Opinión

[CASITA DE CARTÓN] Este columnista no puede dejar de estar atento y a su vez entristecido ante la lamentable situación social que atravesamos, con un congreso y ejecutivo cada vez más desprestigiados y aferrados a la mamadera del estado, y con un repudio cada vez más grande y abrumador que el sol que aún acompañan por las tardes en este invierno triste y raro. Pero no solo eso me aqueja, sino también el penoso conflicto social que yace entre nosotros, los mismos peruanos, cada vez más divididos y sectorizados, como enemistados a muerte. Y justamente de esto, toma parte la exposición de Mary Ann Agurto, gestora cultural, cronista y poeta, entre otras facetas relacionadas al mundo del arte, y que viene de ganar merecidamente por su contenido e innovación en su trabajo, Estímulos Económicos otorgados por el Ministerio de Cultura.

Esta obra que, como su título lo señala, busca la trascendencia de nuestra memoria, es decir, trasladar del pasado al presente y a las siguientes generaciones el patrimonio cultural que vive en cada uno de los peruanos. La memoria de nuestra cultura, que mucho obviamos o lo dejamos al margen al estar ensimismados en nuestros quehaceres, engullidos en nuestra monotonía, pero que está presente hasta con el saludo o el “pe” clásico, entre otros distintivos que nos diferencia como sociedad y que nos acompañarán para todos lados, sea el país o vientos en que nos encontremos. De esto también refiere esta exposición que está dividida en tres partes.

Callao: Comienza con el barrio de la alegría y la salsa. Ya que ella es chalaca y de pura cepa, ya que nació por las arenas de nuestra ciudad portuaria. La autora ve este pasaje desde los lentes de una arqueóloga, que es lo que estudia en la Decana de América, aplicando el método transfer, y vemos la geografía en donde se dan los primeros pasos en su lugar en el mundo, que puede ser como el de cualquiera otro, el lugar donde naciste y que vas forjando, inevitablemente, tu identidad, con la familia, el barrio, los amigos, las calles, las tienditas y los vecinos, todo lo que comprende el cimiento de nuestro árbol social.

2016: Es la segunda etapa y se manifiesta dentro del derrotero de la artista en la sociedad, ya dejado su nidito y su familia y volando por otras latitudes. Estos números en mención son del año en que se murieron muchas personas cercanas a ellas, entre ellos artistas de la talla de Javier Salazar o Rodolfo Hinostroza (de los que decide hacerles un homenaje), grandes amigos de la fotógrafa. “Cada semana o mes presenciaba un funeral, no tenía fin”, cuenta. De la misma manera, es en aquel año donde decide romper con la vorágine cotidiana que llevaba para encaminarse de lleno en el arduo y duro oficio del arte, que es a donde pertenece y del lugar del que nunca se irá. Es allí que su identidad es sucumbida por esa nueva gente que conoce y que forma parte de su nueva obra, su nueva vida, y ese descubrimiento al ejercer día a día lo que lo apasiona.

¿Realmente quieres hacerme daño?: La tercera y no por eso menos atrapante. Acá ya es donde se interioriza en la sociedad dentro de la labor del artista y con una semblanza profunda, basado en la memoria y en relación a dos fenómenos que nos involucran como sociedad. Con una gráfica interesante de fotos, llegamos al capítulo más reflexivo: el conflicto armado interno y el feminicidio.  De aquel periodo aciago, trae una experiencia vivencial con el gran poeta Domingo de Ramos, en Ayacucho, y en relación a un residente de allá, que le “dolía recordar ese pasado”, mostrando el grado en el que aún hoy está vigente aquella herida social y que muchas veces no queremos hablar, o si se hace es con fines políticos como sucede en la política actual. Y en torno al feminicidio y la complejidad de la mujer en una sociedad violenta en la que estamos, con una estructura social donde las injusticias priman. Es aquí donde percibimos claramente que la violencia está dentro de la memoria colectiva y la identidad de uno, lastimosamente forjado por una sociedad enferma.

Detalle no menor, y es que no es casualidad que Sarita Colonia esté presente en la portada de la obra. “Sarita es mi memoria, mi casa casa, mi familia, mi barrio. Mi patrimonio ante el mundo y las siguientes generaciones”, detalla conmovida. “Y las urnas, como las que en donde depositamos el futuro de nuestro país o las urnas funerarias, como donde reposa mi padre, todo lo que hizo en este mundo, sus sueños, y todo, terminó en una caja”.

Mary Ann nos demuestra que la memoria es parte intrínseca de cada uno, nuestro primordial tesoro, donde están inexorablemente envueltos nuestros recuerdos que son parte de nuestro porvenir. Entendemos en relación al conjunto del taller, la memorable frase del filósofo existencialista Jean Paul Sartre: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”.  Y de la misma manera aceptar lo ya acaecido. La memoria no debería doler, ya que si sucede buscamos naturalmente negarlo y con eso nos estamos condenándonos a que vuelvan a suceder en algún momento, ya que no hay fin ni comienzo, sino un perecedero andar si no lo asimilamos.

Esta casita de Cartón cierra sus puertas con los versos del eterno poeta, Antonio Machado: “Todo pasa y todo queda, / pero lo nuestro es pasar, /pasar haciendo caminos, / caminos sobre el mar”. Y me pregunto: ¿qué son las memorias sino el legado ante los vientos que dejamos? La rama familiar, mis sueños, mi vida. A su vez, ¿qué son nuestros recuerdos y memorias sino nuestro patrimonio único como personas? Todo esto me ha producido esta solemne obra que tendrá su cierra este Lunes 24 a las 7 pm en la Galería Kapulí, en Barranco. No vendría nada mal para comenzar la semana de manera reflexiva y pensar, algo que necesitamos imperantemente en estos tiempos, sobre nuestra realidad no solo personal sino social, porque si no entendemos las cosas a profundidad que nos conciernen estamos condenándonos a que vuelvan a suceder. No falten.

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[LA TANA ZURDA] Ya sabemos que nunca volvió a su Perú natal y menos a su materno Santiago de Chuco. Quizá por eso en su poesía y en sus crónicas el Perú y el terruño liberteño aparecen con frecuencia y son la fuente de una nostalgia conmovedora que infaliblemente nos araña las pupilas.

Por eso hay que saludar la gran iniciativa de la investigadora vallejista Gladys Flores Heredia de organizar el congreso internacional «Vallejo en el siglo XXI» con motivo del centenario de las primeras dos obras de narrativa del portentoso César, Escalas y Fabla salvaje, y, por supuesto, el centenario de su viaje definitivo.

Y lo hace nada menos que en el contexto y como parte del programa de la Feria Internacional del Libro de Lima que se inaugura mañana, viernes 21 de julio, en el ya habitual Parque de Los Próceres de la Independencia en el distrito de Jesús María, antes conocido como Parque Matamula.

¿Por qué es peculiar la celebración de este congreso en la FIL? Pues porque le da un toque de dignidad y por supuesto le eleva el nivel intelectual a la programación de un evento que año tras año se ha distinguido por exaltar «piononos de vitrina» o figuras de la farándula que dan vergüenza ajena en lo que se supone es una fiesta de la cultura en el mejor sentido de la palabra.

Ocurre que con el deterioro de las relaciones diplomáticas con el hermano país de México, que iba a ser este año el invitado de honor de la FIL, el país azteca decidió dejar «tirando cintura» al Perú y su feria más importante, lo que obligó a la Cámara Peruana del Libro a buscar una solución que le salvara el paso. Y ninguna mejor idea que dedicarle la feria al gran César Vallejo, tratándose no solo de los centenarios que se cumplen este 2023, sino también de la enorme producción bibliográfica que ha surgido desde el 2022 con motivo del centenario de esa obra cumbre de la vanguardia mundial que es Trilce.

Al congreso llegan notables vallejólogos como Antonio Merino, desde España, Mara García y José Antonio Mazzotti, desde Estados Unidos, Valentino Gianuzzi, desde Inglaterra, Ricardo González Vigil y Miguel Pachas Almeyda, gran biógrafo de Vallejo, desde la propia Lima, así como numerosos investigadores que completan una programación sumamente interesante.

Desde su mismo nombre de «feria» el evento general parece destinado a cumplir su mera finalidad comercial. Pero gracias a Vallejo y al desplante de México el efecto paradójico de una mejor calidad en la programación se hace palpable y convoca así a gente que se dedica con rigor y profundidad a la investigación sobre nuestro poeta bandera.

Hay cerca de 600 actividades de todos los calibres en esta FIL, pero albergamos la esperanza de que la inclusión de un evento académico como el congreso vallejiano siente un precedente que pone a la FIL-Lima a la altura de otras grandes ferias internacionales, como la de Guadalajara o la de Frankfurt, que siempre le dan un lugar importante a los cónclaves de investigadores, lo cual conecta esa producción especializada con el gran público fuera de los campus universitarios.

El congreso «Vallejo en el siglo XXI» es organizado por la Universidad Ricardo Pama y la Cámara Peruana del Libro, con el auspicio de la Universidad de Tufts, en Estados Unidos, la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, y la Asociación Internacional de Peruanistas. El programa completo puede verse AQUÍ.

Dése una vuelta por la FIL de este año y báñese de Vallejo, que no solo es saludable, sino, sobre todo, placentero. Sin duda descubrirá muchas cosas que Ud. no sabía.

 

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La izquierda es la gran derrotada de la jornada de ayer, bautizada como “La tercera toma de Lima”. No logró movilizar masas suficientes como para hacer tambalear al gobierno y mucho menos para imponer la agenda ideologizada que se le había endosado a la protesta.

En todo el Perú ocurrió lo mismo. Ni por asomo nos acercamos a las protestas de diciembre y enero en cuanto a participación ciudadana. Pocos hechos de violencia y una impecable actuación policial -salvo por algunos aislados excesos- redondearon una faena que redundará en beneficio del gobierno.

Al final, la marcha ha fortalecido al régimen. Ahora puede enarbolar la permisión de protestas con una respuesta democrática, con respeto a las libertades civiles y con resguardo de los derechos humanos. No limpia los sucesos de fines de año, pero le da un barniz diferente a la coloratura autoritaria del régimen.

La dispersión de grupos convocantes, la puesta en escena de una agenda politizada al máximo, la actuación preventiva del régimen (inclusive, se habla de negociaciones fructíferas con la minería informal para que ya no financie la protesta), contribuyeron a que se diluya la convocatoria. Y a ello se suma la ausencia de masas juveniles, desencantadas del régimen, pero que no ven opciones que los activen más allá del grito de que se vaya Dina Boluarte.

El gobierno cometería un gravísimo error, sin embargo, si este relativo triunfo político lo lleva a reafirmarse en más de lo mismo, en esta estabilidad mediocre que nos rige, y no asume la urgencia de modificar radicalmente los términos de su gobierno en materia política, social y económica.

Y, por supuesto, se esperaría que el Congreso ponga las barbas a humedecer y entienda que la impunidad política con la que vienen actuando es el principal causante de la irritación ciudadana y del desgaste del establishment político.

La protesta de por sí, más aún por el tenor democrático y pacífico exhibido esta vez, alza una voz que debe ser escuchada en las alturas del poder. Se esperaría que el 28 de julio Dina Boluarte se dirija al 80% del país que la desaprueba y no al que la aprueba. La jornada del 19 de julio habría logrado algún efecto si ello se produce, y se esperaría que así sea. Hay que respetar al pueblo movilizado, más allá de las agendas politizadas de una izquierda que se quiere reciclar de su descrédito por haber sido comparsa cómplice del nefasto gobierno de Castillo.

 

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[PAPELES VIRTUALES] 

UNO

Es muy perturbador para mí. Hemos hablado sobre las fuerzas disruptivas en este negocio y todos los desafíos que enfrentamos, la recuperación de COVID que está en curso, no ha regresado por completo. Este es el peor momento del mundo para aumentar esa interrupción…. Hay un nivel de expectativa que tienen, que simplemente no es realista.

Bob Iger – CEO de Disney

El ejecutivo, es judío, un setentón que se mantiene en buena forma. Desde sus inicios, los grandes magnates de la industria fueron judíos. Hace unos días, sus declaraciones fueron el punto de quiebre, en la huelga de actores y guionistas de Hollywood.

  • ¿Por qué?

 Porque es un Directivo que ganará 27 millones este 2023. Así de simple.

Mientras actrices como Kimiko Glenn mostró, hace unos días, el monto que recibió por regalías – actuó en la exitosa serie “Orange is the New Black, que se emite en Netflix – el ridículo de 27 dólares.

Sin ir muy lejos, al año pasado, los actores de Pedro el Escamoso y Escobar el Patrón del Mal, indicaban que no recibían ni un dólar por la retransmisión –de las mencionadas telenovelas– en las plataformas. Claro, esta parte del mundo no es Hollywood.

Volviendo al país del norte, El reclamo de los guionistas y actores es por el aumento de los pagos residuales (regalía por retrasmisiones). Antaño, las series se extendían toda la temporada. Ahora son cortas. Lo que repercuten en salarios. Ambos sindicatos reúnen un total de 171.500 miembros.

Es fachero, negro y con un bigote a lo Tom Selleck. Talento joven. Es uno de los guionistas, de una de las mejores series de la actualidad.

  • The Bear.

Dio a conocer la situación de muchos colegas. Y la suya.

  • Los guionistas como yo, especialmente los jóvenes, los guionistas negros, nativos, los guionistas de color, hemos aportado una nueva ola de creatividad al proceso. Pero nos encontramos incapaces de sobrevivir en lugares como Nueva York y Los Ángeles, donde necesitamos estar para asistir a las salas de los guionistas. No clasificaría a todos los guionistas como pobres o arruinados, pero puedo decir que tengo $6 en mi cuenta bancaria

      Alexander O’Keefe

Un dato, por demás revelador: las Plataformas se han negado a la mayoría de ajustes propuestos, debido a que –el acuerdo– las obligaría a hacer más transparentes sus números de audiencia. Algo, que dichas empresas guardan con excesivo celo.

Lo interesante de la huelga, es que lo encabezan los intérpretes más renombrados.

  • ¿Qué sucede si se logra un acuerdo?, ¿Quiénes serán los más beneficiados?

Pues la mayoría de actores, ignotos, para el gran público.

  • ¿Que dirán los de WIllax ahora con respecto al tema?
  • ¿Utilizarán con Matt Demon, Meryl Streep, Tom Cruise y demás, también el termino caviar?
  • ¿La llamaran terruca a Fran Drescher?

 

DOS

Los líderes empresariales peruanos han abrazado a la presidenta Dina Boluarte, incluso cuando sus índices de aprobación caen en picada entre una población enfadada por la debilidad de la economía y las protestas mortales que siguieron a la destitución de su predecesor hace siete meses.

Marcelo Rochabrun – Bloomberg

Un sondeo indica que el 71% de los CEO aprueba la gestión de Dina Boluarte. Increíble. La Oligarquía –como siempre– buena para hacer negocios y dinero. A pesar de ello, inepta para leer la realidad social de un país.

  • ¿Siempre fue así?

Sí, lamentablemente. Para muestra un botón.

En los noventa, la misma Oligarquía que apoyó a MVLL; al perder éste, se alió sin tapujos con Fujimori. Estuvieron de su lado, incondicionalmente.

  • ¿Qué dijeron con respecto a los abusos y muertes de parte de la dictadura?

Miraron para otro lado. Sino apoyaron lo dicho por el abyecto hombre de Dios.

  • Los derechos humanos son una cojudez.

Entonces, consulto.

  • ¿Porque deberíamos esperar otra cosa, de las clases privilegiadas?

Cuando en su columna semanal, Piedra de Toque, Vargas Llosa se pregunta, perplejo, por qué los países del continente se esfuerzan en elegir candidatos de izquierda como Presidentes. Debería replantearse la pregunta.

  • ¿Porque los gobiernos de derecha son tan ineficientes?

Para mayor inri, se cayó el modelo de Chile.

  • Tiene que venir una especie de Dictador de Derechas – luego viene la contradicción – que no viole los derechos humanos, pero que tome decisiones, que las haga.

Declaró –hace un tiempito– la oligofrénica de Adriana García-Belaunde.

Ese es el pensamiento retrogrado de la extrema derecha. Nunca cambio. Sostuvo a Odría, Fujimori y ahora lo hace con Dina.

  • ¿Porque lo hace?

Por conveniencia.

 

TRES

El día de la Toma de Lima ha ahondado en el cisma político y social. No nos soportamos. No tenemos políticos capaces. Y los pocos rescatables son vilipendiados por la oposición. Olvidamos que un político es aquel que logra acuerdos, no es aquella persona que insulta o grita más fuerte.

Se extraña a un Barrantes, Fernando Belaunde, Francisco Belaunde, Henry Pease, Javier Diez Canseco, entre otros. Eran gente leída, culta; enseñaban en Universidades. Quienes, en tiempos de crisis, en plena coyuntura, ponían paños fríos.

El Perú, creo yo, nunca ha estado en una situación tan áspera. Y sí, todo esto es consecuencia de una política dictatorial. Es la consecuencia lógica.

Uno no puede ser uno catalogado por terrorista por ir a una marcha. Es inadmisible. Las dicotomías solo pueden ser aceptadas por extremistas. Tampoco es plausible que alguien amenace de muerte, y las autoridades digan.

  • No hay delito.

Cuando marcha La Pestilencia es un derecho democrático; sin embargo, cuando protestan los demás es inconstitucional.

  • El que no está conmigo, está en contra mío.

Ridiculeces.

O la supina ignorancia de otros.

  • Puno, es la segunda capital de Sendero Luminoso.

Así se construye una narrativa falsa.

Las redes sociales y la prensa adicta, están sirviendo para ahondar en los extremos. No para clarificar las ideas.

Si piensan que con esta marcha termina todo, pues están equivocados. Vendrán muchas más.

Si ahora no cae este gobierno nefasto, lo intentaremos una y otra vez.

Una y otra vez.

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[AGENDA PAÍS] Las próximas elecciones de la mesa directiva del congreso 2023-2024 es un adelanto de lo que pueden ser las elecciones generales del 2026, con muchos intereses individuales, otros mercantilistas y ninguna pasión por lo que realmente nos debería mover, que es el bienestar de nuestros compatriotas.

Actualmente, existen 13 grupos parlamentarios más el de no agrupados, es decir, una representación fraccionada donde prima la sobrevivencia política, “niños“ y “niñas”, “mocha sueldos”, cómplices impunes del golpista Castillo y una minoría de congresistas decentes y consecuentes con sus ideales.

Los bailes y enamoramientos para integrar la próxima mesa directiva ya se están dando. En ese coqueteo, se está plasmando una alianza entre la centro-izquierda y la izquierda radical, la cual sería liderada por Waldemar Cerrón de Perú Libre e integrada también por Luis Aragón de Acción Popular, flamantemente designado como representante en la mesa directiva por parte de su bancada.

Esta lista de izquierda (intransigente, achorada y antidemocrática), de ganar la elección de la mesa directiva, tendría en sus manos la agenda política del congreso, pudiendo priorizar proyectos de corte populista afectando aún más la economía del país e incluso, intentar un camino hacia una asamblea constituyente.

El peligro no acaba en este control de proyectos sino también, que ante una poco probable y no deseada renuncia o vacancia de Dina Boluarte, tendríamos en la presidencia del Perú nada menos que a Waldemar Cerrón, hermano y mano derecha del condenado por corrupción Vladimir Cerrón, líder del partido Perú Libre, con consecuencias que son fáciles de imaginar.

Es por ello imperativo que las fuerzas democráticas del congreso puedan desprenderse de sus intereses particulares y consensuar una lista para la mesa directiva donde encontremos parlamentarios probos y capaces de llevar un período anual del congreso con visión de país y en beneficio de todos los peruanos.

Congresistas como Gladys Echaíz de Renovación Popular, Patricia Juárez de Fuerza Popular, Alejandra Tudela de Avanza País, Eduardo Salhuana de APP y Carlos Anderson de los no agrupados (en caso se modifique el reglamento o se una a una bancada), son opciones que pueden devolver al congreso un poco de la prestancia perdida estos últimos años y permitan priorizar proyectos y reformas políticas imprescindibles, así como asegurar una transición constitucional, de llegarse a ese extremo.

El último mes de mayo hubo una caída de la producción en el Perú de -1.4% llegando a -0.4% para los primeros 5 meses del año, lo cual significa que estamos a puertas de una recesión que incrementará, sin dudas, la pobreza que ya viene en aumento sobre todo en las zonas urbanas.

El Perú necesita recuperar la confianza en sus autoridades, no podemos caer en más incertidumbres con una mesa directiva de izquierda radical y populista en el congreso que espantaría aún más a los inversionistas nacionales y extranjeros, y fomentaría protestas sociales de corte violento, como ya lo hicieron a principios de año.

Es momento de demostrar que las fuerzas democráticas del congreso pueden unirse desprendiéndose de ideologías y enfocándose en el bienestar de los ciudadanos. Este reto es un adelanto de lo que podría suceder en las elecciones generales de 2026 donde habrá más de 25 partidos políticos en el partidor y una necesidad de actuar de inmediato ante la amenaza que populistas radicales de izquierda tomen la mesa directiva del congreso y terminen destruyendo el país.

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[LA COLUMNA DECA(N)DENTE] La protesta pacífica es un derecho fundamental de las sociedades democráticas y, a lo largo de la historia, ha sido una herramienta para expresar descontento y luchar por cambios sociales significativos. Sin embargo, la imagen tradicional de una protesta ciudadana a menudo se asocia con la ira y la indignación, dejando poco espacio para otros sentimientos igualmente importantes. Es en este contexto que la expresión «con alegría y rebeldía yo me sumo a la protesta» adquiere una significación particular, resaltando la importancia de un enfoque que une la pasión por el cambio y la resistencia pacífica.

La alegría en la protesta pacífica puede parecer inusual a primera vista, pero es un componente esencial para mantener la moral y la energía de los manifestantes. Cuando nos unimos en torno a una causa justa, como el adelanto de elecciones, encontramos un sentido de comunidad, solidaridad y fraternidad; y la alegría se transforma en un medio poderoso para crear esos lazos. La música, las canciones y las sonrisas pueden romper las barreras entre extraños y forjar una conexión humana profunda.

La alegría también es un recordatorio de que nuestra lucha es por un futuro mejor, por recuperar la democracia y evitar la degradación institucional como consecuencia de la acción del Congreso y del Ejecutivo; y es una forma de resistir el desgaste y la desesperanza que a menudo acompañan a la lucha contra un gobierno que viola los derechos humanos de sus ciudadanos y no duda en ejecutarlos extrajudicialmente.

En tanto, la rebeldía en la protesta pacífica implica una postura firme contra la vulneración de los derechos humanos perpetrada, principalmente, por el Ejecutivo; pero con el compromiso de no recurrir a la violencia. La resistencia pacífica es un acto de valentía y decisión, donde la no violencia se convierte en la estrategia para confrontar a todos aquellos que pretenden perpetuar las injusticias.

Asimismo, la rebeldía sin violencia busca desarmar a los adversarios, a los “terruqueadores”, ya que es más difícil para ellos justificar la represión indiscriminada contra manifestantes pacíficos y alegres. La ausencia de violencia también permite ganar el apoyo y la simpatía de la sociedad en general, ya que nuestra causa se convierte en una llamada a la justicia y al respecto irrestricto de los derechos humanos de todos los ciudadanos.

Unir alegría y rebeldía en la protesta del 19 de julio no significa, por ejemplo, ignorar el sufrimiento y dolor de los familiares de los 49 compatriotas ejecutados extrajudicialmente durante las manifestaciones de diciembre, enero y febrero. Al contrario, implica practicar la empatía, el respeto y la solidaridad para con ellos. Y con ellos exigirle al gobierno de Boluarte y Otárola, verdad y justicia. Por último, la protesta pacífica es una oportunidad para unir fuerzas con todos aquellos que confrontan al gobierno por recuperar la democracia y solucionar la crisis política que escala cada día. Juntos, con alegría y rebeldía, podemos construir un futuro diferente. Es por eso que, mañana 19 de julio, yo me sumo a la protesta y tú ¿te sumas?

 

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Obviamente, por más exitosa que sea (que no parece que vaya a serlo), la marcha de mañana no va a provocar ninguno de los desenlaces que forman parte del disperso pliego máximo de reclamos (renuncia de Boluarte, adelanto de elecciones, cierre del Congreso, Asamblea Constituyente, estatización de proyectos de inversión, etc.), pero sí debería generar una respuesta múltiple del gobierno a la insatisfacción ciudadana detrás de la protesta.

1.- Asunción de responsabilidades políticas por los muertos de diciembre y enero. Ello tendría como símbolo máximo la salida del premier Otárola, ministro de Defensa cuando las muertes se produjeron, y su reemplazo por un personaje con visos más dialogantes y menos confrontacionales. Otárola ha sido funcional y operativo, pero ya cumplió su ciclo político.

2.- Cambio en las políticas de ayuda social para aliviar el incremento de la pobreza y el impacto de la inflación en los sectores de menores recursos. Esto es urgente y no implica mayor gasto fiscal. Ya lo dijimos: aumentar de 200 a 340 soles el programa Juntos, por ejemplo, solo supondría el 0.1% del PBI.

3.- Destrabe de todos los proyectos mineros, hoy paralizados por grupos extorsivos. Hacerlo sería un potente mensaje en favor de la inversión privada, que si bien se está recuperando, no lo hace a la medida de lo que las circunstancias exigen. La inversión privada es fundamental para mejorar el empleo, la pobreza y dar un poco de mejor perspectiva a muchos desesperanzados que encienden las hogueras políticas por razones de bolsillo.

4.- Compromiso serio del Congreso (para empezar, que sus integrantes se den cuenta que la protesta también es contra ellos) para desterrar los blindajes a niños y mochasueldos, además de viajes dispendiosos e inútiles. El Legislativo debe dejar de ser una fábrica de escándalos y transformar su desidia e indolencia en una actitud reformista que se trace una agenda legislativa seria y democrática.

5.- Reconfiguración de la agenda del régimen. Con estabilidad mediocre, no se aguanta indemne hasta el 2026. Es necesario incorporar agresivamente un conjunto de reformas y anunciarlas integralmente el 28 de julio. Esa fecha puede ser el parteaguas de un gobierno que anda a la deriva.

 

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[BATALLAS PERDIDAS] La escena descrita  es una estampa muy común en nuestros días. La pantalla se ha convertido en la niñera de la era digital. Incluso hay portacelulares diseñados para los coches de bebé. Unos se colocan en la baranda para que el pequeño pueda ver la pantalla y otros permiten a los padres manejar el cochecito mientras usan el celular.

El uso de pantallas en los niños es un tema que ha generado mucha controversia en los últimos años. Y a pesar de que por sus características el debate puede ser bastante fundado por uno y otro lado, no está exento de pasiones: los digitallovers versus los digitalhater. En el medio, por supuesto, los moderados calmando las aguas: “el problema no es la tecnología, sino cómo se usa y los límites que se le ponen”, suelen sentenciar con el tono del más elemental sentido común.

Hace unos días circuló la noticia de que en Suecia, un país que había avanzado mucho  en la digitalización de la educación, se han detectado algunas deficiencias en el aprendizaje de los alumnos y se ha decidido volver a dar más protagonismo a los libros físicos. Después de consultar a 60 organismos de investigación, incluido el Instituto Karolinska, llegaron  a la conclusión de que la digitalización no beneficia del todo el aprendizaje de los niños y tiene consecuencias negativas para la adquisición de conocimientos. La ministra de Educación de ese país consideró que se implementó demasiado rápido sin tener en cuenta los impactos en la infancia sueca. Esto no significa que se hayan deshecho de la tecnología en las aulas, pero sí han decidido darse un tiempo antes de continuar con su adopción, hasta contar con mayores evidencias.

Suecia no es el único país  en que se ha puesto en cuestión las bondades de la digitalización. En Francia, Italia y Holanda han prohibido o limitado los teléfonos móviles en las aulas, para evitar la distracción y la dependencia de los jóvenes a la tecnología. En Chile se ha sugerido reducir el tiempo de pantalla durante las clases en línea, para favorecer el bienestar de los estudiantes y en  China se han impuesto regulaciones para controlar el tiempo de pantalla y de videojuegos de los estudiantes, por motivos de salud visual y mental.

Las restricciones al uso de pantallas que algunos países están implementando se fundamentan en investigaciones recientes que han hallado una relación inversa entre el tiempo que los niños pasan frente a estos dispositivos y su desempeño intelectual. Sin embargo, un estudio realizado en 2019 por un equipo de investigadores de la Universidad de Calgary, en Canadá, fue el primero en establecer una correlación directa entre estas variables, al  demostrar que el uso de pantallas en los primeros años de vida puede afectar negativamente el desarrollo infantil en varias áreas. El estudio se basa en datos de 2.400 niños canadienses que fueron evaluados a los tres y cinco años, y muestra que las pantallas pueden interferir con el aprendizaje de habilidades físicas, sociales y comunicativas.

Los defensores del estado de cosas sobre la digitalización argumentan que las pantallas pueden tener beneficios educativos, culturales y lúdicos si se usan de forma adecuada y supervisada. También, consideran que es imposible aislar a los niños de la realidad digital en la que vivimos y que es mejor enseñarles a usar las pantallas con criterio y responsabilidad.

En un mundo ideal, esta sería la opción más razonable, pero en la realidad es impracticable. ¿Cómo puede un niño usar un celular de manera supervisada y adecuada? Seamos honestos: el aparato, más bien, suele ser el recurso más cómodo para los padres con falta de tiempo que buscan mantenerlos supuestamente tranquilos, sin exponerlos a riesgos. Los defensores del uso de celulares en niños de temprana edad ignoran el potencial adictivo que tienen los dispositivos electrónicos. El diseño de los videojuegos y las redes sociales estimula la liberación de dopamina, una sustancia que produce placer y recompensa en el cerebro. Esto puede generar una dependencia de las pantallas que dificulta el control del tiempo y la frecuencia de uso.

Ante el discurso de las supuestas bondades que nos pueden ofrecer, se podría retrucar: ¿es indispensable el celular para conseguir los objetivos educativos, culturales y lúdicos? ¿No pueden alcanzarse por otros medios? Quienes defienden este uso también parecen obviar que el día tiene 24 horas y el tiempo que se destina a la pantalla es tiempo que se le resta a otras actividades. Por otro lado, es muy difícil competir con ese mundo fantástico que ofrecen los celulares. Los padres que han tenido a sus niños desde muy pequeños enganchados a este aparato pueden dar fe de lo difícil que es, luego, despegarlos.

Este texto no pretende ser una catilinaria contra la tecnología ni proponer su total eliminación de las aulas, ya que eso sería, por supuesto, retrógrado. Sin embargo, sí busca proponer a los padres considerar una moratoria en el uso de pantallas durante los primeros años de vida de los niños y niñas. Esta idea no es nueva, pues desde hace tiempo la Organización Mundial de la Salud y la Asociación de Pediatras de Estados Unidos ha recomendado evitar el uso de pantallas desde el nacimiento hasta los dos años, y limitar su uso a una hora diaria desde los dos hasta los cinco años.

No es imposible, créanme, ni implica ninguna tragedia para los niños. Al contrario, puede aportar beneficios significativos a su desarrollo. Debemos empezar por cuestionar ciertas ideas que algunos asumen como verdades absolutas: «Los niños pequeños no pueden prescindir de los celulares». Eso no tiene nada de científico, es solo una creencia.

Durante los primeros años, el cerebro de un niño experimenta un rápido crecimiento y desarrollo, y las interacciones con el mundo real son fundamentales para estimular su imaginación, creatividad y habilidades sociales. Para cuando sea indispensable usar estos dispositivos, el niño estará mucho mejor preparado.

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Si el gobierno comete este 19 de julio la bestialidad de reeditar la represión asesina de diciembre y enero, habrá puesto el primer peldaño para su inminente caída. Hasta ahora esperamos una disculpa auténtica, sanción política a los responsables y su respectivo procesamiento penal, y esa ausencia explica, entre otras varias razones, la alta desaprobación del régimen, sobre todo en las regiones donde la represión se desató inmisericorde.

Lo que corresponde en una democracia y en un Estado de Derecho es que las protestas y las marchas se respeten y cautelen. Y si se produjera algún desborde violento, pues proceder a la inmediata captura y detención del vándalo, su pase a la fiscalía y su procesamiento penal respectivo.

No hay pena de muerte por protestar, ni siquiera por bloquear una carretera, cerrar un puente o intentar tomar un aeropuerto. La policía o la fuerza armada solo puede hacer uso de sus armas letales en caso peligre su integridad vital o la de otros ciudadanos.

El problema de fondo es que si el terruqueo ya es moralmente deleznable en la sociedad civil o la clase política, resulta altamente riesgoso si lo asumen los hombres de uniforme, que creen, en muchos casos, que en este tipo de protestas están enfrentando a terroristas encubiertos (lo vimos en declaraciones grabadas a policías durante la incursión en la San Marcos).

Con esta actitud, el gobierno, en lugar de despertar temor en la ciudadanía, la alienta a salir a protestar, porque hay evidente molestia en el país por una gestión mediocre y por un Congreso corrupto y deleznable. La gente está harta y por más que haya una agenda izquierdista que quiera reciclarse con esta marcha, se entiende que a ella se sumen porciones ciudadanas independientes y sin agenda ideologizada.

El Ejecutivo tiene que saber leer la realidad. Y ésta le exige un cambio radical de gestión, no solo política sino también económica e institucional. El país no llega indemne al 2026 si las cosas siguen como están. Fuera de la agenda politizada de los convocantes oficiales de la marcha, la demanda ciudadana de fondo no puede ser soslayada y muchos menos reprimida abusivamente.

 

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