a rostro descubierto, logre dejar de ser una expresión antidemocrática minoritaria.

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DBA, Pedro Castillo

Continuando esta breve serie sobre el Perú ad portas de cumplir 200 años, desarrollamos ahora en qué condiciones vivimos los peruanos. Descubriremos los datos más relevantes de los avances en las condiciones de vida de los peruanos, pero también de las grandes desigualdades que aún nos caracterizan.

En el Perú existen cerca de 9 millones de hogares. Para el INEI, hogar es “el conjunto de personas, sean o no parientes, que ocupan en su totalidad o en parte una vivienda, comparten las comidas principales y atienden en común otras necesidades vitales básicas.” Es decir, aquellas personas -familia o no- con las que compartimos vivienda y  la comida y cubrimos en conjunto las necesidades básicas. Los más de 30 millones que somos nos reunimos en 9 millones de hogares. Cada hogar tiene entre 3 y 4 personas.

También tenemos un número similar de viviendas ocupadas. Anualmente el número de viviendas crece 3% aproximadamente. Llama la atención eso sí que la tasa anual de viviendas para alquilar o vender crece al ritmo de 10% anual. Sin embargo, el crecimiento de viviendas en cada departamento es dispar. En Madre de Dios, Tacna, Ica, Tumbes, Ucayali y Moquegua las viviendas crecen anualmente a niveles significativamente superiores al promedio nacional. Se va construyendo cada vez más oferta habitacional.

Aun así, son 5 departamentos los que concentran más de la mitad de las viviendas del Perú: Lima (nada menos que el 30%), Arequipa, Piura, La Libertad y Cajamarca tienen el 53% del total de viviendas que existen en el país. Oportunidades para el desarrollo de viviendas hay muchas como vemos.

El ratio hogar / viviendas da cerca de uno, por lo tanto, en general podemos afirmar que cada hogar comparte una vivienda. Cerca del 90% de viviendas en el Perú es casa independiente y apenas el 10% es departamento en edificio. Pero además somos un país de propietarios. El 75% de viviendas es casa propia y el 16% alquilada. Aunque solo la mitad de las viviendas particulares propias tienen hoy título de propiedad

Con respecto a la construcción de las viviendas, se tiene que el 56% de las paredes de las viviendas del Perú son de ladrillo o cemento. Esto era apenas el 35% en 1993, para que se comprenda como ha ido la mejora de la calidad de la vivienda en el país. Además, el 23% tiene paredes de adobe (43% en 1993) y el 9% de madera.

Pero este no es tampoco un dato uniforme. En Lima el 86% de sus viviendas presenta material noble en sus paredes exteriores y en Arequipa el 82%. Pero en Huancavelica apenas el 13%, en Amazonas el 17%, en Apurímac el 21% y Cajamarca el 22%. Una muestra más de la desigualdad que encontramos en el país. Aún más, el 58% de los 1874 distritos del país solo tienen hasta 10% de sus viviendas con esta condición. Más de la mitad.

Si analizamos el dato por material predominante en los pisos de las viviendas, encontramos que el 42% de éstas es de cemento, pero el 32% solo tierra. El 23% lo tienen de parquet o madera pulida o loseta, entre otros. Este es un indicador que ha avanzado también en los últimos años. El cemento predominaba apenas en el 32% en 1993, pero la tierra representaba el 50% de viviendas en ese año. En ratios departamentales, Madre de Dios, Arequipa, Ica, Lima y Tumbes son aquellos que superan largamente el promedio nacional. Pero Huancavelica (18%), Apurímac (24%), Cusco (26%) y Cajamarca (27% son los que están aún muy lejos de dicho promedio.  Otra vez la desigualdad.

Desigualdad que entendemos mejor si consideramos los departamentos que  tienen en mayor proporción que otros pisos de tierra en las viviendas: en Huancavelica, 8 de cada 10 viviendas lo tienen; en Apurímac 7 de cada 10; y en Cajamarca, Puno, Ayacucho y Amazonas, 6 de cada 10 viviendas tienen piso de tierra. Pero qué distinta es la situación cuando la vemos por piso de parquet o madera o loseta: Lima, Callao y Arequipa son los departamentos que tienen estos pisos en mayor proporción que los demás departamentos del país.

El 80% del total de viviendas, más de seis millones, cuentan ya con acceso al agua por la red de pública domiciliaria. Este porcentaje ha duplicado el porcentaje que se tenía reportado en el Censo del 2007. No deja de preocupar el 7% de viviendas que aún obtiene agua de pozos subterráneos o el 5% que la encuentra en un pilón de uso público y otro tanto que se abastece directamente en ríos, acequias o manantiales. Lo que es terrible es el 4% de viviendas que hoy compran agua a nivel nacional. Ahora bien, si hemos avanzado en el alcance de la disponibilidad de agua en las viviendas, no deja de ser preocupante que haya un 12% de quienes reciben agua por red pública que no la recibe los siete días de la semana y el 36% que no la recibe las 24 horas del día.

Asimismo, hay 35% de viviendas que no tienen servicio de cobertura de alcantarillado por red pública dentro de la vivienda. Por el contrario, el 21% de la viviendas del Perú dispone de pozo séptico o pozo ciego o pozo negro. Un problema que urge solución por las repercusiones sanitarias que tienen.

Viendo la situación de las viviendas y los hogares en el país, queda claro que se repiten los nombres de las regiones menos favorecidas en el país, las que deberían haber crecido en sus indicadores y no ocurre. También notamos un mejor desarrollo del alcance a mejores servicios y materiales, pero aún es insuficiente. En la siguiente entrega, culminaremos este breve repaso de qué Perú recibimos en el Bicentenario.

Nota: toda la información es del INEI y se encuentra en su portal institucional: www.inei.gob.pe

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Bicentenario, Perú

En esa época remota de finales de los 70s, tuve la suerte de conocer a una generación de profesores de Historia del Perú en la Universidad Católica del Perú. Todos ellos habían sido discípulos, alumnos, del gran historiador y maestro Don Jorge Basadre. En ese rincón que me parecía el más apartado del Fundo Pando, en las aulas del pabellón de Letras bañadas de la luz siempre gris de la costa limeña, José Antonio del Busto, Amalia Castelli, Cecilia Bákula y Margarita Guerra, nos introdujeron a un modo inédito de reflexionar sobre la Historia del Perú.

Las fechas, los personajes, las geografías, los hitos históricos eran reconocibles ante la visión de mi educación raquítica y mediocre recibida en un colegio nacional limeño. Empero, lo nuevo e importante eran la reflexión sobre las fuentes, la autoría —o, quién había compilado los textos—, la motivación de quien había recogido los relatos. Se trataba de un texto de Huamán Poma o un texto del Inca Garcilaso, era el texto de un visitador colonial o se trataba de información recabada de los asientos de fichas eclesiásticas de alguna parroquia andina. En esas pocas horas por semana, y en un par de semestres, estudiar la Historia del Perú se convertía en una introducción a lo que Foucault llamaba la Arqueología del saber.

Leyendo esos textos, discutiendo esas fuentes, reflexionando sobre el lenguaje que describía ese pasado andino, aprendí, guiado por la mano férrea y disciplinada de esos profesores, que los grandes hechos históricos no cuentan la verdad si no son analizados y comprendidos en su contexto económico, social, si no son cotejados, enfrentados a otros textos, a otras versiones de los mismos.

Un aparato bibliográfico para estudiar esa Historia del Perú no existía entonces, y —a pesar de los esfuerzos casi heroicos de esos hombres y mujeres— no tenemos aún una Historia del Perú digna de ese nombre. No existe un archivo nacional, no disponemos de un equipo de Historiadores que investigue, reflexione y que incite a los peruanos a pensar críticamente sobre nuestro pasado. Más trágico aún es que, en el contexto de nuestro inminente Bicentenario de la Declaración de la Independencia, esta deficiencia sistémica de nuestra educación y cultura nacional no sea considerada como digna de mención.

El Bicentenario

¿Qué celebraremos el 28 de Julio?  Sabemos que, observada desde su materialidad histórica, la Declaración de la Independencia parece ser no más que eso: una declaración, un ejercicio retorico, apasionada y elocuente, y a juzgar por lo que sucedió después, ingenua.

Jorge Basadre, en el primer tomo de su Historia de la Republica del Perú (1983), analiza el texto de la Proclama y atribuye al ataque de la frase “El Perú es, desde este momento, libre e independiente” un poder creador y fundacional, que marcaría el principio de una realidad histórica. Las palabras del insigne Don José de San Martín serían así una suerte de enunciado demiúrgico: una promesa de realidad futura, de una nación posible más que existente.

Pero esa misma Proclama, al mismo tiempo y en la misma frase, también excluía a los miles de esclavos negros y a los pobladores autóctonos, nacidos antes de ese histórico sábado 28 de Julio, y que constituían el capital humano de ese proyecto de Nación que se venía proyectando desde más de un año. Es más, por qué no celebramos las Declaraciones de Independencia de Trujillo, asentada el 29 de diciembre de 1820 o la de Piura, oficializada el 4 de enero de 1821, o la de Cajamarca, declarada el 4 de junio, otras ciudades norteñas que se proclamaron independientes meses antes por virtud de los llamados Cabildos Abiertos. Tal y como lo refiere José Agustín de la Puente Candamo en el Tomo VI de la Historia General del Perú (1993).

No he encontrado señas de investigaciones históricas que arrojen luz sobre los “secuestros” —como se denominaban las expropiaciones materiales a las autoridades coloniales y españoles peninsulares— y su generalización en los territorios del Virreinato. Tampoco tenemos detalles como esos nuevos grupos de “criollos” se hicieron propietarios de hecho o se declararon potenciales beneficiarios de una repartija de dimensiones colosales: si se considera que se trataba de un reordenamiento de propiedades inmensas y riquezas amasadas por el sistema colonial durante los 300 años de despojo a las poblaciones del Tahuantinsuyo.

Hay que señalar también que detrás del fausto de la celebración de la declaración se cierne a lo largo del territorio virreinal una realidad de “enfermedades, falta de alimentos y desordenes inminentes” debido al declive político y aislamiento del poder español de los centros de poder económico local. Las mismas familias coloniales, ese poder factico criollo, que había resistido al pedido de “cabalgaduras, reses, hombres y dinero” que el virrey les había hecho, van ahora solicitas a ofrecer esos dones al ejercito libertador. Tal como lo expresa una copla de la época.

“Venid, jefes inmortales,
Venid, San Martín triunfante.
Venid Cochrane arrogante.
Venid invicto Arenales,
A disipar tantos males
Venid o Libertadores
Que todos los moradores
De América agradecidos,
A vuestros triunfos debidos
Consagran dignos honores».

Cuando San Martín entra a Lima, invitado por el cabildo, el acto legal de adjudicación de poderes (en realidad un “golpe de estado” en toda regla efectuado por “personas de conocida probidad, luces y patriotismo”) había tenido ya lugar el Domingo 15 de Julio. En sesión presidida por el alcalde Isidro Cortázar y Abarca, conde de San Isidro, un noble español al cual el mismo Virrey la Serna le había confiado, por así decirlo, las llaves de la ciudad.

Gracias a Alberto Tauro del Pino y a su infaltable Enciclopedia Ilustrada del Perú (1987) se puede conocer detalles biográficos de la mayoría de los firmantes de lo que se podría considerar la partida de Nacimiento de nuestra República. Sin bien hay muchos “Criollos”, hijos de españoles nacidos en el Perú, abundan los españoles peninsulares, oficiales en funciones del virreinato.

No debe sorprendernos pues que después de los grandes fastos del 28 de Julio, todo siguiera igual pues los protagonistas en el tablado del poder seguían siendo los mismos.

Es importante reflexionar sobre ese momento fundacional de nuestra existencia como país, como estado, como nación. Pero hagámoslo con consciencia critica, sin complacencias. No olvidemos que quien “no conoce su historia, se condena a repetirla”.

Ginebra, 18 de julio de 2021

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Historia del Perú
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