Opinión

Una práctica común en YouTube consiste en subir álbumes clásicos completos, para que los cibernautas melómanos puedan escucharlos de principio a fin, como solía hacerse con los viejos LPs, cassettes o CDs, soportes físicos que hoy son artículos de colección, testimonios vivos de lo que fue la industria discográfica antes de la era internetizada de archivos mp3 y canciones disponibles como downloads. Así, con la carátula original como única imagen en el recuadro de video -que, en ocasiones, se alterna con fotos del artista, letras de canciones o las otras partes del LP original (contracarátula, páginas internas), a manera de slide– el oyente busca replicar la experiencia de colocar un vinilo en el tornamesa o un disco compacto en el equipo, para escuchar algo mientras trabaja, maneja o estudia.

Sin embargo, no todo está disponible en el aparentemente ilimitado contenedor de videos. Uno de los artistas que durante más tiempo se opuso tenazmente a permitir que su música estuviera colgada, en forma de «videos» de YouTube, fue Robert Fripp, fundador, líder absoluto y dueño de todo lo relacionado a King Crimson, pioneros del rock progresivo británico y una de las agrupaciones de culto más admiradas de la historia del rock. Fripp –como, en su momento, también lo hiciera Prince- prohibía que sus fans subieran temas de King Crimson o de sus grabaciones como solista o colaboraciones con otros músicos, bloqueando o denunciando de inmediato cualquier intento, lo que traía desazón en quienes intentábamos armar una lista de reproducción con sus temas más representativos, por ejemplo, para tenerla siempre a la mano.

Esto cambió drásticamente durante el último año y medio aproximadamente, cuando el extraordinario e innovador guitarrista, compositor y productor decidió publicar en YouTube toda la producción discográfica original del Rey Carmesí, en estudio y en vivo, en forma cronológica, canción por canción y con bonus tracks en cada álbum: tomas alternas, sesiones y demás maravillas del universo crimsoniano que antes solo eran posibles de escuchar adquiriendo, en una tienda o en línea, alguno de los formatos físicos (discos, colecciones) o virtuales (descargas) que Fripp lanzaba cada cierto tiempo, a través de su sello Discipline Global Mobile (DGM). Esto le permitió siempre tener control directo y absoluto sobre quién consumía su obra y la de sus actos asociados, salvaguardando así la «integridad de los músicos», una de las columnas vertebrales de su filosofía como artista.

El canal de King Crimson en YouTube fue abierto por Fripp hace siete años, en el 2014, para publicar videos cortos de los preparativos de la primera gira de la banda en casi década y media, uno de los retornos más esperados en la escena rockera mundial. Esto sorprendió a quienes conocían la personalidad huraña y actitud hostil del guitarrista frente a estos convencionalismos. Sin embargo, algo había sucedido con “Mr. Frippertronics” -nombre que le dio a las creaciones electrónicas y digitales con las que musicalizó infinidad de grabaciones desde los años ochenta-.

Su primera publicación en YouTube fue un video de 35 segundos, que inicia con la cacofónica fanfarria final de 21st century schizoid man, el alucinante, distópico y premonitorio tema que abre su álbum debut, In the court of the Crimson King (1969), en el que aparece, en impecable chaleco negro, camisa blanca y corbata, sentado -como siempre- y con actitud circunspecta presentándose a sí mismo como «uno de los guitarristas de la banda». Algo así como si Mick Jagger dijera que es «uno de los cantantes de los Rolling Stones». Tal muestra de lacónico humor británico anunciaba saludables cambios en su forma de relacionarse con el público. Pero nadie estaba en capacidad de imaginarse lo que vendría después.

Y lo que vino después fue realmente impactante, tratándose de uno de los músicos de rock más enigmáticamente serios que se haya conocido, capaz de liderar con mano férrea a las diferentes encarnaciones de su banda –que ha incluido, entre otros, a futuras estrellas del prog-rock como Greg Lake, John Wetton, Bill Bruford, Adrian Belew y Tony Levin-, en las sombras y sentado, disparando sus ráfagas de arácnidos solos o esos riffs aplastantes, sin mover un músculo de la cara. Apariciones en programas concurso de corte familiar junto a su esposa, la cantante Toyah Willcox, bailando, haciendo muecas y rutinas a lo Monty Python o Mr. Bean; mientras seguía de gira con la (pen)última versión de King Crimson, que incluía tres bateristas -Pat Mastelotto, Gavin Harrison y Bill Rieflin- además de Jakko Jakszyk (guitarra), Tony Levin (bajo/Chapman Stick) y Mel Collins (vientos), una “bestia de siete cabezas” como él mismo describía a su banda. Con esta alineación, convertida en octeto desde el 2017 cuando Jeremy Stacey ingresó para cubrir a Rieflin quien, debido a su enfermedad, se concentró en los teclados, King Crimson realizó intensas giras por Europa, EE.UU., Japón, Centro y Sudamérica, de manera casi ininterrumpida hasta la llegada de la pandemia (lastimosamente, Rieflin falleció de cáncer en marzo del 2020).

Instalado el coronavirus en el mundo, la agenda de conciertos de King Crimson tuvo que cancelarse, incluyendo la gira por su 50 aniversario que ya había iniciado (el último show fue, el 13 de octubre del 2019, en Santiago de Chile). Y el nuevo Robert Fripp soltó su acostumbrada frialdad para convertirse, junto a su adorada Toyah, en una sensación del YouTube con una serie de cómicos videos denominada Robert & Toyah’s Sunday Lockdown Lunch. Cada domingo, el dúo lanza versiones de canciones pop y rock de distintas épocas y estilos. Desde Smoke on the water de Deep Purple hasta Toxic de Britney Spears, todo es posible para esta extravagante pareja que incluso usa disfraces, pinturas y pelucas en sus apariciones. Una de las más visitadas fue el clásico de David Bowie «Heroes» -en cuya grabación original Fripp participó, por cierto-, como un homenaje a los soldados aliados caídos en la Segunda Guerra Mundial. Aunque a algunos les pueda parecer que rozan lo ridículo, Robert (75) y Toyah (63) no hacen más que divertirse y celebrar la vida en estos tiempos difíciles. Además, ver al maestro ejecutar con suma facilidad Sweet child o’ mine de Guns ‘N Roses o Black dog de Led Zeppelin desde su Gibson Les Paul, con esa afinación extraña que inventó en los ochenta- es, simplemente, imperdible. Sobre sus Sunday Lunch, Fripp ha dicho que «los artistas tienen la responsabilidad de mantener animado el espíritu de las personas. Y eso es lo que estamos haciendo».

Pero volviendo a la discografía de King Crimson en YouTube. La publicación de los álbumes de estudio se inició el 17 de diciembre del 2020, por supuesto con In the court of the Crimson King (1969) y culminó, a razón de uno por semana, el 25 de marzo de este año con el contundente The power to believe (2003). En medio, se han lanzado también todos los discos oficiales en vivo, extractos de giras y rarezas, con audios remasterizados y acabados de sobrio diseño para los títulos, en lo que vendría a ser una ordenada audioteca para disfrutar de la evolución del grupo en sus distintas épocas. Y que sigue actualizándose cada semana.

Así, si queremos, los fanáticos de Crimson podemos elaborar una lista de reproducción con el lado más sereno y contemplativo, seleccionando temas como Matte Kudasai (Discipline, 1981), Exiles (Larks’ tongues in aspic, 1973), I talk to the wind, Epitaph (In the court of the Crimson King, 1969); el blues esquizofrénico de Ladies of the road (Islands, 1970). O sino, adentrarnos en la fuerza volcánica de composiciones como Fracture, The great deceiver (Starless and Bible black, 1974), Level five (The power to believe, 2003), 21st century schizoid man (In the court of the Crimson King, 1969). O en la tensión asimétrica y sincopada de Red (1974), VROOOM (THRAK, 1995), Indiscipline (Discipline, 1981). O la vocación experimental de Waiting man (Beat, 1984), Providence (Red, 1974). O en la angustia de temas como el título del álbum debut (1969), la disonancia jazzera de Cat food (In the wake of Poseidon, 1970), el brillo pop de Heartbeat (Beat, 1982), Three of a perfect pair (1984) o la extraña belleza de Starless (Red, 1974).

Otra buena noticia es que ya están anunciándose los primeros conciertos de King Crimson post-pandemia, en una gira llamada Music is our friend, 28 conciertos en diversas ciudades de EE.UU. en los que tendrán como teloneros a The California Guitar Trio y The Zappa Band -conformada por los ex alumnos de Frank Zappa, Mike Keneally (guitarra, teclados), Ray White (voz, guitarra), Scott Thunes (bajo), Robert Martin (voz, saxos, teclados) y Joe Travers (batería). “Crimson, la Bestia del Terror, ha despertado de su hibernación forzada y se está preparando para pisotear las mentes de los inocentes que nunca han experimentado su embestida”, escribió Fripp, haciendo uso de su nueva personalidad humorística para anunciar este nuevo capítulo en la saga del Rey Carmesí.

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King Crimson, Videos, Youtube

La radicalización de la ya extrema derecha peruana, al punto de transitar el camino de la violencia política (es hora de ponerle coto policial a semejante actitud), puede ser solo un preámbulo de la desaparición paulatina de este sector del espectro ideológico nacional.

Si, como todo lo hace pensar, Castillo modera su propuesta económica, perceptible por los nombres que se van conociendo de su inminente gabinete ministerial, y además acota la eventualidad de una Constituyente, le quitará por completo la alfombra a cualquier escenario de polarización futura.

Además, una opción de centroizquierda, en la actual circunstancia, cosecharía los beneficios de la situación económica internacional y al cerrar brechas groseras en materia educativa y sanitaria, podría conducir a un gobierno con altos niveles de popularidad y a una atmósfera política bastante más estable que la actual.

Hay que recordar que el propio triunfo de Castillo se debió a la confluencia simultánea de crisis económica, sanitaria, social y política. Estas elecciones fueron, en ese sentido, lo más parecido a las de los 90, cuando triunfó un outsider como Fujimori.

En las elecciones de este año iba a haber un disruptivo de todas maneras. Lo fue George Forsyth buena parte de la campaña, surgió López Aliaga, luego apareció Lescano y en el tiempo preciso electoral lo hizo Castillo (si la elección era dos semanas después, probablemente surgía otro).

Nada hace pensar que el 2026 (o antes, si se cumple el sueño húmedo de la ultraderecha de vacar a Castillo) se vaya a repetir un escenario similar. Ya la pandemia estará bajo pleno control, la economía en plan de recuperación (como ya lo está), con menor conflictividad social (propia de un régimen de izquierda) y probablemente sin crisis política.

La ultraderecha solo cosecha del caos que ella misma contribuye a crear. Probablemente marque cierta agenda, más aún si se tiene en cuenta la derechización del aparato mediático televisivo, pero el bullicio caerá en saco roto si Castillo gobierna desde la centroizquierda.

La ultraderecha merece atención, sin duda. Surgió y creció en otros países por ser soslayada ingenuamente. Pero tampoco hay que regalarle una proyección de éxito cuando, más bien, todo apunta a que felizmente para la democracia peruana, haya sido solo un hipo tóxico que terminará por irse extinguiendo.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo, Ultraderecha

Querida Manuela:

Ayer, 15 de julio de 2021, se conmemoraron los 200 años de la firma del Acta de la Declaración de la Independencia, promovida por el alcalde de Lima y firmada por 329 hombres ilustres de la ciudad. Luego de diversas batallas y negociaciones, que bien recordarás, San Martín y su Ejército Libertador ingresaron a Lima el 9 de julio de 1821 y, ya instalado en el Palacio de los Virreyes, invitó al Ayuntamiento a jurar la independencia del Virreinato del Perú de la Corona española.

El fin de semana pasado me subí a un avión después de un año y medio. Me fui a Iquitos a avanzar con un proyecto personal que pronto te contaré. Iquitos es la ciudad capital de lo que hoy es la Región Loreto. Tú seguro escuchaste sobre la Intendencia de Trujillo, la más grande del Virreinato, compuesta por Trujillo, Lambayeque, Piura, Cajamarca, Huamachuco, Chota, Moyobamba, Chachapoyas, Jaén y Maynas. Este último es lo que hoy son las regiones de San Martín, Ucayali, Loreto. Fue el Marqués de Torre Tagle, en 1820, quien dirigió la independencia de la Intendencia y San Martín la convierte en Departamento de la República.

Actualmente, el puerto de Iquitos es donde se encuentran los ríos Amazonas, Nanay e Itaya, por ello es la metrópoli más grande de la Amazonía peruana y la séptima ciudad más poblada del país. Es una ciudad viva, llena de color, aromas y diversidad -solo en Loreto tenemos 28 pueblos originarios que hablan 27 lenguas originarias completamente distintas entre sí-. El color verde llena el horizonte: es la Amazonía peruana y una de las ciudades que más sufrió por la pandemia covid 19.

El río Amazonas lleva el nombre de las mujeres guerreras griegas que leíste en tus estudios de filosofía, los clásicos griegos y de francés. No es coincidencia lo poderoso. Lo navegué por horas y es imponente. Es el río más largo y caudaloso del mundo, y se calcula que representa una quinta parte del agua dulce en estado líquido del planeta. Se le denomina región Amazónica al territorio por donde pasa el río y su cuenca fluvial. Perú y Brasil son los que tienen la mayor cantidad de Amazonía en sus territorios y, en nuestro caso, 754.139,84 km² o el 57.9% de nuestro territorio. Somos un país amazónico.

Esta zona se encuentra amenazada por la avaricia que empezó con la expedición de Francisco de Orellana, luego vino la Fiebre del Caucho y ahora tenemos tala y minería ilegales y narcotráfico. Esta semana los líderes indígenas shipibo-konibo de Ucayali se reunieron con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas (ACNUDH), Jan Jarab, preocupados por las intimidaciones que más de 400 integrantes de su comunidad están recibiendo tras haberse realizado a inicios de año un operativo para erradicar cultivos ilícitos. A estas constantes amenazas se suman los siete homicidios de defensores indígenas registrados desde que inició la pandemia en 2020. El último ataque fue contra el líder asháninka Mario López Huanca, quien falleció el pasado 1 de julio tras recibir un disparo en la cabeza.

Tú fuiste una gran amazona, no solo por participar activamente en las batallas codo a coco con el  Libertador Simón Bolívar, sino porque eras una jinete experta y guerrera como Pentesilea y su hermana Hipólita. Toca proteger nuestra biodiversidad, a nuestra gente, así como su cultura y conocimiento. Hace 200 años los ciudadanos de Lima tomaron la decisión de independizarse, ahora toca desconcentrar y descentralizar, así como asumir que somos un país amazónico y diverso.

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Amazonas, Iquitos, San Martín

No cabe duda de que los conocimientos provenientes de nuestros pueblos originarios no solo deben ser valorados, sino también promovidos e incluso integrados al currículo escolar. Hay allí abundantes lecciones sobre la conservación ambiental, el aprovechamiento de suelos, la extracción de recursos, el equilibrio ecológico, para no olvidar la riqueza simbólica de sus sistemas literarios orales, fuente maravillosa de mitos, canciones, creencias y cosmovisiones que no merecen desdén.

La editorial Apacheta ha hecho un singular esfuerzo y ha publicado, en edición no venal, una colección de cinco volúmenes bajo el título El libro de los elementos. El primer volumen, el más amplio de todos, retrata no solamente el arduo trabajo que supuso acercarse a cada comunidad, sino también el proceso de elaboración de este proyecto, si se quiere una suerte de bitácora rigurosamente documentada (aquí hay un hermoso dossier fotográfico) del proyecto.

El libro de los elementos

Los cuatro libros restantes corresponden cada uno a un elemento: Yaku (el libro del agua), Jallpa (el libro de la tierra), Nina (el libro del fuego) y Wayra (el libro del aire) que reúnen 44 crónicas y relatos de inspiración ambiental, enfocados todos ellos en la sabiduría de los pobladores originarios de nuestro país para relacionarse con la naturaleza y afrontar de manera responsable tanto la explotación de sus recursos como el devoto cuidado de la vida que florece en sus comarcas.

El proyecto cuenta con la colaboración de destacados periodistas, fotógrafos y artistas gráficos, quienes se encargan de poner en página historias que iluminan el profundo vínculo que existe entre estos ciudadanos de un Perú prácticamente invisible para un centro profano –y adorador de lo urbano– y la madre naturaleza. Por supuesto, nada de esto queda confinado al dominio de lo mágico: cada volumen muestra cómo ese vínculo se traduce en tecnologías que se aplican en la vida real para promover, entre otras cosas, la producción sustentable.

Así, por ejemplo, tenemos una actividad denominada “la crianza de lagunas” que busca, por medio de diques y canales, crear lagunas que cumplen funciones importantes como la de reservorio, garantía hídrica para los sembríos y el consumo. “Y no puede faltar el watuyuna, las visitas de cariño y agradecimiento a las lagunas. La crianza del agua no es buena por ser ancestral, sino porque emana de la naturaleza”, dice una de las informantes de este relato (Yaku, p.14).

Otro relato nos conecta directamente con la portentosa diversidad biológica que posee el territorio amazónico. La fuente es un estudio de zonificación que identifica más de medio millar de plantas curativas en la provincia de El Dorado. Dice uno de los pobladores: “Las estamos preservando de forma sostenible: las comunidades no solo las usan para uso doméstico, sino que producen pomadas y ungüentos que se comercializan en diversos lugares y ferias” (Jallpa, p.34).

Entre las historias que conforman el cuarto volumen, destaca una crónica de Joseph Zárate que retrata a Ruth Buendía, la dirigente asháninka premiada por la persistencia de su lucha ambiental. Una vida llena de peripecias y sacrificios, marcada por la violencia de Sendero Luminoso, pero también por el desdén del Estado y la irresponsabilidad de algunas empresas que, en su voracidad extractiva, no conceden al cuidado del medio ambiente la importancia debida (Nina, pp.8-19).

“El alimento que cayó del cielo”, de David Hidalgo, nos recuerda el origen de la papa, cuando unos dioses, compadecidos por la hambruna que sufría un pueblo mal gobernado, arrojaron unas semillas a la tierra, de las que brotaron unas plantas con flores moradas, que fueron exterminadas por la mala autoridad. Pero los apus sugirieron a los pobladores que buscaran bajo la tierra. Y así hallaron la papa, uno de los frutos que mejor representa en capital simbólico y cultural del ande peruano (Wayra, pp.22-23).

En suma, se trata de un ambicioso proyecto editorial que, por un lado, despierta la conciencia sobre las relaciones entre naturaleza, territorio y comunidad; por otro, ofrece una oportunidad de transferir estas historias y datos en estrategias educativas que, intuyo, podrían lograr con éxito el objetivo de estrechar lazos identitarios y establecer relación con ese Perú que la niebla y el cemento nos impiden ver.

Apacheta. Lima: 2021. Este proyecto fue posible gracias al apoyo de la Agencia Suiza para la Cooperación y el Desarrollo (Cosude) y la Embajada Suiza en el Perú. Los textos se pueden leer también en el sitio web de la editorial: www.apacheta.pe

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Apacheta, El libro de los elementos

Queda cada vez más claro que Pedro Castillo va a necesitar del apoyo político del centro congresal si quiere gobernar con tranquilidad y además no depender de los votos cerronistas dentro de la bancada de Perú Libre.

El centro suma 45 votos en el Parlamento (43 la derecha y 42 la izquierda), con la sumatoria del congresista Héctor Valer, expulsado tontamente de Renovación Popular por Rafael López Aliaga, ya que con ello rompió la capacidad de veto que tenía la derecha, con sus 44 votos, para cualquier reforma constitucional, elección de magistrados del TC o directores del BCR.

Obviamente, no se trata de que Acción Popular, Alianza para el Progreso, Podemos, Somos Perú y los morados le otorguen sus votos a cambio de nada. El acuerdo debe pasar por la moderación económica y política de Castillo, su abandono de las banderas estatistas de la primera vuelta y de su afán de convocar a una Asamblea Constituyente a trompicones.

Esa decisión eventual de Castillo le va a costar, probablemente, una ruptura con el radicalismo cerronista, quien acaba de publicar una convocatoria a un evento para el 24 de julio donde en la práctica lo compele a Castillo a someterse a su lógica política. Castillo puede perder a doce o quince congresistas cerronistas si se aparta de la línea radical y con mayor razón va a necesitar de los votos del centro para gobernar sin sobresaltos.

Jaloneado entre la extrema izquierda cerronista y la extrema derecha lopezaliaguista, Castillo puede discurrir por los linderos de una centroizquierda legítimamente. Nadie le puede pedir que se vuelva un gobernante de derecha (lo de Humala ha marcado a sangre y fuego a la izquierda como una traición indigerible e imperdonable y sería absurdo exigirle a Castillo que se ponga el polo blanco).

La incertidumbre que existe aún respecto de cuál será la línea programática, en materia política y económica, del gobierno entrante solo se empezará a resolver luego de su proclamación y su reaparición pública concomitante, pero de antemano sería muy importante que el centro se manifieste y le haga entender a Castillo que hay posibilidad de construir puentes de gobernabilidad que no pasen por la renuncia de sus propuestas esenciales de gobierno (aumento recaudatorio, inversión potente en salud y educación, infraestructura popular, etc.). Eventualmente, inclusive, alguna reforma constitucional puntual podría ser aceptable como parte del intercambio político y el centro le daría los votos para lograr los 66 votos que luego permitirían convocar a un referéndum. Ases bajo la manga hay muchos.

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Asamblea Constituyente, Pedro Castillo, Rafael Lopez Aliaga

UNO

Mi hermano Thedy tuvo la culpa. Fue el primero en sintonizar en 1975 una estación de rock en el dial. A partir de allí, religiosamente todas las tardes, después del almuerzo, mientras hacíamos nuestras tareas, escuchábamos rock. La Radio 1160 y Radio Panamericana eran las emisoras que más sintonizábamos. Aún recuerdo la voz sensualmente masturbadora de Susana A, o el vozarrón de Lucho Arguelles, el carisma de Jhonny Lopez, entre otros; quienes nos hacían más agradables nuestras tardes. En aquellos años setenta, la cantidad de grupos o bandas de rock era asombrosa y, además, con una gran calidad interpretativa. Entre ellas, emergía Queen. En 1976 escuchamos la canción Rapsodia Bohemia, para mis hermanos y yo fue un cimbronazo. La combinación del riff acuciante de Bryan y el coro operístico nos dejó anonadados. Quedamos mudos. Mejor dicho: Cojudos. Lo cual, en un adolescente o crio, era casi imposible. Sentimos, por primera vez, que estábamos viviendo nuestras nostalgias.

En los años subsiguientes, Queen nos demostró que podía sacar más que un puñado de canciones extraordinarias y que lo de “Rapsodia Bohemia” no había sido casualidad. Temas como: “Love of my Life”, “Your my best friend”, “Somebody To Love”, “We will Rock you”, “We are the Champions”, “Fat Bottom Girls”, “Bicycle Race” y “Dont Stop me Now” lo confirmaban ampliamente. Nos acostumbramos que, cada año, ellos nos abrumaran con su música.

DOS

A inicios de los noventa fui a entrevistar a Gerardo Manuel en el Canal 7. Me recibió con cierta aprensión (no me conocía y menos el diarucho donde laburaba), debido a los violentos años terroristas. Hablamos por más de 2 horas en el restaurante al lado del Canal. Lo acompañaba una alopecia persistente, bigote frondoso y unos lentes ochenteros. Este rockero, con cara de buen tipo, nacido en Ica, estrenó, a finales de los setenta, un programa musical llamado “Disco Club”. Lo más insólito de todo esto, es que lo emitía el canal del Estado; era una especie de Pre-MTV, en la Lima de aquellos tiempos. Gracias a él, mis hermanos y yo, veíamos los videos de las canciones antes mencionadas. De ahí la importancia del iqueño. Y se añadían para nuestro regocijo: “Another one bites the dust”, “Crazy Little thing call love”, “Play the Game” y “Need your loving tonight”. Todos temas de la puta madre.

TRES

En la adolescencia es cuando se solidifica el carácter y los gustos también. En la secundaria, mis compañeros y el que suscribe, deseábamos dos cosas: Ser cantante de rock o en su defecto ser actor porno. Para mi consternación, ese año, comprobé que mi voz era patética (participe del coro de la iglesia y desentoné de maravillas) y que con mi físico esmirriado era difícil ser el emulo de John Holmes. Pero eso sí, siempre que mis hermanos no se dieran cuenta, tenía la radio portátil conmigo, escuchando mis canciones preferidas. Era el año 83 y “Under Presssure” fue otro hit salido de las entrañas del grupo insular. Era mi tema favorito del año. Cuando tuve la oportunidad de ver el “Queen at Wembley”, confirmé que muchísimos pensaban lo mismo.

LIVE AID

Fue un sábado a las 14:00 horas que sintonicé de casualidad el concierto. Era un 13 de julio de 1985 y estaba solo en casa. Tardé en darme cuenta quienes participaban en el Live Aid, fue un evento elefantiásico, que se transmitió a todo el mundo; y en directo, desde distintos estadios. El principal era Wembley. Vimos a Paul, Elton John, Sting, U2, Dire Straits, David Bowie, The Who, Ledzepelin, entre otros. Queen a diferencia de los demás, se preparó concienzudamente para el show.

Mi generación estuvo en el mítico estadio, aquella tarde (ya sea en el estadio o viéndolo por tv), cuando FM confirmo que era el Frontman más importante del rock. Era increíble su forma de domesticar a las masas; de manera tal, que eran plastilina en sus manos.

Quedó para la historia que aquella es la mejor presentación en vivo hecha por una banda jamás.

Con los años es que se ven mejor las cosas o las ponemos en su debido lugar.

Pasaron más de 36 años de esa actuación.

Y si pues, como Gardel, Freddie Mercury cada día canta mejor.

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Día mundial del rock, Freddie Mercury, Queen

Pedro Castillo va a arruinar su gobierno si insiste, como parece por la convocatoria que ha lanzado Perú Libre para la próxima semana, en la realización de una “Asamblea Plurinacional Constituyente” y de un referéndum para el 2022.

No tiene el mandato ni la legitimidad para refundar la República. Ha ganado con las justas, y, según las encuestas, aún entre sus propios votantes, la mayoría no está de acuerdo con un cambio total de la Constitución.

Tiene, además, una posición relativa en el Congreso que no le permite llevar a cabo tal Asamblea. Solo tiene 42 votos fijos, a los que eventualmente podrá sumar algunos estratégicos, pero que difícilmente lo acompañarán si insiste en su propuesta maximalista.

La única vía legal que le queda es la de forzar la disolución del Congreso haciendo cuestión de confianza por un proyecto de reforma del artículo 206 para permitirle al Ejecutivo una tercera vía de reforma constitucional, como sería convocar directamente un referéndum para aprobar la Constituyente.

Lo más probable es que no obtenga el voto de confianza y así se vería obligado a recomponer un nuevo gabinete que insistiría con lo mismo. Si se le vuelve a negar el respaldo, recién entonces podría disolver el Congreso e ingresaríamos a una espiral endiablada de elecciones (elecciones para nuevo congreso, aspirar a tener en él a por lo menos 66 congresistas que le permitan aprobar la reforma del 206 en primera instancia; luego, convocar a un primer referéndum para consolidar la misma; si lo gana, convocar recién entonces al segundo referéndum para ver si el pueblo quiere una Constituyente; si gana ese referéndum recién convocaría a elecciones para la Constituyente y ésta deliberaría por lo menos ocho meses hasta arrojar un nuevo texto constitucional).

En ese trance, polarizaría al país, tendría durísima resistencia en el Congreso (la derecha y el centro unidos lo podrían vacar apenas se ponga en evidencia su intención de disolver el Congreso), generaría inmensa incertidumbre económica, muy pocos empresarios se animarían a invertir en tanto no se aclare el panorama, etc.

Castillo puede llevar a cabo el 99% de sus planteamientos de reforma izquierdista del modelo sin cambiar la Constitución. Insistir en ello solo revela una terquedad digna de mal augurio o una sujeción política a las redes radicales de Perú Libre que controla Vladimir Cerrón. Su insistencia en la Constituyente lo coloca a Castillo en una disyuntiva: o es un necio o es un títere.

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Constituyente, Pedro Castillo, Perú Libre

Sergio Markarián, otrora técnico de la selección de fútbol peruana, lanzó a la historia varias frases memorables mientras dirigió a la blanquirroja. Egocéntrico y picón, pero no por ello menos acertado. Una fue su declaración de amor al juego defensivo. “Ratoneando fui campeón”. Se refería, claro, a mandar un equipo a la cancha que no tema jugar al contragolpe, agrupar la mayor cantidad de jugadores defensivos, y proteger el cero como principal objetivo. 

Le dijeron de todo. Pero Markarián y otros técnicos del mundo han demostrado que el ratoneo funciona. Aún hoy, en el siglo XXI. Es un sistema de juego que requiere menos preparación en comparación de alistar una ofensiva productiva. Es más fácil bloquear y destruir al rival, que crear una armonía de ataque para fabricar goles. Y se adapta de forma perfecta a la escasez de tiempo de trabajo de una selección, donde los jugadores y el técnico se ven por apenas un puñado de entrenamientos. Entonces, parece mediocre. 

En Sudamérica, Paraguay y Uruguay son dos exponentes clásicos de este estilo. La apuesta por el triunfo con la mínima o el empate cerrado. El juego aéreo como herramienta principal. El balonazo alto, la defensa cerrada con el cuchillo entre los dientes y la fortuna de un arquero a diez puntos. Ha sido muchas veces el sistema elegido por Bolivia, Venezuela o Perú al jugar con un rival superior. Suena a último recurso de equipo chico. 

Quizás eso es lo que más hace sorprender de la aparición de La Scaloneta. En Argentina, se discute el logro de la Copa América únicamente a partir de criticar el sistema de juego. ¿Cómo con tantas estrellas se va a ratonear? Incluso, antes de la final que gran parte del periodismo argentino daba por perdida, pedían la renuncia del técnico Lionel Scaloni por apostar a firmar el 1-0 en todos los partidos. Jugar cerrado. Priorizar el orden defensivo a la voluntad de encontrar más espacios de gol.

Pero en la final, con La Scaloneta llevada a su mejor expresión, Argentina logró domar a un Brasil invencible. Al mismo estilo del ratoneo de Markarián. Dedicándose a erradicar de la cancha las intenciones cariocas. El propio Tite lo llamó anti-juego. Denunció un bloqueo del rival a crear ritmos en el partido. “Así no se puede jugar”, sentenció frustrado. Fue una extraña explicación de su derrota debido a la injusticia del juego comedido de Argentina. Claro, él quería una final de igual a igual. Porque nadie puede mover la pelota como Brasil. 

Cómo hizo entonces Argentina para ganarle a un Brasil invicto, que solo supo perder con Bélgica en el Mundial, y en una Copa América de local que parecía teledirigida. No fue con un juego vistozo ni ganando con facilidad a nadie. Pues no se trata de intentar verse mejor que Brasil, ni tratar de bailar a mejor ritmo en un deporte que parece destinado a ser siempre más armonioso en pies cariocas. No van a jugar mejor que ellos, sino hacer que Brasil juegue mal. 

El lugar para el ratoneo fue el mediocampo. Apretar y destruir cada intento de ataque del rival. Correr, meter la pierna fuerte, luchar a punta de mayor desgaste físico y convicción gladiadora. Argentina planteó una idea táctica con un fútbol de respuesta más que propuesta, pragmático y eficiente de acuerdo a la realidad invariable entre su calidad futbolística y la del rival. Y así, logró la victoria.

Otro factor determinante es el desgaste. El jugador no llega a los partidos de selecciones con la misma frescura que a un domingo con su club. Llega traginado, extraído de su rutina habitual, a un grupo al que debe volver a adaptarse, rápido. Juega con poca distancia entre partido y partido, después de haberse acostumbrado a otro ritmo semanal. Y en esta Copa América, fueron nueve partidos apretados uno tras otro. El ratoneo es hasta inevitable. 

Que el mejor jugador de la final hayan sido Rodrigo De Paul y Nicolás Otamendi, -que jugaron de Batista y Ruggeri- dice mucho del partido, y de la forma de detener a Brasil. Jugadores rudos, toscos y cortadores. Ratones. No dieron espacios al rival ni lo dejaron correr. Incluso, intimidaron desde la actitud triunfadora, el mismo antídoto con el que Chiellini y Bonucci ganaron la final a Inglaterra en Wembley. 

Para Perú, Brasil es cualquier selección, todas parecen invencibles. Uruguay, Argentina, Colombia y Chile son Brasil. Incluso la mejor versión de Ecuador. Hoy solo se puede plantear un partido de igual a igual quizás a Paraguay, Venezuela y Bolivia. Lo que Argentina ha hecho frente a Brasil es un ejemplo del sistema táctico que Perú debe aplicar en las doce finales para llegar a Qatar: cortar el fútbol desde el medio campo, eliminar la elaboración del rival, y privilegiar el fútbol defensivo. Que explote por las bandas y a buscar la oportunidad con el delantero solitario, Lapadula.

Hay una sola variable al ratoneo de Markarián para el Perú de hoy: que no sea con la defensa, sino gestado en el mediocampo. El comandante de la colonia de ratas debe ser Tapia, con Yotún y Peña en mayor labor de corte y recuperación. El fútbol del rival se debe destruir antes de que empiece, para obligarlo a retroceder y ver el reloj correr. Argentina lo ha demostrado. Hay que hacerlo sin vergüenza, para ganarle al rival invencible. 

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Copa América, Lionel Scaloni, Sergio Markarián

En pocos momentos de la historia se han podido entrecruzar en Latinoamérica, pero en particular en la sociedad peruana, tantos miedos colectivos como ha ocurrido actualmente. El miedo, como lo han dicho desde las ciencias sociales y humanas, nace de la ansiedad provocada por la subversión de diferentes órdenes en los que se asientan nuestras comunidades.

Con la pandemia del 2020, el primer orden en trastocarse fue el social: vimos cómo se podía morir casi de inmediato si es que no se aprendía nuevas formas públicas de caminar, transportarse o no al trabajo, comprar, alimentarse, limpiar, estudiar, relacionarse socialmente. La muerte de trece jóvenes en Thomas bar en Los Olivos el año pasado, nos aterró y un incómodo racismo empezó a manifestarse.

El desorden más profundo, mientras tanto, era el de nuestra salud. Si no usábamos mascarilla podíamos caer fulminantemente muertos, como se asumía cuando aparecían personas desmayadas en las calles de Lima. El miedo produjo que se agotaran los productos en los supermercados. Nadie supo por qué el papel higiénico, pero fue sujeto de bromas que ayudaron a distender un poco ese miedo que se prolongaba mes a mes, cada vez que se anunciaba que continuaría la restricción en nuestras casas, mientras tanto, las dolorosas cifras.

El freno económico fue terrible. Por un momento hasta el mercado internacional se detuvo. El impedimento de viajes clausuró amplios sectores. Empezaron las deudas, los cierres de pequeñas y medianas empresas, el aprovechamiento de los grandes consorcios, el negocio de la salud y el oxígeno, el sálvese quien pueda avalado por un Congreso de la República dedicado enteramente a proteger los intereses económicos de los grupos más corruptos del país.

La educación virtual sólo sirvió en las ciudades del país. El sistema educativo estatal colapsó en las zonas rurales sin cobertura a internet y no logró adaptarse a los requerimientos pedagógicos de la virtualidad. Se discutía el tema cuando salió a la luz la corrupción también en el poder Ejecutivo: el Presidente Martín Vizcarra que había frenado al Congreso con el apoyo de más de la mitad de la población, resultó contar con una red de clientelaje y corrupción venida desde sus tiempos de Gobernador de Moquegua. Él y su entorno estaban tan acostumbrados que hasta mintieron respecto de las vacunas que se habían repartido y aplicado. El contexto de miedo en el que nos hallábamos, hizo ver a Vizcarra como un traidor, pues sus buenos mensajes televisivos, habían ayudado a contener el miedo. Nos había hecho sentir que estábamos ganando la guerra al coronavirus, cuando todo se vino abajo. En ese contexto el Congreso de la República quiso aprovecharse y dar un golpe de Estado. Durante la protesta contra Manuel Merino murieron dos jóvenes. Las universidades tuvieron que suspender las clases durante una semana y buscar estudiantes desaparecidos. El miedo empezó a cundir en la joven generación bicentenario. Pero se logró retirarlo.

La larga elección de Francisco Sagasti logró estabilizar lo aprendido y priorizar el tema de salud. Pero pronto surgió el contexto electoral. ¡Vaya elecciones! Los dos primeros lugares los ocupaban la hija del dictador Alberto Fujimori, denunciada como cabecilla de una organización de lavado de activos, y el maestro rural que ganó protagonismo el año 2017 durante la prolongada huelga magisterial. Un racismo extremo fue la reacción inmediata de miedo contra Pedro Castillo, quien, por ser hijo de padres campesinos de hacienda y rondero, fue presentado como analfabeto, comunista y terrorista. El sector de la población costeña vinculado a las empresas relacionadas con el fujimorismo decidió que debían impedir como fuera que ganara. Sumaron al grupo El Comercio y otras empresas de radio, televisión y publicidad y acordaron no cesar de asustarnos sobre cada vínculo de Castillo con la corrupción y el chavismo venezolano.

Pero Castillo ganó, y ya la campaña de fraude posterior no dio miedo, sino hartazgo. Ha quedado a la luz qué abogados y políticos de alguna u otra forma están vinculados con la organización fujimorista por razones económicas o temor a su futuro encarcelamiento. Que Perú Libre sea investigado parece no haber asustado como lo esperaban. Ningún llamado a golpe de Estado ha sido tomado en serio y las instituciones electorales y judiciales se han logrado mantener firmes.

Ahora que ya aprendimos a convivir con mascarilla, el arribo de las vacunas y su avance a buen ritmo (sin la absurda necesidad de comercializarla) ha ayudado mucho a espantar los miedos. El temor a la vacuna se está disipando y así como nos tomó cambiar el orden social, si queremos regresar a poder abrazarnos, a reír a carcajadas con las amistades en un viaje, a celebrar que finalmente el Perú rural está siendo protagonista del bicentenario, debemos esforzarnos en tener las dosis necesarias para dejar el principal miedo atrás; de los demás miedos, en las calles nos encargaremos.

13 de julio de 2021

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Miedo, Pandemia
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