Opinión

En esta edición del podcast «Voz en Off» de Camila Vidal: Entrevista a Andrea Hoyos y su película Autoerótica.

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Andrea Hoyos, Autoerótica, Voz en off

A tan sólo diez días de su juramentación, la oposición mediática al gobierno de Pedro Castillo ha expresado —con niveles de estridencia históricos— su malestar y descontento. La retórica de la prensa digital ha sido tanto más artera cuanto poco imaginativa. El subtexto de las criticas son obvias y repetitivas, y de una vez por todas, digámoslo clara y abiertamente, para muchos de los “críticos y observadores” de la oposición: Castillo y compañía son ante todo una banda de “recién bajados” mal hablados, incompetentes, ignorantes, taimados y mentirosos y que además tienen la audacia de querernos gobernar.

Es ese el mensaje que subliminalmente nos es martillado sin cesar a través de las redes sociales. Día a día, en artículos, podcasts y videos las variaciones de este mensaje es lo único que el lector encuentra. Se adula y acicatea al Congreso para que interpele, sancione y condene. No se sabe bien ¿a quién? o ¿por qué? lo importante es que no permitan al gobierno “cerronista” que se adueñe del país.

A nadie parece importarle que el señor Cerrón no ostente cargo alguno en el gobierno. Basta con insistir que, como fundador de Perú Libre, es él, la eminencia gris que teje y desteje la madeja política y, quien conducirá al Perú al precipicio antidemocrático y caótico que es Venezuela, en el peor de los casos, o quien nos hará perder nuestra vida democrática tal y como la conocemos.

Al Primer Ministro Bellido, se le imputa de ser filo senderista, a pesar de que, en repetidas ocasiones, haya afirmado su repudio al terrorismo. Normalmente, y siguiendo las reglas del juego político, una declaración de este tipo es aceptada con su valor de cambio. Para la oposición, esta declaración es inadmisible, porque como dice un columnista de El Comercio, no somos “cojudos”. O sea, vale más, —en un momento de desesperación y para tratar de impedir que el “marxismo-leninismo” se apodere del poder—, creer en el acto de contrición de Keiko Fujimori y su promesa de abjurar de la “corrupción como forma de gobierno”, y celebrar su absolución a través del abrazo a distancia de los Vargas Llosa.

También se le acusa de homofóbico y machista, dejando de lado lo hipócrita, es curioso que la misma prensa que se rasgaba las vestiduras cuando se discutía el material educativo que incluía una visión más liberal sobre la educación sexual, y que temía que la educación “volviera homosexuales a los niños” se haga ahora abanderada de las libertades sexuales. Es cierto que se puede considerar al gabinete Bellido como machista, por estar conformado por sólo dos mujeres, es una observación más que valida y que se debe corregir.

Otra crítica recurrente al gobierno de Castillo es la incompetencia de los funcionarios nombrados en puestos clave del gobierno. Examinemos las credenciales, es obvio que este gobierno no va a tener acceso a profesionales y tecnócratas egresados de Universidades limeñas como la Pacifico, La Católica o la de Lima, al tratarse de un gobierno con raíces provincianas. Probablemente el ministro Pedro Francke a través de sus relaciones con su Alma Mater, la Universidad Católica, pueda proveer de recomendaciones para los puestos de confianza que el Gobierno de Castillo requiere. Pero aquí también hay que decirlo: en el Perú hemos tenido en el pasado funcionarios corruptos provenientes de “buenas universidades”. El criterio clave en este contexto, más que nunca, debe ser probidad moral y vocación de servicio.

Abundan, por supuestos, las noticias tendenciosas que han logrado “investigar” incluso las multas de tránsito que algún recién nombrado ministro pudo haber tenido en el pasado. Se trata de una potestad de la liberta de prensa, no hay duda, lo inquietante es que esas noticias se conviertan poco a poco en lo única realidad que se ofrece a los lectores. El peligro en una sociedad como la nuestra, en la cual la variedad de fuentes de información dignas de ese nombre aún es un lujo, es crear una burbuja que nos imponga una versión fabricada de la realidad.

Por primera vez en su historia, la sociedad peruana vive la experiencia de tener un gobierno de izquierda elegido democráticamente. No hay un problema de legitimidad, las leyes de la democracia establecen las condiciones, y reconoce un vencedor, aunque sea por diferencia de un voto. Los mismos medios que hoy claman “crisis de legitimidad”, coreaban a PPK cinco años atrás cuando la diferencia de votos contra Keiko Fujimori también fue mínima.

Gobernantes como Sánchez Cerro, Manuel Odría o Velasco Alvarado fueron sobre todo dictadores, con programas populistas e incluso demagógicos. Los regímenes de Toledo y Humala —que aprovecharon las expectativas de justicia social de millones de peruanos—, terminaron en debacles de corrupción y desgobierno porque adoptaron los mismos programas y al final generaron los mismos conflictos que los grupos de poder han impuesto al Perú desde hace dos siglos.

Cuenta Basadre en su Historia de la Republica del Perú que, durante la elección del primer Congreso, no todos los recientemente creados departamentos podían cumplir con la elección de sus representantes a la asamblea nacional. Con la sabiduría criolla que nos caracteriza, hubo un tal Manuel Antonio Colmenares que supo hacerse de la representación de Huancavelica —en ese momento aún ocupado por las fuerzas españolas—. Para suplir la falta de votantes, Colmenares fue al mercado y tomó unos cuantos indios de los que cargaban en la puerta del mercado, los condujo al recinto electoral proveyéndoles de cedulas escritas para que votaran por él y por los demás que figuraban en la misma lista y así salió elegido diputado “únicamente por ocho o nueve individuos que él mismo reunió para el acto del sufragio”.

Dos siglos más tarde, hay quienes piensan que el presidente Castillo es el “cholito” de Vladimir Cerrón. Hay quienes creen que a toda esta banda de zopencos mal hablados hay que llevarlos “con las riendas bien ajustadas”. Los más amables —y, quizás los más peligrosos— consideran, como los describe nuestro querido Ricardo Palma en la Tradición “Carta Canta”, que nuestros indios son “seres de sencilla ignorancia”, y que si pretender alguna picardía, serán zurrados y que la palabra escrita siempre penderá como una espada sobre sus cabezas. Ayer en forma de carta, hoy como la prensa digital.

Ginebra, 08 de agosto de 2021

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Guido bellido, Pedro Castillo, Pedro Francke

Andrea, a sus 23 años, fue ganadora del premio DAFO de producción otorgado por el Ministerio de Cultura en el 2018, convirtiéndose, quizás, en la cineasta más joven en recibir este premio. Las entradas de Autoerótica se consiguen a partir del 11 de agosto a través de la página oficial del festival, que se llevará a cabo por segundo año de manera virtual.

Andrea se manifiesta en sus redes sobre la película: “Nunca nos olvidemos de crear en colectivo, de que no basta con ver personas LGBTIQ+ en las pantallas; También hay que tenerlas creando detrás de las cámaras. Existiendo y teniendo una voz.”

A partir de esta frase empezó una enriquecedora conversación sobre el proceso de creación de la película y los temas que se visibilizan en ella. Autoerótica tiene una mirada más horizontal, de amistad, de deconstrucción y redescubrimiento durante un verano.

¿Cómo está plasmada la mirada en Autoerótica?

De hecho, tiene que ver con el momento en el que yo empiezo a proponer cómo es que vamos a hacer para que se consolide el equipo, entonces se empieza a pensar mucho más desde el momento en el que estamos creando que realmente lo que ha salido en la historia. Empieza a ser una mesa de trabajo que en algún momento se piensa como conformada por cabezas de área que sean solo mujeres y a partir de ahí que ellas vayan viendo con quienes querían trabajar. En el camino, la película fue creciendo y me fui dando cuenta que mi mirada iba más allá de eso y pensaba en no solamente las mujeres sino también en las personas LGBTIQ+ y en como me importaba que el proyecto esté enriquecido por esas miradas, que es un poco mi mirada de la vida, de las historias, del amor, del crecimiento, de la adolescencia, del autodescubrimiento y del despertar sexual. En Autoerótica lo que más se refleja es la amistad y como, cuando una es adolescente, es muy competitiva con las otras mujeres de su vida, hay celos, hay un montón de cosas de por medio con connotaciones negativas y creo que ha sido darle un resignificado a ese proceso adolescente y cómo la amistad y esas personas que te hacen crecer, te acompañan y tienen quizás algunas violencias similares que las atraviesan.

¿Autoerótica es el retrato de tu propia adolescencia?

En realidad, es la historia mía y de mis amigas. Yo no necesariamente soy el personaje de Bruna que es la protagonista, creo que soy todos en distintos momentos de mi vida. Para mi significa esas cosas que les han pasado a mis amigas, que me han pasado a mi, cosas en las que he estado y cosas que ellas han vivido a mi lado. Entonces es una película por y para ellas.

¿Quiénes son las protagonistas?

Cuando grabamos la película Rafaella Mey estaba por cumplir 18 y Micaela Céspedes tenía 21. Ambas interpretan a menores de edad, de 15 y 16 años respectivamente. No tenían esas edades cuando grabamos la película, pero si cuando nos conocimos. Ellas se conocieron a raíz de Autoerótica y de hecho en la historia ellas son vecinas y en la vida real también lo eran entonces a través de Autoerótica empezó una amistad muy bonita que tienen hasta este momento entre ellas y conmigo.

¿Cómo se trata el despertar sexual en la película?

El despertar sexual se trata desde el punto de vista de la protagonista, entonces es un despertar desde la rebeldía, desde el adolecer, desde el dolor, desde la búsqueda, pero siempre desde una manera bastante inocente porque la mirada de la película es adolescente. Entonces no es una mirada de la sexualidad que la juzgue, creo que es una película que acompaña su proceso.

¿Qué temas se visibilizan en la película y se dejan de criminalizar?

Lo que más está en la película es como nosotras a pesar de tener 15, 14, 16, 17 o la edad que tengamos tenemos el poder y el control sobre nuestros cuerpos, sobre qué hacemos, sobre cómo llevamos nuestra vida sexual, sobre las decisiones que tomamos, sobre como nos relacionamos. Creo que somos sujetos autónomos desde un momento muy temprano y que muchas veces se ha visto a la adolescencia con condescendencia y sobre todo a las mujeres y a las personas LGBTIQ+ cuando lo que debería existir es esa libertad del goce del cuerpo. En la película está la reivindicación de eso.

¿Consideras a Autoerótica como parte de un cine transfeminista o interseccional?

Diría que transfeminista e interseccional más por mi, pero en realidad creo que lo que se retrata en la película es un acercamiento a lo que puede ser el feminismo en ese momento porque como es una mirada tan adolescente, es algo que el personaje recién de está dando cuenta que existe. Recién se da cuenta que existe su madre, su amiga, que estas personas de su alrededor que ella antes creía que podían ser una competencia en realidad están ahí para ella, para ser un apoyo. Entonces, el feminismo podría ser más como principiante en ese momento porque es una adolescente que recién se da cuenta de eso.

¿Que el equipo, en su mayoría, esté conformado por mujeres, le aporta más coherencia al discurso y a la historia? 

Socialmente habíamos atravesado por cosas muy similares durante nuestra adolescencia y teníamos cuestionamientos muy parecidos sobre nuestra sexualidad. Entonces las conversaciones siempre partieron desde ahí, desde nuestras experiencias de vida, desde cómo contamos un poco de tu historia en la historia. Por eso Autoerótica es de todas, ahora yo la siento así, tiene un poquito de cada una. Cada persona del equipo sentía la adolescencia desde un lugar distinto, inclusive desde la maternidad como en el caso de Micaela Cajahuaringa, directora de fotografía, que su hija se encontraba en plena adolescencia también.

¿Cambió mucho el guion desde su creación hasta después del rodaje?

Rafaella y Micaela no venían de una formación actoral tradicional, sino que todo fue construido mediante los ensayos, sus propias búsquedas, sus propias referencias y otras que yo les iba dando, pero al no ser actrices con formación había muchas formas en las que trabajábamos que hacían que el guion vaya cambiando. Si había momentos en los que ellas a la cuarta toma se cansaban y había que cambiar las cosas, porque no es como alguien que se está aprendiendo todo el tiempo el texto y lo repite y repite, sino acá había tanta honestidad de por medio que, si teníamos que ir variando algunas cosas, incluso momentos en los que se aburrían y la mejor opción era meter un chiste al momento. También lo mismo por cómo se desplazaban en el espacio, se mueven con mucha más libertad que era muy difícil marcarlas. Entonces muchas cosas han ido transformándose desde que empezó la película hasta este momento y que creo que va a seguir sucediendo conforme la gente la mire y la interprete.

¿Y el proceso de postproducción fue complicado?

Justo es como mi frustración en este momento y supongo que seguirá siendo así y ya me acostumbraré y podré vivir con ella. Pero yo cuando he grabado Autoerótica estaba por cumplir 24 años o acababa de cumplirlos entonces esos 2 años siento que todos mis 20s han significado un gran cambio, he ido aprendiendo cosas, me han ido sucediendo otras y he ido entendiendo de formas distintas episodios de mi vida y definitivamente en 2 años he cambiado un montón. Entonces yo veo la película y algunas cosas digo, “esto lo haría de una manera diferente”, pero creo que esa inocencia mía al acercarme al cine desde ese lugar es una inocencia que acompaña al personaje entonces ahí estuvimos conectadas. Por suerte trabajé Irene Cajias, montajista boliviana, que me acompañó durante el proceso de edición como una amiga. Significó un sostén durante este proceso de la película que para mi era: “He cambiado un montón”. No sé qué sería ahora de mi ni como estaría yo en este momento antes de estrenar la película si mi equipo no me escribiera casi todos los días. Autoerótica es de todas nosotras.

¿Cómo participa la cámara en la película?

Cuando recién lo planteamos decidimos que la cámara también fuera adolescente. Una cámara adolescente obviamente es mucho más curiosa, se está moviendo, te acompaña, a veces se acerca, a veces se aleja, depende de lo que le esté pasando. Ahora la siento más como una cámara amiga, como cómplice. Acompaña los sucesos y también se calla, pero al final sabe todo. Está siempre presente con la protagonista. Es un poco ella y su amiga, como alguien que la está acompañando.

¿Cómo ves a la mujer en el cine en Perú?

Yo creo que el problema está en la representación que tenemos y creo que es un problema que no se resuelve hoy y que posiblemente no se vaya a resolver en mucho tiempo. Creo que debemos tener en las escuelas de cine y en las universidades en donde se enseña la carrera de comunicaciones, docentes que sean diversos para que nos acompañen en el proceso de creación de nuestras historias. Si tenemos siempre a los mismos docentes posiblemente vamos a seguir reproduciendo lo mismo. Creo que es importante también analizar qué películas están en cartelera y qué tenemos de referencia. Usualmente las películas peruanas ponen a la mujer en el mismo lugar y parte desde una mirada más ajena de lo que es mundo de esta mujer. Entonces creo que si hay una necesidad de poder contar de forma diversa qué es la adolescencia, qué es llegar a la maternidad, qué es ser mujer en este país que es algo súper complejo de contar y que creo que Autoerótica habla de qué fue para mi ser mujer en ese momento, pero nada más. Habrá algunas personas que se identifiquen y otras que no porque venimos de distintos contextos y de un país tan desigual y diferente. Las adolescencias son totalmente distintas. Entonces lo que necesitamos es esa diversificación de voces, contar historias desde diferentes lugares.

¿Qué se viene para Autoerótica y para Andrea?

No hay mucha información sobre la película, pero hemos venido hablando y llegando a las personas. El 12 de agosto ya viene la venta regular de entradas y para Autoerótica empieza un recorrido que parte por que se vea en territorio peruano que me parece lo más importante, que se conversé aquí y empiecen a pasar cosas. Luego, mandar Autoerótica a otros lugares y esperar que el estreno comercial sea a inicios del próximo año ya que las salas de cine se están abriendo, igual con una capacidad limitada, pero si viendo el posible estreno. Si quisiera que en algún momento haya un recorrido interno por distintos lugares del Perú y llevar la película para poderla proyectar, conversar y ver qué sucede, qué conversación se abre. Yo en este momento estoy pensando mucho en la película, viviendo lo que toca, conectándome con la historia. Además, soy docente, entonces busco la forma de trasladar todo esto que me está pasando a mis alumnos.

¿Qué experiencia o lección de vida te llevas de los días de rodaje de Autoerótica?  

Muchas veces llegábamos de situaciones distintas de la vida que nos pasaban o en la calle, o con nuestras parejas o familias, y como fue un espacio para poder llegar al set y conversarlo. Tengo una imagen que había olvidado, mía, de Rafaella y Micaela que son las dos protagonistas y amigas de la película. No habíamos tenido un buen día y me acuerdo de estar llorando y de que, si se tenía que atrasar el rodaje, bueno que se retrase. Había como una prioridad de que nosotras estemos bien y creo que eso es importante, cuidarnos. Eso es un mensaje con el que me quedo, el cuidado que hay que tener dentro de los sets de rodaje. Sobretodo también pienso en un contexto como el del cine peruano donde ha habido tantas denuncias por acoso laboral que justo se han destapado en el último año. Creo que hay que hacer cine cuidándonos, entendiendo que se necesita un espacio seguro. Finalmente es más importante la persona que el proyecto. Lo que más agradezco son las amigas que Autoerótica me dio, no la película que me ha dado. Quiero mucho a la película, pero más a mis amigas.

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Andrea Hoyos, Autoerótica

La oposición congresal -que felizmente ya está coordinando entre sí- tiene que hilar muy fino para hacerle frente a un gobierno que aparentemente ha optado por la moderación económica al designar a Pedro Francke como ministro de Economía y Finanzas, pero no oculta sus intenciones políticas de confrontar y radicalizar sus posturas para lograr llevar a cabo su propuesta máxima de convocar a una Asamblea Constituyente corporativista, que supondría el fin de la democracia tal cual la conocemos.

El gobierno jugará, probablemente el primer año, a un escenario de diálogo, contemporización y buenas maneras, sobre todo en materia de respeto al modelo económico, pero apenas sienta que posee la legitimidad social suficiente o perciba que la oposición se empieza a quebrar, arremeterá con todo para lograr sus cometidos radicales.

La composición del gabinete y la coalición parlamentaria de Perú Libre se han definido en base, principalmente, a la lógica política de Vladimir Cerrón, quien no oculta sus reales intenciones políticas. Sería muy torpe la oposición si pierde ello de vista y se deja seducir o atontar por mensaje ambiguos en otros terrenos gubernativos.

La vacancia es la última munición a utilizar. Antes que ella hay otros caminos. 1) interpelar ministros y eventualmente censurarlos antes que el Ejecutivo haga cuestión de confianza sobre ello; 2) negarle la confianza al gabinete Bellido, ganando así legitimidad popular (la mayoría del país está en contra de esa designación), gastando una bala de plata, eso sí, pero guardando la siguiente con tino; 3) acotar constitucionalmente las cuestiones de confianza. Y parece mejor hacerlo como reforma de la Carta Magna y no como simple ley interpretativa; eso va a tomar dos legislaturas; 4) designar, con los 88 votos que tiene (suponemos que Valer, al sumarse a la bancada de Somos Perú-morados ha recapacitado de sus iniciales coqueteos con Perú Libre), a los nuevos seis magistrados del Tribunal Constitucional, evitando que la izquierda coopte dicho organismo.

Nadie sobra en este esfuerzo de coordinación. Y lo que se haga en el Congreso debe ir acompañado de manejo de las calles, sumando más activismo al que valiosamente ya existe, y entendimiento con sectores sociales organizados (como el Sutep, por ejemplo).

Cada vez es más claro de que este será un gobierno nefasto y que supone un enorme riesgo para la democracia. Lo último que se ha conocido respecto de lo que se está haciendo en el Ministerio del Interior confirma que el cerronismo radical e intemperante va con todo. La oposición está llamada a liderar al país democrático que debe resistir este proyecto autoritario y radical, sin mandato popular para desplegarse.

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Asamblea Constituyente, Guido bellido, Pedro Francke

El merengue es, para República Dominicana, lo que la ranchera es para México. Motivo de orgullo e identidad nacional, capaz de resumir, a un solo golpe de vista y oído, lo que significa ser dominicano. Si uno camina por las calurosas calles de Santo Domingo, los barrios populares de Quisqueya, el Cibao o visita los turísticos hoteles y malecones de Punta Cana, se encontrará en cualquier esquina con conjuntos tradicionalistas de merengue que, güiros y tamboras en ristre y a toda velocidad, te sumergen en esa idiosincrasia siempre sonriente y quimbosa, alegre y profundamente afrocaribeña.

Hace unos días, esa alegría dominicana se vio interrumpida por la muerte, eterna aguafiestas, siempre dispuesta a hacer llorar de tristeza hasta al más fiestero. Johnny Ventura –nombre real: Juan de Dios Ventura Soriano-, “El Rey del Merengue”, falleció de un repentino ataque cardíaco a los 81 años, el día de nuestro Bicentenario. Mientras los peruanos escuchábamos el mensaje moderado y hasta reivindicativo del nuevo Presidente de la República (sin saber la ola de zarpazos que daría su administración, apenas un día después y que, hasta hoy sábado, siguen rasgándonos la piel), su colega Luis Abinader Corona –Jefe de Estado de República Dominicana desde el año pasado- salía, con los ojos llorosos, a despedir a este ícono de la cultura popular latinoamericana: “El país entero llora tu muerte” fue una de sus primeras frases tras conocer la noticia, para luego decretar tres días de duelo nacional.

“El Caballo Mayor” –así le decían también a don Johnny- tenía una sonrisa ancha y contagiosa, y una salud de hierro. A mediados del año pasado fue diagnosticado con COVID-19 y lo superó rápidamente, para tranquilidad de sus seguidores. Al poco tiempo, lanzó Me cayó del cielo, una canción que lo trajo de vuelta de la mano del productor cubano Emilio Estefan, gran admirador de su obra. Jandy Ventura, uno de sus siete hijos, contó que el día anterior había conversado con su padre sobre unas actividades pendientes, un día normal de trabajo. «Solo quiero decir -dijo en las exequias- que jamás me aprovecharé de la muerte de mi papá”. En los funerales, la familia del cantante recibió la visita de políticos y artistas, entre ellos Juan Luis Guerra, estrella mundial del merengue y uno de los más aventajados continuadores. Ambos grabaron, en el 2014, la canción De Moca a París, incluida en Todo tiene su hora, décimo tercer álbum del famoso compositor de La bilirrubina y Bachata rosa.

En las radios limeñas, hablar de Johnny Ventura es sinónimo de Patacón pisao (LP Con su sabor original, Kubaney Records, 1985), acaso su canción más conocida en estas tierras. Ya para ese momento, Ventura tenía dos décadas de sostenido trabajo musical, al frente de su Combo Show, con el que armaba la fiesta donde fuera. El carismático compositor, productor y cantante de voz abaritonada y nasal fue el principal responsable de la definitiva internacionalización del merengue y es, junto a Johnny Pacheco, Wilfrido Vargas, Cuco Valoy, Michel Camilo, Ángela Carrasco y Juan Luis Guerra, una de las personalidades musicales más importantes de República Dominicana.

Hasta antes de la aparición de Johnny Ventura y su Combo Show, el merengue era una sencilla música rural que servía de comparsa proselitista al temible dictador Rafael Leonidas Trujillo. Como cuenta el periodista y musicólogo dominicano Carlos Batista Matos en su libro Historia y evolución del merengue (1999), el militar ordenaba la escritura de letras que alabaran a su gestión, para que fueran cantadas en coplas merengueras, con conjuntos clásicos -tamboras, acordeones, guitarras y güiros-, en salones y plazas. Ventura, influenciado por la música cubana que había oído de pequeño y el boogaloo norteamericano de su adolescencia, lo despojó de toda intención política y le añadió pianos, bajos, saxos y trompetas, creando así el sonido del merengue moderno.

Con 106 grabaciones oficiales (entre LPs en estudio y en vivo, discos de 45 RPM y CDs), 28 discos de oro y 1 Grammy honorífico, podemos afirmar que Johnny Ventura es uno de los artistas caribeños más prolíficos de la historia. Llevaba el merengue en las venas y era, como decía la prensa de su país, «un negrito que destilaba miel por los poros». La frenética velocidad de sus canciones no daba tregua como, por ejemplo, La agarradera (1979), una pícara demostración de buen humor y mucha musicalidad. En Bobiné (1975), Ventura rescata el lenguaje creole de una antigua melodía de Haití, sus vecinos en la histórica isla La Española. Este tema de ritmo tribal fue usado por Altamira Banda Show para su exitazo radial Banana (1989), que fuera producido por Wilfrido Vargas, el otro gran merenguero dominicano, quien recibió el apoyo de Ventura al comenzar su carrera con su primera orquesta, Los Beduinos. En entrevista con el periodista cubano Camilo Egaña, de CNN En Español, “El Caballo Mayor” desterró los rumores de una supuesta rivalidad con el creador de clásicos como Abusadora, El baile del perro, entre otros, describiéndolo como “el mejor músico de la República Dominicana”.

Un hecho poco conocido es su gran amistad con la orquesta salsera El Gran Combo de Puerto Rico. Quienes recuerdan con nostalgia la música que programaban las radios en los ochenta, saben que en el conocido tema No hay cama pa’ tanta gente, se menciona a Johnny Ventura entre los célebres personajes de distintas épocas de la música caribeña que asisten a aquella imaginaria fiesta de Navidad narrada en esta canción de 1985. Cuentan que Rafael Ithier, pianista y líder del Gran Combo, le dio casa y comida a Ventura en 1969, tras sus primeros conciertos en San Juan, a partir de lo cual se gestó una estrecha relación entre ambas agrupaciones. Los cantantes Charlie Aponte, Luis “Papo” Rosario y Jerry Rivas, mostraron su dolor ante la muerte de Ventura con sentidos mensajes en redes sociales. Los tres grabaron, en su LP Nuestro aniversario de 1982, el tema Trampolín, compuesta por don Johnny, uno de los temas más conocidos de «La Universidad de la Salsa».

Como Rubén Blades –quien también dedicó un amplio texto recordando al merenguero como “una distinguida persona y destacado servidor público”-, Johnny Ventura fue, además, abogado y político. Fue alcalde de Santo Domingo (1998-2002) y se involucró siempre en los movimientos sociales y políticos de su país. En aquella entrevista para CNN En Español contó que, en 1978, el gobierno de Joaquín Balaguer tenía todo un plan para fusilarlo, pero pudo escapar gracias a un amigo policía que le reveló el tenebroso asunto, tras lo cual pasó unos años exiliado en Puerto Rico. Ventura se declaró siempre defensor de los derechos humanos y de las causas justas, definiéndose a sí mismo como un político de centro izquierda, y militó durante más de 45 años en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD). En el último proceso electoral dominicano del 2020 apoyó al derechista Leonel Fernández, quien ya había sido presidente en dos ocasiones, lo cual generó algunos comentarios negativos por este aparente cambio de orientación ideológica.

Pero lo suyo, realmente, era la música. Johnny Ventura sacudió los escenarios de toda Latinoamérica con su frenético ritmo. Combinaba su arrebatada capacidad para hacer bailar al público con un profundo conocimiento y orgullo por la música latina, en general. Por ejemplo, grabó una versión de nuestro vals El plebeyo, en su LP ¡El que venga atrás que arree! (1976). Ese sentido integrador lo aplicó también en sus recordadas actuaciones en la edición de 1984 del Festival Viña del Mar. Para cerrar el show, casi a las 3 de la mañana, Ventura incluyó el conocido coro de Si vas para Chile (1942), en ritmo de merengue, por supuesto. En el video que circula en YouTube de este concierto resulta gracioso ver cómo los chilenos, desprovistos de la gracia natural dominicana, tratan de seguirle el paso a Ventura y sus coristas Anthony Ríos, Pablo Cruz y Roberto Del Castillo, moviéndose de manera descoordinada y en absoluto desorden, poseídos por el merengue.

Al momento de su muerte, Johnny Ventura se encontraba preparando un libro, titulado Merengue visto por mí, que será terminado por sus colaboradores y familiares. Uno de sus más recientes logros artísticos fue el CD Tronco viejo (2015), en el que Ventura se sumerge en los sonidos de Cuba, un sueño que abrazaba desde niño. El disco, grabado en los estudios EGREM de La Habana, es una joya que jamás tuvo difusión alguna, en medio del esperpéntico reggaetón que desprestigia tanto a la música latina. Allí, Johnny Ventura interpreta guarachas, sones y boleros con calidad y elegancia. El álbum incluye tres dúos de antología: Flor de pantano/Yo sé de esa mujer con Silvio Rodríguez (un son de 1920, escrito por Graciano Gómez); La bala junto a Gilberto Santa Rosa, estrella de la salsa portorriqueña y Nada de ti, un bolero acompañado de Omara Portuondo. Mejor, imposible.

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Johnny Ventura, Merengue, República Dominicana

Los groseros errores políticos cometidos por el presidente Castillo le han pasado inmediata factura en la opinión pública. Según la última encuesta de Datum -publicada hoy y realizada entre el 2 y el 4 de agosto-, un 41% lo desaprueba frente a un 39% que lo aprueba.

Inclusive, en sus regiones más afectas, como el centro, sur y el oriente, a pesar de que allí la aprobación es mayor, los índices de desaprobación son significativos (27, 30 y 34%, respectivamente).

La cosa empeora al preguntársele a la ciudadanía sobre el Premier Bellido: un masivo 76% considera que no debe desempeñar ese cargo, con 61% en el centro, 62% en el sur y 73% en el oriente, las regiones donde “mejor” le va (en Lima, el 85% considera que no debe ocupar el cargo y en el norte el 82%).

Como resultado de ello, la mayoría del país no quiere que el Congreso le dé la confianza. Un 51% dice que hay que negársela frente a un 42% que considera que debe otorgársela. Inclusive, en el sur, que es donde mayores adeptos tiene, si bien el 56% considera que sí debe dársele la confianza, un robusto 37% considera que no.

Las consecuencias psicosociales son terribles. Un 44% del país ve un futuro totalmente incierto, un 27% ni prometedor ni incierto, y solo un 22% lo ve prometedor. Castillo ha destruido la confianza en la gobernabilidad en apenas una semana.

Hace bien por ello, como sugerimos, el Congreso en citar al Premier y a sus ministros antes de su presentación formal en el Legislativo. A este régimen mediocre hay que manejarlo con rienda corta, a sabiendas además de que la estrategia confrontacional del Ejecutivo es clara. Ya lo ha dicho con su habitual petulancia, el congresista Bermejo, ratificando lo dicho con anterioridad por quien corta el jamón, Vladimir Cerrón (un 48% cree que el verdadero poder lo ejerce el exgobernador de Junín): se trata de buscar la colisión para disolver el Parlamento y convocar a nuevas elecciones.

Este gobierno no va a gozar de luna de miel. Las ilusiones que pudo haber despertado en algunos incautos se han estrellado rápidamente por obra y gracia de una gestión cargada de honda medianía, oscura, confrontacional e incompetente. Pronto, las calles harán sentir su malestar y si el gobierno no enmienda rumbos lo más probable es que sea un régimen de corta duración, para bien del país.

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Congreso, Guido bellido, Pedro Castillo

La ópera prima de Melina León ha sabido adaptarse a las condiciones que le han tocado. El cierre de las salas de cine durante la crisis sanitaria la llevó a convertirse en el primer film nacional en estrenarse en la plataforma Netflix. Antes de esto, ya había iniciado su viaje internacional con exhibiciones en países como Francia, Grecia y Gran Bretaña. Su llegada a Japón marca un paso importante en la difusión del cine que se realiza por estas tierras. 

La historia que alguna vez Melina escuchó investigar a su padre sobre el tráfico de niños se ha convertido en una cinta que “engrandece el cine peruano”, según palabras del diario El País de España. Desde su concepción que duró 10 años hasta los elogios periodísticos con el The New York Times que la define como “una película hermosamente compuesta” el film ha cosechado más luz que oscuridad. Una de las razones que salta a la vista sobre este éxito, es la presencia de Inti Briones, el director de fotografía y la decisión que tomaron junto con Melina de realizar la película en blanco y negro. Homenaje al periodismo que se realizaba en la época que transcurre la historia. 

A Inti Briones se le conoce no solo por su origen chileno-peruano sino por haber logrado reconocimientos en Venecia, Estados Unidos y Cuba. La revista Variety lo considera como uno de los 10 directores de fotografía en el mundo a seguir. Si el ojo de Briones es un elemento que trasciende, no solo por la estética, es porque todos los demás elementos del film mantienen coherencia en lo que pretende transmitir. Desde las actuaciones de Pamela Mendoza, Tommy Párraga y Lucio Rojas, pasando por la banda sonora de Pauchi Sasaki, sostenida además por una historia que conecta.   

Canción sin nombre habla de los olvidados y evoca también el film del director Luis Buñuel. Escarba en una sociedad marcada por los contrastes sociales, económicos y culturales en donde la justicia y el tener nombre y voz resultan ser un privilegio. Aunque el conflicto armado es un marco histórico en esta narración, contribuye con la desesperanza e impotencia de sus protagonistas que tratan de construir un mundo paralelo al que les ha tocado.

Conversamos con la realizadora sobre la ventana que se abre al otro lado del mundo y de lo que significa que su largometraje haya llegado tan lejos, incluso de manera literal. 

La última vez que conversamos fue en enero para el estreno de la película en Netflix, cuéntanos por favor ¿cómo ha funcionado en la plataforma?. 

Melina León: La plataforma no comparte estadísticas, pero nos felicitaron, estaban muy contentos, parece que la película ha ido muy bien. Nos ayudaron con la promoción, estuvimos en su podcast repetidas veces y en general ha habido una recepción bastante buena por parte de la prensa. Creo que fue un estreno positivo. También al ser un pequeño grupo nos sentimos abrumados con tanto cariño y quisimos siempre devolverlo, pero fue un poco difícil. Hemos realizado entrevistas para Bolivia, Chile, Guatemala y muchas para México. Así que, creo que ha salido bastante bien. 

¿Cómo se logró el estreno en Japón y qué significa esto para ti?

Melina León: Es un estreno muy importante y emotivo para mí porque como sabes Japón es la cuna de tantos maestros del cine como Ozu, Kurosawa, Mizoguchi. Hemos aprendido tanto del cine japonés. Ahora recientemente también del cine de Corea, pienso en el cine de Kitano en los noventas, el cine de Naomi Kawaze, en fin, tantos maestros del cine que nos han inspirado para la creación, que es conmovedor poder llevarles una película y que esté siendo tan bien recibida. 

Se logró porque tenemos un agente de ventas muy bueno, muy prestigioso, que se llama Luxbox. Ha logrado llevar la película a todas partes del mundo. Canción sin nombre llegó a todos los rincones del mundo, porque tenemos la cobertura de Mubi.com en todos los países donde no hay una distribución oficial. Entonces podemos decir que vamos a llegar a todas partes. Y como te digo lo de Japón, con Artfilms, a través del contacto con Luxbox, se han demorado en estrenarla obviamente por la pandemia pero han elegido una fecha especial. Un foco puesto en el Perú por el bicentenario. 

El estreno en tierras niponas de Canción sin nombre coincide con la reapertura en Perú de las salas de cine. Luego de una reñida negociación entre exhibidores y el Minsa se logró acordar entre 50, 40 ó 30% de acuerdo a la zona de riesgo para el aforo en las salas y la restricción por el momento de bebidas y comidas. 

Mientras por estos lares, la cartelera apuesta por las grandes producciones hollywoodenses, al otro lado del mundo se exhibe un film peruano que ha conseguido ya 40 premios internacionales. Cuenta con una página web realizada por la distribuidora japonesa y con Facebook y Twitter para su difusión. 

http://namonaki.arc-films.co.jp/ 

https://twitter.com/namonaki_eiga 

https://www.facebook.com/namonaki.eiga 

¿Qué opinión te merece la reapertura de las salas de cine en Perú?

Melina León: Me alegra que regresen. Ojalá que este periodo sirva para dar un nuevo inicio y que toda crisis signifique un poco de reflexión. Ojalá que las salas se animen ya a contribuir a la educación de los peruanos trayendo el cine del mundo. 

No nos podemos quejar del estado de la educación en el Perú si desde cualquiera que sea nuestro rincón no contribuimos a ella. Yo creo que las cadenas alimentan más bien una especie de ceguera al público peruano exhibiendo solamente películas de Hollywood. Es muy difícil ver películas latinoamericanas, peruanas o de cualquier otra parte. 

Espero  que con este nuevo gobierno, estos nuevos aires y este golpe que ha sido la pandemia para todos nos haga entender de una vez que desde donde estemos tenemos que contribuir a la cultura y a la mejora de la situación de la educación en el Perú.

Canción sin nombre pudo llegar a los premios Oscar, de hecho estuvo preseleccionada en la última edición. Se hubiera convertido en el segundo film peruano nominado a la ansiada estatuilla. Pero quedó en la etapa de preselección. Once años atrás La teta asustada logró poner en vitrina al cine nacional bajo la dirección de Claudia Llosa. Hoy otra mujer también realizadora se abre paso, incluso en medio de la pandemia  y presenta ante el mundo lo que significa el cine desde otro punto de vista, el femenino.

Teníamos mucha expectativa por la pre nominación a los premios Oscar, ¿Cuál crees que fue la razón por la que no pasó el filtro?

Melina León: Creo que es un proceso complicado. No te puedo decir exactamente por qué no pasó el filtro, solamente puedo decirte que comenzamos tarde la campaña. Hubo un problema en el concurso que organiza DAFO. La Academia peruana se demoró en hacer el concurso y encima luego Promperú también en hacer la ayuda. 

La campaña recién comenzó el 7 de enero y los resultados de la primera ronda los daba la Academia el 8 de febrero. Tuvimos más o menos 3 semanas de campaña, que con un presupuesto tan bajo de menos de 50 mil dólares, pues era imposible. Para darte una idea la película chilena venía haciendo campaña me parece que desde octubre o noviembre del año pasado; mientras que nosotros comenzamos en enero de este año. Fue muy difícil que una película tan chiquita lo logré con tan poco. 

¿Existe la posibilidad de que se pueda estrenar en las salas peruanas ahora que se ha reabierto?

Melina León: No, Netflix no permite estreno en salas, ese es el negocio de ellos, pero sí que nos da excepcionalmente algunas proyecciones, más o menos 15 proyecciones en todo el Perú. Esperamos hacerlo a lo grande, en espacios lo más amplios posible para que más gente pueda verla como fue concebida, pero vamos a esperar todavía que pase un poco más la pandemia y haya más posibilidad de aforo.

 ¿Cómo va tu nuevo proyecto cinematográfico?                           

Melina León: Justo ahora me encuentro a punto de viajar a Cuzco para trabajar en ese proyecto que se llama San Blas. Lo estamos haciendo con una coproductora francesa y probablemente también trabajemos con una coproducción brasileña, eso todavía no está confirmado. Eso me alegra mucho porque es abrir un nuevo puente y una nueva forma de trabajar que esperamos sea fructífera para mi película pero también entre el cine peruano y francés.

Algo está sucediendo con el cine nacional y está conectado con esa búsqueda de identidad que permite proyectar mejor hacia el mundo un cine que diversifica, que pluraliza la cámara y permite escuchar diferentes voces. Esta apuesta que cineastas como Melina Leon están realizando y que ha dado tantas satisfacciones a directores como Alvaro Delgado-Aparicio con su Retablo, Oscar Catacora con Wiñaypacha por citar algunos; es la que está dando esa calidad y búsqueda sobre lo que realmente somos, sin temor a mirarnos, aún cuando tengamos que enfrentar lo más profundo del dolor. 

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La pandemia del Covid 19 será, después de los años del terror demencial de Sendero y el MRTA, el evento más traumático que recordaremos peruanos de muchas edades y condiciones. Casualidad o no, recordemos que estos sucesos fueron (y muy probablemente seguirán siendo) disparaderos creativos y artísticos. Las líneas que siguen quiero dedicarlas a Durará este encierro. Escritoras peruanas en cuarentena, una antología realizada por Anahí Barrionuevo, Ana María Vidal y Victoria Guerrero.

Más allá de la evidente (y legítima) marca de género que supone un libro de esta naturaleza, es preciso indicar que los relatos contenidos en el volumen se ubican en el inicio de la pandemia, en los primeros días del encierro obligatorio y todo el abanico de sentimientos provocados por esta situación, un amplio y sensible arco en el que caben el miedo, el desconcierto, la angustia, la soledad y otros ingredientes que juntos le dieron a esa coyuntura un perfil verdaderamente trágico.

Intimidad y cotidianidad limitadas espacialmente, libertades recortadas, el mundo social reducido a unas pocas paredes y a unos umbrales esquivos, la sensación de días que duran lo eterno y el cansancio que invoca esa repetición casi invariable de los días. Todos estos elementos están presentes, en mayor o menor medida en este libro, que más que una antología debía en realidad considerarse un coro: su ambición no es la de constituir un conjunto de relatos autónomos y marcados a fuego por el estilo individual, sino la de mostrar una estructura polifónica: cada voz constituye un plano de conciencia autónomo, es verdad, pero todas las voces se articulan, finalmente, alrededor del patetismo provocado por la peste.

Son 53 escritoras reunidas alrededor de una exploración común: el mundo que ocurre a puerta cerrada. Pero el volumen presenta una estructura que impide el encierro absoluto: ese mundo cerrado e invisible dialoga con textos que provienen del mundo fáctico, especialmente de fuentes periodísticas, que sirven de marco contextual, si se quiere. Hay entonces un tránsito, un ritmo que impulsa a las palabras a trenzarse, metafóricamente hablando, entre lo privado y lo público.

En el prólogo del libro, escrito a tres manos por las antologadoras, se lee: “…era importante ponernos a escribir la urgencia, documentar la incertidumbre de lo que nos estaba sucediendo, captar esos primeros días de encierro, de catástrofe. Anotar y aprender ese nuevo vocabulario que asfixiaba al mundo (…) La escritura nos daba la oportunidad de mostrar una sensibilidad, el pulso de autoras peruanas desde diversos puntos del país y del planeta. Esa condición de miradas perpetuas les daba también tal ventaja: la de ver todo desde distintos frentes” (p.14).

Esto explica con suficiencia el hecho de que se trate de un libro nacido de la urgencia, de la ansiedad por aprehender una realidad nueva y desafiante que era y es capaz de vulnerar la vida de cualquier mortal sobre la tierra. “Sensación de estar en una película apocalíptica cuyo guion está comenzando a escribirse” (p.44), dice Claudia Salazar desde un Manhattan reencarnado en la desolación; “las utopías que nacen en tiempos de crisis no duran” (p.66) anota Christiane Félip Vidal con notorio desencanto; “Recluida, pienso en Sor Juana, en Ana Frank, en mi abuela Inés, en mi gata, en cómo vivir entre cuatro paredes y una ventana abre territorios insospechados en el alma y la imaginación” (p.82) sentencia Grecia Cáceres trazando un puente en el que la literatura y la memoria familiar podrían ofrecer la calma de un conjuro; “conocimiento de mis límites: un gran ventanal,/ una habitación propia, dos manos y un balde. // Lo que sigue no tiene límite” (p.110) anota en un poema Valeria Marroquín con irónica esperanza; “Sueño con Galicia mientras estamos todos encerrados, esperando que el virus nos toque la puerta, mientras afuera los pájaros toan la playa, el mar y el cielo vuelven a ser puros, pero también mientras la gente muere en el mundo” (p.195), escribe la cineasta Rossana Díaz Costa.

Esta ha sido una pequeña muestra de lo que el lector encontrará en lo que dure la lectura de estas páginas: un coro que navega entre una enfermedad que doblega al mundo y la única palabra –presentada además en sus múltiples posibilidades semánticas– que puede hacerle frente: la esperanza. Desde ya, debo contar Durará este encierro en mi lista de mejores libros de 2021.

Durará este encierro. Escritoras peruanas en cuarentena. Anahí Barrionuevo. Ana María Vidal y Victoria Guerrero. Lima: Cocodrilo Ediciones, 2021.

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Dos eran los cuestionamientos principales que se le anteponían al actual Consejo de Ministros presidido por el cerronista Guido Bellido: uno era la predominancia de Vladimir Cerrón en la designación de ministros y funcionarios de segundo nivel, y el otro era la poca idoneidad moral y profesional de muchos de los designados.

Pues ha quedado claro luego de la conferencia de prensa del Premier, que Cerrón seguirá mandando y que los funcionarios de marras seguirán en sus cargos, porque ya aprenderán, pues, es más o menos lo que ha respondido Bellido.

Nadie es tan ciego para no percatarse que, a la par, hay decisiones sensatas. La autonomía partidaria del MEF o el manejo profesional de los relevos militares debe ser ponderado justamente. Pero tales decisiones no tienen la potencia para compensar la falta de probidad política y técnica de un gabinete mal constituido desde el inicio.

Es momento de que el Congreso tome cartas en el asunto. En principio, es perfectamente posible citar a los ministros al Congreso aún antes de que el gabinete en pleno se presente en el Legislativo, interpelarlos y eventualmente censurarlos, sin que el gobierno pueda hacer cuestión de confianza sobre ello, en la medida que sería una reacción posterior al hecho jurídico de la interpelación.

Sería una buena manera de librarse de ministros impresentables, puestos allí simplemente como parte de la cuota laboral de Perú Libre. Ya si el Premier insiste en quedarse a pesar de ello o nombra en su reemplazo a otros de la misma laya, pues lo correcto, políticamente hablando, es que el Congreso le niegue la confianza al gabinete Bellido.

Si uno lee correctamente las intervenciones ideológicas del influyente Vladimir Cerrón, deberá tener claro que la lógica es de colisión y que solo transitará por recodos de moderación para atontar a los opositores.

Es éste un gobierno que debe tener rienda corta por parte de la oposición congresal, política, social y mediática. Ya ha salido tontamente a calificar de “obstruccionista” a la prensa el Premier Bellido, sin percatarse que todo lo dado a conocer debiera haber sido tomado por el gobierno, más bien, como una labor bienvenida que los ayude a corregir errores. Pero claramente no es ese el camino elegido por un régimen diseñado para atizar la hoguera y radicalizar el conflicto.

Sería muy ingenua, y se merecería el peor de los destinos, la oposición, si cae rendida ante los modales mesurados que algunos voceros del gobierno han desplegado en las últimas horas, sin percatarse de la lógica política que está en juego.

EL PODCAST DIARIO DE OPINIÓN DE JUAN CARLOS TAFUR.

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