Opinión

En primer lugar, las personas, empresas y gobiernos toman decisiones, sean buenas o malas, acertadas o no, pero no hay duda de que deciden. Lo hacen porque tienen algún objetivo, sea este personal, grupal o de cualquier índole y al hacerlo, comparan los beneficios y los costos de cada decisión. Por ejemplo, si alguien quiere pasarse un semáforo en rojo, compara los beneficios (avanzo más rápido) con los costos (es poco probable que me ampayen o si lo hacen, lo arreglo).

En segundo lugar, todo lo anterior ocurre porque una característica central de la economía es el reconocimiento de que los recursos son escasos. No podemos hacer todo al mismo tiempo. Si tenemos una determinada cantidad de dinero, usarla en una alternativa significa dejar de hacerlo en otra. Si el gobierno decide gastar más en digamos, salud, tendrá que sacrificar dinero que iba a ser usado en seguridad ciudadana, y así sucesivamente. Lo mismo ocurre con cualquiera de nosotros.

 

En tercer lugar y como consecuencia, a lo largo de nuestras vidas, sea desde el punto de vista familiar o laboral, lo cierto es que enfrentamos disyuntivas y tenemos que escoger por alguna de ellas y en esto no hay discusión. Podemos discrepar en por qué elegir una opción sobre otra, pero no en el hecho de que tenemos que escoger.

 

En cuarto lugar, el dinero no crece en los árboles. Los gastos se financian con ingresos; lo mismo es válido para una familia, una empresa o un gobierno. Supongamos que está pensando en que el gobierno debe aumentar los sueldos de todos los funcionarios públicos. Suena bien para todos aquellos que trabajan en el Estado.  Pero, ¿de dónde saldrá el dinero? Es muy fácil decir que hay que gastar sin que se explique de dónde sale el dinero. Cualquier propuesta que no cuente con esa información es un deseo, pero no una propuesta seria. ¿A quién le están quitando el dinero para aumentar los sueldos? Si el dinero sale de deuda, entonces tengamos claro que mañana pagaremos más por concepto de impuestos para poder financiar ese gasto de hoy. El populismo, en economía, significa no entender que la economía tiene límites. No es posible gastar por encima de los ingresos de manera indefinida. No entiendo la razón por la cual muchos piensan que el dinero es infinito.

 

En quinto lugar, el costo de oportunidad es el costo de la mejor alternativa dejada de lado y está presente en toda decisión. Veamos un ejemplo. Si el gobierno decide gastar, por ejemplo, en aumentar los recursos para la seguridad ciudadana,  entonces se tendrá que reducir el gasto en otros rubros, por ejemplo, vacunas o educación.

 

En sexto lugar, las decisiones deben tomarse sobre la base de evidencia empírica. De lo contrario, son solo opiniones. Y todos podemos opinar lo que nos plazca en cualquier área. Siempre que escuchemos propuestas, debemos hacernos dos preguntas: ¿quién paga?, ¿cuáles son los efectos no visibles de cada decisión?

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Carlos Parodi, Economía, Economista

Estaba en un almuerzo campestre familiar hace algunos años. Era el momento esperado, la hora de la carrera de encostalados había llegado y todos los niños que iban a participar estaban felices y más que entusiasmados por participar y divertirse. “Pepito, ve a ganar la carrera para que todos en la familia estemos felices y orgullosos de ti…”. Esta frase, que aparentemente es bastante inocente y de lo más normal, se la escuche decir a uno de los padres a su hijo de 6 a 7 años.

Probablemente en este momento puedas estar pensando: “Pero es normal, no le veo nada de malo”. Incluso tú también podrías haber dicho o escuchado frases similares. Frases que no parecen tener mayor relevancia, trascendencia o importancia.  Nada más lejos de la verdad.

Zig Ziglar, uno de los más prominentes oradores sobre liderazgo, desarrollo y crecimiento personal decía: “Las palabras crean imágenes en nuestra mente”. Te lo explico así: Imagínate que te digo “bebe”, cuando tú escuchas esta palabra, no te imaginas la palabra, es decir no te imaginas una “B” una “E” otra “B” y otra “E”. Lo que te imaginas es la “foto” de la palabra, es decir te imaginas la palabra, te imaginas un bebe. Visto de otra manera, cuando escuchamos, estamos recibiendo información que la procesamos y convertimos en imágenes. Entonces, te pido por solo un instante, imaginarte las cosas que ese niño puede pensar o creer al escuchar a su padre decir: “Pepito, ve a ganar la carrera para que todos en la familia estemos felices y orgullosos de ti…”.

¿Qué se puede imaginar cuando le dicen que si gana su familia estará feliz? ¿Qué se puede imaginar cuando le dicen que si gana su familia estará orgullosa? Y aunque no se lo dicen literalmente, ¿qué puede imaginarse que pasará con su familia o que puede pensar de él o ella si pierde?  ¿Cómo se sentirá si es que no llega a ganar? Y aquí viene lo que podría ser una de las peores consecuencias de lo que el niño o niña pueden aprender o interpretar de lo que le dijeron. ¿Qué será capaz de hacer para ganar? ¿Qué estará dispuesto o dispuesta a hacer con tal de lograr su objetivo? Por otro lado ¿Qué carga emocional soporta ese niño cuando cree que la felicidad de toda su familia depende de él o ella?

Es muy probable que crezca con la idea de que su felicidad y la de los que ama o le importan está basada en ganar siempre, a toda costa, a cualquier precio y a como dé lugar, sin importar las consecuencias o los “daños colaterales” que pueda generar.  Y si todo esto puede suceder con tan solo una frase “inocente”, piensa por unos instantes a cuantas más frases similares puede estar este niño expuesto a lo largo de su vida.  Y te aseguro, que ninguna tenía esa intención.

De la misma manera, es importante que te des cuenta de que hoy por hoy, tú de adulto, experimentas un proceso similar con las frases que cotidiana y constantemente escuchas, pero sobre todo con las que te dices a ti mismo.  “Yo soy una persona impuntual”, “Yo soy una persona explosiva”, “Yo soy…”, “Yo soy…”, “Yo soy…”. ¿Cuántas de este tipo de frases, con connotación negativa, te dices al día?, ¿Cuántas veces tú mismo estas creando una imagen de ti que no te sirve o no te funciona? Lo que más debes tener presente es que quizás muchas de estas frases, las aprendiste mientras ibas creciendo y no necesariamente tiene o debe ser así.

Lo más importante, a tomar en cuenta, es tu lenguaje. No es lo mismo decir que “tú eres – yo soy”, que decir “me comporto” o “actúo” de tal o cual manera.  La sutil pero gran diferencia es que, si “lo eres”, no hay posibilidad de cambio, porque “lo eres” – pasado – presente – futuro – no hay posibilidades. Pero si es solo un comportamiento, este lo puedes modificar y conscientemente decidir actuar de la manera que se requiera, para obtener el resultado que realmente funcione para ti.

¿Qué tipo de frases puedes decirte cuando no obtienes los resultados que deseas, de tal manera que estas creen una imagen de ti que se alinee con tus expectativas?  ¿Qué o cuales son las frases que te puedes decir constantemente que te apoyen a construir la imagen de la persona que decides ser?  Piensa por un instante lo que te puedes decir a ti mismo para crear una imagen de ti que funcione… para ti.

Recuerda: “No permitas que la opinión de otros sobre ti, sean quienes ellos sean, sea más importante que la tuya. Sobre todo, si esta opinión está en contra de lograr tus resultados, metas y sueños”.

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Coaching, El poder de la palabra

Como dice el refrán, “vox populi, vox Dei”: la voz del pueblo es la voz de Dios.

 

En estas semanas turbulentas hemos visto aflorar los más variados detritos contra diversos candidatos. No es algo raro. Son tiempos tensos, agravados por la peor crisis que atraviesa el país desde la guerra con Chile y los años de la violencia terrorista (tanto la de los grupos subversivos como la del estado). Nos estamos jugando, pues, en estas elecciones cinco años más de esa continuidad neoliberal que se ha impuesto desde hace décadas o la posibilidad de un cambio que atienda las necesidades urgentes de la mayoría, no solo en términos de la pandemia y sus más de 150 mil muertos debido a la precariedad de los servicios de salud abandonados por el estado, sino también de otros servicios como la educación, la alimentación, el agua, el desagüe, la electricidad, la conservación del medio ambiente. Es decir, todas aquellas necesidades básicas cuya atención llevaría a nuestro país asalir de su condición subdesarrollada.

 

La postergación de la mayoría no pudo ser paliada por el relativo crecimiento económico que disminuyó la pobreza durante el segundo gobierno de Alan García (2006-2011). Nuestra dependencia de los precios de las materias primas en el mercado internacional nos tiene sujetos a esas fluctuaciones que de la noche a la mañana vuelven a empujar a cientos de miles de peruanos a la pobreza de la que apenas empezaron a salir. En otras palabras, el mentado “chorreo” neoliberal no funciona si el país sigue siendo profundamente dependiente de los intereses extranjeros y del robo y la corrupción generalizados dentro del mismo estado.

 

Traigo estas reflexiones porque me preocupa que haya sectores que han expresado su rechazo visceral a algunas candidaturas, tildándolas de irracionales, terrucas, resentidas y otras joyas. Es decir, amenazando con desconocer los resultados de las elecciones si estos no favorecen a sus candidatos, especialmente los que representan la continuidad neoliberal.

 

Hago, pues, un llamado profundo a todos mis compatriotas a respetar los resultados de las elecciones. Ganen quienes ganen en esta primera vuelta, serán resultado de la opinión y el apoyo libres que la mayoría expresa. En esto consiste la democracia representativa. Pero también hay que considerar que ese voto mayoritario tiene la aspiración de que la democracia formal se transforme en una verdadera democracia participativa, en que los programas sociales y la organización desde el pueblo ayuden a alcanzar una vida digna para todos los peruanos.

 

¿De dónde saldría la plata para financiar los programas sociales? ¿No caeríamos en el viejo estatismo de probada falencia? Uno de los candidatos ya ha expresado claramente su estrategia para mantener mayores capitales dentro del país y financiar así el bienestar de la ciudadanía en su conjunto, no solo la de los más ricos. Que su plan sea viable o no a simple vista es otra cosa. Ese candidato (el profesor Pedro Castillo, a quien ya he expresado mi apoyo anteriormente) tendrá que demostrar su sentido de la realidad y su capacidad de concertación si resulta ser, como parece, uno de los finalistas en las jornadas de hoy. Tendrá que demostrar también que su arraigo en provincias y en los conos urbanos se exprese de manera constructiva, reivindicando la historia del campesinado y los demás sectores trabajadores sin llegar a un revanchismo antilimeño.

 

Sé que escribo esto en un medio periodístico bastante allegado al modelo neoliberal y al consuetudinario centralismoperuano. Por eso agradezco la amplitud de Sudaca.pe para reflejar opiniones desde distintas trayectorias étnicas y políticas. Lo más importante de todo es que respetemos, tirios y troyanos, los resultados del voto popular, que es la voz de Dios.

 

Es nuestra única esperanza de construir un país moderno y cada vez más justo.

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11 de abril, Candidatos, Elecciones 2021

Hoy perderemos las elecciones, o, de algún modo, las ganaremos. El punto es, en el fondo, el mismo. Este proceso electoral comenzó sin una clase política que sustentase las candidaturas presidenciales y a las pseudo organizaciones que las secundan. Bajo esa premisa ¿qué resultado podríamos esperar?

 

Es por eso que a los candidatos se les ha complicado tanto pasar el 10% en las encuestas. Antes teníamos caudillos que encandilaban a las multitudes y que simulaban llenar el enorme vacío institucional de una república de papel; hoy esos caudillos no están más. Y en el fango de la impresentable catadura moral de sus émulos, cada quien decidió mostrarse como es y con absoluto desenfado ¿podría entonces esperarse otra reacción ciudadana?

 

Sin embargo, dentro de este esquema hay quienes jugaron sus cartas con inteligencia. Los tres candidatos alrededor del fujimorismo fueron una magnífica estrategia electoral, juntos aglutinarán alrededor del 30% de las preferencias y es posible que al 40% de la representación congresal o un poco más, nada mal. La idea es llevar a Keiko Fujimori a segunda vuelta, pero no importa tanto si quien la alcanza es Jhonny Lescano de Acción Popular, independientemente de las intenciones del semi-carismático político puneño. Lo cierto es que su bancada será sinérgica a sus tres análogas fujimoristas y, de esta manera, obtendrán la mayoría congresal y, muy probablemente, la presidencia del Perú. Era cuestión de marketing político, no de tumbarse presidentes, aprendieron en el camino.

 

Del otro lado de la vereda, la izquierda se ha convertido en dos izquierdas; la convencional y limeña, a pesar de su candidata cusqueña, y la antisistémica, contestataria e invertebrada. La más genuina en el fondo, y no por izquierda, sino por expresar el visceral rechazo a todo lo que hemos visto los últimos cinco años, a congresistas y políticos defender y blindar la corrupción, y sin mascarilla, a pesar del Covid. Pedro Castillo es cuestión del azar, no la indignación tras él.

 

Al medio no sabemos qué pasará, de momento prefiero hablar de los extremos y sus significados. Parece que finalmente quienes tanto han buscado la “estabilidad de la corrupción” están a un paso de obtener el preciado botín estatal y esta vez sin disparar una bala, ni cegarle la vida a ningún joven al que le sobraban los principios. La alternativa es que, para la segunda vuelta, la indignación sea tal que supere en número a los que mañana saldrán gritando acalorados que “si gana Castillo me voy del país” y acabemos con él en Palacio el 28 de Julio, con una bancada importante con el apoyo de Juntos por el Perú, y eventualmente el de otras centristas, pero muy probablemente sin alcanzar la mayoría.

 

Y entonces de nuevo la danza del “corre que te vaco” pero con ribetes de guerra civil, o a lo mejor hoy voten menos del 50% y posterguemos todo para más adelante, e inclusive posterguemos el Bicentenario. Mejor el 9 de diciembre de 2024, 200 años de Ayacucho. Tal vez y entonces finalmente habremos parido una república o algo que mediamente se le parezca; o sencillamente, habremos aplazado para más tarde el mismo desenlace.

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11 de abril, Daniel Parodi, Elecciones 2021

Rubén Blades escribió esta canción en 1983 y la incluyó en Buscando América, su primer LP con Seis del Solar, el proyecto con el que se acercó a un público diferente, incorporando géneros poco comunes en el universo salsero (reggae, balada, latin pop) y haciendo inteligente uso de teclados, baterías y sonidos sintetizados afines al pop radial de los ochenta, pero sin abandonar su vocación por las maracas, las percusiones y el soneo inspirado, características básicas del género latino que nació como síntesis de la riqueza musical cubana, de cuyo nacimiento fue protagonista.

Decisiones es la canción más conocida y recordada de aquel disco, lanzado en 1984 por la multinacional Elektra (asociada a los sellos Atlantic Records y WEA Internacional, división latina de Warner Brothers Records), y viene a mi mente hoy, sábado de víspera a las elecciones, en que muchos votantes, a solas o en familia, están deshojando margaritas para ver qué símbolo marcar, qué número(s) escribir, qué insulto o garabato anónimo y obsceno usar para dar cuenta, inútilmente, de su rechazo, de su desconfianza, de su no resuelta indecisión.

Buscando América fue el primer álbum del cantautor panameño fuera del contexto de Fania, el sello de Johnny Pacheco y Jerry Massucci, casa que lo vio surgir como artista y de la cual salió azotando la puerta por mezquindades legales de todo tipo, después de casi una década de enriquecer su catálogo con clásicos de la salsa de todos los tiempos. Y Blades acometió el inicio de esta segunda etapa de su exitosa carrera con una decisión arriesgada: apartarse del sonido que elevó la salsa a niveles de sabiduría culta y popular, a través de la extraordinaria discografía que produjo junto a Willie Colón, entre 1977 y 1982, antes de que su amistad terminara y pasaran de compartir creativos estudios de grabación a frías salas judiciales.

Pero que no se malentienda lo que acabo de decir. Hay bastante salsa, y de la buena, en Buscando América: El Padre Antonio y su Monaguillo Andrés, la coda del tema-título, el potente arreglo de nuestro vals Todos vuelven. El sexteto que acompaña a Blades -que al poco tiempo se hizo llamar Son del Solar, con la incorporación de músicos como Arturo Ortiz (teclados), Robbie Ameen (batería), Reynaldo Jorge (trombón), entre otros – demuestra mucho oficio y frescura, resultado de una década y media tocando con los mejores soneros de la era dorada de la salsa dura. Sus principales arreglistas -Óscar Hernández (piano, teclados), Mark Viñas (bajo) y Ricardo Marrero (vibráfono, teclados)- interpretaron con excelencia las ideas musicales de Blades, con secciones instrumentales de alta calidad que le permitió mantenerse al frente de la vanguardia salsera. El grupo lo completaban Ralph Irizarry (timbales), Louie Rivera (bongós) y Eddie Montalvo (congas), todos ellos experimentados músicos de la escena portorriqueña.

Decisiones se inscribe en el habitual vocabulario sonoro y rítmico del músico. La canción presenta tres mini historias, unidas por un común denominador: las consecuencias, generalmente funestas, de ciertas decisiones que deben ser asumidas con resignación por la persona que las toma. El músico y abogado con título de Harvard –“una calibre 45 que uno pone sobre la mesa”, decía él de su grado académico de alto perfil- hace pedagogía social de poderosa vigencia en esta descarga salsera de cinco minutos.

Así, la pareja joven que decidió tener relaciones sin protegerse no sabe qué hacer ante el embarazo -ella no ha decidido qué hacer, él preferiría el aborto-; el vecino que decidió hacer una indecente propuesta a su vecina casada recibe su merecido a palazo limpio; y el conductor pasado de copas se estrella y muere tras decidir pasarse la luz roja, convencido de que no le iba a pasar nada. Vea aquí la versión en vivo que hiciera en el 2009, en Puerto Rico, con Son del Solar.

Decisiones hace recordar, en términos de su estructura, a aquel manifiesto anti-materialista y de integración latinoamericana que Blades publicara seis años antes, en 1978, en el álbum Siembra. Me refiero, por supuesto, a Plástico que, por cierto, comparte diversos elementos con la canción que nos ocupa. Ambas abren su respectivo disco, sus letras están organizadas como un collage de historias cortas amarradas por un tema común y las dos arrancan con una introducción que hace referencia, como una sutil burla, a géneros musicales de los EE.UU., «el tiburón». Mientras que el inicio de Plástico es con un contagioso riff de música disco para luego agarrar ritmo salsero; Decisiones comienza con un satírico arreglo vocal de doo-wop, con piano y batería de fondo. A los pocos segundos aparece la voz de Blades: «La ex señorita no ha decidido qué hacer…»

Esta tríada de cuentos cortos -cortísimos, una estrofa cada uno- es narrada, además, en clave de humor. Blades siempre se ha caracterizado por escribir canciones con mensajes profundos sobre temas de intensa carga social, expresados en lenguaje sencillo pero emotivo, apoyado en su forma de cantar, de manera directa y sin disfuerzos, desde el corazón, desde la esquina. Pero, de vez en cuando, don Rubén -hoy de 72 años- también encontraba en la agudeza humorística un camino para sus crónicas urbanas que nos invitan siempre a alguna reflexión. Ejemplos claro de ello son Ligia Elena (Canciones del solar de los aburridos, 1981), o Noé (Mucho mejor, 1983).

Este talento, casi literario, de Blades para lanzar contenidos muy serios a partir de lo cotidiano e incluso lo gracioso no es, por lo tanto, novedad para los conocedores de su obra. Decisiones relanzó la carrera del cantante en un momento crucial para la salsa, en ese entonces invadida por una generación de nuevos intérpretes superficiales que dejaron de lado la creatividad de sus antecesores para concentrarse en el facilismo de la «salsa sensual».

Esta tendencia optó por apartarse del sentido social y popular del género nacido en las comunidades de inmigrantes latinos en New York en los setenta y se convirtió en la banda sonora de hostales y relaciones de poca monta. En el reino de Hildemaro y Eddie Santiago, los personajes y moralejas de Rubén Blades eran algo así como los libros de García Márquez cubiertos por una montaña de pasquines de cincuenta céntimos con titulares sensacionalistas y fotos grotescas de toda clase.

Tomar decisiones es algo que los seres humanos hacemos a diario, desde cosas sencillas e imperceptibles hasta situaciones extremadamente complejas y trascendentales. En cada una de las historias cortas de su canción, Blades nos muestra esa dualidad inherente a casi todo lo que hacemos. Una pequeña  decisión, por menor o insignificante que parezca, puede traer consecuencias enormes que afecten la vida y el futuro, no solo de la persona involucrada directamente sino de su entorno -su pareja, su familia, sus amigos, su comunidad, su país, su planeta. En política –un mundo que Blades conoce muy bien pues ejerció, entre 2004 y 2009, el cargo de Ministro de Turismo de Panamá e incluso postuló a la presidencia de su país, en 1994, como líder del movimiento independiente Papa Egoró (Madre Tierra, en dialecto indígena colombo-panameño)- esto se cumple al pie de la letra.

En ese sentido, y estando a pocas horas de entrar a un proceso electoral en el que los peruanos tendremos que decidir por quién votar, entre 18 variantes de Pedro Navaja y Juanito Alimaña (que van de lo disimulado y dudoso a lo abiertamente retorcido y criminal), el predicamento de Rubén Blades -«alguien pierde, alguien gana, Ave María»- se convierte en un asunto que merece pensarse más de una vez. Con una notable diferencia: acá ya sabemos de antemano cómo se reparten los resultados: acá solo ganan ellos y perdemos todos los demás. Salgan y hagan sus apuestas, ciudadanía.

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Decisiones, Jorge Tineo, Música, Rubén Blades, Salsa

Hace unas semanas se activó un intenso debate sobre la libertad de expresión, cuando la periodista Juliana Oxenford quiso demostrar tendenciosamente, que, de llegar a ser gobierno, Veronika Mendoza estaría dispuesta a censurar contenidos en los medios de comunicación. Esto fue a propósito de unas declaraciones en las que la candidata señaló, que, si un medio ponía en riesgo la salud de la gente divulgando información falsa, el Estado debía regular y sancionar dichos contenidos.

 

El canal del Estado- TV Perú, volvió a colocar el debate en el ojo de la tormenta, cuando decidió arbitrariamente no emitir la película La Revolución y la Tierra, programada para este Domingo 4 de abril. Al parecer, la decisión estuvo influenciada por dos personalidades del periodismo y la política, que calificaron su divulgación en la coyuntura electoral actual, de “desatino, manipulación y sesgo político”.

 

Así fue como luego de un par de tweets, una película programada y pactada con anticipación, que cumplió los procedimientos de rigor para su divulgación y cuya fecha de estreno fue propuesta por el mismo canal, se censuró sin mayor explicación.

 

¿Qué puede ser tan desatinado y sesgado de una película sobre la historia del Perú?

 

La Revolución y la Tierra es un documental que gira en torno al complejo proceso que significó la reforma agraria de 1969, así como la controversia en torno a la figura de quien la llevó a cabo; el General Juan Velasco Alvarado.

 

El film presenta distintos argumentos a favor y en contra. Tiene la gran cualidad de haber podido diversificar la participación de protagonistas y espacios de enunciación; la discusión se ve enriquecida por académicos y académicas, militantes políticos, artistas, activistas, dirigentes campesinos, expropietarios y extrabajadores de haciendas, periodistas y exfuncionarios públicos.

 

El documental es también, un tributo al cine peruano, pues el corazón visual se constituye en fragmentos de películas, que dan cuenta del imaginario nacional que fue cobrando sentido a partir de la reforma agraria, y que la cultura popular recogió y resignificó a través del cine de autor.

 

La Revolución y la Tierra, intenta dar una explicación sobre las causas y consecuencias de la reforma y para ello, revisa históricamente las desigualdades estructurales que han sido y siguen siendo la espina dorsal de nuestro país.

 

La película tiene el potencial para unos, y el peligro para otros, de generar una reflexión aguda sobre racismo, exclusión y discriminación, que conectan como una continuidad el pasado y el presente. La crisis sanitaria ha agudizado las desigualdades y en un contexto en el que nos toca ejercer nuestra ciudadanía, el conocimiento de la historia es una herramienta poderosa, capaz de activar una respuesta crítica y consciente sobre el proyecto de país que necesitamos y queremos.

 

Si bien la divulgación masiva del documental en redes sociales, se ha convertido en un importante gesto ciudadano de resistencia. La emisión de La Revolución y la Tierra en el canal del Estado, significaba la posibilidad real y simbólica, para miles de familias peruanas sin acceso a internet, de encontrar reconocimiento en una película que les ofrecía la posibilidad de rescatar sus propias historias de lucha, las de sus padres, abuelos y abuelas. Historias antes silenciadas y marginadas.

 

El canal nacional, es un espacio democrático que se debe a todos los peruanos y peruanas, no es la hacienda en la que algunos gamonales, a quienes no les gusta que se hable de racismo, discriminación y desigualdad social, puedan tener el poder de bajarse el trabajo de un equipo de profesionales del cine, de un fuetazo.

 

Ninguno de los periodistas que semanas atrás alzaron la voz por la libertad de expresión, han manifestado alguna opinión en contra de la censura a La Revolución y la Tierra. Irónicamente solo Veronika Mendoza, (la candidata a quien se le pregunta suspicaz y constantemente sobre el tema), se pronunció de forma crítica sobre el hecho, en una entrevista realizada en el mismo TV Perú.

 

Más irónico aún es, que el film si toma posición sobre la libertad de expresión, pues la crítica unánime sobre el gobierno de Velasco que está presente en el documental, es el gravísimo error que significó la decisión de censurar los medios y sus contenidos.

 

Esperemos que reprogramen formalmente La Revolución y la Tierra en la señal de televisión pública, será el mejor indicio de que en los medios también hay una revolución, una muy necesaria de apertura, autonomía e inclusión.

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Karen Bernedo, La Revolución y la tierra, Medio de comunicación

Era previsible, como lo señalamos ayer, que Pedro Castillo apareciese encabezando las encuestas. Venía en alza ya un par de semanas antes del día de la elección y además ha merecido una natural exposición en los medios en los últimos días por haber ocupado el primer lugar el 11 de abril.

Eso puede explicar por qué, a diferencia de las primeras encuestas que se han hecho en anteriores segundas vueltas, esta vez la distancia sea mayor (42 a 31%, según Ipsos), lo cual, por cierto, no es, de ningún modo, un predictor del resultado final.

Si algo hemos visto en esta elección es que las encuestadoras no están en capacidad de prever a dos meses de una elección cuál será el resultado final. Ni siquiera a una semana de la misma. Y no ocurre así porque sean parte de una conspiración manipulatoria sino porque nuestro país es políticamente desafecto y cambiante.

Seremeos partícipes, además, de una elección polarizada que conforme se acerque el día electoral arreciará en ataques y denuncias que irán mostrando el verdadero rostro de ambos candidatos.

En ese sentido, Keiko tiene una cierta ventaja porque ya la gente la conoce. Los que la respaldan y los que la odian. A pesar de ello, su antivoto viene disminuyendo.

En cambio, a Castillo no se le conoce. Y tiene mucho por explicar no solo en materia de delirantes propuestas económicas -a las que se va a aferrar tozudamente, ha dicho- sino por sus evidentes cercanías con grupos radicales a su vez vinculados a Sendero Luminoso. No es terruqueo, es realidad constatable. Mientras el antivoto de Keiko parece que tiende a disminuir, el de Castillo tenderá a subir.

Será una final ajustada en donde Keiko la tiene cuesta arriba porque tiene que explicar las bondades del modelo económico no solo a muchos marginados del crecimiento que dicho modelo ha traído sino también a los afectados de la pandemia que instintivamente quieren un cambio del statu quo y encuentran en Castillo la mejor expresión de ese deseo.

La encuesta refleja un Perú segmentado, sin duda, pero donde ambos candidatos comparten importantes nichos sea por nivel socioeconómico, región geográfica o cualidad centralista o provinciana (Castillo tiene 17% en el sector A!!!, y Keiko 24% en el E). Hay una estratificación diferente, pero compartida, lo cual hace más difícil el pronóstico final.

No es un Perú clara y radicalmente dividido en dos, como sí hubiera ocurrido si por ejemplo a Castillo le tocaba al frente algún otro candidato de la derecha como Rafael López Aliaga o Hernando de Soto.

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Juan Carlos Tafur, Keiko Fujimori, Pedro Castillo

Hay diversas variables contrapuestas que se cruzan en la elección de hoy. Conservadurismo versus liberalismo; democracia versus autoritarismo; estatismo versus libremercadismo; corrupción versus anticorrupción (esta dicotomía está cada vez más devaluada luego de conocer el destino de quienes se erigieron en paladines de la moralidad). Por alguna de ellas o su sumatoria, muchos ciudadanos decidiremos nuestro voto.

Haciendo expresión manifiesta de mis filtros, considero que en estos momentos es el tema económico el fundamental. No es el único, pero es el principal junto con el talante democrático del candidato. La pandemia ha destrozado la economía y ha sumido a millones de peruanos que ya habían logrado ascender a la clase media nuevamente en la pobreza. Y la pandemia no tiene cuándo acabar, siendo lo más probable que la crisis dure todo este año.

Se va a necesitar de modo urgente, para librarnos de las consecuencias funestas de la pobreza (delincuencia, anomia, autoritarismo, corrupción, violencia familiar, etc.), que quien nos gobierne despliegue un shock de inversiones privadas, capaz de movilizar el aparato productivo nacional y echarlo a andar.

Por cierto, hay que aprender de las lecciones del pasado. No basta con crecer. Lo hemos hecho en veinte años: a despecho de gobernantes mediocres o corruptos, se ha logrado reducir la pobreza como nunca antes en nuestra historia republicana.

Pero a tales gobiernos no les importó el desastre de nuestra salud pública (y su superlativa incidencia en la capacidad de inserción ciudadana al sistema), lo paupérrimo de nuestra educación universal y gratuita, la desgracia lacerante de la inseguridad ciudadana sobre todo en las zonas más humildes del país, y la corrupción endémica de nuestro sistema judicial (que también golpea, más que a nadie, a los pobres).

Esas reformas hay que hacerlas con sentido de urgencia. Pero ninguna de ellas será viable si no se sustentan en una economía en crecimiento que alimente las alicaídas arcas fiscales. La economía es hoy en día la madre de todas las batallas.

Por eso cabe la invocación de votar por aquellos candidatos que garanticen ello. Manteniendo alertas las salvaguardas de los otros criterios de decisión, lo indudable es que apostar en estos momentos por experimentos populistas o radicales estatistas es asomarnos a un abismo del que nos demoraremos décadas en salir.

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11 de abril, Elecciones 2021, Juan Carlos Tafur

En un sintonizado programa de entrevistas políticas, el destacado periodista César Hildebrandt señaló que, de resultar electa Keiko Fujimori en segunda vuelta, el límite de su poder sería su propia voluntad, debido a la vocación de metástasis del movimiento fujimorista, cuyo afán de copamiento institucional se evidenció tanto durante el decenio de Alberto Fujimori (1990 – 2000) como durante el actual quinquenio, al menos mientras la citada lideresa tuvo control sobre 73 parlamentarios. De hecho, la dramática crisis política por la que hoy atraviesa el país es en gran parte el resultado del sitio desplegado por la mayoría naranja al Poder Ejecutivo desde el 28 de julio de 2016, de allí las vacancias y las renuncias presidenciales, dos de ellas, en plena pandemia.

 

La lectura del experimentado periodista contradice la que proviene de círculos fujimoristas y que difunde, en las redes sociales, la narrativa de que la eventual elección de la candidata de Fuerza Popular supondría garantizar la vigencia del orden democrático pues, sin mayores sobresaltos, en 2026, asistiríamos a un nuevo recambio constitucional. Al contrario, Pedro Castillo, con su programa socialista-nacionalista, representaría la amenaza de la interrupción democrática y su reemplazo por un esquema autoritario semejante al de la revolución bolivariana de Venezuela.

 

En realidad, todos los precedentes validan la interpretación de César Hildebrandt sobre Keiko Fujimori. También lo hacen las fuerzas representadas en el Congreso. Al respecto, no veo que a la candidata de derecha se le dificulte demasiado establecer alianzas políticas con grupos parlamentarios tales como Renovación Popular, Avanza País, Alianza Para el Progreso, Acción Popular y Podemos. La mayoría de los congresistas que conforman dichas bancadas, y que sobrepasan largamente la mitad de la representación nacional, se mueven bajo la misma lógica populista clientelar que el fujimorismo. Así que es cuestión de ponerse a negociar prebendas y cuotas de poder. Con Keiko podríamos llegar a lo que he denominado la estabilidad de la corrupción, pero, por ese mismo camino, también corremos el riesgo de alcanzar el imperio de la corrupción.

 

 

De esta manera, el fujimorismo paulatinamente irá copando todas las instituciones del Estado, incluido las judiciales y electorales, transgrediendo la independencia de poderes, al mismo tiempo que irá fidelizando congresistas a través de diversas metodologías que ya probó exitosamente y de sobra durante el gobierno de Alberto y, no sería de extrañar que inclusive congresistas de Perú Libre pudiesen llegar a ser captados dentro del esquema fujimontesinista que se echará a andar de nuevo, tras dos décadas de cauta espera.

 

Finalmente, luego de un par de años de populismo a ultranza y de masas agradecidísimas con Keiko, por haber restituido el vínculo sagrado entre su padre Alberto y las masas, las condiciones estarán dadas.  Vía referéndum constitucional, o modificación constitucional con 87 votos, la bancada fujimorista y sus aliadas presentarán al Congreso el proyecto de ley modificatorio de la Carta Magna que le permitirá la reelección a su lideresa el 2026 y con todo el aparato estatal a su servicio.

 

Es cierto que al cruzar la vereda naranja nos encontramos con Pedro Castillo, un hombre de muchos talantes sin que ninguno de ellos, hasta hoy, nos parezca democrático. Pero no nos equivoquemos, si Keiko llega al poder es para quedarse, luego de arrasar la precarísima institucionalidad republicana que hemos edificado tras 20 años de república de papel. La disyuntiva es básicamente dramática.

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Daniel Parodi, Fuerza Popular
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